sábado, 22 de agosto de 2026

Tomarse en serio el marxismo chino. Por qué las interpretaciones occidentales de los textos económicos de Xi Jinping siguen sin dar en el clavo

Warwick Powell    

15/08/2026

Prefacio: El discurso económico chino y el pensamiento gubernamental sobre la economía se basan en la economía política marxista. Sin embargo, los comentaristas occidentales son incapaces de tomarse en serio la economía política marxista china. La negativa o la incapacidad de comprender la economía política marxista china en sus propios términos, como una ontología distinta y legítima, hace que las observaciones occidentales resulten, en el mejor de los casos, parciales y, a menudo, francamente engañosas. Este ensayo analiza un caso reciente de esta falta de comprensión, centrándose en un artículo publicado en Qiushi —la revista oficial del Partido Comunista— el pasado mes de diciembre, en el que se presenta una selección de declaraciones del presidente Xi Jinping sobre la importancia estratégica de promover la demanda interna.

Gran parte de los comentarios occidentales sobre la política económica china sigue adoleciendo de una persistente incapacidad para tomarse en serio el marxismo chino. (Cuando hablo de comentarios «occidentales», incluyo también aquí aquellos que provienen de comentaristas chinos que suelen encontrarse en los think tanks estadounidenses; el término «occidental» se refiere a un marco discursivo o una postura conceptual concretos). Cada vez que se invoca el marxismo (o el marxismo-leninismo) en el contexto de los debates sobre la economía política de China, se enmarca invariablemente como una cuestión de «ideología» o como una especie de «fachada». Este enfoque ideológico lleva a plantearse cuestiones sobre el funcionamiento del marxismo-leninismo como discurso político «legitimador», en lugar de como una tecnología discursiva dentro del propio aparato de gobierno en su sentido más amplio.

Rara vez vemos un análisis en profundidad de las categorías conceptuales críticas que los propios responsables políticos y líderes chinos utilizan para enmarcar los problemas del crecimiento y el desarrollo económicos, el cambio estructural, las cuestiones de oferta y demanda y, en el fondo, los circuitos de reproducción social y económica. Una de las consecuencias de esto es la persistencia de una discordancia conversacional en la que los comentaristas occidentales y los textos de política china, en la práctica, «hablan sin entenderse».

Cuando los comentaristas occidentales plantean preocupaciones sobre los desequilibrios comerciales, el exceso de capacidad industrial y las denominadas «distorsiones» competitivas y el mercantilismo moderno —ya se trate de subvenciones estatales, un renminbi infravalorado o tipos de interés «por debajo del mercado» y «financiación fácil»—, suelen hacerlo proyectando estas cuestiones sobre declaraciones y perspectivas chinas que, en el fondo, se organizan sobre la base de una ontología totalmente diferente. Un excelente ejemplo de ello es la recopilación que la revista Qiushi publicó en diciembre de 2025 de extractos de diversas declaraciones de Xi Jinping sobre la expansión de la demanda interna, y la reacción de los comentaristas occidentales al respecto. El artículo se titulaba «La expansión de la demanda interna es una medida estratégica» (扩大内需是战略之举) y es una selección cuidada de las declaraciones de Xi a lo largo de la década transcurrida desde 2015. Si bien los comentaristas occidentales se apresuraron a destacar los pasajes que aludían a lo que podría calificarse de exceso de capacidad o consumo moderado, cuando se lee con atención y en su totalidad, la selección no revela tal concordancia con los marcos de equilibrio dominantes en los que se basan los comentarios occidentales, sino más bien una lógica de desarrollo coherente fundamentada en la economía política marxista.

Qiushi —literalmente, «en busca de la verdad»— es la revista oficial del Partido Comunista de China y, por lo tanto, tiene un peso especial dentro de las instituciones del discurso político. En pocas palabras, merece la pena prestarle atención.

Cuando salió a la luz el número de diciembre de 2025 de Qiushi, los comentaristas occidentales se abalanzaron rápidamente sobre el extracto inicial, extraído de un discurso pronunciado por Xi en la Segunda Sesión Plenaria del Quinto Pleno del XVIII Comité Central, el 29 de octubre de 2015. En ese discurso, afirmó:

«En el pasado, la capacidad productiva de nuestro país se quedaba rezagada, por lo que centramos nuestros esfuerzos en ampliar la inversión y aumentar la capacidad productiva. Ahora la capacidad global es excesiva; seguir confiando exclusivamente en la ampliación de la escala de inversión para impulsar la tasa de crecimiento tiene un efecto limitado y unos rendimientos marginales decrecientes. Aunque la inversión puede ser un importante motor del crecimiento económico a corto plazo, el consumo final es el motor duradero del crecimiento. Al tiempo que ampliamos la inversión efectiva y potenciamos su papel clave, debemos aprovechar de forma más eficaz el papel fundamental del consumo en el crecimiento».

Leído de forma aislada del resto del texto, y mucho menos situado en su contexto temporal, parecería que el pasaje reafirmaba las afirmaciones centrales de la narrativa occidental dominante, a saber, que China tiene un exceso de capacidad o una capacidad sobredimensionada impulsada por una dependencia excesiva de la inversión (estatal o pública) —a menudo descrita como «derrochadora»— y que incluso Xi comprendía y admitía que era necesario un «reequilibrio» hacia el consumo. Se percibía una sensación de «te pillé» o de «¿ves?, te lo dije» por parte de diversos comentaristas.

Y, sin embargo, cuando leemos el resto del artículo, el texto no corrobora en absoluto estas afirmaciones de la corriente dominante occidental. Más bien, el cuerpo del artículo desmonta sistemáticamente esa lectura unidimensional y reduccionista.

Inmediatamente después de estos comentarios de 2015, encontramos una declaración de 2016 que establece el marco teórico rector. Dice así:

«La oferta y la demanda son los dos aspectos básicos de las relaciones internas de la economía de mercado; mantienen una relación dialéctica de oposición y unidad a la vez. Ambas son inseparables entre sí, interdependientes y se condicionan mutuamente. Sin demanda, la oferta no puede materializarse; una nueva demanda puede dar lugar a una nueva oferta. Sin oferta, la demanda no puede satisfacerse; una nueva oferta puede crear una nueva demanda».

A continuación, Xi rechaza una elección dualista del tipo «o una cosa o la otra» entre la gestión orientada a la oferta y la orientada a la demanda. Más bien, las decisiones políticas deben basarse en una comprensión adecuada de las condiciones concretas del momento, pero la oferta y la demanda «deben coordinarse y promoverse mutuamente». Otros extractos a partir de 2020 retoman esta misma conceptualización general, al abordar la necesidad de establecer «un equilibrio dinámico de mayor nivel en el que la demanda siga a la oferta y la oferta genere demanda», de «combinar orgánicamente la aplicación de la estrategia de expansión de la demanda interna con la profundización de la reforma estructural del lado de la oferta», y de considerar la expansión de la demanda interna no como un recurso temporal, sino como «una medida estratégica». Otros pasajes de declaraciones realizadas entre 2022 y 2024 hablan de «la demanda crea la oferta, la oferta crea la demanda», y de la necesidad imperiosa de seguir profundizando en la reforma del lado de la oferta junto con la expansión de la demanda. Xi se refiere a avances en la superación de los cuellos de botella y los puntos débiles del sistema de la cadena de suministro, señalando que los desequilibrios y los bloqueos entre ambos son fuentes de riesgo económico y financiero (2022-2024). Los extractos más recientes de la Conferencia Central de Trabajo Económico de 2024 y de la Exposición de las recomendaciones del 15.º Plan Quinquenal de octubre de 2025 tratan la expansión de la demanda interna —especialmente, aunque no de forma exclusiva, el consumo— como una necesidad estratégica, al tiempo que insisten en que las medidas del lado de la oferta y de la demanda deben coordinarse en la búsqueda de un equilibrio dinámico.

