miércoles, 28 de octubre de 2026

Fragmento del discurso del Ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov


Octubre 28 de 2026


Fragmento del discurso del Ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, durante el encuentro con graduados universitarios que ingresan al Servicio Diplomático (Moscú, 20 de octubre de 2026)




Una de las lecciones que nos dejaron los fundadores de la ONU es que el nazismo que fue derrotado, no debe resurgir.

Parecía una cuestión superada y que todos habían reconocido sus errores… ¡Pero no! El nazismo vuelve a extenderse con rapidez. En gran medida, esto fue posible gracias a la llegada al poder del régimen nazi en Ucrania.

La Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y otros dirigentes afirman ahora que están "obligados a apoyar a Ucrania hasta el final" porque "defiende los valores europeos".

Esto significa que entre los "valores europeos" se incluye la prohibición total del ruso en la enseñanza, los medios de comunicación, la cultura e incluso la vida cotidiana.

Se trata de prohibir por ley una lengua que, además, es uno de los idiomas oficiales de la ONU. Y, sin embargo, prácticamente todos siguen hablándola, incluso quienes pretenden prohibirla.

Esta hipocresía demuestra que estas prohibiciones no buscan erradicar el ruso, algo impensable, sino debilitar al máximo los intereses de Rusia y dividir el mundo ruso.

No hay ningún otro país donde esté prohibida una lengua por completo.

Ayer, durante la rueda de prensa en Teherán, me preguntaron hasta qué punto los factores ideológicos y religiosos influyen en el conflicto ucraniano. Respondí que la prohibición de una lengua no tiene precedentes y que resulta muy revelador que Occidente guarde silencio al respecto. Más aún, califica a los ucranianos de "defensores de los valores europeos".

En Irán, donde ayer participé en la rueda de prensa conjunta con el Ministro de Relaciones Exteriores, Abbas Araghchi, el hebreo no está prohibido. La comunidad judía vive allí con plena normalidad y las sinagogas siguen abiertas. En Israel tampoco están prohibidos el árabe ni el persa. Hay muchos ejemplos más. La connivencia de Occidente con esta política de Kiev y su encubrimiento resultan muy reveladores.

Por no hablar de la prohibición de facto de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana, de la creación de la denominada "Iglesia Ortodoxa de Ucrania" hace unos diez años y los intentos de clausurar por la fuerza los templos de la Iglesia canónica, — las acciones que Occidente alienta.

Tampoco me refiero a las marchas con antorchas, incluidas las celebradas en la actual Kiev, Leópolis y otras ciudades (que seguramente habrán visto), ni a la exhibición de símbolos nazis, ni a la reinhumación de los restos mortales de criminales y verdugos banderistas en el suelo sagrado de la Laura de las Cuevas de Kiev,  donde se proyecta crear un "Panteón de Héroes".

Zelenski se arrodilla ante los restos mortales de esos individuos, mientras Occidente los aclama.

No veo ningún indicio de que Occidente desapruebe esta situación. Al contrario, en Alemania, Italia y Japón están resurgiendo las tendencias militaristas.

Finlandia, nuestro país vecino, al que creíamos amigo, cambió de actitud en cuanto el péndulo empezó a oscilar en sentido contrario y volvió a mostrar la misma faceta que en su día llevó a los finlandeses, como a muchos otros europeos, a aliarse con Hitler y participar en el bloqueo de Leningrado.

Por eso, esta cuestión será una prioridad para nuestra política.

Este año se celebró por primera vez el Día de Conmemoración de las Víctimas del Genocidio del Pueblo Soviético, instituido por la Ley Federal nº 523, de 29 de diciembre de 2025. Rusia trabajará para que esta tragedia obtenga un amplio reconocimiento internacional y tendrá en cuenta este nuevo factor en sus esfuerzos por impedir el resurgimiento de la ideología nazi.

Cada año, los países occidentales votan en contra de la Resolución, iniciada por Rusia, para impedir la glorificación del nazismo.

Este hecho es igualmente revelador.

*Traducción no oficial

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Michael Hudson y Radhika Desai: “Europa está cometiendo un suicidio económico”


Resumen de un programa de streaming entre dos economistas expertos en geopolítica y geoeconomía mundial










Radhika Desai: Soy Radhika Desai, economista geopolítica. Mi invitado de hoy es uno de nuestros colaboradores habituales, el profesor Michael Hudson. Bienvenido, Michael.

Michael Hudson: Es bueno estar de vuelta.

Rusia, Ucrania, el petróleo, el diésel y Trump

Radhika Desai: Michael, hoy hablaremos de la guerra de Ucrania, pero en particular de una curiosa tensión que está creciendo a su alrededor. No cabe duda de que la guerra es impopular a ambos lados del Atlántico. Por eso, el presidente Trump firmó el acuerdo sobre el diésel con el presidente Putin, eximió a Rusia de nuevas sanciones… y amenazó con poner fin a la ayuda de la inteligencia estadounidense si Ucrania continúa atacando la infraestructura petrolera rusa. Incluso afirmó que Ucrania necesita un nuevo presidente, alguien con quien Occidente debería negociar. Ha hecho todo esto porque sabe que es necesario para ganar las elecciones de mitad de mandato.

Mientras tanto, aunque la gente en Europa está harta de la guerra de Ucrania, los líderes europeos parecen empeñados en mantenerla. El primer ministro estonio ha declarado que cuanto antes se destruyan las refinerías rusas, mejor. Kaja Kallas, la jefa de la diplomacia de la UE, ha reiterado sus amenazas sobre los activos rusos congelados y ha pedido a Trump que presione a Rusia. Y el Foro de Seguridad de Varsovia propuso que Polonia y los países nórdicos y bálticos, se conviertan en los principales artífices del futuro orden de seguridad europeo, que se basaría en alcanzar los objetivos maximalistas que Kiev siempre ha defendido.

