miércoles, 11 de marzo de 2026

El hoy es bien complejo: pero Cuba no se arrodilla, resiste y vencerá

Fuentes: Rebelión

Amigos de Cuba me han solicitado información sobre la realidad y actualidad cubana, luego de las nuevas medidas genocidas aprobadas por el presidente fascista de los Estados Unidos Donald Trump, el pasado 29 de enero. Se que mis amigos no buscan en la inmediatez de sus cariños y necesidades de información, una fundamentación en rigor de estudio temático. Si precisan saber desde dentro y les agradezco la confianza y oportunidad de comunicarnos.

Les comparto mi propia mi fotografía de la situación. No tengo todas las verdades, si me afirmo en la verdad de ser un cubano que está en Cuba, en medio de los acontecimientos. Informo y opino desde el prisma de mi realidad específica: Como habanero, poblador barrial, maestro de aula, historiador, militante de la Revolución Cubana, comunista. Comparto lo que asumo, lo que trato de entender, lo que aprendo desde el estudio, la observación y la participación militante en esta crepitante realidad en que vivo. Comparto lo que reaprendo en dialogo con mis conciudadanos, estudiantes y colegas. Utilizo solo los datos que tengo a mano, y sobre todo mi observación y testimonio.

I

Los alimentos, la salud y el transporte

Donde yo vivo, aquí en la ciudad de La Habana, ciudad capital, todavía la situación no está en el punto crítico, para el que nos preparamos. No permitiremos que ocurra en el país la compulsada y anunciada “crisis humanitaria” de la metodología imperialista de Guerra No convencional o Híbrida, con sus variantes de intervención -invasión- humanitaria. Los próximos días y semanas van a ser muy difíciles, pero resistiremos y venceremos.

Resistimos una creciente inflación, y ahora estamos camino de una hiperinflación: Ejemplifico en cuanto a los alimentos se trata: Para un salario medio mensual en el sector estatal y presupuestado de unos 6 500 pesos (cup) -6.506,5 en abril del pasado año, según la cubana la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI)-, una libra de carne de res valía el domingo 1200 cup, de cerdo 900 cup, de pescado de mar 1000 cup, de frijoles según el tipo de 7-900 cup, de arroz 660 cup, de azúcar 350 cup, de cebollas 200 cup, de boniato 80 cup… Un plátano vianda, un solo un plátano 100 cup, y los más pequeños 50 cup… Un pan extra de 100 gramos, cuesta 50cup, una barra de pan 130-150 cup.

Escasean las medicinas. Para que tengan más idea: Estoy saliendo de una enfermedad, una epidemia bastante sospechosa de chiconguya. Y cuando hablo de sospecha no especulo. Con la guerra biológica ya nos han atacado y asesinado, recordemos los 158 fallecidos, de ellos 101 niños con el dengue hemorrágico que introdujeron en el país en 1981. El chiconguya ha afectado a miles de personas, y provocado muertes, y lo primero que exige son medicamentos antinflamatorios y vitaminas, de las que el país carece en la red de farmacias. Faltan los medicamentos que necesito, y en general el cuadro de medicamentos que precisa la población en el país ya estaba en severos déficits.

Los alimentos y las medicinas están libres de impuestos para los viajeros y nacionales que ingresan al país. La medida facilita la solidaridad internacional y nacional, y en particular cubre los envíos desde las familias que viven en los Estados Unidos. Hay redes de amistad y entrega gratuita de medicamentos. Y también ha aparecido la venta privada de medicamentos, como nuevo “negocio” paralegal, con necesaria permisibilidad. Y los precios son “de anja”: un blíster de 10 pastillas de cualquiera de los medicamentos, está sobre los 500-600 y más cup, por 10 dosis inyectables del complejo de vitamina B, se cobran 2000 cup…

Se tensa el enfermo y sus familias con el medicamento que no tienen. Hay listas de necesitados por turnos en las farmacias, con el propósito repartir con equidad. Pero la inestabilidad en el suministro hace que aumenten los dolores de enfermos y la angustia de familiares, cuando ese medicamento regulado no llega.

Hay pena en el médico porque ya no está el medicamento que debe recetar, que se podía comprar en la farmacia estatal, de manera asequible, y si las personas no tenían dinero, acudían a la farmacia del hospital, y lo adquirían, como parte el programa de atención a casos sociales. Ahora el medicamento tienes que salir a buscarlo donde aparezca y cueste lo que cueste (nada nuevo para quienes viven y luchan contra la sociedad del “sálvese quien pueda”, pero algo triste y sorprendente para los cubanos).

El médico sufre también con el equipo que tiene a su alcance, que en minutos precisa un diagnóstico, o salva y proporciona la vitalidad a un cardiaco…, ¡pero que está parado! Por suerte nuestro personal de salud está preparado para hacer del método clínico una suerte de magia de ternuras y conocimientos.

La mayoría de los alimentos y las medicinas de venta privada, además de Estados Unidos, llegan de Panamá, República Dominicana y México, países donde para las transacciones reina el dólar. Y en Cuba el dólar volvió a empinarse, con una tasa de cambio oficial que se acerca a los 500 cup por un dólar.

El país está prácticamente sin combustible y cuando no lo hay se sabotea toda la reproducción económica. La escasez de combustible ha vaciado las calles. Las gasolineras en moneda nacional dejaron de funcionar, las de diésel están cerradas y las que venden en dólares tienen un suministro limitado. No hay prácticamente transporte por gasolina y petróleo. Ha ocupado un lugar vital la transportación por vehículos eléctricos. El uso extendido de bicicletas, triciclos y motos eléctricas se ha convertido casi en la única opción, con un reducido servicio de ómnibus que hacen uno o dos recorridos al día. Se complejiza y encarece el transporte de insumos, para productores y prestadores de servicios y con la población en general.

II

Los salarios

Soy un profesor universitario que tengo mi jubilación y un salario de re insertado en la educación superior. Y poseo otras fuentes de trabajo honesto e ingresos. Estoy sobre la línea de 2-3 salarios promedios. Y a mí el 18 de febrero pasado, prácticamente no me quedaba dinero. Tuve que acudir a mis ya estrechos ahorros. No me pregunto cómo se vive y resiste desde un salario promedio, lo sé, lo veo en las mil estrategias de sobrevivencia de la mayoría de mis vecinos.

Me apena, cuánto de estreches económica tienen colegas míos, jubilados antes de la reforma monetaria y cambiaria de 2021- que conocemos por Ordenamiento-, tarea donde las buenas intenciones, se perdieron en desaciertos de diseño, planificación y aplicación, y en desastre para las pensiones de quienes accedieron a la jubilación en esos momentos.

