viernes, 21 de agosto de 2026

Perú: La urgencia del tiempo de los intelectuales indígenas: Siete elementos

Fuentes: Siwarmedia

   I. Pacha, tiempo profundo y alienación ontológica

El tiempo no es únicamente una magnitud física que transcurre de forma lineal y uniforme; es una experiencia moldeada por la cultura, la historia y la arquitectura del poder. En nuestra vivencia cotidiana de la modernidad contemporánea, el presente se experimenta bajo un dinamismo paradójico: oscila entre la aceleración tecnológica vertiginosa e instantánea y un estancamiento denso y asfixiante. Esta elasticidad temporal nos aproxima al concepto del cronotopo formulado por Mijaíl Bajtín, donde la duración se dilata o se contrae según la densidad narrativa de la experiencia humana, coincidiendo con la intuición leniniana sobre esos momentos de quiebre histórico en los que semanas concentran el peso de décadas.

En el contexto peruano, la comprensión del tiempo adquiere una complejidad ontológica singular. Como observó José Carlos Mariátegui, en el Perú coexisten de manera simultánea múltiples estratos del pasado junto a las dinámicas de un presente marcado hoy por la inmediatez digital. Frente a la linealidad eurocéntrica, la matriz de pensamiento andina ofrece una concepción integradora: la noción de Pacha. Lejos de la reducción folclórica que traduce Pachamama como mera «Madre Tierra», el vocablo Pacha abarca de forma indisoluble el espacio y el tiempo. El tiempo es la tierra y la tierra es el tiempo; el territorio no es un escenario pasivo, sino un organismo vivo en el cual transcurre la existencia. El campesino indígena no contempla la tierra como un mero recurso extractivo, sino como origen y destino del ciclo vital.

La irrupción del colonialismo y la posterior estructuración de la República no inauguraron una era de desarrollo armónico, sino una violenta interrupción histórica. Este quiebre trastocó los sentidos y la organización socioespacial, instaurando un prejuicio persistente: la premisa colonial de que todo aquello proveniente de la matriz indígena representa el atraso, la tara histórica o el freno al progreso, exigiendo su asimilación o borrado.

El impacto más severo de este proceso no es únicamente material, sino subjetivo. El colonialismo mental opera despojando al sujeto de su propio ser e induciendo una alineación compulsiva: el deseo trágico de ser aquello que no se es ni se podrá ser jamás. El sujeto colonizado aprende a aborrecer su identidad, abrazando los símbolos de la dominación. De esta enajenación deriva el racismo estructural e institucionalizado de la sociedad peruana: un sistema deshumanizante que solo tolera la integración del individuo de origen indígena a condición de que se blanquee, adopte la máscara hegemónica y reniegue de sus raíces.

II. La vanguardia ausente: cooptación criolla y la urdimbre del pensamiento originario

El diagnóstico de Mariátegui en sus 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana no fue meramente socioeconómico, sino una interpelación epistemológica radical. Al sostener que la cuestión del indio no se resuelve mediante la caridad filantrópica, la instrucción oficial ni el paternalismo pedagógico, el Amauta planteaba que la autoemancipación exige la gestación de una vanguardia teórica y política nacida de la propia matriz originaria. Sin intelectuales orgánicos formados en la tensión de su propio territorio, la causa indígena corría el riesgo permanente de ser traducida, estilizada o desactivada por las élites mestizas y criollas.

Frente a esta exigencia, la historia cultural del Perú aplicó una estrategia perversa: la blanqueización ideológica y la cooptación simbólica. Figuras tutelares como el propio José Carlos Mariátegui, César Vallejo y José María Arguedas constituyen la encarnación más alta de esa intelectualidad originaria. Mariátegui pensó el marxismo desde el ayllu y el sentimiento andino; Vallejo reestructuró el lenguaje poético castellano desde la sintaxis aflictiva y la sensibilidad del hogar andino en Santiago de Chuco, del Perú y del mundo; Arguedas operacionalizó la bilingüidad y el universo animista quechua como matriz narrativa. Sin embargo, el canon criollo y la academia centralista los despojaron de su densidad territorial, subsumiéndolos en categorías neutras —el «ensayista marxista», el «poeta universal», el «antropólogo mestizo»— para asimilarlos al canon occidental y perpetuar la ilusión de que el pensamiento complejo es patrimonio exclusivo de la herencia europea.

Para desmantelar esta trampa es imperativo redefinir, con rigor histórico, la categoría de indígena. En el plano de las ciencias sociales, indígena es todo aquello y aquel que es originario del territorio que habita; es la expresión del continuo histórico de un lugar. En el Perú, esto exige una interpretación amplia: todo lo que proviene del Perú profundo y hunde sus raíces en la matriz andino-amazónica es indígena. No se trata de una categoría folclórica o de una condición de postergación rural, sino de la pertenencia territorial, cultural e intelectual al substrato histórico resistente al enclave colonial. Por el contrario, la matriz alógena e importada de Europa ha operado como el factor determinante de la enajenación nacional.

III. El triunfo del racismo y la enajenación en la política contemporánea

El racismo y la alienación cultural en el Perú contemporáneo han alcanzado su expresión más crítica. Gran parte del electorado ha respaldado históricamente a liderazgos que niegan y repudian la identidad andino-amazónica. La figura de Keiko Fujimori y las fuerzas conservadoras encarnan esta narrativa que subordina las cosmovisiones originarias a un modelo centralista y extractivista.

En este escenario habitan singularidades socio-políticas fundamentales:

  • Las falsas representaciones: La experiencia política previa mostró matices de aculturación y distancia simbólica. Alejandro Toledo, pese a exhibir un rostro andino, gobernó subordinado a preceptos ideológicos y económicos marcadamente occidentales. Por su parte, Ollanta Humala, portador de un nombre de raíz originaria, experimentó una evidente enajenación cultural, reproduciendo en la gestión estatal la conducta tradicional del patrón colonizador.
  • El rechazo al profesor rural: La elección de Pedro Castillo, un docente rural de clara ascendencia e identidad indígena, desató una reaccionaria ola de desprecio clasista y racial. Retomando la dolorosa metáfora de José María Arguedas, su presencia en el poder fue tratada por los poderes mediáticos y políticos como «excremento de caballo». Esta animadversión escaló hasta su destitución e internamiento en prisión; hoy, el Estado racista tiene a su captor en el Congreso como premio y a quien articuló el complot fungiendo de presidenta.

El Perú de hoy refleja la síntesis del avasallamiento ejercido por una cultura hegemónica eurocéntrica. No obstante, este panorama no se explica únicamente por la presión del bloque dominante, sino también por el retroceso de las vanguardias intelectuales de origen indígena y regional, que han preferido encaramarse en las academias tradicionales antes que asumir su papel histórico.

