viernes, 12 de junio de 2026

Otra historia de justicia al revés

 
Por Juan Torres López | 02/06/2026 | España

Fuentes: Ganas de escribir










               El exmagistrado y presidente de honor de esta revista, José Antonio Martín Pallín, está mostrando en sus intervenciones y libros que en España se viene produciendo un golpe de Estado judicial.

Sus argumentos me parecen de gran solidez y comparto esa opinión. Todavía más, viendo cómo se instruye y acusa al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero o a la esposa del presidente del Gobierno, por no hablar de lo sucedido con el anterior fiscal general. En este artículo, sin embargo, no me propongo incidir en esa idea, sino mostrar que el Tribunal Supremo español tiene una querencia especial que le lleva a favorecer de forma desproporcionada a los poderosos en general y a los bancos en particular.

Utilizaré como prueba de ello un caso que ha tenido un enorme coste para millones de españoles, el de las reclamaciones por la utilización por las entidades bancarias del denominado Índice de Referencia de Préstamos Hipotecarios (IRPH).

El IRPH

El IRPH es un índice oficial calculado por el Banco de España como media de los tipos de los préstamos hipotecarios que dan las entidades bancarias. A diferencia de otro quizá más conocido, el Euríbor (tipo de interés medio al que los bancos europeos se prestan dinero entre en el mercado interbancario), el IRPH incorpora en su cálculo los diferenciales (el tipo fijo que los bancos pueden sumar al interés de referencia) y las comisiones que los bancos cobran. Por tanto, es más caro para el consumidor.

Por esta última razón, el Banco de España advirtió en 1994 que, para igualar ambos índices, cuando se aplicara el IRPH se debería añadir un diferencial negativo al precio real del mercado.

El problema

Si ese diferencial no se incluye, el consumidor al que un banco aplica el IRPH terminará pagando bastante más al final de la hipoteca que si se le aplica cualquier otro. Y el problema se produjo cuando, en miles de casos, los bancos no sólo no lo aplicaron, sino que ni siquiera informaron con un mínimo detalle a sus clientes del sobrecoste en el que incurrían.

El daño total producido es difícil de calcular, pero hay estimaciones que dan buena medida de su magnitud y gravedad. Las del beneficio extraordinario que obtuvieron los bancos españoles al aplicar el IRPH en lugar de otros índices más bajos varían entre los 25.000 millones de euros entre 2004 y 2009 de la asociación de consumidores Asufin, los 37.000 millones de euros calculados por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) y los 44.000 millones de Goldman Sachs. El sobrecoste pagado en promedio por cada consumidor se situó entre 25.000 y 28.000 de euros, y el número de personas afectadas se estima entre 500.000 y un millón.

Es importante señalar que el sobreprecio que los bancos impusieron a sus clientes no provocó solamente un daño o coste económico particular a las personas afectadas. Esa cantidad de dinero tan grande que dejó de estar en sus bolsillos para irse a la cuenta de beneficios de los bancos supuso una merma muy notable de gasto en consumo o de ahorro familiar que afectó directamente a la demanda de bienes y servicios. Por lo tanto, disminuyó también los ingresos de miles de empresas productivas. Un efecto muy negativo para la economía que se produjo, además, en años particularmente complicados por vivirse bajo el impacto de una gran crisis económica.

Las reclamaciones

Cuando los pagos mensuales de la hipoteca comenzaron a darse, miles de personas comprobaban que pagaban más dinero que otras personas que las tenían de la misma cuantía. Enseguida descubrieron que los bancos les habían aplicado un tipo de interés basado en un índice más elevado sin haberles informado de ello. Se comenzaron a interponer entonces cientos de reclamaciones y demandas judiciales.

Sobre la mesa se pusieron dos cuestiones esenciales. La primera, si los bancos habían actuado con buena fe profesional, si cumplieron con un elemental deber de transparencia y, como he dicho, si informaron a sus clientes de que el índice aplicado terminaría por hacerles pagar una cantidad más elevada. La segunda, si la posible falta de información había supuesto un abuso real, es decir un sobrecoste sustancial y no poco significativo.

Las disputas llegaron finalmente al Tribunal Supremo y al de Justicia de la Unión Europea y el resultado ha sido muy claro: proteger a la banca, recurriendo para ello a construcciones jurídicas que poco tienen que ver con la idea material de justicia en el sentido más elemental y auténtico de este término.

La trampa del Tribunal Supremo

Para comprender lo que ha hecho el Supremo no basta con decir que falló a favor de los bancos. Hay que saber explicar cómo lo hizo, porque la sofisticación del mecanismo es precisamente lo que lo hace tan eficaz y difícil de combatir.

El Tribunal construyó a lo largo de varios años un mecanismo de protección a los bancos basado en tres elementos fundamentales.

El primero, separar transparencia de abuso para vaciar de contenido a ambas. El Supremo estableció en 2017 que el IRPH era un índice oficial y que su mera oficialidad implicaba transparencia. Cuando en 2020 el Tribunal de Justicia de la Unión Europea le obligó a corregir esa posición el Supremo lo aceptó formalmente. Pero rápidamente neutralizó su efecto estableciendo que la transparencia quedaba cumplida sólo con que el contrato mencionara el índice e hiciera referencia a la Circular del Banco de España, sin necesidad de explicar al cliente qué dice ni qué implica.

El segundo elemento fue hacer que el desequilibrio entre las partes fuese prácticamente indemostrable. Para ello, el Supremo estableció que, aunque se acreditara falta de transparencia, la cláusula seguía siendo válida salvo que se demostrara que había una desproporción «muy evidente» entre el tipo efectivo y el de mercado en el momento de la firma. Y para ello descartó expresamente la comparación entre el IRPH y el Euríbor (el único dato que la mayoría de los afectados puede acreditar con facilidad), exigiendo en cambio una prueba pericial que es de enorme complejidad y de alto coste, sobre todo para los consumidores.

Para demostrar que hubiera habido abuso, el perito del consumidor afectado tendría que reconstruir el coste medio real de todas las hipotecas firmadas en España en el mes exacto de la firma, para lo cual se necesita combinar fuentes del Banco de España, estadísticas del INE y datos de tipos medios de mercado, y justificar en cada caso la elección metodológica realizada. Pero el banco, por su parte, contratará a su propio economista con criterios diferentes, igualmente defendibles. Y el Supremo se reserva el derecho a rechazar cualquier metodología sin haber fijado de antemano qué fuentes son válidas, ni cuántos puntos de diferencia constituyen una desproporción suficiente.

El tercer elemento fue aún más ingenioso y taimado. Para determinar el daño real, el Supremo no pidió comparar el IRPH con el Euríbor ni tomar en consideración el sobrecoste total de la hipoteca. Estableció que el IRPH se debía comparar con un índice sintético representativo del coste medio del crédito general en el mercado, y no sólo con otros índices hipotecarios. Al incorporar referencias más amplias , el resultado es un índice inevitablemente más elevado, lo que facilita concluir que el daño ocasionado por la aplicación del IRPH es reducido.

Como añadidura, el Supremo exigió que cada afectado probase individualmente qué entendió a la hora de contratar, qué información recibió y cómo se produjo la comercialización concreta de su hipoteca, lo cual hizo prácticamente inviable la litigación colectiva que es la que favorece la resolución de este tipo de abusos a favor de los consumidores.

El resultado del mecanismo completo es evidente y previsible: si la transparencia se supera con casi cualquier mención formal al índice, y si el abuso sólo se declara ante una desproporción que hay que demostrar con una pericial que el Supremo puede rechazar sin argumentos objetivos, y comparando el IRPH con índices de tarjetas de crédito, la nulidad del IRPH se convierte en prácticamente imposible.

