jueves, 23 de abril de 2026

Seis años de los «protocolos de la vergüenza» en las residencias de ancianas madrileñas


MADRID :: 12/04/2026

JAVIER LILLO

Qué ha pasado con las causas judiciales :: Ayuso priorizó que ancianos con infección respiratoria fueran atendidos en las propias residencias y no en los hospitales

El pasado 14 de marzo se cumplieron seis años desde que el Gobierno declarara el estado de alarma por la pandemia de coronavirus. También se cumplen seis años de unos protocolos sanitarios que fueron aplicados en la Comunidad de Madrid por el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso y que priorizaban que ancianos con infección respiratoria fueran atendidos en las propias residencias y no en los hospitales.

Esos 'protocolos de la vergüenza', según sostienen asociaciones como Marea de Residencias, provocaron la muerte de más de 7.000 personas en las residencias madrileñas entre marzo y abril de 2020. Y el asunto acabó siendo judicializado. ¿Pero en qué punto se encuentra la investigación de esos fallecimientos por parte de la justicia madrileña?

Entre 2020 y 2021 se llegaron a interponer alrededor de 350 querellas en diferentes juzgados de la Comunidad de Madrid que iban dirigidas contra la presidenta Díaz Ayuso, contra el exconsejero de Sanidad Enrique Ruiz Escudero y contra varios directores de residencias geriátricas. Los delitos que se les imputaban eran los de homicidio imprudente, prevaricación, denegación del deber socorro o trato degradante, al entender que fueron los responsables de impedir que esos mayores fueran tratados en centros médicos.

Esas primeras querellas, formuladas gracias al ánimo de abogados que actuaron por puro activismo social, según explican desde Marea de Residencias, corrieron diferente fortuna: algunas se agruparon, otras fueron archivadas y, en definitiva, quedan vivas a día de hoy unas 90 de ellas en diferentes juzgados. En las que fueron sobreseídas se optó por el recurso ante la Audiencia Provincial y, tras la confirmación de los diferentes archivos, se elevaron hasta 80 casos --siempre cifras aproximadas-- por medio de recursos de amparo al Tribunal Constitucional.

Y ahí, por el momento, se congela el proceso para esos casos. ¿Por qué? Según fuentes del Tribunal Constitucional los recursos se estudian de manera agrupada y, dado que aún hay causas que no han sido archivadas, se debe actuar con la debida cautela. Entienden que una inadmisión de esos recursos de amparo podría suponer "una injerencia en la jurisdicción penal" porque tanto los hechos denunciados como las personalidades contra las que se va son los mismos en todas esas causas.

Advierten, sin embargo, de que pese a que de momento no se prevé cercano un pronunciamiento del Constitucional, sí se está discutiendo al respecto en las distintas secciones del tribunal de garantías constitucionales. Y reiteran que, si el Constitucional inadmitiera ahora un solo recurso, podría entenderse que invita a archivar las causas vivas y esto podría interferir en los procedimientos penales abiertos.

La vía del 511 del Código Penal

A esta primera vía siguió en 2024 una segunda en la que los familiares de las víctimas decidieron acudir con sus denuncias ante la Fiscalía para que fuera desde el Ministerio Público desde donde se impulsara una judicialización de la investigación. En total se presentaron 109 denuncias que atacaban el asunto desde el prisma del delito contemplado en el artículo 511 del Código Penal. Ese tipo contempla penas de hasta dos años de cárcel para el cargo público o funcionario que deniegue a una persona una prestación a la que tenga derecho y que lo haga por razón de su ideología, religión o creencias, su situación familiar, su pertenencia a una etnia, raza o nación, su origen nacional, su sexo, edad, orientación o identidad sexual o de género, o por razones de aporofobia, e exclusión social, de la enfermedad que padezca o de su discapacidad.

Según explican desde Marea de Residencias, si bien en un inicio la fiscal superior de la Comunidad de Madrid, Almudena Lastra, tardó un mes en derivar a los 'buzones fiscales' correspondientes esas denuncias, poniendo en riesgo que las mismas fueran judicializadas antes de que prescribiera el delito, finalmente llegaron a interponerse en diferentes juzgados entre 80 y 90 querellas (una vez más, una cifra no exacta y que choca con la que manejan otras fuentes jurídicas consultadas). Esto posibilitó, además, que causas ya archivadas --de la primera vía ya citada-- fueran reabiertas de nuevo gracias a ese impulso fiscal y por ese nuevo delito.

Por medio de este cauce, los interesados sí que han podido ver desfilar a investigados ante diferentes sedes judiciales: es el caso de Carlos Mur, quien fuera director de Coordinación Sociosanitaria de la Comunidad de Madrid durante la pandemia y firmante de esos 'protocolos de la vergüenza'; de Francisco Javier Martínez Peromingo, otro ex alto cargo que también se implicó en la elaboración de esos protocolos; y Pablo Busca Ostolaza, que dirigía las ambulancias del Summa 112 en lo más crudo de la pandemia.

El geriatra Francisco Javier Martínez Peromingo (i) en los juzgados en Madrid.

La cuestión de competencia

En paralelo, se abrió otro 'melón' entre los diferentes juzgados con el asunto de la competencia. Gran parte de los familiares de las víctimas consideran que deben agruparse todas las querellas en el juzgado que primero decidió abrir causa, esto es, el Juzgado de Instrucción número 3 de Madrid, de la magistrada María Isabel Durántez. De hecho, varios resolvieron por auto inhibirse en favor de ese juzgado de Plaza de Castilla.

Pero Durántez no estaba de acuerdo con que su juzgado tuviera esa fuerza atractiva de las otras causas y acordó mediante auto que suspendía las declaraciones programadas y que delimitaba el objeto de su investigación a los hechos de la querella que había admitido. El asunto fue elevado por medio de una cuestión de competencia ante la Audiencia Provincial, que en diciembre de 2025 resolvió que Durántez tenía razón y que era necesario analizar cada uno de los supuestos de forma separada atendiendo así "a las circunstancias personales de cada víctima y a las de cada una de las residencias donde se encontraban ingresadas al tiempo de producirse su fallecimiento como consecuencia del Covid-19". Y esto a pesar de que eran conscientes de que los ex altos cargos emprenderían un peregrinaje declarativo que les llevaría a múltiples juzgados para declarar en calidad de investigados.

A esa cuestión de competencia se sumó un recurso ante la Audiencia Provincial impulsado desde las acusaciones para que la Sección Primera entre a decidir si la resolución de Durántez debe ser revocada o confirmada. Será el próximo 16 de abril cuando los magistrados se citen para deliberar al respecto, y de ahí puede surgir una gran causa que aglutine todos los casos o puede confirmar la vía que se ha seguido hasta ahora y es que cada juzgado haga la guerra por su cuenta en un asunto que, en lo fundamental, es común a todos.

Esta 'espera', la enésima para las familias de las víctimas, se ha salpicado con diferentes decisiones, como la de un juez de Getafe que ha ampliado la imputación tanto para Mur como para Peromingo sumándoles un nuevo delito, el de prevaricación. Tomó esta decisión después de admitir parcialmente una ampliación de denuncia del PSOE, que ejerce en varios juzgados la acusación popular, y la acotaba a la investigación de "la orden que se hubiera transmitido al Hospital de Getafe y a la Residencia Geriátrica Los Ángeles".

Esta semana estaba citado a declarar como investigado Antonio Burgueño, exasesor del Gobierno regional durante la pandemia, aunque se ha suspendido al no haber sido notificado a las partes un informe de la Fiscalía. A su salida, apuntó en declaraciones a los medios contra Fernando Simón y el Gobierno central: "Yo sigo diciendo que Madrid tuvo una explosión de una enfermedad pandémica, y que el responsable era el Ministerio de Sanidad". Los familiares le han reprochado que cargase la culpa de lo sucedido en Madrid sobre Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias.

