viernes, 3 de abril de 2026

Jürgen Habermas y la crisis de la civilización

Fuentes: Rebelión

El reciente fallecimiento de Jürgen Habermas a los 96 años ha sido recibido con respeto y reconocimiento en distintos círculos académicos, progresistas y entre quienes hemos sido formados en teoría sociológica contemporánea con sus escritos. Por ello, su obra teórica resulta imprescindible para muchos y muchas, al proponer una filosofía política europea que intentó rescatar el proyecto moderno después de Auschwitz.

Dicha obra logró impulsar la razón comunicativa como alternativa a la racionalidad instrumental (centrada solo en la eficacia y el control), señalando que la razón no reside en un sujeto aislado, sino en el diálogo y el entendimiento mutuo entre personas que buscan un acuerdo libre de coacción mediante la esfera pública. Esto le permitió distinguir entre sistema y mundo de la vida, denunciando cómo el primero ha colonizado al segundo a través de estados autoritarios y lógicas neoliberales.

Sin embargo, desde el Sur global y desde una perspectiva descolonizadora, ecológica y feminista, su legado puede leerse críticamente. La razón comunicativa de Habermas, por más interesante que parezca, permanece atrapada en dos límites estructurales que nunca logró superar: el eurocentrismo, el antropocentrismo y el patriarcado, los cuales nos han conducido a una crisis climática y de la civilización sin precedentes.

En cuanto al eurocentrismo, Habermas siempre defendió la modernidad como “proyecto incompleto” rescatable mediante procedimientos universales. Pero esa universalidad fue construida a través de la colonialidad, la cual presupone sujetos abstractos capaces de dialogar en igualdad, ignorando los procesos de racialización y la desigualdad colonial impuesta desde 1492.

Respecto al antropocentrismo, la razón comunicativa es profundamente humanista y especista: no hay reflexión planetaria sobre los animales no humanos, y mucho menos sobre el Antropoceno y los Derechos de la Naturaleza. Esto reproduce una mirada que no nos ayuda a construir alternativas sostenibles que consideren los límites de la Tierra, los cuales nos sitúan al borde del colapso.

Asimismo, Habermas nunca desarrolló una crítica radical a la civilización misma ni al patriarcado que la sostiene. Su defensa de la modernidad como proyecto inconcluso pasa por alto que la civilización es inherentemente patriarcal: la guerra, el militarismo y la jerarquía de género no son accidentes históricos, sino invenciones sistematizadas para reproducir el control masculino sobre cuerpos, territorios y bienes comunes.

Pero quizás lo más grave fue la negación de Habermas al genocidio en Gaza por parte del Estado de Israel. Con ello, su defensa de la racionalidad comunicativa, el mundo de la vida y los derechos humanos queda en entredicho, evidenciando su incapacidad de empatizar con el sufrimiento de miles de palestinos tras décadas de humillaciones, muertes y colonización llevadas a cabo por el sionismo.

El genocidio en Gaza no es solo una tragedia humanitaria: es la expresión más brutal de lógicas civilizatorias que Habermas nunca desmontó. Es el mismo patrón de poder que clasifica pueblos como prescindibles, que mercantiliza la vida y que convierte la “razón” en instrumento de dominación. Que el mayor defensor europeo de la deliberación democrática haya optado por no condenar —sino justificar— este horror revela los límites éticos y políticos de su marco teórico.

Dicho lo anterior, Habermas nos deja un legado que parece valioso, pero que en verdad resulta insostenible para el mundo actual. Su propuesta de racionalidad comunicativa, si quiere prosperar, debe volverse vital y situada: un diálogo no solo entre humanos, sino con la Tierra y con todos los pueblos oprimidos, dejando atrás una modernidad heredera de las grandes civilizaciones del pasado.

Andrés Kogan Valderrama, Sociólogo, Magíster en Comunicación y Cultura Contemporánea, Diplomado en Masculinidades y Cambio Social

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes. 

La resistencia de Irán y el mito militar de EEUU


MEDIO ORIENTE, EE.UU. :: 24/03/2026

FERNANDO E. RIVERO O.

La guerra no es un asunto estrictamente técnico-militar. La guerra es una confrontación armada que siempre está guiada por la política

Mito 1: La supremacía aérea garantiza la victoria. EEUU ha perdido batallas y guerras donde ha contado con superioridad aérea. Las derrotas experimentadas tanto en Vietnam como Somalia en el siglo XX y en Afganistán en el siglo XXI, son ejemplos irrefutables. El poderío aéreo estadounidense permite avances de su infantería, destruir infraestructuras, neutralizar capacidades ofensivas y aniquilar liderazgos. Pero ni los misiles ni los aviones toman territorios, no extraen recursos naturales y no pueden dirigir países. El poderío aéreo no sustituye las fuerzas en tierra. Irán demuestra que la supremacía aérea no derrota la resistencia de los pueblos.

Mito 2: Las guerras actuales la deciden los drones. En Afganistán, durante la invasión, EEUU utilizó vehículos aéreos no tripulados (VANT) masivamente. Aún así no logró aplastar a la insurgencia que no contaba con medios aéreos y por el contrario, su derrota se evidenció con la retirada desorganizada de las fuerzas militares estadounidenses en 2021. Los VANT realizan labores de reconocimiento, atacan objetivos, neutralizan o facilitan el avance del personal en tierra. Pero al igual que la aviación convencional tienen limitaciones en el teatro operacional: la principal es que no sustituyen al ser humano como actor central de la confrontación. Irán demuestra, con su resistencia ante los modernos y costosos drones de EEUU e Israel, que solamente con los drones no se ocupan territorios, no se controla la población y no se derroca a un gobierno soberano.

