viernes, 3 de julio de 2026

La caja de herramientas foucaultiana en acción…


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«…este libro no aspira a clausurar un debate, sino a contribuir a su problematización. Su ambición es hacer visible aquello que, bajo la apariencia de neutralidad técnica o evidencia científica, constituye en realidad el resultado de decisiones históricas, luchas epistemológicas y estrategias de gobierno. Abrir las “cajas negras” del poder punitivo no es un ejercicio puramente intelectual: es una condición necesaria para pensar críticamente las formas contemporáneas de dominación y las posibilidades, siempre parciales e inciertas, de resistirlas»

El singular pensador de Poitier, Michel Foucault (1926-1984)consideraba su obra poliédrica donde las haya, siempre bajo la bandera de penser autrement, como una caja de herramientas al servicio de los lectores, en la que estos utilizaran aquello que les interesase; igualmente tomaba prestada la metáfora de las gafas cara a Marcel Proust.

Pues bien, Mario Domínguez y David J. Domínguez -ambos profesores de la universidad Complutense- recurren a las herramientas o las lentes foucaultianas para analizar el sistema punitivo que rige en nuestras sociedades, situando el eje de su potente obra, editada en Catarata, en las cuestiones de por qué se castiga y cómo se castiga y los cambios que el paso del tiempo, y las mentalidades, provocan: «Abriendo las cajas negras del castigo. Penalidad, normalización y gubernamentalidad desde una perspectiva foucaultiana»; ciertamente lo hacen a fondo y con un rigor expositivo cartesiano, claro y distinto.

Hay ideas claves en el pensamiento de Foucault que han de ser tenidas en cuenta y realmente los autores no es que lo hagan, que sí, sino que los desvelan en su total extensión: el poder más allá de los represivo, es al tiempo positivo, crea y para ello usa tecnologías varias -saber/poder- que, extendiendo el poder de manera microfísica, ordenan, domestican a los ciudadanos, los formatean por decirlo así, creando, a su vez, una neta separación entre los comportamientos normales y los que no entrar dentro de ella, logrando imponer esta distinción usando el castigo como manera de gobernar la vida social. No se utiliza así, el castigo como respuesta al delito sino como sistema de normalización / domesticacion y gubernamentalidad.

La obra avanza en dos direcciones: por una, se va deslizando las variaciones de las posturas de Foucault en sus diferentes obras y giros de enfoque, por la otra, la mirada se dirige a las leyes y técnicas que, presentándose las más de las veces como mecanismos neutros o técnicos, gestionan la vida social, creando espacios de supuesta normalidad frente a los comportamientos pretendidamente desviados, siempre con el centro de gravedad de los tres ejes nombrados ya desde el título de la obra: penalidad,normalización y gubernamentalidad.

No se limita el ensayo a una disciplina determinada sino que es un trabajo que traspasa diferentes fronteras disciplinares, resultando así una obra interdisciplinar, con incursiones historiográficas, jurídicas, sociológicas y también filosóficas, cuyo propósito es desvelar una trama de prácticas, instituciones y saberes que rara vez se observan en conjunto, que sostienen el sistema punitivo hasta el punto de que llega a considerarse éste como lo normal. La obra está organizada en dos partes: Tecnologías disciplinarias y génesis de la racionalidad punitiva y Del giro punitivo a la gestión biopolítica del riesgo, a las que siguen un Apéndice: De la historia de la prisión a la teoría de la razón punitiva. Foucault responde a los historiadores penitenciarios franceses y una Conclusión: Ley, norma y gobierno del riesgo en la penalidad contemporánea.

La primera parte se inicia con una distinción establecida por Foucault entre la penalidad de la ley y la penalidad de la norma. Ambas coinciden / conviven en el tiempo, manteniendo una disputa en el campo de la intervención penal, basándose, no obstante, en presupuestos realmente distintos. Así como la primera se centra en la infracción de las normas, conllevando una responsabilidad individual; la segunda por su parte, desplaza el centro de atención hacia el sujeto, su conducta, su trayectoria y las condiciones de posibilidad del delito, lo que supone un cambio con respecto a la culpabilidad, para poner el foco en la peligrosidad, la anormalidad y el riesgo. Esta diferencia lejos de responder a criterios de orden cronológico, se plasma en que la segunda se presente como complementaria, técnica y humanizadora del derecho penal, de la primera, Sostienen los autores que la distinción es de calado, al subrayar que la segunda es prospectiva, marcando de antemano a los sujetos por su pretendida peligrosidad. La penalidad de la norma supuso notables transformaciones en la maquinaria judicial desde finales del siglo XIX, coincidía este giro con la intervención de una cohorte de especialistas (médicos, psiquiátricos, psicológicos, criminológicos) -saber / poder- que no debilitaba el poder judicial, sino que lo ampliaba, y lo amplía, en la medida en que expande su campo de acción, al permitir intervenir no solo sobre actos ilícitos sino igualmente sobre conductas potencialmente peligrosas, a trayectorias problemáticas y poblaciones definidas como de riesgo. Gran parte del libro es dedicada a esta mutación, centrada en la noción de peligrosidad – que se traduce en transformaciones en las políticas punitivas…al diagnosticar, clasificar y anticipar conductas. No se cumplía desde luego aquello que se dice el pecado pero no el pecador, ya que al tomar el puesto de mando la probabilidad y la predicción, esta política pasa a nutrir la visión anticipatoria de conductas y gestión diferencial de poblaciones. En esta primacía cobran gran presencia los trabajadores sociales, en una combinación de supuesta emancipación y un descarado control, no deteniéndose solamente en la biografía de los sujetos sino en su ámbito familiar…produciéndose una articulación entre asistencia y castigo.

