miércoles, 17 de junio de 2026

El milagro que multiplicó el número de judíos en España

Fuentes: Público


La manipulación que ejerce Israel y el lobby judío internacional sobrepasa los límites geográficos del Medio Oriente y extiende sus tentáculos a una buena parte del mapa mundial.

Explotar y vivir de mitos ya de sobra conocidos como el de la tierra prometida o el de una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra se quedan cortos frente a otras muchas falsificaciones y usurpaciones. El continuo robo de elementos culturales palestinos es un hecho a la vista de todos. El folklore, la gastronomía, la vestimenta, la danza, han sido apropiados y presentados como patrimonio israelí.

La complicidad de Occidente con este país alcanza unos extremos sorprendentes. Sus horrendos crímenes contra los palestinos se quedan impunes, una mínima crítica al gobierno israelí es considerada en más de un país europeo antisemitismo y en consecuencia una persecución y condena judicial. Su participación en eventos artísticos como eurovisión o deportivos como la vuelta ciclista son incuestionables, cuando la experiencia nos muestra que otros países como Rusia han sido excluidos de ellos por motivos de menor gravedad.

En España, algunos políticos e investigadores aprovechan cualquier ocasión para insistir sobre las raíces judeo-cristianas de la cultura e identidad española, olvidándose del enorme legado árabe y musulmán presente en cada rincón de la Península Ibérica como resultado de una convivencia y un dominio que duró más de ocho siglos. Una de las consecuencias de esta actitud fue la ley 12/2015, que concedió la nacionalidad española a los descendientes de los judíos sefardíes expulsados por los Reyes Católicos en el siglo XV. Sin embargo, no se ha habilitado ninguna ley para hacer lo mismo con los descendientes de los moriscos deportados por las mismas autoridades.

Otro de los milagros del judaísmo de nuestro tiempo es el gran número de juderías en ciudades y pueblos españoles donde no existe ningún indicio histórico de la presencia de judíos en estos lugares. Para que haya un barrio específico de una determinada población es necesario que exista una concentración de los miembros del grupo. Nadie duda de que estas concentraciones poblacionales tuvieron lugar en ciudades importantes como Granada, Córdoba o Girona. Otra cosa es toparse con una judería en pueblos diminutos como Albuquerque y Burguillo del Cerro, en Extremadura. El visitante o el turista que se dirige a una de estas ciudades o pueblos si se le ocurre acercarse a la oficina de turismo, la empleada o el empleado al extender el plano y después de señalar la ubicación de la oficina -«estamos aquí»-, dibuja de inmediato una flecha para indicar la supuesta judería como si fuera lo más destacado de la ciudad. Al adentrarse en el barrio, el turista descubre la excelente señalización, placas, estrellas de David, candelabros de siete brazos etc. Y para colmo, se organizan viajes turísticos con el nombre de “la ruta de las juderías”. No cabe duda de que la mano del gobierno israelí y su embajada está presente en todo esto, los cuales con sus conocidas habilidades actúan como una máquina propagandística para su país. Los ayuntamientos de esas localidades son también cómplices de estos inventos por intereses ideológicos y económicos.

En 1995 se creó la Red de Juderías de España, con sede en Córdoba. Se trata de una asociación pública de municipios que promueve la conservación y difusión del patrimonio judío en el país y cuenta actualmente con 27 miembros.

 Sabemos que los judíos a lo largo de la historia de España fueron una pequeña minoría hasta su expulsión a finales del S. XV, porque la población mayoritariamente era árabe y musulmana o cristiana. Pero, aun así, no encontramos casi en ninguna ciudad o pueblo español barrios árabes o musulmanes. La morería de Madrid es quizá una excepción. La culpa recae, en primer lugar, sobre los gobiernos árabes y musulmanes y sus embajadas, que son incapaces de desempeñar el rol que se espera de ellas. Gobiernos y embajadas que están dispuestos a gastar millones de euros en celebrar fiestas, regalar coches de lujo o caballos de pura raza a políticos, reyes y presidentes. Gobiernos que están dispuestos a comprar un equipo de fútbol o a fichar a un jugador por cientos de millones de euros, pero que son incapaces de dedicar un pequeño esfuerzo y unos pocos recursos económicos a preservar el acervo cultural de sus antepasados, cuyo valor es infinitamente mayor que unas juderías inventadas en su mayoría.

Resulta relevante el caso del arabista y profesor, además de director de la Fundación Ibn Tufayl, Jorge Lirola Delgado, cuando la plataforma Maguen Sefarad con las autoridades locales estaban diseñando el plan de la judería de Almería a finales de 2024. El profesor Lirola cuestionó en sus publicaciones la existencia de una judería en esta ciudad. Incluso confirmó que las fuentes históricas árabes y cristianas no hablan de la existencia de juderías dentro de las ciudades andalusíes. La idea de las juderías no es más que un intento de judaización de Andalucía y una exageración del patrimonio judío en España a expensas del acervo cultural y arquitectónico árabe y musulmán. Esta actitud llevó a Carmelo López Carrique, presidente de la Federación Sefardí de Asociaciones del Sur de España y miembro del Foro Almería Centro, sobre la localización de la Juderías de Almería que pretende difundir la cultura sefardí, a publicar un artículo en una publicación local con el título de Negacionismo, judeofobia e hipocresía, acusando al profesor Lirola de antisemita y negacionista del Holocausto. El profesor Lirola a su vez publicó en el Diario de Almería el 2 de febrero de 2025 un artículo con el título de Falsedades históricas y manipulación con intereses espurios (Réplica a López Carrique).

La cantidad de juderías en al-Andalus no se corresponde con el número de judíos que vivieron en este país, según los historiadores de la época. La prestigiosa historiadora y arabista francesa Rachel Arié en su magnífica obra España Musulmana (Siglos VII- XV) dice lo siguiente: «Tenemos algunas indicaciones acerca del número de judíos que habitaban en la España musulmana a mediados del siglo XI. Calculando el número de habitantes según el método expuesto por Leopoldo Torres Balbas, o sea 5 o 6 personas por hogar, concluyendo que había un total de 50.000 a 55.000 judíos en la Península Ibérica, de los cuales 10.000 vivían en al-Andalus y una elevada proporción (20%) en la Granada zirí. En lo que al reino nasrí se refiere, J. Munzer afirmaba que 20.000 judíos vivían en la judería antes de la caída de Granada en 1492. Esta estimación parece errónea, ya que en esa fecha había en Granada 110 hogares judíos, es decir 550 personas. En Málaga en 1487, los cristianos hicieron prisioneros a 450 judíos de ambos sexos. Cuando los castellanos entraron en Vélez Málaga en 1487, quedaban 50 hombres y cinco viudas judíos. A estas personas habría que añadir algunas familias diseminadas por el resto del reino de Granada. Es probable que el número total de judíos en al-Andalus a finales del siglo XV, se elevara a un millar de personas aproximadamente, es decir, una proporción pequeña en relación a la población musulmana del emirato». 

