Alberto Cruz
Publicado el 4 de mayo de 2026 / Por
La guerra contra Irán está acelerando la pérdida de la (poca) hegemonía que le queda a Occidente, especialmente a EEUU. En relaciones internacionales se considera que un país es una superpotencia cuando ostenta la hegemonía en cuatro rubros: política, cultural, económica y militar.
Es poco cuestionable que EEUU solo mantiene una de ellas, la económica, y eso cada vez menos como pone de relieve el que este año haya comenzado con el dólar en caída libre como moneda de reserva mundial. Está en el 46%, el nivel más bajo desde 1973, habiendo bajado hasta esta cifra desde el 56’3% con que comenzó el año 2025. Tras casi dos meses de esa agresión lanzada por EEUU e Israel, uno de los efectos no considerados ha sido el retroceso que está sufriendo el dólar como moneda de comercio en la energía, de forma especial en el petróleo porque el Golfo Pérsico es donde se sustenta el petrodólar.
La guerra contra Irán está poniendo en solfa (expresión popular que significa poner en duda) algunas cosas, como la pretensión de Bahrein de poner en marcha una moneda propia para el comercio del petróleo (la Oil 1) o el puente entre monedas digitales de los países BRICS, dado que los Emiratos Árabes Unidos e Irán con miembros de los BRICS y están ahora mismo enfrentados, uno por el apoyo a EEUU y al IV Reich sionista, antes conocido como Israel, y el otro enfrentándolos.
Pero es aquí donde hay que mirar una y otra vez porque la agresión contra Irán hay que enmarcarla en un inicio del año 2026 donde el dólar se situó en el nivel más bajo de toda su historia reciente, con el 46% de todas las reservas monetarias del mundo, como se ha dicho más arriba, y con el anuncio de China de poner en funcionamiento el Renmimbi Digital, lo que significa, lisa y llanamente, la internacionalización del yuan. No hace falta sumar dos y dos para saber qué está pasando. Y lo que está pasando es que Irán ahora está dando una vuelta de tuerca tras otra para la eliminación sustancial del petrodólar.
Todos los países del Golfo están entre los 20 países que más bonos del Tesoro de EEUU poseen y, además, son países que mantienen sus monedas vinculadas al dólar estadounidense. La digna y heroica resistencia de Irán está haciendo que todo esto tenga ahora mismo la consistencia de un cobertizo de esos que se lleva una ráfaga de viento por algo fuerte que sea ese viento. Ahora mismo hay más que «serias dudas» entre estos países, pese a su vinculación con EEUU, sobre mantener su vasallaje a largo plazo con quien está demostrando que no es un muy buen «garante de su seguridad». Y eso está ya repercutiendo en el petrodólar. Así hay que interpretar la amenaza de los Emiratos Árabes Unidos de comenzar a comerciar en yuanes a gran escala si EEUU no sale en su ayuda introduciendo dólares en su maltrecha economía.
Si Irán mantiene el control efectivo del estrecho de Ormuz un tiempo más «el daño a la imagen de EEUU será de tal calibre que socavará uno de los pilares fundamentales de EEUU en su pretensión de ser la superpotencia dominante del mundo: la seguridad de las rutas marítimas». No soy yo quien lo dice, sino el Deutsche Bank, uno de los principales bancos del mundo y el de referencia de Alemania (1).
Se están constatando los estrepitosos fallos de EEUU y de Israel en la planificación de la guerra y en la supuesta derrota de Irán y eso, a juicio del DB, «está generando una serie de daños a las economías del Golfo que podrían propiciar una reducción de sus ahorros en activos extranjeros, mantenidos en gran medida en dólares”. Por eso Trump habla una y otra vez de Ormuz, porque sin su control o, cuando menos, el retorno a la situación anterior a la agresión a Irán, el papel del dólar en el comercio del petróleo no va a hacer más que decaer.