Mito 3: Aniquilar a mandos y combatientes enemigos decide la guerra. En las guerras de independencia de Nuestra América los pueblos patriotas ganaron la independencia a pesar de innumerables pérdidas humanas. En la II Guerra Mundial la Unión de República Socialistas Soviéticas derrotó a los Nazis, tomó Berlín y liberó buena parte de Europa, a pesar del aniquilamiento de aproximadamente 25 millones de vidas humanas. Vietnam ganó su independencia, aunque sufrió muchas más pérdidas humanas que Japón, Francia y EEUU en las distintas etapas de la guerra. La victoria de Irán en el siglo XXI ya es una reafirmación de que los pueblos que luchan, más allá de las adversidades, al final triunfan.

Mito 4: La mejor tecnología y equipamiento sofisticado es sinónimo de victoria militar. EEUU posee equipamiento militar de última generación, opera con inteligencia artificial, tiene modernos sistemas de armas, tecnología satelital muy avanzada y cuenta con aliados poderosos, pero no puede tomar el Estrecho de Ormuz. Sus capacidades militares son impotentes para una invasión militar en Irán o imponer un cambio de régimen. Ningún arma, por sofisticada que sea, supera la voluntad inquebrantable del ser humano. Es el combatiente el que planifica y desarrolla la guerra. La moral de lucha determina la victoria, no el equipamiento militar.

Mito 5: La invencibilidad de EEUU en la guerra. La guerra no es un asunto estrictamente técnico-militar. La guerra es una confrontación armada que siempre está guiada por la política. En la guerra, como parte de lo social, el ser humano es lo decisivo y por ende, son los pueblos y no las armas los que definen las victorias. La historia demuestra que no hay imperios invencibles. La generación libertadora de Nuestra América lo confirmó con sus luchas emancipadoras ante imperios poderosos. Irán demuestra que la supuesta superioridad militar estadounidense no es excusa para entregar los principios, claudicar en materia de soberanía y renegar de sus luchas históricas. El valiente pueblo de Irán está ratificando, con su resistencia integral, que se puede vencer al imperialismo.

* Msc. en Filosofía de la Guerra.

colarebo.net


Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/la-resistencia-de-iran-y-el-mito 

«Hay Partido»


                                                                              

Debiera haber un partido obrero y en la forma lo hay pero en la práctica no, por dedicarse la mayoría de la dirección a la actividad institucional olvidando al movimiento obrero y la minoría, dedicarse a criticar a la mayoría política de marcado carácter reformista por lo que deben hacer y no hacer ni decir en las instituciones y mientras, la batalla económica desde la política en los centros de trabajo y sectores de producción, barrios, pueblos, institutos y universidades, que son los lugares donde los comunistas tenemos como vanguardia dar la batalla política ideológica y cultural, abandonados en manos de la socialdemocracia y la burocracia sindical. Camaradas, no se trata de un problema de falta de voluntad que se nos presupone, se trata de generar una línea política de trabajo de masas independiente del resto de clases sociales que nos permita salir del bucle que dura ya cincuenta años, centrada en organizar, movilizar y concienciar a la clase trabajadora, dando la batalla allí donde trabaja, vive o estudia, exactamente como los comunistas hacíamos hasta los años setenta, que anularon las células de intervención entre las masas obreras organizadas en sindicatos y asociaciones vecinales, por unas agrupaciones centradas en lo electoral y las instituciones para hacer política con mayúscula pero sin la clase trabajadora: Nota de Alonso Gallardo

  
           Alberto Cubero y otros militantes del PCE









El PCE es más necesario que nunca para poner en pie una izquierda coherente y consecuente, que aspire a acabar con el sistema capitalista.

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El Partido Comunista de España se encuentra hoy en un momento crucial para su historia. Y quienes escribimos este artículo, creemos que las respuestas que hemos dado en los últimos años no han sido las correctas. Todas las personas que nos identificamos como comunistas vivimos tiempos complejos; con un contexto internacional enormemente inquietante, donde proliferan las agresiones armadas al tiempo que se palpa la desesperanza de la clase trabajadora por un futuro digno.  

Por un lado, nos hemos acostumbrado a sobrevivir entre la crisis de la vivienda, el estancamiento de los salarios, el aumento constante de los precios y el deterioro generalizado de los servicios públicos. Por otro lado, la amenaza creciente de la ultraderecha, que consigue conectar con amplios sectores de la población, no puede obviarse como espejo de las deficiencias de la izquierda política y el gobierno de coalición estatal, cuyas propuestas y declaraciones son una promesa constantemente incumplida.

En este contexto, sin embargo, se han abierto recientemente debates de calado sobre qué debe ser la izquierda en esta encrucijada. Reflexiones críticas sobre lo que estamos haciendo que generan un debate esencial, que no debemos eludir ni reducir a un baile de posibles marcas electorales: cómo poner en práctica nuestras ideas en un mundo cambiante y adverso para los intereses populares.

Mientras el imperialismo yanki campa a sus anchas por el globo, con la complicidad sumisa de la Unión Europea y los países que la integran, y mientras se perpetra el salvaje genocidio palestino, en ocasiones tenemos la sensación de intentar estar en misa y repicando. Si bien España ha supuesto un contrapunto en algunos casos en el plano internacional, en otros muchos hemos comulgado con ruedas de molino. Por poner un ejemplo, en el apoyo total a la continuación de la guerra en Ucrania a cualquier precio humano.

En un momento como el actual cabe, quizá con más intensidad que nunca, hacerse la pregunta de cuál es el papel del PCE en la nueva realidad, pasado el primer cuarto de siglo. De las respuestas colectivas que demos en los próximos meses dependerá la viabilidad de nuestra organización y su capacidad para intervenir en las problemáticas actuales de nuestra clase, más allá de ser un actor menor del juego parlamentario.

