lunes, 27 de abril de 2026

Declaración del Partido Obrero Húngaro sobre las elecciones en Hungría


Abril 18/2026   Publicado por Octubre



El 12 de abril de 2026, Hungría celebró elecciones generales. El resultado fue una derrota decisiva del gobernante Fidesz conservador, liderado por Viktor Orbán, y una victoria del Partido Tisza, mayoritariamente liberal, liderado por Péter Magyar.

El Partido Obrero Húngaro considera que hay algunos puntos clave que deben destacarse y lecciones que pueden extraerse de este acontecimiento.

1. Estas elecciones no se produjeron en el vacío, sino que estuvieron influidas por la situación general del capitalismo en el mundo. El imperialismo está en crisis, lo que significa que, para sobrevivir, está dispuesto a amenazar al mundo con otra gran guerra. Uno de los ejemplos más significativos de ello es la guerra en Ucrania.

Hay muchas facciones dentro de la burguesía europea que tienen distintos enfoques para la resolución de esta crisis. Una de ellas aboga por el fortalecimiento de la burguesía nacional y el fortalecimiento de su cooperación con el capital financiero internacional en sus propios términos. Este grupo aspira a una Europa de muchas naciones y a la preservación de la cultura tradicional.

El otro grupo cree que el capital internacional debe fortalecerse y que debe absorber a la burguesía nacional. Considera que al capital se le debe dar libertad absoluta para operar y que cualquier obstáculo que pueda entorpecerlo debe ser eliminado, incluidas las regulaciones nacionales e incluso las propias naciones. Los representantes de este grupo suelen pedir un Estado Europeo Unido y abogan por la erosión de las naciones y de la cultura tradicional. Fidesz pertenece al primer grupo, mientras que la mayor parte de la oposición liberal pertenece al segundo.

El gobierno de Orbán cooperó con el capital imperialista europeo y estadounidense, pero también buscó autonomía, tanto financiera como política. Permitió la expansión de las corporaciones multinacionales, pero también invirtió en el fortalecimiento del sector estatal y de la clase capitalista nacional.

El país permaneció en la UE, pero buscó abrir relaciones financieras con Rusia, China y otros países orientales. Siguió formando parte de la OTAN, pero trató de mantener la neutralidad en el conflicto ucraniano.

Debilitó el movimiento obrero en beneficio del capital extranjero, pero también impuso restricciones al capital extranjero en tiempos de crisis.

Esta autonomía ya no era tolerable para la burguesía europea. Por ello, comenzaron a ejercer presión política y económica sobre el gobierno. Finalmente, surgió una oposición competente y, con el respaldo de la UE, logró obtener una supermayoría.

A pesar de su derrota en las elecciones del 12 de abril, Fidesz sigue siendo la fuerza más grande y experimentada de la política conservadora húngara y un actor importante en los procesos políticos europeos.

2. De ello podemos ver que estas elecciones, al igual que las anteriores, no fueron una elección entre socialismo y capitalismo. Fueron una elección entre dos sectores competidores del capitalismo.

3. La victoria del Partido Tisza fue acogida por los dirigentes de la UE como el “regreso de Hungría a la UE y a la OTAN”. Se espera ahora que Hungría se sume a las acciones de la UE contra Rusia y Bielorrusia y que rompa los contactos con China.

Esto puede conducir a un fortalecimiento general de las fuerzas liberales en la política europea y puede frenar el ascenso de las fuerzas políticas patrióticas en otros países europeos.

El auge de la política liberal, el retorno a la era de la cultura de la cancelación, el culto a la violencia y el uso de tácticas fascistas podrían causar un grave perjuicio a los pueblos de Europa.

4. El Partido Obrero Húngaro, en coalición con el Partido Solidaridad, participó en las elecciones. A pesar de las circunstancias desfavorables, ofreció al pueblo húngaro una tercera opción: la opción de construir el socialismo. Esta opción no fue rechazada abiertamente, sino más bien ignorada en favor de la lucha entre las camarillas burguesas.

No sabemos qué esperar del nuevo gobierno de Tisza, salvo que sea más sumiso hacia los imperialistas de la UE. Puede amenazar seriamente la soberanía de Hungría. Los valores nacionales húngaros, la lengua y la cultura pueden verse en peligro.

Es probable que se impongan restricciones económicas y sociales, y que la carga de las dificultades económicas se traslade a las masas trabajadoras.

Todo apunta a que el Partido Obrero Húngaro será más necesario que nunca, ya que tenemos buenas razones para esperar que se eliminen las medidas de bienestar y que crezca el desencanto público. El gobierno de Tisza puede colapsar, dejando en entredicho el futuro del país.

La mayoría de los partidos de oposición que se identifican como de izquierda han desaparecido. El Partido Socialista Húngaro no se presentó a las elecciones. La Coalición Democrática no logró obtener ningún escaño en el parlamento.

Las fuerzas liberales pueden recurrir a la violencia e intentar prohibir al Partido Obrero Húngaro, como ha sucedido con nuestros camaradas polacos y ucranianos.

Sin embargo, lo que sí es seguro es que el Partido Obrero Húngaro seguirá defendiendo a la clase trabajadora, seguirá luchando contra el fascismo y por un nuevo orden mundial. Lucharemos por los trabajadores húngaros y cumpliremos con nuestro deber por un futuro comunista.

Budapest, 14 de abril de 2026.

Partido Obrero Húngaro

Radiografía del poder real de las élites en la España postfranquista


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Un libro que que reconstruye cómo empresarios, altos funcionarios y redes de influencia lograron adaptarse al nuevo régimen sin abandonar el centro del poder económico.

Durante décadas nos han contado que la democracia española sustituyó al viejo poder franquista por nuevas élites modernas y europeizadas. Pero ¿y si el cambio político no hubiera alterado tanto como parece a quienes mandaban realmente? El último libro de Andrés Villena plantea una tesis que quiebra ese argumentario: las élites que dominaron España durante el franquismo no desaparecieron con la Transición, sino que aprendieron a adaptarse, modernizarse y conservar y potenciar su influencia bajo nuevas formas.

POR M. RELTI PARA CANARIAS SEMANAL.ORG

Hay libros que analizan la política española observando parlamentos, partidos y elecciones. Y hay otros que intentan responder a una pregunta mucho más inquietante: quién sigue mandando cuando cambian los gobiernos, se suceden las legislaturas y el país parece transformarse sin alterar su [Img #91039]
estructura profunda.