El debate se centró en cuestiones de equilibrio dinámico y en aspectos de la demanda en los que esta no puede reducirse únicamente al consumo. De hecho, incluso dentro del discurso económico dominante, se entiende que la demanda abarca tanto la demanda de inversión como la de consumo, un punto que los comentaristas occidentales dominantes suelen confundir —quizás de forma engañosa y deliberada—.

El lenguaje y el marco conceptual que contienen estos pasajes reflejan una ontología particular y distintiva. No se trata de metáforas casuales y sin importancia, ni de meros fragmentos de declaraciones ideológicas. La economía dominante concibe la economía como un sistema que tiende hacia el equilibrio —ya sea estático o en expansión— entre la oferta agregada y la demanda agregada. Los modelos dominantes suelen construirse sobre la base de supuestos simplificadores de un único agente representativo o de un mundo con un único bien. Esto conduce a la persistencia del equilibrio y del balance entre oferta y demanda en términos agregados como un punto de referencia estático, contabilizado monetariamente (expresado como porcentaje del PIB).

Este enfoque no se corresponde con la forma en que el discurso oficial chino conceptualiza el mundo. Por el contrario, se concibe la economía nacional como un conjunto de circuitos de reproducción social, anclados en el desarrollo de las fuerzas productivas. Al tratarse de un sistema dinámico, en cuyo núcleo se producen cambios tanto cualitativos como cuantitativos, los desequilibrios sistémicos son una característica de la transformación estructural, más que anomalías que deban eliminarse de una vez por todas. En este marco, el «equilibrio» es dinámico, provisional e histórico, más que estático y atemporal. El equilibrio dinámicodongtai pingheng 动态平衡— es el objetivo que hay que perseguir al tiempo que se lucha por hacer posible la consecución de niveles técnicos y organizativos sucesivamente más elevados a medida que el propio modo de producción se moderniza. Xi recurre a este concepto en varias ocasiones en la recopilación de diciembre de 2025.

De hecho, la idea del equilibrio dinámico merece mucha más atención, ya que apunta a una comprensión de los procesos y sistemas económicos no como cuestiones de equilibrio, sino como sistemas multidimensionales en perpetuo movimiento, en los que el centro de gravedad no es un estado de equilibrio estático, sino una dinámica continua de transformación. El equilibrio dinámico consiste en suavizar o desbloquear los sistemas de circulación, lo cual constituye la base de una mejora sistémica sostenida. Las nociones dialécticas de la cantidad en calidad y de la calidad en cantidad; de la negación de la negación y similares formarían parte, pues, de esta interpretación. (Quizá vuelva sobre el tema del equilibrio dinámico en el futuro para ofrecer un análisis más detallado).

Basta con señalar que se trata de un marco claramente marxista del desarrollo histórico y la economía política. Este marco se hace aún más claro cuando examinamos otros materiales relacionados de Qiushi. Tomemos, por ejemplo, un artículo explicativo de marzo de 2025 titulado «Persistir en los esfuerzos coordinados tanto por el lado de la oferta como por el de la demanda, y en el equilibrio dinámico» (坚持供需两侧协同发力、动态平衡). Este ensayo cita la misma formulación dialéctica de 2016 y es explícito en su lenguaje orientado a la dinámica de procesos cuando afirma que el equilibrio agregado entre la oferta y la demanda es «relativo y temporal»; y que el movimiento del equilibrio al desequilibrio, y de nuevo hacia un nuevo equilibrio, es «una ley objetiva del desarrollo económico». Solo se puede alcanzar un «equilibrio dinámico de nivel superior» coordinando la expansión de la demanda interna con la optimización de la capacidad de oferta.

Esta es la misma lógica de circulación que impregna los extractos de diciembre de 2025. La economía nacional se aborda como un proceso continuo y dialéctico de producción-distribución-circulación-consumo en el que la oferta y la demanda son elementos inseparables. El vocabulario marxista («对立又统一», «辩证关系», «动态平衡», «客观规律») constituye el marco teórico explícito utilizado para rechazar cualquier diagnóstico unilateral (puro exceso de capacidad / puro subconsumo) y para justificar la búsqueda simultánea de la expansión de la demanda y la mejora del lado de la oferta en el marco de la estrategia de doble circulación.

En resumen, tanto la recopilación extensa como este artículo explicativo más breve presentan la misma postura: la gestión macroeconómica es la aplicación práctica del materialismo dialéctico al circuito de la reproducción social.

Podemos echar un vistazo a otro ensayo reciente, publicado en el número de mayo de 2026 de Qiushi, titulado «Fortalecer, optimizar y ampliar la economía real» (做强做优做大实体经济), otra recopilación de comentarios seleccionados de Xi que abarca la década a partir de 2015. Este ensayo ancla todo el debate en la primacía de la producción material. Cabe señalar que, desde 2016 en adelante, Xi ha insistido en que la economía real, en particular la industria manufacturera, es el «cimiento de la nación», la «fuente de la creación de riqueza» y la base a la que debe servir el sector financiero. En sus debates sobre el desarrollo de un sistema financiero socialista, Xi continuaba afirmando que dicho sistema debe estar al servicio de la economía real y que China no seguiría la vía de su expansión virtual o de una expansión por el mero hecho de expandirse. La economía real es el fundamento del que depende la reproducción social y económica ampliada; y para Xi, eso significa promover el desarrollo de fuerzas productivas avanzadas.

Si esta es la «familia» discursiva en la que deben entenderse las declaraciones de Xi, merece la pena volver brevemente al extracto de 2015 y situarlo históricamente. En otras palabras, para comprender adecuadamente las declaraciones citadas en los extractos hay que entender la situación o el contexto en el que se hicieron. Con la ayuda del retrovisor de la retrospectiva, queda claro que en 2015 el reconocimiento de un exceso de capacidad general no debería haber sido una sorpresa. La observación se realizó unos años después de que China pusiera en marcha un paquete de estímulo masivo, de 4 billones de RMB, a raíz de la crisis financiera mundial de 2008. Este paquete de estímulo y la posterior expansión del crédito y la inversión canalizaron una nueva y sustancial liquidez al sistema a través de los vehículos de financiación de los gobiernos locales. Gracias al estímulo, China fue testigo de una explosión de proyectos de desarrollo, entre los que se incluían grandes obras urbanísticas y de infraestructura relacionada, o proyectos ya existentes que se aceleraron. Ya en 2013 existían ciertas preocupaciones de que la utilización de la capacidad en los sectores del acero, el cemento, el aluminio, el vidrio y la construcción naval fuera problemáticamente baja. Las declaraciones de Xi en 2015 no hicieron más que reflejar el hecho de que la considerable expansión cuantitativa de la inversión había alcanzado un punto de rendimientos decrecientes y que una mayor ampliación (puramente cuantitativa) no sería suficiente. Lo que siguió no fue un giro hacia un enfoque puramente «orientado a la demanda», sino más bien la elevación de la reforma estructural del lado de la oferta como la dirección fundamental; y que esta reforma estructural del lado de la oferta se llevaría a cabo junto con un objetivo a más largo plazo de ampliar y mejorar la demanda interna. Esta lógica se amplió posteriormente a través del modelo de doble circulación, en el que la circulación nacional constituiría el núcleo principal, con la circulación internacional como complemento (以国内大循环为主体、国内国际双循环相互促进的新发展格局).

Dicho de otro modo, este modelo garantizaría el circuito interno de producción, distribución, circulación y consumo, al tiempo que se abriría a los recursos y mercados externos de manera que se reforzara la capacidad de desarrollo nacional. La promulgación del concepto de doble circulación es también otro caso de interpretación errónea por parte de Occidente. Cuando el concepto se dio a conocer por primera vez, en 2019, la respuesta predominante fue «interpretar» la formulación como una señal de que China se retiraba hacia la autarquía. En mi libro, China, Trust and Digital Supply Chains (2023), analizo en detalle este malentendido y sostengo que la formulación no solo no indicaba un retroceso hacia la autarquía, sino que, por el contrario, apuntaba a un renovado énfasis en las interacciones internacionales. Este marco surgió, por supuesto, antes de la pandemia, pero la idea de la apertura cobró nueva vida cuando comenzaron a levantarse las restricciones relacionadas con la pandemia en 2022/23. Parte de la interpretación errónea fue de carácter puramente filológico: la formulación original en chino contenía una «coma» china (un dunhao 顿号、), que se utiliza para separar elementos en una lista relacionada. Al comprender este recurso gramatical básico, la formulación se entiende mejor como «un nuevo modelo de desarrollo de “circulación dual”, en el que los mercados nacionales y extranjeros se refuerzan mutuamente, con el mercado nacional como pilar fundamental». No hubo ningún retroceso hacia la autarquía.

