lunes, 13 de abril de 2026

¿Qué es la banca en la sombra?

Fuentes: El diario [Imagen: Exterior de la Bolsa de Nueva York en una imagen de archivo. Europa Press]

En las últimas semanas crece el temor a un desplome de firmas que suman más de 205 billones de euros, que pueden arrastrar a bancos tradicionales, en un sistema financiero donde todo está interconectado

En la última gran crisis financiera un concepto hasta entonces poco conocido lo cambió todo: las hipotecas subprime. Fueron la gota que colmó el vaso. Unos créditos inmobiliarios focalizados en Estados Unidos, de alto riesgo y elevada rentabilidad –hasta que se desplomaron–, que se convirtieron en el epicentro de un terremoto que conllevó rescates multimillonarios y la caída de nombres del sistema que parecían intocables. Han pasado casi dos décadas y las alarmas están comenzando a hacerse oír –y el volumen va subiendo– en un segmento del sector financiero al que también se le ha puesto nombre, que también tiene una regulación más laxa y que si cae, de nuevo, puede tener un efecto arrastre. Se trata de “la banca en la sombra”. Bajo esa idea está todo el sistema financiero no bancario, que queda al margen de la supervisión de los bancos centrales y que se alimentó, precisamente, después de la última gran crisis como alternativa a las entidades más tradicionales, donde se reforzaron las exigencias de capital para evitar problemas. Ahí están los fondos y firmas de inversión, los fondos de pensiones privados que agrupan, por ejemplo, a colectivos de trabajadores retirados que invierten a escala global, las ramas de las aseguradoras dedicadas a invertir en múltiples sectores, entre ellos, el inmobiliario; o el conocido como capital riesgo, entre otros.

A diferencia de las entidades financieras supervisadas y reguladas, estas firmas de financiación privada conceden créditos, pero no tienen depositantes como los de los bancos, aunque tengan inversores detrás.

Tampoco soportan las mismas exigencias de colchones de capital, con los que hacer frente a los vientos que vienen de cara, como está sucediendo actualmente ante la incertidumbre provocada por la guerra en Irán o las dudas sobre las valoraciones de los gigantes de la IA. Se dedican a conceder capital a empresas o instituciones, a cambio de una rentabilidad elevada y con periodos de vencimiento a medio o largo plazo, que puede llegar a cinco o hasta 10 años. La mayoría capta los fondos que luego prestan, que pueden proceder de otros inversores, de colectivos como los citados pensionistas –de EEUU o de Canadá, por ejemplo– y, también, de grandes fortunas. 

Los datos más recientes publicados por el Consejo de Estabilidad Financiera (FSB en sus siglas en inglés) –que coordina a nivel internacional el trabajo de las autoridades financieras nacionales y el de los organismos internacionales, como el BCE o el Banco de España– señalan que la banca sombra suma casi 239 billones de dólares (más de 205 billones de euros). Es decir, casi la mitad de todos los activos financieros globales. En España, según los datos publicados por el Banco de España alcanza los 1,6 billones de euros.

“Organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Consejo de Estabilidad Financiera y el Banco de Pagos Internacionales (BIS) han alertado recientemente de que este auge viene acompañado de vulnerabilidades estructurales que recuerdan a los desequilibrios previos a la crisis de 2008”, asegura Funcas. “Aunque hay diferencias entre el contexto actual y el de hace tres lustros, algunas similitudes preocupan: apalancamiento creciente, opacidad en ciertas inversiones, dependencia de calificaciones crediticias privadas y elevada interconexión financiera entre bancos y entidades no bancarias”.

El problema no es solo su dimensión, sino que esta banca en la sombra, esas firmas de inversión privada, están interconectadas con el conjunto del sistema financiero, también con las entidades bancarias que sí están reguladas y supervisadas. Y, si hay problemas, ya se sabe por la experiencia de 2008, que las piezas pueden comenzar a caer como en el dominó. De hecho, ya hace tiempo que algunos de los grandes nombres del sector empiezan a dejar pistas que señalan que no todo va bien. En octubre del año pasado, el consejero delegado de JPMorgan, Jamie Dimon, aseguró que se estaban viendo “cucarachas” en el sistema. Entonces se refería a las quiebras de firmas pequeñas, como Tricolor y First Brands, pero capaces de provocar daños colaterales. Ana Botín, presidenta de Banco Santander comparó esos indicios con otro animal: las medusas, porque no te impiden seguir nadando, pero “hay que ser muy cuidadosos” con ellas.

Unos signos de debilidad que van en aumento

Ese avistamiento de “cucarachas” o “medusas” coincide en el tipo con crecientes indicios de que algo está sucediendo en los mercados. A finales de febrero quebró la firma británica Markets Financial Solutions (MFS), enfocada en el mercado inmobiliario. Y uno de los bancos que figura entre sus acreedores es Banco Santander. Según Bloomberg, su exposición es de alrededor de 200 millones de libras, unos 229 millones de euros al cambio actual. 

La entidad española, según recoge EFE, califica la exposición total del grupo al crédito privado como “residual” porque representa menos del 1% de su cartera. Pese a eso, el banco ha reconocido a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) que existe riesgo de tensiones en el crédito privado. En concreto, en el folleto registrado en el supervisor del mercado español, señala que las dudas sobre la solvencia de determinadas instituciones financieras podrían generar problemas de liquidez y pérdidas en otras entidades. Santander también advierte de que un cambio brusco en el apetito por el riesgo de los inversores, por ejemplo tras perturbaciones en el crédito privado, podría provocar caídas significativas en los precios de los activos y endurecer las condiciones financieras globales.