IV. Civilización, identidad y resistencia: La lección de las matrices milenarias

Mientras el Perú atraviesa una etapa de reempoderamiento de la vertiente occidental y alóctona, el escenario internacional ofrece ejemplos donde la reafirmación de una identidad civilizatoria milenaria se convierte en el pilar fundamental de la soberanía y la resistencia geopolítica.

  • China y el Estado-civilización: El desarrollo contemporáneo del gigante asiático no se fundamenta únicamente en reformas económicas, sino en su autopercepción como un Estado-civilización. Apoyándose en más de cinco milenios de continuidad cultural e institucional, China ha rechazado la asimilación acrítica de los modelos de gobernanza occidentales, edificando una matriz de desarrollo socioeconómico propia capaz de disputar la hegemonía global.
  • Irán y la profundidad histórica persa: Heredero de la civilización persa, el Estado iraní ha construido una estructura política y social capaz de resistir décadas de aislamiento, sanciones y hostilidad imperial. La apelación constante a su legado milenario actúa como un factor de cohesión interna y dignidad nacional, permitiéndole mantener una postura soberana y de alta disuasión regional.

Frente a la tendencia postcolonial de asumir la hegemonía occidental como la única vía al progreso, estas grandes civilizaciones demuestran que la defensa de una matriz cultural propia no es un retroceso, sino la condición indispensable para edificar un país autónomo y resistente.

V. El triunfo del tiempo profundo: La civilización como doctrina de guerra asimétrica

El análisis de los conflictos contemporáneos suele reducirse a métricas inmediatas: poder de fuego, hegemonía satelital o tracción algorítmica. Sin embargo, cuando una potencia tecnológica hipermoderna choca contra una civilización continua de miles de años, las métricas convencionales colapsan. La confrontación entre la coalición liderada por Estados Unidos e Israel frente a Irán ha dejado en evidencia que el verdadero centro de gravedad no reside únicamente en la sofisticación del armamento, sino en la profundidad del sedimento cultural que sostiene a un pueblo.

Tal como ocurrió con la Guerra de Vietnam —donde la victoria territorial del pueblo vietnamita fue reelaborada por la maquinaria audiovisual de Hollywood para fabricar una narrativa de invencibilidad occidental—, el bloque hegemónico intenta aplicar hoy el mismo libreto. Frente a la incapacidad de sostener una victoria real sobre el terreno ante la estrategia asimétrica iraní, se recurre a la posverdad y a la guerra de información. Sin embargo, la brecha entre la percepción fabricada y la realidad operativa ha alcanzado un punto de quiebre.

¿Cómo se explica que una nación sometida a décadas de cerco económico prevalezca frente a los presupuestos militares más abultados del planeta? La respuesta radica en la civilización como doctrina organizativa:

  1. La moral del tiempo largo: Las potencias occidentales operan bajo ciclos electorales breves y una opinión pública sensible al costo inmediato. En contraste, la psique colectiva persa opera desde la noción de Iranshahr y la temporalidad del tiempo profundo. La paciencia estratégica iraní neutraliza la doctrina occidental de guerra rápida y devastación relámpago.
  2. La red descentralizada y el tejido comunitario: La estructura de la resistencia iraní refleja el modelo de organización tradicional de su territorio: unidades autónomas, adaptativas y cohesionadas por un código común. Frente a la doctrina de mando y control centralizado vulnerable al sabotaje tecnológico, la ciudadanía y la milicia operan como un tejido social orgánico donde la noción de dignidad colectiva reemplaza al cálculo mercantil.
  3. La síntesis identitaria: La eficacia bélica iraní se nutre de un hondo archivo simbólico. La épica del Shahnamé (la defensa perpetua del territorio frente a la injusticia) se fusiona simbióticamente con el ethos del chiismo, vertebrado sobre la resistencia del oprimido (mastaz’afin) frente a la tiranía.

Este conflicto demuestra que la hipermodernidad tecnológica es insuficiente cuando intenta quebrar a un pueblo cuya estructura de resistencia se ha refinado a lo largo de milenios de invasiones digeridas y superadas.

VI. El Perú como cuna civilizatoria: Memoria, resistencia y vanguardia

El Perú no es simplemente un país más en el concierto de naciones modernas; es uno de los escasos núcleos donde la especie humana inventó de manera autónoma la civilización. Esta condición de cuna milenaria, equiparable únicamente a focos primigenios como Mesopotamia, Egipto, la India, China y Mesoamérica, le otorga una densidad cultural que sostiene su capacidad de resistencia socio-histórica.

  • La evidencia autónoma: Como demostró Ruth Shady con Caral (3000 a. C.), el proceso civilizatorio andino no fue resultado de migraciones ni préstamos externos, sino de una respuesta colectiva y científica ante las complejidades del territorio. Asimismo, Arnold J. Toynbee identificó a la civilización andina como una de las civilizaciones primarias de la humanidad, destacando su brillante «respuesta al desafío» (challenge and response) ante una geografía extrema mediante la verticalidad ecológica y la ingeniería hidráulica.
  • Memoria y resistencia: Esta raíz dota al pueblo andino-amazónico de una notable resiliencia. Alberto Flores Galindo, en Buscando un inca, analizó cómo la «utopía andina» no era una mirada nostálgica, sino una reserva moral e ideológica de reconstrucción social. Por su parte, José María Arguedas, con su concepto de «todas las sangres», planteó que la potencia del Perú reside en la capacidad del sujeto indígena de asimilar la modernidad sin renunciar a su matriz cultural.
  • El papel de la vanguardia intelectual: Esta potencia histórica corre el riesgo de permanecer dormida si no es asumida por sus intelectuales. Mariátegui sostuvo que el problema nacional exige una «creación heroica»: reinterpretar la realidad a partir de las raíces comunitarias andinas. Ante la enajenación académica eurocéntrica, pensadores de la colonialidad del poder como Aníbal Quijano y Walter Mignolo plantean la necesidad de un «desprendimiento epistémico» para visibilizar la matriz civilizatoria, generar conciencia de la continuidad histórica del Ayni y construir un horizonte verdaderamente soberano.

VII. Pachacuti y la tarea histórica: Hacia la restitución civilizatoria

La transformación profunda del Perú no vendrá de la mera alternancia dentro de un sistema político configurado sobre las bases del colonialismo mental y la subordinación epistémica. Superar el racismo estructural exige una ruptura tajante con las estructuras hegemónicas que pretenden reducir una cuna civilizatoria a una periferia receptora de modelos ajenos.

