domingo, 29 de marzo de 2026

«Las élites españolas están muy cohesionadas»


 Entrevista al economista y sociólogo Andrés Villena


Fuentes: El Salto

Andrés Villena presenta el libro ‘Las élites que dominan España, una historia alternativa desde 1939’ (Libros del K.O.).

Andrés Villena (Elche, 1980) acaba de publicar Las élites que dominan España, una historia alternativa desde 1939 en Libros del K.O. Economista y sociólogo, profesor en la Universidad Complutense de Madrid, en este ensayo disecciona las historia de las élites económicas y políticas en España durante el último siglo. A través del libro, Villena nos va describiendo cómo las redes de influencia van modelando la estructura económica y condicionando los consensos políticos desde el final de la guerra civil hasta la actualidad.

*Puedes escuchar el audio completo de la entrevista aquí.

Cuando hablamos de las élites de otros países del sur global, o incluso de las élites económicas en los EE. UU. cuya influencia está presente en cada agenda política, parece algo normalizado y asumido ¿Por qué cuando hablamos de élites en España parece que habláramos de algo más cercano a una teoría de la conspiración antes que a un funcionamiento de un sistema político?

A.V.: Es que parece que hablar de élites es hablar poco menos de los que elaboran el protocolo de los sabios de Sion, reptilianos o de gente que se reúne en la oscuridad para conspirar. Charles Wright Mills dice que en la historia hay muchas conspiraciones, pero la historia no es una conspiración. Los poderosos tienen tanto poder para hacer lo que quieran que no necesitan conspirar. Entonces, creo que la teoría de la conspiración es una especie de teoría mágica que nos quita la responsabilidad de pensar en abstracto.

Un rasgo de las élites es el sincretismo. Hay una idea de que las élites trabajan con una especie de procedimiento secreto, arcano, que solo quienes están dentro conocen y, si no lo conoces, es que no formas parte de la élite.

A.V.: A este tipo de élites, incluidas las políticas de medio nivel, les interesa rodearse de un halo de magia, porque esa sensación de magia es placentera para el lector en la medida en que le hacen una lectura más agradable, más misteriosa, pero le elude la responsabilidad de pensar cómo podríamos objetivar ese comportamiento.

Y a veces los comportamientos son muy burdos. El comportamiento del presidente de los Estados Unidos actual, es difícil rodearlo de un halo de magia; son decisiones que seguro que tienen mucho asesoramiento y horas de reflexión y discusión. También es verdad que la prensa también contribuye a este halo de misterio, probablemente para construir historias que narrativamente son más fácil de consumir.

Pero esto nos aleja de saber los mecanismos por los cuales se reclutan las elites , ya sea en los partidos o a través de las oposiciones. Tienen valores parecidos, han estudiado los mismos  cuatrocientos temas de la oposición pensando igual, adquiriendo un grado de intimidad mucho mayor que en cualquier otro grupo. Las pasiones que les aproximan son grandes y los llevan a entenderse muy bien, casi como un mecanismo animal. Aún así, como investigadores, ese halo de magia hay que tomarlo con precaución porque nuestro trabajo es encontrar fuentes para mapear y esquematizar la forma en la que trabajan.

Hay una coletilla que utilizas en varios momentos durante el libro y es que para las élites “España necesita ser periódicamente salvada y rescatada de sus demonios interiores”, que viene a justificar la existencia y la misión de la élite española.

A.V.: Hay varios factores que intervienen ahí. En primer lugar, un capital entendido como una gran bolsa de dinero nacional e internacional que necesita actualizarse y generar plusvalía, para lo que necesita unos empleados de lujo que se llaman élite en el poder o tecnocracia. Este grupo lo componen altos funcionarios o políticos democráticos que se ponen al frente de la maquinaria estatal y a veces en la empresa privada. Pero, en segundo lugar, no es suficiente a largo plazo dominar a la gente sin que ella considere que debe ser dominada de esa forma. En España esta idea de salvación viene de un replanteamiento de la idea regeneracionista de Joaquín Costa, que hablaba de un cirujano de hierro para darle la oportunidad de regenerarse. Está presente esta idea de que España se tiene que rehacer porque sino va a entrar en otra guerra cainita. Nos hemos inventado y heredado un mecanismo de control bastante interesante.

En 1939 Franco poco menos que decía haber salvado España de los rojos y la Antiespaña. Posteriormente, en el desarrollismo, los tecnócratas vinieron a salvar a España con su golpe de timón. Pero lo interesante fue que, en 1977, cuando existía la oportunidad de hacer algo diferente gracias a la presión obrera, feminista y sindical, llegaron una serie de planes de austeridad en forma de Pactos de la Moncloa para frenar la desestabilización.

El libro empieza en 1939, precisamente en un momento en el que la dictadura y la clase financiera golpista se apodera de buena parte de las propiedades y patrimonios de la clase económica y el pueblo republicano.  ¿Una parte del IBEX 35 hunde sus raíces en el 39?

A.V.: Para entender este proceso recomiendo mucho el libro de Antonio Maestre  Franquismo S.A. Por ejemplo, cuenta cómo el Conde de Fenosa montó lo que después será su empresa multinacional a partir de hacerse con los terrenos de un rival empresario republicano que, al iniciarse la guerra, había tomado partido por la legalidad. Lo que en su día fue Fenosa hoy forma parte de Naturgy, que es una de las insignias de lo que podríamos llamar la “marca España”.

Esto ocurre en ocho o diez grandes empresas del IBEX 35, pero no podemos ignorar que con el paso de las décadas el enriquecimiento del IBEX 35 se ha debido también a otras grandes desamortizaciones de activos públicos que han sido muy rentables. Yo no critico la privatización de una serie de elementos de la industria que en su momento ya no eran rentables. Empresas que podrían ser integradas en empresas mayores y generar rentabilidad a través de economías de escala. Pero, cuando se vendieron empresas públicas como Endesa o Telefónica, se estaban vendiendo las joyas de la corona, que perfectamente podrían haber permanecido en manos públicas.

Se trata de un origen matizado. Entre las empresas del Ibex 35 existentes en 1939 se produce una redistribución de riqueza hacia arriba como premio por participar en la guerra civil. Se trata de un criterio no económico sino político e ideológico, de favorecer a capitales de empresas que, por otro lado, van a ser los que van a estar impulsando una rápida industrialización en la década de los cuarenta y cincuenta, y que con el Plan de estabilización de 1959 serán protegidos por el Estado para que los capitales extranjeros no los compren

Hablas del plan de estabilización de 1959 como del nacimiento de un nuevo sentido común.

A.V.: Aquí hay dos elementos. Conforme iba profundizando en la investigación, me daba cuenta de las dimensiones de la presencia de un elemento extranjero como EE. UU. en nuestro país. Hay un elemento extranjero que empieza con Truman en 1948, el cual, partiendo de un rechazo claro del régimen franquista al que impide entrar en la ONU, se va modificando con el inicio de la guerra fría y la guerra de Corea. Los norteamericanos empiezan a entender que España es un bastión anticomunista. Y de manera gratuita. No hay que hacer Plan Marshall y es una base geopolítica básica. Después llegaron los pactos del 53 y la llegada de capitales extranjeros. Lo que pasó al final de la década es que los americanos empezaron a inquietarse porque, después de toda la financiación y préstamo de divisas, se había creado una España que no era capaz de generar divisas por la venta de productos agrícola para comprar insumos y materias primas, por lo que existía un riesgo de no devolución de esos prestamos. Entonces, empieza la presión a través de telegramas, reuniones y delegados del FMI en los que se conmina a arreglar las finanzas públicas. De ahí surge el Plan de Estabilización, que no es una sola ley, sino un conjunto de muchas medidas y decretos. Sin embargo, esto se ha contado como un momento en el que una serie de economistas iluminados arreglaron las finanzas públicas. Esto ocurrió porque había gente cada vez más cualificada, con más conocimiento del extranjero, que iba viendo que la situación de España no funcionaba.