Como resultado la posición de Ucrania se está volviendo insostenible, con su acceso a Starlink comprometido y la disminución de fondos y tropas. Así pues, Michael, ¿qué crees que están pensando los líderes europeos?

Michael Hudson: Creo que ven que la guerra de la OTAN contra Rusia y la guerra de Trump contra Irán son parte de la misma guerra en dos frentes que libra Estados Unidos para controlar el comercio mundial de petróleo.

¿Qué tienen en común Rusia e Irán? Son los dos principales exportadores de petróleo que quedan y que Estados Unidos no controla, y si no puede controlarlos, la idea estadounidense era: bueno, simplemente los eliminaremos para poder mantener nuestro monopolio. Esta es la estrategia estadounidense a largo plazo de poder controlar el suministro de petróleo.

Y ahora entro en escena Donald Trump. El ha decidido que no puede permitirse una guerra en dos frentes. ¿Qué va a hacer? Está totalmente comprometido con la guerra contra Irán. Y lo que quiere evitar es que la guerra contra Rusia e Irán, traerá una depresión mundial… y el, en lugar de pasar a la historia como Napoleón dejará un mundo en crisis . Así que ha decidido dejar en la estacada a los neoliberales y  a los neoconservadores.

Bueno, parece que eso no le ha funcionado, porque mientras él finge, que Ucrania necesita un nuevo presidente, la realidad es que la CIA y el Ejército no le prestan la menor atención. Él no tiene el control. El Pentágono sigue enviando misiles para que Ucrania los use para atacar la refinación de Rusia. Esa es la tensión actual. Obviamente, se ve cómo el poder oculto en Estados Unidos intenta contraatacar, y esto mientras Trump piensa: «Tengo dos semanas para intentar hacerle creer a la población que voy a volver a la normalidad».

Ese es el dilema que estamos presenciando, y en Estados Unidos veremos  lo mismo que ha ocurrido en Europa una vez que suban los precios del petróleo tras el agotamiento de las reservas estratégicas, y tras el absurdo acuerdo de Trump con Rusia para la compra de petróleo refinado, que la OTAN intenta impedir dinamitando las refinerías rusas y apoderándose de buques petroleros rusos en el Báltico. Esa es la dinámica.

Radhika Desai: Hay mucho de cierto en lo que dices, pero permíteme hacer un par de aclaraciones. Trump quiere controlar el comercio mundial de petróleo, pero, en primer lugar, simplemente no puede, porque gran parte del petróleo mundial está en manos de países que se han enfrentado a Estados Unidos, ya sea Rusia o Irán, e incluso, podría decir, Venezuela, (aunque esto último probablemente nos llevaría a una discusión muy larga y compleja).

Lo que Trump realmente necesita desesperadamente es bajar el precio del petróleo a toda costa. E Irán, al igual que Rusia y otros, y tienen la capacidad de seguir aumentando el precio del petróleo, algo que de todos modos les beneficiará. Estarán encantados de tener precios altos.

Trump no está siguiendo ninguna estrategia más allá de lanzar todo lo que tiene a su alcance para intentar ganar las elecciones. Les dice a los estadounidenses que los precios del petróleo bajarán después del 3 de noviembre. ¿Qué significa eso? Significa que no pregunten por precios más bajos antes de esa fecha.

Por otro lado, me pregunto si realmente está comprometido con la guerra contra Irán. Ahora bien, no me malinterpreten, no dudo que exista lo que llaman el «estado profundo», que yo veo como el Estado estadounidense como un conjunto de fuerzas que no rinden cuentas.

Es probable que diferentes sectores del Estado estadounidense estén actuando en direcciones distintas. Indudablemente existe un poderoso lobby dentro del Estado estadounidense que desea continuar esta guerra en Irán, pero lo más importante para Trump con respecto a la guerra en Irán es mantener las cosas bajo control, al menos hasta las elecciones de mitad de mandato.

Después de eso, todo dependerá de lo que ocurra en las elecciones de mitad de mandato. Para Trump no se trata solo de una cuestión de victoria o derrota, porque si las elecciones le son desfavorables, podría intentar anularlas o revertir el resultado. Así que no sabemos qué pasará entre ahora y el 3 de noviembre, ni inmediatamente después. Creo que lo que realmente busca en la guerra contra Irán es al menos aparentar una victoria, y ni siquiera eso se le va a conceder.

A estas dos observaciones, añadiré una más. Si nos fijamos en los países europeos, Ucrania necesita una cantidad enorme de dinero, como 27.000 millones de dólares. Los europeos no lo tienen. Los europeos no tienen suficiente dinero para sus propias necesidades. ¿De dónde van a sacar ese dinero para Ucrania?

Desde luego los europeos, no van a enviar hombres a la guerra. Y lo único que están haciendo es librar lo que yo llamo una guerra de fachada. Quieren aparentar que están en guerra.

Europa aumenta su dependencia de Estados Unidos

Michael Hudson: Tienes toda la razón. Has centrado acertadamente tu atención en la difícil situación fiscal que atraviesa Europa, lo que explica el gran malestar que Europa siente por la presión que Trump ha ejercido para que realice el intercambio de diésel.