«Las élites que dominan España. Una historia alternativa desde 1939», de Andrés Villena Oliver, pertenece a esta segunda categoría. Politólogo y sociólogo especializado en el estudio de las élites, Villena lleva años investigando la relación entre la alta administración, el poder económico y las redes dirigentes del Estado.

En esta obra propone una lectura del último siglo español que cuestiona uno de los relatos más asentados de nuestra historia reciente: la idea de que la democracia sustituyó a las élites del franquismo por otras completamente nuevas, homologables a las de cualquier democracia occidental.

Su tesis, apoyada en abundantes datos, nombres y conexiones institucionales, resulta mucho más incómoda: la España democrática no habría destruido las viejas estructuras de poder, sino que habría permitido su adaptación y modernización.

LA GUERRA CIVIL Y LA RECONFIGURACIÓN DEL PODER EN ESPAÑA

El punto de partida del libro es una idea sencilla, pero de gran alcance: la historia política de un país no puede explicarse solo por sus cambios de régimen. Que cambie la forma del Estado no significa necesariamente que cambien, en la misma medida, quienes ocupan las posiciones decisivas dentro de él. Para Villena, esa es precisamente la clave de la España contemporánea. El país ha atravesado transformaciones institucionales profundas —dictadura, transición democrática, integración europea, alternancia política— sin que ello haya supuesto una renovación equivalente de sus núcleos estructurales de poder.

Por eso el autor sitúa el origen de esa continuidad en 1939. La victoria franquista no fue solo el final militar de una[Img #91038] guerra civil. Fue también el momento en que se reorganizó de raíz quién mandaba en España. La derrota republicana supuso la eliminación, expulsión o marginación de amplios sectores de las élites políticas, administrativas e intelectuales ligadas al reformismo republicano, al movimiento obrero y a la izquierda, mientras el nuevo régimen consolidaba un bloque dominante integrado por militares, grandes propietarios, alta burocracia, jerarquía eclesiástica y empresarios afines al franquismo. El franquismo, en esta interpretación, no se limitó a gobernar: reconstruyó las bases sociales del poder en España (pp. 34-49).

FRANQUISMO, CAPITALISMO PROTEGIDO Y CONSOLIDACIÓN DE LAS GRANDES FORTUNAS

Uno de los argumentos más sólidos del libro es que el franquismo no solo protegió a las élites tradicionales, sino que ayudó a fabricar buena parte de la gran burguesía moderna española. En una economía fuertemente intervenida, donde el Estado controlaba licencias, concesiones, contratos, importaciones, exportaciones y acceso privilegiado a sectores estratégicos, la cercanía al poder político se convirtió en un factor decisivo para acumular riqueza.

Muchas de las grandes fortunas y grupos empresariales que dominarían después sectores clave de la economía española no surgieron de un mercado libre en sentido estricto, sino de un capitalismo profundamente condicionado por el Estado y por la relación con el régimen (pp. 78-95).

Ese proceso no solo generó riqueza para determinados grupos. También consolidó una forma muy particular de capitalismo: una economía donde el éxito empresarial dependía, en buena medida, de la relación con el poder político. Durante décadas, el franquismo protegió a empresas nacionales frente a la competencia exterior, repartió concesiones en sectores estratégicos, adjudicó contratos públicos de enorme valor y levantó barreras regulatorias que favorecían a quienes ya formaban parte del sistema.

La consecuencia fue la consolidación de un capitalismo poco competitivo en términos clásicos y extraordinariamente dependiente de la proximidad al Estado. Buena parte de la gran empresa española contemporánea nació, según Villena, en ese ecosistema donde mercado y poder político estaban mucho más entrelazados de lo que luego admitiría el relato oficial de la modernización económica española.

LA TRANSICIÓN COMO RECICLAJE DEL VIEJO PODER

Ese proceso ayuda a entender por qué la democratización posterior no alteró de forma sustancial la estructura económica del país. Cuando murió Franco, muchas de las familias, grupos empresariales y redes de influencia que habían acumulado poder durante la dictadura partían ya de una posición enormemente ventajosa. Disponían de patrimonio, capital, relaciones, presencia institucional y acceso privilegiado a los centros de decisión. La transición política podía cambiar el régimen, pero no borraba cuarenta años de acumulación previa.

Ahí reside una de las tesis centrales del libro: la Transición no habría supuesto una ruptura profunda con el viejo poder, sino una reforma pactada que permitió la adaptación de buena parte de las élites franquistas al nuevo marco constitucional. Villena no niega la importancia de la democratización ni resta valor a las libertades conquistadas, pero sostiene que el cambio político se produjo sin una transformación equivalente de las estructuras profundas del poder.

No hubo una depuración sustancial de la alta Administración, ni del Poder judicial ni de los cuerpos superiores del Estado. Tampoco se produjo una alteración comparable en la distribución del poder económico. En lugar de una sustitución de élites, lo que hubo fue una modernización de sus formas de influencia (pp. 121-143).

Pocas instituciones resumen mejor esa lógica de continuidad dentro del cambio que la monarquía. El hecho de que Juan Carlos I accediera al trono como sucesor designado por Franco y terminara convertido en símbolo de la nueva democracia parlamentaria ilustra con claridad la naturaleza del proceso: suficiente reforma para democratizar el sistema, suficiente continuidad para tranquilizar a quienes ocupaban posiciones de poder en el anterior. La Corona aparece así en el libro como una pieza clave de articulación y estabilización de las élites durante el nuevo régimen (pp. 150-164).

LA ARISTOCRACIA BUROCRÁTICA: EL PODER QUE NO PASA POR LAS URNAS

Uno de los aspectos más interesantes del libro es el peso que concede a la alta burocracia estatal. Frente a la visión convencional que presenta a los altos funcionarios como simples técnicos neutrales, Villena los sitúa en el corazón mismo del sistema de poder español.

Cuerpos como los Abogados del Estado, los Técnicos Comerciales y Economistas del Estado, los Inspectores de Hacienda, los Letrados del Consejo de Estado o los Letrados de las Cortes aparecen descritos como una auténtica aristocracia burocrática. Son quienes redactan normas, interpretan marcos regulatorios, asesoran a ministros, controlan procedimientos complejos y ocupan puestos estratégicos tanto en la Administración como en el sector privado (pp. 166-192).

