jueves, 4 de junio de 2026

La unión de los tres países del Sahel es un modelo de panafricanismo

                                                                                                                                                                                                                                   mpr21

Como cada 25 de mayo, ayer se celebró el Día de África, que conmemora la firma, en 1963 en Addis Abeba, de la carta fundacional de la Organización para la Unidad Africana por 32 estados independientes.

Este año el continente celebra la efemérides bajo el lema del acceso sostenible al agua y al saneamiento. Las celebraciones se desarrollan en varios frentes: en Addis Abeba, en la sede de la Unión Africana; en Brazzaville, donde el Banco Africano de Desarrollo inauguró su reunión anual con la presencia de jefes de Estado y de Gobierno; y en París, donde la UNESCO organizó su Semana Africana del 19 al 22 de mayo.

Con tal motivo, el antiguo primer ministro maliense Choguel Kokalla Maiga publicó un mensaje en las redes sociales en el que aboga por una profunda reforma de la Unión Africana.

En su mensaje, Maiga lanza una dura crítica a la institución panafricana. “El ideal panafricano se enfrenta a profundas crisis estructurales. El estancamiento en materia de seguridad y el terrorismo están devastando nuestras zonas rurales”. El retroceso democrático, tan a menudo denunciado en círculos cerrados, es simplemente la consecuencia directa del fracaso de instituciones desconectadas de la realidad de los pueblos”.

La Unión Africana, añade Maiga, “sufre una parálisis institucional crónica”. El exjefe de gobierno cree que su país se ha convertido, lamentablemente, en el epicentro de las contradicciones, denunciando el fracaso de los mecanismos tradicionales de solidaridad africana frente a la agresión terrorista que sufre Mali.

Recuerda que la transición de la Organización para la Unidad Africana a la Unión Africana en julio de 2002 tenía precisamente como objetivo corregir las limitaciones estructurales de la organización original, en particular su impotencia ante los conflictos internos y el genocidio, sustituyendo el principio de no injerencia por el de “no indiferencia”, formulado en el Acta Constitutiva de la Unidad Africana, que autoriza la intervención militar en casos de crímenes de guerra, genocidio o golpes de Estado. Un mecanismo que el exprimer ministro considera ahora que se ha utilizado indebidamente.

Maiga presenta la Alianza de Estados del Sahel, que ha reunido a Mali, Burkina Faso y Níger desde su retirada de la CEDEAO, como respuesta concreta al estancamiento: “Esta opción soberanista no es un rechazo a la unidad africana, sino su necesaria refundación. El verdadero panafricanismo comienza con la reconquista de nuestra soberanía en materia de seguridad, política y económica. No podemos unirnos en la debilidad ni en la dependencia externa”.

Su llamamiento final a la institución es directo: “La UA debe dejar de ser un mero instrumento de las potencias extranjeras y convertirse de nuevo en el refugio de la libertad africana”.

La próxima cumbre ordinaria de la Unión Africana se celebrará en julio de 2026, durante el 49 período ordinario de sesiones del Consejo Ejecutivo, previsto para el 24 y 25 de junio, que precederá a la Asamblea de Jefes de Estado. Entre los temas a tratar debería figurar el papel de la Unión Africana ante la transición política en el Sahel.

China impulsa el autoabastecimiento agrícola de Burkina Faso

Aprovechando las celebraciones, China entregó a Burkina Faso un cargamento de maquinaria agrícola, semillas y fertilizantes valorado en más de 160 millones de francos CFA, en una ceremonia celebrada en Uagadugú. La embajada china realizó la entrega en presencia de Prosper Zemba, director general de Producción Vegetal del Ministerio de Agricultura, en representación del ministro. La donación incluyó tractores, cultivadoras, sembradoras, segadoras, desgranadoras y trilladoras, así como maquinaria para la ganadería y un laboratorio de análisis de semillas.

Desde la reanudación de las relaciones diplomáticas en 2018, China se ha consolidado gradualmente como socio estratégico de Burkina Faso en el sector agrícola. El volumen del comercio bilateral aumentó de 318 millones de dólares en 2018 a 740 millones de dólares en 2024, lo que refleja una intensificación significativa de la cooperación. Las inversiones chinas en la agricultura de Burkina Faso se reflejan no solo en el suministro de equipos, sino también en programas de capacitación a gran escala: más de 7.400 agentes y técnicos agrícolas ya han recibido formación en métodos chinos de cultivo.

Este nuevo equipo forma parte de la Fase 3 del proyecto chino de asistencia técnica agrícola. Las autoridades planean cultivar 400 hectáreas adicionales y establecer piscifactorías para diversificar la producción. Desde su inicio ambas partes han cultivado 2.800 hectáreas de arrozales de tierras bajas, construido 15 proyectos de infraestructura de riego y capacitado a miles de campesinos en técnicas agrícolas modernas.

El apoyo chino no se limita al suministro de equipos. Burkina Faso también se beneficia de la transferencia de conocimientos agrícolas a través de programas de capacitación continuos. Estas iniciativas están dirigidas a productores locales, técnicos agrícolas y funcionarios del Ministerio involucrados en la gestión de los recursos hídricos y terrestres. 

La ceremonia de entrega se produce mientras Burkina Faso continúa su camino hacia la autosuficiencia alimentaria, un objetivo que el país afirma haber alcanzado el año pasado. Se espera que el nuevo equipo ayude a consolidar este logro y a aumentar los rendimientos agrícolas, en particular en el cultivo de arroz, donde las técnicas introducidas por China han permitido una producción superior a las 9 toneladas por hectárea de arroz híbrido.


La Seguridad Social en un contexto federal


ESTADO ESPAÑOL :: 26/05/2026

ALBINO PRADA

Tiene mucho interés analizar desde una perspectiva desagregada territorial el sistema público de Seguridad Social en el Estado español

En el actual modelo autonómico del Estado español los gastos de las Comunidades Autónomas (CC.AA.) suponen aproximadamente un tercio del gasto público (el 34%), mientras los otros dos tercios lo integran los gastos centralizados. Dentro de estos gastos tiene una importancia mayor los gastos de la Seguridad Social (38%), por encima de otros gastos centralizados (como intereses de la deuda, inversiones, defensa, seguridad, etc. por un 28%).

Por su importancia absoluta[1] y por su carácter centralizado tiene mucho interés analizar desde una perspectiva desagregada territorial el sistema público de Seguridad Social en el Estado español, que con las cotizaciones de los trabajadores financia los pagos -mes a mes- de sus pensionistas. Porque, además, mientras no pocos gastos hoy centralizados podrían dejar de serlo en una estructura ya no autonómica sino federal (por ejemplo, algunas inversiones, sistema judicial o gastos de seguridad) puede ser menos aconsejable -como aquí veremos- hacer algo semejante con el sistema público de pensiones.

Al menos si no queremos desactivar sus efectos redistributivos actuales y al tiempo, bien al contrario, queremos corregir algunos efectos "regresivos" que se podrían estar produciendo en la actualidad. Ambas situaciones aconsejarían mantenerlo centralizado en una particular estructura federal.

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El balance entre cotizaciones y pagos en pensiones arrojaba un déficit (año 2024) de unos 23 mil millones, lo que supone una cobertura media (cotizaciones/pensiones) del 86 %, lo que (dejando en este análisis al margen otros ingresos y gastos del sistema) obliga a un endeudamiento público y pago de intereses centralizados que se va acumulando. Sobre esa cobertura media detallo en una primera tabla la desagregación territorial de la misma en relación al nivel de riqueza medio de cada CC.AA. Todas ellas fueron ordenadas en la tabla desde la de mayor cobertura a la menor[2].

El conjunto del Estado español aparece con un valor cero pues la referencia son los 86 puntos de cobertura media del sistema. Se observan dos situaciones extremas: Asturias y Baleares. Asturias tiene una cobertura de apenas un 47 % y por eso en la tabla figura con el valor -39 (47-86) respecto a la cobertura media, mientras que Baleares tiene una cobertura envidiable del 125 % y en consecuencia en la tabla su valor es de + 39 (125-86). Justo en las antípodas.

Se comprueba una lógica distributiva subyacente en que esto sea así, porque Baleares como vemos en la otra columna es de las CC.AA. más ricas (PIBpc) de España con 111 puntos sobre 100, mientras que Asturias está por debajo de la media con 91 puntos sobre 100 de riqueza media. Una lógica redistributiva que, con menor intensidad, beneficia también a Galicia, Cantabria, Castilla-León o Extremadura.

Claro que, al mismo tiempo, se comprueba que la "lógica redistributiva" no siempre se cumple en la actualidad. El caso más llamativo es el de Euskadi que con un nivel de riqueza muy elevado (entre Baleares y Madrid) lejos de anotar una cobertura mayor que la media (que debiera serlo al menos en veinte puntos) se beneficia de ver compensada en el sistema actual una cobertura negativa de 16 puntos. Traducido a euros del año 2024 esto implica que en vez de recibir fondos centralizados por 3.700 millones -para poder pagar las pensiones de sus ciudadanos- tendría que haber aportado unos 5.000 millones más sobre sus actuales cotizaciones de 8.500 millones. Y entonces sí se ajustaría su cobertura a su nivel de riqueza[3] (pasando de la actual de -16 puntos a + 10 puntos en línea con lo que anota Cataluña).

