EL MOVIMIENTO MARXISTA INTERNACIONAL Y LA CONCEPCCIÓN DEL
PARTIDO DIRIGENTE
1. Cada situación exige formas distintas de actuación política. No obstante, mientras existan
clases y lucha entre ellas cada clase precisa un instrumento político e ideológico propio
para defender sus intereses.
2. El desarrollo desigual de la revolución ha dado lugar a que cierto número de partidos
obreros realicen contribuciones decisivas a la teoría marxista y que en algunos momentos
tengan un papel determinante a escala internacional.
3. Tal fue el caso del Partido Bolchevique a partir del triunfo de la Revolución: Por una
parte, desde 1919 hasta principios de los años 20, una tambaleante Rusia Soviética estuvo
sometida al ataque convergente de varios ejércitos imperialistas. Por la otra, durante este
tiempo, pareció darse la posibilidad de revoluciones victoriosas en varios países, con lo
cual la lucha directa por el poder en estos países era la mejor forma de solidaridad con la
naciente república soviética. De ahí que apareciesen como un mismo proceso la defensa del
primer Estado socialista y la lucha por la toma de poder en otros lugares. Esa identidad
momentánea fue determinante para el surgimiento de la III Internacional como
organización centralizada, en la que el puesto dirigente recayó en el Partido Bolchevique.
4. Sin embargo, la situación pronto cambió: la oleada revolucionaria queda reducida a
Rusia después de la derrota de la República Húngara de los Consejos y de otros
movimientos posteriores en Europa central; y a lo largo de los años 20 y 30, la rivalidad
entre las potencias imperialistas irá relegando progresivamente a un segundo plano el
conflicto inicial entre ellas y la URSS.
5. A pesar del cambio, se sigue manteniendo la III Internacional como sistema centralizado
de relaciones entre partidos. Y semejante sistema se asentó en dos concepciones que no
respondían a la realidad: a) la creencia en que la contradicción entre el imperialismo y el
socialismo, materializado en la URSS, estaba constantemente en primer plano (teoría de los
dos campos) y b) la identidad de intereses entre la URSS y el resto del movimiento
proletario mundial.
6. Esta falta de adecuación a la realidad de la III Internacional explica por qué, a pesar de su
contribución decisiva a la extensión del marxismo, tuvo que disolverse en 1943.
No obstante, a finales de los años 40, se persistió en la misma idea de un centro dirigente
mundial —el PCUS— y de una organización centralizada —la Kominform— aunque
reducida, esta vez, a Europa.
Además, un sistema de organización como éste favoreció que se cayera en una práctica tan
extendida como fue elevar a rango de teoría general cualquier concepción elaborada por el
PCUS.
7. Siendo indudable que el PCUS hizo aportaciones al marxismo, hay que tener presente
que una parte de estas no tenía naturaleza de ley general, aplicable a cualquier país y
momento. Además, dio respuesta equivocada a varios problemas de índole general, y tanto
estos errores como varias directrices válidas solamente bajo ciertas condiciones se
convirtieron en norma para todo el movimiento comunista.
8. La persistencia de estos errores causó daños al movimiento comunista: daños directos,
por los disparates que cometieron muchos partidos; daños indirectos, por el blanco que se
sirvió en bandeja a los anticomunistas, permitiéndoles caricaturizar el marxismo como
dogma que prescinde de la realidad y a los comunistas como agentes de la URSS.
9. Es imprescindible sacar partido de esta lección. El movimiento marxista es internacional:
los trabajadores, los países oprimidos y los países ya liberados comparten una serie de
intereses, y por ello la victoria en cada país puede ser deudora en alguna medida del apoyo
y la solidaridad exterior; y nuestro arsenal teórico es fruto también de experiencias y
reflexiones lejanas en el tiempo y el espacio. Pero, al mismo tiempo, los marxistas
actuamos por la plena independencia de nuestro propio país y por la emancipación de su
pueblo. Y ésta es la mayor contribución que podemos hacer al movimiento internacional.
10. Por ser internacionalistas y por actuar en nuestro propio país, debemos estudiar la
experiencia teórica y práctica de los demás partidos marxistas; debemos someter sus ideas
una y otra vez a prueba en nuestras condiciones concretas; y debemos evitar que sus éxitos
(y fracasos) grandes o pequeños nos lleven a adoptar una actitud incorrecta respecto a ellos
y sus experiencias.