Su poder no radica solo en el prestigio o en la dificultad de sus oposiciones, sino en el conocimiento que acumulan. Un ministro puede permanecer unos años en el cargo; un alto funcionario de estos cuerpos puede pasar décadas dentro del aparato estatal acumulando experiencia, relaciones y dominio técnico sobre el funcionamiento real de las instituciones.

Cuando un gobierno necesita negociar con Bruselas, redactar una reforma compleja o interpretar una normativa delicada, son estos perfiles quienes poseen el saber práctico indispensable. En una época en la que buena parte del poder se ejerce a través de la regulación técnica, esa posición les convierte en actores centrales del sistema.

REDES DE INFLUENCIA Y MECANISMOS DE REPRODUCCIÓN DE LAS ÉLITES

Villena muestra cómo de esos cuerpos salen numerosos ministros, secretarios de Estado, reguladores y altos cargos empresariales. No se trata de una coincidencia anecdótica, sino de un patrón estructural: una parte importante de quienes ocupan posiciones de poder en España procede de circuitos altamente selectivos, socialmente homogéneos y profesionalmente interconectados.

Ese análisis enlaza con otro de los grandes temas del libro: las puertas giratorias. Pero el autor evita quedarse en la crítica fácil a los casos más mediáticos. Su tesis es más profunda: la circulación entre política, alta administración y gran empresa no sería una anomalía del sistema, sino una de sus formas normales de funcionamiento.

Exministros, expresidentes, altos reguladores y funcionarios de élite pasan con frecuencia a ocupar puestos en Consejos de Administración, grandes despachos o empresas reguladas por los mismos sectores sobre los que antes tenían influencia. El fenómeno no sería una desviación, sino una expresión habitual de la estrecha relación entre Estado y grandes intereses económicos (pp. 203-214).

El libro subraya además que el poder no se reproduce solo por dinero o por cargos. También lo hace mediante redes familiares, educativas y sociales. Grandes familias empresariales, altos funcionarios, élites políticas y profesionales de prestigio se entrelazan mediante vínculos familiares, trayectorias educativas compartidas, espacios de sociabilidad comunes y relaciones profesionales cruzadas.

El poder no se hereda únicamente como patrimonio: también se transmite como acceso privilegiado a los círculos donde se aprende quién cuenta, cómo funciona el sistema y a quién conviene conocer.

DEMOCRACIA FORMAL Y PODER REAL: LA GRAN PREGUNTA DEL LIBRO

Todo ello conduce a una de las conclusiones más delicadas de la obra: España sería una democracia plenamente funcional en sus formas institucionales, pero con una estructura de poder más concentrada, más cerrada y más continuista de lo que suele admitir el relato oficial. Villena no sostiene que España sea una anomalía antidemocrática ni una excepción autoritaria encubierta dentro de Europa. Su planteamiento es más matizado y precisamente por ello más sólido: España comparte las formas de las democracias liberales occidentales, pero conserva una estructura oligárquica más acusada en la concentración del poder económico, en la continuidad histórica de sus élites y en la limitada circulación real hacia las posiciones superiores de mando (pp. 254-266).

El valor de «Las élites que dominan España» no reside solo en las tesis que defiende, sino en el cambio de mirada que obliga a adoptar. El libro invita a apartar la vista de la superficie visible de la política española —partidos, líderes, campañas, debates parlamentarios— para dirigirla hacia las estructuras permanentes que condicionan el margen real de maniobra de cualquier gobierno. Su pregunta de fondo no es quién gana las elecciones, sino quién mantiene capacidad de influencia decisiva independientemente de quién las gane.

Villena no ofrece una teoría conspirativa ni un relato simplista sobre una camarilla secreta que mueve los hilos desde la sombra. Lo que ofrece es algo más serio y más rupturista: el retrato de un sistema donde el poder se concentra en minorías altamente organizadas, cohesionadas y adaptativas que han sabido sobrevivir a todos los grandes cambios de régimen sin abandonar el centro del tablero.

Su conclusión puede resumirse en una idea que atraviesa silenciosamente toda la obra: la historia reciente de España no sería tanto la de la sustitución de unas élites por otras como la de la extraordinaria capacidad de las viejas élites para transformarse y seguir mandando en un mundo nuevo

FUENTE PRINCIPAL

Andrés Villena Oliver, Las élites que dominan España. Una historia alternativa desde 1939 (Libros del K.O., 2026). 

Cuba, una de cal y tres de arena


CUBA :: 16/04/2026

MARCOS ROITMAN ROSENMANN

"En Cuba no hay elecciones", "se persigue a los católicos", "no pueden abandonar la isla". En esta ristra de tópicos y falsedades participan académicos, artistas, periodistas, intelectuales de 'izquierda'

Según el diccionario Espasa de dichos y frases hechas de Alberto Buitrago, "cuando no existía el cemento, los ladrillos o piedras se fijaban con mortero, un compuesto de una parte de cal -el material caro y noble- y otra de arena, más abundante". La expresión se trasladó a la vida cotidiana aludiendo a una buena noticia acompañada de otra de signo contrario. Llevada al terreno de las ideas, ha sido una manera elegante de posicionarse contra una alternativa, reconociendo, a la vez, algún logro. Una forma espuria de construir argumentarios para salvar el honor personal en nombre de la objetividad. Un sí, pero no.

Si nos referimos a Cuba, la expresión "una de cal y otra de arena" se traduce en mucha arena y nada de cal. Para sus detractores, la revolución logró avances en derechos, políticas de igualdad, justicia social, sanidad, educación, vivienda, y trabajo. Sin embargo, se han esfumado. No hay medicamentos, el hambre asedia, el transporte es una pesadilla, las universidades se han deteriorado, el turismo se desploma, los cortes de luz son continuos y el pueblo es reprimido. La moraleja: llegó la hora de un cambio de régimen, de una transición. Fue bonito mientras duró, hoy es una pesadilla.

Así se construye una mezcla entre la mentira y la desinformación. Quienes practican esta retórica, en sentido despectivo, son personajes dizque socialdemócratas, progresistas o de izquierdas. De la derecha ni hablar. De México a Chile, se reproducen columnas de opinión de quienes hacen la vista gorda cuando sus gobiernos reprimen a los pueblos originarios, sean mayas o mapuches.

Desde hace medio siglo, retumban los mismos tópicos para descalificar la revolución cubana. Afirmaciones que enmudecen y no tienen respuesta, y no por su contundencia argumentativa, sino por ignorancia histórica. "En Cuba no hay elecciones", "se persigue a los católicos", "no pueden abandonar la isla". En esta ristra de tópicos participan académicos, artistas, periodistas, reporteros, influencers o comunicólogos.