Para quienes estén familiarizados con la economía marxista, especialmente tal y como se esboza en El Capital, queda claro que en el núcleo de este enfoque se encuentra la noción de circulación. Esta conceptualización se extrae directamente del volumen 2 de El Capital, en el que Marx analizó en profundidad los esquemas de reproducción simple y ampliada. En este análisis, dichos esquemas constituían el medio mediante el cual Marx examinaba las condiciones en las que el capital se reproducía a una escala cada vez mayor, mientras que la composición técnica del capital, la proporcionalidad entre los distintos sectores y las relaciones entre producción y consumo evolucionaban continuamente. El análisis de Marx sobre los esquemas de reproducción iba, por tanto, mucho más allá de unos balances estáticos, sino que reflejaba un marco dinámico que pretendía captar las transformaciones cuantitativas y cualitativas, sus motores y los problemas que afectarían al buen funcionamiento de la acumulación y la expansión del capital. Por supuesto, al hacerlo, Marx también identificó las fuentes de una posible crisis sistémica, que perturbaría u obstaculizaría la transformación dinámica del valor.

Como era de esperar, el discurso político chino lleva mucho tiempo considerando la circulación sin obstáculos de la economía nacional —la metamorfosis del capital a través de sus formas sucesivas— como un objetivo político central. Esto es totalmente coherente con la comprensión conceptual que se derivaría de El capital de Marx sobre la dinámica de la reproducción y la expansión sistémicas. La cuestión fundamental aquí no es la de tender hacia un estado de equilibrio, como se encontraría en la economía dominante, sino la fluidez y la velocidad de la metamorfosis y el flujo. La conceptualización de la «doble circulación» es una expresión contemporánea de esta preocupación fundamental en un contexto de mayor incertidumbre externa y de la necesidad concomitante de elevar la calidad de las fuerzas productivas nacionales.

Mi propio libro, China, Trust and Digital Supply Chains, examina en profundidad este linaje teórico. Explora cómo los responsables políticos chinos movilizan categorías de circulación, extraídas especialmente del Capital, volumen II, para conceptualizar cómo se pueden mejorar las cadenas de suministro mediante el desarrollo y la implementación de sistemas de digitalización. En este caso, las cadenas de suministro son el análogo moderno de los circuitos abstraídos de la metamorfosis del capital analizados por Marx. Analicé la estrategia de doble circulación no como una respuesta táctica a las fricciones comerciales ni como un indicio de retirada planificada de la participación global, sino como un esfuerzo por reconfigurar los circuitos a través de los cuales se produce, distribuye y realiza el valor dentro de una gran economía continental que busca mantener la autonomía en materia de desarrollo al tiempo que profundiza y amplía la interconectividad externa. Demostré que estos conceptos son fundamentales para la forma en que los pensadores y analistas políticos chinos abordan realmente los problemas de la logística, los flujos de datos, la modernización industrial y la demanda interna. La economía política marxista no es en absoluto ideológica ni ornamental. De hecho, tratar estas categorías como mera ideología las vacía de contenido explicativo y deja al analista con diversas explicaciones residuales: capitalismo de Estado, política de élites, neomercantilismo o lo que sea. Esto significa que los comentaristas occidentales dominantes pasan por alto la coherencia fundamental del proyecto de desarrollo chino tal y como lo conciben los propios responsables políticos y líderes chinos.

En el esquema marxista clásico, la reproducción simple (el circuito que se limita a reemplazar la escala de producción existente) es analíticamente previa, pero históricamente secundaria a la reproducción ampliada —la ampliación y reestructuración continuas de la base material—. Los esquemas de Marx en el volumen II de El capital no son planos para un equilibrio estático; son instrumentos para revelar las condiciones en las que el sistema puede reproducirse a una escala cada vez mayor, mientras cambian la composición orgánica del capital, las condiciones técnicas de producción y las relaciones entre los sectores. Las formulaciones chinas —«la demanda impulsa la oferta, la oferta crea la demanda», «equilibrio dinámico de nivel superior», «circulación fluida de la economía nacional»— encajan perfectamente en esta línea de pensamiento. Consideran el circuito de la reproducción social (producción-distribución-circulación-consumo) como un proceso en continua evolución en el que los desequilibrios temporales son a la vez inevitables y el motor del avance estructural.

La dinámica económica estructural de Luigi Pasinetti aporta un aparato formal complementario, tal y como he argumentado en otras ocasiones. El marco de Pasinetti se centra en la composición cambiante de la demanda y en las tasas diferenciales de progreso técnico entre sectores; el crecimiento es intrínsecamente desequilibrado a corto plazo, y la trayectoria a largo plazo consiste en una reasignación continua de mano de obra y capital hacia sectores con productividad creciente y elasticidades de la demanda cambiantes. El «equilibrio», por lo tanto, nunca es un punto fijo, sino un objetivo móvil definido por la estructura técnica y de la demanda en constante evolución. Esto se ajusta estrechamente a la insistencia reiterada de China en que la reforma estructural del lado de la oferta debe aumentar continuamente la calidad y la adaptabilidad del sistema de oferta, al tiempo que se amplía y mejora la demanda interna (especialmente el consumo); no con el fin de restablecer un equilibrio preexistente, sino para permitir la siguiente ronda de reproducción ampliada con fuerzas productivas más elevadas.

Las críticas occidentales centradas en el equilibrio (el exceso de capacidad como una simple sobreinversión en relación con una curva de demanda dada, o el subconsumo como un déficit permanente que debe subsanarse únicamente mediante la redistribución de la renta) por lo tanto, pasan por alto el carácter histórico-dinámico del problema tal y como se plantea en los documentos chinos. El reconocimiento en 2015 de un exceso de capacidad general no es una admisión de que el sistema se haya desviado permanentemente de un óptimo estático; es un diagnóstico de que la expansión cuantitativa del auge inversor anterior había alcanzado el punto en el que una simple ampliación a mayor escala producía rendimientos decrecientes y de que se requería una reconfiguración cualitativa de la estructura productiva. Cabe señalar, de paso —aunque esto merece una reflexión más profunda—, que en aquel momento —2015— China también puso en marcha Made in China 2025, un plan de renovación industrial que desde entonces se ha basado en el concepto, muy marxista, de las «nuevas fuerzas productivas de calidad» (新质生产力). En otras palabras, aunque Xi habló de la necesidad de ampliar el consumo en 2015, también reconoció la importancia fundamental de la modernización de la producción a través de la inversión.

El énfasis posterior en la «circulación dual», las «fuerzas productivas de nueva calidad» y la primacía de la economía real es la expresión práctica de esa misma lógica de desarrollo: seguir ampliando y modernizando la base material, al tiempo que se gestionan los ajustes continuos e históricamente específicos entre sectores y entre la oferta y la demanda que conlleva la reproducción ampliada. Equilibrio dinámico.

