sábado, 21 de marzo de 2026

Michael Hudson: Reflexionando sobre lo impensable: el gran plan de Irán para poner fin a la presencia estadounidense en Oriente Medio.


Marzo 2026












Irán y Donald Trump han explicado por qué no librar la guerra actual hasta el final simplemente conduciría a una nueva serie de ataques mutuos. Trump anunció el 6 de marzo que «no habrá acuerdo con Irán, salvo la rendición incondicional», y anunció que debe tener voz en el nombramiento, o al menos en la aprobación, del nuevo líder de Irán, como acaba de hacer en Venezuela. «Si el ejército estadounidense debe derrotarlo por completo y lograr un cambio de régimen, o si no, pasa por esto, y luego, en cinco años, se dará cuenta de que puso a alguien que no es mejor». Estados Unidos tardará al menos ese tiempo en reemplazar el armamento agotado, reconstruir su radar e instalaciones relacionadas y lanzar una nueva guerra.

Los funcionarios iraníes también reconocen que los ataques estadounidenses se repetirán hasta que Estados Unidos sea expulsado de Oriente Medio. Tras acordar un alto el fuego en junio pasado, en lugar de aprovechar su ventaja cuando las defensas antimisiles israelíes y regionales estadounidenses se agotaron, Irán comprendió que la guerra se reanudaría tan pronto como Estados Unidos pudiera rearmar a sus aliados y bases militares para reanudar lo que ambas partes reconocen como una lucha por una solución definitiva.

La guerra que comenzó el 28 de febrero puede considerarse, de forma realista, el inicio formal de la Tercera Guerra Mundial, ya que lo que está en juego son las condiciones en las que todo el mundo podrá comprar petróleo y gas. ¿Pueden comprar esta energía a exportadores en divisas distintas del dólar, encabezados por Rusia e Irán (y, hasta hace poco, Venezuela)? ¿La actual exigencia estadounidense de controlar el comercio internacional de petróleo exigirá a los países exportadores de petróleo que lo fijen en dólares y, de hecho, que reciclen sus ingresos por exportaciones y ahorro nacional en inversiones en valores, bonos y acciones del gobierno estadounidense?

Ese reciclaje de petrodólares ha sido la base de la financiarización y militarización del comercio petrolero mundial por parte de Estados Unidos, y de su estrategia imperial de aislar a los países que se resisten a adherirse al orden establecido por el gobierno estadounidense (sin reglas reales, sino simplemente exigencias ad hoc de Estados Unidos). Por lo tanto, lo que está en juego no es solo la presencia militar estadounidense en Oriente Medio, junto con sus dos ejércitos aliados, Israel y los yihadistas de ISIS/Al Qaeda. Y la pretensión estadounidense e israelí de que Irán posee armas atómicas de destrucción masiva es una acusación tan ficticia como la lanzada contra Irak en 2003. Lo que está en juego es el fin de las alianzas económicas de Oriente Medio con Estados Unidos y si sus ingresos por exportaciones petroleras seguirán acumulándose en dólares como sostén de la balanza de pagos estadounidense para financiar sus bases militares en todo el mundo.

Irán ha anunciado que luchará hasta lograr tres objetivos para prevenir guerras futuras. El primero y más importante es que Estados Unidos debe retirarse de todas sus bases militares en Oriente Medio. Irán ya ha destruido la base de los sistemas de alerta de radar y los emplazamientos de defensa antiaérea y antimisiles en Jordania, Catar, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Baréin, impidiéndoles guiar ataques con misiles estadounidenses o israelíes o atacar a Irán. Los países árabes que cuentan con bases o instalaciones estadounidenses serán bombardeados si no son abandonados.

Las dos siguientes exigencias iraníes parecen tan trascendentales que resultan impensables para Occidente. Los países árabes de la OPEP deben romper sus estrechos vínculos económicos con Estados Unidos, empezando por los centros de datos estadounidenses operados por Amazon, Microsoft y Google. Y no solo deben dejar de fijar los precios de su petróleo y gas en dólares estadounidenses, sino también desinvertir en sus tenencias actuales de petrodólares, provenientes de las inversiones estadounidenses que han estado subsidiando la balanza de pagos estadounidense desde los acuerdos de 1974, firmados para obtener el permiso de Estados Unidos para cuadruplicar los precios de sus exportaciones de petróleo.

Estas tres exigencias acabarían con el poder económico de Estados Unidos sobre los países de la OPEP y, por ende, con el comercio petrolero mundial. El resultado sería desdolarizar el comercio petrolero mundial y reorientarlo hacia Asia y los países de la Mayoría Global. El plan de Irán implica no solo una derrota militar y económica para Estados Unidos, sino también el fin del carácter político de las monarquías clientelares de Oriente Próximo y de sus relaciones con sus ciudadanos chiítas.

