miércoles, 20 de febrero de 2019

Correo de Miguel Angel Villalón de Unión Proletaria a Alonso Gallardo de los círculos comunistas de Unidos Podemos




Miguel Angel Villalón Rivera dirigente de Unión Proletaria
18 ene. 2019 12:40
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Estimado camarada:

 

En mi opinión, no debe extrañarnos que Podemos no priorice las reivindicaciones económicas del movimiento obrero. Se trata de un partido político ajeno a éste y propio de un sector de la intelectualidad pequeñoburguesa. Hay otros partidos que tienen más en cuenta aquellas reivindicaciones porque se desarrollan en el seno del movimiento obrero. Desgraciadamente, se alimentan de la precaria conciencia de clase que entraña la lucha espontánea de carácter sindical y los dirige la capa aristocrática de la clase proletaria. No obstante, ambos tipos de partidos son políticamente pequeñoburgueses, nada más pero también nada menos. Y esto no es despreciable porque la vanguardia consciente del proletariado no puede elevar a las masas obreras a una verdadera lucha de clase si no asume las reivindicaciones democráticas de las variopintas capas intermedias de pequeños propietarios, de empleados y de intelectuales. El núcleo industrial, manual, de la clase obrera no puede vencer en solitario sobre la burguesía capitalista. Tiene que convertirse en la vanguardia de la democracia, en el más resuelto defensor de las demandas democráticas. Y éstas incluyen la igualdad social de las mujeres con los hombres, la no discriminación de las diversas orientaciones sexuales, el acogimiento de obreros/campesinos refugiados e inmigrantes, el derecho a la autodeterminación de las nacionalidades minoritarias que integran España, etc. La aspiración a la igualdad de los diferentes sectores oprimidos les lleva a descubrir al verdadero causante de sus desgracias que es, para todos ellos, la burguesía sostenedora del régimen de producción capitalista. Así es cómo confluyen con la clase obrera, a poco que ésta actúe políticamente y manifieste su solidaridad con el resto de oprimidos.

 

Yo no creo que la defensa de estas causas sea la razón del debilitamiento de la lucha popular contra la oligarquía o gran burguesía neoliberal (hay formulaciones particulares de estas causas que pueden ser incluso reaccionarias, pero no las causas en sí; ni siquiera esos defectos son realmente decisivos). El problema, a mi juicio, es que, junto con ello, carecemos de una fuerza política que tome por base las reivindicaciones económicas y políticas del movimiento obrero. Esto desorienta a las masas de nuestra clase, las desmoviliza y facilita la difusión de la demagogia de los fascistas.

 

Estimo que no se trata tanto de culpar a Unidos Podemos, sino de que los comunistas insistamos en la rectificación de nuestros errores y en la lucha por las tres unidades: entre nosotros, del movimiento obrero alrededor de sus reivindicaciones y con el resto del pueblo por la democracia, la soberanía, la libertad nacional y la República.

 

Me permito reproducirte a continuación algunos fragmentos de la polémica de Lenin con los que llamaba "economistas imperialistas" sobre la importancia de los participantes en el movimiento obrero no despreciemos la lucha democrática (es parte de la última carta que dirigí a la Comisión Permanente del PCPE en marzo de 2013, dos meses antes de que rompiéramos con este partido). Siento que sea un poco extenso y espero que te sirva.

 

Abrazos. M.A.

 

(Carta enviada al PCPE en marzo del 2013)

 

El precedente de la lucha del Partido Bolchevique contra el “economismo imperialista”

 

En tiempos de Lenin, el partido bolchevique conoció varias desviaciones de derecha y de “izquierda”. Entre las últimas, destaca una por su similitud con las posiciones que estáis sosteniendo: se trata del llamado “economismo imperialista”[1].

Por esta razón, creo necesario examinar detenidamente la crítica que le dirige Lenin y que atañe a la relación entre la lucha por la revolución socialista y la lucha por la democracia y las reformas, relación que obliga a todo partido comunista a defender un programa mínimo que no es el del socialismo-comunismo. Y esto, incluso cuando la revolución pendiente tiene carácter socialista y no ya democrático-burgués.