LA RUPTURA DEL MOVIMIENTO COMUNISTA INTERNACIONAL
11. Para reforzar estas conclusiones es útil ver algunos aspectos de la experiencia de los
grupos “maoístas”. Podemos situar su origen alrededor de 1963, cuando se produjo la
ruptura del Movimiento Comunista Internacional. En la raíz del conflicto se encontraba el
rechazo de los PP.CC. chino, albanés y otros a los puntos de vista que intentó imponer la
URSS y que no concordaban con los acuerdos a los que se había llegado en las conferencias
internacionales de 1957 y 1960.
12. Los grupos que se alinearon con las posiciones chinas y albanesas, y que por regla
general pasaron a denominarse partidos u organizaciones comunistas marxistas—leninistas,
se vieron favorecidos inicialmente por sucesivas victorias revolucionarias en el Tercer
Mundo (Cuba, Argelia, Vietnam...) y por las acciones huelguísticas de los trabajadores.
13. Sin embargo, estos grupos tuvieron deficiencias, entre las que, junto al esquematismo
en el análisis y la sobrevaloración del aspecto subjetivo en los cambios revolucionarios, hay
una comprensión deficiente de la historia del movimiento comunista en cada país y en el
mundo. De ahí que se impusiera la idea que la ruptura de 1963 era la simple repetición de
lo que ocurrió en 1917 al separarse comunistas y socialdemócratas y que, en consecuencia,
se cayera a menudo en el simple mimetismo respecto a otros partidos a los que de nuevo se
otorga el papel de “guía”: PC de China, PT de Albania.
14. El análisis histórico indicaba que el PC de China, después de varios reveses, había
logrado adoptar una concepción justa sobre la cuestión del partido dirigente y que, en
consecuencia, desde los años 30 se esforzó, tal como hicieron otros pocos partidos, por
asentar sus relaciones con el PCUS en los principios de igualdad, mutuo apoyo y
aprendizaje y no injerencia, una posición que le ayudaría a culminar con éxito su revolución democrática y popular. En cambio, los llamados partidos y grupos marxistas—
leninistas cayeron en el error de dar por buena cualquier idea emanada del PC de China o
del PT de Albania.
OPOSICIÓN AL OPORTUNISMO DE DERECHA Y DE IZQUIERDA. LA
FUNCIÓN DIALÉCTICA DEL ERROR.
15. La crítica es una necesidad: permite erradicar los efectos destructores de una política
incorrecta. La experiencia demuestra que en determinadas coyunturas se suele caer en el
oportunismo de derecha o de izquierda. Hay que oponerse a ambos porque son
perjudiciales; es lo que Lenin llamó “luchar en dos frentes”.
16. Al tratar este tema, llama la atención la incapacidad que han demostrado muchos
marxistas de asimilar que las personas (y los partidos marxistas), en ciertos momentos,
cometemos errores de este tipo. Esta incomprensión ha generado muchos problemas a lo
largo de la historia y sigue provocándolos hoy.
17. De ahí que sea importante subrayar una y otra vez que el análisis de las causas y de las
consecuencias negativas del error es el método que los marxistas adoptan para corregirlo.
Para aplicarlo es necesaria la discusión franca y abierta entre militantes. Los marxistas nos
organizamos con el fin de contribuir a transformar el proletariado en clase consciente de sus
intereses, pero al mismo tiempo nos transformarnos nosotros mismos: fortaleciendo la
actitud colectiva y el antiindividualismo que nos empuja a militar y dotándonos de un grado
de comprensión del que careceríamos sin estar organizados, es decir, elevando nuestra
inicial toma de posición de clase.