En conclusión, exagerar el número de juderías e inventar historias acerca de judíos andalusíes sin fundamento es otro hecho propagandístico político que domina voluntades ajenas y maneja a personas e instituciones por un claro interés de buscar glorias inexistentes. El número de judíos en al-Andalus fue lo que fue, una minoría pequeña incompatible con el gran número de juderías que se les atribuye en la actualidad. No se puede negar la existencia en esa tierra de sabios, poetas, filósofos y médicos judíos, como el destacado médico y filósofo Maimónides. Pero el número de sus aportaciones fue modesto en comparación con la de los eruditos árabes y musulmanes. Hay que atenerse a los datos y los hechos históricos y no a las invenciones interesadas y falsas. Multiplicar las juderías en España solo puede ser producto de un milagro, al igual que el de los panes y los peces.

Waleed Saleh, Grupo de Pensamiento Laico.

Fuente: https://www.publico.es/opinion/columnas/milagro-multiplico-numero-judios-espana.html 

Sindicalismo sociopolítico desde la base económica para la revolución y línea política de masas de su vanguardia



Alonso Gallardo militante comunista junio de 2026

La clase trabajadora más consciente de la realidad sociopolítica, vive en general atravesada por las circunstancias contradictorias en los ámbitos de influencia que la rodea. Por una parte surgen voces en la izquierda que denigran el hacer de los sindicatos de clase y del gobierno progresista, basados en aspectos negativos de la práctica sindical en centros de trabajo, barrios o los datos que proyectan estadísticas oficiales, sobre el aumento de la pobreza en amplios sectores de la clase obrera cada día más empobrecida incluso con trabajo. Por la otra, hay sectores que participando del sindicalismo de clase y las instituciones exponen otra verdad, donde la clase obrera recobra los primeros derechos perdidos desde los Pactos de la Moncloa de 1977, donde lo de menos su incumplimiento comparado con el pacto social que implicó con el poder económico, provocando la desmovilización y división de la lucha de clases que sustentaba organizativa e ideológicamente a la clase trabajadora, además de ser la base para la pelea contra las medidas neoliberales que durante los ochenta impusieron en confrontación y lucha las fuerzas políticas reformistas, contra el sindicalismo de clase sociopolítico de resistencia por los recortes de empleo, cierres de empresas, privatizaciones de la empresa pública y servicios públicos. Proceso de continuidad con la derrota ideológica y política sufrida en los años setenta, por el fracaso de la ruptura con la dictadura franquista y sin la rendición de cuentas de los genocidas, la amnistía a los represaliados y la reparación entre otras cuestiones que aún sufrimos.

Discernir algo dentro de este caos en el seno de una clase trabajadora bajo la hegemonía cultural y política de la oligarquía financiera, que controla todos los medios de comunicación incluidos los públicos, resulta difícil por falta de elementos de referencia por la diversidad polarizada existente en el seno de una izquierda plural, sobre todo cuando muchas personas han abandonado ídolos caídos que por su sectarismo han perdido las referencias. Esto que toda la militancia política y social de izquierda ve, obliga intentar discernir las complejidades de la relación entre una izquierda que ha quedado instalada en el clase contra clase, por partir de juicios de intenciones fruto de una visión idealista y metafísica del mundo que vive y por una metodología de estudio y trabajo de los hechos basada en un mecanicismo estático lejos del materialismo dialéctico y la otra, evolucionada del eurocomunismo pragmática y posibilista con el mismo esquema, que entiende que el marxismo leninismo es como lo explican los otros heredado de los revisionistas de la Unión Soviética pos Stalin, que, aunque algunos reconociendo la lucha de clases y la clase trabajadora, la integran junto a otros sujetos revolucionarios que la sustituyen. Dos actos en el mes de mayo de este año son los que han creado la necesidad de profundizarlo por la situación geopolítica: el 9 Congreso de la CSI rodeada de sindicatos minoritarios de clase, con un discurso crítico con los sindicatos mayoritarios y el gobierno progresista y un acto político de Yolanda Díaz, Ministra de Trabajo acompañada por los responsables asturianos de CC.OO y UGT, con un discurso de defensa de su hacer en el mundo del trabajo y de la gestión del gobierno en defensa de la clase trabajadora. Lo complejo es discernir la verdad de cada uno para saber quien divide y confunde más a la clase trabajadora.

Como comunista situado en el proceso histórico en la trinchera de los que perdieron la lucha por la ruptura con el franquismo, pero alejado del radicalismo infantil izquierdista desde los tiempos de la lucha contra el Estatuto de los Trabajadores, por el error de confrontar en vez de apoyar dentro del movimiento de las comisiones obreras, la lucha iniciada por Marcelino Camacho en noviembre del 1979 con una movilización en Madrid para cambiarle el rumbo que llevaba en el parlamento. La autocrítica y rectificación pública fue necesaria reconociendo que el sector de Marcelino Camacho desde el respeto al centralismo democrático partidario que ejerció, su posición de negarse a aceptar la redacción apoyada por la mayoría del Comité Central del PCE, era una posición correcta que todo revolucionario con un análisis mínimo debiera haber apoyado, además de táctica probada por la práctica histórica leninista. Esta experiencia colectiva como comunista por principio metodológico, obliga a situar toda posición en el contexto geopolítico que vivimos de crisis global del capitalismo de mercado monopolizado, por colapso y libre competencia del Sur Global y por la China socialista en particular. Crisis que lleva desde los años setenta del siglo pasado con reducción de beneficios del capital productivo, único capaz de crear desarrollo para el pueblo contrariamente al ficticio o dinero fiat, que solo hace más rico al rico que ya lo tiene. Crisis que nos lleva a la guerra por la pérdida de la hegemonía colonial e imperialista del occidente político después de quinientos años.

