Buen acierto situar el debate sobre la base del éxito de la teoría marxista leninista desde el triunfo actual del socialismo de mercado planificado ante la crisis y colapso global del capitalismo imperialista de mercado global monopolizado, partiendo con el referente del Partido Comunista de China en la ruptura del movimiento comunista internacional ante la victoria revisionista en el PCUS en el 1956. Solo remarcar, que con el triunfo del revisionismo en el marxismo leninismo occidental consolidaron algunas tesis mecanicistas, que siguen siendo elementos de referencia en el seno del movimiento comunista en el occidente político y en España en particular, centrados en la batalla contra las superestructuras del estado burgués desde las instituciones burguesas de democracia limitada abandonando la lucha económica base del poder burgués; así como la visión del partido, más como representante ideológico y político que como instrumento de la clase trabajadora y el pueblo para su liberación. La cuestión superestructuralista no está prevista en la crítica de los comunistas chinos porque ellos entendían de mano como Lenin, que el programa, alianzas y táctica dependía en su elaboración de la actividad diaria en el trabajo de masas como motor de captación del discurso político y la rendición de cuentas, basándose en las principales necesidades y derechos de las masas trabajadoras elevándolas a lo político bajo la alternativa del socialismo. Todos los medios e instrumentos solo tienen utilidad si el partido los utiliza desde una línea política de masas de trabajo en las organizaciones de base de la clase obrera allí donde trabaja, vive y estudia, creando poder y cultura alternativa a la ideología burguesa dominante, en línea de la lucha por la hegemonía en su seno tal como la plantea Gramsci en el enfrentamiento contra el estado moderno burgués. Nota de Alonso Gallardo
May 12, 2026 | ANÁLISIS, Reconstitución del PC
El programa político que los obreros necesitan para la lucha de clases
¿Por dónde empezar?, preguntaba Lenin ante la dispersión de los socialistas rusos en la divisoria de los siglos XIX y XX. Similar dispersión está causando en algunos comunistas de hoy el mismo error espontaneísta-economicista que entonces: empezar por cultivar macetas, es decir, pequeños grupos locales de obreros receptivos a la lucha sindical, en lugar de comenzar por sembrar el socialismo en campo abierto.
Interpretan la actual falta de un partido comunista influyente entre los obreros como la imposibilidad de iniciar su construcción a partir de la política y como la necesidad de conformarse y comenzar con las formas elementales de acción de las masas (ya sea mediante un seguidismo ramplón de las luchas parciales o mediante una ofuscación teórica de su limitación). Al contrario, el partido -como unión del socialismo con el movimiento obrero- lo empieza a construir la organización de comunistas que ensancha el horizonte de los obreros al infundirles la conciencia socialista, en pugna contra las ideas políticas burguesas que oprimen su pensamiento y que constriñen su acción.
En esencia, cada nuevo inicio ve resurgir de un modo cada vez más patético el empeño por seguir el camino reaccionario de los socialistas utópicos y sus experimentos particulares, en lugar del camino revolucionario de Marx y Engels, con la Nueva Gaceta Renana y el Manifiesto Comunista, y el de Lenin, con Iskra y el programa del POSDR.
Asistimos a un rebrote de estos viejos métodos fracasados que se presentan como nuevos sólo porque se contraponen al método del marxismo-leninismo practicado a lo largo del siglo XX. ¿Cómo es posible que lo viejo y fracasado sea ahora defendido por algunos que se reivindican marxistas-leninistas? Las causas son múltiples: unos son veteranos militantes prácticos que, en los años 80-90, se vieron sin partido y que creen poder reconstituirlo a base de repetir lo que ellos mismos hacían en su juventud, sin darse cuenta de que entonces actuaban sobre una masa obrera influida por un movimiento comunista internacional mucho más consistente que el actual; otros son jóvenes intelectuales recién egresados del sistema educativo burgués y todavía condicionados por el idealismo metafísico y la convicción revisionista de que “el socialismo fracasó por exceso de ortodoxia”.
En realidad, no hubo tal fracaso de la ortodoxia marxista-leninista, sino un éxito sin parangón en la historia para los oprimidos que la empuñaron como arma teórica. Lejos de esclerotizar el pensamiento de los revolucionarios, la política marxista-leninista les aportó la firmeza y la flexibilidad necesarias para conquistar y consolidar el poder obrero en Rusia, para aislar y derrotar la ofensiva fascista del gran capital, para formar un campo de países socialistas y para derrotar la guerra contrarrevolucionaria del imperialismo angloamericano.
En 30 años, entre la segunda mitad de los años treinta y la primera mitad de los años sesenta, los marxistas-leninistas del mundo dieron una batalla épica (y lamentablemente poco conocida) al imperialismo en el terreno militar e ideológico, en la guerra de aniquilación y en el desenmascaramiento del revisionismo contemporáneo. Éste se alimentaba del miedo al fascismo y al arma nuclear, para convertir la justa táctica de los frentes populares y de las democracias populares en una abjuración de los principios revolucionarios.
Nuestra derrota comenzó cuando el partido soviético basculó hacia el revisionismo tras el sacrificio de millones de sus miembros en la guerra antifascista, seguida poco después por la muerte de sus más firmes cuadros, como Stalin y Zhdánov. No obstante, la antorcha de la línea revolucionaria pasó a manos de otros partidos y cuadros del movimiento comunista internacional que legaron a las siguientes generaciones la síntesis más elevada y reconocida de la experiencia histórica de la revolución proletaria mundial. Sus derivas posteriores desacreditaron injustamente su acertada crítica del revisionismo que se había adueñado del PCUS y que llevaría a la URSS a capitular ante el imperialismo. Los principios revolucionarios que defendieron no son patrimonio exclusivo de quienes los supieron reconocer desde el primer momento (y menos de quienes los desbarataron después con sus derivas sectarias), sino de todos los que quieren seguir luchando por el comunismo, cualesquiera que sean sus orígenes.
Cuando asumimos hoy la necesidad de reconstituir el Partido Comunista, la elaboración del programa como premisa elemental para que los obreros se fusionen en una clase, en una fuerza política, es un reto prioritario, junto con la puesta en marcha de una prensa comunista. Aunque el retroceso sufrido exija ajustes tácticos, el programa de hoy debe asentarse sólidamente en el Manifiesto del Partido Comunista, en el Programa del Partido Comunista (bolchevique) de la URSS, en el Programa de la Internacional Comunista y en las Declaraciones de las Conferencias de Partidos Comunistas y Obreros de 1957 y 1960 (las últimas en que nuestro movimiento internacional estuvo unido en torno a los principios marxistas-leninistas).
Estas dos Declaraciones fueron el resultado de una aguda lucha entre el marxismo-leninismo y el revisionismo contemporáneo, por lo que contienen formulaciones algo ambiguas. El Partido Comunista de China salió al paso de las interpretaciones revisionistas de ambas Declaraciones y publicó en 1963 su propuesta de unificación sobre la base de los principios revolucionarios (conocida como “los 25 puntos de Pekín”), de la que reproduciremos a continuación las partes que no han envejecido[1] y que constituyen pilares del programa comunista contemporáneo.
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Unión Proletaria
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Proposición Acerca de la Línea General del Movimiento Comunista
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1- La línea general del movimiento comunista internacional debe basarse en la teoría revolucionaria marxista-leninista sobre la misión histórica del proletariado, y no debe apartarse de ella.
Las Conferencias de Moscú de 1957 y 1960 adoptaron las dos Declaraciones después de un pleno intercambio de opiniones y con arreglo al principio de alcanzar la unanimidad mediante consultas. Estos dos documentos señalan los rasgos distintivos de nuestra época y las leyes generales de la revolución y la edificación socialistas, y definen la línea común de todos los Partidos Comunistas y Obreros. Constituyen el programa común del movimiento comunista internacional.
(…)
Sólo siguiendo firmemente la doctrina revolucionaria del marxismo-leninismo y el camino común de la Revolución de Octubre, se puede tener una comprensión correcta de los principios revolucionarios de las dos Declaraciones y una actitud acertada hacia ellos.
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2- ¿Cuáles son los principios revolucionarios de las dos Declaraciones?
En líneas generales, son los siguientes: unión de los proletarios de todos los países; unión de los proletarios y pueblos y naciones oprimidos del mundo; lucha contra el imperialismo y los reaccionarios de los diversos países; lucha por la paz mundial, la liberación nacional, la democracia popular y el socialismo; consolidación y crecimiento del campo socialista: consecución paulatina de la victoria completa de la revolución mundial proletaria, y establecimiento de un mundo nuevo, sin imperialismo, sin capitalismo y sin explotación.
En nuestra opinión, ésta es la línea general del movimiento comunista internacional en la etapa contemporánea.
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3- Esta línea general parte de la situación real del mundo en su conjunto y de un análisis de clase de las contradicciones fundamentales en el mundo contemporáneo, y está dirigida contra la estrategia global contrarrevolucionaria del imperialismo norteamericano.
Esta línea general es una línea de formar, con el campo socialista y el proletariado internacional como núcleo, un amplio frente único contra el imperialismo y las fuerzas reaccionarias con los EE. UU. a la cabeza; es una línea de movilizar audazmente a las masas, desarrollar las fuerzas revolucionarías, ganarse las fuerzas intermedias y aislar las fuerzas reaccionarias.
Esta línea general es una línea que está por la resuelta lucha revolucionaria de los pueblos, una línea de llevar hasta el fin la revolución mundial proletaria; es también una línea de luchar de la manera más eficaz contra el imperialismo y en defensa de la paz mundial.
Definir con criterio unilateral la línea general del movimiento comunista internacional como “coexistencia pacífica”, “emulación pacífica” y “transición pacífica” significa infringir los principios revolucionarios de las Declaraciones de 1957 y 1960, arrojar por la borda la misión histórica de la revolución mundial proletaria y apartarse de la doctrina revolucionaria del marxismo-leninismo.