He seleccionado únicamente las explicaciones de Lenin sobre este aspecto. Aun así, son citas de una considerable extensión, pero es imprescindible que contrastéis con ellas vuestros propios puntos de vista.

Ante todo, ¿por qué el nombre de “economismo imperialista”? Lenin lo explica en su artículo La nueva tendencia del “economismo imperialista”:

“El viejo ‘economismo’ de los años 1894-1902 razonaba así: los populistas están vencidos; el capitalismo ha triunfado en Rusia. En consecuencia, no cabe pensar en revoluciones políticas. Conclusión práctica: ‘para los obreros la lucha económica y para los liberales la lucha política’ –o sea un bandazo hacia la derecha-. O bien, en lugar de la revolución política, huelga general para una revolución socialista… bandazo hacia la izquierda…”

“Ahora nace un nuevo ‘economismo’. Ambos bandazos constituyen, de igual manera, la base de su razonamiento: ‘a la derecha’ –estamos en contra del ‘derecho a la autodeterminación’ (…); ‘a la izquierda’ –estamos en contra de un programa mínimo (es decir, contra la lucha por reformas y por la democracia), dado que ‘contradice’ la revolución socialista”.

“Es absolutamente necesario prevenir una y otra vez a los camaradas en cuestión, haciéndoles ver que se han metido en un atolladero, que sus ‘ideas’ nada tienen en común ni con el marxismo ni con la socialdemocracia revolucionaria. No podemos dejar este asunto ‘en la oscuridad’ por más tiempo: ello solamente alentaría la confusión ideológica y la encauzaría en la peor dirección de equívocos, conflictos ‘particulares’, ‘roces’ interminables, etc. Por el contrario, nuestro deber es insistir del modo más absoluto y categórico en la obligación de reflexionar profundamente y analizar los problemas que se plantean para ser discutidos”.

Lenin pasa entonces a enunciar el problema de fondo, a saber, que el “economismo imperialista” “…no puede resolver el problema de cómo vincular el advenimiento del imperialismo con la lucha por las reformas y la democracia, exactamente igual que el ‘economismo’, de feliz memoria, no pudo vincular el advenimiento del capitalismo con la lucha por la democracia.

De ahí la total confusión en lo que se refiere a que las reivindicaciones democráticas bajo el imperialismo son ‘inalcanzables’.

De ahí el desconocimiento de la lucha política ahora, en este momento, inmediatamente y en todo momento, inadmisible para un marxista (y permisible solamente para un ‘economista’ de Rabóchaia Misl)”.

Eso nos ocurrió en el MAI, llevándonos al extremo de rehuir la lucha electoral mientras el PC no estuviese completamente reconstituido y llevándonos incluso a reducir toda la lucha de clase a la lucha ideológica.

Vosotros no negáis la participación en las batallas electorales, pero la planteáis de manera poco efectiva, casi testimonial. En cambio, compartís con el viejo “economismo” ruso el criterio de que la huelga general es el medio predilecto para avanzar hacia la revolución socialista, hasta el punto de oscurecer nuestras tareas políticas.

Sin duda, es necesario deslindar campos con el oportunismo, pero, si esto se hace de una manera incorrecta, se produce una desviación del marxismo, tal como explica Lenin en el caso del “economismo imperialista”:

“El error de los partidarios de Kautsky reside en que éstos presentan estas reivindicaciones [democráticas] con un sentido reformista y en un momento en que no se pueden plantear sino en forma revolucionaria (pero el autor se desorienta al considerar que el error de los partidarios de Kautsky es promover esas reivindicaciones en conjunto, así como los ‘economistas’ ‘entendían’ que la lucha contra el populismo consistía en que la consigna ‘abajo el absolutismo’ era populismo).

El error del kautskismo reside en que proyecta hacia atrás, hacia el capitalismo pacífico, las reivindicaciones democráticas justas, en lugar de orientarlas hacia el futuro, hacia la revolución social (el autor, sin embargo, se desorienta al considerar esas reivindicaciones como injustas).”

