domingo, 27 de septiembre de 2026

El Lince: Del cliché de los idiotas a la impresión de la posibilidad alternativa


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Octubre Septiembre 24/2026 


Supongo que lo esperabais después de las elecciones en Sajonia-Anhalt: el análisis de lo ocurrido en otras dos elecciones en Alemania donde, para resumir, estamos ante el chiclé de los idiotas y la impresión de la posibilidad alternativa.

 

Un cliché es un lugar común, una idea o una expresión demasiado repetida o formularia. Una impresión es, en una de sus acepciones, una idea o concepto poco definido que se tiene de algo. Así hay que interpretar lo ocurrido en las elecciones en Mecklemburgo-Pomerania Occidental (el cliché) y en Berlín (la impresión).

En el primer caso el cliché del miedo a Alternativa para Alemania no ha tenido el menor efecto entre la gente, preocupada por otras cosas, y si algo ha tenido de efecto ese cliché ha sido precisamente a favor de la ApA. En el segundo, la impresión ha jugado a favor del otro, de Die Linke, porque se ha atrevido, en contra de la dirección federal, a plantear un programa «de máximos» muy alejado de la moderación y derechización de esa dirección federal.

Por partes. En Mecklemburgo la ApA ha arrasado aunque los socialdemócratas, aún bajando, han sido los principales beneficiarios del voto del miedo que ha arrastrado a todo el resto de los partidos del sistema. Y eso porque, al igual que lo ocurrido en Berlín con Die Linke, aquí la socialdemocracia se ha revestido con un discurso más «izquierdista» y totalmente enfrentado con el de la dirección federal.

En Berlín, Die Linke (la Izquierda) ha ganado con un programa sorprendente para lo que es hoy la progresía occidental. Lo voy a detallar un poco porque si encontráis algo parecido en las propuestas de los progres habituales en vuestros países, es mera coincidencia (un dicho que significa algo fortuito o accidental):

1.- Un nuevo impuesto sobre las villas de lujo por valor de más de 4 millones de euros, cuyos ingresos deberían financiar la congelación de los alquileres y la construcción de nuevas viviendas públicas en la ciudad (los precios aquí se han disparado en los últimos 20 años).

2.- Aumento del impuesto sobre las segundas residencias no alquiladas.

3.- Cierre de operaciones de compraventa de acciones, transacciones corporativas mediante las cuales los grandes fondos evitan pagar impuestos de registro comprando acciones de bienes inmuebles en lugar de edificios físicos individuales.

4.- Exención total del impuesto sobre la compra de la primera vivienda para familias de bajos ingresos.

5.- Reintroducción del impuesto sobre el patrimonio, con una exención inicial de 1 millón de euros de patrimonio neto y tipos progresivos del 1% al 5% para quienes tengan un patrimonio superior.

6.- Financiar el transporte público urbano gratuito o casi gratuito, las guarderías y la modernización de las escuelas.

7.- Aumentar el impuesto de sociedades para las multinacionales al 25%.

8.- Un impuesto especial sobre los beneficios extraordinarios acumulados por los gigantes energéticos.

A esto añadid otra cosa: pese a que no hace mucho tiempo la dirigencia de Die Linke en Berlín siguió el discurso pro-nazi de apoyo al país 404, antes conocido como Ucrania, y pro-genocida de apoyo al IV Reich sionista, antes conocido como Israel, para esta elección ha evitado en lo posible hablar del primero y se ha distanciado del segundo, hasta el extremo de que este partido ha sido duramente criticado por ello por el estercolero mediático calificándolo de «antisemita».

Esta es la razón por la que el 42% de la juventud (menos de 24 años) le ha votado, así como el 48% de menos de 35 años. Es este segmento de población quien tiene más problemas con la vivienda, como en toda Europa. Así que cuando alguien plantea cosas como las anteriores han acudido en masa a votar por ese alguien, sabiendo, o seguramente sin saber, que esas propuestas no son más que una quimera muy bonita, de imposible cumplimiento. De hecho, sus dos pretendidos socios de gobierno, los socialdemócratas y los verdes, ya han dicho que nanai a este programa «de extrema izquierda». Unos, los socialdemócratas, añadiendo que «rechazamos expresamente cualquier forma de socialización». Otros, Los Verdes, afirmando que no van a apoyar estas propuestas de «antisemitas». Die Linke, si tiene alguna posibilidad de gobernar, es con el apoyo de estos dos.

Si hay que ceñirse a las promesas de ese programa de Die Linke, hay una visión redistributiva centrada en combatir la especulación financiera, abordar la emergencia de la vivienda y reformar profundamente el sistema tributario local y nacional. Porque la vivienda en Berlín es el tema central, algo que viene desde el año 2000 como consecuencia de las privatizaciones tras la desaparición de la República Democrática Alemana y la consiguiente aparición, en enormes proporciones, de un parque de viviendas privadas en manos de unos pocos grupos empresariales. Por ejemplo, uno de los buitres especulativos, Vonovia, es propietario de 140.000 apartamentos en Berlín. Es solo una muestra de un menú en el que las grandes entidades financieras y los fondos de inversión privados gestionan entre 200.000 y 250.000 apartamentos en Berlín.

Ya en 2021, cuando Die Linke estaba en el gobierno de Berlín formando parte de una coalición con los socialdemócratas y Los Verdes, planteó ciertas iniciativas como estas que se tuvo que tragar cuando, tras amenazar con dejar el gobierno y dejarlo en minoría, no se atrevió a hacerlo finalmente. Entonces se había celebrado un referéndum donde por abrumadora mayoría la población había votado la expropiación, con indemnización y publicidad, de esos apartamentos en manos de los buitres especulativos. Ahora, dicen, la situación cambia porque son ellos la fuerza preponderante y no la minoritaria y por eso plantean «la aplicación inmediata» de ese referéndum.

Esto evidencia una cosa: cuando alguien abandona las cuestiones secundarias, muy secundarias, y se centra en las principales, la gente lo tiene claro. Pese a que a nivel federal, como digo, Die Linke tiene las mismas posturas que el resto de partidos burgueses y no ofrece ninguna perspectiva de cambio real. Es por eso que hablo de que Berlín da la impresión de una posibilidad alternativa que, al no cumplir, y no lo hará, romperá en mil pedazos la imagen «revolucionaria» de que se puede cambiar algo desde dentro.

En cualquier caso, es muy pronto para lanzar las campanas al vuelo porque es más que probable que cristianodemócratas, verdes y socialdemócratas reediten el gobierno que tienen ahora con una coalición pese al abrumador triunfo de Die Linke. La presión para ello va a ser brutal y la moderación y derechización de la dirección federal de Die Linke no va a ayudar en nada a los de Berlín.

Aquí tengo que hablar de la Alianza Sarah Wagenknecht-Por la Razón y la Justicia. Aunque ha subido se ha quedado a las puertas de entrar en los parlamentos de Mecklemburgo y de Berlín pero, en este último, sí ha entrado en los parlamentos distritales. Hay que hacer una aclaración: es como si en el Estado español no hubiesen entrado en el parlamento pero sí tuviesen representación en los autonómicos. En Berlín hay 12 distritos y la representación de la ASW es de 23 representantes, habiendo logrado un porcentaje del 7’1% en Marzahn-Hellersdorf (6% Los Verdes, 7’4% los socialdemócratas) y 7% en Lichtenberg (8’9% Los Verdes y 8’6% los socialdemócratas). No son malas cifras para una formación que acaba de llegar. Si hace dos meses hablaba de esta formación como de algo de esperanza, ahora me reafirmo en ello.

Y aunque sea una reincidencia, la postura de los socialdemócratas en Mecklemburgo y de Die Linke en Berlín ha sido diferente de la mantenida por las direcciones federales de ambos, a lo que hay que añadir una postura más pacifista que la beligerante no solo de sus propios partidos sino de los cristianodemócratas.