La línea general del movimiento comunista internacional debe reflejar las leyes generales que rigen el desarrollo de la historia mundial. La lucha revolucionaria del proletariado y del pueblo de cada país atraviesa diferentes etapas y tiene sus rasgos peculiares, pero nunca se sale del marco de las leyes generales por las que se rige el desarrollo de la historia mundial. Esta línea general debe señalar la dirección fundamental para la lucha revolucionaria del proletariado y de los pueblos de todos los países.
Es sumamente importante que, al elaborar su línea y su política concretas, todos los Partidos Comunistas y Obreros se atengan firmemente al principio de conjugar la verdad universal del marxismo-leninismo con la práctica concreta de la revolución y la edificación de sus respectivos países.
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4- El punto de partida para definir la línea general del movimiento comunista internacional, es un análisis de clase concreto de la política y la economía mundiales en su conjunto y de las condiciones concretas del mundo, esto es, de las contradicciones fundamentales en el mundo contemporáneo.
Quien haga conjeturas subjetivas eludiendo el análisis de clase concreto o aferrándose al azar a ciertos fenómenos superficiales, no podrá de ninguna manera llegar a conclusiones correctas con respecto a la línea general del movimiento comunista internacional y se deslizará inevitablemente por una senda totalmente distinta de la del marxismo-leninismo.
¿Cuáles son las contradicciones fundamentales en el mundo contemporáneo? Los marxistas-leninistas sostienen invariablemente que ellas son:
la contradicción entre el campo socialista y el campo imperialista;
la contradicción entre el proletariado y la burguesía en los países capitalistas;
la contradicción entre las naciones oprimidas y el imperialismo;
la contradicción entre los países imperialistas y entre los grupos monopolistas.
(…)
Dichas contradicciones, así como las luchas que engendran, están vinculadas entre sí e influyen unas en otras. Nadie puede borrar ninguna de estas contradicciones fundamentales ni sustituir de modo subjetivo por una de ellas todas las demás.
Dichas contradicciones darán, inevitablemente, origen a revoluciones de los pueblos, y éstas son éstas las únicas que pueden resolverlas.
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5- En el problema de las contradicciones fundamentales del mundo contemporáneo, deben ser sometidos a critica los puntos de vista erróneos que consisten:
- a) en borrar el contenido de clase de la contradicción entre el campo socialista y el campo imperialista y no ver en ella una contradicción entre los Estados de dictadura del proletariado y los Estados de dictadura de la burguesía monopolista;
- b) en reconocer tan sólo la contradicción entre el campo socialista y el campo imperialista desatendiendo o subestimando las contradicciones entre el proletariado y la burguesía en el mundo capitalista, entre las naciones oprimidas y el imperialismo, entre los países imperialistas entre los grupos monopolistas, así como las luchas que dichas contradicciones engendran;
- c) en sostener que la contradicción entre el proletariado y la burguesía en el mundo capitalista puede resolverse sin una revolución proletaria dentro de cada país, y que la contradicción entre las naciones oprimidas y el imperialismo puede resolverse sin una revolución de las naciones oprimidas;
- d) en negar que el desarrollo de las contradicciones inherentes al mundo capitalista contemporáneo lleva inevitablemente a una nueva situación en la intensa lucha entre los países imperialistas, y creer que la contradicción entre los países imperialistas puede ser reconciliada o eliminada mediante “la conclusión de acuerdos entre los grandes monopolios”
- e) en sostener que la contradicción entre los dos sistemas mundiales, el socialismo y el capitalismo, desaparecerá automáticamente en el curso de una “emulación económica”, que las demás contradicciones fundamentales en el mundo desaparecerán automáticamente a medida que desaparezca la contradicción entre los dos sistemas, y que surgirá un “mundo sin guerras”, un nuevo mundo de “cooperación general”.
Es obvio que estos puntos de vista erróneos conducen inevitablemente a una política errónea y dañina, y, por consiguiente, acarrean de una manera u otra reveses y pérdidas a la causa de los pueblos y del socialismo.
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6- Después de la Segunda Guerra Mundial, se ha operado un cambio fundamental en la correlación de fuerzas entre el imperialismo y el socialismo.
El rasgo característico principal de este cambio radica en que ya existe en el mundo, en vez de uno solo, una serie de países socialistas, que forman un poderoso campo socialista, y que los pueblos que han emprendido el camino del socialismo ya tienen, en vez de cerca de doscientos millones, mil millones de habitantes, o sea, una tercera parte de la población mundial.
El campo socialista es producto de la lucha del proletariado internacional y de los demás trabajadores. Pertenece no sólo a los pueblos de los países socialistas, sino también al proletariado internacional y a todos los trabajadores.
Las demandas comunes de los pueblos del campo socialista, del proletariado internacional y de los demás trabajadores consisten principalmente en que los Partidos Comunistas y Obreros de los países del campo socialista deben:
Atenerse firmemente a la línea marxista-leninista y aplicar una acertada política interior y exterior marxista-leninista: .
Consolidar la dictadura del proletariado y la alianza obrero-campesina dirigida por el proletariado, y llevar hasta el fin la revolución socialista en Ios frentes económico, político e ideológico;
Desplegar la actividad y la iniciativa creadora de las grandes masas populares llevar a cabo de modo planificado la edificación socialista, desarrollar la producción, mejorar las condiciones de vida del pueblo y consolidar la defensa nacional;
Fortalecer la unidad del campo socialista basada en el marxismo-leninismo y llevar a la práctica el apoyo recíproco entre los países socialistas sobre la base del internacionalismo proletario;
Luchar contra la política de agresión y de guerra del imperialismo y en defensa de la paz mundial;
Luchar contra la política anticomunista, antipopular y contrarrevolucionaria de los reaccionarios de todos los países, y ayudar a las clases y naciones oprimidas del mundo en su lucha revolucionaria.
Realizar estas demandas es el deber de los Partidos Comunistas y Obreros del campo socialista hacia sus propios pueblos y hacia el proletariado internacional y los demás trabajadores.
Realizando estas demandas, el campo socialista puede ejercer una influencia decisiva sobre la marcha de la historia humana.
Precisamente por esta razón, los imperialistas y los reaccionarios tratan invariablemente, y de mil maneras, de influir en la política interior y exterior de los países del campo socialista, de socavar este campo y de quebrantar la unidad de los países socialistas, sobre todo la unidad entre China y la Unión Soviética. Tratan invariablemente de penetrar en los países socialistas y subvertirlos, e incluso abrigan la vana esperanza de destruir el campo socialista.
La cuestión de cuál es la actitud correcta hacia el campo socialista constituye un importantísimo problema de principio que se plantea ante todos los Partidos Comunistas y Obreros.
La unión y la lucha común de los Partidos Comunistas y Obreros sobre la base del internacionalismo proletario se realizan ahora en nuevas condiciones históricas. Cuando existía en el mundo un solo país socialista, y cuando este país, por aplicar firmemente una línea y una política correctas, marxistas-leninistas, era objeto de la hostilidad y la amenaza de todos los imperialistas y reaccionarios, defender resueltamente o no ese único país socialista era la piedra de toque del internacionalismo proletario para todo Partido Comunista. Ahora, existe en el mundo un campo socialista, (…). En estas circunstancias, la piedra de toque del internacionalismo proletario para todo Partido Comunista es defender resueltamente o no el campo socialista en su conjunto, defender o no la unidad de todos los países de este campo sobre la base del marxismo-leninismo y defender o no la línea y la política marxistas-leninistas que deben seguir los países socialistas.
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7- Los imperialistas norteamericanos, aprovechando las condiciones surgidas después de la Segunda Guerra Mundial, han ocupado el lugar de los fascistas alemanes, italianos y japoneses, y han venido tratando de fundar un gran imperio mundial sin precedentes en la historia.
El objetivo estratégico del imperialismo norteamericano consiste siempre en agredir y controlar la zona intermedia que se extiende entre los Estados Unidos y el campo socialista, sofocar las revoluciones de los pueblos y naciones oprimidos y, luego, destruir a los países socialistas, y someter así a los pueblos y países del mundo entero, incluidos los países aliados de los Estados Unidos, a la esclavitud y control del capital monopolista norteamericano.
A partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, los imperialistas norteamericanos han venido haciendo propaganda acerca de una guerra contra la Unión Soviética y el campo socialista. Hay dos aspectos en esta propaganda: por un lado, el imperialismo norteamericano está preparando efectivamente semejante guerra; por el otro, utiliza esta propaganda como cortina de humo para encubrir la opresión a que someten al pueblo norteamericano y la extensión de su agresión contra el mundo capitalista.
La Declaración de 1960 señala:
“El imperialismo estadounidense se ha convertido en el mayor explotador internacional.
“El baluarte principal del colonialismo contemporáneo son los Estados Unidos”.
“La principal fuerza de la agresión y de la guerra es el imperialismo norteamericano”.
“El curso de los acontecimientos internacionales en los últimos años ha suministrado muchas nuevas pruebas de que el imperialismo norteamericano es el principal bastión de la reacción mundial y un gendarme internacional, enemigo de los pueblos del mundo entero”.
El imperialismo norteamericano lleva adelante en todo el mundo su política de agresión y de guerra, pero esto sólo puede conducir a un resultado contrario a lo que desea, es decir, sólo puede acelerar el despertar de los pueblos de los distintos países e impulsar su revolución.
De este modo, el imperialismo norteamericano se ha colocado a sí mismo en una posición opuesta a los pueblos del mundo entero y ha quedado cercado por estos últimos. El proletariado internacional debe y puede unir todas las fuerzas susceptibles de ser unidas, aprovechar las contradicciones internas del enemigo y establecer el más amplio frente único contra los imperialistas norteamericanos y sus lacayos.
El camino realista y correcto es confiar el destino de los pueblos, el destino de la humanidad, a la unión y a la lucha del proletariado mundial y a la unión y a la lucha de todos los pueblos.
