martes, 17 de febrero de 2026

Venezuela: La guerra continúa

Fuentes: La Jornada

Con las inherentes asimetrías de poder y más allá de algunas declaraciones oficiales de ambas partes permeadas por los señuelos sicológicos propagandísticos sembrados y dosificados por la administración Trump como fines de distracción, a un mes de la flagrante agresión militar del Pentágono y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) contra Venezuela, la niebla de la guerra no permite identificar con precisión y certeza los datos de la realidad sobre el terreno. Existen muchas lagunas y las informaciones proporcionadas son subjetivas, fragmentadas e imprecisas, y se entremezclan con fake news y una amplia gama de desinformación tóxica propulsada por los servicios de inteligencia de Estados Unidos, lo que no permite monitorizar de forma fiable cómo se ejecutó la operación y de qué manera han evolucionado los hechos hasta el presente. 

De manera preliminar se pueden identificar algunos elementos centrales del ataque imperial del 3 de enero de 2026 contra Venezuela. Todo indica que no fue únicamente un episodio militar convencional, sino una acción de dominación multidominio (tierra, aire, mar, espacio, ciberespacio), donde la fuerza física, el ciberespacio, el espectro electromagnético y una campaña de manipulación desinformativa de saturación operaron como armas para desorganizar las capacidades de defensa estatales, condicionar la percepción pública y reducir los costos políticos de la agresión. 

A partir de las declaraciones del presidente Trump y del jefe del Estado Mayor Conjunto, general John Daniel Caine, la mañana del 3 de enero, el “apagón” provocado en Caracas previo al ataque armado fue parte de un diseño de guerra operativizado por los Comandos Espacial y Cibernético de Estados Unidos, dirigido a dañar la infraestructura crítica (energía, telecomunicaciones y digital, incluidos servidores/equipos en instalaciones científicas) y degradar la conectividad vía el despliegue de unidades especializadas para la interferencia de señal (jamming). Fue un mecanismo de asfixia táctica dirigido a cortar, segmentar, confundir y paralizar temporalmente a la población venezolana. En términos militares, la operación fue diseñada para “abrir un corredor” para el Ejército (comandos Delta y otras fuerzas), disminuir la resistencia local y limitar la capacidad de mando, control y comunicación del Estado venezolano. A lo que se sumó el factor Starlink −el internet satelital de SpaceX, la empresa de Elon Musk−, que en un contexto de ciberataque y disrupción de conectividad (igual que ocurrió recientemente en la desestabilización de Irán operada por la CIA y el Mossad israelí), ofreció servicio “gratuito” de banda ancha a quienes dispongan de las terminales correspondientes en Venezuela hasta el 3 de febrero. 

Como ha reseñado el Observatorio de Medios de Cubadebate, tras el ciberataque y la consumación del secuestro del presidente Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores, la segunda fase de la guerra de agresión imperialista que continúa hasta nuestros días fue la disputa por el control del relato a través de narrativas contradictorias, conspirativas y material manipulado, que, usando estrategias de saturación throw spaghetti at the wall (arrojan espaguetis a la pared) y memes, incluidos insumos generados con inteligencia artificial, buscó instalar una versión confabulatoria de la realidad y generar un “caos orgánico” en los usuarios de las redes digitales y aplicaciones de mensajería. Se trata de técnicas, herramientas o vectores de ataque diferentes −a menudo poco refinados con la esperanza de que uno “se pegue” y viole con éxito las defensas de un objetivo, especialmente común en la etapa inicial de un ciberataque−, utilizados con frecuencia por el Ejército de Estados Unidos en sus operaciones sicológicas (PSYOP) para dificultar la atribución de fuentes y erosionar la confianza del enemigo. 

En definitiva, asistimos a una campaña de influencia político-ideológica que combina la guerra mediática con la guerra cognitiva (la mente y la conciencia humanas como teatro de operaciones), estructurada con eje en la siembra de desinformación, reciclaje audiovisual y contenidos sintéticos descontextualizados, engañosos y/o ultrafalsos (deepfake), dirigida a saturar el entorno informativo del gobierno de Venezuela y, por extensión, a contaminar las “noticias” difundidas por los medios hegemónicos (The New York Times, The Guardian, AP, Reuters y sus papagayos urbi et orbi), cuyo fin es sembrar ambivalencia y confusión, con el objetivo de deslegitimar y dividir al alto mando político-militar-comunal-popular bolivariano. 