Es un caso de desajuste extremo[4] pero no el único. Pues las Comunidades de Aragón y La Rioja (y en menor medida la de Navarra) no tienen diferenciales positivos de cobertura respecto al nivel medio de 86 puntos a pesar de tener un nivel de riqueza por encima de la media. En todos esos casos en vez de recibir fondos centralizados para completar sus cotizaciones tendrían que aportar fondos como lo hacen Baleares, Madrid o Cataluña. Algo que, sorprendentemente[5], si hacen Canarias y Murcia que estando por debajo del nivel medio de riqueza de España anotan una cobertura del sistema de pensiones por encima de la media (en 22 y 18 puntos respectivamente).

Las asimetrías más graves podrían entonces resumirse en que Euskadi, La Rioja, Aragón o Navarra tendrían que anotar coberturas semejantes a las actuales de Canarias o Murcia. Mientras estas dos Comunidades, dado su menor nivel de riqueza, tendrían que anotar su diferencial de mayor cobertura como contribuyentes a un Fondo de Reserva singular ya que se salen del esfuerzo redistributivo que definen las situaciones extremas de Baleares y Asturias.

Aunque las altas coberturas de Madrid y Baleares (30 y 40 puntos respectivamente, en la parte superior de la tabla y lejos de la línea de tendencia actual) también sugieren que -además de su menor grado de envejecimiento tal como veremos a continuación- el sistema actual de cotizaciones que gravita solo sobre la masa salarial debiera modularse en función del valor añadido no salarial reduciendo el peso del vector salarial[6]. De esa forma la coherencia redistributiva del sistema mejoraría al tiempo que lo haría la suficiencia de ingresos del mismo.

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El análisis que precede centrado en el esfuerzo contributivo relativo, en relación a la cobertura territorializada del sistema y al nivel de riqueza, reclama añadir otro centrado en analizar la desigual cobertura, pero en relación al desigual grado de envejecimiento relativo en las CC.AA. según datos del INE.

En este caso, como observamos en la tabla, la correlación es casi perfecta pues todas las CC.AA. que tienen una alta cobertura anotan porcentajes de población por encima de los 65 años por debajo de la media (salvo Andalucía y Castilla-La Mancha), mientras todas las CC.AA. que tienen una cobertura defectiva anotan porcentajes muy por encima de la media. De nuevo, y no por casualidad, Asturias y Baleares vuelven a marcar los extremos en ambas variables.

Como quiera que el envejecimiento de la población no es ajeno a los flujos migratorios dentro de España desde el año 1960 y a sus impactos sobre la natalidad, estaríamos ante la contraparte de la movilidad de la mano de obra, algo asociado (dentro de la formación social capitalista española) al desarrollo desigual del PIB que anotábamos en el enfoque por el lado de las cotizaciones. Una lógica que fundamentaría un enfoque (desde el PIB desigual, la movilidad laboral y el envejecimiento) federal más allá del actual autonómico.

Porque un enfoque confederal en este asunto[7] nos llevaría a reforzar y ampliar aún más las excepciones redistributivas que ya existen en la actualidad o a no asumir las contrapartidas de un desarrollo desigual previo.

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En el breve análisis que precede se comprueba que la gestión centralizada del sistema público de pensiones en el Estado español induce claros efectos territoriales redistributivos en favor de los territorios más envejecidos y -con alguna excepción- de menor nivel de riqueza.

Como quiera que el sistema se ajusta a la lógica de ingresar cotizaciones en función de los sueldos de los trabajadores ocupados en la actualidad, y pagar las pensiones en función de los jubilados actuales (y de sus carreras de cotizaciones), cabe evaluar si -aclarados aquellos efectos territoriales- los ingresos por cotizante y los pagos por pensionista también se asocian a efectos redistributivos a escala territorial. Lo que podría aclararse mediante un análisis de su "ordinalidad" a esa escala.

Para ello he elaborado un nuevo recuadro (siempre con base 100 = media del Estado español) con dos índices (y sus respectivos rankings): uno de las cotizaciones por cotizante (cotixcoti) en cada territorio considerado (A) y otro de la media de pensiones percibidas por pensionista (penxpen) (B).

Desde esta perspectiva los efectos territoriales ajustan en buena medida su ordinalidad (ranking A y ranking B) en la mayoría de los casos. Las excepciones se anotan apenas en cinco de las diecisiete CC.AA.

En primer lugar, destaca el caso de Baleares que siendo la que más índice de cotización/cotizante presenta (134 sobre 100), cae de la primera posición a la décima en el índice pensión/pensionista (94 sobre 100). Algo que se debe a la asimetría entre las (altas) bases de cotización y niveles salariales actuales respecto a las (bajas) carreras salariales de sus ahora jubilados. Es la excepción en este sentido porque el segundo caso (Canarias) -que cae del 7º al 12º puesto del ranking- ya solo pierde cuatro puntos entre ambos índices en lugar de los treinta puntos de Baleares.

Por otro lado, y coloreadas en verde, tenemos aquellas CC.AA que ganan no pocas posiciones en ordinalidad (Castilla-León, La Rioja, Cantabria y Asturias) siendo las dos últimas las que más mejoran entre uno y otro índice[8]. Cambios de ordinalidad que se ajustan en buena medida a los efectos redistributivos que ya comprobamos al contrastar el nivel de envejecimiento de la población con la deficiente cobertura del sistema (pagos cubiertos con cotizaciones en cada territorio). Aunque no sean las CC.AA que anotan un menor nivel de riqueza (medida en PIBpc en el primer recuadro de este análisis). A pesar de ello estas mejoras no afectan de forma preocupante a la ordinalidad del resto, como se comprueba claramente en los casos de Cataluña y Galicia (por citar dos ejemplos).

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[1] Son casi 170.000 millones de gastos en pensiones para el año 2024 según los datos territorializados que ofrece la Seguridad Social: https://www.seg-social.es/wps/portal/wss/internet/InformacionEconomicoFinanciera/InformacionPresupuestariaFinanciera/393/3378, los datos del PIB y PIBpc que aquí manejaremos los tomamos del INE y su CNE para 2024: https://www.ine.es/dyngs/INEbase/operacion.htm?c=Estadistica_C&cid=1254736167628&menu=resultados&idp=1254735576581

[2] Nunca debe perderse de vista que aún las de mayor y mejor cobertura -relativa a la media española- anotan un déficit absoluto entre cotizaciones y pensiones (salvo las cuatro primeras de la tabla que superan el 14 % de déficit medio del sistema con una cifra superior de superávit).

[3] La situación en 2024 (-16 respecto a la media) difiere con la del año 2013 pues por entonces eran -5 puntos respecto a la cobertura media española (que era de 82%). Una tendencia que viene agravándose con los años.

[4] Euskadi supone el 6 % del PIB del Estado español pero en la actualidad explica el 16 % del déficit global del sistema (de aquellos 23.000 millones citados más arriba). Lo que podría sobre todo deberse a su elevado grado de envejecimiento de la población y, en parte, a la lógica de un sistema de cotización basado sólo en los salarios tal como razonaba aquí: https://www.sinpermiso.info/textos/la-plusvalia-y-nuestro-sistema-de-pensiones

[5] Sobre todo, como veremos, por su menor nivel de envejecimiento de la población

[6] Ver aquí: https://www.sinpermiso.info/textos/la-plusvalia-y-nuestro-sistema-de-pensiones; la alta cobertura de Madrid sobra decir que en buena parte depende de cotizaciones que solo se explican por un importante empleo público derivado de un Estado aún muy centralizado y de mercados y recursos suministrados por el resto de España (nada menos que el 30% del empleo público estatal del Estado español).

[7] Que en este caso dudosamente asumiría Euskadi a imagen del que disfruta en el resto de los ingresos públicos, si -además- ello obligase a asumir la deuda y pago de intereses correspondientes al déficit del sistema de Seguridad Social.

[8] En menor escala aflora otra vez la anomalía de Euskadi que asciende a la 1ª posición en pensiones/pensionista mientras que ocupaba la 4ª en cotizaciones/cotizante; sin duda las carreras de cotizaciones históricas de sus ahora jubilados están por encima de las del nivel actual de sus actuales cotizantes.

Sinpermiso


Texto completo en: https://www.lahaine.org/est_espanol.php/la-seguridad-social-en-un-contexto-federal 

La trampa de la visibilidad

                      

La competencia por la visibilidad se convierte en una búsqueda de protagonismo para lo tuyo a expensas de los problemas de otros. Ni es solidario ni de izquierdas.
Persona sin hogar | livenature / CC BY-SA 2.0
Persona sin hogar | livenature / CC BY-SA 2.0

El diputado de Más Madrid, Emilio Delgado, generó una polémica cuando dijo que “durante mucho tiempo ha habido mucha gente que ha estado invisibilizada. Hay que hacer visible a toda esa parte de la población y tiene que tener sus derechos absolutamente reconocidos. Hay que hacerlo de tal manera que hagamos visible lo que ha sido invisible hasta ahora sin invisibilizar lo que siempre ha sido visible, es decir, sin sustituir, sin desplazar a la población que siempre ha gozado de mayor visibilidad. Y en esto no siempre acertamos”.