Otro sitio donde ha habido elecciones ha sido en Rusia, donde el Partido Comunista ha mantenido el segundo puesto (casi el 14%) aunque perdiendo más de un millón de votos que han ido a Rusia Unida. Voy a estar unos días fuera dando un par de conferencias y no puedo profundizar en ello porque los datos de la inmensa Rusia tardan en llegar. Si hay ocasión, me referiré a ellos a la vuelta.

La primera impresión es que el ataque sufrido por Rusia los tres días (18-20) en que se han celebrado las elecciones, ejecutado por el país 404 pero con el asesoramiento, apoyo y planificación de objetivos por los angloamericanos, solo ha servido para apuntalar aún más a Rusia Unida. Los euroatlánticos del Kremilin están frotándose las manos por ello, aunque reconozcan – de puertas a dentro, eso sí – que la aprobación del ataque se ha dado en EEUU. La participación electoral ha sido muy alta para los parámetros rusos (casi el 57%) y eso ha disparado a Rusia Unida en votos debilitando a quienes, como el PC, se oponen a la política interna del Kremlin. Se ha optado por reforzar al poder en vez de criticarlo. Otra deuda que tienen los euroatlánticos con EEUU.

El Lince

Fuente: elterritoriodellince.blogspot.com 

Las huelgas rompen récords en 2026, pero ¿por qué pasa y qué indica?


Por Òscar Murciano (*)



Mientras escribo estas líneas los bomberos forestales de Aragón inician una huelga indefinida, las bibliotecas y otros servicios del Ayuntamiento de Barcelona mantienen las propias o en el sector de defensa Airbus alcanza más de un mes de huelga, decidida por su plantilla contra el convenio firmado por CCOO. Mientras, la asamblea unitaria de docentes de la Comunidad de Madrid convoca, mediante los sindicatos, huelga indefinida desde el 14 de octubre.

La anomalía entre el sector público y privado y posibles causas

(*) Exsecretario de Acción Social y Sindical de CGT Catalunya

Fuente: Público 

Deleuze y la izquierda des-unida

                        
                                                                                                         
La cuestión no es que Deleuze renuncie a toda estrategia, sino que esa estrategia es incapaz de acumular fuerzas y derrotar al capital.
Gilles Deleuze | Fuente: Tintinades / CC BY-SA 4.0
Gilles Deleuze | Fuente: Tintinades / CC BY-SA 4.0

La obra de Gilles Deleuze se ha convertido en referente de cierta izquierda universitaria y en cantera conceptual de los movimientos sociales más dispares. Su pensamiento se ha vendido como una superación del marxismo tradicional, una filosofía de la diferencia capaz de pensar la multiplicidad sin reduccionismos ni jerarquías. Según sus apologetas, habría liberado al pensamiento crítico de la herencia del materialismo dialéctico, acusado de dogmático y totalitario.

La ontología de la diferencia afirmativa

Desde sus primeras obras sobre Hume, Nietzsche y Bergson, el proyecto filosófico de Deleuze se articula en torno a una tesis central: la diversidad no es un momento derivado de la identidad, sino la condición de posibilidad de toda determinación. A diferencia de la dialéctica hegeliana, que entiende el movimiento de lo real como la negación de la negación, Deleuze recupera una ontología de la afirmación pura, de la alteridad que se diferencia sin negar nada. En Diferencia y repetición (1968) esta tesis alcanza su formulación más sistemática. La identidad no es el punto de partida del pensamiento, sino un efecto de superficie, una ilusión generada por el juego de las multiplicidades. La tradición platónica y cristiana habría reemplazado esa potencia afirmativa por el imperio de la identidad y la semejanza. Esta operación tiene consecuencias políticas de primer orden. Si la diferencia no es un momento de la contradicción, sino una potencia creadora que se afirma sin negar, la lucha de clases (que es, en el pensamiento marxista, la forma concreta que adopta la contradicción objetiva) pierde su estatuto privilegiado. No es ya el motor de la historia, sino una diferencia más entre otras. En esta concepción, la contradicción entre capital y trabajo deja de ser la contradicción principal, y la praxis revolucionaria se queda sin fundamento ontológico.

El deseo como categoría fundante

En El Anti-Edipo (1972) y Mil mesetas (1980), escritos en colaboración con Félix Guattari, Deleuze traslada esta ontología a la realidad. La historia no es un proceso estructurado por la contradicción capital-trabajo, sino una dinámica de flujos deseantes, territorializaciones y desterritorializaciones. El capitalismo se muestra definido principalmente como una máquina abstracta que descifra los flujos y los vuelve a territorializar, más que como un modo de producción que se basa en la explotación del trabajo asalariado. La plusvalía no es la forma concreta de la explotación, sino un efecto de la axiomática capitalista. Y la clase obrera no es el sujeto revolucionario, sino un agente más, entre otros, sin ningún privilegio ontológico ni estratégico. En las primeras páginas de El Anti-Edipo, Deleuze y Guattari afirman que solamente existe el deseo y lo social, y que las fuerzas más represivas de la reproducción social son ellas mismas producidas por el deseo. Esta frase condensa todo el programa: la categoría fundante es el deseo, no la contradicción. Este error de concepción no es solo político, sino categorial. La alteridad deleuziana es una noción abstracta. La contradicción materialista, por el contrario, es una categoría histórica concreta, que solo tiene sentido dentro de un modo de producción dado. Dando prioridad a la multiplicidad sobre la contradicción, Deleuze lleva a cabo una deshistorización del conflicto social: lo convierte en una potencia natural, presente en todas las sociedades y en todos los tiempos, y por tanto incapaz de fundar una estrategia política concreta. Este concepto de la diferencia no explica por qué el capitalismo es una formación histórica determinada; lo que la explica es la contradicción.

La alternativa de la filosofía de la praxis

La filosofía de la praxis ofrece a este respecto una alternativa categorial y política. El marxismo-leninismo no es ni debe ser, tal y como lo formularon Lenin en sus Cuadernos filosóficos y Gramsci en sus Cuadernos de la cárcel, una escolástica petrificada, sino una ciencia de las leyes más generales del movimiento de la materia. Las tres leyes de la dialéctica no son fórmulas vacías, sino instrumentos de análisis probados. La más importante para nuestra discusión es la ley de la unidad y lucha de los contrarios. A Lenin le pareció que esta era la esencia de la dialéctica: la división de un todo único y el conocimiento de sus partes contradictorias. Mao Tse-tung la desarrolló con una claridad que sigue siendo una herramienta indispensable: la contradicción es universal y absoluta, pero cada contradicción es específica, y la tarea del revolucionario es identificar la contradicción principal, jerarquizarla y actuar en función de ella. La tradición materialista, en sus mejores momentos, no renunció a la contradicción, sino que la pensó como el motor de una totalidad histórica en movimiento.

El marco categorial  de Deleuze le impide pensar el conflicto como contradicción objetiva ya que el deseo no es una categoría dialéctica, es una categoría vitalista, cuyas raíces se remontan a Nietzsche y Bergson, no a Marx y Lenin. Ese vitalismo, por muy radical que se pretenda, reproduce estructuralmente el esquema de una potencia inmanente previa a toda determinación histórica concreta. El Dios de Spinoza resurge bajo la forma de la multiplicidad deseante: una fuerza que se afirma sin negación y se despliega sin obstáculo. Y como toda metafísica de la inmanencia, tiene una función ideológica precisa: consolar al sujeto de la dureza de la lucha de clases, ofrecerle una imagen donde el conflicto no es estructural sino accidental, y por tanto donde la revolución no es una necesidad histórica sino una posibilidad entre otras.