Europa ha salido perdiendo enormemente. Ahora está vendiendo diésel, aunque se trate de una cantidad relativamente pequeña . Sin embargo, es un acto simbólico muy costoso para Europa, porque esta vendiendo sus reservas de petróleo, la está vendiendo a los precios actuales. Y estos precios probablemente representan solo la mitad, quizás un tercio, de lo que costará el diésel dentro de cuatro meses, cuando Europa tenga que recomprar este diésel para sus reservas, especialmente con la llegada del invierno.

Entonces , en unos pocos meses Europa tendrá que pagar dos o tres veces más de lo que ahora vende el diésel, y esto supondrá otra presión fiscal para Europa. No tan grande como el pago militar que mencionaste, para que Zelensky y su pandilla compren más propiedades y aumenten sus cuentas bancarias en el extranjero para su cleptocracia.

Este asunto perjudica gravemente a Europa, y esto es lo que señalan los opositores de Merz, Macron y del Partido Laborista británico. Así que, Europa se ve claramente obligada a capitular ante las exigencias de Trump. De hecho,  una vez que los europeos asimilen las consecuencias de la interrupción del suministro de petróleo del Golfo Pérsico, van a necesitar el petróleo y el gas estadounidense.

Mientras tanto Trump propone a Putin: ¿Por qué no venden las participaciones rusas en Nord Stream a una empresa conjunta de mi yerno y mis socios. Nosotros le compraremos el petróleo y el gas a Rusia y se los venderemos a Europa?

Supongo que Rusia dirá: de acuerdo, siempre y cuando entiendan que vamos a vender el gas y el petróleo al precio mundial. No vamos a vender con descuento para que ustedes puedan venderlo al precio mundial y obtener ganancias. Venderemos al precio mundial, y ustedes pueden colocar el precio  que quieran a los europeos. No nos importa el mercado europeo. Estamos mirando hacia el este. En resumen, Europa se está autodestruyendo política y económicamente.

Radhika Desai: Creo que Europa es un caso aparte, el Reino Unido, con Andy Burnham, empieza a darse cuenta de lo que se avecina. El acaba de asumir el cargo. Tendrá que enfrentarse al electorado,  antes de 2029.

La elecciones en el Reino Unido están un poco más lejos que para los Merz, los Macron y los Meloni. Los tres M, por así decirlo. Estos están en una situación mucho más complicada y se enfrentan a elecciones prácticamente de inmediato.

Ahora bien, lo realmente interesante, y la razón por la que digo que Europa está librando una guerra performativa, es que para ellos esta guerra se ha vuelto funcional al tipo de neoliberalismo que practican. Porque el neoliberalismo no se trata de mercados libres ni de libre comercio. Se trata, esencialmente, de favorecer a las grandes corporaciones. Y bajo el pretexto del rearme, bajo el pretexto de la reindustrialización, lo que estos gobiernos han querido hacer es inyectar más dinero en las grandes corporaciones.

Y claro, mientras la guerra continúe, les resultará fácil reprimir la disidencia interna. Fíjense en las protestas que se están produciendo ahora en Francia. No se trata solo de escuelas, no se trata solo de universidades. Se trata del coste de la vida y de la oposición a la guerra en la que sus gobiernos están gastando dinero.

Pero en realidad, estos gobiernos que dicen que gastan dinero en la guerra, en realidad lo gastan en sus propias clases capitalistas corporativas, privando a la gente trabajadora de los servicios que necesita, de la educación y la atención médica y la vivienda. Así que creo que esta fase final del neoliberalismo será un momento decisivo, el próximo año los tres gobiernos que mencionamos —Alemania, Italia y Francia— se enfrentarán a elecciones. Por lo tanto, 2027 será un verdadero año de ajuste de cuentas.

Michael Hudson: Bueno, creo que tu énfasis en el papel de las corporaciones nos da una pista clave para entender muchas cosas. Hablemos de los principales intereses corporativos. Los intereses militares e industriales son muy importantes.

La semana pasada, vimos a los inversores vender acciones militares europeas porque se dieron cuenta de que Europa no podía permitírselo. Se están dando cuenta que el sueño de la OTAN no va a funcionar, así que cualquier acción que la OTAN emprenda contra Rusia tendrá que basarse en sus reservas actuales, que están muy mermadas.

Las corporaciones estadounidenses son las que están a cargo de esta política, y hay dos grandes poderes corporativos en Estados Unidos. La primera es la industria petrolera, y la segunda es el monopolio de la IA (Inteligencia Artificial).

Quiero explicar brevemente esta dinámica. Para la industria petrolera, los precios del petróleo y el gas van a subir al reflejar la escasez de gas y al  aumentar las tarifas de los buques cisterna del Golfo Pérsico… y  esto aunque no suba el costo de producción de petróleo y del gas en Estados Unidos .

Por eso Trump quiere seguir exportando petróleo y gas a Europa aun este sea ruso. Esto es una bonanza para las compañías petroleras. Imaginen precios mucho más altos su petróleo sin que aumente su costo de producción. Esta es una enorme renta que hace que la industria petrolera esté totalmente a favor de crear una escasez mundial. Pueden imaginar el efecto negativo que esto tendrá en Europa. Pero el problema es que, como resultado de estas exportaciones, los precios del petróleo estadounidense también van a reflejar los precios mundiales.

También existe exigencia de Trump: Europa no debe tomar ninguna medida que perjudique el monopolio estadounidense de la tecnología de la información y la IA.

Trump afirma que los europeos no pueden imponer un impuesto de sociedades a corporaciones como Google, Meta y las demás grandes empresas tecnológicas. Además, Europa no puede, según Trump, desarrollar una alternativa a los lanzamientos espaciales de Elon Musk. Tienen que seguir dependiendo de Estados Unidos para la tecnología espacial y la tecnología de la información, igual que dependen del petróleo.