Y cuando hay miedo, las puertas se cierran. Gigantes de la inversión, como BlackRock, Blackstone o Apollo han limitado los reembolsos –la retirada de dinero– de algunos de sus productos ante un aumento de las solicitudes de recuperar la inversión por parte de sus partícipes.

En los últimos días, la banca estadounidense está elevando los tipos de interés en los préstamos que concede a las firmas de inversión que apuestan por los conocidos como ‘business development companies’ (BDC), empresas en fase de desarrollo, según la información publicada por Reuters. El motivo, las altas valoraciones que han otorgado, por ejemplo, a las inversiones ligadas a la inteligencia artificial. No es lo único. Según la misma agencia, la ‘banca privada’ está dando más tiempo a algunas de las firmas en las que ha invertido para garantizar que devuelvan sus créditos aunque tarden más. Es decir, están alargando los plazos de pago ante el temor de no recuperar lo invertido en una especie de tormenta perfecta donde la financiación se concedió a tipos de interés bajos, que ahora tienen perspectivas de subir, las valoraciones de las acciones no son tan positivas como se pensaba y la incertidumbre con la guerra en Oriente Medio va claramente al alza.

Fuente: https://www.eldiario.es/economia/banca-sombra-inversion-fuera-regulacion-bancaria-saltar-alarmas-crisis-global_1_13115469.html 

¿Qué está en juego en la guerra de EE.UU. e Israel contra Irán?

Fuentes: Jacobin América Latina - Imagen: El presidente del Estado Mayor Conjunto estadounidense, 
el general Dan Caine, ofrece una conferencia de prensa sobre la Operación Epic Fury en el Pentágono, 
19 de marzo de 2026. (Vía Wikimedia Commons)

La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán entrelaza numerosos elementos geopolíticos clave, que van desde la apuesta inmediata para controlar vías estratégicas de circulación comercial hasta el inicio de una reorganización regional a gran escala.

Las escaladas bélicas en años recientes y, particularmente, las planteadas desde 2022 en Ucrania-Rusia, Palestina (y la región circundante. incluyendo a Israel, Líbano, Yemen, Iraq e incluso Afganistán y Pakistán), Venezuela e Irán, además de los países sancionados unilateralmente, conforman distintas batallas que están relacionadas. Ese uso de la fuerza busca impedir el declive hegemónico estadounidense y occidental en el mundo, que se siente desafiado por la irrupción de China, Rusia y sus alianzas.

En esta transición hegemónica global y conflictiva (una verdadera crisis sistémica), se intenta frenar el declive estadounidense (con una deuda de 38 billones de dólares) mediante un incremento del uso de su complejo militar-industrial. Eso no significa que vayamos a ver un final abrupto, sino que el rol estadounidense está puesto en cuestión por el ascenso o la recuperación de otras potencias en los planos militar, económico, científico-tecnológico y de distribución del poder mundial.

La situación interna de Estados Unidos está marcada por tensiones internas y crisis económicas. Una válvula de escape de su política hacia el exterior es la guerra e intervención en la política de otros países. Mientras su actualidad económica se ha debilitado, su poder militar se sigue expandiendo y se utiliza para doblegar rivales y subordinar a los países alineados. Por eso, traslada las disputas a ese terreno, al uso de medios militares «directos» e «indirectos» para intentar neutralizar el desarrollo de China y sus aliados.

Pese a argumentar que lo más importante era «America first» (Estados Unidos está primero), la estrategia de la política exterior estadounidense, si bien ha ido cambiando en la retórica, no refleja grandes cambios en los hechos. Por ejemplo, los defensores de esta política y del movimiento «Make America Great Again» (MAGA) proponían frenar en poco tiempo las guerras, pero los acontecimientos marcaron otro desenvolvimiento. El  objetivo de complicar los lazos económicos de otros países con China y de distanciarla de Alemania y la Unión Europea aumentaron, a su vez, la carrera armamentística y la belicosidad.

La otra gran tendencia coyuntural y estructural es el ascenso del poderío chino. Esto envuelve una disputa y una competencia con Estados Unidos en el terreno comercial, de los mercados, en lo tecnológico y en la influencia planetaria. Aunque siguen manteniendo intercambios en varias ramas, se registró una caída del 20 % en esos movimientos y. durante la última década, el gigante asiático alcanzó el 30 % de la producción industrial mundial, sobrepasando ya desde 2008 el 15 % de la de Estados Unidos (en 1995, Estados Unidos tenía más del 20 %, cuadruplicando el 5 % del país asiático).

Hoy China es el mayor importador mundial de petróleo y alrededor de tres cuartas partes de su consumo dependen del exterior. Es, además, el principal comprador de crudo de Irán y uno de los mayores importadores del de Arabia Saudita, al tiempo que lidera inversiones para  una transición energética orientadas a reducir el uso de combustibles fósiles. Esta doble condición explica su interés estratégico en asegurar rutas de suministro a través de puertos del Cuerno de África y de los principales estrechos marítimos, en el marco de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR). En ese esquema, China adquiere cerca del 19 % del petróleo que exporta Rusia, el 15 % del de Arabia Saudita y alrededor del 15 % del de Irán. En este último caso, esas compras representan más del 90 % de las exportaciones iraníes de crudo, que se comercializa con descuentos para sortear las sanciones internacionales.