Paso 1: Expulsar a Estados Unidos de sus bases militares en Oriente Medio

El parlamento iraquí ha seguido exigiendo que las fuerzas estadounidenses abandonen el país y dejen de robarle su petróleo (enviando la mayor parte a Israel). Acaba de aprobar una nueva ley que ordena la salida de las fuerzas estadounidenses. En una reunión con el asesor principal del ministro del Interior iraquí y la delegación militar que lo acompaña en Teherán el pasado lunes (2 de marzo), el general de brigada iraní Ali Abdollahi reiteró la exigencia que Irán ha venido haciendo durante los últimos cinco años, desde que Donald Trump cerró su primer gobierno el 3 de enero de 2020, ordenando el asesinato traicionero de los dos principales negociadores antiterroristas iraníes e iraquíes, Qassem Soleimani y Abu Mahdi al-Muhandis, quienes buscaban evitar una guerra abierta. Ante la continuidad de la misma política por parte de Trump, el comandante iraní declaró: «La expulsión de Estados Unidos es el paso más importante hacia el restablecimiento de la seguridad y la estabilidad en la región».

Pero todos los reinos árabes albergan bases militares estadounidenses. Irán ha anunciado que cualquier país que permita el uso de estas bases por parte de aeronaves u otras fuerzas militares estadounidenses se arriesgará a un ataque inmediato para destruirlas. Kuwait, Baréin y los Emiratos Árabes Unidos ya han sido atacados, lo que ha llevado a Arabia Saudita a prometer a Irán que no permitirá que el ejército estadounidense utilice su territorio en parte de su guerra.

España ha prohibido a Estados Unidos el uso de sus aeródromos para apoyar su guerra contra Irán. Pero cuando su primer ministro, Pedro Sánchez, prohibió a Estados Unidos usarlos, el presidente Trump señaló en una conferencia de prensa en el Despacho Oval que España no podía hacer nada para impedir que la fuerza aérea estadounidense utilizara las instalaciones de Rota y Morón, en el sur de España, que ambos países comparten, pero que siguen bajo mando español. «Y ahora España ha dicho que no podemos usar sus bases. Y no pasa nada, no queremos hacerlo. Podríamos usar la base si quisiéramos. Podríamos simplemente volar y usarla; nadie nos va a decir que no la usemos». Después de todo, ¿qué haría España para evitarlo? ¿Derribar el avión estadounidense?

Este es el problema que enfrentan las monarquías árabes si intentan negarle a Estados Unidos el acceso a sus bases y espacio aéreo para combatir a Irán. ¿Qué pueden hacer?

O, más concretamente, ¿qué estarían dispuestos a hacer? Irán insiste en que Catar, los Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Kuwait, Arabia Saudí, Jordania y otras monarquías de Oriente Próximo cierren todas las bases militares estadounidenses en sus reinos y bloqueen el uso de su espacio aéreo y aeropuertos por parte de Estados Unidos como condición para no bombardearlos y extender la guerra a los propios regímenes monárquicos.

La negativa —o la incapacidad de impedir que Estados Unidos utilice bases en sus países— llevará a Irán a forzar un cambio de régimen. Esto sería más fácil en países donde los palestinos representan una gran proporción de la fuerza laboral, como Jordania. Irán ha instado a las poblaciones chiítas de Jordania y otros países del Cercano Oriente a derrocar sus monarquías para liberarse del control estadounidense. Hay rumores de que el rey de Bahréin ha abandonado el país.

Paso n.° 2: Poner fin a los vínculos comerciales y financieros de Oriente Medio con Estados Unidos.

Las monarquías árabes se ven sometidas a una mayor presión para cumplir con la exigencia fundamental de Irán de desvincular sus economías de la estadounidense. Desde 1974, han vinculado sus economías a las de Estados Unidos. Recientemente, Baréin, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita han intentado utilizar sus recursos energéticos para atraer centros de datos informáticos, como Starlink y otros sistemas asociados con el cambio de régimen estadounidense y los ataques militares contra Irán.

En oposición a los planes estadounidenses de integrar estrechamente sus sectores no petroleros con los países árabes de la OPEP en Oriente Medio, Irán ha anunciado que estas instalaciones son «objetivos legítimos» en su intento de expulsar a Estados Unidos de la región. Un gerente de computación en la nube sugirió que el ataque iraní a AWS contra el centro de datos de Amazon fue dirigido porque satisfacía necesidades militares, de forma similar a cómo Starlink (cuya financiación interesa a los Emiratos Árabes Unidos) se utilizó en febrero en el intento estadounidense de movilizar manifestaciones contra el gobierno iraní.

Paso n.° 3: Poner fin al reciclaje de las exportaciones de petróleo de la OPEP en tenencias en dólares estadounidenses

La exigencia iraní más radical ha sido que sus vecinos árabes desdolaricen sus economías. Esto es clave para evitar que las empresas estadounidenses dominen sus economías y, por ende, sus gobiernos. Un funcionario iraní declaró a CNN que Irán ha acusado a las empresas que compran deuda pública estadounidense e invierten en bonos del Tesoro de ser cómplices de la guerra contra sí mismo, ya que las considera financiadoras de dicha guerra. «Teherán considera a estas empresas y a sus directivos en la región como objetivos legítimos. Se les advierte que declaren la retirada de su capital lo antes posible».

Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Catar están considerando retirarse de las inversiones estadounidenses y de otros países, ya que el bloqueo iraní de Ormuz los ha obligado a suspender la producción de petróleo y GNL ahora que su capacidad de almacenamiento está llena. Sus ingresos provenientes de la energía, el transporte marítimo y el turismo se han detenido. Los Estados del Golfo se reunieron el domingo 8 de marzo para debatir la retirada de sus inversiones de 2 billones de dólares estadounidenses (principalmente de Arabia Saudita). La amenaza radica en que este es un primer paso para diversificar la inversión de la OPEP más allá del dólar estadounidense.

Junto con la rendición estadounidense de sus bases militares en Oriente Medio, dicha desvinculación del dólar reduciría considerablemente el control estadounidense sobre el petróleo de Oriente Medio. Acabaría con la capacidad de Estados Unidos de utilizar este comercio petrolero como un cuello de botella para obligar a otros países a adherirse al orden de Trump, basado en el principio de «América Primero» (a su propio capricho, sin reglas claras).

Para las propias monarquías, los cambios exigidos por Irán para poner fin a la guerra estadounidense por el control de Oriente Medio podrían tener un efecto similar al de las secuelas de la Segunda Guerra Mundial que puso fin a la era de las monarquías europeas. En este caso, podrían acabar con los regímenes monárquicos en muchos países cuyas economías y alianzas políticas se han basado en una alianza con Estados Unidos.

Para empezar, la presión recae ahora sobre Arabia Saudita, Qatar, Egipto, Jordania, Baréin, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos, países que han acordado unirse a la Junta de Paz de Trump. Indonesia, con la mayor población islámica del mundo, acaba de retirar su oferta de proporcionar 8000 soldados para su «plan de paz» en Gaza. E Irán está presionando a las monarquías árabes para que sigan su ejemplo y se retiren en protesta contra la política estadounidense.

¿Lo harán? ¿Y llegarán al extremo de impedir el acceso de Estados Unidos a las bases en su territorio? Si intentan evitar ser ofensivos con Estados Unidos, se expondrán a acusaciones iraníes de que en realidad no se oponen a la guerra. Pero si acceden a la solicitud de Irán, corren el riesgo de que Estados Unidos simplemente confisque o al menos congele sus reservas de dólares para obligarlos a cambiar de opinión.

Irán está presionando a las monarquías árabes más pro-EE. UU. En los últimos días, ha atacado dos depósitos de petróleo saudíes, y un dron ha impactado una planta desalinizadora en Baréin en respuesta a un ataque lanzado desde territorio bahreiní contra la planta desalinizadora iraní en la isla de Qeshm. La mayoría de los reinos árabes dependen de la desalinización en un grado mucho mayor, superados por Arabia Saudí con un 70% y Baréin con un 60%. Esto convierte el ataque de Baréin en algo similar a la locura de luchar con ladrillos mientras se vive en una casa de cristal.

Las consecuencias colaterales del objetivo iraní de expulsar a Estados Unidos de Oriente Medio
se intensificarán a medida que Israel y el ejército estadounidense agoten sus reservas de defensa antiaérea y antimisiles, lo que permitirá a Irán lanzar su ataque de gran envergadura, a una escala que no alcanzó en junio pasado, cuando acordó un alto el fuego. Comenzará a utilizar sus misiles más sofisticados para atacar a Israel y a otros aliados de Estados Unidos.

No hay dónde colocar la producción petrolera árabe adicional ahora que Irán ha cerrado el Estrecho de Ormuz a todos los barcos, salvo a los suyos, la mayoría de los cuales transportan petróleo con destino a China. Los tanques de almacenamiento están llenos, sin lugar para almacenar nueva producción, que se ha visto obligada a detenerse. En cuanto al gas natural licuado (GNL), exportado principalmente por Qatar, sus plantas de GNL han sido bombardeadas. Tendrán que ser reconstruidas, lo que tomará dos semanas más un tiempo equivalente para volver a ponerlas en funcionamiento mediante la refrigeración adecuada del gas.

En cualquier caso, ningún barco intenta siquiera acercarse a Ormuz porque Lloyd’s de Londres no emite pólizas de seguro. El ejército estadounidense ha hundido o incautado recientemente buques rusos que transportaban petróleo, pero el alza de los precios del petróleo lo ha llevado a permitir dichas transferencias para frenar la inflación mundial. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha declarado que el Departamento del Tesoro está examinando si se podrían liberar al mercado más cargamentos de crudo ruso sancionado. «Podríamos desautorizar otros tipos de petróleo ruso», declaró. «Hay cientos de millones de barriles de crudo sancionado en el agua… al desautorizarlos, el Tesoro puede generar suministro». Sus declaraciones se producen tras la decisión de Estados Unidos de emitir una exención temporal de 30 días que permite a las refinerías indias comprar petróleo ruso en un esfuerzo por mantener el suministro mundial.