Esta crisis tuvo su reflejo en el 2008 con la explosión de las hipotecas subprime en los EE.UU que rebotó al resto del planeta, teniendo España y otros países los gobiernos neoliberales que salvar a la banca privada y más tarde en el 2011, el gobierno de Zapatero del PSOE fue obligado por el poder oligárquico financiero a romper el pacto social del estado de bienestar, base del pacto social que el eurocomunismo y la socialdemocracia como referentes de la izquierda en la transición pactaron con la oligarquía, provocando una movilización social que acabó con el bipartidismo y el régimen del 78, al tiempo que inauguró el inicio de la entrada en España del neofascismo que unificó al grueso de neoliberales en Europa arrastrando al grueso de la socialdemocracia y liberales, pero en España Pedro Sánchez en jugada política con el reformismo de izquierda lo frustra, formando después de liquidar la oposición interna un gobierno progresista que a duras penas legisla. Los pactos con la oligarquía dominante los determina la correlación de fuerzas y el parlamento es su reflejo, y quien domina la lucha de clases desde los años setenta es el capital, con excepción de los primeros años de la primera legislatura del gobierno progresista por la movilización social, con un mandato sin mayoría parlamentaria dependiendo de acuerdos con el nacionalismo vasco y catalán burgués.

Por experiencia y conocimiento de las prácticas desarrolladas por el eurocomunismo bajo el influjo de socialdemócratas y reformistas en CC.OO y el PCE-IU, y más tarde en colaboración y unidad con el sindicalismo de clase alternativo y los destacamentos leninistas, se observa que contemplan elementos ideológicos comunes, basados en una visión revisionista del marxismo leninismo que los dividen y separan antagónicamente. Ambas tendencias piensan de forma mecanicista y metafísica porque para ellos, el marxismo leninismo no es una ciencia donde la materia y el pensamiento está en continuo movimiento, es una doctrina para la eternidad porque lo que dijeron los clásicos del marxismo son verdades universales en cualquier espacio y tiempo; como ejemplo está el dogma de la socialdemocracia como enemigo principal en el seno del pueblo, lema que Lenin en su momento popularizó ante el apoyo de la socialdemocracia europea a las oligarquías imperialistas nacionales en la primera guerra mundial, pero rectificada por la Internacional Comunista ante el desafío de la internacional fascista del imperialismo en su intento de acabar con la Unión Soviética. De esta visión mecanicista y metafísica del marxismo leninismo en Europa desde los sesenta, nace el posmarxismo o reformismo de izquierda que rechazando esa visión revisionista del marxismo, opta por una visión moderna también revisionista para acabar liquidando a la clase trabajadora como el principal sujeto revolucionario; al marxismo leninismo como instrumento ideológico y político de lucha contra el imperialismo dominante y al partido comunista como su vanguardia. Cosa que entre ambos lo han logrado hasta el momento en occidente con sus marxismos revisionistas.

Ambas tendencias rechazan el ser social colectivo como alma del conocimiento del saber humano, optando por sistemas bajo la dirección bonapartista del dirigente elegido por los posmarxistas; los otros, cediendo todo el poder al núcleo central como el revisionismo soviético pos Stalin hizo en el PCUS. Al final ambos se limitan a defender los tópicos, unos el de las identidades posmodernas del feminismo de género, ecologismo, sexualidades, nacionalidad o diferencias culturales pero siempre ligadas a luchas individualizadas fuera de una lucha de clases centrada en la batalla económica, base del poder de la oligarquía dominante y también de la clase trabajadora paralizándola o controlando su producción según las necesidades. Lo otros en su versión izquierdista, maximalizan los objetivos sacándolos del contexto para confrontar con las posiciones posibilistas del reformismo de izquierda y gobierno, pero ambos sin elaborar planes de trabajo ajustados a la realidad sociopolítica por su dirección y sin rendir cuenta del trabajo realizado de congreso a congreso a la militancia ni a la clase trabajadora y cuando hay algún documento, son aportaciones individuales sin base colectiva de los grupo de trabajo o áreas, negando lo fundamental de la responsabilidad individual, dirección colectiva con rendición de cuenta y balance.

Cada dirección colectiva y responsabilidad individual elegida es un bucle que comienza de nuevo desde la experiencia individual adquirida, con el asamblearismo movimentista como organización y el inmediatismo como reacción en cada lucha que surge por la presión del capital, llevando desde hace muchos años una actividad política sin estrategia, ni programa, ni táctica, ni alianzas y donde toda idea está fuera de una lucha organizada y planificada desde las organizaciones de masas de la clase trabajadora y el partido obrero como instrumentos. Las organizaciones obreras de masas y el partido no son ajenos en su forma y propiedad a la clase trabajadora, deben ser suyas y puestas a su servicio por los comunistas y revolucionarios. Con esta actitud no solo negamos los principios del marxismo como metodología científica de estudio y trabajo, como lo demuestra las planificaciones económicas de los comunistas chinos o vietnamitas sino también, al ser social y colectivo nacido del desarrollo histórico del ser humano. Gaia Vince escritora y divulgadora de la interacción entre humanos y el entorno planetario lo expresa así en su libro “Trascendencia” “la evolución cultural acumulativa ha demostrado ser un actor decisivo en la historia de la vida en la tierra. La evolución no la han impulsado exclusivamente los cambios en el entorno y los genes; la cultura también ha desempeñado un papel. La evolución cultural comparte muchas cosas con la evolución biológica. La evolución genética se basa en la variación, la transmisión y la supervivencia diferencial. Y estas tres cosas están presentes en la trasmisión cultural. La diferencia más importante es que, en el caso de la evolución biológica, son cosas que operan principalmente al nivel del individuo, mientras que en el caso de la cultura la selección de grupo es más importante que la selección individual, como veremos. Es nuestra cultura humana colectiva, aún más que nuestra inteligencia individual, la que nos hace inteligentes”, habla de cómo interacciona en la vida social entre otras la lucha de clases.

Las dificultades para una clase trabajadora sin referentes políticos ni sindicales bajo una situación de defensiva desorganizada, ante la tremenda ofensiva mediática del ultraneoliberalismo fascista de caos y guerras, no tiene parangón histórico como fin del ciclo del libre mercado monopolizado. El enemigo principal de la clase trabajadora y el pueblo es la oligarquía imperialista española, aliada del imperialismo yanqui y principal enemigo de la humanidad, promotor de las guerras y caos como potencia mundial hegemónica; cuestión que el mecanicismo izquierdista oscurece cuando sitúa a la socialdemocracia y al reformismo de izquierda como parte del enemigo principal y no del pueblo. Igual que cuando se critica al gobierno por la subida de los salarios por debajo del IPC, cuando la máxima subida que tuvimos vino dada por la subida del SMI del gobierno y no por la negociación colectiva, derecho fundamental que es responsabilidad de los sujetos sociales: de los sindicatos y la patronal. Pero políticamente la patronal nos gana la lucha de clases por goleada; los mayoritarios en general negocian sin participación asamblearia de la clase trabajadora afectada, acordando subidas en general por debajo de un IPC ligado a la cesta de la compra y los minoritarios, despreciando en general la negociación colectiva sectorial dejándola en manos de los mayoritarios y la patronal por negociar a sus espaldas, centrándose como mucho en las individuales de empresa, que gracias al gobierno progresista tienen como base el convenio colectivo de sector provincial o nacional.