Diagnóstico y terapia: el error político fundamental

Es cierto que Deleuze y Guattari supieron captar, con una agudeza poco común, la forma de operar del capitalismo tardío. El capital financiero, las redes y los algoritmos parecen funcionar de manera rizomática, sin centro ni jerarquía. El capitalismo actual ya no se parece a la fábrica fordista: es una red de redes, un plano de inmanencia sobre el que circulan y se transforman sin cesar las subjetividades. En ese sentido, Deleuze describió con notable precisión el modo en que el capital opera hoy.

El problema es que confundió el diagnóstico con la terapia ya que si el capitalismo funciona de manera rizomática, no se sigue de ello que la resistencia deba funcionar también de manera rizomática. Ese es el salto lógico que Deleuze no justifica. El capital no necesita de un centro para reproducirse; por eso, precisamente, la resistencia no puede limitarse a la proliferación de focos locales sin articulación. El capital no le tiene miedo a la dispersión; se alimenta de ella. Su medio natural es la desterritorialización. Ahí está el mecanismo preciso mediante el cual la micropolítica funciona para el sistema. Si la lucha es una proliferación indefinida de singularidades sin sujeto político que dispute el poder, la fragmentación deja de ser un problema y se convierte en virtud. La dispersión se convierte en horizonte y el resultado es una izquierda que festeja su propia impotencia como forma superior de radicalidad, mientras el capital acumula poder real.

Conclusión

La política deleuziana es una micropolítica de gestos, intensidades y subjetivaciones minoritarias. No es que carezca de estrategia; propone otra estrategia (molecular, nómada, de líneas de fuga) que no puede sustituir la estrategia de clase ni la disputa por el poder político. La cuestión no es que Deleuze renuncie a toda estrategia, sino que esa estrategia es incapaz de acumular fuerzas y derrotar al capital. Esta micropolítica ha sido la coartada teórica de cierta izquierda académica que ha renunciado a transformar el Estado y la economía y ha atomizado a los movimientos sociales. En vez de organizar a la clase obrera, se recrea en la multiplicidad de las luchas y la potencia de las singularidades. Y mientras tanto el capital sigue explotando, el imperialismo sigue matando, la extrema derecha sigue avanzando. La micropolítica deleuziana no es una alternativa al reformismo, sino su forma más sofisticada.

Frente a esto, la filosofía de la praxis no niega la diversidad sino que la integra en una totalidad estructurada por contradicciones objetivas. No niega la fuerza del deseo: la pone al servicio de la emancipación. No niega la multiplicidad de las luchas: las articula en torno a la contradicción principal. La transformación social no es una línea de fuga, sino la construcción de un nuevo poder por la mayoría social organizada. 

sábado, 26 de septiembre de 2026

Transitando por el umbral de una nueva era


Con un totum revolutum como plantea, no se aclara ni resuelve nada porque el futuro se escribirá según el resultado final del vencedor de la lucha de clases en esta crisis sistémica y final, de un mercado global finito monopolizado del capital imperialista: si gana la multipolaridad avanzaremos hacia una sociedad más plural y democrática en las relaciones comerciales y políticas, donde la luchas de clases será el motor de desarrollo en estas sociedades pero sin la intromisión ni injerencia de ningún sistema imperial, aunque la influencia ideológica, política y cultural en un mundo globalizado condicionará la lucha de clases pero no la determinará por el derecho soberano internacional y todo ello, bajo un sistema de producción capitalista de mercado planificado o soberano sujeto a los acuerdos aceptados bajo el derecho internacional de la ONU, mientras el desarrollo en los países socialistas genera el nuevo modelo de producción socialista y soberano y si gana el imperialismo unipolar, se generará un nuevo sistema de dominio despótico basado en todas las formas de explotación que la sociedad de clases por la propiedad privada ha creado, que lo llevará a una sociedad y un mundo distópico y al fin de la humanidad, tal como Epstein la proyectó en su isla con la participación de toda la élite económica política y cultural del capitalismo imperialista occidental, generadora de la teoría queer como distopía de futuro ante su final tal como Trump la escenificó en su gloria de forma grosera, con su intervención en la Asamblea General de la ONU bajo el silencio internacional por la fuerza de su armamento nuclear: Nota de Alonso Gallardo



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“Lo que está abajo, está arriba; y lo que está arriba, está abajo”. (‘I Ching’)

Una crisis manifiesta

Hace algún tiempo caracterizábamos el actual periodo como de crisis. No hemos cambiado de opinión al respecto. Agregábamos, sin embargo, algo más: que no se trataba de cualquier crisis. Estimábamos que se trata de una crisis extremadamente severa que nos atrevimos a calificar de ‘estructural’, propia de ‘un traspaso de umbral’ pues nos parecía (y nos parece) que la humanidad va camino hacia un cambio de época. Esa idea la seguimos sosteniendo hasta el día de hoy.

Nuestra tesis se apoya en esa premisa según la cual lo que caracteriza el traspaso de una época a otra es la aparición de un instrumento de trabajo específico, que marca un antes y un después en el devenir de una sociedad. O. como lo señala Karl Marx: “Lo que diferencia unas épocas de otras no es lo que se hace sino cómo, con qué medios de trabajo se hace”.

Ese instrumento de trabajo, que nos sugiere hoy la inminencia de un cambio de era, es la inteligencia artificial (IA); a nuestro juicio, constituye el más alto grado de desarrollo al que han llegado las fuerzas productivas de la sociedad. Y, al expresar aquello, queremos referirnos en específico al desarrollo del ingenio humano.

La inteligencia artificial

Podemos intentar definir la inteligencia artificial como un complejo entramado de la informática que permite, tanto a individuos como a estructuras mecánicas, realizar tareas que requieren de la inteligencia humana.

Nuestro buen amigo José Luis Valenzuela la define como un “[…] conjunto de programas que, sobre la base de algoritmos, se comportan como un ser humano”.

Puede, también, conceptualizarse la IA como numerosos “[…] programas que, sobre la base de acceder a conocimiento existente, son capaces de resolver problemas y/o generar nuevo conocimiento”.

La inteligencia artificial es, hoy, repetimos, el instrumento de trabajo por excelencia. Supera a todos cuantos han sido inventados por el ser humano en el pasado y constituye la culminación de un sostenido proceso de creación de numerosas herramientas digitales entre las que podemos señalar a la impresora tridimensional, la robótica, los vehículos autónomos, la realidad virtual y la realidad aumentada, la ‘big data’ y la ‘data mining’, el internet de las cosas (IOT), la cuántica, la genética y la genómica, el ‘blockchain’, los nuevos materiales y la revolución energética.

Fuerzas Productivas (FP) y Relaciones de Producción (RP)

No es la primera vez que nos referimos a este binomio, que constituye la esencia misma del modo de producción capitalista. Su estructura básica.

Las fuerzas productivas constituyen el ingenio humano que está en constante superación; las relaciones de producción son los nexos que unen al trabajador con el no trabajador y el proceso productivo. Tienen una característica especial pues, en definitiva, se expresan en el carácter de relaciones de propiedad. Volveremos sobre el particular.

Las relaciones de producción deben estar siempre en armonía con el constante desarrollo que experimentan las fuerzas productivas. Si se nos permite el empleo de una metáfora para ilustrar su naturaleza, podríamos compararlas a una cañería que debe irse adecuando permanentemente al volumen de agua (las fuerzas productivas) que se transporta a través de ella; en otras palabras, un tubo que debe experimentar constantemente nuevas y sucesivas transformaciones en tanto aumenta el caudal del agua que transporta. Cuando ello no sucede, ambos elementos entran en contradicción. Puesto que las fuerzas productivas están en perpetuo desarrollo, las relaciones de producción deben alterarse; al no resolverse esa pugna, “[…] se abre una época de revolución social”.