Es evidente que con “los que siempre han sido visibles” se refería a los sectores mayoritarios de hombres, heterosexuales, blancos… Y daba en el clavo reconociendo que muchos de ellos se han visto ignorados en el discurso de la izquierda y se están yendo a la derecha.

Parafraseando la tesis de Daniel Bernabé que acuñó en su libro “La trampa de la diversidad”, creo que ahora podemos hablar igualmente de “la trampa de la visibilidad”.

Llevamos años escuchando a colectivos sociales reivindicar su visibilidad. Lo hacen convencidos de que, debido a su sexo, su orientación sexual, su enfermedad, su nacionalidad o una determinada problemática no tienen presencia en la sociedad. Es evidente que, por presencia y visibilidad, se están refiriendo en gran parte a los medios de comunicación.

Pero reivindicar visibilidad consiste en competir con el resto de la ciudadanía, es decir, es una batalla de todos contra todos. Es obvio que el espacio y el tiempo mediático es limitado. Si una televisión da visibilidad a los enfermos de ELA tendrá menos espacio para los enfermos de autismo, si da más visibilidad a las víctimas de accidentes de tráfico, se limitará la presencia de las víctimas de errores médicos. Si se da visibilidad a las personas sin hogar, quizás ya no haya sitio para las que llevan meses en listas de espera médica.

Entre los ciudadanos pasa lo mismo, no es verdad que puedan mostrar igual interés por todos los grupos “necesitados” de visibilidad. El ciudadano no se estremece por igual por los niños enfermos de cáncer, las víctimas de errores judiciales y los perros abandonados. Cuando esos grupos están pidiendo visibilidad se hace inevitablemente a costa de los otros.

De esta manera la competencia por la visibilidad se convierte en un acto de buscar protagonismo para lo tuyo a expensas de los problemas de otros. No es que me parezca mal, es comprensible, pero eso no tiene nada de solidario ni de izquierdas.

Por otro lado, y esto me parece todavía más grave, tampoco sé en qué ayuda la visibilidad. ¿Qué se pretende con la visibilidad? ¿Que el Estado dedique más recursos a ese grupo? Entonces habrá que decirlo así: más dinero para los enfermos de ELA. ¿Que se cambien las leyes para proteger a ese colectivo? Pues habrá que decir que se pide más sanciones a los errores médicos o más sanciones a los responsables de muertes en accidentes de tráfico. ¿Más visibilidad para las personas bisexuales o para los gitanos? Habrá que explicar cuál es el problema que tienen y qué políticas se están reivindicando.

Reivindicar simplemente visibilidad es un discurso vacío si no va acompañado de hechos, y presupuestos

Quiero decir que simplemente reivindicar visibilidad es un discurso vacío. Es como esos carteles a la entrada de un pueblo donde se lee que en esa población están en contra de la violencia de género, o en contra del racismo. No creo que ningún pueblo esté a favor de la violencia de género o del racismo. Si solo se pone un cartel con eso es como decir que se está en contra de los terremotos o de las inundaciones. ¿En qué beneficia a una mujer o una minoría racial ese cartel? Les beneficia disponer de unos recursos destinados a esa problemática (educativos, asesoría jurídica, atención psicológica), no poner un cartel con una declaración de intenciones.

Para algunas conciencias de izquierda hablar de visibilidad o declaraciones de estar en contra de algo, les parecerá una señal de posición política muy acertada, pero el ciudadano sabe diferenciar entre lo que se traduce en algo útil y lo que es solo humo. Si algo aprende el ciudadano en nuestras democracias es a desconfiar de las palabras que no van acompañadas de hechos, y presupuestos.

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miércoles, 3 de junio de 2026

La crisis de la realidad


ASIA, EE.UU., MEDIO ORIENTE :: 26/05/2026

ARKTOS JOURNAL / ALEXANDER DUGIN

Entrevista con el filósofo, analista y estratega político ruso Aleksandr Duguin :: Junto con China, estamos trazando ahora esta línea roja y audaz: el mundo será multipolar, o no existirá en absoluto

¿Cuáles son sus expectativas para esta semana en cuanto a las relaciones ruso-chinas, en el contexto del triángulo Rusia-China-EEUU, y a escala global en general?

Vivimos en una época (hemos estado hablando de esto constantemente, y en los últimos años con creciente responsabilidad y perspicacia) en la que la importancia de este momento histórico es la transición de un mundo unipolar a uno multipolar. Esta transición es difícil y dramática. Estamos constantemente al borde de una guerra nuclear, ya que Occidente se niega a renunciar a su hegemonía global que había estado consolidando desde 1991. En aquel entonces, tras el colapso de Rusia como estado soberano, reconocimos al mundo occidental como nuestra metrópoli, aceptando efectivamente el estatus de colonia. Queríamos ser vasallos leales, pero nos trataban como esclavos.

Occidente se ha acostumbrado a la sensación de control total, donde solo ellos establecen las reglas para todo: desde la economía y la tecnología hasta la ética y la cultura. Han dictaminado sin ser cuestionados durante casi 40 años, pero ahora hay cada vez más pruebas de que no pueden hacer frente a este estatus. En intentos desesperados por preservar su moribunda unipolaridad, Occidente recurre a medidas extremas: librar guerras, sembrar el caos y fomentar el genocidio. Nos acercamos al argumento final: un nuevo tipo de guerra con bajas masivas o incluso un conflicto nuclear.

Sin embargo, a pesar de ello, los otros dos polos --Rusia y China-- afirman persistentemente y de forma constante su presencia, limitando la esfera de influencia de Occidente.

El triángulo actual es la propia arquitectura del mundo multipolar ya existente. Por lo tanto, las reuniones de Trump con Xi Jinping, las reuniones de Putin con Xi Jinping y las recientes conversaciones en Anchorage no son simplemente diplomacia, sino una determinación de cómo será el futuro de la humanidad.

Trump se retuerce y da vueltas, ataca y se retira: finge estar dispuesto a negociar con el mundo multipolar, luego le declara la guerra--como en el caso de los BRICS o la presión sobre Irán. Busca nuestros puntos débiles, aprovecha cada oportunidad y está intentando abrir una brecha entre Moscú y Pekín. Este es el foco tanto de los esfuerzos diplomáticos como de la desinformación --todo el arsenal de la guerra en red-- para evitar la consolidación de un mundo multipolar.

Y, sin embargo, China y Rusia avanzan hacia este objetivo con gran precisión y coherencia. Es difícil, a veces implica retiradas tácticas, pero estratégicamente es el camino correcto. No queremos la destrucción de la humanidad, pero categóricamente no reconocemos la hegemonía occidental. Esta es nuestra verdadera línea roja.

Cuando la gente habla de una multitud de líneas rojas menores, no quiero discutir ahora mismo por qué no respondemos a ellas. Pero la cuestión de "un mundo unipolar o multipolar" es donde va la línea roja más importante, fundamental y audaz. Es una maldita historia. Si Occidente decide imponer su hegemonía por cualquier medio, recurriremos a medidas extremas: el uso no solo táctico, sino también de armas nucleares estratégicas, incluso si eso supone llevar al mundo al borde de la aniquilación.

Como ha dicho acertadamente nuestro presidente: o un mundo multipolar en el que Rusia es soberana, o ningún mundo en absoluto. Esta es la única línea realmente importante, y no hay alternativa a construir un mundo multipolar. Lo construiremos a cualquier precio, con los sacrificios que requieran. Y aquí, afortunadamente, no estamos solos --por nuestra cuenta, probablemente no podríamos soportar este enfrentamiento ahora mismo.

China se está moviendo hacia el mismo paradigma internacional. Hubo un clip gracioso creado por inteligencia artificial: Trump está hablando con Xi Jinping. Xi se sienta con un rostro completamente impasible, y haga lo que haga Trump --presionar, coquetear, proponer algo, entretener, bromear, prometer o chantajear-- Xi Jinping permanece sin cambios. Su mirada transmitía solo una cosa: China es un polo soberano en un mundo multipolar, y todo lo demás son solo detalles.

Esta voluntad confuciana inflexible y silenciosa del mayor gobernante, Xi Jinping, chocó durante esta visita con los intentos de Trump de actuar con cautela, incluso algo tímidamente. Por esto, Trump fue reprendido por partidarios del globalismo y la hegemonía radical: "¿Qué, te acobardaste? ¿Te rendiste a Xi Jinping? ¿Te enfrentaste a la grandeza de un verdadero imperio y te echaste atrás?" Pero Trump no tiene nada que decir: vino y vio al que está en la 'pole position'. Puedes darte cabezazos contra la pared todo lo que quieras, pero China es el puntero en esta carrera.

