jueves, 29 de octubre de 2026

La Leyenda Rosa: cómo el hispanismo sigue blanqueando un genocidio en pleno siglo XXI

Fuentes: Resumen Latinoamericano. La otra cara de las noticias de América y el Tercer Mundo


A más de quinientos años de la conquista, una corriente intelectual y política insiste en presentar la invasión europea de América como una empresa civilizatoria. La evidencia histórica demuestra lo contrario: fue un proceso de violencia, despojo y dominación que aún hoy se niega a asumir su carácter fundacional.

Un debate que no es sobre el pasado

Cuando en la Argentina contemporánea —y en buena parte de América Latina— resurgen voces que reivindican la conquista española como una gesta civilizatoria, no estamos ante un simple debate historiográfico. Estamos ante una batalla cultural por el presente. La llamada «Leyenda Rosa» —esa narrativa que presenta la colonización como una empresa providencial de evangelización y progreso— no busca comprender el pasado, sino legitimar un orden social jerárquico que hunde sus raíces en la violencia fundacional de 1492.

Sus defensores esgrimen argumentos que, a fuerza de repetición, han logrado instalarse en ciertos claustros académicos y en el discurso público: que España abrió escuelas y universidades, que evangelizó, que el mestizaje produjo una identidad armónica, que sin la conquista los indígenas se habrían exterminado entre sí. Todos estos argumentos comparten un mismo mecanismo: seleccionar hechos aislados para ocultar un proceso global de destrucción.

La evidencia histórica, sin embargo, es contundente. Y desmontarla no es un ejercicio de «resentimiento» o «antihispanismo», sino un acto de honestidad intelectual.

El problema de las categorías: nombrar desde el poder

Antes de desmontar los argumentos de la Leyenda Rosa, es necesario detenerse en un problema más profundo: las categorías mismas con las que describimos este proceso son eurocéntricas. Términos como «descubrimiento», «encuentro», «conquista», «civilización», «barbarie», «paganismo», «idolatría», «arte», «artesanía» o «mestizaje» no son neutros. Fueron acuñados por los propios colonizadores y cargan con una jerarquía de valores que presupone la superioridad de Europa.

Hablar de «descubrimiento» de América implica que el continente no existía antes de que los europeos lo nombraran. Hablar de «encuentro» sugiere una simetría que nunca existió. Hablar de «civilización» frente a «barbarie» invierte la carga de la prueba: obliga a los pueblos originarios a demostrar que eran civilizados según un estándar ajeno. Hablar de «paganismo» o «idolatría» para referirse a las cosmologías indígenas es adoptar el punto de vista del evangelizador que las condenaba.

Incluso el término «conquista» —que parece el más descriptivo— oculta que se trató de una invasión con proyecto de dominación. Y el «mestizaje», como veremos, es una categoría que edulcora la violencia sexual fundacional.

Reconocer este problema no es un capricho posmoderno. Es una exigencia de rigor histórico: no podemos analizar un proceso de dominación con el vocabulario que los dominadores crearon para justificarlo. Nombrar la invasión como invasión, el genocidio como genocidio y la violencia sexual como violencia sexual no es un acto de resentimiento: es un acto de precisión histórica. Y la precisión histórica es el primer paso para desmontar las jerarquías que aún hoy estructuran nuestras sociedades.

El mito de las instituciones «civilizatorias»

Es cierto que la Corona española ordenó fundar escuelas y universidades en Indias. Pero el contexto desmiente la idea de un beneficio generalizado. Las escuelas para «hijos de caciques» tenían como objetivo formar a un sector reducido de la nobleza indígena que sirviera de intermediario para la administración colonial y la difusión del cristianismo. La universidad hispanoamericana, si bien permitió cierta movilidad a individuos talentosos, lo hizo dentro de un sistema que clasificaba racialmente a la población y reservaba los puestos de poder para los peninsulares y sus descendientes.

Más importante aún: la labor educativa y evangelizadora no puede separarse de la conquista. Como señala un análisis de la UNAM, «los intereses imperiales y los principios católicos estaban en armonía» porque el cristianismo podía justificar guerras y, al mismo tiempo, predicar amor universal. La evangelización fue clave para el plan español de expansión y sometimiento: se buscaba convertir a los indígenas para que fueran «susceptibles de ser explotados». Lejos de ser una labor humanitaria desinteresada, era parte de la estructura de dominación.

La catástrofe demográfica: el dato que la Leyenda Rosa no puede ocultar

El núcleo de la negación hispanista es minimizar la magnitud de la destrucción. Los datos, aunque sujetos a debate en sus cifras exactas, apuntan a una catástrofe de proporciones inimaginables. Las estimaciones sobre la población precolombina varían enormemente, desde los 13 millones hasta los 100-110 millones para todo el continente. Lo que no está en disputa es la hecatombe: entre 1492 y 1570 se calculan unos dos millones y medio de muertos solo en el primer período, y para 1630 la población indígena se había reducido a 750.000 en algunas regiones.

Las causas combinaron la violencia directa, las epidemias, la sobreexplotación laboral y el despojo de tierras. La consecuencia no fue solo demográfica, sino también cultural: en muchos lugares supuso «la extinción de las poblaciones aborígenes y la desaparición de su cultura». La narrativa hispanista, al presentar la colonización como un «encuentro» beneficioso, invisibiliza las estructuras políticas, económicas y simbólicas preexistentes y las reduce a un estado de «barbarie» o inexistencia histórica.

El mestizaje: de la violación fundacional al mito identitario

Quizás ningún argumento haya sido tan eficaz para blanquear la conquista como el del mestizaje armónico. Según esta narrativa, la mezcla de españoles e indígenas habría producido una nueva raza, una identidad latinoamericana que trasciende el conflicto. La realidad histórica es otra.

El mestizaje latinoamericano se hizo esencialmente por la coerción. Los testimonios de la época, como el del propio Miguel de Cuneo, describen episodios de violación sexual de mujeres indígenas por parte de los conquistadores. En el Chile colonial, el primer contacto «se caracterizó por ser esencialmente violento y forzoso», y «fueron recurrentes las violaciones que perpetraron los españoles a las mujeres indígenas». El cronista Pedro Mariño de Lobera dejó constancia de que «hubo semanas que parieron sesenta indias de las que estaban en su servicio». Sobre la conquista de México, se concluye que «el mestizaje tuvo como inicio la violación de las indias».

Esta realidad violenta fue luego transmutada en un discurso identitario. El objetivo era construir la figura del «mestizo» como una categoría que, en la práctica, buscaba negar la existencia de europeos e indios como sujetos distintos y en conflicto. Al convertir el mestizaje en el «ser nacional», se invisibilizó la persistencia de las estructuras coloniales de poder y se presentó la violencia fundacional como un simple «encuentro» que produjo una nueva raza.

Como señala la crítica feminista decolonial, el «mestizaje compulsivo» fue una de las formas de violencia sexual de la colonización contra las que los movimientos latinoamericanos han tenido que resistir. En Brasil, la narrativa popular lo resume con crudeza: el país es hijo del «estupro colonial».