La segunda parte, se centra en algunas mutaciones en el campo punitivo, que por cuestiones de época, Foucault no pudo conocer, ni obviamente señalar, aunque en sus cursos del Collège de France ya ofrecía pistas. Se da cuenta de la encarcelación masiva en los años ochenta, y los cambios en las hondas transformaciones en las formas de castigo en las sociedades liberales avanzadas. Según la visión de los autores este giro supone una transformación estructural de la penalidad, conllevando ello cierto debilitamiento, aunque permaneciendo, de los modelos correccionalistas y asistenciales, dándose nuevas formas de control selectivo y excluyente. El giro del que se da cuenta lleva consigo tres desplazamientos: en el objeto de la intervención penal, modificación en la temporalidad del castigo y una mutación simbólica de la penalidad. No se produce una sustitución del paradigma disciplinario, sino que estos desarrollos suponen una reconfiguración en las formas de ejercicio del poder, en una conjunción de dispositivos disciplinarios, tecnologías securitarias y remanencia soberanas. Los análisis presentados pivotan sobre la tríada soberanía-disciplina-peligrosidad, para posteriormente detenerse en las nociones de biopolítica y gubernamentalidad, con mención especial a los análisis de los dispositivos científicos.

La importancia de abrir las cajas negras de estos dispositivos, es desvelar cómo el funcionamiento en lo cotidiano tiende a invisibilizar los procesos que los constituyen, lo que lleva a los autores a exponer diferentes aspectos relacionados con ello, subrayando la primacía del castigo y del control, frente a la aparente neutralidad científica de los métodos empleados, que producen sujetos de riesgo, poblaciones vulnerables y zonas peligrosas. Exposición que avanza con dos pies: el teórico y el descriptivo, no como mundos separados sino complementarios, que se retroalimentan.

El recorrido concluye, con un acercamiento a la obra fundamental que ha cumplido cincuenta años desde su publicación, Vigilar y castigar, y la encendida polémica que suscitó entre los custodios del templo de la historiografía penitenciaria francesa, y la respuesta de Foucault cuya intención no era, de ninguna de las maneras, realizar una cronología de de la prisión, sino arrojar una mirada crítica y problematizadora sobre el asunto…así pues, las posiciones de rechazo desde el mundo de los historiadores, erraban el tiro…pudiéndose aplicar al caso aquello que dijese en la introducción a su Arqueología del saber: «No, no, no estoy donde ustedes tratan de descubrirme sino aquí, de donde los miro, riendo».

Obviamente me quedo corto al dar cuenta de esta potente obra, sin entrar en todos los recovecos por los que se deslizan sus autores, cuyo propósito no se reduce a un ejercicio intelectual sino por la senda de ofrecer instrumentos de cara a problematizar ciertas visiones heredadas y consagradas por el uso y el abuso, desvelando sus caretas de neutralidad, incidiendo en su carácter de instrumentos de poder…ofreciendo así materiales de cara a la intervención en luchas locales, puntuales y estratégicas.

Por Iñaki Urdanibia para Kaos en la red

 

El nuevo Behemoth: lo que la “segunda” Escuela de Frankfurt previó sobre la inteligencia artificial


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La “segunda” Escuela de Frankfurt ofrece claves para entender la IA hoy. Neumann muestra que el capitalismo monopolista de los gigantes tecnológicos es incompatible con la democracia; Schmidt, que la IA no es inmaterial, sino un proceso termodinámico que consume energía, agua y minerales, con trabajo precario y huella ecológica. Frente al poder algorítmico sin control, se propone un programa republicano: antimonopolio, soberanía informacional del Sur global y poder revocable sobre las infraestructuras digitales.

Julio César Guanche

Esta semana debí preparar una clase sobre la «segunda» Escuela de Frankfurt. Mientras releía a Franz Neumann y a Alfred Schmidt, la inteligencia artificial me salía al paso en cada página. Lo que sigue es una breve puntualización de un viejo tema: los clásicos sirven siempre; los contemporáneos sirven para su época. Neumann y Schmidt son clásicos. La IA puede pensarse con ellos.

La otra Escuela de Frankfurt

Cuando se dice «Escuela de Frankfurt» pensamos en Horkheimer, Adorno, Marcuse, más tarde Habermas: la crítica de la cultura, la razón instrumental. Hubo otra Frankfurt, menos célebre y más material: la de Neumann, Otto Kirchheimer y Schmidt. Su materia no era el alma dañada del individuo sino la economía política, el derecho, la anatomía del Estado, la materialidad de la naturaleza.

Yo llegué a esa segunda línea por Antoni Doménech, que la reivindicó siempre como la herencia más fecunda del Instituto. También por Doménech conocí Gran Hotel Abismo. Biografía coral de la Escuela de Frankfurt, de Stuart Jeffries, libro donde se puede leer, entre otros “chismes”, el diálogo subterráneo —o no tan subterráneo— entre la antropología filosófica de Neumann y la lectura materialista que Alfred Schmidt hizo de ella, que marcó a toda una generación.

¿Por qué quedó en la sombra esa “segunda” Frankfurt? Tras 1945 la teoría crítica giró hacia lo cultural y dejó atrás el análisis del capitalismo monopolista. Neumann nunca perteneció del todo al núcleo de Horkheimer; trabajó con Kirchheimer como analista para la inteligencia estadounidense durante la guerra y murió temprano, en 1954, en un accidente en Suiza. A Schmidt se lo leyó tarde fuera de Alemania. Ha sido el ecomarxismo reciente, con John Bellamy Foster sobre el metabolismo y William Scheuerman sobre Neumann, el que devolvió a esta línea su lugar.