En este contexto, se observa un realineamiento de las alianzas regionales en torno a la gravitación económica y política de China. Resulta clave considerar no solo las vastas reservas de hidrocarburos de países como Arabia Saudita, Irán y Emiratos Árabes Unidos—ubicadas en el estratégico Estrecho de Ormuz—, sino también la incorporación de los dos últimos al BRICS+ a partir de 2024 (con la invitación simultánea para Arabia, en proceso de integración). La ampliación de este bloque refuerza la articulación entre potencias energéticas y los nodos logísticos clave, como sucede con Egipto (el país más poblado de la región, que también ingresó al BRICS+ en 2024), que controla el Canal de Suez, y con Etiopía, situada en el Cuerno de África, próxima al estrecho de Bab el-Mandeb, por donde circula una parte sustancial del comercio mundial de hidrocarburos.

¿Qué se dirime en esta guerra?

¿Cuáles son las cuestiones principales que se dirimen en esta guerra? Una es la del petróleo y el gas, incluyendo su extracción, transporte y control, con toda una disputa para intervenir en los planes de aquellos gobiernos que difieren de lo pretendido por Estados Unidos y tienen un acercamiento a China y a Rusia. Por eso hoy, luego del fracaso de la guerra arancelaria y económica, Estados Unidos apuesta por intervenciones militares directas en las potencias petroleras. Sin embargo, por ahora, esta política impulsó una suba del precio del petróleo que afecta la economía mundial y refuerza la crisis sistémica actual.

El segundo factor sustancial es el alineamiento del dólar al petróleo (con los petrodólares) y el intento de evitar los intercambios en otras monedas. Defender al dólar implica combatir la creciente deuda estadounidense y financiar la hipertrofia militar. Además, sirve para escalar el antagonismo de la estructura imperial liderada por Estados Unidos frente a China, Rusia, Irán, Venezuela, Cuba y otros aliados.

En esas dos aristas, el Golfo Pérsico es uno de los ejes centrales del sistema energético mundial. Y el Estrecho de Ormuz representa un punto estratégico para el comercio mundial de petróleo y gas natural licuado (así como de fertilizantes, con Irán como uno de los principales exportadores de urea del Golfo). En la región circundante, Estados Unidos utilizó la fuerza para atomizar diferentes países (Iraq, Afganistán, Libia), acordando con los países del Consejo de Cooperación del Golfo o CCG (como Arabia Saudita, Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes). Irán, por su parte, encabezó el eje Teherán-Bagdad-Damasco-Beirut, con Palestina como importante punto de conexión entre sus integrantes.

El tercer aspecto pasa por el control de los mercados y las arterias de conexión, intentando desestabilizar las dos grandes vías o rutas comerciales estratégicas que convergen en Irán. Se trata de la IFR (o «Nueva Ruta de la Seda») y del Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur, desde Rusia, Irán y la India (una red multimodal de 7.200 km que conecta India, Irán, Azerbaiyán, Rusia y Asia Central). Ambas reducen tiempos y costos de envío en un 30-40 % con respecto al Canal de Suez u otros caminos y constituyen una alternativa para evitar las sanciones o la tensión con Europa. En contrapartida, en septiembre de 2023 se planteó como alternativa la instauración del Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa (IMEC, impulsado por India, Estados Unidos, la Unión Europea, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Francia, Alemania e Italia), un intento de opción respecto de los otros corredores, que busca fortalecer a la India en su competencia con la manufactura china y posicionar a Israel.

Irán es un nodo fundamental de la integración euroasiática, con sus corredores energéticos y de transporte este/oeste en la IFR y en el Corredor Norte/Sur. Además, firmó un tratado de 25 años con China por 400 mil millones de dólares de infraestructura a cambio de energía. El histórico interés por dominar a Irán proviene de su localización, de su importancia como una de las hegemonías regionales (también en el terreno de la influencia cultural) y de sus reservas energéticas, ya que no sólo cuenta con una de las mayores reservas petrolíferas mundiales (solo superada por Venezuela y Arabia Saudita) sino también con la segunda reserva de gas global, después de Rusia. Pero no se trata sólo del intento de control de  Irán sino de toda la región, ya que casi el 80 % de las reservas de gas mundiales probadas de hidrocarburos se encuentran en apenas diez países, ubicados principalmente en Asia Occidental y Rusia.

El cuarto punto sería la pretensión de afianzar una hegemonía regional israelí y la idea del Gran Israel, con un país fortalecido y ampliado, pero subordinado a Estados Unidos. Los cuatro factores están interrelacionados y se encuentran en una lógica que lleva décadas. Pero varias diferencias saltan a la vista en la coyuntura actual respecto del momento de la invasión a Iraq de 2003, en el marco de un mundo unipolar. Hoy EE. UU. tiene una mayor oposición y una menor fortaleza y, pese a su inmenso presupuesto militar, podría empantanarse gravemente en su iniciativa bélica en la región. Israel, por su parte, luego de avanzar con los acuerdos de Abraham, de estar cerca de una normalización con Arabia Saudita, de haber cometido el genocidio en Gaza, de encabezar el frente de guerra contra Hezbollá en el Líbano, de motorizar el cambio de régimen en Siria y de llevar adelante los ataques contra los hutíes en Yemen, hoy busca derribar a su principal rival regional.