En cambio, significa desorientar a la gente el no distinguir entre los enemigos, los amigos y los propios, y el confiar el destino de los pueblos, el destino de la humanidad, a la colaboración con el imperialismo norteamericano. (…)
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8- Las vastas zonas de Asia, África y América Latina, son las zonas donde convergen contradicciones en el mundo contemporáneo; son las más vulnerables de las zonas que están bajo la dominación imperialista, y constituyen los centros de la tempestad de la revolución mundial, que en la actualidad asesta golpes directos al imperialismo.
El movimiento revolucionario democrático nacional en estas zonas y el movimiento revolucionario socialista internacional son las dos grandes corrientes históricas de nuestra época.
La revolución democrática nacional en estas zonas es una importante parte integrante de la revolución proletaria mundial de nuestros días.
La lucha revolucionaria antiimperialista de los pueblos de Asia, África y América Latina golpea y debilita seriamente los cimientos mismos de la dominación del imperialismo y del colonialismo viejo y nuevo, y es en la actualidad una fuerza poderosa en defensa de la paz mundial.
Por lo tanto, en cierto sentido, la causa revolucionaria del proletariado internacional en su conjunto depende del desenlace de la lucha revolucionaria de los pueblos de esas zonas, que constituyen la abrumadora mayoría de la población del mundo.
Por lo tanto, la lucha revolucionaria antiimperialista de los pueblos de Asia, África y América Latina no es en absoluto un asunto de mera significación regional, sino de importancia general para la causa de la revolución mundial del proletariado internacional en su conjunto.
Ahora hay quienes niegan la gran significación internacional de la lucha revolucionaria antiimperialista de los pueblos de Asia, África y América Latina y, so pretexto de eliminar las barreras que dividen a la gente según la pertenencia nacional, el color de la piel o el principio geográfico, tratan de borrar la línea divisoria entre las naciones oprimidas y las opresoras y entre los países oprimidos y los opresores y procuran refrenar la lucha revolucionaria de los pueblos de dichas zonas. Intentan, en realidad, acomodarse a las necesidades del imperialismo y crear una nueva “teoría” para justificar la dominación del imperialismo en estas zonas y la promoción de su política de colonialismo viejo y nuevo. Semejante “teoría” no está destinada en verdad a eliminar las barreras que dividen a la gente según la pertenencia nacional, el color de la piel o el principio geográfico, sino a preservar la dominación de las llamadas “naciones superiores” sobre las naciones oprimidas. Es del todo natural que semejante “teoría” demagógica tropiece con el boicot de los pueblos de dichas zonas.
La clase obrera de los países socialistas y de todos los países capitalistas debe realmente llevar a la práctica las consignas combativas de “¡Proletarios de todos los países, unios!” y de “¡Proletarios y naciones oprimidas de todo el mundo, unios!’“, estudiar la experiencia revolucionaria de los pueblos de Asia, África y América Latina y apoyar con resolución sus acciones revolucionarias; debe considerar la causa de la liberación de estos pueblos como el más seguro apoyo a su propia causa y como algo que va directamente en su propio interés. Esta es la única manera de quebrar efectivamente las barreras que dividen a la gente según la pertenencia nacional, el color de la piel o el principio geográfico, y así es el verdadero internacionalismo proletario.
La clase obrera de los países capitalistas de Europa y América no puede liberarse sin la alianza con las naciones oprimidas y sin la liberación de estas últimas. Lenin tenía razón cuando decía: “En realidad, el movimiento revolucionario en los países adelantados seria prácticamente un engaño, sin la unión completa y más estrecha de los obreros en la lucha contra el capital en Europa y América con los cientos y cientos de millones de esclavos ‘coloniales’ oprimidos por el capital”[2] (1).
Ahora, en los destacamentos del movimiento comunista internacional hay quienes adoptan una actitud pasiva, desdeñosa y negativa hacia la lucha de las naciones oprimidas por la liberación. Están de hecho protegiendo los intereses de la burguesía monopolista, traicionando los del proletariado y degenerando en socialdemócratas.
La actitud que se adopte hacia la lucha revolucionaria de los pueblos asiáticos, africanos y latinoamericanos, es un importante criterio para distinguir a los revolucionarios de los no revolucionarios, a los que defienden realmente la paz mundial de los que alientan a las fuerzas de la agresión y de la guerra.
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9- Las naciones y pueblos oprimidos de Asia, África y América Latina están enfrentados a la tarea urgente de luchar contra el imperialismo y sus lacayos.
La historia ha encomendado a los partidos proletarios de estas zonas la gloriosa misión de mantener en alto la bandera de lucha contra el imperialismo, contra el colonialismo viejo y nuevo, por la independencia nacional y por la democracia popular, colocarse en las primeras filas del movimiento revolucionario democrático nacional y luchar por el porvenir socialista.
En estas zonas, los más amplios sectores de la población rehúsan vivir bajo el yugo del imperialismo. ‘Estos sectores no solamente comprenden a los obreros. campesinos, intelectuales y pequeñoburgueses, sino también a la burguesía nacional patriótica y hasta a un número de reyes, príncipes y aristócratas de sentimientos patrióticos.
El proletariado y su partido deben tener confianza en la fuerza de las masas populares y, sobre todo, unirse con los campesinos y establecer una sólida alianza obrero-campesina. Es de importancia primordial que los elementos avanzados del proletariado realicen actividades en las zonas rurales, ayuden a los campesinos a organizarse y eleven su conciencia de clase, su sentimiento de dignidad nacional y su confianza en las fuerzas propias.
EI proletariado y su partido deben, sobre la base de la alianza obrero-campesina, unir a todas las capas sociales que puedan ser unidas y organizar un amplio frente único contra el imperialismo y sus lacayos. Para consolidar y ampliar este frente único, es necesario que el partido del proletariado conserve su independencia ideológica, política y de organización y mantenga firmemente su hegemonía en la revolución.
El partido proletario y el pueblo revolucionario deben dominar todas las formas de lucha, incluida la lucha armada. Deben emplear la fuerza armada revolucionaria para derrotar a la fuerza armada contrarrevolucionaria cuando el imperialismo y sus lacayos recurren a la represión armada.
Los países nacionalistas que han conquistado recientemente la independencia política aún tienen ante sí las arduas tareas de consolidar, liquidar las fuerzas del imperialismo y a los reaccionarios internos, llevar a cabo la reforma agraria y otras reformas sociales y desarrollar la economía y la cultura nacionales. Para estos países, es de vital importancia práctica mantenerse alerta y luchar contra la política neocolonialista que aplican los viejos colonialistas para preservar sus intereses y, sobre todo, contra el neocolonialismo de los Estados Unidos.
En algunos de estos países, la burguesía nacional patriótica sigue junto a las masas populares en la lucha contra el imperialismo y el colonialismo y toma algunas medidas en bien del progreso social. Esto exige que el partido del proletariado aprecie en su justo valor el papel progresista de la burguesía nacional patriótica y consolide la unidad con ella.
En algunos países recién independizados, a medida que se agudizan las contradicciones sociales internas y la lucha de clases en la palestra internacional, la burguesía, y sobre todo la gran burguesía, tiende cada vez más a entregarse al imperialismo y aplicar una política antipopular, anticomunista y contrarrevolucionaria. Esto exige que el partido del proletariado se oponga resueltamente a semejante política reaccionaria.
Por lo general, la burguesía de esos países tiene un carácter doble. El partido del proletariado, cuando establece un frente único con la burguesía, debe seguir una política tanto de unidad como de lucha. Su política debe ser la de unirse con la burguesía a medida que ésta se inclina a ser progresista, antiimperialista y antifeudal, y de luchar al mismo tiempo contra las tendencias reaccionarias de la burguesía al compromiso y colusión con el imperialismo y las fuerzas del feudalismo.
La concepción del mundo del partido proletario en relación con el problema nacional es el internacionalismo, y no el nacionalismo. En la lucha revolucionaria, el partido proletario apoya al nacionalismo progresista y se opone al nacionalismo reaccionario. Debe siempre deslindar los campos con el nacionalismo burgués, y jamás debe dejarse cautivar por éste.
La Declaración de 1960 señala: “Los comunistas denuncian los intentos que el ala reaccionaria de la burguesía hace para presentar sus estrechos intereses egoístas de clase como los intereses de toda la nación y el uso demagógico que los políticos burgueses hacen de las consignas socialistas, con los mismos fines”.
Si en el transcurso de la revolución el proletariado llega a marchar a la cola de los terratenientes y de la burguesía, será imposible la victoria real y completa de la revolución democrática nacional e incluso si se obtiene cierto tipo de victoria, será imposible consolidarla.
En el curso de la lucha revolucionaria de las naciones y pueblos oprimidos, el partido del proletariado sólo puede llevar hasta el fin la revolución democrática nacional y conducirla al camino del socialismo, si plantea independientemente su programa de lucha consecuente contra el imperialismo y los reaccionarios internos y por la independencia nacional y la democracia popular, trabaja independientemente entre las masas, desarrolla constantemente las fuerzas progresistas, se gana las fuerzas intermedias y aísla las fuerzas reaccionarias.
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10- En los países imperialistas y capitalistas, para resolver definitivamente las contradicciones de la sociedad capitalista, es indispensable realizar la revolución proletaria y la dictadura del proletariado.
En el curso del cumplimiento de esta tarea, el partido del proletariado debe, en las circunstancias actuales, dirigir activamente a la clase obrera y a los demás trabajadores en la lucha contra el capital monopolista, por la defensa de los derechos democráticos. contra el peligro del fascismo, por el mejoramiento de las condiciones de vida, contra la expansión armamentista y los preparativos bélicos del imperialismo, en defensa de la paz mundial, y en apoyo activo de las luchas revolucionarias de las naciones oprimidas.
En los países capitalistas que el imperialismo norteamericano controla o trata de controlar, la clase obrera y las masas populares dirigen su golpe principal contra el imperialismo norteamericano, así como contra la burguesía monopolista y otras fuerzas reaccionarias internas que traicionan los intereses nacionales.