La falacia de la «salvación» por alianzas indígenas

Otro de los argumentos hispanistas sostiene que la conquista española «salvó» la vida de muchos indígenas al utilizar la rivalidad entre etnias para beneficio propio. El caso tlaxcalteca es el ejemplo más citado: sin la colaboración de este pueblo, enemigo histórico de los mexicas, la conquista de México no habría sido posible.

Pero esta lectura confunde la estrategia militar con una misión humanitaria. Los españoles no llegaron como árbitros benevolentes. Su alianza con los tlaxcaltecas fue vital para su supervivencia y éxito, pero no los «salvó» de la dominación; simplemente cambió un yugo por otro. Tras la conquista, los aliados indígenas también fueron sometidos a la estructura de poder colonial. La pregunta clave que desmonta esta falacia es: «¿por qué los tlaxcaltecas tenían más intereses en común con los habitantes de Tenochtitlan que con los guerreros de Cortés?». La respuesta es que no los tenían; eran pueblos distintos con intereses propios. Además, las propias crónicas españolas minimizaron y ocultaron el papel decisivo de los aliados indígenas para presentar la conquista como una gesta exclusivamente hispánica.

La «salvación» nunca fue el objetivo; la victoria y el sometimiento, sí.

La evangelización: montaje sobre creencias preexistentes

Cuando se produce el proceso de evangelización, los misioneros no llegaron a un vacío espiritual. Se montaron sobre creencias preexistentes que los europeos llamarían «paganismo», y lo mismo pasó con los conocimientos arquitectónicos. No se trató de un reemplazo limpio, sino de una superposición violenta sobre estructuras preexistentes, con una asimetría de poder brutal.

La Virgen de Guadalupe en el Tepeyac se asoció al culto previo a Tonantzin; muchas fiestas patronales se montaron sobre calendarios agrícolas y rituales locales; santos y vírgenes ocuparon lugares de deidades locales. Pero eso no significa que los europeos «respetaran» esas creencias: las clasificaban como paganismo e idolatría y buscaban erradicarlas. Hubo campañas sistemáticas de destrucción de templos, quemas de códices y objetos rituales, y castigos a prácticas indígenas. La «superposición» fue muchas veces borrado y reemplazo físico: construir el templo cristiano sobre el sitio sagrado para demostrar la derrota de los dioses locales.

Lo mismo ocurre con la arquitectura. La Catedral Metropolitana de Ciudad de México se construyó en parte con piedras del Templo Mayor y sobre el centro ceremonial mexica; el Convento de Santo Domingo en Cusco se erigió sobre el Coricancha, el principal templo inca. No fue solo «aprovechar materiales»: fue una política de demostración de superioridad y borrado simbólico. Los españoles se apropiaron del saber y del trabajo indígena, y luego negaron su valor.

El arte indígena: de la obra maestra a la «artesanía»

Este punto merece una atención especial, porque revela con particular claridad cómo opera la jerarquía cultural impuesta por la «civilización». Los pueblos originarios de América produjeron arte de un altísimo valor estético: esculturas monumentales como las cabezas colosales olmecas o la Coatlicue mexica; pinturas murales como las de Teotihuacán o Bonampak; cerámicas de una sofisticación técnica y simbólica extraordinaria, como las de Nazca, Moche o Tlatilco; textiles de una complejidad incomparable, como los paracas o los incas; orfebrería en oro y plata de una maestría que asombró a los propios europeos.

Sin embargo, el arte era únicamente civilizado y europeo. Lo que producían los indígenas era clasificado como «artesanía» o «arte popular», categorías que degradaban su valor estético y lo reducían a una manifestación «folclórica», «primitiva» o «decorativa». Esta distinción no es inocente: es una operación ideológica que reproduce la jerarquía colonial en el terreno de la estética. Al negar el estatuto de «arte» a las producciones indígenas, se niega también la complejidad intelectual, espiritual y técnica de sus creadores. Se los confina al lugar del «artesano» —un productor de objetos útiles o decorativos— y se reserva el lugar del «artista» —un sujeto con genio creador— para el europeo.

Esta jerarquía persiste hoy. En los museos, las piezas indígenas suelen exhibirse como «arte precolombino» o «etnografía», no como «arte» a secas. En el mercado, una cerámica indígena contemporánea se vende como «artesanía» mientras una obra europea de similar antigüedad se subasta como «arte». La distinción entre «arte» y «artesanía» no describe una diferencia real de valor estético: describe una diferencia de poder. Y desmontarla es también parte de desmontar la Leyenda Rosa.

El caso paradigmático de las misiones jesuíticas

Las misiones jesuíticas en Argentina y Paraguay son un caso especialmente ilustrativo de este «montaje» cultural. Allí los indígenas pasaron a adoptar el modelo de familia monogámica, la tradicional vivienda familiar europea, la educación formal. Se dotó a la lengua guaraní de escritura, se permitió que las iglesias fueran decoradas con motivos indígenas. Pero nada de esto dejó de constituir un proceso de montaje de una cultura sobre otra.

La vivienda guaraní tradicional, de planta alargada y habitada por familias extensas bajo la autoridad de un cacique, fue modificada internamente para imponer un modelo completamente ajeno: se la compartimentó para alojar a familias nucleares monogámicas, tal como las concebía la Iglesia. El objetivo explícito era erradicar la poligamia y las «uniones libres», instituyendo el matrimonio cristiano indisoluble y la patria potestad europea. Como señala un estudio, la base de la reestructuración social en las reducciones fue «la imposición de la familia monogámica y patriarcal».

La dotación de escritura al guaraní es otro ejemplo de cómo una herramienta aparentemente «civilizatoria» operó como un instrumento de «reducción». El propio lenguaje jesuita es revelador: hablaban de «reducir a escritura» y «reducir a arte» la lengua, en paralelo a la «reducción» socio-política de los indígenas a pueblos de misión. La creación de un «guaraní clásico» no fue un acto de preservación cultural desinteresado. Fue una política lingüística deliberada para crear un vehículo estandarizado de comunicación de la doctrina cristiana. La escritura, por tanto, no «salvó» al guaraní: lo domesticó para el proyecto colonial.

Los guaraníes, sin embargo, no fueron receptores pasivos. La historiografía reciente subraya que muchos grupos vieron en las misiones una estrategia de supervivencia frente a otros grupos indígenas hostiles y, sobre todo, ante la amenaza mucho más brutal de los colonos españoles y los esclavistas portugueses. Aceptaron el «montaje» porque la alternativa era peor. Pero eso no convierte la misión en una «república utópica» ni en un ejemplo de convivencia armónica. Fue una administración colonial en una frontera disputada, con una población mayoritariamente indígena, pero bajo dirección y fines europeos.

La doble moral de la «civilización»

Si algo revela la persistencia del relato civilizatorio es su doble moral. Se juzga la propia historia con un estándar de intenciones («llevar la civilización», «salvar almas») mientras se ignoran o minimizan los métodos y las consecuencias reales para las poblaciones sometidas.

