jueves, 5 de febrero de 2026

En honor de Cuba. Lo que no se puede comprar


Oleg Yasinski   enero 24/2026
 



Hace unos días, nos reunimos con viejos compañeros latinoamericanos en Zoom para discutir los últimos acontecimientos. Durante la conversación, de repente me di cuenta de que hablábamos el mismo idioma, usábamos los mismos conceptos y teníamos la misma incomprensión que hace varias décadas, cuando acababa de llegar a Chile y estaba completamente seguro de que ahora sí haríamos una verdadera revolución. No entendimos nada.


No me refiero sólo a Venezuela, sino a todo lo que sucede a nuestro alrededor y dentro de nosotros. Todo esto no solo está estrechamente relacionado, sino que son diferentes facetas de una misma cosa.

Para ablandar la conciencia humana y hacerla más sugestionable, muchas prácticas psicológicas prevén preparar nuestro cerebro con insomnio. Las pantallas de los dispositivos electrónicos y los televisores, con multitud de estímulos de distintos niveles, desde la pornografía y los videojuegos hasta las prácticas espirituales en línea, llevan muchos años alimentando la pandemia mundial de la falta de sueño masivo, lo que acelera enormemente la tarea de convertirnos en idiotas.

Las personas desesperadas por los problemas y el miedo siguen intentando comprender el mundo, tratando de averiguar quién es «malo» y quién es «bueno» en él. Si alguien aún lo recuerda, en nuestros primeros contactos con el «mundo civilizado» nos sorprendió esta lógica primitiva de los occidentales. A nuestras complejas reflexiones sobre la cultura y la historia, con todas sus paradojas, contradicciones y no linealidades, ellos preferían la sencilla fórmula del «bien» y el «mal», para no distraer sus pensamientos y energías de lo más importante en la vida: ganar dinero. Así es como se intenta educar hoy en día a las nuevas generaciones de personas de diferentes culturas.

La actual guerra del neoliberalismo contra la humanidad es cognitiva, porque nos han enseñado a no percibirla, y mundial, ya que afecta a todas las culturas, países y pueblos al mismo tiempo. Debido al proceso de globalización acelerado por la tecnología y el poder, muchas culturas tradicionales se encuentran en peligro de extinción. Dado que el crecimiento del desarrollo tecnológico ha superado en cientos de veces la velocidad de desarrollo de nuestra conciencia, muchas culturas tradicionales se resisten espontáneamente a ello con métodos medievales.

Personajes primitivos y cavernícolas del nivel de Trump o Musk, con sus secuaces y demás plancton político, utilizan en su beneficio bandas medievales de matones altamente tecnificados. El hombre de las cavernas ha conseguido cohetes y drones con los que se vuelve a meter en las cavernas, que es donde debe estar.

Los 32 cubanos que murieron en una lucha desigual defendiendo al presidente legítimo de Venezuela son la pura manifestación del espíritu humano, lo que más teme y menos comprende el sistema. Fueron asesinados solo porque resultó imposible comprarlos en un mundo en el que, al parecer, todo se vende desde hace mucho tiempo y en todas partes.

¿Cómo comenzó la destrucción de nuestro espíritu? Con la incomprensión de lo sagrado. Con el deseo de los holgazanes sin alma y los adictos al trabajo de comprar un poco de espiritualidad en los templos, los partidos políticos y los escenarios teatrales. Y, sobre todo, con la ayuda de todo tipo de gurús y líderes disfrazados, imprescindibles para la salvación de cualquier capitalismo, que comercian con ideales y espiritualidad.

Su principal error es creer que todos somos sus clientes obligatorios. Para dudar de algo se necesita valor. Ellos no tienen ese valor.

Fuente: Coordinación de Núcleos Comunistas 

Pepe Escobar: la ruptura China en Davos


Enero 24 de 2026

El hecho que verdaderamente importa es que se espera que China reemplace a Estados Unidos como principal mercado de consumo del mundo.












El viejo mundo está muriendo y el nuevo mundo lucha por nacer: ahora es la época de los monstruos.
— Antonio Gramsci

Davos 2026 fue un caleidoscopio demencial. La única forma posible de hundirse en el fango era ponerse los auriculares y recurrir a la Banda de Gitanos , rompiendo barreras sónicas y ahogando una serie de eventos francamente aterradores, incluyendo una conexión Palantir-BlackRock, el encuentro entre las grandes tecnológicas y las grandes financieras ; el «Plan Maestro» para Gaza; y el profundo desconcierto en la diatriba de neo-Calígula, aquí en la versión de 3 minutos .