La realidad de deterioros preexistente, crece al impulso de las nuevas medidas genocidas aprobadas por Trump. A pesar de todos los esfuerzos y leyes de la Revolución, los acumulados centenarios de marginalidad, desigualdad, racismo, machismo, sexismo, pesan, revitalizan en desigualdades en las circunstancias de crisis económica, y reducción de los respaldos materiales para las políticas sociales… Y hoy los cubanos de piel negra y mulata, y las mujeres, nutren en mayoría las filas de los más desfavorecidos… Y mientras la estadística y los estudios prueban, esta realidad la vivimos y sentimos en la piel y la cotidianidad habanera en mi barrio de El Canal del Cerro, donde vivo, en Los Sitios, San Isidro, Pogolotti…

Sé porque converso con los jóvenes, cuanto pueden impactar estas situaciones en sus perspectivas de presente y futuro, muchachos instruidos, bien graduados, que han nacido y vivido en bloqueo… Y desafortunadamente hay un sector de estos jóvenes, que pierden el interés en el estudio, y hasta en el ejercicio del título… y buscan el camino de la migración. O van hacia las, alternativas de negocios particulares, que pagan más, pero les imponen condiciones laborales de super explotación, no legales “por afuera” o “a la izquierda” se corre decir.

Cuando estos datos que menciono se colocan en las supercomputadoras del imperio, la IA les dice que nos vamos a piqueCuando datos como estos se manipulan por los enemigos de la Revolución en la prensa, los noticieros y las redes, se construyen con “datos reales” las matrices de una Cuba irresistible, camino a la “crisis humanitaria”, en derrota.

III

No se descansa

La voluntad de no dejar desamparado a ningún cubano o cubana, a ninguna familia no es una consigna. Es asunto diario de ocupación y dignidad de gobernantes y gobernados.

Con el país en inflación, recién el Gobierno hizo un esfuerzo de aumento para los jubilados. A nivel nacional, el 92% de los jubilados cubanos fueron beneficiados: quienes cobran 1 528 cup duplicaron su monto; los que percibían entre 1 528 y $2 472 obtuvieron un incremento fijo de 1 528 cup, y aquellos con pensiones entre 2 472 y menos de 4 000 cup llegaron directamente a 4 000 cup, que fue el techo de equidad financiera que se pudo lograr. Esta medida también incluyó ajustes para pensiones por viudez, invalidez y otras modalidades con incrementos proporcionales de hasta el 85% del monto general.

El aumento no pudo equiparar pensiones con quienes, como yo, con los mismos méritos y antigüedad, nos jubilamos después del Ordenamiento casi al doble de pensión. El incremento general del 15 % del salario medio mensual del sector estatal y presupuestado, que se produjo en el 2025, tampoco satisfizo la necesidad acumulada. Los aumentos no alcanzan ante la galopante inflación, pero se agradecen.

La dirección del país no ceja en buscar alternativas. El incremento de las pensiones fue parte de un programa nacional que involucra a más de 1.5 millones de jubilados y otros pensionados en todo el país. Representa un esfuerzo presupuestario anual de aproximadamente 25 mil millones de cup. Para los aumentos realizados el Gobierno cuenta con respaldo financiero garantizado, y hay un pago puntual. A las angustias que nos provocan los yanquis saboteadores de nuestras vidas, no se añaden los desastres que son comunes en el mundo del capital, por falta de fondos y vergüenza, por trampas, robos y malversaciones con los fondos de pensiones.

A nuestra juventud la defendemos. Siguen en pie con sus acciones de profundidad en el tejido social, todos los programas de apoyo a las familias y personas más vulnerables, inclusión escolar y laboral, de lucha contra las discriminaciones y profilaxis social contra los flagelos de la drogadicción, la prostitución y la vagancia. Y se incrementa la labor comunitaria cultural, más en estos días que en los barrios los jóvenes permanecen más tiempo, El 28 de enero en homenaje al Héroe Nacional José Martí, un día antes de que Trump firmara su último zarpazo criminal, se hizo la publicación oficial del Código de la Niñez, Adolescencias y Juventudes, un novedoso instrumento jurídico que regirá y apoyará el crecimiento, la formación y participación protagónica de las nuevas generaciones en la sociedad.

IV

¿Derrotados…?

De las realidades, subrayo: Todas las instituciones de salud, hoy están en servicio y en labor de ciencia y amor. Y es que el sistema cubano, ha desarrollado una alta resiliencia, con patriotismo, ingenio, en compromiso con la equidad, en defensa de la salud del pueblo. La difícil situación con los medicamentos, insumos, piezas y agregados para la tecnología no ha podido parar el servicio. Lo poco que hay, está en los hospitales y policlínicos con urgencias -la mayor parte por donación de la solidaridad internacional-, donde se prioriza a los niños, y a los pacientes con dolencias complejas, en peligro permanente o inminente. Y los atendemos y salvamos en hermosa mayoría.

En medio de la actual situación, ahora mismo, en toda Cuba en el sector de salud funcionan unos 450 policlínicos; más de 11 mil consultorios médicos a nivel comunitario; mil 200 servicios estomatológicos; 150 hospitales; 152 hogares maternos; más de 300 casas de abuelos; 30 centros psicopedagógicos; 158 hogares de ancianos; 12 institutos de investigación, y 44 entidades de Ciencia, Tecnología e Innovación. Casi medio millón de compatriotas trabajan para la atención de salud. La cifra de más de cien mil médicos que poseíamos ha sufrido por migración, deserción y robo de cerebros. Hay médicos en cumplimiento de misiones en el exterior, pero frente a un mundo en déficits de especialistas -con millones de seres en total abandono-, la cobertura médica continúa como fortaleza del sistema de salud cubano.

En el sector de la salud coincide, que en estos mismos momentos en que nos ahogan desde Washington, está en curso un proceso de inversiones para parar deterioros y reforzar servicios. Y está al acceso de todos los necesitados la clínica de fisiatría de mi barrio, en plena Calzada del Cerro y Peñón.

Esta clínica que me ayuda a recuperarme de las secuelas del chiconguya, es una de los más de 600 servicios de rehabilitación que la Revolución ha desarrollado por todo su territorio, de los que unos 400 están como en mi barrio, dedicados a la Atención Primaria de Salud. El Programa de Rehabilitación Integral, como estrategia de base comunitaria fue uno de los programas impulsados por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, al inicio del siglo, para ampliar la cobertura de rehabilitación, la promoción y la prevención de los problemas de salud física y sensorial, en el horizonte de hacer de Cuba una potencia médica.