Sin ir más lejos, mientras redacto recibo un correo de Cubainformación. Su redactor José Manzaneda nos ejemplifica cómo los periodistas Patricia Simón y Álex Zapico se han posicionado a favor del pueblo gazatí, reconociendo la responsabilidad de Israel y EEUU en el genocidio. Pero cuando se trata de un reportaje sobre Cuba, los periodistas no utilizan el mismo baremo. En este sentido desaparecen los condicionantes, el bloqueo económico, las sanciones a terceros y el proceso desestabilizador. En Cuba, la crisis humanitaria es responsabilidad exclusiva del gobierno comunista.

Así, Patricia Simón explica las causas del desabastecimiento, la falta de medicamentos o los apagones eléctricos. No hay análisis. "La Cuba que no quiere ni a Trump ni al régimen", reza su encabezado. Poca cal y mucha arena. Para corroborar su titular, hace uso de entrevistas anónimas, donde se trasluce una sola idea, acabar con el régimen castrista de hambre y miseria. En Infolibre, Patricia Simón editorializa "El pueblo cubano, víctima de EEUU y del régimen castrista", para a continuación destacar la respuesta de uno de sus entrevistados: "Como si vienen los extraterrestres, pero que esto cambie ya".

Otro ejemplo: en El País de fecha 8 de abril, edición digital, Carlos Maldonado, su redactor en México, toma como excusa para despotricar contra el gobierno cubano un informe de la Comisión Interamericana de DDHH (CIDH), dependiente de la Organización de Estados Americanos (OEA). Se trata de un análisis sobre las misiones de médicos cubanos en el continente. El redactor, antes de dar paso a citas textuales, introduce: "Lo que surgió en la década de los pasados años 60 como una iniciativa de cooperación se ha convertido con el tiempo -y el deterioro económico en Cuba- en una importante fuente de ingresos para el régimen de La Habana".

A continuación entresaca frases y palabras subrayando el sufrimiento de los médicos cubanos en sus misiones. Padecen "esclavitud moderna", soportan "extensas jornadas laborales" y en Cuba, sus familias sufren "represalias" o son parte de la "trata de personas" orquestada por el régimen.

Me pregunto: ¿viviendo en México, el redactor contrastó el informe con la misión de médicos cubanos? ¿Indagó sobre sus contratos, dónde ejercen? ¿O directamente dio por bueno el informe? Poca cal y mucha arena. Ideología y manipulación. No le interesaba ver cómo sus argumentos se desmoronan. Los médicos cubanos están en pueblos donde sus habitantes no han visto uno en tiempos. Tampoco el sentido ético, bajo el juramento hipocrático, realizado por quienes han estudiado medicina sin coste para ellos ni sus familias. Sin embargo, el artículo se publica en medio de la campaña lanzada por EEUU para que los países rompan sus programas de colaboración con el gobierno cubano y sus médicos. Tampoco destaca cómo la OEA, responsable del informe, insta a sus miembros a romper relaciones diplomáticas con la isla.

Desde Cuba, hombres y mujeres realizan críticas, ponen sobre la mesa los errores y llaman a realizar trasformaciones que supongan fortalecer y mejorar el proceso revolucionario. Baste leer las entrevistas y crónicas del enviado especial de La Jornada, Luis Hernández Navarro. En este sentido, el cantautor Silvio Rodríguez ha dejado constancia de cómo se defiende la soberanía desde las trincheras de la dignidad, sin renunciar a la crítica: "El mundo está dirigido por un régimen autoritario, belicista y ladrón. Y no es Cuba".

La Jornada


Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/cuba-una-de-cal-y-tres-de 

domingo, 26 de abril de 2026

BULGARIA. Mala noticia para los capos europeos: gano un candidato anti-U.E por mayoría absoluta


resumenlatinoamericano
  
Abril 25/2026

Arrasó por su oposición a la entrada del euro en el país el pasado 1 de enero.













La coalición Bulgaria Progresista, liderada por el exmilitar y expresidente Rumen Radev, ha logrado una victoria «categórica» en las elecciones legislativas de este 19 de abril, alcanzando resultados que apuntan a una posible mayoría absoluta. Según el recuento preliminar de la agencia Alpha Research, basado en una muestra representativa de papeletas reales a pie de urna, la formación de Radev se habría alzado con un 43,5% de los votos, lo que le otorgaría 129 escaños en una Asamblea Nacional de 240. De confirmarse esta tendencia, Radev no solo desplazaría de forma definitiva al bloque conservador de Boiko Borisov, sino que tendría en su mano la posibilidad de formar gobierno con un control parlamentario sin precedentes en la última década de inestabilidad institucional búlgara, que ha encadenado ocho procesos electorales en tan solo cinco años.

Este vuelco electoral se sitúa en una coyuntura marcada por la capitalización política del descontento tras las protestas de 2025 contra el presupuesto y el rechazo a la entrada en el euro el pasado enero, medida percibida por las clases populares como una amenaza directa a su ya mermado poder adquisitivo. Los sectores que han roto la tendencia abstencionista ven a Radev como una posibilidad de «limpieza» institucional en el Estado más pobre de la Unión Europea. En ese sentido, la victoria de Radev muestra el agotamiento de una clase trabajadora golpeada por la inflación y la corrupción endémica de oligarcas como Delyan Peevski, sancionado internacionalmente.

En su comparecencia durante la noche electoral, Radev evitó confirmar si gobernará en solitario, pero ya ha manifestado su intención de negociar con la coalición Continuamos el Cambio-Bulgaria Democrática (PP-DB), que ha obtenido la tercera posición con un apoyo estimado del 14%. De confirmarse los datos de las encuestas a pie de urna, el escenario parlamentario búlgaro se simplificaría sustancialmente, permitiendo formar una mayoría con tan solo dos partidos. El resto del espectro político muestra un debilitamiento de las fuerzas tradicionales y el avance de opciones «críticas», con el Movimiento por los Derechos y las Libertades (DPS) en cuarto lugar, seguido por Renacimiento (5%) y la Coalición por Bulgaria (BSP), que apenas logra un 4%.