En todo el mundo, el aumento de los precios del petróleo y el gas obligará a las economías a elegir entre recortar el gasto social interno para pagar sus deudas en dólares. Esta guerra está separando a Occidente, compuesto por EE. UU. y la OTAN, de la mayoría global, al crear tensiones que Japón, Corea e incluso Europa ya no pueden permitirse. El efecto caótico del ataque estadounidense ha destruido la narrativa que ha permitido a los diplomáticos estadounidenses exigir subsidios y un «reparto de la carga» para su gasto militar global. La ficción predicada es que el mundo necesita el apoyo militar de EE. UU. para protegerse de Rusia y China, y ahora de Irán, como si estos países representaran una amenaza real para Europa y Asia.

Pero en lugar de proteger al resto del mundo librando la actual Guerra Fría, el caos en los mercados mundiales de petróleo y gas, resultante de su ataque a Irán, demuestra que Estados Unidos es, en realidad, la mayor amenaza para la seguridad, la estabilidad y la prosperidad de sus aliados. Su ataque ha recaído principalmente sobre sus aliados más cercanos: Japón, Corea del Sur y Europa. Sus precios del gas se han disparado un 20% y hoy siguen subiendo. La bolsa de valores de Corea se ha desplomado un 18% en los últimos dos días. Todo esto está cambiando el apoyo a la eliminación del control estadounidense sobre el petróleo de Oriente Próximo y a su reorientación hacia un mercado libre de las exigencias estadounidenses de control y dolarización del comercio energético mundial.

Gracias a Michael Hudson COUNTER PUNCH, BRAVE NEW EUROPE y a la colaboración de Federico Aguilera Klink.

inSurgente.org  republica por el alto interés del contenido, bajo los criterios generales de Uso Justo.

 

https://www.counterpunch.org/2026/03/09/thinking-about-the-unthinkable-irans-grand-plan-to-end-u-s-presence-in-the-middle-east/

https://braveneweurope.com/michael-hudson-thinking-about-the-unthinkable-irans-grand-plan-to-end-u-s-presence-in-the-middle-east

 

Tomado de: La Casa de mi tia. 

La nueva aritmética de la guerra

Fuentes: El tábano economista

La intersección de los costos de la guerra y el tiempo crean un dilema imposible para EE. UU (El Tábano Economista)

Hay análisis geopolíticos que se leen con interés y rápidamente se olvidan. Luego hay análisis que deberían imprimirse y colgarse en las paredes del Pentágono, de la Casa Blanca y de todas las redacciones del mundo. El artículo que publicó Policy Tensor, un blog especializado en estrategia, bajo el título Why the US is facing strategic defeat (¿Por qué Estados Unidos se enfrenta a una derrota estratégica?) pertenece a esta segunda categoría. No porque sus conclusiones sean agradables —no lo son en absoluto—, sino porque su método es implacable: aplica las matemáticas a la guerra y extrae de ellas una verdad incómoda que los comunicados oficiales y los análisis superficiales se empeñan en ocultar.

La tesis de Policy Tensor es sencilla en su formulación y preocupante en sus consecuencias. Estados Unidos se enfrenta a una derrota estratégica en el Golfo. No una derrota en el sentido tradicional de ejércitos derrotados o capitales conquistadas, sino algo más sutil y quizás más profundo: la incapacidad de lograr sus objetivos militares antes de que los costes acumulados —económicos, políticos y globales— se vuelvan insoportables. O, dicho en los términos que utiliza el autor: si Irán puede mantener sus ataques contra las monarquías petroleras, las bases estadounidenses, Israel y, sobre todo, mantener cerrado el estrecho de Ormuz el tiempo suficiente para que sea Estados Unidos quien ofrezca un alto el fuego, entonces Irán habrá ganado. Y Estados Unidos, por mucho que sus portavoces hablen de «misión cumplida», habrá perdido.

Para entender por qué esto es así, hay que adentrarse en lo que el artículo denomina «la mecánica de la guerra de drones«. Y aquí es donde las matemáticas se vuelven más elocuentes que cualquier discurso político.

Imaginemos, como hace el análisis, que la capacidad de guerra iraní es un depósito que se llena y se vacía al mismo tiempo. El agua que entra son los drones y misiles que Irán fabrica. El agua que sale son los drones y misiles que Irán lanza contra sus objetivos. Los grifos que llenan el depósito son las fábricas y talleres de producción. Los bombardeos estadounidenses intentan romper esos grifos, reducir su número. Pero aquí viene la primera variable crucial: la tasa a la que Irán puede reparar los grifos rotos o reconstruir las fábricas destruidas. Los autores del modelo llaman a esto la «tasa de reconstitución«. Y la relación entre lo que Estados Unidos destruye y lo que Irán reconstruye determina todo lo demás.