Bien organizada, con equipos de calor, láser, electro, camas especiales, gimnasio, mi clínica es una preciosura. Y con lo fundamental: Con una atención muy calificada, de jóvenes especialistas que son un encanto. ¡Tengo una atención fisiátrica gratuita de primer mundo! Esa es Cuba. ¡Esa es Cuba socialista, la que nos intentan matar!

De las realidades: La educación cubana no se para. Sigue universal, democratizadora, gratuita. El curso en septiembre comenzó con las soluciones posibles a los problemas que retan el sistema. Faltan docentes, y en provincias como La Habana este es un asunto pesa. Faltaban por producir casi un millón de uniformes escolares, en todo el país solo se habían podido reparar 300 escuelas. En las universidades la reparación de las áreas de becas, los insumos de laboratorios, la reposición y extensión de la base técnico-material de informatización, son problemáticas directamente relacionadas con los daños que nos causan los impactos del bloqueo. El curso inició y ya se terminó el primer semestre, con buenos resultados docentes.

Más de un millón y medio de niños y adolescentes son atendidos por el Ministerio de Educación (MINED) en 11 013 instituciones. Todos los días 6 955 escuelas primarias abren sus puertas y reciben a los escolares. Ante la situación real de familias desfavorecidas, el MINED tiene identificados unos 57 mil 600 niños que reciben atención especial en avituallamiento y alimentación. La actividad presencial en la veintena de universidades adscritas al Ministerio de Educación Superior (MES) se ha trasladado para los 136 centros universitarios municipales (CUM) y las filiales universitarias (FUM). Esta red nacional sostiene ahora mismo el compromiso de continuidad educacional con 200 mil estudiantes.

Ahora mismo más de un millón 530 mil estudiantes de la educación general y universitaria, continúan su curso escolar. La atención educacional universal de las infancias y la juventud continúa. Uno de cada seis cubanos estudia.

La educación cubana posee fortalezas institucionales y populares, comunitarias y familiares, y como novedosa cualidad del socialismo cubano, hemos creado una sociedad educadora. En mi criterio esa sociedad educadora es el más trascendental logro educacional de la Revolución. Un ejército también cercano al medio millón de cubanas y cubanas, maestros y profesores, directivos y trabajadores, son los héroes diarios de esta epopeya cultural.

Las calidades de la salud y la educación en tanto logros del socialismo cubano, vitalidades que se constatan, no están en “crisis humanitaria”. Constituyen realidades que compensan y vencen la criminalidad de los fascistas. Y la resistencia se constata en cobertura, inclusión y democratización, en medio de sobreponerse y hallar soluciones de calidad, ciencia y conciencia, a sus propios retos particulares.

La salud y la educación en tanto son garantía de pueblo atendido, culto, emancipado, simbolizan dos de las conquistas más preciadas de la Revolución. Cubana.

V

Diez millones de panecillos

Antes del establecimiento oficial del bloqueo en 1962, ya había comenzado la labor enemiga contra el acceso a alimentos, para “provocar hambre y desesperación”, e intentar doblegarnos. Así consta en un memorándum secreto de abril de 1960, de la autoría de Lester D. Mallory, Vice Secretario de Estado Asistente para los Asuntos Interamericanos del Departamento de Estado, al que se puede acceder desde los Archivos de Seguridad Nacional, en la Biblioteca Gelmande la UniversidadGeorge Washington (https://nsarchive.gwu.edu/document/27400-document-1-state-department-memorandum-decline-and-fall-castro-secret-april-6-1960). En este documento está definida toda la filosofía criminal del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto meses después de forma unilateral.

El proporcionarle a cada familia cubana una cuota de alimentos subsidiados, por una libreta de abastecimientos, fue la medida que tomó la Revolución en el propio 1962. Este suministro alimentó a la familia cubana durante tres décadas, y en los noventa, ya en restricción, se mantuvo y equilibró las despensas familiares. ¿Cuántos Estados del orbe, en la historia, han organizado tamaño sistema de seguridad alimentaria, solidaria, masiva y universal? ¡Solo Cuba!

Hoy esa cuota de dignidad prácticamente ha colapsado. Se hacen bromas por el fin “de la libreta”, porque lo cubanos nos reímos de nuestras dificultades. Los economistas confirman que este sistema no es funcional a la circunstancia que vivimos, que el camino no es el de subsidiar los alimentos, sino a las personas en pobreza y desventajas. Y no faltan los desmemoriados y desagradecidos, y anda el chiste gusano. Pero ahí está el “pan de la bodega”, para recordar y afirmar la historia bien contada, Un pan ahora más pequeñito, una unidad por persona que cuesta 0.75 centavos de cup (ya mencioné el precio actual del pan extra que puede adquirirse fuera de la libreta). Y todos los días, llega a cada casa…

En su modestia, en no pocas familias ese pancito “resuelve”: Los padres hoy se lo privan, para hacer tres porciones de alimentos para sus hijos escolares: Uno para el desayuno, y los otros dos para las meriendas escolares de mañana y tarde, que ya el Estado en bloqueo no puede proporcionar.

Diez millones de panecillos se fabrican todos los días, uno para cada ciudadano, en ejercicio precioso de equidad. Búsquese este tipo de acción de alimentación solidaria, masiva y universal en este mundo que vivimos. Nuestro pancito de la bodega, modestísimo, es un símbolo también de ese socialismo que nos pretenden matar.

VI

La tozudez en la resistencia

La tozudez en la resistencia y la esperanza, precisa constatar realidades y también defender sentimientos, convicciones y símbolos. Y no hemos sido suficientemente eficaces y proactivos frente a la guerra cognitiva y de símbolos procapitalistas, mercenarios y anexionistas que se nos hace. En nuestra información y propaganda, la anticultura de la consigna vacía, los discursos grandilocuentes, la apologética; han contribuido a crear dentro de los propios revolucionarios, una suerte de rechazo a levantar, hablar lindo, y hacer culto al mérito de lo hermoso y digno que tenemos.

En medio de la crítica situación y los deterioros, si miras a tu alrededor, siempre hallarás constancia en huellas tangibles, sobre la voluntad sensible y digna de la Revolución fidelista y del pueblo que la ha hecho posible. Con esas fuerzas morales y materiales, nos colocamos en la trinchera de la defensa de la justicia y el amor, frente a la criminalidad genocida de los fascistas que desde del país del Norte nos atacan.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes. 

Qué nos dice Marx acerca de por qué fracasaron las revoluciones de la Generación Z

Fuentes: Rebelión

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Las revueltas de la Generación Z desafiaron la autoridad, pero Marx explica por qué sustituyeron a las élites sin cambiar la explotación sistémica.