En los últimos años hemos hecho política pensando demasiado en los estrechos márgenes del Consejo de Ministros. El gobierno de coalición ha condicionado toda la actividad y la imagen pública del PCE, pasando además de apoyar a este gobierno a cambio de medidas concretas a un papel de subordinación al Partido Socialista. Y es que existen muchas formas de impedir la investidura de gobiernos de derechas. No se trata de purismos abstractos, ni de maximalismos estériles. Sino de anticiparse a la capacidad de Pedro Sánchez de absorber las ideas y propuestas de la izquierda, para acabar o bien desechándolas, o bien capitalizando su realización.

Ir a rebufo del PSOE no permite ni condicionar sus decisiones, ni trasladar de forma clara y coherente a la sociedad que la izquierda no es una mera comparsa del Partido Socialista. Un PSOE que, no lo olvidemos, hemos caracterizado como principal pilar político del régimen actual y que, por ende, no está dispuesto a poner en marcha medidas valientes y transformadoras. Menos aún en  una segunda legislatura que depende en el Congreso de las derechas nacionalistas.

Todos estos elementos han llevado a que algunos camaradas del PCE hayan tirado la toalla. A veces rompiendo el carné,  otras retirándose silenciosamente fuera de la militancia activa. Nuestro mayor activo ha sido, y es, nuestra militancia incombustible, que no ha sido tenido en cuenta por la dirección y ha sido relegada.

Necesitamos, ahora que se acerca el XXII Congreso, recuperar la cultura del debate honesto, con mirada larga y tono sosegado. Necesitamos volver a conectar con muchos jóvenes que quieren dar la batalla desde las ideas comunistas, y a los que se ha excluido en el Partido.

Necesitamos hoy un proceso de discusión a fondo. Superar tendencias sectarias que hemos sufrido y salir de retóricas vacías o autojustificativas. Tenemos que salir del bucle de estos años y apostar decididamente por revitalizar el Partido, para impedir que quede relegado a la condición de una organización con un glorioso pasado, de presente escasamente relevante y futuro jubilado.

Quienes nos reivindicamos como comunistas debemos dar un paso al frente para dar una respuesta colectiva, combativa y esperanzadora a los desafíos actuales. Nos jugamos la pervivencia misma de un proyecto revolucionario que atraviesa horas difíciles en los países de nuestro entorno. Contamos con la experiencia de nuestra militancia, con la convicción de que el PCE es más necesario que nunca para poner en pie una izquierda coherente y consecuente, que no renuncie a ninguna victoria puntual, pero que aspire a acabar con el sistema capitalista. Ante el XXII Congreso del PCE, hay Partido, en todas las acepciones.

Firman:

Alberto Cubero, Álvaro Aguilera, Aitana Sanz, René Gamborino, Cristina Hernández, Roser Maestro, Elisa Martínez, Aroha Nicolás, Carmen Sevilla, miembros del Comité Central.

Javier Parra (SG PCPV), Cristóbal Guerrero (SG Extremadura), Carlos Serrano e Iván Pastrián (Castilla y León), Xavier García (PSUC), Adrián Ubach (SG Canarias), Sara Naila y Miguel Montero (SG Madrid), África Moreno y Francisco Lara (SP Exterior), Carolina Escar y Víctor Benedico (SG Aragón), Lucía Gutiérrez y Jorge Crego (SG PCG), Unai Orbegozo (EPK), Ainhoa Martínez Díaz de Cerio (La Rioja) Carmen Sonia Martínez (Región de Murcia) 

jueves, 2 de abril de 2026

¿Quién controla las guerras de Estados Unidos?

Fuentes: El tábano economista [Imagen: "Los jugadores de Skat", de Otto Dix]


Cualquiera puede ir a Bagdad. Los hombres de verdad van a Teherán (El Tábano Economista)

La frase, atribuida indistintamente a Rambo o a Boogie el aceitoso, según el gusto del lector, resume una tentación que lleva décadas rondando los pasillos del poder en Washington. Pero la cuestión real no es si Estados Unidos debe o no bombardear Irán. La pregunta es quién decide que esa sea siquiera una opción sobre la mesa cuando la mayoría de los ciudadanos se opone, cuando los militares advierten de las consecuencias y cuando la propia estrategia de defensa nacional dice que el verdadero enemigo está a miles de kilómetros, en China.

La respuesta es incómoda, pero está documentada: la política exterior estadounidense es el producto de una estrategia nacional coherente como ya lo expusimos en el artículo Trump no improvisa, pero el resultado es de una lucha feroz entre élites con visiones del mundo radicalmente distintas y, sobre todo, con intereses económicos muy concretos. No se trata de una conspiración con un único cerebro, sino de un ecosistema opaco de intelectuales neoconservadores, contratistas de defensa, lobbies extranjeros y facciones internas de la Casa Blanca que compiten por controlar la narrativa y, de paso, los presupuestos.

Lo que hace que el análisis sea particularmente confuso es que un conjunto paralelo de debates económicos y de negocios se desarrolla casi independientemente de las consideraciones estratégicas. Para entenderlo, hay que observar tres corrientes de pensamiento que hoy se disputan el alma de la política exterior estadounidense. Por un lado, están los asociados al movimiento MAGA, que desean unos Estados Unidos más conservador y una política exterior que sea extensión de las guerras culturales domésticas. El vicepresidente JD Vance lo ha resumido con claridad: Estados Unidos no debería «desperdiciar vidas siendo el policía del mundo». Pero también existe un profundo escepticismo hacia las élites washingtonianas, a las que consideran belicistas empedernidas.

