miércoles, 8 de julio de 2026

¿Por qué el 'neo-Craso' necesita desesperadamente aferrarse a 'su' acuerdo?


EE.UU., MEDIO ORIENTE :: 27/06/2026

PEPE ESCOBAR

La grave derrota de Craso en Persia destrozó el mito de la invencibilidad romana, al igual que la guerra de 2026 destrozó para siempre los mitos en torno al mayor ejército de la historia de las galaxias

Una de mis últimas columnas sobre cómo Irán orquestó su avance multipolar provocó una respuesta seria por parte de altos mandos de la vieja escuela de los servicios de inteligencia del «Estado profundo» estadounidense, ahora involucrados en los negocios globales.

Me enviaron una información exclusiva, coherente y detallada sobre lo que, según ellos, es la razón principal por la que Trump firmó el Memorándum de Entendimiento (MoU) con Irán, que él está promocionando frenéticamente como su (cursiva mía) acuerdo.

Como lo expresó sin rodeos una de estas fuentes:

Lo que se te escapa es que Trump estaba muerto de miedo ante la perspectiva de que el 15 de junio estuviera a solo 60 días del agotamiento definitivo de las reservas mundiales de petróleo, lo que habría supuesto la destrucción total de Donald J. Trump. Esa es la única razón de su cambio de rumbo. Si esperara mucho más, para el 15 de agosto estaría en una situación tan desesperada que no podría recuperarse. Y eso puede ocurrir de todos modos.

La fuente se refería a una evaluación detallada de riesgos en la que los datos concretos apuntan a mediados de agosto de 2026 como

el momento en que EEUU debe detener legalmente el uso de reservas de emergencia. Cuando se cierre ese grifo, el déficit mundial de suministro de petróleo se ampliará instantáneamente en millones de barriles al día, lo que provocará una crisis mundial.

Aunque ahora pueda estar tomando medidas, nada está asegurado para Trump. Las fuentes comentan que

en primer lugar, él (los republicanos) perdería las elecciones de la primera semana de noviembre. A continuación, los demócratas lo someterían a un proceso de destitución. Y luego quedaría arruinado por las demandas judiciales, perdiendo probablemente todo su dinero.

Más allá del destino que le espera al autoproclamado «neo-Craso», las fuentes insisten sobre todo en que «el margen de 60 a 90 días del que disponemos actualmente no es solo un temporizador para el petróleo físico que hay en el suelo; es la mecha que le queda a la mayor burbuja crediticia de la historia de la humanidad».

Lo que nos lleva, una vez más, al «Rosebud» de esta epopeya al estilo de Orson Welles: el estrecho de Ormuz, que a efectos prácticos sigue prácticamente cerrado.

Las fuentes se cuidan de recordar a quienes estén dispuestos a escuchar que

lo que tenemos ahora es una rebelión en el estrecho de Ormuz. El 20 % del petróleo mundial pasa por allí, e Irán tiene ese poder para protegerse. Cuando se corte el suministro, según Goldman Sachs, el precio del petróleo subirá a 700 dólares el barril. Hoy por hoy no es así, ya que EEUU y sus aliados están vertiendo sus reservas en el mercado para mantener el precio a la baja. Tienen suministros para unos 2,5 meses para hacerlo. Después, todo explotará. Aquí tenemos la rebelión de los esclavos.

Así que bienvenidos a la actual partida de ajedrez estructural de altísimo riesgo --por supuesto, totalmente manipulada por Teherán justo antes de que comience--.

La «rebelión de los esclavos»

Las fuentes comentan que «aunque los rumores sobre un petróleo a 700 dólares el barril se utilizan con frecuencia en las posturas geopolíticas de alto nivel para enfatizar la gravedad del cuello de botella, las previsiones analíticas reales que salen de las principales mesas de los bancos de inversión son más mesuradas, aunque siguen siendo profundamente alarmantes.»

Empecemos por Goldman Sachs:

En sus informes oficiales de investigación sobre materias primas tras la escalada, Goldman Sachs advirtió de que un bloqueo total y prolongado del estrecho de Ormuz podría empujar rápidamente el crudo Brent por encima de los 100 dólares el barril y poner a prueba, de forma realista, la barrera de los 150 dólares.

Fundamentalmente, las fuentes sostienen que «un análisis preciso de los datos operativos revela que el punto de ruptura absoluto del sistema --y la mecha de la bomba de los derivados-- probablemente se producirá a mediados de agosto de 2026».

Entra en juego la interacción entre el agotamiento físico de la Reserva Estratégica de Petróleo de EEUU (SPR); los límites reales y prácticos de los precios del petróleo; y el aterrador y oculto mercado de derivados de dos billones de dólares. Las fuentes analizan esta interacción como una fase final altamente sincronizada.

Resumámoslo. A finales de mayo de 2026, hace solo un mes, la SPR se había reducido a 365,1 millones de barriles, «el nivel operativo más bajo en más de 40 años».

Con el estrecho de Ormuz prácticamente cerrado --entre otras cosas, por el bloqueo de Trump--, EEUU está retirando actualmente una cantidad histórica de 1,41 millones de barriles al día (casi 10 millones de barriles a la semana) para contener artificialmente los precios.

Luego viene «la cifra política clave a tener en cuenta». No es «cero barriles», sino, en realidad, 243 millones de barriles. ¿Por qué? Porque el Departamento de las Guerras Eternas ha certificado que reducir la reserva por debajo de los 243 millones de barriles merma explícitamente la capacidad estadounidense para librar una guerra.

Una vez más, las fuentes se remiten a su análisis: al ritmo actual de 1,41 millones de barriles al día, EEUU agotaría su colchón discrecional de 122 millones de barriles en exactamente 86 días.

En su evaluación de riesgos, las fuentes optaron por señalar 60 días, teniendo en cuenta posibles fallos en las infraestructuras o un aumento del consumo militar. Así es como llegamos a mediados de agosto de 2026 como punto de ruptura.

Y eso no es todo. Las fuentes señalan que

los precios podrían superar fácilmente los máximos históricos de 2008 y 2022 si la escasez de productos refinados desencadena paros en cadena en los sectores industriales europeos y asiáticos. Sin embargo, una cifra de varios cientos de dólares, como 700 dólares, se considera ampliamente un máximo teórico que destruiría instantáneamente la demanda mundial y derrumbaría toda la arquitectura financiera internacional antes de que pudiera mantenerse.