Así que Europa se está dando cuenta que el resultado de esta guerra contra Rusia e Irán ha aumentado enormemente su dependencia de Estados Unidos. Los aranceles de Trump a Europa y la rendición de von der Leyen a las exigencias de Trump son parte de ello.

¿Es China el enemigo de Europa?

Pero ¿dónde está la industria europea que ha estado sufriendo y que no la hacen competitiva? En realidad las grandes empresarias europeas han elegido otro enemigo.

Este enemigo es China . Y cuando Europa dice: «China está aumentando su superávit comercial con nosotros, los chinos responden: ustedes han estado aumentando sus costos para beneficio de Estados Unidos. . No es culpa nuestra».

Radhika Desai: Bueno, estas hablando de las principales industrias, dominadas por grandes corporaciones en Occidente. Pero, las acciones del complejo militar-industrial europeo han caído porque nadie cree que Europa tenga el capital necesario para afrontar el gasto militar que se esperaba. Esto está ocurriendo, y me pregunto cuándo afectará también a Estados Unidos. Es decir, Estados Unidos dice que quiere gastar 1,5 billones de dólares el próximo año en defensa, lo que debería ser una gran bonanza para las acciones militares estadounidenses.

Pero la realidad es que Estados Unidos no podrá reunir ese dinero. Ya existen tensiones en el mercado de bonos del Tesoro estadounidense. Así que un destino similar le espera al complejo militar-industrial estadounidense.

Por cierto, el sector petrolero estadounidense está ganando muchísimo dinero, porque sus costes no han subido, pero los precios siguen altos . Y Trump lo único que intenta es bajar los precios internacionales del petróleo, o al menos aparentar que lo está haciendo, con la esperanza de engañar al electorado.

Pero analicemos también otro sector. Todo el mundo habla que la burbuja de la IA va a estallar. Habrá un estallido de la burbuja de la IA porque la gente empieza a dudar de las previsiones de beneficios que han publicado las grandes corporaciones que invierten masivamente en la IA.

Lo mismo ocurre con el sector financiero, el de seguros y el inmobiliario. Todos se asientan sobre una burbuja a punto de estallar. Así que, las corporaciones estadounidenses en general también están en apuros.

Básicamente, el capitalismo a ambos lados del Atlántico no está nada bien. Pero en ese contexto, su rivalidad se agudiza cada vez más. Antes de 1914, era muy común hablar de rivalidad interimperialista. Pero,  después de 1945, parecía que la rivalidad imperialista había llegado a su fin.

Occidente, las potencias imperialistas, se habían unido bajo el liderazgo de Estados Unidos. Esto podría ser la misma rivalidad interimperialista que se observó a finales del siglo XIX y principios del X. Podría resurgir ahora, de una forma u otra, en la fase de su declive. Porque el imperialismo está, sin duda, en declive, ¿y cómo negarlo cuando países como Irán, Rusia o China pueden desafiarlo y derrotarlo militarmente? Así pues, está claramente en declive, y en ese proceso estas rivalidades bien podrían resurgir. Un ejemplo de ello será la desintegración de la OTAN y la UE. ¿Qué opina usted?

Michael Hudson: Coincido contigo en que la OTAN parece estar en vías de disolverse, primero porque los países europeos bloquean su principal objetivo: combatir a Rusia; segundo porque no pueden costear el gasto total; y tercero porque EEUU se está separando.

Todo esto está llegando a un punto crítico. En la última semana, Trump ha propuesto varias veces una reunión entre Estados Unidos, Putin y Xi. ¿Qué pretende? Aparentemente, quiere dividir el mundo en esferas de influencia,

La gran tensión ahora mismo no es solo entre Estados Unidos y China, donde China básicamente ha podido neutralizar cualquier agresión diciendo: podemos simplemente reducir nuestras exportaciones de tierras raras y materias primas.

Por otra parta, otra gran disputa es entre China y la UE: la UE ha limitado la capacidad de China para exportar automóviles, especialmente los híbridos eléctricos , reduciendo drásticamente las exportaciones chinas de 800.000 a 350.000. La UE afirma que la exportación producto de una sobreproducción es mala. Esto es absolutamente absurdo.

Ante estos argumentos China responde: “si no quieren nuestras exportaciones, las cortaremos de raíz. Pero, el acuerdo que hicimos sobre el comercio de automóviles es que tenemos el derecho a acudir a los tribunales internacionales porque ustedes han establecido aranceles ilegales. Sin embargo hemos cedido porque sabemos que sus propios automóviles depende de nuestras baterías”.

Ahora si la UE decide no comprar ningún producto Chino. Entonces, en esa coyuntura China podría reducir sus exportaciones a Europa… Y en ese escenario ¿con qué industria va a reemplazar Europa los productos cuándo  la mayoría de las industrias europeas están localizadas en China?

En  la balanza comercial China ha adoptado una postura muy dura, señalando: «Un momento, ¿quieren exportar más a China? De acuerdo, pero, por lo menos, deben vendernos las máquinas holandesas de grabado de chips. ¿Por qué no nos venden lo que queremos? Están obedeciendo a Estados Unidos. No le venden a China nada de lo que necesita , y quieren que les vendamos lo que ustedes quieren”.

Así que Europa no va a ceder. Creo que su odio racial, no solo contra China sino también contra Rusia, está tan arraigado que están en camino de cometer un suicidio económico, ya que van a adoptar una postura inflexible y el comercio se va a reducir, dejando a Europa casi completamente dependiente de Estados Unidos.