LA UNIDAD INTERNA
18. En el tratamiento de la unidad del partido, se impuso la idea de que era necesaria una
altísima cohesión, fuese cual fuese la situación política y social. Si bien es cierto que la
experiencia propia y ajena y la práctica sincera de la crítica y la autocrítica ayudan a la
cohesión, en las condiciones del capitalismo desarrollado no es posible crear el tipo de
partido como el que pretendió la III Internacional:
19. En el seno del movimiento marxista internacional existen temas en los que aún no se ha
alcanzado la unanimidad. Esto repercute en lo interno de cada país. Puede ser interesante
lograr que esta diversidad no ocasione una pluralidad de organizaciones políticas marxistas,
aunque si esto último ocurre no debe considerarse como una catástrofe; incluso en ciertas
condiciones la pluralidad organizativa podría ser lo más adecuado y constituir un factor
positivo si todas estas organizaciones coincidiesen en un mismo frente político. El trabajo
conjunto crea lazos de camaradería entre militantes y permite unificar puntos de vista y
objetivos en la acción concreta. Como las ideas suelen venir de la práctica, unificando ésta,
es más fácil ponerse de acuerdo en las ideas, midiéndolas por el rasero de la práctica
conjunta.
20. En algunos países existe una dispersión territorial de los militantes. La lucha de los
trabajadores se desarrolla de manera desigual. Puede incluso darse el caso de que convivan
en un mismo país más de una realidad nacional o diferentes grupos indígenas. A esto debe
añadirse la presencia considerable de trabajadores inmigrantes en todos los países
industrializados o en vías de industrialización.
21. La diversificación interna de la clase obrera se ha acentuado bajo el capitalismo
desarrollado, y esto tiene que ver, en esencia, con los cambios en las condiciones de trabajo
y vida impuestos por la acelerada transformación de la base productiva, y no, con la
repercusión en las ideas y costumbres de las concepciones de la burguesía.
22. En muchos países capitalistas desarrollados, donde existen regímenes parlamentarios
consolidados, el socialismo aún aparece como una meta lejana y el débil desarrollo de la
lucha de clases impide un rápido enriquecimiento de la experiencia de los marxistas.
23. Así, pues, por razones, tanto coyunturales como duraderas, los marxistas debemos ser
capaces de ajustar nuestra concepción del partido a la realidad.
LA LINEA DE MASAS
24. En el activo de los partidos y organizaciones marxistas—leninistas se pone —
denominándolo “línea de masas”— su activismo en las organizaciones populares. Sin
embargo, el activismo (y el vanguardismo) no es monopolio de los marxistas. En todas
partes suelen haber personas más activas que el resto.
25. Se debe concebir la línea de masas como un método y no como la práctica del
activismo, aunque para poder emplearlo sea necesaria una labor persistente de los
militantes en las organizaciones populares. El método consiste en recoger los
conocimientos avanzados pero dispersos de las masas, en interpretar las aspiraciones y
necesidades expresadas en cada momento según el punto de vista proletario, y en darles
cuerpo en tácticas y políticas correctas que puedan ser comprobadas en la práctica por la
gente. Una y otra vez, hasta el infinito, corrigiendo en cada nueva ocasión lo que era
erróneo, poco ajustado a la realidad. Con ello la actividad política se volverá más conforme
a la realidad. Las dos garantías para aplicarlo son el estudio y la valoración permanentes de
cada situación concreta en conjunto y de los resultados de nuestra política, y el
conocimiento del marxismo.
UN PARTIDO MARXISTA NO ES LO MISMO QUE UN PARTIDO OBRERISTA
26. La tesis marxista, según la cual la economía capitalista va dividiendo la sociedad, cada
vez más, en dos grandes clases sociales que se enfrentan directamente (la burguesía y el
proletariado) ha sido mal interpretada. Entre las interpretaciones erróneas están las que no
ven necesario que la clase obrera teja alianzas con otras clases sociales o fracciones de
clase. Estas ideas, aplicadas a la política internacional, son las que se escondieron detrás de
la “teoría de los dos campos” de la que ya se ha hablado más arriba.
27. Alrededor de la clase obrera y la burguesía hay otras clases y capas sociales distintas
según el país y la época, del mismo modo que el desarrollo del capitalismo provoca la
diferenciación de la burguesía en varias fracciones y hace que una de ellas concentre el
poder en lo esencial.
28. Hoy día los movimientos juvenil y feminista y, en particular, el ecologista y el de
oposición a la mundialización neoliberal son de composición interclasista y defienden
desde programas reivindicativos concretos hasta proyectos de emancipación social.
29. La clase obrera debe incorporar todo lo progresivo que existe en estos movimientos y
oponerse con ellos al actual orden burgués. Esto puede hacerse desde un mismo partido,
pero no siempre tiene que ser así.
