domingo, 13 de septiembre de 2026

Las raíces del capitalismo pasan por la esclavitud


MUNDO, EUROPA :: 22/08/2026

VIJAY PRASHAD

Detrás de la pulida historia de Occidente se esconde otra: la máquina de vapor, la banca moderna y el capitalismo no surgieron de una innovación pacífica, se pagaron con la sangre de esclavos

Hay cierto encanto en las historias que los imperios cuentan sobre sí mismos. En ellas, el capitalismo aparece como el florecimiento natural del ingenio europeo: el producto de la razón, el descubrimiento científico, la innovación tecnológica y la austeridad de personas trabajadoras. El colonialismo y la esclavitud, cuando aparecen, son tratados como episodios lamentables en medio de una trayectoria triunfal hacia la modernidad.

Nuestro más reciente estudio, Las raíces del capitalismo: la esclavitud y el comercio del azúcar (agosto de 2026), de Prabir Purkayastha, nos pide abandonar esta conveniente mitología. El estudio inaugura nuestra nueva serie de Estudios sobre Materialismo Histórico, que examinará la construcción del mundo moderno situando en el centro de este proceso la dialéctica entre el imperialismo y las luchas de liberación nacional. Gran parte del estudio fue escrito durante los 225 días que Prabir estuvo encarcelado en la cárcel central de Rohini, en Delhi, India, entre octubre de 2023 y mayo de 2024. Fue arrestado ilegalmente por el gobierno indio como parte de una campaña más amplia contra la libertad de prensa y las voces progresistas. Durante su encierro, los pedazos de papel que iban y venían con las visitas se convirtieron en los primeros esbozos de esta historia del azúcar, la esclavitud y el capitalismo. Hay algo que encaja en esto: un estudio sobre los sistemas de confinamiento y explotación, escrito en condiciones de confinamiento por una mente que se negó a ser confinada.

El tema central del estudio es el azúcar, una de las grandes mercancías psicoactivas de la era colonial que, junto al alcohol, el chocolate, el café, el opio, el té y el tabaco, impulsó la Revolución Industrial. Antes de convertirse en un artículo cotidiano sobre las mesas de la clase trabajadora europea, el azúcar era un lujo consumido por reyes y aristócratas. Su transformación en un artículo de consumo masivo exigió más que un cambio de gusto. Requirió el despojo de tierras, la destrucción de sociedades indígenas y la violenta mercantilización de seres humanos. Africanas y africanos capturados, transportados a través del Atlántico y vendidos a los dueños de las plantaciones como mano de obra esclavizada. El azúcar estuvo entre las primeras mercancías verdaderamente globales, y su transformación en tal mercancía demandó la construcción de un inmenso aparato comercial y financiero que conectaba a África, las Américas, Asia y Europa.

La magnitud de la violencia colonial fue abrumadora. Al menos 10 millones de personas africanas esclavizadas desembarcaron en las Américas y el Caribe. Si se incluye a quienes murieron durante la captura, las marchas forzadas, el cautiverio y el Pasaje del Medio (la travesía forzada del Atlántico desde África hasta América), el número total de africanas y africanos capturados para la trata transatlántica fue probablemente de entre 14 y 20 millones. Mientras que las poblaciones de Asia y Europa crecieron enormemente entre los siglos XVII y XIX, la población de África se estancó y, en muchas regiones, disminuyó. Esta catástrofe no fue una consecuencia accidental del comercio. Fue producida mediante lo que el estudio llama el “nexo armas-personas esclavizadas-oro”: las armas de fuego y la pólvora europeas se intercambiaban por personas africanas esclavizadas, cuya venta generaba las ganancias que reproducían el sistema.

La plantación construida para organizar y agotar esta fuerza de trabajo no era un vestigio de un mundo precapitalista más antiguo. Era uno de los laboratorios de la modernidad capitalista. En la plantación azucarera, el cultivo y el procesamiento industrial se integraban en un único régimen laboral en el mismo lugar. La caña debía cortarse, transportarse, molerse, hervirse y cristalizarse según un calendario rígido. Las personas esclavizadas eran organizadas en cuadrillas, divididas por edad y capacidad física, y sometidas a jornadas que podían durar de 18 a 20 horas durante la zafra. Los administradores de las plantaciones llevaban contabilidades minuciosas, calculaban la productividad, medían la subsistencia frente a los costos de reemplazo y trataban a los seres humanos como capital fijo, como máquinas para ser agotadas y reemplazadas. La plantación era, como escribió el antropólogo estadounidense Sidney Mintz, una “síntesis de campo y fábrica”. Sus cálculos de tiempos y movimientos prefiguraron los sistemas de gestión asociados más tarde con el lugar de trabajo industrial moderno.

Las refinerías de azúcar de Londres, Bristol, Glasgow y Liverpool estuvieron entre los primeros centros de trabajo de tipo fabril de Gran Bretaña. A su alrededor crecieron el transporte marítimo, la construcción naval, el almacenamiento, los seguros, el crédito y la banca. Hacia 1774, el azúcar crudo representaba una quinta parte de todas las importaciones británicas. Entre 1700 y 1800, las importaciones británicas de azúcar aumentaron siete veces. La riqueza acumulada mediante el azúcar no permaneció en las lejanas plantaciones caribeñas: financió la expansión comercial e industrial británica. Una estimación sugiere que, hacia 1770, cerca del 40% del capital utilizado para esta expansión provenía de las ganancias de la trata de personas esclavizadas. Las inversiones en las colonias podían ser de cuatro a siete veces más rentables que las inversiones en Inglaterra. En otras palabras, las colonias aportaron el pago inicial que hizo posible la Revolución Industrial en los centros imperiales.

La política colonial británica de preferencias imperiales aseguraba que las colonias suministraran materias primas mientras la manufactura permanecía en el centro imperial. El azúcar crudo cruzaba el Atlántico para ser refinado en Gran Bretaña, donde se retenían los mayores márgenes de ganancia. Los aranceles desincentivaban el refinado en el Caribe y protegían tanto a los refinadores británicos como a las plantaciones caribeñas de la competencia del azúcar indio. El colonialismo no se limitó a extraer riqueza de las colonias: reorganizó economías enteras para que sus capacidades productivas permanecieran subordinadas a las de la potencia colonizadora mucho después de que el dominio colonial terminara formalmente. Esto es lo que el primer presidente de Ghana, Kwame Nkrumah, llamó neocolonialismo.