Pero hay otro elemento. Y es que el franquismo había ganado la guerra y ahora había que ganar la paz. Entonces, se trataba de generar un nuevo sentido común. ¿Cómo se hace eso? Tratando de generar una legitimidad de resultado, empleo, crecimiento económico y una especie de redistribución indirecta de la riqueza a través del crecimiento. Y ahí llega el modo de proceder desarrollista. Abramos el país al turismo, pongámosle una sonrisa. Aquí entra toda la propaganda que hizo Fraga sobre los Veinticinco años de paz. Ingresan divisas y exportamos -y ese es el gran truco -tres millones de desempleados al extranjero. Se mantiene a las mujeres dentro del hogar, por lo que la tasa de desempleo no presiona al alza. Se ponen en marcha una serie de medidas para ajustar la inflación, se limita el gasto público para, en definitiva, también crear una seguridad jurídica y económica con el fin de que entren las grandes corporaciones americanas como la General Motors, la General Electric, que encuentran en España una mano de obra baratísima.

Te refieres a los ministerios de Boyer y Solchaga como los ministerios de desindustrialización.

A.V.: Es que aplicaron un manual que no admitía contestación. El mundo se estaba abriendo y estas industrias eran menos competitivas. En cierto modo tenían razón, porque el franquismo era una fábrica de paro envasado. Durante la transición volvieron a España millones de emigrantes porque querían vivir en su país y los gobiernos de Suárez y González se tuvieron que enfrentar a una serie de medidas anti-inflación que no habían querido aplicar los franquistas del final porque se les desmoronaba el régimen.

Imagínate cortar la subida del salario nominal a los sindicalistas que en los setenta estaban en la calle y que durante los años de la transición habían acumulado miles de horas de huelga. Al final, paradójicamente, las medidas duras las tomaron los gobiernos democráticos con suficiente mayoría parlamentaria. Eso es la leche, porque da una lección amarga de que la democracia puede ser más cruel que una dictadura débil, y que la libertad de expresión en algún momento puede ser incluso menor. Ello da una  serie de lecciones sobre el poder que te deprimen o te hacen más pesimista, o, a lo mejor, más realista.

Luego hay otro elemento que fue la reconversión industrial que, en cierto modo, fue una reconversión financiera. La banca estaba teniendo pérdidas en la industria, quería salir y no estaba demasiado fortalecida por todos los problemas que estaba teniendo. Fue una manera de sanear, de permitirles invertir en otro tipo de sectores y generar plusvalías porque compraban deuda pública estatal y porque todavía tenían una gran influencia en el Banco de España y en la economía general. No fueron solo medidas macro estándar, sino que beneficiaron a un estamento empresarial que se había fundado en la forma de sentido común que habían aprendido esos ministros, que derivaban del aparato industrial tardo franquista, no por franquistas, sino porque se tenían que formar en algún sitio.

Esto me lleva a la idea de la conformación de una élite que, si bien no siempre está de acuerdo en todo, sí que está de acuerdo en las cosas fundamentales. Y, como parte de esa serie de acuerdos tácitos, de lugares de socialización, en el libro hablas de La Dehesilla como uno de esos núcleos.

A.V.: La Dehesilla era una cacería ilustrada al estilo de las cacerías de Franco, que siempre era el que cazaba más a pesar de no parecer la persona más avezada para hacerlo. Pero también eran lugares para hacer negocios a corto y largo plazo. Eran lugares donde las élites llegaban a acuerdos en espacios seguros. Esa convergencia de valores y de puntos de vista les hace llegar a comuniones más fácilmente que en otros lugares. Se dan situaciones en las que, incluso perteneciendo a frentes empresariales enfrentados, se ponen de acuerdo con asombrosa facilidad.

La Dehesilla era eso, pero de manera más fina. Ilustrada con una inteligencia antifranquista, que iba de lo moderado hasta personas que, como Miguel Boyer, habían pasado hasta un año en la cárcel; gente que tenía credenciales comunistas, socialistas, liberales, incluso trotskistas y maoístas… y que se reunían para ver qué había que hacer con España cuando cayera el tirano. Por eso es un lugar clave.

Por aquel entonces  Boyer y Solchaga ya eran empleados públicos del Banco de España. También Mariano Rubio, aunque había tenido que pasar un año en la OCDE en una especie de exilio permitido por el régimen, después de haber pasado también por la cárcel. Ese pedigrí antifranquista les permitía formar parte de organismos muy potentes, después totalmente desligados del pasado, pero sus lugares de formación fueron la administración pública franquista.

Lo que ocurre es que esa materia gris en los ochenta y los noventa se acabó asociando a las familias más afines al régimen que querían combatir. Hasta en más de una ocasión acabaron formando uniones matrimoniales con empresarios a quienes, en principio, habían combatido, en un movimiento de absorción total del propio sistema.

¿Cuál es el papel que juega la Corona y en particular Juan Carlos I en este bussiness as usual?

A.V.: A mi juicio, Juan Carlos I es la corona de la clase dominante. Viendo los mecanismos de financiación de su riqueza actual, era un hombre sin una fortuna propia previa que infló su patrimonio mediante una serie de maniobras petroleras que han quedado reflejadas en varios ensayos, en particular, el trabajo de Rebeca Quintana en La fortuna del Rey o los ensayos de José García Abad.

El Rey ha sido el gran mediador de la élite española y de sus relaciones con otras élites. Fue proveedor de materias primas, como el petróleo que España necesitaba para seguir desarrollando su sociedad de consumo. Su papel en el 23F, pese a que esta última regularización de documentos parece que refuerza la versión oficial, no queda suficientemente aclarado. A mi juicio, tiene un papel muy claro en el golpe de timón, en esa especie de gobierno de concentración nacional. Es un gran mediador y legitimador del nuevo funcionamiento de las cosas en democracia. Se acercó más a los socialistas que a los conservadores porque, con buen olfato político, estaba viendo que la mayoría social iba a ir por ahí

Tengo que decir que empecé estos estudios sobre élites pensando que era un mero símbolo constitucional, que a nadie le importaba y que servía para culminar la hegemonía. Y, sin embargo, he ido viendo que ha sido un gran diplomático y empresario. Con maniobras de todo tipo, incluso movimientos oscuros en este sistema de la élite. A día de hoy, creo que sigue teniendo un papel para mediar… y un gran afán de revancha contra lo que ha vivido. Y creo que debe de tener bastante conexión con los mensajes que se hacen contra el actual gobierno. Algo me dice que esa conexión la vamos a acabar conociendo.

Juan Carlos I y Felipe González
La Expo 92 y los juegos olímpicos de Barcelona fueron la apoteosis de ese «juancarlismo» y de la España «moderna» de los socialistas. Foto del Archivo de Felipe González.

Con Aznar llegaron los tiempos de las grandes privatizaciones que se habían empezado durante los últimos años de los gobiernos de González…

A.V.: Sí, se venía un periodo en el que el PSOE había privatizado más de lo que privatizó el Partido Popular. Lo que pasa es que es verdad que cada empresa privatizada era diferente a la anterior y había muchos motivos, como reducir el déficit público y la deuda pública y crear un espacio de gasto público o generar ingresos para gastar en otras cosas.