Una segunda perspectiva, la de los autodenominados «realistas», considera que la prioridad absoluta es el Indo-Pacífico. China, no Irán, es el verdadero desafío existencial. Una guerra en Oriente Medio sería un problema sin fin que desviaría recursos cruciales de la contención de Pekín. Abogan por la contención de Irán, no por su destrucción, y creen posible algún tipo de modus vivendi que permita a Estados Unidos salir de la región. Su mentor intelectual es Elbridge Colby, y sus propuestas suenan a música celestial para oídos cansados de guerras interminables.

Finalmente, persiste el enfoque más tradicional de la seguridad nacional estadounidense, los neoconservadores o, ahora, Sion Con, el que percibe amenazas interrelacionadas con China, Rusia, Irán y Corea del Norte. Esta visión del mundo, que los críticos tachan de «neoconservadora», aboga por un alto nivel de preparación militar y cooperación con aliados en tres frentes simultáneos: el Indo-Pacífico, Europa y Oriente Medio. Para ellos, China es ciertamente el principal adversario, como reconocía Marco Rubio cuando aún era senador, pero eso no implica descuidar los demás frentes.

El problema es que este debate estratégico, ya de por sí complejo, se desarrolla en paralelo a otro mucho más mundano: el de los negocios. Y ahí las cosas cambian drásticamente.

El enfrentamiento entre estas élites no es puramente intelectual. La «lógica fragmentada» que produce decisiones erráticas y aparentemente contradictorias se debe en gran medida a los potentísimos intereses económicos que financian a los centros de pensamiento (think tanks), que generan la cobertura intelectual para las guerras, que a su vez benefician a las corporaciones que financiaron los think tanks. Es un ciclo perfecto, autorreforzado y opaco.

El bloque halcón, heredero del pensamiento neoconservador, parte de una premisa simple: Estados Unidos debe mantener su primacía global mediante una posición de fuerza militar indiscutible. Su objetivo no es contener a Irán, sino buscar activamente el cambio de régimen o, al menos, una degradación tal que le impida proyectar poder en la región. Creen que Irán solo entiende por la fuerza, que cualquier negociación es una concesión al mal y que la eliminación de la amenaza iraní es innegociable, especialmente por la supervivencia de Israel.

Este bando está liderado por figuras con larga trayectoria intervencionista: Marco Rubio como secretario de Estado, Mike Pompeo, John Bolton, Mike Waltz, este último embajador ante la ONU y John Ratcliffe al frente de la CIA. En el Congreso cuentan con senadores como Lindsey Graham y Tom Cotton. Y su brazo intelectual son think tanks perfectamente identificados: la Foundation for Defense of Democracies (FDD), el American Enterprise Institute (AEI), el Jewish Institute for National Security of America (JINSA), el Hudson Institute y el Washington Institute for Near East Policy.

Son instituciones respetables, con expertos brillantes y publicaciones influyentes. Pero también son instituciones financiadas de manera muy particular. Y ahí es donde conviene detenerse, porque el corazón del control reside en el dinero.

Según una investigación reciente del Quincy Institute publicada por Responsible Statecraft, los think tanks más belicistas reciben millones directamente de quienes fabrican las municiones que se están usando ahora mismo en Irán. El Hudson Institute ha cobrado más de cuatro millones de dólares desde 2019 de Lockheed Martin, Northrop Grumman, General Atomics y RTX. Northrop fabrica los bombarderos furtivos B-2, valorados en 2.000 millones de dólares cada uno, que están atacando Irán. Lockheed fabrica los aviones de combate y el sistema de radar THAAD, valorado en 300 millones, que Irán destruyó recientemente. General Atomics produce los drones MQ-9 Reaper. RTX fabrica el misil Tomahawk que, según los informes, mató a 168 niñas en una escuela primaria de Minab.

El Atlantic Council, que acepta más financiación de la industria armamentística que ningún otro think tank, publicó el año pasado un informe recomendando que Estados Unidos adquiriera más misiles THAAD y SM-3 para hacer frente a amenazas como Irán. Los fabricantes de esos misiles, RTX y Lockheed Martin, habían donado al Atlantic Council 850.000 y 700.000 dólares, respectivamente, desde 2019. Ambos sistemas se están utilizando intensamente en la campaña actual.

El Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), cuyo presidente, el general retirado Jack Keane, ha pedido abiertamente «borrar a Irán del mapa» en Fox News, aparece financiado por General Dynamics y CACI International Inc, aunque recientemente eliminó los nombres de ambos donantes de su sitio web. Cuando se les preguntó, respondieron que no comparten información sobre sus donantes más allá de lo exigido por ley.

Pero quizás lo más revelador es el fenómeno de los «dark money think tanks». Alrededor del 40% de los principales centros de análisis estadounidenses no revelan la identidad de sus donantes. La Fundación para la Defensa de las Democracias (FDD), fundada originalmente para «mejorar la imagen de Israel en Norteamérica», fue crucial para presionar a Trump a retirarse del acuerdo nuclear con Irán en 2018. Históricamente, FDD recibió millones de Bernard Marcus, Paul Singer y Miriam Adelson, megadonantes pro-Israel que, en el caso de Adelson, llegó a donar 100 millones a la campaña de Trump.

El Instituto Judío para la Seguridad Nacional de Estados Unidos (JINSA) es otro de estos grupos de dinero opaco. Entre sus miembros se cuentan el exasesor de Seguridad Nacional de Benjamin Netanyahu, el excomandante de la Fuerza Aérea israelí y Elliott Abrams, exasesor de Trump para Irán, además de más de una docena de generales y almirantes estadounidenses retirados. Cuando comenzó la operación militar, JINSA publicó una carta abierta firmada por 75 generales retirados apoyando la guerra.