Prabir, desde la cárcel central de Rohini, trazó el circuito del capital no como un simple triángulo atlántico, sino como un sistema planetario de saqueo que conectaba a la India, África, las Américas y Europa. Los comerciantes europeos enviaban textiles indios a África occidental y los intercambiaban por personas esclavizadas. El salitre de Bengala, esencial para fabricar pólvora, ayudó a armar ese comercio espantoso. Tras la conquista británica de Bengala en 1757, los ingresos por tierras extraídos del campesinado indio pagaron estas exportaciones. El triángulo atlántico fue, por tanto, parte de una geometría de saqueo mucho más amplia que se extendía por todo el planeta. La máquina de vapor de James Watt está manchada con la sangre de las personas africanas esclavizadas en las plantaciones y del campesinado indio hambriento.

Nunca sabremos si hubiera podido existir un capitalismo imaginario en un mundo sin colonialismo. La historia no ocurre en mundos imaginarios. El capitalismo realmente existente es inseparable de la expropiación colonial. El capitalismo no tomó forma primero en el campo inglés para luego expandirse pacíficamente por el planeta. Su historia debe situarse simultáneamente en el campo inglés, la plantación caribeña, la mina de plata de Potosí, el patio de confinamiento africano, la oficina de recaudación india, la bodega del barco que transportaba a las personas esclavizadas y la refinería europea.

Esta historia también nos impide tratar lo que Karl Marx llamó ursprüngliche Akkumulation [acumulación originaria] como un episodio concluido. Sus métodos siguen entre nosotros: el despojo de tierras, la subordinación de las economías a la producción monoexportadora, los regímenes de deuda, el intercambio desigual, la subvaloración del trabajo del Sur y la transferencia de riqueza hacia sistemas financieros controlados por el Norte. Las formas han cambiado, pero la expropiación continúa.

Si se toman en serio estos antecedentes de explotación, entonces la demanda de reparaciones coloniales no puede descartarse como un mero llamado moral o una exigencia que mira hacia atrás. Las reparaciones deben entenderse como una necesidad material y política. No solo como un ajuste de cuentas con los crímenes del pasado, sino como una confrontación con las estructuras de acumulación vigentes que se construyeron mediante la expropiación colonial y que continúan reproduciendo la desigualdad global en el presente.

Las reparaciones —ya sea mediante la cancelación de la deuda, la restitución de recursos robados, la transferencia de tecnología o la reconstrucción de capacidades públicas destruidas por el colonialismo y el ajuste estructural— son un antídoto esencial frente a la larga historia de saqueo que fundó el capitalismo moderno.

Esta nunca fue solo una historia de explotación. El sistema de plantación fue disputado en todas sus etapas. Las personas esclavizadas huían, saboteaban la producción, preservaban prácticas culturales prohibidas, formaban comunidades cimarronas, organizaban rebeliones y, en definitiva, quebraron la aparente permanencia eterna de la esclavitud. La Revolución Haitiana, que culminó en la independencia en 1804, sigue siendo la declaración más contundente de esta verdad: incluso la maquinaria de opresión más sofisticada puede ser derrotada por quienes la padecen.

thetricontinental.org


Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/las-raices-del-capitalismo-pasan-por-la 

Ante el avance imparable China reforma sus leyes laborales para proteger a los trabajadores de la IA



Jesús Díaz 13/07/2026



El plan del Ministerio de Recursos Humanos y Seguridad Social chino promoverá un plan para estabilizar el empleo y garantizar que los avances impulsados ​​por la IA beneficien a la fuerza laboral












               El nuevo robot humanoide Iron NexGen, de la compañía china Xpeng. (Xpeng)

Mientras las empresas estadounidenses utilizan la inteligencia artificial como excusa para ejecutar despidos masivos, y Washington permite que el mercado decida quién conserva su empleo, Pekín ha decidido que el avance de la IA y una plantilla estable no tienen por qué ser fuerzas opuestas. El Ministerio de Recursos Humanos y Seguridad Social de China publicó el jueves un plan quinquenal que sitúa el aumento de los ingresos de los trabajadores y el rediseño de la distribución salarial en el centro de la protección del empleo frente a los efectos disruptivos de la IA.

El cambio de rumbo no es sutil: en lugar de esperar a ver cómo la IA reconfigura quién gana qué, el Gobierno chino está blindando los salarios directamente en la política nacional años antes de que la tecnología termine de transformar el mercado laboral. Se trata de una postura radicalmente distinta a la reacción precipitada que se observa en otros lugares, y aborda la desigualdad de ingresos como un problema que debe resolverse con planificación en lugar de un efecto secundario ante el que resignarse.

Negociación, salarios mínimos y remuneración en primera línea

Una de las medidas del documento impulsa a los empresarios del sector privado hacia la negociación colectiva de los salarios, un proceso en el que los trabajadores pactan el sueldo de forma conjunta como colectivo en lugar de que cada empleado negocie por su cuenta con la dirección. Una segunda medida compromete al Gobierno a mantener un crecimiento constante de los salarios en general, y una tercera busca canalizar una mayor parte de los incrementos retributivos específicamente hacia los trabajadores de primera línea.

Para las empresas públicas, el documento adopta un enfoque diferente, con el objetivo de frenar los casos de remuneraciones que las autoridades consideran desproporcionadamente altas, al tiempo que amplía los incentivos económicos para los trabajadores considerados talentos fundamentales, vinculando su sueldo de forma más estrecha a su nivel de cualificación técnica. El plan también ordena a las autoridades que mejoren el sistema utilizado para fijar y revisar el salario mínimo, y exige que se estudie la elaboración de una legislación formal al respecto.



