lunes, 3 de agosto de 2026

España se quema


MADRID, ESTADO ESPAÑOL :: 28/07/2026

CARLOS GIRBAU

Ayuso es capaz de faltar al respeto a todo el mundo, pero incapaz para proteger el territorio para algo distinto que no sea depredarlo de la mano del negocio de las constructoras

El Estado español está en "Emergencia Nacional por incendios". En el momento de escribir estas líneas, voraces lenguas de fuego, que parece empiezan a estar contenidas, asolan parte de las provincias de Castellón, Toledo, Ávila y de la Comunidad de Madrid, devorando miles de hectáreas de masa forestal y obligando a la evacuación o el confinamiento de 115.000 personas.

En los casos de Toledo, Ávila y Madrid un mando unificado, en manos de la Unidad Militar de Emergencia (UME), se está haciendo cargo de coordinar todos los dispositivos a partir de tres prioridades: salvaguardar las vidas, defender los núcleos poblacionales y atacar los propios incendios. En el resto, dirigen la extinción las autoridades autonómicas en coordinación con el Estado.

Ante la virulencia de los focos, así como la gran cantidad de combustible que los alimenta y los reiterados desalojos de núcleos poblacionales parecen claras algunas conclusiones.

La primera, que, tal y como señala manera reiterada la comunidad científica, vivimos una emergencia climática que exige profundos cambios en el uso del territorio y la organización de la vida en él. Ambos aspectos están directamente relacionados con la manera en que nuestra sociedad establece la relación entre el medio (la naturaleza) y los seres humanos. Una relación dominada por la disociación entre la ciudad y el campo, entre el suelo y la masa de la población, así como por la forma que la propiedad privada de los medios de producción (capitalismo) impone: la explotación del ser humano y de la propia naturaleza en pos de la acumulación de capital (beneficio), motor y director último de todo el proceso.

La segunda, el crecimiento "sin control" de la masa forestal es uno de los efectos del modo de producción y del calentamiento global que provoca. El abandono poblacional masivo del campo obedece, en general, a la falta de la rentabilidad requerida para los negocios. Como bien señalan muchas entidades campesinas, no podemos confundir el agro negocio o las actividades cinegéticas, que refuerzan la disociación antes señalada, con "proteger el campo".

La tercera, que los poderes públicos, dominados por la lógica del apoyo al "crecimiento económico" que no del desarrollo humano, no invierten y, cuando lo hacen, no es de la manera debida. Se gasta poco y cuando se ejecuta, se emplea mucho más en medios para la extinción que en medios para la prevención o en medidas que ayuden a adaptar ciudades y espacios habitados a los efectos de la emergencia climática.

Madrid: Ayuso patina

La población lo pierde todo en los incendios. No solo sus propiedades, sino una parte muy importante de sus historias de vida y, en ese sentido, también de su identidad. El fuego comporta un estrés enorme; respirar gases tóxicos afecta directamente a la salud, aumenta la mortandad y degrada el entorno. Miles de animales y masa forestal se desvanecen en las nubes de humo.

Por todo ello, fue de especial gravedad que el pasado jueves por la noche (marcando una vez más el paso al PP) la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, a través de su Consejero de Medio ambiente, Carlos Novillo, remitiera una carta de tres párrafos pidiendo al Estado que tomara el control del operativo de los incendios que ya avanzaban sin freno por el suroeste de la Comunidad y solicitase la declaración de Emergencia Nacional. Más allá del formalismo, la decisión tomada por Díaz Ayuso muestra, de un lado, la dimisión de su responsabilidad política y de su trabajo y, del otro, la incapacidad y fracaso sin paliativos de la política neoliberal como instrumento rector de la política pública.

Sus decisiones se hallan en manifiesta contradicción con lo establecido en el marco legal del reino de España que afirma en el artículo 148.1 de la Constitución y en la propia Ley de Montes (Ley 43/2003) que la gestión, planificación, prevención y extinción de incendios forestales es competencia directa de las Comunidades Autónomas y que éstas deberán aprobar y aplicar planes anuales de prevención, vigilancia y extinción en su territorio y que, con ese fin, han de gestionar sus propios servicios de prevención y sus cuerpos de bomberos y bomberos forestales. En ese sentido, la Administración general del Estado juega un papel de apoyo, de facilitación de medios y de coordinación con otras comunidades o con la Unión Europea, tal y como vimos en Andalucía (incendio Los Gallardos, 13 muertos), en Aragón (Huesca) o ahora en Castellón (Vall d'Uixó y Manieses, 1 fallecido).

Díaz Ayuso es capaz de faltar al respeto a todo el mundo, comenzando por la propia población madrileña, pero incapaz para proteger el territorio, las haciendas o campos para algo distinto que no sea depredarlos de la mano del negocio de las constructoras y fondos de inversión (LIDER). Es incompetente a la hora de proteger el derecho a la salud más allá de subyugar ese derecho al expolio al que Quirón, con el amparo del gobierno del PP, somete a la sanidad madrileña.

Que toda la política pública, y, en consecuencia, su presupuesto, responda a los tótems marcados por fondos financieros de grandes empresas provoca que sobre el resto de partidas no exista interés alguno (no hay comisión) ni, por ende, tampoco recursos o una propuesta más allá de algún contrato que reporte pelotazos de última hora.

No es extrañar que el gobierno de la Comunidad haya llegado a este verano con el colectivo de bomberos forestales en pie de guerra. La precariedad, reiteradamente denunciada, en la que sobreviven ha conllevado que, a lo largo del invierno, solo se hayan efectuado la mitad de las tareas de prevención necesarias. Sin convenio desde 2008, con salarios de 1.300EUR congelados desde 2010, con una plantilla capitidisminuida (500 efectivos menos de los acordados) y en cuerpos distintos (privado y público), los bomberos reclaman más personal, mayor salario, la mejora de sus condiciones de trabajo con la aplicación de los términos acordados en la ley 2024, un cuerpo único público 100% y contratos fijos de todo el año.

El PP baja la voz, mientras sigue negando el efecto de la acción del capitalismo (nuestra manera particular de relacionarnos con la naturaleza) y su relación con el cambio climático. Todo el problema se centra en "situaciones extremas y desconocidas hasta la fecha de fuegos descontrolados." Incendios que, según ellos, no tendrían relación alguna con la contaminación por los combustibles fósiles en la atmósfera, ni tampoco con la organización y ocupación del territorio, así como con la producción y sus usos.