Es cierto que los criterios del Partido Socialista pudieron venir influidos por los vientos de cambio neoliberales, pero muchas veces respondían a acciones no sé si improvisadas, pero no formaban parte de un plan. A diferencia de eso, está comprobado en documentos de la Fundación FAES que el Partido Popular ya quería imitar el proceso de Margaret Thatcher en 1993. Cuando estudiamos las redes de los privatizadores, te das cuenta de que el plan ya está ahí desde mucho antes. A diferencia de las privatizaciones socialistas –que eran tecnócratas de la administración–, los tecnócratas del PP venían de la Bolsa y su objetivo era conseguir el máximo capital con las ventas. Manuel Pizarro, Francisco González y compañía son esos altos funcionarios o yupis bursátiles que colocaron los paquetes de la Bolsa lo más caro o lo más rápido posible. Pero, en lugar de retirarse en el momento en el que habían vendido y permitir que el mecanismo del libre mercado diese lugar a nuevos dirigentes extraídos con un criterio de mejor competencia, se quedaron ahí y reformaron el reglamento del Consejo de Administración para perpetuarse ellos.

Lo estaban montando bien los del PP porque habían logrado hacer de la privatización una política de capitalismo de Estado, controlado por un partido que aspiraba a quedarse, pero le falló a última hora la comunicación y ahí se dieron cuenta. Se pudo ver que había un combate entre élites, que la élite mediática no era enteramente de derechas y que, por otro lado, España no era enteramente Madrid, pese a la madrileñización del aparato económico. Las élites conservadoras se sorprendieron viendo que España era plural y diversa. Pese a que controlaban el panorama mediático y habían creado una clase dominante afín, se encontraron con una sorpresa en las urnas, no enteramente atribuible a lo que ocurrió tras los atentados del 11-M.

Zapatero también intentó atraer empresarios en torno a su proyecto con dispares resultados…

A.V.: El credo económico de Zapatero no estaba definido, era un político casi provincial – sin querer decirlo con un tono despectivo –, que había ascendido rápido gracias al apoyo de Carlos Solchaga, del que fue adjunto en el Parlamento. Pero Zapatero llegó al poder demasiado pronto para lo que a él le hubiera convenido y se rodeó de una serie de asesores económicos como Miguel Sebastián o Jordi Sevilla, que suplían sus lagunas en este campo. Para estos asesores, el socialismo y la socialdemocracia no debían de incrementar demasiado el gasto público y eso significaba lo que significaba. Pero tampoco están totalmente alineados con la ortodoxia europea de Alemania.

Por otra parte, se dio cuenta de que tenía que intentar recuperar el aparato público privatizado, no para nacionalizarlo, sino para congraciarse con esa nueva élite empresarial. No lo consiguió porque el plan del Partido Popular era solido y su principal hito fue conseguir colocar a Javier de Paz en Telefónica. Es un movimiento clave del que queda excluido Carlos Solchaga, que desde entonces ya elimina sus simpatías con el zapaterismo, pero que, a mí juicio, era un puente que debía de haber mantenido estratégicamente.

Fracasa con la conquista del aparato económico, pero triunfa con la industria publicista y editorial catalana, que son muy potentes. Se forja una suerte de alianza con el grupo  Globomedia, el grupo Mediapro que, que acaba creando el Diario Público y, sobre todo, La Sexta. El diario Público luego salió como salió, pero fue un intento de crear una especie de competencia ideológica y editorial al diario El País.

Uno de los efectos intencionales o no intencionales de los fondos Next Generation ha sido la llegada de nuevas elites globales a la capital ¿Cómo es el aterrizaje de estas élites globales en una ciudad con unas élites tan asentadas?

A.V.: Ten en cuenta que, si la tasa de crecimiento del PBI que tenemos es alta, es muy probable que en algunos sectores la rentabilidad estimada para una inversión sea todavía mayor. A lo cual hay que sumar que parte de esa élite global viene a España porque tienen la sensación de tener menos seguridad jurídica en su país de origen. Cosa que es discutible en países como México, que al tiempo que hace reformas sociales ofrece una tasa de rentabilidad como consecuencia del crecimiento, que es incluso superior a la España.

Pero bueno, deciden venir aquí. Eso determina no sé si un choque, una convivencia que cambia el hábitat porque llegan unas élites que no están apegadas al territorio, que a lo mejor llegan aquí por un criterio de rentabilidad y a lo mejor no miran por el entorno de la misma manera que van a mirar por las élites nacionales.

Eso tiene mucho que ver también con el choque o la ruptura neoliberal desde que Milton Friedman en los ochenta planteó que los empresarios tenían que mirar por las cuentas y valores de sus acciones y no tanto por el territorio en el que operaban, por los sindicatos o por el bienestar de sus trabajadores. Pero claro, si tú acudes a un país por la rentabilidad, tu relación con el país no va a ser la misma que la de los que lo viven dentro de una comunidad como las élites locales. Creo que ese choque se está produciendo a nivel urbano, y que afecta incluso a las familias de rentas altas que se tienen que ir de zonas del barrio de Salamanca, que están siendo compradas por fortunas antes venezolanas y ahora mexicanas, al mismo tiempo que proliferan locales de ocio que son los locales que las élites extranjeras construyen a imitación de su ocio nacional. Lo hacen porque conocen ese modelo de extracción de rentabilidad, y porque también son el tipo de sitios en los que quieren estar. Se está produciendo un cambio en la economía política de ciudades como Madrid, en donde los cambios están ocurriendo mucho más rápido de lo que parece.

¿Madrid debería ser un Distrito Federal?

Es una pregunta que se va a ir respondiendo en los próximos años. Ya hay teorías que hablan de que Madrid debería de ser algo parecido a un great London que llegara de Guadalajara a Segovia. Sostienen que puede ser un vector de creación de progreso y riqueza. Ya Aznar con Álvarez Cascos como ministro de Fomento quería crear un Madrid y una España cuyos puntos mas importantes se definieran como ciudades a dos horas en tren de la capital. Desde el año 2000, el Partido Popular tiene un proyecto muy definido para Madrid y se orienta a eso por razones a lo mejor exclusivamente electorales o por razones ideológicas y, a lo mejor, por las relaciones que están estableciendo con élites internacionales.

Creo que hay un proyecto en ese sentido, que desde el punto de vista ecológico puede ser letal, pero, desde el punto de vista nacional, también. No sólo por los independentistas catalanes, sino por los independentistas madrileños, que manejan la idea de que Madrid es España dentro de España, y que, si todo lo que está a dos horas de Madrid, mejor, porque eso es la playa de Madrid.

¿En qué se diferencia un pijo de Madrid de un miembro de la élite de este país?

Es una pregunta sociológica muy valiosa. Yo veo a un pijo como un elemento performativo, con elementos culturales de capital social heredados que quiere pertenecer a un grupo al cual no necesariamente pertenece. Si pudiéramos acceder a los miembros de la verdadera élite económica y a cómo viven, posiblemente no tendrían nada que demostrar. Entonces, esa sobreactuación, esa ostentación de la marca para las élites de toda la vida, resulta algo un poco aberrante, sonrojante y vergonzoso.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/el-leon-dormido/entrevista-andres-villena-%C2%ABlas-elites-espanolas-tienen-valores-parecidos%C2%BB

Porqué Irán está ganando la guerra


MEDIO ORIENTE, EE.UU. :: 19/03/2026

ALASTAIR CROOKE

Irán está librando una guerra asimétrica casi perfecta: absorbe ataques, inutiliza las bases, destruye radares y mantiene el control de Ormuz sin perder su capacidad de lanzamiento de misiles

El modelo de guerra basado en ataques aéreos de confrontación entre EEUU e Israel está siendo desafiado por una guerra asimétrica estratégica muy diferente, planeada por primera vez por Irán hace más de 20 años.