El objetivo de este debate no ha sido simplemente señalar cómo los comentaristas occidentales dominantes han seleccionado de forma selectiva ciertos pasajes de una reciente publicación de extractos de comentarios de Xi Jinping, sino sugerir que existen consecuencias tanto prácticas como intelectuales de este evidente error de interpretación. Que han seleccionado de forma selectiva es evidente y poco sincero, lo que resulta aún más flagrante para quienes leen chino, dado que la selección solo estaba disponible en chino en ese momento. Sin embargo, en un plano más sustantivo, estas preocupaciones de los comentaristas occidentales —sobre los desequilibrios comerciales bilaterales, la capacidad industrial china y la presión competitiva que ejercen las empresas chinas sobre las industrias occidentales establecidas— se articulan en un marco y en un lenguaje que simplemente no se ajusta al marco intelectual que organiza la política china. Está claro que el discurso político chino se centra en la cuestión de la mejora continua de la base material, lo que se refleja en preocupaciones prácticas por la seguridad y la resiliencia de las cadenas industriales y de suministro. Al mismo tiempo, a los responsables políticos chinos les preocupan los retos que plantea la construcción de un mercado interno a gran escala capaz de sostener una reproducción ampliada con un mayor nivel de calidad. La demanda y la oferta no se tratan como artefactos abstractos sacrosantos, sino como características dinámicas de un sistema complejo en evolución. Las prioridades políticas chinas giran en torno a la cuestión del equilibrio dinámico, al tiempo que se modernizan la producción y el consumo. La producción y el consumo se conceptualizan como elementos simbióticos en los circuitos de transformación del valor, en los que el objetivo de la política es suavizar los circuitos de flujo, eliminar los cuellos de botella y catalizar una eficiencia material y energética cada vez mayor en todo el sistema en su conjunto.

A los responsables políticos chinos no les interesan las exhortaciones occidentales sobre el aumento del consumo a costa de la inversión continua en las fuerzas productivas y en los factores que sostienen la circulación y la reproducción ampliada. Tal propuesta tiene poco sentido en una ontología que enmarca la producción y el consumo como simbióticamente interdependientes. La presión occidental en torno a ideas como el exceso de capacidad, el consumo reprimido y similares tendrá escaso impacto en las prioridades políticas de China, que se basan en un marco totalmente diferente. Los análisis occidentales simplemente no se aceptan, en parte porque su marco conceptual está en contradicción con la economía política marxista que sustenta el pensamiento chino. El resultado es el efecto de «barcos que se cruzan en la noche». Las exhortaciones de la corriente dominante occidental de que China debería «reequilibrarse», «reducir el exceso de capacidad» o «impulsar el consumo» se topan con un marco conceptual que habla de expansión de la demanda, ajuste de la capacidad y mejora estructural —pero dentro de una arquitectura conceptual diferente y con fines a largo plazo distintos—.

Si los analistas occidentales se toman en serio la comprensión de cómo los líderes políticos y de política china definen las prioridades y los enfoques económicos, tendrán que abandonar la presuposición de las perspectivas dominantes —a saber, que la economía es un sistema de equilibrio con un único bien, un único productor y un único consumidor—. En cambio, no solo tendrán que tomarse en serio el marxismo chino (leer a Marx podría ayudar, ya que es muy improbable que alguno de ellos lo haya hecho, dadas las caricaturas simplistas que dibujan), sino también replantearse su propio enfoque de las cuestiones económicas.

Al insistir en imponer la economía occidental dominante a una ontología discursiva que no guarda relación alguna con ella, el comentarista occidental se queda con las manos vacías. El tratamiento del marxismo-leninismo como algo superficial o ideológico agrava la pobreza analítica. Las categorías marxistas no son ornamentales. Constituyen la ontología fundamental que hace hincapié en la primacía del desarrollo de las fuerzas productivas, el carácter histórico de las estructuras económicas y la comprensión del «equilibrio» no como un telos, sino como un desafío dinámico en el contexto de un sistema de transformación en evolución y, en ocasiones, acelerado, en los circuitos de la evolución del capital y la reproducción social y económica a un nivel superior. No comprender este marco —y, lo que es peor, descartarlo simplemente como «ideología»— supone dar por sentado que solo las categorías de la economía dominante cuentan como conocimiento genuino de la economía. Esa presuposición en sí misma es una maniobra ideológica que cierra la posibilidad de comprender la política china en los términos en los que realmente se formula y se racionaliza.

 
es profesor asociado en la Universidad de Queensland y su trabajo se centra en la intersección entre China, las tecnologías digitales, las cadenas de suministro, los flujos financieros y la economía política y la gobernanza mundiales.
Fuente:
https://warwickpowell.substack.com/p/treating-chinese-marxism-seriously
Traducción:
Antoni Soy Casals

El Lince: El paraguas con agujeros


agosto 13/2026                        Publicado porOctubre

No dejarse comer el coco por el estercolero mediático occidental debería ser la premisa de mucha gente. Por ejemplo, con todo lo que se ha dicho del «acuerdo de defensa mutua» firmado la semana pasada por Arabia Saudita, Turquía y Pakistán. Intentaré explicar cómo hay que ver este hecho.

Lo primero es que sí marca un punto de inflexión en Oriente Próximo y Lejano. Una nota añadida: eso de «Oriente Medio» es un invento colonial de un imbécil de Cambridge en la época en que India era colonia de Gran Bretaña y ese tipo, al ver un mapa en el que las posesiones inglesas iban desde India a las islas, pasando por esa zona del mundo árabe-musulmán que también estaba en su poder, dijo «vamos a llamarle a esto Oriente Medio», y así se ha quedado sin que los presuntamente alternativos se cuestionen ni siquiera si esta denominación es correcta o incorrecta. La denominación correcta sería Magreb para la zona del norte de África y Mashreq para ese fantasmagórico «Oriente Medio». Pero si esto es muy lioso, podéis utilizar la traducción, Poniente y Levante. De hecho, si soléis ver la previsión del tiempo en cualquier televisión no dicen «viento de Oriente Medio», sino viento de Levante (o de Poniente). Incluso podéis ir más allá y cuando estéis en un puerto y habléis con un pescador le podéis decir «hoy hace un viento de Oriente Medio que corta el hipo». Imaginad la respuesta: «eres gilipollas». Así que id echando a la basura el lenguaje colonial.

A lo que voy. El sistema de seguridad de Oriente Próximo y Lejano ha sido dominado por EEUU durante muchos años, pero ya no es así. Irán se ha encargado de ello. El acuerdo entre Arabia Saudita, Turquía y Pakistán establece que «cualquier ataque armado contra cualquiera de los tres países se consideraría una amenaza a su seguridad compartida», lo que ha sido interpretado como una copia del principio de «defensa colectiva» del Artículo 5 de la OTAN y de ahí que los sin seso habituales hablen de «OTAN islámica». No es así ni mucho menos. Y, aún suponiendo que lo fuese, es la señal más fehaciente del nuevo rumbo que están tomando las cosas, alejándose de la dependencia de EEUU y no un refuerzo de la misma.

Para los firmantes, que no serán los únicos aunque hayan sido los primeros, es un paso hacia la reducción de su dependencia exclusiva de EEUU y la ampliación de sus opciones estratégicas. Sobre todo porque aquí aparece un actor semioculto: China. Hay una cosa que China no olvida: Pakistán fue uno de primeros países no socialistas, allá por enero de 1950, que reconoció a la República Popular China tras el triunfo de los comunistas sobre el Kuomintang apoyado por Occidente, EEUU de forma especial. Casi desde 1963 los dos países vienen manteniendo una estrecha cooperación militar por lo que a medida que se profundiza la cooperación en materia de seguridad entre Arabia Saudita y Pakistán se va a prestar mayor atención a la cooperación en materia de equipamiento y defensa con China. Y eso pese a que Turquía es miembro de la OTAN y Arabia Saudita es desde hace tiempo un estado cliente militarmente hablando de EEUU. Pero también buscó la cobertura de China cuando normalizó sus relaciones con Irán. O sea que no todo es como nos cuentan y los flecos son importantes.

Puede que esto sea una quimera, pero también lo es lo otro, lo de «OTAN islámica». En cualquier caso es un punto de inflexión en la formación de un orden multipolar en Oriente Próximo y el sur de Asia. No verlo así es un desconocimiento absoluto de lo que está pasando en el mundo. Porque si algo está dejando en claro la agresión a Irán es que la más que digna respuesta de este país ha empeorado la situación de seguridad de los países del Golfo, vasallos de EEUU, y están que rabian por la incapacidad de EEUU de proteger las rutas energéticas y la estabilidad regional.