Luego estaba lo que los medios dominantes del Occidente fragmentado erigieron como un discurso visionario: la mini-obra magna del Primer Ministro canadiense Mark Carney , completa con una –qué otra cosa– cita de Tucídides (“Los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben”) para ilustrar la “ruptura” del “orden internacional basado en reglas”, que ya era un zombi que no caminaba desde hacía al menos un año.

¿Y cómo no reírse de la idea, tan rica, de una carta  de 400 millonarios y multimillonarios «patriotas» dirigida a los jefes de estado en Davos, reclamando más «justicia social»? En otras palabras: están aterrorizados —en modo Paraíso de la Paranoia— por la «ruptura», en realidad, el colapso avanzado del ethos neoliberal que los enriqueció inicialmente.

El discurso de Carney fue una estrategia astuta y acaparadora de titulares para, según su tesis, enterrar el «orden internacional basado en normas», el eufemismo de moda desde el final de la Segunda Guerra Mundial, para designar la dominación total de la oligarquía financiera angloamericana. Carney ahora solo reconoce una mera «ruptura», supuestamente sellada por las «potencias intermedias», principalmente Canadá y algunos europeos (sin el Sur Global).

Y ahí está la clave: el supuesto antídoto contra la «ruptura» no tiene absolutamente nada que ver con la soberanía. En realidad, es una estrategia de cobertura controlada, una especie de multipolaridad artificial gestionada —nada que ver con el impulso de los BRICS— basada en una mezcolanza difusa de «realismo basado en valores», «formación de coaliciones» y «geometría variable», destinada a mantener vigente la misma vieja estafa monetarista.

Bienvenidos a El Gatopardo de Lampedusa , remezclado: “Todo debe cambiar para que todo siga igual”.

Y todo eso viniendo de un liberal de manual, exgobernador del Banco de Inglaterra. Estos tigres nunca cambian de postura. Las verdaderas palancas del poder —ejercidas por la City de Londres y Wall Street— son totalmente inmunes al antídoto de la «ruptura».

La asociación estratégica multidimensional entre Rusia y China, en constante evolución, ya invalida el sofisticado fraude de Carney, que engañó a mucha gente informada. Al igual que los BRICS, a medida que avanzan en el largo y sinuoso camino hacia una verdadera  multinodalidad .

Lo que nos lleva al verdadero mensaje generado por el lugar de reunión limitado y característico de Carney:

Canadá y las “potencias medias” europeas se encuentran hoy no en la mesa, sino en el menú, mientras que neo-Calígula, el gobernante del mundo, puede hacerles lo que la OTAN ha estado haciendo de facto con el Sur Global durante los últimos 30 años.

“Todo debe cambiar para que todo siga igual”

Muchos de los que ahora consagran a Carney como el Nuevo Mesías –y un gran defensor del derecho internacional– ignoraron o encubrieron totalmente el genocidio sionista de Gaza; demonizaron a Rusia hasta el fin del mundo y siguen instigando una guerra eterna; y ahora ruegan de rodillas que el neo-Calígula entable un “diálogo” para resolver su autoproclamada apropiación de tierras de Groenlandia.

Elon Musk, por cierto, también se presentó en Davos con poca antelación. Es un gran defensor de la apropiación de tierras de Groenlandia. Musk y otras figuras tecnofeudalistas no pueden evitar sentirse seducidos por el proyecto de convertir ese «pedazo de hielo» (terminología neocaligulaiana) en el centro principal de los estados digitales, los sucesores de los estados-nación, supuestamente gobernados por tecnodirectores ejecutivos que se hacen pasar por reyes filósofos.

Combine esto con la conexión entre las grandes tecnológicas y las grandes financieras (en la mesa Palantir-BlackRock) y tendremos a los reyes de la IA liderando el camino, seguidos por los financieros.

El «trozo de hielo», por supuesto, se derretía sin parar en todo el espectro de Davos. Cuando Neo-Calígula anunció que no le haría a Groenlandia lo que le hizo a Venezuela, el alivio colectivo europeo hizo estallar el champán-ómetro.

Le tocó al caniche certificado de la OTAN Tutti Frutti al Rutti, con esa sonrisa perpetua de tulipán holandés marchito, convencer a “Papá” para que fuera indulgente, demostrando una vez más que la UE es una República Bananera, en realidad una Unión, sin plátanos.