La victoria de Rumen Radev no solo altera la correlación de fuerzas parlamentaria, sino que posiciona a Bulgaria ante un posible proceso de reconfiguración estatal donde se podrían depurar figuras de las redes clientelares de la antigua administración para implementar una gestión de los recursos públicos que responda a otro orden de prioridades. A este respecto, el líder de Bulgaria Progresista lanzó un mensaje de confrontación directa contra las estructuras de poder anteriores: «La gente ha rechazado la autocomplacencia y la arrogancia de los viejos partidos y no ha caído presa de las mentiras y la manipulación», definiendo el resultado como una «victoria de la esperanza sobre la desconfianza y de la libertad sobre el miedo» y una «victoria para la moral» de un electorado que habría castigado la parálisis legislativa.

Pese a la claridad del resultado, el proceso electoral sigue estando atravesado por una profunda desafección sistémica de la clase trabajadora búlgara hacia el parlamentarismo. Si bien se espera un aumento de la participación, los sondeos apuntan a que habría sido algo superior al 38% de 2024, uno de los mínimos históricos. El repunte de la movilización del voto se explica en gran medida por el mencionado hartazgo acumulado frente a la cleptocracia y la irrupción coyuntural de la figura de Radev como una imagen que proyecta «recuperar el orden». Sin embargo, el hecho de que la mayoría del censo siga al margen de las urnas demuestra que la crisis de representatividad está lejos de resolverse.

Bulgaria frente a una UE en crisis: «Reindustrialización y nueva arquitectura de seguridad»

Con respecto a la posición de Bulgaria en el tablero internacional, Radev se distancia del seguidismo estricto de Bruselas. En declaraciones realizadas en inglés, el futuro líder del país aseguró que, aunque Bulgaria mantendrá su senda europea, el bloque necesita «pensamiento crítico y pragmatismo de forma urgente». Según el mandatario, la UE habría sido «víctima de su propia ambición de ser un líder moral en un mundo sin reglas», una postura que considera «agotada» ante la actual crisis económica y el intrincado escenario geopolítico, en una alusión velada a la guerra de Ucrania. Su perfil, caracterizado por una posición crítica con los marcos institucionales vigentes y una visión que algunos analistas internacionales vinculan a la trayectoria calificada como «euroescéptica» y pragmática en su relación con Rusia, supone un desafío directo a las facciones conservadoras y más europeístas que han dominado la política búlgara en la última década.

La hoja de ruta de Radev para la llamada «misión europea» de Bulgaria pasa por una «transformación profunda» de las prioridades estratégicas del bloque. El líder búlgaro ha instado a la UE a construir una «nueva arquitectura de seguridad» y a dedicar «grandes esfuerzos» para «recuperar su poder industrial y competitividad». Este discurso «soberanista», que coloca la política industrial en primer plano, sitúa al nuevo gobierno de Sofía como un posible actor díscolo emergente para el futuro del bloque, mientras la crisis económica y social golpea con especial dureza a la periferia europea y Hungría vuelve a la esfera de influencia de la Comisión Europea tras la derrota de Viktor Orbán.

La prensa europea tiende a simplificar las posiciones como las de Radev, Orbán, Robert Fico en Eslovaquia o Călin Georgescu en Rumanía como «prorrusas», una etiqueta que a menudo oculta que detrás de estas posturas díscolas en política exterior se encuentra una respuesta con profundas causas materiales y con un arraigo social relativamente alto en varias zonas de Europa del Este directamente relacionado con la degradación de las condiciones de vida bajo la tutela de Bruselas. El «pragmatismo» que apuesta por normalizar relaciones comerciales y diplomáticas con Moscú cala en una población que prioriza el acceso a fuentes de energía barata y la estabilidad de precios frente a una alineación ideológica con la UE, que ha vaciado la industria búlgara y ha disparado la inflación tras la adopción del euro. En ese sentido, el hartazgo hacia las instituciones comunitarias y los políticos nacionales que obedecen a sus mandatos responde a la percepción social de que la guerra en Ucrania se financia con políticas de austeridad contra las clases trabajadoras de los países periféricos, quienes a menudo rechazan ser el peón sacrificable en una guerra comercial y militar que solo acelera su empobrecimiento y el riesgo de una gran guerra. A menudo, son los partidos de extrema derecha quienes integran esta postura «rebelde» frente a Bruselas para presentarse como «voto protesta», pero el caso búlgaro vuelve a demostrar que no responde a un programa necesariamente ultraderechista.

 

resumenlatinoamericano 

En defensa de Venezuela: los problemas con “Brest-Litovsk” y el cosmopolitismo


 VENEZUELA :: 16/04/2026

CHRIS GILBERT

Se refiere a la decisión de Lenin, en los meses posteriores a la Revolución de Octubre, de firmar una paz separada con Alemania que implicaba amplias concesiones, con el fin de salvar la revolución

Los debates actuales sobre Venezuela en la izquierda dejan mucho que desear en muchos aspectos. Sin embargo, uno de los escollos más reveladores, en mi opinión, ha sido el excesivo énfasis en la cuestión de si el Gobierno de Delcy Rodríguez, tras los ataques del 3 de enero, ha llevado a cabo o no una retirada táctica al estilo de Brest-Litovsk.

En estos debates, "Brest-Litovsk" se ha convertido en una especie de abreviatura.

Se refiere a la decisión de V. I. Lenin, en los meses inmediatamente posteriores a la Revolución de Octubre, de firmar una paz separada con Alemania que implicaba amplias concesiones, con el fin de salvar la revolución.

Para muchos, este ejemplo histórico se toma como el modelo de la toma de decisiones revolucionaria correcta por parte de la dirección venezolana. Para este grupo, la decisión de Lenin sirve para justificar las concesiones que Rodríguez ha hecho bajo coacción al imperialismo estadounidense, como medio para garantizar la supervivencia de la revolución y ganar tiempo.

Por el contrario, hay un segundo grupo que se muestra escéptico. Afirman que una retirada táctica del tipo de Brest-Litovsk es imposible en Venezuela, supuestamente porque no hay una visión estratégica o porque las concesiones son demasiado sustanciales. En lugar de una retirada, creen que ha habido una capitulación.

Una característica sintomática de este debate es cómo el excesivo enfoque de ambos grupos en el dilema de Brest-Litovsk --que se centra simplemente en la cuestión de si luchar o realizar una retirada táctica-- compara erróneamente la Venezuela actual, que es un proceso revolucionario relativamente prolongado, con la situación rusa apenas cuatro meses después de que tuviera lugar la Revolución de Octubre.

La Revolución Rusa fue gloriosa y extraordinaria (podría decirse que fue el acontecimiento más importante del siglo XX), pero apenas estaba comenzando en el momento del Tratado de Brest-Litovsk.