Una vez más: Teherán lo calculó todo a la perfección. Llámese «peaje» o «tasas de tránsito» para cualquier petrolero que desee atravesar sus aguas territoriales del Golfo Pérsico; lo que importa es que Teherán eludió de facto las sanciones occidentales.

Las fuentes comentan que «la declaración de Washington de que esto es "inaceptable" ha servido de poco para impedir que las empresas navieras mundiales paguen discretamente las tasas para evitar la incautación».

Así pues, ante un escenario en el que se agoten las reservas estratégicas de petróleo (SPR) y el estrecho de Ormuz siga bloqueado, «los precios se dispararán violentamente por encima de los récords de 2008, rozando los 150 a 200 dólares por barril».

En ese umbral,

la economía real sufre una destrucción inmediata de la demanda. Las aerolíneas dejarán de volar, las redes de transporte marítimo se paralizarán y la producción industrial cesará. El precio no puede mantenerse físicamente en 700 dólares porque la maquinaria económica mundial que utiliza el petróleo se desintegrará a los 200 dólares, lo que provocará que el consumo caiga hasta casi cero».

Y aquí llegamos al punto clave:

El peligro no es el precio en sí mismo, sino el hecho de que la subida de precios desencadenará el colapso estructural de la infraestructura de deuda subyacente.

Trump, Craso, flechas y drones

¿Están EEUU --y la economía mundial-- fuera de peligro en lo que respecta a una guerra a la que el propio Trump dio luz verde?

Depende de adónde conduzca el actual y elaborado «kabuki» del memorando de entendimiento entre Pakistán y Suiza. El petróleo aún no fluye libremente por el estrecho de Ormuz. Y la Reserva Estratégica de Petróleo (SPR) sigue agotándose.

El «neo-Craso» --propenso a vociferaciones apocalípticas y amenazas incesantes de bombardear Irán-- simplemente no puede permitirse que la Reserva Estratégica de Petróleo (SPR) se agote.

Sin embargo, así es como irán las cosas si el flujo en el estrecho de Ormuz no vuelve a ser totalmente libre más pronto que tarde. Y es Teherán quien controla el flujo, no 'War-a-Lago'.

O bien el «neo-Craso» se contiene, o bien podría incluso convertirse en el responsable de una crisis global vinculada a una implosión generalizada de la deuda soberana.

Incluso los rebaños de ovejas con el cerebro lavado que pastan por los prados occidentales están empezando a darse cuenta ahora de cómo el poderoso Imperio Romano perdió ante los partos/persas en la batalla de Carras en el año 53 a. C. Roma, en aquel momento, marchó hacia Asia convencida de que Partia/Persia se derrumbaría bajo el peso de su poder.

Carras fue un ejemplo clásico de asimetría --o «mosaico descentralizado», por citar las tácticas persas de principios del siglo XXI--. El ejército parto estaba al mando del general Surena --el general Soleimani de aquella época--, quien, en lugar de enzarzarse en una batalla convencional (pensemos en Irak en ambas Guerras del Golfo), utilizó la caballería parta para rodear a los romanos y lanzar oleadas y oleadas de flechas, los drones de la época.

A los partos nunca se les agotaba la munición, porque las caravanas de camellos que esperaban detrás del campo de batalla les suministraban flechas nuevas en un abrir y cerrar de ojos. El aluvión nunca cesó. El poderoso ejército romano perdió su cohesión y quedó épicamente desmoralizado.

Craso había dado por sentado que los partos acabarían quedándose sin flechas y se verían obligados a entablar combate cuerpo a cuerpo. Eso no sucedió. El propio Craso acabó siendo asesinado en medio de una negociación fallida.

Esa grave derrota estratégica destrozó el mito de la invencibilidad romana, al igual que la guerra de 2026 destrozó para siempre todos los mitos en torno al mayor ejército de la historia de las galaxias.

La historia nos dice que fue posible diseñar una guerra utilizando flechas persas destinadas específicamente a destruir a Craso y a las legiones romanas.

Y, como en un reflejo, acabamos de presenciar una guerra en la que se han utilizado drones persas y un mosaico descentralizado destinados específicamente a estrangular a la armada imperial liderada por un neo-Craso que dirige abiertamente una red de extorsión y protección de bajo nivel y que trabaja en nombre de un sindicato del crimen organizado vinculado a una entidad de culto a la muerte.

Su lamentable cadáver seguirá lastrando al mundo durante un poco más de tiempo. Ojalá no destruya la economía mundial en el proceso.

Strategic Culture Foundation / observatoriodetrabajad.com


Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/por-que-el-neo-craso-necesita-desesperadamente 

El Lince: El parque jurásico y la evolución


Junio 24 de 2026


Irán sigue demostrando que tiene la sartén por el mango a nivel externo mientras que a nivel interno comienza una estrecha vigilancia de la Guardia Revolucionaria sobre el gobierno, repleto de pro-occidentales. Por el momento se le deja hacer, veremos con el paso de las semanas. La GR sabe que la fuerza de Irán reside en su falta de confianza en los procedimientos occidentales y en su constante disposición a actuar por encima del gobierno. Este está ya haciendo llamados a la sociedad iraní para que abandone las calles por la noche. La respuesta es un rotundo: «Abandonaremos las calles cuando nuestro líder nos lo ordene». Es decir, la desconfianza en el gobierno es alta y no se le va a permitir desviarse ni un milímetro de lo pactado. Porque ya hay cosas que han desaparecido del lenguaje iraní como las reparaciones de guerra.


Mientras tanto, el mundo sigue evolucionando al margen del parque jurásico que es Occidente.

Estos días el mundo universitario occidental está muy revuelto. Por una parte, quienes siguen anclados en el pasado siguen insistiendo en que ellos son lo más de lo más. Son como el insecto que se conserva en ámbar o en resina: está fosilizado aunque mantiene la apariencia de su esbeltez como cuando estaba vivo. Por otra, hay quienes se han visto obligados a avanzar y a reconocer lo obvio, que las universidades occidentales solo son relevantes para los payasos del Nobel o del paleto Premio Cervantes.

Da la casualidad, o no, que se han cruzado dos informes sobre las «principales universidades del mundo» y no pueden ser más dispares. Quienes son como el insecto fosilizado siguen insistiendo en lo de siempre: Occidente es lo más de lo más. Lo fue y aparenta seguir siéndolo.