Neo-Calígula y el tulipán marchito improvisaron un «marco» para que Estados Unidos obtuviera terrenos en Groenlandia para bases militares y un desarrollo ilimitado de la minería de tierras raras, además de la prohibición obligatoria de proyectos rusos y chinos. Dinamarca y Groenlandia ni siquiera estaban presentes cuando se alcanzó este «acuerdo».

Aun así, todo eso podría cambiar en un instante o en una publicación en redes sociales. Porque eso no es lo que quiere el neocalígula. Quiere ver Groenlandia salpicada de rojo, blanco y azul en un mapa de Estados Unidos.

Aun así, el plan de apropiación de tierras más aterrador que se destacó en Davos fue Gaza. Aquí viene ese insufrible imbécil sionista —el cerebro de la familia pertenece en realidad a su esposa Ivanka—, quien presentó el plan maestro para la «nueva Gaza» .

O cómo comercializar el terror…el terror (mis excusas a Joseph Conrad).

Aquí tenemos una campaña de masacre/exterminio masivo acompañada de la toma de lo que ha sido reducido a escombros, lo que conduce a una zona de contención de alta seguridad para palestinos simbólicos, “aprobados”, y propiedades inmobiliarias privilegiadas frente al mar para estafadores inmobiliarios y colonos israelíes.

Todo esto gestionado por una empresa privada, presidida por un neo-Calígula vitalicio, ahora encargado de la anexión, ocupación y explotación de Gaza: una monstruosa apropiación de tierras que entierra de una sola vez un genocidio y lo que queda del derecho internacional; todo ello plenamente aprobado por la UE y un puñado de “líderes” políticos, algunos demasiado aterrorizados, otros básicamente tratando de eludir la ira del neo-Calígula.

La “ruptura” china

Un payaso llamado Nadio Calvino, presidente del Banco Europeo de Inversiones, llegó a afirmar en Davos que la UE “es una superpotencia”.

Bueno, la Historia se resiste a registrar como superpotencia a un sistema que depende totalmente de los EE. UU. y la OTAN para su defensa, que no exhibe ninguna proyección de poder, que no alberga grandes empresas tecnológicas (las que aún existen están colapsando), que depende en un 90 % de suministros extranjeros de energía y que se está ahogando en deudas (17 billones de dólares en total, equivalentes a más del 80 % del PIB de la UE).

Así que, al final, en medio de tanto ruido y furia absurdos, ¿cuál fue el verdadero punto de inflexión en Davos? No fue la «ruptura» ni siquiera los planes para la apropiación de tierras. Fue el discurso del viceprimer ministro chino, He Lifeng .

Por cierto, el discurso de “ruptura” de Carney estuvo fuertemente influenciado por su reciente viaje a China, donde se reunió con He Lifeng, un serio candidato para suceder a Xi Jinping en el futuro.

En Davos, He Lifeng dejó muy claro que China está decidida a convertirse en “el mercado mundial” y que impulsar la demanda interna está ahora “en lo más alto de la agenda económica [de China]”, como se refleja en el 15º plan quinquenal que se aprobará el próximo marzo en Beijing.

De modo que, sean lo que sean lo que traman los bárbaros, el hecho que importa es que China ya está en plena fase siguiente, en la que se espera que reemplace a Estados Unidos como principal mercado de consumo del mundo.

Esto es lo que se llama una ruptura.

Fuente: observatoriocrisis.com 

Mala fe


MEDIO ORIENTE :: 24/01/2026

ANDREA ZHOK

Quienes exigen la soberanía palestina sobre Palestina deben exigir sistemáticamente la soberanía iraní sobre Irán, sin intervención militar externa

Disculpen, pero este absurdo paralelismo entre Palestina e Irán sigue apareciendo, como si quienes protestaron contra el genocidio en Gaza tuvieran que, para mantener la coherencia, protestar contra la represión del levantamiento armado en las ciudades iraníes.

Al principio, pensé que se trataba de algún individuo con discapacidad mental episódica que apoyaba esta tesis, pero nunca debemos exagerar nuestra fe en la especie humana: este «razonamiento» se repite una y otra vez.

Pues bien, dado que se cuestiona la necesidad de coherencia y el paralelismo entre ambas situaciones, quisiera señalar cuatro cosas:

1) Quienes exigen la soberanía palestina sobre Palestina deben exigir sistemáticamente la soberanía iraní sobre Irán, sin intervención militar externa; esto es coherente con el principio de autodeterminación. Quienes rechazan esto se adhieren a una forma de supremacía colonial, según la cual la civilización debe importarse del extranjero (de Occidente concretamente) por la fuerza de las armas.