Para que esta ruptura se concrete, la lección de Mariátegui cobra una urgencia ineludible: se requiere la consolidación de intelectuales orgánicos surgidos de la propia matriz andino-amazónica. No aquellos que buscan la legitimación en las academias pro-occidentales o que conciben el legado ancestral como un objeto folclórico, sino vanguardias conscientes de su papel histórico, capaces de emprender la «creación heroica» de articular la ciencia y la tecnología contemporáneas con la filosofía de la reciprocidad y la ingeniería comunitaria.

En la cosmovisión andina del espacio-tiempo (Pacha), las crisis profundas no representan el fin de la historia, sino el preludio inevitable del Pachacuti: el gran cambio de rumbo, el alumbramiento de una nueva era donde el orden trastocado se reordena desde sus bases.

El Perú de hoy se encuentra en ese umbral decisivo. El agotamiento de las élites tradicionales y el callejón sin salida del racismo de Estado señalan que la hora de la subordinación ha llegado a su fin. La restitución del Perú como una nación soberana, plurinacional y justa depende de asumir esa densidad milenaria para edificar, desde las raíces vivas de todas las sangres, un proyecto de país resistente, autónomo y plenamente emancipado.

Fuente: https://siwarmedia.com/?p=4061

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes. 

Hiroshima y Nagasaki 81 años después: recordar a las víctimas, no olvidar a los responsables

Fuentes: Aporrea


El 6 y el 9 de agosto de 1945 Hiroshima y Nagasaki ingresaron para siempre en la historia como las únicas ciudades del mundo contra las que se utilizaron armas nucleares durante una guerra. Han pasado 81 años y la pregunta sigue siendo necesaria: ¿quién lanzó esas bombas y por qué todavía existe tanta cautela para hablar de esa responsabilidad?

Estados Unidos lanzó sobre Hiroshima la bomba de uranio Little Boy y tres días después sobre Nagasaki la bomba de plutonio Fat Man. Las estimaciones históricas indican alrededor de 140.000 muertos en Hiroshima hasta fines de 1945 y decenas de miles en Nagasaki, además de las personas que posteriormente sufrieron las consecuencias de la radiación.

No fueron desastres naturales ni accidentes. Fueron decisiones políticas y militares. Por supuesto, los crímenes cometidos por el Japón imperial durante la Segunda Guerra Mundial deben ser condenados. Pero una cosa no justifica la otra. Los crímenes japoneses no legitiman el uso de armas nucleares contra ciudades habitadas.

81 años después

Este 6 de agosto Hiroshima volvió a recordar a sus víctimas. Cerca de 50.000 personas participaron en la ceremonia de paz, junto a representantes de alrededor de 120 países y regiones. A las 8:15 am, hora en que cayó la bomba, se guardó un minuto de silencio. El alcalde de Hiroshima, Kazumi Matsui, volvió a cuestionar la idea de que las armas nucleares puedan garantizar la seguridad mediante la llamada disuasión nuclear.

El 9 de agosto Nagasaki realizó también su ceremonia conmemorativa. Naciones Unidas, por su parte, volvió a hacer un llamado para avanzar en la eliminación de las armas nucleares. También organizaciones pacifistas y antinucleares realizaron actividades conmemorativas durante agosto en distintos países.

Recordar Hiroshima y Nagasaki no puede reducirse a ceremonias, flores y discursos sobre la paz. La memoria también debe recordar las decisiones que hicieron posible esa tragedia. La bomba no cayó por casualidad desde el cielo. Fue transportada, preparada y lanzada deliberadamente.

La contradicción japonesa

Existe además una paradoja que Japón debería discutir con mayor profundidad. El país que sufrió los únicos ataques nucleares de la historia continúa dependiendo militarmente de Estados Unidos y de su llamado paraguas nuclear. Japón recuerda cada año el horror de Hiroshima y Nagasaki, pero su seguridad sigue vinculada a la capacidad nuclear estadounidense.

No se trata de desconocer la responsabilidad japonesa en la Segunda Guerra Mundial ni de plantear una revancha histórica. Se trata de formular una pregunta legítima: ¿Puede el único país que ha sufrido ataques nucleares aceptar indefinidamente que su seguridad dependa de las mismas armas que destruyeron Hiroshima y Nagasaki? La memoria japonesa corre además el riesgo de transformarse en una ceremonia diplomática en la que las víctimas ocupan todo el espacio y la responsabilidad histórica queda en segundo plano.

No olvidar

A 81 años de Hiroshima y Nagasaki, no basta con decir «nunca más».

Hay que recordar a las víctimas, escuchar a los sobrevivientes y cuestionar las doctrinas militares que todavía consideran las armas nucleares instrumentos legítimos de seguridad.

Estados Unidos ha sido el único país que ha utilizado armas nucleares contra población civil durante una guerra. Esa responsabilidad histórica no desaparece con el paso del tiempo.

Japón, por su parte, tiene el desafío de mantener viva su memoria sin convertirla en una conmemoración políticamente cómoda.

Hiroshima no fue un accidente. Nagasaki tampoco. Fueron decisiones humanas.

Por lo mismo Chile forma parte de esa historia. Documentos del propio Departamento de Estado reconocen que Washington financió acciones políticas, desarrolló campañas de propaganda contra Salvador Allende y consideró operaciones encubiertas destinadas a impedir su llegada al poder. Aunque la responsabilidad directa de Estados Unidos en el golpe del 11 de septiembre de 1973 continúa siendo objeto de debate, su intervención en la política chilena está documentada. Por eso, cuando hablamos de Hiroshima y Nagasaki, también debemos recordar que detrás de la retórica estadounidense sobre democracia, libertad y seguridad existe una historia de intervenciones en América Latina y otros continentes que no puede ser ignorada.

Fuentes:

https://history.state.gov/milestones/1969-1976/allende
https://indonesia.un.org/en/320461-message-nagasaki-peace-memorial-81st-anniversary-atomic-bombing-nagasaki-2026-secretary
https://www.nbcnews.com/world/asia/hiroshima-marks-81st-atomic-bomb-anniversary-rcna591306
https://www.latimes.com/espanol/internacional/articulo/2026-08-06/hiroshima-conmemora-81-anos-de-la-bomba-atomica-y-su-alcalde-deplora-la-busqueda-de-armas-nucleares

Fuente: https://www.aporrea.org/actualidad/a355457.html 

China estropea el gran pelotazo que tenían preparados los monopolios tecnológicos

  
                                                                                                mpr21

China ha estropeado el gran pelotazo que tenían preparados los monopolios tecnológicos con la inteligencia artificial. Si se trata de competir, no hay nadie como los chinos. Ningún otro consigue más con menos. Primero fue el chatbot Deepseek, recientemente le sucedió Kimi (Moonshot.ai) y ahora vuelve Deepseek con la fórmula mágica: “todo gratis”.