Quienes nos dedicamos a estas cosas vemos que este rango sigue inalterable… ¡desde 2004! Es una burla el que mientras la economía de Gran Bretaña se cae a cachos, con una tasa de crecimiento en los últimos 20 años del 0’6% del Producto Interior Bruto, ese al que se agarra Occidente para mantener la ficción de su superioridad pero que no vale para nada, se siga manteniendo que son sus universidades las principales del mundo. Pero como no se puede tapar el sol con un dedo, afirma ufano: «las universidades chinas están alcanzando rápidamente a las instituciones británicas y estadounidenses».

¡Ah, se me olvidaba: esto se elabora en Gran Bretaña, que todavía se sigue creyendo que es alguien en el mundo! Gran Bretaña, como todo Occidente, no es más que una fantasía grotesca, un parque jurásico que bajo el manto de la monarquía se hunde en su propia miseria y mediocridad.

La Oficina de Estadísticas Nacionales de Gran Bretaña ha publicado su último informe y en abril el país estaba así en términos de contribución al PIB por sectores.

Solo por esto ya es suficiente para que quienes tengan medio milímetro de cerebro se cuestionen no ya la metodología de tal engendro sobre la superioridad universitaria occidental, sino su realidad. Pero esto es Occidente, esta es la calidad educativa y esta es la ficción en la que vive. Es como el anciano que sonríe mirando una foto amarillenta de su juventud.

Así que no merece la pena hablar más del tema, salvo para que veáis cuál es el gen occidental.

Pero sí merece la pena que os recuerde que ya en 2018 os comenté que China había comenzado a publicar sus propias revistas científicas después de que dos años antes comenzase un movimiento, «Más Marx, menos Occidente», en las universidades que se extendió a todos los ámbitos educativos acusando al gobierno de «estar viciado por las prácticas occidentales» y obligó al gobierno a comenzar a retirar de sus sistemas educativos el método occidental. Como digo, en 2018 China comenzó a publicar sus propias revistas científicas y se prohibió a las universidades seguir la costumbre occidental de utilizar las citas de los artículos que se publican en las revistas científicas occidentales como condición para los contratos de personal.

Cuatro años más tarde, en 2022, tres de las principales universidades chinas, las de Renmin, Nanjing y Lanzhou, se retiraron de las clasificaciones universitarias internacionales. El argumento fue que «hay que centrarse menos en Occidente y más en la autonomía educativa china y sus características». La reacción de Occidente fue ignorar el movimiento, como podéis ver más arriba y especialmente el Times Higher Education (THE) World University Rankings, el entonces baranda de este tipo de calificaciones (ya no lo es). Y sigue en ello.

Pero otros reaccionaron, como la revista Nature, también británica, que dijo que «este movimiento [de las universidades chinas] puede hacer que las clasificaciones internacionales de ranking universitario sea menos representativo a nivel mundial». Y comenzaron a cambiar. Desde entonces, sus informes anuales (ver aquí el de 2023, y aquí el de 2024) reconocieron el cambio radical en el sistema universitario mundial: no son las universidades occidentales quienes dominan, sino las chinas. Eso fue determinante para provocar un cambio en el paradigma de este tipo de recopilaciones sobre la excelencia universitaria, situando a Nature como la revista científica de referencia a nivel mundial.

El informe que acaba de publicar Nature sobre el año 2025 deja a Occidente por los suelos. Nada menos que 18 de las 20 principales universidades con chinas. Pinchad en el gráfico para verlo con mayor claridad.

Por supuesto que no aparece ni una de Gran Bretaña, puesto que solo es el insecto fosilizado en el ámbar o en la resina. Y Estados Unidos está muy cerca de serlo también. Y no digamos el resto de Europa, inexistente. No busquéis a la Sociedad Max Planck de Alemania, considerada «una de las mayores redes científicas de Europa», no busquéis al Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS), otro de los «mayores institutos de investigación de Europa». No están, eso por hacer referencia dos de las punteras en ámbitos científicos, de esos que tanto gustan a los del Nobel. Y no están porque año tras año bajan en esta lista, siendo superados por instituciones chinas.

Pero por si tenéis dudas, el estudio de Nature es mucho más exhaustivo que el otro y dice lo siguiente, traducido para su mayor comprensión (gracias a s8a).

El caso de Química es paradigmático.

Ahora preguntaos el por qué de la absoluta superioridad en las tierras raras o el por qué los Nobel siempre a occidentales, entre una de las muchas estupideces que hace un Occidente fosilizado, como el insecto en el ámbar o en la resina.

Todo lo de Occidente se ha quedado obsoleto, especialmente en educación. Por el contrario, China se ha colocado en la estratosfera, ha escalado posiciones en la cadena de valor, dominando diversos sectores, desde los vehículos eléctricos hasta la electrónica y las energías limpias. Está compitiendo de tú a tú con Estados Unidos en inteligencia artificial y descubrimiento de fármacos, y se encuentra a la vanguardia de tecnologías futuras como la computación cuántica y la fusión nuclear. Esto es lo que dice Nature en su resumen.

No es solo una cuestión de cifras, sino que refleja el crecimiento explosivo de China que ningún país occidental, ni siquiera EEUU, puede seguir. De ahí el miedo, de ahí las amenazas, de ahí todo lo que se está viendo en contra de China. Y, sobre todo, porque ese crecimiento explosivo se da en la educación superior.

En total, y según Nature, entre las 100 mejores universidades del mundo, 51 son chinas. Para que os hagáis una idea de cómo están las cosas por países, o sea, de esas 49 restantes, la cosa es así:

¿Sorprende que no aparezca ninguna universidad rusa? A mí no. Tras la desaparición de la URSS, los prooccidentales se apresuraron a destruir todo lo que tuviera que ver con la Unión Soviética. Una de esas cosas fue la educación. Tan es así que en 2003 Rusia se sumó al Plan Bolonia europeo (cuatro años antes que España, por ejemplo). El Plan Bolonia es la mercantilización de la universidad y una cantera para las empresas, tirando a la cuneta el papel de lugar de formación y desarrollo humano y pasando a ser una mera fábrica de mano de obra (si es que se consigue trabajo) y, además, pagando mucho más por ello, como con el escándalo de los máster. Pero no fue hasta mayo de 2022 cuando se retiró del mismo, y no por decisión propia precisamente sino como consecuencia de la agresividad europea tras la famosa «operación militar especial» en el país 404, antes conocido como Ucrania. Porque unas de las cosas que hizo Europa fue retirar a Rusia de los convenios universitarios (colaboración académica, científica y de movilidad). Rusia siempre, como bien dijo en el Foro de San Petersburgo el «siloviki» Andrey Bezrukov, actúa tarde y con lentitud. Él se refería a la cuestión del país 404, pero es aplicable a todo.