Con todo, fuentes del entorno de las familias afectadas lamentan que hasta la fecha han visto poco interés por parte de la Justicia en llegar al fondo del asunto, aunque consideran que, si permanecen firmes en su reivindicación, al final los jueces teóricamente no tendrán más remedio que entrar a valorar los diferentes casos y confían que se llegue a escalar a responsabilidades políticas. No obstante, advierten de que, después de lo que pasó en las residencias, si no se realiza una investigación judicial profunda, sería un reflejo de la sociedad muy lamentable.

El Diario

Texto completo en: https://madrid.lahaine.org/seis-anos-de-los-llprotocolos-de-la 

La cara oculta de la carrera espacial occidental: políticas de rearme con tecnología de doble uso


 EE.UU., EUROPA :: 12/04/2026

AGENCIAS / LA HAINE

La "coincidencia" temporal con la guerra no es nueva. Cuando el ejército estadounidense estaba fracasando en su intento de someter al enemigo en Vietnam, la respuesta fue el Programa Apolo

La misión Artemis II ha retornado. Tras recorrer por primera vez este siglo la órbita lunar con tripulación humana, la nave amerizó este viernes por la noche frente a la costa de San Diego, EEUU, en el océano Pacífico. La resurrección de la carrera espacial occidental ha mantenido a la población en vilo, como ya lo hizo durante la segunda mitad del siglo XX. Estos programas desarrollan nueva tecnología que luego supuestamente repercute en avances en la calidad de vida de las personas, como la implantación del GPS. Pero del mismo modo que la Luna, todos estos proyectos tienen un lado oculto. El conocimiento tecnológico creado en el seno de la industria espacial tiene un uso principal: la industria armamentística.

Desde su creación, la agencia espacial estadounidense ha reclutado a 370 candidatos a astronautas, de los cuales 212 -más del 57%- son militares. Con este dato en mente, "los sistemas espaciales son la tecnología de doble uso por excelencia", explica a Público Bogdan Stojanovic, investigador senior del Instituto de Política y Economía Internacional en la Universidad de Belgrado. También colabora en el think tank Diplo, que investiga tecnología y diplomacia.

"Hoy en día resulta cada vez más difícil imaginar que las principales potencias militares del mundo puedan librar una guerra sin los sistemas espaciales que proporcionan cartografía, navegación, localización de objetivos y comunicaciones en todos los niveles de mando". Bajo esta premisa, "la nueva carrera espacial no se entiende como algo separado del rearme, sino como parte del mismo ecosistema tecnológico, industrial y simbólico".

Existen matices. "El sector espacial es diverso y no todo lo que hay en el espacio es militar", recuerda Jorge Hernández Bernal, astrofísico en la Universidad de la Sorbona. "Hay muchos satélites civiles que proveen cosas importantes para fines civiles", como la monitorización para comprender mejor el planeta, la predicción meteorológica ola gestión de desastres naturales", ejemplifica, aunque aun estos provienen de sus hermanos militares. El científico reconoce que "hay tecnologías transversales a todo el sector espacial que tienen implicaciones militares críticas". El doble uso de algunos mecanismos muestra así el alcance bélico de la carrera espacial, que se revela especialmente conflictiva en el actual contexto geopolítico.

Misiles, geolocalización y comunicación por satélite

"Un cohete y un misil son en casi todos los sentidos lo mismo", remarca Hernández Bernal. El astrofísico recuerda que los primeros misiles de largo alcance fueron desarrollados por la Alemania nazi durante la II Guerra Mundial. El Ministerio de Propaganda bautizó tecnologías de esta clase como Wunderwaffen, traducible como "armas maravillosas". Algunos de los científicos involucrados fueron posteriormente extraditados a EEUU en el marco de la llamada Operación Paperclip. Entre ellos se encontraban figuras como los ingenieros Wernher von Braun y Arthur Rudolph, que lideraron el diseño de cohetes de la NASA como parte del programa Apolo. Y también los que crearon la bomba atómica.

Pero la cohetería no es el único ámbito en el que se entrelazan la guerra y la carrera espacial. Por ejemplo, la geolocalización, que fue creada para uso militar, "es posible gracias a pequeñas constelaciones de satélites", describe Hernández Bernal. Uno de sus usos primarios consiste en "el guiado de los misiles, y más recientemente de los drones, para atacar una ubicación precisa después de recorrer miles de kilómetros". Además, también sirve "para coordinar operaciones militares, facilitar el transporte, y para la vigilancia".

"La observación de la Tierra es otra tecnología de doble uso", menciona el astrofísico. Al igual que el GPS, posteriormente tiene utilidades positivas como el monitoreo de catástrofes -entre ellas, los incendios forestales-. La herramienta FIRMS de la NASA o el sistema EFFIS de la Unión Europea tienen precisamente este cometido. Pero inicialmente, esta tecnología sirvió "para monitorear bases u operaciones militares del adversario". Sobre esta cuestión el experto en diplomacia incide en que "los comandantes sobre el terreno utilizan la información cartográfica para reunir a sus fuerzas y coordinar ataques con todas las armas". A esto se suma la "comunicación a través de satélites", añade Hernández Bernal. Esta sirve "para controlar los misiles y los drones".

De la Guerra Fría a la escalada bélica occidental actual

Esta vinculación entre misiones espaciales y rearme cobra un significado particular a la luz de la escalada bélica en Oriente Próximo por parte de EEUU e Israel y en Ucrania por parte de la UE. Esta "coincidencia" temporal con la guerra también tuvo lugar durante el programa Apolo. "Su apogeo no fue más que el comienzo del empantanamiento de las tropas estadounidenses en la guerra de Vietnam", declara Bogdan Stojanovic. "El ejército estadounidense estaba fracasando en su intento de someter al enemigo en Vietnam y la respuesta fue el Programa Apolo". En este sentido, Itxaso Domínguez expresa que durante la Guerra Fría "el espacio ayudó primero a construir prestigio, superioridad tecnológica y militar y cohesión interna, y luego a ofrecer mejoras a la gente".

Esto se debe a que la carrera espacial también tiene "una dimensión más discursiva", argumenta la experta en relaciones internacionales. "La carrera espacial funciona muy bien para legitimar gasto público, reforzar narrativas de competencia entre potencias y presentar la militarización como innovación o progreso". En esta línea, el investigador de Diplo considera que "la infraestructura espacial revitalizada, que en su día se promocionó por su potencial para el desarrollo comercial y científico, se ha convertido, por el contrario, en la columna vertebral de la guerra moderna". Identifica así una difuminación de las líneas que separan los usos militares y civiles de la investigación espacial.

Esto "permite a los Estados occidentales desarrollar tecnologías de doble uso" e instrumentalizar la premisa de la "innovación" o el "prestigio nacional" para evitar "el coste político que, de otro modo, acarrearía una militarización abierta. Se relega a un segundo plano el debate crítico sobre la escalada de conflictos y convierte el rearme en una parte invisible pero inevitable del progreso tecnológico". Domínguez abunda que "desde la geopolítica crítica también interesa cómo esto reconfigura jerarquías globales. Quién tiene acceso al espacio, quién controla órbitas, datos y constelaciones, quién depende de infraestructuras ajenas. Todo eso reproduce desigualdades y nuevas formas de poder".

"No debemos cegarnos por los logros de las potencias imperiales, mientras ignoramos lo que esos mismas potencias están haciendo", valora Jorge Hernández.


Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/la-cara-oculta-de-la-carrera-espacial

¿Hacia una reforma estructural de la economía venezolana?


VENEZUELA :: 11/04/2026

MISIONVERDAD.COM

Este 8 de abril, la presidenta encargada Delcy Rodríguez presentó un conjunto de declaraciones, datos y anuncios de carácter económico. Ingresos, salarios, pensiones y reforma tributaria en la palestra

La presentación se centró en un sincero y contundente balance sobre las dinámicas económicas y políticas de los últimos años, enfatizando sobre los estados de cuenta principales del país en cuanto a los efectos de las sanciones sobre los ingresos nacionales, el financiamiento de la Seguridad Social, el estatus de salarios y pensiones públicas, entre otros temas.

Del mismo modo, realizó un conjunto de anuncios para atender estos asuntos indicando la necesidad de no repetir errores del pasado y estableciendo un cambio de perspectiva en la gestión del Estado, la política económica y el abordaje de sectores económicos más allá del gobierno.