Europa corrigió en falso

Muchas personas afectadas por el IRPH pusieron sus esperanzas en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) porque la Directiva europea 13 de 1993 estableció con claridad que una cláusula no negociada individualmente puede ser declarada nula si causa un desequilibrio importante en perjuicio del consumidor, y que el consumidor debe poder comprender sus consecuencias económicas reales. Una directiva que tiene primacía sobre el derecho nacional.

Con ese fundamento, el TJUE sentenció en 2020 que el IRPH no es intocable por el hecho de ser un índice oficial; que los bancos debían haber facilitado información suficiente; y que, si no lo hicieron, el juez puede declarar la nulidad. Y en 2024 reafirmó que la publicación oficial no bastaba para cumplir la exigencia de transparencia y que la comparación debe hacerse con el conjunto del mercado hipotecario, no solo con el Euríbor.

Sin embargo, el tribunal europeo no declaró abusivo el IRPH, no dijo que las cláusulas fueran nulas por definición y no estableció una consecuencia automática. Manteniendo formalmente una posición diferente a la del Supremo, lo que hizo en realidad fue establecer principios abstractos y devolver la pelota a los tribunales españoles.

Y lo más revelador llegó en febrero de 2026. Una sentencia de 12 de febrero vino a respaldar explícitamente la posición del Supremo: la transparencia no exige al banco explicar la metodología del índice, siendo suficiente informar de la variabilidad y sus consecuencias económicas. Seis años después de su primera corrección al Supremo, el tribunal europeo se puso de acuerdo con él.

No es justicia, es política. Son privilegios

A la hora de juzgar el comportamiento de los bancos, muchos jueces dictaron sentencias sensatas y equilibradas. El Tribunal Supremo, por el contrario, recurrió a argumentos sibilinos para imposibilitar, en la práctica, que los abusos de los bancos pudieran revelarse. Recurriendo a argumentos claramente torticeros ha permitido que estos últimos hayan producido un daño multimillonario a millones de españoles, a miles de empresas y al conjunto de la economía.

En la crisis de 2008 se quiso convencer a la gente de que los bancos que se habían hundido a base de estafar a sus clientes mediante todo tipo de irregularidades y engaños eran «demasiado grandes para dejarlos caer». En el caso del IRPH, el Tribunal Supremo español nos ha demostrado que, además, son suficientemente poderosos como para que no se pueda (o no se quiera) quitarles sus privilegios. No ha hecho justicia, ha dado otros nuevos al más fuerte.

Y eso quizá explique también por qué se dan golpes de Estado contra unos políticos y no contra otros.

Publicado en ctxt.es el 29 de mayo de 2026

Fuente: https://juantorreslopez.com/otra-historia-de-justicia-al-reves/

Cuba. Raúl Castro y uno de los secretos mejor guardados de la Revolución


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on 21 mayo, 2026















Por Hernando Calvo Ospina . Resumen Latinoamericano, 21 de mayo de 2026

Trump declaró que estaría «orgulloso» de «apoderarse» de Cuba, y su ministro de Justicia solicitó el enjuiciamiento de Raúl Castro. En 1981, Raúl, entonces ministro de las Fuerzas Armadas, se reunió en Moscú con Brezhnev y se enteró de que su país se quedaría solo ante una agresión de Reagan. Desde entonces, Cuba se prepara para la «guerra de todo el pueblo»…

Raúl Castro no lo reveló hasta el 23 de octubre de 1993, durante una entrevista concedida al periodista mexicano Mario Vázquez Raña. Raúl explicó también cómo eso les llevó a desarrollar la doctrina militar de defensa estratégica: «La Guerra de Todo el Pueblo».

«A principios de los años ochenta, visité la URSS y mantuve una entrevista oficial con el presidente del Soviet Supremo y secretario general del PCUS, en la que participaron el ministro de Defensa y el secretario del Comité Central para las Relaciones Exteriores. Fui solo, a petición suya. El traductor era soviético.

«Ante la agresividad de la administración Reagan hacia Cuba desde su llegada al gobierno, el objetivo de nuestra visita a Moscú era exponer nuestra opinión a la dirección soviética sobre la urgencia de desarrollar acciones políticas y diplomáticas extraordinarias con el fin de frenar las renovadas intenciones yanquis de asestar un golpe militar a Cuba.

«Sugerimos que esto podría consistir en una advertencia oficial soviética a Estados Unidos, en la que se indicara que «la URSS no toleraría una agresión contra Cuba», y en la que se exigiera a Washington la estricta aplicación del compromiso de no atacar a Cuba, adoptado durante la Crisis de Octubre de 1962. (…)

«Escucha bien, Mario, la respuesta del máximo dirigente soviético fue categórica: «En caso de una agresión norteamericana contra Cuba, no podremos luchar en Cuba —afirmó textualmente—, porque estáis a 11 000 kilómetros de nosotros». Y añadió: «¿Iríamos allí para que nos dieran una paliza?

«La parte soviética nos hizo saber que no estaba en condiciones de dar a Estados Unidos ningún tipo de advertencia relativa a Cuba, ni siquiera de recordar a Washington el compromiso de Kennedy de octubre de 1962, continuamente cuestionado por cada administración yanqui (…)

«Como comprenderás, era el momento más agresivo del primer período de la administración Reagan y de su todopoderoso secretario de Estado, Haig, el exgeneral y excomandante supremo de la OTAN, quien, como recordarás, exigía de manera insistente y sin rodeos sofocar las revoluciones en Centroamérica liquidando su origen, que, según él, era Cuba.

«Desde hacía tiempo, teníamos la convicción de que la URSS no se lanzaría a una guerra por Cuba y sabíamos que solo tendríamos que contar con nuestras propias fuerzas para defendernos, pero fue precisamente en ese momento de gran peligro cuando la dirección soviética nos hizo saber solemne, clara y oficialmente que, ante una posible agresión militar del Pentágono, Cuba se encontraría dramáticamente sola.

«No se te escapará que el hecho de conocer esta postura soviética habría supuesto para Estados Unidos un aliciente para una nueva agresión, sabiendo que gozarían de total impunidad.

«Esto nos obligó a guardar celosamente el secreto para no incitar al enemigo, y a redoblar nuestra preparación para librar la «Guerra de Todo el Pueblo» si el imperialismo nos la imponía. (…)

«A nuestro interior, solo Fidel, yo y otros pocos compañeros lo sabíamos. Esto recibió el nombre en clave de «Caso Pandora». Nosotros  soportábamos la amargura en silencio. Asimilamos la experiencia y sacamos una mayor energía de todo ello para prepararnos a asumir solos nuestra misión histórica. Solos, como siempre lo habíamos estado para librar nuestras guerras por la independencia. (…)

– General, en ese momento, ¿qué medidas adoptó Cuba?

«Tomamos un conjunto de medidas que nos permitieron aumentar al máximo nuestras reservas militares de todo tipo, objetivo que alcanzamos, además de emprender la creación de las reservas de Estado, modernizar y completar toda nuestra industria militar, mejorar cualitativamente el armamento y los medios de combate de nuestras tropas regulares y modernizar los ya existentes. (…)

«En nuestro sistema, las tropas terrestres son las fuerzas decisivas, ya que, una vez desembarcado el enemigo, los combates se librarían en nuestro territorio, cara a cara, a tiro de fusil. Y en esas condiciones, la superioridad moral de los hombres que defienden su patria es infinitamente superior a la del odioso invasor (…)

«La eficacia de la aviación enemiga se ve parcialmente anulada cuando sus soldados y los nuestros se mezclan en el campo de batalla.