El patinazo de Ayuso, a un año de la cita con las urnas de mayo del 27, quizá pueda indicar que hay opciones de ganar el gobierno autonómico de Madrid y de buena parte de los municipios contra el pertinaz negacionismo climático que prende fuego a nuestras vidas.

Cambió la tierra

Estamos a mitad del verano y ya llevamos 135 mil hectáreas quemadas y 29 grandes incendios (de más de 500 ha). El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), en su Sexto Informe de Evaluación, indica de manera categórica que la región mediterránea --y la Península Ibérica en particular-- constituyen una de las zonas geográficas más vulnerables del planeta ante el calentamiento global. La evidencia científica señala que sufrimos más olas de calor y de mayor intensidad, así como más episodios de sequía prolongada. Estamos ante megafuegos que superan de manera estructural las capacidades tradicionales de extinción de los dispositivos terrestres y aéreos, tornando el incendio en un evento ingobernable. El informe técnico del IPCC subraya que el vector climático no actúa de forma aislada, sino en sinergia directa con el cambio de uso del suelo acaecido en los últimos decenios en países como España.

Los incendios de hoy no son simples fuegos, resultado del calor del verano, sino hijos de un cambio acumulado durante lustros que mezcla, como antes mencionábamos, muchos factores que exigen de una intervención estructural permanente, y tiempo para revertirlos, con el fin de mitigar los destrozos que provocan. Tampoco las políticas socialiberales del PSOE, como lo demuestran los incendios en Castilla la Mancha, van a la raíz del problema.

EL gobierno del Estado tiene en el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático (PNANCC 2021-2030), la esfera de referencia para la definición de las políticas públicas frente a los impactos climáticos (protección forestal, desertificación), los ejes de la política pública. El plan promueve la silvicultura adaptativa, los clareos estratégicos; la implantación de la ganadería extensiva y el pastoreo; restauración ecológica post-fuego; protección del suelo frente a la erosión hídrica y un largo etc. Es decir, se coloca la política pública formalmente del lado de la adaptación a la emergencia climática, las propuestas científicas y de la Agenda 2030.

Ahora bien, poner en marcha la parte mollar de tales medidas y de muchas otras imprescindibles para encarar esta emergencia y sus efectos, va mucho más allá de los papeles y entra decididamente, y nunca de manera más precisa, en la lucha material por el territorio. Una lucha tan terriblemente desigual como imposible de evitar porque cada vez es más clara la incompatibilidad entre el modelo neoliberal y una vida mínimamente plena para la mayoría. De ahí su complejidad. La ciudadanía debemos, apoyándonos en los derechos y políticas reconocidos en los papeles, continuar trabajando en iniciativas de resistencia y renovación que, partiendo de los ayuntamientos (ya hay experiencia en ello) encuentren ámbitos de protección y de potenciación del tejido asociativo comunitario y cooperativo y de políticas públicas creadas con criterios de sostenibilidad ambiental y derechos universales.

Responder a los fuegos supone más que responder a los incendios de ahora. Exige encarar de manera decidida la emergencia climática en la que nos hallamos de hoz y coz, y utilizar los medios de la política, hasta donde sea posible, mientras logramos alcanzar el cambio que, de la mano de la planificación democrática socialista de la economía, represente la restauración de la relación metabólica entre la naturaliza y los seres humanos.

* Concejal por Más Madrid en Ciempozuelos.

Sinpermiso


Texto completo en: https://madrid.lahaine.org/espana-se-quema 

NICARAGUA. De cómo la agencia Reuters inventó un titular y Falsimedia lo difundió a sus lacayos

Becca Renk Foster*

Agosto del 2026   Ninis y reaccionarios, en coalición.












«Jamás volverán a ver unas elecciones en las que puedan intentar hacerse con el poder mediante el fraude electoral», declaró el copresidente nicaragüense Daniel Ortega, refiriéndose a los grupos de oposición respaldados por Estados Unidos. Ortega se dirigió a una multitud entusiasta de 70.000 personas reunidas en la Plaza de Fe de Managua el 19 de julio para conmemorar el 47.º aniversario del triunfo de la Revolución Popular Sandinista.

Ortega anunció además que el país aprobaría una ley que garantizaría que los partidos políticos que reciban financiación de Estados Unidos y amenacen la seguridad nacional de Nicaragua no puedan participar en las elecciones.

A la mañana siguiente, Reuters optó por publicar el titular: «Ortega dice que Nicaragua ya no celebrará elecciones».

Con la iniciativa estadounidense «Escudo de las Américas» impulsando la llamada «Doctrina Donroe» en América Latina, y con las próximas elecciones generales de Nicaragua programadas para dentro de poco más de un año, esa cita sacada de contexto bastó para avivar la reacción internacional contra la nación centroamericana.

Contexto histórico

Las declaraciones de Ortega, sin embargo, fueron la conclusión de un discurso que detallaba 200 años de incesante injerencia estadounidense en Nicaragua. Con su estilo característico, el discurso de Ortega comenzó con una lección de historia que incluía la resistencia a la invasión del mercenario estadounidense William Walker en la década de 1850; la lucha de Augusto Sandino contra los marines estadounidenses en la década de 1920, su asesinato por orden del embajador estadounidense y la instauración de la dictadura militar de Anastasio Somoza, respaldada por Estados Unidos.

Somoza organizaba elecciones, según les contó Ortega a sus seguidores. «Pero en cada elección, ya sabían quién iba a ganar antes de ir a votar. Siempre tenía que ser un partidario de Somoza, dispuesto a arrodillarse ante los yanquis; de lo contrario, no saldrían elegidos».

La flagrante injerencia estadounidense en las elecciones y los asuntos internos de Nicaragua no terminó cuando el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) derrocó a Somoza en 1979. Tras el triunfo de la revolución, Estados Unidos organizó y financió a las fuerzas contrarrevolucionarias conocidas como «contras», lo que provocó 50.000 muertos en un lapso de 10 años.

En 1990, Nicaragua acudió a las urnas bajo una presión extrema: Estados Unidos dejó claro que si los nicaragüenses querían que terminara la guerra, debían votar por el candidato estadounidense. Nicaragua votó por la paz, dando paso a 16 años de gobiernos neoliberales respaldados por Estados Unidos, durante los cuales los pobres se hicieron más pobres y los ricos más ricos.