LA PÉRDIDA DE LA BASE DE RECURSOS

La Presidenta (E) reveló un dato duro que ilustra las dimensiones del Producto Interno Bruto (PIB) real, con respecto a 2012.

Es necesario aclarar que, si bien el PIB nominal anualizado ha registrado un crecimiento mucho mayor en términos porcentuales, el cálculo de esta base del PIB real se realiza de acuerdo con el tamaño de la economía de 2012.

Según indicó, al cierre de 2025, el PIB real sería apenas de 35,7% del tamaño que tuvo en 2012. Esto sugiere que la economía venezolana, en términos reales, es un 64,3% más pequeña que en 2012, por lo tanto, es una economía que genera menos ingresos netos reales.

La tendencia decreciente en el PIB real es claramente apreciable desde 2016, año en que se toman cuerpo las bases legales sancionatorias de los años 2014 y 2015, cuando el gobierno estadounidense publicó sus primeras leyes y órdenes ejecutivas que han sido los pilares legales de una lista de más de 1000 sanciones a Venezuela.

Según una imagen divulgada por la mandataria, el año del punto máximo de caída del PIB real fue el 2020, con 24,9%. Desde entonces, se ha apreciado un crecimiento moderado de este indicador, lo cual sugiere que la economía sigue recuperándose, pero sigue lejos de alcanzar su máximo histórico y punto de mayor bonanza.

El PIB real del país, si bien se ha recuperado, permanece lejos de los niveles de 2012.


Rodríguez indicó que la relación entre la caída del PIB real está directamente vinculada a la caída del valor de las exportaciones nacionales. Según señaló, esta ha sido de un 91% en el ciclo 2012 y 2020. Es decir, para el año 2020 ingresó al país un 9% de lo que ingresaba en 2012; esto está claramente asociado al boicot a las actividades de hidrocarburos mediante sanciones y bloqueo.

Una imagen presentada en la alocución sugiere que desde 2022 y hasta 2025, las exportaciones totales de esos cuatro años apenas superaron los 93 mil millones de dólares y esa cifra sigue siendo inferior a los ingresos tan solo del año 2012.


La degradación del valor de las exportaciones venezolanas tiene relación directa con las sanciones a las actividades de hidrocarburos.

Lo que refiere la imagen es que los ingresos por exportaciones de petróleo y derivados, que son la base fundamental del presupuesto nacional, si bien se han recuperado en los últimos años, son abrumadoramente menores que en 2012, año en que se aprobó la actual Ley Orgánica del Trabajo (LOTTT).

INFLACIÓN Y PÉRDIDA DEL PODER DE COMPRA DE LOS SALARIOS

Delcy Rodríguez indicó, con necesaria crudeza, una paradoja que existe en el ingreso mínimo de la clase trabajadora. Por un lado, el ingreso mínimo nacional se ha recuperado en un valor equivalente desde 30 dólares en octubre de 2021, hasta su valor actual de 190 dólares. Esa recuperación ha sido en términos nominales. Pero, en simultáneo, el poder de compra del ingreso mínimo se ha deteriorado gravemente.

Una gráfica presentada por la mandataria ilustra de manera ejemplar, que en junio de 2018 se realizó un aumento del ingreso integral a los trabajadores y, seguidamente, la inflación pulverizó el poder de compra real logrado en ese ajuste, hasta un dramático 0,1% en menos de un año, hasta abril de 2019.


Ejemplo que ilustra la pérdida del poder de compra de los salarios, al financiar los aumentos mediante emisión de bolívares.

También indicó que en 2022 se realizó otro ajuste salarial "sin respaldo", el cual detonó la inflación mensual.


El ingreso nominal se ha incrementado, pero la paradoja está en la inflación y la sedimentación de ese ingreso cuando pierde su poder de compra.

La premisa es muy simple: en el caso del sector público, los incrementos salariales no deben realizarse sin fortalecer la base de ingresos del Estado. De lo contrario, se acude a la emisión de bolívares como mecanismo de financiarización del déficit fiscal. Esto implica un incremento de la masa monetaria en moneda nacional acelerando la inflación.

Por otro lado, aunque los ingresos salariales de los trabajadores privados sean sustanciosos, la capacidad real de compra de esos ingresos también será diluida si se agudiza la emisión monetaria para financiar los salarios públicos. Según la más alta funcionaria, esto fue palpable en 2018 y 2022. Hay lecciones aprendidas y prácticas que no se deben reeditar.

Asimismo destacó la necesidad de romper la tendencia y actuar en favor de una corrección estructural.

SOBRE EL SISTEMA DE PENSIONES

La Presidenta (E) reveló datos sobre situaciones apremiantes en el sistema de pensiones. Desde la puesta en vigencia de la Ley de Protección de las Pensiones, el sector privado ha incrementado su aporte, pero este representa solo el 9% de la base de recursos para financiar el sistema.

Entretanto, el Estado venezolano paga el 91% del pago de pensiones.

Un dato claramente preocupante es el del número de cotizantes versus el número de pensionados. En el país hay 5,3 millones de trabajadores activos cotizando y 6,2 millones de jubilados y pensionados.


Relación actual del sistema de pensiones: cotizantes y beneficiados.

El significado de esos datos se decanta de varias maneras: primeramente, el sistema actual es inviable al haber más dependientes del sistema que cotizantes que lo sostengan. En segundo lugar, hay un claro vacío que ha dejado la pérdida demográfica (por migración) de población en edad económicamente activa. En tercer lugar, existe una importante masa trabajadora no reflejada en estos datos, que permanece en el sector informal y que por ende no cotiza ante la Seguridad Social.

ANUNCIOS Y MEDIDAS

La presidenta (e) Rodríguez indicó que el próximo 1º de mayo anunciará un aumento "responsable" del ingreso mínimo a los sectores de trabajadores.

Considerando los datos y reflexiones que ha presentado, ello sugiere que será un incremento realista, de acuerdo con la modesta recuperación de los ingresos nacionales, sin que esté apalancado mediante la emisión de bolívares.

Por otro lado, declaró que el modelo actual de pensionados "no es sostenible", sugiriendo una futura reestructuración del sistema de protección social.

En ese orden de ideas, anunció la instalación de la Comisión para el Diálogo Laboral que abarque la Constituyente Laboral y de Seguridad Social que está en curso, con participación del Estado, del sector privado, de los trabajadores y los pensionados. El propósito de ello sería avanzar en la construcción de una nueva convención laboral y también en un sistema de seguridad social según las realidades nacionales.

En otro orden de ideas, firmó la Ley Orgánica para la Aceleración y Optimización de Trámites y Procedimientos Administrativos. La firma del instrumento legal marca un hito en la simplificación burocrática del país. Durante su alocución, explicó que la nueva normativa dota al Ejecutivo de herramientas jurídicas directas para desarticular nudos críticos en la administración pública, buscando una mayor eficiencia del Estado.

En materia de reforma tributaria, indicó: "Dispongo instalar inmediatamente el Consejo Nacional de Economía para recibir propuestas en el orden de un nuevo modelo tributario para Venezuela".

En este sentido, pidió que ese modelo sea más eficiente y también impulse plataformas tecnológicas que permitan a Venezuela pasar a un "nivel superior".

Se espera que una reforma al sistema tributario contribuya a su modernización, reducción de la evasión, focalización de los gravámenes en sectores que no comprometan el crecimiento y el empleo, y en una eficacia superior de la hacienda pública.

La mandataria refirió que la recuperación de recursos bloqueados, que son del pueblo de Venezuela, se destinarán inmediatamente a rehabilitar nuestra infraestructura básica (electricidad, agua, vialidad, escuelas, hospitales) y a la inversión productiva, "que garantice ingresos suficientes para mejores pensiones e ingresos de los trabajadores", señaló.

También indicó que existen 500 mil viviendas "congeladas" o fuera del mercado en el país. El propósito es incorporar estas viviendas al mercado inmobiliario para facilitar el acceso al alquiler (renta), especialmente para los jóvenes y nuevas familias que no tienen capacidad inmediata de compra.