Radhika Desai: Michael, los europeos están siendo extremadamente racistas con China y le exigen que acepte restricciones a sus exportaciones. Por cierto, Estados Unidos fue el primero en utilizar restricciones a la exportación de automóviles japoneses, allá por la década de 1980. Y no cabe duda que los estadounidenses también han impuesto restricciones a las importaciones de vehículos eléctricos chinos, y han obligado a los canadienses a hacer lo mismo.

No cabe duda que existe un temor en los países occidentales, en los antiguos países imperialistas, que estaban acostumbrados a dominar en las exportaciones de alta tecnología. Ahora occidente no pueden creer que China lidera un sector de exportación importantísimo. Por lo tanto, están haciendo todo lo posible por proteger sus propias industrias.

En este contexto, China lleva mucho tiempo jugando con paciencia. Su objetivo es calmar a países grandes capaces de causar mucho daño, así que intentan apaciguarlos. Este fue, en esencia, el propósito de la visita de Xi a Washington el mes pasado.

En lo que respecta a las esferas de influencia, no  estoy seguro que las potencias imperialistas sean capaz de controlarlas ahora. Porque, si lo pensamos bien, Francia, durante décadas después de la descolonización, logró, a través del franco, mantener control sobre sus colonias. Pero, eso ha terminado en los últimos años; varias colonias francesas de África Occidental se han alzado en armas. Por lo tanto, la capacidad de Europa para controlar cualquier esfera de influencia es casi inexistente.

En lo que respecta a Estados Unidos, tenemos la Doctrina Donroe. Pero esta doctrina exagera la capacidad de Estados Unidos para controlar lo que sucede en su «patio trasero». Claro, tienen a Milei y a media docena de otros déspotas de derecha en toda Latinoamérica, pero incluso ellos tendrán que moderar sus políticas o sus gobiernos serán muy inestables.

Porque lo que no se puede detener es la marea de descontento popular. Por lo tanto, diría que, en su declive, el imperialismo ni siquiera parece capaz de ejercer control sobre estas supuestas esferas de influencia.

El sector financiero de China

Michael Hudson: Tienes toda la razón, y cuando hablaba de esferas de influencia, me refería a la presión que Donald Trump ejercía para que se celebrara la reunión. Eso es lo que él quiere.

¿Y qué significa una esfera de influencia estadounidense? Significa que debemos conservar lo que ya controlamos. Que debemos mantener el control sobre Europa y evitar que Europa se vuelva hacia Rusia y China como áreas de crecimiento. Que EEUU debe mantener el control sobre Japón y Corea del Sur. Que no se vuelvan hacia China. Esta es la política de Trump . Estados Unidos debe mantener el control sobre sus satélites europeos y  Corea del Sur y Japón.

En términos generales, la superioridad del modelo económico, social y político de China sobre Occidente provoca terror a Estados Unidos y Europa . En todos los ataques de la UE contra China, argumentan que China es injusta porque subsidia su industria. Como si Europa no subsidiara su agricultura e industria. Pero el problema radica en que, si bien el subsidio a la industria fue la estrategia principal del capitalismo industrial desde el siglo XIX hasta el XX, ya no lo es. Nos encontramos en la era Thatcher-Reagan, caracterizada por un estado reducido.

China ha destinado mucho más presupuesto a la investigación y el desarrollo que cualquier otro país. Ahora que el gobierno estadounidense ya no lo hace, se lo ha dejado a las corporaciones. Y las corporaciones, como ya hemos comentado, destinan el 94% de sus beneficios a la recompra de sus propias acciones. Como se ven presionadas a generar riqueza para los accionistas, han decidido no desarrollar la investigación a largo plazo.

China invierte en aumentar su producción. ¿Y cómo se logra eso? Aumentando la productividad y proporcionando investigación y desarrollo.  China es tan superior a las economías occidentales, porque no tiene un sector financiarizado. Es la financiarización, como hemos estado discutiendo durante años, la que ha desindustrializado a Estados Unidos y Europa, y este es el verdadero contexto de esta división geopolítica.

Este es algo que ninguna esfera de influencia remediar. Este es el problema de occidente . Y hasta que no terminen con la financiarizacion de la economía , la economía mixta y socialista de China superará con creces a Europa y Estados Unidos. Occidente se está quedando atrás en lo que será este nuevo orden económico, liderado inicialmente por China, Rusia e Irán.

Radhika Desai: Básicamente, lo que estamos presenciando es el declive de Occidente. Todo el caos que vemos en el mundo es el resultado de la agonía de la bestia del imperialismo estadounidense y occidental, que lucha por sobrevivir. En las próximos meses y años, veremos la desintegración de algunas de las instituciones más importantes del imperialismo occidental, entre las que destacan la OTAN y la UE.

Sospecho que la OTAN, en particular, se desintegrará, no por una gran crisis en la que un país sea atacado y otros no acudan en su ayuda. Se desintegrará porque, uno tras otro, se elegirán gobiernos que se darán cuenta que la OTAN siempre ha sido una organización agresiva y que está costando demasiado y realmente no vale la pena.

Creo que los países probablemente comenzarán a abandonar la OTAN , y este proceso podría comenzar el próximo año, dependiendo de qué tipo de gobiernos se elijan en Berlín, París, Roma.

Michael Hudson: Bueno, ese debería ser el título de nuestro programa de hoy: La decadencia de Occidente y su capitalismo financiero.

Radhika Desai: Si. La gente da por sentado que el sector financiero es igual en todas partes. No comprende que el sector financiero chino es fundamentalmente diferente del occidental, y que es, literalmente, el motor que impulsa la economía china, mientras que nuestros financieros son una carga que lastra nuestras economías y les impide avanzar. Así que, sin duda, creo que este es el declive de Occidente.