Ya está tocado con la actitud y resistencia de Rusia. Ya está tocado porque China, el principal o uno de los principales, comprador de petróleo y gas de esos países del Golfo, ya está imponiendo cuotas, por ahora pequeñas, de pago en yuanes del petróleo (como es el caso del 15% del total que compra a Arabia Saudita). Pero eso era hasta ahora. Irán lo está poniendo todo mucho más fácil aún. Por eso el banco alemán es categórico: «la guerra de Estados Unidos contra Irán podría recordarse como un catalizador para la erosión del dominio del petrodólar y los inicios del petroyuan».
La razón principal de la guerra contra Irán no son las armas nucleares de Irán, su programa de misiles, sus intentos de derrocar al «régimen deshonesto» de los ayatolás, ni siquiera su deseo de tomar el control de sus yacimientos petrolíferos (todas estas son consideraciones secundarias): el objetivo primordial del ataque era debilitar a China mediante un bloqueo petrolero. Digo era porque, como ocurre siempre, Occidente no conoce ni la capacidad estratégica ni la inteligencia chinas. A pesar de la enorme dependencia de China del suministro de petróleo de esa zona del mundo (aproximadamente la mitad de sus importaciones totales de petróleo, que ascienden a entre 10 y 11 millones de barriles diarios), el país es la economía mejor preparada para una situación como la actual, con el añadido que el tránsito de los petroleros chinos no ha sido obstaculizado por Irán en absoluto.
Hay algunas cosas que se deberían saber en lo que respecta a China y cómo este país está siendo uno de los menos afectados por el cierre del estrecho de Ormuz, en contra de lo que se viene difundiendo en Occidente. Por ejemplo, que en los últimos cinco años los chinos han estado cambiando masivamente a vehículos eléctricos, lo que significa que el transporte en China no se detendrá ni siquiera con un bloqueo petrolero total. O que tras la agresión anterior contra el país persa de hace un año, China ha aumentado sus reservas de petróleo a 1.400 millones de barriles, lo que supone más que las reservas de todos los países de la Agencia Internacional de la Energía juntos. O que, además, China cuenta con el respaldo energético de Rusia, que los dos países tienen frontera terrestre por lo que es imposible su bloqueo y que eso supone el 20% de las importaciones de petróleo de China. Pero también compra petróleo en otras partes del mundo, como Malasia (casi el 12%) y Brasil (casi el 9%).
En Occidente, siempre con esa mentalidad neocolonial que está en nuestros genes, se habla una y otra vez del “Talón de Aquiles” que para China supone la importación de petróleo. Como pasa siempre, es una verdad a medias, con muy escasa proporción de verdad. Se dice que China depende en un 75% de la importación de petróleo, pero si tenemos en cuenta las proporciones indicadas más arriba, con el 41% asegurado por países como Rusia, Malasia y Brasil, a los que habría que sumar Angola, el “Talón de Aquiles” del que se habla se reduce a un 34%. Importante, sí, pero no decisivo en absoluto.
Esto significa que China está en buena posición para aguantar y dispone de al menos seis meses antes de que la crisis petrolera afecte a su economía. Si a ello se suma la postura de Irán, que ya está introduciendo el petroyuan en el cobro del tránsito de los pocos petroleros que atraviesan Ormuz con su consentimiento, lo que se planteaba como la gran presa pasa ahora a ser la gran cazadora.
China, y en menor medida India y Rusia (a los que se puede añadir ahora Irán si continúa resistiendo), han roto el monopolio de Estados Unidos sobre la cadena industrial global y su influencia en el discurso político, han sacudido la hegemonía del dólar, han disminuido su ventaja tecnológica y han incrementado la fuerza centrífuga en el sistema de alianzas. La capacidad de Estados Unidos para obtener beneficios extraordinarios mediante la manipulación de las normas, el monopolio tecnológico y la hegemonía financiera ha disminuido significativamente. Por lo tanto, solo le queda la guerra y, por ahora, la está perdiendo.