A pesar de la continua injerencia estadounidense, el FSLN ganó las elecciones de 2006 y se ha mantenido en el poder desde entonces, ganando tres elecciones posteriores y obteniendo el 76 por ciento de los votos en 2021.

Contexto del reciente golpe de Estado

Durante su discurso, Ortega recordó el violento intento de golpe de Estado de 2018, cuando grupos armados de la oposición paralizaron el país con violentos bloqueos de carreteras y murieron unas 270 personas. Las investigaciones han demostrado que el gobierno estadounidense financió la violencia.

Desde entonces, Nicaragua ha trabajado para garantizar que los responsables de la violencia no puedan seguir socavando la paz que tanto le costó conseguir al país. El 19 de julio, Ortega advirtió a los nicaragüenses que las amenazas a la seguridad del país persisten.

“El hecho de que no estemos en guerra no significa que estemos en paz. ¡Para nada! Ellos [la oposición respaldada por Estados Unidos] están conspirando continuamente, intentando organizar partidos políticos para presentar candidatos y asegurar que esos partidos ganen las elecciones”, afirmó.

“Aquí es donde ponemos fin a la idea de que esos partidos puestos en el poder por los yanquis, puestos en el poder por los partidarios de Somoza, volverán alguna vez al gobierno: ¡nunca, nunca, nunca!”

Ortega concluyó sus declaraciones con una propuesta.

“Vamos a trabajar en la legislación con la Asamblea Nacional y con las organizaciones correspondientes, porque tenemos que promulgar leyes que garanticen que los golpistas, los traidores, no prevalezcan, sin importar cuánto dinero les den los yanquis”, declaró. “¡No prevalecerán!”

Contexto nacional

Cualquier oposición legítima al partido sandinista tendrá que presentar una plataforma sólida para competir con los logros del partido gobernante en los últimos 19 años, que incluyen: 50 nuevos hospitales y atención médica universal gratuita; educación gratuita, incluyendo la universitaria; 5.000 kilómetros de nuevas carreteras; crecimiento anual del PIB del 4-5 por ciento; Nicaragua es uno de los países más seguros de la región.

Dada la calidad de vida del nicaragüense promedio en la actualidad, no es de extrañar que las encuestas recientes muestren que Ortega goza de un índice de aprobación del 88,5 por ciento.

Contexto regional

El contexto más amplio que rodea la interpretación de las declaraciones de Ortega es la creciente presión estadounidense sobre América Latina. Incluso sin mencionar el reciente secuestro del presidente de Venezuela o el control que ejerce actualmente sobre Cuba —ambos temas que Ortega sí mencionó en su discurso—, durante el último año Estados Unidos ha interferido en elecciones en toda la región.

En Argentina, Bolivia, Honduras, Perú y Colombia, Estados Unidos vinculó explícitamente su apoyo económico a candidatos de derecha, recibió a sus candidatos preferidos en la Casa Blanca e impuso sanciones a partidos de izquierda. Los legisladores estadounidenses también movilizaron a expatriados colombianos conservadores, lo que resultó en votos en el extranjero que fueron cruciales para el recuento final.

La injerencia en las elecciones hondureñas del pasado noviembre ha revelado una conspiración mayor para desestabilizar la región: Trump indultó al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, un narcotraficante convicto, apenas dos días antes de las elecciones. Desde entonces, una serie de grabaciones de audio filtradas, conocidas como «Hondurasgate», han revelado que Hernández está aliado con funcionarios del Partido Republicano y que produce activamente propaganda contra gobiernos progresistas en toda Latinoamérica.

Defender la democracia

A pesar del revuelo internacional generado por las declaraciones de Ortega, que fueron citadas erróneamente, Nicaragua sigue adelante con la propuesta de los copresidentes. El martes, la Asamblea Nacional confirmó que ya está trabajando en la legislación correspondiente.

«Nosotros, el pueblo de Nicaragua, decidiremos cuándo y cómo se celebrarán nuestras elecciones», declaró a la prensa el Dr. Gustavo Porras, presidente de la Asamblea Nacional de Nicaragua. Anunció que los legisladores están trabajando para garantizar que «no quede ninguna resquicio por donde pueda infiltrarse la terrible manipulación de los imperios y sus lacayos».

“El discurso del Comandante Daniel resume la historia del pueblo nicaragüense; su declaración de que nunca más habrá elecciones en este país que les permitan a ellos —los imperialistas, los enemigos del pueblo— volver al poder es inequívoca”, dijo Porras.

“Se trata de defender la democracia del pueblo nicaragüense.”

*Becca Renk Foster es originaria de Idaho, Estados Unidos. Durante 25 años, ha vivido y trabajado en el desarrollo comunitario sostenible en Nicaragua. Coordina el trabajo de Casa Benjamin Linder en Managua y forma parte de la Coalición de Solidaridad con Nicaragua.  

Por qué la dialéctica de Marx es tan peligrosa


MUNDO, PENSAMIENTO :: 27/07/2026

TAYFUN ER

El principal logro de Marx no fue la construcción de una filosofía general del universo, sino la crítica de la economía política: el descubrimiento de que la sociedad capitalista no es un orden natural

Los críticos burgueses del marxismo tienen un blanco predilecto. Rara vez parten de la crítica de Marx al capital, la mercancía, la explotación, el poder de clase o el Estado. Prefieren comenzar con el «materialismo dialéctico» y, más concretamente, con las notas inconclusas de Engels, publicadas posteriormente como Dialéctica de la naturaleza.

El atractivo de esta estrategia es evidente. Si el marxismo se reduce a una filosofía especulativa de la naturaleza, resulta más fácil descartarlo como una metafísica decimonónica: un sistema de leyes universales impuestas a la física, la química, la biología y la historia por igual. A partir de ahí, el ataque avanza rápidamente. Engels es tratado como el representante del marxismo, la Dialéctica de la Naturaleza como su fundamento filosófico, y toda la crítica revolucionaria del capitalismo queda supeditada a las formulaciones más vulnerables de Engels.

Esto es un error. Más precisamente, es un error políticamente útil. El propio Marx no denominó a su método «materialismo dialéctico». Si bien la expresión ya había aparecido con anterioridad, se convirtió en una categoría central del marxismo solo después de Marx, sobre todo gracias a la obra sistematizadora de Plejánov a partir de la década de 1890 y, posteriormente, a través del marxismo ortodoxo de la Segunda Internacional y la tradición soviética.