Así, pues, una simple discordancia entre ambas categorías puede hacer que se agiten las contradicciones sociales hasta provocar un cambio social de envergadura. Y cuando ello ocurre, hasta la emergencia de un nuevo modo de producción es posible.

La crisis actual

La generalidad de los análisis acerca de los cambios que han tenido lugar en el planeta se centran en un examen más o menos acucioso de la región jurídico/política del modo de producción. Como si allí se encontrase la raíz de los conflictos que conmueven a la sociedad. Y no pocos están contentos en admitir que el sostenido avance de posiciones extremadamente conservadoras se debe a acomodos y reacomodos al interior de esa región.

Nuestra idea, al respecto, no es esa. Estimamos que el desarrollo sostenido de las fuerzas productivas ha creado conflictos insoslayables con las relaciones de producción y que la crisis actual no es más que la manifestación de aquella, que busca ansiosamente una forma de resolverse.

No es, por consiguiente, la presencia de comportamientos inadecuados de una ‘izquierda’ que ha ido asumiendo cada vez con mayor fuerza las ideas de una ‘derecha’ ―lo que, en verdad, no es algo nuevo sino un comportamiento que ha devenido en normal a través de la historia― la razón de la crisis, sino un conflicto que tiene raíces en la estructura misma del modo de producción vigente.

Pérdida de hegemonía y aceleración de la competencia

La crisis tiene sus raíces en la pérdida de hegemonía del sistema unipolar planetario y la aceleración de la competencia en la posesión de cada vez más sofisticados y complejos instrumentos de guerra. Estos instrumentos bélicos permiten, por una parte, disuadir al potencial enemigo de ejecutar cualquier acción armada o, en su caso, derrotarlo si la disuasión no ha tenido efecto. Podemos entender, de esta manera, el descomunal auge que ha experimentado en estos últimos años el complejo militar/industrial de los Estados Unidos y el rol de vendedor de insumos bélicos que ha desempeñado el presidente Trump.

Naturalmente, esta exacerbación de la competencia conlleva a forzar constantemente el desarrollo de las fuerzas productivas. Y en consecuencia, a la necesidad de adecuar las relaciones producción a esa aceleración. La crisis se hace manifiesta y las soluciones más disparatadas aparecen como fórmulas ideales para resolver los problemas que se presentan.

No debe sorprender que las diversas fracciones de la clase dominante a nivel planetario busquen, en esa dinámica, una solución rápida a sus problemas y aparezcan sujetos desmesurados, energúmenos con incontinencia verbal, verborreicos que no raciocinan sino insultan y ofrecen, como mágica y novedosa receta, soluciones que no demandan esfuerzos intelectuales pues sólo contemplan el empleo exhaustivo de la fuerza.

La emergencia de una élite política planetaria

El triunfo de la nueva élite política planetaria se enmarca en esta crisis. No es casual. Reiteramos lo dicho anteriormente: responde a la necesidad que tienen los sectores dominantes de resolver los agudos problemas sociales que provoca el manifiesto debilitamiento del hegemón ante una sociedad que parece desafiarlo con otras propuestas. La competencia por el control planetario se exacerba; las fuerzas productivas experimentan un crecimiento sin precedentes. Sin embargo, las relaciones de producción se mantienen anquilosadas. La crisis adquiere mayor gravedad.

La historia nos enseña que, a menudo, la sociedad humana en manos de sujetos inescrupulosos ―muchos de ellos con graves trastornos mentales―, resuelve en la práctica de la guerra, los traspasos de umbral hacia otra época. Es lo que debemos evitar a toda costa. Porque la situación de hoy no es la de ayer: el arsenal nuclear es el peligro. Es urgente evitar que se cumpla la condición implícita de un eventual enfrentamiento  pues la existencia de ese material bélico conlleva a lo que se denomina ‘destrucción mutua asegurada’ o DMA, por sus siglas en castellano.

La crisis no se resuelve con el cambio de la élite política planetaria

La crisis que enfrenta la sociedad no se resuelve con el simple cambio de la élite política planetaria: estamos frente a una crisis estructural. Como lo afirmáramos en otro de nuestros trabajos, gran parte de los sujetos que integran esa élite son seres esencialmente fungibles, personajes intercambiables unos con otros. Pero son, a la vez, tremendamente perversos porque no fueron elegidos sino para realizar una labor que requiere que lo sean. Si tuviésemos que clasificarlos dentro de algunas de las fracciones de la clase dominante podríamos decir de ellos, junto con André Gunder Franck, que pertenecen al estrato que denominara ‘lumpenburguesía’. En el caso de Benzion Mileikowsky (alias Benjamín Netanyahu), paradojalmente, se dice de él que es el más benigno de todo el equipo que trabaja a su lado; no se habla de manera diferente de Donald Trump. Y podríamos agregar nosotros: lo mismo ocurre con quienes, por obra y gracia del manejo de algoritmos, gobiernan gran parte de Latinoamérica. La impresión que muchos tenemos de este fenómeno es que ni siquiera estos mismos sujetos se dan cuenta del rol que tienen asignado. Son marionetas de un poder que ni siquiera conocen. O si empleamos los conceptos de Martin Shubik, son verdaderos ‘títeres estratégicos’.

Que la crisis del SKM no pueda resolverse con el simple reemplazo de la élite política planetaria se debe a que se trata de un problema más grave: las relaciones de producción exigen adecuarse al giro que han experimentado las fuerzas productivas de la sociedad. Y eso no lo puede hacer esa élite. Porque las relaciones de producción se expresan, en el MPK, en relaciones de propiedad. Y éstas, a su vez, constituyen la esencia de aquel.

Un cambio en la forma de producir

Así, al parecer, no estamos simplemente ante la necesidad de cambiar la forma de acumular. Es decir, de inventar otro ‘modelo económico’ que reemplace al actual. No. Nos parece que nos encontramos en otra fase de la evolución de la sociedad humana.

La transformación de las relaciones de producción ―para adaptarse a los cambios que han experimentado las fuerzas productivas de la sociedad―, implica introducir drásticas alteraciones a las relaciones de propiedad. Y ello pone en peligro la esencia del MPK. Por ello se abren períodos de crisis que no son cortos. Por el contrario: pueden manifestarse como tremendamente largos. Es lo que ha sucedido en el curso de la historia. Sin embargo, eso no significa que siempre ha de ser así.  Nada impide que, bajo ciertas circunstancias, esas crisis muestren un rostro más benigno y se hagan cortas. Como puede suceder con la actual. Pero no es lo usual.

La élite política planetaria tiene su norte

La élite política planetaria tiene conciencia de su rol: es parte del estrato dominante. Sabe que debe dominar. Los sectores más lúcidos de ella saben que la vigencia del Estado es un lastre para el proyecto que sustentan. No por algo así lo consigna el manifiesto de Palantir: el Estado debe destruirse desde dentro. Pero esta destrucción implica otra: también la democracia constituye un escollo para los planes de esa élite.

Los sectores dominados, nos enseña Gramsci, al contrario de los dominantes, no tienen conciencia de su rol. No debería sorprender que gran parte de la denominada ‘izquierda’ salga en defensa de ambas instituciones, olvidando que tanto la una como la otra han sido instrumentos de dominación del SKM y, en su tiempo, constituyeron los temas más relevantes en los debates de los teóricos de la ciencia social. Porque, en los momentos de crisis, el ‘inmediatismo’ toma el control absoluto de las conductas sociales. No por otra causa es posible que queden en el olvido las animadas discusiones entre Mijail Bakunin y Karl Marx acerca de si el Estado debía ser destruido o si debiera extinguirse al instaurarse una nueva sociedad; atrás quedará, igualmente, el epistolario entre Friedrich Engels y August Bebel aseverando que debiera terminar toda la charlatanería acerca del ‘Estado de los trabajadores’ o del ‘Estado proletario’ y emplear, en su reemplazo, la expresión ‘Comunidad’ (‘Gemeinwessen’), alternativa propuesta por el primero a la nueva forma de organizarse de la sociedad que habría de suceder a la actual.