La comparación con los Aliados en la Segunda Guerra Mundial es históricamente pertinente. Intelectuales como Aimé Césaire y Frantz Fanon señalaron la contradicción de potencias coloniales que condenaban los crímenes nazis mientras cometían atrocidades similares en sus imperios. Césaire constató la «coherencia histórica del colonialismo y del nazismo». Fanon, por su parte, calificó abiertamente a los colonizadores como «criminales de guerra». Esto no equipara a los Aliados con el Eje, pero sí demuestra que la narrativa de «los buenos contra los malos» oculta que los «buenos» también cometieron actos de extrema violencia contra civiles.

De la misma manera, presentar a España como una potencia «civilizadora» que «salvó» a los indígenas oculta que su empresa estuvo marcada por la violencia, el despojo y la imposición de un sistema de dominación. El legado de la empresa «civilizatoria» no es la ilustración y el progreso, sino la persistencia de jerarquías raciales que continúan marginando a las mismas poblaciones que fueron colonizadas. La Unión Europea reconoce que el racismo está «profundamente arraigado en las instituciones» y el Parlamento Europeo ha declarado formalmente que «el Holocausto y las injusticias históricas, incluidos el colonialismo y la esclavitud, siguen configurando el racismo estructural en Europa hoy».

¿Por qué persiste la justificación académica en el siglo XXI?

La pregunta es la más incisiva. ¿Cómo es posible que, con toda la evidencia disponible, se siga sosteniendo en pleno siglo XXI que la conquista fue parte de un proceso civilizatorio y no una invasión?

La respuesta no está en la falta de evidencia, sino en el uso político del pasado. Lo que se disputa no es la verdad histórica, sino la legitimación de un orden jerárquico y de una identidad que se niega a asumir su carácter fundacional violento.

La corriente que justifica la conquista se articula en torno a la «Leyenda Rosa», una narrativa que la conceptualiza como una «empresa fundamentalmente civilizatoria y evangelizadora de carácter providencial». Esta visión minimiza el genocidio demográfico y la expropiación, y presenta la conquista como un «encuentro» beneficioso que integró a sociedades percibidas como «carecientes de complejidad» a la modernidad europea.

Esta narrativa no es solo histórica; es un proyecto de identidad. El hispanismo sostiene la idea de una «patria espiritual» y una jerarquía donde los pueblos colonizados deben reconocer a España como «la creadora de su propio ser». Desde esta óptica, se rechazan las contribuciones de los pueblos originarios y se presenta a España con una suerte de «autoridad moral» tutelar sobre las naciones americanas.

El objetivo de estas relecturas no es tanto comprender el pasado, sino «ganar la batalla cultural del presente». El hispanismo revisionista busca influir en la educación y el discurso público para consolidar una determinada identidad nacional que se siente amenazada por las demandas de justicia histórica y los movimientos indígenas actuales. Y no es casual que estos gestos de revisión histórica coincidan con intereses económicos concretos, como la presencia de miles de empresas españolas en América Latina.

Es crucial matizar que la academia no es un bloque monolítico. Existe una sólida tradición crítica que ha desmontado estos mitos. Obras como Seven Myths of the Spanish Conquest de Matthew Restall demuestran, con evidencia documental, la falsedad de relatos como el del «puñado de hombres excepcionales» o la «superioridad tecnológica decisiva». Sin embargo, la persistencia de la Leyenda Rosa en ámbitos académicos y políticos muestra la fuerza de un relato que no busca tanto la verdad histórica como la legitimación de un orden jerárquico.

Conclusión: nombrar la invasión, nombrar el arte, nombrar la violencia

A más de quinientos años, seguir sosteniendo que la conquista fue parte de un proceso civilizatorio y no una invasión no es un simple error académico. Es una toma de posición en la disputa por el presente. La evangelización se montó sobre creencias preexistentes para reemplazarlas y controlarlas; la arquitectura colonial se montó sobre templos y saberes indígenas para borrarlos y aprovecharlos; el mestizaje se impuso por la fuerza sobre los cuerpos de las mujeres indígenas; las misiones jesuíticas erigieron un orden nuevo sobre los cimientos de una sociedad preexistente, vaciándola de su lógica propia. Y el arte indígena —esculturas, pinturas, cerámicas, textiles, orfebrería de altísimo valor estético— fue degradado a «artesanía» para reservar el estatuto de «arte» a la producción europea.

Llamar a eso «civilización» es una coartada ideológica. Y desmontarla no es negar la complejidad de la historia ni adoptar una postura «victimizante». Es reconocer que el relato de la «civilización» fue, en gran medida, la justificación de la dominación. Nombrar la invasión como invasión, el genocidio como genocidio, la violencia sexual como violencia sexual y el arte indígena como arte no es un acto de resentimiento: es un acto de justicia histórica. Y la justicia histórica es el primer paso para desmontar las jerarquías raciales y culturales que aún hoy estructuran nuestras sociedades.

La pregunta no es por qué seguimos discutiendo esto. La pregunta es por qué algunos se empeñan en que dejemos de hacerlo.

Fuente: https://www.resumenlatinoamericano.org/2026/10/21/pensamiento-critico-la-leyenda-rosa-como-el-hispanismo-sigue-blanqueando-un-genocidio-en-pleno-siglo-xxi/

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes. 

Alemania: el jardín y la selva, el chovinismo y la guerra

                                                                                                 
 
Carmen Parejo Rendón
        23 de 0ctubre de 2026

Imagen creada por inteligencia artificial.

El nacionalismo nazi articuló derrota, anticomunismo y búsqueda de enemigos internos con un proyecto imperial dirigido fundamentalmente hacia Europa oriental. El Lebensraum convertía el este europeo en espacio de conquista, explotación y exterminio.

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Uno de los problemas que atraviesa la Europa contemporánea procede de su posición en el mundo y de una serie de crisis superpuestas que agudizan contradicciones históricas. El caso de Alemania merece especial atención porque ha constituido, junto con Francia, uno de los principales centros de poder de la Unión Europea (UE), al tiempo que permanece integrada en un bloque atlántico dirigido por EE.UU. desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

A comienzos del siglo XX, Alemania era ya una gran potencia industrial con intereses imperiales propios. Su incorporación tardía al reparto colonial y la derrota en la Primera Guerra Mundial limitaron temporalmente sus posibilidades de expansión. La crisis de la República de Weimar, el agravio nacional posterior a la guerra y la derrota de la revolución alemana de 1918-1919 formaron parte del terreno histórico sobre el que crecería el nazismo.

El nacionalismo nazi articuló derrota, anticomunismo y búsqueda de enemigos internos con un proyecto imperial dirigido fundamentalmente hacia Europa oriental. El Lebensraum convertía el este europeo en espacio de conquista, explotación y exterminio. La derrota de 1945 acabó con aquella forma de expansión, pero no con las bases industriales del poder alemán. Durante la Guerra Fría, la República Federal fue reconstruida dentro del bloque occidental encabezado por Estados Unidos, mientras la integración europea ofrecía a sus capitales un mercado ampliado y una posición central en el eje franco-alemán.