El principal logro teórico de Marx no fue la construcción de una filosofía general del universo, sino la crítica de la economía política: el descubrimiento de que la sociedad capitalista no es un orden natural, sino una forma históricamente específica de producción social organizada en torno al valor, el trabajo asalariado, la acumulación de capital y la dominación de clase.

Materialismo histórico

El materialismo de Marx es histórico y social antes que cosmológico. No parte de la «materia en general», sino de seres humanos reales que producen y reproducen sus vidas bajo relaciones sociales definidas. Para Marx, la cuestión clave no es si la naturaleza obedece a tres leyes dialécticas, sino cómo se organizan el trabajo humano, la propiedad, la producción y el poder de clase en un modo de producción determinado.

La distinción no es pedante. No significa que Marx fuera indiferente a la naturaleza, la ciencia o el mundo material. Al contrario, la crítica marxista del capitalismo es imposible sin el trabajo como relación metabólica entre la humanidad y la naturaleza. Pero el método de El Capital no es un conjunto de leyes abstractas aplicadas mecánicamente a todos los ámbitos. La dialéctica de Marx es inmanente. Sigue el movimiento contradictorio de una forma social definida desde dentro.

Por eso la dialéctica de Marx sigue siendo tan peligrosa. En el epílogo de la segunda edición alemana de El Capital, Marx elogió a Hegel por captar la forma general del movimiento dialéctico, pero insistió en que la dialéctica hegeliana debía interpretarse correctamente. En su forma racional, escribió Marx, la dialéctica es «crítica y revolucionaria» porque concibe toda forma históricamente desarrollada como transitoria, como una forma en movimiento, como algo que contiene la posibilidad de su propia negación.

Esto es lo que la filosofía burguesa marxista quiere evitar. Es mucho más seguro argumentar contra una caricatura del "materialismo dialéctico" que confrontar el análisis de Marx sobre el capital como una relación social que necesariamente produce crisis, explotación y lucha de clases.

Colaboración

Engels no puede ser simplemente relegado a un segundo plano. Ningún marxista serio debería tratar a Engels como un apéndice prescindible de Marx. Engels fue el colaborador más cercano de Marx, un pensador socialista fundamental y la persona sin la cual gran parte de la obra posterior de Marx nunca habría trascendido. Sus escritos sobre la clase social, la familia, el Estado y la estrategia política siguen siendo indispensables.

La dialéctica de la naturaleza

La Dialéctica de la Naturaleza de Engels es un texto diferente. No era un libro terminado, preparado para su publicación. Era una colección de notas y fragmentos, escritos en el contexto de la ciencia del siglo XIX y publicados mucho después de la muerte de Marx y Engels. Considerarla, por lo tanto, como la constitución filosófica definitiva del marxismo, ya constituye una distorsión.

La dificultad reside en otro lugar. Engels intentó concebir la naturaleza desde una perspectiva histórica, un impulso legítimo y a menudo fructífero. La naturaleza no es un mecanismo inerte. La evolución, la geología, la termodinámica y la ecología socavaron las visiones estáticas del mundo natural. Engels comprendió, antes que muchos pensadores burgueses, que la naturaleza misma posee historia, movimiento y transformación.

El problema surge cuando las ideas sugerentes se convierten en una doctrina universal. La transformación de la cantidad en calidad, la interpenetración de los opuestos, la negación de la negación: estas pueden iluminar ciertos procesos, pero no pueden reemplazar la investigación concreta. Una vez convertidas en claves prefabricadas para cualquier ciencia, la dialéctica se transforma en lo opuesto al método de Marx. Deja de ser crítica y se vuelve escolástica.

Es precisamente aquí donde la ortodoxia posterior causó estragos. Tras la muerte de Marx, el «materialismo dialéctico» se presentó cada vez más como la visión general del marxismo. En Plejánov, esto se materializó en una sistematización filosófica. En El materialismo y la empiriocrítica de Lenin, se convirtió en una defensa acérrima del materialismo frente a las corrientes idealistas y positivistas. Bajo Stalin, se condensó en una doctrina oficial de «materialismo dialéctico e histórico». El resultado fue una inversión: el materialismo histórico se presentó a menudo como una aplicación de una filosofía de la naturaleza más amplia.

Ese giro les dio a los críticos burgueses un blanco fácil. Ya no tenían que lidiar con el valor, la plusvalía, el fetichismo de la mercancía, la acumulación primitiva, el imperialismo ni el carácter clasista del Estado. Podían burlarse de las «leyes de la dialéctica», señalar ejemplos científicos obsoletos y declarar refutado el marxismo. Pero refutar una codificación filosófica posterior no es lo mismo que refutar a Marx.

El materialismo de Marx

Por lo tanto, una respuesta marxista seria debería evitar dos errores. El primero es someter a Engels por completo a la crítica burguesa, como si la colaboración entre Marx y Engels fuera motivo de vergüenza. El segundo es defender cada línea de la especulación filosófica natural de Engels como si el marxismo requiriera textos infalibles.

El marxismo no necesita de tales textos. Su fuerza reside en su método: el análisis de las relaciones sociales concretas, arraigadas en la lucha de clases y el desarrollo histórico. El materialismo de Marx no nos pide que repitamos fórmulas, sino que descubramos las relaciones reales que se esconden tras las apariencias.

En la sociedad capitalista, las apariencias son poderosas. Los salarios se presentan como pago por el trabajo, no como la compra de la fuerza de trabajo. Las ganancias se presentan como la recompensa al capital, no como una forma de trabajo no remunerado. El mercado se presenta como libertad, mientras que los trabajadores se ven obligados a vender su capacidad de trabajar para sobrevivir. El Estado se presenta como neutral, mientras que garantiza las condiciones generales de acumulación de capital.

Aquí es donde la dialéctica de Marx opera con toda su fuerza. No se sitúa por encima de la sociedad como una ley metafísica. Se adentra en la mercancía, el salario, el dinero, el capital, la crisis y la lucha de clases, y muestra cómo cada uno contiene contradicciones que el pensamiento burgués no puede resolver.