La desigualdad extrema, el trabajo precario y el poder corporativo han aumentado en la época del capitalismo tardío en vez de disminuir.

La importancia de Karl Marx radica en su método de analizar la sociedad por medio de las relaciones materiales, el poder de clase y la explotación. El capitalismo tardío no ha trascendido la crítica de Marx, sino que ha confirmado muchas de sus ideas fundamentales.

Marx insistía en que no se puede entender la historia centrándonos únicamente en las ideas. La realidad social está determinada por las estructuras económicas y los conflictos entre clases. Lo expresó de forma muy clara en el Manifiesto comunista al escribir «toda la historia de la sociedad humana hasta la actualidad es una historia de lucha de clases» (1). Esa afirmación sigue vigente porque desplaza la atención de los líderes individuales y la dirige a las relaciones de poder subyacentes que persisten en todos los sistemas políticos.

Trabajo, explotación y plusvalía

La explotación del trabajo es fundamental en la crítica de Marx. Según su análisis, el capitalismo no se basa fundamentalmente en la fuerza bruta, sino en un sistema de intercambio que parece justo, aunque provoca una profunda desigualdad. Las personas trabajadoras reciben salarios, pero el valor que generan es superior a lo que se les paga. Este excedente se lo apropian quienes poseen los medios de producción.

Marx formuló de forma memorable esta relación en El capital, donde describía el capital como «trabajo muerto que solo se reanima, a la manera de un vampiro, al chupar trabajo vivo» (2). La imagen es deliberadamente inquietante, pero sirve para poner en evidencia una realidad estructural. El capital no crea valor por sí mismo, lo acumula extrayendo valor del trabajo humano. Este pasaje sigue siendo relevante en una época de trabajo precario, economías de plataforma y vigilancia digital, una época en la que el trabajo está fragmentado, pero persiste la explotación.

Marx también puso de relieve cómo este proceso transforma a la persona trabajadora. Argumentó en su obra Manuscritos económicos y filosóficos de 1844 que bajo el capitalismo la persona trabajadora está cada vez más alienada tanto de su trabajo como de sí misma. Aunque hay diferentes traducciones, la idea fundamental es consecuente con su observación de que el trabajo bajo el capitalismo reduce la actividad humana a un medio de supervivencia en vez de a la propia realización. El capitalismo tardío intensifica esta alienación al extender la mercantilización a prácticamente todos los aspectos de la vida.

Desigualdad y la ilusión de igualdad legal

Una de las características que definen el mundo contemporáneo es la brecha cada vez mayor entre ricos y pobres. La igualdad legal formal existe, aunque la desigualdad material es cada vez mayor. Marx afirmó claramente que los derechos por sí solos no pueden vencer la dominación económica. Señaló en El capital que entre derechos iguales, «decide la fuerza». Con ello no pretendía ensalzar la violencia, sino mostrar los límites de los marcos legales en aquellas sociedades en las que la riqueza se traduce directamente en poder.

Esta idea ayuda a explicar por qué las intervenciones benéficas y las organizaciones no gubernamentales, aun siendo importantes, no pueden resolver la injusticia sistémica. Abordan los síntomas en vez de las causas. La crítica de Marx vuelve a centrar la atención en la propiedad, el control y la distribución de la plusvalía. Si no se hace frente a esos elementos fundamentales, se reproduce la desigualdad con independencia de las reformas políticas.

Las revueltas juveniles y la persistencia de las élites

Por todo el mundo han surgido movimientos impulsados de forma mayoritaria por jóvenes en respuesta a la corrupción, el autoritarismo y la exclusión económica. Estos levantamientos expresan un profundo sentimiento de frustración y de desposesión. Con todo, el resultado de muchos de ellos ha sido poco más que una reorganización de las élites. Cambian los líderes políticos, pero las estructuras económicas permanecen intactas.

Marx anticipó este problema. En el Manifiesto comunista argumentó que el Estado moderno funciona como «el Consejo de administración que rige los intereses colectivos de la clase burguesa. para gestionar los negocios comunes de la burguesía». Cuando las revoluciones se centran únicamente en la dirigencia política sin transformar el poder económico, corren el peligro de reproducir las mismas jerarquías con nuevos rostros. Esto ayuda a explicar por qué tantas revueltas contemporáneas fracasan a la hora de lograr el acuerdo social más profundo que busca implícitamente la juventud.

Cultura, conformidad y la Escuela de Frankfurt

Mientras que Marx analizó las estructuras económicas, la Escuela de Frankfurt analizó cómo la cultura y la ideología estabilizan las sociedades capitalistas. Pensadores del siglo XX como Max Horkheimer y Theodor Adorno trataron de entender por qué las sociedades capitalistas avanzadas generan conformidad en vez de revuelta.

Max Horkheimer y Theodor Adorno desarrollaron el concepto de industria cultural en su obra Dialéctica de la Ilustración y afirmaron que la cultura de masas pacifica a los individuos en vez de liberarlos. Como escribieron ambos autores, «la industria cultural engaña perpetuamente a sus consumidores acerca de lo que promete perpetuamente». El entretenimiento ofrece placer, distracción y un sentido de individualidad, al tiempo que disuade de reflexionar críticamente sobre las condiciones sociales.

Esta idea es fundamental para entender el capitalismo tardío. Los ciclos mediáticos, la actividad online y la identidad del consumidor a menudo absorben la ira y la disidencia. Las protestas se convierten en un espectáculo, que la mercantilización neutraliza fácilmente.

Consumo y sociedad unidimensional

Herbert Marcuse amplió esta crítica en su obra El hombre unidimensional, que se centra en cómo la sociedad de consumo remodela la propia conciencia. Afirmó que las sociedades industriales avanzadas asimilan a la oposición al satisfacer necesidades de una manera que refuerza la dominación. Una de sus observaciones más citadas expresa esta dinámica: «Las personas se reconocen en sus productos de consumo; encuentran su alma en su automóvil, en su equipo de alta fidelidad, en su casa, en sus electrodomésticos».

Aunque estos ejemplos han quedado desfasados, la lógica sigue siendo la misma. Cada vez se construye más la identidad por medio del consumo. El descontento político se redirige hacia la elección de un estilo de vida, de marcas y de expresión personal. Esto contribuye a explicar por qué la crítica estructural lucha por ganar terreno incluso en medio del descontento generalizado.