Es importante comprender esto al intentar evaluar cuál es el verdadero balance de la guerra. Es como comparar naranjas con manzanas; son esencialmente diferentes en su naturaleza.

EEUU e Israel están lanzando gran cantidad de munición de largo alcance contra Irán y, salvo armas nucleares, ya han desplegado prácticamente todo su surtido de armamento. Pero, ¿con qué fin y con qué efecto? No lo sabemos.

Sin embargo, sabemos que Irán tiene un plan de guerra asimétrico. Y apenas está comenzando, avanzando gradualmente hacia su plena implementación. Aún no se ha revelado todo el arsenal de misiles iraníes, ni sus misiles más recientes, ni sus drones sumergibles ni sus lanchas rápidas con misiles antibuque que aún no se han desplegado.

Por lo tanto, desconocemos todo el potencial de Irán, y no podemos predecir el impacto que podría tener su despliegue completo. Hezbolá ya está plenamente operativo, y los yemeníes (aparentemente) esperan la autorización para cerrar el estrecho de Bab el-Mandeb, en paralelo al bloqueo del estrecho de Ormuz.

El origen de este paradigma asimétrico iraní surgió a raíz de la destrucción total del mando militar centralizado de Irak por parte de EEUU en 2003, como resultado de un ataque aéreo masivo de tres semanas.

El problema que surgió para los iraníes tras la guerra de Irak fue cómo Irán podría construir una estructura militar disuasoria cuando no poseía --ni podía poseer-- una capacidad aérea comparable a la de un adversario de ese nivel. Y, además, cuando EEUU podía observar la magnitud de la infraestructura militar iraní desde sus cámaras satelitales de alta resolución.

Pues bien, la primera solución fue, sencillamente, mantener la menor parte de la estructura militar iraní expuesta, para que el resto no pudiera ser observada desde el espacio. Sus componentes debían estar enterrados, y enterrados a gran profundidad (fuera del alcance de la mayoría de las bombas).

La segunda respuesta fue que los misiles enterrados a gran profundidad podrían, de hecho, convertirse en la «fuerza aérea» de Irán; es decir, podrían sustituir a una fuerza aérea convencional. Por lo tanto, Irán lleva más de veinte años construyendo y almacenando misiles.

Con su intensa dedicación a la investigación en tecnología de misiles, Irán fabrica, según se informa, entre 10 y 12 modelos de misiles de crucero y balísticos. Algunos son hipersónicos; otros pueden lanzar una variedad de submuniciones explosivas orientables (para evitar los interceptores de defensa).

Los misiles de gran tamaño se lanzan desde profundos silos subterráneos dispersos por todo Irán (un país del tamaño de Europa occidental, con abundantes cadenas montañosas y bosques). Los misiles tierra-mar también están desplegados estratégicamente a lo largo de la costa iraní.

La tercera respuesta consistió en encontrar una solución a la exitosa operación de descabezamiento masivo del mando militar de Saddam Hussein en 2003, mediante la táctica occidental de conmoción y pavor.

En 2007 se introdujo la doctrina mosaica

La idea que subyacía a esta doctrina era dividir la infraestructura militar de Irán en comandos provinciales autónomos, cada uno con sus propias reservas de municiones, silos de misiles y, cuando procediera, sus propias fuerzas navales y milicias.

Los comandantes recibieron planes de batalla predefinidos, junto con la autoridad para emprender acciones militares por iniciativa propia en caso de un ataque de decapitación contra la capital. Los planes de batalla y los protocolos se activarían automáticamente tras la decapitación de un Líder Supremo.

El artículo 110 de la Constitución iraní de 1979 otorga la autoridad de mando sobre las fuerzas armadas exclusivamente al Líder Supremo. Nadie, ni ninguna institución, puede anular o revocar sus directivas. Si el nuevo Líder fuera asesinado posteriormente, las instrucciones previamente delegadas entrarían en vigor y serían irreversibles por cualquier otra autoridad.

En resumen, la maquinaria militar de Irán, en caso de un ataque selectivo, funciona como una máquina de represalia automatizada y descentralizada que no puede detenerse ni controlarse fácilmente.

La comentarista militar Patricia Marins observa:

"Irán está librando una guerra asimétrica casi perfecta, absorbiendo ataques, inutilizando estratégicamente las bases circundantes, destruyendo radares y manteniendo el control del estrecho de Ormuz sin perder su capacidad de lanzamiento de misiles".

"EEUU e Israel se encuentran en una situación extremadamente difícil porque solo conocen un tipo de guerra: el bombardeo aéreo indiscriminado de objetivos mayoritariamente civiles, al fracasar en su intento de destruir las ciudades subterráneas con misiles".

"Ahora se enfrentan a un Irán estratégicamente bien posicionado que lucha según sus propios términos y plazos. ¿Qué hizo Irán? Se centró en la resistencia a los bombardeos y mantuvo casi todo su arsenal en grandes bases subterráneas que EEUU e Israel ya han intentado -sin lograrlo- penetrar con enormes cantidades de munición".

Otra lección importante que Irán aprendió de la guerra de Irak de 2003 fue que la «forma de hacer la guerra» de EEUU e Israel se centra exclusivamente en bombardeos aéreos en alfombra de corta duración, para descabezar las estructuras de mando y liderazgo y doblegar la voluntad de lucha de la población. La vulnerabilidad de una estructura de mando centralizada se contrarrestó con la estructura "Mosaico", que descentralizó y desactivó el mando de forma generalizada y a través de múltiples comandos, de modo que no pudiera colapsar en caso de un ataque sorpresa.

El antídoto en el análisis iraní era «prolongar la guerra»: la decisión estratégica del actual liderazgo iraní de optar por una guerra prolongada se deriva directamente de esta idea --que los ejércitos occidentales están diseñados para la táctica de disparar y huir--, además de su convicción de que el pueblo iraní tiene mayor capacidad para soportar el dolor de la guerra que la población israelí o la occidental.

La lógica que justifica prolongar una guerra más allá de lo que le convenga a Trump se reduce, fundamentalmente, a cuestiones logísticas.

La presión logística de Irán

Israel y EEUU se prepararon y equiparon inicialmente para una guerra corta. En el caso de EEUU, muy corta: desde la mañana del sábado en que fue asesinado Jomeini hasta el lunes, cuando debían abrir las bolsas estadounidenses.

Irán respondió en cuestión de horas tras el asesinato del Imam Khamenei con el plan Mosaico, atacando bases estadounidenses en el Golfo Pérsico. Según los informes, la Guardia Revolucionaria Islámica utilizó misiles balísticos y drones antiguos de la producción de 2012/2013. El propósito de usar misiles y drones obsoletos de forma tan intensiva era, sin duda, reducir el arsenal de misiles interceptores de las bases estadounidenses en el Golfo.

Paralelamente, se llevó a cabo un proceso similar de reducción del arsenal de interceptores israelíes. El agotamiento de las reservas de interceptores en los países del Golfo y en Israel se hizo evidente. Esto constituyó la primera fase de la presión logística.

La segunda capa es la presión económica y energética provocada por el cierre del estrecho de Ormuz a todos los «adversarios», pero no a los «amigos». El objetivo del cierre de Ormuz es desencadenar una crisis financiera y de suministro en Occidente para así «reducir» las perspectivas económicas que la guerra podría ofrecerle. El debilitamiento de los mercados equivale a debilitar la determinación de Trump.

La tercera presión se centra en el apoyo público a la guerra en EEUU. La negativa iraní a aceptar un alto el fuego o negociaciones, optando en cambio por una guerra prolongada, frustra las expectativas públicas, desafía el consenso y genera ansiedad e incertidumbre. Y ya empiezan a llegar las filas de ataúdes cubiertos con la bandera.