Las grandes luchas de masas libradas en los países capitalistas durante los últimos años demuestran que la clase obrera y los demás trabajadores de dichos países experimentan un nuevo despertar. Sus luchas, que asestan golpes al capital monopolista y a la reacción, no sólo abren perspectivas luminosas para la causa revolucionaria en sus propios países, sino que constituyen un apoyo poderoso para la lucha revolucionaria de los pueblos asiáticos, africanos y latinoamericanos, así como para los países del campo socialista.
Al dirigir la lucha revolucionaria en los países imperialistas y capitalistas, los partidos proletarios deben mantener su independencia ideológica, política y orgánica. Al mismo tiempo, deben unir a todas las fuerzas susceptibles de ser unidas y formar un amplio frente único contra el capital monopolista y contra la política imperialista de agresión y de guerra.
Los comunistas de los países capitalistas, al dirigir activamente las luchas actuales, deben vincularlas con la lucha por los intereses de largo alcance y de la causa en su conjunto, educar a las masas en el espíritu revolucionario del marxismo-Ieninismo, elevar sin cesar su conciencia política y tomar sobre si la tarea histórica de la revolución proletaria. Proceder de otra manera, considerar que el movimiento actual es todo, determinar el comportamiento de un caso para otro, adaptarse a los acontecimientos del día y sacrificar los intereses fundamentales del proletariado, esto es pura socialdemocracia.
La socialdemocracia es una corriente ideológica burguesa. Lenin señaló hace mucho que los partidos socialdemócratas son destacamentos políticos de la burguesía, sus agentes en el movimiento obrero y su principal pilar social. Los comunistas deben, en todo momento, deslindar claramente los campos con los partidos socialdemócratas en el problema fundamental de la revolución proletaria y de la dictadura del proletariado, y eliminar la influencia ideológica de la socialdemocracia en el movimiento obrero internacional y entre las masas obreras de los diversos países. Sin duda alguna, deben conquistar a las masas que se hallan bajo la influencia de los partidos socialdemócratas, y ganarse a los elementos izquierdistas e intermedios de dichos partidos que estén dispuestos a luchar contra el capital monopolista doméstico y el control del imperialismo extranjero y deben desplegar amplias acciones conjuntas con ellos en las luchas cotidianas del movimiento obrero y en la lucha por la defensa de la paz mundial.
A fin de dirigir al proletariado y a las demás masas trabajadoras en la revolución. Los partidos marxistas-leninistas deben dominar todas las formas de lucha y saber sustituir rápidamente una forma por otra, según cambien las condiciones de lucha. El destacamento de vanguardia del proletariado sólo será invencible en todas las circunstancias, si domina todas las formas de lucha, pacifica y armada, abierta y secreta, legal e ilegal, parlamentaria y de masas, etc. Es erróneo negarse a utilizar la forma parlamentaría y otras formas legales de lucha cuando es posible y necesario utilizarlas. Sin embargo, si un partido marxista-leninista incurre en el cretinismo parlamentario o legalismo, limitando su lucha al marco de lo permitido por la burguesía, desembocará inevitablemente en la renuncia a la revolución proletaria y a la dictadura del proletariado.
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11- Respecto al problema de la transición del capitalismo al socialismo, el partido del proletariado debe partir del punto de vista de la lucha de clases y de la revolución, y apoyarse en la doctrina marxista-leninista sobre la revolución proletaria y la dictadura del proletariado.
Los comunistas preferirían siempre realizar la transición al socialismo por vía pacífica. Sin embargo, ¿se puede hacer de la transición pacífica un principio nuevo de la estrategia mundial del movimiento comunista internacional? No, de ninguna manera.
El marxismo-leninismo ha sostenido siempre que el problema fundamental de toda revolución es el problema del Poder estatal.
Tanto la Declaración de 1957 como la de 1960 señalan con claridad: “El leninismo enseña —y la experiencia histórica lo confirma— que las clases dominantes no ceden voluntariamente el Poder”. Ningún gobierno reaccionario se vendrá abajo ni siquiera en tiempos de crisis si no se le empuja. Esta es una ley general de la lucha de clases.
Marx y Lenin plantearon, en determinadas condiciones históricas, la cuestión de la posibilidad del desarrollo pacífico de la revolución. Pero, como lo señaló Lenin, el desarrollo pacífico de la revolución es “una posibilidad extremadamente rara en la historia de las revoluciones”.
De hecho, no hay ningún precedente de transición pacífica del capitalismo al socialismo en la historia mundial.
Algunos dicen que no había ningún precedente cuando Marx predijo que el socialismo reemplazaría inevitablemente al capitalismo. ¿Por qué, preguntan, no podemos predecir, aunque no haya precedente alguno, una transición pacífica del capitalismo al socialismo?
Semejante paralelo es absurdo. Marx, basándose en el materialismo dialéctico e histórico, analizó las contradicciones de la sociedad capitalista, descubrió las leyes objetivas del desarrollo de la sociedad humana y llegó a una conclusión científica, en tanto que los profetas que depositan todas sus esperanzas en la “transición pacífica”, parten del idealismo histórico, borran las contradicciones más fundamentales de la sociedad capitalista, repudian la doctrina marxista-leninista sobre la lucha de clases y llegan a una conclusión subjetiva e infundada. ¿Cómo pueden obtener ayuda de Marx los que repudian el marxismo?
En la actualidad es evidente para todo el mundo que los países capitalistas están fortaleciendo su aparato estatal, y en particular su aparato militar, lo cual tiene como propósito, antes que nada, reprimir a los pueblos de sus propios países.
El partido del proletariado no debe en absoluto basar su pensamiento, su política para la revolución y todo su trabajo en la suposición de que el imperialismo y los reaccionarios están dispuestos a aceptar la transformación pacífica.
El partido del proletariado debe prepararse para dos eventualidades, es decir, mientras se preparan para un desarrollo pacífico de la revolución, tiene que prepararse plenamente para un desarrollo no pacifico. Debe concentrar su principal atención en la ardua tarea de acumular fuerzas revolucionarias y prepararse para conquistar la victoria de la revolución cuando las condiciones estén maduras, o para dar duros contragolpes al imperialismo y a la reacción cuando éstos lancen ataques sorpresivos y acometidas armadas.
Si el partido del proletariado no se prepara de esta manera, paralizará la voluntad revolucionaria del proletariado, se desarmará ideológicamente, se encontrará completamente desprevenido y pasivo tanto en lo político como en materia de organización y, por consiguiente, arruinará la causa revolucionaria del proletariado.
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12- Las revoluciones sociales en las distintas etapas de la historia de la humanidad son históricamente inevitables y se rigen por leyes objetivas, independientes de la voluntad del hombre. La historia demuestra que no ha habido ninguna revolución que haya podido coronarse con la victoria sin recodos en el camino ni sacrificios.
La tarea del partido del proletariado reside en analizar, sobre la base de la teoría marxista-leninista las condiciones históricas concretas, plantear una estrategia y una táctica correctas, y conducir a las masas populares a sortear los escollos, evitar sacrificios innecesarios y llegar a la meta, paso a paso. ¿Es posible evitar todo sacrificio? Este no es el caso ni en las revoluciones de los esclavos, ni en las revoluciones de los siervos, ni en las revoluciones burguesas, ni en las revoluciones nacionales; ni tampoco es así en las revoluciones proletarias. Aun cuando la línea de dirección de la revolución sea correcta, es imposible garantizar completamente que no se sufran ciertos reveses y sacrificios en el curso de la revolución. Pero siempre que se mantenga firmemente una línea correcta, la revolución se coronará finalmente con la victoria; renunciar a la revolución so pretexto de evitar los sacrificios, significa en realidad condenar al pueblo para siempre a la esclavitud y a infinitos sufrimientos y sacrificios.
El abecé del marxismo-leninismo nos enseña que el parto de una revolución es, en fin de cuentas, mucho menos doloroso que el sufrimiento crónico en la vieja sociedad. Lenin tenía razón cuando decía que el orden capitalista, “impone constante e inevitablemente, aun en el curso más pacífico de los acontecimientos, incontables sacrificios a la clase obrera”[3].
No es en absoluto revolucionario quien considera que sólo se puede hacer la revolución si todo marcha viento en popa y si hay una garantía previa contra todo sacrificio y fracaso.
Por difíciles que sean las condiciones y cualesquiera que sean los sacrificios y derrotas en la revolución, los revolucionarios proletarios deben educar a las masas en el espíritu revolucionario y mantener firmemente la bandera revolucionaria en vez de abandonarla.
Sería aventurerismo de “izquierda” que el partido del proletariado iniciara imprudentemente una revolución cuando no están aún maduras las condiciones objetivas. Y sería oportunismo de derecha que el partido proletario no se atreviera a dirigir la revolución y a conquistar el Poder estatal cuando están maduras las condiciones.
Aun en tiempos ordinarios, el partido del proletariado, mientras dirige a las masas en la lucha cotidiana, debe efectuar la preparación ideológica, política y orgánica de sus propias filas y de las masas populares para la revolución y hacer avanzar la lucha revolucionaria, a fin de no perder la oportunidad para derrocar la dominación reaccionaria y establecer un nuevo Poder estatal cuando estén maduras las condiciones para la revolución. De otro modo, aun cuando estén maduras las condiciones objetivas, el partido proletario dejará simplemente escapar la oportunidad de conquistar la victoria de la revolución.
El partido del proletariado debe mantener invariablemente un elevado espíritu de principio, también debe ser flexible y acordar a veces los compromisos que sean necesarios en interés de la revolución. Pero no se debe renunciar nunca a la política de principio y a los objetivos de la revolución so pretexto de flexibilidad y de compromisos necesarios.