En lo que respecta a la Unión Europea, creo que también se desintegrará, las presiones son numerosas. Existe la presión popular que considera intolerable la disciplina fiscal que la UE impone a sus Estados miembros en un momento en que todos estos países necesitan aumentar su gasto.

En segundo lugar, la capacidad de la UE para controlar las acciones de cada Estado miembro está desapareciendo, ya que no puede imponer la misma disciplina a los nuevos miembros. Y, en general, creo que la capacidad de la UE para gestionar las contradicciones entre sus diferentes miembros no perdurará. Por lo tanto, nos enfrentamos a un período muy difícil para todas las instituciones del imperialismo occidental.

Michael Hudson: Esa es, en efecto, la situación general, y Occidente no puede resolverla mediante el gasto militar.

Radhika Desai: En efecto. Así que, Michael, muchas gracias por acompañarnos de nuevo. Gracias a todos por estar aquí, y hasta la próxima..

Vía:observatoriocrisis.com 

La internacional fascista: granjas, bots, algoritmos y otras hierbas


Kike Parra
(Unidad y Lucha)   octubre 22/2026

Publicado porOctubre



Hay una vieja ilusión que identifica las redes sociales con un espacio neutral donde millones de individuos expresan libremente sus opiniones y donde, de manera espontánea, se manifiesta la voluntad política de los pueblos. No es así. Detrás de una parte cada vez más importante del debate político digital existen intereses económicos concretos, estructuras organizadas y tecnologías capaces de fabricar, amplificar y dirigir estados de opinión.

No estamos ante una simple evolución tecnológica de la propaganda tradicional. Estamos ante algo cualitativamente diferente: la posibilidad de intervenir de manera permanente, individualizada y masiva sobre la percepción política de millones de personas. Granjas de bots, cuentas automatizadas, ejércitos de perfiles falsos, campañas coordinadas, algoritmos de recomendación, segmentación de usuarios y sistemas de inteligencia artificial forman hoy parte de un nuevo arsenal de dominación política.

Y este arsenal choca con la concepción caduca del Estado Nación. Una parte de las grandes fortunas, corporaciones tecnológicas, fondos de inversión, grupos mediáticos y organizaciones vinculadas a la extrema derecha internacional han comprendido perfectamente sus posibilidades. El algoritmo no necesita tener ideología. Basta con que tenga propietario y actuará conforme a sus intereses de clase.

Cuando observamos simultáneamente fenómenos políticos aparentemente desconectados en diferentes países, empiezan a aparecer elementos comunes: discurso contra la inmigración, demonización de la izquierda, desprecio por las organizaciones obreras, nacionalismo agresivo, conspiracionismo, ataque a los servicios públicos, reivindicación de una autoridad política fuerte …

Pasamos de la propaganda fascista del siglo XX, que necesitaba periódicos, emisoras de radio, carteles, mítines y organizaciones militantes a un capitalismo digital que está rompiendo todo el entramado de relaciones democrático-burguesas y se adentra en un fascismo del siglo XXI con herramientas infinitamente más sofisticadas que en el pasado. Un fascismo que no necesita camisas negras, que se inserta desde las instituciones y que, curiosamente, desarrolla una de las características más significativas del fenómeno contemporáneo: su dimensión internacional.

Las derechas extremas de diferentes países pueden presentarse como movimientos nacionalistas, incluso, enfrentados entre sí. Sin embargo, comparten discursos, estrategias, asesores, plataformas digitales, recursos financieros, marcos ideológicos y formas de comunicación. Se trata, pues, de una verdadera internacional fascista.

Es una paradoja profundamente reveladora.

Quienes proclaman defender la soberanía nacional participan, en ocasiones, de circuitos internacionales perfectamente organizados. Las fronteras que consideran infranqueables para los trabajadores parecen desaparecer cuando circulan capitales, asesores, técnicas de propaganda, información y recursos.

Un sector de la clase dominante transnacional comparte intereses, financia determinados proyectos, proporciona plataformas, normaliza determinados discursos y utiliza fundaciones, medios de comunicación, redes sociales, «think tanks», consultoras y empresas tecnológicas para crear las condiciones políticas adecuadas.

Y aquí entran en juego los peones y los líderes. Personajes como Cerimero y otros equivalentes nacionales pueden ser extraordinariamente útiles para esta operación. También los dirigentes: los Milei, Fujimori o Espriella; Orbán, Meloni o Abascal.

Los peones no son el tablero. La política del capital tiende a presentarnos a determinados líderes como fenómenos excepcionales: individuos carismáticos, con gran capacidad de dirección política, capaces de solucionar los desmanes de nuestra sociedad.

Estos individuos pueden ser importantes e incluso llegar a creerse los protagonistas de la partida, pero no son el tablero. De hecho, seguirán unas reglas ajenas a lo que prometieron servir y serán sustituidos como juguetes rotos cuando se quemen, mientras los intereses ocultos tras miles de bits digitales seguirán trabajando para mejorar la posición de clase de una minoría.

Frente a su internacional fascista deberemos anteponer nuestro internacionalismo proletario.

La respuesta debe ser política. Si el capital utiliza mecanismos internacionales para organizar la reacción, la clase trabajadora necesita recuperar esa perspectiva internacionalista.

Frente al trabajador español enfrentado al trabajador inmigrante, internacionalismo.

Frente a la gigantesca máquina de manipulación digital, organización y lucha.