«En una guerra prolongada, con dos o tres de nuestros francotiradores en posición (y tenemos decenas de miles), se mata a un yanqui, preferiblemente a un oficial, ¿podría el invasor asumir tantas bajas y persistir en su agresión? Esto también es válido en lo que respecta a nuestras tropas especiales. Si tan solo el 20 por ciento de nuestros millones de compatriotas armados y organizados lucharan —y estamos seguros de que el porcentaje de valientes es infinitamente superior—, la guerra estaría perdida para el agresor.

«La lucha se libraría en cada rincón del país, sin frente ni retaguardia. Para ello contamos, además de con las tropas regulares, con las milicias de las Tropas Territoriales y las Brigadas de Producción y Defensa, organizadas en cada provincia y sus 169 municipios.

«Habría combates en las más de mil cuatrocientas zonas de defensa si el enemigo fuera capaz de llegar hasta allí, una hipótesis muy poco probable, ya que para ello se necesitarían millones de soldados. E incluso así, estarían extremadamente debilitados, pues dondequiera que fueran podrían pisar una mina, ser abatidos por una bala o una granada, y las emboscadas serían su pesadilla. El suelo ardería bajo sus pies, desde las entrañas de la tierra, a raíz de sus ataques aéreos. Los combatientes surgirían para ajustarles cuentas en el suelo sagrado de la Patria, que no admite ninguna bota de invasor, y finalmente, el poder revolucionario resurgiría de nuevo. (…)»

* Este texto se publicó en el libro «Cuba, 50 años de revolución. Hasta la victoria siempre» (Varios autores. Coordinación: Hernando Calvo Ospina). Editado por la Asociación France-Cuba y Le Temps des Cerises éditeurs, París, 2009.

Fuente: El Clu de Mediapart 

Caos controlado: cómo Washington está saboteando el mundo multipolar y sacrificando a Europa

 
EUROPA, EE.UU. :: 01/06/2026

ACRO-PÓLIS

Entrevista con el analista italiano Thomas Fazi :: "Incapaz de derrotar a sus rivales directamente, EEUU busca impedir la consolidación de cualquier orden alternativo estable"

ACrO-Pólis: Existe la creencia generalizada de que está surgiendo un orden multipolar; sin embargo, usted ha descrito la política exterior estadounidense --en particular la de Trump-- no como errática, sino como un «caos orquestado». ¿Cómo utiliza Washington con éxito esta estrategia para obstaculizar un nuevo orden internacional estable, y quiénes son las principales víctimas: adversarios declarados como China o «socios» europeos?

Thomas Fazi: Sí, creo que la estrategia de Washington no carece de rumbo, sino que consiste en la creación deliberada de caos y desorden permanentes. Incapaz de derrotar a sus rivales directamente, EEUU busca impedir la consolidación de cualquier orden alternativo estable. La lógica es simple: un mundo multipolar requiere, por definición, cierto grado de orden y previsibilidad internacionales. Al desmantelar sistemáticamente ese orden --descartando tratados, instrumentalizando sanciones, lanzando guerras ilegales y desestabilizando estados periféricos-- Washington se asegura de que ningún sistema internacional alternativo, estable y coherente, pueda arraigarse.

Tanto China como Europa son blanco de esta estrategia globalizada de guerra indirecta, que ataca los puntos débiles del sistema rival, aunque ambas la abordan de forma muy diferente. China es el principal adversario a largo plazo de EEUU, cuyo ascenso debe frenarse a toda costa, pero también es un país grande, con armamento nuclear, aliado de Rusia y demasiado integrado económicamente en el sistema global como para ser atacado directamente. Europa es mucho más vulnerable y, en muchos sentidos, un objetivo más conveniente a corto plazo. Mantener a Europa desestabilizada, dependiente y vinculada a Washington a través de la OTAN y la energía impide el surgimiento del único bloque geopolítico que, de alcanzar una verdadera autonomía, podría modificar decisivamente el equilibrio global: un espacio económico euroasiático plenamente integrado en un nuevo marco global multipolar o policéntrico.

Europa es, por lo tanto, una de las principales víctimas de esta estrategia, probablemente más que China. La guerra en Ucrania, el sabotaje de EEUU al Nord Stream, el cambio forzado al costoso gas natural licuado estadounidense en lugar del gas ruso a través de gasoductos, la guerra contra Irán y sus devastadoras consecuencias energéticas para el continente: nada de esto es casual. Son los resultados previsibles de una estrategia diseñada para mantener a Europa débil, dividida y subordinada.

Usted argumenta que Washington ha sustituido deliberadamente la dependencia de Europa del gas ruso por una dependencia del gas natural licuado (GNL) estadounidense. Dadas las enormes tensiones surgidas en marzo de 2026 por el bloqueo de los gasoductos en Ucrania (por ejemplo, el de Druzhba), ¿se ha convertido la infraestructura energética en una herramienta que EEUU utiliza para presionar, a través de Kiev, a estados de la UE considerados "desobedientes", como Hungría o Eslovaquia

Que la infraestructura energética se haya convertido en una herramienta de presión geopolítica ya no es una hipótesis, sino un hecho documentado. La Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU define explícitamente el "dominio energético estadounidense" como una prioridad estratégica, y Trump no ha ocultado el uso de las exportaciones de GNL como moneda de cambio para obtener concesiones políticas y económicas de los gobiernos europeos.

La situación de Druzhba, sin embargo, requiere un análisis más detenido. Los ataques contra la infraestructura energética húngara y eslovaca son muy probablemente obra del establishment UE-OTAN, que incluye facciones liberal-atlantistas dentro del aparato estatal estadounidense, pero que no deben equipararse simplemente con la Casa Blanca. El momento elegido es particularmente revelador: estas acciones tenían claramente como objetivo desestabilizar al gobierno de Orbán antes de las elecciones húngaras. Dado que Orbán es uno de los aliados europeos más cercanos a Trump, sería extraño atribuir la responsabilidad a la Casa Blanca. Lo que estamos presenciando es al aparato transatlántico permanente --el aparato Bruselas-OTAN-- persiguiendo su propio interés institucional en eliminar un elemento disruptivo, incluso a costa de actuar contra un aliado del presidente estadounidense en funciones.

La idea principal sigue siendo válida: la energía se ha convertido en la principal herramienta mediante la cual tanto Washington como el aparato de Bruselas disciplinan a los Estados miembros que persiguen políticas independientes. Hungría y Eslovaquia están siendo castigadas no por violar las normas de la UE, sino por negarse a subordinar sus intereses nacionales al consenso atlantista.

En uno de sus informes para MCC Bruselas, usted habla de un «golpe silencioso» por parte de la Comisión Europea. ¿Por qué la burocracia de Bruselas se involucra en un juego económico autodestructivo que sirve a los intereses de Washington? ¿Hasta qué punto se está utilizando la crisis actual para usurpar poderes que legítimamente pertenecen a los Estados-nación soberanos?

Washington ha apoyado durante mucho tiempo la integración europea argumentando que un gobierno supranacional es más fácil de gestionar que decenas de gobiernos nacionales. Por lo tanto, la UE siempre ha funcionado, en parte, como un instrumento de influencia estadounidense. Pero reducirla solo a eso sería pasar por alto un punto crucial. La función más profunda de la UE es la transferencia de poder de los Estados nación democráticos a los intereses oligárquicos de las élites --financieras, corporativas y burocráticas-- cuyo poder crece precisamente cuando la gobernanza se transfiere a instituciones aisladas de la rendición de cuentas popular. El aparato de Bruselas sirve a una superclase transnacional, y la conexión con EEUU es solo una dimensión de esto, no la historia completa.