El análisis matemático, incluso bajo supuestos conservadores favorables a Estados Unidos, muestra lo difícil que es para la superpotencia degradar las capacidades iraníes con la suficiente rapidez. En el escenario más optimista para Washington —aquel en el que Irán no puede reconstituir ninguna instalación y Estados Unidos destruye el noventa por ciento de su capacidad productiva cada mes—, Irán aún podría mantener un ritmo de ataque elevado durante cuatro meses. Cuatro meses. Eso es mucho tiempo en una guerra moderna. Es tiempo suficiente para que los costes se acumulen de manera irreversible.

Y luego está el segundo factor, el que convierte el problema en una pesadilla operativa. Los informes que empiezan a filtrarse, y que Policy Tensor recoge y analiza, indican que Irán no solo está resistiendo los bombardeos, sino que ha conseguido golpear con una eficacia sorprendente la infraestructura militar estadounidense en la región. Todos los sistemas THAAD —los escudos antimisiles más avanzados del mundo, diseñados para ser prácticamente invulnerables— han sido alcanzados y probablemente neutralizados. Las bases aéreas desde las que Estados Unidos lanza sus ataques han sufrido ataques sostenidos que han degradado gravemente su capacidad de generar salidas y sus radares no son los ojos que se necesitan. Según las estimaciones que maneja el análisis, la tasa de salidas —es decir, el número de misiones que pueden lanzarse cada día— se ha reducido entre un treinta y cinco y un cincuenta por ciento.

Esto significa que la curva no se dobla hacia abajo, como querría cualquier comandante militar, sino hacia arriba. La campaña de privación diseñada para degradar las capacidades iraníes ha sufrido un revés masivo justo cuando más se necesitaba. Y la respuesta de emergencia —enviar un tercer portaaviones a la región— es en sí misma una confesión de debilidad: un portaaviones puede generar docenas de salidas diarias, pero una base terrestre puede generar cientos. La aviación naval no puede sustituir a la aviación basada en tierra cuando lo que se necesita es una capacidad de bombardeo sostenida e intensiva.

Llegados a este punto, cualquier persona con un mínimo de formación militar se hará la misma pregunta: ¿y la solución militar? ¿Dónde está el plan B, la opción de tierra, la estrategia que rompa el empate?

No hay solución militar. Esa es la conclusión incómoda pero ineludible. Y si no hay solución militar, la guerra se convierte en una prueba de resistencia, en una competición para ver quién soporta más tiempo los costes acumulados.

Aquí es donde el análisis económico se vuelve tan importante como el militar. Porque los costes de esta guerra no son simétricos. Un dron Shahed-136 cuesta aproximadamente veinte mil dólares. Un misil Patriot, la principal arma estadounidense para interceptarlo, cuesta cuatro millones. Y no basta con uno, los protocolos de defensa suelen exigir lanzar dos o tres para garantizar la intercepción. La cuenta es sencilla: por el precio de un solo misil, Irán puede fabricar doscientos drones. Por el precio de una batería completa, puede saturar las defensas de cualquier base durante semanas. Y mientras los inventarios de interceptores estadounidenses se agotan, los drones iraníes siguen llegando.

Pero los costes no se miden solo en misiles. Se miden en petroleros que no cruzan el estrecho de Ormuz, en primas de seguro que se disparan, en precios del petróleo que empiezan a escalar lentamente al principio y luego a saltos cada vez más pronunciados. Se miden en la inflación global que ya comienza a asomar, en los bancos centrales que se preparan para nuevas subidas de tipos, en la crisis alimentaria que amenaza con reducir a la mitad la próxima cosecha por el encarecimiento de los fertilizantes. Se miden, en definitiva, en una recesión global que, según el análisis, sería inevitable si el conflicto se prolonga.

Y luego está el factor que los analistas llaman «geopolítico» y que en realidad es la madre de todos los factores: la percepción. Porque cuando los países del Golfo —esos que durante décadas han financiado la presencia militar estadounidense, que han pagado de su bolsillo la construcción de bases, que han comprado armamento americano por valor de cientos de miles de millones— vean que Estados Unidos no puede protegerlos, empezarán a hacer cuentas. Y las cuentas les dirán que tal vez sea hora de diversificar alianzas, de buscar otros socios, de negociar con quien pueda ofrecer seguridad real. China está ahí, con sus chequeras llenas y sus promesas de no injerencia. Rusia también, vendiendo armas y ofreciendo cobertura diplomática. El viejo pacto del petrodólar —petróleo por seguridad, dólares por protección— se desmorona ante nuestros ojos.