2) El ataque reivindicativo de HAMAS del 7 de octubre no fue un ataque contra un estado extranjero, sino contra una fuerza colonial de apartheid establecida en territorios militarmente ocupados que Israel no tiene derecho a reclamar como propios. Esta no es mi opinión, sino una opinión legal basada en resoluciones de la ONU.

3) La respuesta de Israel, dos días después, el 9 de octubre, expulsó a todos los combatientes restantes de HAMAS implicados en el ataque. A partir de entonces, las pomposamente llamadas 'Fuerzas de Defensa de Israel' continuaron su masacre en zonas civiles, arrasando la Franja de Gaza y matando, según las estimaciones más restrictivas, al menos a 72.000 palestinos, incluidos aproximadamente 20.000 niños. Esta masacre continuó diariamente durante 24 meses (y en menor medida incluso hasta hoy).

La respuesta del gobierno iraní al levantamiento armado en su territorio duró tanto como el propio levantamiento. Según el Departamento de Defensa de EEUU, 800 sicarios capturados, pagados por el Mossad, que se creía que fueron ejecutados, aún se encuentran en prisiones iraníes a la espera de juicio.

4) La respuesta pública a las masacres israelíes comenzó a surgir tímidamente en Europa no antes de seis meses después del 7 de octubre, cuando aparecieron las primeras manifestaciones significativas. Una respuesta masiva, que incluyó cobertura de los principales periódicos y algunas personalidades institucionales, tuvo lugar después de un año y medio de masacres transmitidas diariamente a todo el mundo.

La respuesta pública a lo que estaba sucediendo en Irán llegó de inmediato, mucho antes de que nadie comprendiera lo que realmente estaba sucediendo, con denuncias inmediatas y vibrantes en los medios occidentales de masacres atroces de manifestantes pacíficos. Durante días, se negó que los «manifestantes pacíficos» estuvieran fuertemente armados, que dispararan contra las fuerzas de seguridad y contra civiles, y que quemaran mezquitas, bibliotecas, coches y edificios. Sin embargo, ante una ausencia casi total de información, en cuestión de horas internet se llenó de cifras astronómicas de «víctimas del régimen». (La afirmación infundada de 12.000 manifestantes muertos circuló de inmediato, mientras que ahora se dice que la cifra es de 3.000 en total, incluyendo sicarios, infiltrados, fuerzas de seguridad y civiles abatidos accidentalmente).

Así que, si aún no lo entienden, lo que ha quedado meridianamente claro es:

a) que las dos circunstancias son incomparables;

b) que la opinión pública en ambos casos fue manipulada, y manipulada en direcciones opuestas, alimentada con datos falsos e interpretaciones sesgadas (lo único que tienen en común es que eran interpretaciones que a Israel le satisfacían);

c) que, en todo caso, la coherencia requeriría apoyar la autodeterminación tanto de los palestinos como de los iraníes; si aún no lo has entendido, entonces NO QUIERES entenderlo, y ya no es ignorancia sino mala fe.

ariannaeditrice.it


Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/mala-fe 

miércoles, 4 de febrero de 2026

Japón no está cualificado para ocupar puesto permanente en Consejo de Seguridad de la ONU, dice embajador chino


Por Xinhua | el 23 de enero de 2026 |










Sun Lei (c), encargado de negocios de la misión permanente de China ante Naciones Unidas, habla en la primera sesión del Comité Preparatorio para la Conferencia de Plenipotenciarios sobre Prevención y Castigo de los Crímenes de Lesa Humanidad, en la sede de la ONU, en Nueva York, el 19 de enero de 2026. (Xinhua/Zhang Fengguo)

Un enviado chino afirmó hoy miércoles que Japón no está de ninguna manera cualificado para ocupar un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.

El militarismo japonés no ha sido reconocido plenamente y las fuerzas japonesas de derecha están presionando para la remilitarización, afirmó Sun Lei, encargado de negocios de la Misión Permanente de China ante las Naciones Unidas.

"Un país que no muestra remordimiento por sus crímenes históricos, que viola las normas básicas de las relaciones internacionales, que desafía los resultados de la Segunda Guerra Mundial y pisotea descaradamente el orden internacional de la posguerra, no puede asumir la responsabilidad de salvaguardar la paz y seguridad internacional, no puede obtener la confianza de la comunidad internacional y, fundamentalmente, carece de cualificaciones para aspirar a ser miembro permanente del Consejo de Seguridad", señaló Sun.