Si Trump hubiera venido a Rusia, habría tenido la misma sensación. Sí, somos educados y tranquilos, estamos dispuestos para un diálogo racional, pero nosotros también somos una 'pole position'. Y por mucho que se insista en lo mismo, no por eso somos menos importantes y, por lo tanto, seguimos siendo plenamente soberanos. Llevaremos a cabo nuestras propias políticas en defensa de nuestros intereses, basadas en nuestros valores, sin importar lo que digan los demás ni lo que nos cueste.

Al fin y al cabo, cuando Trump llega a China, basta con sobrevolar el país, la tierra, mirar esta sociedad, y todo se vuelve claro. Queda claro que todo este juego histérico de subir y bajar la apuesta en las redes sociales, al que Trump se ha acostumbrado para gestionar la política mundial, aquí no funciona en absoluto. La mirada férrea y serena de Xi Jinping permanece inalterada ante cambios de tono, propuestas, amenazas, chantajes o promesas.

Y somos exactamente el mismo tipo de participantes de esta línea de largada. Hay un acuerdo total entre nosotros y China en que estamos construyendo un mundo multipolar, cada uno en su propio ámbito. Las áreas donde nuestros intereses se superponen --donde pueden surgir conflictos-- son extremadamente menores y secundarias frente a nuestra determinación de principios. Pekín y Moscú son definitivamente entidades soberanas: ni vasallos, ni esclavos, ni provincias, sino imperios independientes. Occidente se autodenomina cada vez más un imperio; bueno, que así sea: nosotros somos un imperio, y El Imperio del Medio es un imperio.

Si la India se pone al día y alcanzan el nivel --y tienen los requisitos previos, aunque por ahora se comporten de forma más modesta y dependen de Occidente-- habrá cuatro polos. Entonces la conversación entre los líderes occidentales dejará de ser con dos grandes potencias, sino con tres, si Modi se comporta como Putin o Xi Jinping. Ahí es hacia dónde va todo.

Por eso la visita de Trump a Pekín y la reunión entre Putin y Xi Jinping: todo esto forma parte del contexto de la multipolaridad. Estos tres polos ya existen aquí y ahora: están siendo atacados, chantajeados y presionados. Pero cada día, mientras nos mantengamos firmes, mientras sigamos siendo soberanos y mientras China prospere, el mundo es, en esencia, multipolar. No estamos preparados ni dispuestos para ir en la dirección contraria, y no lo haremos bajo ninguna circunstancia. Junto con China, estamos trazando ahora esta línea roja y audaz: el mundo será multipolar, o no existirá en absoluto. Es precisamente dentro de este marco austero, bajo constante ataque de Occidente y sus aliados, donde vivimos. Un mundo multipolar es la única arquitectura de la política internacional que estamos dispuestos a aceptar y reconocer.

Permítanme ofrecer un contraargumento: EEUU se aferra al modelo del viejo mundo con extrema ferocidad. Sus acciones en Oriente Medio, que, según todos los informes, continuarán, demuestran la lógica: "Será a nuestra manera, o todo se irá al carajo." Están listos para bombardear, lanzar ataques y enviar todas las flotas disponibles. No quiero exagerar, pero tampoco debemos subestimar la amenaza. Irán fue en su día una potencia global y podría volver a serlo en el futuro. Mencionaste India, pero ¿hay alguna garantía de que, si da un paso serio hacia adelante, los portaaviones, misiles y drones estadounidenses no aparecerán frente a su costa? ¿Y si EEUU ofrece un apoyo masivo--por ejemplo, a Pakistán--para enfrentarlos entre sí? A juzgar por los informes de una amplia variedad de medios, incluidos occidentales, los ataques contra Irán continuarán.

En cuanto a la India, tienes toda la razón. Por supuesto, esto es lo que frena a India en su avance hacia la multipolaridad, porque hay un precio que pagar por ello, y uno muy alto. Estamos pagando con guerra; China está pagando con una guerra comercial con Occidente. China sigue en una posición favorable: compite con Occidente pero sigue consistentemente las reglas, en su propio interés, por supuesto. Nosotros, en cambio, hemos hecho una declaración muy contundente de nuestra soberanía civilizacional y hemos entrado en un conflicto más agudo. Estamos pagando por esto. E India tendrá que pagar el precio, e Irán tiene que pagar el precio ahora mismo.

Así que, de hecho, tienes toda la razón: no podemos quedarnos de brazos cruzados y, una vez calmados, decir: "Eso es, construiremos un mundo multipolar y seguiremos adelante." ¡No! Occidente insiste en que no debe haber un mundo multipolar. Y aquí está el bastión del mundo multipolar en Asia Central: Irán, una potencia soberana e independiente que, en el transcurso de la confrontación con Israel y EEUU, está demostrando su estatus como superpotencia y como otro polo. Realmente lo está demostrando

Funciona así: si eres un polo, debes mantenerte firme. No debes aceptar las condiciones del hegemón; debes luchar; debes demostrar tu derecho a tu propia soberanía, incluso hasta el punto de un enfrentamiento directo con la potencia más temible y formidable. Y en Oriente Medio, esto significa tanto EEUU como Israel, esencialmente dos polos entre los cinco polos de Occidente (también están los globalistas, los europeos y los británicos; actualmente, Occidente tiene cinco centros de toma de decisiones, cada uno bastante autónomo de los demás). Así pues, Israel y EEUU se han vuelto contra Irán. La Unión Europea y los globalistas lo han hecho en menor medida, mientras que EEUU e Israel se han abalanzado directamente sobre Irán. Y este es un punto muy serio. Si Irán resiste, creo que Occidente tendrá que ceder de forma significativa, y el destino de Israel se verá completamente comprometido.

Pero si aplastan a Irán, entonces nosotros seremos los siguientes. De hecho, entonces a estas cinco potencias occidentales solo les quedarán dos enemigos: Rusia y China. Y está absolutamente claro que empezarán por nosotros, no por China, y hay muchas razones para ello.

Para nosotros, lo que está ocurriendo ahora en Oriente Medio --este frágil alto el fuego a punto de terminar-- es un indicador crucial. Las negociaciones no llevan a ninguna parte. Occidente ya no tiene la opción de «eliminar a la cúpula iraní»; ya ha eliminado a todos los que pudo, pero el sistema ha demostrado ser mucho más resistente de lo que creían. Irán se mantiene firme en su postura, se niega a ceder ante las presiones estadounidenses y presenta contrapropuestas incluso para iniciar un diálogo. En cualquier momento, podría estallar una nueva ola de confrontación, que podría derivar en una operación terrestre.

Esta es la prueba de fuego de nuestra transición a la multipolaridad. El mundo unipolar contraataca: Trump ataca a los BRICS e intenta borrar a Irán de la faz de la tierra, mientras que la Unión Europea, por el contrario, apoya al régimen rusófobo de Zelensky. A pesar de que la prensa mundial está repleta de informes sobre la corrupción rampante en Ucrania, el apoyo militar a Kiev no deja de aumentar, y estamos sufriendo las consecuencias de primera mano.

En aras de un mundo multipolar, tanto nosotros como China debemos ayudar a Irán en la medida de lo posible. Estamos tomando medidas en este sentido: nos pronunciamos sobre algunos temas, mientras que sobre otros guardamos silencio. Al menos, Irán no se ha quejado de nosotros, lo que significa que está satisfecho con nuestro apoyo. Por cierto, según la información disponible, Trump intentó en Pekín convencer a Xi Jinping de que redujera la ayuda económica a Teherán, pero no recibió ni promesas ni propuestas.

Para Trump, Irán se está convirtiendo en un nuevo Vietnam. Esto es muy grave: si la hegemonía se debilita en Oriente Medio o se ve arrastrada a este conflicto sin posibilidad de victoria, el sistema occidental comenzará a desmoronarse. Si los iraníes cortan algunos cables clave, la economía global colapsará instantáneamente. Occidente se da cuenta del coste de esta política desesperada y ahora está vacilando. Irán está afrontando esta prueba de multipolaridad de forma magnífica. Si se mantiene firme, viajaremos a Teherán como si fuera a la capital de una superpotencia igual a la nuestra, pues quien derrota al oponente más fuerte se convierte en su igual.

arktosjournal.com


Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/la-crisis-de-la-realidad 

Del guion a la obra

                                               
                                                                                                                 


Venezuela

Si Estados Unidos quería volver a comprar petróleo venezolano, no necesitaba secuestrar a nadie. Bastaba con levantar sanciones, ampliar licencias y reabrir pagos. Trump buscaba quebrar la unidad.
Nicolás Maduro y Delcy Rodríguez en Caracas, diciembre 2025 | facebook.com/vicevenezuela
Nicolás Maduro y Delcy Rodríguez en Caracas, diciembre 2025 | facebook.com/vicevenezuela

En noviembre de 2025, Washington publicó una nueva Estrategia de Seguridad Nacional. En el hemisferio occidental fijó cuatro objetivos: restaurar la preeminencia estadounidense, impedir el control extrarregional de activos estratégicos, asegurar cadenas críticas y orientar la región hacia empresas y recursos bajo control propio. El documento no detallaba todavía la ejecución. Pero el guion estaba escrito.