La inteligencia artificial china está en la cresta de la ola. No hace mucho que Facebook quiso comprar otro chatbot chino, Manus, y el gobierno de Pekín lo vetó. Mientras Estados Unidos ha inflado una burbuja económica para no quedarse atrás, China lo elabora mucho más barato y lo vende a precio de saldo. Eso significa que las empresas tecnológicas estadounidenses no van poder vender lo que tenían pensado y, en consecuencia, nunca van a poder recuperar las gigantescas masas de capitales que habían invertido.

El plan de los especuladores consistía en vender aplicaciones informáticas de inteligencia artificial capaces de convertirse en imprescindibles para millones de empresas, organismos y usuarios particulares, por las que tendrían que pagar un precio sustancial.

Era la reproducción del modelo tecnológico ya existente (que para nada participa de eso que llaman “neoliberalismo”): los cobradores serían las empresas estadounidenses, las bases de datos estarían en Estados Unidos… Todo pasaría por Estados Unidos.

Pero eso no va a ocurrir por dos razones: por la superproducción de chatbots, porque los chinos lo regalan y porque sus aplicaciones no son propiedad privada, no se han patentado y cualquiera puede reproducirlos y mejorarlos.

La burbuja tecnológica no se parece a la de las puntocom del 2.000. Ni siquiera a la de 2008 porque corre a una velocidad doble que la explosión hipotecaria. La primera crisis acabó con los gigantes de la época. Casi nadie se acuerda ya de IBM, Intel, Cisco, Nokia, Yahoo… Se esfumaron cinco billones de dólares.

La agencia Bloomberg habla de “guerra de precios” sólo porque el lenguaje utilizado depende de la ideología política de quien escribe. En realidad se llaman “mercado” y “competencia” y los chinos han ganado la partida.

La inteligencia artificial ha sido tan manipulada que resulta difícil explicar que no se trata sólo de fuerzas productivas (tecnología) sino también de relaciones de producción. Los que se van a hundir no son sólo capitales industriales, sino también financieros. En la inteligencia artificial no sólo las bases de datos son gigantescas sino también las deudas.

Una burbuja es un caso singular de superproducción en el mercado financiero. Se la podría calificar como un empacho de deudas. No hay ninguna manera de devolver los créditos que han contraído las grandes empresas tecnológicas. Pero es importante recordar otro aspecto importante cuando se habla de tecnología: la inteligencia artificial no se ciñe a Silicon Valley sino que extiende a Hsinchu, su equivalente en Taiwán, donde tiene su sede TSMC, la gigantesca empresa de fabricación de chips.

Lo mismo que en la bancarrota de las puntocom, el hundimiento no se va a ceñir a Wall Street, ni a los bancos, ni a los fondos de pensiones privados, ni a las aseguradoras…

 

jueves, 20 de agosto de 2026

Nicaragua: “Los traidores a la patria no podrán participar en las elecciones”


MUNDO, MUNDO :: 13/08/2026

ACTUALIDAD-RT / LA HAINE

Con la reforma constitucional, los golpistas no podrán participar en las elecciones por haber violado la Constitución

La Asamblea Nacional de Nicaragua impulsa un proceso de reforma parcial a la Constitución Política para garantizar la estabilidad, seguridad y paz con el objetivo principal de "alcanzar una victoria sobre la pobreza", declaró en una entrevista el presidente de la cámara legislativa, Gustavo Porras Cortés.

"Con estabilidad, con seguridad y con paz, nosotros vamos a lograr salir victoriosos en la lucha contra la pobreza", afirmó, añadiendo que la carta magna señala claramente que los principios fundamentales del país son "la independencia, la soberanía, la dignidad, la seguridad y la paz".

¿En qué consiste la reforma?

El legislador indicó que está previsto reformar 14 artículos de la Constitución, basándose en conceptos centrales como la estabilidad, la seguridad y la paz, y proporcionó detalles sobre los cambios, en particular, en el sistema electoral.

Al recordar que el país sufrió en 2018 un intento de golpe de Estado, Porras explicó que, con la orientación clara del copresidente Daniel Ortega, se decidió que "los golpistas no podrán participar en las elecciones" por haber violado la Constitución, la estabilidad y la paz de la nación.

"Los traidores a la patria no podrán participar en las elecciones, no podrán ser candidatos, no podrán tener ese derecho político que garantiza la Constitución en el artículo 47. Aquellos que incurran en menoscabo de la independencia, de la soberanía y de la autodeterminación no podrán, no pueden participar. Eso queda claro en esta reforma", subrayó.

Asimismo, apuntó que las autoridades necesitan períodos estables para implementar los proyecto contra la pobreza, por lo que establecerán "periodos de 7 años en cada una de las elecciones". Se trata de los cargos de elección popular, los nombramientos de la Asamblea Nacional o la ratificación del órgano legislativo, entre otros. "También la Constitución mandata la reforma de las leyes que corresponden al Ejército y a la Policía, garantizando que la jefatura del Ejército, que el comandante en jefe del Ejército, también tenga periodo de 7 años, y las fuerzas policiales, su jefatura, los jefes de las fuerzas policiales tengan periodos de 7 años", continuó.


"Las elecciones son necesarias porque el pueblo necesita, el sistema, las autoridades, los partidos políticos necesitan, expresar su disposición a continuar en un camino determinado o a cambiar en ese camino cada cierto tiempo", dijo, agregando que, "en Nicaragua, la democracia va más allá de las elecciones".

"Para nosotros es democracia también, y en esa lucha contra la pobreza, garantizar que los nicaragüenses tengan acceso a la salud gratuita, como es en este país, salud de calidad y gratuita. Tengan acceso a la educación gratuita", explicó.

"Nosotros respondemos con verdades verdaderas"

Asimismo, Porras comentó las reacciones de medios extranjeros a la reforma, en particular, las críticas a la propuesta de no permitir participar en las elecciones a los golpistas que, según medios internacionales, fueron apoyados por Occidente.

"Hay miles de reproductores, de robots, de bots, de cómo le llamen, que están sacando información falsa porque quieren instalar una verdad falsa. Y nosotros luchamos contra esa verdad falsa con nuestras verdades verdaderas", señaló.

Además, recordó durante las elecciones de 1990, tras la Revolución Popular Sandinista, "los yanquis dijeron al pueblo nicaragüense: 'Si votan por el Frente Sandinista, vamos a continuar la guerra'".