¿Cuáles son los probables objetivos estratégicos de Irán?

¿Cuáles podrían ser, entonces, los objetivos finales de Irán? En primer lugar, eliminar la constante amenaza de ataque militar; forzar el levantamiento del constante asedio al pueblo iraní mediante sanciones; la devolución de sus activos congelados y el levantamiento de la ocupación israelí de Gaza y los territorios palestinos.

Es posible que Irán también crea que podrá cambiar el equilibrio geopolítico en la región del Golfo Pérsico, arrebatando a EEUU el control de los puntos estratégicos navales y los corredores marítimos de la zona, y abriéndolos al paso de los buques de los BRICS, sin sanciones, incautaciones ni bloqueos por parte de Washington. Se trataría, por así decirlo, de una «libertad de navegación» inversa, en el sentido original de la expresión.

Es evidente que los dirigentes iraníes comprenden perfectamente que el éxito en el despliegue de su plan de guerra asimétrico podría trastocar el equilibrio geoestratégico no solo de Asia Occidental, sino del mundo entero.

¿Y qué hay del plan de Trump? El biógrafo del presidente Trump, Michael Wolff, dijo hace unos días:

"Él [Trump] no tiene ningún plan. No sabe lo que está pasando. En realidad, no es capaz de formular un plan. Crea una situación de suspenso y eso, además, se convierte en su mente en motivo de orgullo: Nadie sabe qué voy a hacer después. Así que todos me temen, lo que me da la máxima ventaja. No tener un plan se convierte en el plan".

Wolff sugiere que la metáfora es la de Trump como artista:

"Está en el escenario, improvisa sobre la marcha y está muy orgulloso de esa habilidad, que es considerable".

Wolff describe a Trump diciendo:

"Vamos a detener la guerra. Vamos a empezar la guerra. Vamos a bombardearlos; vamos a negociar; vamos a lograr una rendición incondicional. Nada sucede sin que él [Trump] lo decida. Y eso cambia a cada instante, pero en algunos casos le da ventaja".

En realidad, lo único que le importa a Trump es ser visto como un ganador. Ayer declaró que EEUU había «ganado» la guerra: «Ganamos. Ganamos la apuesta. En la primera hora». Pero en un par de semanas, la vulnerabilidad de su inconstancia podría hacerse más evidente a medida que los mercados de petróleo, acciones y bonos se desplomen. Trump está llamando a diestro y siniestro buscando a alguien que pueda ofrecerle una «salida» victoriosa de la guerra que él mismo inició.

Pero los iraníes tienen derecho a voto sobre cuándo termina la guerra. Y dicen que esto es solo el principio...

* Ex diplomático británico.

www.observatoriocrisis.com


Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/porque-iran-esta-ganando-la-guerra 

Defender a Cuba de los intentos estadounidenses por aplastarla

Fuentes: Jacobin América Latina

Los esfuerzos de Donald Trump por bloquear el suministro de combustible a Cuba apuntan a generar el caos. Ahora más que nunca, Cuba necesita solidaridad internacional concreta para resistir el acoso imperialista de Estados Unidos.

El presidente estadounidense Donald Trump y el secretario de Estado Marco Rubio buscan un cambio de régimen en Cuba antes de finales de 2026. Sus acciones exponen la hipocresía de la política estadounidense hacia Cuba a lo largo de las décadas: proclamar la defensa de los derechos humanos mientras se impone un bloqueo que le niega a los cubanos el acceso a recursos vitales.

Trump apoya abiertamente el retorno de la vieja élite cubana e incluso sugirió una «toma amistosa» de Cuba por parte de Estados Unidos. Después de años en que el establishment estadounidense culpó de los problemas económicos de la isla al socialismo, a la incompetencia y a la mala gestión, Trump hoy alardea abiertamente de que el embargo estadounidense significa que «no hay petróleo, no hay dinero, no hay nada». Si Cuba fuera realmente un Estado fallido, como afirman Trump y su predecesor Joe Biden, la guerra económica sería innecesaria. Esta renovada agresión revela a una gran potencia en declive que pierde hegemonía, desgarrada por contradicciones y crisis internas, y desesperada por aplastar todo desafío y toda alternativa con el objetivo de preservar su dominación.

Decreto ejecutivo

El 29 de enero, Trump firmó un decreto ejecutivo que declara que Cuba constituye «una amenaza inusual y extraordinaria» para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos, y autoriza la imposición de aranceles sobre los bienes de los países que le vendan o suministren petróleo a Cuba. Esto se firmó después de la incautación, en diciembre de 2025, de buques tanque que transportaban petróleo venezolano y del violento secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, el pasado 3 de enero.

En respuesta a la amenaza arancelaria de Washington, México y otros países abandonaron los envíos de petróleo a Cuba. El decreto ejecutivo de Trump se apoyó en varias leyes, entre ellas la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional, respecto de la que la Corte Suprema de Estados Unidos dictaminó el 20 de febrero que no puede utilizarse para imponer aranceles. Sin embargo, esto cambia poco: Trump puede recurrir a otros estatutos para autorizar esas medidas. En cualquier caso, no se cobró ningún arancel ya que la mera amenaza logró detener efectivamente los suministros de petróleo a Cuba.

El decreto ejecutivo de Trump tuvo un impacto inmediato en la isla, que depende del combustible importado para generar la mitad de sus necesidades eléctricas. En el plazo de dos semanas, la Oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidas advirtió que los servicios esenciales estaban en riesgo:

Las unidades de cuidados intensivos y las salas de emergencias están comprometidas, al igual que la producción, distribución y almacenamiento de vacunas, hemoderivados y otros medicamentos sensibles a la temperatura. En Cuba, más del 80 por ciento de los equipos de bombeo de agua dependen de la electricidad, y los cortes de suministro están afectando el acceso al agua potable, el saneamiento y la higiene.

La escasez de combustible perturbó el sistema de racionamiento y la canasta básica regulada, y afectó las redes de protección social —comedores escolares, hogares maternos y residencias de ancianos—, siendo los grupos más vulnerables los más desproporcionadamente afectados.

Ya los hospitales cubanos cancelaron la atención no urgente, mientras que las ambulancias carecen de combustible. Muchas escuelas, colegios y universidades también tuvieron que cerrar. El transporte público y privado y el traslado de mercancías se redujeron drásticamente. Los centros de trabajo, ya sean estatales, privados o cooperativos, recortaron significativamente su actividad. La escasez de combustible perturbó la producción, la refrigeración y el transporte de alimentos, lo que generó desabastecimiento, aumento de precios y largas filas para obtener bienes básicos. La recolección de basura colapsó, incrementando los riesgos sanitarios. Los apagones persistentes hacen la vida cotidiana extremadamente difícil. Algunas aerolíneas internacionales cancelaron sus vuelos porque Cuba carece de combustible de aviación, y varios gobiernos desaconsejaron todos los viajes a la isla, salvo los imprescindibles, lo que sigue drenando los ingresos turísticos del país.

Mark Weisbrot, coautor de un reciente estudio de Lancet Global Health que calcula que las sanciones unilaterales causan más de medio millón de muertes anuales en todo el mundo,  escribió sobre el bloqueo petrolero de Trump: «Ahora mismo podemos ver en tiempo real cómo se producen esas muertes. (…) El colapso de las importaciones de petróleo tuvo efectos inmediatos y potencialmente letales».

En febrero, Trump le dijo a algunos periodistas que Rubio estaba participando en conversaciones de alto nivel con funcionarios cubanos. Los dirigentes cubanos lo desmintieron, y un informe de Drop Site News sugirió que Rubio estaba mintiendo para poder afirmar posteriormente que las conversaciones habían fracasado por la intransigencia cubana y así impulsar un cambio de régimen. Rubio no se conformará con el llamado modelo venezolano, que simplemente reemplace al presidente en Cuba.