Mediante una narrativa de “conspiración” y “traición” al más alto nivel del chavismo con base en fuentes anónimas y sin ningún tipo de constatación fáctica, el blanco de la acción sicológica de Estados Unidos está centrado ahora en la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, quien encarna al “comunicador llave”: la persona de mayor popularidad y representatividad institucional productora de significados (una especie de “superyo” colectivo), que debe ser alcanzada para controlarla, desviarla de su poder (mediante la coacción, el chantaje, la corrupción o el soborno) o destruida. Trump no “gobierna” Venezuela. Tampoco controla el petróleo. Es falso. Sigue, pues, la guerra. No hay campo de paz, sino sólo apariencia de tal mientras busca vencer y dominar a Rodríguez de otro modo, y si éste fracasa se recurrirá a los medios físicos, como ya amenazó. A otro nivel, también se trata de minar la moral y eficiencia de un enemigo en resistencia; apoyar las operaciones encubiertas y de engaño tácticos de la CIA y el Pentágono; incitar y coordinar la subversión interna, y apoyar otras medidas (políticas, económicas, sociales) que coadyuven al logro del objetivo: destruir la revolución bolivariana y apoderarse del petróleo y otros minerales geoestratégicos.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes. 

La fabricación ideológica del consentimiento de las nuevas guerras imperialistas

 
Por Said Bouamama | 09/02/2026 | Mundo

Fuentes: Rebelión [Foto: Lienzo de Vasily Vereshchagin, «La apoteosis de la guerra», 
Galería Tretyakov, Moscú]

Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Las guerras imperialistas se multiplican desde la desaparición de la URSS, que también significó el final de todos los equilibrios surgidos de la derrota del nazismo. De Iraq a Siria, pasando por Libia. Sudán o Líbano, etc, las grandes potencias occidentales en general y Estados Unidos en particular intervienen militarmente, directa y/o indirectamente, en nombre de la defensa de «grandes valores universales»: los derechos humanos, los derechos de las mujeres, la protección de las minorías, etc. Estos nuevos discursos ideológicos de legitimación de las guerras tratan de fabricar un consentimiento popular de las guerras lleno de consecuencias para los pueblos de los países agredidos, pero también para los de los países agresores.

Perspectiva histórica

Los discursos de legitimación de las guerras han evolucionado desde el nacimiento del capitalismo en el siglo XVII de forma paralela a las mutaciones del nuevo sistema capitalista. En su fase preimperialista, la del capitalismo anterior al dominio de los monopolios, el objetivo principal de las guerras era el saqueo y la destrucción de civilizaciones enteras. Estos saqueos y destrucciones se justificaron en primer lugar por medio de la «doctrina del descubrimiento» (que afirma que las Américas que «descubren» los conquistadores carecían de propietarios) y a continuación por medio de la intervención del racismo (que afirma que las personas indígenas no son totalmente humanas y, en consecuencia, que los conquistadores tienen una misión de humanización). La esclavitud, la colonización, la evangelización por la fuerza, el trabajo forzado, etc., se justificaban al ser considerados los medios necesarios para hacer humanos a unos pueblos que estaban todavía en una fase animal o para hacer evolucionar a unos «pueblos infantiles».

La segunda globalización del capitalismo (1850-1914) toma el relevo de la primera (1492-1850) con la carrera para colonizar África en la segunda mitad del siglo XIX. El progreso del saber científico, la «famosa Ilustración» y sus consecuencias políticas (afirmaciones humanistas, uiversalistas, etc.), el desarrollo del movimiento obrero, etc., todo estos factores provocan una mutación de los discursos de justificación de la conquista. Así, la colonización del continente africano se justifica en nombre de la abolición de la esclavitud. Ya no se trata de hacer humanos a unos animales, sino de civilizar a unos pueblos que se han quedado estancados en un estadio anterior de evolución. La misión de humanización cede el paso a la misión civilizadora.

La experiencia del nazismo y la derrota de este hacen que todas estas ideologías queden bruscamente obsoletas puesto que, en efecto, los nazis sometieron Europa en nombre de unas ideologías similares. Ellos también defendían una jerarquización entre las «razas» humanas, pero la extendía a los pueblos europeos. Ellos también pretendían «civilizar» el mundo bajo la dirección de la «raza» más avanzada: la aria.

La nueva potencia hegemónica, Estados Unidos, iniciará el nuevo discurso de legitimación bajo el nombre de «Guerra Fría». Por lo tanto, en adelante es en nombre del «peligro comunista» como se libran las guerras y como se justifica el mantenimiento de la colonización y después de las injerencias en los nuevos Estados independientes.

Los efectos sistémicos de la desaparición de la URSS

La desaparición del contrapeso a la hegemonía estadounidense sume al mundo en una situación inédita. Por primera vez desde los orígenes del capitalismo, el unilateralismo es casi total. En efecto, recordemos que tras una primera fase multipolar (durante la primera globalización), Gran Bretaña y Francia se imponen rápidamente como las dos potencias hegemónicas. Cada una de estas dos potencias rivales estaba obligada a tener en cuenta a la otra y constituía un contrapeso. A partir de 1945 esta función de contrapeso la desempeñarán la URSS y los demás países socialistas.