Y luego están los gobiernos extranjeros. El Atlantic Council ha recibido 20,8 millones de dólares desde 2019, principalmente de Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Arabia Saudita. El Washington Institute for Near East Policy, fundado como una escisión del lobby pro-israelí AIPAC, obtiene alrededor del 95% de su financiación de contribuciones privadas, dinero oscuro y donantes pro-seguridad de Israel.

Para quien quiera profundizar, existe una herramienta pionera: el Rastreador de Financiación de Think Tanks del Quincy Institute, que rastrea la financiación recibida de gobiernos extranjeros, el gobierno estadounidense y contratistas del Pentágono para los 50 think tanks más importantes del país durante los últimos cinco años. Los datos son abrumadores.

Frente a esta maquinaria, el bloque realista parece casi amateur. El Quincy Institute, Defense Priorities, el Cato Institute, y en menor medida Brookings y CNAS, abogan por una política exterior más sobria, centrada en China y escéptica de las aventuras militares en Oriente Medio. Pero su financiación es ínfima comparada con la de los halcones. No fabrican misiles, no tienen gobiernos extranjeros que quieran influir en la narrativa, no cuentan con multimillonarios dispuestos a gastar fortunas en promover el cambio de régimen en Teherán.

La consecuencia de todo esto es una política exterior esquizofrénica. La Estrategia de Defensa Nacional publicada en enero afirma que la prioridad es China. Pero la administración se encuentra inmersa en una guerra de desgaste en Oriente Medio. El enviado especial Steve Witkoff, que representa el ala pragmática, ha hecho declaraciones sorprendentemente belicosas en los últimos días. «Tienen uranio enriquecido al 60%, suficiente para once bombas», dijo a los periodistas.

Mientras tanto, en el Congreso, se suceden las votaciones sobre resoluciones de poderes de guerra que intentan, sin éxito, recuperar la autoridad constitucional para declarar la guerra que el legislativo lleva décadas cediendo al ejecutivo. Esta misma semana, el Senado derrotó una medida para detener la acción militar por 47 votos a favor y 53 en contra, en una votación eminentemente partidista. La Cámara se prepara para votar otra similar, pero incluso si prosperara, enfrentaría un veto presidencial casi seguro.

El resultado es un presidente que actúa como comandante en jefe con una libertad que los fundadores de esta nación jamás imaginaron. Y unos think tanks que, financiados por quienes se benefician de las guerras, proporcionan la cobertura intelectual para que eso sea posible.

Cuando comenzó la operación militar, las acciones de RTX, Northrop Grumman y Lockheed Martin se dispararon. La guerra, para ellos, había comenzado excelentemente bien.

Cuando termine esta guerra, si es que termina, y comiencen las retrospectivas, los historiadores se preguntarán cómo una nación que afirmaba tener como prioridad estratégica contener a China terminó enfrascada en una guerra de desgaste en Oriente Medio. La respuesta estará en los archivos: en los memorandos de los think tanks financiados por Lockheed Martin, en los correos electrónicos entre asesores y lobistas, en las actas de las reuniones donde se decidió que la voz del pueblo, mayoritariamente opuesta a la guerra, importaba menos que los intereses de una minoría poderosa y bien organizada.

No es una conspiración. Es un mecanismo económico perfectamente documentado. Y mientras no se aborde el problema estructural del dinero en la configuración de la política de seguridad nacional, ningún presidente —sea Trump, Biden o cualquier otro— podrá escapar de sus garras.

La democracia estadounidense en materia de política exterior ha sido secuestrada. Y los secuestradores, como suele ocurrir, piden rescate en forma de misiles, bombarderos y contratos millonarios. El rescate se paga con vidas ajenas, en países lejanos, y con la seguridad futura de una nación que olvidó cómo decidir la paz.

Fuente: https://eltabanoeconomista.wordpress.com/2026/03/22/quien-controla-las-guerras-de-estados-unidos/ 

Una Europa que prohíbe el comunismo

  
                                              

En cuatro de los países de la UE han prohibido el comunismo. En la Europa, que va dando lecciones de democracia, decir Proletarios del mundo, uníos, se convierte en motivo de prisión.
Cientos de fotografías como esta circulan por las redes en las que integrantes del Batallón Azov que forma parte del ejército ucraniano, exhiben símbolos nazis.

Desde el pasado 1 de enero en la República Checa es delito ser comunista. Es el resultado de una enmienda en el Código Penal que establece una pena de hasta cinco años de prisión.

El método es el de equiparar comunismo y nazismo. De modo que la disposición agrupa los movimientos “nazis, comunistas u otros” y amenaza con penas de uno a cinco años de prisión por fundar, apoyar o “propagar” un movimiento que se considere que suprime derechos o incita al odio, incluyendo explícitamente el “odio de clase”. Odiar a los explotadores ahora, en este país de la UE, es delito.

Los comunistas del antiguo Partido Comunista de Checoslovaquia se encuentran en el KSCM (Partido Comunista de Bohemia y Moravia), un partido que cuenta con decenas de miles de miembros y entró en el Parlamento Europeo tras las elecciones europeas de 2024 como parte de la coalición de izquierda Stacilo!

El caso checo no se limita a condenar crímenes concretos. Quizá una conferencia, un club de lectura, un símbolo, una canción o un argumento histórico se convierten en «propaganda» y puedes terminar en la cárcel

El caso checo no se limita a condenar crímenes concretos cometidos por regímenes concretos, lo que le permite al académico Dmitry Pozhidaev preguntarse qué considera el Código como «promoción o qué se considera «movimiento comunista”. Quizá le baste con una conferencia, un club de lectura, un eslogan, un símbolo, una canción o un argumento histórico se convierten en «propaganda» y puedes terminar en la cárcel.