El «capitalismo fósil»

La región del centro de Afroeurasia se ha visto envuelta en guerras durante todo el siglo XX y lo que va del XXI. Es la zona más intervenida militarmente en el último siglo y medio. Y no se trata solo de una disputa por los territorios y sus recursos sino también, como dijimos, de contrarrestar la expansión de potencias competidoras de Estados Unidos, con la particularidad de que en los últimos treinta y cinco años se han elevado los números de muertos, heridos, desplazados y refugiados en cada una de las intervenciones regionales. Por eso, el genocidio en Gaza se inscribe en ese marco, como evidencia de un síndrome del final de la posguerra fría y de la extensión espacial del complejo militar industrial (en concatenación con el conflicto Ucrania-Rusia-OTAN). Desde 2001, las invasiones de Estados Unidos y la OTAN (con la connivencia de más actores regionales y mundiales), causaron la muerte de 4,5 millones de personas e indujeron el desplazamiento de 38 millones de individuos, afectando a más de 100 millones de habitantes.

La lógica y estrategia estadounidense de comportamiento hacia los países con las mayores reservas mundiales de hidrocarburos se caracteriza por la alianza con Arabia Saudita, Emiratos Árabes y Kuwait, y por las invasiones a Iraq (1991 y 2003), Libia (2011), Venezuela e Irán (2026), así como por las sanciones y la guerra por delegación contra Rusia (desde 2015). En un historial estadunidense atravesado por una extensa serie de intervenciones militares y colaboraciones en golpes de Estado, este año se cumplen 250 años de su independencia, de los cuales solo en dieciséis no estuvo en guerras.

China, en cambio, en tiempos recientes le compró petróleo a aquellos países sancionados y selló tratados con varios de esos países sin usar la faceta bélica. Algunos de estos países, además de incorporarse al BRICS+, se sumaron a la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), como es el caso de Irán y, como socios de diálogo, de Arabia Saudita y Qatar. Ese contraste entre las políticas de las superpotencias hacia la región de Asia Occidental y Norte de África, se ve modificado por el rol de apéndice regional que cumple Israel. Y ahí es donde Gaza y la cuestión palestina adquieren un lugar preponderante por su ubicación, por ser un ejemplo de resistencia y por constituir la primera dificultad a las pretensiones hegemónicas regionales israelíes (que están totalmente incorporadas a la estrategia estadounidense). Pese a que hoy los ojos del mundo están puestos en el Golfo Pérsico y en todos los países que lo rodean, con énfasis en Irán, Israel continúa presionando a la Franja de Gaza y sostiene sus intenciones de anexar Cisjordania.

Es importante entender la lógica de cómo se conecta lo que sucede en Gaza (también en Líbano, Irán y el Golfo) con el «capitalismo fósil», el interés por el petróleo y el gas, las rutas geoestratégicas que atraviesan la región para conectar Eurasia y África. Esto está relacionado con una lógica de confrontación geopolítica entre el BRICS+ y el G7/OTAN,  en una disputa que todavía se mantiene fuera del ámbito pleno militar.

La lucha por la liberación de Palestina constituye un enfrentamiento al imperialismo liderado por Estados Unidos y al capitalismo fósil global. Los dos pilares de la hegemonía estadounidense en la región son Israel y las monarquías del Golfo Pérsico, ricas en combustibles fósiles. Palestina forma parte de un frente global contra el colonialismo y el imperialismo, por lo que el derrocamiento de los regímenes árabes conservadores de la región también resulta esencial para el triunfo de su lucha.

Una guerra asimétrica

La guerra contra Irán constituye una confrontación asimétrica, donde dos potencias militares y nucleares comenzaron un bombardeo sobre una potencia regional. Una serie de factores entrelazados sirven para comprender el contexto en el cual Estados Unidos e Israel precipitaron el ataque sobre Irán, recordando que, como planteamos al inicio, esta guerra regional es parte de la apuesta bélica estadounidense para frenar su relativo declive económico y hegemónico. El ataque también forma parte de la Guerra Global Híbrida, que combina métodos militares convencionales con tácticas no convencionales —guerra económica y política, ciberataques, desinformación— para desestabilizar adversarios, que se lleva adelante en varios ejes de conflictos abiertos simultáneos.

La estrategia estadounidense pasa hoy por atacar a Irán, como el eslabón que considera más débil del triángulo geoestratégico que conforma con China y Rusia, mientras le deja a Europa la tarea de desgastar a Rusia y espera el momento para ir por China. En ese marco, Estados Unidos intenta asestarle golpes a los aliados de la asociación estratégica sino-rusa, como es el caso de Venezuela y Cuba, además del país persa. En la práctica se corroboran, además, dos hilos conductores en la nueva estrategia estadounidense: el control de los puntos de reservas energéticas y de las rutas comerciales estratégicas. Estos objetivos explican las amenazas de ocupación de Groenlandia (por las nuevas rutas del Ártico) y del Canal de Panamá (junto con el dominio del Caribe).

En esta guerra asimétrica, los gastos son exponenciales para Estados Unidos porque la respuesta iraní es mucho menos costosa, por el uso de misiles balísticos y drones de tecnología más barata. La estrategia iraní, con la colaboración de un sistema de radares e inteligencia chinos, pasa por golpear a Israel y atacar a objetivos como las bases militares estadounidenses y a sus empresas o bancos en los países de la región, buscando atenuar y redefinir el control de Estados Unidos sobre el petróleo del Golfo Pérsico. La clave de la estrategia reside en que Irán limite el tránsito por el Estrecho de Ormuz solo a los petroleros cuya carga se haya liquidado en yuanes, lo que genera un debilitamiento en la dolarización del comercio energético mundial. Recordemos que el reciclaje de petrodólares constituye la base de la financiación y la militarización del comercio petrolero mundial estadounidense.