30. Hoy en día muchos movimientos sociales están encabezados por ex militantes
marxistas. Algunos llegaron a la conclusión de que su actividad se llevaba a cabo mejor sin
el lastre del partido, al estar limitadas las tareas de los militantes al activismo; otros
llegaron a la misma conclusión, pero al darse cuenta de que los nuevos fenómenos sociales
no encajaban en los esquemas dogmáticos que manejaban.
LA LÍNEA DIVISORIA
31. Citando a Lenin, se dice a veces que existe un núcleo esencial del marxismo: la
concepción de la lucha de clases como motor de la historia y la necesidad de la dictadura
del proletariado. Tales conceptos son dos aportaciones de Marx que hoy se podrían
enriquecer. Ahora bien, lo que preocupaba entonces a Lenin no era buscar una definición de
lo que es el marxismo, sino defender su puesta en práctica en la revolución rusa frente a una
socialdemocracia que la atacaba.
32. Oponiendo la lucha de clases y la dictadura del proletariado a la supeditación de los
trabajadores a la propia burguesía y a la defensa de los regímenes parlamentarios
burgueses, que fueron los dos ejes de la práctica de los socialdemócratas de las potencias
beligerantes en la Primera Guerra Mundial, Lenin trazó una línea entre marxismo y
antimarxismo adecuada al momento.
A QUE CLASE SE SIRVE
33. La causa de las divisiones de los marxistas es otro problema ligado al anterior y al que
se le suele dar una respuesta simple: “las divisiones las provocan los que abandonan los
principios”. Esa concepción ha sido motivo de agrias polémicas en el movimiento marxista.
Pero las divisiones irreconciliables han venido de la subordinación de ciertas corrientes a
los peores enemigos de los pueblos. En los primeros años del siglo XX, la corriente llamada
revisionista sembró las ideas que llevaron a que gran parte de la II Internacional claudicara
ante la burguesía imperialista durante la guerra de 1914—18. No obstante, el revisionismo
coexistió con las corrientes revolucionarias dentro de la II Internacional y, en este sentido,
podía ser tratada como una posición errónea en el campo proletario justo hasta 1914, en que
pasó a ser ya un apéndice directo de los imperialistas.
34. En 1935, en cambio, la III Internacional, viendo que la situación empujaba la
socialdemocracia a dejar de ser un sostén directo de la burguesía más reaccionaria, le
propuso la unidad de acción contra el fascismo y la amenaza de guerra e, incluso, planteó la
posibilidad de avanzar en algunos países hacia un partido único de clase. En este caso, sin
ignorar sus divergencias con la socialdemocracia, se intentó cooperar con ella porque el
curso de los acontecimientos políticos obligaba a trazar otra línea divisoria principal: la que
separaba a comunistas y un sector de los socialistas, por un lado, de todos aquellos que no
eran capaces de combatir adecuadamente al fascismo.
35. La experiencia del movimiento marxista internacional durante el siglo XX parece
avalar, pues, esta conclusión: la aparición de divergencias es inevitable, pero pueden
superarse, siempre que una parte de las fuerzas marxistas no degeneren y se conviertan en
auxiliares directos o indirectos de los enemigos de los trabajadores y los pueblos.
ANTAGONISMO, ERROR Y ASPECTOS UNITARIOS
36. Un manejo deficiente de los principios tiene efectos nefastos. Un ejemplo nos lo da la
cuestión del antagonismo.
37. En el terreno político y social, el antagonismo se utiliza en dos sentidos. En el primero,
viene a significar que hay contradicciones entre clases que, por estar basadas en la
explotación de una por otra, no pueden ser resueltas dentro del sistema capitalista y
requieren, por tanto, un cambio social. En el segundo, el antagonismo se refiere a un
momento del desarrollo de una contradicción, cuando estalla un conflicto abierto entre las
dos partes de la misma, lo cual, en una sociedad dividida en clases, entraña el intento de
destrucción política, militar, económica, etc. de una por la otra.