Pero estos períodos de crisis no son del todo negativos.

‘Hay tiempo para todo’ (Omnia tempus habent)

‘Hay un tiempo para todo’, señala el Eclesiastés, ‘tiempo para vivir, tiempo para morir’. Porque esos espacios son los momentos más propicios para abrirse a soluciones racionales. A la vez, el momento de acumular fuerzas y transformar a los movimientos sociales no en efímeros estallidos sino en el instrumento más idóneo para hacer posible la promesa de una nueva sociedad. Esos espacios constituyen momentos inmejorables para meditar acerca de aquello. Y en la articulación, por consiguiente, de un nuevo modo de producir.

Sin abandonar las urgencias contingentes, se hace necesario reflexionar acerca del modelo social que convendría instalar. Lo cual exige determinar los instrumentos teóricos a emplear para la realización de ese cometido. Y, consecuentemente, la forma de llevarlo a cabo. El intercambio de ideas es crucial. Es en la interacción social donde se encuentran los espacios más próximos a la verdad porque ―no lo olvidemos―, ‘la verdad es el todo’. Y es que superar a los sectores dominantes no es cualquier tarea.

La crisis que nos espera

Nos gustaría decir que la crisis actual puede superarse y que, tras ella, pueden venir tiempos mejores. Sin embargo, no es así: hay una crisis que no espera y jamás va a hacerlo, que avanza inexorablemente y cuyos efectos pueden acarrear consecuencias catastróficas para la humanidad. Nos referimos a la crisis ecológica.

No se trata que la tierra vaya a desaparecer (algo que también es posible), como a menudo se supone, o que se vaya a terminar la vida sobre el planeta, sino que, de continuar el rumbo que han tomado hasta ahora los acontecimientos, los efectos del llamado ‘cambio climático’ pueden terminar con el género humano. Insistimos: no va a terminar con la vida en el planeta: hay seres vivos que han sido descubiertos en hábitats imposibles de tolerar para los mamíferos. Y no solamente sobreviven sino se reproducen y prolongan su existencia en ese ambiente hostil. Es el ser humano quien se encuentra amenazado por la acción de otros seres humanos que construyeron una sociedad para ellos y no para la humanidad. Es nuestra preocupación. El dilema que tenemos por delante.

Referencias

Marx, Karl: “Das Kapital”, Tomo I, disponible en INTERNET.

Valenzuela, José Luis: “La humanidad en la encrucijada”, Editorial Senda/Senda Förlag i Stockholm, 2019, pág.300.

Valenzuela, José Luis: “La humanidad en la encrucijada”, Editorial Senda/Senda Förlag i Stockholm, 2019, pág.300.

Véase de Karl Marx su ‘Prólogo a la Introducción a la crítica de la economía política”, disponible en varias páginas de INTERNET.

El presidente de Argentina Javier Milei es quien representa con mayor propiedad a esa clase de sujetos, así como también el ministro israelí Itamar Ben Gvir

Algunos de los miembros de la llamada ‘tecnocracia digital’ como Elon Musk están afirmando que en pocos años más el dinero dejará de existir y todos podrán tener lo que deseen porque habrá máquinas haciendo las labores humanas. Bill Gates, por su parte, ha comenzado a regalar parte de su fortuna a algunas instituciones (algunas de aquellas son suyas, naturalmente). No queremos decir con ello que se hayan vuelto ‘de izquierda’ sino mostrar las contradicciones que esas mismas élites experimentan.

Véase de André Gunder Franck su obra ‘Lumpenburguesía y Subdesarrollo’.

La obra de Martin Shubik es ‘La teoría del juego para las ciencias sociales’. El concepto de ‘títeres estratégicos’ lo emplea Shubik para referirse a personas que participan en un juego social e ignoran que son jugadores.

SKM Sistema capitalista mundial.

MPK Modo de producción capitalista.

Las llamadas bacterias ‘extremófilas’, que viven en los respiraderos hidrotermales o fumarolas, son un ejemplo de ello. 

‘Buscando a Lorca’

                           
                                                                                              

22 de septiembre de 2026

Portada del último libro de Ian Gibson titulado: "No me encontraron".

Nuestro poeta se ha convertido en símbolo mundial de los desaparecidos del franquismo. 

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Cada vez que llega el 18 de agosto, todos nos hacemos la misma pregunta: ¿dónde está Lorca? Asesinado por los franquistas, tal día como hoy hace 90 años, nuestro poeta y dramaturgo más universal, traducido a 50 idiomas, se ha convertido en símbolo de las víctimas del franquismo; el desaparecido más llorado y buscado del mundo. Durante décadas, el día que mataron a Lorca fue objeto de polémica. Hasta que en 2005, el investigador Manuel Titos Martínez encontró una carta escrita por el abogado golpista José María Bérriz, dirigida a los banqueros granadinos Rodríguez Acosta. La misiva decía así: «Manuel y Bernabé llegan ahora, 13:30, de su guardia en la Casa de la Perra Gorda, me dicen que han matado anoche las fuerzas de Falange a Federico García Lorca» (18 de agosto de 1936).

Llevamos 77 años buscando a Federico, desde que el hispanista británico Gerald Brenan empezó a investigar la muerte del poeta en 1949, sólo 10 años después del fin de la guerra, en una Granada que sufría la dura represión del régimen franquista. Brenan pensó al principio que el poeta había sido asesinado en las tapias del cementerio, junto con 4.000 granadinos más. Pero un confidente le informó que lo habían llevado a Víznar. Fue el primer investigador que rastreó y localizó el entorno del barranco de Viznar-Alfacar, escenario del crimen.

El hispanista británico Gerald Brenan empezó a investigar la muerte del poeta en 1949, sólo 10 años después del fin de la guerra, en una Granada que sufría la dura represión del régimen franquista.

En su libro titulado «La Faz de España» nos dice: «Lorca fue llevado directamente desde la casa de los Rosales hasta el depósito falangista de Víznar. Luego, al amanecer, había sido llevado al barranco cerca de allí y fusilado». Más tarde, añade: …y le obligaron a cavar su propia tumba, antes de fusilarlo».

Dos años después, en 1951, visitó el barranco de Víznar el investigador francés Claude Couffón. En su libro, «Granada y García Lorca» nos dice: «Al amanecer, en compañía de otros detenidos, Federico trepó el sendero polvoriento que corre al lado del lecho pedregoso de un río casi seco…y mientras marchaba hacia la muerte, el poeta pudo contemplar, en la luz violeta del amanecer, el paisaje grato de su corazón. Y a lo lejos, pasando Santa Fe, la masa oscura de los álamos que esconde Fuente Vaqueros, su pueblo natal».

Claude Couffón, el segundo investigador que buscó a Lorca, nos dice: «Al amanecer, en compañía de otros detenidos, Federico trepó el sendero polvoriento que corre al lado del lecho pedregoso de un río casi seco…mientras marchaba hacia la muerte.

El tercer investigador, Agustín Penón, aparece por el barranco de Víznar cuatro años después, en 1955. Han pasado ya 16 años, desde el fin de la guerra, pero la represión contra los vencidos sigue siendo muy dura e impone a Granada el miedo y el silencio. A pesar de todo, Penón le echa valor, se hace amigo de los falangistas Rosales para no levantar sospechas, y logra importantes testimonios sobre la muerte de Lorca. Incluso, el testigo Manolo Castilla Blanco le asegura haber sido el enterrador del poeta y sus compañeros de muerte, y le lleva hasta  el lugar donde dice que enterró su cadáver, junto a un olivo, en el municipio de Alfacar. La policía franquista vigila a Penón, pero no se atreve a detenerlo, pues al ser estadounidense, piensa que está investigando para la CÍA, el amigo americano.  