Tan es así que solo ahora, en 2026, o sea, cuatro años después de haber abandonado el Plan Bolonia y haber estado casi en una parálisis universitaria total, el gobierno ha aprobado (el pasado día 19) «las normas para un proyecto piloto de transición a un nuevo sistema de educación superior». Ese plan piloto, a la velocidad del Kremlin repleto de pro-occidentales, los euroatlánticos, va a tardar otro tanto en comenzar a concretarse. Así que no habrá universidades rusas de calidad en mucho tiempo porque está previsto que dicho plan se concrete en 2030, aunque ya hay 6 universidades que lo están aplicando de forma experimental y se espera que el curso que viene lo hagan otras 11 más. Este «proyecto piloto» se centra específicamente en «matemáticas y mecánica, informática y ciencias de la información, seguridad informática, física y astronomía, medicina, agronomía, ingeniería mecánica y transporte, administración pública y municipal, economía, lingüística, publicidad y relaciones públicas». O sea, si os fijáis, en casi todo en lo que destaca China. No está mal, tarde pero abandonando un poco la fosilización y mirando un poco al este.

Por dar un poco de oxígeno a los putinistas me referiré a un refrán ruso: «Rusia se toma su tiempo para ensillar el caballo, pero cuando coge impulso es muy difícil de frenar». A la espera de que así sea (antes de morirnos de viejos, claro).

P.D.- China respondió la semana pasada a las nuevas sanciones impuestas por EEUU con una amplia represalia en dos frentes: prohibiendo a los departamentos gubernamentales comprar productos de 46 contratistas de defensa estadounidenses e incluyendo en una lista negra a 10 empresas que no pueden recibir exportaciones chinas de doble uso. Están incluidas Lockheed Martin Corporation y Raytheon Missiles & Defense, por ejemplo. Con ser importante, lo más revelador es que se añade a las dos empresas emblemáticas del esfuerzo estadounidense por reconstruir su cadena de suministro de tierras raras, así que toda esa fanfarria occidental sobre el «romper el monopolio chino en tierras raras», del que se acaba de hablar en el fantasmagórico G-7, no va a ir a ninguna parte. Salvo a la propaganda, claro. En eso es en lo único en que el parque jurásico occidental es insuperable: todavía hace buenos carteles entretener a una sociedad fosilizada.

El Lince

Fuente: El Lince 

El reciente paquete de reformas de Cuba para salvar el socialismo

                                                                                           

David Fuente

Doctorando en teoría marxista en la Universidad Jiaotong de Xi’an

Cubainformación     21/06/2026










Cuba ha anunciado un paquete de “176 reformas para dinamizar la economía en medio del reforzado bloqueo de EEUU”[1]. El presidente Miguel Díaz-Canel ha dejado clara su naturaleza: “las transformaciones económicas y sociales propuestas no significan una renuncia al socialismo, sino la búsqueda de cómo continuar construyéndolo en las condiciones específicas de Cuba, un país que ha enfrentado durante décadas el bloqueo impuesto por Estados Unidos.” Y también ha indicado con toda transparencia la disyuntiva ante la que se encuentra la nación: “Todos hablamos de que hay que mantener la justicia social, pero lo primero que hay que hacer es producir. Si no producimos, si no generamos riqueza, si no damos servicios de calidad que sean inclusivos y abarcadores, ¿qué justicia social vamos a defender?”[2]

El pasado 18 de junio se reunió la Tercera Sesión Extraordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en su X Legislatura, para evaluar y mejorar estas 176 propuestas. Se aprovechó el momento para recordar a la gran revolucionaria cubana Vilma Espín Guillois (1930-2007), dirigente de la Federación de Mujeres Cubanas, quien falleció en esta fecha hace 19 años (y cuya obra se acaba de estudiar en el “Seminario de marxismo-leninismo y emancipación de la mujer” que organiza la Fundación de Investigaciones Marxistas del País Valencià[3]).

Tal y como explica Granma, Cuba se encuentra “en el contexto más complejo que enfrenta el país desde el periodo especial” [4]. El bloqueo estadounidense, sostenido durante más de seis décadas y rechazado por la mayoría de países del mundo, ha alcanzado cotas y métodos sin precedentes. Cuba no niega errores y ineficiencias internas, pero subraya que las medidas tomadas por el Gobierno la década pasada venían mejorando la situación hasta que se recrudeció el bloqueo a mediados de 2019 y enero de 2025. Las reformas para salir al paso de esta situación, que han sido sometidas a consulta popular, son “un ejercicio soberano para preservar las conquistas de la Revolución sin renunciar al socialismo […], sino como condición para su preservación”. “Bajo el principio rector de hacer lo necesario para conservar lo esencial, las medidas propuestas incluyen la ampliación de la participación de todos los actores económicos en igualdad de condiciones, el fomento de la inversión extranjera y la admisión de mecanismos de mercado como instrumento de asignación de recursos”.

Desde que en 1917 comenzaron existir países socialistas en el mundo, ninguno ha podido desarrollarse guiado exclusivamente por sus necesidades internas, sino siempre bajo la agresión o amenaza externa. La industrialización que emprendió la URSS con sus planes quinquenales en 1928 fue indispensable para derrotar la nueva agresión imperialista que se abalanzó sobre su territorio en junio de 1941. Ya dos décadas antes, 14 países habían agredido a la naciente Rusia socialista para, sin éxito, “ahogar al niño en la cuna”. En 2026, los procesos de superación del capitalismo siguen lidiando con la hostilidad imperialista.

Hoy Cuba emprende un paquete de medidas acorde a su situación. Busca mejorar las condiciones de vida del pueblo y seguir desarrollando el socialismo. Debe quedar claro: no estamos ante una Perestroika. Si hemos de buscar un símil, debe ser más hacia el este; hacia China, Vietnam o Laos, donde las reformas de mercado han fortalecido de manera integral la situación de estos países dirigidos por partidos comunistas. Deng Xiaoping llamó en los años 70 y 80 a “emancipar la mente”, a liberarse de definiciones librescas y, como Mao, a “buscar la verdad en los hechos”. Hoy Cuba recuerda las premisas de Raúl Castro: “no ser dogmáticos ni inmovilistas, desterrar la asociación mecánica entre socialismo e igualitarismo, y reconocer que la planificación socialista no excluye, sino que debe incorporar y regular las reglas del mercado”.