Las ventajas del unilateralismo son colosales para el capital estadounidense. La reflexión estratégica estadounidense se orientará lógicamente a las condiciones que se deben instaurar para que perdure una situación tan rentable. De ahí se desprenderán dos ejes estratégicos que hay que justificar por medio de nuevos discursos de legitimación ideológica. El primero consiste en operar una cirugía política en los espacios estratégicos del planeta (en términos de recursos o de vías de transporte) y de ahí proviene una serie de guerras de balcanización cuyo objetivo es dividir en varios Estados a aquellas naciones que disponen de una base territorial y de riquezas, lo cual podría proporcionarles en el futuro la posibilidad de rechazar la tutela estadounidense: Yugoslavia, Iraq, Sudán, Libia, Siria, etc. Este ciclo no se ha cerrado todavía.

El segundo eje es la instalación de pequeños Estados vasallos fuertemente armados y totalmente dependientes de Estados Unidos cuya función es ser los gestores locales de este. Ruanda, con su cercanía al Congo y sus inmensas riquezas, se añade así a Israel, que tiene esta función desde hace mucho tiempo. Eso mismo se planifica en otros lugares, como Marruecos para controlar a la vez el Norte de África y el Sahel.

Esta estrategia de guerras sucesivas solo es posible difundiendo de forma masiva la idea de un peligro inminente que requiere una política ofensiva. Esa fue la orden dada a las estructuras de elaboración ideológica estadounidenses (los múltiples laboratorios de ideas financiados por las agencias de seguridad o por el ejército). El resultado de ello fue la teoría del «choque de civilizaciones».

Una de la razones de que se haya elegido esta teorización como eje central del discurso político estadounidense es su generalidad y que se puede aplicar a múltiples situaciones, una característica que se había vuelto necesaria debido a las mutaciones rápidas e imprevistas de la situación mundial. El progreso económico chino, la creación de los BRICS, las experiencias de asociación como el ALBA en América Latina, etc., todos estos factores hacían necesario formular una teoría general que permitiera legitimar una intervención militar en cualquier parte del mundo, desde el mar de China a Venezuela, desde Siria a Ucrani, etc. 

La teoría del choque de civilizaciones y sus consecuencias

Esta teoría nacida en la década de 1990 se convierte rápidamente en la principal matriz ideológica utilizada para legitimar las guerras imperialistas. La obra de Samuel Huntington publicada en 1997 (El choque de civilizaciones) adquiere el estatuto de paradigma de las acciones y de los discursos del gobierno estadounidense. Su razonamiento contiene varias ideas fuerza. La primera es una definición esencialista y ahistórica de las «civilizaciones». Este planteamiento sostiene que las civilizaciones tienen un eje central religioso y por ello son incompatibles unas con otras. Los enfrentamientos, los conflictos y las guerras contemporáneos no se explican por aquello que hay en juego desde el punto de vista económico o político, sino por esta incompatibilidad eterna entre religiones consideradas ahistóricas y homogéneas, y por eso el enfrentamiento entre civilizaciones es inevitable y permanente. La conclusión principal es la necesidad imperiosa de defender la civilización occidental que está amenazada por las demás.

No es de extrañar que la definición de las demás civilizaciones lleve a una verdadera cartografía de las guerras recientes. La primera civilización enemiga es, por supuesto, la «civilización árabo-islámica», de la que hay que protegerse por todos los medios. De ello se desprenden las «guerras contra el terrorismo» en el exterior, que se corresponden precisamente a aquellos países que poseen los recursos y/o las vías de acceso a las energías estratégicas que son el petróleo y el gas. También se desprende de ello el desarrollo de la islamofobia de Estado en los países occidentales, islamofobia que se define como una autodefensa frente a un «enemigo interior» que hay que erradicar. La segunda civilización se denomina ortodoxa y se relaciona extrañamente con la guerra en Ucrania. La tercera se denomina «confuciana» y se hace eco de las estrategias estadounidenses que tienen por objetivo contener a China y cortarle el acceso a los recursos naturales.

La ideología del «choque de civilizaciones» se corresponde exactamente a los territorios de guerra que proyecta el imperialismo estadounidense en un momento de la historia mundial en el que este ha perdido la hegemonía económica y comercial, pero también la científica y tecnológica. Restablecer por la fuerza y la destrucción una hegemonía en decadencia es la única estrategia que se desprende de la teoría del «choque de civilizaciones». Dicha estrategia requiere provocar un miedo social sin el cual se rechazarían los sacrificios exigidos para financiar las guerras actuales y futuras.

Es extremadamente urgente llevar a cabo las campañas masivas que visibilicen concretamente quién tiene interés en llevar a cabo estas guerras, el empeoramiento de las condiciones de vida de la población que necesitan estas guerras y la fascistización que les acompaña como medio para neutralizar al «frente interno». En efecto, no se puede cumplir este programa de guerra sin, por una parte, empobrecer masivamente a la población y, por otra, sin reprimir cualquier contestación.