Venezuela concentraba petróleo, un destino industrial en las refinerías del Golfo y vínculos exteriores no subordinados a Washington. No solo por albergar la mayor reserva probada de crudo del planeta, sino porque su petróleo pesado encaja en una arquitectura de refino que Washington conoce desde hace décadas. Las refinerías del Golfo fueron diseñadas para procesarlo. La relación comercial existía. No fue Caracas quien la rompió. Fue Washington quien la bloqueó mediante sanciones a PDVSA, restricciones financieras y licencias administradas desde OFAC.

Si Estados Unidos quería volver a comprar petróleo venezolano, no necesitaba secuestrar a nadie. Bastaba con levantar sanciones, ampliar licencias y reabrir pagos. Tenía ya los instrumentos administrativos: sanciones, licencias y control financiero. Ya los usaba para cerrar o abrir actividad económica. El comercio podía normalizarse por vía administrativa, sin fuerza y sin secuestro. En enero de 2026 no se limitó a levantar sanciones. Secuestró a Nicolás Maduro y a Cilia Flores y los colocó bajo jurisdicción federal estadounidense. El dato ya no es el secuestro, conocido por todos. Lo decisivo es lo que produce después. Maduro y Flores dejan de ser solo secuestrados. Se convierten en rehenes de Estado.

Un secuestro puede parecer un episodio. Un rehén organiza el tiempo posterior. A partir de ahí, cualquier negociación sobre petróleo, licencias, pagos, inversión o apertura económica se desarrolla con dos rehenes sobre la mesa y la amenaza de la cadena perpetua al fondo. No se buscaba solo acceso al petróleo. Se buscaba el marco político en que ese acceso, la inversión y la soberanía misma iban a negociarse.

No hay traición donde hay rehenes. Llamar venta o tibieza a la cautela del gobierno venezolano exige fingir que la negociación es libre. No lo es. Se negocia con la jefatura del Estado secuestrada por la misma potencia que acababa de dejar por escrito que quería volver a mandar en el hemisferio y apartar a Rusia y China del acceso al petróleo, los puertos y los recursos estratégicos.

En 2025 Washington fijó el guion. En el primer trimestre de 2026 empezó a ejecutarlo. Venezuela no fue una excepción caribeña ni un episodio judicial aislado. Fue una de las escenas centrales de la retaguardia hemisférica. El secuestro no buscaba solo reordenar petróleo, sanciones y negociación. Buscaba sembrar la duda sobre la lealtad del liderazgo político para quebrar la unidad. No solo el petróleo. La unidad. 

CLASE OBRERA Y PARTIDO POLÍTICO. EXPERIENCIAS HISTÓRICAS A ESCALA INTERNACIONAL

Junio del 2026

Recientemente; Antoni Puig recuperó este artículo publicado hace tiempo en NODO50.OR con Ferrán Fullá, en su etapa de militancia en el PSUC después del congreso de unificación entre el PCE y la OCE (Bandera Roja) en el 1989, de la cual Ferrán Fulla era Secretario General habiendo fallecido en el año 2023, por su actualidad en relación con la situación en Venezuela. Artículo que desconocía y como creo como Antoni Puig, lo publico porque centra el análisis desde una concepción y una metodología marxista muy actual incluso para el movimiento comunista español. Una visión ajena a la generalizada mecanicista y metafísica dominante en el occidente político y en Europa en particular. Nota de Alonso Gallardo 


Ferrán Fullá


PUIG, ANTON          FULLÀ, FERRAN 


EL MOVIMIENTO MARXISTA INTERNACIONAL Y LA CONCEPCCIÓN DEL PARTIDO DIRIGENTE

1. Cada situación exige formas distintas de actuación política. No obstante, mientras existan clases y lucha entre ellas cada clase precisa un instrumento político e ideológico propio para defender sus intereses. 
2. El desarrollo desigual de la revolución ha dado lugar a que cierto número de partidos obreros realicen contribuciones decisivas a la teoría marxista y que en algunos momentos tengan un papel determinante a escala internacional.
3. Tal fue el caso del Partido Bolchevique a partir del triunfo de la Revolución: Por una parte, desde 1919 hasta principios de los años 20, una tambaleante Rusia Soviética estuvo sometida al ataque convergente de varios ejércitos imperialistas. Por la otra, durante este tiempo, pareció darse la posibilidad de revoluciones victoriosas en varios países, con lo cual la lucha directa por el poder en estos países era la mejor forma de solidaridad con la naciente república soviética. De ahí que apareciesen como un mismo proceso la defensa del primer Estado socialista y la lucha por la toma de poder en otros lugares. Esa identidad momentánea fue determinante para el surgimiento de la III Internacional como organización centralizada, en la que el puesto dirigente recayó en el Partido Bolchevique. 
4. Sin embargo, la situación pronto cambió: la oleada revolucionaria queda reducida a Rusia después de la derrota de la República Húngara de los Consejos y de otros movimientos posteriores en Europa central; y a lo largo de los años 20 y 30, la rivalidad entre las potencias imperialistas irá relegando progresivamente a un segundo plano el conflicto inicial entre ellas y la URSS. 
5. A pesar del cambio, se sigue manteniendo la III Internacional como sistema centralizado de relaciones entre partidos. Y semejante sistema se asentó en dos concepciones que no respondían a la realidad: a) la creencia en que la contradicción entre el imperialismo y el socialismo, materializado en la URSS, estaba constantemente en primer plano (teoría de los dos campos) y b) la identidad de intereses entre la URSS y el resto del movimiento proletario mundial. 
6. Esta falta de adecuación a la realidad de la III Internacional explica por qué, a pesar de su contribución decisiva a la extensión del marxismo, tuvo que disolverse en 1943. No obstante, a finales de los años 40, se persistió en la misma idea de un centro dirigente mundial —el PCUS— y de una organización centralizada —la Kominform— aunque reducida, esta vez, a Europa. Además, un sistema de organización como éste favoreció que se cayera en una práctica tan extendida como fue elevar a rango de teoría general cualquier concepción elaborada por el PCUS. 
7. Siendo indudable que el PCUS hizo aportaciones al marxismo, hay que tener presente que una parte de estas no tenía naturaleza de ley general, aplicable a cualquier país y momento. Además, dio respuesta equivocada a varios problemas de índole general, y tanto estos errores como varias directrices válidas solamente bajo ciertas condiciones se convirtieron en norma para todo el movimiento comunista. 
8. La persistencia de estos errores causó daños al movimiento comunista: daños directos, por los disparates que cometieron muchos partidos; daños indirectos, por el blanco que se sirvió en bandeja a los anticomunistas, permitiéndoles caricaturizar el marxismo como dogma que prescinde de la realidad y a los comunistas como agentes de la URSS. 
9. Es imprescindible sacar partido de esta lección. El movimiento marxista es internacional: los trabajadores, los países oprimidos y los países ya liberados comparten una serie de intereses, y por ello la victoria en cada país puede ser deudora en alguna medida del apoyo y la solidaridad exterior; y nuestro arsenal teórico es fruto también de experiencias y reflexiones lejanas en el tiempo y el espacio. Pero, al mismo tiempo, los marxistas actuamos por la plena independencia de nuestro propio país y por la emancipación de su pueblo. Y ésta es la mayor contribución que podemos hacer al movimiento internacional. 
10. Por ser internacionalistas y por actuar en nuestro propio país, debemos estudiar la experiencia teórica y práctica de los demás partidos marxistas; debemos someter sus ideas una y otra vez a prueba en nuestras condiciones concretas; y debemos evitar que sus éxitos (y fracasos) grandes o pequeños nos lleven a adoptar una actitud incorrecta respecto a ellos y sus experiencias. 

LA RUPTURA DEL MOVIMIENTO COMUNISTA INTERNACIONAL 

11. Para reforzar estas conclusiones es útil ver algunos aspectos de la experiencia de los grupos “maoístas”. Podemos situar su origen alrededor de 1963, cuando se produjo la ruptura del Movimiento Comunista Internacional. En la raíz del conflicto se encontraba el rechazo de los PP.CC. chino, albanés y otros a los puntos de vista que intentó imponer la URSS y que no concordaban con los acuerdos a los que se había llegado en las conferencias internacionales de 1957 y 1960. 
12. Los grupos que se alinearon con las posiciones chinas y albanesas, y que por regla general pasaron a denominarse partidos u organizaciones comunistas marxistas—leninistas, se vieron favorecidos inicialmente por sucesivas victorias revolucionarias en el Tercer Mundo (Cuba, Argelia, Vietnam...) y por las acciones huelguísticas de los trabajadores. 
13. Sin embargo, estos grupos tuvieron deficiencias, entre las que, junto al esquematismo en el análisis y la sobrevaloración del aspecto subjetivo en los cambios revolucionarios, hay una comprensión deficiente de la historia del movimiento comunista en cada país y en el mundo. De ahí que se impusiera la idea que la ruptura de 1963 era la simple repetición de lo que ocurrió en 1917 al separarse comunistas y socialdemócratas y que, en consecuencia, se cayera a menudo en el simple mimetismo respecto a otros partidos a los que de nuevo se otorga el papel de “guía”: PC de China, PT de Albania. 
14. El análisis histórico indicaba que el PC de China, después de varios reveses, había logrado adoptar una concepción justa sobre la cuestión del partido dirigente y que, en consecuencia, desde los años 30 se esforzó, tal como hicieron otros pocos partidos, por asentar sus relaciones con el PCUS en los principios de igualdad, mutuo apoyo y aprendizaje y no injerencia, una posición que le ayudaría a culminar con éxito su revolución democrática y popular. En cambio, los llamados partidos y grupos marxistas— leninistas cayeron en el error de dar por buena cualquier idea emanada del PC de China o del PT de Albania. 