El Consejo de Seguridad es el núcleo del mecanismo internacional de seguridad colectiva. Tiene una misión especialmente importante en la defensa del orden internacional de posguerra y salvaguarda de la paz y seguridad internacional, recordó el funcionario chino, en una reunión de la Asamblea General sobre las negociaciones intergubernamentales relativas a la reforma del Consejo de Seguridad.

Desde los comentarios erróneos de la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, sobre Taiwan y su amenaza de usar la fuerza contra China, hasta los altos funcionarios japoneses que abogan abiertamente por tener armas nucleares, pasando por la presión para revisar los tres documentos de seguridad nacional y la insistencia en modificar los tres principios no nucleares; estas acciones exponen plenamente las siniestras intenciones de las fuerzas de derecha japonesas de promover la remilitarización e intentar revivir el militarismo, planteando nuevas amenazas para la paz y la seguridad regional y mundial, indicó Sun.

China, como miembro permanente del Consejo de Seguridad y gran país responsable, está dispuesta a colaborar con todas las naciones y pueblos amantes de la paz para defender con firmeza los resultados victoriosos de la Segunda Guerra Mundial y el orden internacional de la posguerra, defender conjuntamente la autoridad y unidad del Consejo de Seguridad y desempeñar un papel constructivo en la paz y seguridad internacional, reiteró.

En cuanto a la reforma del Consejo de Seguridad, Sun manifestó que China apoya una reforma necesaria y razonable con el objetivo de mejorar la autoridad y eficiencia del mismo para responder mejor a las crisis y retos. La única dirección correcta de la reforma debe ser aumentar de manera efectiva la representación y voz de los países en desarrollo.

(Web editor: Zhao Jian) 

El factor común: Venezuela, Irán, Groenlandia o la crisis del poder estadounidense

Esta tensión interna explica también la aparente dispersión de la política exterior estadounidense, que en realidad no lo es. Venezuela, Irán, México o Groenlandia no son episodios inconexos. Comparten un denominador común: energía, recursos estratégicos, control territorial y disciplinamiento geopolítico en un mundo que ya no es unipolar.

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Mientras el mundo analiza Venezuela, Irán, Nigeria o el país que EE.UU. decida atacar —buscando explicaciones, contextos e incluso posibles «justificaciones» para la barbarie—, e incluso, cuando se pregunta con razón qué pinta Europa en un escenario donde Washington la amenaza directamente y Bruselas responde señalando como enemigos a Rusia y China, se pierde de vista el factor común.

Donald Trump, más allá de su carácter narcisista, ególatra y, en definitiva, objetivamente peligroso, representa la manifestación de un doble agotamiento: por un lado, del liderazgo político tradicional estadounidense; por otro, de un modelo hegemónico que ha perdido su capacidad de integración social, su fuerza persuasiva y, sobre todo, su proyecto de acumulación expansiva.

En su segundo ascenso al poder y con apenas un año en la presidencia, Trump ya ha superado a Obama, quien hasta entonces lideraba el ranking, en número de agresiones extranjeras. El dato ha defraudado incluso a sectores del universo MAGA que esperaban una política exterior más contenida, y que ha ido decepcionando también a otros segmentos que lo apoyaron como mal menor o como esperanza reaccionaria.

Sin embargo, el problema de fondo ya no es la psicología de Trump —aunque juegue su papel—, sino algo más estructural: por qué las fracciones dominantes del capital estadounidense lo asumieron como gestor y qué consecuencias puede tener esa apuesta para el propio sistema que dicen defender.

Durante décadas, la oligarquía estadounidense fue capaz de conciliar intereses divergentes bajo un mismo paraguas expansivo. Hoy ese paraguas se ha encogido. El pastel ya no crece al ritmo necesario y el conflicto entre fracciones tiende, inevitablemente, a agudizarse.

Así, cada vez que Trump parece atender las demandas de uno de esos sectores del capital que, al inicio, parecían haber alcanzado un consenso en torno a su figura —proteccionismo industrial, presión energética, rearme, control migratorio—, abre fisuras con otros. Los aranceles que benefician a unas fracciones dañan las cadenas globales de valor de otras. La confrontación geopolítica que alimenta al complejo militar-industrial encarece mercados y genera inestabilidad financiera. La presión sobre aliados tradicionales inquieta al capital más internacionalizado. Y la arbitrariedad de sus políticas erosiona la confianza, acelerando incluso los mecanismos de desdolarización.