El final de la Guerra Fría modificó profundamente las condiciones. La reunificación alemana coincidió con la incorporación progresiva de Europa central y oriental a las estructuras económicas occidentales. Polonia, República Checa, Hungría o Eslovaquia quedaron integradas en cadenas productivas organizadas alrededor de la industria alemana, favorecidas por la proximidad geográfica, las infraestructuras existentes y unos costes laborales inferiores.

Las formas históricas eran completamente distintas de las del pasado. Ya no se trataba de ocupación territorial, sino de inversión, mercado común, deslocalización industrial y cadenas transnacionales de valor. Pero Europa central y oriental volvía a ocupar una posición privilegiada para la expansión del capital alemán, ahora dentro de una relación económica profundamente asimétrica en el interior de la propia Unión Europea.

Rusia desempeñaba un papel diferente y complementario. Proporcionaba energía relativamente barata, materias primas y un gran mercado para la industria alemana. Todavía en 2021, después de siete años de sanciones, el comercio bilateral rondaba los 60.000 millones de euros y el petróleo y el gas representaban alrededor del 59 % de las importaciones alemanas procedentes de Rusia. Alemania podía así combinar la integración productiva del este europeo con unas relaciones económicas estrechas con Moscú. Nord Stream era una de las expresiones materiales de ese equilibrio.

Es desde ahí desde donde debe entenderse el interés alemán en Ucrania. Su aproximación a la Unión Europea no fue simplemente una imposición estadounidense seguida dócilmente por Berlín. Alemania tenía intereses propios en la ampliación hacia el este del espacio económico y político europeo.

El Acuerdo de Asociación de 2013 ofrecía la posibilidad de aproximar progresivamente Ucrania al mercado y a las normas comunitarias. Cuando Víktor Yanukóvich suspendió su firma, Alemania participó activamente en la crisis: Angela Merkel había defendido públicamente el acuerdo y el ministro de Exteriores, Guido Westerwelle, acudió al Maidán, se reunió con dirigentes opositores y respaldó la orientación europea de Ucrania.

Reducir esta actuación a un simple ‘seguidismo’ de Washington elimina una parte fundamental del problema. Alemania actuaba dentro de una estructura internacional jerárquica, pero lo hacía también de acuerdo con intereses específicos de sus propios capitales. La incorporación económica y política de Ucrania al espacio europeo prolongaba hacia el este un proceso del que Alemania había obtenido importantes ventajas durante las décadas anteriores.

La contradicción consistía en que ese objetivo debía coexistir con otro interés igualmente importante: conservar las relaciones económicas con Rusia. Tras el golpe de Estado contra Yanukóvich, la incorporación de Crimea a Rusia y el conflicto en el Donbás, Berlín respaldó la orientación occidental de Kiev y las sanciones contra Moscú, pero trató al mismo tiempo de preservar canales políticos y económicos con Rusia. El formato de Normandía, los acuerdos de Minsk y la continuidad de Nord Stream mostraban esa búsqueda de equilibrio.

Danish Defence / Anadolu Agency / Gettyimages.ru

Estados Unidos operaba, sin embargo, en una escala distinta. Su posición dominante dentro del bloque atlántico condiciona los márgenes de actuación alemanes, mientras Washington inscribe el escenario europeo en una competencia mundial más amplia. Sus propios documentos estratégicos distinguen a Rusia como una amenaza inmediata y a China como el competidor capaz de disputar a largo plazo su posición global. Desde esa perspectiva, limitar los vínculos de Moscú con Europa occidental, reforzar la cohesión de la OTAN y preservar la centralidad estadounidense en la seguridad europea forman también parte de una correlación de fuerzas cuyo horizonte principal es China.

Los intereses estadounidenses y alemanes coincidían en limitar las relaciones entre Rusia y Ucrania, pero no eran idénticos. Alemania obtenía ventajas específicas de su relación económica y energética con Moscú, por lo que una ruptura completa resultaba mucho más costosa para Berlín que para Washington.

La escalada de 2022, la suspensión de Nord Stream 2 y la destrucción posterior de parte de sus infraestructuras hicieron inviable aquel equilibrio y reforzaron, además, la dependencia europea de la estructura militar atlántica. Por eso, ni la idea de que Alemania simplemente «se pegó un tiro en el pie» ni la explicación basada exclusivamente en la presión estadounidense resultan suficientes: Berlín actuó también conforme a intereses propios, aunque dentro de un bloque dirigido por Washington.

La metáfora del ‘jardín’ y la ‘selva’ de Josep Borrell permite ampliar todavía más el problema. El espacio europeo se construyó dentro de un sistema internacional desigual, apoyado en una posición privilegiada respecto de territorios proveedores de materias primas, energía, fuerza de trabajo y mercados. La inquietud ante el exterior expresa también el debilitamiento relativo de esa posición, en un escenario marcado por el ascenso de China y por la búsqueda de mayores márgenes de autonomía en Asia, África y América Latina.

Estas contradicciones han atravesado también las recientes campañas electorales alemanas, aunque bajo discursos diferentes. Unos sitúan el problema en Rusia y reclaman más rearme; otros combinan el malestar económico con la inmigración o presentan la recuperación de las relaciones con Moscú como solución. Cambian los culpables y las respuestas, pero el debate rara vez alcanza las bases materiales de la crisis.

La preocupación de la UE ante un Merz «acorralado» por los éxitos de la oposición

Porque el deterioro alemán no puede explicarse únicamente por amenazas exteriores, decisiones estadounidenses o errores coyunturales. Durante décadas, sus grandes capitales se beneficiaron simultáneamente de la expansión productiva hacia Europa oriental, de la energía rusa y de un orden europeo garantizado estratégicamente por Estados Unidos. La crisis actual nace también de las contradicciones de ese modelo.

El chovinismo permite precisamente borrar esa historia. Convierte problemas derivados de determinadas decisiones económicas y geopolíticas en agravios sufridos por una comunidad nacional aparentemente homogénea y desplaza sus causas hacia rusos, estadounidenses o inmigrantes, según el discurso. La militarización completa esa respuesta: la Zeitenwende, el aumento del gasto militar y la reorientación industrial ofrecen una salida desde arriba a una crisis cuyas causas apenas se someten a discusión.

Así, mientras las campañas discuten quién amenaza a Alemania o quién debe pagar por su deterioro, permanece mucho menos cuestionado quién ha orientado durante décadas sus principales decisiones económicas. La crisis no cayó sobre Alemania desde el exterior: es también el resultado de una forma de expansión de sus capitales que terminó entrando en contradicción con las condiciones internacionales que la habían hecho posible.

Fuente: «R»T» 

miércoles, 28 de octubre de 2026

Fragmento del discurso del Ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov


Octubre 28 de 2026


Fragmento del discurso del Ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, durante el encuentro con graduados universitarios que ingresan al Servicio Diplomático (Moscú, 20 de octubre de 2026)




Una de las lecciones que nos dejaron los fundadores de la ONU es que el nazismo que fue derrotado, no debe resurgir.

Parecía una cuestión superada y que todos habían reconocido sus errores… ¡Pero no! El nazismo vuelve a extenderse con rapidez. En gran medida, esto fue posible gracias a la llegada al poder del régimen nazi en Ucrania.

La Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y otros dirigentes afirman ahora que están "obligados a apoyar a Ucrania hasta el final" porque "defiende los valores europeos".

Esto significa que entre los "valores europeos" se incluye la prohibición total del ruso en la enseñanza, los medios de comunicación, la cultura e incluso la vida cotidiana.

Se trata de prohibir por ley una lengua que, además, es uno de los idiomas oficiales de la ONU. Y, sin embargo, prácticamente todos siguen hablándola, incluso quienes pretenden prohibirla.

Esta hipocresía demuestra que estas prohibiciones no buscan erradicar el ruso, algo impensable, sino debilitar al máximo los intereses de Rusia y dividir el mundo ruso.

No hay ningún otro país donde esté prohibida una lengua por completo.

Ayer, durante la rueda de prensa en Teherán, me preguntaron hasta qué punto los factores ideológicos y religiosos influyen en el conflicto ucraniano. Respondí que la prohibición de una lengua no tiene precedentes y que resulta muy revelador que Occidente guarde silencio al respecto. Más aún, califica a los ucranianos de "defensores de los valores europeos".

En Irán, donde ayer participé en la rueda de prensa conjunta con el Ministro de Relaciones Exteriores, Abbas Araghchi, el hebreo no está prohibido. La comunidad judía vive allí con plena normalidad y las sinagogas siguen abiertas. En Israel tampoco están prohibidos el árabe ni el persa. Hay muchos ejemplos más. La connivencia de Occidente con esta política de Kiev y su encubrimiento resultan muy reveladores.

Por no hablar de la prohibición de facto de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana, de la creación de la denominada "Iglesia Ortodoxa de Ucrania" hace unos diez años y los intentos de clausurar por la fuerza los templos de la Iglesia canónica, — las acciones que Occidente alienta.

Tampoco me refiero a las marchas con antorchas, incluidas las celebradas en la actual Kiev, Leópolis y otras ciudades (que seguramente habrán visto), ni a la exhibición de símbolos nazis, ni a la reinhumación de los restos mortales de criminales y verdugos banderistas en el suelo sagrado de la Laura de las Cuevas de Kiev,  donde se proyecta crear un "Panteón de Héroes".

Zelenski se arrodilla ante los restos mortales de esos individuos, mientras Occidente los aclama.

No veo ningún indicio de que Occidente desapruebe esta situación. Al contrario, en Alemania, Italia y Japón están resurgiendo las tendencias militaristas.

Finlandia, nuestro país vecino, al que creíamos amigo, cambió de actitud en cuanto el péndulo empezó a oscilar en sentido contrario y volvió a mostrar la misma faceta que en su día llevó a los finlandeses, como a muchos otros europeos, a aliarse con Hitler y participar en el bloqueo de Leningrado.

Por eso, esta cuestión será una prioridad para nuestra política.

Este año se celebró por primera vez el Día de Conmemoración de las Víctimas del Genocidio del Pueblo Soviético, instituido por la Ley Federal nº 523, de 29 de diciembre de 2025. Rusia trabajará para que esta tragedia obtenga un amplio reconocimiento internacional y tendrá en cuenta este nuevo factor en sus esfuerzos por impedir el resurgimiento de la ideología nazi.

Cada año, los países occidentales votan en contra de la Resolución, iniciada por Rusia, para impedir la glorificación del nazismo.

Este hecho es igualmente revelador.

*Traducción no oficial

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Michael Hudson y Radhika Desai: “Europa está cometiendo un suicidio económico”


Resumen de un programa de streaming entre dos economistas expertos en geopolítica y geoeconomía mundial










Radhika Desai: Soy Radhika Desai, economista geopolítica. Mi invitado de hoy es uno de nuestros colaboradores habituales, el profesor Michael Hudson. Bienvenido, Michael.

Michael Hudson: Es bueno estar de vuelta.

Rusia, Ucrania, el petróleo, el diésel y Trump

Radhika Desai: Michael, hoy hablaremos de la guerra de Ucrania, pero en particular de una curiosa tensión que está creciendo a su alrededor. No cabe duda de que la guerra es impopular a ambos lados del Atlántico. Por eso, el presidente Trump firmó el acuerdo sobre el diésel con el presidente Putin, eximió a Rusia de nuevas sanciones… y amenazó con poner fin a la ayuda de la inteligencia estadounidense si Ucrania continúa atacando la infraestructura petrolera rusa. Incluso afirmó que Ucrania necesita un nuevo presidente, alguien con quien Occidente debería negociar. Ha hecho todo esto porque sabe que es necesario para ganar las elecciones de mitad de mandato.

Mientras tanto, aunque la gente en Europa está harta de la guerra de Ucrania, los líderes europeos parecen empeñados en mantenerla. El primer ministro estonio ha declarado que cuanto antes se destruyan las refinerías rusas, mejor. Kaja Kallas, la jefa de la diplomacia de la UE, ha reiterado sus amenazas sobre los activos rusos congelados y ha pedido a Trump que presione a Rusia. Y el Foro de Seguridad de Varsovia propuso que Polonia y los países nórdicos y bálticos, se conviertan en los principales artífices del futuro orden de seguridad europeo, que se basaría en alcanzar los objetivos maximalistas que Kiev siempre ha defendido.

Como resultado la posición de Ucrania se está volviendo insostenible, con su acceso a Starlink comprometido y la disminución de fondos y tropas. Así pues, Michael, ¿qué crees que están pensando los líderes europeos?

Michael Hudson: Creo que ven que la guerra de la OTAN contra Rusia y la guerra de Trump contra Irán son parte de la misma guerra en dos frentes que libra Estados Unidos para controlar el comercio mundial de petróleo.

¿Qué tienen en común Rusia e Irán? Son los dos principales exportadores de petróleo que quedan y que Estados Unidos no controla, y si no puede controlarlos, la idea estadounidense era: bueno, simplemente los eliminaremos para poder mantener nuestro monopolio. Esta es la estrategia estadounidense a largo plazo de poder controlar el suministro de petróleo.

Y ahora entro en escena Donald Trump. El ha decidido que no puede permitirse una guerra en dos frentes. ¿Qué va a hacer? Está totalmente comprometido con la guerra contra Irán. Y lo que quiere evitar es que la guerra contra Rusia e Irán, traerá una depresión mundial… y el, en lugar de pasar a la historia como Napoleón dejará un mundo en crisis . Así que ha decidido dejar en la estacada a los neoliberales y  a los neoconservadores.

Bueno, parece que eso no le ha funcionado, porque mientras él finge, que Ucrania necesita un nuevo presidente, la realidad es que la CIA y el Ejército no le prestan la menor atención. Él no tiene el control. El Pentágono sigue enviando misiles para que Ucrania los use para atacar la refinación de Rusia. Esa es la tensión actual. Obviamente, se ve cómo el poder oculto en Estados Unidos intenta contraatacar, y esto mientras Trump piensa: «Tengo dos semanas para intentar hacerle creer a la población que voy a volver a la normalidad».