Agustín Penón llega a Víznar en 1955. Han pasado ya 16 años, desde el fin de la guerra, pero la represión contra los vencidos sigue siendo muy dura e impone a Granada el miedo y el silencio. A pesar de todo, Penón le echa valor y sigue investigando el asesinato del poeta.

Agustín Penón permanece dos años en Granada recogiendo testimonios,1955 y 1956, pero vuelve a Nueva York y no hace público el resultado de su investigación. Lo que se conoce como el misterio de Penón. Seguramente, no quiso comprometer a sus confidentes para evitar que fueran víctimas de represalias por parte de un régimen que seguía matando. La novela gráfica de Enrique Bonet: «La araña del olvido» cuenta las peripecias de Agustín Penón en una Granada en la que todavía era peligroso pronunciar el nombre de Federico García Lorca.

La novela gráfica de Enrique Bonet: «La araña del olvido» cuenta las peripecias de Agustín Penón en una Granada en la que todavía era peligroso pronunciar el nombre de Federico García Lorca.

En 1964, la hispanista francesa Marcelle Auclair visita el barranco de Viznar-Alfacar para buscar la fosa de Federico. Se siente impresionada por las crónicas de Gerald Brenan y Claude Couffon y quiere seguir investigando el asesinato del poeta.

Auclair reclama información a los gerifaltes de la dictadura e insiste, hasta  conseguir que el régimen franquista le entregue un informe policial infame en el que reconoce, por primera vez, haber asesinado a Lorca por ser «socialista, masón y prácticas de homosexualismo y aberración».

En 1964, la hispanista francesa Marcelle Auclair visita el barranco de Viznar-Alfacar para buscar la fosa de Federico. Se siente impresionada por las crónicas de Gerald Brenan y Claude Couffon y quiere seguir investigando el asesinato del poeta.

Marcelle Auclair escribe en 1968 el libro: «Infancia y muerte de García Lorca», en el que narra su experiencia lorquiana.

Un año después, en 1965, es el hispanista Ian Gibson quien aparece por Víznar buscando a Lorca. El mismo testigo Manolo Castilla Blanco señaló, tanto a Penón como a Gibson, dónde enterró al poeta, junto a un olivo de Alfacar. ¿Engañó Manolo Castilla a los guiris, como dicen las malas lenguas?

Ian Gibson insiste en que le dijo la verdad.

UN LIBRO CLANDESTINO

Sin embargo, mientras Penón guardó silencio y no publicó nada en 1957, Gibson dio a conocer, seis años después, su primer libro titulado: «La represión nacionalista de Granada en 1936 y la muerte de Federico García Lorca». Un libro clandestino, editado por Ruedo Ibérico en 1971, y prohibido por Franco. 

«La represión nacionalista de Granada en 1936 y la muerte de Federico García Lorca». Portada del  libro clandestino de Ian Gibson, editado por Ruedo Ibérico en 1971 y prohibido por Franco.

El biógrafo lorquiano, nos dice: «Al llegar a Granada, entablé amistad, poco a poco, con intelectuales y artistas granadinos, varios de los cuales habían conocido muy bien a García Lorca. Noté que, en nuestras conversaciones, se hablaba cada vez con mayor libertad del asesinato del poeta. Me di cuenta de que, sin haberlo pretendido, iba reuniendo una masa informe de datos, no sólo sobre la muerte de Lorca, sino también acerca de aquella atroz hecatombe en la que perdieron la vida miles de granadinos inocentes. Entonces vi que sería un error considerar la muerte del poeta como un acontecimiento aislado, y que su verdadero significado sólo se podría captar en la perspectiva global de la represión franquista en Granada. Por las tertulias corrían docenas de versiones sobre las circunstancias de la muerte de Lorca. Comprendí que la única forma de enterarme de lo ocurrido verdaderamente en Granada, durante la represión, sería llevar a cabo una investigación personal». 

Ian Gibson, biógrafo de Lorca: «En la Granada de 1965 corrían docenas de versiones sobre la muerte de Lorca. Comprendí que la única forma de enterarme de lo ocurrido sería llevar a cabo una investigación personal».

Y para acercar la figura de Lorca a un público joven, Gibson también se convierte en guionista de la novela gráfica: «Vida y muerte de Federico García Lorca», ilustrada por Quique Palomo, en la que describe así al poeta: «Siempre solidario con los que sufren, Lorca fue un manantial permanente de creatividad, capaz de alumbrar, en sólo veinte años, una obra universalmente admirada. La historia que aquí se cuenta no dejará indiferente a nadie».

Para acercar la figura de Lorca a un público joven, Gibson se convierte en guionista de la novela gráfica: «Vida y muerte de Federico García Lorca», ilustrada por Quique Palomo.

ROMPER EL SILENCIO

Y en 1975, año en el que murió el dictador, el periodista y escritor Eduardo Castro se presenta con su libro «Muerte en Granada, la tragedia de Federico García Lorca». Es la primera vez que un investigador granadino se atreve a romper el silencio, impuesto por la dictadura, sobre los últimos días de Lorca. Antes, sólo hispanistas llegados del extranjero habían investigado el asesinato del poeta.

En este libro, Eduardo Castro describe el ambiente de extrema polarización y persecución ideológica que se vivía en Granada. También investiga sobre quiénes intervinieron en la detención y asesinato de García Lorca. Y reflexiona sobre el silencio impuesto durante el franquismo, en torno a la muerte del poeta, que se convirtió en símbolo universal.

MIEDO, OLVIDO Y FANTASÍA

Ya en 2001, la editora Marta Osorio publicó el manuscrito inédito de Penón con el título: «Miedo, olvido y fantasía», crónica de una investigación sobre García Lorca. Un libro póstumo en el que Penón nos dice: «Mi sueño de adolescencia fue poder rescatar el cuerpo de Federico. Este fue mi deseo, desde que hacia tantos años, allá en Barcelona, supe de su trágica muerte. Pero no, tampoco ahora será posible: ¿que podría hacer yo solo con una colección de huesos y calaveras? Me sentiría perdido, necesitaría el asesoramiento de médicos forenses para la identificación y oficialmente no me lo permitirían, y hasta podría poner en peligro todo el trabajo que ya llevo hecho».

En 2001, la editora Marta Osorio publicó el manuscrito inédito de Penón con el título: «Miedo, olvido y fantasía», crónica de una investigación sobre García Lorca.

NI UNA ESQUIRLA DE HUESO

En 2009, la Asociación Granadina para la Recuperación de la Memoria Histórica (AGRMH), con los historiadores Rafael Gil Bracero y Maribel Brenes, logró el apoyo del juez Baltasar Garzón para buscar la Fosa de Lorca en Alfacar. Sin embargo, el juez fue eliminado de la carrera judicial, víctima de una operación de acoso y derribo por parte del Tribunal Supremo. Este tribunal aplicó la Ley de Amnistia de 1977, como una ley de punto final, para impedir la investigación de los crímenes del franquismo. 

Por entonces, publiqué mi libro «Los paseados con Lorca». En el capítulo que titulé «Una fosa con polémica» recordaba cómo los nietos de Dióscoro Galindo y Francisco Galadí, asesinados y enterrados junto el poeta, estaban dispuestos a pedir amparo judicial al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, ante la oposición frontal de la familia Lorca a abrir la fosa común: «No queremos que la fosa se convierta en un espectáculo mediático», decía Laura García de los Ríos. 