Hay una ironía profunda en todo esto, una ironía que los estrategas iraníes probablemente aprecian. Estados Unidos e Israel justificaron sus ataques con la necesidad de impedir que Irán se hiciera con el arma nuclear. Pero la lección que el liderazgo iraní está extrayendo de esta guerra es exactamente la contraria: Estados Unidos no invadió Corea del Norte porque Corea del Norte ya tenía la bomba. Estados Unidos invadió Irak porque Irak no la tenía. Ergo, si quieres que no te invadan, consigue el arma nuclear cuanto antes. Lo más probable es que, cuando esta guerra termine —si es que termina de alguna manera clara—, Irán acelere su programa nuclear hasta donde sea necesario. Y entonces comenzará el efecto dominó: Arabia Saudita querrá la suya, Turquía también, Egipto probablemente, y Emiratos Árabes no se quedará atrás. La no proliferación, ese sueño de los años setenta, habrá muerto definitivamente en las arenas del Golfo.

Y mientras tanto, Europa observa desde la distancia con esa mezcla de impotencia y arrogancia que la caracteriza. Los líderes europeos, esos mismos que pasaron los últimos años culpando a Putin de todos sus males energéticos, se enfrentan ahora a un escenario que les deja sin chivo expiatorio. Esta vez no podrán echarle la culpa al ruso. El shock energético viene del Golfo, de un aliado de Estados Unidos, de un conflicto en el que no tienen capacidad de influir, pero cuyas consecuencias pagarán. Porque Europa sigue siendo, a pesar de todos sus esfuerzos por diversificarse, una gigantesca chimenea dependiente de la energía que llega de fuera. Y cuando el estrecho de Ormuz se cierra, cuando los petroleros no navegan, cuando los precios del gas se disparan, la industria europea se paraliza, la inflación se acelera y los bancos centrales no tienen más remedio que subir los tipos, hundiendo aún más una economía que ya cojea.

El análisis de Policy Tensor termina con una advertencia que debería hacernos reflexionar a todos: si Rusia y, detrás de ella, China deciden rearmar y reabastecer a Irán —algo que ya es visible—, esto se convertirá en una «Ucrania al revés». Una guerra de desgaste prolongada en la que Estados Unidos y sus aliados tendrán que sostener un esfuerzo bélico sin fecha de fin, mientras sus adversarios observan cómo la superpotencia se desangra lentamente en un rincón del mundo que ya no controla.

La conclusión es incómoda, pero los datos la sostienen. Estados Unidos no tiene una solución militar para este conflicto. No puede destruir las fábricas de drones lo bastante rápido. No puede proteger sus bases de los ataques enemigos. No puede mantener indefinidamente un esfuerzo bélico cuyos costes económicos y políticos crecen cada día. Lo único que le queda es la diplomacia. Hablar con los omaníes, buscar una salida negociada, aceptar que la época en que podía imponer su voluntad por la fuerza en cualquier rincón del mundo ha llegado a su fin.

La pregunta que queda en el aire, la que ningún general ni político quiere responder, es hasta dónde estarán dispuestos a llegar todos los implicados antes de aceptar que la aritmética de la guerra ha cambiado para siempre. Y si la respuesta es demasiado lejos, entonces la recesión global, el colapso energético y la proliferación nuclear dejarán de ser amenazas abstractas para convertirse en la cruda realidad de nuestro tiempo.

El sueño americano del petrodólar, aquel que empezó en 1974 con un apretón de manos entre saudíes y estadounidenses, se está desvaneciendo en el horizonte del desierto. Y lo que viene después, visto lo visto, no promete ser un despertar agradable.

Fuente: https://eltabanoeconomista.wordpress.com/2026/03/11/la-nueva-aritmetica-de-la-guerra/ 

viernes, 20 de marzo de 2026

Satélites chinos sobre Asia Occidental: un escudo silencioso para Irán


marzo 10/2026

Estamos en un momento crucial para el nuevo mundo que ya ha surgido: la guerra lanzada por EEUU y el IV Reich sionista, antes conocido como Israel, contra Irán -con el apoyo implícito del resto de vasallos, especialmente los europeos- desafía a China y Rusia a demostrar que la multipolaridad es un principio aplicable y no sólo un eslogan. Intentaré irlo desgranando durante el tiempo que dure la agresión, y después.


Se está hablando mucho de si es Rusia quien está ayudando a Irán con información, pero lo que se comenta en el mundo árabe (que ahora mismo es lo que hay que leer y, por supuesto, a los iraníes) va por otro lado. Hay que enfrentarse a la propaganda y todo el mundo la hace, pero unos más que otros porque tienen más medios. Así que aquí va otra visión que me ha parecido relevante, aunque tiene ya una semana.

«Cuando MizarVision comenzó a publicar imágenes satelitales de las fuerzas estadounidenses acumulándose en el Golfo Pérsico y Jordania antes de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, que comenzó el 28 de febrero de 2026, internet reaccionó de inmediato. Las fotografías circularon ampliamente porque revelaban algo que los operadores occidentales habían evitado cuidadosamente mostrar.

Durante años, empresas como Planet Labs y Maxar han filtrado o suprimido imágenes consideradas sensibles para los intereses estadounidenses e israelíes. El público rara vez ha tenido acceso a imágenes sin procesar de los despliegues estadounidenses en Asia Occidental. MizarVision ha interrumpido este patrón y ha obligado a estos despliegues a revelarse públicamente.