Ese es el dilema que estamos presenciando, y en Estados Unidos veremos  lo mismo que ha ocurrido en Europa una vez que suban los precios del petróleo tras el agotamiento de las reservas estratégicas, y tras el absurdo acuerdo de Trump con Rusia para la compra de petróleo refinado, que la OTAN intenta impedir dinamitando las refinerías rusas y apoderándose de buques petroleros rusos en el Báltico. Esa es la dinámica.

Radhika Desai: Hay mucho de cierto en lo que dices, pero permíteme hacer un par de aclaraciones. Trump quiere controlar el comercio mundial de petróleo, pero, en primer lugar, simplemente no puede, porque gran parte del petróleo mundial está en manos de países que se han enfrentado a Estados Unidos, ya sea Rusia o Irán, e incluso, podría decir, Venezuela, (aunque esto último probablemente nos llevaría a una discusión muy larga y compleja).

Lo que Trump realmente necesita desesperadamente es bajar el precio del petróleo a toda costa. E Irán, al igual que Rusia y otros, y tienen la capacidad de seguir aumentando el precio del petróleo, algo que de todos modos les beneficiará. Estarán encantados de tener precios altos.

Trump no está siguiendo ninguna estrategia más allá de lanzar todo lo que tiene a su alcance para intentar ganar las elecciones. Les dice a los estadounidenses que los precios del petróleo bajarán después del 3 de noviembre. ¿Qué significa eso? Significa que no pregunten por precios más bajos antes de esa fecha.

Por otro lado, me pregunto si realmente está comprometido con la guerra contra Irán. Ahora bien, no me malinterpreten, no dudo que exista lo que llaman el «estado profundo», que yo veo como el Estado estadounidense como un conjunto de fuerzas que no rinden cuentas.

Es probable que diferentes sectores del Estado estadounidense estén actuando en direcciones distintas. Indudablemente existe un poderoso lobby dentro del Estado estadounidense que desea continuar esta guerra en Irán, pero lo más importante para Trump con respecto a la guerra en Irán es mantener las cosas bajo control, al menos hasta las elecciones de mitad de mandato.

Después de eso, todo dependerá de lo que ocurra en las elecciones de mitad de mandato. Para Trump no se trata solo de una cuestión de victoria o derrota, porque si las elecciones le son desfavorables, podría intentar anularlas o revertir el resultado. Así que no sabemos qué pasará entre ahora y el 3 de noviembre, ni inmediatamente después. Creo que lo que realmente busca en la guerra contra Irán es al menos aparentar una victoria, y ni siquiera eso se le va a conceder.

A estas dos observaciones, añadiré una más. Si nos fijamos en los países europeos, Ucrania necesita una cantidad enorme de dinero, como 27.000 millones de dólares. Los europeos no lo tienen. Los europeos no tienen suficiente dinero para sus propias necesidades. ¿De dónde van a sacar ese dinero para Ucrania?

Desde luego los europeos, no van a enviar hombres a la guerra. Y lo único que están haciendo es librar lo que yo llamo una guerra de fachada. Quieren aparentar que están en guerra.

Europa aumenta su dependencia de Estados Unidos

Michael Hudson: Tienes toda la razón. Has centrado acertadamente tu atención en la difícil situación fiscal que atraviesa Europa, lo que explica el gran malestar que Europa siente por la presión que Trump ha ejercido para que realice el intercambio de diésel.

Europa ha salido perdiendo enormemente. Ahora está vendiendo diésel, aunque se trate de una cantidad relativamente pequeña . Sin embargo, es un acto simbólico muy costoso para Europa, porque esta vendiendo sus reservas de petróleo, la está vendiendo a los precios actuales. Y estos precios probablemente representan solo la mitad, quizás un tercio, de lo que costará el diésel dentro de cuatro meses, cuando Europa tenga que recomprar este diésel para sus reservas, especialmente con la llegada del invierno.

Entonces , en unos pocos meses Europa tendrá que pagar dos o tres veces más de lo que ahora vende el diésel, y esto supondrá otra presión fiscal para Europa. No tan grande como el pago militar que mencionaste, para que Zelensky y su pandilla compren más propiedades y aumenten sus cuentas bancarias en el extranjero para su cleptocracia.

Este asunto perjudica gravemente a Europa, y esto es lo que señalan los opositores de Merz, Macron y del Partido Laborista británico. Así que, Europa se ve claramente obligada a capitular ante las exigencias de Trump. De hecho,  una vez que los europeos asimilen las consecuencias de la interrupción del suministro de petróleo del Golfo Pérsico, van a necesitar el petróleo y el gas estadounidense.

Mientras tanto Trump propone a Putin: ¿Por qué no venden las participaciones rusas en Nord Stream a una empresa conjunta de mi yerno y mis socios. Nosotros le compraremos el petróleo y el gas a Rusia y se los venderemos a Europa?

Supongo que Rusia dirá: de acuerdo, siempre y cuando entiendan que vamos a vender el gas y el petróleo al precio mundial. No vamos a vender con descuento para que ustedes puedan venderlo al precio mundial y obtener ganancias. Venderemos al precio mundial, y ustedes pueden colocar el precio  que quieran a los europeos. No nos importa el mercado europeo. Estamos mirando hacia el este. En resumen, Europa se está autodestruyendo política y económicamente.

Radhika Desai: Creo que Europa es un caso aparte, el Reino Unido, con Andy Burnham, empieza a darse cuenta de lo que se avecina. El acaba de asumir el cargo. Tendrá que enfrentarse al electorado,  antes de 2029.

La elecciones en el Reino Unido están un poco más lejos que para los Merz, los Macron y los Meloni. Los tres M, por así decirlo. Estos están en una situación mucho más complicada y se enfrentan a elecciones prácticamente de inmediato.

Ahora bien, lo realmente interesante, y la razón por la que digo que Europa está librando una guerra performativa, es que para ellos esta guerra se ha vuelto funcional al tipo de neoliberalismo que practican. Porque el neoliberalismo no se trata de mercados libres ni de libre comercio. Se trata, esencialmente, de favorecer a las grandes corporaciones. Y bajo el pretexto del rearme, bajo el pretexto de la reindustrialización, lo que estos gobiernos han querido hacer es inyectar más dinero en las grandes corporaciones.

Y claro, mientras la guerra continúe, les resultará fácil reprimir la disidencia interna. Fíjense en las protestas que se están produciendo ahora en Francia. No se trata solo de escuelas, no se trata solo de universidades. Se trata del coste de la vida y de la oposición a la guerra en la que sus gobiernos están gastando dinero.

Pero en realidad, estos gobiernos que dicen que gastan dinero en la guerra, en realidad lo gastan en sus propias clases capitalistas corporativas, privando a la gente trabajadora de los servicios que necesita, de la educación y la atención médica y la vivienda. Así que creo que esta fase final del neoliberalismo será un momento decisivo, el próximo año los tres gobiernos que mencionamos —Alemania, Italia y Francia— se enfrentarán a elecciones. Por lo tanto, 2027 será un verdadero año de ajuste de cuentas.