Este texto se publicó en el número 11 de la revista catalana Catarsi de enero de 2026 (pp. 114-117).

Texto original: https://bouamamas.wordpress.com/2026/02/06/la-fabrique-ideologique-du-consentement-des-nouvelles-guerres-imperialiste/

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar aautor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.

El Lince: La voluntad del dragón


Febrero 5 2026


China va a por todas. No tiene otra opción, como os decía: o se rinde, como quieren los pro-occidentales del «konsomol», y de ahí la purga contra los generales, entre otros, o va a la guerra. Y, por supuesto, va a la guerra. Pero hoy la guerra son algo más que tiros y bombas. El anuncio hecho público por la revista teórica del Partido Comunista, «Qiushi» («Teoría»), sobre la decisión de convertir al renminbi (yuan) en la moneda de reserva global para el comercio internacional ha puesto los pelos tiesos a todo Occidente.


Es el fin del dominio del dólar que se deriva, sobre todo, de la transformación de las relaciones de producción y el comercio internacionales. Luego se puede hablar de otras cosas, como la reestructuración completa de los intercambios monetarios internacionales dentro de un marco multipolar. El hecho de que China mantenga convenios con 28 países para comerciar en sus propias monedas sin usar ninguna moneda occidental, el que los BRICS certifiquen que su comercio intra BRICS supera los 500.000 millones de dólares (el 65% de esa cantidad no es en moneda occidental) y la creación y fortalecimiento de centros financieros alternativos a Wall Street o la City de Londres, como son Shanghái o Hong Kong, indica que no hay vuelta atrás.

Pero hay más: China es un país formalmente socialista (ya podéis poneros a elucubrar otra vez si mucho, poco o nada) y es un país de estas características quien altera profundamente la naturaleza de la transformación geopolítica que estamos viviendo.

Durante mucho tiempo en esta página he venido abordando este hecho, la desdolarización. Ayer, en una conferencia en la que participé, hice una comparación entre la situación pre-Stalingrado que había hace 80 años, donde se asistía a unas amplias alianzas no ideológicas entre diferentes sectores -desde la burguesía nacional a los partidos comunistas- pero con el objetivo común de la derrota del fascismo, que entonces tenía que ser obligatoriamente militar, con la que se está dando ahora, también una especie de pre-Stalingrado, con unas amplias alianzas tácticas (los BRICS) que con todos sus conflictos y contradicciones también tienen un objetivo común que es la derrota de la hegemonía occidental y hoy esta es obligatoriamente económica.

El estado desastroso de las cuentas nacionales de EEUU, que minan la verdadera competitividad del sistema productivo estadounidense (y por eso la presión con los aranceles), al tiempo que dificultan la capacidad para atraer la inversión, debilita profusamente al dólar. De ahí que haya comenzado el año en su nivel más bajo en 50 años, con el 46% del total de las reservas monetarias del mundo.

Es un proceso que viene desarrollándose desde 2008, la crisis capitalista de la que no se ha salido todavía, y que se ha acentuado tras el puñetazo encima de la mesa que dio Rusia en el año 2022 con su decisión de dar una lección a los neonazis del país 404, antes conocido como Ucrania, y sus amiguitos otanistas occidentales, principalmente europeos. De esa crisis se salió parcialmente gracias a China, esa China a la que ahora se sataniza por todos lados. Porque en China habían recalado toda una pléyade de empresas occidentales, en su gran mayoría de EEUU, que buscaban mano de obra barata. Seguían el canon clásico del capitalismo: la búsqueda del máximo beneficio.

Se suponía que con la desaparición de la Unión Soviética se había acabado el enemigo ideológico y económico, que el triunfo del «libre mercado» era incuestionable y que el sistema liberal y supuestamente democrático iban a gobernar el mundo por los siglos de los siglos. Ya lo dijo con arrogancia Fukuyama: el fin de la historia. Y en todo ello iba a estar, y todo ello iba a ser gestionado por, una única potencia: EEUU.

Que ya el déficit de EEUU fuese exorbitante era lo de menos. No habría quien se pusiese a su nivel, ni quien le pidiese cuentas, ni pagos, ni nada de nada. Es como la fábula de la liebre y la tortuga. Y la tortuga ha ganado la carrera. De hecho, dos tortugas: Rusia, que a pesar de no tener la fuerza demográfica ni industrial necesaria para superar o igualar a EEUU sí ha recuperado su lugar y su fuerza en términos militares y estratégicos; y China, por supuesto, que no solo tiene un enorme peso demográfico sino industrial (por lo tanto, económico) y cada vez más militar.