El desfile futurista de los robots humanoides chinos desata el debate en EEUU. (Captura de Youtube - UBtech)

El desfile futurista de los robots humanoides chinos desata el debate en EEUU. (Captura de Youtube - UBtech)

Cerrar la brecha rural-urbana

El documento expone su propósito con claridad, declarando la intención de "adoptar un enfoque integral para gestionar cómo los entornos externos cambiantes y los avances de la IA afectan a la plantilla, priorizando las iniciativas de creación de empleo", situando la generación de puestos de trabajo como la máxima prioridad. Este planteamiento es crucial porque la enorme brecha de ingresos, especialmente entre los residentes de zonas rurales y urbanas, sigue siendo un grave problema sin resolver en la economía china, y varios economistas han advertido de que la rápida adopción de la IA podría agravar esa división en lugar de cerrarla.

Huang Yiping, decano de la Escuela Nacional de Desarrollo de la Universidad de Pekín, expuso este argumento de forma directa en una entrevista concedida en junio al medio de comunicación shanghainés Jiemian News. Sostuvo que la intervención del Gobierno es cada vez más vital para mantener la estabilidad del empleo a medida que la tecnología de IA se desarrolla rápidamente, ya que este progreso tiene el potencial de ampliar las disparidades de ingresos. El argumento de fondo de Huang es que las ganancias de productividad generadas por la IA tienden a fluir de manera desproporcionada hacia quienes poseen el capital, como los dueños de empresas y los propietarios de equipos, porque dichas ganancias tienen su origen en la propia tecnología y no en ninguna mejora de las habilidades individuales de los trabajadores. "El capital captura una mayor parte de los beneficios derivados de la mejora de la productividad, ya que proviene de la tecnología en lugar de las habilidades individuales de los trabajadores", afirmó Huang. "Por eso, incluso si la IA mejora la eficiencia de los trabajadores, la remuneración no ha crecido a la par".

Reciclaje profesional para una economía diferente

Huang advirtió además de que, si los aumentos de productividad relacionados con la IA no se traducen en nuevas oportunidades de empleo y mayores ingresos para las familias, el gasto de los consumidores seguirá siendo insuficiente para absorber la creciente producción de la economía, lo que empeoraría el desajuste existente entre la oferta y la demanda en China. El plan responde a esta preocupación comprometiéndose a "combinar la inversión en activos físicos con la inversión en personas", una frase extraída del recién aprobado decimoquinto plan quinquenal de China, cuyo objetivo es aumentar el poder adquisitivo de las familias con rentas más bajas en un momento de debilidad de la demanda a nivel nacional. Sobre el terreno, esto se traduce en una formación profesional a gran escala dirigida a las personas que actualmente se encuentran en paro, estructurada en torno a lo que las autoridades denominan "nuevas fuerzas productivas de calidad", una categoría que abarca la IA, la fabricación avanzada, la economía digital y la economía de baja altitud (drones y aeronaves que vuelan a baja altura), junto con la capacitación para empleos del sector servicios como el cuidado de niños y ancianos.



Laboratorios químicos automatizados operados por robots. (laboratorio de la Universidad de Ciencia y Tecnología de China)

Laboratorios químicos automatizados operados por robots. (laboratorio de la Universidad de Ciencia y Tecnología de China)

El Gobierno también quiere aumentar gradualmente el tamaño de su población de renta media durante un periodo de cinco años, prestando especial atención a que los trabajadores cualificados y los trabajadores migrantes de las zonas rurales asciendan a ese nivel de ingresos. Más allá de los salarios y la formación, el plan exige reforzar las protecciones legales vinculadas a los derechos laborales y mejorar el sistema de vacaciones anuales pagadas del país, y compromete a las autoridades a llevar a cabo estudios de viabilidad orientados hacia una eventual legislación que establezca unas normas laborales básicas.

Nada de esto garantiza que China evite el sufrimiento laboral que la IA ya está infligiendo en otros lugares, y convertir un documento político en nóminas que lleguen realmente a los trabajadores es una prueba de fuego a varios años vista. Pero este ejercicio sirve de recordatorio de que la oleada de despidos provocados por la IA que está arrasando las oficinas en el resto del mundo en estos momentos no es una ley ineludible de la física, sino una decisión política, y Pekín ha decidido tomar una diferente.


El acuerdo petrolero entre Venezuela y EE.UU. al detalle


Inversión, régimen concesionario, ingresos y variables políticas

31 Agosto 2026

Un nuevo acuerdo anunciado por los gobiernos de Caracas y Washington ratifica el vector petrolero como eje de convergencia entre ambos países (Foto: Federico Parra / AFP)

Los gobiernos de Venezuela y de Estados Unidos han anunciado un "acuerdo histórico" en materia petrolera que supone la concesión venezolana favorable a empresas norteamericanas en 17 campos petroleros.

Donald Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, publicaron la asociación como "el mayor acuerdo petrolero de la historia mundial".

Por su parte, en la noche del 29 de agosto la presidenta Delcy Rodríguez se refirió a la alianza como un hito que marcará el "renacimiento económico" del país.

La magnitud y relevancia del hecho amerita un análisis pormenorizado a partir de los detalles explicados por parte de la mandataria venezolana.

ALCANCES Y RESERVAS

Según Rodríguez el tratado será por 25 años, lo cual contradice las afirmaciones proyectadas en algunos medios de comunicación y cuentas de redes sociales sobre una supuesta duración de 100 años.

El contrato incluye el posicionamiento de empresas estadounidenses en ocho bloques petrolíferos, que agrupan 17 campos. El conjunto de haberes en reservas en dichos espacios alcanza los 65 mil millones de barriles de petróleo (bdp).

Sin embargo, la mandataria ha indicado que hay un horizonte de producción alcanzable de 1,5 millones de bdp en los nuevos campos concesionados. Es evidente que desde el día uno del acuerdo esta meta no se habrá alcanzado. En efecto, la transacción tardará meses para dar sus primeros barriles y la meta acumulativa de producción de 1,5 podría tardar años.

Tal cosa sugiere que, durante la duración del convenio, según lo planteado por la presidenta, la meta de producción de crudo extraíble será de unos 11 mil millones de bdp, lo cual impone una distinción importante entre los 65 mil millones de bdp anunciados por Trump y la realidad práctica del acuerdo.

El mandatario estadounidense podría estar recurriendo a sus usuales prácticas de anuncios maximalistas, sobre todo si se considera que está en la recta final de las elecciones de medio término de su país, justo cuando transcurre una crisis en los precios de combustibles e inventarios de reservas de petróleo a causa de la crisis que su gobierno ha desatado en el estrecho de Ormuz.