Lo que ha cambiado bajo el mandato de von der Leyen es el ritmo y la audacia de la centralización. La guerra contra Irán brindó una nueva oportunidad. La Comisión aprovechó la crisis para afianzar su control sobre áreas de la política exterior que formalmente corresponden al Alto Representante --quien se supone que debe reflejar las opiniones de los Estados miembros--, mediante el establecimiento de estructuras paralelas, incluyendo una célula de inteligencia bajo la supervisión directa de la Comisión y una nueva Dirección General para Oriente Medio. El patrón es constante: cada nueva crisis se convierte en un pretexto para una mayor transferencia de soberanía hacia arriba, alejándola de los Estados miembros y de las instituciones con un mínimo de fundamento democrático, hacia las instituciones supranacionales estructuralmente antidemocráticas de la UE.

Mientras que la UE exige una desvinculación casi total del Este, Budapest [bajo el gobierno anterior] ha mantenido proyectos como la central nuclear Paks II. Esta cooperación tecnológica y energética pueden servir como pilares fundamentales para la integración multipolar de Europa, y ¿por qué Hungría parecía ser el único país de la UE que se tomaba en serio el concepto de «autonomía estratégica»?

La insistencia de Hungría en completar el proyecto Paks II, mantener los lazos energéticos con Rusia y preservar las relaciones comerciales con China reflejaba una comprensión coherente de lo que la autonomía estratégica requiere en la práctica, en contraposición al discurso retórico propagado por Bruselas. Proyectos como Paks II son importantes no solo por su producción energética, sino también como pilares a largo plazo: forjan vínculos técnicos y económicos mucho más difíciles de romper que las alianzas políticas, y demostraron a sus socios que Budapest pretendía seguir siendo un interlocutor serio, independientemente de las presiones institucionales a las que estuviera sometida.

En cuanto a por qué Hungría se ha encontrado prácticamente aislada, parte de la respuesta reside precisamente en Orbán, un estadista verdaderamente excepcional (a pesar de su proximidad al régimen de Netanyahu) según los sombríos estándares de la política europea contemporánea, quien ha demostrado estar dispuesto a soportar constantes castigos financieros e institucionales en defensa de lo que considera los intereses nacionales de Hungría.

Pero también existe una explicación estructural. Hasta la década de 1990, los países de Europa Central y Oriental fueron en gran medida inmunes a la colonización cultural e ideológica que décadas de influencia estadounidense, dominio mediático y construcción de instituciones atlantistas habían impuesto a Europa Occidental. El resultado es un sentido de identidad nacional más sólido y espontáneo. Estas sociedades nunca han sido completamente "reprogramadas", y Hungría, bajo el mandato de Orbán, ha sido el país más dispuesto a aprovechar esa diferencia histórica.

Cuando Hungría suspendió temporalmente el suministro de diésel a Ucrania en respuesta a los bloqueos de oleoductos, fue condenada en Bruselas por falta de solidaridad. ¿Es el término «solidaridad europea» hoy en día simplemente un arma ideológica utilizada para reprimir los intereses nacionales y estigmatizar cualquier vía diplomática, como la favorecida por el Sur Global (BRICS)?

La aplicación selectiva de la «solidaridad europea» lo dice todo sobre lo que este concepto significa en la práctica. Hungría y Eslovaquia, Estados miembros de la UE cuyas poblaciones sufren daños económicos considerables debido a las interrupciones en el gasoducto ucraniano, son reprendidas por sus obligaciones con el bloque. Mientras tanto, Ucrania, que ni siquiera es un Estado miembro, es tratada como si exigiera lealtad incondicional a todos los gobiernos europeos. Cuando Hungría suspendió el suministro de diésel en respuesta directa a los ataques contra su infraestructura, fue condenada. Cuando Ucrania ataca la infraestructura de los Estados miembros de la UE, Bruselas guarda silencio.

El concepto se ha convertido, en la práctica, en una herramienta de imposición ideológica, una forma de deslegitimar a cualquier gobierno que se desvíe del consenso atlantista, en lugar de un verdadero principio de apoyo mutuo. Los países que buscan el diálogo diplomático con Rusia, China o el Sur Global son presentados como amenazas a la unidad europea. En este contexto, la solidaridad implica la alineación con las prioridades estratégicas de la UE-OTAN y del liberalismo atlantista, y quienes cuestionan esta alineación son tachados de enemigos de Europa en lugar de defensores de los intereses europeos.

Alemania sigue fielmente las directrices de Washington, pero es el país que más sufre las consecuencias de la desindustrialización. ¿Por qué la élite política alemana --en marcado contraste con el anterior gobierno de Budapest-- no ofrece una resistencia significativa al debilitamiento sistemático de sus bases económicas?

La incapacidad de Alemania para resistir su declive económico cobra sentido al comprender la profunda reorientación que sufrió el país tras 1945. La reprogramación atlantista de la posguerra fue mucho más profunda en Alemania que en cualquier otro lugar de Europa Occidental, transformando no solo las instituciones políticas, sino también las universidades, los medios de comunicación, los centros de estudios y la formación de varias generaciones sucesivas de profesionales cuya visión del mundo se construyó dentro de marcos transatlánticos. El bloque de poder atlantista en Alemania es hegemónico de una manera sin precedentes en otros países, y cualquier político que se desvíe del consenso de Washington se enfrenta a una patologización inmediata, generalmente interpretada como un peligroso eco de los capítulos más oscuros de la historia del país.

No obstante, a pesar de ello, Alemania ha podido mantener una política semiautónoma hasta cierto punto. Bajo el mandato de Schröder (y en cierta medida bajo el de Merkel), Alemania logró forjarse un grado de semiautonomía estratégica frente a Bruselas, de la cual el gasoducto Nord Stream fue la expresión más tangible. Este experimento resultó lo suficientemente amenazador como para provocar un esfuerzo sostenido por restablecer el control total: la marginación gradual de los políticos dispuestos a defender los intereses económicos alemanes y el cuidadoso cultivo de aquellos que no lo harían. Friedrich Merz es el resultado de este proceso de selección, un líder que combina un lenguaje asertivo con una subordinación estratégica total y que preside el declive controlado de la industria alemana sin cuestionarla seriamente.

Usted ha advertido sobre el exceso de confianza en el éxito de la multipolaridad. ¿Cuál es la mayor vulnerabilidad estructural o política dentro de la alianza BRICS que EEUU podría explotar para socavar el surgimiento de este nuevo orden mundial?

Sí, creo que existe bastante complacencia en los círculos pro-multipolaridad, una tendencia a considerar la transición a un nuevo orden internacional como prácticamente inevitable y a pensar que EEUU solo tiene una capacidad marginal para frenarla. Mi postura es menos determinista. Como ya se ha mencionado, un nuevo orden internacional requiere, por definición, cierto grado de orden y estabilidad. Al provocar una desestabilización permanente, EEUU puede crear graves problemas estructurales para el proyecto BRICS sin necesidad de ganar ninguna confrontación directa.

La vulnerabilidad que EEUU está en mejor posición para explotar es la incoherencia estratégica de la respuesta colectiva de la Mayoría Global. Rusia está inmersa en una confrontación militar de facto con la OTAN. Mientras tanto, China sigue evitando el conflicto directo a casi cualquier precio, e Irán se ha visto obligado a depender en gran medida de sus propios medios militares para responder a la agresión estadounidense-israelí (aunque con el apoyo indirecto de China y Rusia). Los BRICS carecen de una doctrina de seguridad unificada o un marco de disuasión compartido, y sus miembros siguen apelando a los insulsos mecanismos de la ONU y a un orden basado en normas cuya naturaleza ficticia, dada la situación en Gaza, resulta imposible de negar. La continua dependencia de marcos que demuestran ser ineficaces conlleva el riesgo de transmitir al bloque occidental la idea de que la escalada no tiene consecuencias graves.