A vosotros os desorienta el hecho de que el PCE y el PCE (m-l) planteen las reivindicaciones democráticas y deducís de ello que debemos repudiarlas o sostener que son irrealizables bajo el capitalismo, antes del socialismo: suprimís, pues, el programa mínimo, al menos en el ámbito político. De ahí que, antes de consumar la unificación con Unión Proletaria, rechazarais la consigna de “república y socialismo” –que trasciende el límite democrático-burgués al cual se ciñen el PCE y del PCE(m-l)- e impusierais la de “república socialista” que sólo reconocemos los comunistas. Parece que, en lugar de José Díaz, preferís inspiraros de Bullejos y su consigna de “¡Abajo la república, vivan los soviets!” confrontada a las masas que celebraban en las calles la proclamación de la II República.

Enseguida veremos cómo Lenin rebate esta reacción equivocada al reformismo, pero, antes, reproduciré su explicación sobre el origen psicológico del mismo, tal como la expone en su Respuesta a P. Kíevski (I. Piatakov):

“Una cosa es meditar en las causas y en el significado de una guerra imperialista originada por un capitalismo altamente desarrollado, en la táctica socialdemócrata en relación con tal guerra, en las causas de la crisis dentro del movimiento socialdemócrata, etc.; pero es completamente distinto permitir que la guerra oprima el pensamiento de uno, dejar de razonar y analizar bajo el peso de espantosas impresiones y torturantes consecuencias o particularidades de la guerra.

Una de esas formas de opresión y represión del pensamiento humano por causa de la guerra, es la actitud despectiva del ‘economismo imperialista’ hacia la democracia.”

“Es un hecho que la guerra imperialista borra la diferencia entre república y monarquía. Pero negar por ello la república o aun asumir una actitud despectiva hacia ella, es dejarse atemorizar por la guerra y dejar que sus horrores opriman el pensamiento de uno.”

“La verdadera fuente de todos sus curiosos errores lógicos y confusiones (…) reside en que su pensamiento está oprimido por la guerra que le hace tergiversar completamente la posición marxista sobre la democracia.

El imperialismo es el capitalismo altamente desarrollado; el imperialismo es progresivo; el imperialismo es la negación de la democracia. ‘En consecuencia’ la democracia es ‘irrealizable’ bajo el capitalismo. La guerra imperialista es una violación flagrante de toda democracia, ya sea en monarquías atrasadas como en repúblicas progresistas; ‘En consecuencia” es inútil hablar de ‘derechos’ (¡es decir, de democracia!). Lo ‘único’ que se puede ‘oponer’ a la guerra imperialista es el socialismo; sólo el socialismo es la ‘salida’. ‘En consecuencia’ incluir consignas democráticas en nuestro programa mínimo, es decir, bajo el capitalismo, es un engaño o una ilusión, confusión o aplazamiento, etc., de la consigna de la revolución socialista. (…)

Decir semejante cosa es demostrar que no se comprende la relación el capitalismo y la democracia, entre el socialismo y la democracia.”

En el MAI, fue la contrarrevolución desenfrenada de los años 90 la que oprimió nuestra capacidad de razonar de manera científica, materialista y dialéctica. En vuestro caso, pienso que no es tanto esta causa (ni por supuesto ninguna guerra imperialista), sino la actual crisis del capitalismo, mucho más profunda que las anteriores, la cual compromete las condiciones de vida a las que estaba habituada la población –proletariado, aristocracia obrera y pequeña burguesía-, sobre todo en aquellas potencias imperialistas dominantes que son más débiles. Su causa objetiva es, por tanto, la presión sobre el partido procedente de la parte más aburguesada de la clase obrera mundial que pretende conservar sus posiciones privilegiadas en vez de luchar por la revolución socialista de una manera consecuente, es decir, marxista-leninista.