Neumann: monopolio contra democracia

En Behemoth (1942) Neumann eligió el monstruo con deliberación. Hobbes llamó Leviatán al Estado que, aun coactivo, garantiza orden y derecho, y tituló Behemoth su libro sobre la guerra civil inglesa, el reino del caos sin ley. Neumann tomó partido por el segundo nombre: el nazismo no era un Leviatán hipertrofiado sino un no-Estado, un sistema policrático donde cuatro bloques de poder, partido, ejército, burocracia y gran capital, gobernaban mediante pactos entre señores, sin normas generales. Su tesis decisiva es: hay una incompatibilidad estructural entre capitalismo monopolista y democracia política. En esa idea, Weimar no fue un accidente, sino un desenlace.

Miremos ahora la IA. Tres proveedores controlaban el 66% del gasto mundial en infraestructura de nube en el tercer trimestre de 2025.¹ NVIDIA acaparaba entre el 80% y el 90% del mercado de chips aceleradores y fue la primera empresa en superar los cinco billones de dólares de capitalización. Las «siete magníficas» pesaban en junio de 2026 el 33,8% del S&P 500.² Nada de esto es metáfora: hablamos de una concentración de poder que Neumann reconocería a primera vista.

Ese poder se funde con el Estado. El gasto de capital de los grandes hiperescaladores se proyectó por encima de los 600.000 millones de dólares para 2026, cifra que rivaliza con la inversión mundial en petróleo y gas. El proyecto Stargate, anunciado en la Casa Blanca, prometió 500.000 millones más.³ Las tecnológicas gastaron 61,5 millones en lobby solo en 2024.⁴ En julio de 2025 el Pentágono otorgó contratos de hasta 200 millones a Anthropic, Google, OpenAI y xAI.⁵ La soberanía sobre estas herramientas se negocia entre corporaciones y Estados, fuera de los parlamentos.

A ello se suma el desmantelamiento de los contrapesos internos. Microsoft eliminó su equipo de Ética y Sociedad en marzo de 2023. Meta disolvió su equipo de IA Responsable en noviembre del mismo año. X había liquidado antes el suyo.⁶ Lo que se presenta como reorganización es, en clave neumanniana, la supresión del derecho dentro del Behemoth. La conclusión de Neumann sobre el monopolio como opuesto radical de la democracia se verifica aquí, y por entero.

Schmidt: la termodinámica contra el relato

Alfred Schmidt miró hacia otro lado: no al poder sino a la sustancia. En El concepto de naturaleza en Marx (1962) recuperó la categoría de Stoffwechsel, metabolismo, para recordar que todo trabajo humano es intercambio material con la naturaleza y que el hombre «solo puede cambiar las formas de la sustancia», pero no crearla. Leído hoy, aquel libro funciona como un tratado contra la mentira fundacional de la IA: la “desmaterialización”.

El relato dice «nube», «virtual», «inteligencia». La realidad es, no obstante, termodinámica. Los centros de datos consumieron unos 415 TWh en 2024, cerca del 1,5% de la electricidad mundial, con proyección de 945 TWh en 2030. Estados Unidos consumió 183 TWh, el equivalente a Pakistán entero. Un hiperescalador de IA gasta tanta electricidad como 100.000 hogares.⁷

El metabolismo continúa en el agua. Un centro de datos de Google en Iowa consumió en 2024 unos 3.800 millones de litros. En Querétaro, Microsoft tiene permisos para extraer 25 millones de litros anuales de un acuífero deficitario. Comunidades de Aragón, Chile y Uruguay protestan contra el extractivismo digital.⁸

Los minerales cuentan la misma historia: la República Democrática del Congo aporta cerca del 70% del cobalto mundial y China refina alrededor del 90% de las tierras raras.⁹ El trabajo remata el proceso. OpenAI empleó en Kenia trabajadores que cobraban entre 1,32 y 2 dólares la hora para filtrar contenido tóxico.¹⁰ Las emisiones de Google crecieron 48% desde 2019; las de Microsoft, 29% desde 2020.¹¹ La tenaz persistencia de la historia, el colonialismo, la división internacional del trabajo, reaparece bajo la piel de “lo nuevo”.

Para el fundamentalismo del mercado, la IA es el porvenir sin más; para el fundamentalismo apocalíptico, una amenaza llegada de fuera de la historia. Ambos olvidan lo mismo: la sustancia que la sostiene y la gente que la paga. Foster lo nombra fetichismo de la IA; Te Li, termodinámica del capital.¹² Los sesgos no son errores técnicos sino sesgos estructurales. La inmaterialidad es ideología; el solucionismo tecnológico, su coartada.

Una propuesta republicana

Doménech profundizó en la idea que la libertad republicana no es ausencia de interferencia sino ausencia de dominación: es libre quien no vive a merced de otro. Los romanos distinguían entre quien es sui iuris y quien vive alieni iuris, bajo derecho ajeno. Si el crédito, el empleo, la información y la palabra pública pasan por infraestructuras que un puñado de corporaciones posee, vivimos alieni iuris, sujetos a un poder privado que no elegimos y no podemos revocar.

Doménech recordaba además que el republicanismo democrático concibió siempre la autoridad como fideicomiso: poder prestado, revocable, obligado a rendir cuentas. Eso es lo que falta. El poder algorítmico es hoy un dominium sin fideicomiso. Ante ello, un programa: control democrático de la IA, un derecho antimonopolio que tome en serio a Neumann y una soberanía informacional del Sur global que tome en serio a Schmidt.

Julio César Guanche
Fuente: Sinpermiso

Notas

1.     Omdia, datos del tercer trimestre de 2025: AWS 32%, Microsoft Azure 22%, Google Cloud 11%, sobre un mercado de 102.600 millones de dólares.