Esta tensión interna explica también la aparente dispersión de la política exterior estadounidense, que en realidad no lo es. Venezuela, Irán, México o Groenlandia no son episodios inconexos. Comparten un denominador común: energía, recursos estratégicos, control territorial y disciplinamiento geopolítico en un mundo que ya no es unipolar.

Venezuela y su petróleo. Irán como nudo energético y geopolítico en Asia Occidental.  México como frontera laboral, industrial y migratoria. Groenlandia como enclave clave en la nueva disputa ártica. En todos los casos, EE.UU. no actúa desde la confianza del hegemón indiscutido, sino desde la urgencia de un poder que percibe que pierde margen. La aparente desesperación de Trump no es un rasgo personal aislado, sino que responde al papel que se le ha asignado: forzar resultados allí donde las estrategias anteriores fracasaron.

Y este es otro elemento central que no conviene olvidar: las políticas previas no funcionaron. Ni las guerras «humanitarias» de Obama ni el uso masivo de sanciones —más correctamente, medidas coercitivas unilaterales— lograron restaurar la hegemonía estadounidense. Produjeron devastación, sí, pero también resistencia, nuevas alianzas y un progresivo desplazamiento del eje mundial. Trump aparece, así, como la respuesta desesperada a ese fracaso acumulado.

El problema es que forzar no equivale a resolver. Y cuando una estrategia no produce los resultados esperados, el apoyo del capital tampoco es incondicional, como ya ocurrió anteriormente. El capital estadounidense no es sentimental: apoya mientras la estrategia rinde. Si Trump no logra reordenar el tablero a favor de esos intereses, ese respaldo puede erosionarse. Pero aquí emerge una complicación de enorme calado: ¿consentirá un narcisista aupado al poder ser apartado sin resistencia, como ocurrió con sus antecesores?

En su intento por sostenerse, Trump está construyendo lealtades personales y aparatos propios. Y no es un fenómeno exclusivamente interno. La presión directa para condicionar procesos electorales, negar resultados adversos o forzar desenlaces bajo amenaza ya se ha ensayado en países como Honduras o Argentina.

Ese mismo patrón también empieza a proyectarse hacia dentro. La expansión y politización  de organismos como ICE, convertidos de facto en un cuerpo parapolicial con lógica de enemigo interno, es una señal de alarma. A ello se suma una retórica cada vez menos ambigua sobre la excepcionalidad permanente, el cuestionamiento del calendario electoral y la normalización del estado de excepción, justificado por amenazas constantes —internas o externas—.

Porque la erosión del respaldo no proviene solo del capital. La ruptura social interna también se acelera. El rechazo a las políticas de Trump crece al mismo ritmo que se profundiza la crisis social estadounidense: una crisis de vivienda cada vez más aguda, el aumento de la violencia, la drogadicción, la desigualdad económica y racial en ascenso, y una precarización que atraviesa amplias capas de la población. A ello se suma una respuesta estatal que, como ya dijimos, no busca integrar ni negociar, sino disciplinar.

Porque esta es la forma en que Trump «dialoga» con su propio pueblo: del mismo modo que con el resto del mundo, mediante la amenaza, la coerción y la violencia. La represión de la protesta, la persecución selectiva y la construcción del enemigo interno no son efectos colaterales, sino parte constitutiva de su forma de gobierno.

Selcuk Acar / Gettyimages.ru

Esa lógica también se expresa en el uso selectivo del castigo económico y social con fines electorales. La retirada de ayudas a la infancia y a programas sociales en estados gobernados por demócratas no responde solo a una agenda ideológica, sino a un cálculo político explícito ante unas elecciones intermedias que podrían arrebatarle las mayorías en las cámaras.

En efecto, como en las elecciones de medio término en Argentina, Trump ha vuelto a chantajear al pueblo a través de un recorte de presupuesto. No es casual que esta estrategia se despliegue al mismo tiempo que el Partido Republicano pierde presencia incluso en bastiones históricos como Miami.

En ese sentido, no es exagerado —si atendemos a la escena completa— plantear que EE.UU. se acerca a una forma de fascismo. No una copia de los modelos europeos del siglo XX, sino una variante adaptada a su propia historia imperial: un fascismo tecnificado, securitario, con retórica de orden y restauración y, este es un elemento decisivo, con armas nucleares. Una diferencia que no es menor. Nunca antes una potencia con semejante capacidad destructiva había entrado en una dinámica tan abierta de degradación institucional y política.