De esa manera, solicitó a la Asamblea Nacional una reforma de las leyes relativas al mercado inmobiliario, que construyan nuevas garantías para incentivar la actividades con garantías a arrendadores y arrendatarios.

LAS SANCIONES EN EL CENTRO

Un factor transversal en el discurso presidencial fue el tema de las sanciones contra la economía nacional. Nuevamente, se ha dirigido al gobierno de los Estados Unidos y al país destacando la gravedad y peso que siguen manteniendo las medidas ilegales.

Rodríguez anunció el desarrollo de una agenda de movilización social, en todo el país, a modo de "peregrinaje", lo cual da un perfil político a referir a las sanciones como una inercia que comprometen la estabilización y mejoramiento de grandes variables socioeconómicas.

La movilización está programada para iniciar el 19 de abril, Día de la Declaración de Independencia de Venezuela y concluir el 1º de mayo, Día Internacional de la Clase Trabajadora.

La connotación de esta agitación tiene una denominación claramente simbólica. Se espera que la peregrinación recorra diversos puntos del territorio venezolano para terminar en Caracas.

Desde la perspectiva del Ejecutivo Nacional, el retiro total de las sanciones podría significar el incremento de la base de recursos para sostener los compromisos del Estado venezolano y apalancar las nuevas reformas que podrían surgir en la convención laboral y el sistema de pensiones del país.


Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/hacia-una-reforma-estructural-de-la-economia 

miércoles, 22 de abril de 2026

La matriz común de la cuestión social y la cuestión ecológica


MUNDO, PENSAMIENTO :: 12/04/2026

ALAIN BIHR

Ninguna de las dos cuestiones podrá resolverse sin la otra; y finalmente su solución pasa, tanto en uno como en otro caso, por la abolición revolucionaria de las relaciones capitalistas de producción

Desde que en las décadas de 1960 y 1970 aparecieron en las escenas mediáticas, políticas y académicas los partidarios de la cuestión ecológica (los ecologistas, en todas sus corrientes) no se han llevado bien con los partidarios de la cuestión social (los izquierdistas, en todos sus matices). Al principio indiferentes entre sí, pronto se convirtieron en rivales y hostiles, en particular en el plano político: los primeros acusaban a los segundos de sacrificar "el medio ambiente" a los imperativos del crecimiento económico y del progreso social (y la distribución más equitativa de los frutos del crecimiento); los segundos replicaban que los primeros se preocupaban más por la suerte de la naturaleza que por la de la humanidad. Y aunque la hostilidad terminó cediendo ante las necesidades de alianzas en diversas combinaciones parlamentarias y gubernamentales, la heterogeneidad de sus respectivas temáticas y problemáticas no dejó de mantenerse, debilitándolas hasta provocar el fracaso de algunas.

Las razones de esta situación persistente son múltiples. Algunas tienen que ver con los diferentes contextos históricos en que ambas cuestiones emergieron y fueron formuladas. Otras remiten a la sociología de los movimientos sociales y políticos que asumieron sus respectivas temáticas y problemáticas. Y otras más están relacionadas con los marcos ideológicos (culturales, científicos, filosóficos) en los que fueron elaboradas. En uno de estos últimos aspectos quiero detenerme, muy importante incluso porque podría crear las condiciones de una síntesis de las dos cuestiones. Se trata del desconocimiento del concepto de relaciones sociales de producción.

Sobre el concepto de relaciones sociales de producción

Si este desconocimiento es comprensible y excusable en los ecologistas, lo es mucho menos en el caso de los izquierdistas. Porque este concepto se sitúa en el corazón mismo del pensamiento marxista, una de las principales fuentes de inspiración del socialismo.

Cuando en el "Prefacio" de Contribución a la crítica de la economía política Marx se ve llevado a resumir su enfoque intelectual y precisar lo que constituye su originalidad, es a este concepto al que se refiere:

"El resultado general al que llegué y que, una vez adquirido, sirvió de hilo conductor a mis estudios, puede formularse de la siguiente manera. En la producción social de su vida, los hombres entran en determinadas relaciones, necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política, y a la que corresponden determinadas formas de la conciencia social"[2].

Tal como se presenta de manera sucinta en este párrafo, el concepto designa un complejo de relaciones que articula de manera específica propia de cada modo de producción (forma o tipo global de sociedad), por un lado las relaciones de los seres humanos con la naturaleza y por otro las relaciones de los seres humanos entre sí, en el seno del proceso social de producción (o proceso social de trabajo).

En tanto relaciones de los seres humanos con la naturaleza, las relaciones de producción son las formas sociales dadas a las fuerzas productivas, a las capacidades de producción puestas en marcha por el trabajo humano, es decir a la transformación de la naturaleza por el ser humano con el fin de adecuarla a sus necesidades y usos. De modo que las fuerzas productivas comprenden, simultáneamente:

- las potencias de la naturaleza, en la medida en que puedan ser operadas (apropiadas) por el trabajo humano: toda la naturaleza, en su conjunto y en sus más ínfimas partes, es la primera y fundamental fuerza productiva;

- los medios de trabajo (herramientas, máquinas, dispositivos materiales de producción, infraestructuras productivas, etc.) que son también productos del trabajo humano, o sea resultados anteriores de la transformación de la naturaleza;

- por último, la fuerza humana de trabajo, tal como ha sido moldeada por toda la experiencia del trabajo humano, incluyendo por consiguiente el saber incorporado concerniente tanto al dominio de la materia como a la organización de las relaciones entre los seres humanos en el trabajo.

En tanto que relaciones entre sí de los seres humanos en el proceso de producción, las relaciones sociales de producción articulan las relaciones de los productores con sus medios de producción y medios de consumo, las relaciones de los productores entre sí y, finalmente, las relaciones de productores y no productores con el producto del trabajo social.

Desde el ángulo de las relaciones de los productores con sus medios de producción (tierra, materias primas, fuentes de energía, herramientas y máquinas, infraestructuras productivas, etc.) y con los medios de consumo (individuales o colectivos), es determinante la propiedad de los medios de producción, es decir, el conjunto de reglas sociales (jurídicas, morales, políticas, religiosas, etc.), de hecho o de derecho, que rigen las condiciones de apropiación de los medios de producción por los productores y fijan las formas en que dicha apropiación tiene lugar.

Las relaciones de los productores entre sí corresponden a lo que clásicamente se denomina la división social del trabajo: la repartición entre los miembros de la sociedad de las diversas actividades a través de las cuales la sociedad asegura su reproducción material y, parcialmente, institucional. Aquí es determinante la división (separación y jerarquización) entre trabajo material (los trabajos que operan sobre la naturaleza y se la apropian para los usos humanos) y trabajo "inmaterial" (los trabajos que operan sobre las relaciones sociales y sus múltiples mediaciones), así como, transversal a la precedente, la relación entre trabajo "intelectual" (funciones de dirección, concepción, organización y control) y trabajo "manual" (funciones de ejecución).

En cuanto a las relaciones de productores y no productores con el producto social (la totalidad de la riqueza social producida) y sobre todo con el plus producto social (la parte del producto social no inmediatamente necesaria para la reproducción de las condiciones materiales y personales de producción), implica tener en cuenta no solo las relaciones de reparto (o distribución) en el sentido clásico del término, fijando la parte de la riqueza social de la que cada grupo puede disponer, sino también y sobre todo las formas bajo las cuales están determinados los distintos usos posibles del plusproducto social: constitución de un fondo de reserva, ampliación de la norma de consumo, acumulación de nuevos medios de producción, mantenimiento de los no productores, etc.

El aporte irremplazable del concepto de relaciones sociales de producción reside precisamente en la estrecha articulación que establece entre las relaciones de los seres humanos con la naturaleza y las relaciones de los seres humanos entre sí. Articula las estructuras y el devenir histórico de las sociedades humanas con las condiciones naturales en que se desarrollan, con los límites, restricciones y oportunidades que la naturaleza les impone/ofrece, y con la manera en que las sociedades han sabido (o no) aprovechar esas oportunidades y superar las restricciones. Dicho de otra manera, el concepto permite y también obliga a pensar, simultáneamente, cómo las sociedades transforman las condiciones naturales y también cómo, a su vez, son afectadas en su estructura y devenir por estas últimas. En suma, el concepto no separa las sociedades humanas de su oikos: las relaciones de producción son relaciones indisolublemente sociales y ecológicas, relaciones ecosociales o socioecológicas, si se admiten estos neologismos.