El partido del proletariado debe dirigir a las masas populares en la lucha contra los enemigos y saber utilizar las contradicciones entre ellos. Pero la utilización de estas contradicciones tiene como propósito alcanzar con mayor facilidad los objetivos de la lucha revolucionaria del pueblo, y no anular esta lucha.
Incontables hechos han demostrado que dondequiera que exista la tenebrosa dominación del imperialismo y, de los reaccionarios, el pueblo, que constituye más del noventa por ciento de la población, se levantará, de todas maneras, para hacer la revolución.
Si los comunistas se apartan de las demandas revolucionarias de las masas populares, perderán infaliblemente la confianza de las masas y el torrente revolucionario los dejará atrás.
Si la dirección de un partido adopta una línea no revolucionaria y convierte su partido en un partido reformista, su lugar en la revolución será ocupado por los marxistas-leninistas que haya dentro y fuera del partido, los cuales dirigirán al pueblo en la revolución; o, en otras circunstancias, los revolucionarios burgueses se presentarán a dirigir la revolución y el partido del proletariado perderá su hegemonía en la revolución. Y cuando la burguesía reaccionaria traicione a la revolución y reprima al pueblo, la línea oportunista causará a los comunistas y a las masas revolucionarias sacrificios trágicos e innecesarios.
Si los comunistas se deslizan por el camino del oportunismo, degenerarán en nacionalistas burgueses y en apéndices del imperialismo y de la burguesía reaccionaria.
(…)
Se han conocido en estos últimos años muchas experiencias y lecciones en el movimiento comunista internacional y en el movimiento de liberación nacional. Hay experiencias que merecen elogios, y las hay que nos duelen. Los comunistas y pueblos revolucionarios de todos los países deben reflexionar y examinar concienzudamente estas experiencias de éxito y de fracaso para sacar de ellas conclusiones correctas y lecciones útiles.
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13- Los países socialistas y las luchas revolucionarias de los pueblos y naciones oprimidos del mundo se apoyan y ayudan mutuamente.
El movimiento de liberación nacional de Asia, África y América Latina y el movimiento revolucionario de los pueblos de los países capitalistas, prestan un poderoso apoyo a los países socialistas. Negar esto es completamente erróneo.
Con relación a la lucha revolucionaria de los pueblos y naciones oprimidos, los países socialistas no deben adoptar sino una actitud de cálida simpatía y de apoyo activo; no deben jamás salir del paso guardando sólo las apariencias, ni dar muestras de egoísmo nacional o de chovinismo de gran nación.
Lenin dijo: “Alianza con los revolucionarios de los países adelantados y con todos los pueblos oprimidos, contra todos los imperialistas —tal es la política exterior del proletariado”. Va en contra del marxismo-leninismo y del internacionalismo proletario quien no entiende esto y considera como una carga o como un favor el apoyo y la ayuda que prestan los países socialistas a los pueblos y naciones oprimidos.
La superioridad del sistema socialista y los éxitos de los países socialistas en su edificación, desempeñan un papel ejemplar y alentador para los pueblos y naciones oprimidos.
Sin embargo, este papel ejemplar y alentador no puede, ni mucho menos, reemplazar la lucha revolucionaria de los pueblos y naciones oprimidos. Todos ellos pueden conquistar la liberación sólo mediante su propia y decidida lucha revolucionaria.
Hay quienes exageran unilateralmente el papel de la emulación pacífica entre los países socialistas y los países imperialistas, y tratan de sustituir por la emulación pacífica la lucha revolucionaria de todos los pueblos y naciones oprimidos. Según su prédica, parece que el imperialismo se derrumbara automáticamente en esta emulación pacífica, y que todos los pueblos y naciones oprimidos no les queda más que aguardar pasivamente la llegada de ese día. ¿Qué tiene esto de común con los puntos de vista marxistas-leninistas?
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14- En los últimos años. se ha hablado mucho, y más que suficiente, del problema de la guerra y la paz. (…)
Lenin dijo: “Me parece que lo principal, lo que usualmente olvidaba la gente en el problema de la guerra, a lo que presta insuficiente atención, lo principal, por lo que se sostienen tantos debates, y, quizás, lo diría yo, debates vacuos, estériles y carentes de objeto, es el problema acerca de qué carácter de clase reviste la guerra, por qué motivo ha estallado, qué clases la hacen y qué condiciones históricas e histórico-económicas la han originado”[4].
A juicio de los marxistas-leninistas, la guerra es la continuación de la política por otros medios, y toda guerra es inseparable del sistema político y de las luchas políticas que la engendran. Quien se aparte de esta tesis científica del marxismo-leninismo, comprobada por toda la historia de la lucha de clases en el mundo, no podrá comprender jamás ni el problema de la guerra ni el de la paz.
Hay diferentes clases de paz y diferentes clases de guerras. Los marxistas-leninistas deben tener en claro de qué clase de paz y de qué clase de guerra se trata. Confundir las guerras justas con las injustas y oponerse a todas ellas sin hacer distinción alguna, es un punto de vista pacifista burgués y no marxista-leninista.
Hay quienes afirman que las revoluciones son completamente posibles aun sin guerra. ¿de qué clase de guerra se trata? ¿una guerra de liberación nacional, una guerra civil revolucionaria o una guerra mundial?
Si se alude a la guerra de liberación nacional y a la guerra civil revolucionaria, esta afirmación está dirigida en realidad contra las guerras revolucionarias, o sea, contra las revoluciones.
Si se alude a una guerra mundial, semejante insinuación es como un tiro a un blanco inexistente. Aunque los marxistas-leninistas han señalado, sobre la base de la historia de las dos guerras mundiales el hecho de que las guerras mundiales conducen inevitablemente a la revolución, ningún marxista-leninista ha sostenido ni sostendrá jamás que la revolución es imposible sin una guerra mundial.
Los marxistas-leninistas se proponen como su ideal la eliminación de las guerras y están convencidos de que las guerras podrán ser eliminadas.
Sin embargo ¿cómo se pueden eliminar las guerras?
Lenin lo expuso así: “Nuestro objetivo es lograr el sistema social socialista, que al eliminar la división de la humanidad en clases, al eliminar toda explotación del hombre por el hombre y de una nación por otras naciones, inevitablemente eliminará toda posibilidad de guerra en general”[5].
La Declaración de 1960 señala también con toda claridad: “La victoria del socialismo en el mundo entero suprimirá definitivamente las causas sociales y nacionales del surgimiento de las guerras de toda índole”.
Algunas personas han llegado ahora a considerar que es posible hacer realidad un “mundo sin armas, sin ejércitos y sin guerras” mediante el “desarme general y completo” en condiciones en que aún existen el imperialismo y el sistema de la explotación del hombre por el hombre. Se trata de una ilusión completamente irrealizable.
El abecé del marxismo-leninismo nos enseña que el ejército es la parte principal de la máquina estatal y que el llamado mundo sin armas y sin ejército sólo puede ser un mundo sin Estados. Lenin dijo: “Sólo después de haber desarmado a la burguesía podrá el proletariado, sin traicionar su misión histórico-mundial, convertir en chatarra toda clase de armas en general, y así lo hará indudablemente el proletariado, pero sólo entonces; de ningún modo antes”[6].
Ahora bien, ¿cuál es la realidad en el mundo? ¿Dónde se encuentra el menor indicio de que los países imperialistas, con los EE.UU. a la cabeza, estén dispuestos a realizar el desarme general y completo? ¿Acaso no están entregados todos ellos a una expansión armamentista general y completa?
Hemos considerado siempre que, con el propósito de denunciar y combatir la expansión armamentista y los preparativos bélicos del imperialismo, es necesario plantear la demanda de desarme universal. Por medio de la lucha conjunta de los países del campo socialista y de todos los pueblos del mundo, es posible obligar a los imperialistas a aceptar cierto tipo de acuerdo sobre el desarme.
Si se considera el desarme general y completo como el camino fundamental de la lucha por la paz mundial, si se difunde la ilusión de que el imperialismo puede deponer voluntariamente las armas, y si se anula, so pretexto del desarme, la lucha revolucionaria de los pueblos y naciones oprimidos, esto significa engañar deliberadamente a los pueblos del mundo y ayudar a los imperialistas a aplicar su política de agresión y de guerra.
A fin de terminar con la actual confusión ideológica en el movimiento obrero internacional respecto al problema de la guerra y la paz, consideramos que estas tesis de Lenin, abandonadas por los revisionistas contemporáneos, deben restaurarse en interés de la lucha contra la política imperialista de agresión y de guerra y en defensa de la paz mundial.
La prevención de una nueva guerra mundial es una exigencia universal de los pueblos del mundo. Es posible conjurar una nueva guerra mundial.
La cuestión ahora es: ¿cuál debe ser el camino de la lucha por la paz mundial? Desde el punto de vista leninista, la paz mundial sólo puede ser conseguida mediante la lucha de todos los pueblos del mundo y no con súplicas a los imperialistas. Sólo es posible defender con eficacia la paz mundial apoyándose en el desarrollo de las fuerzas del campo socialista, en la lucha revolucionaria del proletariado y los demás trabajadores de todos los países, en la lucha de la liberación de las naciones oprimidas y en la lucha de todos los pueblos y países amantes de la paz.
En esto consiste la política leninista. Toda política que vaya en contra de esto no puede conducir de ninguna manera a la paz mundial, sino que sólo puede estimular las ambiciones de los imperialistas y aumentar el peligro de una guerra mundial.
En los últimos años, algunas personas han venido difundiendo el argumento de que una simple chispa de la guerra de liberación nacional o de la guerra revolucionaria popular puede conducir a una conflagración mundial que destruirá a toda la humanidad. ¿Qué demuestran los hechos? Exactamente lo contrario: las numerosas guerras de liberación nacional y guerras revolucionarias populares que ha habido después de la Segunda Guerra Mundial no han conducido a una guerra mundial. Las victorias de estas guerras revolucionarias debilitan directamente la fuerza del imperialismo y robustecen considerablemente las fuerzas que impiden al imperialismo desencadenar una guerra mundial y que defienden la paz mundial. ¿Acaso no demuestran los hechos lo absurdos que son semejantes argumentos?