Chequia no es un caso aislado. También este 1 de enero se aplicó en Polonia, otro país de la Unión Europea, una sentencia del Tribunal Constitucionalque ordena la disolución inmediata del Partido Comunista y su eliminación del registro oficial de formaciones políticas.

En Lituania tenemos la prohibición, desde 2008, de la exhibición pública de símbolos nazis y soviéticos, y en Letonia, desde 2013 existen las restricciones al uso de símbolos de la Unión Soviética y nazis en eventos públicos. En 2022 derribaron en la capital, Riga, el monumento central en honor a la victoria del ejército soviético sobre la Alemania nazi. El propósito es eliminar éste y otros rastros de esa «herencia» aún presentes en esa antigua república soviética, ahora miembro de la OTAN y la Unión Europea.

Es curioso, prohíben el nazismo, pero también a quién lo derrotó y libró a Europa de ese nazismo.

Los cuatro países que he citado son miembros de pleno derecho de la Unión Europea y no parece que sus prohibiciones chirríen mucho con las instituciones comunitarias.

Dos resoluciones del Parlamento Europeo de 2009 y 2019 igualan nazismo y comunismo como amenazas al orden moral de Europa. De nuevo equiparar a verdugos y libertadores de la Europa..

Y no olvidemos Ucrania, donde existe una ley fundamental de «descomunización»,  aprobada en abril de 2015, que condenó los regímenes comunista y nazi y prohibió la propaganda y los símbolos. Poco después, los tres partidos comunistas que había en Ucrania fueron prohibidos. Algo que fue condenado hasta por Amnistía Internacional, poco dados a posiciones procomunistas. Mientras tanto, las banderas e insignias de batallones nazis aparecen constantemente en el ejército ucraniano.

Esta es la Europa que se está creando, donde en cuatro de sus países la simple cabecera de este periódico es delito. La Europa que va dando lecciones de democracia y derechos humanos por el mundo y clasificando a los países de democracias o dictaduras es la misma Europa en la que decir Proletarios del mundo, uníos, se convierte en motivo de prisión. Libertad y democracia siempre y cuando no seas comunista. 

El Lince: Simul stabunt aut simul cadent


Marzo 21/2026

La farsa de los vasallos de EEUU no ha durado ni dos días. La declaración de la UE del otro día, la de la OTAN, la de otros ha durado menos que un caramelo a la puerta de un colegio. Eso de «no es nuestra guerra», que era el común denominador de la respuesta de los vasallos para contentar a los borregos (a nosotros) es ya historia. Es cierto que no todos, hay vasallos y vasallos rezongones. Los primeros son los más lameculos de la historia: Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia, Japón, y Países bajos. Los otros están, por ahora, en el segundo nivel, haciéndose el longuis.



Esos seis países lameculos acaban de firmar una declaración que pone de manifiesto la incompetencia, la sumisión, la infamia y el estado de descomposición que existe en un Occidente putrefacto. «Instamos a Irán a que cese de inmediato las amenazas, el minado, los ataques con drones y misiles, y cualquier otro intento de bloquear el estrecho de Ormuz a la navegación comercial, y a que cumpla con la Resolución 2817 del Consejo de Seguridad de la ONU (…) porque la libertad de navegación es un principio fundamental del derecho internacional, consagrado también en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Las consecuencias de las acciones de Irán se sentirán en todo el mundo, especialmente entre los más vulnerables». ¡Guau! ya veo a los «progres» aplaudiendo semejante estupidez aunque sea con una mueca de resignación porque lo que sigue es lo importante: «Expresamos nuestra disposición a contribuir a los esfuerzos necesarios para  garantizar el paso seguro por el estrecho. Agradecemos el compromiso de las naciones que están llevando a cabo la planificación preparatoria». Y, para ello «nos comprometemos a realizar los esfuerzos apropiados para garantizar el paso seguro por el estrecho de Ormuz».

Ya se sabe que los iraníes son de lo peor, pero ¿ni una palabra sobre la agresión que están sufriendo, que viola todo lo conocido de los principios de la ONU y del derecho internacional, ese al que con tanta alegría e ignorancia ahora apelan estos vasallos lameculos? Es evidente que, en una situación de conflicto, donde Irán, el país que bloquea el estrecho, no muestra señales de ceder y rechaza cualquier oferta de negociación hasta que no cese esta agresión, «los esfuerzos apropiados» deben considerarse de carácter militar.

Un suponer: os habéis despertado de un coma profundo de, por lo menos, 22 días, es decir, entrasteis en coma un día antes de la agresión, y ahora veis estas pomposas declaraciones. ¿Qué pasa? Tu mundo anterior vivía una cierta normalidad y ahora no. ¿La culpa? Irán, por supuesto. Esto es Occidente, esta es la «democracia», estos son los «valores». Esto es la mierda en la que vivimos y nos rebozamos cada día.

Otra vez esta declaración solo tiene dos receptores: el capitán pirata Trump y los borregos, nosotros. Al primero, para apaciguarle. A nosotros, para hacernos ver que lo negro es blanco y que no hay unos agresores y un agredido. Irán ya ha vuelto a responder: «la participación de cualquier país en el intento de romper el bloqueo iraní lo convertiría en cómplice de la agresión y los crímenes atroces cometidos por los agresores». Hasta el más tonto entiende que si intentas detener a quien se defiende, estás ayudando a quien ataca.