Entonces, los objetivos iraníes apuntan a erradicar la amenaza de incursiones militares, a frenar sanciones, a recuperar sus activos congelados y a terminar con la ocupación israelí de los territorios palestinos. En eso podría modificar el equilibrio geopolítico en el Golfo Pérsico, dificultando el control estadounidense de puntos estratégicos navales y de los corredores marítimos de la zona (prueba de ello es la retirada de tropas europeas de la OTAN de Iraq).

Por eso, esta es una guerra regional que toma carácter mundial por el impacto económico que genera el cierre del Estrecho de Ormuz y el golpe a la provisión de petróleo y gas al resto del mundo (sobre todo a Europa, Japón, Corea del Sur y la India). A esta crisis se suma el temor a que los hutíes dificulten el paso por el Estrecho de Bab el Mandeb hacia el Canal de Suez, lo que también encarece y prolonga los transportes marítim os al obligar a una circunvalación de África.

Algunos puntos clave a modo de conclusión

En esta guerra crucial, los aspectos más relevantes desde el punto de vista geopolítico son:

-Se trata de una continuación de la alianza estadounidense-israelí para, al menos desde la disolución soviética, impulsar un «caos controlado» en la región.

-El entrelazamiento político militar de Estados Unidos e Israel para esta guerra, hasta el momento no está siendo acompañado, como se esperaba, por la OTAN.

-Es clave el intento estadounidense de desestabilizar las rutas de aprovisionamiento chinas, los corredores económicos, la multipolaridad y el tablero euroasiático («geopolítica del caos»), además de debilitar el BRICS+ y las relaciones entre Irán, Rusia y China.

-Estos planes se están complicando por el contraataque de Irán (con apoyo chino a través del yuan y de ayuda en cuanto a inteligencia), lo que debilita la influencia estadounidense e israelí en el Golfo Pérsico, generando, de manera calculada, inmensas repercusiones financieras, económicas y de influencia.

-La desdolarización y la cuestión de los petrodólares (más la desdolarización incipiente o el desarrollo posible del petroyuan) aparece como un claro eje de disputa, un tema central ante  la posibilidad de una crisis económica mundial.

Martín Martinelli es historiador y doctor en Ciencias Sociales por la Universidad Nacional de Luján, donde se desempeña como docente. Autor de Palestina (e Israel): entre intifadas, revoluciones y resistencias y de Geopolítica del genocidio en Gaza.

Fuente: https://jacobinlat.com/2026/04/que-esta-en-juego-en-la-guerra-contra-iran/ 

¿Volver a Izquierda Unida?

No se puede volver a IU porque IU sigue existiendo cada vez más menguada y con las mismas limitaciones ideológicas y políticas que en su nacimiento, que no fue otro que el intento de amplios sectores de la militancia eurocomunista de ocupar el espacio y patrimonio del PCE mediante su liquidación. Cosa que impedimos con el triunfo de Julio Anguita pero que no resolvió el problema ideológico y político del partido y de ahí, que hoy seamos un partido menguado y con escasos militantes y muchos menos trabajando en el movimiento obrero. El problema que tenemos la militancia comunista no está en que si la mayoría del partido decide tirar por IU o sumarla en otro frente o confluencia; que hagan lo que crean que deben hacer, porque el reformismo como pensamiento ideológico y político no se cambia solo mediante la crítica, sino apoyada en una práctica diferenciada de trabajo político e ideológico entre las masas obreras, de forma que ante las reivindicaciones que hagamos a la corriente mayoritaria del partido presente en las instituciones, tengamos a la gente detrás apoyándolas en la calle. Porque el problema no está en situarlos como enemigos por muy reformistas que sean, sino en superarlos con la participación y organización de nueva militancia y la generación de un movimiento social en la calle y para que esto sea posible, los comunistas que se adhieran al marxismo leninismo tiene una posibilidad de trabajo, que milagrosamente se mantiene en los estatutos: insertarse entre la clase trabajadora allí donde trabaja, vive y estudia, participando y organizándola en sindicatos de clase, asociaciones vecinales y estudiantiles y mientras tanto, apoyando con la crítica constructiva al reformismo en su intervención institucional, porque sinceramente ¿creéis que tenemos manos y mentes suficientes para tanto trabajo?. Nota de Alonso Gallardo                                                                                               




Juanjo Llorente   











La alternativa, pues, sigue siendo conformar organizaciones y alianzas con una línea clara de cambio social e identidad de clase. Desde esa perspectiva, IU podría ser eje si rompe con su tradición liquidacionista y se subordina a este frente, pero fetichizarla es repetir errores. La izquierda puede morir por renunciar al poder real de impulsar políticas de clase, no solo por unas u otras siglas
.

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Acaba de publicarse en un medio afín un artículo de Julio Casas que propone “volver a IU”, digamos que como única alternativa posible ante la quiebra actual de la izquierda patria. Se trata de una propuesta, en la que coincide la propia dirección de IU (Maillo plantea en realidad una superación vía Frente amplio) y también la del PCE, pero que adolece, a nuestro juicio, de claras limitaciones discursivas (contradicciones y omisiones argumentales) además de ideológicas.