A pesar de su menguante poder, el bloque imperial occidental se mantiene notablemente unido. Desarrollar una coherencia estratégica comparable entre los países de la Mayoría Global es probablemente la tarea más importante para quienes desean que la transición multipolar tenga éxito.

¿Cómo encaja la guerra actual de EEUU e Israel contra Irán y el liderazgo iraní "decapitado" en esta lucha más amplia por la hegemonía mundial? ¿Se trata de un intento por reafirmar el control unipolar sobre una región clave del mundo multipolar?

La guerra contra Irán sigue la misma lógica que describí anteriormente: en lugar de enfrentarse directamente a las grandes potencias, EEUU ataca los eslabones supuestamente más débiles del sistema rival. Irán encaja a la perfección en este papel. Suministra aproximadamente entre el 13 % y el 15 % de las importaciones de petróleo de China, es un componente clave del emergente eje estratégico Rusia-China-Irán y ha sido durante mucho tiempo el principal obstáculo para la supremacía militar occidental indiscutible en la región más rica en energía del mundo. Su eliminación impulsaría simultáneamente los objetivos de dominio energético de EEUU y sirve a los intereses regionales de Israel, y estas dos agendas convergen ahora plenamente en torno a una única operación.

Lo que distingue cualitativamente la guerra actual de los anteriores enfrentamientos entre EEUU e Irán es la imprudencia con la que se inició y la derrota con la que terminó de momento. Las administraciones anteriores comprendieron, al menos en parte, por qué atacar directamente a Irán sería catastrófico, razón por la cual se abstuvieron a pesar de décadas de presión israelí. Esa cautela institucional se ha desvanecido. Europa ya sufre las consecuencias: una grave crisis energética, el riesgo de flujos masivos de refugiados y crecientes demandas de intervención militar directa. Dos guerras devastadoras se desarrollan simultáneamente a las puertas del continente: una en el este, alimentada por Washington, y otra en el sur, que Washington libra activamente. La primera ha sumido a Europa aún más en la dependencia. La segunda conlleva el riesgo real de llevarla al colapso económico y social.

De cara al resto de 2026, ¿vislumbra usted un camino hacia un giro "soberanista" en Europa, o la dependencia estructural de Washington y la burocracia de Bruselas ya ha llegado a un punto de no retorno para la mayoría de los Estados miembros de la UE?

Dos problemas estructurales dificultan enormemente prever un verdadero giro soberanista en Europa a corto plazo. El primero es la ausencia de un partido significativo dispuesto a dialogar con la UE como institución, en lugar de limitarse a criticarla, lo que representa un retroceso respecto al debate de hace una década. El segundo problema, en cierto modo más fundamental, es que prácticamente ningún partido populista de derecha o soberanista (tampoco los socialdemócratas) ha abordado seriamente la subordinación estructural de Europa a EEUU, del cual la UE es en parte un instrumento. Atacar a Bruselas y, al mismo tiempo, congraciarse con Washington no constituye un soberanismo coherente. De hecho, elude la cuestión fundamental de la que depende todo: quién controla, en última instancia, la política exterior, el suministro energético y la postura militar de Europa.

Nos encontramos, pues, ante una paradoja. Las condiciones objetivas para una ruptura con el orden atlantista son más favorables que en las últimas décadas. El poder estadounidense está claramente en declive, la administración Trump está creando divisiones en la opinión pública europea que ninguna administración anterior había logrado, y la legitimidad institucional de la UE atraviesa una profunda crisis. Sin embargo, las fuerzas políticas mejor posicionadas para aprovechar esta oportunidad están inactivas, cooptadas o carecen de la experiencia geopolítica necesaria para comprender lo que está sucediendo. La única buena noticia es que los ciudadanos europeos son cada vez más conscientes de la necesidad de una ruptura radical. En este tema, son los mal llamados partidos antisistema los que más se han quedado rezagados con respecto a sus votantes.

acro-polis.it. Traducción: Carlos X. Blanco.


Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/caos-controlado-como-washington-esta-saboteando-el

jueves, 11 de junio de 2026

Consejo del Genocidio y eje Washington-Israel


MEDIO ORIENTE, EE.UU. :: 01/06/2026

WILLIAM I. ROBINSON

El genocidio israelí constituye un macabro laboratorio para la nueva modalidad de acumulación de la clase capitalista trasnacional, conocida como Pax Silica

La guerra estadounidense-israelí contra Irán ha desviado la atención internacional de Gaza justo cuando Israel transita de un genocidio de alta intensidad a uno de baja. Si bien los sionistas continúan persiguiendo su fatídico "Gran Israel", EEUU encabeza un proyecto estratégico de alcance mucho más vasto, en el que Gaza se perfila como un campo de experimentación para una nueva y más letal fase del capitalismo global.

La crisis de sobreacumulación del capitalismo global genera una intensa presión para la expansión, a medida que la clase capitalista trasnacional (CCT) emprende una búsqueda depredadora de lugares donde colocar ingentes cantidades de capital excedente y abrir nuevos espacios para la obtención de beneficios. Esta expansión violenta conlleva la apropiación de mercados y recursos en todo el mundo mediante la guerra, el desplazamiento y la represión.

La globalización en la región de Asia occidental se inició en los años 80 y se aceleró con la invasión y ocupación estadounidense de Irak en 2003, así como de un sinfín de acuerdos de libre comercio, programas de ajuste estructural y políticas de austeridad supervisadas por el FMI. Esta globalización desató una cascada de inversiones corporativas y financieras trasnacionales en Asia occidental. Congregó el capital del Golfo, entrelazándolo a todos de manera indisoluble en los circuitos globales emergentes de acumulación. De este modo, las burguesías árabes se transformaron en burguesías trasnacionales, a medida que toda la región se incorporaba al sistema globalmente integrado de producción, finanzas y servicios.

Israel se integró en estas redes capitalistas trasnacionales en expansión a raíz de los acuerdos de Oslo firmados en 1993, a medida que las burguesías israelí y árabe comenzaban a desarrollar intereses de clase comunes. En 2020, los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin firmaron los Acuerdos de Abraham, sumándose así a Egipto y Jordania en la normalización de las relaciones con Israel, una apertura que permitió a los grupos de inversión del Golfo inyectar miles de millones de dólares en la economía israelí.

Entre tanto, con el cambio de siglo Israel comenzó a importar mano de obra migrante transitoria para eliminar la necesidad de recurrir a la mano de obra palestina políticamente problemática. Para la década de 2010, cientos de miles de trabajadores migrantes procedentes de Tailandia, China, Nepal, Sri Lanka, India, Europa del Este, Filipinas, Kenia y otros lugares pasaron a constituir la fuerza laboral predominante en la agroindustria israelí y, cada vez más, en otros sectores de la economía.

A medida que el proletariado palestino se convirtió en humanidad excedente, se interponía no sólo en el camino de la expropiación de sus tierras, sino también en el de una nueva ronda de expansión capitalista global en todo Oriente Medio. El genocidio se fue convirtiendo, cada vez más, en una opción atractiva tanto para el régimen sionista como para los sectores más violentos y depredadores de la CCT.

El significado más amplio del "Consejo de Paz" (Consejo del Genocidio) cobra ahora nitidez, arrojando luz sobre el emergente complejo hegemónico del capital trasnacional que se sitúa en el epicentro del actual torbellino mundial. Este bloque triangular congrega a las gigantes tecnológicas, al capital financiero trasnacional y al complejo militar-industrial, y tiene fuertes inversiones en Israel.

Este complejo está profundamente involucrado en sistemas trasnacionales de guerra, control social, represión y vigilancia que se están digitalizando, automatizando e integrando en la economía y la sociedad globales. Estos sistemas constituyen una importante vía para descargar el excedente de capital acumulado, al tiempo que abren a la fuerza el acceso a mercados y recursos.