Si lo básico para la clase trabajadora es el derecho al trabajo y los derechos laborales y sociales en los centros de trabajo, como principal valor de la democracia y las libertades y los comunistas no somos sus principales defensores, es porque ignoramos la base del mensaje marxiano, leninista y menos, la visión gramsciana del estado moderno burgués de dictadura limitada y la lucha por la hegemonía en el seno de la clase trabajadora. Una clase trabajadora mediáticamente colonizada y mediatizada por los mensajes ideológicos de la oligarquía, que enfrenta al joven contra el viejo por las pensiones, al nacido aquí contra el de afuera por el empleo, a la mujer contra el hombre para la división social y los de una comunidad contra los de otras para la división de la clase trabajadora y el pueblo y los marxistas leninistas no nos enteramos por dogmas izquierdistas que nos dividen a nosotros, a la clase trabajadora y al pueblo.

martes, 16 de junio de 2026

Al borde del abismo: la OTAN se encamina hacia una guerra total con Rusia


Thomas Fazi


Existe un maquinaria bélica, extendida una docena de países que producen armas en fábricas finlandesas, alemanas y británicos; todo ello alimenta un conflicto que, en ausencia de una intervención política, no tiene otro desenlace lógico que la catástrofe.


Publicado por Octubre




El incidente del dron ruso que impactó un edificio de apartamentos en Rumania demuestra que el riesgo de un conflicto total entre la OTAN y Rusia es mayor que nunca, incluso más que en el apogeo de la Guerra Fría.


El presidente rumano, Nicușor Dan, aclaró posteriormente que la aeronave cambió de trayectoria tras ser alcanzada por un impacto cinético, estrellándose finalmente contra el edificio residencial en Galați. Lo más preocupante es el profundo grado de implicación de ambas partes en lo que, a efectos operativos, constituye una confrontación militar cada vez más directa, aun cuando formalmente mantengan la apariencia de no beligerancia.

A diferencia de la Guerra Fría, cuando las superpotencias mantenían protocolos rígidos diseñados para evitar la confrontación directa, hoy las líneas divisorias se han desdibujado hasta el punto de ser casi invisibles.

Una guerra que se suponía que debía permanecer confinada dentro de las fronteras de Ucrania se ha convertido gradualmente en algo mucho más peligroso: un conflicto indirecto en el que el papel de la OTAN se ha vuelto tan crucial operativamente que la distinción entre actor principal y secundario prácticamente se ha desvanecido, y donde cada semana surgen nuevas pruebas de que la lógica de la escalada se acelera mucho más rápido que cualquier capacidad política para controlarla.

Los sucesos de las últimas semanas lo han dejado meridianamente claro. La semana pasada, un dron ucraniano atacó una residencia estudiantil en Donbás, causando la muerte de 21 personas, en su mayoría estudiantes. Esto representa una grave escalada en la intensificación de la ofensiva con drones de Ucrania contra Rusia en los últimos meses, que incluye un número creciente de ataques en territorio ruso.

Hace apenas unas semanas, al menos tres personas murieron y varias resultaron heridas en un ataque a gran escala perpetrado por drones ucranianos en la región de Moscú. Mientras tanto, según Reuters, en marzo, los ataques con drones ucranianos contra las tres principales terminales de exportación de Rusia en la costa occidental —Novorossiysk en el Mar Negro, y Primorsk y Ust-Luga en el Báltico— habían paralizado cerca del 40% de la capacidad de exportación de petróleo de Rusia.

Según una estimación del New York Times , a principios de abril, los ataques ucranianos también habían dañado o destruido aproximadamente el 20% de la capacidad de refinación de petróleo rusa.

Solo este mes, los drones ucranianos han atacado dos docenas de refinerías de petróleo rusas, según el Ministerio de Defensa de Ucrania. Algunos de los objetivos más recientes se ubicaban a entre 1500 y 1700 kilómetros de la frontera ucraniana, lo que indica una mejora significativa en las capacidades de los drones de largo alcance de Ucrania.

Como señaló John Mearsheimer en una reciente entrevista con Glenn Diesen, los ataques con drones y misiles ucranianos en territorio ruso, incluyendo Moscú, representan un importante avance en la escalada del conflicto. Si bien no le impresionan sus efectos militares inmediatos, su trayectoria le preocupa profundamente: «El alcance del daño que pueden causar estos drones no es tan grande… ciertamente no afectará el resultado de la guerra de manera significativa. Eso no va a suceder. Pero creo que el gran peligro de cara al futuro es que los ucranianos, en colaboración con los europeos que siguen decididos a derrotar a Rusia, aumenten el número y el tipo de ataques contra Rusia».

Rusia ya respondió al ataque con drones contra el complejo residencial estudiantil de Donbás con un ataque masivo contra Kiev, uno de los mayores desde el inicio de la guerra, que incluyó el uso de misiles Oreshnik con capacidad nuclear. Asimismo, amenazó con lanzar una nueva oleada de «ataques sistemáticos» contra la capital.

Los nuevos ataques tendrán como objetivo «centros de toma de decisiones y puestos de mando», así como instalaciones de producción de drones en la ciudad, según informó el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso en un comunicado. Moscú instó a los ciudadanos extranjeros y diplomáticos a abandonar Kiev «lo antes posible» y advirtió a los residentes que se mantuvieran alejados de los edificios administrativos y militares.

Hasta el momento, Moscú se ha abstenido de atacar cuarteles generales ucranianos, un hecho bastante notable considerando que el ejército ucraniano ha atacado repetidamente cuarteles generales rusos, como señaló Anatol Lieven .