En efecto, Julio Casas (en adelante JC) propone «volver a Izquierda Unida» (IU) como antídoto a la «disolución» en Sumar, pero idealizando su origen y criticando la actual dirección del Partido Comunista por subordinarse al PSOE. Aunque toca fibras reales de frustración militante, desde una perspectiva crítica estos argumentos -dicho sin la menor acritud- resultan más un lamento nostálgico que una propuesta basada en el rigor de los hechos o en una perspectiva propiamente transformadora de cambio social.

Porque presentar a IU únicamente como un proyecto «coherente» nacido del «NO a la OTAN» y del PCE como «corazón de clase», implica omitir que esa misma IU, desde los 90, es la que pactó con el PSOE en muchas autonomías y municipios; aceptó el euro y la UE sin rupturas; y se fue diluyendo en multitud de confluencias (como Unidas Podemos en el estado).

Si Sumar ahora supone «adaptación» al PSOE ¿qué fue de la pinza PSOE-IU en Valencia (Botánic) hasta hace pocos años, o en Andalucía? Al criticar la «subordinación» actual de IU, nuestro camarada JC ignora que se trata de la continuación de una estrategia histórica enfocada a la gestión institucional pura y simple, a mantenerse en las instituciones como prioridad absoluta. Una gestión que, como muestra sobradamente la experiencia, ha servido de bastante poco para mejorar sustantivamente las condiciones de vida de la población trabajadora.

Del mismo modo, JC alude al “conflicto” como la virtud subversiva de IU, pero silencia que bajo su paraguas se gestionaron políticas antisociales (como en los gobiernos autonómicos con recortes post-2008) y se viene aceptando la OTAN como «hecho natural», desde hace décadas. Acusar a Sumar de no confrontar con las eléctricas o de la precariedad social choca con que IU, en los gobiernos de coalición, también hizo lo mismo,  sin nacionalizar sectores clave ni intervenir más abiertamente sobre la economía.

De la misma manera, la propuesta planteada de  «acabar con Sumar» por simple «sentido común», pero admitiendo que IU debe estar «abierta a alianzas desde la igualdad» sigue chocando con la misma piedra: ¿cómo se puede IU aliar sin disolverse, cuando la historia muestra que sus confluencias siempre implican cesiones de todo tipo?

Piénsese por ejemplo en el rol de IU en la coalición PSOE-UP (2020-2023): reforma laboral pactada con sindicatos, mantenimiento de la OTAN pese a la invasión de Ucrania, vivienda sin expropiaciones masivas, y apoyo a fondos europeos que profundizaron la dependencia y los recortes. Si Sumar «no ha frenado a la derecha», ¿qué hizo IU en los ministerios?

E igualmente hay que recordar y subrayar que IU nunca impulsó un programa anti-UE real, aceptando en cambio el rearme europeo y las sanciones por recortes presupuestarios. Esto, sin embargo, es el meollo de la política para 2026 y 2027: escalada de la OTAN en Ucrania, genocidio en Gaza y rearme de la UE bajo presión de Trump.

En definitiva, la opción de «Volver a IU» más parece un reformismo nostálgico que una alternativa. Porque propone recuperar una sigla sin cuestionar la línea eurocomunista seguida de adaptación al capitalismo europeo.

La alternativa, pues, sigue siendo conformar organizaciones y alianzas con una línea clara de cambio social e identidad de clase. Desde esa perspectiva, IU podría ser eje si rompe con su tradición liquidacionista y se subordina a este frente, pero fetichizarla es repetir errores.

La izquierda puede morir por renunciar al poder real de impulsar políticas de clase, no solo por unas u otras siglas.

Fuente: Red Síntesis INFO

domingo, 12 de abril de 2026

El amo del Imperio


 EE.UU. :: 03/04/2026

TURI COMITO

El verdadero amo del imperio: Peter Thiel, padre supremacista y amo de Palantir, y la larga marcha de la supremacía digital

El padre supremacista y amo de Palantir, la empresa de control social que utiliza el análisis de macrodatos para «predecir» estadísticamente el comportamiento de individuos, grupos, comunidades y ejércitos y así controlarlos, llegó a Roma. Al parecer tuvo programada una conferencia «privada».

No entiendo para quién está reservada, pero es fácil imaginar: otros supremacistas ricos e influyentes como él, convencidos de que solo la tecnología, controlada por élites ideológicamente cohesionadas, puede frenar el infame «declive» de Occidente.

Ya se ha hablado de Thiel y de los demás magnates de la «mafia de PayPal» muchas veces. Insisto hoy de nuevo por una razón sencilla. Thiel no es solo un magnate adinerado como Gates, Bezos y otros multimillonarios como él. Es un ideólogo que maneja algunos conceptos filosóficos con cierta familiaridad.

Es alguien que no opera únicamente en términos de ganancias alcanzables. Opera según la lógica de la conquista del poder político para diseñar una nueva sociedad occidental basada en la idea del control totalitario de las masas, confiado a pequeños grupos capaces de comprender los desafíos que plantean otras potencias y superpotencias (China ante todo, pero no sólo) y contrarrestarlas para mantener la hegemonía y el dominio occidental.

Es algo mucho más complejo y matizado que un programa político. Es una cosmovisión, una ideología, de hecho. Que no es la liberal a la que estamos acostumbrados; eso, según Thiel, es una propuesta perdedora.