La ilusión de libertad

Erich Fromm abordó cuestiones similares desde una perspectiva psicológica. Argumentó en El miedo a la libertad que los individuos modernos a menudo huyen de la genuina libertad para caer en la conformidad y la sumisión. Como él mismo dijo, «el hombre moderno vive bajo la ilusión de la independencia». Las personas experimentan la posibilidad de elegir, aunque sus vidas están determinadas por la necesidad económica, la competencia y la inseguridad.

Esta ilusión desempeña un papel fundamental para mantener el capitalismo tardío. Se anima a los individuos a considerar el éxito o el fracaso como logros o fallos personales, y se ocultan las condiciones estructurales que determinan las consecuencias. La crítica que hace Marx de la ideología y el análisis de Fromm de la estructura del carácter coinciden en este punto.

Progreso, razón y violencia oculta

Walter Benjamin hizo un rigurosa crítica de las ideas lineales del progreso. En su obra Tesis sobre el concepto de historia advirtió que «nunca hay un documento de cultura que no sea a la vez un documento de barbarie». El desarrollo económico y las innovaciones tecnológicas a menudo dependen de la explotación y la exclusión. El capitalismo tardío es un ejemplo de esta contradicción, ya que combina una riqueza sin precedentes con una precariedad generalizada.

Horkheimer reafirma esta crítica en su obra Critica de la razón instrumental al afirmar que «la razón se ha convertido en un instrumento». La racionalidad se reduce al cálculo y la eficiencia, al servicio del beneficio y no de la emancipación. Esta razón instrumental legitimiza sistemas que parecen neutrales aunque reproducen la dominación.

Por qué Marx sigue siendo indispensable

Marx continúa siendo relevante no solo porque predijo de forma precisa el futuro, sino porque sacó a la luz las dinámicas que subyacen en la sociedad capitalista. Su análisis explica por qué persiste la desigualdad, por qué el cambio político a menudo resulta ser superficial y por qué la explotación se adapta en vez de desaparecer.

La Escuela de Frankfurt ahonda en este análisis y demuestra que la cultura, la psicología y la ideología refuerzan el poder económico. Proporcionan juntas un marco para analizar por qué el capitalismo tardío genera tanto una fuerte insatisfacción como una enorme inestabilidad.

Marx no ofrece simples respuestas o recetas fáciles, ofrece claridad. Mientras la explotación esté incrustada en las estructuras económicas y oculta por la cultura y el consumo, su crítica seguirá siendo esencial. Cambiar las caras sin transformar los cimientos seguirá dejando a las personas marginadas esperando un futuro que nunca llega.

Notas de la traductora:

(1) Tomamos esta cita y las demás del Manifiesto comunista de https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm

(2) Tomamos la cita de https://www.nodo50.org/garibaldi/contenido/Marx/c12.html

Texto original: https://thedeltagram.com/ideas/what-marx-tells-us-about-why-gen-z-revolutions-failed

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar aautor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción. 

Volver a tener razón y fuerza

Marzo del 2026

Me identifico con el análisis aunque hecho de menos la alternativa concreta a las deficiencias del movimiento comunista en España, no solo por parte del PCE, sino también del conjunto de los destacamentos comunistas españoles y del grueso del marxismo occidental, que en su práctica han abandonado la lucha económica por la batalla política y cultural institucional en las superestructuras del estado. Por todos es sabido que desde mediados de los años setenta el eurocomunismo mayoritario en el movimiento obrero español y europeo, rompió con la línea política de trabajo en las organizaciones de masas de la clase trabajadora y con la estructura organizativa adecuada para ello de las células de centro de trabajo, sector, barrio o pueblo, quedando todavía algún rescoldo a rescatar en los estatutos del PCE, en la obligación de de participar en alguna organización de masas para ser militante; de ahí que lo principal de la estrategia sea el analítico de la situación y las propuestas alternativas para la acción institucional, mientras la realidad social de las condiciones de vida y trabajo de la clase obrera olvidada, bajo la asunción ideológica de la democracia delegada y el acuerdo o pacto con la clase dominante por el eurocomunismo o por sectarismo doctrinario, por parte de los sectores extraparlamentarios de no mezclarse con la socialdemocracia y el reformismo, dejando así el movimiento obrero organizado allá donde trabajamos, vivimos o estudiamos en manos de la burocracia reformista y el pacto social avanzando la desideologización de nuestra clase. No hay tenemos otra salida que recuperar la línea política de masas perdida de trabajo en las organizaciones de base de la clase trabajadora, ni hay otra manera de lograr la hegemonía en su seno para recuperar la movilización en la calle como soporte de la correlación de fuerzas y la defensa de nuestro derecho a la emancipación. Nota de Alonso Gallardo 

                 Julio Casas                            

El conflicto entre capital y trabajo, eje histórico de la izquierda, ha sido reemplazado por una suma de debates fragmentados que raramente cuestionan las estructuras económicas. Se habla de derechos sin hablar de propiedad, de diversidad sin hablar de clase, de inclusión sin hablar de explotación. El lenguaje se ha vuelto sofisticado, pero el contenido se ha vaciado. Mientras tanto, los salarios pierden poder adquisitivo, la vivienda se convierte en un lujo y la precariedad deja de ser una excepción para convertirse en norma.

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La izquierda europea no atraviesa únicamente una crisis de representación ni un ciclo adverso de resultados electorales. Vive una crisis histórica de proyecto. Durante décadas fue referencia para las clases trabajadoras porque supo nombrar los conflictos reales de la sociedad, identificar a los responsables y ofrecer un horizonte de transformación. Hoy, en gran medida, ha dejado de hacerlo. No por incapacidad técnica, sino por renuncia política. Renuncia al análisis material de la realidad, a la centralidad del trabajo y a la idea misma de conflicto social como motor del cambio. Allí donde antes había voluntad de transformación, hoy domina la adaptación.

Este proceso no es neutro ni inevitable. Tiene responsables, decisiones concretas y consecuencias visibles. La izquierda institucional ha ido abandonando el terreno de la economía política para refugiarse en una gestión moral del discurso público. Ha sustituido la organización de mayorías sociales por la administración de consensos débiles. Ha cambiado la ambición de cambiar la vida por la obsesión de no incomodar al poder. El resultado es una izquierda que habla mucho, pero decide poco; que gestiona, pero no transforma; que ocupa instituciones, pero no construye poder popular.

Aquí, en el reino de España, esta deriva se ha manifestado con especial crudeza. Partidos que nacieron del movimiento obrero o de la contestación social han terminado integrados en un régimen económico y político que reproduce desigualdad, precariedad y dependencia. Se ha aceptado como límite infranqueable lo que solo debería haber sido un punto de partida: el marco neoliberal europeo, la disciplina de los mercados, la subordinación geopolítica y la mercantilización de derechos básicos. Así, la izquierda ha pasado de ser una herramienta de emancipación a convertirse, en demasiadas ocasiones, en un gestor amable del mismo orden que empobrece a la mayoría.