Dicho esto, corresponde ahora explicar cuál es la verdadera posición marxista sobre la relación de la revolución socialista con la lucha democrática por reformas y por qué es necesario un programa mínimo, además de la propaganda comunista. Lenin expone esta relación de una forma clarísima en El proletariado revolucionario y el derecho de las naciones a la autodeterminación:

“…en nombre de la revolución socialista Parabellum [K. Rádek] rechaza con desprecio todo programa revolucionario consecuente en la esfera de la democracia. Y esto es un error. El proletariado no puede triunfar más que a través de la democracia, es decir, llevando a la práctica íntegramente la democracia y vinculando con cada paso de su lucha las reivindicaciones democráticas formuladas del modo más enérgico. Es absurdo contraponer la revolución socialista y la lucha revolucionaria contra el capitalismo a una de las reivindicaciones democráticas, en el presente caso, a la reivindicación nacional. Debemos combinar la lucha revolucionaria contra el capitalismo con un programa y una táctica revolucionarios en torno del conjunto de las reivindicaciones democráticas[2]: república, milicia, elección de los funcionarios por el pueblo, igualdad de derechos de la mujer, derecho de las naciones a la autodeterminación, etc. Mientras exista el capitalismo, todas estas reivindicaciones sólo son realizables excepcionalmente, y además de un modo incompleto y desvirtuado. A la vez que nos apoyamos en las realizaciones democráticas ya conquistadas y denunciamos su carácter incompleto en el régimen capitalista, exigimos el derrocamiento del capitalismo, la expropiación de la burguesía, como base indispensable, tanto para acabar con la miseria de las masas como para realizar completamente, íntegramente, todas las transformaciones democráticas. Algunas de esas transformaciones serán iniciadas antes del derrocamiento de la burguesía, otras en el curso de su derrocamiento y otras después de dicho derrocamiento. La revolución social no es una batalla única, sino un período que comprende toda una serie de batallas por transformaciones económicas y democráticas en todos los órdenes, batallas que sólo pueden culminar en la expropiación de la burguesía. Justamente en nombre de este objetivo final, debemos formular en términos rigurosamente revolucionarios cada una  de nuestras reivindicaciones democráticas. Se puede concebir que los obreros de un país determinado derroquen a la burguesía antes de la realización integral de ninguna de las transformaciones democráticas esenciales. Pero no se puede concebir que el proletariado, como una clase histórica pueda vencer a la burguesía sin estar preparado para ello por una educación en el espíritu democrático más consecuente y más enérgicamente revolucionario.”

En su Respuesta a P. Kíevski (I. Piatakov), Lenin desarrolla esta explicación:

“El capitalismo en general y el imperialismo en particular transforman la democracia en una ilusión, y al mismo tiempo, el capitalismo engendra aspiraciones democráticas en las masas, crea instituciones democráticas, agudiza el antagonismo entre la negación imperialista de la democracia y la aspiración de las masas a la democracia. El capitalismo y el imperialismo pueden ser derrocados solamente por la revolución económica. No pueden ser derrocados por transformaciones democráticas, aun las más ‘ideales’. Pero un proletariado no educado en la lucha por la democracia es incapaz de realizar una revolución económica. No se puede vencer el capitalismo sin tomar los bancos, sin abolir la propiedad privada de los medios de producción. Estas medidas revolucionarias no se pueden llevar, sin embargo, a la práctica, sin organizar a todo el pueblo para la administración democrática de los medios de producción tomados a la burguesía, sin enrolar a toda la masa de los trabajadores, proletarios, semiproletarios y pequeños campesinos, para la organización democrática de sus filas, sus fuerzas, su participación en los asuntos del Estado.

…el despertar y el crecimiento de la insurrección socialista contra el imperialismo están indisolublemente vinculados con el crecimiento de la resistencia democrática y de la rebelión.”

La solución marxista del problema de la democracia consiste en la utilización, por el proletariado, de todas las instituciones democráticas y aspiraciones, en su lucha de clase contra la burguesía, para preparar su derrocamiento y asegurar su propia victoria. A los ‘economistas’, tolstoianos, etc., les parece a menudo una concesión imperdonable a las concepciones ‘burguesas’ y oportunistas,… El marxismo nos enseña que ‘luchar contra el oportunismo’, renunciando a utilizar las instituciones democráticas creadas y deformadas por la burguesía de una sociedad dada, capitalista, ¡es claudicar completamente ante el oportunismo!”