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15- La prohibición completa y la destrucción total de las armas nucleares constituyen una tarea importante en la lucha por la paz mundial debemos esforzarnos al máximo para este fin.
Las armas nucleares tienen una capacidad destructiva sin precedentes, y he aquí por qué los imperialistas norteamericanos aplican, desde hace más de diez años, la política de chantaje nuclear, tratando de realizar de esta manera su ambición de esclavizar a los pueblos de todos los países y establecer su dominación mundial.
Pero al amenazar con armas nucleares a otros países, los imperialistas también colocan a los pueblos de sus propios países bajo semejante amenaza y así los empujan a levantarse contra las armas nucleares y la política imperialista de agresión y de guerra. Al mismo tiempo, cuando los imperialistas intentan destruir con armas nucleares a adversarios, se colocan de hecho a sí mismos en posición de ser destruidos.
Existe de veras la posibilidad de lograr la prohibición de las armas nucleares. Sin embargo, si los imperialistas se ven obligados a aceptar un acuerdo sobre la prohibición de dichas armas, no lo harán de ninguna manera por su “amor” a la humanidad, sino bajo la presión de los pueblos de todos los países y en consideración a sus propios intereses.
En oposición a los imperialistas, los países socialistas se apoyan en las justas fuerzas del pueblo y en su propia política acertada, y no necesitan en absoluto apostar a las armas nucleares para jugar en la arena internacional. Si los países socialistas poseen armas nucleares, es única y exclusivamente para defenderse e impedir que los imperialistas desaten una guerra nuclear.
A juicio de los marxistas-leninistas, el pueblo es el creador de la historia. En todo el curso de la historia. el hombre fue y sigue siendo el factor decisivo. Los marxistas-leninistas dan importancia al papel que desempeñan los cambios en el campo de la técnica, pero es erróneo empequeñecer el papel del hombre y exagerar el de la técnica.
La aparición de las armas nucleares no puede detener el avance de la historia de la humanidad ni salvar el sistema imperialista de su ruina, al igual que la aparición en la historia de tal o cual técnica nueva no pudo salvar ni un solo sistema decrépito de su ruina.
La aparición de las armas nucleares no ha resuelto ni puede resolver las contradicciones fundamentales del mundo contemporáneo, no ha alterado ni puede alterar la ley de la lucha de clases, y no ha cambiado ni puede cambiar la naturaleza del imperialismo y de todos los reaccionarios.
Por lo tanto, no se puede afirmar que, con la aparición de las armas nucleares, han desaparecido la posibilidad y la necesidad de las revoluciones sociales y nacionales, y han quedado anticuadas y se han convertido en “dogmas” gastados las tesis fundamentales del marxismo-leninismo, especialmente la tesis de la revolución proletaria y de la dictadura del proletariado y la de la guerra y la paz.
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16- Fue Lenin quien formulo la tesis de que los países socialistas pueden practicar la coexistencia pacífica con los países capitalistas. Como es sabido de todos, después de que el gran pueblo soviético rechazó la intervención armada extranjera, el Partido Comunista de la Unión Soviética y el Gobierna soviético, bajo la dirección de Lenin, y luego bajo la de Stalin, siguieron consecuentemente la política de coexistencia pacífica, y el pueblo soviético sólo se vio obligado a emprender una guerra en defensa propia cuando los imperialistas alemanes lanzaron el ataque a la Unión Soviética.
Desde su proclamación, la República Popular China ha seguido también invariablemente la política de coexistencia pacífica con países de sistemas sociales diferentes, y ha sido China la iniciadora de los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica.
(…)
El principio de coexistencia pacífica de Lenin es bien claro y de fácil comprensión para la gente sencilla. La coexistencia pacífica se refiere a las relaciones entre los países con distintos sistemas sociales, y nadie puede interpretarla según le convenga. La coexistencia pacífica no debe extenderse jamás a las relaciones entre las naciones oprimidas y las naciones opresoras, entre los países oprimidos y los países opresores o entre las clases oprimidas y las clases opresoras; no debe considerarse jamás como el contenido principal de la transición del capitalismo al socialismo, y aun menos como el camino de la humanidad hacia el socialismo. La razón consiste en que una cosa es la coexistencia pacífica entre países con distintos sistemas sociales, en la cual ninguno de los países coexistentes puede, ni se le permite, tocar ni siquiera un solo pelo del sistema social de los otros, y otra cosa es la lucha de clases, la lucha de liberación nacional y la transición del capitalismo al socialismo en los diversos países, que son luchas revolucionarias, enconadas, a muerte, encaminadas a cambiar el sistema social. La coexistencia pacífica no puede, de ninguna manera, hacer las veces de la lucha revolucionaria de los pueblos. La transición del capitalismo al socialismo en cualquier país solo puede realizarse mediante la revolución proletaria y la dictadura del proletariado en ese mismo país.
En el proceso de aplicación de la política de coexistencia pacífica, existen inevitablemente luchas entre los países socialistas y los países imperialistas en los terrenos político, económico e ideológico, y es absolutamente imposible una cooperación general.
Es necesario que los países socialistas realicen negociaciones de uno u otro tipo con los países imperialistas. Contando con una política acertada de los países socialistas y la presión de las masas populares de todos los países, es posible que se llegue a ciertos acuerdos mediante negociaciones. Sin embargo, los compromisos necesarios entre los países socialistas y los países imperialistas no exigen que los pueblos y naciones oprimidos contraigan, a su vez compromisos con el imperialismo y sus lacayos. Nadie debe exigir, en ninguna circunstancia, so pretexto de la coexistencia pacífica, que los pueblos y naciones oprimidos renuncien a su lucha revolucionaria.
La aplicación de la política de coexistencia pacífica por los países socialistas contribuye a crear un medio internacional pacífico para la construcción del socialismo, a desenmascarar la política imperialista de agresión y de guerra y a aislar las fuerzas imperialistas de agresión y de guerra. Pero si la línea general de la política exterior de los países socialistas se limita a la coexistencia pacífica, es imposible resolver correctamente los problemas de las relaciones entre los países socialistas ni los problemas de las relaciones entre los países socialistas y los pueblos y naciones oprimidos. Por consiguiente, es erróneo hacer de la coexistencia pacífica la línea general de la política exterior de los países socialistas.
A nuestro juicio, la línea general de la política exterior de los países socialistas debe tener el siguiente contenido: desarrollar las relaciones de amistad, ayuda mutua y cooperación entre los países del campo socialista de acuerdo con el principio del internacionalismo proletario, esforzarse por realizar la coexistencia pacífica con países de distintos sistemas sociales sobre la base de los Cinco Principios[7], y oponerse a la política imperialista de agresión y de guerra; apoyar la lucha revolucionaria de todos los pueblos y naciones oprimidos. Estos tres aspectos están relacionados entre sí y son inseparables, y ninguno de ellos puede ser omitido.
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17- La continuación de la lucha de clases durante un largo período histórico después de la toma del Poder por el proletariado, constituye una ley objetiva, independiente de la voluntad del hombre, sólo que la forma de la lucha de clases difiere de lo que era antes de la toma de Poder.
Después de la Revolución de Octubre, Lenin señaló en repetidas ocasiones:
- a) Los explotadores derrocados tratan siempre, y en mil formas, de recobrar el “paraíso” que les ha sido arrebatado.
- b) En la atmósfera pequeñoburguesa, se engendran constantemente, por un proceso espontáneo, nuevos elementos capitalistas.
- c) Debido a la influencia burguesa, así como al cerco y la actividad corruptora del ambiente pequeñoburgués, también pueden surgir elementos degenerados, o nuevos burgueses, en las filas de la clase obrera y entre los funcionarios de las instituciones del Estado.
- d) El cerco capitalista internacional, la amenaza de intervención armada y las intrigas de descomposición pacífica por parte del imperialismo, constituyen las condiciones exteriores de la continuación de la lucha de clases en los países socialistas.
La vida ha confirmado estas conclusiones de Lenin.
En ningún país socialista, aunque hayan pasado decenios e incluso más tiempo después de la industrialización socialista y la colectivización de la agricultura, puede decirse que ya no existen lacayos, burgueses, parásitos, especuladores, pillos, tunantes, maleantes, desfalcadores de fondos públicos y otros elementos por el estilo, gentes que Lenin denunció con energía y en repetidas ocasiones; ni tampoco se puede decir que a los países socialistas ya no les haga falta cumplir o que ya les sea posible abandonar la tarea, planteada por Lenin, de “vencer ese contagio, esa peste, esa llaga que el socialismo hereda del capitalismo”.
En los países socialistas, se requiere un largo período histórico para resolver gradualmente la cuestión de “quién vencerá a quién: el socialismo o el capitalismo”. La lucha entre el camino del socialismo y el del capitalismo abarca todo este período histórico. Esta lucha a veces se intensifica y a veces se calma, transcurre a modo de ondas, y en ocasiones incluso se vuelve muy violenta. Sus formas son variadas.
La Declaración de 1957 dice muy bien: “para la clase obrera, la toma del poder no es más que el comienzo de la revolución, y no su coronamiento”.
Es erróneo y contrario a la realidad objetiva y al marxismo-leninismo negar la existencia de la lucha de clases en el período de la dictadura del proletariado y negar la necesidad de llevar hasta el fin la revolución socialista en los frentes económicos, político e ideológico.
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18- Tanto Marx como Lenin sostenían que todo el periodo anterior a la entrada en la fase superior de la sociedad comunista, es el período de transición del capitalismo al comunismo, el período de la dictadura del proletariado. En este período de transición, la dictadura del proletariado, o sea, el Estado proletario, pasa por un proceso dialéctico de establecimiento. consolidación, fortalecimiento y extinción gradual.