Estos elementos indican la imperiosa necesidad de hacer distinciones entre el discurso del presidente y las dimensiones prácticas y creíbles del importante convenio.

INVERSIÓN, PRODUCCIÓN Y GANANCIAS

La transacción promete una inversión de 100 mil millones de dólares para su desarrollo. Un dato no menor sobre este anuncio es la importante contribución que haría al conjunto de la economía venezolana, al ofrecer ingresos frescos por nueva inversión.

El flujo anual de miles de millones de dólares en inversión directa en campos podría contribuir significativamente el sistema cambiario venezolano, lo cual repercutiría sobre la estabilidad del tipo de cambio y sobre la inflación.

El gobierno venezolano ha indicado que espera recaudar "al menos" unos 209 mil millones de dólares en ingresos fiscales durante la ejecución del acuerdo, número calculado sobre la base de 65 dólares por costo de barril en el mercado internacional.

La primera mandataria ha indicado que Venezuela espera recaudar, al menos, 19 dólares por cada barril extraído y comercializado. Unos 11 mil millones de bdp con un precio piso de 19 dólares representan, en efecto, la cifra indicada.

Sin embargo, los detalles de la base de ingresos se explican claramente al desglosar ciertos detalles del régimen concesionario que aplica en este acuerdo.

RÉGIMEN CONCESIONARIO

Según indicó la presidenta, y tal como reza la reformada Ley Orgánica de Hidrocarburos (LOH), las reservas venezolanas son intransferibles, siguen perteneciendo a la nación. De ahí que es necesario hacer una distinción entre derechos de explotación y propiedad de las reservas en el subsuelo.

La ganancia estimada de barril extraído y comercializado dentro de los 17 campos será de 19 dólares, pudiendo ser más o menos según el coste internacional de los barriles. Este se calcula hoy en 65 dólares.

Dichos ingresos se justifican por el régimen de regalías previsto para el acuerdo, según lo indicado en la LOH. En el caso de los campos verdes concesionados, rige 32% de impuesto sobre la renta (ISLR) y, al menos, 16% de regalías.

¿Por qué 16% "al menos" de regalías? Esto se explica por la LOH. Para el desarrollo de campos verdes se establece un margen mínimo de regalías de esa cifra, pero cada yacimiento y cada campo son particulares entre sí. Todos tienen niveles distintos de complejidad geológica. Esto sugiere que, a mayor complejidad del campo, menor regalía —hasta el 16%—. A menor complejidad del campo, las regalías son mayores, pudiendo alcanzar una cota de 20% o 25%.

El margen de regalías es porcentual, lo cual sugiere que, en un escenario de precio petrolero de 70, 80 u 85 dólares por barril, por concepto de regalías Venezuela obtendría más ganancias por cada barril extraído en los 17 campos incluidos en el convenio, lo cual podría ayudar a superar con creces el horizonte de 209 mil millones de dólares anunciados.

Es necesario detenernos en este punto para establecer una comparación con los últimos regímenes fiscales aplicables para nuevos desarrollos —inversión upstream— en Venezuela.

Hasta este año el régimen concesionario venezolano se regía por la LOH creada en 2001, reformada en 2006. Técnicamente la LOH actual es una reforma de la misma ley de 2001 pero hay importantes variaciones en cuanto al régimen concesionario para campos verdes. En la ley de los años 2000 el régimen fiscal era de 32% de ISLR y 30% de regalías aplicada a la mayoría de los desarrollos. Mientras que, para nuevos proyectos upstream, el margen mínimo de regalías alcanzó el 20%.

La debilidad de esa ley era que regía para campos maduros, ofreciendo grandes beneficios, pero creaba serios límites para la inversión en campos verdes. La inversión en campos verdes es sumamente costosa, técnicamente compleja y, en muchos casos, una empresa puede invertir en procesos de exploración y producción que podrían tardar años antes de extraer sus primeros barriles.

Continuando comparaciones, en los años 1990, con la llamada "apertura petrolera", existía un régimen completamente distinto. Para los campos verdes se creó un régimen de ISLR de 32% y apenas 1% de regalías. En lo real, hubo incentivos fiscales y pagos de regalías de 1% que eran irrisorios, en una época cuando el barril llegaba a costar 15, 20 o 25 dólares. Además, los crudos pesados y extrapesados de la Faja Petrolífera del Orinoco, vendidos como bitumen, se referían a precios del carbón. Las empresas se llevaban el crudo prácticamente gratis.

Es necesaria esta distinción para reconocer los márgenes del régimen actual. Hablando de inversión upstream y desarrollo de campos verdes de crudos no convencionales —tal como es el caso de los crudos pesados y extrapesados de la faja—, el régimen de los 17 campos concesionados a Estados Unidos en 2026 es menos ventajoso para el Estado que el existente en las LOH de los años 2000. Pero es claramente mucho más ventajoso que el régimen de la "apertura petrolera" de los años 1990.

Este elemento es inherente a la soberanía nacional y a la disposición ventajosa de los recursos naturales. Más allá de la ponderación matemática evidente, lo importante que se debe apreciar en este caso es que los acuerdos son coherentes y pertinentes con las necesidades de inversión en Venezuela.

Continuando en términos comparativos, en el mundo se aprueban nuevos desarrollos petrolíferos que implican grandes inversiones y que están sujetos a gran complejidad técnica. Si miramos el continente, hay casos notables en Colombia, Argentina, Canadá y Estados Unidos, países que, al igual que Venezuela, están desarrollando inversiones en crudos no convencionales basados en roca porosa (shale oil) y crudos pesados. 

Si se compara el régimen concesionario entre Venezuela y Estados Unidos anunciado durante estos días, con los términos contractuales en esos países, Venezuela obtiene ventajas similares que esos países en términos de impuestos, regalías y Government Take (ganancias de los estados por propiedad de los recursos o renta de los mismos). Dicho así, los ingresos venezolanos en los 17 campos a concesionarse, están dentro del canon internacional de ganancias aplicada a la inversión Upstream en nuevos desarrollos de crudos no convencionales.