“La guerra civil expropia por la fuerza, inmediatamente y ante todo, los bancos, las fábricas, los ferrocarriles, las grandes propiedades rurales, etc. Pero, para expropiar todo ello, los funcionarios públicos y los oficiales deben ser elegidos por el pueblo, debe realizarse una fusión total del ejército que hace la guerra contra la burguesía con la masa de la población, debe democratizarse totalmente la administración de las reservas alimenticias, la producción y la distribución de víveres, etc. El objetivo de la guerra civil es apoderarse de los bancos, de las fábricas, etc., destruir toda posibilidad de resistencia de la burguesía, destruir sus fuerzas armadas. Pero este objetivo no podrá alcanzarse ni en el aspecto puramente militar, ni económico, ni político, a menos que, durante la guerra, se introduzca simultáneamente y se extienda la democracia en nuestro ejército y en nuestra ‘retaguardia’.”

“A través de la democracia burguesa hacia la organización socialista y consecuentemente democrática del proletariado contra la burguesía y el oportunismo. No hay otro camino. No hay otra salida. El marxismo como la vida misma no conoce otra salida… sin temer que ello ‘manche’ ‘la pureza’ de nuestros objetivos económicos”.

En La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación, Lenin rebate el argumento de que la lucha por la democracia podría desviar a la clase obrera de la revolución socialista:

“Sería un profundo error pensar que la lucha por la democracia pueda desviar al proletariado de la revolución socialista o relegarla, posponerla, etc. Por el contrario, así como no puede haber un socialismo victorioso que no realice la democracia total, el proletariado no puede prepararse para su victoria sobre la burguesía sin una lucha total, consecuente y revolucionaria por la democracia.”

En Una caricatura del marxismo y el “economismo imperialista”, Lenin rechaza el “obrerismo” estrecho y las consignas meramente negativas:

“Sólo los difuntos y no llorados ‘economistas’ pensaban que ‘las consignas de un partido obrero’ están dirigidas únicamente a los obreros. No, estas consignas están dirigidas a toda la población trabajadora, a todo el pueblo. La parte democrática de nuestro programa… está dirigida especialmente a todo el pueblo y por eso hablamos, en él, del ‘pueblo’.”

“No hay ni puede haber tal cosa como una consigna ‘negativa’ socialdemócrata que sirve sólo para ‘aguzar la conciencia del proletariado contra el imperialismo’, sin brindar, al mismo tiempo, una respuesta positiva al interrogante de cómo la socialdemocracia resolverá el problema cuando asuma el poder. Una consigna ‘negativa’, que no esté vinculada con una determinada solución positiva, no ‘aguzará, sino que embotará la conciencia, pues una consigna tal es una frase hueca, un grito en el vacío, una declamación sin contenido”.

“…los males políticos representan una desviación de la democracia, la que es completamente posible –desde el punto de vista económico- ‘sobre la base del régimen existente’, es decir, el capitalismo, y dicha democracia se realiza, como excepción bajo el capitalismo”.

Toda ‘democracia’ consiste en la proclamación y realización de ‘derechos’ que, en el capitalismo, son realizables sólo en muy pequeño grado y sólo relativamente. Pero sin la proclamación de estos derechos, sin una lucha para hacerlos adoptar ahora, inmediatamente, sin educar a las masas en el espíritu de esa lucha, el socialismo es imposible.”

“En el fondo sólo queda en pie un argumento: ¡la revolución socialista lo resolverá todo!... Desde el punto de vista teórico este criterio es absurdo;… No valora la significación de la democracia. Pues el socialismo es imposible sin democracia, porque: (1) el proletariado no puede llevar a cabo la revolución socialista si no se prepara para ella luchando por la democracia; (2) el socialismo triunfante no puede consolidar su victoria y llevar a la humanidad a la extinción del Estado, sin la realización de una democracia completa.”