Arabia Saudita, Turquía y Pakistán no están intentando separarse completamente de EEUU, sino más bien ampliar sus opciones con otros estados a medida que la hegemonía occidental decae y el nuevo mundo multipolar se asienta y crece. Si esto no os parece correcto voy a utilizar una expresión muy fácil de entender: lo que han hecho estos países es reducir los riesgos de una dependencia absoluta respecto a EEUU. Siendo un poco más optimista y yendo un poco más allá, estamos asistiendo a un fortalecimiento de la autonomía estratégica de esos países mediante la ampliación de sus alianzas.

Así que llegado aquí, hay que rechazar eso de «OTAN islámica» por simple. Va más allá porque estamos ante una alianza entre los recursos energéticos (Arabia Saudita), la industria de defensa (Turquía) y las armas nucleares (Pakistán). Pero a pesar de las apariencias, no es un bloque potencialmente poderoso. Sin subestimar, pero tampoco sin sobrestimar. Y esto es así por varias razones: la primera, porque ya en septiembre del año pasado Arabia Saudita y Pakistán firmaron un «acuerdo estratégico de defensa mutua» que no se ha traducido no ya en ataques contra Irán, sino contra los hutíes de Yemen. Supongo que a estas alturas esto está claro, como lo está el papel mediador de Pakistán con Irán. Como tampoco se ha visto a los sauditas lanzando misiles contra los talibanes afganos en su breve enfrentamiento con Pakistán.

Los de mente calenturienta dirán que para estos países la amenaza es Irán, luego es contra este país contra el que va dirigida esta alianza. Tampoco es así. Para Turquía, Irán es un socio y no un enemigo. Turquía está encantada con los misiles que lanza Irán hacia las fuerzas kurdas. Y Pakistán necesita buenas relaciones con Irán aunque solo sea porque China, su principal socio político y militar, tiene muchos intereses en Irán.

¿Qué queda entonces? ¿tal vez el IV Reich sionista, antes conocido como Israel? Tampoco. Arabia Saudita necesita al IVRS para contener a Irán y su supuesta «expansión regional» a través de sus aliados del Eje de la Resistencia. De hecho, el IVRS no considera este acuerdo como una amenaza militar directa, pero reconoce que «es consecuencia del fracaso de la guerra contra Irán, que se esperaba que cambiara el panorama de Oriente Medio».

Por lo tanto, esta alianza no tiene un enemigo ni claro ni definido. Se ha creado por lo dicho anteriormente, para fortalecer su autonomía estratégica ampliando sus alianzas. Objetivamente, esto beneficia a China y a Rusia. Si es como digo, un distanciamiento de EEUU, estos dos países están de enhorabuena, porque además refuerza el mundo multipolar que ellos encabezan.

No hay que olvidar tampoco que no hace mucho Arabia Saudita y EEUU firmaron un acuerdo nuclear, lo que le brinda a los sauditas la oportunidad de enriquecer uranio en su propio territorio. Sin embargo, a las 48 horas de la firma del acuerdo, Trump dijo que Arabia Saudita primero tendría que adherirse a los Acuerdos de Abraham, una condición que no estaba incluida en el propio acuerdo. La firma de este pacto es posterior a todo esto, en una muestra del malestar de los sauditas con EEUU.

Durante mucho tiempo se ha venido diciendo que toda esta zona del mundo dependía del «paraguas protector» de EEUU. La más que digna reacción de Irán contra el ataque que viene sufriendo ha dejado claro para todos que las bases estadounidenses en esa zona del mundo solo tenían como objetivo proteger los intereses de EEUU y el IVRS. Irán ha hecho varios agujeros en ese supuesto paraguas y por ellos se está colando el agua que se lleva la hegemonía occidental.

El Lince

¿Un repunte temporal o el regreso del memorando de entendimiento entre Irán y EEUU?


MEDIO ORIENTE, ASIA, EE.UU. :: 13/08/2026

PEPE ESCOBAR

La variable clave a tener en cuenta en estas aguas tan turbulentas: el contenido del memorando de entendimiento está alineado estratégicamente con Pekín —en todos los aspectos—

Washington prácticamente declaró que el memorando de entendimiento entre Irán y EEUU era un «gato muerto». No estaba en coma: había pasado a mejor vida.

Sin embargo, ahora podríamos estar presenciando el «rebote del gato muerto» por excelencia, como marco organizativo de la política exterior iraní de la posguerra.

A efectos prácticos, Teherán está presentando ahora lo que antes se conocía como el Memorándum de Islamabad como la base de sus futuras relaciones exteriores, y exigiendo que Washington cumpla con los compromisos del memorando de entendimiento que firmó a través del presidente de los EEUU.

El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Araghchi, estará en Islamabad este viernes, tras una invitación abierta del ministro de Asuntos Exteriores pakistaní, Ishaq Dar.

Cada vez hay más indicios que apuntan a Pakistán como el nuevo garante central, canal militar y puente estratégico que conecta Teherán y Washington, así como con el CCG (Consejo de Cooperación del Golfo).

Las contradicciones, por supuesto, abundan. A pesar de que Teherán identifica públicamente a Pakistán como mediador, y de que Islamabad también parece estar coordinándose al más alto nivel con una Arabia Saudí que siempre se muestra evasiva, Trump prefirió el pasado lunes --públicamente-- dar el mérito a Arabia Saudí, Catar e incluso a los Emiratos Árabes Unidos, pero no a Pakistán.

Adentrémonos en la niebla

El «gato muerto» del memorando de entendimiento sobrevivió en una balsa a merced de un mar geopolítico embravecido y de la ira de los dioses, solo para renacer como la doctrina diplomática rectora de Irán.

Aunque Teherán también lo ha tratado como un «gato muerto», el presidente Masoud Pezeshkian ha descrito ahora públicamente el compromiso con el memorando de entendimiento como el resultado del juicio colectivo del Consejo Supremo de Seguridad Nacional (SNSC) de Irán.

También afirmó que el memorando de entendimiento debería convertirse en una piedra angular de las futuras relaciones exteriores de Irán y pidió que se obligara a Trump a cumplir lo que firmó en Versalles.

Así pues, el gato en estado comatoso parece tener, efectivamente, nueve vidas: dejó de ser un mecanismo de alto el fuego temporal para renacer como un marco estratégico a largo plazo.

La influencia de EEUU se desvanece en todos los frentes

Araghchi mantiene conversaciones directas y repetidas con el mariscal de campo pakistaní Asim Munir, tal y como han vuelto a confirmar nuestras fuentes cercanas a la mesa de negociaciones --por el momento destrozada--.

Esto significa que Araghchi no está actuando únicamente a través de canales diplomáticos civiles. Está en contacto con el máximo mando militar de Pakistán durante la fase más delicada del drama de «ni guerra, ni paz».

A pesar de sus evidentes errores de juicio al actuar --simultáneamente-- contra Yemen y las Unidades de Movilización Popular (PMU) en Irak, Arabia Saudí, a través de su ministro de Asuntos Exteriores, el príncipe Faisal bin Farhan, también forma parte de esta estructura de comunicaciones.

Así pues, el canal clave de negociación es militar-estratégico: no meramente diplomático.

Cualquiera que apueste por que Pakistán se convierta en el puente entre Irán y Arabia Saudí debe estar preparado para encontrarse en una situación muy complicada.

Pues bien: el hecho es que el primer ministro Shehbaz Sharif, el mariscal de campo Munir y el ministro de Asuntos Exteriores Dar estarán en Arabia Saudí desde este jueves hasta el sábado para mantener conversaciones de altísimo nivel con el príncipe heredero MbS.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Pakistán lo presenta como algo bastante estratégico. Eso significaría que Islamabad no solo transmitiría mensajes entre Teherán y Riad, sino que ayudaría a construir un marco diplomático y de seguridad regional duradero que vincule ambas capitales.