Durante el siglo XX, con todas sus contradicciones, la izquierda europea fue fuerte porque estaba enraizada en la vida material de la gente común. Nació en las fábricas, en los tajos, en los barrios obreros, en las luchas por el pan, la vivienda y la dignidad. Su fuerza no residía solo en sus ideas, sino en su capacidad para organizar intereses colectivos y convertirlos en poder político. Ese vínculo se ha ido rompiendo. La izquierda se ha desplazado social y culturalmente hacia capas medias urbanas, altamente escolarizadas, cada vez más alejadas de las condiciones de vida de la mayoría trabajadora.

Este desplazamiento ha tenido efectos profundos. El conflicto entre capital y trabajo, eje histórico de la izquierda, ha sido reemplazado por una suma de debates fragmentados que raramente cuestionan las estructuras económicas. Se habla de derechos sin hablar de propiedad, de diversidad sin hablar de clase, de inclusión sin hablar de explotación. El lenguaje se ha vuelto sofisticado, pero el contenido se ha vaciado. Mientras tanto, los salarios pierden poder adquisitivo, la vivienda se convierte en un lujo y la precariedad deja de ser una excepción para convertirse en norma.

Una izquierda transformadora no puede permitir este divorcio entre discurso y realidad. No puede limitarse a gestionar símbolos mientras la vida material empeora. No puede conformarse con pequeñas reformas que no alteran las relaciones de poder. Gobernar sin tocar intereses estratégicos no es gobernar para la mayoría; es administrar la derrota. El problema de la vivienda es el ejemplo más claro. No faltan diagnósticos ni declaraciones, falta decisión política para enfrentar al rentismo, a los fondos de inversión y a la lógica especulativa que convierte un derecho básico en mercancía.

Algo similar ocurre con el mundo rural, con agricultores, ganaderos, pescadores o pequeños comerciantes. Sectores enteros están siendo sacrificados en nombre de una globalización diseñada para las grandes corporaciones. La izquierda institucional ha sido incapaz de ofrecerles una salida porque ha asumido como intocable el marco que los destruye. Peor aún, en ocasiones los ha tratado como un residuo del pasado, sin entender que sin soberanía productiva no hay soberanía política.

La consecuencia de todo esto es una desafección creciente. Amplios sectores de la clase trabajadora ya no se reconocen en la izquierda. No porque se hayan vuelto reaccionarios, sino porque se sienten abandonados. Parte de ese malestar se traduce en abstención; otra parte es capturada por derechas extremas que, con discursos falsamente antisistema, prometen protección, orden y pertenencia. La izquierda no puede limitarse a denunciar este fenómeno: debe preguntarse por qué ha dejado ese espacio libre.

En el plano internacional, la renuncia es aún más evidente. La izquierda europea ha abandonado el antiimperialismo como principio político. Ha asumido sin demasiada resistencia el marco atlantista, confundiendo alineamiento con responsabilidad y subordinación con realismo. Ha renunciado a una política exterior soberana y ha sustituido el internacionalismo por un moralismo selectivo que siempre apunta en la misma dirección. La izquierda transformadora no puede aceptar un orden mundial basado en la dominación, la guerra y el saqueo, aunque se vista de democracia liberal.

Sin soberanía no hay transformación posible. Ni soberanía económica, ni energética, ni política, ni cultural. La izquierda que renuncia a disputar estos terrenos se condena a la irrelevancia. Recuperar una perspectiva antiimperialista no es un gesto retórico: es una condición material para poder decidir sobre salarios, industria, servicios públicos y modelo productivo. No hay redistribución posible en un país que no controla los resortes básicos de su economía.

Frente a este panorama, no basta con la crítica. Una izquierda transformadora debe volver a plantear un proyecto claro, comprensible y material. Debe hablar de vivienda, de trabajo, de salarios, de precios, de servicios públicos, de soberanía productiva. Debe hacerlo sin complejos y sin pedir permiso. Debe reconstruir organización, no solo discurso; poder social, no solo presencia mediática. Y debe hacerlo desde abajo, reconectando con la clase trabajadora real, diversa y concreta, no con una abstracción idealizada.

Esto no implica nostalgia ni repetición mecánica del pasado. Implica recuperar lo esencial y actualizarlo. Análisis de clase, centralidad del trabajo, redistribución de la riqueza, planificación democrática de sectores estratégicos, soberanía popular y solidaridad internacional entre pueblos. Implica entender que sin conflicto no hay cambio y que sin mayoría social no hay transformación duradera.

Existen hoy experiencias incipientes que apuntan en esta dirección. Son frágiles, minoritarias, pero indican que el espacio existe. Lo decisivo no es su forma concreta, sino la orientación: volver a poner la economía política en el centro, volver a hablar el lenguaje de las necesidades reales, volver a construir poder para cambiar las cosas. No como ejercicio testimonial, sino como proyecto de gobierno y de país.

El tiempo es limitado. La alternativa a una izquierda transformadora no es el centro moderado, sino una derecha cada vez más autoritaria, más agresiva y más subordinada al capital global. La historia no espera. La clase trabajadora no está derrotada, pero sí cansada de promesas vacías. Espera algo simple y radical a la vez: una fuerza política que no le tenga miedo al poder y que esté dispuesta a usarlo para transformar la realidad. Esa es la tarea. No es fácil, pero es necesaria. Y, sobre todo, es posible.


martes, 10 de marzo de 2026

EEUU declara la Tercera Guerra Mundial


 EE.UU., ASIA, EUROPA :: 26/02/2026

ENRICO TOMASELLI

Un año después de la investidura de Trump, el bando neoconservador ha completado la marginación del bando MAGA y ha regresado plenamente a la idea de «paz a través de la fuerza»

Al igual que la Conferencia de Múnich de 1938, en otros aspectos, la Conferencia de Seguridad de Múnich de 2026 podría ser el preludio de la III Guerra Mundial. El discurso de Marco Rubio —no por casualidad, el verdadero deus ex machina de la política exterior estadounidense— es, de hecho, nada más y nada menos que una declaración de guerra del imperio estadounidense contra el resto del mundo.

Aunque se pronunció en un tono mucho más melifluo que el de J.D. Vance el año pasado, el contenido de su discurso es extremadamente violento; y si Vance había venido a reprender a los europeos, injustamente (pero no del todo) acusados de ser un peso muerto para EEUU, Rubio ha venido a lanzar un doble desafío: a los europeos, a quienes esencialmente les dijo que o eligen ponerse del lado de Washington en su cruzada o estarán en contra, y a todo el mundo no occidental, a quienes dice que rediseñarán todo el orden global —obviamente a su medida y gusto— y que así será, les guste o no.