En su Primera variante de la proposición del CC del POSDR a la Segunda Conferencia Socialista, Lenin exige que luchemos por reformas aunque rechacemos el reformismo:

“Los socialistas no pueden renunciar a luchar por las reformas. Entre otras cosas, también deben votar en los parlamentos por cualquier mejora, aunque sea mínima, de la situación de las masas”.

En sus Comentarios para el artículo sobre maximalismo, Lenin explica que un programa mínimo es siempre compatible con el capitalismo, aunque los comunistas lo utilicemos como palanca para la revolución socialista:

 “El programa mínimo es un  programa que por sus principios es compatible con el capitalismo y no se sale de su marco.

¿Acaso quiso decir usted que en una sociedad objetivamente madura para el socialismo, la realización de todas las exigencias del programa mínimo habría dado el socialismo? Pero tampoco es así. Sólo puede decirse que, en la práctica, lo más probable es que toda lucha seria por las principales reivindicaciones del programa mínimo, puede encender la lucha por el socialismo, y que nosotros en todos los casos tendemos a ello”.

“…así se planteó el problema en el Manifiesto de la izquierda de Zimmerwald: traducir, convertir cada lucha por una reforma en lucha por la revolución.”

Como advierte Lenin en su carta Al Secretario de la “Liga para la Propaganda Socialista”, practicar el sectarismo no es la mejor manera de combatir el reformismo. Al contrario, practicar el sectarismo es la mejor manera de ayudar al reformismo, de complementarlo para llevar a la clase obrera a la derrota y a la sumisión ante la esclavitud asalariada:

“Criticamos con la mayor severidad a la vieja Internacional (1889-1914); declaramos que ha muerto y que no merece ser reconstituida sobre su antigua base. Pero jamás decimos en nuestra prensa que se haya concedido hasta ahora demasiada atención a las llamadas “reivindicaciones inmediatas”, ni que esto puede conducir a castrar el socialismo. Afirmamos y demostramos que todos los partidos burgueses, todos los partidos excepto el partido revolucionario de la clase obrera, son mentirosos e hipócritas cuando hablan de reformas. Nos esforzamos por ayudar a la clase obrera a conseguir un mejoramiento efectivo de su situación, por mínimo que sea (en el terreno económico y político), y agregamos siempre que ninguna reforma puede ser durable, verdadera y seria si no es apoyada por los métodos revolucionarios de lucha de las masas. Siempre explicamos que un partido socialista que no vincule esta lucha por reformas con los métodos revolucionarios del movimiento obrero puede convertirse en una secta, aislarse de las masas, y que eso constituye la más grave amenaza al éxito del verdadero socialismo revolucionario.”

Y, finalmente, en Una caricatura del marxismo y el “economismo imperialista”, Lenin alerta sobre el peligro de luchar contra el reformismo mediante un marxismo caricaturesco:

“Si el ‘economismo imperialista’ se propagara entre los marxistas, que se han manifestado decididamente contra el socialchovinismo y por el internacionalismo revolucionario en la gran crisis actual del socialismo, ello significaría un golpe gravísimo a nuestra tendencia –y a nuestro partido- pues lo comprometería desde dentro, desde sus propias filas, lo convertiría en exponente de un marxismo caricaturesco.”





[1] Años después, Lenin tuvo que luchar contra el “izquierdismo” también en la Internacional Comunista. Hoy, lamentablemente, no son las ideas del bolchevismo, sino las ideas “izquierdistas” de Pannekoek, Schumacher, Korsch, Bórdiga, etc., las que resucitan en vuestra política, en la del KKE y en la de otros destacamentos del MCI que han despertado estos últimos tiempos del letargo reformista. No me detengo a demostrarlo, porque eso alargaría demasiado esta carta, ya bastante larga. Pero lo haré si me lo pedís.

[2] En el debate de la resolución del último Pleno del CC, os comprometisteis conmigo a estudiar la incorporación de reivindicaciones políticas (es decir, democráticas), además de las reivindicaciones económicas sí contempladas (nacionalizaciones, subsidios a las masas, etc.). Sin embargo, finalmente, la concepción “economista” en que os habéis encerrado no os lo permitió.