Esto supone una derrota estratégica colosal para EEUU, pues implica la pérdida del control financiero sobre el Golfo Pérsico.
La valoración del DB es importante no solo por lo que dice, sino porque expresa cómo los llamados «mercados globales» se equivocaron y subestimaron los riesgos de una guerra de este tipo, donde Irán no es Venezuela. Ahora se puede decir lo que el DB, pero esto también se interpreta como una muestra del pánico que comienza a aparecer si Irán continúa no solo resistiendo, sino imponiendo sus condiciones. En esas estamos. Trump puede seguir fantaseando y hablando de posponer ultimátums y cosas así, pero ya los famosos mercados no le hacen caso y sigue el pánico.
EEUU e Israel, y con ellos el resto de Occidente, han estado viviendo de ilusiones tras lo fácil que resultó la toma de Venezuela. Lo hicieron aceptando sin reparos la propaganda bélica sobre la rápida victoria, el control absoluto de la guerra y la subestimación del adversario. Un adversario que ha dado la vuelta a la guerra imponiendo un costo añadido: el control de Ormuz. Y eso está determinando las condiciones para el final de la guerra.
La prolongada demonización y el menosprecio de Irán por parte de Occidente han creado una burbuja que ha terminado estallando en la cara de Occidente. Años de basura han permeado a los supuestos «analistas» hasta el extremo de hablar de un país plagado de oposición interna y fuerzas separatistas, sumido en conflictos internos entre el gobierno y el pueblo, al borde del colapso económico y la caída de ese gobierno con matar a sus principales dirigentes, militarmente vulnerable y fácilmente derrotable. Ahora los «mercados» están saliendo de su sopor.
Sobre todo porque se ha subestimado no solo la resistencia del pueblo iraní, sino de la locura sionista. Occidente, el Occidente que se niega a asumir su responsabilidad en el genocidio de los pueblos, en la esclavitud, en el expolio colonial, es totalmente irracional. Y eso le lleva a malinterpretar la naturaleza de la «guerra asimétrica» de Irán. Evaluar la «guerra asimétrica» no debería centrarse en las pérdidas absolutas que un bando inflige al otro, sino en qué bando no puede sostener el conflicto. Para Irán, esta guerra es una cuestión de supervivencia nacional y étnica; para el público estadounidense, es «la guerra de Israel», una «guerra extraña», y su sostenibilidad depende de la disposición del público a asumir los costos y la duración del conflicto. El objetivo de Irán es sostener el conflicto a largo plazo, librando una guerra de desgaste que EEUU no puede costear. El equilibrio de poder está a favor de Irán, no de EEUU ni de Israel.
El análisis del DB se basa en el error de cálculo de los poderes económicos occidentales respecto a la guerra contra Irán. Estamos ante un acontecimiento geoeconómico sin precedentes, sin parangón en la historia. Una quinta parte del gas natural licuado mundial, más de una quinta parte del petróleo crudo, un tercio de los fertilizantes, más de la mitad del azufre y casi el 40 % del helio se transportan a través de esa zona del mundo. La inaccesibilidad de Ormuz tiene un impacto de gran alcance en las cadenas de suministro de energía y producción globales, e incluso en la seguridad alimentaria, que va más allá de lo que se suele creer. El poner la mirada en la caída del petrodólar es un síntoma de lo que está por venir.
Alberto Cruz
CEPRID
Ilustración Kaosenlared
Nota:
Alberto Cruz es periodista, politólogo y escritor. Su nuevo libro es “Las brujas de la noche. El 46 Regimiento “Taman” de aviadoras soviéticas en la II Guerra Mundial”, editado por La Caída con la colaboración del CEPRID y que ya va por la tercera edición. Los pedidos se pueden hacer a libros.lacaida@gmail.com o bien a ceprid@nodo50.org
También se puede encontrar en librerías.