2.     Silicon Analysts (2026), cuota de aceleradores de IA por ingresos; The Motley Fool, junio de 2026, peso de las «siete magníficas» en el S&P 500.

3.     Estimaciones de capex de hiperescaladores para 2026 (IEEE ComSoc); OpenAI, «Announcing The Stargate Project», enero de 2025.

4.     Issue One, sobre datos de OpenSecrets, 2025.

5.     CNBC, 14 de julio de 2025.

6.     Platformer/The Verge, marzo de 2023 (Microsoft); The Information, noviembre de 2023 (Meta); WIRED, noviembre de 2022 (X).

7.     Agencia Internacional de Energía, Energy and AI, abril de 2025, y Key Questions on Energy and AI, 2026; Pew Research Center, octubre de 2025.

8.     Informe ambiental de Google, 2024 (Council Bluffs, Iowa); Context/Pulitzer Center, reportajes sobre Querétaro, Aragón, Chile y Uruguay.

9.     Our World in Data; Visual Capitalist.

10.  Time, enero de 2023.

11.  Informes ambientales de Google (julio de 2024) y de sostenibilidad de Microsoft (mayo de 2024).

12.  John Bellamy Foster, «The Fetishism of AI», Monthly Review, mayo de 2026; Te Li, «The Thermodynamics of Capital», Monthly Review, junio de 2026.

ALEJANDRA GUEVARA. No habrá pacto para desmantelar la nación

Julio del 2026

Aquí no hay espacio para la equidistancia de los mercaderes. Aquí hay un bando: el de la Patria, el del Comandante Fidel, el de Raúl, el de Díaz-Canel. Y hay otro bando: el del imperio, el de los anexionistas, el de los que lucran con el hambre de su pueblo.

  • Respuesta de Alejandra Guevara a la columna del capitalista y contrarrevolucionario Hugo Cancio en el medio de su propiedad: OnCuba


Hugo Cancio

Tu escrito, envuelto en un manto de paz y reconciliación, es la maniobra más peligrosa y cínica que puede articular un contrarrevolucionario cuando ya no puede vencernos por la fuerza bruta. Hablas de un «pacto nacional» como si la Patria fuera una empresa en quiebra que se reparte entre accionistas, y no la trinchera de dignidad que es. Tu «día después» es la fantasía húmeda del imperio: el día en que Cuba se rinda. Y eso, Cancio, no llegará jamás.

Describes a Cuba como un cadáver económico al borde del abismo, borrando de un plumazo sesenta años de bloqueo genocida. No es nuestra infraestructura la que está «agotada» por el socialismo; está asfixiada por el garrote imperialista. Hablas de hospitales heroicos y economía insuficiente como si fueran fallos genéticos del sistema, y no heridas de guerra infligidas por las mismas políticas gracias a las cuales lucras. No hay «crisis nacional» abstracta: hay una guerra económica contra un pueblo que eligió ser libre.

Esa es la estafa clásica del opresor cuando huele que su botín se le escapa. Aquí sí hubo vencedores y vencidos. El 1ro de enero de 1959 venció el pueblo humilde, los descendientes de esclavos, los guajiros analfabetos, los obreros explotados. Y fueron vencidos los latifundistas, los esbirros de Batista, los proconsules yanquis… y los que se fueron a Miami esperando la restauración. No hay simetría moral posible. Tu «pacto» pretende que los verdugos y las víctimas se sienten a negociar olvidando la sangre de Girón, los mártires del terrorismo de Estado fabricado por la CIA, y el sufrimiento de un pueblo bloqueado. Pretendes que el esclavo le pida perdón al amo. Eso no es reconciliación; es rendición.

Hablas de una diáspora que no debe regresar «como conquistadora, sino como constructora». La hipocresía es nauseabunda. Esa diáspora que financió la Ley Helms-Burton, que aplaudió cada tornillo de Trump, que celebra cada sancionazo que mata a un niño en un hospital, no tiene autoridad moral para regresar con «humildad». La humildad se demuestra luchando contra el bloqueo, no usándolo como ariete para luego presentarse como salvadores. El cubano que se quedó no es un sujeto pasivo que «sobrevivió» y a quien ustedes vienen a «ayudar»; es el resistente, el héroe anónimo que mantuvo abiertas las escuelas y los consultorios mientras ustedes rogaban por una invasión.

Dices que hay que «garantizar la continuidad de los servicios esenciales» mientras el país avanza hacia una «nueva realidad económica y política». Traduzco del idioma diplomático al revolucionario: quieres usar la infraestructura que el socialismo creó (los hospitales, las escuelas, el capital humano) para desmantelar el socialismo sin que el pueblo se rebele. Quieres un interregno donde se mantenga la paz social —es decir, la pasividad de las masas— mientras los «emprendedores» y el capital extranjero vienen a privatizar y a convertir la salud y la educación en un negocio. Eso no es un pacto nacional; es un plan de choque neoliberal para que el sufrimiento del bloqueo lo capitalicen ustedes.

La Revolución Cubana es el único pacto nacional legítimo. Un pacto de los humildes, por los humildes y para los humildes. Un pacto que dice que la salud y la educación no se venden; que la tierra es del que la trabaja; que la soberanía no se negocia ni con el imperio ni con sus lacayos. Ustedes, los que añoran el «día después», no ofrecen un pacto: ofrecen un retorno al «día antes». El día del Club Náutico para blancos, de los prostíbulos para turistas yanquis, del analfabetismo y el cañaveral como destino eterno.