Tenemos razones para confiar. Todas las medidas que Cuba va a tomar tienen precedentes en otros países socialistas que, bajo la dirección de sus partidos comunistas, están logrando éxitos para el bienestar de su población: mayor peso del mercado en la fijación de precios, gestión autónoma de las empresas estatales, “Zonas de Desarrollo Económico” (el equivalente a las Zonas Económicas Especiales de China), propiedad pública del suelo con entrega del derecho de usufructo, etc. La reforma cubana en el sistema de subsidios, por ejemplo, será cuidadosa para evitar impactos negativos. Además, todas estas medidas no son ajenas al debate en el seno del socialismo cubano, sino que se venían planteando, y algunas parcialmente implementando, con anterioridad. Ya lo ha indicado Díaz-Canel: “las propuestas son resultado de los aportes de los economistas, del estudio de las experiencias de otros países socialistas y del amplio debate desarrollado en el país durante años.”

Para 2026, si se quiere asimilar la historia del socialismo y comprender el mundo actual, no es suficiente con conocer la planificación económica soviética. También es necesario conocer la economía de mercado socialista que China teorizó en primer lugar (ofrezco a consulta una serie de tres artículos: 1) “Una explicación de sus fundamentos”[5], 2) “Algo más que una necesidad del socialismo chino”[6], y 3) “Gestación, nacimiento y desarrollo”[7]).

La tarea internacionalista respecto a Cuba exige seguir luchando por el fin del bloqueo. Pero también exige entender las medidas que toma el país para llevar adelante un modelo económico centrado en el pueblo el socialismo rumbo al comunismo y explicarlas en nuestro entorno, pues la intoxicación mediática en las redes sociales está siendo una amenaza ya señalada por Díaz-Canel[8]. Leamos las medidas y a las autoridades revolucionarias cubanas: escuchemos al Primer Ministro[9], al Presidente[10]. “Cuando la vida del pueblo se vuelve tan dura, el primer deber del Partido Comunista y del Gobierno Revolucionario no es explicar mejor la crisis, sino cambiar lo que sea necesario para salir de ella”[11]. Y deseemos acierto en la aplicación de las medidas, con la seguridad de que, si tenemos la oportunidad de visitar a este feliz y aguerrido pueblo en su bella casa, podremos contrastar su mejoría, tal y como hoy nos entusiasman los progresos de China.

Notas

[1] Cuba aprueba paquete de 176 reformas para dinamizar economía en medio de reforzado bloqueo de EE.UU. (Cubainformación): https://www.cubainformacion.tv/cuba/20260619/123512/123512-cuba-aprueba-paquete-de-176-reformas-para-dinamizar-la-economia-en-medio-del-reforzado-bloqueo-de-ee-uu

[2] Presentan transformaciones económicas y sociales ante el Parlamento cubano (+ Cobertura Especial) (Granma): https://www.granma.cu/cuba/2026-06-18/comenzo-la-tercera-sesion-extraordinaria-de-la-asamblea-nacional-del-poder-popular

[3] Las mujeres en CUBA (I) - Seminario: https://youtu.be/z1UyqIc88wA

[4] Presentan transformaciones económicas y sociales ante el Parlamento cubano (+ Cobertura Especial) (Granma): https://www.granma.cu/cuba/2026-06-18/comenzo-la-tercera-sesion-extraordinaria-de-la-asamblea-nacional-del-poder-popular

[5] “La economía de mercado socialista (2.1). Una explicación de sus fundamentos” (Hojas de Debate): https://hojasdebate.es/opinion/la-economia-de-mercado-socialista-2-1-una-explicacion-de-sus-fundamentos/

[6] “La economía de mercado socialista (II). Algo más que una necesidad del socialismo chino” (Hojas de Debate): https://hojasdebate.es/opinion/la-economia-de-mercado-socialista-ii-algo-mas-que-una-necesidad-del-socialismo-chino/

[7] “Economía de mercado socialista (2.3). Gestación, nacimiento y desarrollo” (Hojas de Debate): https://hojasdebate.es/opinion/economia-de-mercado-socialista-2-3-gestacion-nacimiento-y-desarrollo/

[8] Pdte. Díaz-Canel denunció intentos de dañar al gobierno de Cuba: https://www.youtube.com/watch?v=HsxOT6GjgVs

[9] Primer Ministro, Manuel Marrero, en la tercera sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional: https://www.youtube.com/watch?v=LYu1MhdywzA

[10] Díaz-Canel al Parlamento: Cuba cambia para levantarse, para vivir mejor, para seguir siendo libre: https://www.youtube.com/watch?v=m7XE2VEq8Mg

[11] Cuba aprueba transformaciones económicas de corto plazo: https://www.youtube.com/watch?v=E_ynoCGpC9M 

martes, 7 de julio de 2026

El saqueo de los símbolos: de la invención de la tradición al populismo reaccionario

Fuentes: La Marea

          «Las nuevas extremas derechas han demostrado una enorme habilidad para ocupar espacios simbólicos que durante décadas parecían pertenecer a otros», advierte el profesor Jose Mansilla. «Determinados movimientos reaccionarios han dejado de presentarse exclusivamente como defensores del orden establecido para adoptar estéticas, lenguajes y gestualidades procedentes de culturas políticas antagonistas».

Hay una historia que se repite y es la historia de la expropiación de las clases populares, a nivel material y simbólico. Así, aquello que nace desde y por ellas, que surge de sus formas de vida, de sus celebraciones, de sus conflictos y de sus luchas, raramente permanece bajo su control. Una y otra vez, a lo largo de la historia contemporánea, los sectores subalternos no solo han trabajado la tierra y las fábricas o han servido a las clases altas, sino que además han producido imaginarios, tradiciones y repertorios culturales que posteriormente han sido apropiados por otros actores con mayor capacidad para definir su significado. Primero fueron las burguesías nacionales del siglo XIX. Hoy son las nuevas extremas derechas. Los símbolos cambian de dueño; las clases populares siguen perdiendo.