Confusión filosófica

Por eso, este tipo de ataque al «materialismo dialéctico» suele ser una evasión. La filosofía burguesa de la ciencia puede revelar debilidades en las notas inconclusas de Engels. Puede rechazar correctamente las aplicaciones burdas de las leyes dialécticas a la naturaleza. Pero, por ello, no ha tocado el núcleo de la crítica marxista al capitalismo.

No se trata de contraponer a Marx con Engels de forma superficial, sino de distinguir el método crítico de Marx de su posterior doctrina cerrada. A Engels se le debe leer históricamente, no canónicamente. A Marx se le debe leer como un crítico de las formas sociales capitalistas, no como el fundador de un sistema cósmico.

Existe una anécdota apócrifa según la cual Hegel dijo una vez que solo un hombre lo había comprendido, e incluso él lo había malinterpretado. Independientemente de si Hegel lo dijo alguna vez, la anécdota refleja un peligro real en la historia del marxismo. Comprender a Marx no significa convertirlo en una filosofía universal, sino utilizar su método contra la sociedad que aún nos gobierna.

Sin embargo, la crítica contiene algo de verdad. Un «materialismo dialéctico» rígido y formulista puede convertirse en mala filosofía. Pero los críticos burgueses se equivocan en su conclusión. Esto no constituye una refutación del marxismo, sino una razón para retomar la crítica revolucionaria de Marx al capital.

tayfuner.com


Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/por-que-la-dialectica-de-marx-es 

domingo, 2 de agosto de 2026

«Puede que sea más fácil colonizar Marte que un Gobierno español aplique las resoluciones de la ONU sobre el Sáhara»

Fuentes: Nueva revolución

Augusto Zamora fue jefe de gabinete del Ministerio de Exteriores de Nicaragua durante la Revolución Sandinista, negociador de la paz en Contadora y Esquipulas, y el abogado que llevó a Estados Unidos ante la Corte Internacional de La Haya por sus actividades militares y paramilitares en su país. Décadas después, desde su faceta como jurista, geopolítico y autor de Réquiem polifónico por Occidente, Zamora diagnostica sin filtros el fin de la hegemonía occidental, la obsolescencia de Naciones Unidas y la inevitabilidad de una guerra global hacia 2030.

En esta entrevista, sostiene que «Occidente está muerto», que el genocidio en Gaza es la «evolución natural del Estado sionista» y que la única salida para Palestina pasa por la desaparición de Israel como Estado. Además, aborda la cuestión del Sáhara Occidental. Sin más preámbulos, os dejo con la entrevista.

Usted fue jefe de gabinete del Ministerio de Exteriores durante la Revolución Sandinista y negoció la paz en Contadora y Esquipulas, ¿cómo se vive pasar de la primera fila del equipo de gobierno a la oposición tras la derrota electoral del año 90?

Ese es un trago amargo, sobre todo porque tanto el proceso insurreccional como la defensa de la revolución costó más de 100 mil vidas y que aquello terminara, pues es amargo. Y creo que el término se queda corto, pero las cosas son así. El país estaba agotado humana, económica y psicológicamente después de 11 años de guerra, y la gente a veces hace lo que muchas veces no quiere hacer solo por sobrevivir.

Son cosas que solo se entienden cuando se viven. Desde fuera muchas veces resultan inexplicables, pero es muy difícil para un país pequeño como Nicaragua, como tantos que ha habido en el mundo, resistir una agresión imperialista durante tantos años y subsistir. Y menos en un momento tan crítico: la Unión Soviética estaba en sus últimos años, la ayuda no llegaba de ninguna parte. No había quien echara una mano, así que, bueno… pasó hace muchos años ya, así que ahora hay que ver con los ojos hacia el futuro, que está bastante interesante.

Antes de poner los ojos en el futuro, usted fue abogado de Nicaragua ante La Haya contra Estados Unidos por las actividades militares y paramilitares de este país. Estados Unidos perdió el caso, pero luego ignoró la sentencia. ¿Qué lección aprendió usted sobre el poder real frente al derecho internacional? ¿Y si sigue creyendo en la Corte Internacional de Justicia después de aquello?

Hay que entender que, a lo largo de la historia, el derecho ha tenido un valor relativo en la relación entre fuertes y débiles. Esto ha sido siempre el lado más triste, negro y crítico del derecho, sea derecho interno o derecho internacional. Nunca se juzga igual al pobre que al rico.

Y en las relaciones internacionales el derecho internacional vale hasta cierto nivel, pero ya llevado a una situación de confrontación con una potencia imperialista, si esta potencia puede imponer su voluntad, la impone. Esto es así y seguirá siendo mientras existan potencias imperialistas; lo estamos viendo en el presente.

Es decir, desde que fue destruida la Unión Soviética, el mundo ha vivido en un estado de guerra permanente: Yugoslavia, Libia, Irak, Afganistán, Siria, Líbano, ahora Irán. Esto es una realidad contra la que uno debe luchar con todas las fuerzas, pero el fondo del problema está en la asimetría de poder.

Esto lo trató la Corte Internacional de Justicia en su primer caso, que fue el caso del canal de Corfú, con sentencia emitida en 1949 en un caso que enfrentaba a Gran Bretaña con Albania. Ahí Gran Bretaña argumentó que tenía (…) en el caso de la libertad marítima y de hacer valer el principio del derecho de navegación.

Y la corte respondió en una sentencia histórica, que yo en mis años largos de profesor siempre recordaba. La corte rechazó el argumento británico, señalando que, por la naturaleza de las cosas, un derecho de intervención solo favorecería a los poderosos.

Eso sigue siendo así, porque en esta vida no interviene quien quiere, sino quien puede. Veo que Estados Unidos está haciendo lo que está haciendo; incluso amenazó con hacer desaparecer una civilización como la iraní.

Pero vimos antes la agresión brutal contra la pequeña Yugoslavia de Serbia y Montenegro. Yo no sé por qué asombrarse ahora de lo que hace Estados Unidos, si desde que desapareció la Unión Soviética el mundo ha sido sometido a continuas guerras por parte de países atlantistas, como alianza, coalición, como quieran presentarse.

Pero hemos vivido en guerra y parece que seguiremos así hasta que el accidente colectivo, como yo le llamo, sea militarmente derrotado.

¿Lo que se conoce como Occidente, como proyecto político y cultural, está muerto? ¿O solo muy enfermo?