Israel es el tercer centro tecnológico más grande del mundo. Se globalizó con base en un complejo de alta tecnología, militar, de seguridad y de vigilancia. Su economía se nutre de la violencia, los conflictos y las desigualdades permanentes a escala local, regional y global. El genocidio israelí constituye un macabro laboratorio para la nueva modalidad de acumulación de la CCT, conocida como Pax Silica, fundamentada en una alianza entre Israel y los Estados del Golfo que debía consolidarse por medio del Consejo del Genocidio, inaugurada por Trump en enero pasado. El régimen sionista es una potencia tanto en tecnologías digitales como militares, habiendo combinado ambas en su represión contra el pueblo palestino.

El consejo tiene por objeto abrir la franja a sus recursos de gas y petróleo, a sus bienes raíces frente al mar y a su potencial turístico. Sin embargo, su misión fundamental consiste en convertir a Gaza en un centro neurálgico para el eje de poder público-privado, en torno al cual la tecnología y las finanzas gozarán de total libertad para desarrollar un feudo corporativo soberano.

Netanyahu ha hecho caso omiso del cese al fuego, en tanto se filtró a la prensa un plan para Gaza redactado por Washington, conocido como Reconstrucción, Aceleración Económica y Transformación de Gaza (GREAT, por sus siglas en inglés). Dicho proyecto contemplaba una salida "voluntaria" de los palestinos hacia otro país y una serie de megaciudades de alta tecnología y criptomonedas impulsadas por inteligencia artificial. Aquellos palestinos que se queden como mano de obra barata serán estrictamente controlados mediante la vigilancia biométrica israelí.

Gaza fue la primera guerra de inteligencia artificial del siglo XXI: un genocidio algorítmico. Si el trumpismo global se sale con la suya, Gaza se convertirá en el banco de pruebas donde las clases dominantes subyugarán mediante el autoritarismo tecnocrático la sangre y el capital. Mientras tanto, los palestinos continuarán resistiendo, tal como lo han hecho durante más de un siglo.

* Profesor distinguido de sociología en la Universidad de California, EEUU.

La Jornada

Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/consejo-del-genocidio-y-eje-washington-israel 

El coyote, el correcaminos y el Ángel de la historia

Fuentes: Rebelión

  “Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. Representa a un ángel que parece estar a punto de alejarse de algo a lo que está clavada su mirada. Sus ojos están desencajados, la boca abierta, las alas desplegadas. El ángel de la historia tiene que parecérsele. Tiene el rostro vuelto hacia el pasado. Lo que a nosotros se presenta como una cadena de acontecimientos, él lo ve como una catástrofe única que acumula sin cesar ruinas sobre ruinas, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer los fragmentos. Pero desde el paraíso sopla un viento huracanado que se arremolina en sus alas, tan fuerte que el ángel no puede plegarlas. El huracán le empuja irresistiblemente hacia el futuro, al que da la espalda, mientras el cúmulo de ruinas crece hasta el cielo. Eso que nosotros llamamos progreso es ese huracán.” Walter Benjamín,  Tesis sobre el concepto de historia y otros ensayos sobre historia y política (1940)

Mickey Mouse y la condición moderna

En 1940, poco antes de su muerte en Portbou, Walter Benjamín escribió su célebre tesis IX, perteneciente a su libro Tesis sobre el concepto de historia y otros ensayos sobre historia y política. Inspirándose en el cuadro Angelus Novus de Paul Klee, obra que el ensayista conservaba en su propia colección personal y que se convirtió en una de las imágenes centrales de su pensamiento, Walter Benjamín imaginó al Ángel de la historia empujado hacia delante por la tormenta del progreso, procedente de la propia historia de la humanidad. Incapaz de cerrar las alas contempla, estupefacto, una única catástrofe que acumula ruina sobre ruina a sus pies. Aquella poderosa visión condensaba uno de los diagnósticos más lúcidos y melancólicos del siglo XX: la historia moderna no avanza realmente hacia un horizonte emancipador, sino que se derrumba continuamente sobre sí misma, aunque continúe denominando “progreso” a su propia devastación.

No obstante, Benjamín también prestó una gran atención a las formas emergentes de la cultura popular de masas de su tiempo. En los años treinta del siglo pasado se interesó especialmente por el cine, la reproducción técnica de las imágenes, los dibujos animados y personajes como Mickey Mouse, al considerar que expresaban transformaciones profundas de la sensibilidad moderna bajo las condiciones del capitalismo industrial y tecnológico.

En diversos fragmentos y apuntes vinculados a sus reflexiones sobre la reproductibilidad técnica, Benjamín observó que los dibujos animados mostraban cuerpos capaces de deformarse, explotar, quemarse, aplastarse o recomponerse indefinidamente sin desaparecer nunca del todo, como sucedía en las películas animadas sobre Mickey Mouse, creadas por Walt Disney y Ub Iwerks en 1928. Aquella elasticidad extrema le parecía algo más que un simple recurso humorístico: representaba simbólicamente una nueva forma de adaptación psíquica a un mundo moderno crecientemente mecanizado, violento e inestable. En Mickey Mouse veía Benjamín la caricatura del ser humano entrenado para sobrevivir al choque permanente de la modernidad técnica, una especie de parodia de la condición moderna. De este modo, el célebre ratón podía interpretarse como el emblema de un sujeto acostumbrado a convivir con la catástrofe cotidiana, capaz de continuar funcionando entre explosiones, accidentes y ruinas, sin llegar nunca a detenerse completamente.

Benjamín intuía que la cultura de masas actuaba también como una especie de pedagogía emocional para sociedades sometidas a tensiones constantes, donde el trauma y la destrucción comenzaban a normalizarse como parte cotidiana de la experiencia moderna. No obstante, Benjamín percibía una profunda ambivalencia en la cultura popular y en los nuevos medios técnicos. Estos podían funcionar como instrumentos de alienación y domesticación colectiva, pero también contener elementos liberadores, humorísticos e incluso potencialmente utópicos. Mientras el Ángel de la historia contempla la acumulación de ruinas producida por el progreso, Mickey Mouse evoca al sujeto moderno que aprende a sobrevivir psíquicamente dentro de esa misma catástrofe permanente. Ambos aparecen ligados a una modernidad tecnificada, destructiva y acelerada, aunque desde registros distintos: uno trágico y melancólico; el otro grotesco, humorístico y ambiguo.

El Coyote y el Correcaminos: el final del camino

Nueve años después de la muerte de Benjamín, en 1949, el director Chuck Jones y el guionista Michael Maltese estrenaban Fast and Furry-ous, el primer episodio de dos célebres personajes creados para Warner Bros.: el Wile E. Coyote y el Road Runner, cuyas persecuciones estaban ambientadas en el desierto del suroeste de los Estados Unidos. A la luz de las reflexiones de Walter Benjamín sobre Mickey Mouse, podría interpretarse que los dibujos animados de Jones y Maltese, cuya producción la Warner Bros. concluyó en 1964, representan una mutación histórica de aquella sensibilidad moderna que Benjamín todavía contemplaba en su fase más expansiva. En Mickey Mouse aún existía, pese a toda la violencia mecánica y la fragmentación corporal, una cierta ambivalencia utópica: el cuerpo elástico sobrevivía al desastre y seguía abierto a la imaginación de otras relaciones posibles entre técnica, naturaleza y humanidad.