"El pueblo inteligente no nos dio el voto, pero no es que no nos dio porque no quisiera esta opción, como después lo demostró, sino por la amenaza. Y ahí es donde vuelve a caer el asunto de la paz. La paz es el valor más preciado por los nicaragüenses. Pero el Frente, como parte del pueblo, dijo: 'Aceptamos'. Y el comandante Ortega entregó el Gobierno, no se resistió. Es decir, cumplió con el mandato del pueblo. Qué mejor expresión de democracia que eso", destacó.


Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/nicaragua-los-traidores-a-la-patria-no 

Transhumanismo, androides, lucha de clases y el futuro del trabajo


PENSAMIENTO, MUNDO :: 09/08/2026

GUILLAUME SUING

El sueño de la burguesía es «dar vida» al trabajo muerto, o mejor aún, «matar» el trabajo vivo, para contrarrestar la tendencia a la baja de la tasa de ganancia… Pero este es un sueño inalcanzable

Con el auge del transhumanismo, ¿se consideraría a los seres biónicos sujetos políticos con derechos y capacidad de decisión a la par de los trabajadores 100% humanos?

¿Podría todo el mundo tener acceso a mejoras tecnológicas, cuya calidad variaría según la clase social? ¿ Cuál será el papel de los sindicatos dentro de 20 años? ¿Desaparecerán con la automatización masiva y la IA? Si no, ¿cuál sería el impacto de su desaparición en este contexto?

Siempre me veo tentado a ver, en las preguntas sobre nuestro futuro lejano, los síntomas de una crisis que en realidad está muy presente. La drástica reducción de las clases trabajadoras en sentido estricto en los países imperialistas, a medida que externalizan su producción industrial por un lado y el desarrollo tecnológico avanza a pasos agigantados por otro, da la impresión de que algún día desaparecerán por completo, refutando así la esencia de la teoría marxista.

La evolución o ampliación del concepto de trabajador en los países capitalistas constituye, paralelamente, un tema en sí mismo que requiere un trabajo considerable, el cual, deliberadamente, dejaré de lado. Sin embargo, es dentro del marco de este trabajo necesario donde reconozco la relevancia de la pregunta aquí planteada.

En cuanto a la forma, puedo intentar al menos dos anacronismos desafortunados que considero esclarecedores.

La destrucción masiva de la competencia en los albores de la era imperialista, hace más de un siglo, dio lugar a especulaciones similares sobre la inminente desaparición de la clase burguesa, que dejaría solo un monopolio todopoderoso (la teoría del ultraimperialismo de Kautsky, por ejemplo). Lenin tenía razón en aquel momento al contrarrestar este tipo de especulaciones, que, como sabemos hoy, han sido desmentidas por la experiencia.

La violenta mecanización de la industria, iniciada un siglo antes, llevó a algunos trabajadores a creer que las máquinas los reemplazarían tarde o temprano (el movimiento ludita contra las máquinas). Sin embargo, esto tampoco sucedió. Marx tenía razón al insistir en que esta mecanización conduciría principalmente a una aceleración de la explotación y la alienación de los trabajadores, ya que la reducción de las horas de trabajo (considerada inevitable con la mecanización) solo se logró a costa de luchas extremadamente duras.

Cabe destacar que las teorías del «gran reemplazo» (por máquinas, inmigrantes o, quizás pronto, por robots androides) siempre proliferan en tiempos de crisis generalizadas --económicas, pero también políticas y morales--, tanto durante la primera revolución industrial como en la actual era de la revolución tecnológica.

Un nuevo fenómeno: la alienación masiva de los trabajadores intelectuales a causa de la IA se asemeja a la que sufrieron los trabajadores manuales en la era de las primeras fábricas con máquinas herramienta, lo que amplía aún más el alcance de este tipo de ansiedad y la convergencia objetiva de intereses de todos los trabajadores contra los jefes.

Desde la perspectiva sindical, la pregunta está, por tanto, muy bien planteada. Siempre que la burguesía busca aumentar su margen de beneficio explotando una mano de obra más barata o vulnerable (trabajadores en las colonias, inmigrantes indocumentados, mujeres, etc.), los fascistas transforman a los supuestos «rivales» en enemigos o «competidores», mientras que los comunistas trabajan para integrar la lucha de estos trabajadores en todas las demás luchas, inevitablemente convergentes (liberación de los pueblos colonizados, regularización de los trabajadores indocumentados, derechos de las mujeres, etc.).

¿No podríamos, de hecho, profetizar, en la misma línea, que los robots obreros se integrarán en la lucha de clases, si se asemejan tanto a los humanos?

Me siento tentado a responder categóricamente: No.

En este caso, prevalecerá mi enfoque "biológico", porque se trata de examinar qué es la vida (o qué queda de ella en la producción industrial), a la luz de las nuevas revoluciones tecnológicas, sin límites aparentes, en torno a la "inteligencia artificial" y las nanotecnologías.

Cuando Marx y Engels distinguieron entre trabajo vivo y trabajo muerto, lo hicieron para limitar el desarrollo del trabajo muerto de las máquinas al mero desgaste, independientemente de la complejidad de la tarea realizada. Es evidente que el sueño de la burguesía es «dar vida» a este trabajo muerto, o mejor aún, «matar» el trabajo vivo, para contrarrestar la tendencia a la baja de la tasa de ganancia (vinculada a la obligación de contratar trabajadores-consumidores, los únicos generadores de plusvalía).

Pero este es un sueño inalcanzable; he aquí por qué.

En primer lugar, para un biólogo, el ser humano ya no es, como se creía en tiempos de Descartes, una maravillosa «máquina». Es, sobre todo, una historia entrelazada entre naturaleza y crianza. Los padres biológicos, la historia familiar, la infancia, una experiencia compleja (mucho más compleja que una simple acumulación de recuerdos), una asimilación limitada pero muy real de rasgos adquiridos en generaciones anteriores, un filtrado y transformación de rasgos adquiridos a lo largo de la vida, la cooperación interindividual y la inteligencia colectiva complican aún más esta evolución para cada individuo.

Los humanos son una masa de historias individuales interconectadas, de movimientos personales y colectivos, de interacciones entre rasgos adquiridos a corto y largo plazo y lo innato (de duración aún mayor).

En resumen, un ser humano no es fabricado. No es una cosa, un «producto terminado» que se desgasta (valor de uso), sino un movimiento propio que se despliega, se sostiene y evoluciona. Por supuesto que se desgasta, pero ciertamente no de la misma manera que las máquinas: la homeostasis preserva el cuerpo hasta cierto punto, y la reproducción renueva lo muerto.