El historiador Eric Hobsbawm explicó magistralmente este proceso en Nación y nacionalismos desde 1780. Frente a la idea romántica de que las naciones existen desde tiempos inmemoriales, Hobsbawm mostró cómo estas son construcciones históricas relativamente recientes, vinculadas al desarrollo del capitalismo industrial, la expansión de los Estados modernos y la necesidad de generar lealtades colectivas entre poblaciones cada vez más amplias. Para construir una nación no bastaban fronteras, instituciones o ejércitos. Hacían falta emociones. Hacían falta relatos. Hacían falta símbolos capaces de producir un sentimiento de pertenencia. Y esos símbolos, en gran medida, se extrajeron de las culturas populares. Las canciones campesinas, las fiestas locales, los bailes regionales, los trajes tradicionales o las lenguas vernáculas fueron recopilados por intelectuales, folkloristas y funcionarios estatales que los transformaron en expresiones de una supuesta esencia nacional. Lo que antes pertenecía a comunidades concretas pasó a representar a millones de personas que jamás habían compartido experiencias vitales comunes.

La invención de la tradición

Es aquí donde aparece otro de los conceptos fundamentales asociados a Hobsbawm: la invención de la tradición. Muchas de las prácticas que hoy consideramos ancestrales son, en realidad, construcciones modernas. No porque fueran completamente falsas, sino porque fueron seleccionadas, reinterpretadas y reorganizadas para responder a necesidades políticas contemporáneas. La tradición, lejos de ser una herencia inmutable, es muchas veces una tecnología de poder. Las burguesías nacionales del siglo XIX comprendieron perfectamente esta lógica. Necesitaban cohesionar sociedades profundamente desiguales y encontraron en la identidad nacional una herramienta extraordinariamente eficaz. Las culturas populares se convirtieron en materia prima para fabricar sentimientos nacionales. Sin embargo, mientras las élites convertían las costumbres populares en patrimonio de la nación, las clases trabajadoras seguían viviendo en condiciones de explotación, pobreza y exclusión política. La apropiación simbólica servía para integrar culturalmente aquello que continuaba subordinado materialmente. Lo interesante es que este proceso no ha desaparecido. Simplemente ha cambiado de protagonistas.

Las nuevas extremas derechas han demostrado una enorme habilidad para ocupar espacios simbólicos que durante décadas parecían pertenecer a otros. Por supuesto, han continuado apropiándose de tradiciones nacionales, fiestas populares o imaginarios patrióticos. Pero también han comenzado a disputar símbolos históricamente vinculados a la izquierda. Quizá uno de los fenómenos más llamativos de los últimos años sea precisamente como determinados movimientos reaccionarios han dejado de presentarse exclusivamente como defensores del orden establecido para adoptar estéticas, lenguajes y gestualidades procedentes de culturas políticas antagonistas. El puño levantado, durante décadas asociado al movimiento obrero, al antifascismo o a las luchas por los derechos civiles, aparece hoy en manifestaciones y campañas de sectores ultranacionalistas. Solo hay que ver a Trump. Lo mismo ocurre con ciertos discursos sobre la defensa del pueblo frente a las élites, la crítica a las oligarquías globales o incluso la reivindicación de formas de solidaridad comunitaria. Naturalmente, no se trata de una continuidad ideológica. Es una operación de resignificación. Los símbolos permanecen; su contenido político cambia.

La extrema derecha contemporánea ha comprendido algo que buena parte de la izquierda parece haber olvidado: las identidades colectivas no se construyen únicamente mediante programas políticos, sino también mediante emociones, símbolos y relatos compartidos. Por eso disputa los códigos culturales de las clases populares. Por eso se presenta como portavoz de los olvidados. Por eso intenta apropiarse incluso de repertorios visuales históricamente asociados a las luchas emancipadoras. No es casualidad que algunos de estos movimientos combinen referencias patrióticas con estéticas obreras, ni que intenten presentarse como representantes de trabajadores golpeados por la precarización económica. Lo que está en juego no es simplemente una batalla electoral, sino una lucha por el significado mismo de lo popular. Y aquí reaparece una vieja intuición de Hobsbawm. Las tradiciones no son realidades naturales; son construcciones históricas sometidas a disputa permanente. Del mismo modo que las élites nacionales del siglo XIX reinventaron elementos culturales populares para construir la nación, las extremas derechas actuales reinterpretan tanto las tradiciones nacionales como ciertos símbolos de la izquierda para construir nuevos proyectos reaccionarios.

El problema es que, en ambos casos, las clases populares terminan funcionando como una reserva simbólica de la que otros extraen recursos políticos. Sus formas de vida son convertidas en identidad nacional. Sus costumbres son elevadas a patrimonio colectivo. Sus símbolos de lucha son reciclados por movimientos que muchas veces defienden políticas contrarias a sus intereses materiales. Y mientras tanto, los problemas que afectan a la mayoría social permanecen prácticamente intactos. La vivienda se vuelve inaccesible. Los salarios pierden poder adquisitivo. Los servicios públicos se deterioran. La precariedad se cronifica. Pero el debate público se desplaza constantemente hacia cuestiones identitarias donde los símbolos ocupan el lugar que antes tenían los conflictos distributivos.

Tal vez esta sea la gran tragedia política de nuestro tiempo. Mientras las clases populares continúan produciendo cultura, sociabilidad y comunidad, otros monopolizan la capacidad de convertir todo ello en capital político. Lo hicieron las burguesías nacionales cuando inventaron las tradiciones que debían unir a la nación. Lo hacen hoy las extremas derechas cuando transforman esas mismas tradiciones —y hasta algunos símbolos históricos de la izquierda— en herramientas de exclusión y reacción. La historia contemporánea puede leerse, en buena medida, como una sucesión de estas expropiaciones simbólicas. Un proceso en el que los de abajo generan los significados y los de arriba administran sus beneficios. Cambian las banderas, cambian los discursos, cambian los propietarios temporales de los símbolos. Lo que rara vez cambia es quién acaba pagando el coste de la operación. Porque cuando la cultura popular se convierte en mercancía política, quienes la produjeron suelen quedarse, una vez más, sin ella.

Este artículo se publicó originalmente en Catalunya Plural. Puedes leerlo en catalán aquí.

Jose Mansilla es antropólogo urbano y profesor en la Universitat Autònoma de Barcelona.