Por entonces publiqué mi libro «Los paseados con Lorca». En el capítulo titulado «Una fosa con polémica» recordaba cómo los nietos de Dióscoro Galindo y Francisco Galadí, asesinados y enterrados junto el poeta, estaban dispuestos a llegar a los tribunales, ante la oposición frontal de la familia Lorca a abrir la fosa común.

Antes incluso de empezar la excavación, el diario ultraderechista La Razón intentaba boicotear la apertura de la fosa con un titular infame y alarmista: «Pasen y vean, el circo de Lorca, a punto de comenzar».

Y desde la AGRMH respondían: «No habrá espectáculo, pues la fosa se abrirá con garantías de discrecionalidad y con el rigor científico del equipo de la Universidad Granada».

Afortunadamente, tuvimos una segunda oportunidad, cuando la consejera de Justicia Begoña Álvarez nos dio autorización administrativa para realizar la primera búsqueda arqueologica de la fosa del poeta.

Eso sí, al poco tiempo fue destituida. 

Tuve el privilegio de participar en aquella búsqueda, durante el lluvioso invierno de 2009. Ahora, las excavaciones se han profesionalizado, pero entonces éramos profesores, abogados o periodistas, convertidos en voluntarios. 

Dirigidos por el arqueólogo Francisco Carrión, de la UGR, cogimos picos y palas y estuvimos dos meses removiendo la tierra, que se había convertido en fango. Trabajábamos, protegidos por carpas y acosados por la prensa gráfica de medio mundo, que se tiró al monte buscando la foto del año: todos esperaban el momento en el que íbamos a exhumar los restos del poeta. Pero como dijo Carrión: «no hemos encontrado ni una esquirla de hueso». Las malas lenguas hablaban de fracaso. Todo lo contrario, buscar la verdad es el mayor éxito de una sociedad democrática.

Ian Gibson deposita flores en el monolito dedicado a Lorca en el Parque de Alfacar, donde la AGRMH hizo la primera búsqueda de la fosa del poeta en 2009. Foto: Asociación Verdad, Justicia y Reparación.

Solicitamos excavar también en el Caracolar, pero no nos dieron permiso. Incluso en el barranco de Víznar, tampoco nos autorizaron. Juan Gallo, entonces comisario de la Memoria Histórica, afirmaba: «No estoy dispuesto a convertir el barranco de Víznar-Alfacar en un queso «gruyére». Como dice Ian Gibson, no hay voluntad política real de encontrar la fosa del poeta. 

UN CASQUILLO DE BALA

En 2014, nuevo intento de buscar la Fosa de Lorca, por parte de la Asociación Regreso con Honor, que preside el arqueólogo Javier Navarro. Su objetivo: excavar en la zona de Alfacar, conocida como el Peñón del Colorado, convertido durante la guerra en campo de instrucción del ejército golpista. El capitán José María Nestares, jefe militar de Víznar y responsable de crímenes de guerra, señala este peñón como el lugar donde mandó asesinar y enterrar al poeta y a sus compañeros: el maestro Dióscoro Galindo y los anarquistas Galadí y Cabezas.

El lugar indicado por Nestares fue publicado por el periodista Eduardo Molina Fajardo, director del diario falangista Patria, cómplice de la masacre. En su libro póstumo «Los últimos días de García Lorca», publicado por su familia en 1983, nos dice: «En la tarde del 22 de noviembre de 1977 subí a Víznar para que Fernando Nestares García-Trevijano, hijo de José María Nestares Cuéllar, me señalase el sitio preciso en el que él creía que estaba enterrado el cadáver de Federico García Lorca. Salimos de casa a las cuatro y media, en el coche de Nestares, los dos solos».

Libro póstumo del periodista Eduardo Molina Fajardo, director del diario falangista Patria, cómplice de la masacre. Este libro señala que Lorca fue enterrado en el campo de instrucción del ejército golpista.

Nestares señaló tres pozos a su hijo: «diciéndole que estaban en el campo de instrucción y que a Federico se le enterró en el tercero, a la izquierda, situado más en dirección a la Fuente Grande».

Por su parte, el investigador Miguel Caballero señala en su libro «Las trece últimas horas en la vida de García Lorca» , publicado en 2011: «Todos los testimonios, prestados por distintas personas, en diferentes épocas y sin conexión personal entre ellas, dan verosimilitud al probable lugar de la ejecución, y apuntan a unos pozos abiertos en la cabecera del denominado campo de instrucción, que era donde las tropas del sector realizaban las maniobras de instrucción militar… Los testimonios coinciden en que eran unos pozos ovalados, que se cavaron para la extracción de agua, pero la búsqueda de agua no dio resultado…».

Miguel Caballero, en su libro «Las trece últimas horas en la vida de García Lorca» investiga la localización de la Fosa de Lorca en el campo de instrucción de Falange, pero sólo encontró «un casquillo de bala».

Con estos datos, el colectivo «Regreso con Honor» se dispone a comprobar la versión de los falangistas. No es fácil, pues en 1989 el Ayuntamiento de Alfacar toma la polémica decisión de rellenar el terreno para convertir el solar en un campo de fútbol. La polémica está servida. ¿Un campo de fútbol en un lugar donde puede haber fosas comunes? 

Isabel García Lorca lo considera un escándalo. La hermana del poeta envía una carta a la Junta de Andalucía, a la Diputación y al Ayuntamiento de Alfacar, en la que pide que se detenga ese disparate y consigue paralizar el proyecto, pero es tarde. Regreso con Honor tendrá que retirar ahora toneladas de tierra para llegar al terreno original. Buscan el pozo al que arrojaron el cuerpo del poeta, según Nestares, pero sólo encuentran un casquillo de bala. Es lógico, allí estaba el campo de instrucción de los militares golpitas.

CAMPAÑA DE RUMORES

Al no encontrar nada en 2009 ni en 2014, se pone en marcha una campaña de rumores:

Algunos dicen que el propio régimen franquista trasladó el cadáver de Lorca al Valle de los Caídos (actual Cuelgamuros). 

Otros especulan que Lorca había sido desenterrado por su familia, llevando sus restos al cementerio de Nueva York para enterrarlo junto a su padre, Federico García Rodríguez.

Y hay quien piensa que los restos del poeta fueron rescatados por la familia y enterrados en la mismísima Huerta de San Vicente. 

Al no encontrar la Fosa de Lorca en 2009 ni en 2014, se pone en marcha una campaña de rumores disparatados. Hay quien especula que los restos del poeta fueron rescatados por la familia y enterrados en la mismísima Huerta de San Vicente.

Pero la familia del poeta, con su silencio, contribuye a la propagación de estos rumores. Cada vez son más los que piensan que la familia de Lorca llegó a un pacto con los franquistas para llevarse al poeta y darle un entierro digno. Pero, de ser así: ¿dónde están los restos del maestro Dióscoro Galindo y los anarquistas Galadi y Cabezas?

EL QUE ESTABA ALLÍ, YA NO ESTÁ

Y en 2015, Marta Osorio publica el libro «El enigma de una muerte», crónica comentada de la correspondencia entre Agustín Penón y su colaboradora Emilia Llanos. 

Carta enviada por Emilia Llanos a Agustín Penón en 1957 y publicada en su libro «El enigma de una muerte»: «Ya no nos interesa adquirir los terrenos del olivo. El que estaba allí, ya no está. ¿Comprendes? Hace mucho tiempo se supone está en Madrid con su familia».

Entre la correspondencia, destaca la carta que Emilia Llanos envió en 1957 a Nueva York, donde residía el investigador lorquiano. En la misiva le dice: «Ya no nos interesa adquirir los terrenos del olivo. El que estaba allí, ya no está. ¿Comprendes? Hace mucho tiempo se supone está en Madrid con su familia. Eso me ha contado persona enterada. ¿Qué impresión te hace esta noticia? A mí, me ha inquietado mucho. ¿Dónde está ahora?