Aquí no hay espacio para la equidistancia de los mercaderes. Aquí hay un bando: el de la Patria, el del Comandante Fidel, el de Raúl, el de Díaz-Canel. Y hay otro bando: el del imperio, el de los anexionistas, el de los que lucran con el hambre de su pueblo.

No habrá pacto para desmantelar la nación. La respuesta a tu propuesta no es una mesa de diálogo, es la trinchera de ideas y la firmeza revolucionaria. La juventud que hoy emigra no lo hace por el socialismo, sino por la asfixia que como dije más arriba es con la que los de tu calaña lucran. Y cuando el bloqueo caiga, porque caerá, veremos quiénes son los que realmente aman a Cuba.

¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!

  • Respuesta de Alejandra Guevara a la columna del capitalista y contrarrevolucionario Hugo Cancio en el medio de su propiedad: OnCuba

 

jueves, 2 de julio de 2026

La falsa vanguardia y el sujeto revolucionario

 
Javier Martorell (Unidad y Lucha)











A medida que se agudiza la crisis estructural del capitalismo y crece el malestar social, la burguesía refuerza sus mecanismos para contener, dividir y desviar el potencial revolucionario de la clase trabajadora. No siempre lo hace mediante la represión directa o la infiltración; dispone de múltiples recursos para fomentar dinámicas que fragmenten y desorienten ideológicamente a los sectores más combativos. La cobertura mediática favorable, la cesión de determinados espacios y la tolerancia hacia ciertas estructuras de apariencia radical forman parte de las estrategias con las que el sistema impulsa expresiones políticas que, más allá de su estética o discurso, son incapaces en la práctica de cuestionar el poder del capital.

La historia del movimiento obrero ofrece numerosos ejemplos de este fenómeno. Aunque las formas cambian según el contexto histórico, el objetivo se mantiene: diluir la conciencia de clase e impedir que trabajadoras, trabajadores y sectores populares se organicen en torno a la herramienta revolucionaria imprescindible: el Partido Comunista.

En este contexto, puede situarse el surgimiento de organizaciones agrupadas bajo el denominado Movimiento Socialista, con expresiones como la Organització Juvenil Socialista (OJS), la Coordinadora Juvenil Socialista (CJS) o la Gazte Koordinadora Sozialista (GKS). Estas estructuras han conseguido atraer numerosos jóvenes golpeados por la precariedad, el desempleo, la crisis de vivienda y la falta de perspectivas bajo el capitalismo. Esta circunstancia refleja una realidad evidente: existe una juventud con inquietudes revolucionarias y voluntad de lucha.

Sin embargo, el problema surge cuando ese potencial termina canalizado hacia estos proyectos, carentes de una orientación política verdaderamente revolucionaria. Una de las principales desviaciones del llamado Movimiento Socialista consiste en asumir, en la práctica, que una organización militante puede sustituir el papel histórico de la clase obrera organizada. No, el sujeto revolucionario no es una suma de activistas ni una estructura centrada en sí misma. El sujeto revolucionario es la clase trabajadora organizada políticamente y dotada de un Partido Comunista de vanguardia capaz de orientar y dirigir la lucha de clases. Cuando este principio se rompe, la militancia queda reducida a dinámicas de autoafirmación incapaces de construir Partido y de formar cuadros comunistas con capacidad real de intervención entre las masas.

Buena parte de la actividad de estas organizaciones se desarrolla al margen de los centros de trabajo, de los conflictos obreros reales y de las estructuras de masas de la clase trabajadora. La política acaba reducida a la estética militante, la propaganda y las dinámicas internas, convirtiendo a la propia organización en el centro de toda actividad.

Un ejemplo de esta deriva pudo verse durante el último Primero de Mayo en ciudades como Madrid o Barcelona, donde organizaciones del Movimiento Socialista impulsaron convocatorias separadas de las movilizaciones obreras. No se trata de un hecho aislado, sino de una lógica política concreta: la construcción de estructuras paralelas que terminan aislando a sus militantes del resto de organizaciones y espacios históricos de la clase trabajadora.

En lugar de intervenir en el sindicalismo de clase, en conflictos laborales o en espacios de masas para desarrollar trabajo político y organizar, se opta por el repliegue en un entorno ideológico cerrado. La reafirmación constante de la propia organización sustituye, así, al trabajo real entre las masas.

Esta práctica refleja el problema de fondo: el objetivo revolucionario deja de entenderse como un proceso de acumulación de fuerzas en el seno de la clase trabajadora y pasa a concebirse como la acción de un grupo militante que se considera depositario exclusivo de la conciencia revolucionaria.

No es casualidad que muchas de estas organizaciones hayan desarrollado una notable capacidad propagandística y de movilización juvenil, mientras que su presencia en conflictos laborales estratégicos sigue siendo limitada o prácticamente inexistente. Para la burguesía resulta mucho menos peligrosa una militancia encerrada en dinámicas autorreferenciales que una organización comunista arraigada en fábricas, barrios obreros y sectores estratégicos de la producción.

Es evidente que estas dinámicas de fragmentación y aislamiento favorecen a los intereses del capital. Toda corriente que sustituya la construcción del Partido por un activismo segmentado y alejado de las masas debilita las posibilidades reales de reorganización revolucionaria de la clase trabajadora. La burguesía lo sabe perfectamente y, sin necesidad de recurrir a interpretaciones conspirativas, tenderá siempre a tolerar e, incluso, favorecer aquellas expresiones políticas incapaces de cuestionar de forma efectiva su poder.

Otra consecuencia a tener en cuenta es el desgaste político y humano de muchos jóvenes que se integran en estas estructuras. Llegan buscando una herramienta de lucha y, tras años de activismo intenso, pero desligado de las masas trabajadoras, acaban frustrados y alejados definitivamente de la militancia. El capital logra, así, un doble objetivo: neutralizar el potencial revolucionario de la juventud más concienciada y dificultar la formación de cuadros comunistas duraderos.