La oscura predicción sobre el «excremento del diablo» que se hizo realidad en la era Trump

Pero la historia no está cerrada. A diferencia de los relatos de fuerza que proyecta el trumpismo, el poder estadounidense atraviesa hoy un entramado de contradicciones internas —económicas, sociales, territoriales y políticas— que ningún liderazgo personal puede controlar indefinidamente. El mismo capital que lo sostiene puede retirarle el respaldo si deja de ser funcional; las instituciones, por erosionadas que estén, aún operan como campo de disputa; y el rechazo social, lejos de disiparse, sigue creciendo.

Lo verdaderamente inquietante no es Trump en sí. Es que el país más armado del planeta haya llegado a este punto. Pero precisamente por eso, la salida no puede imponerse solo por la fuerza. La huida autoritaria no resuelve las causas del declive, solo las aplaza y las agrava. Y en ese límite —en esa incapacidad para recomponer hegemonía— se abre también un margen: el de que las propias contradicciones del sistema terminen por frenar esta deriva.

EE.UU. ya no gobierna el mundo desde la confianza, sino desde la urgencia. Y la urgencia, por definición, es mala consejera para los imperios. Esa es la advertencia histórica. Pero también, potencialmente, el principio de un desenlace que aún no está escrito.

Fuente: *RT* 

Los comunistas que somos ¿izquierda transformadora o mosca cojonera?


Alonso gallardo militante comunista asturiano

 febrero 2026 

Nos encontramos en medio de una tercera guerra mundial provocada por el imperialismo yanqui y aliados occidentales, generada desde todos los ángulos existentes en la sociedad, incluido el militar, en Ucrania de Europa por EE.UU y la OTAN, instrumentalizando al pueblo ucraniano en la guerra contra Rusia para derrotarla, desmembrarla y apropiarse de su riqueza. En el Oriente Medio los mismos con el pueblo israelí, para derrotar al frente de resistencia en su guerra de destrucción de Irán, para el control de las materias primas, el petróleo y el colapso de la Nueva Ruta de la Seda China. En África del Norte instrumentalizando al pueblo marroquí con el apoyo al terrorismo fundamentalista, para impedir el proceso de liberación nacional en el área del Sahel, sumando la ocupación de la República Saharaui por el colonialismo marroquí al servicio del imperialismo yanqui; más la división del Sudan y el enfrentamiento contra fuerzas armadas financiadas por el imperialismo yanqui, que tiene continuidad con la ocupación de amplias zonas de la República Democrática del Congo por guerrillas financiadas y armadas por el mismo imperialismo, que se extiende por el centro y sur de África, contra países soberanos como Zimbabue o Namibia y Sin olvidar, el bloqueo e intervenciones militares y terroristas en Nicaragua, Venezuela, Cuba y las injerencias y golpes de estado blandos en el conjunto de América Latina y el Caribe. Lo mismo en el bloqueo a China y Corea del Norte con la instrumentalización del pueblo taiwanés, surcoreano y filipino, por un imperialismo que en su decadencia por la pérdida de la hegemonía intenta sobrevivir mediante el caos y las guerras abusando de su poderío militar y nuclear.

No se puede entender que encontrándonos en esta situación geopolítica de guerra total en todas sus facetas políticas, económicas, tecnológicas, científicas, culturales e ideológicas, bajo el dominio y control que el imperialismo yanqui-occidental tiene de los medios de comunicación, cadenas de suministro globales, de los medios de financiación y pagos mundiales y del dólar como moneda de comercio global; que algunos dirigentes comunistas y de la izquierda pongan peros por su carácter burgués o religioso y nieguen el carácter revolucionario de los gobiernos de países como Rusia, Irán o HAMAS en Palestina, que confrontan con el imperialismo por la soberanía de su pueblo. Emulan a los reaccionarios trotskistas y oportunistas que trabajan para el imperio dividiendo a la izquierda y a la clase trabajadora en las batallas siempre que la victoria es posible. Esto pasa ahora mismo cuando el pueblo iraní enfrenta una invasión del hegemón yanqui y sus aliados occidentales y el Presidente del pueblo soberano de Venezuela, es secuestrado con una intervención militar y cuando ese mismo imperialismo está demandando una futura intervención militar en Cuba, por la crisis económica y productiva que padece fruto del bloqueo total que sufre por el mismo imperialismo.