Surgen preguntas obvias: ¿por qué una empresa china publicaría material que las empresas occidentales ocultan sistemáticamente? ¿Quién está detrás de MizarVision? ¿Por qué esta empresa china publica imágenes sensibles nunca antes vistas por el público?

Según información pública, MizarVision revende imágenes captadas por satélites privados chinos. Sin embargo, dado que Pekín autoriza previamente la divulgación de información sensible, sus motivos han suscitado preocupación.

Los diplomáticos estadounidenses e israelíes y los profesionales de seguridad sospechan del papel de la flota de satélites de China en el monitoreo de las actividades de Estados Unidos e Israel y en el apoyo a las fuerzas armadas yemeníes alineadas con Ansarallah y al ejército iraní durante la guerra de 12 días entre Estados Unidos e Israel contra la República Islámica en junio pasado; sin embargo, el público en general en gran medida lo desconocía y asumía que Irán había obtenido imágenes para fines militares de sus propios satélites militares.

Irán opera un programa satelital modesto. Carece de la densidad, redundancia y cobertura persistente necesarias para una vigilancia militar continua y de alta resolución. Al igual que Israel depende de la arquitectura de reconocimiento estadounidense, Irán depende de un aliado tecnológicamente avanzado capaz de proporcionar vigilancia continua y un despliegue rápido de misiones.

Este socio es China.

La ventaja orbital de China

Irán cuenta con 14 satélites activos registrados en la base de datos informática del Comando de Defensa Aeroespacial de América del Norte (NORAD), controlado por Estados Unidos (los satélites inactivos están marcados como «fuera de servicio» por NORAD). Generalmente, los satélites se lanzan a diversas altitudes, desde cientos de kilómetros hasta 36.000 kilómetros en el espacio, y se maniobran hasta órbitas designadas. Algunos satélites se posicionan en órbita geoestacionaria (GEO) para cubrir una región día y noche.

El área de cobertura, o «huella», de los satélites GEO puede ser bastante extensa. El tipo más común de satélite, el de «órbita terrestre baja» (LEO), recorre una trayectoria orbital, pero su huella es menor en el área que recorre (cada pasada dura entre minutos y horas).

La «carga útil», la tecnología a bordo, determina lo que un satélite puede o no puede hacer. El satélite Jam-e Jam, lanzado recientemente por Irán, es un satélite de órbita de baja energía, pero su carga útil está destinada a las telecomunicaciones. Solo unos pocos satélites iraníes de órbita de baja energía tienen capacidad de imagen, pero solo uno cuenta con tecnología de imagen de alta calidad. Por eso Irán necesita una nación amiga.

La postura de China es completamente diferente. Su flota de satélites se estima en entre 1100 y 1350 unidades activas, que cubren órbitas geoestacionarias (GEO), órbitas terrestres bajas (LEO) y órbitas especializadas, como las que apoyan la navegación BeiDou. Plataformas militares y comerciales operan en paralelo. Muchos satélites con etiquetas civiles están diseñados para un uso dual. Cualquier plataforma capaz de resolver los detalles de un estadio de fútbol puede cartografiar con la misma facilidad un complejo militar.

La amplitud de la constelación china permite la adquisición continua de imágenes, la penetración de radar a través de la nubosidad, la recopilación de señales de intercepción, el seguimiento meteorológico, las telecomunicaciones y la transmisión de datos. En términos de alcance y sofisticación, la red rivaliza con el sistema operado por la Oficina Nacional de Reconocimiento de EE. UU., que garantiza el dominio estratégico estadounidense e israelí.

La infraestructura orbital de China es enorme, estratificada y cada vez más asertiva en su uso.

La red Jilin-1

MizarVision no lanza ni opera satélites. Su fundador, Liu Ming, posee el 35,38% de la compañía, mientras que fondos de inversión privados controlan el resto de las acciones. Ningún fondo estatal oficial figura en el registro de accionistas, pero la supervisión regulatoria en China garantiza su alineación con las prioridades nacionales.

MizarVision adquiere imágenes de la Agencia Espacial Europea (ESA) y de seis propietarios y operadores de satélites chinos. Al igual que con las imágenes en cuestión, MizarVision puede anotarlas antes de venderlas. Una empresa china interesada es Chang Guang Satellite Technology, Ltd., una rama comercial de la Academia China de Ciencias.

Chang Guang posee y opera una familia de satélites llamada «Jilin-1». Según una estimación para 2024, el número de unidades activas ronda las 120, pero es probable que sea mayor, ya que China cuenta con un sólido programa satelital y lanza nuevos satélites con frecuencia.