En cambio, en el universo del Coyote y el Correcaminos parece emerger ya el indicio simbólico de una modernidad perdida en su propio laberinto, agotada y atrapada en la repetición compulsiva de su propio fracaso. Surge en los años del inicio de la Gran Aceleración de la sociedad industrial (1950-2010), pero ya prefigura muy tempranamente las primeras grietas que anunciaban su futuro colapso ecosocial. El Coyote encarna satíricamente a un sujeto neurótico e hipertecnificado que confía obsesivamente en los dispositivos técnicos —máquinas, explosivos, armas modernas, motores, inventos, mecanismos absurdos— para alcanzar un objetivo que nunca logra cumplir: cazar y devorar al Correcaminos. Cada intento termina en accidente, explosión, carbonización, aplastamiento o caída al vacío, pero el ciclo vuelve a comenzar indefinidamente. Ya no se encuentra aquí la promesa lúdica de una sinergia salvadora entre tecnología y existencia, sino una lógica de fracaso perpetuo, de insatisfacción constante, de goce abortado, de deseo frustrado y de insistencia compulsiva, propia de una civilización incapaz de detenerse incluso cuando se dirige directamente hacia el abismo.

La imagen más significativa es, quizá, aquella en la que el Coyote, en persecución constante de su presa, corre suspendido en el aire sin darse cuenta todavía de que el suelo ha desaparecido bajo sus pies. Durante unos segundos continúa moviéndose como si nada hubiera ocurrido, sostenido únicamente por la inercia de la normalidad, hasta que finalmente toma conciencia del vacío y se precipita. Esa escena puede leerse como una poderosa metáfora de la hipernormalización contemporánea: un sistema que continúa actuando como si el mundo que lo sostenía siguiera intacto, aunque en realidad ya haya desaparecido bajo él. El colapso no aparece entonces como un acontecimiento súbito, sino como la caída inevitable de una estructura que continúa funcionando mecánicamente después de haber perdido sus propias condiciones de posibilidad.

La fuerza de la escena reside precisamente en esa suspensión imposible. El Coyote no cae inmediatamente porque todavía permanece atrapado en la lógica de su propia velocidad. Continúa corriendo porque todo su cuerpo, toda su percepción y toda su experiencia previa le dicen que debe seguir avanzando. La rutina y una ciega voluntad sustituyen a la realidad. Del mismo modo, la hipernormalización actual describe una civilización que continúa reproduciendo compulsivamente sus dinámicas de crecimiento, consumo, aceleración tecnológica y expansión económica, aun cuando las bases materiales, energéticas, ecológicas y simbólicas que la sostenían comienzan a hundirse visiblemente bajo ella.

La tragedia del Coyote no consiste únicamente en la inevitable caída, sino en la imposibilidad de detenerse a tiempo. Incluso suspendido sobre el abismo, continúa moviéndose como si el suelo siguiera allí. Esa es también la tragedia de la modernidad tardía: la incapacidad estructural de reconocer sus propios límites antes del hundimiento. El sistema sigue produciendo la ficción de la normalidad mientras el vacío se expande bajo sus pies. Y quizá por eso la escena, en su gracia infantil, resulta tan perturbadora y tan próxima: porque expresa con una claridad meridiana la lógica absurda de una civilización que continúa corriendo por pura inercia, aunque ya haya comenzado a caer.

El Correcaminos, un ave real terrestre de rápidos desplazamientos natural de la zona geográfica en la que transcurre la animación, encarna la ilusión del progreso: siempre veloz, siempre inalcanzable, alejándose, solo reconocible por su grito vacío, “Beep-Beep”, que sirve de constante estímulo para una persecución destinada al fracaso. El Coyote, en cambio, es la encarnación perfecta del sujeto moderno: hambriento, ansioso, racional pero también irracional e impulsivo, obstinado en alcanzar su objeto de deseo mediante la tecnología y la mercancía. Sus instrumentos —los artefactos producidos y comercializados por la corporación empresarial Acme Corporation— son las prótesis tecnológicas del capitalismo: cohetes, catapultas, dinamita, redes, trampas. En el momento de la verdad ninguno funciona, todos fallan, volviéndose contra el Coyote. Y, sin embargo, tras cada fracaso, el Coyote se levanta, se sacude el polvo, los residuos o las cenizas y vuelve a correr para dar caza a su esquivo objeto.

Bien podría interpretarse, desde los tiempos actuales, que cada caída del Coyote es una crisis histórica del sistema que alimenta su delirio. Como sucedió en 1929, 1973, 1979 y 2008, el capitalismo se precipita, se golpea, se recompone y vuelve a intentarlo. La obstinación suicida es su modo de vida. Y el paisaje donde todo sucede —el desierto del suroeste estadounidense— es más que un fondo. Es el símbolo perfecto del mundo que el progreso deja atrás: un espacio desnudo, sin agua ni sombra, donde la persecución se ha vuelto infinita, árida y estéril. Ese desierto, frontera y vacío, resume el destino del capitalismo tardío: la expansión hacia la nada.

Chuck Jones impuso a su serie una regla: el Correcaminos nunca daña al Coyote, y el Coyote nunca lo atrapa. Toda su desgracia proviene de sí mismo. Así también sucede con la modernidad industrial: su violencia no le llega desde fuera, sino de su propia fe en la tecnología, de su compulsión a capturar, dominar y consumir la naturaleza. El capitalismo se hunde por su incapacidad de aprender de los desastres que, como evocó Benjamin con el Ángel de la historia, no dejan de acumularse. Pero nada se aprende, y el Coyote-Sujeto Moderno revive precariamente, y vuelve a dejarse arrastrar por una pasión libidinal siempre enloquecida, violenta y rabiosa.

El Ángel de la historia se detiene

Quizá hoy podría ampliarse la metáfora benjaminiana de su tesis IX. La montaña de ruinas que el ángel contemplaba en 1940 no ha dejado de crecer durante ocho décadas. Las guerras, los genocidios, la devastación ecológica, la soledad, la desigualdad, la pobreza: cada catástrofe ha añadido una nueva capa de escombros a la historia. Lo que en su tiempo era acumulación se ha convertido en saturación. La montaña de ruinas se ha hecho tan alta, tan pesada, que comienza a hundirse. Y cuando la montaña cae, el viento del progreso comienza a extinguirse y a dejar de soplar.

De hecho, el huracán que empujaba al ángel ya había ido perdiendo fuerza conforme la montaña de ruinas crecía. Y ahora el glorioso futuro industrial se clausura. El siglo XX ya lo había manifestado claramente, pero lo que llevamos de siglo XXI ha demostrado con creces que el progreso no era un ascenso, sino un ciclo aniquilador que giraba amenazadoramente sobre sí mismo. Por eso llega un momento en que, provocado el colapso, la tormenta se agota, el aire parece menos enrarecido, y el ángel —por primera vez— puede detenerse y utilizar sus alas. Ya no lo arrastra la poderosa corriente, muy debilitada: ahora desciende lentamente, intentando acompañar compasivamente el hundimiento de la civilización. Su vuelo deja de verse entorpecido por el vendaval del progreso para convertirse en una caída calculadamente controlada, en un tierno gesto de cuidado.

En ese mismo instante, como ya hemos señalado, el Coyote corre suspendido sobre el vacío. Ha gastado todos sus recursos, ha agotado la energía, el suelo, el agua, la paciencia. Corre en el aire, sostenido por la interiorización del deseo siempre insatisfecho. Durante un tiempo, todo parece continuar igual: la economía crece, los centros comerciales están llenos, las pantallas brillan, se estrenan nuevas series, proliferan los festivales, los trenes llegan y parten, las industrias producen, las universidades fingen funcionar. Pero ya no existe un sostén real. Es el tiempo de la hipernormalización del colapso, la prórroga crepuscular en la que el mundo continúa por puro impulso residual, antes de desplomarse.