Lenin ya señaló en El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo que apartarse de las masas en nombre de una supuesta pureza revolucionaria conduce inevitablemente al aislamiento político. La construcción de una alternativa comunista exige intervenir en los centros de trabajo, en los barrios obreros y en todos los espacios donde se desarrolla la lucha de clases. Sin organización de masas y sin Partido Comunista, la lucha queda reducida a una mera consigna.

MARXLENIN VALDÉS. Expectativas


Julio del 2026











Leyendo algunas de las reacciones a las palabras del presidente —y Primer Secretario del PCC, que a nadie se le olvide—, me dio por pensar en las jornadas del triunfo de la Revolución.

Salvando las diferencias que seis décadas de intensa lucha y resistencia para sostener este proyecto socialista le han marcado al proceso cubano y a nosotros mismos, de pronto me salta a la vista hoy un rasgo similar al de aquellos días felices: las (múltiples) expectativas.

Lo que anunció Díaz-Canel fue apenas un esbozo de lo que debemos conocer con más detalles en breve. Sin embargo, al parecer fue suficiente para movilizar a ciertos grupos de la sociedad que se muestran ansiosos por expresar sus criterios y por ser escuchados.

Si son mayorías o solo una burbuja impulsada por la virtualidad algorítmica, ya se encargarán de constatarlo los que aplican encuestas y otros instrumentos sociológicos (de aquí y de allá). Por lo pronto, en lo que a mí respecta, solo los veo prevalecer en Facebook; en la vida real, la gente tiene cosas más urgentes de las que ocuparse.

Entre los que «casualmente» más «se me aparecen» por estos recodos digitales están:

Los que, desesperados, se entusiasman y piden se les reconozca «el mérito» de haber hablado primero sobre reformas (¿primeros que quién, que Adam Smith?); los que escribieron libros que tienen 30 años sobre «lo que había que hacer» hace 30 años (que según ellos sigue siendo lo mismo que tenemos que hacer 30 años después); los que, más comunistas que Lenin y más marxistas que Marx, echan manos a citas de ambos, pero, a la vez, muy poco dialécticos ellos anclan el viejo guion que dogmatiza al marxismo y al leninismo por igual; los que citan a Fidel para justificar decir luego cualquier cosa que atente contra la unidad que él siempre protegió; o los que en su vida habían citado a Fidel, pero se aprovechan del «cambiar todo lo que deba ser cambiado» para promover el capitalismo en Cuba y acabar con la Revolución (esta última hecha concepto del cual se saca el aforismo); los teóricos sin obra que se realizan gritando —igualmente en fb— «yo lo sabía», o «yo lo dije», pero no tienen nada sustancioso que agregar o hacer; los que se aprovechan de la grave coyuntura para deslizar un poco más las agendas neoliberales y entreguistas de sus amos a través de sus medios contrarrevolucionarios; los que usan esta encrucijada para ver si desprestigian al presidente, que está al pie del cañón dando la batalla, y los que manipulan sus palabras para construir igualmente distorsionada la opinión pública y afectar de paso al sistema político; o, los que, tratando de pasar la forma por esencia, hacen de la apariencia de Díaz-Canel «la noticia» (como si de haberse presentado «a lo Richard Gere» no hubiera sido también objeto de escarnio); los mercenarios, desperdigados generalmente entre todo lo anterior; los que creen que asistirán al entierro del «espectro del comunismo» en el Caribe y; —al fin— los preocupados por el futuro del socialismo en Cuba, los legítimos, los que no se quedarán de brazos cruzados ante la posibilidad de perder nuestro proyecto de justicia social ideado originalmente para los más humildes.

Expectativas, muchas. Expresadas todas con diferentes lenguajes y desde diferentes puntos de partida: ideológicos, clasistas, políticos y económicos.

La Revolución vive, muy a pesar de sus enterradores, en cada una de ellas, incluso en las que la nieguen. Hay voluntad colectiva y política para seguir haciendo de ella sinónimo de soberanía, libertad e independencia.

Cuando se derrumbó la URSS, Fidel sustituyó en el lenguaje cotidiano aquello de «la construcción del comunismo» por: «salvar las conquistas de la Revolución».

Cómo le llamaremos hoy ya veremos, lo más apremiante es poder desarrollar la conciencia necesaria para producir, entender y apropiarnos activamente —como en los 90– de las transformaciones económicas y sociales que se requieran para, en primer lugar, salvar al pueblo y a la Revolución.

Ser capaces —como en el 59– de aglutinar esas múltiples expectativas que se desprenden de una cotidianidad frenética, articulándolas en función de la defensa de la Patria (extremadamente amenazada por el imperio).

Para ello, el pueblo necesita seguirse reconociendo partícipe y protagonista del proyecto nacional que él mismo debe continuar sosteniendo, con todo y la «movilidad» que se avecina.

Como dijo Díaz-Canel el viernes: «nuestra respuesta tiene que ser la de la unidad».

El mundo entero nos está mirando.

(De su muro de Facebook) 

Hacia la dislocación de Alemania

 
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Reino Unido y Ucrania empujan Alemania a preparar una guerra contra Rusia. Pero la “Alemania reunificada” se derrumba. El país está profundamente dividido en dos pueblos diferentes y su identidad se ve cuestionada.

De hecho, la disolución de la Alemania federal ya parece inevitable. Al mismo tiempo, como consecuencia del arreglo pactado entre Washington y Moscú, Transnistria y una porción de Ucrania pasarán a ser parte de la Federación Rusa. Mientras tanto, la Unión Europea se aparta de los valores que tanto dice defender y esa deriva va a provocar su desaparición.