Trump, acorralado, podría estar intentando evitar que se reconozca --de forma generalizada en EEUU-- que una nación islámica con armas nucleares, estrechamente alineada con China y que está desarrollando relaciones estratégicas con Irán, es absolutamente indispensable para las negociaciones.

Nunca hay que subestimar la psicología de «hombre rudo» de Trump: reconocer plenamente la mediación pakistaní pone de manifiesto hasta qué punto ha perdido el control unilateral sobre todo el proceso.

Pakistán está llevando la ambigüedad estratégica al extremo. Islamabad sigue dialogando con Washington, al tiempo que se niega a comportarse como un vasallo de EEUU y a alinearse plenamente con ninguna postura. Eso es lo que le permite mantener su credibilidad ante Teherán, Washington, Riad, Pekín y Moscú.

Paralelamente, el OIEA no ha verificado las reservas de uranio enriquecido de Irán desde el 28 de febrero, ya que Teherán ha restringido el acceso a 20 instalaciones declaradas.

El último inventario verificado incluía aproximadamente 440,9 kg de uranio enriquecido al 60 %. Traducción: esta «incertidumbre» nuclear se ha convertido ahora en un arma estratégica.

Trump no tiene, literalmente, ni idea de dónde se encuentra el uranio enriquecido de Irán ni de cuánto hay; si se ha dispersado parte de él; con qué rapidez Irán podría avanzar hacia el enriquecimiento apto para armas (el profesor Ted Postol tiene la respuesta); ni si una aventura militar destruiría las reservas o aceleraría la fabricación de armas.

A esto hay que añadir que la influencia militar, económica y política de la Administración Trump se está desvaneciendo ante los ojos del mundo: las Reservas Estratégicas de Petróleo (SPR) rozan un mínimo histórico; los márgenes de refino del gasóleo se sitúan en niveles extremos; prácticamente no hay tráfico comercial por el estrecho de Ormuz; las primas de los seguros contra riesgos de guerra se han disparado; y las existencias de misiles de largo alcance guiados con precisión están casi agotadas.

Y, aun así, lo que Washington y Teherán están diciendo en público equivale a un choque total.

Trump insiste en que las conversaciones están en marcha. Los principales medios de comunicación estadounidenses dan a entender que un acuerdo podría ser inminente.

Teherán niega que se hayan reanudado las negociaciones e insiste en que el único canal activo --de carácter técnico-- se refiere a los acuerdos marítimos y de transporte entre Teherán y Mascate.

Sin embargo, la pregunta del millón es, de hecho, quién controla la arquitectura diplomática.

Los hechos apuntan a que el ministro de Asuntos Exteriores de Irán se comunica con el jefe del ejército de Pakistán, mientras que Catar es, en el mejor de los casos, un actor secundario; ya que Pakistán coordina directamente con Riad.

Lo que China realmente quiere

Mientras tanto, lo que ocurre en los pasillos del poder en Teherán sigue siendo sumamente crucial.

Según nuestras fuentes, Ahmad Vahidi, comandante en jefe del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), sigue ejerciendo una gran influencia dentro del establishment de seguridad iraní.

Como reflejo del estado de ánimo en las calles, varios altos mandos del IRGC se muestran extremadamente reacios a cualquier negociación con EEUU. A ello hay que añadir que la Asamblea de Expertos ha denunciado públicamente cualquier acercamiento a Washington y ha condenado lo que califica de capitulación.

No es de extrañar que Araghchi se encuentre bajo una enorme presión política. Sin embargo, la situación se agrava aún más: Vahidi ha exigido personalmente la dimisión del presidente Pezeshkian.

La presión institucional inmediata parece dirigirse con mayor intensidad hacia Araghchi y el proceso de negociación que hacia Pezeshkian personalmente.

Esto significa que la lucha de poder en Teherán no se centra simplemente en la supervivencia del presidente, sino en si el memorando de entendimiento --o el marco de Islamabad-- debe convertirse en política permanente de Irán.

La variable clave a tener en cuenta en estas aguas tan turbulentas es que el contenido del memorando de entendimiento está alineado estratégicamente con Pekín en todos los aspectos.

Strategic Culture Foundation / observatoriodetrabajad.com


Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/un-repunte-temporal-o-el-regreso-del 

viernes, 21 de agosto de 2026

Perú: La urgencia del tiempo de los intelectuales indígenas: Siete elementos

Fuentes: Siwarmedia

   I. Pacha, tiempo profundo y alienación ontológica

El tiempo no es únicamente una magnitud física que transcurre de forma lineal y uniforme; es una experiencia moldeada por la cultura, la historia y la arquitectura del poder. En nuestra vivencia cotidiana de la modernidad contemporánea, el presente se experimenta bajo un dinamismo paradójico: oscila entre la aceleración tecnológica vertiginosa e instantánea y un estancamiento denso y asfixiante. Esta elasticidad temporal nos aproxima al concepto del cronotopo formulado por Mijaíl Bajtín, donde la duración se dilata o se contrae según la densidad narrativa de la experiencia humana, coincidiendo con la intuición leniniana sobre esos momentos de quiebre histórico en los que semanas concentran el peso de décadas.

En el contexto peruano, la comprensión del tiempo adquiere una complejidad ontológica singular. Como observó José Carlos Mariátegui, en el Perú coexisten de manera simultánea múltiples estratos del pasado junto a las dinámicas de un presente marcado hoy por la inmediatez digital. Frente a la linealidad eurocéntrica, la matriz de pensamiento andina ofrece una concepción integradora: la noción de Pacha. Lejos de la reducción folclórica que traduce Pachamama como mera «Madre Tierra», el vocablo Pacha abarca de forma indisoluble el espacio y el tiempo. El tiempo es la tierra y la tierra es el tiempo; el territorio no es un escenario pasivo, sino un organismo vivo en el cual transcurre la existencia. El campesino indígena no contempla la tierra como un mero recurso extractivo, sino como origen y destino del ciclo vital.

La irrupción del colonialismo y la posterior estructuración de la República no inauguraron una era de desarrollo armónico, sino una violenta interrupción histórica. Este quiebre trastocó los sentidos y la organización socioespacial, instaurando un prejuicio persistente: la premisa colonial de que todo aquello proveniente de la matriz indígena representa el atraso, la tara histórica o el freno al progreso, exigiendo su asimilación o borrado.

El impacto más severo de este proceso no es únicamente material, sino subjetivo. El colonialismo mental opera despojando al sujeto de su propio ser e induciendo una alineación compulsiva: el deseo trágico de ser aquello que no se es ni se podrá ser jamás. El sujeto colonizado aprende a aborrecer su identidad, abrazando los símbolos de la dominación. De esta enajenación deriva el racismo estructural e institucionalizado de la sociedad peruana: un sistema deshumanizante que solo tolera la integración del individuo de origen indígena a condición de que se blanquee, adopte la máscara hegemónica y reniegue de sus raíces.

II. La vanguardia ausente: cooptación criolla y la urdimbre del pensamiento originario

El diagnóstico de Mariátegui en sus 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana no fue meramente socioeconómico, sino una interpelación epistemológica radical. Al sostener que la cuestión del indio no se resuelve mediante la caridad filantrópica, la instrucción oficial ni el paternalismo pedagógico, el Amauta planteaba que la autoemancipación exige la gestación de una vanguardia teórica y política nacida de la propia matriz originaria. Sin intelectuales orgánicos formados en la tensión de su propio territorio, la causa indígena corría el riesgo permanente de ser traducida, estilizada o desactivada por las élites mestizas y criollas.