El martes, el Estado Mayor ucraniano afirmó haber destruido un centro clave de mando y control ruso en Lugansk con misiles de crucero británicos Storm Shadow. El uso efectivo de estos misiles, que Ucrania lleva lanzando desde hace dos años, requiere datos de localización de objetivos proporcionados por Estados Unidos. A pesar de esto, Moscú no ha atacado el cuartel general ucraniano en Kiev precisamente por la probabilidad de matar a soldados y oficiales de inteligencia estadounidenses y de otros países de la OTAN, lo que podría provocar una escalada drástica por parte de Occidente.

Desde que Donald Trump regresó a la presidencia y reabrió las negociaciones diplomáticas, el gobierno ruso también se ha visto frenado por el deseo de no molestarlo ni debilitarlo. Sin embargo, la semana pasada, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, declaró que las conversaciones de paz están estancadas y que «no hay conversaciones en curso en este momento».

Esto indica no solo una peligrosa escalada de la guerra, sino también su posible expansión más allá de las fronteras de Ucrania. Al fin y al cabo, aunque estos ataques son formalmente llevados a cabo por Ucrania, la realidad es que Ucrania jamás podría realizar estos ataques con drones en territorio ruso sin el apoyo satelital y de inteligencia de la OTAN, y específicamente de Estados Unidos.

A pesar de las iniciativas de paz de Trump, su administración ha seguido proporcionando a Ucrania información de inteligencia para realizar ataques con drones de largo alcance contra la infraestructura energética rusa, según múltiples funcionarios estadounidenses y ucranianos.

La información de inteligencia ayuda a Ucrania a «definir la planificación de rutas, la altitud, el momento oportuno y las decisiones de la misión, lo que permite a sus drones de ataque unidireccionales de largo alcance evadir las defensas aéreas rusas».

Una fuente describió la fuerza de drones de Ucrania como la «herramienta» que Estados Unidos utiliza para lograr su objetivo de debilitar la economía rusa y presionar a Putin para que llegue a un acuerdo. La CIA también ha participado en la expansión del programa de drones de Ucrania.

El nivel de implicación estadounidense va mucho más allá del simple intercambio de inteligencia. Mientras que un funcionario estadounidense afirmó que Ucrania selecciona el objetivo y Estados Unidos proporciona información sobre sus vulnerabilidades, otros funcionarios indicaron que Estados Unidos ha priorizado de facto los objetivos para el ejército ucraniano, lo que significa que, en la práctica, Estados Unidos elige cuáles atacar.

Estados Unidos también proporciona apoyo satelital, tanto en forma de guía GPS en tiempo real (en particular sobre territorio ucraniano y territorio anexado por Rusia a través del sistema Starlink de Elon Musk) como proporcionando datos geoespaciales que permiten a los drones operar sin una señal GPS en tiempo real, como en áreas donde la señal está interferida: mapas de terreno precargados, datos de ruta, coordenadas de objetivos y perfiles de evasión de defensa aérea, todo lo cual depende del reconocimiento satelital y la inteligencia estadounidense.

Esto significa que las operaciones de ataque profundo de Ucrania contra Rusia son, en la práctica, una operación conjunta de Estados Unidos y la OTAN bajo bandera ucraniana. Pero la OTAN no solo proporciona la inteligencia y el apoyo satelital para estos ataques —y, por supuesto, el dinero para los drones—, sino que cada vez más también proporciona los propios drones.

Si bien la gran mayoría de los drones utilizados por las fuerzas ucranianas se fabrican en el país, un hecho más reciente y de gran importancia estratégica es la expansión deliberada de la producción de drones en países europeos, en parte para reducir la vulnerabilidad a los ataques rusos contra instalaciones ucranianas. Zelensky ha anunciado planes para abrir 10 centros conjuntos de producción de drones en Europa para 2026.

El país que se encuentra en el centro de esta dinámica es Alemania. El gobierno de Merz está profundizando la cooperación militar con Kiev, convirtiéndose cada vez más en un aliado en el conflicto con Rusia. Tras la retirada estadounidense, Alemania ha sido durante mucho tiempo el principal apoyo financiero de Ucrania. Pero a mediados de abril, por primera vez, el gobierno alemán estableció una alianza estratégica con el sector de defensa de un país en guerra.

El acuerdo allana el camino para la producción conjunta de sistemas de armas, drones con un alcance de hasta 1500 km y misiles de largo alcance con Kiev. Uno de los ejemplos más destacados es Quantum Frontline Industries en Alemania, una empresa conjunta entre Quantum Systems y la ucraniana Frontline Robotics, donde el primer dron salió de la línea de producción menos de dos meses después de que se anunciara la asociación.

Con un simple trazo de pluma, el gobierno alemán ha zanjado el debate interno de los últimos años sobre el suministro de armamento alemán a Ucrania para ataques contra objetivos en territorio ruso.

Como escribió la exdiputada alemana Sevim Dagdelen , con la integración de las industrias de defensa de Berlín y Kiev, estamos presenciando el surgimiento de un complejo militar-industrial germano-ucraniano bajo la hegemonía de Berlín. De hecho, es probable que se hayan utilizado drones de largo alcance de fabricación alemana en los recientes ataques contra Moscú y la región de Moscú.

Otros países europeos también participan. Desde finales de 2024, el grupo finlandés Summa Defence ha puesto en marcha varias empresas conjuntas con compañías ucranianas para producir drones en Finlandia.

La empresa británica Prevail Partners y la ucraniana Skyeton unieron fuerzas en julio de 2025 para producir el dron de vigilancia Raybird en el Reino Unido. Skyeton también ha inaugurado una línea de producción de Raybird en Eslovaquia y está negociando nuevas alianzas europeas, mientras que consorcios ucranianos de drones están construyendo plantas de ensamblaje y componentes en Finlandia y Dinamarca.

Esto significa que las naciones europeas —principalmente Alemania— están cada vez más involucradas directamente en el conflicto. Esto aumenta seriamente el riesgo de ataques de represalia rusos en territorio europeo. De hecho, a mediados de abril, el Ministerio de Defensa ruso publicó los nombres y direcciones de empresas europeas —incluidas varias italianas— involucradas en la producción de drones ucranianos, declarando que «el público europeo debe comprender claramente las verdaderas razones de las amenazas a su seguridad y conocer las direcciones y ubicaciones de las empresas «ucranianas» y «conjuntas» que producen vehículos aéreos no tripulados y componentes para Ucrania en su territorio».

Para empeorar las cosas, cada vez hay más pruebas de que drones ucranianos están cruzando el espacio aéreo de los países bálticos miembros de la OTAN para atacar objetivos rusos, como los drones que atacaron las terminales petroleras rusas de Primorsk y Ust-Luga, en el mar Báltico. Solo este mes, los drones ucranianos han provocado repetidas alertas en el espacio aéreo de Estonia, Letonia y Lituania, lo que ha obligado a los cazas de la OTAN a despegar en varias ocasiones.