Fuente: https://www.lamarea.com/2026/06/28/saqueo-simbolos-tradicion/ 

España, una nación desvertebrada


He bebido en las fuentes de José Ortega y Gasset desde edad muy temprana. España invertebrada fue para mí una obra de cabecera mientras desfilaban, a lo largo de los años, todos los fenómenos sociales y de psicología colectiva durante la dictadura. También después, a partir de la construcción en falso de los cimientos del nuevo régimen en 1978.

Sin embargo, creo que algunas ideas de Ortega —no la de los “errores y abusos políticos”, que le parecen poco interesantes y a cuyo peso en la patología nacional resta importancia, sino la del “particularismo”— han quedado, en cierto modo, superadas. Ese “particularismo”, con expresión tanto política —en los movimientos separatistas catalán y vasco— como social —en la especialización de gremios y profesiones—, es más bien efecto y no causa de la desmembración real.

Los particularismos lo son porque el territorio vasco y el catalán permanecen adosados a la fuerza al Estado español, nunca verdaderamente integrados socialmente. Euskadi y Catalunya no son la causa de la desvertebración. Han sido tratados históricamente por el poder político, judicial y militar como territorios hostiles. Esa clase de particularismo, como lo llama Ortega, es uno de los principales efectos de la desvertebración.

Ambos territorios se han sentido tratados con desprecio, como enemigos; nunca comprendidos por los poderes del Estado, sino forzados a formar parte de un todo al que no desean pertenecer. Se han considerado autosuficientes y han aspirado a desvincularse de quienes perciben como opresores. Como el hijo que busca independencia cuando se siente capacitado para vivir por sí mismo.

Por otro lado, la idiosincrasia, el carácter profundo y la personalidad de vascos y catalanes son difícilmente compatibles con la idiosincrasia más superficial del español medio.

Desde entonces, cuanto hemos aprendido, leído y oído —y seguimos leyendo y oyendo todavía hoy— sobre España, al margen de las reflexiones orteguianas, compone un relato tosco, paleto, cutre, grandilocuente, endogámico y pueblerino, en el sentido más despectivo del término. Todo cuanto se relata desde dentro sobre lo español, sobre el español, sobre la sociedad española y su historia, aparece como algo antipático, sombrío, truculento y falseado.

Quizá por eso pocas cosas de España despiertan la simpatía del extranjero, salvo la variedad de su paisaje natural y la afabilidad de sus pueblos.

Con el paso del tiempo, he llegado a pensar que todo ello obedece a un hecho fundamental: la historia de las sociedades no da saltos ni admite atajos en su evolución, salvo a través de guerras entre naciones, en las que precisamente España no participó. No así las guerras civiles; esas que, como la española, provocan una involución difícilmente reparable, porque la prepotencia de los vencedores y el rencor de los vencidos —al no haber existido una auténtica reconciliación— perduran sin fecha de caducidad.

Desde donde mejor se divisa la verdadera imagen de España es desde América Latina. Desde allí se advierten con mayor nitidez sus conquistas y genocidios pasados; la interpretación sesgada del cristianismo que desembocó en la aberración de la Inquisición; la hegemonía de ricos, caciques y potentados sobre el resto, históricamente amparada por una jerarquía eclesiástica miserable; una dictadura de cuarenta años; y la ausencia de España en las dos guerras mundiales.

Todo ello proyecta hacia el exterior la imagen de un país instalado en un atraso social, político y moral persistente respecto de otras naciones europeas. Y eso hace imposible el verdadero pacto social, es decir, la compactación de la sociedad española en torno a un eje compartido.

La sociedad española gira alrededor de un vacío. Ese eje diamantino, celebrado por todos, simplemente no existe. En palabras de Theodor Mommsen al reflexionar sobre Roma, falta un “dogma nacional”, un proyecto sugestivo de vida en común; algo semejante a lo que en Francia representa la República.

Eso se explica fácilmente por la eterna erótica del poder allí donde se instala, pero también por el miedo sostenido de una sociedad más acostumbrada a ejercer opresión sobre otras sociedades internas que a convivir con la tolerancia y la libertad.

Hasta tal punto que España difícilmente alcanzará una paz verdadera y generalizada. El odio, soterrado o manifiesto, que fomentan sus dirigentes es lo que socava de manera irreversible esa paz auténtica.

Sabemos que España y sus nacionalidades, reconocidas o no institucionalmente, son ricas y atractivas en muchos aspectos, especialmente para quienes la visitan o permanecen en ella durante estancias prolongadas. Pero hay algo que permanece inalterable: el odio a la excelencia, la escasez de los mejores o, peor aún, el ocultamiento de los mejores.

He aquí, a mi juicio, la razón profunda del fracaso hispánico.

La impresión que España produce a distancia en los habitantes de otras naciones es la de un país condenado al atraso mientras no logre la imprescindible sintonía y empatía entre sus ciudadanos, por encima de ideologías políticas y religiones. Solo entonces podrá llegar a ser una nación verdaderamente respetable y respetada.

En España se piensa poco, se matiza menos y la idea preconcebida casi nunca está ausente. Basta observar los debates parlamentarios: no hay diálogo, sino monólogos simultáneos. Disparates por un lado y razonamientos lapidarios por otro que, con frecuencia, ni siquiera merecen respuesta.

Jaime Richart

6 Febrero 2022

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Cuba y la vía china: reformas sin retorno


 Por Xulio Ríos | 23/06/2026 | Cuba

Fuentes: Rebelión


El anuncio por parte de La Habana de un amplio paquete de reformas económicas constituye probablemente el movimiento más relevante de la política cubana de las últimas décadas. Las 176 propuestas aprobadas en el seno del Partido Comunista de Cuba y avaladas por la Asamblea Nacional y por Raúl Castro apuntan hacia una transformación profunda del modelo económico, inspirada explícitamente en las experiencias de construcción socialista desarrolladas en China y Vietnam. No se trata de una ruptura con el sistema político, sino de un intento de redefinir sus bases económicas para garantizar su supervivencia.

La decisión refleja, ante todo, la convicción de que el modelo actual ha agotado gran parte de su recorrido histórico. La combinación de bajo crecimiento, escasez crónica de bienes básicos, deterioro energético, falta de divisas y pérdida continuada de capital humano ha situado al país ante una situación límite. De hecho, muchas de las medidas ahora anunciadas no son nuevas. Forman parte de debates mantenidos durante años y de decisiones aprobadas anteriormente cuya aplicación fue sucesivamente aplazada. El problema no ha estado tanto en identificarlas como necesarias, sino en la incapacidad o la falta de voluntad para ejecutarlas. Ese tiempo parece haber terminado.