Todo esto pone de relieve lo que todo el mundo que no sea occidental ve: la cosa no va nada bien. La declaración de los vasallos lameculos de EEUU supone un añadido a la agresión que está sufriendo Irán y, como es lógico, este país lo interpreta como un acto de guerra.

Pero lo más interesante es lo que hay detrás de todo esto: una reacción desesperada de un Occidente moribundo. Un «simul stabunt aut simul cadent», un juntos estamos o juntos caemos. Esta es la situación por más que se quiera revestir de otra fraseología más aborregante (para nosotros). La situación es así de preocupante ahora mismo para Occidente, para EEUU, para el IV Reich sionista, antes conocido como Israel, para los países del Golfo. Mantener el control del Golfo Pérsico es vital para que EEUU mantenga la superioridad del dólar en el comercio internacional, para que los «mil millones de oro» sigan pensando que son el jardín, para que las monarquías del Golfo sigan tranquilas en sus propias ilusiones.

¿Por qué? Pues porque la digna resistencia iraní ha puesto todo patas arriba, y no solo a nivel económico sino político. Si ya el derecho internacional era inexistente, la entelequia occidental del «orden internacional basado en reglas» es más que nunca una ilusión. Junto a ello, nunca como ahora se ha cuestionado tanto y en tan poco tiempo la famosa globalización. Ormuz ha puesto de relieve cómo puede colapsar o, cuando menos, resentirse mucho la logística de materias primas tal como la conocíamos. Ya os comenté, entre otras cosas, el tema de los seguros de los barcos.

Tras 21 días de agresión y de heroica resistencia iraní, las rutas actuales para el comercio marítimo, al menos, ya no se pueden considerar seguras. Además de Ormuz hay muchos otros estrechos importantes en el mundo (Malaca, Bab el-Mandeb, Suez, Panamá, Gibraltar), pero está quedando claro que basta que uno solo de ellos se bloquee para que se genere una reacción en cadena que lleve al traste todo el entramado. Y para que todo el mundo tiemble. Sobre todo, Occidente.

Irán está actuando muy inteligentemente, permitiendo el paso de buques de países si no amigos al menos no cómplices de los agresores y, sobre todo, imponiendo permisos y cuotas. Si sigue resistiendo, esto sentará un precedente en el que el comercio ya no se asentará sobre intercambios sino mediante acuerdos políticos. Por lo tanto, adiós a la globalización.

La «excursión» de la que habló Trump al inicio de la agresión contra Irán está al borde del acantilado. Y con los vasallos amarrados a él con una cuerda al cuello.

P.D.- Sobre la libertad de expresión y esas cosas. Porque todo va bien, Irán está derrotado y EEUU y el IVRS han ganado. Dice: «Estados Unidos ha decidido que los funerales de los soldados caídos en la guerra con Irán sean completamente secretos, y que las cámaras estén estrictamente prohibidas».

Y, además, Qatar ha detenido a analistas de Al Jazeera bajo cargos de apoyo a Irán. Fatima al-Samadi y Saeed Ziad, analistas políticos del canal de televisión y centro de investigación Al Jazeera, por cargos relacionados con su apoyo a Irán durante la guerra actual por justificar sus respuestas a la agresión. No son los primeros. Hace un mes Muni Hawa, también periodista de Al Jazeera, fue despedida por criticar a al-Julani en Siria, y ahora también también detenida bajo cargos similares a los de sus dos compañeros.

El Lince

Fuente: El Lince

miércoles, 1 de abril de 2026

Irán avanza hacia la guerra total contra Israel


MEDIO ORIENTE :: 21/03/2026

PEPE ESCOBAR

Todos los implicados creyeron que Teherán acabaría cediendo tras el ataque sionista a su preciada seguridad energética. La respuesta iraní fue totalmente opuesta: una escalada radical

Atacar el yacimiento de gas de South Pars en Irán, el más grande del planeta, representa la máxima escalada por parte de Occidente.

Neo-Calígula, con su característico discurso cobarde de Truth Social, ha estado desesperado por culpar al culto a la muerte en Asia Occidental y eximirse de toda responsabilidad: afirma que Israel atacó South Pars «por ira» y que EEUU «no sabía nada de este ataque en particular». Qatar «no estuvo involucrado de ninguna manera». E Irán atacó la planta de GNL de Qatar en represalia «basándose en información errónea».

¿Eso es todo? Entonces, ¿seguimos bailando?

Difícilmente. Más bien, el culto a la muerte utilizó medios de comunicación abiertamente sionistas en los EEUU para presentarlo todo como una operación conjunta, hundiendo al Imperio del Caos y el Saqueo aún más en un atolladero de arrogancia; arrastrándolo a una Guerra Energética Total con consecuencias devastadoras; y poniendo a las petromonarquías del Golfo 100% en contra de Irán (ya estaban haciendo campaña contra Irán, especialmente Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Qatar).

Neo-Calígula puede presumir todo lo que quiera. Sin embargo, es obvio que una operación de tal sensibilidad y magnitud --como medio para «presionar» a Teherán-- requiere una profunda implicación del CENTCOM (Comando Central de los EEUU) y la aprobación presidencial.

Así pues, el escenario privilegiado apunta una vez más a que Washington está perdiendo el control de su propia política exterior, suponiendo que alguna vez haya tenido una.

Todos los implicados, cuya incapacidad para interpretar el tablero de ajedrez ha quedado demostrada una y otra vez, no pudieron evitar creer que Teherán acabaría cediendo tras un ataque a su preciada seguridad energética.

La respuesta iraní, como era de esperar por los que ven a menos por un ojo, fue totalmente opuesta: una escalada radical. La lista de objetivos para el contraataque se publicó de inmediato y se está siguiendo al pie de la letra. Empezando por la refinería de Ras Laffan en Qatar.