En esencia, Rubio está reviviendo la idea del destino manifiesto, propuesta por primera vez por O'Sullivan en 1845. Esta es, en última instancia, la base ideal sobre la que los neoconservadores construirán más tarde todas sus estrategias para la dominación estadounidense. El Secretario de Estado, quizás la figura neo- conservadora más poderosa de la historia de EEUU, está masticando y escupiendo como chicle, adaptándola a la situación actual.

La única innovación real, en cierto sentido, es la inversión de la posición de Vance: del desprecio por los europeos a la afirmación de una presunta, si no completamente inexistente, civilización occidental que une a las dos orillas del Atlántico. La referencia a una épica de colonización occidental, claramente vista desde la perspectiva de la conquista occidental, se traduce en un intento de ennoblecer las reivindicaciones hegemónicas estadounidenses y de reclutar ayudantes europeos invocando un pasado falsamente compartido.

Y esto, en sí mismo, es una manera de definir los términos de la relación imaginada en Washington entre Occidente y el resto del mundo.

La proclamada reivindicación hegemónica de Rubio, huelga decirlo, contrasta notablemente con todo lo que ocurre en el mundo actual; es una descarada reedición del imperialismo europeo (esta vez con kétchup) en oposición a cualquier reivindicación de multilateralismo. Y, obviamente, se dirige principalmente a quienes se oponen a la dominación estadounidense y lideran el proceso hacia el multilateralismo. Por lo tanto, Rusia y China en primer lugar, pero también Irán. Aunque esta vocación dominante se disimula parcialmente en otros ámbitos, casi siempre son meros recursos tácticos, contorsiones verbales para camuflar la esencia hostil en una nube de palabras suaves. Como cuando Washington declara que no quiere contener a China, sino mantener una posición de fuerza.

Y es significativo, en cualquier caso, que esta declaración no sea una verdadera sorpresa, sino que, en cierto sentido, sea la culminación de una serie de hechos concretos que la prefiguraron. Así como no es tan sorprendente que se produzca un año después de la investidura de Trump, durante la cual el bando neo- conservador ha completado la marginación del bando MAGA, ha reconocido la imposibilidad de una flexibilización de las relaciones internacionales que salvaguardara los intereses estadounidenses —y tímidamente improvisada por el propio Trump— y ha regresado plenamente a la idea de «paz a través de la fuerza».

No es casualidad que la declaración de Rubio se produzca pocos días después de que Sergei Lavrov, en repetidas entrevistas, dejara claro el descontento de Rusia (por decirlo suavemente) con la conducta estadounidense, tanto en las relaciones bilaterales como en general. En cierto sentido, ambas declaraciones pueden interpretarse en secuencia, como si estuvieran vinculadas por una relación de causa y efecto: en esencia, Lavrov afirma que, a ojos de Moscú, el emperador está desnudo, que cualquier posible fiabilidad residual de Washington se ha evaporado y que Rusia ya no seguirá el juego.

El hecho de que Lavrov, y no el presidente Putin, diga esto es una forma de dejar clara la postura rusa con la máxima autoridad, dejando al mismo tiempo, aunque sea mínimo, un margen para evitar una ruptura. La respuesta de su homólogo estadounidense, por sutil que sea, es clara: somos nosotros quienes mandamos, somos nosotros quienes establecemos las reglas, somos los más fuertes y no tenemos miedo de serlo. No hay mediación posible, salvo en este marco. En la práctica, si se reconoce la supremacía estadounidense, se puede discutir; de lo contrario, no.

Si analizamos las acciones de EEUU durante el último año, ignorando el sensacionalismo de Trump sobre su vocación de pacificador y solucionador de conflictos, la esencia parece completamente distinta. Incluso dejando de lado los bombardeos dispersos aquí y allá (Irán, Somalia, Nigeria, Siria, Irak, Yemen, etc.), Washington nunca ha dejado de participar activamente en los principales conflictos —Ucrania y Palestina—, alimentando constantemente a sus aliados.

En particular, al intentar establecer un diálogo con Moscú, tanto para resolver el conflicto con Kiev como para restablecer las relaciones mutuas, no solo ha mantenido su apoyo diplomático, político, militar y de inteligencia al régimen ucraniano corrupto por los neonazis, sino que también ha continuado desarrollando acciones hostiles contra la Federación Rusa. No es casualidad que Zelenski haya podido —y aún lo hace— mantener posiciones que obstaculizan la conclusión de un acuerdo negociado, a sabiendas de que el apoyo estadounidense a la guerra no disminuirá; la única diferencia es que en el aspecto económico se ha subcontratado a vasallos europeos.

Si bien la fase inicial de la presidencia de Trump podría atribuirse al deseo de EEUU de desvincularse del conflicto en Ucrania, principalmente por razones económicas y para evitar las repercusiones políticas de una derrota militar de la OTAN, gradualmente se ha ido constatando que la estrategia estadounidense ha evolucionado —de Biden a Trump— a través de diferentes fases (conflicto, desvinculación, debilitamiento del enemigo mediante la guerra, debilitamiento mediante negociaciones), pero siempre con el mismo objetivo: debilitar al principal competidor militar, limitar su capacidad de intervención y reacción en otros frentes y, posiblemente, aislarlo.

Desde esta perspectiva, la fase de desvinculación comenzó cuando se comprendió que derrotar a Rusia se lograría mediante una acción conjunta en el campo de batalla, tanto diplomática como económicamente. Pero, al mismo tiempo, la desvinculación también se utilizó desde el principio para intentar frenar la acción militar rusa y, en general, para enredar la capacidad operativa de Moscú en las negociaciones. No es casualidad que Washington quisiera mantener juntas las negociaciones para el fin de la guerra y para la reapertura de las relaciones bilaterales, a pesar de que Moscú ofreció la opción de separarlas. Esto facilitó enredar a los rusos y complicar el proceso de negociación en ambas cuestiones.

A lo largo de ese período, que culminó en la reunión de Anchorage en agosto pasado, Trump intentó debilitar la determinación rusa en los asuntos fundamentales que habían determinado la Operación Militar Especial, obteniendo efectivamente algunas concesiones difíciles. Pero a cambio, esencialmente vendió humo, de ahí la irritación de Lavrov. Aunque las operaciones militares nunca se detuvieron, como hubieran deseado los ucranianos y los europeos, ciertamente no hubo aceleración por parte rusa, que de hecho dio algunas señales de buena voluntad.