Está muerto. Lo que pasa es que primero son las realidades económicas y después las realidades políticas. En derecho nosotros explicamos que el derecho nace viejo. Primero fueron los barcos y luego el derecho marítimo, primero fueron los aviones y luego el derecho aéreo.

Eso ocurre también en la sociedad internacional: ahora el mundo es multipolar económica y comercialmente. Ya aquellos siglos en que un grupo de potencias imperialistas poseía la práctica totalidad del PIB mundial han desaparecido.

Ahora la primera potencia económica y comercial en términos de paridad adquisitiva es China, la segunda es Estados Unidos, la tercera India, la cuarta Rusia… En realidad, de Occidente como gran potencia solo queda Estados Unidos.

El mundo se ha fragmentado. Las economías de mayor crecimiento son economías asiáticas: Indonesia, Pakistán, Irán; y otras que le siguen son africanas o americanas, como Brasil o México. De manera que el mundo ya es multipolar.

Falta esa fase de transición que, tal y como pintan las cosas, y yo vengo señalando desde hace años, pasará por una guerra. Como ocurrió con la primera, con la Segunda Guerra Mundial, pues parece que tendrá que haber una tercera, en la que esta multipolaridad económica, militar y comercial se transforme en política con la derrota militar de Occidente y, esencialmente, de Estados Unidos.

No creo yo que haya una vía distinta a la configuración del mundo multipolar que ya existe para darle una forma política y una nueva organización internacional.

¿Cómo es su valoración de la situación global actual? ¿Ve esa guerra próxima?

Los cálculos que yo he venido haciendo desde 2017 es que la guerra estará en torno a 2030; puede ser años antes, puede ser años después. Las contradicciones se están acumulando de una manera tan grande que eso parece que llegará, pero no ahora.

Digamos que lo de Irán es como un ensayo. Esto lo señalé en un artículo que publiqué al inicio de esta segunda guerra de agresión contra Irán: que esto era como un ensayo en términos reales y en tiempo real de lo que será la guerra en el Pacífico.

Porque, a fin de cuentas, Estados Unidos, por su lejanía geográfica, que vive en un continente aislado como es el americano, solo puede proyectar su poder de manera aeronaval. De manera que sus guerras tienen que ser desde el mar, apoyándose en bases militares de países aliados.

Es solo cuestión de cambiar Emiratos Árabes por Corea del Sur, Arabia Saudita por Japón, y vamos a tener un escenario similar por el control de Asia-Pacífico.

De hecho, ya han salido en Estados Unidos varios artículos en revistas especializadas señalando que uno de los mayores errores de Estados Unidos en esta guerra contra Irán es que ahora los chinos ya saben cómo combaten ellos y que le han transmitido a China todas las fortalezas, pero también todas las debilidades en una guerra aeronaval.

De manera que China y, por supuesto, Rusia, desde un inicio han tomado nota de las dos guerras contra Irán, porque esto es lo que más o menos se vendrá en unos años.

Entonces, en este caso, ¿usted ve la agresión contra Irán como un ensayo de lo que vendrá después?

Es un ensayo en tiempo real, y lo más relevante de esta segunda guerra es que Estados Unidos se ha empleado a fondo —a excepción de la bomba atómica— y no ha podido.

Pero esto también fue señalado hace unos 2.400 años por Tucídides, en la Historia de la guerra del Peloponeso, cuando analizaba el fracaso de la incursión ateniense en Sicilia, en las ciudades-estado aliadas de Esparta, y cómo la potencia terrestre tiene superioridad sobre la potencia naval que ataca. Porque la expedición ateniense a Sicilia fue un desastre militar completo y fue determinante para la derrota final de Atenas a manos de Esparta.

Así que no estamos hablando de un escenario nuevo. Se ha mencionado ahora muchas veces el desastre de Galípoli en la Primera Guerra Mundial, el desembarco británico en la península de los estrechos turcos tratando de alcanzar Estambul, que terminó en un desastre militar total.

Estados Unidos ha vuelto a comprobar que una potencia terrestre con fuerza suficiente es capaz de vencer o de hacer imposible una victoria a una potencia aeronaval.

En el caso del Pacífico ya no digamos… el poder de China es 500 veces superior al de Irán y, por tanto, de los resultados de este fracaso de Estados Unidos contra Irán podemos inferir cómo terminaría una guerra con China en el Pacífico.

Y creo yo que tanto chinos como otros países han tomado nota, y esta derrota de Estados Unidos —o imposibilidad de victoria sobre Irán— ya es una reconfiguración de fuerzas. Ya el mundo ha visto que el poder de Estados Unidos no es tal; que una potencia media con voluntad y capacidad suficiente lo puede resistir.

Podemos, a partir de ahí, sacar conclusiones sobre lo que será una confrontación de Estados Unidos con una potencia que es igual o superior, incluso, al poder estadounidense.

¿Cuál es su enfoque sobre la cuestión del genocidio en Palestina y su lectura sobre los organismos internacionales ante esta situación?

Naciones Unidas se fundó en 1945, en un mundo que no tiene absolutamente nada que ver con el presente. Naciones Unidas es algo obsoleto, pertenece a otra época; no esperemos de esta organización algo que ya no puede dar. Hace falta una nueva organización internacional, que puede ser desde dentro de Naciones Unidas o formando una nueva, como ocurrió anteriormente: en la Primera Guerra Mundial nació la Sociedad de Naciones, fracasó; en la Segunda nació la Organización de las Naciones Unidas, pues en la Tercera igual hay que crear otra. Pero ya Naciones Unidas como tal no responde a las realidades del mundo.

El genocidio de Gaza es la evolución natural del Estado sionista. No hay que olvidar que el sionismo es la versión nacionalista del judaísmo. En ese sentido, sus orígenes son iguales a los del nazismo, y comparten exactamente la misma ideología de fondo, aunque no la simbología. Es la supremacía de una raza sobre otra y el derecho de la raza superior a exterminar a lo que considera una raza inferior.

Los nazis se consideraban la raza blanca superior, los sabios, etc. Los judíos sionistas se creen el pueblo de Dios y que ellos son los que están aquí enviados por Dios para hacer lo que les dé la gana. Ten en cuenta que los libros religiosos judíos son lo que nosotros llamamos el Viejo Testamento. El Viejo Testamento está lleno de barbaridades, genocidios, asesinatos, masacres; ellos beben de eso y se lo creen.