Y en medio de todo ello, y mientras esta carrera se producía, el zombi conocido como Unión Europea se beneficiaba de la energía barata proveniente de Rusia, lo que le permitía competir, por poco que fuese, con EEUU. Pero todo eso se acabó. Se acabó cuando se inició el conflicto en el país 404 y EEUU cortó, u obligó a cortar, como prefiráis, esa sonda de oxígeno industrial que le llegaba a Europa desde Rusia. La prepotencia occidental ante ello fue de tal calibre que al imponerse las sanciones se dijo que se pretendía «provocar el derrumbamiento de la economía rusa».  Ha sido al revés. Y, además, ha logrado un aspecto que la prepotencia occidental ni siquiera llegó a sospechar: la alianza entre Rusia y China.

Occidente está muerto. EEUU está actuando como el peor jugador de ajedrez, el que ante la vista de la partida hace un movimiento zugzwang, mueve porque está obligado a mover mientras no abandone, sabiendo que su situación empeora con cada movimiento. Da igual que sea en Venezuela, en Groenlandia, en Cuba o en Irán. Nada puede parar la derrota a medio plazo.

No es una cuestión solo de EEUU, es de todo Occidente aunque EEUU sea el referente principal. Este es el momento que está aprovechando China. ¿Quieres guerra? Pues la vas a tener. Y la vas a tener donde más te duele: en la economía, en el dólar. Aunque los BRICS no han logrado generar una moneda capaz de reemplazar al dólar en el comercio internacional, sí se han dado pasos para ir erosionando su poder. Eso ya se ha logrado. Ahora hay que dar el paso definitivo, y eso solo lo puede dar China porque no basta con lo anterior, sino que hay que ofrecer al mundo, al Sur Global sobre todo, una alternativa. Esa alternativa es el anuncio hecho por Xi Jinping y publicado en la revista teórica del PCCh: China tiene la fuerza económica para ofrecer una alternativa al dólar, y por ello anuncia que trabaja para que el renminbi se convierta en la moneda de reserva global. Por el momento, en una de ellas.

La revista «Qiushi» es de teoría, crítica y práctica marxista. Que en ella aparezca desarrollado que China deba tener «una moneda poderosa que pueda utilizarse ampliamente en el comercio internacional, la inversión y los mercados de divisas, y alcanzar la categoría de moneda de reserva» es algo más que sensacional: es el desafío público a la hegemonía de EEUU no sólo en las esferas monetaria y financiera, sino también en la política y geoestratégica.

Xi propuso esto en 2024, que se haga público ahora no solo se hace en el marco del XV Plan Quinquenal, sino cuando la situación geopolítica lo requiere. Desde 2024 hasta ahora China ha ido preparando el escenario (acumulación de oro, bolsa de oro de Shanghái, renminbi digital, precio en yuanes para el gas natural licuado y el níquel, entre otras), dando un fuerte impulso a su Banco Central y a las instituciones mencionadas al principio de este escrito.

Se da a conocer, además, en unos momentos de una gran incertidumbre en los mercados globales, con el dólar bajo presión debido a la creciente burbuja financiera, la imprevisibilidad e irregularidad de las acciones de Trump que están llevando no solo a muchos operadores financieros, sino incluso los bancos centrales (Alemania está reclamando su oro depositado en EEUU) a reducir su tenencia de dólares (de ahí el descenso como moneda de reserva global).

No hay un plazo para lograr que la moneda china sea la de reserva mundial. Primero, el objetivo es que se sitúe firmemente en la tercera moneda de reserva (ahora es la quinta) en unos 5-10 años y luego dar el salto definitivo. A China no le interesa por ahora que el dólar pierda su hegemonía. Recuerda lo que dijo Napoleón, lo de no interrumpir a un enemigo cuando comete errores. China, un país, un pueblo milenario, con una historia milenaria, tiene otra concepción del tiempo que Occidente. Por eso desde hace tiempo se marcó la fecha de 2035 para lograr lo que llama «la modernización socialista». Hay que cimentar bien el camino, no andar a saltos ni a la ligera.

Por el momento, a lo que asistimos tras este anuncio es a la voluntad del dragón sobre la conversión del renminbi en una moneda «competitiva», para usar una palabra capitalista, y, sobre todo, de uso común en la zona de influencia china, es decir, en Asia. Con una moneda y un sistema de pago diferente al occidental se limita sustancialmente la influencia y la presión de EEUU en un sistema financiero que se está fragmentando, al igual que el mercado global.

Aún hay trabajo por hacer, pero el camino ya está trazado y la voluntad del dragón es firme.

El Lince

Fuente: El Lince 

lunes, 16 de febrero de 2026

CUBA. Comparece Díaz-Canel ante los medios y anuncia que preparan medidas contra el bloqueo petrolero

                
                                                                                            

Enfrentando a las agresiones del Gobierno fascista e imperialista yanqui.


El Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República Miguel Díaz-Canel Bermúdez comparecerá hoy a las 10 de la mañana ante medios nacionales y extranjeros.