Aunque todavía no se habla de ello, la derrota de Zelenski en Ucrania está a punto de provocar la dislocación de Moldavia, de Alemania y de la Unión Europea. Esa es la hipótesis de trabajo de Rusia, China y Estados Unidos. Pero en Europa nadie está preparado para eso. De hecho, los dirigentes políticos y los medios de prensa europeos ni siquiera hablan de ello.

La separación de las dos Alemanias

Nunca se ha mencionado el hecho que la “reunificación alemana”, promovida en 1989 por el canciller alemán Helmut Kohl y el presidente de Francia Francois Mitterrand, se concretó en violación del derecho internacional ya que la población de la República Democrática Alemana (RDA, la llamada “Alemania oriental”) nunca fue consultada al respecto.

Pero la opinión pública occidental aceptó aquel proceso porque tenía la impresión de que se trataba de algo lógico y también porque en 14 meses Angela Merkel, quien había sido responsable de la propaganda de la juventud comunista en la RDA, se convirtió en ministro de la Juventud de la RFA, como miembro de la Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU) [1].

Sin embargo, la trayectoria personal de Angela Merkel no es representativa de lo sucedido con la población de la RDA. En Occidente, lo sucedido en Alemania se ve únicamente desde el punto de vista de la población de Alemania occidental (RFA), que contaba 62 millones de habitantes en el momento de la “reunificación”, y se pasa por alto la visión de los 16 millones de alemanes del este que conformaban la población de la desaparecida RDA.

El hecho es que la “reunificación” se tradujo en un verdadero saqueo de la industria de Alemania oriental en beneficio de la Alemania occidental. El desempleo, que afecta a un 5,7% de la población en Alemania occidental, se elevó a 7,5% entre los “alemanes del este”. El salario medio bruto es de 3 973 euros en el este de Alemania, mientras que en el oeste es de 4 810 euros. En los 5 Lander del este de Alemania el PIB por habitante es de 37 711 euros mientras que en los Lander del oeste se eleva a 54 162 euros.

Otro hecho incuestionable es el enfrentamiento político entre los electores de las “dos Alemanias”. Los alemanes “del este” votaron en masa por la formación Alternativa por Alemania (AfD), mientras que los alemanes “del oeste” votaron por los demócrata-cristianos (CDU) y los social-demócratas (SPD). La realidad es que no hay una sino dos Alemanias [2].

La Alemania reunificada está siendo gobernada por su componente mayoritario, la población del oeste, que está tratando de impedir la expresión política del componente del este. El 2 de mayo de 2025, la clasificación del partido político Alternative für Deutschland (AfD, Alternativa para Alemania) como organización «extremista de derecha» fue confirmada por la Oficina para la Protección de la Constitución. Pero el surgimiento de la AfD es la reacción del pueblo del este de Alemania ante el proyecto de confederación europea, proyecto que tiene sus raíces en el Neuordnung Europas (Nuevo Orden Europeo) concebido por Walter Hallstein –el primer presidente de la Comisión Europea– cuando trabajaba para un canciller alemán llamado Adolf Hitler.

También vale recordar que en Munich la Oficina para la Protección de la Constitución dio empleo a los ex agentes de la Gestapo, en los años 1950, y que hoy supervisa la represión contra los periodistas y pensadores que pudieran influir en los a priori de los alemanes [3]. O sea, mucho nos hablan de los horrores que cometió la Stasi en la RDA, pero nadie menciona la represión que sufrieron los comunistas y los homosexuales en la República Federal de Alemania.

La actual Alemania reunificada está bajo el control de un pequeño grupo de hijos de nazis que, al final de la Segunda Guerra Mundial, colaboraron con los ocupantes anglosajones (Estados Unidos y Reino Unido). El actual canciller Friedrich Merz es nieto de un dignatario nazi, cuyos principios anti-eslavos adoptó. El canciller Merz no tiene reparo en trabajar con los nacionalistas integristas ucranianos, que no se consideran a sí mismos eslavos sino descendientes de los vikingos Varegos. La tradición germánica rechazaba la cooperación con los rusos –lo cual dio lugar al cisma que dividió el Sacro Imperio Romano Germánico y Constantinopla, en 1054, o sea un siglo después de que Ucrania y Rusia se convirtieran al cristianismo– pero sólo los nazis se fijaron como misión exterminar los pueblos eslavos y apoderarse de sus tierras para garantizar el lebensraum, o sea el “espacio vital” de Alemania.

En todo caso, la actual Alemania reunificada no cuestiona la nazificación de Ucrania, iniciada con la independencia de 1991 y convertida en doctrina pública a raíz del golpe de Estado del “Euro-Maidan”, en 2014. Esa Alemania ignora olímpicamente los cientos de monumentos erigidos en toda Ucrania para glorificar el recuerdo de los nazis y de sus colaboradores ucranianos.

La Alemania reunificada incluso pasa por alto el proyecto de la administración de Zelenski que prevé construir un “Panteón de Glorias Ucranianas”, donde se depositarán los restos mortales de los ucranianos que más se destacaron como colaboradores del III Reich [4]. A diferencia del Memorial Yad Vashem, Berlín ha rechazado comentar los honores de Estado que el régimen de Kiev organizó para reinhumar los restos del criminal de guerra Andriy Melnyk, el pasado 25 de mayo [5].