Ahora bien, el problema no es que estemos tratando con uno de los muchos que compran votos para apoyar a un candidato del Imperio estadounidense (también). El problema es que este tipo ha colocado a personas afines en puestos de poder prácticamente en todas partes (el vicepresidente Vance es su protegido, pero docenas de figuras poderosas están colocadas en todos los ámbitos: militar, inteligencia, bienestar social, etc.).

Pero, aún peor, está llevando a cabo una política de penetración generalizada e invasiva de sus sistemas de control informático, que ahora controlan tres cuartas partes del gobierno estadounidense y avanzan constante y continuamente en los gobiernos europeos.

Y no estamos hablando de software de procesamiento de textos. Estamos hablando de software utilizado por la policía y el ejército para controlar, predecir, dirigir y gestionar el comportamiento de multitudes de individuos. Y es propiedad de Palantir, no de quienes lo usan.

EEUU ya sufrió un golpe de Estado. Y no fue el peligroso payaso llamado Trump. Fueron Thiel y sus cómplices quienes, durante los últimos veinte años, se han infiltrado en prácticamente todos los bloques de poder político y administrativo estadounidenses mediante programas de software que ahora se han vuelto indispensable y que solo su empresa puede modificar.

Así que, si queremos ver el rostro del nuevo poder totalitario y supremacista en Occidente, quedemos con la foto de Thiel y olvidémonos de Trump o Epstein.

Megachip


Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/el-amo-del-imperio

Fidel contra los sectarismos: Algunas lecciones


CUBA :: 03/04/2026

RAFAEL HERNÁNDEZ

Los atavismos sectarios de hoy, distintos, naturalmente, a los de los años '60, tienen el mismo efecto divisionista en las filas de quienes defienden el interés nacional, la revolución

Para los que acabábamos de estrenar el plan de 50 mil becas ofrecidas por el Gobierno revolucionario a los alfabetizadores, la educación cívica y política iban juntas, y transcurría más bien fuera que dentro de las escuelas. En vez de clases de moral y cívica, como las que me tocaban en mi antiguo colegio presbiteriano, de adquirir "valores y buenos sentimientos" sentados en las aulas, o de informarnos nada más que leyendo noticias, aprendíamos a pensar y a actuar viviendo, participando y discutiendo cada día.

Por supuesto que buena parte de lo que aprendíamos transcurría en las escuelas. Para el año que recién se iniciaba, el Gobierno había destinado 14.57 % del presupuesto nacional total a la educación, la ciencia y la cultura; se había puesto en vigor la reforma universitaria; y después de la nacionalización de las escuelas privadas, incluidas las religiosas, seguía habiendo muy buenos maestros, profesión que se había hecho aún más prestigiosa y que atraía a decenas de miles a dedicarse a la enseñanza.

Además de maestros que nos ayudaban a usar la cabeza, interpretar la realidad circundante y analizar sus problemas, los acontecimientos en el gran teatro del mundo en que vivíamos nos mantenían en tensión dinámica.

Ese aprendizaje incluía las lecciones de cívica y política que impregnaban las intervenciones públicas, casi diarias, de los líderes de la Revolución, más cargadas de razonamientos que de consignas, y a menudo muy desafiantes.

Esa capacidad de argumentación y poder de convicción de Fidel alcanzaba a los no revolucionarios, como el ilustre profesor de Filosofía Jorge Mañach, impresionado por lo que él calificaba como "el ángel de Fidel".

A quienes éramos todavía muy jóvenes, todo aquello de la Revolución nos apasionaba, porque tenía el arrastre de una aventura, que ocurría fuera de las cuatro paredes de nuestras casas, patios escolares, antiguas iglesias y barrios. Una aventura no programada, sin la tiesura formal de una asignatura; ni la índole de una descarga moral o pedagógica improvisada, como las que pululan hoy en las redes.

En aquellos meses de 1962 que precedieron a la Crisis de los misiles, tenía lugar la promulgación pública del embargo de EEUU sancionado por JFKennedy, y la implementación secreta del plan Mangosta, cuyo impacto en el auge de la contrarrevolución armada impregnaba la vida cotidiana en todas partes; junto con la denuncia de Cuba en los organismos internacionales sobre la inminencia de un ataque contra la isla. Como se había demostrado hacía menos de un año en Playa Girón, el sentimiento de defender la patria iba más allá de ideologías, credos o generaciones.

Hay que decir que no todo eran movilizaciones y alarmas ante la amenaza de los enemigos. También gozábamos de escapadas y libertades propiciadas por la participación en el delirio colectivo de la Revolución; y cogíamos para festejar hasta las consignas de las recién creadas ORI, el partido único en que se habían fundido las principales organizaciones políticas unos meses antes, y que nosotros convertíamos en congas.

O sea, que arrollábamos en el patio de las secundarias o en medio de la calle cantando "somos socialistas, p'alante y p'alante/y al que no le guste, que tome purgante"; o "la ORI es la candela/no le diga ORI, dígale candela".

Tampoco los discursos de Fidel o el Che iban dirigidos siempre contra el enemigo, la contrarrevolución, el imperialismo y sus aliados latinoamericanos. Recuerdo como si fuera hoy aquella intervención por la TV, donde vimos a un Fidel enardecido emplazar a miembros de la dirección de esas mismas ORI, por practicar una política sectaria. Palabra que se quedaría grabada desde entonces en nuestro vocabulario político.

Volver a leer hoy aquel alegato contra el sectarismo, que cumplió 64 años el 26 de marzo, podría resultar útil para identificar la genuina cultura política de la Revolución, nublada hoy por la confusión ideológica reinante y las disquisiciones magisteriales que la tocan de oído.