Entre otras muchas cosas, Díaz-Canel ha expresado que desde diciembre no se recibe en Cuba combustible debido al reforzamiento del bloqueo contra Venezuela, lo cual afecta la generación eléctrica y actividades económicas y sociales básicas. El presidente cubano ha afirmado: “Tenemos problemas en la disponibilidad de combustible para garantizar no solo ya la generación eléctrica, sino actividades básicas que tienen que ver directamente con la población”.

Ha este respecto ha explicado que el Consejo de Ministros se reunió para aprobar directivas, actualizadas a partir de las indicaciones del líder histórico de la Revolución, Fidel Castro durante el “período especial” de la década de 1990, tras el colapso de la URSS, con el objetivo de enfrentar el desabastecimiento.

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A continuación, les dejamos la información facilitada por el Diario Granma:

¿Qué cambia en las relaciones entre Cuba y Venezuela después de la agresión militar a ese país por parte del Gobierno de Estados Unidos?

¿Qué alcance tiene la solidaridad internacional con Cuba, tras las recientes medidas de la administración Trump, incluido el bloqueo energético?

¿Es posible un diálogo con Estados Unidos? ¿Bajo qué principios?

¿Cuál es el estado actual de la situación electroenergética nacional? ¿Se actualiza la estrategia para su recuperación? ¿Cómo ir más rápido hacia depender de los recursos energéticos nacionales?

Ante condiciones de bloqueo extremo, ¿cómo mover la vida del país hacia prioridades de supervivencia que dependan más de las capacidades de producción local, bajo la conducción del Partido que, a nivel local, también debe ser más efectivo en cuanto a obtener más resultados y más rápido?

Esas y otras preguntas fueron respondidas por el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, al comparecer ante medios de prensa nacionales e internacionales sobre temas acuciantes de la realidad cubana actual; más compleja luego de la agresión militar a Venezuela y la amenaza directa a Cuba por parte del Gobierno de Estados Unidos, incluida la reciente medida de bloqueo petrolero a la Isla.

ANTE LA TEORÍA ENEMIGA DEL COLAPSO, LA RESISTENCIA NUESTRA

En el inicio de su comparecencia, el Presidente cubano afirmó que las teorías tanto del colapso en Cuba como la del Estado fallido son construcciones con las que el Gobierno de Estados Unidos ha tratado de caracterizar la situación cubana, en su objetivo histórico de derrocar la Revolución mediante dos direcciones: la asfixia económica y la agresión militar.

Aseveró que la primera acaba de ser reconocida explícitamente por el propio Presidente de EE. UU.: «Dijo que habían aplicado contra Cuba todas las presiones posibles, reconociendo entonces que no hay Estado fallido, que hay un Estado que ha tenido que enfrentar, con mucha resistencia, las máximas presiones no de cualquiera, las máximas presiones para la asfixia económica de la principal potencia del mundo, con un basamento imperial y un propósito hegemónico de dominación.

«Y, por otra parte, está la agresión militar, cuando la segunda parte de esa frase dice que no ha quedado otra cosa que hacer que no fuera tomar el lugar».

Subrayó cómo la mayoría de las actuales generaciones de cubanos nacieron bajo el bloqueo económico de EE. UU. «Bajo los signos de esa aflicción económica, siempre hemos tenido carencias, siempre hemos tenido dificultades complejas, siempre hemos tenido que funcionar en medio de vicisitudes y de imposiciones y de presiones que no se le imponen a nadie en el mundo, y mucho menos de una manera tan prolongada».

Confirmó que estos tiempos son particularmente muy difíciles, «pero lo vamos a superar entre todos, con resistencia creativa, con el esfuerzo y con el talento de todos».

LA RELACIÓN CON VENEZUELA NO ES DE DEPENDENCIA, ES DE COLABORACIÓN

Ante una pregunta de Russia Today, el Presidente cubano afirmó que la relación con Venezuela no se puede calificar como una relación de dependencia.

«Muchos tratan de verla como una relación de dependencia entre dos países, y con eso lo que hacen es restringirla, es reducirla a un intercambio de mercancías y servicios, y esa no es la realidad de la relación que hemos tenido con la Revolución Bolivariana.

Explicó que, desde el inicio, con Chávez, se tejió una relación de cooperación, de colaboración con principio solidario, sobre todo de integración, de complementariedad, como dos países hermanos; y que por eso surgió, hace más de 25 años, el Convenio de Colaboración Integral.

«¿Y por qué integral? Porque abarca muchas esferas. Abarca los temas de energía, los temas de soberanía alimentaria, los temas de educación, de educación superior, la alfabetización, la formación de cuadros, la formación de recursos humanos.

«Hay temas también que tienen que ver con la industria, con la minería, con las telecomunicaciones, con el intercambio cultural, con el intercambio político también. Y eso trascendió las relaciones de Cuba y Venezuela».