Recuperar la táctica leninista de un paso atrás, siempre es válido para poder seguir dando en el futuro pasos adelante en defensa de los intereses generales de la clase trabajadora y pueblos que luchan por su soberanía y de paso reflexionar, sobre la autocrítica del Séptima Congreso de la Internacional Comunista con respecto a la estrategia de los frentes populares, base de la del PCE de José Díaz en el combate contra el fascismo internacional en la guerra de liberación nacional de 1936 en España. También el pacto del mismo año entre el Partido Comunista de China y el Kuomintang para combatir la invasión japonesa. Metodología de estudio y trabajo explicada por Lenin en el imperialismo fase superior del capitalismo o las tesis filosóficas de Mao, con mención especial sobre la contradicción, por decir algunos de los muchos ejemplos de los clásicos del marxismo leninismo, con el objetivo de recuperar el análisis concreto en la elaboración de una teoría política transformadora, superando dogmas como lecciones aprendidas mediante el corta y pega.

Los comunistas debemos enfrentar esta situación no como pollos sin cabeza dando tumbos según nos vienen los golpes. Es necesario recuperar la soberanía ideológica, política y organizativa como clase obrera y como partido, que solo puede venir bajo la recuperación de una línea política de inserción y trabajo entre las masas obreras, librando la batalla en la base económica del capital allí donde trabaja, vive y estudia, recuperando la autonomía y soberanía de las organizaciones obreras de masas sindicales, vecinales y estudiantiles. Concentrando el grueso de nuestra fuerza militante, cuadros y dirigentes a esta tarea fundamental estratégica, para recuperar la hegemonía en el seno de la clase trabajadora y poder pasar al estadio superior de la guerra de posiciones en la calle y en las instituciones, según marque la correlación de fuerzas y la agudización de la lucha de clases.

Pero para eso es necesario recuperar la experiencia histórica de la lucha del movimiento obrero y de los comunistas españoles, que pasó en sus inicios sectarios, por la unidad de acción en el Frente Único Proletario a principios de los años treinta, de todas las fuerzas políticas que se identifican con la clase obrera y posteriormente del frente común de todas las clases y sectores sociales del pueblo, en un Frente Popular contra el enemigo principal: la oligarquía imperialista española y sus aliados liberales y fascistas lacayos del imperialismo yanqui-occidental. Esto nos obliga a dar la respuesta a las agresiones del capital de forma ajustada a la táctica política de masas, programa y alianzas desde el seno de la clase obrera y sus organizaciones de masas, no desde fuera de la clase trabajadora en asambleas o plataformas como actualmente se hace exclusivamente como agitación y propaganda.

Esta es la experiencia histórica que nos identifica al enemigo principal y a quienes debemos tratar de ganar como aliados y por lo tanto, la que determina nuestro programa mínimo desde los intereses generales de la clase trabajadora y de nuestros aliados, de cara a fortalecer una alternativa de masas al dominio de la oligarquía imperialista vende patrias. Esta debe ser la estrategia revolucionaria de la toma del poder por la mayoría social que representamos, basada en unos objetivos que defiendan la mayoría de sectores obreros, populares y clases sociales oprimidas por la oligarquía imperialista, con propuestas de igualdad de derechos y deberes para todo el estado y del derecho a la identidad y cultura materna bajo una base republicana y del trabajo. Seamos conscientes que para hacer esto nada nos impide la socialdemocracia, los reformistas ni sus políticas, al revés, debemos apoyarnos en sus puntos fuertes de influencia social y representación institucional, para desde la movilización social que es una de nuestra funciones influir en su comportamiento institucional, ejerciendo una crítica correcta y constructiva a su posibilismo ajustada a nuestra táctica y al programa mínimo, de forma que permita acumular fuerzas y superar nuestra debilidad organizativa para intervenir en las instituciones, pero condicionándola siempre con la movilización social.

No hay ninguna otra, ni atajos ni subjetividades paralelas que puedan sustituir el arduo trabajo de masas, de integración social de la militancia revolucionaria en el seno de la clase obrera, generando conciencia de clase y organización sindical y política, base cultural de resistencia, unidad y lucha del poder obrero y popular allí donde trabajamos, vivimos y estudiamos, porque solo así nos enseña la historia aprendida, que lograremos el empoderamiento como clase y como pueblo bajo el ideal de una república democrática del trabajo entre iguales por encima de la raza, género o clase.