Hay además una cuestión que la gente suele olvidar: Palestina es un territorio de 27.000 kilómetros cuadrados, no hay más. En esos 27.000 km² están metidos los judíos sionistas y los palestinos en cantidades casi iguales. Es demasiado poco espacio para dos pueblos, de manera que los sionistas quieren erradicar a los palestinos.

Nunca va a haber un Estado palestino mientras exista el Estado sionista, nunca, porque eso jamás ha sido considerado por los sionistas como algo viable. De manera que ellos creen que ahora, en esta época, ante el hundimiento moral, económico y político de la Europa atlantista y el peso que ha ido adquiriendo el lobby sionista en Estados Unidos, sumado a los evangélicos sionistas, han considerado que era el momento propicio para perpetrar un genocidio en Palestina sin que nadie les hiciera nada.

Se lanzaron sobre Gaza y lo están haciendo ya de otra manera en Cisjordania, porque su proyecto es dejar a los palestinos sin tierra y obligarles a irse. El problema que tienen los judíos sionistas es que no hay ningún país dispuesto a recibir a los palestinos; de hecho, Egipto les ha dicho que sería un casus belli, y por eso no sacaron a los palestinos de Gaza en dirección a Egipto, porque el proyecto judío era echarlos ahí.

Estamos ante una situación sin salida. Como he dicho, la única salida que existe es la desaparición de Israel como Estado. Se los pueden llevar a los sionistas a Australia; ahí hay espacio vacío suficiente para que ellos puedan vivir y practicar su religión sin hacerle daño a la humanidad.

Ante esa inoperancia que hay por parte de los organismos internacionales, por lo que ha estado señalando usted, ¿qué soluciones cree que hay ahora mismo para la resistencia de los pueblos, tales como el palestino y el saharaui?

Mira, estamos en una época de transición, entre un mundo que se muere, siguiendo lo que decía Gramsci, tantas veces citado, y el mundo que está naciendo. Las guerras que hay ahora, en Gaza, en Irán, las crisis, son parte de un mismo conflicto. Ahora no hay conflictos separados; todos son vasos comunicantes de un mismo conflicto que vincula la guerra en Ucrania con la guerra con Irán, la guerra con Irán con la situación palestina, la situación palestina con la rivalidad creciente en Asia-Pacífico.

De manera que cuando se resuelva este conflicto, y se imponga una nueva visión del mundo con el triunfo de las potencias multipolares, estos conflictos van a ser resueltos, entre ellos el palestino y el saharaui.

Que ahora mismo son rehenes de la política imperialista de Estados Unidos. Recordemos que Marruecos es el mayor aliado que tiene Estados Unidos en el Magreb, y que Israel es prácticamente el Estado 51 de Estados Unidos; en Ucrania la guerra se mantiene por decisión de Estados Unidos, y la crisis latente que hay en Asia es también con Estados Unidos. Busquemos donde busquemos siempre desembocamos en el mismo país.

Esto reventará en unos años, porque creo que ya estamos llegando a los puntos límites de aguante.

En lo referente, digamos, al pueblo saharaui, ¿no ve un doble rasero? ¿Y a qué lo atribuiría, por parte de ciertos países, si lo comparamos con la cuestión palestina? En el caso saharaui retiran relaciones diplomáticas con la RASD, mientras que en el caso palestino se producen reconocimientos al Estado palestino para fortalecer su posición, en teoría Palestina.

Recuerda que el Sáhara Occidental es un territorio partido; allí no hay ningún genocidio, que no se está viendo lo que se ve en Gaza. Eso es así, no hay un genocidio saharaui.

Hay una ocupación de la mitad del territorio saharaui por Marruecos; la otra mitad la tienen los saharauis. Es un conflicto latente secundario porque también es una zona que está fuera de los focos de conflicto.

Pero es un problema que está ahí y que se resolverá en su momento, cuando esta correlación de fuerzas, que ahora es adversa a los saharauis, se invierta y ya definitivamente se impongan las resoluciones de descolonización de Naciones Unidas y Marruecos tenga que abandonar el Sáhara, y punto. Como los sionistas tendrán que abandonar Palestina.

¿No es un poco hipócrita por parte del Gobierno español coger la antorcha de la resistencia en Palestina mientras que, al mismo tiempo, ignora esta cuestión cuando tiene responsabilidades de primer plano?

Los gobiernos actúan en función de intereses que ellos consideran, cada uno a su manera. Para España, Marruecos está enfrente y es un problema, muchos problemas. Y Gaza está al otro extremo del Mediterráneo, por lo tanto el enfoque no es el mismo, no puede ser el mismo.

No puede ser lo mismo para Egipto Gaza que para Egipto el Sáhara. La geografía en eso condiciona.

¿Qué es una hipocresía? Lo es. ¿Qué es ilegal? Lo es. Ahí no hay género ninguno de duda con que el Sáhara es un territorio a descolonizar y hay sentencias de la Corte Internacional de Justicia, resoluciones de Naciones Unidas, etc., que establecen la ilegalidad de la posición del Gobierno español.

¿Qué más se puede decir o hacer? Pues nada más, a menos que llegue al poder un Gobierno que decida aplicar las resoluciones de Naciones Unidas, y hasta el momento aquí no llegará ninguno. Y puede que sea más fácil colonizar Marte a que eso llegue.

Una cosa que ha mencionado es que el derecho nace viejo. ¿Cree que el derecho está ahora mismo siendo incapaz de salir adelante ante los cambios globales en esta situación?

Debemos ver el mundo en su conjunto. Si ves el planeta como si fueras un cosmonauta, verás que la inmensa mayoría de la humanidad está en paz. Que la inmensa mayoría se relaciona pacíficamente y respetando las leyes internacionales.

Que aquí los únicos en el mundo que viven provocando guerras, conflictos, y que han desbaratado el orden mundial jurídico y político son las potencias atlantistas. No hay ningún país ni grupo de países, más que los atlantistas, haciendo barbaridades con el derecho; y, sin embargo, son los que más hablan de derecho.

Hay regiones enteras del mundo en absoluta paz. A nadie se le ocurre andar invadiendo países. ¿Quiénes los invaden? Pues son siempre fuerzas anglosajonas con su coro de seguidores europeos, que unas veces son más, otras veces son menos, pero son los únicos.