El gobierno estadounidense no hace una concesión de gracia al permitir que sus empresas paguen dentro del canon de 16% de regalías y 32% de ISLR. En realidad, se rige por una realidad técnica. Aunque el crudo venezolano pesado y extrapesado es muy denso y complejo para extraer, los costes de inversión para extraer cada barril siguen siendo manejables y pueden ser comparativamente mucho más bajos si se compara con otros campos en Estados Unidos o Argentina.

Los crudos no convencionales, tal como es el caso de los petróleos de la faja, requieren ventajas e incentivos importantes para las costosísimas primeras etapas de inversión, lo cual implica regalías e impuestos moderados. El caso del acuerdo entre Venezuela y Estados Unidos no es excepcional, ni extremadamente fabuloso para ninguna de las partes. Está completamente dentro del canon de inversión upstream y de nuevos desarrollos de crudos no convencionales en todo el mundo.

ALGUNAS VARIABLES POLÍTICAS Y GEOPOLÍTICAS

En lo político hay un primer elemento muy importante a discernir. El gobierno venezolano ha demostrado tener la capacidad política e institucional para gestionar y debatir un acuerdo de este nivel y encontrar importantes ventajas en una asociación precedida por la coerción asimétrica. Negociar con Estados Unidos no es fácil nunca, menos en el contexto venezolano posterior al 3 de enero.

El pacto anunciado por la presidenta Rodríguez es, desde la perspectiva venezolana, claramente práctico, viable y ventajoso. Esto es posible a expensas de dos realidades objetivas: Estados Unidos necesita petróleo con perspectiva a largo plazo y el gobierno venezolano actual dirige las dinámicas del país; es el que tuvo la resistencia operativa pese a la presión constante durante 12 años de sanciones. Dicho de otra forma: era tiempo de negociar.

En segundo lugar, esta transacción desdibuja los puntos cardinales trazados en los discursos de ambas partes. Estados Unidos ha ejercido sobre Venezuela una coerción asimétrica, mientras que el gobierno venezolano ha empleado la adaptación estratégica para sortear el contexto. Sin embargo, entre ambas aristas convive la congruencia práctica y la convergencia que siempre ha regido las relaciones entre Washington y Caracas: el vector petrolero. Este es el terreno de las asociaciones reales y es el punto donde los imperativos ideológicos y consignas se diluyen para dar paso a la realpolitik en su dimensión más nítida.

En tercer lugar, el tratado refiere uno de esos pocos momentos en la política cuando el beneficio de uno no necesariamente es el perjuicio de otro. Los datos divulgados por la presidenta aclaran de manera irrefutable que ambas partes ganan.

Venezuela, que siempre ha reconocido a Estados Unidos como un mercado destino y un gran cliente del petróleo venezolano, en nuevas condiciones reestablece los parámetros de una relación que nunca debió romperse a causa de las sanciones ilegales.

En el ámbito geopolítico este acuerdo sugiere un importante replanteamiento del contexto de la energía venezolana y también de las necesidades de Estados Unidos.

Desde una perspectiva puramente discursiva, negociar con el chavismo no ha sido una situación ideal ni para Trump ni para Rubio. Pero las explicaciones a ello no yacen en Caracas sino en el estrecho de Ormuz. La aventura militar estadounidense en Irán ha desfigurado las condiciones de seguridad en el paso marítimo, en el mar Rojo y en toda Asia occidental, y ha cambiado la arquitectura política sobre las cuales se ha erigido la correlación de poder militar estadounidense. El resultado es fatal: la región de las grandes cuencas petroleras no es ni será exactamente lo mismo que fue antes de febrero pasado.

El inventario petrolero en reservas de Estados Unidos está cerca del colapso y los precios de los combustibles no dan tregua a la población y a la economía.

Independientemente de que la crisis actual remita, las condiciones estructurales en la relación de Estados Unidos con Asia occidental se han fracturado. Aquella región ya no es un espacio seguro para nuevas inversiones, tal como un día lo fue.

Dicho de otra forma: las condiciones geopolíticas se mantienen alineadas para que Venezuela recupere el sitial de actor energético relevante. Pero este no es un camino sencillo; el país tendrá que lidiar con el desafío de afianzarse a la geometría variable que ha regido su modelo de relaciones internacionales para mitigar los nuevos riesgos de alta exposición y dependencia al mercado estadounidense.

— Somos un grupo de investigadores independientes dedicados a analizar el proceso de guerra contra Venezuela y sus implicaciones globales. Desde el principio nuestro contenido ha sido de libre uso. Dependemos de donaciones y colaboraciones para sostener este proyecto, si deseas contribuir con Misión Verdad puedes hacerlo aquí<

sábado, 29 de agosto de 2026

Crónicas del Apocalipsis Pendiente (desde Ighil Leghzel, Argelia)

 
Publicado el / Por

Por Zastava101Letras

Despacho n.º 015


Desde: Ighil Leghzel, Argelia. Costa de la Cabilia marítima, entre Azeffoun y Tigzirt. Una aldea bereber en un acantilado sobre el Mediterráneo que no aparece en ninguna guía turística porque ninguna guía turística ha llegado hasta aquí todavía. Unas pocas barcas de madera en la cala de abajo. Redes secándose al sol con ese olor específico a pescado y a sal y a tiempo que no tiene prisa. Sentado en una piedra plana junto al viejo pescador retirado que guarda la Thibarine debajo de su barca. Licor de dátiles tunecino que le llega de contrabando desde Tabarka y que comparte con la generosidad específica de quien tiene poco y lo ofrece todo.

El viejo pescador se llama algo que en castellano no existe y que, en cabilio suena a la descripción de algo que ocurre en el mar cuando nadie está mirando. Lleva dos horas sin decir nada. El Mediterráneo está hoy quieto y azul y completamente ajeno a lo que está pasando a doscientos kilómetros al noroeste, al otro lado del agua, donde Ceuta lleva cuarenta y ocho horas siendo el centro del mundo conocido según la televisión española, italiana, danesa, finlandesa, sueca y la Comisión Europea. Desde Ighil Leghzel el mundo conocido tiene otro tamaño. El horizonte es el horizonte. El pescado se seca. La Thibarine sabe a dátiles y a decisiones que mañana habrá que justificar. La estoy bebiendo sin justificación previa, que es la única forma honesta de beberla.