OPOSICIÓN AL OPORTUNISMO DE DERECHA Y DE IZQUIERDA. LA FUNCIÓN DIALÉCTICA DEL ERROR. 

15. La crítica es una necesidad: permite erradicar los efectos destructores de una política incorrecta. La experiencia demuestra que en determinadas coyunturas se suele caer en el oportunismo de derecha o de izquierda. Hay que oponerse a ambos porque son perjudiciales; es lo que Lenin llamó “luchar en dos frentes”. 
16. Al tratar este tema, llama la atención la incapacidad que han demostrado muchos marxistas de asimilar que las personas (y los partidos marxistas), en ciertos momentos, cometemos errores de este tipo. Esta incomprensión ha generado muchos problemas a lo largo de la historia y sigue provocándolos hoy. 
17. De ahí que sea importante subrayar una y otra vez que el análisis de las causas y de las consecuencias negativas del error es el método que los marxistas adoptan para corregirlo. Para aplicarlo es necesaria la discusión franca y abierta entre militantes. Los marxistas nos organizamos con el fin de contribuir a transformar el proletariado en clase consciente de sus intereses, pero al mismo tiempo nos transformarnos nosotros mismos: fortaleciendo la actitud colectiva y el antiindividualismo que nos empuja a militar y dotándonos de un grado de comprensión del que careceríamos sin estar organizados, es decir, elevando nuestra inicial toma de posición de clase. 

LA UNIDAD INTERNA 

18. En el tratamiento de la unidad del partido, se impuso la idea de que era necesaria una altísima cohesión, fuese cual fuese la situación política y social. Si bien es cierto que la experiencia propia y ajena y la práctica sincera de la crítica y la autocrítica ayudan a la cohesión, en las condiciones del capitalismo desarrollado no es posible crear el tipo de partido como el que pretendió la III Internacional: 
19. En el seno del movimiento marxista internacional existen temas en los que aún no se ha alcanzado la unanimidad. Esto repercute en lo interno de cada país. Puede ser interesante lograr que esta diversidad no ocasione una pluralidad de organizaciones políticas marxistas, aunque si esto último ocurre no debe considerarse como una catástrofe; incluso en ciertas condiciones la pluralidad organizativa podría ser lo más adecuado y constituir un factor positivo si todas estas organizaciones coincidiesen en un mismo frente político. El trabajo conjunto crea lazos de camaradería entre militantes y permite unificar puntos de vista y objetivos en la acción concreta. Como las ideas suelen venir de la práctica, unificando ésta, es más fácil ponerse de acuerdo en las ideas, midiéndolas por el rasero de la práctica conjunta. 
20. En algunos países existe una dispersión territorial de los militantes. La lucha de los trabajadores se desarrolla de manera desigual. Puede incluso darse el caso de que convivan en un mismo país más de una realidad nacional o diferentes grupos indígenas. A esto debe añadirse la presencia considerable de trabajadores inmigrantes en todos los países industrializados o en vías de industrialización.  
21. La diversificación interna de la clase obrera se ha acentuado bajo el capitalismo desarrollado, y esto tiene que ver, en esencia, con los cambios en las condiciones de trabajo y vida impuestos por la acelerada transformación de la base productiva, y no, con la repercusión en las ideas y costumbres de las concepciones de la burguesía. 
22. En muchos países capitalistas desarrollados, donde existen regímenes parlamentarios consolidados, el socialismo aún aparece como una meta lejana y el débil desarrollo de la lucha de clases impide un rápido enriquecimiento de la experiencia de los marxistas. 
23. Así, pues, por razones, tanto coyunturales como duraderas, los marxistas debemos ser capaces de ajustar nuestra concepción del partido a la realidad. 

LA LINEA DE MASAS 

24. En el activo de los partidos y organizaciones marxistas—leninistas se pone — denominándolo “línea de masas”— su activismo en las organizaciones populares. Sin embargo, el activismo (y el vanguardismo) no es monopolio de los marxistas. En todas partes suelen haber personas más activas que el resto. 
25. Se debe concebir la línea de masas como un método y no como la práctica del activismo, aunque para poder emplearlo sea necesaria una labor persistente de los militantes en las organizaciones populares. El método consiste en recoger los conocimientos avanzados pero dispersos de las masas, en interpretar las aspiraciones y necesidades expresadas en cada momento según el punto de vista proletario, y en darles cuerpo en tácticas y políticas correctas que puedan ser comprobadas en la práctica por la gente. Una y otra vez, hasta el infinito, corrigiendo en cada nueva ocasión lo que era erróneo, poco ajustado a la realidad. Con ello la actividad política se volverá más conforme a la realidad. Las dos garantías para aplicarlo son el estudio y la valoración permanentes de cada situación concreta en conjunto y de los resultados de nuestra política, y el conocimiento del marxismo. 

UN PARTIDO MARXISTA NO ES LO MISMO QUE UN PARTIDO OBRERISTA 

26. La tesis marxista, según la cual la economía capitalista va dividiendo la sociedad, cada vez más, en dos grandes clases sociales que se enfrentan directamente (la burguesía y el proletariado) ha sido mal interpretada. Entre las interpretaciones erróneas están las que no ven necesario que la clase obrera teja alianzas con otras clases sociales o fracciones de clase. Estas ideas, aplicadas a la política internacional, son las que se escondieron detrás de la “teoría de los dos campos” de la que ya se ha hablado más arriba. 
27. Alrededor de la clase obrera y la burguesía hay otras clases y capas sociales distintas según el país y la época, del mismo modo que el desarrollo del capitalismo provoca la diferenciación de la burguesía en varias fracciones y hace que una de ellas concentre el poder en lo esencial. 
28. Hoy día los movimientos juvenil y feminista y, en particular, el ecologista y el de oposición a la mundialización neoliberal son de composición interclasista y defienden desde programas reivindicativos concretos hasta proyectos de emancipación social. 
29. La clase obrera debe incorporar todo lo progresivo que existe en estos movimientos y oponerse con ellos al actual orden burgués. Esto puede hacerse desde un mismo partido, pero no siempre tiene que ser así. 
30. Hoy en día muchos movimientos sociales están encabezados por ex militantes marxistas. Algunos llegaron a la conclusión de que su actividad se llevaba a cabo mejor sin el lastre del partido, al estar limitadas las tareas de los militantes al activismo; otros llegaron a la misma conclusión, pero al darse cuenta de que los nuevos fenómenos sociales no encajaban en los esquemas dogmáticos que manejaban.

LA LÍNEA DIVISORIA 

31. Citando a Lenin, se dice a veces que existe un núcleo esencial del marxismo: la concepción de la lucha de clases como motor de la historia y la necesidad de la dictadura del proletariado. Tales conceptos son dos aportaciones de Marx que hoy se podrían enriquecer. Ahora bien, lo que preocupaba entonces a Lenin no era buscar una definición de lo que es el marxismo, sino defender su puesta en práctica en la revolución rusa frente a una socialdemocracia que la atacaba. 
32. Oponiendo la lucha de clases y la dictadura del proletariado a la supeditación de los trabajadores a la propia burguesía y a la defensa de los regímenes parlamentarios burgueses, que fueron los dos ejes de la práctica de los socialdemócratas de las potencias beligerantes en la Primera Guerra Mundial, Lenin trazó una línea entre marxismo y antimarxismo adecuada al momento. 

A QUE CLASE SE SIRVE 

33. La causa de las divisiones de los marxistas es otro problema ligado al anterior y al que se le suele dar una respuesta simple: “las divisiones las provocan los que abandonan los principios”. Esa concepción ha sido motivo de agrias polémicas en el movimiento marxista. Pero las divisiones irreconciliables han venido de la subordinación de ciertas corrientes a los peores enemigos de los pueblos. En los primeros años del siglo XX, la corriente llamada revisionista sembró las ideas que llevaron a que gran parte de la II Internacional claudicara ante la burguesía imperialista durante la guerra de 1914—18. No obstante, el revisionismo coexistió con las corrientes revolucionarias dentro de la II Internacional y, en este sentido, podía ser tratada como una posición errónea en el campo proletario justo hasta 1914, en que pasó a ser ya un apéndice directo de los imperialistas. 
34. En 1935, en cambio, la III Internacional, viendo que la situación empujaba la socialdemocracia a dejar de ser un sostén directo de la burguesía más reaccionaria, le propuso la unidad de acción contra el fascismo y la amenaza de guerra e, incluso, planteó la posibilidad de avanzar en algunos países hacia un partido único de clase. En este caso, sin ignorar sus divergencias con la socialdemocracia, se intentó cooperar con ella porque el curso de los acontecimientos políticos obligaba a trazar otra línea divisoria principal: la que separaba a comunistas y un sector de los socialistas, por un lado, de todos aquellos que no eran capaces de combatir adecuadamente al fascismo. 
35. La experiencia del movimiento marxista internacional durante el siglo XX parece avalar, pues, esta conclusión: la aparición de divergencias es inevitable, pero pueden superarse, siempre que una parte de las fuerzas marxistas no degeneren y se conviertan en auxiliares directos o indirectos de los enemigos de los trabajadores y los pueblos. 