Fuente: unidadylucha.es

martes, 27 de octubre de 2026

Mensaje en la botella para el pueblo de España


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Abstención, lucha de clases y la necesidad de recuperar nuestra voz

Hay mensajes que se lanzan al mar sin saber quién los encontrará. Este artículo quiere ser uno de ellos: una invitación a quienes han dejado de confiar en la política, se sienten decepcionados por los partidos o creen que votar no sirve para nada. No se trata de ignorar sus razones, sino de plantear una pregunta: si renunciamos a participar, ¿quién tomará las decisiones que afectan a nuestras vidas?

Quien trabaja y no consigue llegar a fin de mes, quien no puede emanciparse por el precio de la vivienda, quien busca empleo sin encontrarlo o quien necesita una pensión, servicios públicos y apoyos para vivir con dignidad tiene motivos para exigir respuestas. Pero abandonar las urnas no obliga a los partidos a cambiar. Puede, en cambio, reducir la capacidad de influir de quienes más necesitan que las políticas públicas protejan sus derechos.

Una conquista que no debemos despreciar

Durante la dictadura franquista, los partidos políticos estuvieron prohibidos, la oposición fue perseguida y el sindicalismo independiente sufrió la represión. Trabajadores, estudiantes, mujeres, militantes y movimientos populares lucharon por conquistar las libertades que hoy podemos ejercer. La democracia no fue un regalo: fue resultado de una lucha colectiva.

La recuperación de las elecciones y de las libertades políticas abrió una etapa nueva, pero no acabó con las desigualdades económicas ni con los privilegios. La democracia formal tampoco garantiza por sí sola una vivienda asequible, un empleo digno o unos servicios públicos suficientes. Para avanzar en esos derechos hacen falta organización social, movilización y decisiones políticas.

Por eso, recordar las luchas democráticas no significa idealizar el sistema actual. Significa comprender que las libertades deben ejercerse y ampliarse. Si dejamos de participar porque estamos decepcionados, no desaparecen los intereses económicos ni los conflictos sociales: las decisiones siguen tomándose, con independencia de que acudamos o no a votar.

La abstención también tiene consecuencias

En las elecciones generales del 23 de julio de 2023, la participación fue del 70,4 % y la abstención alcanzó el 29,6 %: 10.402.450 electores no votaron. En noviembre de 2019, la participación había sido del 66,23 %. La diferencia entre ambas convocatorias muestra que la movilización electoral cambia según el contexto político y las circunstancias de cada elección. 

Las causas de la abstención son diversas. Hay personas que rechazan a todos los partidos, otras se sienten defraudadas por quienes votaron anteriormente y algunas no encuentran una candidatura que responda a sus preocupaciones. También influyen las circunstancias personales y las dificultades para participar. No podemos afirmar que todas las personas abstencionistas sean de izquierdas, pertenezcan a la clase trabajadora o compartan una misma motivación.

Sin embargo, hay un riesgo político que conviene comprender. La abstención no transfiere votos de la izquierda a la derecha, pero puede favorecer electoralmente a esta última cuando una parte del electorado progresista deja de votar y el electorado conservador mantiene su movilización. Si unos se quedan en casa y otros acuden a las urnas, los segundos aumentan su peso relativo entre los votos emitidos.

El efecto depende de quién se abstiene, de la distribución territorial del voto y de las reglas electorales. En España, los escaños del Congreso se reparten por provincias mediante la fórmula D’Hondt, y el número de representantes de cada circunscripción influye en las posibilidades de obtener escaño. Por eso, el resultado no depende únicamente del porcentaje estatal de votos.

La abstención no siempre perjudica a la izquierda ni beneficia necesariamente a la derecha. Pero quedarse en casa no es una forma fiable de castigar a un partido. La ausencia puede expresar desencanto, aunque no obliga a ninguna organización a interpretar el mensaje ni a cambiar sus políticas. Los votos emitidos, en cambio, sí determinan la representación parlamentaria.

La idea de que «mi voto no cambia nada» tampoco tiene en cuenta que los resultados colectivos se construyen con decisiones individuales. No todos los votos tienen el mismo efecto sobre el reparto de escaños, pero en una elección ajustada unos pocos pueden resultar decisivos. Y aunque una papeleta no resuelva por sí sola los problemas de una persona, renunciar a votar tampoco los resolverá.

La lucha de clases no termina al salir del centro de trabajo

La política es también un terreno donde se decide cómo se distribuyen los recursos, quién soporta las desigualdades y qué derechos se protegen. La lucha de clases se expresa en los salarios, la precariedad, la vivienda, los impuestos, las pensiones y la financiación de los servicios públicos. No desaparece porque disminuya el interés por las elecciones.

La clase trabajadora tampoco está formada únicamente por quienes tienen hoy un empleo. Incluye realidades diversas: personas asalariadas, desempleadas, jubiladas, cuidadoras sin remuneración y personas que, por una discapacidad, una enfermedad u otras circunstancias, necesitan apoyos para vivir con autonomía. Sus situaciones no son idénticas, pero muchas dependen de cómo se distribuyen la riqueza y las oportunidades y de qué protección ofrece la sociedad.

Las pensiones, la sanidad pública, la educación, la atención a la dependencia y las prestaciones sociales no son cuestiones secundarias. Son derechos cuya cobertura y calidad dependen también de decisiones políticas. Una sociedad no puede medir la dignidad de las personas únicamente por su capacidad para trabajar o por los ingresos que generan.

Por eso, jubilados, personas con discapacidad, familias con pocos recursos y quienes necesitan apoyos públicos tienen razones para participar y examinar las propuestas de las distintas candidaturas. No porque deban votar automáticamente a una determinada formación, sino porque las decisiones políticas afectan a sus condiciones de vida y a sus derechos.