Al menos un dron ucraniano fue derribado por un avión de la OTAN sobre Estonia el 19 de mayo. Tan solo unos días antes, otro dron ucraniano había atacado una instalación de almacenamiento de petróleo vacía en Letonia. Las repercusiones políticas fueron significativas, provocando la caída del gobierno letón por su gestión de la crisis.

Rusia ha acusado a los estados bálticos y a la OTAN de permitir activamente que drones ucranianos utilicen su espacio aéreo para atacar a Rusia, calificando esto de agresión de la OTAN. El asesor presidencial Nikolai Patrushev subrayó que esto constituye una participación directa de los países de la OTAN en ataques contra territorio ruso.

Por su parte, Ucrania y los países bálticos han rechazado las acusaciones de colusión deliberada, acusando a Rusia de utilizar guerra electrónica e interferencia de señales para desviar drones ucranianos hacia el espacio aéreo báltico; si bien esto no explica por qué Rusia ha demostrado ser incapaz de prevenir los ataques con drones contra objetivos civiles y sensibles, incluso en Moscú. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, llegó incluso a afirmar que «Rusia y Bielorrusia son directamente responsables» de los ataques con drones ucranianos.

Lo que resulta evidente es que las tensiones en los países bálticos son más altas que nunca. El riesgo de un conflicto entre la OTAN y Moscú en la región se ve incrementado por el reciente anuncio de la creación de una fuerza naval conjunta, denominada Iniciativa de las Armadas del Norte, integrada por el Reino Unido, Noruega, Suecia, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Estonia, Letonia, Lituania y los Países Bajos. Esta fuerza parece tener como objetivo explícito contener a Rusia entre el Ártico y el Báltico, lo que podría obstaculizar el tráfico comercial de Moscú, y en particular su denominada «flota en la sombra».

Provocaciones como el abordaje de buques rusos, o incluso un bloqueo naval, constituirían un claro casus belli. A esto se suma la militarización de Finlandia, miembro reciente de la OTAN, y las operaciones de espionaje y vigilancia aérea llevadas a cabo desde su territorio contra Moscú; factores que están convirtiendo al país escandinavo en una nueva amenaza estratégica para Rusia.

No es exagerado decir que estamos a un solo incidente —real o orquestado— de que la situación se agrave rápidamente y desemboque en una guerra abierta entre la OTAN y Rusia. Esto resulta especialmente preocupante si se tiene en cuenta que las provocaciones occidentales están revitalizando a los sectores más belicistas de Moscú.

Entre los enfoques más radicales se encuentra el de Serguéi Karaganov, politólogo veterano, antiguo asesor de Mijaíl Gorbachov y Boris Yeltsin, y actualmente asesor de Vladímir Putin. Desde el inicio del conflicto, Karaganov ha apoyado el posible uso de armas nucleares en Europa.

Su argumento es que las élites europeas están completamente desacreditadas y carecen de la legitimidad necesaria para mantenerse en el poder. Sobre todo, son incapaces de llegar a un compromiso con Rusia. Deben ser detenidas por la fuerza de las armas para evitar que el conflicto se extienda a toda Europa, principalmente atacando objetivos militares estratégicos y de gran simbolismo en territorio europeo con armas convencionales.

Según Karaganov, si esto no basta para persuadir a las élites europeas de que lleguen a un acuerdo con Rusia, sería necesario un ataque nuclear «demostrativo», o incluso uno dirigido a eliminar a las propias élites europeas. Estas ideas, en gran medida marginales al comienzo del conflicto, están ganando terreno gradualmente tanto en los círculos militares como políticos rusos. Al mismo tiempo, aumenta la presión sobre Putin para que cambie de estrategia.

Mearsheimer toma en serio el argumento de Karaganov —que Rusia debería atacar objetivos europeos con armas convencionales, recurriendo a las nucleares si fuera necesario— y señala cómo lo que antes era una postura minoritaria ha encontrado un amplio respaldo en Rusia: «Ahora afirma, y le creo porque es un hombre honesto, que la gran mayoría de las personas con las que habla están de acuerdo con él. En cierto modo, los rusos ya están hartos».

En cuanto a la dimensión nuclear, Mearsheimer explica por qué la mera perspectiva del uso de armas nucleares confiere a la estrategia de Karaganov su lógica coercitiva: «Una vez que se empieza a ascender en la escalada, todo el mundo entiende que en algún punto de esa escalada… en algún lugar se encuentra el uso de la energía nuclear. En uno de los peldaños está el uso de armas nucleares… la sola amenaza de armas nucleares tendrá un enorme valor disuasorio».

El politólogo también establece un sorprendente paralelismo histórico con respecto a las violaciones de las líneas rojas por parte de Occidente: «Es verdaderamente asombroso que Estados Unidos y Gran Bretaña ayudaran a Ucrania cuando invadió la Rusia continental en el verano de 2024. Esto es la Ofensiva de Kursk… la idea de que ayudáramos a un aliado a invadir la Unión Soviética jamás habría ocurrido… o que ayudáramos a un aliado a atacar uno de los componentes de la tríada nuclear estratégica. Esto es simplemente impensable. Era demasiado peligroso».

Su conclusión sobre el dilema estratégico de Rusia es la siguiente: «Si te ves obligado a usar la carta de Rusia… tendrás que golpear la mesa con el puño, como decía mi madre. Y tendrás que enviar un mensaje muy claro de que esto es simplemente inaceptable».

El riesgo de guerra no es una abstracción lejana, sino una realidad concreta, peligrosa e inminente. El mecanismo de escalada que nos ha traído hasta aquí es bien conocido: cada paso que se da, partiendo de la premisa de que la otra parte cederá, aumenta la probabilidad del siguiente paso y reduce el margen para la desescalada.

Los líderes occidentales se han convencido, mediante una combinación de ilusiones e inercia institucional, de que Rusia seguirá absorbiendo las provocaciones sin responder de la misma manera. Pero cada semana que pasa sin una solución diplomática nos acerca al momento en que esa suposición se pondrá a prueba hasta el límite.

Lo que hace que la situación actual sea excepcionalmente peligrosa no es solo la escalada militar, sino el colapso total de la visión política capaz de detenerla. No hay realistas de la Guerra Fría, ni canales de comunicación informales, ni un líder europeo serio con la autoridad y la voluntad para proponer una solución negociada.