Michael Hudson: Bueno, creo que tu énfasis en el papel de las corporaciones nos da una pista clave para entender muchas cosas. Hablemos de los principales intereses corporativos. Los intereses militares e industriales son muy importantes.

La semana pasada, vimos a los inversores vender acciones militares europeas porque se dieron cuenta de que Europa no podía permitírselo. Se están dando cuenta que el sueño de la OTAN no va a funcionar, así que cualquier acción que la OTAN emprenda contra Rusia tendrá que basarse en sus reservas actuales, que están muy mermadas.

Las corporaciones estadounidenses son las que están a cargo de esta política, y hay dos grandes poderes corporativos en Estados Unidos. La primera es la industria petrolera, y la segunda es el monopolio de la IA (Inteligencia Artificial).

Quiero explicar brevemente esta dinámica. Para la industria petrolera, los precios del petróleo y el gas van a subir al reflejar la escasez de gas y al  aumentar las tarifas de los buques cisterna del Golfo Pérsico… y  esto aunque no suba el costo de producción de petróleo y del gas en Estados Unidos .

Por eso Trump quiere seguir exportando petróleo y gas a Europa aun este sea ruso. Esto es una bonanza para las compañías petroleras. Imaginen precios mucho más altos su petróleo sin que aumente su costo de producción. Esta es una enorme renta que hace que la industria petrolera esté totalmente a favor de crear una escasez mundial. Pueden imaginar el efecto negativo que esto tendrá en Europa. Pero el problema es que, como resultado de estas exportaciones, los precios del petróleo estadounidense también van a reflejar los precios mundiales.

También existe exigencia de Trump: Europa no debe tomar ninguna medida que perjudique el monopolio estadounidense de la tecnología de la información y la IA.

Trump afirma que los europeos no pueden imponer un impuesto de sociedades a corporaciones como Google, Meta y las demás grandes empresas tecnológicas. Además, Europa no puede, según Trump, desarrollar una alternativa a los lanzamientos espaciales de Elon Musk. Tienen que seguir dependiendo de Estados Unidos para la tecnología espacial y la tecnología de la información, igual que dependen del petróleo.

Así que Europa se está dando cuenta que el resultado de esta guerra contra Rusia e Irán ha aumentado enormemente su dependencia de Estados Unidos. Los aranceles de Trump a Europa y la rendición de von der Leyen a las exigencias de Trump son parte de ello.

¿Es China el enemigo de Europa?

Pero ¿dónde está la industria europea que ha estado sufriendo y que no la hacen competitiva? En realidad las grandes empresarias europeas han elegido otro enemigo.

Este enemigo es China . Y cuando Europa dice: «China está aumentando su superávit comercial con nosotros, los chinos responden: ustedes han estado aumentando sus costos para beneficio de Estados Unidos. . No es culpa nuestra».

Radhika Desai: Bueno, estas hablando de las principales industrias, dominadas por grandes corporaciones en Occidente. Pero, las acciones del complejo militar-industrial europeo han caído porque nadie cree que Europa tenga el capital necesario para afrontar el gasto militar que se esperaba. Esto está ocurriendo, y me pregunto cuándo afectará también a Estados Unidos. Es decir, Estados Unidos dice que quiere gastar 1,5 billones de dólares el próximo año en defensa, lo que debería ser una gran bonanza para las acciones militares estadounidenses.

Pero la realidad es que Estados Unidos no podrá reunir ese dinero. Ya existen tensiones en el mercado de bonos del Tesoro estadounidense. Así que un destino similar le espera al complejo militar-industrial estadounidense.

Por cierto, el sector petrolero estadounidense está ganando muchísimo dinero, porque sus costes no han subido, pero los precios siguen altos . Y Trump lo único que intenta es bajar los precios internacionales del petróleo, o al menos aparentar que lo está haciendo, con la esperanza de engañar al electorado.

Pero analicemos también otro sector. Todo el mundo habla que la burbuja de la IA va a estallar. Habrá un estallido de la burbuja de la IA porque la gente empieza a dudar de las previsiones de beneficios que han publicado las grandes corporaciones que invierten masivamente en la IA.

Lo mismo ocurre con el sector financiero, el de seguros y el inmobiliario. Todos se asientan sobre una burbuja a punto de estallar. Así que, las corporaciones estadounidenses en general también están en apuros.

Básicamente, el capitalismo a ambos lados del Atlántico no está nada bien. Pero en ese contexto, su rivalidad se agudiza cada vez más. Antes de 1914, era muy común hablar de rivalidad interimperialista. Pero,  después de 1945, parecía que la rivalidad imperialista había llegado a su fin.

Occidente, las potencias imperialistas, se habían unido bajo el liderazgo de Estados Unidos. Esto podría ser la misma rivalidad interimperialista que se observó a finales del siglo XIX y principios del X. Podría resurgir ahora, de una forma u otra, en la fase de su declive. Porque el imperialismo está, sin duda, en declive, ¿y cómo negarlo cuando países como Irán, Rusia o China pueden desafiarlo y derrotarlo militarmente? Así pues, está claramente en declive, y en ese proceso estas rivalidades bien podrían resurgir. Un ejemplo de ello será la desintegración de la OTAN y la UE. ¿Qué opina usted?

Michael Hudson: Coincido contigo en que la OTAN parece estar en vías de disolverse, primero porque los países europeos bloquean su principal objetivo: combatir a Rusia; segundo porque no pueden costear el gasto total; y tercero porque EEUU se está separando.

Todo esto está llegando a un punto crítico. En la última semana, Trump ha propuesto varias veces una reunión entre Estados Unidos, Putin y Xi. ¿Qué pretende? Aparentemente, quiere dividir el mundo en esferas de influencia,

La gran tensión ahora mismo no es solo entre Estados Unidos y China, donde China básicamente ha podido neutralizar cualquier agresión diciendo: podemos simplemente reducir nuestras exportaciones de tierras raras y materias primas.

Por otra parta, otra gran disputa es entre China y la UE: la UE ha limitado la capacidad de China para exportar automóviles, especialmente los híbridos eléctricos , reduciendo drásticamente las exportaciones chinas de 800.000 a 350.000. La UE afirma que la exportación producto de una sobreproducción es mala. Esto es absolutamente absurdo.

Ante estos argumentos China responde: “si no quieren nuestras exportaciones, las cortaremos de raíz. Pero, el acuerdo que hicimos sobre el comercio de automóviles es que tenemos el derecho a acudir a los tribunales internacionales porque ustedes han establecido aranceles ilegales. Sin embargo hemos cedido porque sabemos que sus propios automóviles depende de nuestras baterías”.

Ahora si la UE decide no comprar ningún producto Chino. Entonces, en esa coyuntura China podría reducir sus exportaciones a Europa… Y en ese escenario ¿con qué industria va a reemplazar Europa los productos cuándo  la mayoría de las industrias europeas están localizadas en China?

En  la balanza comercial China ha adoptado una postura muy dura, señalando: «Un momento, ¿quieren exportar más a China? De acuerdo, pero, por lo menos, deben vendernos las máquinas holandesas de grabado de chips. ¿Por qué no nos venden lo que queremos? Están obedeciendo a Estados Unidos. No le venden a China nada de lo que necesita , y quieren que les vendamos lo que ustedes quieren”.