Recordó que cuatro años después surgió el ALBA-TCP, y luego Petro-Caribe, «con un enfoque energético, pero con un enfoque hacia lo social, hacia la justicia social, hacia la equidad, hacia las oportunidades y el beneficio, el desarrollo de los pueblos ya no solo de Venezuela y Cuba, sino de América Latina y el Caribe».

Aseguró que no hay ningún bloque de integración regional que haya logrado en tan poco tiempo los éxitos sociales que logró el ALBA-TCP, y repasó varios ejemplos concretos.

Por supuesto, apuntó, también se tejieron relaciones económicas, comerciales, proyectos de colaboración muy importantes. Y uno de esos proyectos, sobre todo en energía, por la prestación de servicios médicos se compensaba con combustible, que significaron una parte importante de las necesidades de Cuba.

«No todas, pero una parte importante; sobre todo en los tiempos más actuales. En otro momento sí cubrían todas las necesidades de combustible de nuestro país, pero en estos tiempos ya no lo cubrían todo, porque recordemos que Venezuela ha estado sometida a sanciones, a medidas coercitivas, a presiones, y eso ha afectado también ese intercambio que se ha mantenido en una medida muy amplia, pero que no siempre ha alcanzado los niveles de otro momento.

Explicó que ese intercambio se afectó más cuando comenzó el bloqueo energético, el bloqueo naval a Venezuela, «que ha impedido que barcos venezolanos o barcos de otros países lleguen con combustible venezolano a Cuba, y se recrudece más aún con la orden ejecutiva en días pasados del Gobierno de los Estados Unidos; manipulando a través de la amenaza de los aranceles a los países que suministran petróleo». Con ese pretexto, recalcó, han establecido un bloqueo energético a nuestro país.

Díaz-Canel afirmó que «el futuro de las relaciones de Venezuela está en la manera en que seamos capaces de construir ese futuro desde la situación presente, de una Venezuela que ha sido agredida.

«En materia de colaboración, no imponemos colaboración», apostilló. «Damos colaboración, compartimos colaboración, compartimos con solidaridad cuando un gobierno, cuando gobiernos, cuando pueblos de naciones nos los piden. Y bajo ese concepto hemos mantenido en estos años esa colaboración con Venezuela», argumentó.

Extrapoló la frase de Martí sobre su compromiso con Venezuela, y alegó que, con esa tierra bolivariana, «también tenemos compromisos, sentimientos muy intensos, y mientras el Gobierno venezolano propicie, defienda que haya colaboración, Cuba estará dispuesto a colaborar».

CUBA NO ESTÁ SOLA 

El Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba reiteró que, de manera inmediata al anuncio del bloqueo energético a Cuba, ha existido un apoyo a nivel interno y nacional, y mencionó varias de esas manifestaciones de solidaridad por parte de voceros, de cancillerías, de líderes internacionales, de movimientos que agrupan países…

Se refirió, entre ellas, a las conversaciones telefónicas entre el presidente de Rusia y el secretario general del Partido Comunista Chino, quienes manifestaron el apoyo, y el compromiso y la decisión de continuar la colaboración y la cooperación con Venezuela y con Cuba.

Apuntó que, además de esas manifestaciones de solidaridad, «hay más cosas, cosas que no podemos hoy explicar abiertamente, porque el enemigo está en una persecución de todas las luces que se le pueden abrir a Cuba, de todos los caminos que se le pueden abrir a Cuba; pero sí les puedo asegurar, con todo sentido de responsabilidad, que Cuba no está sola.

«En un momento como este hay mucha gente, gobiernos, países, instituciones, empresas que están dispuestos a trabajar con Cuba y que ya nos han hecho llegar vías, mecanismos, intenciones de cómo podemos hacer.

«La persecución energética, la persecución financiera, el recrudecimiento de las medidas coercitivas es tal que sabemos que tenemos que hacer un trabajo muy fuerte, muy creativo, muy inteligente para sortear todos esos obstáculos; pero hay valor en un grupo de instituciones, de personas y de gobiernos en el mundo para apoyarlo», aseveró Díaz-Canel.

EL MUNDO NO PUEDE PERMITIR QUE LA FUERZA APLASTE AL MULTILATERALISMO 

Sobre lo que puede hacer la comunidad internacional para contener la arremetida imperialista del Gobierno de Estados Unidos en múltiples direcciones, el Presidente cubano respondió a la agencia china Xinhua que «el mundo no puede dejarse avasallar, el mundo no se puede dejar humillar, el mundo no puede permitir que la fuerza aplaste el multilateralismo».

Consideró que todos los pueblos del mundo están expuestos, sin excepciones, a una guerra que es política, ideológica, que tiene un componente cultural y otro comunicacional, mediático.