Aquí existe una diferencia política importante entre la izquierda y la derecha. La tradición de la izquierda ha estado vinculada a las luchas del movimiento obrero, la ampliación de los derechos sociales, la redistribución de la riqueza y la defensa de los servicios públicos. Son conquistas asociadas a décadas de organización sindical, movilización popular y acción política. Frente a proyectos que priorizan la reducción de impuestos a quienes más tienen, la privatización o el debilitamiento de la protección colectiva, la izquierda tiene la responsabilidad de defender y ampliar los derechos de las mayorías trabajadoras y de los sectores más vulnerables.

Eso no significa que cualquier partido que se defina de izquierdas cumpla automáticamente esa función. Las propuestas, las decisiones y los resultados deben examinarse críticamente. Pero sí significa que, para quienes defienden la igualdad social y los derechos de las clases populares, tiene sentido participar y apoyar electoralmente a las opciones de izquierda que mejor representen esos objetivos. La crítica a sus errores no exige abandonar las urnas; también puede servir para exigirles más y construir alternativas mejores.

La participación se construye colectivamente

La abstención no se combate culpando a quienes no votan. Se combate escuchando sus razones y recuperando los vínculos entre la política y los problemas cotidianos. Los sindicatos, las asociaciones vecinales, las organizaciones de pensionistas y las plataformas en defensa de la sanidad, la educación, la vivienda o la dependencia pueden ayudar a convertir necesidades compartidas en demandas colectivas.

La participación tampoco se limita a las campañas electorales. Se construye en los centros de trabajo, los barrios, las asociaciones y los movimientos sociales. Estos espacios permiten informarse, debatir y organizarse, mientras que las elecciones deciden quién ocupa las instituciones y con qué programa y apoyos puede gobernar.

Quienes ya participan pueden contribuir hablando con familiares, amistades, compañeros de trabajo y vecinos que se han alejado de la política. No para imponerles una papeleta, sino para conversar sobre los problemas que les afectan, contrastar propuestas y recordarles que su voz también cuenta. La movilización democrática necesita argumentos y confianza, no reproches.

Esta responsabilidad alcanza igualmente a los partidos. No pueden reclamar el voto de las clases populares y olvidarse de sus problemas el resto de la legislatura. Deben escuchar, explicar sus decisiones, cumplir sus compromisos y rendir cuentas. La confianza no se exige: se gana con políticas, resultados y coherencia.

Votar a la izquierda sin renunciar a la crítica

Participar no significa entregar un cheque en blanco. Significa reconocer que las decisiones políticas tienen consecuencias y que conviene influir en ellas. La ciudadanía debe comparar programas, examinar trayectorias y valorar qué candidaturas ofrecen respuestas más convincentes a sus necesidades y principios.

Para quienes viven de su trabajo, dependen de una pensión, afrontan el desempleo o necesitan servicios públicos, la política no es una discusión lejana. Las decisiones de los ayuntamientos, las comunidades autónomas, el Estado y las instituciones europeas afectan a la vivienda, la sanidad, la educación, las pensiones, los derechos laborales y las prestaciones sociales.

Por eso, si defendemos una sociedad más justa, en la que la riqueza se distribuya mejor y nadie quede abandonado por no tener recursos o no poder trabajar, debemos implicarnos en las decisiones que pueden acercarnos a ese objetivo. La participación electoral y la movilización social son herramientas complementarias: votar a opciones de izquierda comprometidas con los derechos sociales puede ayudar a avanzar, y organizarse permite exigir que cumplan lo prometido.

No se trata de afirmar que el voto lo cambia todo ni de negar las limitaciones de las instituciones. Se trata de no regalar nuestra capacidad de decisión. La derecha no necesita que quienes discrepan de sus políticas la apoyen; le basta, en determinadas circunstancias, con que sus adversarios se desmovilicen mientras su propio electorado permanece activo.

Que nuestra voz no vuelva a quedar en silencio

Los derechos laborales, las libertades democráticas, las pensiones y los servicios públicos son fruto de luchas colectivas. No están garantizados para siempre. Defenderlos exige organización, participación y capacidad para exigir responsabilidades a quienes gobiernan.

Este mensaje no pide fidelidad incondicional a ningún partido. Invita a quienes están decepcionados a no confundir la crítica con la renuncia, ni el rechazo a una organización concreta con la indiferencia ante las decisiones que afectan a toda la sociedad. Si los partidos de izquierda fallan, hay que exigirles que rectifiquen y que respondan a las necesidades populares. Pero dejar de participar puede reducir la capacidad de quienes más necesitan las políticas sociales para defender sus derechos.

La pregunta no es si un voto aislado puede resolverlo todo. La pregunta es qué ocurre cuando millones de personas renuncian a participar y qué podemos conseguir cuando convertimos nuestras necesidades en demandas compartidas. Votar no sustituye la lucha social, pero puede contribuir a determinar quién legisla, qué políticas se financian y qué derechos se protegen.

Si queremos una sociedad más igualitaria, no basta con indignarse ante las injusticias: hay que organizarse, movilizarse y participar. Y, cuando llegue el momento de votar, valorar qué opciones defienden con mayor claridad los intereses de las clases trabajadoras y de quienes más necesitan una sociedad solidaria.

La confianza debe ganarse, los compromisos deben cumplirse y los derechos deben defenderse. Esa es también la razón para acudir a las urnas y exigir más a la izquierda, no para renunciar a ella sin haber construido una alternativa mejor.

En el próximo artículo abordare precisamente esa tarea: qué debe exigir la clase trabajadora a la izquierda, desde los salarios y la vivienda hasta las pensiones, la sanidad, la educación y la protección social, y cómo convertir esas demandas en compromisos concretos y verificables.