ANTAGONISMO, ERROR Y ASPECTOS UNITARIOS 

36. Un manejo deficiente de los principios tiene efectos nefastos. Un ejemplo nos lo da la cuestión del antagonismo. 
37. En el terreno político y social, el antagonismo se utiliza en dos sentidos. En el primero, viene a significar que hay contradicciones entre clases que, por estar basadas en la explotación de una por otra, no pueden ser resueltas dentro del sistema capitalista y requieren, por tanto, un cambio social. En el segundo, el antagonismo se refiere a un momento del desarrollo de una contradicción, cuando estalla un conflicto abierto entre las dos partes de la misma, lo cual, en una sociedad dividida en clases, entraña el intento de destrucción política, militar, económica, etc. de una por la otra. 
38. Así, p.e., los marxistas afirmamos que para poner fin al dominio que la burguesía monopolista ejerce sobre el pueblo es necesario un cambio social; cualquier otra solución sería un apaño. Esta contradicción es de tipo antagónico. Pero, en ocasiones, este antagonismo se ha interpretado mal, como si significase que ambas fuerzas estuvieran en lucha a muerte constantemente; y esto ha justificado más de una política precipitada. En la realidad este conflicto no permanece quieto, toma distintas formas según la situación de la burguesía monopolista y la del pueblo, y dependiendo también de la influencia que ejerzan otros factores. Incluso llega a ocurrir que, por un tiempo más o menos largo, no exista antagonismo abierto. 
39. El sectarismo de los marxistas tiene su raíz en una comprensión equivocada del antagonismo. Las relaciones entre clases sociales, partidos o ideologías no tienen una sola cara. Aquellos burgueses demócratas que se opusieron durante la Segunda Guerra Mundial al fascismo eran aliados coyunturales del movimiento obrero y, sin embargo, seguían siendo explotadores. Su relación con la clase obrera tenía dos caras y la primera, la democrática, era entonces más importante que la segunda, la explotadora. 
40. Y entre fuerzas proletarias, el aspecto unitario es aún más amplio. Si varias corrientes presentan divergencias, esto puede significar que alguna de ellas refleja puntos de vista o ideas de las clases dominantes. En este sentido podemos hablar de un aspecto antagónico. 
41. Ahora bien, si los partidos que encarnan esas concepciones defienden en lo esencial los intereses del proletariado y del pueblo frente a su enemigo directo, entonces comparten una misma posición de clase, tienen un terreno común, y sus discrepancias pueden irse resolviendo sobre la base de una práctica conjunta. De esta manera, partiendo de una misma posición de clase, el aspecto antagónico entre concepciones puede y debe ser tratado como una simple contradicción entre ideas justas e ideas erróneas. 

CORRIENTES INTERNACIONALES Y PARTIDOS 

42. Se debe analizar lo que representan en concreto y no sólo en abstracto las ideas y las fuerzas políticas, atendiendo a la situación real. Este es un principio fundamental, al que se le presta suficiente atención. 
43. Los puntos anteriores sobre la línea divisoria, la clase a qué se sirve, y el antagonismo abordan esta cuestión desde distintos ángulos. Aquí se toca otra faceta del problema: ¿A quién representan las distintas corrientes ideológicas y políticas en el plano mundial? ¿Hay que tratar por igual a una de esas corrientes que a un partido vinculado a ellas?  
44. Las corrientes de pensamiento traducen los intereses de clase existentes en el mundo. En nuestra época el desarrollo del imperialismo, al mismo tiempo que somete a grupos enteros de países bajo la dependencia de las clases dominantes de unos pocos Estados, también pone algunas corrientes ideológicas y políticas al servicio de los intereses de estos Estados. Por otro lado, el desarrollo desigual del imperialismo, provoca constantes cambios en el mapa de las corrientes políticas. 
45. La socialdemocracia europea que ahora se opone a la ocupación de Irak por los EE.UU., hace cincuenta años actuó como una tendencia pronorteamericana. El marxismo, que en el siglo XIX o a principios del XX únicamente encuadraba el ala más avanzada de los trabajadores de un puñado de países industrializados, pasó a englobar a los países socialistas y a ejercer influencia en otros movimientos revolucionarios. 
46. Así, vemos cómo hay que atribuir uno u otro carácter de clase a las corrientes políticas mundiales, según cual sea su actitud práctica ante las principales fuerzas opresoras existentes en cada circunstancia histórica. 
47. Pero al abordar la actuación de cada partido vinculado a una corriente internacional, hay que ver hasta dónde llega tal vinculación. El laborismo británico, a pesar de pertenecer al mismo grupo socialista europeo que franceses o alemanes, se implicó a fondo en la invasión de Irak. La mayoría de la derecha francesa, por el contrario, después de algunas vacilaciones acabó por oponerse a la invasión. 
48. En general, la adhesión a una tendencia que favorece unos intereses determinados en la política internacional, puede estar en contradicción con algunos de los planteamientos que un partido defiende en el propio país. Y en tal caso, para tratar correctamente a este partido se debe analizar cuál de los dos aspectos prevalece. 

martes, 2 de junio de 2026

Las «cuatro estabilidades» de Xi frente a la agonía hegemónica: el parto de un orden tripolar

                  
                                                                                                                       

José Manuel Rivero, abogado y analista político









Es en el vértice de esta contradicción histórica donde China despliega una sofisticada arquitectura diplomática para evitar el colapso sistémico. Las denominadas «cuatro estabilidades», formuladas por el liderazgo de Xi Jinping, no son concesiones tácticas ni retórica de coyuntura. Representan una estrategia de contención y reordenamiento, un intento de construir un nuevo marco regulador internacional en plena transición poshegemónica, limitando las opciones destructivas de un adversario acorralado por sus propias fisuras.

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La reciente cumbre celebrada en Pekín entre el presidente chino Xi Jinping y su homólogo estadounidense Donald Trump constituye mucho más que un episodio diplomático de alto nivel: es la escenificación material de un punto de inflexión histórico. Bajo la solemnidad del Gran Salón del Pueblo se formalizó el reconocimiento implícito de que el orden unipolar, erigido tras el colapso soviético y cimentado sobre el Consenso de Washington, ha entrado en una fase de crisis orgánica y agotamiento estructural irreversible.

El encuentro expone la urgencia de desentrañar una dinámica histórica inexorable: hasta qué punto los actores en pugna buscan gestionar la transición hegemónica o si asistimos a una deriva ineludible hacia la confrontación sistémica bajo la sombra de la llamada «trampa de Tucídides». Desde una perspectiva marxista-leninista y gramsciana, dicha trampa no es un mero destino geopolítico, sino la expresión de una crisis orgánica del bloque histórico occidental: sus fuerzas productivas globalizadas ya no se corresponden con unas relaciones internacionales de producción ancladas en la hegemonía unilateral del dólar y la OTAN.

Este concepto, enraizado en el análisis de las contradicciones entre potencias emergentes y dominantes, describe la tensión estructural desatada cuando el dinamismo de una nueva base productiva choca contra la resistencia de una hegemonía en fase de declive. A lo largo del desarrollo histórico del capitalismo, estas transiciones de los ciclos de acumulación y poder rara vez se han resuelto en los despachos; el relevo entre imperios ha estado invariablemente mediado por conflictos devastadores que reorganizaron por la fuerza el equilibrio mundial.

Lenin lo demostró en “El imperialismo, fase superior del capitalismo”: el reparto desigual del mundo y la ley del desarrollo desigual generan guerras interimperialistas como forma de recomposición violenta de la hegemonía. Lo nuevo en nuestra época es que la destrucción mutua asegurada por las armas nucleares introduce una barrera objetiva a esa lógica, sin suprimirla. Sin embargo, la condición objetiva de nuestra época impone un límite inédito: una confrontación directa entre potencias nucleares no arrojaría una simple redistribución del poder global, sino la destrucción de las bases materiales de la propia civilización.

Es en el vértice de esta contradicción histórica donde China despliega una sofisticada arquitectura diplomática para evitar el colapso sistémico. Las denominadas «cuatro estabilidades», formuladas por el liderazgo de Xi Jinping, no son concesiones tácticas ni retórica de coyuntura. Representan una estrategia de contención y reordenamiento, un intento de construir un nuevo marco regulador internacional en plena transición poshegemónica, limitando las opciones destructivas de un adversario acorralado por sus propias fisuras.

• Mediante la estabilidad estratégica constructiva se busca imponer una racionalidad cooperativa a largo plazo frente a las fricciones inmediatas.