Frente a esta exigencia, la historia cultural del Perú aplicó una estrategia perversa: la blanqueización ideológica y la cooptación simbólica. Figuras tutelares como el propio José Carlos Mariátegui, César Vallejo y José María Arguedas constituyen la encarnación más alta de esa intelectualidad originaria. Mariátegui pensó el marxismo desde el ayllu y el sentimiento andino; Vallejo reestructuró el lenguaje poético castellano desde la sintaxis aflictiva y la sensibilidad del hogar andino en Santiago de Chuco, del Perú y del mundo; Arguedas operacionalizó la bilingüidad y el universo animista quechua como matriz narrativa. Sin embargo, el canon criollo y la academia centralista los despojaron de su densidad territorial, subsumiéndolos en categorías neutras —el «ensayista marxista», el «poeta universal», el «antropólogo mestizo»— para asimilarlos al canon occidental y perpetuar la ilusión de que el pensamiento complejo es patrimonio exclusivo de la herencia europea.

Para desmantelar esta trampa es imperativo redefinir, con rigor histórico, la categoría de indígena. En el plano de las ciencias sociales, indígena es todo aquello y aquel que es originario del territorio que habita; es la expresión del continuo histórico de un lugar. En el Perú, esto exige una interpretación amplia: todo lo que proviene del Perú profundo y hunde sus raíces en la matriz andino-amazónica es indígena. No se trata de una categoría folclórica o de una condición de postergación rural, sino de la pertenencia territorial, cultural e intelectual al substrato histórico resistente al enclave colonial. Por el contrario, la matriz alógena e importada de Europa ha operado como el factor determinante de la enajenación nacional.

III. El triunfo del racismo y la enajenación en la política contemporánea

El racismo y la alienación cultural en el Perú contemporáneo han alcanzado su expresión más crítica. Gran parte del electorado ha respaldado históricamente a liderazgos que niegan y repudian la identidad andino-amazónica. La figura de Keiko Fujimori y las fuerzas conservadoras encarnan esta narrativa que subordina las cosmovisiones originarias a un modelo centralista y extractivista.

En este escenario habitan singularidades socio-políticas fundamentales:

  • Las falsas representaciones: La experiencia política previa mostró matices de aculturación y distancia simbólica. Alejandro Toledo, pese a exhibir un rostro andino, gobernó subordinado a preceptos ideológicos y económicos marcadamente occidentales. Por su parte, Ollanta Humala, portador de un nombre de raíz originaria, experimentó una evidente enajenación cultural, reproduciendo en la gestión estatal la conducta tradicional del patrón colonizador.
  • El rechazo al profesor rural: La elección de Pedro Castillo, un docente rural de clara ascendencia e identidad indígena, desató una reaccionaria ola de desprecio clasista y racial. Retomando la dolorosa metáfora de José María Arguedas, su presencia en el poder fue tratada por los poderes mediáticos y políticos como «excremento de caballo». Esta animadversión escaló hasta su destitución e internamiento en prisión; hoy, el Estado racista tiene a su captor en el Congreso como premio y a quien articuló el complot fungiendo de presidenta.

El Perú de hoy refleja la síntesis del avasallamiento ejercido por una cultura hegemónica eurocéntrica. No obstante, este panorama no se explica únicamente por la presión del bloque dominante, sino también por el retroceso de las vanguardias intelectuales de origen indígena y regional, que han preferido encaramarse en las academias tradicionales antes que asumir su papel histórico.

IV. Civilización, identidad y resistencia: La lección de las matrices milenarias

Mientras el Perú atraviesa una etapa de reempoderamiento de la vertiente occidental y alóctona, el escenario internacional ofrece ejemplos donde la reafirmación de una identidad civilizatoria milenaria se convierte en el pilar fundamental de la soberanía y la resistencia geopolítica.

  • China y el Estado-civilización: El desarrollo contemporáneo del gigante asiático no se fundamenta únicamente en reformas económicas, sino en su autopercepción como un Estado-civilización. Apoyándose en más de cinco milenios de continuidad cultural e institucional, China ha rechazado la asimilación acrítica de los modelos de gobernanza occidentales, edificando una matriz de desarrollo socioeconómico propia capaz de disputar la hegemonía global.
  • Irán y la profundidad histórica persa: Heredero de la civilización persa, el Estado iraní ha construido una estructura política y social capaz de resistir décadas de aislamiento, sanciones y hostilidad imperial. La apelación constante a su legado milenario actúa como un factor de cohesión interna y dignidad nacional, permitiéndole mantener una postura soberana y de alta disuasión regional.

Frente a la tendencia postcolonial de asumir la hegemonía occidental como la única vía al progreso, estas grandes civilizaciones demuestran que la defensa de una matriz cultural propia no es un retroceso, sino la condición indispensable para edificar un país autónomo y resistente.

V. El triunfo del tiempo profundo: La civilización como doctrina de guerra asimétrica

El análisis de los conflictos contemporáneos suele reducirse a métricas inmediatas: poder de fuego, hegemonía satelital o tracción algorítmica. Sin embargo, cuando una potencia tecnológica hipermoderna choca contra una civilización continua de miles de años, las métricas convencionales colapsan. La confrontación entre la coalición liderada por Estados Unidos e Israel frente a Irán ha dejado en evidencia que el verdadero centro de gravedad no reside únicamente en la sofisticación del armamento, sino en la profundidad del sedimento cultural que sostiene a un pueblo.

Tal como ocurrió con la Guerra de Vietnam —donde la victoria territorial del pueblo vietnamita fue reelaborada por la maquinaria audiovisual de Hollywood para fabricar una narrativa de invencibilidad occidental—, el bloque hegemónico intenta aplicar hoy el mismo libreto. Frente a la incapacidad de sostener una victoria real sobre el terreno ante la estrategia asimétrica iraní, se recurre a la posverdad y a la guerra de información. Sin embargo, la brecha entre la percepción fabricada y la realidad operativa ha alcanzado un punto de quiebre.

¿Cómo se explica que una nación sometida a décadas de cerco económico prevalezca frente a los presupuestos militares más abultados del planeta? La respuesta radica en la civilización como doctrina organizativa:

  1. La moral del tiempo largo: Las potencias occidentales operan bajo ciclos electorales breves y una opinión pública sensible al costo inmediato. En contraste, la psique colectiva persa opera desde la noción de Iranshahr y la temporalidad del tiempo profundo. La paciencia estratégica iraní neutraliza la doctrina occidental de guerra rápida y devastación relámpago.
  2. La red descentralizada y el tejido comunitario: La estructura de la resistencia iraní refleja el modelo de organización tradicional de su territorio: unidades autónomas, adaptativas y cohesionadas por un código común. Frente a la doctrina de mando y control centralizado vulnerable al sabotaje tecnológico, la ciudadanía y la milicia operan como un tejido social orgánico donde la noción de dignidad colectiva reemplaza al cálculo mercantil.
  3. La síntesis identitaria: La eficacia bélica iraní se nutre de un hondo archivo simbólico. La épica del Shahnamé (la defensa perpetua del territorio frente a la injusticia) se fusiona simbióticamente con el ethos del chiismo, vertebrado sobre la resistencia del oprimido (mastaz’afin) frente a la tiranía.

Este conflicto demuestra que la hipermodernidad tecnológica es insuficiente cuando intenta quebrar a un pueblo cuya estructura de resistencia se ha refinado a lo largo de milenios de invasiones digeridas y superadas.

VI. El Perú como cuna civilizatoria: Memoria, resistencia y vanguardia

El Perú no es simplemente un país más en el concierto de naciones modernas; es uno de los escasos núcleos donde la especie humana inventó de manera autónoma la civilización. Esta condición de cuna milenaria, equiparable únicamente a focos primigenios como Mesopotamia, Egipto, la India, China y Mesoamérica, le otorga una densidad cultural que sostiene su capacidad de resistencia socio-histórica.