Así que Europa no va a ceder. Creo que su odio racial, no solo contra China sino también contra Rusia, está tan arraigado que están en camino de cometer un suicidio económico, ya que van a adoptar una postura inflexible y el comercio se va a reducir, dejando a Europa casi completamente dependiente de Estados Unidos.

Radhika Desai: Michael, los europeos están siendo extremadamente racistas con China y le exigen que acepte restricciones a sus exportaciones. Por cierto, Estados Unidos fue el primero en utilizar restricciones a la exportación de automóviles japoneses, allá por la década de 1980. Y no cabe duda que los estadounidenses también han impuesto restricciones a las importaciones de vehículos eléctricos chinos, y han obligado a los canadienses a hacer lo mismo.

No cabe duda que existe un temor en los países occidentales, en los antiguos países imperialistas, que estaban acostumbrados a dominar en las exportaciones de alta tecnología. Ahora occidente no pueden creer que China lidera un sector de exportación importantísimo. Por lo tanto, están haciendo todo lo posible por proteger sus propias industrias.

En este contexto, China lleva mucho tiempo jugando con paciencia. Su objetivo es calmar a países grandes capaces de causar mucho daño, así que intentan apaciguarlos. Este fue, en esencia, el propósito de la visita de Xi a Washington el mes pasado.

En lo que respecta a las esferas de influencia, no  estoy seguro que las potencias imperialistas sean capaz de controlarlas ahora. Porque, si lo pensamos bien, Francia, durante décadas después de la descolonización, logró, a través del franco, mantener control sobre sus colonias. Pero, eso ha terminado en los últimos años; varias colonias francesas de África Occidental se han alzado en armas. Por lo tanto, la capacidad de Europa para controlar cualquier esfera de influencia es casi inexistente.

En lo que respecta a Estados Unidos, tenemos la Doctrina Donroe. Pero esta doctrina exagera la capacidad de Estados Unidos para controlar lo que sucede en su «patio trasero». Claro, tienen a Milei y a media docena de otros déspotas de derecha en toda Latinoamérica, pero incluso ellos tendrán que moderar sus políticas o sus gobiernos serán muy inestables.

Porque lo que no se puede detener es la marea de descontento popular. Por lo tanto, diría que, en su declive, el imperialismo ni siquiera parece capaz de ejercer control sobre estas supuestas esferas de influencia.

El sector financiero de China

Michael Hudson: Tienes toda la razón, y cuando hablaba de esferas de influencia, me refería a la presión que Donald Trump ejercía para que se celebrara la reunión. Eso es lo que él quiere.

¿Y qué significa una esfera de influencia estadounidense? Significa que debemos conservar lo que ya controlamos. Que debemos mantener el control sobre Europa y evitar que Europa se vuelva hacia Rusia y China como áreas de crecimiento. Que EEUU debe mantener el control sobre Japón y Corea del Sur. Que no se vuelvan hacia China. Esta es la política de Trump . Estados Unidos debe mantener el control sobre sus satélites europeos y  Corea del Sur y Japón.

En términos generales, la superioridad del modelo económico, social y político de China sobre Occidente provoca terror a Estados Unidos y Europa . En todos los ataques de la UE contra China, argumentan que China es injusta porque subsidia su industria. Como si Europa no subsidiara su agricultura e industria. Pero el problema radica en que, si bien el subsidio a la industria fue la estrategia principal del capitalismo industrial desde el siglo XIX hasta el XX, ya no lo es. Nos encontramos en la era Thatcher-Reagan, caracterizada por un estado reducido.

China ha destinado mucho más presupuesto a la investigación y el desarrollo que cualquier otro país. Ahora que el gobierno estadounidense ya no lo hace, se lo ha dejado a las corporaciones. Y las corporaciones, como ya hemos comentado, destinan el 94% de sus beneficios a la recompra de sus propias acciones. Como se ven presionadas a generar riqueza para los accionistas, han decidido no desarrollar la investigación a largo plazo.

China invierte en aumentar su producción. ¿Y cómo se logra eso? Aumentando la productividad y proporcionando investigación y desarrollo.  China es tan superior a las economías occidentales, porque no tiene un sector financiarizado. Es la financiarización, como hemos estado discutiendo durante años, la que ha desindustrializado a Estados Unidos y Europa, y este es el verdadero contexto de esta división geopolítica.

Este es algo que ninguna esfera de influencia remediar. Este es el problema de occidente . Y hasta que no terminen con la financiarizacion de la economía , la economía mixta y socialista de China superará con creces a Europa y Estados Unidos. Occidente se está quedando atrás en lo que será este nuevo orden económico, liderado inicialmente por China, Rusia e Irán.

Radhika Desai: Básicamente, lo que estamos presenciando es el declive de Occidente. Todo el caos que vemos en el mundo es el resultado de la agonía de la bestia del imperialismo estadounidense y occidental, que lucha por sobrevivir. En las próximos meses y años, veremos la desintegración de algunas de las instituciones más importantes del imperialismo occidental, entre las que destacan la OTAN y la UE.

Sospecho que la OTAN, en particular, se desintegrará, no por una gran crisis en la que un país sea atacado y otros no acudan en su ayuda. Se desintegrará porque, uno tras otro, se elegirán gobiernos que se darán cuenta que la OTAN siempre ha sido una organización agresiva y que está costando demasiado y realmente no vale la pena.

Creo que los países probablemente comenzarán a abandonar la OTAN , y este proceso podría comenzar el próximo año, dependiendo de qué tipo de gobiernos se elijan en Berlín, París, Roma.

Michael Hudson: Bueno, ese debería ser el título de nuestro programa de hoy: La decadencia de Occidente y su capitalismo financiero.

Radhika Desai: Si. La gente da por sentado que el sector financiero es igual en todas partes. No comprende que el sector financiero chino es fundamentalmente diferente del occidental, y que es, literalmente, el motor que impulsa la economía china, mientras que nuestros financieros son una carga que lastra nuestras economías y les impide avanzar. Así que, sin duda, creo que este es el declive de Occidente.

En lo que respecta a la Unión Europea, creo que también se desintegrará, las presiones son numerosas. Existe la presión popular que considera intolerable la disciplina fiscal que la UE impone a sus Estados miembros en un momento en que todos estos países necesitan aumentar su gasto.

En segundo lugar, la capacidad de la UE para controlar las acciones de cada Estado miembro está desapareciendo, ya que no puede imponer la misma disciplina a los nuevos miembros. Y, en general, creo que la capacidad de la UE para gestionar las contradicciones entre sus diferentes miembros no perdurará. Por lo tanto, nos enfrentamos a un período muy difícil para todas las instituciones del imperialismo occidental.

Michael Hudson: Esa es, en efecto, la situación general, y Occidente no puede resolverla mediante el gasto militar.

Radhika Desai: En efecto. Así que, Michael, muchas gracias por acompañarnos de nuevo. Gracias a todos por estar aquí, y hasta la próxima..

Vía:observatoriocrisis.com