La diferencia es que esta vez el Coyote no podrá levantarse del fondo del abismo con el siguiente artefacto capitalista marca Acme, llámese energías renovables, biotecnologías, inteligencia artificial, fusión nuclear, computación cuántica, desarrollo sostenible, Green New Deal o cohetes espaciales. Ya ha fundido por completo su propio arsenal, incluso para sobrevivir un poco más “como siempre”. Eso ya no es posible. Solo podría hacerlo si escuchara al Ángel de la historia detenido a su lado moviendo por fin sus alas, si reconociera que el Correcaminos siempre fue una vana y mortífera ilusión. El Coyote tendría entonces que renunciar a la persecución, aceptar la caída, despedirse y transformar el desastre en aprendizaje. La catástrofe ya ha ocurrido: lo que resta es cómo caer adecuadamente. El Ángel de la historia, que antes era arrastrado por la tormenta, ahora intenta sostenernos en el aire y acompañarnos en la caída. Su tarea no es reconstruir el pasado ni prolongar el futuro, sino amortiguar nuestro descenso, rescatar fragmentos de la montaña de ruinas derruida y dispersa en múltiples direcciones, dar forma a una redención posible para el futuro. Entre los escombros del mundo derrumbado todavía persiste una débil posibilidad de “recomponer los fragmentos”, es decir, de abrir un horizonte de regeneración.

El desierto que enmarca todo el relato nos recuerda que toda carrera hacia el infinito tiene un límite tangible. Allí el Coyote comprende que ya no hay un Correcaminos a la vista, y allí mismo se anuncia el final de su demencial aventura. Pero también allí puede posarse, finalmente, el Ángel de la historia, para tocar definitivamente tierra cuando el huracán del progreso, ya casi una brisa ligera, haya cesado por completo. Su vuelo descendente quizá constituya la última promesa: que el hundimiento no sea únicamente destrucción, sino también metamorfosis; que de la montaña de los escombros pueda surgir, si ello aún es posible, una nueva manera de encarar la vida atravesando el desierto.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes. 

Grandes empresas tecnológicas, objetivo militar legítimo

Fuentes: Rebelión

               La “era de la información” viene acompañada de sofismas que de tanto repetirse constituyen un nuevo sentido común, que gran parte de los seres humanos han interiorizado y consideran axiomas irrefutables. Algunos de esos sofismas han quedado hecho añicos por la guerra asimétrica de Irán contra los agresores del imperialismo [Estados Unidos] y del sionismo [Israel]. El mundo virtual y digital había llegado acompañado de una aura de neutralidad y de servicio desinteresado a la humanidad, como clara expresión del fetichismo de la tecnología. Hoy, de la manera menos impensada, la guerra contra Irán ha trastocado algunas de las falacias del mundo digital.

Lo virtual existe al margen, y no depende, de lo material

Un punto de partida que justifica la “sociedad digital” sostiene que para el funcionamiento del capitalismo lo prioritario es la información (algo inmaterial) y cada vez tiene menos importancia lo material. Habríamos entrado en una nueva fase de la historia en donde los bienes naturales (minerales, agua, biodiversidad, bosques…) estarían siendo irreversiblemente sustituidos por la información, llegando a sostener que esta es más importante que el petróleo.

En marzo, Irán atacó la sede de datos de Amazon en Israel y en Bahréin y, en forma inmediata, se detuvo el funcionamiento de la nube en parte del territorio de esos países. Esto hecho demostró que lo virtual funciona con materia energía y agua, sin cuyo elevado suministro la nube no puede operar. Ahí quedó en evidencia que la nube no es algo etéreo, sino que se aloja en grandes edificios y servidores, que son infraestructura física, construida con elementos vulgarmente materiales. Eso significa que cualquier artefacto digital, un celular, por ejemplo, no puede funcionar sin grandes dosis de materia y energía, así eso no sea evidente de ninguna manera, porque cunde el sofisma que la electricidad es inmaterial como si además no procediera de infraestructura hecha de materiales que la generan. 

Los conglomerados digitales hacen parte de la “sociedad civil”

De Silicon Valley surgió la falacia de que algunos empresarios innovadores con su esfuerzo individual, al margen del Estado y del poder militar, realizan invenciones en beneficio de toda la humanidad y lo hacen de manera desinteresada. Bill Gates, Steve Jobes, Job Betzos, Elon Musk y las empresas asociadas a ellos Microsoft, Google, Tesla, Amazon… se presentan como entidades civiles, vendiendo la idea que sus actividades no están relacionadas ni sirven a ciertos Estados ni al complejo militar del imperialismo y del sionismo.

Hace pocas semanas, Irán se encargó de desmontar ese prejuicio. Y lo hizo en respuesta a los brutales ataques de la coalición imperialista-sionista contra su población y sus dirigentes, en los cuales se utilizaron sistemas tecnológicos (entre los que sobresale la IA) que suministran los grandes conglomerados digitales. Irán los convirtió, algo que no había sucedido nunca, en un objetivo militar legítimo, al mismo nivel que las bases militares o los portaaviones.

Irán, al atacar la sede de esas empresas, les quitó la máscara de instituciones pretendidamente civiles, y mostró a los ojos de millones de seres humanos, empezando por los habitantes del Golfo Pérsico, que gran parte de las investigaciones e innovaciones del mundo digital están directamente relacionadas con los intereses militares de Estados Unidos e Israel. Irán se encargó de señalar que esas empresas son responsables del asesinato masivo de miles de personas en los lugares en donde opera el complejo militar-informático. Debe recordarse que las “bombas inteligentes”, con las cuales Estados Unidos masacró a 180 niñas de una escuela de Irán, fueron guiadas por sofisticados sistemas que fabrican las empresas informáticas y digitales. La IA y los algoritmos no funcionan solos, sino que responden a los intereses de quienes los programan, y estos son empresas tecnológicas que trabajan directamente para el complejo militar de Estados Unidos e Israel

Nada puede detener el irreversible avance digital

Irán y Yemen le han señalado al mundo que lo digital funciona por la existencia de una extensa red de comunicaciones de tipo material, siendo uno de sus principales soportes, la amplia red de cables submarinos que le dan la vuelta al planeta decena de veces. Sin esos cables, de fibra óptica, plástico y otros materiales, no sería posible el tráfico virtual e informativo en el mundo. Gran parte de esos cables atraviesan zonas críticas del mundo, como el Estrecho de Ormuz en el Golfo Pérsico, y el estrecho de Bab el-Mandeb en el Mar Rojo. A través de esos cables circula la información que llega a Asía y Europa. De tal forma que, si esos cables fueran cortados, y los huties de Yemen y la Guardia Revolucionaria de Irán han indicado que de ser necesario lo harán, de inmediato se detendría la economía, la sociedad y la cultura de masas de gran parte del mundo, las cuales son petrodependientes y consumen enormes cantidades de recursos materiales y energéticos.

Este recordatorio de Yemen e Irán pone de presente la fragilidad de la tan mentada sociedad digital. Con una simple acción, la de cortar unos cables que se encuentran a centenares de metros de profundidad en los océanos, entraría en crisis el tipo de sociedad que el capitalismo realmente existente ha construido en los últimos 35 años. Se paralizaría todo lo que se ha erigido alrededor de internet, el sistema financiero, las comunicaciones de diversa índole (personales, institucionales, negocios), millones de móviles quedarían inservibles, bancos, hospitales, universidades dejarían de operar…

Esto ya lo habían advertido estudiosos y críticos del mundo digital, pero se ha necesitado de la respuesta asimétrica de Irán a la agresión imperialista para comprobar que lo digital es un coloso con pies de barro. Sí, unos pies de barro alimentados por grandes cantidades de materia y energías fósiles, cuya apropiación insaciable explica las guerras que libra el agonizante imperialismo estadounidense y sus proxis sionistas para mantener su insostenible modo de muerte.

Publicado en papel en El Colectivo, Medellín, mayo de 2026.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.