  • La evidencia autónoma: Como demostró Ruth Shady con Caral (3000 a. C.), el proceso civilizatorio andino no fue resultado de migraciones ni préstamos externos, sino de una respuesta colectiva y científica ante las complejidades del territorio. Asimismo, Arnold J. Toynbee identificó a la civilización andina como una de las civilizaciones primarias de la humanidad, destacando su brillante «respuesta al desafío» (challenge and response) ante una geografía extrema mediante la verticalidad ecológica y la ingeniería hidráulica.
  • Memoria y resistencia: Esta raíz dota al pueblo andino-amazónico de una notable resiliencia. Alberto Flores Galindo, en Buscando un inca, analizó cómo la «utopía andina» no era una mirada nostálgica, sino una reserva moral e ideológica de reconstrucción social. Por su parte, José María Arguedas, con su concepto de «todas las sangres», planteó que la potencia del Perú reside en la capacidad del sujeto indígena de asimilar la modernidad sin renunciar a su matriz cultural.
  • El papel de la vanguardia intelectual: Esta potencia histórica corre el riesgo de permanecer dormida si no es asumida por sus intelectuales. Mariátegui sostuvo que el problema nacional exige una «creación heroica»: reinterpretar la realidad a partir de las raíces comunitarias andinas. Ante la enajenación académica eurocéntrica, pensadores de la colonialidad del poder como Aníbal Quijano y Walter Mignolo plantean la necesidad de un «desprendimiento epistémico» para visibilizar la matriz civilizatoria, generar conciencia de la continuidad histórica del Ayni y construir un horizonte verdaderamente soberano.

VII. Pachacuti y la tarea histórica: Hacia la restitución civilizatoria

La transformación profunda del Perú no vendrá de la mera alternancia dentro de un sistema político configurado sobre las bases del colonialismo mental y la subordinación epistémica. Superar el racismo estructural exige una ruptura tajante con las estructuras hegemónicas que pretenden reducir una cuna civilizatoria a una periferia receptora de modelos ajenos.

Para que esta ruptura se concrete, la lección de Mariátegui cobra una urgencia ineludible: se requiere la consolidación de intelectuales orgánicos surgidos de la propia matriz andino-amazónica. No aquellos que buscan la legitimación en las academias pro-occidentales o que conciben el legado ancestral como un objeto folclórico, sino vanguardias conscientes de su papel histórico, capaces de emprender la «creación heroica» de articular la ciencia y la tecnología contemporáneas con la filosofía de la reciprocidad y la ingeniería comunitaria.

En la cosmovisión andina del espacio-tiempo (Pacha), las crisis profundas no representan el fin de la historia, sino el preludio inevitable del Pachacuti: el gran cambio de rumbo, el alumbramiento de una nueva era donde el orden trastocado se reordena desde sus bases.

El Perú de hoy se encuentra en ese umbral decisivo. El agotamiento de las élites tradicionales y el callejón sin salida del racismo de Estado señalan que la hora de la subordinación ha llegado a su fin. La restitución del Perú como una nación soberana, plurinacional y justa depende de asumir esa densidad milenaria para edificar, desde las raíces vivas de todas las sangres, un proyecto de país resistente, autónomo y plenamente emancipado.

Fuente: https://siwarmedia.com/?p=4061

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes. 

Hiroshima y Nagasaki 81 años después: recordar a las víctimas, no olvidar a los responsables

Fuentes: Aporrea


El 6 y el 9 de agosto de 1945 Hiroshima y Nagasaki ingresaron para siempre en la historia como las únicas ciudades del mundo contra las que se utilizaron armas nucleares durante una guerra. Han pasado 81 años y la pregunta sigue siendo necesaria: ¿quién lanzó esas bombas y por qué todavía existe tanta cautela para hablar de esa responsabilidad?

Estados Unidos lanzó sobre Hiroshima la bomba de uranio Little Boy y tres días después sobre Nagasaki la bomba de plutonio Fat Man. Las estimaciones históricas indican alrededor de 140.000 muertos en Hiroshima hasta fines de 1945 y decenas de miles en Nagasaki, además de las personas que posteriormente sufrieron las consecuencias de la radiación.

No fueron desastres naturales ni accidentes. Fueron decisiones políticas y militares. Por supuesto, los crímenes cometidos por el Japón imperial durante la Segunda Guerra Mundial deben ser condenados. Pero una cosa no justifica la otra. Los crímenes japoneses no legitiman el uso de armas nucleares contra ciudades habitadas.

81 años después

Este 6 de agosto Hiroshima volvió a recordar a sus víctimas. Cerca de 50.000 personas participaron en la ceremonia de paz, junto a representantes de alrededor de 120 países y regiones. A las 8:15 am, hora en que cayó la bomba, se guardó un minuto de silencio. El alcalde de Hiroshima, Kazumi Matsui, volvió a cuestionar la idea de que las armas nucleares puedan garantizar la seguridad mediante la llamada disuasión nuclear.

El 9 de agosto Nagasaki realizó también su ceremonia conmemorativa. Naciones Unidas, por su parte, volvió a hacer un llamado para avanzar en la eliminación de las armas nucleares. También organizaciones pacifistas y antinucleares realizaron actividades conmemorativas durante agosto en distintos países.

Recordar Hiroshima y Nagasaki no puede reducirse a ceremonias, flores y discursos sobre la paz. La memoria también debe recordar las decisiones que hicieron posible esa tragedia. La bomba no cayó por casualidad desde el cielo. Fue transportada, preparada y lanzada deliberadamente.

La contradicción japonesa

Existe además una paradoja que Japón debería discutir con mayor profundidad. El país que sufrió los únicos ataques nucleares de la historia continúa dependiendo militarmente de Estados Unidos y de su llamado paraguas nuclear. Japón recuerda cada año el horror de Hiroshima y Nagasaki, pero su seguridad sigue vinculada a la capacidad nuclear estadounidense.

No se trata de desconocer la responsabilidad japonesa en la Segunda Guerra Mundial ni de plantear una revancha histórica. Se trata de formular una pregunta legítima: ¿Puede el único país que ha sufrido ataques nucleares aceptar indefinidamente que su seguridad dependa de las mismas armas que destruyeron Hiroshima y Nagasaki? La memoria japonesa corre además el riesgo de transformarse en una ceremonia diplomática en la que las víctimas ocupan todo el espacio y la responsabilidad histórica queda en segundo plano.

No olvidar

A 81 años de Hiroshima y Nagasaki, no basta con decir «nunca más».

Hay que recordar a las víctimas, escuchar a los sobrevivientes y cuestionar las doctrinas militares que todavía consideran las armas nucleares instrumentos legítimos de seguridad.

Estados Unidos ha sido el único país que ha utilizado armas nucleares contra población civil durante una guerra. Esa responsabilidad histórica no desaparece con el paso del tiempo.

Japón, por su parte, tiene el desafío de mantener viva su memoria sin convertirla en una conmemoración políticamente cómoda.

Hiroshima no fue un accidente. Nagasaki tampoco. Fueron decisiones humanas.

Por lo mismo Chile forma parte de esa historia. Documentos del propio Departamento de Estado reconocen que Washington financió acciones políticas, desarrolló campañas de propaganda contra Salvador Allende y consideró operaciones encubiertas destinadas a impedir su llegada al poder. Aunque la responsabilidad directa de Estados Unidos en el golpe del 11 de septiembre de 1973 continúa siendo objeto de debate, su intervención en la política chilena está documentada. Por eso, cuando hablamos de Hiroshima y Nagasaki, también debemos recordar que detrás de la retórica estadounidense sobre democracia, libertad y seguridad existe una historia de intervenciones en América Latina y otros continentes que no puede ser ignorada.

Fuentes:

https://history.state.gov/milestones/1969-1976/allende
https://indonesia.un.org/en/320461-message-nagasaki-peace-memorial-81st-anniversary-atomic-bombing-nagasaki-2026-secretary
https://www.nbcnews.com/world/asia/hiroshima-marks-81st-atomic-bomb-anniversary-rcna591306
https://www.latimes.com/espanol/internacional/articulo/2026-08-06/hiroshima-conmemora-81-anos-de-la-bomba-atomica-y-su-alcalde-deplora-la-busqueda-de-armas-nucleares

Fuente: https://www.aporrea.org/actualidad/a355457.html