En este sentido y en igual medida, el concepto de relaciones sociales de producción es precisamente un concepto ecológico avant la letttre: en La ideología alemana (redactada en 1845-1846 pero inédita), Marx y Engels elaboraron sus premisas una veintena de años antes de que Ernst Haeckel (1834-1919) propusiera el concepto de ecología en su Morfología general de los organismos (1866). En principio esto debería haber conferido al marxismo una especial aptitud para abordar las temáticas y problemáticas ecológicas. Que no haya sido así se explica por el hecho de que la corriente que dominó el marxismo, en el seno y en los márgenes de la II y la III Internacionales, se constituyó como un corpus ideológico solidario con un modelo de movimiento obrero que defendió y trató de realizar una forma de socialismo que asimilaba la emancipación del proletariado con el desarrollo de fuerzas productivas supuestamente frenadas por las relaciones capitalistas de producción[3].

Lo que lo volvió ciego frente a los daños ecológicos ocasionados por ese desarrollo incontrolado y sordo a las múltiples voces que tempranamente se levantaron, fuera de sus filas, denunciando esos daños. Y no cabría exonerar completamente a Marx de responsabilidad en este desvío, considerando algunas de sus formulaciones, entre ellas la contenida en el pasaje antes citado que parece autonomizar el desarrollo de las fuerzas productivas de las relaciones sociales de producción.

Las especificidades de las relaciones capitalistas de producción

Estas especificidades, explicitadas por Marx en El Capital, son suficientemente conocidas como para que me aquí me limite a unos pocos y sumarios recordatorios. Conformando un sistema, las principales son las siguientes:

- La expropiación de los productores, privados de todo medio de producción propio y, por consiguiente, incapaces de producir por sí mismos los medios de consumo que aseguran su subsistencia, reduciéndolos así al estatus de "trabajadores libres" que no poseen nada más que su fuerza o potencia de trabajo.

- La transformación de la fuerza de trabajo en mercancía. Al no poder emplear directamente su fuerza de trabajo debido a carecer de medios de producción, para procurarse medios de consumo el "trabajador libre" no tiene más posibilidad que poner su fuerza de trabajo en venta para obtener un salario que permita adquirir en el mercado los medios de consumo que aseguran su mantenimiento (y el de los suyos).

- La apropiación exclusiva de los medios de producción en forma de mercancías. Esta apropiación se realiza por medio de la mercantilización: los medios de producción son producidos como mercancías o se encuentran disponibles bajo esta forma (como ocurre, por ejemplo, con la tierra).

- La generalización de la forma valor del trabajo social. En las condiciones precedentes, el proceso social de trabajo se encuentra necesariamente dividido (fragmentado) en una multitud de trabajos privados: trabajos emprendidos en base a la propiedad privada de los medios de producción, por agentes privados que persiguen únicamente sus intereses privados (particulares) separados (no coordinados entre sí) e incluso enfrentados (por la competencia), o sea el desarrollo de la división mercantil del trabajo social. Todos los productos del trabajo social y todas sus condiciones tanto subjetivas (fuerzas de trabajo) como objetivas (medios de producción) toman la forma de mercancías.

- La formación de la plusvalía. Propietario de una suma de dinero, el capitalista adquiere mediante ella, en forma de mercancías, por un lado medios de producción y por el otro fuerzas de trabajo. Los combina productivamente para producir mercancías que pone en venta en el mercado con el fin de obtener de nuevo dinero. Sin embargo, todo este proceso carecería de sentido si el dinero obtenido no fuera superior al que invirtió inicialmente. Esto supone que en el curso del proceso de producción se haya formado un valor adicional o plusvalía. Lo que es posible porque el capitalista puede jugar con la duración, la intensidad y la productividad del trabajo para alcanzar sus fines apropiándose del proceso de trabajo y consecuentemente moldeándolo.

- La acumulación (la reproducción ampliada) del capital. Al término del proceso de producción, el capitalista está en posesión de un valor (una suma de dinero) que le permite recomenzar todo el proceso anterior, quedando al mismo tiempo a su disposición una plusvalía. Esta le sirve de inmediato como renta, permitiéndole adquirir los medios de consumo necesarios para su mantenimiento (y el de los suyos). Sin embargo, no sería capitalista si gastara la totalidad de la plusvalía como renta, transformándose así en un simple rentista. Y aunque quisiera hacerlo, se lo impediría tanto la competencia de los demás capitalistas que operan en su rama como la resistencia y la lucha que los trabajadores asalariados oponen a su explotación y dominación en el proceso de producción. En otras palabras, por estas diferentes razones, está obligado a dedicar una parte más o menos importante de la plusvalía a formar un capital adicional que se suma al capital inicial, adquiriendo medios de producción y fuerzas de trabajo suplementarias. Así, la reproducción del capital es necesariamente reproducción ampliada: se realiza en forma de acumulación del capital.

La necesaria articulación de las cuestiones social y ecológica

La cuestión social encuentra su origen y su fundamento en las relaciones capitalistas de producción. Emerge con la culminación de la formación de tales relaciones durante la "revolución industrial", que da lugar a un proletariado compuesto por "individuos desnudos", cuya existencia es estructuralmente precaria porque depende por completo del interés que los propietarios de los medios de producción (capitalistas) tengan en emplearlos o no. Cuando lo hacen, es siempre en condiciones de empleo (formas de relación salarial), de trabajo (duración, intensidad, productividad) y de remuneración (nivel salarial) que posibiliten la explotación de los trabajadores asalariados, es decir, la formación de plusvalía, que es su objetivo esencial.

Lo que ocurre es que la relación de fuerzas que los liga a los trabajadores asalariados les resulta tanto más favorable cuanto que la acumulación del capital genera continuamente una superpoblación relativa de "individuos desnudos" en condiciones de trabajar pero a los que el capital no tiene necesidad o posibilidad de emplear de manera rentable, condenados a diversas formas y grados de privación, de pobreza y miseria, que provee también un "ejército industrial de reserva" que ejerce una presión disciplinaria sobre los miembros del "ejército industrial activo", forzándolos a aceptar las condiciones de empleo, trabajo y remuneración fijadas por el capital debido a la amenaza de ser reemplazados si no las aceptan.

Y esta amenaza se exacerba muy especialmente durante las crisis periódicas que conoce inevitablemente la reproducción ampliada del capital, que engrosan las filas del "ejército de reserva" y aumentan en igual proporción la presión ejercida sobre los trabajadores activos residuales, a fin de restablecer condiciones de valorización del capital que permitan relanzar su acumulación.

Estas son las principales facetas de la cuestión social, que no han cambiado desde hace dos siglos. Pero precisamente son también tales relaciones capitalistas de producción las que están en el origen de las principales facetas de la cuestión ecológica.

La expropiación de los productores significó en especial la separación entre una parte creciente de la humanidad y la tierra (el suelo), que constituye siempre el más fundamental de los medios de producción, ya que proporciona la mayor parte de los medios de consumos alimentarios. El proceso se llevó a cabo mediante la destrucción o ruina de las comunidades campesinas tradicionales, la separación entre agricultura e industria, entre la agricultura en sentido estricto (cultivo del suelo) y la ganadería, la industrialización (mecanización y quimización) de la producción agrícola ocasionando la disminución relativa y absoluta de la población agrícola y en definitiva el éxodo rural.

Pero todo ello tuvo como precio la perturbación creciente del metabolismo (los intercambios de materias y energía) entre la naturaleza y las sociedades humanas, que ya no devuelven al suelo en forma de residuos y desechos (incluidos sus excrementos y los de los animales de cría) los nutrientes que se extraen en forma de productos agrícolas, obligando a recurrir a dosis cada vez más masivas de fertilizantes artificiales con consecuencias desastrosas en términos de contaminación de suelos y aguas[4].