Ceuta: cómo Marruecos usó a cincuenta mil personas como mensaje diplomático y Europa culpó al mensajero

La mayor avalancha migratoria hacia Ceuta coincidió con la celebración del 27º aniversario de la entronización de Mohammed VI. El rey se encontraba a veinticuatro kilómetros de la frontera. Del lado marroquí no había policía. Del lado español tampoco había suficiente para lo que venía. Analistas internacionales insisten en que estos repuntes coordinados forman parte del uso de los flujos migratorios como palanca diplomática por parte de Marruecos. El control de las fronteras terrestres se entrelaza con el choque de intereses sobre la soberanía del Sáhara Occidental.

La pregunta que nadie en los platós televisivos europeos formuló con la claridad que merecía es esta: ¿por qué ahora? La respuesta requiere mirar el contexto durante más de cuarenta y ocho horas seguidas, que es aproximadamente el doble del tiempo que el ciclo de noticias dedica a cualquier cosa antes de necesitar otro escándalo. Desde los Acuerdos de Abraham de 2020, Marruecos normalizó relaciones con Israel a cambio de que Washington reconociera la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. En enero de 2026, Rabat y Tel Aviv firmaron un plan de trabajo militar conjunto, y en febrero Washington y Marruecos suscribieron un memorando para la exploración de minerales críticos en el Sáhara. El triángulo Marruecos-Israel-EEUU lleva seis años consolidándose con la discreción de quien construye algo grande, mientras todo el mundo mira el escaparate de al lado.

España incomoda a ese triángulo. Reconoce el Estado palestino. Critica los bombardeos israelíes en Líbano y Gaza. Y el 20 de julio, Sánchez viajó a Argel acompañado por ministros y directivos de grandes compañías energéticas, con el objetivo declarado de reforzar el suministro de gas y normalizar la relación bilateral tras la crisis del Sáhara. Diez días después, la frontera de Ceuta se abrió sola.

Las fronteras no se abren solas. Tienen policías en un lado y policías en el otro, y cuando uno de los dos lados retira los policías, la frontera se convierte en otra cosa. Lo que ocurrió en Ceuta el 30 de julio tiene el mismo mecanismo que lo de mayo de 2021, que también coincidió con un momento de tensión bilateral. La repetición del mismo mecanismo en condiciones similares no es una coincidencia. Es una política. Llamarla crisis migratoria es como llamar al trueno ruido atmosférico. Técnicamente correcto. Útil para no hablar de lo que lo produce.

Al menos 60.000 personas entraron en Ceuta en menos de 48 horas. Al menos 19 murieron tratando de cruzar a nado. Los centros de acogida colapsaron. Sesenta mil personas usadas como instrumento de presión diplomática. Eso tiene nombre en cualquier vocabulario que no sea el de los estados. En el vocabulario de los estados se llama gestión de frontera. En cualquier otro vocabulario se llama usar a las personas como munición. Los estados llevan siglos haciéndolo porque para eso sirven los estados: para gestionar los intereses de quien los controla con los cuerpos de quien no los controla. El viejo pescador de Ighil Leghzel no parece sorprendido. Probablemente porque desde aquí, que fue fenicio, romano, árabe, otomano y francés en ese orden, la idea de que los estados usan a la gente como moneda de cambio no es una revelación. Es la historia del acantilado donde está sentado.

La solidaridad europea: Italia, Finlandia, Dinamarca y Suecia deciden que el problema de Ceuta lo tiene España

La primera ministra italiana, Meloni, fue la primera en sugerir la exclusión de España del espacio Schengen. Las ministras finlandesas del Interior y de Finanzas secundaron la propuesta. La primera ministra danesa, Frederiksen, expresó que la UE debe considerar todas las posibilidades, incluyendo la suspensión de la cooperación de Schengen con España. Suecia se sumó. La República Checa. Polonia dijo que España debería tomar ejemplo de Polonia en materia de control fronterizo, lo cual tiene la misma lógica que decirle a alguien que se ha caído al agua que debería aprender a nadar antes de tirarse.

Repasemos. Marruecos abrió su frontera. Sesenta mil personas cruzaron. Diecinueve murieron. España pidió solidaridad europea. La respuesta de sus socios europeos fue amenazar a España con expulsarla del espacio de libre circulación porque no controló suficientemente bien la frontera que Marruecos acababa de abrir adrede. Es la lógica de culpar al vecino porque le han robado en casa, mientras el ladrón sigue en la escalera. Es también la lógica de la Unión Europea ante cualquier crisis migratoria desde que existe la Unión Europea: el problema lo tiene el país donde llegan las personas, no el sistema que produce las condiciones para que huyan, ni los estados que usan esa huida como palanca diplomática o extorsión mafiosa.

Meloni, que Trump llamó cobarde hace tres semanas por defender al Papa, que la semana anterior había sido fulminada como favorita europea del presidente americano por no querer enviar dragaminas al estrecho de Ormuz, esa Meloni, encontró tiempo y energía esta semana para liderar la ofensiva contra España. La versatilidad ideológica de Meloni en cuarenta y ocho horas merece reconocimiento técnico: de víctima de Trump a verdugo de Sánchez sin pausa para café. Sánchez respondió señalando que Italia recibe más del doble de llegadas de inmigrantes irregulares que España entre 2021 y 2026, según datos de Frontex. El dato es verificable. Meloni no respondió al dato. Los datos en la política migratoria europea tienen el mismo efecto que los argumentos en una discusión de bar: los que quieren tener razón no los escuchan y los que los tienen, no necesitan el bar para saberlo.

Von der Leyen calificó las llegadas de «inaceptables» y pidió «devoluciones rápidas.» No calificó de inaceptable que Marruecos hubiera retirado su policía. No calificó de inaceptable que diecinueve personas hubieran muerto en el agua. No calificó de inaceptable que Israel criticara la política migratoria española en la ONU cuando Israel tiene a un soldado documentado dándole martillazos a los Cristos en las aldeas del Líbano. Las cosas inaceptables de Von der Leyen son siempre las mismas: las que incomodan al bloque que la mantiene en el cargo. El resto son, en el mejor caso, preocupantes.