Entonces no podemos confundir la parte con el todo. El orden jurídico internacional, por regla general, es respetado por la gran mayoría de países del mundo, y es violentado, atropellado, agredido, vulnerado y roto por potencias atlantistas, las únicas.

Así que con lo que hay que acabar es con la coalición atlantista, para que el planeta viva en paz. Como si tienes un cáncer ahí, pues hay que extirpar ese cáncer. Y a eso vamos: a una coalición global antiatlantista.

¿Cuál es su lectura del avance de los BRICS, que han superado ya en PIB al G7? ¿Es el inicio o la confirmación de un nuevo mundo multipolar? ¿Y si cree que el poder económico, sin supremacía militar, se puede sostener?

Los BRICS, como la Organización para la Cooperación de Shanghái, son los ensayos, los órganos desde los cuales se quiere promover este orden multipolar. Son, digamos, los antecedentes, los primeros ladrillos del edificio que se quiere construir, que está por construirse.

Porque realmente queda mucho, porque recuerda, por ejemplo, que una cosa fue fundar Naciones Unidas y otra cosa echarla a andar; echarla a andar llevó tres décadas. Porque hay que ir haciendo las cosas poco a poco: una cosa es hacer algo jurídicamente y otra cosa tener todos los órganos materiales y personales, etc., para que eso jurídico que has hecho se convierta en una realidad.

Entonces, claro, el orden multipolar viene, pero será una cuestión que llevará 10, 15 o 20 años, que en términos históricos no es nada. En términos de una vida humana uno dice: “uf, 20 años…”, pero en términos históricos eso es nada. Piensa que la Segunda Guerra Mundial ocurrió hace ochenta y tantos años; ¿cómo será el mundo dentro de 10 años? Te aseguro que poco parecido a este.

De hecho, el mundo que existía en la Guerra Fría hasta 1991 no se parece absolutamente en nada al que vivimos. ¿Y cuánto ha pasado? 30 años. Así que hay que ver esto con paciencia y entender que estamos en el inicio de un proceso que es un cambio sistémico.

La hegemonía de potencias occidentales será sustituida por países esencialmente asiáticos, y a medida que pasen los años y las décadas este mundo será más asiático, africano e iberoamericano que europeo.

Y Europa quedará como una parte gloriosa, pero de esas viejas glorias, museo, para que vengan los africanos, iberoamericanos y asiáticos a pasear y ver las ruinas.

Eso no tiene vuelta de hoja; no más hay que ver los datos económicos, son estremecedores, y ya no digamos los datos poblacionales…

Pero ese poder económico sin supremacía militar, sin supremacía militar, ¿se podría sostener o es algo que ya ha cambiado?

La supremacía militar la tienen ahora Rusia, China, la India, Irán. Pensar que Europa o la OTAN tiene una supremacía militar superior a la suma de Rusia y China es vivir fuera de este planeta.

De toda la alharaca en torno al poder militar de Estados Unidos, pues ya Irán se ha encargado de bajarlo a tierra. O sea, que la supremacía militar está. Lo que no se han medido son las armas; cuando se midan, entonces sabrá Occidente que realmente su época pasó.

También una cosa que parece cobrar cada vez más importancia en este nuevo mundo es el asunto de las tierras raras y los semiconductores. En 1992, Deng Xiaoping afirmaba que, si Oriente Medio tenía petróleo, China tenía tierras raras. ¿Dónde cree que queda el continente africano y América Latina en este encuadre, además, por supuesto, de China?

El mundo nunca ha sido una cosa uniforme, no lo ha sido, no lo es y no lo va a ser. Porque la geografía es injusta: hay países muy grandes que no tienen nada, enormes extensiones de arena, desiertos, donde no hay nada. Y hay países más pequeños que lo tienen todo. Hay países a los que la geografía premia, y hay otros a los que la geografía castiga.

La diferencia está en que, en un mundo multipolar, donde la sociedad internacional se guíe por criterios de equidad, de más respeto y respeto real al orden jurídico, donde se comercie libremente —no el modelo neocolonial de expolio, no el modelo de saqueo que ha existido hasta ahora—, muchas de estas regiones, geográficamente en desventaja o que por circunstancias históricas, tendrían posibilidades que hoy no tienen.

Yo te voy a dar un ejemplo que aquí se sigue poco, pero que sí es muy interesante: lo que está ocurriendo en estos países del Sahel, que son Burkina Faso, Mali y Níger. Ahí tomaron el poder ejércitos patriotas que, con el apoyo de China y Rusia, han cambiado sus términos de intercambio internacional. En Mali, por ejemplo, en vez de que los franceses y otras empresas saqueen el oro del país, Rusia les está ayudando a montar su propia industria del oro. Niger, que es uno de los mayores productores de uranio, está haciendo una industria nacional para que la riqueza del uranio se quede, y Rusia les está ayudando.

Esto, digamos, sería como un ejemplo, como un anticipo del tipo de relaciones que se vienen. ¿Y qué hicieron en Burkina Faso, en Níger y en Mali? En primer lugar, echar a los soldados franceses y a los de la OTAN, y plantear un modelo distinto de intercambio en el que los principales beneficiarios de sus recursos sean los propios pueblos.

Entonces eso se irá extendiendo. En el sur de África, China ha hecho silenciosamente cambios enormes, sin invadir, sin expoliar, sin avasallar, sin nada. Llegan, hacen negocio, obtienen beneficio. Por supuesto que hay que obtener beneficios; eso no es delito. El mundo no se puede guiar por criterios de caridad, sino por relaciones en las que todos ganen, no el modelo occidental en el que ganaba Occidente y el resto de países vivían muriéndose de hambre. Eso es lo que se acaba, y ojalá que el periodo de transición sea lo más breve posible.

Y además, se les va a acabar el problema de la inmigración aquí, porque la gente huye de sus países por la pobreza. Cuando existan sistemas nacionales que den a su gente oportunidades, en general nadie quiere irse de su país.

La gente que encuentra oportunidad, trabajo y medios para vivir dignamente se queda en su sitio. Es rico quedarte en tu sitio, con la gente con la que has nacido, con la que has crecido, con lo que has vivido y en lo que te gusta. Uno emigra por absoluta necesidad, no por otra cosa.

Fuente: https://nuevarevolucion.es/augusto-zamora-puede-que-sea-mas-facil-colonizar-marte-a-que-un-gobierno-espanol-aplique-las-resoluciones-de-la-onu-sobre-el-sahara/