Marx mostró cómo la apropiación del proceso de trabajo para transformarlo en proceso de valorización (proceso formador de valor y de plusvalía) metamorfosea al capital en vampiro: un cuerpo muerto (materializado en el capital fijo) que se mantiene con vida y prospera (se valoriza) absorbiendo sin cesar el trabajo vivo hasta agotarlo e imprimiéndole además su propia marca, transformándolo en trabajo abstracto (simultáneamente homogéneo, fragmentado y jerarquizado, desprovisto de sentido y valor para quienes lo realizan). Este mismo vampirismo se extiende a la apropiación de la naturaleza y es llevado a cabo mediante el proceso de trabajo del que la naturaleza constituye marco, condición y objeto generales.

Es sobre todo el caso en que esta apropiación, de informal que es mientras el capital puede disponer gratuitamente de los recursos naturales (oxígeno del aire, dióxido de carbono y sales minerales del suelo, flujo de la energía solar, etc.), o de formal que es todavía cuando puede apropiárselos sin tener que transformarlos, se vuelve real, y el capital debe por el contrario transformar la naturaleza (o sea adaptar su materialidad) para someterla a las exigencias de su valorización[5].

Se trata entonces de obligar a la naturaleza a no producir lo que produce espontáneamente (como ocurre en la agricultura capitalista, que separa las especies vivas entre sí o las separa de sus biotopos)[6]; o, inversamente, de obligarla a producir lo que no produce espontáneamente (como ilustran la producción de materiales artificiales como el hormigón, el plástico o los semiconductores, así como la de organismos genéticamente modificados)[7]; o bien a reproducir una naturaleza artificializada tras haber devastado la naturaleza original (como cuando se sustituyen bosques primarios con plantaciones de árboles o se pretende "compensar" la pérdida de biodiversidad en un sitio determinado rehabilitándola o creando un sitio considerado equivalente en otro lugar). Al precio en cada caso de problemas ecológicos más o menos graves.

Los estragos producidos por el productivismo (producción por la producción) y su complemento inevitable el consumismo (consumo desenfrenado) son demasiado conocidos como para detenerme en ellos. Conviene, sin embargo, subrayar con fuerza hasta qué punto son también inherentes a las relaciones capitalistas de producción, en este caso a la necesidad --antes mencionada-- en que se encuentra el capital de no poder reproducirse sino es a una escala constantemente creciente.

Por último, la fragmentación del proceso social de producción en una miríada de trabajos particulares, realizados independientemente y a menudo en competencia entre sí, como efecto de la propiedad privada de los medios sociales de producción, además de engendrar un despilfarro de fuerzas productivas igualmente ecocida, priva a la sociedad de todo control sobre el desarrollo de dichas fuerzas que, con ayuda de la hybris capitalista, acaban por metamorfosearse en fuerzas destructivas.

Si lo expuesto anteriormente está muy lejos de responder a todas las cuestiones que plantea la articulación práctica (política) para la solución de las cuestiones sociales y ecológicas, no deja de aportar al menos la prueba de que ambas cuestiones están íntimamente ligadas por la común matriz constituida por las relaciones capitalistas de producción; y que, en consecuencia, su articulación es necesaria: ninguna de las dos cuestiones podrá resolverse sin la otra; y finalmente que su solución pasa, tanto en uno como en otro caso, por la abolición revolucionaria de dichas relaciones[8].


* Artículo enviado por el autor y traducido del francés para Huella del sur por Aldo Casas.

Notas

[1] Sociólogo, especialista del movimiento obrero y socialista, miembro del laboratorio de sociología y antropología de la Universidad del Franco Condado, Francia. Cofundador de la revista A Contre Courant.

[2] Karl Marx, Contribución a la crítica de la economía política, Buenos Aires, ediciones estudio, pág. 8.

[3] Ver Du "Grand Soir" a "l'alternative". Le mouvement ouvrier européen en crise, Parte I, París, Editions de l'Atelier.

[4] Ver « Par delà la "faille métabolique" ("metabolic rift")», alencontre.org, 17 agosto 2023.

[5] Ver « Le vampirisme du capital », alencontre.org, 4 mayo 2021.

[6] Ver « Forcer la nature à ne pas produire ce qu'elle produit spontanément », alencontre.org, 17 octubre 2023.

[7] Ver « Forcer la nature à produire ce qu'elle ne produit pas spontanément », alencontre.org, 8 enero 2024.

[8] Las tesis desarrolladas en este artículo constituyen el núcleo de la obra publicada por éditions Page deux y Syllepse con el título L'Écocide capitaliste, de la que los artículos aquí citados son fragmentos.


Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/la-matriz-comun-de-la-cuestion-social 

El pecado de los buenos

                                        
                                                                              

Pascual Serrano   10/04/2026

La gran tragedia de la geopolítica dominante impuesta por Occidente es que está usando esa bondad occidental, ese intervencionismo humanitario, como imperialismo humanitario.


















                                                                Fuente: M. Hossein Movahedinejad / CC BY 4.0

Hace unos cuatro años asistí a un acto político-cultural en el Teatro Nacional de Cataluña en defensa de las mujeres iraníes. Desde el feminismo y desde la izquierda se denunciaba el machismo de la teocracia gobernante en Irán, las limitaciones impuestas a las mujeres, la obligatoriedad del velo y la policía de la moral que se encargaba de ese cumplimiento.

Todas las mujeres que participaban y el público, posteriormente en sus intervenciones, compartían una legítima preocupación solidaria. Como yo conocía a las organizadoras del acto y a muchas de las asistentes, sabía que eran personas de izquierda. Sin embargo, no pude evitar pensar cómo esa buena causa y esa legítima denuncia podía terminar siendo utilizada, una vez más, para otra agresión imperial. De nuevo, una justificación para una intervención y una masacre.

Creo que ese es uno de los grandes problemas de occidente. Esa buena intención, asociada a un vocación moralista intervencionista, de quienes se consideran obligados desde la solidaridad a señalar las injusticias en cualquier parte del mundo. Al fin y al cabo, no se hace otra cosa que aplicar los criterios universales de los derechos humanos mirando a todos los lugares del planeta. Eso no es malo y, por supuesto, no debería traer malas consecuencias.

La gran tragedia de la geopolítica dominante impuesta por Occidente es que está usando esa bondad occidental, ese intervencionismo humanitario, como imperialismo humanitario, como llama Jean Bricmont. Todo ese potencial de empatía, solidaridad y compromiso con personas que sufren de otros países acaba sirviendo para legitimar agresiones de Estados Unidos y de la OTAN violando el derecho internacional.

Una semana después del inicio de los bombardeos de Estados Unidos e Israel a Irán, leo en Infolibre este titular: “El PP se sirve de las mujeres iraníes en un acto del 8M para justificar otra vez la ofensiva en Oriente Medio”. Ahora nos damos cuenta y titulamos desde la izquierda así, pero hace cuatro años, éramos nosotros los que organizábamos un acto similar sin darnos cuenta de que, sin pretenderlo, estábamos sentado las bases para que algunos pudieran presentarse, con sus bombas, como los liberadores de esas mujeres. Y, desgraciadamente, esas campañas de denuncia, de alguna manera, terminan convenciendo a muchos de las buenas intenciones de las intervenciones militares occidentales.

Esa recurrida expresión desde nuestros sofás ante cualquier injusticia que percibimos en otros países, de “algo tenemos que hacer”, se ha convertido en el terrible salvoconducto para llevar la muerte y la destrucción a numerosos lugares del mundo.

Para hacer respetar los derechos humanos y la justicia, primero debe crearse un ordenamiento jurídico internacional vinculante, después un tribunal que sirva a su cumplimiento y un poder coercitivo global que garantice su aplicación

Percibimos mujeres tratadas injustamente en Irán, decimos “algo tenemos que hacer” y bombardean un colegio de niñas y asesinan a 160. Sabemos que hay militantes de izquierda y kurdos en las cárceles de Al Assad en Siria, decimos “algo tenemos que hacer”, alguien en occidente nos señala a unos “rebeldes” a los que se les arma, y acaban tomando el poder los islamistas de ISIS que asesinan a esos militantes de izquierda y a esos kurdos. Nos indignaron porque en Yugoslavia Milosevic hacía limpiezas étnicas, dijimos “algo tenemos que hacer”, y nuestros aviones de la OTAN terminaron arrasando Serbia.