El problema lo tiene siempre el más débil de la mesa. Amigos que te tratan peor que tus enemigos y lo llaman política común europea. El viejo pescador de Ighil Leghzel lleva cuarenta años viendo pasar barcos por este Mediterráneo. No necesita que nadie le explique lo que pasa cuando un estado decide que las personas son una herramienta. Lo sabe porque vivió la independencia argelina y porque, su padre le contó lo que hacían los otros estados antes de ella.

Lo que se ve desde un acantilado bereber con Thibarine encima

Llevamos dos mil años de fenicios, romanos, árabes, otomanos y franceses pasando por este acantilado con un ejército y una bandera nueva, y lo que cada uno tenía en común con el anterior era exactamente esto: alguien que no era de aquí, decidiendo qué pasaba aquí con los cuerpos de los que sí eran de aquí. El nombre del sitio cambiaba. El mecanismo, no.

Lo de Ceuta esta semana es el mismo mecanismo con powerpoint. Un estado abre la frontera. Sesenta mil personas cruzan. Diecinueve se ahogan. Los otros estados culpan al estado que recibe. La institución que debería decir algo, dice «devoluciones rápidas.» Y las sesenta mil personas siguen sin tener nombre en ningún comunicado oficial, porque los comunicados oficiales se escriben para los estados, no para las personas que los estados usan como argumento.

Desde Ighil Leghzel, donde nadie ha necesitado nunca que Bruselas le explicara cómo funciona el poder, la impracticabilidad resulta bastante menos evidente que desde el décimo piso de la Comisión Europea con vistas al parque del Cincuentenario.

El viejo pescador me ofrece más thibarine. Acepto. Si hay algo que Argelia sabe hacer bien, es destilar resignación en forma de licor dulce. Estados Unidos destila otra cosa. Destila la idea de que la libertad tiene precio, en efectivo, sin devoluciones.

El sol está bajando sobre el Mediterráneo de la Cabilia. El viejo pescador ha recogido sus cosas sin decir nada, me ha mirado un momento con la expresión de quien sabe exactamente lo que estoy pensando. Acaba de ofrecerme el último vaso de Thibarine. Eso, en cabilio, es una forma de decir que estamos de acuerdo. Las redes huelen a pescado seco y a siglos de personas cruzando este mar en las dos direcciones por razones que los estados de turno siempre han llamado de otra forma. Quizás es hora de que las personas sean el sujeto.

Llevan dos mil años siendo el objeto y están empezando a cansarse, aunque los estados todavía no se hayan dado cuenta que los estados vienen y van, pero la barca sigue ahí. Que la frontera es una línea que alguien dibujó en un mapa mojado. Que el mar no pregunta por pasaportes.

Teo García. Corresponsal. Pasaportes: varios, ninguno en regla desde 1989.

Este despacho fue escrito en Ighil Leghzel, aldea bereber de la Cabilia marítima argelina, entre Azeffoun y Tigzirt, en un acantilado sobre el Mediterráneo que no figura en ninguna guía turística. El viejo pescador retirado que guarda la Thibarine debajo de la barca lleva cuarenta años en esta cala. Ha visto pasar más estados que Teo, aunque Teo lleva ventaja en pasaportes. Ninguno de los dos tiene solución para lo que describe este despacho. Uno de los dos al menos tiene barca.

Imagen de portada:  Abdellah Mallek / Wikimedia Commons / Dominio público (CC0) –  https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Plage_Sidi_Khlifa.JPG

Por qué están ganando los candidatos más progresistas en las primarias de EE.UU.

Fuentes: The Guardian / elDiario.es - Imagen: El Sayed, ganador de las primarias demócratas en Michigan junto a Bernie Sanders, 3 de mayo de 2026.


Los expertos de los medios de comunicación han dedicado análisis tras análisis a intentar comprender por qué los candidatos progresistas, pese a que sus rivales gastan mucho más en campaña, siguen derrotando a los demócratas del establishment en las primarias de todo el país. Pues bien, la explicación es sencilla.

Ya se trate de un sistema corrupto de financiación de las campañas, de una desigualdad de ingresos y riqueza sin precedentes, de un sistema sanitario que no funciona y resulta desorbitadamente caro, de las enormes amenazas que plantea la inteligencia artificial o de una política exterior inmoral y destructiva, los progresistas están hablando de los problemas reales a los que se enfrentan las familias trabajadoras. Y están ofreciendo soluciones reales. Los demócratas del establishment, no.

Encuesta tras encuesta se confirma lo mismo. El pueblo estadounidense sabe que el actual sistema económico está amañado. Los muy ricos son cada vez más ricos, mientras las familias trabajadoras pasan apuros. Hoy, el 60% de los estadounidenses vive al día, pero a la clase multimillonaria nunca le ha ido mejor.

En el país más rico de la historia de la humanidad, los estadounidenses no quieren tener que librar una batalla diaria para pagar las facturas. La clase trabajadora no quiere morir años antes de lo que debería a causa de enfermedades provocadas por el estrés que sufren cuando hacen esfuerzos para sobrevivir. Y, al igual que las generaciones anteriores, no quieren que sus hijos tengan un nivel de vida inferior al suyo.

Los políticos del establishment y los medios de comunicación del establishment han calificado el programa con el que los candidatos progresistas están ganando las elecciones de “radical”, “de extrema izquierda”, “extremista” o, en palabras del presidente Donald Trump, “comunista”. Todo eso son sandeces. En una cuestión fundamental tras otra, el programa progresista refleja exactamente lo que necesita y quiere una amplia mayoría de los estadounidenses.

Permitidme aprovechar esta oportunidad para compartir con vosotros algunas de las principales propuestas que apoyan la mayoría de los progresistas. Y decidme si son “extremas”.

Financiación de campañas

Los progresistas creemos que el actual sistema de financiación de las campañas electorales es corrupto y está socavando la democracia. Es absurdo que un solo hombre, Elon Musk, pueda destinar 290 millones de dólares (unos 267 millones de euros) a contribuir a la elección de Donald Trump como presidente, y que los multimillonarios de ambos partidos puedan invertir cantidades ilimitadas en las campañas a través de sus Super PACs (comités de acción política que pueden recibir aportaciones sin límite para financiar iniciativas a favor o en contra de candidatos).