Los seres humanos son su propia historia; no pueden ser el producto ahistórico y definitivo de una voluntad externa. Es el posmodernismo contemporáneo el que los convierte en un Golem, en contra de todo lo que la biología de vanguardia ha descubierto.

En segundo lugar, aplicaremos este enfoque al cerebro mismo (ya que todos los demás órganos pueden, eventualmente, ser reemplazados por máquinas, con el mantenimiento correspondiente). La observación minuciosa del cerebro revela una compleja red de interconexiones sinápticas. Sin embargo, solo un enfoque mecanicista y rígido (materialismo vulgar, como lo llaman los marxistas, por ser no dialéctico) nos llevaría a creer que podemos «reconstruir» esta estructura con una perfección cada vez mayor para obtener una réplica funcional del cerebro.

Porque no es la estructura de la red en sí lo que constituye el cerebro, sino más bien el movimiento aún más complejo de esta estructura, su evolución a lo largo del tiempo. El escaneo, la instantánea, por perfecta que sea, de un ser humano... dista mucho de ser humano.

El término inteligencia artificial es inapropiado

Desde esta perspectiva, el término inteligencia artificial es inapropiado: se trata de procesar información (ya existente), no de inteligencia creativa e innovadora propiamente dicha. La inteligencia humana, tanto a nivel individual como colectivo (a menudo ignorado), se distingue de su dimensión estrictamente calculativa y surge tanto de sus éxitos empíricos como de sus errores, e incluso de la persistencia deliberada, a veces útil, de esos errores (contradicciones destinadas a ser superadas de una u otra forma).

¿Acaso no es cierta «mala fe» por parte del individuo, en la historia de la ciencia, la que allana el camino a grandes descubrimientos contra la comunidad de guardianes del paradigma imperante?

¿No es acaso a los experimentos mentales que rozan lo absurdo, a las ideas literalmente contraintuitivas, a la interpretación de lo inesperado, a lo que debemos las grandes revoluciones en la investigación científica, la cúspide de la inteligencia humana?

¿No es esta la quintaesencia de la inteligencia humana que debería movilizar a todos los seres humanos, una vez que todas las actividades prácticas, computacionales e informativas se hayan digitalizado por completo?

Siguiendo esta idea, casi podría decirse que la definición de trabajo vivo, por un lado, y de inteligencia, por otro, es, contrariamente a todo lo que presupone cualquier proceso industrial, «aquello que no puede estandarizarse».

Es una diferencia termodinámica la que distingue la forma en que se consume el trabajo vivo y el trabajo muerto. El trabajo vivo se regenera diariamente, incluso transformándose en el proceso, y se reproduce de generación en generación (siempre mediante el consumo de los bienes producidos), a diferencia del trabajo muerto, que se disipa pasivamente hasta agotarse (entropía).

Los seres humanos se regeneran, pues, consumiendo los frutos de su propia producción (incluso a través de máquinas), mientras que cuando la máquina se desgasta, se repara (hasta cierto punto y mediante trabajo externo al sistema). Además, esta no es una definición fija o cíclica de la vida, ya que, paradójicamente, la evolución es necesaria para que la autorregeneración sea mínimamente efectiva en un mundo cambiante.

Se entenderá que esta dimensión de autorregeneración presupone una dosis suficiente de «para sí» para alimentar una conciencia de intereses colectivos y, por lo tanto, una lucha de clase, sindical y política.

Si bien no descartamos la posibilidad de producir algún día entidades autorregenerativas, estas seguirían estando, por definición y sin importar su apariencia, completamente vivas. Sin embargo, existe una condición difícil de imaginar: no podría tratarse de una producción de la nada, sino de una «reproducción», que requeriría no tecnología digital, sino biotecnología y... muchísimo tiempo.

En cada nivel de descripción de los seres vivos, desde las moléculas autorreplicantes (ADN, etc.) hasta las formas más refinadas de tejido nervioso, pasando por la homeostasis y, en este caso, el «trabajador colectivo» humano, encontramos esta negentropía, que se opone como un contramovimiento permanente a la entropía, al desgaste de lo inorgánico (ya sea mineral, mecánico o digital).

En este sentido, la regeneración del trabajo humano no es comparable a llenar el tanque de un automóvil o lubricar los engranajes de una máquina herramienta. Se basa en lo que produce colectivamente, independientemente de la maquinaria y su trabajo muerto, lo que la distingue de ella. Y es sobre esta única base, cada vez más compleja, más refinada y menos fácil de descubrir, que el capital extrae su plusvalía.

Una vez que se haya demostrado científicamente, mediante un trabajo serio y colectivo (y no mediante este modesto texto individual), la insalvable barrera que seguirá existiendo entre el trabajo vivo --incluso el más sencillo-- y el trabajo muerto --incluso el más complejo--, quedará por destacar cuán relevante y evidente es hoy El Capital de Marx.

* Biólogo y escritor francés. observatoriocrisis.com


Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/transhumanismo-androides-lucha-de-clases-y-el 

Teatro de títeres sobre la península arábiga.


Publicación de Línea Internacional

Guadi Calvo 8 de agosto 2026























El grupo yemení Ansar Allah (Partidarios de Dios), mejor conocido mediáticamente como houthies, con una extensa trayectoria surcada de monumentales victorias, como por ejemplo la guerra civil de su país, o en la guerra que iniciaron Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos (EAU) en 2015, junto a un importante número de países musulmanes como Marruecos, Pakistán, Sudán y Egipto, en la que además participaron pilotos del régimen sionista y agentes de inteligencia norteamericanos, franceses y británicos. Semejante entente no logró en cinco años de guerra horadar su resistencia, por lo que sauditas y emiratíes, tras sufrir importantes bajas y daños como los producidos contra la principal instalación petrolera de la Saudi Aramco. Por lo que se vieron obligados a desactivar ese frente y dejar la guerra en manos del tiempo, que en ese caso no ha curado nada. Ver: Yemen, la guerra que perdió Occidente.

A partir de la profundización del genocidio que los judíos perpetran en Palestina desde hace casi ochenta años, el mando houthi dispuso en noviembre del 2023 la prohibición del tránsito por el mar Rojo de cualquier tipo de embarcación que de alguna manera tuviera intereses comunes con los de la ocupación sionista. Aquello provocó interminables rondas de ataques contra territorio yemení por parte de la aviación sionista, junto a la norteamericana y la británica. La que finalmente se terminaron estrellando sin suerte contra la invicta convicción houthi. Mar Rojo, navegación con mal tiempo.