¡Ojo con esos trenes de GNL!

Resulta tentador creer que el neo-Calígula está tratando de distanciarse del culto a la muerte descontrolado de 'Total Desperation', posiblemente ofreciendo una vía de escape a Teherán; y al mismo tiempo admitiendo que destruir South Pars sería catastrófico, pero comprometiéndose a «volar South Pars por los aires» (no esperen que un gánster narcisista, megalómano y divagante sea coherente).

Lo que está en juego de forma crucial en la tragedia de South Pars son los trenes de GNL (Gas natural licuado).

Un "tren" consta de componentes diseñados para procesar, purificar y convertir gas natural en GNL. Se denominan "trenes" debido a la disposición secuencial de los equipos (trenes de compresores) que se utilizan en el proceso industrial para procesar y licuar el gas natural.

El proyecto Qatar 2 en la enorme refinería de Ras Laffan fue coordinado por Chiyoda y Technip, una empresa conjunta anglo-japonesa. Lo mismo ocurrió con las unidades 4 y 5, que conforman las mayores plantas de GNL del mundo.

Estos trenes son operados por Qatar Gas, ExxonMobil, Shell y ConocoPhillips. En la práctica, se trata de instalaciones vinculadas a EEUU y Occidente, por lo que constituyen objetivos legítimos para Irán.

En el mundo solo existen 14 trenes, y no es exagerado afirmar que la «civilización» occidental depende de todos ellos. Reemplazar un tren lleva entre 10 y 15 años. Estos 14 trenes están fácilmente al alcance de los misiles balísticos e hipersónicos de Irán. Al menos uno de ellos fue destruido durante el contraataque iraní. Así de grave es la situación.

La primera guerra total de alta tecnología en Asia Occidental

La escalada en South Pars era inevitable después de que las nuevas normas establecidas por Irán en el estrecho de Ormuz volvieran completamente loco al sindicato de Epstein.

Fue la paranoia de las aseguradoras occidentales la que cerró el estrecho, mucho más que el potencial defensivo de la combinación iraní de drones y misiles balísticos. Entonces, la Guardia Revolucionaria anunció que el estrecho estaba abierto a China, a otras naciones que participaran en negociaciones, como Bangladesh y a los países del Golfo que expulsaran a los embajadores estadounidenses.

Y entonces, finalmente, se impuso un nuevo conjunto de reglas. Funciona así.

Si su cargamento se negoció en petroyuanes, es posible que obtenga el paso gratuito. Pero debe pagar el peaje geoestratégico. Solo entonces podrá navegar libremente por aguas territoriales iraníes, cerca de la isla de Qeshm, y no atravesando el centro del estrecho.

El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Araghchi, fue inequívoco: «Tras el fin de la guerra, diseñaremos nuevos mecanismos para el estrecho de Ormuz. No permitiremos que nuestros enemigos utilicen esta vía marítima». Pase lo que pase, el estrecho de Ormuz contará con un puesto de control permanente, bajo dominio iraní.

El profesor Fouad Azadi, a quien tuve el placer de conocer en Irán hace años, ya anunció que los barcos que transiten por el estrecho deberán pagar un peaje del 10 %. Esto podría generar hasta 73 mil millones de dólares anuales, más que suficiente para compensar los daños de la guerra y las sanciones estadounidenses.

Irán ya está inmerso en lo que, a efectos prácticos, se configura como la Primera Guerra Total de Alta Tecnología de Asia Occidental. Estratégicamente, según la definición de los analistas iraníes, esto implica una fascinante abundancia de nueva terminología.

Comencemos con la Gran Constricción, aplicada a través de la estrategia de Desgaste Quirúrgico Hiperfocalizado. El objetivo de la constricción ha cambiado: de las "Fuerzas de Defensa de Israel" a la destrucción del tejido mismo de la sociedad civil israelí.

Luego está el Rompeescudos de Mach 16, cuyas superestrellas tecnológicas son los misiles Khorramshahr-4 y Fattah-2, que alcanzan velocidades terminales de Mach 16, viajando a 5,5 km por segundo.

Traducción: mientras la computadora enemiga calcula un vector de interceptación, la ojiva del misil, un proyectil de una tonelada, ya ha impactado, creando una paradoja de defensa de suma cero: el régimen israelí gasta cientos de millones de dólares intentando una interceptación con una probabilidad de fracaso del 100%, mientras que Irán gasta una fracción para lograr un impacto certificado.

A continuación, la Doctrina de los Cuatro Órganos Vitales.

Los nueve millones de habitantes de Israel sobreviven gracias a tan solo dos puertos principales de aguas profundas. Esto ha llevado a Teherán a adoptar una estrategia de parálisis estructural, centrándose sistemáticamente en cuatro «puntos críticos»: los nodos hiperconcentrados de la infraestructura israelí que, de ser desmantelados, convertirán el sistema de defensa israelí en una jaula oscura, sedienta y hambrienta.

Los cuatro órganos vitales son la asfixia hidrológica (que afecta al 85% del agua potable de Israel en cinco plantas desalinizadoras); el protocolo de apagón (que afecta a la central eléctrica de Orot Rabin, en el corazón de la red eléctrica nacional); un asedio alimentario, que afecta a los puertos de Haifa y Ashdod, esenciales para las importaciones israelíes del 85% del trigo que necesita; y la decapitación energética: centrada en las refinerías de Haifa, la única fuente israelí de petróleo refinado, y un objetivo aún más clave después del ataque a South Pars.

Parálisis estructural. Meticulosamente programada. Inexorable. Ya en marcha.

www.observatoriocrisis.com


Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/iran-avanza-hacia-la-guerra-total-contra