• La estabilidad sana asume la inevitabilidad de la competencia tecnológica y comercial, pero traza una línea roja para impedir la fractura irreversible de las cadenas globales de producción.

• Por su parte, la estabilidad constante está diseñada para gestionar las inevitables contradicciones ideológicas en la superestructura política mediante mecanismos diplomáticos permanentes.

• Finalmente, la estabilidad duradera aspira a consolidar un marco de contención previsible frente al aventurerismo militar, reflejo condicionado típico de las potencias en retroceso.

Desde el enfoque gramsciano, estas cuatro estabilidades constituyen una guerra de posición a escala global: no se trata de derribar frontalmente al imperio, sino de erosionar sus consensos ideológicos, construir nuevos bloques históricos (China, Rusia, el Sur Global) y desplazar lenta pero firmemente el centro de gravedad hegemónico desde el Atlántico al Pacífico euroasiático.

Lejos de reflejar una conversión idealista de Washington hacia el multilateralismo para evitar el conflicto fatal, el viaje de Donald Trump a Pekín comprueba el choque descarnado de la potencia hegemónica contra sus propios límites materiales. No existe una voluntad consciente de abdicar de la primacía, sino un baño de realidad forzado por las contradicciones objetivas del sistema. La fracción del capital que detenta el poder político en la actual administración estadounidense opera bajo una lógica estrictamente transaccional y mercantilista de corto plazo, buscando el alivio inmediato de sus tensiones comerciales para apuntalar su mercado interno. Al constatar que sus herramientas tradicionales de coerción ya no logran quebrar la resistencia del bloque emergente, Washington se ve obligado a negociar los términos de una coexistencia que ya no puede eludir.

Esta necesidad de tregua responde al peso aplastante de la crisis orgánica interna que atraviesa Estados Unidos. Su deuda pública, que ya supera los 39 billones de dólares, no es una mera disfunción contable, sino el síntoma de una hipertrofia financiera que ha devorado su economía real. La desindustrialización masiva y la dependencia del crédito parasitario han erosionado irremediablemente las bases materiales que sostenían su supremacía global. Ningún imperio prolonga su hegemonía cuando abandona la esfera de la producción para refugiarse en la financiarización crónica.

Esta es la esencia del imperialismo parasitario que Lenin describió: la exportación de capitales productivos hacia zonas de superganancia (China, Vietnam, India) y la subsiguiente financiarización del capital sobrante en el centro. El dólar deja de ser un instrumento de producción para convertirse en un arma de extorsión, cuyo abuso —bloqueos, sanciones, SWIFT como ariete— acaba provocando su propia crisis de confianza y el impulso hacia la desdolarización. Esa pérdida de centralidad productiva acelera de forma paralela el resquebrajamiento de su superestructura monetaria a través de una estrategia de desdolarización sistemática coordinada por el Sur Global. Al perder la capacidad de imponer su moneda como el único equivalente general del intercambio mundial debido al uso abusivo de los bloqueos y sanciones como armas de guerra económica, el imperialismo estadounidense ve seriamente comprometido su principal mecanismo de extorsión extramuros.

En este sentido, la composición de la delegación estadounidense en Pekín resultó reveladora. Que los altos ejecutivos de las grandes corporaciones transnacionales secundaran al Secretario de Defensa evidencia una fractura en el seno del propio bloque de poder norteamericano. La fracción más lúcida del capital financiero y tecnológico comprende que el «desacoplamiento» absoluto de China es una quimera suicida. Décadas de globalización neoliberal han cimentado una dependencia estructural del aparato productivo chino; romper esos vínculos materiales precipitaría una depresión sin precedentes en el propio núcleo del capitalismo occidental.

No se trata de un conflicto entre “buenos” y “malos” capitalistas, sino de una contradicción interimperialista en el seno de la clase dominante yanqui: la fracción financiera-rentista (partidaria del desacoplamiento total) choca con la fracción productivo-tecnológica (que necesita del mercado y la manufactura china). El Partido Comunista de China aprovecha esta fisura para profundizar su estrategia de acumulación autónoma sin romper los lazos que aún le convienen.

A este condicionante interno se suma la incapacidad manifiesta de Washington para gestionar de manera autónoma las crisis en la periferia global. Las tensiones en Oriente Próximo y los riesgos de colapso en los nudos logísticos y energéticos mundiales demuestran que la potencia declinante ya no posee la capacidad de estabilizar el sistema bajo sus propios términos. La urgencia por sentarse a la mesa en Pekín delata la necesidad de que China actúe como un factor de moderación sobre sus socios estratégicos, evidenciando que el viejo gendarme mundial requiere del peso geoeconómico de sus rivales para contener las réplicas del colapso de su propio diseño atlántico.

Esta dinámica de repliegue generalizado y reconocimiento forzoso de los límites objetivos ha quedado meridianamente confirmada por las recientes y contundentes declaraciones del propio Trump tras la cumbre. Al ser interrogado sobre el futuro de la isla de Taiwán, epicentro de la fricción sistémica, el mandatario estadounidense ha sentenciado de forma transaccional: «No estoy buscando que se independicen y tener que viajar 9.500 millas para luchar una guerra, no estoy buscando eso».

Esta confesión de fatiga material es también una ratificación de la línea roja trazada por Pekín: la soberanía territorial no es negociable, y el imperialismo en declive ya no puede imponer su voluntad a 9.500 millas de distancia. En términos leninistas, es la comprobación práctica de que la correlación de fuerzas ha cambiado: la retirada táctica del adversario no implica paz duradera, sino un reagrupamiento para futuros envites. Esta asunción explícita de desgana bélica no es una simple anécdota, sino la confesión superestructural de una fatiga material y estratégica sin precedentes. Demuestra que la facción del capital que representa Trump prefiere salvaguardar los restos de su mercado interno y evitar una confrontación directa que liquidaría su economía, antes que sostener un ideal geopolítico unipolar insostenible a esa distancia.

Simultáneamente, la correlación de fuerzas a nivel global confirma el desmoronamiento definitivo del diseño unipolar. La guerra en Ucrania ha desnudado los límites materiales y logísticos de la expansión noratlántica, operando como un acelerador histórico para la consolidación del eje euroasiático entre Moscú y Pekín. De igual forma, el fracaso sostenido en el intento de asfixiar a Irán ha blindado a Teherán como nodo energético y logístico irrenunciable para la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Estos actores no son aliados de conveniencia, sino los pilares de un bloque de resistencia sistémica frente al cerco occidental.

Constituyen lo que en la tradición marxista revolucionaria se denomina un polo antihegemónico de acumulación. No es un campo socialista homogéneo, pero objetivamente quiebra la dependencia estructural del centro imperial y abre grietas para transiciones poscapitalistas en la periferia. La tarea de los comunistas no es idealizar ese bloque, sino fortalecer toda contradicción que acelere la crisis final del imperialismo.

La secuencia temporal de la diplomacia ratifica la profundidad de esta reconfiguración: que Vladímir Putin programase una visita de Estado a Pekín inmediatamente después de la partida de la delegación estadounidense es la exhibición descarnada del nuevo centro de gravedad mundial.

Pekín aprovecha este escenario de debilidad material del adversario no para pactar una rendición, sino para emplear el marco de las «cuatro estabilidades» como una advertencia superestructural. Al situar la soberanía territorial y la cuestión de Taiwán como líneas rojas absolutas, la dirección china señala que la estabilidad está condicionada al respeto de las realidades geopolíticas emergentes, realidades que el propio Trump parece aceptar tácitamente al declinar la confrontación militar directa por la isla. La calculada prudencia de la administración estadounidense demuestra que el hegemón acepta las reglas de juego ajenas cuando la correlación de fuerzas real no le es favorable.

La consolidación de un nuevo orden tripolar —pivotado sobre Washington, Pekín y Moscú— ha dejado de ser una proyección teórica para convertirse en la traducción geopolítica concreta de la nueva correlación mundial de fuerzas. Sin embargo —y esto es crucial desde el leninismo—, no debemos confundir una correlación de fuerzas favorable con una estabilización sistémica. El capitalismo en crisis orgánica no se estabiliza tripolarmente: solo se puede gestionar su descomposición. La tentación de un “equilibrio multipolar estable” es una ilusión reformista. Lo que existe es una tregua provisional dentro de la guerra interimperialista latente.

La visita de Trump y sus posteriores declaraciones no conjuran de manera definitiva los peligros del conflicto, pero confirman que nos encontramos ante un estado de impasse provisional dentro de la crisis orgánica del capital. La encrucijada histórica se revela con una nitidez absoluta: o se asume una transición negociada hacia un equilibrio multipolar basado en la interdependencia material y el reconocimiento de los límites del imperio, o el agotamiento del ciclo hegemónico occidental arrastrará al sistema global hacia escenarios de barbarie y destrucción irrefrenable.

Como escribió Antonio Gramsci desde la cárcel: “La crisis consiste precisamente en que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer”. Que lo nuevo —un orden poscapitalista, no solo multipolar— nazca sin caer en la barbarie es el desafío estratégico de nuestra época. Por eso, junto al análisis geopolítico, los comunistas debemos construir organización, conciencia y alternativa de poder.