Luego, el 13 de marzo, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel anunció que, junto con Raúl Castro, dirigía conversaciones con representantes del gobierno estadounidense «orientadas a encontrar soluciones mediante el diálogo». Así reafirmó la posición histórica del gobierno revolucionario: que Cuba participaría de negociaciones únicamente «sobre la base de la igualdad y el respeto a los sistemas políticos de ambos estados, y a la soberanía y la autodeterminación de nuestro Gobierno». Esto fue después de un anuncio, el día anterior, según el cual cincuenta y un presos serían liberados, con mediación del Vaticano.

Guerra económica con miras al cambio de régimen

Las medidas recientes agravan las penurias resultantes de casi siete décadas de guerra económica. El «embargo» estadounidense contra Cuba es el sistema de sanciones unilaterales más prolongado y extenso de la historia moderna. No se trata simplemente de una cuestión jurídica o bilateral entre los dos países, sino de un bloqueo que obstaculiza las relaciones de Cuba con el resto del mundo, viola los derechos humanos y frena el desarrollo.

La mayoría de los cubanos en la isla han pasado toda su vida soportando las carencias causadas por decisiones tomadas en Washington para captar votos en Miami. En 2025, el informe anual de Cuba ante las Naciones Unidas cifró el costo acumulado del bloqueo estadounidense en más de 170.000 millones de dólares. Los costos aumentan año tras año y alcanzaron los 7.600 millones de dólares solo entre marzo de 2024 y febrero de 2025.

El objetivo de la política estadounidense fue establecido hace mucho tiempo en un memorando de 1960 del diplomático estadounidense Lester Mallory titulado «La decadencia y caída de Castro», que proponía la guerra económica «para provocar el hambre, la desesperación y el derrocamiento del gobierno». Las sanciones forman parte de ese arsenal.

Durante su primera administración, Trump adoptó una política de «máxima presión» contra Cuba, introduciendo más de 240 nuevas sanciones y medidas coercitivas para aislar al país del comercio mundial y del sistema financiero internacional. Esto coincidió con la pandemia de COVID-19 y golpeó duramente a la isla: volvieron los apagones, escasearon bienes y medicamentos, la inflación y la emigración se dispararon, los inversores extranjeros huyeron y las reservas internacionales se agotaron. La vida ya era extremadamente dura para los cubanos antes de que Trump volviera al poder en 2025, con Rubio —cuya carrera se construyó sobre la oposición intransigente al socialismo cubano— como nuevo secretario de Estado.

¿Puede sobrevivir Cuba?

«Cuba está al borde del colapso», proclaman al unísono los medios de comunicación dominantes. Sin embargo, décadas de investigación y experiencia vivida en Cuba aconsejan mantener el escepticismo ante este tipo de titulares. La desaparición del socialismo cubano ya fue pronosticada más veces de las que se intentó asesinar a Fidel Castro. Como escribí en un libro sobre la forma en que la Cuba revolucionaria sobrevivió al colapso del bloque liderado por la Unión Soviética, esta revolución escribió el manual de la resiliencia.

Más allá de la afirmación de la soberanía nacional, argumentaba, la creación de un modelo alternativo de desarrollo fue clave para ello. En un capítulo examinaba la Revolución Energética de 2006, que puso en marcha el viraje de Cuba hacia una matriz energética renovable. Frente a la ofensiva actual contra el suministro de petróleo, ese viraje está resultando vital.

Ya en 2024, el gobierno cubano anunció planes para instalar noventa y dos parques de paneles solares antes de 2028, con crédito y tecnología de China. Estos tendrán una capacidad de generación instalada de dos gigavatios diarios. La mitad de los parques previstos ya están instalados y aportan alrededor de un gigavatio hora diario, cubriendo aproximadamente el 20 por ciento de las necesidades eléctricas de Cuba. Otro 30 por ciento proviene de combustibles fósiles de producción nacional.

Sin embargo, persisten obstáculos serios: las inversiones y la construcción se ven frenadas por el bloqueo petrolero de Trump; los sistemas fotovoltaicos deben conectarse a la red eléctrica nacional; existe una falta de capacidad de almacenamiento de la energía producida, por lo que solo contribuye durante las horas de luz; y si bien los vehículos eléctricos llegaron a Cuba en los últimos años, la mayor parte del parque de transporte depende del combustible. Si el bloqueo petrolero de Trump y Rubio permanece sin quebrarse, ¿cuánto tiempo podrán sobrevivir el socialismo cubano y, con él, el pueblo cubano?

El mundo necesita a Cuba

No se trata de un cálculo matemático ni de un enigma intelectual; es una crisis humana que debería importarnos a todos. Pero ¿qué perderíamos si Trump lograra aquello en lo que fracasaron doce de sus predecesores, es decir, la destrucción del socialismo cubano?

Con todos sus defectos, Cuba demostró que, tras siglos de colonialismo y dominación imperialista, un pueblo sometido puede tomar el control de su tierra y sus recursos y trazar su propio camino en materia de desarrollo, relaciones internacionales y valores. Los compromisos históricos de los revolucionarios cubanos con la soberanía y la justicia social vinculan las guerras de independencia del siglo XIX con la Revolución de 1959, la adopción del socialismo y la lucha contra el imperialismo y el subdesarrollo. Constituyen también el fundamento del simbolismo de Cuba para el Sur Global.

Los izquierdistas que critican el sistema cubano se equivocan al desestimar los notables logros que la Revolución le trajo a las masas cubanas —en educación, salud, vivienda, deporte, cultura, democracia participativa, ciencia y justicia económica y social— al tiempo que se daban pasos audaces en la lucha contra el racismo, el sexismo y la opresión de clase.

Esto es lo que inspira a los pueblos de todo el Sur Global, donde vive aproximadamente el 85 por ciento de la población mundial. Cuba es una pequeña isla que desafió a un imperio y llevó su propia versión del socialismo al hemisferio occidental, en un proceso forjado a través de su propia revolución y no impuesto desde afuera. Surgidas del heterogéneo Ejército Rebelde, las Fuerzas Armadas Revolucionarias cubanas humillaron a Estados Unidos en Bahía de Cochinos en 1961.

Cuba es una espina permanente clavada en el costado del imperialismo estadounidense: apoyando movimientos de liberación nacional y guerrilleros en todo el Sur Global y proyectando una influencia geopolítica muy superior a su tamaño. Fue ese pequeño país el que envió 400.000 soldados a Angola para defenderla de las fuerzas invasoras de la Sudáfrica del apartheid. Cuba impugnó de manera constante la hegemonía estadounidense en las Américas y del imperialismo en todo el mundo, enviando personal militar y médico a lo que el presidente George W. Bush llamó una vez «cualquier rincón oscuro del mundo».

A su vez, Cuba sobrevivió a una agresión implacable por parte de la potencia dominante del mundo, ya sea a través de acciones militares abiertas o encubiertas; sabotaje y terrorismo por parte de autoridades estadounidenses y exiliados cubanos; guerra económica y aislamiento internacional. Estados Unidos socavó a Cuba promoviendo una emigración peligrosa, incluida la de menores no acompañados (Operación Peter Pan, 1960-1962), pero también la de médicos cubanos (el Programa de Libertad Condicional para Profesionales Médicos Cubanos, 2006-2017), al tiempo que obstaculizaba las remesas, las visitas familiares y los visados. Todo ello se corona con un lucrativo financiamiento para los programas de cambio de régimen.