Va siendo hora de que los ciudadanos de Occidente entendamos que, para llevar los derechos humanos y la justicia a cualquier lugar, primero debe crearse un ordenamiento jurídico internacional vinculante, después un tribunal que sirva a su cumplimiento y a continuación un poder coercitivo global que garantice su aplicación.

Ahora lo único que hay es una Carta Fundacional de las Naciones Unidas que establece que cada país es soberano y que la paz mundial depende de la no injerencia en otros países y el respeto a su soberanía.

Mientras solo exista eso, nuestras indignaciones morales y nuestros intentos de justicia universal solo serán coartadas de los poderosos para, paradójicamente, atropellar ese derecho internacional y arrasar pueblos y gobiernos que no les gusten después de convencernos, con razón o sin ella, de que allí se estaban violando derechos humanos.

El pecado de los buenos está sirviendo para preparar el terreno para esas intervenciones militares. 

Epstein según Sade



Fabio Vighi    10 abril 2026












"El pan y los circos nunca desaparecieron: se convirtieron en una industria", escribe Vighi (Foto: The New Yorker)


Cuando los gobiernos hacen pública información políticamente explosiva, la explicación es casi siempre de carácter procedimental: se aprueba una ley, vence un plazo, se revisan los documentos, se aplican las censuras y, a continuación, se procede a la publicación. Oficialmente, esta coreografía es señal de la buena salud institucional, y la transparencia se presenta como prueba de vitalidad. La publicación de los expedientes de Epstein se ha presentado precisamente en estos términos: el Congreso ordenó la divulgación; el Departamento de Justicia cumplió; se respetó el plazo legal. Sin embargo, lo que ocurrió en la práctica no fue un único acto de divulgación, sino una revelación escalonada. Para el plazo del 19 de diciembre de 2025, apenas se había hecho público el uno por ciento de los expedientes, y a partir de entonces se publicaron más lotes por oleadas. El efecto fue menos una revelación catártica que una exposición serializada: un goteo de escándalo que mantuvo viva la indignación al tiempo que aplazaba cualquier confrontación o resolución real.

Esta temporalidad provocadora suscitó inevitablemente sospechas: los críticos señalaron la oportunidad política, la gestión mediática y el cálculo estratégico de la atención. Pero más allá de las cuestiones de motivación hay algo más sintomático. El procedimiento, cuidadosamente calibrado, se asemeja a la lógica cultural que pretende desenmascarar. Lo que presenciamos no es cautela burocrática sino un sistema que se sustenta también a través del escándalo gestionado, prolongando el espectáculo de la corrupción como sustituto de la renovación estructural. En este sentido, la publicación escalonada importa mucho menos como fracaso administrativo que como indicador de una civilización que ha aprendido a declinar mientras simula una vitalidad que hace tiempo que expiró.

Vivimos en una época de grave contracción socioeconómica y de la correspondiente anomia espiritual, en la que el agotamiento reproductivo del sistema genera una plétora de lo que Antonio Gramsci denominó "síntomas mórbidos": fenómenos que no anuncian una transformación sino que sirven para enmascarar la decadencia social. La inversión libidinal en tales fenómenos tiende a agravar la subyugación ya que la indignación moral se convierte en apego emocional, mientras que la miseria colectiva se reproduce a través de los mismos espectáculos que parecen ponerla al descubierto. Los archivos de Epstein pertenecen a este panorama mórbido, no porque carezcan de importancia sino porque dramatizan y ocultan el declive sistémico de un solo golpe.

Lo primero que hay que destacar es que no se trata simplemente de los "archivos de Epstein" sino del rastro documental de una civilización que se ha reproducido sistemáticamente a través de formas organizadas de violencia. El capitalismo y los abusos sexuales se rigen por la misma lógica depredadora: la capacidad de deshumanizar a los demás y explotar la vulnerabilidad con fines lucrativos. En un sistema así, los rasgos que convierten a alguien en un multimillonario de éxito son inquietantemente similares a los que permiten la violación, la pedofilia y la violencia genocida. Para ser claros, pues, el capitalismo no se limita a tolerar las personalidades depredadoras; las engendra. En este sentido, la red de Epstein funciona como una metonimia de las relaciones humanas que promueve una civilización impulsada por la codicia: un laboratorio que pone al descubierto la inevitable convergencia de la depredación económica y sexual. Lo que parece una aberración es, de hecho, una imagen ampliada de las "reglas del juego". La razón fundamental por la que el escándalo de Epstein debería conmocionarnos es que revela, de forma concentrada, el núcleo podrido del propio sistema.

A primera vista, hay algo de verdad en comparar las millones de páginas de documentos relacionados con Epstein con el exceso enciclopédico de los catálogos de transgresiones del marqués de Sade —una resonancia reforzada por el detalle, ampliamente difundido, de que Jeffrey Epstein guardaba un ejemplar de Justine de Sade, la historia de una ingenua niña de doce años explotada y abusada por todos aquellos con quienes se cruza, en el escritorio de su residencia de Manhattan—. Las rutas de los jets privados, el infame "Lolita Express", el complejo insular, la circulación transnacional de víctimas menores de edad, los métodos de Epstein y Maxwell para identificar y atormentar a sus presas: todo ello lleva sin duda un aura sadeana de libertinaje ritualizado de la élite.

Sin embargo, los archivos revelan algo más concreto. Ponen de manifiesto la forma tecnocrática y transaccional de lo que Jacques Lacan percibió en Sade: el goce sádico organizado como deber, la explotación cargada de libido convertida en rutina como procedimiento. Como argumentaron Adorno y Horkheimer antes que Lacan, Sade no se sitúa al margen de la Ilustración —"la filosofía que equipara la verdad con la sistematización científica"—, sino que expone su lado oscuro: la razón reducida al cálculo, y el cálculo endurecido hasta convertirse en brutalidad organizada. Adorno y Horkheimer diagnosticaron el colapso de la razón moderna en dominación, mientras que Lacan añadió que esta dominación se sustenta en el goce (jouissance).

Si, pues, Sade reveló el imperativo del superyó de la modernidad ("¡Debes disfrutar!"), Epstein representa su mutación tardocapitalista. No se trata simplemente de una repetición de la decadencia aristocrática en los albores de la modernidad industrial. Es algo históricamente más nuevo y perturbador: la integración perfecta de la acumulación económica y la explotación sexual en los procedimientos operativos habituales de los sistemas de élite. Epstein representa una degeneración financierizada del universo de Sade: la fusión de la coacción libidinal y la influencia económica en redes sórdidas donde los cuerpos, los secretos y el capital circulan por los mismos circuitos cerrados de poder. Su documentada fascinación por la eugenesia, el transhumanismo y la ingeniería social extiende esta lógica explotadora hacia una distopía de tecnofascismo en la que la vida misma se concibe como un activo que debe ser condicionado estratégicamente. Dentro de esta configuración oscura pero dominante, los cuerpos funcionan como garantía, los secretos como instrumentos de control y el capital como árbitro definitivo de la visibilidad y la desechabilidad.

Y, sin embargo, los mismos escándalos que parecen poner al descubierto la violencia sistémica suelen servir para desviar la ira pública hacia monstruos individuales, dejando intactas las estructuras subyacentes y, al hacerlo, consolidándolas. El espectáculo de unas pocas manzanas podridas funciona como coartada moral, permitiendo que el sistema que las cultiva parezca fundamentalmente sólido. En la fase actual de colapso intracivilizacional, las instituciones de élite ya ni siquiera intentan mejorar las condiciones colectivas sino que se especializan en gestionar niveles de deuda exorbitantes, el estancamiento, la inestabilidad y la lenta erosión. De hecho, son muy competentes en esta tarea ya que han heredado décadas de prácticas de gestión de crisis bien perfeccionadas. Mientras tanto, la productividad se ha convertido en un significante abstracto, y la riqueza se acumula cada vez más en instrumentos financieros de alto riesgo y altamente manipulados que están completamente desvinculados de la producción material y de la vida social cotidiana. Para un número creciente de personas, el trabajo no solo es más precario y estructuralmente marginal para el funcionamiento de la acumulación capitalista hiperfinancierizada sino que también se ve cada vez más desprovisto de significado social.