Solo existe el impulso de la maquinaria bélica, ahora extendida por una docena de países y miles de empresas, que producen armas en fábricas finlandesas, empresas conjuntas alemanas y talleres británicos; todo ello alimenta un conflicto que, en ausencia de una intervención política urgente, no tiene otro desenlace lógico que la catástrofe.

En última instancia, la responsabilidad recae en los ciudadanos europeos. Nuestros gobiernos no actúan en nuestro nombre ni en nuestro beneficio. Nos corresponde a nosotros —antes del próximo accidente, del próximo error de cálculo, del próximo dron que cruce el espacio aéreo prohibido— exigirles que rectifiquen y eviten situaciones de riesgo extremo.

Fuente: observatoriocrisis.com 

Oreshnik sobre Kiev, la bomba de relojería de Ormuz, Pekín como nuevo centro del mundo


Roberto Iannuzzi   junio 3/2026


La prioridad estratégica de China es “gestionar” el declive estadounidense. Ucrania y el Golfo Pérsico confirman que dicho declive corre el riesgo de ir acompañado de conflictos catastróficos.


 Publicado por Octubre


© Photo: Public domain

Desde mediados de mayo, la rápida sucesión de visitas a Pekín del presidente estadounidense Donald Trump y de su homólogo ruso Vladimir Putin ha puesto de manifiesto, aunque sea momentáneamente, cuál es el nuevo centro de gravedad en torno al cual giran los tumultuosos acontecimientos mundiales de los últimos meses y años.

La reunión entre Trump y el presidente chino Xi Jinping ha puesto de manifiesto, más allá de su aparente falta de resultados, cómo han cambiado los equilibrios entre las dos superpotencias hasta el punto de mostrar claramente la ventaja adquirida por Pekín a la hora de definir los términos de una relación que sigue siendo delicada y difícil.

La posterior visita de Putin ha reafirmado el vínculo cada vez más estrecho que existe entre Rusia y China, el cual, a su vez, destaca como elemento fundacional del nuevo mundo multipolar que se contrapone a la visión unipolar estadounidense en declive.

Estas verdades disruptivas, sin embargo, pasaron rápidamente a un segundo plano cuando la atención mediática internacional se centró de nuevo en los dos frentes más candentes del tablero mundial: el Golfo Pérsico y Ucrania.

Ultimátum ruso

El pasado fin de semana estuvo marcado por ataques rusos sin precedentes contra la capital ucraniana, Kiev, llevados a cabo no solo con drones, sino con oleadas masivas de misiles de diversos tipos (Kinzhal, Iskander, Zircon), incluidos los novedosos Oreshnik, vectores hipersónicos de medio alcance capaces de albergar tanto ojivas convencionales como nucleares.

Estos últimos impactaron en la base aérea de Bela Tserkva, a 75 km al sur de la capital. Los demás ataques tuvieron como objetivo instalaciones del complejo militar-industrial ucraniano y centros de mando y control del ejército de Kiev.

La razón inmediata de la acción rusa vino dictada por la necesidad de responder a la masacre de 21 estudiantes, en su mayoría chicas, en la residencia universitaria de Starobilsk, en la región de Lugansk.

Los rusos se han quejado de que el ataque, llevado a cabo por un dron ucraniano contra un objetivo puramente civil, no ha sido condenado por los líderes europeos, quienes, en cambio, han estigmatizado duramente la represalia rusa sobre Kiev.

Pero hay motivos más profundos en el origen de la acción rusa: la creciente capacidad ucraniana para atacar con drones y misiles objetivos relevantes (refinerías, terminales petroleras, bases militares) en lo profundo del territorio ruso, gracias también a la creciente integración de la industria bélica ucraniana con la europea.

Como ya había anticipado en un artículo reciente, esta novedad es suficiente para provocar una reacción rusa que podría conducir a una escalada capaz de traspasar las fronteras de Ucrania e involucrar a otros países europeos.

El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso ha emitido un comunicado en el que invita a los ciudadanos extranjeros presentes en Kiev, incluido el personal diplomático y el de las organizaciones internacionales, a abandonar la capital ucraniana.

En otro gesto significativo, el ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, solicitó una conversación telefónica con su homólogo estadounidense, Marco Rubio, para notificarle la intención rusa de llevar a cabo nuevos ataques contra Kiev y reiterar la «recomendación» a los ciudadanos extranjeros de que abandonen la ciudad.

La llamada de Lavrov se produjo por orden directa de Putin, según el ministerio. Durante la conversación, el ministro de Asuntos Exteriores ruso expresó su pesar por el fracaso de los esfuerzos diplomáticos surgidos de la reunión del pasado agosto entre Trump y Putin en Anchorage, saboteados por Kiev y los europeos.

Por su parte, Rubio había declarado unos días antes que «no hay negociaciones de paz en este momento», achacando a Rusia y Ucrania la responsabilidad de la reanudación de eventuales negociaciones.

Las embajadas occidentales han rechazado la invitación rusa a evacuar la capital ucraniana.

La posible crisis estadounidense

Si en Europa corremos el riesgo de asistir a un recrudecimiento del conflicto con ramificaciones que podrían extenderse más allá de las fronteras ucranianas, en el Golfo Pérsico la bomba de relojería desencadenada por el cierre del estrecho de Ormuz continúa su cuenta atrás.

Mientras Estados Unidos se propone estrangular la economía iraní mediante el bloqueo naval en el golfo de Omán, es el sistema financiero estadounidense el que se está volviendo inestable bajo el peso del gasto militar, el enorme déficit presupuestario, la inflación persistente y la deuda federal, que ya supera el 120 % del PIB.

La guerra contra Irán está resultando ser un boomerang en múltiples frentes. El daño geopolítico es evidente. La reputación de EE. UU. en el Golfo se encuentra en mínimos históricos. Todos los países que dependían de Ormuz para satisfacer sus necesidades energéticas, incluidos los aliados de Washington, están sufriendo.

El daño financiero podría resultar aún más grave. El cálculo iraní es sencillo. Teherán sabe que no tiene que derrotar militarmente a Estados Unidos, solo tiene que resistir más de lo que la economía estadounidense es capaz de aguantar.

En EE. UU., la inflación ya era un problema antes del estallido del conflicto. El aumento de los costes energéticos empuja aún más al alza los precios de cualquier producto.

El coste de la guerra incide en el déficit, que podría rozar el 8 % del PIB este año. A su vez, el coste de los intereses de la deuda es ya superior a los gastos de defensa.