En este contexto, vale remarcare que la Revolución Cubana logró mucho. Le demostró al Sur Global los beneficios de un desarrollo centrado en el bienestar bajo una economía planificada socialista con democracia participativa. El Estado revolucionario elevó los indicadores de desarrollo a niveles propios de países ricos en el transcurso de una sola generación.

Su sistema de salud pública, gratuito y universal, logró la mayor proporción de médicos por habitante del mundo. Redujo drásticamente la mortalidad infantil, elevó la esperanza de vida y erradicó enfermedades. Su sistema de educación pública universal es gratuito para todos, incluyendo el nivel superior, lo que ubica a los cubanos entre los pueblos más alfabetizados y cultos del mundo. Se invirtió en arte, cultura y deporte, reconociéndolos como derechos humanos. Se invirtió en ciencia y tecnología para el desarrollo social.

Se creó un sector biotecnológico único, financiado y administrado por el Estado, que produjo la primera vacuna del mundo contra la meningitis B, la primera vacuna terapéutica contra el cáncer de pulmón, un tratamiento para las úlceras del pie diabético que reduce la necesidad de amputaciones en más del 70 por ciento, y las únicas vacunas contra el COVID-19 desarrolladas en América Latina y el Caribe. Incluso ahora está ensayando prometedores nuevos fármacos contra el Alzheimer. Cuba es líder mundial en desarrollo sostenible y agroecología, y cuenta con un plan estatal de largo plazo que es único en su tipo para hacerle frente al cambio climático, conocido como Tarea Vida.

Un estudio de 2022 realizado por Jason Hickel y Dylan Sullivan determinó que entre 1990 y 2019 las políticas neoliberales causaron 15,63 millones de muertes excesivas en todo el mundo por desnutrición, que podrían haberse evitado con políticas al estilo cubano, incluidas 35.000 en Estados Unidos. En un mundo donde 1.100 millones de personas viven en pobreza multidimensional aguda, 2.000 millones carecen de agua potable limpia y 3.500 millones no tienen sistemas de cloacas, el socialismo cubano ofrece una alternativa viable.

Esta fuerza del ejemplo es el único sentido en que Cuba representa «una amenaza inusual y extraordinaria» para Estados Unidos. Como advirtió Fidel Castro antes de la invasión de Bahía de Cochinos, Cuba no sería perdonada por llevar a cabo «¡una revolución socialista justo bajo las narices de Estados Unidos!»

La Cuba revolucionaria también impulsó el mayor programa de asistencia humanitaria internacional del mundo, que involucra desde profesionales de la salud hasta especialistas técnicos y trabajadores de la construcción. El investigador guatemalteco Henry Morales calculó que entre 1999 y 2015 la ayuda al desarrollo en el exterior de Cuba equivalió al 6,6 por ciento de su PIB, frente al promedio europeo del 0,39 por ciento y el 0,17 por ciento de Estados Unidos. Desde 1960, más de 600.000 profesionales médicos cubanos prestaron servicios en más de 180 países, salvando y mejorando millones de vidas, especialmente en poblaciones desatendidas de los países más pobres.

El gobierno estadounidense está saboteando activamente el internacionalismo médico cubano con mentiras, manipulaciones y amenazas contra los países receptores. Bajo la presión de Trump, algunos gobiernos enviaron de regreso a sus países a los médicos cubanos, perjudicando directamente a sus propios ciudadanos, que quedan sin atención médica. Un cambio de régimen no solo devastaría a Cuba, sino que también perjudicaría a millones de personas que dependen de la asistencia cubana en todo el mundo. 

Rechazar los llamados a Cuba a que llegue a un acuerdo

Esta administración Trump viene mostrando un desprecio absoluto por el derecho internacional. Llevó a cabo ejecuciones extrajudiciales en el Caribe y el océano Pacífico, secuestró buques tanque, capturó tripulaciones y confiscó el petróleo. Secuestró al presidente de Venezuela y a su esposa y amenazó con invadir incluso a sus propios aliados de la OTAN, al tiempo que revivía y ampliaba la Doctrina Monroe y violaba los derechos humanos y la autodeterminación nacional.

En este contexto, los llamados a Cuba para «llegar a un acuerdo» con Trump equivalen a amenazas veladas contra su soberanía. En lugar de dispensarle consejos a la isla asediada, intelectuales y analistas deberían exigirle una rendición de cuentas al gobierno estadounidense por sus crímenes. Los académicos no deberían legitimar la idea de que Trump tiene derecho a llevar a cabo un cambio de régimen, como hace la nueva iniciativa académica de la Florida International University al buscar «encaminar a Cuba hacia la libertad y la democracia, para apoyar la transición».

Una reciente petición en línea, «Académicos en solidaridad con Cuba», condena la política de asfixia del gobierno estadounidense y defiende el derecho de Cuba a la autodeterminación y al desarrollo socialista. Instamos a académicos y estudiantes de todo el mundo a firmarla. Más allá de las peticiones, necesitamos acciones concretas para defender a Cuba. Los organismos internacionales como la ONU, los BRICS, la UE y el Grupo de los 77 más China deben oponerse al acoso de Trump enviando combustible y otros bienes esenciales a Cuba. Pero no podemos esperar a que lo hagan.

Podemos donar fondos y recursos ahora. ¡Que Cuba viva! está adquiriendo paneles solares; la Campaña Salvando Vidas y Global Health Partners están consiguiendo equipos médicos; y el Proyecto Hatuey suministra medicamentos oncológicos para niños cubanos. Podemos apoyar o unirnos al Convoy Nuestra América hacia Cuba, liderado por la Internacional Progresista, que insta a personas de todo el mundo a viajar a La Habana por tierra, aire y mar para una movilización masiva el 21 de marzo. Hagamos lo que hagamos, debemos actuar ahora. Cuba demostró una solidaridad sin par con el mundo. Ahora el mundo debe estar con Cuba.

Helen Yaffe es profesora titular de la Universidad de Glasgow. Es autora de We Are Cuba! How a Revolutionary People have Survived in a Post-Soviet World y Che Guevara: The Economics of Revolution.

Fuente: https://jacobinlat.com/2026/03/defender-a-cuba-de-los-intentos-estadounidenses-por-aplastarla2/ 

sábado, 28 de marzo de 2026

Habermas: el filósofo del «consenso democrático» que legitimó la guerra y a las élites económicas

 
EUROPA :: 18/03/2026

CRISTÓBAL GARCÍA VERA

La muerte de Jürgen Habermas ha provocado una avalancha de elogios en la prensa burguesa o no, que lo presenta como uno de los grandes filósofos democráticos de nuestro tiempo

¿“Deliberación racional entre iguales” bajo el dominio del gran capital?

La muerte del filósofo y sociólogo Jürgen Habermas (1928-2026), el pasado sábado 14 de marzo, ha desatado una oleada de homenajes que lo reivindican como una de las mayores figuras intelectuales de la Europa contemporánea y un “referente ético fundamental”. Durante décadas, en efecto, Habermas fue el intelectual público más influyente de Alemania y uno de los pensadores más citados del mundo occidental. Intervino en discusiones sobre la memoria del nazismo, la identidad alemana, la reunificación del país y el proyecto político europeo. Con el tiempo su figura adquirió el perfil del gran intelectual público de un país con una de las tradiciones filosóficas más importantes de Europa.

Su nombre quedó asociado a una idea que ha tenido enorme éxito en la filosofía política reciente: que las sociedades modernas pueden legitimarse mediante el “diálogo racional” entre “ciudadanos libres e iguales”.

La tesis es conocida. Cuando los ciudadanos pueden discutir en condiciones de igualdad, intercambiar argumentos y deliberar públicamente sin coerción sobre los asuntos comunes, las decisiones colectivas pueden considerarse legítimas. En última instancia, la democracia sería – para Habermas – este proceso de «discusión racional».