En la Critica del Programa de Gotha, Marx planteó la cuestión como sigue:
“Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media el período de la transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde también un período político de transición, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado”[8].
Lenin subrayaba con frecuencia la gran teoría de Marx sobre la dictadura del proletariado, y analizó el desarrollo de esta teoría particularmente en su gran obra El Estado y la Revolución, en que escribió:
“… La transición de la sociedad capitalista, que se desenvuelve hacia el comunismo, a la sociedad comunista, es imposible sin un ‘período político de transición’, y el Estado de este período no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado” .
Añadió:
“La esencia de la teoría de Marx sobre el Estado sólo la asimila quien haya comprendido que la dictadura de una clase es necesaria, no sólo para toda sociedad de clases en general, no sólo para el proletariado después de derrocar a la burguesía, sino también para todo el período histórico que separa al capitalismo de la ‘sociedad sin clases’, del comunismo”.
Como se expone más arriba, la tesis fundamental de Marx y Lenin es: la dictadura del proletariado existe inevitablemente a lo largo de todo el período histórico de transición del capitalismo al comunismo, o sea, hasta la abolición de todas las diferencias de clase y la entrada en una sociedad sin clases, hasta la entrada en la fase superior de la sociedad comunista.
¿Qué sucederá si a medio camino se declara que ya deja de ser necesaria la dictadura del proletariado?
¿Acaso esto no contradice radicalmente la doctrina de Marx y Lenin sobre el Estado de la dictadura del proletariado?
¿Acaso esto no significa dar libre curso al desarrollo de “ese contagio, esa peste, esa llaga que el socialismo hereda del capitalismo?”
En una palabra, esto conduciría a consecuencias extremadamente graves, y no se podría ni hablar de la transición al comunismo.
¿Puede haber un “Estado de todo el pueblo”? ¿Será posible sustituir el Estado de dictadura del proletariado por un “Estado de todo el pueblo?”
Este no es un problema interno de tal o cual país, sino un problema fundamental que atañe a la verdad universal del marxismo-leninismo.
Desde el punto de vista de los marxistas-leninista, no existe ningún Estado que no sea de clase o que esté por encima de las clases. Mientras el Estado permanezca como Estado, debe revestir invariablemente un carácter de clase; mientras exista el Estado, no podrá ser de “todo el pueblo”. Tan pronto como la sociedad quede sin clases, dejará de existir el Estado.
Ahora bien, ¿qué cosa es el “Estado de todo el pueblo?”.
Todo el que tenga un conocimiento elemental del marxismo-Ieninismo sabe que el llamado “Estado de todo el pueblo” no es nada nuevo. Los representantes de la burguesía siempre llaman al Estado burgués “Estado de todo el pueblo” o “Estado cuyo Poder pertenece a todo el pueblo”.
Algunos dirán que la suya ya es una sociedad sin clases. Nosotros contestamos: nada de eso; existen clases y luchas de clases en todos los países socialistas, sin ninguna excepción.
Puesto que aún existen remanentes de las antiguas clases explotadoras, deseosos de llevar a cabo la restauración, puesto que nacen constantemente nuevos elementos burgueses, y puesto que existen aún parásitos, especuladores, tunantes, maleantes, descalcadores de fondos públicos, etc., ¿cómo se puede decir que no hay clases y lucha de clases? ¿Cómo se puede decir que ha dejado de ser necesaria la dictadura del proletariado?
El marxismo-leninismo nos enseña que la dictadura del proletariado, al realizar su misión histórica además de reprimir a las clases hostiles, debe, en el curso de la construcción socialista, resolver de manera acertada los problemas de las relaciones entre la clase obrera y el campesinado, consolidar su alianza política y económica y crear condiciones para la eliminación gradual de las diferencias de clase entre los obreros y los campesinos.
Desde el punto de vista de la base económica de la sociedad socialista, existen en todos los países socialistas sin excepción diferencias en las formas de propiedad, es decir, existen la propiedad de todo el pueblo y la propiedad colectiva; también existe aún la propiedad individual. La propiedad de todo el pueblo y la propiedad colectiva son dos tipos de relaciones de producción en la sociedad socialista. Los obreros que trabajan en las empresas de propiedad de todo el pueblo y los campesinos que trabajan en las granjas de propiedad colectiva, pertenecen a distintas categorías de trabajadores en la sociedad socialista. Por lo tanto, existen en todos los países socialistas sin excepción diferencias de clase entre los obreros y los campesinos. Estas diferencias solo desaparecerán cuando se llegue a la fase superior del comunismo. En la actualidad, a juzgar por el nivel de su desarrollo económico, todos los países socialistas están aún lejos, muy lejos, de la fase superior del comunismo en que se aplicará el principio: “de cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades”. Así pues, se requiere todavía un período largo, muy largo, para eliminar las diferencias de clase entre los obreros y los campesinos. Y, mientras no hayan sido eliminadas estas diferencias de clase, es imposible decir que la sociedad es una sociedad sin clases y que ha dejado de ser necesaria la dictadura del proletariado.
Calificar un Estado socialista de “Estado de todo el pueblo” ¿no significa acaso sustituir la doctrina marxista-leninista del Estado por la doctrina burguesa del Estado? ¿No es un intento de sustituir el Estado de dictadura del proletariado por un Estado de otro carácter?
Si es así, esto no puede significar sino una gran regresión en el curso del desarrollo histórico. (…)
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19- El leninismo entiende que, en los países socialistas, el partido del proletariado debe existir a la par que la dictadura del proletariado y durante todo el período histórico de la dictadura del proletariado, el partido del proletariado es indispensable. Esto se explica porque, sin la dirección de tal partido, la dictadura del proletariado no está en condiciones de llevar a cabo la lucha contra los enemigos del proletariado y del pueblo, reeducar a los campesinos y demás pequeños productores, consolidar constantemente las filas del proletariado, construir el socialismo y realizar la transición al comunismo.
¿Puede haber un “partido de todo el pueblo”? ¿Será posible sustituir al partido del proletariado, la vanguardia de éste, por un “partido de todo el pueblo”?
Este no es tampoco un problema interno de tal o cual partido, sino un problema fundamental que atañe a la verdad universal del marxismo-leninismo.
A juicio de los marxistas-leninistas, no hay ningún partido que no sea de clase o que esté por encima de las clases. Todos los partidos políticos tienen un carácter de clase. El espíritu de partido es la expresión concentrada del carácter de clase.
El partido del proletariado es el único partido capaz de representar los intereses de todo el pueblo. Es capaz de hacerlo precisamente porque representa los intereses del proletariado y encarna sus ideas y voluntad. Es capaz de dirigir a todo el pueblo porque el proletariado puede liberarse definitivamente a si mismo sólo con la emancipación de toda la humanidad, porque, por su naturaleza de clase, sabe enfocar los problemas desde el punto de vista del proletariado y en función de sus intereses presentes y futuros, porque es infinitamente fiel al pueblo y está imbuido del espíritu de autosacrificio y porque, gracias a todo esto, se establecen en su seno el centralismo democrático y la disciplina férrea. Sin un partido de este tipo, es imposible mantener la dictadura del proletariado ni representar los intereses de todo el pueblo.
¿Qué sucederá si a medio camino, antes de entrar en la fase superior de la sociedad comunista, se declara que el partido del proletariado se ha convertido en un “partido de todo el pueblo”, y se niega su carácter proletario?
¿Acaso esto no contradice radicalmente la doctrina de Marx y Lenin sobre el partido del proletariado?
¿Acaso esto no significa desarmar, en materia de organización y moralmente, al proletariado y a todos los trabajadores y prestar un servicio a la restauración del capitalismo?
Hablar de transición a la sociedad comunista en estas circunstancias ¿no equivale acaso a “ir al Sur en un carro orientado hacia el Norte?”
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20- Desde hace unos años, algunos, violando la teoría integra de Lenin sobre la relación entré jefes. partido, clase y masas, han planteado la llamada “lucha contra el culto a la personalidad”: eso es erróneo y perjudicial.
La teoría de Lenin es como sigue:
1. Las masas se dividen en clases:
2. Las clases están generalmente dirigidas por partidos políticos;
3. A los partidos políticos los dirigen, por regla general, grupos más o menos estables de las personas más autorizadas, influyentes, expertas, elegidas para los cargos más responsables y que se llaman jefes.
Lenin dijo: “todo esto es el abecé” …
El partido del proletariado es Estado Mayor revolucionario y combativo del proletariado. Todo partido proletario debe practicar el centralismo basado en la democracia y formar una fuerte dirección marxista-leninista antes de poder erigirse en vanguardia organizada y combativa. Plantear la llamada “lucha contra el culto a la personalidad” es en realidad contraponer los jefes a las masas, socavar la dirección única del partido basada en el centralismo democrático, debilitar la fuerza combativa del partido y desintegrar sus filas.
Lenin criticó los puntos de vista erróneos que contraponen los jefes a las masas. Dijo que esto “es un absurdo ridículo y una imbecilidad”.
El Partido Comunista de China siempre se ha opuesto a exagerar el papel del individuo, ha defendido y aplicado persistentemente el centralismo democrático dentro del Partido, y ha abogado por la ligazón de la dirección con las masas, considerando que, para dirigir con acierto, hay que saber sintetizar las opiniones de las masas.
Algunos vienen efectuando intensamente la llamada “lucha contra el culto a la personalidad”, cuando en realidad hacen todo lo posible para denigrar el partido proletario y la dictadura del proletariado. Al mismo tiempo, no se les escapa ningún medio para ensalzar el papel de ciertos individuos, achacando a otros todos los errores y atribuyéndose todos los éxitos a sí mismos.
Aún más grave es que, so pretexto de la “lucha contra el culto a la personalidad”, algunos intervengan burdamente en los asuntos internos de otros partidos y países hermanos, y cambien a la fuerza la composición de la dirección de otros partidos hermanos a fin de imponerles su propia línea errónea. ¿Qué es todo esto sino chovinismo de gran nación, sectarismo, escisionismo y actividad subversiva?