Por lo tanto, el enfoque en Brest-Litovsk equivale a un fracaso a la hora de situar con precisión el momento histórico, y niega de hecho que la Revolución Bolivariana haya logrado avances materiales y organizativos sustanciales durante el último cuarto de siglo.

A nivel teórico, vemos cómo centrar el debate en un "momento Brest-Litovsk" deja completamente de lado las afirmaciones de Hugo Chávez sobre la "irreversibilidad" revolucionaria que se había logrado a lo largo de la revolución.

Lamentablemente, esto es típico de cómo los intelectuales del Norte global --incluso los más simpatizantes, y unos cuantos del Sur-- tienden a percibir los acontecimientos en Venezuela, por no hablar de su perspectiva sobre el resto de América Latina.

Durante muchos años, un amplio grupo de intelectuales del Norte global insistió en que la Revolución Bolivariana no había logrado ningún avance real porque no había conseguido liquidar a la burguesía ni nacionalizar todos los principales medios de producción.

Otra afirmación habitual era que el movimiento popular en Venezuela y el Gobierno se encontraban en una relación de "doble poder". Dado que el doble poder se refiere al periodo en Rusia entre febrero y octubre de 1917, antes de la Revolución de Octubre, esto sugiere implícitamente que Chávez (y más tarde Maduro) eran simplemente "Kerenskys", ¡y que la verdadera revolución aún está por llegar!

Todo esto, junto con otras posiciones relacionadas, implica que no ha habido una verdadera revolución en Venezuela y, por lo tanto, ninguna trayectoria o transformación revolucionaria sustancial.

La visión de Chávez, por supuesto, era completamente opuesta a las esbozadas anteriormente. Tuviera razón o no, el líder venezolano creía que estaba llevando a cabo una verdadera revolución, y creía que, en el transcurso de esta, la dirección estaba transfiriendo el poder y el control social al pueblo a través de diversos mecanismos.

Chávez argumentó repetidamente que estos pasos hacia el control popular de la producción y otros aspectos de la vida social --el poder popular que ha surgido en los consejos comunales, la alianza civil-militar, las comunas y las milicias populares-- constituyen también pasos hacia lo que él denominaba irreversibilidad.

Dos perspectivas

¿Quién tiene razón aquí? ¿Son los intelectuales que se imaginan a sí mismos sentados perpetuamente en la mesa de negociaciones de Brest-Litovsk, decidiendo si luchar o retirarse, apenas unos meses después de la toma del poder? ¿O es Hugo Chávez, quien pensó que la ya duradera Revolución Bolivariana podría ser algo real, profundamente arraigado y difícil de deshacer?

Vale la pena observar que el comandante Chávez, con quien quienes participan en este debate discrepan tan sistemáticamente, tenía la mayor parte de los veredictos de la historia de su lado.

Esto se debe a que la historia ha demostrado que, una vez que la clase trabajadora logra participar en la toma de decisiones sobre la producción, el control territorial y la defensa nacional, siempre se requiere un esfuerzo extraordinario para revertirlo.

Aunque la participación popular puede no ser absolutamente irreversible, sí que se requiere un esfuerzo significativo para erradicar un proceso revolucionario que ha dado pasos sustanciales en la transformación social.

Por eso, en los antiguos países del Bloque del Este después de 1991, los sistemas educativos se modificaron profundamente para promover la recolonización, y los derechos de los trabajadores fueron sistemáticamente destruidos.

En los Estados postsoviéticos se aplicó el tipo más cruel de terapia de choque. Afortunadamente, por extrema que fuera esta terapia de choque, no fue suficiente para acabar por completo con la desvinculación de Rusia de la economía mundial imperialista, una desvinculación duramente ganada y profundamente arraigada.

Eso es lo que ha permitido que surja una Rusia recién soberana y antiimperialista (aunque ya no sea socialista) bajo el liderazgo de Vladimir Putin.

Lo que la historia ha demostrado, pues, es que, si se quiere acabar con una revolución, hay que destruir sus bases en el poder popular. Esto requiere trabajo y dedicación. Por lo general, implica una violencia extensa y sostenida, junto con poderosas campañas culturales que borran la memoria histórica.

¿Es necesario señalar que hay pocas pruebas de ello en Venezuela en los últimos meses? El ejército bolivariano permanece intacto; el PSUV y su dirección son los mismos de siempre; y las más de 5.000 comunas y circuitos comunales siguen funcionando y recibiendo más, y no menos, apoyo financiero.

Sí, es cierto que la industria petrolera de Venezuela, y especialmente su vertiente comercial, ha escapado en parte al control del país. Sin embargo, hay que recordar que esta nueva situación también representa una flexibilización de facto del bloqueo, lo cual era una aspiración de larga data del gobierno de Maduro, aunque nadie imaginara que tomaría la forma que ha tomado.

Situando el momento histórico

En las revoluciones, el momento oportuno lo es todo. Eso es algo en lo que tanto Lenin como Fidel Castro coincidían, llegando este último a decir que "la revolución significa comprender el momento histórico".

¿En qué momento histórico nos encontramos ahora?: ¿uno similar al de Brest-Litovsk, o hay una comparación más acertada?

De hecho, dado que llevamos veinticinco años de proceso revolucionario y la mayor parte de los logros organizativos de la Revolución Bolivariana permanecen intactos, no deberíamos recurrir tan precipitadamente al Tratado de Brest-Litovsk como comparación.

En su lugar, debemos buscar referencias históricas diferentes. En este sentido, tanto la apertura de China como la de Vietnam al mercado mundial y a la inversión extranjera --ambas llevadas a cabo tras un prolongado período de consolidación revolucionaria-- son ejemplos mucho más relevantes para tener en cuenta.

Por supuesto, muchos intelectuales extranjeros en el momento de estas aperturas insistieron en que las revoluciones china y vietnamita estaban siendo abandonadas por sus dirigentes. No faltaron las afirmaciones sobre restauraciones o retrocesos al estilo termidoriano.

Sin embargo, hoy en día la mayoría de esas voces escépticas --excepto las más arraigadas e incapaces de autocrítica-- reconocerían que la historia les ha dado la razón: los pasos dados por China a finales de la década de 1970, con su Reforma y Apertura, y por Vietnam en su proceso de Renovación en la década siguiente, fueron en realidad lo que salvó estas revoluciones frente a la contrarrevolución neoliberal imperialista que tenía lugar en aquel momento.