Ese planteamiento ha tenido un enorme impacto en universidades, instituciones europeas y buena parte de la teoría política contemporánea. Pero precisamente por el alcance de ese impacto conviene preguntarse algo que los obituarios rara vez plantean: qué papel desempeñó realmente ese tipo de pensamiento en las sociedades donde surgió. Porque una teoría social puede volverse influyente no solo por su fuerza intelectual o su rigurosidad, sino también por su capacidad para encajar con las necesidades ideológicas del sistema en el que se desarrolla. Y, en el caso de Habermas, esa relación resulta difícil de ignorar.

DEL MARXISMO A LA CRÍTICA INOFENSIVA: EL GIRO DE LA ESCUELA DE FRANKFURT

Jürgen Habermas desarrolló inicialmente su obra dentro de la llamada Escuela de Frankfurt, una corriente intelectual que había surgido en el siglo XX con la promesa de renovar la crítica social europea y que, erróneamente, muchos han incluido durante décadas en la tradición marxista.

Sin embargo, en esa escuela se produjo bien pronto un desplazamiento teórico que la alejó de lo esencial de dicha tradición. Mientras Marx había situado el núcleo de su crítica radical en la economía política —la producción de valor, la explotación del trabajo y la estructura de clases—, sin descuidar por ello la crítica de la cultura o la alienación(1), la llamada “teoría crítica” de la Escuela de Frankfurt abandonó ese terreno para centrarse casi exclusivamente en el ámbito cultural, la ideología o la psicología social. Esta orientación supuso dejar de lado las relaciones materiales que organizan la sociedad capitalista y acabaría por convertir su crítica en un tipo de discurso perfectamente asumible y funcional para el propio sistema.(2)

Habermas heredó ese desplazamiento culturalista pero lo llevó todavía aún más lejos. En lugar de situar el centro del análisis en las relaciones sociales que organizan la producción y la vida material, su proyecto filosófico se orientó hacia otra cuestión: cómo puede legitimarse políticamente el orden existente. Ese cambio de perspectiva sería decisivo. Porque, cuando el análisis abandona las relaciones de poder que organizan una sociedad, la política se presenta como un problema de procedimientos, normas y comunicación, ocultando el hecho de que se trata, en realidad, de una lucha entre intereses antagónicos de clases sociales objetivamente enfrentadas.

LA DEMOCRACIA COMO “DIÁLOGO ENTRE IGUALES” EN UNA SOCIEDAD DESIGUAL

La teoría que hizo mundialmente famoso a Habermas –y que le valió entre otros muchos reconocimientos el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales– fue la llamada teoría de la acción comunicativa. Su idea central es, como ya hemos apuntado, que las normas sociales pueden considerarse legítimas cuando resultan de procesos de “deliberación racional” entre ciudadanos que discuten en condiciones de igualdad. La política, en este modelo, deja de entenderse como una lucha por el poder y pasa a concebirse como un proceso de discusión pública.

Esta propuesta tiene una apariencia atractiva, pero cuando se confronta con la realidad queda en evidencia que sus premisas no se sostienen. Las sociedades contemporáneas no están organizadas sobre la base de individuos iguales que deliberan libremente. Están organizadas sobre enormes desigualdades económicas y concentraciones de poder.

Las grandes empresas controlan recursos económicos gigantescos, los medios de comunicación pertenecen a conglomerados empresariales, los partidos políticos dependen de financiación privada y los gobiernos toman decisiones respondiendo a las exigencias de estos poderes económicos y de los agentes que controlan los mercados financieros. Cuando esta realidad fundamental desaparece del análisis, o se sitúa en un segundo término, la teoría que enfoca así el estudio de la política revela su carácter legitimador del orden existente.

Jürgen Habermas recibiendo el premio Príncipe de Asturias en el año 2003.

HABERMAS CONTRA LA RADICALIZACIÓN DEL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL: DEL LADO DEL ORDEN EXISTENTE

Un episodio muy revelador sobre el posicionamiento político de Habermas ocurrió, tempranamente, durante las revueltas estudiantiles alemanas de los años sesenta.

Miles de jóvenes cuestionaban por aquellos años el orden político de la República Federal, denunciaban la continuidad en el aparato estatal de élites procedentes del nazismo y criticaban el capitalismo de posguerra.

Durante un breve tiempo Habermas pareció simpatizar con algunas demandas del movimiento pero cuando las protestas comenzaron a radicalizarse y a cuestionar más profundamente las instituciones del sistema su posición cambió de forma drástica.

En 1967, el pensador acusó a algunos sectores del movimiento estudiantil de practicar lo que él llamó un “fascismo de izquierda”. Aquella expresión marcaba una línea política muy clara: cuando el conflicto social dejó de ser una discusión meramente académica y comenzó a cuestionar el orden existente, el filósofo del diálogo tomó partido por ese orden burgués.

Significativamente, la posición de Habermas coincidió con la de su antiguo maestro Theodor W. Adorno. En 1969, estudiantes ocuparon el Instituto de Investigación Social de Frankfurt para denunciar la pasividad política de la institución. Adorno, una de las figuras centrales de la “teoría crítica”, respondió llamando a la policía para desalojarlos.

De esta manera, una corriente intelectual que había nacido con pretensiones críticas terminaba recurriendo al aparato coercitivo del Estado para restablecer el orden.

Antes, Adorno ya había dejado en evidencia qué se podía esperar de estos críticos de la cultura con su respuesta a los estudiantes que, en ese contexto, le exigían “pasar a la acción”.

“Si me preguntan qué hay que hacer —respondió— solo puedo decir: desde luego, no la revolución”.


Notas

NOTAS: (1) Como señaló el destacado marxista húngaro György Lukács, lo que distingue al marxismo no es el predominio de los “factores económicos” —como a menudo sostienen quienes caricaturizan la obra de Marx acusándola de “economicismo”— sino el “punto de vista de la totalidad”. Es decir, la comprensión de los fenómenos culturales, ideológicos o de la subjetividad en relación con las relaciones sociales y las estructuras de poder que organizan la sociedad. No se trata, por tanto, de prescindir del análisis de la cultura o de la subjetividad, sino de abordarlo estableciendo sus conexiones con esas relaciones de poder.

(2) Adorno y Horkheimer, lejos de realizar una aportación crítica a la teoría marxista desde las coordenadas de esa tradición emancipadora, desarrollaron una pretendida recusación de la misma desde un posicionamiento teórico que el filósofo español Manuel Sacristán definió como "sociología idealista dialéctica ". La crítica a Marx de los máximos exponentes de la Escuela de Frankfurt reprodujo algunos lugares comunes superficiales como el de descalificar su obra por un supuesto "determinismo histórico que postulaba leyes económicas inmanentes que llevan inevitablemente al comunismo, ignorando contingencias y la "dialéctica negativa". Como ha demostrado en sus investigaciones el profesor estadounidense Gabriel Rockhill, tanto Horkheimer como Adorno representaban políticamente lo que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) consideraba una "izquierda compatible" con el sistema. Ambos equiparaban el comunismo con el fascismo bajo la categoría de totalitarismos, viéndolos como expresiones equivalentes de la "razón instrumental". Horkheimer llegó a calificar el comunismo soviético como un "movimiento terrorista" y apoyó intervenciones imperialistas de EE.UU. como la guerra de Vietnam, mientras que Adorno criticó ferozmente la cultura anti-guerra de Vietnam, especialmente la música protesta como la de Joan Báez, acusándola de "convertir el horror en un producto consumible dentro de la industria cultural".

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