Ya es tiempo de hacer una propaganda seria y completa de la teoría íntegra de Lenin sobre la relación entre jefes, partido, clase y masas.
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21- Las relaciones entre los países socialistas son relaciones internacionales de nuevo tipo. Las relaciones entre los países socialistas, sean éstos grandes o pequeños, económicamente más desarrollados o menos desarrollados, deben basarse en los principios de la plena igualdad, del respeto a la integridad territorial, del respeto a la soberanía estatal y la independencia y de la no injerencia de unos en los asuntos internos de otros; deben basarse también en los principios del apoyo recíproco y la ayuda mutua dentro del espíritu del internacionalismo proletario.
En su construcción, cada país socialista debe apoyarse principalmente en sus propios esfuerzos.
De acuerdo con sus propias condiciones concretas, cada país socialista debe apoyarse, ante todo, en el trabajo tenaz y el ingenio de su propio pueblo, utilizar plenamente y de modo planificado todos sus recursos disponibles y poner en juego todo su potencial en la construcción socialista. Sólo de esta manera puede construir el socialismo con alta eficacia y desarrollar rápidamente su economía.
Sólo de este modo puede cada país socialista fortalecer el poderío del campo socialista en su conjunto y aumentar su fuerza para prestar ayuda a la causa revolucionaria del proletariado internacional; por lo tanto, aplicar en la construcción el principio de apoyarse principalmente en los propios esfuerzos es la expresión concreta del internacionalismo proletario.
Si un país socialista, partiendo tan sólo de sus intereses particulares, exige unilateralmente que otros países hermanos se supediten a las necesidades de él y, so pretexto de oponerse a la llamada “edificación en el aislamiento” y al llamado “nacionalismo”, se opone a que otros países hermanos se atengan en su edificación al principio de apoyarse principalmente en sus propios esfuerzos y a que desarrollen independientemente su economía, o incluso ejerce sobre ellos presión económica, éstas si son manifestaciones de egoísmo nacional.
Es del todo necesario que los países socialistas practiquen en el terreno económico la ayuda mutua, la colaboración y el intercambio. Semejante colaboración económica debe basarse en los principios de la plena igualdad, del beneficio mutuo y de la ayuda recíproca realizada dentro del espíritu de camaradas.
Es chovinismo de gran nación negar estos principios fundamentales y, en nombre de la “división internacional del trabajo” o la “especialización”, imponer la propia voluntad a otros, menoscabar la independencia y la soberanía de otros países hermanos y dañar los intereses de sus pueblos.
Es aún más absurdo trasplantar a las relaciones entre los países socialistas la práctica de lucrar a expensas de otros, práctica que caracteriza las relaciones entre los países capitalistas, e incluso considerar que la “integración económica” y el “mercado común”, establecidos por los monopolios capitalistas con el propósito de disputarse mercados y repartir ganancias, pueden servir de ejemplo a los países socialistas en su ayuda mutua y colaboración económicas.
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22- Las Declaraciones de 1957 y 1960 establecen los principios que rigen las relaciones entre los partidos hermanos, a saber: el principio de unidad, el principio de apoyo y ayuda mutuos, el principio de independencia y de igualdad y el principio de llegar a la unanimidad mediante consultas, todos ellos sobre la base del marxismo-leninismo y del internacionalismo proletario.
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El internacionalismo proletario plantea las mismas exigencias a todos los partidos sin excepción, sean grandes o pequeños, estén o no en el Poder. Sin embargo, los partidos grandes y los que están en el Poder, tienen una responsabilidad particularmente grande al respecto. (…)
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23- A fin de llevar a la práctica el programa común del movimiento comunista internacional, unánimemente acordado por los partidos hermanos, es preciso sostener una lucha irreconciliable contra el oportunismo de toda índole, contrario al marxismo. leninismo.
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En los últimos años, el desbordamiento de la corriente revisionista en el movimiento obrero internacional, así como muchas experiencias y lecciones en el movimiento comunista internacional, han confirmado plenamente la justeza de la conclusión, hecha en las dos Declaraciones, de que el revisionismo es hoy el peligro principal en el movimiento comunista internacional.
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Al combatir el revisionismo, peligro principal en el movimiento comunista internacional, los comunistas deben también luchar contra el dogmatismo.
Como se señala en la Declaración de 1957. los partidos proletarios “deben atenerse firmemente a los principios de la conjugación de las tesis generales del marxismo-leninismo con la práctica concreta de la revolución y la construcción en sus países”.
Esto quiere decir:
Por una parte, es necesario atenerse siempre a la verdad universal del marxismo-leninismo. De otra manera, se cometerá el error de oportunismo de derecha o de revisionismo.
Por otra parte, es preciso en todo tiempo partir de la realidad, mantener estrechos vínculos con las masas, sintetizar constantemente la experiencia de la lucha de las masas, y elaborar y aplicar independientemente una política y una táctica apropiadas a las condiciones del propio país. Se cometerá el error de dogmatismo si se procede de otra manera, copiando mecánicamente la política y la táctica de otro Partido Comunista, obedeciendo a ciegas a la voluntad de otros y aceptando, sin análisis, el programa y las resoluciones de otro Partido Comunista como línea propia.
Algunos violan ahora precisamente este principio fundamental, afirmado hace tiempo en la Declaración de 1957. So pretexto de “desarrollar de manera creadora el marxismo-Ieninismo”, renuncian a la verdad universal del marxismo-leninismo. Además, hacen pasar por “verdad universal del marxismo-leninismo” una receta nacida de conjeturas subjetivas y divorciada de la realidad y de las masas, y obligan a otros a aceptarla incondicionalmente.
He aquí el origen de muchos fenómenos graves producidos en el actual movimiento comunista internacional.
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24- La más importante experiencia del movimiento comunista internacional consiste en que el desarrollo y el triunfo de una revolución dependen de la existencia de un partido revolucionario del proletariado.
Debe haber un partido revolucionario.
Debe haber un partido revolucionario creado sobre la teoría revolucionaria marxista-leninista y en el estilo revolucionario marxista-leninista.
Debe haber un partido revolucionario que sepa integrar la verdad universal del marxismo-leninismo con la práctica concreta de la revolución en su propio país.
Debe haber un partido revolucionario que sepa ligar estrechamente la dirección con las amplias masas populares.
Debe haber un partido revolucionario que pueda defender la verdad y corregir los errores y que sepa hacer la crítica y la autocrítica.
Sólo un partido revolucionario de este tipo es capaz de conducir al proletariado y a las amplias masas populares a la victoria sobre el imperialismo y sus lacayos, lograr el triunfo definitivo de la revolución democrática nacional y conseguir la victoria de la revolución socialista.
Si un partido no es un partido revolucionario proletario, sino un partido reformista burgués;
Si no es un partido marxista-leninista sino un partido revisionista;
Si no es un partido de vanguardia del proletariado, sino un partido que va a la cola de la burguesía;
Si no es un partido que representa los intereses del proletariado y las amplias masas trabajadoras, sino un partido que representa los intereses de la aristocracia obrera;
Si no es un partido internacionalista, sino un partido nacionalista;
Si no es un partido que sea capaz de pensar y juzgar por sí mismo y adquirir un conocimiento exacto de la tendencia de las diferentes clases en su propio país mediante una seria investigación y estudio, y que sepa aplicar la verdad universal del marxismo-leninismo e integrarla con la práctica concreta de su propio país, sino un partido que repite ciegamente las palabras de otros, copia la experiencia ajena sin análisis, y da virajes siguiendo el bastón de mando de ciertas personas del extranjero, o sea, un partido que es una ensalada surtida en que hay de todo: revisionismo, dogmatismo y otras cosas, menos principios marxistas-leninistas.
Entonces, semejante partido no puede en absoluto dirigir la lucha revolucionaria del proletariado y las amplias masas populares, conquistar la victoria de la revolución, ni cumplir la gran misión histórica del proletariado.
Esta es una cuestión sobre la cual todos los marxistas-leninistas, todos los obreros políticamente conscientes y todos los progresistas del mundo tienen que reflexionar a fondo.
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25- Los marxistas-leninistas tienen la responsabilidad de distinguir entre lo justo y lo erróneo en las divergencias que han surgido en el movimiento comunista internacional.
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¡Proletarios de todos los países, uníos!
¡Proletarios y pueblos y naciones oprimidos de todo el mundo, uníos!
¡Luchemos contra nuestro enemigo común!
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Con saludos comunistas.
El Comité Central del Partido Comunista de China
14 de junio de 1963.
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NOTAS:
[1] El documento completo puede descargarse en https://www.marxists.org/espanol/tematica/china/documentos/prop.htm
[2] “El Segundo Congreso de la Internacional Comunista”. Obras Completas de Lenin, Pág. 238, Tomo 31, Versión China.
[3] “Nueva Batalla”. Obras Completas de Lenin, Pág. 11, Tomo 5.
[4] “Guerra y Revolución”. Obras Completas de Lenin, Pág. 367, Tomo 24.
[5] “Guerra y Revolución”. Obras Completas de Lenin, Pág. 367-368, Tomo 24.
[6] El Programa Militar de la Revolución Proletaria. Obras Completas de Lenin, Pág. 77, Tomo III.
[7] Propuestos por el primer ministro Zhou Enlai en 1954, estos principios… consisten en “el respeto mutuo por la soberanía y la integridad territorial, la no agresión mutua, la no injerencia en los asuntos internos de otros países, igualdad y beneficio mutuo, y la coexistencia pacífica”. (https://www.catedrachina.com/single-post/los-cinco-principios-de-coexistencia-pac%C3%ADfica-de-china-70-a%C3%B1os-de-paz-y-desarrollo)
[8] Obras Escogidas de Marx y Engels (Edición de Dos Tomos). Casa Editorial Popular, Pág. 31, Tomo 2, Edición 1961.