La referencia a China y Vietnam resulta inevitable. La reforma y apertura iniciada por China en 1978 y la política de Doi Moi impulsada por Vietnam desde 1986 demostraron que era posible introducir mecanismos de mercado, fomentar la iniciativa privada y atraer inversión sin alterar la hegemonía política de los respectivos partidos comunistas. La Habana parece asumir ahora que la preservación del proyecto socialista pasa precisamente por aumentar la eficiencia económica, ampliar los espacios para la actividad privada y redefinir el papel del Estado en la economía.

Sin embargo, las similitudes no deben ocultar las diferencias. China y Vietnam iniciaron sus procesos de reforma en contextos internacionales más favorables, con sociedades menos envejecidas, mayores reservas de capital humano y administraciones preparadas para gestionar transformaciones de gran escala. Cuba afronta este desafío en circunstancias mucho más complejas. La economía atraviesa una de las peores crisis de su historia reciente, carece de recursos financieros suficientes y necesita simultáneamente energía, inversión, bienes de equipo y credibilidad internacional para poner en marcha los cambios anunciados.

Por ello, el principal interrogante no es la voluntad política de reformar, sino las capacidades reales para hacerlo. Los nuevos actores económicos deberán demostrar que poseen el músculo empresarial necesario para dinamizar la producción y los servicios. La administración estatal, tradicionalmente burocratizada y poco flexible, tendrá que adaptarse a funciones distintas de las que ha desempeñado durante décadas. Y la sociedad cubana deberá asumir que la reforma no traerá mejoras inmediatas ni automáticas de las condiciones de vida. Habrá más oportunidades para emprender y generar riqueza, pero también un largo periodo de aprendizaje, ajustes y dificultades. La experiencia china y vietnamita demuestra que estos procesos exigen perseverancia, capacidad de corrección y una considerable tolerancia a los costes de transición. Y que cualquier país se puede inspirar en ellas pero no copiarlas miméticamente.

Cabe recordar que China inició la reforma desde una posición de pobreza, mientras que Cuba la emprende desde una situación de deterioro. Son circunstancias psicológica y políticamente distintas. Los chinos de finales de los setenta percibían que casi cualquier cambio podía representar una mejora; muchos cubanos de hoy experimentan las reformas después de años de pérdida de bienestar, emigración masiva y frustración acumulada. Eso puede generar expectativas desmesuradas y, al mismo tiempo, una menor paciencia social ante los inevitables costes de transición.

También resulta interesante la dimensión generacional. Durante años, el principal freno no fue la falta de conocimiento de las experiencias china o vietnamita -que son bien conocidas en La Habana- sino la dificultad política y emocional de abandonar un modelo que había formado parte de la identidad de la Revolución. En ese sentido, el aval de Raúl Castro tiene una importancia histórica singular pues simboliza que la reforma ya no aparece como una rectificación de la Revolución, sino como un instrumento para preservarla. Para una generación política formada bajo los parámetros del modelo revolucionario clásico, asumir la necesidad de una transformación de esta naturaleza no resulta sencillo. Precisamente por ello, el respaldo de Raúl contribuye a neutralizar resistencias internas y a ofrecer cobertura política a una estrategia que, en otros momentos, habría encontrado mayores obstáculos.

Las principales reticencias parecen concentrarse hoy en sectores ideológicamente minoritarios que siguen contemplando cualquier ampliación de los mecanismos de mercado como una amenaza al proyecto socialista. Sin embargo, la gravedad de la situación económica ha reducido considerablemente el margen para ese tipo de posiciones. La discusión ya no gira en torno a si reformar o no, sino sobre cómo hacerlo y a qué velocidad.

China, expectante

China lleva años esperando este momento. Diversos diplomáticos chinos con experiencia en la isla han transmitido reiteradamente que Beijing observaba con interés la posibilidad de que Cuba adoptara un camino similar al suyo, a riesgo de naufragar. Sin embargo, durante mucho tiempo encontró en La Habana una resistencia que dificultó avances significativos. Ahora, con el cambio de orientación, China aparece como el socio mejor situado para proporcionar asesoramiento técnico, inversión, financiación y acompañamiento político durante la transición. La experiencia acumulada por Beijing en la gestión de reformas económicas dentro de un sistema socialista constituye un activo difícilmente sustituible.

El contexto internacional, no obstante, seguirá siendo determinante. Marco Rubio representa la continuidad de una visión profundamente hostil hacia el sistema cubano y difícilmente renunciará a mantener la presión política y económica sobre la isla, que ha retorcido significativamente durante este mandato de Donald Trump. Queda por ver si Washington considerará suficiente una apertura económica al estilo chino o vietnamita para revisar su política hacia Cuba o si, por el contrario, seguirá condicionando cualquier cambio a transformaciones de carácter político. La respuesta estadounidense influirá directamente sobre las posibilidades de éxito de las reformas.

En este escenario, España debería aspirar a desempeñar un papel más activo. Los vínculos históricos, culturales y humanos que unen a ambos países constituyen un capital político singular que ningún otro actor europeo posee. Lejos de contemplar los cambios desde la distancia, Madrid podría contribuir a facilitar intercambios empresariales, formación técnica, cooperación institucional y canales de diálogo que acompañen la modernización económica cubana. Una Cuba más próspera, estable e integrada en los circuitos económicos internacionales constituye también un interés estratégico para España.

Las reformas anunciadas no garantizan el éxito. Existen dudas legítimas sobre la capacidad de ejecución, la disponibilidad de recursos, la reacción de la burocracia y la resistencia social ante los inevitables costes de la transición. Pero precisamente porque llegan tras años de aplazamientos y porque responden a necesidades estructurales acumuladas, resulta difícil imaginar un retorno al punto de partida. Más que una opción entre varias alternativas posibles, la reforma parece haberse convertido en una necesidad histórica inapelable. El verdadero debate ya no es si Cuba cambiará, sino si será capaz de hacerlo con la rapidez y la eficacia que exige la magnitud de la crisis actual.

A mayores, la gran incógnita no es si Cuba se parecerá algún día a China o Vietnam, sino si será capaz de encontrar una vía propia que combine apertura económica, estabilidad política y cohesión social en uno de los momentos más difíciles de su historia reciente. La reforma ya no parece una opción entre varias posibles, sino la condición necesaria para evitar que terminen imponiéndose cambios mucho más traumáticos.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.