Sin embargo, EEUU, mientras mantenía la farsa de las conversaciones con Zelensky y los vasallos de la OTAN, en realidad intensificó sus acciones hostiles. Se incrementaron las sanciones. Se anunciaron sanciones secundarias contra quienes compraran petróleo ruso (India). Se abrió la temporada de piratería, con la incautación de petroleros acusados de transportar petróleo crudo sancionado. La ayuda militar y de inteligencia a Kiev nunca ha cesado, excepto en la medida en que las reservas han disminuido (la UE acaba de anunciar que 15 000 millones de euros en armas estadounidenses, pagadas por los europeos, se transferirán a Ucrania en 2026). Y sobre todo se han desplegado acciones abiertamente hostiles.

Entre finales de diciembre y principios de enero, y ciertamente no por casualidad, se llevaron a cabo tres operaciones de alto nivel, todas ellas autorizadas seguramente por los dirigentes políticos, y al menos dos de las cuales ciertamente exigieron una amplia planificación.

El 28 de diciembre, Trump llamó a Putin antes de reunirse con Zelenski en Mar-a-Lago, y poco después de la llamada, 91 drones ucranianos intentaron atacar la residencia presidencial rusa en Valdái, y todos fueron derribados. La llamada permitió a la CIA localizar a Putin y, así —como demostraron posteriormente los rusos al entregar los restos de uno de los drones utilizados en el ataque—, determinar el rumbo de los drones ucranianos. Probablemente, la intención no era matarlo; sabían que el lugar estaría bien defendido y, de todos modos, no habrían usado drones, pero sin duda querían enviar un mensaje.

También el 28 de diciembre comenzaron las manifestaciones pro-occidentales en Irán, desencadenadas por la repentina caída del rial, provocada por la intervención estadounidense, como Bessent confirmó posteriormente. Sin embargo, las protestas comenzaron con menos intensidad de lo previsto, por lo que la transición a los enfrentamientos se produjo con mayor lentitud, comenzando solo el 7 de enero.

El 3 de enero, EEUU atacó a Venezuela y secuestro al presidente. Posteriormente, el general Dan Caine, al mando de la operación, anunció que esta se había pospuesto debido a las malas condiciones meteorológicas, pero que originalmente estaba programada para cuatro días antes, el 31 de diciembre.

En el espacio de tres días, EEUU llevó a cabo (directa o indirectamente) tres operaciones militares, en tres teatros diferentes, dirigidas contra el liderazgo ruso y dos países que son socios cercanos de Moscú.

Las dos operaciones más ambiciosas, contra Caracas y Teherán, con el cambio de régimen deseado demostrando ser imposible, han concluido, por ahora, con el secuestro del presidente venezolano y la imposición de un supuesto protectorado de facto sobre el petróleo de Venezuela, junto con la amenaza constante de un ataque militar contra Irán. Y, solo como repaso, el vicepresidente Vance visitó recientemente Armenia y Azerbaiyán, dos países centrales para Rusia e Irán, que EEUU está tratando de atraer a su órbita.

La ofensiva hostil contra Rusia es descaradamente obvia. Y resalta la continuidad entre la línea estratégica de la era Biden y la actual, asegurada, como se mencionó al principio, por el dominio de los neoconservadores dentro de la administración estadounidense. El adversario estratégico sigue siendo China, pero Rusia debe ser aniquilada o paralizada de alguna manera antes de que se pueda enfrentar a Beijing. Tanto para privar a los chinos del apoyo energético y militar ruso como para, siempre que sea posible, obtener acceso a algunos de los recursos rusos. Después de todo, Venezuela, Irán y Rusia representan la tríada energética clave de China, y por lo tanto controlar estos flujos de una forma u otra significa mantener a raya a Pekín.

Esta es también la única manera en que EEUU puede intentar limitar el desarrollo del poder chino, ya que la competencia está claramente perdida desde el principio. Eliminar a Rusia, por lo tanto, favorece el plan estratégico hegemónico delineado por Rubio. De una forma u otra, obtener el control del petróleo iraní. Desestabilizar a los países BRICS. Contrarrestar la penetración rusa y china, principalmente en Latinoamérica (pero también en África y el Ártico). Reorganizar Europa como un ejército colonial para presionar el frente occidental de la Federación Rusa. Y, sobre todo, obtener el máximo control posible sobre los recursos energéticos, ya que son la clave —o al menos la única clave— para evitar que China supere a EEUU antes de que se recupere (razón por la cual las fuerzas estadounidenses están desembarcando en Nigeria).

Todos estos son pasos extremadamente ambiciosos y extremadamente difíciles. Entre ellos y la abrumadora carga de la deuda pública estadounidense, el camino se estrecha para el liderazgo estadounidense. Y obviamente, también debido a la tradición nacional consolidada, la tentación de cortar el nudo gordiano con la espada es cada vez más fuerte.

El desafío de Rubio, por lo tanto, es en realidad una declaración de guerra al mundo entero, porque el mensaje es someterse o luchar. No habrá lugar para la neutralidad, y esto es especialmente cierto para los europeos. Y como evidentemente ni Moscú ni Pekín, y mucho menos Teherán o Pyongyang, están dispuestos a someterse, la famosa guerra mundial fragmentada está a punto de pasar a una nueva fase, en la que las diversas piezas comienzan a encajar. Los próximos cinco años nos retrotraerán a una época en la que la guerra será la norma y la paz la excepción. Al fin y al cabo, todo esto emana, en última instancia, de un grupo de fanáticos imperialistas que llevan décadas intentando afirmar la supremacía global de EEUU, y que hoy parecen haber retrocedido en el tiempo, imaginando un país que simplemente ya no existe.

Por ahora, la pelota ha recaído en Rusia, y ahora Moscú debe asumir la responsabilidad. Sin embargo, está jugando un juego diferente, uno que no implica eliminar ni subyugar al enemigo; los rusos saben que se necesita una visión a largo plazo y verdaderamente estratégica, y por eso les preocupa no solo la guerra, sino también la posguerra. Y por eso, para definirla, también se necesita a EEUU. Devueltos a la razón, de una forma u otra, pero ciertamente no desestabilizados.

Así que, tras la advertencia de Lavrov, no habrá ninguna ruptura. No provocarán un enfrentamiento frontal. Es una partida de ajedrez; hay que imaginar cinco o seis movimientos por delante, al menos, para entender el patrón. El Kremlin podría ahora elegir la jugada de un caballo.

sinistrainrete.info. Traducción: Carlos X. Blanco.


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