A partir de la guerra en que Netanyahu embarcó a Trump contra la República Islámica de Irán, con el consiguiente cierre de Ormuz y todo lo que ello conlleva para el comercio mundial de combustibles, el mundo volvió a poner la mirada sobre la decisión que podrían tomar los hutíes respecto al cierre del Bab al-Mandab, el estrecho que vincula el golfo de Adén con el mar Rojo y por donde pasa entre el 25 y el 40 por ciento del comercio mundial. Para contener esto, Riad anunció la creación de una de diez naciones para proteger el transporte marítimo de los misiles houthies en el mar Rojo y el estrecho de Bab el-Mandeb. Mientras que la resistencia yemení que controla Saná y gran parte de la costa sobre el mar Rojo, el mes pasado dispuso el bloqueo naval contra Bab al-Mandeb y áreas circundantes, lo que (mar Rojo y el golfo de Adén).

Es en este contexto en el que hay que leer el novísimo acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca que acaban de firmar Arabia Saudí, Pakistán y Turquía (miembro de la OTAN), los tres de los estados más influyentes del mundo musulmán sunita, bajo el pretexto de la defensa mutua y la lucha contra el terrorismo.

No es casual que esto haya sucedido mientras una nueva fase de la guerra sionista-norteamericana contra Irán se estaba desarrollando, y que los houthies una vez más vuelvan a ajustar a Riad con su potente capacidad misilística.

El grupo de resistencia yemenita, una vez más, ha contestado con efectividad a las provocaciones sauditas del último mes, por lo que se espera que el tratado de la Meca se ponga en funcionamiento de inmediato contra Yemen y, de alguna manera, también contra Irán.

El pasado jueves seis, los ataques hutíes mataron a unos menos de 60 mercenarios que responden al sector yemenita subordinado a Riad, además de haber atacado posiciones del reino en el sur de ese país.

El acuerdo de La Meca estipula que “un ataque contra un país miembro será considerado un ataque contra todos”, sin especificar si ese compromiso está atado a alguna otra condición, más allá de que claramente fue impulsado por el temor de los tres firmantes a la escalada que podría tener el conflicto entre Teherán y el eje Washington-Tel Aviv, aunque en verdad había que verlo como una continuación de este eje.

Más allá de las declaraciones del presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, acerca de que la alianza estaba abierta a otros países, en la que sí, posiblemente limando algunas asperezas, podrían involucrarse los Emiratos Árabes Unidos, Marruecos y alguna de las maltrechas monarquías del Golfo que estuvieran sujetas a la puntería de los Fateh, Zolfaghar y Dezful, que vulneraron a su antojo los costosos sistemas de defensa norteamericanos. Es por esto mismo que muchos analistas coinciden en que esa alianza urgente está íntimamente ligada al estruendoso fracaso de las defensas judío-norteamericanas. Intentando crear un nuevo y efectivo paraguas de seguridad.

Es difícil que, como dicen algunos, esto signifique la intención de crear una arquitectura defensiva propia independiente de la asistencia norteamericana. Ya que ni Riad, y mucho menos Islamabad, pueden tener una política independiente y, si se quiere, hasta rebelde a los intereses norteamericanos. Ya que tanto el gobierno de los Saud como el del primer ministro Shehbaz Sharif, más allá de la imagen setentista, nunca han dejado de ser “títeres”, en el caso de Pakistán, a excepción del brevísimo intermedio del primer ministro Imran Khan (2018-2022), osadía que ha pagado con su vida, encerrado en una prisión del régimen de Sharif.

El eje de la resistencia.

Algunas informaciones mencionan que la inteligencia saudita habría detectado la posibilidad de ataques contra intereses del reino, por parte de milicias iraquíes proiraníes. Lo que posiblemente desbarataría las intenciones de Riad de atacar posiciones hutíes con una importante ofensiva militar por mar y también posiblemente con un avance terrestre por la región central de Yemen. Recordemos que la frontera sur de Arabia Saudita se extiende por cerca de 1300 kilómetros desde el mar Rojo hasta la frontera con Omán, lindando con la parte más montañosa de Yemen, lo que impidió que en la guerra de 2015-2020 pudiera ejecutar grandes maniobras.

Por otra parte, el colapso del Consejo de Transición del Sur (CTS), un grupo separatista yemení financiado por los Emiratos Árabes Unidos, el pasado en enero, Riad, debió responsabilizarse de la financiación y organización del gobierno reconocido por las Naciones Unidas, con sede provisional en la ciudad de Adén, que obviamente no considera los intereses del pueblo yemení y está allí colocado para impedir la unificación del país, con la posibilidad del mando houthi, antioccidental e iraní.

La cara victoria de Irán sobre la embestida norteamericana ha fortalecido el eje de la resistencia que, además de los hutíes, conforman el Hezbollah libanés, que, a pesar de los ataques demoledores de Estados Unidos y los sionistas, ha conseguido impedir el avance de las tropas de Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), las que no solo se ven en figurillas para controlar los pocos kilómetros que han logrado penetrar en el sur del Líbano, sino que deben mentir y hacer cada vez más maniobras mediáticas para ocultar sus bajas y las consecuencias de los ataques que a diario reciben las poblaciones judías en el norte de los territorios palestinos usurpados. La mayoría de esos pueblos hace meses que han sido abandonados y solo sirven como retaguardia a las FDI.

Mientras que otro vértice del eje de la resistencia, las milicias proiraníes de Irak, fogueadas en la guerra contra el Daesh en Irak y Siria, consiguieron instalarse en el sistema de seguridad estatal de Irak, apuntalando al gobierno, lo que les da un perfil oficial a la hora de la toma de decisiones y la ejecución de las operaciones tanto contra los terroristas del Daesh y al-Qaeda, siempre articulados según las necesidades de los Estados Unidos e Israel, sino también como la de los grupos árabes sunitas que intentan infiltrarse en el norte de Irán, hecho que ha impedido a los norteamericanos la posibilidad de una invasión terrestre, ya que no tienen puntos donde establecer una cabecera de playa.

La derrota total de Irán y sus aliados del Eje de la Resistencia, de no mediar un cambio drástico en la estrategia norteamericana, en lo que tendría que incluir armas nucleares, con todo lo que eso significa, ya que, como se ha analizado, sus consecuencias podrían llegar a las riberas del Mediterráneo oriental, es improbable que se pueda alcanzar, por lo que a Donald Trump, o quien lo suceda, no le quedarán más opciones que desarrollar un camino no bélico, para poder mantener el flujo del comercio por los pasos desde el Golfo al Mediterráneo, además de cortar los hilos de sus títeres.