«¿Por qué es una guerra ideológica? Porque se está tratando de imponer el pensamiento hegemónico de la principal potencia imperialista del mundo. ¿Por qué es una guerra cultural? Porque para que prime la hegemonía de esa potencia a nivel mundial, tienen que romper los nexos con las raíces culturales de los pueblos; tiene que hacer toda la maniobra posible para que los pueblos vean como obsoletos su cultura o su historia (…); que la gente reniegue de su identidad, que se avergüence de su historia, para que entonces puedan asimilar y les impongan los paradigmas y los patrones de esa filosofía hegemónica, de esa filosofía imperial».

Ejemplificó, con el caso de la agresión a Venezuela, por qué también es una guerra mediática, y denunció que algo parecido hacen contra Cuba, mediante una guerra sicológica, «de presiones para fracturar unidad, para crear desconfianza, para promover incertidumbre, y son elementos que demuestran la perversidad».

Valoró que las naciones del Sur global tienen que entender qué es lo que está en disputa, a fin de buscar la articulación, «una unidad que no puede ser solo de discurso, sino también de acción, de denuncia constante, de buscar toda la integración en bloques posibles, en un frente, defendiendo ideas, buscando también acciones económicas, comerciales, de cooperación, de colaboración, que defiendan el multilateralismo».

Mencionó cómo hay bloques que están teniendo liderazgo: «el de los BRICS, con perspectivas distintas para el Sur Global; las propias relaciones de potencias como China y Rusia con los países del sur es distinta; la Unión Euroasiática y otros bloques… El Movimiento de Países No Alineados tiene que jugar un papel fundamental en esto, el Grupo de los 77…».

Enfatizó en que esa movilización tiene que ser antihegemónica, pero también antifascista.

«Se está actuando como si fueran las hordas hitlerianas cuando se agrede a un país, cuando se avasalla al mundo, cuando se secuestra un presidente o cuando se cometen acciones criminales contra embarcaciones, contra personas de manera extrajudicial, sin ningún elemento de legalidad», dijo.

«Hay caminos, estoy seguro de que hay caminos; lo que pasa es que para abordar esos caminos y para lograr esa integración, todos nos tenemos que mostrar en el Sur Global con valor y con coraje», concluyó.

CUBA SIEMPRE HA ESTADO DISPUESTA A UN DIÁLOGO CON EE. UU., SIN PRESIONES Y EN CONDICIÓN DE IGUALES 

Acerca de las relaciones con Estados Unidos, en el actual contexto, y de la posibilidad real de diálogo con ese Gobierno, el Presidente cubano recordó que la historia de esos nexos, después del triunfo de la Revolución, ha estado caracterizada por la asimetría que ha impuesto el bloqueo económico, comercial y financiero de los gobiernos norteamericanos, recrudecido hoy.

No obstante, dijo, siempre han existido, dentro y fuera de Estados Unidos, personas, grupos, organismos que han favorecido rutas, puentes, espacios de diálogo o canales de comunicación.

«Y muchas veces se ha logrado, y cuando se ha logrado se ha permitido que hablemos como iguales sobre temas en los cuales se pueden compartir incluso criterios diferentes; pero son temas que debemos abordar de manera común, porque estamos en una misma área geográfica, somos vecinos muy cercanos».

Mencionó los temas migratorios, de seguridad, de lucha contra el narcotráfico, contra el terrorismo, medioambientales, y otros temas que tienen que ver con la colaboración científica.

«Hay una agenda grande de temas que se pueden tocar. Y siempre ha existido una posición histórica de Cuba, una posición que definió y defendió el Comandante en Jefe Fidel Castro; que continuó el General de Ejército Raúl y que es inalterable e invariable en los momentos actuales.

«Cuba está dispuesta a un diálogo con los Estados Unidos; a un diálogo sobre cualquiera de los temas que se quiera debatir o dialogar. ¿Con qué condiciones? Sin presiones, bajo presiones no se puede dialogar; sin precondicionamiento, en una posición de iguales, de respeto a nuestra soberanía, a nuestra independencia, a nuestra autodeterminación; sin abordar temas (…) que podamos entender como injerencia en nuestros asuntos internos».

Díaz-Canel aseguró que, de un diálogo como ese, se puede construir una relación entre vecinos civilizada, con beneficios para los pueblos de las dos naciones. «Las cubanas y los cubanos no odiamos al pueblo norteamericano; reconocemos los valores del pueblo norteamericano, los valores de su historia, los valores de su cultura».

Refirió que, cuando se han encontrado espacios de diálogo (por ejemplo, en los sectores científico, deportivo, religioso, cultural, de la salud, incluso a nivel político), hay muchas cosas en las que se puede trabajar juntos, sin prejuicio; y de las que están privadas ambos pueblos por la política decadente, prepotente, criminal y de bloqueo persistente del Gobierno de Estados Unidos.

Afirmó que la disposición a ese tipo de diálogo no es nueva, «es una posición también de continuidad, y yo creo que es posible».