En la actualidad, la historia parece repetirse, ya que un amplio grupo de observadores internacionales cae en el derrotismo o la miopía con respecto a Venezuela. Esto se manifiesta en el sorprendentemente escaso interés que muestran por el estado actual de los principales pilares organizativos de la revolución --la mayoría de los cuales parecen muy estables y, por lo tanto, tienen un gran potencial de futuro en un proceso emancipador que está lejos de desmantelarse.

En resumen, muchos en el sector intelectual cosmopolita parecen pensar que el Estado venezolano es como un coche parado en un cruce llamado Brest-Litovsk: el coche podría ir a la izquierda, a la derecha, hacia atrás o hacia delante. Como policías de tráfico autoproclamados, observan con avidez el vehículo.

A la mayoría de estos observadores nunca se les ocurre que, tras veinticinco años de construcción revolucionaria, el vehículo-Estado venezolano podría ser política o socialmente diferente de cualquiera de los demás vehículos-Estado que existen en el planeta.

No reconocen que su funcionamiento interno podría ser distinto, que puede haber sido reconfigurado de formas nuevas y relativamente irreversibles, y que cambiar todo eso requeriría esfuerzos contrarrevolucionarios concertados y significativos.

Al hacerlo, estos observadores repiten los patrones de los ideólogos burgueses al negar que alguna vez haya tenido lugar una revolución en el país --y que, por lo tanto, haya que tenerla en cuenta.

Internacionalismo cosmopolita

Recientemente hemos visto el surgimiento de una nueva generación de intelectuales antiimperialistas que se organizan principalmente en redes y colectivos en línea. Esto debería considerarse, en la mayoría de los aspectos, como un avance positivo.

Probablemente se trate de una reacción a las corrientes y revistas socialistas que surgieron en el Norte global tras la crisis de 2008, uno de cuyos principales puntos débiles fue su incapacidad para ser suficientemente antiimperialistas. Fue una debilidad que se hizo evidente para todos a medida que se desarrollaba el genocidio estadounidense-israelí en Palestina.

Era necesario, por supuesto, un cambio de rumbo. La desventaja, sin embargo, fue que los nuevos intelectuales antiimperialistas, que comprenden correctamente que la principal contradicción hoy en día es entre el imperialismo estadounidense y las naciones oprimidas, han sustituido con frecuencia el punto ciego de la generación anterior con respecto al imperialismo por un antiimperialismo demasiado cosmopolita, con muy pocas raíces en la lucha concreta.

En la medida en que esta limitación se ha arraigado, refleja una incapacidad para superar su propia posición de clase y sus condiciones materiales --que incluyen viajes aéreos fáciles, pasaportes privilegiados e independencia financiera o condiciones laborales flexibles-- que facilitan las visitas y el seguimiento virtual de los acontecimientos en una amplia gama de países y regiones.

El principal problema es que, en el espectro que se extiende entre la intelectualidad "flotante" y la "orgánica", este grupo tiende demasiado hacia la primera posición.

Sin duda, un internacionalismo revolucionario centrado en el antiimperialismo es una necesidad urgente en nuestra época, pero debe estar impulsado por personas orgánicamente comprometidas con, e incluso integradas en, un proyecto o lucha revolucionaria concreta.

A partir de ese compromiso situado (y de la praxis, el compromiso y la reflexión autocrítica que exige), un intelectual puede entonces tender la mano y comprometerse con otros proyectos, postulados teóricos e imaginarios sociales.

Amílcar Cabral insistía en que "el arroz se cuece dentro de la olla, no fuera", lo que significa que las revoluciones requieren una comprensión profunda de las condiciones locales, tanto subjetivas como objetivas. Sin ese arraigo, y la comprensión que lo acompaña, las comparaciones simplistas, realizadas desde la estratosfera de la clase media, sustituirán a los procesos productivos de aprendizaje mutuo.

Se presentará a un grupo de líderes o una forma de lucha como mejores que otros, más combativos, más heroicos, etc., sin tener en cuenta la situación material y la historia de la que surgieron.

Por esa razón, el acceso a una multiplicidad de procesos y proyectos en diversas condiciones nacionales debe ir acompañado de la comprensión de que los tiempos y el carácter de cada proceso revolucionario serán distintos y deben respetarse.

Esto es lo que el propio Chávez insistió en defender, sin permitir nunca que su internacionalismo degenerara en cosmopolitismo. Se puede observar que quienes participan activamente en la defensa de Irán, Cuba o Palestina, y lo hacen desde sus respectivos territorios, no caen en las mismas comparaciones odiosas y simplistas a las que tiende el sector cosmopolita.

Esto se debe a que las personas con una praxis arraigada de emancipación nacional o popular comprenden que el proyecto principal no consiste en separar lo bueno de lo no tan bueno, para luego "criticar" a este último. De hecho, el proyecto central es ganar: derrotar al imperialismo estadounidense.

Eso, a su vez, requiere respetar las diferencias en los plazos, las condiciones locales y las metodologías entre los diversos pueblos y naciones, todo ello en nombre de la construcción del movimiento antiimperialista más amplio, que es el único con perspectivas de victoria.

* Profesor de ciencias políticas en la Universidad Bolivariana de Venezuela.

MROnline.org / bservatoriodetrabajad.com


Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/en-defensa-de-venezuela-los-problemas-con

Las exportaciones y el ingreso venezolano a la luz de las sanciones

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13 de abril de 2026

A propósito de los datos expuestos por la presidenta encargada

La recuperación del ingreso nacional ha dependido del compromiso de los sectores productivos pero también del levantamiento de restricciones financieras internacionales y de la recuperación de reservas congeladas en jurisdicciones extranjeras (Foto: Archivo)

El pasado 8 de abril de 2026 la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, emitió un Mensaje a la Nación que revela la magnitud de la crisis económica que arrastra el país como producto del ataque multifactorial que incluyó violencia política, intentos de magnicidio, sanciones y bloqueo de sus ingresos desde hace más de una década. A esto se agregan las limitaciones estructurales que enfrenta el gobierno para revertirla.

En su diagnóstico, emitido desde el Palacio de Miraflores, se detallaron los efectos sociales de esta guerra híbrida y, simultáneamente, delineó una hoja de ruta hacia una recuperación condicionada por variables externas.