38. Así, p.e., los marxistas afirmamos que para poner fin al dominio que la burguesía
monopolista ejerce sobre el pueblo es necesario un cambio social; cualquier otra solución
sería un apaño. Esta contradicción es de tipo antagónico. Pero, en ocasiones, este
antagonismo se ha interpretado mal, como si significase que ambas fuerzas estuvieran en
lucha a muerte constantemente; y esto ha justificado más de una política precipitada. En la
realidad este conflicto no permanece quieto, toma distintas formas según la situación de la
burguesía monopolista y la del pueblo, y dependiendo también de la influencia que ejerzan
otros factores. Incluso llega a ocurrir que, por un tiempo más o menos largo, no exista
antagonismo abierto.
39. El sectarismo de los marxistas tiene su raíz en una comprensión equivocada del
antagonismo. Las relaciones entre clases sociales, partidos o ideologías no tienen una sola
cara. Aquellos burgueses demócratas que se opusieron durante la Segunda Guerra Mundial
al fascismo eran aliados coyunturales del movimiento obrero y, sin embargo, seguían
siendo explotadores. Su relación con la clase obrera tenía dos caras y la primera, la
democrática, era entonces más importante que la segunda, la explotadora.
40. Y entre fuerzas proletarias, el aspecto unitario es aún más amplio. Si varias corrientes
presentan divergencias, esto puede significar que alguna de ellas refleja puntos de vista o
ideas de las clases dominantes. En este sentido podemos hablar de un aspecto antagónico.
41. Ahora bien, si los partidos que encarnan esas concepciones defienden en lo esencial los
intereses del proletariado y del pueblo frente a su enemigo directo, entonces comparten una
misma posición de clase, tienen un terreno común, y sus discrepancias pueden irse
resolviendo sobre la base de una práctica conjunta. De esta manera, partiendo de una misma
posición de clase, el aspecto antagónico entre concepciones puede y debe ser tratado como
una simple contradicción entre ideas justas e ideas erróneas.
CORRIENTES INTERNACIONALES Y PARTIDOS
42. Se debe analizar lo que representan en concreto y no sólo en abstracto las ideas y las
fuerzas políticas, atendiendo a la situación real. Este es un principio fundamental, al que se
le presta suficiente atención.
43. Los puntos anteriores sobre la línea divisoria, la clase a qué se sirve, y el antagonismo
abordan esta cuestión desde distintos ángulos. Aquí se toca otra faceta del problema: ¿A
quién representan las distintas corrientes ideológicas y políticas en el plano mundial? ¿Hay
que tratar por igual a una de esas corrientes que a un partido vinculado a ellas?
44. Las corrientes de pensamiento traducen los intereses de clase existentes en el mundo.
En nuestra época el desarrollo del imperialismo, al mismo tiempo que somete a grupos
enteros de países bajo la dependencia de las clases dominantes de unos pocos Estados,
también pone algunas corrientes ideológicas y políticas al servicio de los intereses de estos
Estados. Por otro lado, el desarrollo desigual del imperialismo, provoca constantes cambios
en el mapa de las corrientes políticas.
45. La socialdemocracia europea que ahora se opone a la ocupación de Irak por los
EE.UU., hace cincuenta años actuó como una tendencia pronorteamericana. El marxismo,
que en el siglo XIX o a principios del XX únicamente encuadraba el ala más avanzada de
los trabajadores de un puñado de países industrializados, pasó a englobar a los países
socialistas y a ejercer influencia en otros movimientos revolucionarios.
46. Así, vemos cómo hay que atribuir uno u otro carácter de clase a las corrientes políticas
mundiales, según cual sea su actitud práctica ante las principales fuerzas opresoras
existentes en cada circunstancia histórica.
47. Pero al abordar la actuación de cada partido vinculado a una corriente internacional, hay
que ver hasta dónde llega tal vinculación. El laborismo británico, a pesar de pertenecer al
mismo grupo socialista europeo que franceses o alemanes, se implicó a fondo en la
invasión de Irak. La mayoría de la derecha francesa, por el contrario, después de algunas
vacilaciones acabó por oponerse a la invasión.
48. En general, la adhesión a una tendencia que favorece unos intereses determinados en la
política internacional, puede estar en contradicción con algunos de los planteamientos que
un partido defiende en el propio país. Y en tal caso, para tratar correctamente a este partido
se debe analizar cuál de los dos aspectos prevalece.