Creemos que debemos revocar la desastrosa sentencia del Tribunal Supremo de Estados Unidos en el caso Citizens United, que en 2010 eliminó las restricciones al gasto electoral independiente de empresas y sindicatos, prohibir los Super PACs y avanzar hacia un sistema de financiación pública de las elecciones. Creemos que la democracia significa una persona, un voto, no que los multimillonarios puedan comprar elecciones.

Sanidad

Los progresistas creemos que nuestro actual sistema sanitario no funciona, es disfuncional y desorbitadamente caro. Creemos que es inmoral y fiscalmente irresponsable que gastemos aproximadamente el doble por habitante en sanidad que otros grandes países, mientras 85 millones de estadounidenses siguen sin seguro médico o cuentan con una cobertura insuficiente.

Al mismo tiempo, pagamos, con diferencia, los precios más altos del mundo por los medicamentos con receta. Los progresistas creemos que la asistencia sanitaria es un derecho humano y que deberíamos hacer lo que hacen todos los demás países importantes del mundo: garantizar la asistencia sanitaria a toda la población. Estamos de acuerdo con el 64% de los estadounidenses que quieren un sistema público de salud al estilo Medicare para todos los ciudadanos.

Actualmente tenemos más desigualdad de ingresos y riqueza que en cualquier otro momento de la historia de Estados Unidos. El 1% más rico posee hoy más riqueza que el 93% restante y un solo hombre, Elon Musk, acumula más riqueza que la mitad de los hogares estadounidenses con menos recursos

Proteger a los trabajadores

Los progresistas creemos que todos los estadounidenses tienen derecho a un nivel de vida digno. Consideramos indignante que, en 2026, millones de trabajadores sigan cobrando salarios de miseria y que el salario mínimo federal se mantenga en la vergonzosa cifra de 7,25 dólares (6,21 euros) la hora. Creemos que el salario mínimo federal debería elevarse hasta alcanzar un salario digno de al menos 20 dólares (17,13 euros) la hora.

También creemos que los empresarios ya no deberían poder negar a los trabajadores su derecho constitucional a afiliarse a sindicatos. Los progresistas apoyan la aprobación de la Ley Pro, que facilitará a los trabajadores la afiliación a sindicatos y la negociación de convenios que les proporcionen mejores salarios, prestaciones y condiciones laborales.

Gravar a los ricos

Los progresistas creemos que, en un momento de desigualdad de ingresos y riqueza sin precedentes, las personas más ricas de este país deben empezar a pagar la parte que les corresponde de impuestos. En un momento en que tenemos la tasa de pobreza infantil más alta entre los grandes países del mundo y en que un tercio de las personas mayores atraviesa dificultades económicas, resulta absurdo que los multimillonarios tributen a un tipo efectivo inferior al de los camioneros o el personal de enfermería.

Las personas más ricas de este país y las grandes empresas con beneficios deben empezar a pagar la parte que les corresponde de impuestos para que podamos financiar adecuadamente las necesidades de las familias trabajadoras, los niños y las personas mayores.

Regulación de la IA

Los progresistas creemos que la IA y la robótica, desarrolladas e impulsadas por las personas más ricas del planeta, son las tecnologías más transformadoras de la historia de la humanidad y que afectarán a todos los hombres, mujeres y niños de nuestro país.

En un momento en el que la IA amenaza con desplazar a millones de trabajadores, vaciar de contenido nuestra privacidad, dañar nuestro medio ambiente, socavar nuestra democracia y afectar negativamente a la salud mental de nuestros niños, creemos que el Gobierno debe desempeñar un papel decisivo a la hora de garantizar que estas tecnologías revolucionarias se utilicen en beneficio de todos los estadounidenses, y no solo para enriquecer aún más a los oligarcas de las grandes empresas tecnológicas.

La guerra de Vietnam se basó en una mentira. La guerra de Irak se basó en una mentira. La actual guerra en Irán se basa en una mentira. No necesitamos gastar 1,5 billones de dólares al año en el Pentágono para librar guerras interminables y apuntalar dictaduras por todo el mundo

Cambio climático

Los progresistas creemos que la afirmación de Trump de que el cambio climático es un “engaño” no solo es fruto de una ignorancia extraordinaria, sino que representa un peligro real para el planeta. Los últimos 11 años han sido los más calurosos desde que existen registros, y los tres últimos han batido todos los récords de temperatura.

Durante el último año, Estados Unidos y países de todo el mundo han sufrido importantes olas de calor, inundaciones repentinas, un aumento de las sequías y terribles incendios forestales, y los científicos nos advierten de que lo peor está aún por llegar.

Los progresistas creemos que debemos plantar cara con firmeza a la codicia de la industria de los combustibles fósiles. Lo cierto es que podemos crear millones de empleos bien remunerados y con representación sindical si transformamos nuestro sistema energético para dejar atrás los combustibles fósiles y avanzar hacia la eficiencia energética y las energías sostenibles. Por nuestros hijos, por las generaciones futuras y por la habitabilidad del planeta, eso es lo que debemos hacer.

Política exterior

Los progresistas creemos que debemos reformar de raíz nuestra política exterior y militar. La guerra de Vietnam se basó en una mentira. La guerra de Irak se basó en una mentira. La actual guerra en Irán se basa en una mentira. No necesitamos gastar 1,5 billones de dólares al año en el Pentágono para librar guerras interminables y apuntalar dictaduras por todo el mundo.

Desde luego, no tenemos por qué invertir decenas de miles de millones en apoyar al Gobierno extremista de Netanyahu en Israel, que ha matado a 73.000 palestinos y ha herido a más de 173.000, la gran mayoría de ellos mujeres, niños y ancianos.

A pesar de lo que los medios de comunicación quieran hacerte creer, los progresistas están ganando en todo el país por una sencilla razón: las ideas con las que se presentan son extremadamente populares. Es hora de que la clase política deje de decirle al pueblo estadounidense lo que debe creer y empiece a escuchar lo que realmente quiere.

Bernie Sanders es senador de Estados Unidos y miembro destacado de la comisión de Sanidad, Educación, Trabajo y Pensiones. Representa al estado de Vermont y es el independiente con más años de servicio en la historia del Congreso.

Fuente: https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/ganando-candidatos-progresistas-primarias-eeuu_129_13458227.html