El futuro de Transnistria y la dislocación de Moldavia

A raíz del desmembramiento de la Unión Soviética, Transnistria proclamó su independencia, el 2 de septiembre de 1990. El territorio denominado Transnistria (o Prisdnestrovia) es un pequeño valle que bordea el río Dniéper, donde los soviéticos habían creado una ciudad científica. Casi un año después de que Transnistria proclamara su independencia, Moldavia también se declaró independiente, el 27 de agosto de 1991. En tiempos de la URSS, Transnistria había sido parte de la República Socialista Soviética de Moldavia.

El 28 de febrero de 1992, Estados Unidos hizo incorporar a las Naciones Unidas 8 repúblicas independientes de la entonces ya desaparecida Unión Soviética. Entre esas 8 repúblicas ex soviéticas estaba Moldavia, pero no Transnistria. Actualmente, la ONU considera que Transnistria es parte de Moldavia, ignorando el hecho que los transnistrios se proclamaron independientes antes que Moldavia. Inmediatamente después, la CIA estadounidense trató de conquistar Transnistria mediante una guerra que los europeos han preferido olvidar [6].

Desde el fracaso de aquella guerra contra Transnistria, en 1992, Moldavia y esa República no reconocida por la mayoría de los miembros de la ONU se han desarrollado separadamente. Por cierto, la población de Transnistria sigue considerándose soviética ya que ha realizado el sueño que Mijaíl Gorbachov decía defender –conciliar la construcción del comunismo con la democracia–, aunque no ha logrado resolver el problemas de las mafias, como lo ha hecho Rusia con Vladimir Putin.

Hoy en día, Transnistria recibe un suministro gratis de gas ruso ya que su posición geográfica permite a Rusia, que dispone de una fuerza de paz en suelo transnistrio, vigilar el área donde convergen varios gasoductos rusos hacia Europa oriental, central y occidental [7].

A partir de 2019, el complejo militaro-industrial de Estados Unidos se pronunció a favor de debilitar a Rusia llevándola a tener que implicarse en conflictos en Ucrania y en Transnistria [8].

En 2005, Angela Merkel, desde su posicion de canciller federal de Alemania, recluta como consejera a Ursula von der Leyen y las dos impulsan la creación de la European Union Border Assistance Mission to Moldova and Ukraine (EUBAM o “Misión de Asistencia en las Fronteras de la Unión Europea en Moldavia y Ucrania”). Esa estructura creada por la Unión Europea se da a la tarea de imponer un cerco a Transnistria, utilizando para ello los territorios de Moldavia y de Ucrania, a pesar de que esos dos países no son miembros de la UE.

El acuerdo al que habían llegado los presidentes Donald Trump y Vladimir Putin en Anchorage, el 15 de agosto de 2025, prevé el reconocimiento del Donbass y la Novorossiya como territorios rusos. Eso significa que Odesa no sería liberada por la fuerza sino simplemente reconocida como rusa en un tratado de paz. Odesa está a menos de 100 kilómetros de Tiraspol, la capital de Transnistria, y el presidente Putin acaba de otorgar, hace 2 semanas, la ciudadanía rusa a todos los ciudadanos de Transnistria mayores de edad que decidan solicitarla [9]. Así que, cuando termine la guerra en Ucrania, Transnistria será rusa, lo cual marcará prácticamente el fin de Moldavia.

La dislocación de la Unión Europea

Para los europeos, la unidad de la Unión Europea está fuera de discusión. Pero Reino Unido, que se había hecho miembro de la UE en 1973, la abandonó en 2020.
Mucho antes, en 2005, los electores franceses y neerlandeses ya la habían rechazado en sendos referéndums sobre la Constitución Europea. Pero sus dirigentes se negaron a escucharlos y la Unión Europea se apartó así de los “valores democráticos” que decía defender.

En 2013, la “troika europea” –en aquella época Alemania, Francia y Reino Unido– impuso a los chipriotas nada más y nada menos que la confiscación de los depósitos bancarios de más de 100 000 euros. La Unión Europea seguía apartándose de sus «valores democráticos y liberales».

En 2024, la Comisión europea intervino secretamente en la elección presidencial en Rumania, dando así el clásico tiro de gracia a sus “valores”.
Ahora, en 2026, los Estados miembros de la Unión Europea –con excepción de Eslovenia y Hungría– cuestionan el principio de unanimidad que siempre ha regido el funcionamiento del Consejo Europeo.

Mientras tanto, Reino Unido, que ya no es miembro de la Unión Europea, está creando una nueva alianza militar, denominada “Marinas del Norte”, en la que ya ha logrado enrolar a las fuerzas armadas de Dinamarca, Estonia, Finlandia, Países Bajos, Islandia, Lituania, Letonia, Noruega y Suecia. Supuestamente, los ejércitos de Alemania, Polonia y Turquía también deberían sumarse. También podrían hacerlo las fuerzas armadas de Francia, pero los conciliábulos entre París y Londres ahora parecen cosa del pasado. En todo caso, esa alianza de “Marinas del Norte” parece destinada a ocupar el lugar de la OTAN, cuando Estados Unidos se retire de esta, a mediados de 2027, según los planes de la administración Trump.

Pero esa nueva alianza no es compatible con la existencia de la Unión Europea, que es resultado de una de las cláusulas secretas del Plan Marshall de 1948.

Ya puede verse que el rearme alemán está siendo financiado simultáneamente por la Unión Europea y Reino Unido. ¿Es necesario recordar que Reino Unido financió el rearme alemán en los años 1930? ¿Y que lo hizo para lanzar a Alemania contra la URSS? Sólo después de los Acuerdos de Munich –firmados en septiembre de 1938– y de que la URSS, ya convencida de que sería la siguiente presa del III Reich, firmara el acuerdo germano-soviético –el 23 de agosto de 1939– la Alemania nazi se volvió en contra de Gran Bretaña.

Fuente: https://www.voltairenet.org/article224615.html