Lo verdaderamente inquietante de los expedientes de Epstein es, pues, lo perfectamente que encajan en la deprimida realidad histórica en la que vivimos. Si la crisis se ha normalizado como la gramática básica de la gobernanza, el escándalo se ha convertido en nuestro principal modo de expresión libidinal: un escenario desplazado para intensidades que ya no circulan en nuestro espacio social cotidiano. Emocional y libidinalmente, la figura del depredador hipersexualizado es el objeto simbólico ideal para una era radicalmente desexualizada en la que el deseo, la seducción y la intimidad del sexo mismo han sido evacuados de la vida y externalizados a las pantallas en forma de pornografía —ya sea explícita o metafórica—.

El smartphone, en este sentido, funciona como el asesino definitivo de la libido. Lo que evacúa regresa como indignación compulsiva dirigida hacia imágenes curadas de obscenidad elitista. El sexo está por todas partes a nuestro alrededor —nos bombardean con significantes sexualizados— excepto, por supuesto, donde debería estar. En condiciones de adicción a las pantallas, lo que desaparece es el espacio mismo del secreto, la fantasía, la distancia simbólica y los encuentros fortuitos a través de los cuales operaba antes el deseo. Lejos de romper el sistema, pues, el escándalo de Epstein lo completa, ofreciendo una imagen hiperreal del exceso en un mundo donde la alegría de la intensidad vivida hace tiempo que se ha vaciado de contenido.

Paradójicamente, los expedientes de Epstein permiten al capitalismo senil fingir vitalidad, una energía libidinal que ha desaparecido de su modo de producción. La obscenidad aquí no es accidental sino que se eleva a un papel infraestructural simulado y omnipresente. En el pasado los sistemas políticos recurrían a espectáculos de exceso solo de forma esporádica; hoy en día, tales exhibiciones se orquestan continuamente, demostrando una capacidad ininterrumpida para el control afectivo. Las guerras culturales, los escándalos de las élites, las amenazas de escaladas geopolíticas, los pánicos morales y los episodios de autovictimización histérica componen ahora un "flujo de conciencia sistémica" ininterrumpido que exige una implicación emocional total.

Cada acontecimiento se vende como la crisis definitoria del momento, lo cual reorganiza temporalmente la atención colectiva al tiempo que se aplaza el reconocimiento de la decadencia estructural a largo plazo. ¿Por qué enfrentarse al colapso de la economía política cuando millones de páginas de los archivos de Epstein esperan ser consumidas de inmediato? Los proliferantes archivos de estilo wiki convierten los documentos judiciales en indignación consumible: al indexar nombres, vuelos, fotos y actos degenerados, transforman la depravación sistémica en un escándalo que se puede desplazar sin fin.

En términos de Jean Baudrillard, estos expedientes circulan como pura simulación, totalmente ajenos a la lucha cotidiana de la mayoría de la gente y a cualquier capacidad práctica para transformarla. Como tales, alimentan la ilusoria sensación de compromiso moral, mientras que la decadencia del sistema permanece invisible y fuera del alcance. Es más, son perfectamente bipartidistas. Los archivos de Epstein producen cantidades industriales de escándalos para todos, tanto de izquierda como de derecha —Noam Chomsky, Bill Clinton, Peter Mandelson, Andrew Mountbatten-Windsor, Donald Trump, élites liberales y conservadoras de todo el espectro— haciendo que la indignación sea políticamente imparcial. Se trata de un espectáculo que trasciende las divisiones, al tiempo que resulta perfectamente irrelevante para la decadencia que imita teatralmente. El pan y los circos nunca desaparecieron: se convirtieron en una industria.

En el capitalismo de emergencia, el espectáculo cumple tres funciones estabilizadoras fundamentales.

En primer lugar, canaliza la atención. El estancamiento económico es lento y abstracto. La financiarización es un fenómeno técnico. La refinanciación de la deuda, la caída de la productividad y el deterioro del mercado laboral deben permanecer ocultos. Los escándalos de la élite criminal, por el contrario, son narrativamente perfectos: ofrecen villanos identificables, claridad moral y un sinfín de detalles simbólicos. El discurso público se inclina hacia lo que resulta emocionalmente comprensible, no hacia lo que es estructuralmente crítico.

En segundo lugar, gestiona la legitimidad. Cuando los sistemas no logran generar prosperidad compartida, sino que solo benefician a una élite reducida, deben rendir cuentas de alguna manera. Aunque las dinámicas estructurales permanezcan inalteradas, el hecho de que se pongan al descubierto indica que el sistema es capaz de autocorregirse. El espectáculo del castigo sustituye al cambio estructural.

En tercer lugar, controla el miedo. El espectáculo transforma la ansiedad sistémica difusa en pánico moral dirigido. En lugar de preguntarse por qué el propio sistema está colapsando, se anima a la población a centrarse en la corrupción individual, los enemigos culturales o las impactantes redes criminales. El sistema parece verse amenazado por agentes externos, y no por su propio agotamiento interno.

Lo que surge es algo más sombrío que una simple distracción: una forma insidiosa de amnesia social. La obscenidad radica en la simetría: un sistema que depende cada vez más de la manipulación financiera, la inflación de activos y la ingeniería de la deuda para simular vitalidad económica produce espectáculos igualmente excesivos, igualmente alejados de la realidad social y profundamente adormecedores. Mientras el capitalismo insiste en que sigue siendo productivo, el espectáculo mórbido que desata insiste en que sigue ocurriendo algo significativo. Mientras tanto, los cimientos materiales de la "sociedad del trabajo" siguen erosionándose. La automatización desplaza a la mano de obra más rápido que nunca. El trabajo de oficina está cada vez más fragmentado o gestionado algorítmicamente. Generaciones enteras luchan por entrar en los mercados laborales en medio de la inseguridad y la ansiedad. Las ganancias de productividad se concentran en la propiedad del capital en lugar de en el crecimiento salarial. Mientras que, como era de esperar, los aranceles de Trump no sirven de nada contra un déficit comercial estadounidense fuera de control.

En este contexto, los ciclos de los escándalos empiezan a parecerse a una especie de muerte social asistida. No se trata de un colapso catastrófico sino de una anemia progresiva. Las instituciones siguen funcionando, se siguen celebrando elecciones y los mercados parecen funcionar con normalidad. Pero el organismo social subyacente pierde su capacidad de recuperación; pierde su objetivo común, la esperanza de que el futuro sea mejor que el presente.

Esto da lugar a un círculo vicioso en el que se hace necesario un espectáculo cada vez más terrible para estabilizar una "nueva normalidad" cada vez más en bancarrota. La obscenidad más profunda no es el escándalo en sí mismo sino la insistencia —repetida sin cesar a través del lenguaje institucional y el ritual mediático— de que, en el fondo, todo sigue funcionando. Si esta es la fase en la que hemos entrado, la cuestión política determinante será si las sociedades pueden aprender a reconocer estos espectáculos como síntomas de agotamiento sistémico. Porque la resistencia ideológica de los sistemas en declive reside en su capacidad para convertir el propio declive en una serie interminable de acontecimientos que absorben emocionalmente. Y si eso es cierto, entonces el verdadero peligro no es el colapso repentino. El verdadero peligro es una civilización que aprende a desvanecerse mientras cree que sigue funcionando bien.


Fabio Vighi es profesor de teoría crítica e italiano en la Universidad de Cardiff, en el Reino Unido. Su trabajo reciente incluye Critical Theory and the Crisis of Contemporary Capitalism (Bloomsbury 2015, con Heiko Feldner) y Crisi di valore: Lacan, Marx e il crepuscolo della società del lavoro (Mimesis 2018).

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en The Philosophical Salon el 26 de febrero de 2026 y fue traducido para Misión Verdad por Spoiler.