Los satélites Jilin-1 se especializan en imágenes de alta frecuencia y operan en grupos coordinados de cinco a diez satélites. Los sistemas pancromáticos combinan las bandas visible e infrarroja para generar imágenes en escala de grises con resoluciones de entre 50 y 75 centímetros. Los sistemas multiespectrales proporcionan imágenes en color a profundidades de dos a tres metros. La capacidad de video de alta definición alcanza una resolución de entre 92 y 120 centímetros, produciendo clips con una duración de entre 30 y 120 segundos a aproximadamente 10 fotogramas por segundo. Los satélites operan en todas las condiciones climáticas.

En órbita en órbita baja (LEO) a aproximadamente 535 kilómetros, los satélites Jilin-1 mantienen una actividad constante y no se apagan por la noche. La red satelital coordinada permite una cobertura constante, una reasignación rápida y múltiples revisitas a la misma región en un solo día.

Son ágiles; los satélites pueden inclinarse y maniobrar para capturar las mejores imágenes. La red satelital permite multifuncionalidad y una cobertura constante (24/7, 365 días al año). Son ideales para monitorear áreas día y noche.

Sin embargo, Chang Guang no es estrictamente privado. Las imágenes captadas por sus satélites son utilizadas por las Fuerzas Armadas chinas. La mayoría de los satélites Jilin-1 se dedican a la vigilancia regional, incluyendo Asia Occidental.

Un mensaje transmitido desde la órbita

Las imágenes de MizarVision provienen casi con certeza de Jilin-1. Las imágenes publicadas están reducidas; es decir, la calidad de la imagen se ha reducido de «calidad militar» a calidad comercial (o quizás inferior, dada la borrosidad de varias imágenes) para ocultar la calidad de la tecnología de imágenes del satélite y sus capacidades de inclinación y maniobrabilidad a los enemigos de China.

¿Por qué Jilin-1? Porque Chang Guang proporcionó a Rusia imágenes para la guerra en Ucrania, lo que provocó sanciones del gobierno estadounidense. En abril de 2025, el Departamento de Estado de EE. UU. admitió en una conferencia de prensa que Chang Guang había proporcionado imágenes a Ansarallah en Yemen. Además, el comunicado del Departamento de Estado afirmaba que el gobierno estadounidense estaba colaborando con Pekín para impedir la cooperación entre China y Ansarallah:

Podemos confirmar los informes de que Chang Guang Satellite Technology Co., Ltd. apoya directamente los ataques terroristas hutíes respaldados por Irán contra intereses estadounidenses. Sus acciones y el apoyo de Pekín a la empresa, incluso después de nuestros encuentros privados con ellos, son un ejemplo más de las falsas pretensiones de China de apoyar la paz. Instamos a nuestros aliados a juzgar al Partido Comunista Chino y a las empresas chinas por sus acciones, no por sus palabras vacías. Restaurar la libertad de navegación en el Mar Rojo es una prioridad para el presidente Trump. Pekín debería tomar esta prioridad en serio al considerar cualquier apoyo futuro a Chang Guang Satellite Technology. Estados Unidos no tolerará que nadie preste apoyo a organizaciones terroristas extranjeras, como los hutíes.

Washington calificó la cooperación como una interferencia desestabilizadora. Pekín la trató como una colaboración soberana dentro de un orden multipolar en evolución.

¿Por qué publicar?

La publicación de imágenes de la concentración de tropas en el Golfo Pérsico cumplió dos funciones estratégicas. Reveló preparativos de guerra que las autoridades estadounidenses habrían preferido mantener en secreto y demostró que dichos preparativos estaban siendo monitoreados de cerca. La publicación diaria o casi diaria permitió a observadores de todo el mundo seguir los despliegues casi en tiempo real, lo que avivó el debate público incluso mientras Washington avanzaba.

Otro motivo de su publicación fue alertar a estadounidenses e israelíes sobre el apoyo de China a Irán. Se había sospechado que Pekín proporcionaba a Irán inteligencia, vigilancia y reconocimiento vía satélite, pero nunca fue confirmado ni por Irán ni por China.

Cuando el presidente estadounidense Donald Trump afirmó que la mayoría de los 14 misiles iraníes no habían alcanzado la base aérea estadounidense de Al-Udeid en Qatar, Teherán se abstuvo de publicar imágenes de evaluación de daños que podrían haber refutado esta afirmación. Una compañía satelital occidental finalmente publicó imágenes que contradecían la versión de Washington. La postura reciente de Pekín sugiere que los acontecimientos futuros podrían desarrollarse de manera diferente.

El mensaje contenido en los comunicados satelitales requiere poca interpretación. Los sistemas chinos rastrean la posición de las baterías THAAD y Patriot. Registran la posición de las aeronaves en bases regionales. Observan la concentración de fuerzas antes de su movilización.

En la guerra contemporánea, el dominio de la información configura el campo de batalla antes de que se lance el primer misil.

China ha mostrado señales de tener esta ventaja».

Shivan Mahendrarajah  

P.D.- Y luego hay quien se pregunta por qué llamo estercolero al estercolero.

El Lince

Fuente: El Lince