 

miércoles, 19 de agosto de 2026

¿Qué sabemos del ejército chino?

Fuentes: Rebelión


Desde el pensamiento progresista occidental existe una larga tradición crítica hacia el militarismo, el incremento del gasto en defensa y las carreras armamentísticas. Sin embargo, analizar el desarrollo militar de China exige situarlo en el contexto estratégico en el que se produce.

Durante las dos últimas décadas, China ha modernizado profundamente unas fuerzas armadas concebidas para la defensa nacional y la protección de su soberanía. Para Pekín, disponer de una capacidad militar creíble constituye una condición necesaria para preservar su independencia, su integridad territorial y su propio sistema político frente a la creciente agresividad estratégica de Occidente contra China. Agresividad estratégica que se plasma militarmente en la OTAN (con programas hacia el Indo-Pacífico -¿qué hace la Armada española patrullando el mar de China?-), en las alianzas bilaterales militares de Estados Unidos con Japón, Corea del Sur, Filipinas o Australia (con las bases militares norteamericanas en esos países rodeando a China), en el AUKUS (integrado por Australia, Reino Unido y Estados Unidos), en el QUAD (formado por Estados Unidos, Japón, India y Australia), en el acuerdo militar entre Estados Unidos y Taiwán, en la Trilateral (de Estados Unidos, Japón y Corea del Sur), o en los Five Eyes (integrado por Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda).

Es en este escenario donde debe analizarse la transformación del Ejército Popular de Liberación (EPL).

Una doctrina basada en la defensa y la disuasión

China define su estrategia militar como esencialmente defensiva. Su política oficial tiene como objetivos preservar la soberanía nacional y la integridad territorial, rechazando expresamente la búsqueda de la hegemonía y la expansión territorial.

Su legislación establece que las fuerzas armadas deben actuar conforme al principio de “defensa activa”, donde China no iniciará conflictos armados, aunque responderá si considera amenazado su territorio, su soberanía o sus intereses fundamentales.

Un elemento central es su política nuclear. China mantiene firmemente el principio de “no ser el primero en utilizar armas nucleares” (No First Use) y declara que no empleará ni amenazará con emplear armamento nuclear contra Estados que no dispongan de él. Define su arsenal nuclear como instrumento de disuasión.

Esta concepción también debe entenderse desde la historia china. Incluso durante los muchos siglos en los que fue la mayor potencia económica y militar mundial, China no invadió a sus vecinos ni desarrolló un sistema colonial como el construido por las potencias europeas.

A ello se añade una memoria contemporánea marcada por las intervenciones extranjeras en China del llamado “Siglo de la Humillación”, las guerras del Opio y la posterior invasión y genocidio japoneses. La defensa de la soberanía ocupa por ello un lugar central en la concepción china de la seguridad.

La modernización del Ejército Popular de Liberación (ELP)

Sobre esta base doctrinal se está desarrollando una importante transformación de las fuerzas armadas chinas.

Durante los últimos años, todas las ramas del EPL han incorporado nuevas plataformas y tecnologías destinadas a operar en un campo de batalla crecientemente digitalizado. En el desfile militar del 3 de septiembre de 2025, China presentó una nueva generación de equipos, entre ellos el tanque Tipo 100, nuevos misiles antibuque de la serie YJ y sistemas láser y de microondas destinados, entre otras funciones, a neutralizar drones.

También mostró los componentes de su tríada nuclear —sistemas terrestres, submarinos y aviación estratégica— reforzando la credibilidad de su capacidad de disuasión.

La transformación resulta igualmente visible en el ámbito naval. El nuevo buque de asalto anfibio Tipo 076 incorpora tecnologías relacionadas con el portaaviones Tipo 003, especialmente sistemas de catapultas electromagnéticas capaces de operar con aeronaves tripuladas y no tripuladas.

El salto tecnológico de la aviación china

El desarrollo de la aviación militar china recibió especial atención después de la batalla aérea entre India y Pakistán de mayo de 2025. La Fuerza Aérea pakistaní empleó cazas J-10C y misiles PL-15 de fabricación china frente a la aviación india, equipada con modernos cazas occidentales Rafale.

Pakistán derribó varios aviones Rafale indios y no sufrió ninguna baja. Los mercados bursátiles reaccionaron al día siguiente con las acciones de Dassault Aviation, fabricante del Rafale, cayendo tras la batalla, mientras que las de AVIC Chengdu Aircraft Corporation, fabricante del J-10C, experimentaban una fuerte revalorización.

El episodio ha aumentado además la atención internacional sobre los cazas chinos de quinta generación ya operativos y sobre los de sexta generación actualmente en desarrollo.

La carrera hipersónica

Otro ámbito en el que China ha realizado importantes avances es el de las armas hipersónicas.

El sistema más conocido es el DF-17, asociado a un vehículo de planeo hipersónico capaz de maniobrar durante el vuelo, dificultando su interceptación mediante defensas antimisiles convencionales. China dispone asimismo del DF-41, un misil balístico intercontinental destinado a reforzar su capacidad de disuasión nuclear, y del YJ-21, un misil hipersónico antibuque.

Uno de los desarrollos de China que mayor atención ha generado al Congreso norteamericano es el ensayo con éxito de un vehículo hipersónico de gran altitud (HGV) transportado mediante un Sistema de Bombardeo Orbital Fraccional (FOBS). Un cohete impulsa el vehículo hasta una trayectoria orbital parcial antes de abandonar dicha órbita y dirigirse hacia su objetivo a velocidades hipersónicas.

Los misiles balísticos tradicionales desarrollan una curva elíptica desde el disparo hasta el impacto que puede ser calculada una vez que los radares, situados en las 57 bases norteamericanas que rodean en dos círculos a China, han detectado el lanzamiento, disponiéndose de tiempo suficiente (más de una hora) para preparar su interceptación. Sin embargo, el Sistema de Bombardeo Orbital Fraccional (FOBS) puede permitir aproximaciones con recorrido zigzagueante aleatorio desde el espacio orbital que tras ser detectadas por los radares tan solo tardan 2 o 3 minutos en impactar, imposibilitando la respuesta de las defensas antimisiles.

Un nuevo equilibrio estratégico

China está desarrollando capacidades destinadas a impedir que un adversario, que es tecnológicamente muy avanzado, pueda imponerle por la fuerza decisiones que afecten a su soberanía o a sus intereses fundamentales.

Esperemos que el principal efecto estratégico de la modernización militar china sea hacer mucho más difícil la posibilidad de una guerra.

Pedro Barragán. Economista y editor de China Información y Economía. Autor de Por qué China está ganando.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.