Agustín Penón le contesta: «¿Merece tu absoluta confianza la persona que te lo dijo? ¿Lo sabe de fuentes seguras? ¿Discutiste con ella el lugar que nosotros descubrimos, y si fue así, lo reconoció como el verdadero?»

Y Emilia vuelve a responder: «Lo que te conté de nuestro amigo parece ser cierto, la misma actitud de la familia es extraña, no puedo decirte por carta quién me lo ha dicho, una alta persona. Sí, el sitio fue en los olivos, después lo cambiaron de sitio…».

NO ME ENCONTRARON

¿Y por qué la AGRMH no encontró nada, cuando excavamos en 2009, en el entorno del olivo de Alfacar?

El biógrafo lorquiano, que ha dedicado media vida a investigar el asesinato del poeta, nos responde en su último libro «No me encontraron»: 

«José Antonio Valdivia, responsable de la obra del Parque Federico García Lorca de Alfacar en 1986, afirma Gibson, tuvo conocimiento del hallazgo de huesos humanos, además de restos de una muleta, muy simple, de madera; así como de ropa, destacando una correa de cuero muy ancha. Según nuestro interlocutor, los restos de madera podrían pertenecer a la muleta del maestro Dióscoro Galindo y el cinturón de cuero a uno de los banderilleros que fueron fusilados junto a Federico».

«Los restos hallados fueron introducidos en un saco de plástico blanco de abono y enterrados en otra parte, dentro del recinto del Parque García Lorca de Alfacar. Por más que se ha intentado, no hemos conseguido que nos indique el lugar exacto del enterramiento. Es más, se me informa que en el momento de la ‘ocultación’ de los restos se hizo un pacto de silencio, por lo que ningún obrero nos dirá absolutamente nada sobre el hallazgo. He llegado a pensar que aquel pacto de silencio  se debió al «temor» de haber realizado un acto ilegal que les podría traer no buenas consecuencias».

«Está claro, añade Gibson, que aparecieron aquellos esqueletos (abundantes huesos y algunos cráneos), y que fueron enterrados, ocultamente, en un espacio cercano a la aparición, dentro del recinto del Parque, y se podrían hallar en su momento oportuno». Para investigar el misterioso saco con restos óseos, Gibson contó con la colaboración del periodista Víctor Fernández.

Por eso, no encontramos «ni una esquirla de hueso» en la primera búsqueda arqueológica de 2009. El pacto de silencio se mantiene 40 años después, 1986-2026, y nos recuerda las declaraciones que hizo el propio Federico García Lorca, poco antes de ser asesinado: «Granada, ciudad pobre y acobardada, la tierra del chavico, donde se agita la peor burguesía de España».

Leonard Cohen nos dice: «No entiendo cómo España no ha excavado con sus manos todo el campo de Granada para recuperar el cuerpo de su poeta. No entiendo que no le haya dado un castigo histórico a sus asesinos». 

LORCA ERAN TODOS

Por fin, en 2021, la Secretaría de Estado para la Memoria Democrática da permiso al equipo arqueológico de la Universidad de Granada para buscar a los desaparecidos en el Barranco de Víznar, donde un monolito nos recuerda que «Lorca eran todos».

Durante cinco campañas, los arqueólogos de la UGR, dirigidos por Francisco Carrión,  localizan 29 fosas comunes y exhuman a 194 víctimas. Por su parte, el Laboratorio de Identificación Genética de Granada, que dirige José Antonio Lorente, logra identificar a 17 desaparecidos:

Juan de Dios Adarve López,

Victoriano Alcantud Cubillas, 

Francisco Amigo Pla, 

José Antonio Calero García, 

Francisco del Águila Rodríguez.

Marcelino Gámiz Garzón,

José García Esteban, 

Eloísa Martín Cantal, 

Juan de Dios Milán Calvo, 

Francisco Muñoz Toral, 

Brígida Pardo López, 

José Raya Hurtado, 

Carmela Rodríguez Parra,

Fermín Roldán García, 

 Antonio Rosales Ruiz, 

Francisco Ruiz Guiraum, 

Francisco Soriano López,

Los actos más emotivos se producen cuando los arqueólogos entregan los restos de las víctimas identificadas a sus familiares. Los hijos de las víctimas murieron con la pena de no poder recoger los restos de sus padres. Fue la mayor injusticia de la Transición, que los condenó al olvido, pero más vale tarde que nunca. Ahora son los nietos, e incluso bisnietos, los que reciben los restos del abuelo o la abuela para darle una sepultura digna. 

Durante cinco campañas, el equipo de la UGR, dirigido por Francisco Carrión, ha localizado 29 fosas comunes en el barranco de Víznar, ha exhumado 194 víctimas y ha logrado identificar a 17 desaparecidos. Un monolito recuerda: «Lorca eran todos». Fotomontaje: Manolo García.

ÚLTIMO PASEO

Y un año más, desde 2014, los colectivos memorialistas organizan el Último Paseo, desde La Colonia Víznar hasta el Parque García Lorca de Alfacar. Una marcha popular, en homenaje a las víctimas del franquismo, que cuenta con el apoyo de Ian Gibson, el biógrafo lorquiano. También recibe el apoyo de Nieves García Catalán, nieta adoptiva del maestro Dióscoro Galindo, y de David Galadí, sobrino-nieto del anarquista Francisco Galadí, asesinados junto al poeta.

La marcha arranca en La Colonia para reivindicar que sea declarada oficialmente Lugar de Memoria Histórica de Andalucía. 

Último Paseo: una marcha popular, entre Viznar y Alfacar, para rendir homenaje a las víctimas del franquismo. Foto: Asoc. Verdad, Justicia y Reparación.

La Colonia era un antiguo molino, que la República habilitó como colonia de verano, para que los hijos de los obreros tuvieran vacaciones. De ahí su nombre. Sin embargo, los militares golpistas desalojaron a los pequeños y lo convirtieron en prisión, un corredor de la muerte, donde pasaban sus ultimas horas de vida los que iban a ser «paseados».

Durante la marcha, los senderistas colocan una placa que dice así: «El tristemente conocido como «paseo» era el método utilizado por los fascistas para eliminar a sus víctimas. Hacían sacas de presos y presas en la madrugada, convirtiendo La Colonia en un siniestro lugar de tortura y muerte. Y el «Paseo» acababa en cualquier cuneta del barranco, con un tiro en la nuca. El Barranco de Víznar se convirtió así en un territorio sembrado de fosas comunes, que forma parte de la geografía del terror».

Antonina Rodrigo, con participantes en el Último Paseo, junto al monolito dedicado a Lorca en Alfacar. La AGRMH hizo aquí la primera búsqueda arqueológica de la fosa del poeta. Foto: AGVJR

El Último Paseo acaba en el Parque García Lorca de Alfacar, con la intervención de la escritora Antonina Rodrigo, el cante flamenco de Juan Pinilla, la cantautora Zaida González y una lectura de poesía lorquiana. Y entre los poemas, uno que Federico escribió en 1929, en su libro Poeta en Nueva York. Versos premonitorios en los que Lorca parece adivinar su propio destino:

«Cuando se hundieron las formas puras

bajo el cri cri de las margaritas

comprendí que me habían asesinado.

Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias.

Abrieron los toneles y los armarios.

Destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro.

Ya no me encontraron.

¿No me encontraron?

No. No me encontraron.

Pero se supo que la sexta luna huyó torrente arriba,

y que el mar recordó ¡de pronto!

los nombres de todos sus ahogados».

Federico García Lorca.