La inflación incide en los tipos de interés y en la evolución del mercado de bonos del Estado. El rendimiento de los bonos del Tesoro a 30 años se sitúa en torno al 5 %, el de los bonos a 10 años, en torno al 4,5 %. Los rendimientos de los bonos del Estado también han subido en otros países, desde Japón hasta Gran Bretaña.

Los altos tipos de interés están destinados a poner en apuros al sector tecnológicoal aumentar los costes de financiación, reducir el valor de los beneficios a largo plazo y hacer subir los precios de la energía necesaria para alimentar los gigantescos centros de datos de inteligencia artificial (IA).

La crisis energética no desaparecerá ni siquiera si el estrecho de Ormuz se reabriera mañana. El daño causado a las cadenas de suministro también requerirá mucho tiempo para ser reabsorbido.

En estas condiciones, la guerra en el Golfo podría decidirse en los mercados financieros en lugar de en el campo de batalla.

Trump ante la corte de Xi

Es, por tanto, en la estela de una serie de fracasos, que comenzaron con la desastrosa guerra de aranceles, que Trump se ha desplazado a Pekín, llevando consigo a una comitiva de empresarios de Silicon Valley y de Wall Street con la esperanza de acceder a ese mismo sistema industrial que la superpotencia estadounidense en crisis intenta por todos los medios sabotear y contener.

En la cumbre con Xi Jinping, la crisis de un Estados Unidos afectado por la desindustrialización, la financiarización y un prestigio internacional muy mermado ha llevado a Trump a negociar desde una posición de debilidad.

Esto ha sido reconocido incluso por los think tanks estadounidenses más importantes.

Si bien el Center for Strategic and International Studies se limitó a hablar de una «cumbre entre iguales» (lo que, en cualquier caso, constituye una admisión sin precedentes), el Council on Foreign Relations reconoció, incluso antes del inicio de la cumbre, que China «saldría ganando», mientras que la revista Foreign Affairs afirmó que Washington ha perdido su poder de negociación frente a Pekín.

Durante su visita, Trump no logró ningún acuerdo de importancia. Al fracaso comercial se sumó el tecnológico.

En un intento por sabotear el desarrollo chino en el sector de la IA, tanto Trump como su predecesor, Joe Biden, habían bloqueado la exportación de microchips avanzados a China.

Esta medida ha perjudicado enormemente a Nvidia, el gran fabricante estadounidense de microprocesadores. Según admitió el propio Jensen Huang, director ejecutivo de la empresa, esta ha perdido un mercado del que controlaba el 95 %.

De hecho, Pekín ha respondido invirtiendo miles de millones de dólares en el desarrollo de su propia industria de semiconductores, impulsando un sector de la IA capaz de competir con el estadounidense a pesar de emplear microchips de menor nivel, al tiempo que está reduciendo rápidamente la brecha con los de última generación de EE. UU.

China, por su parte, sigue dominando el proceso de extracción y procesamiento de minerales esenciales y tierras raras. Pekín ha respondido a los aranceles de Trump limitando la exportación de estas últimas, esenciales en las tecnologías de última generación, en la IA y en la industria armamentística.

Para desarrollar cadenas de suministro alternativas con el fin de garantizar su propio abastecimiento de dichos minerales, EE. UU. tardará años, durante los cuales seguirá teniendo que ganarse la benevolencia china.

Trump tampoco ha conseguido nada de China en lo que respecta a la crisis del estrecho de Ormuz. Irán permite el paso de los petroleros chinos por el estrecho, y Washington no se atreve a detenerlos.

Teherán ha afirmado en repetidas ocasiones que el paso permanece abierto para los países que no se muestran abiertamente hostiles hacia Irán.

Aunque sigue deseando una solución rápida y pacífica del conflicto, Pekín no tiene, por tanto, motivos para ejercer presión sobre Teherán para que acceda a peticiones estadounidenses inaceptables para la República Islámica.

Evitar el enfrentamiento directo

Desde el punto de vista chino, el objetivo principal de la reunión entre Xi y Trump no era resolver determinados litigios con Washington, sino más bien encauzar la compleja competencia estratégica sino-estadounidense por una vía relativamente estable y previsible.

Se trataba, en otras palabras, de definir los términos de la competencia de tal manera que se impidiera que desembocara en un enfrentamiento incontrolado. La fórmula ideada por Pekín es la de la «estabilidad estratégica constructiva».

A este respecto, el comunicado chino ha puesto de relieve la verdadera línea roja de Pekín:

La cuestión de Taiwán es la más importante en las relaciones sino-estadounidenses. […] La independencia de Taiwán y la paz en el Estrecho son tan irreconciliables como el agua y el fuego. La salvaguardia de la paz y la estabilidad en el Estrecho de Taiwán es el principal denominador común entre China y Estados Unidos. Estados Unidos debe actuar con la máxima cautela en la gestión de la cuestión de Taiwán.

Pekín rechaza también la narrativa trumpiana del «G2» (es decir, una cogestión del poder mundial entre EE. UU. y China), en favor de un multilateralismo que refleja la convicción china de que solo una cooperación global más amplia puede contrarrestar la presión estadounidense y remodelar un orden mundial cada vez más dividido.

La estrategia china es clara: aprovechar las ventajas de la estabilización de las relaciones con Estados Unidos, consolidar su posición de liderazgo en el Sur del mundo, al tiempo que sigue promoviendo su propio modelo responsable de gobernanza global, no militarista y «no hegemónico», en contraposición al modelo estadounidense.

Estos principios también se han plasmado en la Declaración conjunta ruso-china sobre el establecimiento de un mundo multipolar, presentada con motivo de la posterior visita de Putin a Pekín.

Lejos de ser un comunicado bilateral, dicho documento representa a todos los efectos una enunciación del futuro orden mundial. Refleja el valor de la cumbre entre Xi y Putin mucho más que la lista de unos 40 acuerdos firmados por ambos países.

Tampoco debe darse demasiada importancia a la falta de acuerdo ruso-chino sobre el gasoducto Power of Siberia 2, si se tiene en cuenta que las negociaciones sobre los gasoductos son extremadamente complejas y que su construcción vincula a los países contratantes durante décadas.

Basta pensar que el acuerdo para la construcción del primer gasoducto Power of Siberia requirió veinte años de negociaciones.

Las visitas de Trump y Putin señalan, por tanto, la nueva centralidad de Pekín en el tablero mundial.