Apertura y rectificación

Rodríguez situó el punto de partida de su análisis en cómo el Producto Interno Bruto (PIB) real de Venezuela equivale hoy apenas a 36% de lo que era en 2012. Este declive, atribuido por la mandataria a una década de sanciones económicas, se tradujo en una hiperinflación que llegó a alcanzar 340 000% anualizado y en un desabastecimiento crítico de rubros esenciales durante los años más agudos del bloqueo. 

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Impacto de las sanciones en la producción de crudo venezolano (Foto: Betzabeth Aldana Vivas / Misión Verdad)

La contracción económica provocó, según reconoció la propia jefa de Estado, una "migración inducida" que comenzó con la salida de médicos y profesionales especializados y terminó por convertirse en un éxodo masivo de la población. Esto devela la interconexión de la economía en la posibilidad de acceso a servicios básicos por parte de la población.

Frente a este escenario, Rodríguez anunció un incremento salarial para el 1º de mayo —Día Internacional del Trabajador— que calificó explícitamente como "responsable". Además, advirtió que aumentos salariales previos sin respaldo presupuestario, como el de agosto de 2022 que disparó la inflación mensual a 28,7%, o el "falso aumento" de junio de 2018 cuyo poder adquisitivo se evaporó 86,2% en apenas tres meses, terminaron por destruir el poder de compra de los trabajadores. Actualmente, el salario mínimo base se mantiene en 130 bolívares mensuales —equivalente a centavos de dólar— aunque las bonificaciones elevan el ingreso promedio del sector público a aproximadamente 120 dólares.

La estrategia de recuperación anunciada contempla la creación de una Comisión de Diálogo Nacional con participación del Estado, sector privado y pensionados, además de un Consejo Nacional de Economía encargado de diseñar un nuevo modelo tributario. Paralelamente, se activó una "constituyente laboral" para debatir reformas y se firmó una ley de celeridad de trámites orientada a agilizar la institucionalidad estatal, descrita como "ágil, digital, transparente y eficiente".

En el terreno de la apertura económica ya ha sido promulgada la nueva Ley de Minas, que abre el sector aurífero a la inversión extranjera. Rodríguez condicionó la capacidad de mejorar salarios y pensiones a la recuperación de activos bloqueados en el exterior, recursos que —aseguró— serían destinados a infraestructura básica, rehabilitación de servicios y aumentos sostenibles de ingresos.

El componente político del mensaje incluyó una convocatoria a "corregir los errores del pasado" y un llamado a hacer "seguimiento" a la ley de amnistía promulgada el 19 de febrero, que ha beneficiado a más de 8 mil personas, según cifras oficiales. También advirtió que personas beneficiadas por la amnistía estarían "planificando el conflicto", por lo cual justificó la necesidad de supervisar la aplicación de la ley para "sanar el extremismo".

La agenda anunciada incluye además un registro de saberes y profesiones de jóvenes, jubilados, pensionados y exiliados; reformas al mercado inmobiliario; y una convocatoria a peregrinación nacional el 19 de abril para exigir el cese de sanciones.

Analizando cifras

Aunque medios y analistas transnacionales traten de restarle importancia, es indiscutible el impacto de las sanciones ejecutadas por parte de Estados Unidos y la Unión Europea contra Venezuela. La correlación entre la intensidad de estas medidas y el declive del ingreso nacional es directa, en particular, su implementación fue directo a los nudos críticos de una economía con debilidades estructurales.

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Tamaño del PIB en términos reales con respecto al año 2012 (Foto: Prensa Presidencial)

Respecto a las cifras aportadas por la presidenta encargada, en 2016, cuando el PIB había caído a un 78% del registrado en 2012, las exportaciones cayeron a un 70%, de 97 669 millones de dólares a 28 737 millones de dólares. Hasta ese año se habían implementado 19 sanciones internacionales, por lo que el impacto de tales medidas apenas empezaba a hacer efecto sobre la economía nacional.

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Exportaciones anuales de Venezuela entre 2012 y 2025 (en millones de dólares) (Foto: Prensa Presidencial)

Las caídas interanuales más abruptas en las exportaciones fueron entre 2014 y 2015, desde 76 090 millones de dólares a 41 883 millones de dólares, 45% con solo una sanción implementada. Le sigue el descenso entre 2019 y 2020, de 21 905 millones de dólares a 8 724 millones de dólares, 60% con 294 sanciones aplicadas este último año —con las que se alcanzaron 611—. La tercera más abrupta fue entre 2018 y 2019 (43% con 171 sanciones, 317 acumuladas).

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Variación de la subalimentación e ingresos petroleros con respecto a las sanciones contra Venezuela (Foto: Misión Verdad)

En 2020 las exportaciones cayeron 9% respecto a 2012 —8 724 millones de dólares—, el año anterior —2019— fue el de más sanciones: 294. El impacto ya era multidimensional dado que la infraestructura nacional, la seguridad alimentaria y los servicios básicos habían sufrido daños considerables que afectaron las condiciones de vida de la ciudadanía.

Si se suman las exportaciones acumuladas entre 2012 y 2016, Venezuela alcanzó 332 577 millones de dólares en esos cinco años, mientras que entre 2017 y 2025 —nueve años— se exportaron 212 019 millones de dólares, 65% de la anterior cifra.

La implementación brutal de sanciones en 2019 dejó un efecto negativo que se manifestó en 2020. Sin embargo, aunque ya se superó el PIB de 2020, en 2025 el país todavía no alcanzaba el PIB de 2019. A 12 años de la primera sanción implementada, Venezuela no logra recuperar su ingreso debido a que estas medidas ni sus efectos se pueden revertir de manera expedita. Sin embargo, la recuperación ha sido sostenida luego de diversas medidas económicas que han potenciado la producción petrolera, alimentaria, industrial y, sobre todo, la exportación.

Tres meses después del secuestro del presidente Nicolás Maduro, el pasado 3 de enero de 2026, el gobierno apuesta por una apertura controlada hacia el capital extranjero —particularmente en hidrocarburos y minería— y por una estabilización macroeconómica gradual, condicionada necesariamente al levantamiento de restricciones financieras internacionales y a la recuperación de reservas congeladas en jurisdicciones extranjeras.

Falta mucho para que el país recupere su ingreso real y para que esto se manifieste en el ingreso familiar. Las medidas a implementar buscan atacar los mecanismos que provocan la desintegración de dicho ingreso, los cuales apuntan a los sectores que configuran la economía nacional y su voluntad de invertir de manera audaz y determinada apostando a asegurar su rentabilidad, generar producción real, a la vez que garantizan el empleo y el acceso al consumo por parte de la población.