La crítica al sectarismo dentro de las ORI denunciaba con nombres y apellidos a quienes las habían convertido, a todos los niveles, en una instancia que concentraba y usurpaba poder a las instituciones del Estado y demás organizaciones; en una cofradía que repartía "favores, mercedes y daños"; y "al Núcleo [de las ORI] en un cascarón de revolucionarios,... que quitaba y ponía funcionarios, y en consecuencia no iba a estar rodeado por el prestigio que debe tener un Núcleo revolucionario, emanado única y exclusivamente de su autoridad ante las masas", y a cuyo alrededor "se iban creando las condiciones para formar una corte de aduladores que no tienen nada que ver con el marxismo, ni con el socialismo".

Según la meticulosa explicación de Fidel, no se trataba de errores causados por la falta de educación o de experiencia en los cuadros de base, sino de una política trazada desde la secretaría de Organización, que excluía a quienes no formaran parte del antiguo PSP, con el pretexto de que no tenían el dominio del marxismo-leninismo ni el nivel político y la experiencia necesarios para conducir la Revolución; es decir, no eran confiables, aunque hubieran combatido en la lucha contra la dictadura.

Ese sectarismo, "implacable, insaciable, incesante, aparecía por todas partes, desde la punta de Maisí hasta el cabo de San Antonio", porque era promovido desde arriba de manera consciente y deliberada, por el secretario de Organización, Anibal Escalante.

Se manifestaba en "el sectarismo de la vieja militancia", en "restregarles a la gente los tantos años de su presencia en los centros de trabajo". Y no era solo una cuestión "de palabras..., sino que para recibir un trabajo de dirección de personal, de determinadas funciones en la empresa, los trabajos mejor remunerados, había que militar en aquella secta".

Sin embargo, aquella crítica al sectarismo no se limitaba a la responsabilidad de unos cuantos dirigentes del antiguo PSP; ni a un problema de personalidades. En su larga intervención aquella noche de lunes de 1962, Fidel también criticaba el "sectarismo serrano", o sea, el de los combatientes de la sierra. A quienes lo practicaban, "los criticamos duramente...no fuimos tolerantes con ese sectarismo; censurábamos toda la ridiculez de aquel que se ponía a restregarles en la cara a los demás su sectarismo serrano".

Así que la crítica al sectarismo iba más allá de denunciar errores puntuales, y de separar de sus cargos o emplazar públicamente a los sectarios. Lo que estaba en juego era la calidad de una política revolucionaria y una organización donde, además de la unidad entre las fuerzas políticas que habían conquistado el poder, se crearan las condiciones que permitieran "la existencia y el funcionamiento de un verdadero partido de vanguardia".

A partir de ese día, comenzaría la construcción desde abajo de un Partido Unido de la Revolución Socialista, que no fuera nada más un partido de cuadros. Sus miembros tenían que haber sido seleccionados por los propios ciudadanos de la manera más democrática, considerando sus méritos, además de la lealtad ideológica, especialmente sus actitudes patrióticas, cívicas, morales y personales a lo largo de la vida.

El vínculo entre el partido y el pueblo era el eje político que lo distinguía de otros partidos leninistas. Más que una correcta "política de cuadros," ese eje iba a representar un mecanismo que pudiera prevenir el resurgimiento de políticas sectarias en su seno; pero sobre todo, que el prestigio de pertenecer al partido formara parte de la cultura política del socialismo cubano.

Esta condición era esencial en una organización que no se fundó para tomar el poder, sino desde el poder -como apuntara Fidel en este propio discurso--, para asegurar el curso de la Revolución.

Habiendo documentado algunos detalles de esta historia en artículos anteriores, quiero reflexionar acerca de las contribuciones de aquel discurso sorprendente, al margen del sectarismo "escalantista" o "serrano", a la cultura política de nuestro socialismo, que siguen teniendo una profunda actualidad.

Estas contribuciones se refieren a una visión dialéctica y antidogmática de la cultura y la historia de la Revolución propia de su pensamiento. Aclaración oportuna en este año de su centenario, dado que algunos magísteres tocadores de oído la confunden con las del marxismo-leninismo soviético, típicas de los partidos comunistas latinoamericanos de aquella época.

Son los que trastocan sus frases unitarias, dándoles un sesgo sectario, como cuando repiten "dentro de la Revolución todo, fuera de la Revolución nada", cambiando el sentido de la frase original. Y que en esa misma cuerda, tildan como heraldos del "capitalismo del desastre", o sea, contrarrevolucionarios, a quienes plantean la necesidad de repensar el socialismo, sobre la base de nuestra propia experiencia histórica, de los errores y fallas comprobados en su práctica concreta, y de considerar esa revisión también como una premisa de la defensa nacional ante el enemigo principal, para fortalecer nuestra capacidad de resistencia, y que la soberanía e independencia no dependan solo de las armas y disposición a pelearlas, sino de la viabilidad real de nuestro sistema.

Esos sectarios de hoy son los acusan de voceros del capitalismo a quienes identifican las formas de producción no estatales como parte orgánica del socialismo; aunque estas hayan sido avaladas por la Constitución, aprobada por 86 % de los votantes en el referéndum de 2019. Son los que meten en el saco de agentes del enemigo y quintacolumnistas a quienes simplemente discuten y analizan críticamente nuestros problemas, incluso en medios establecidos dentro de las instituciones del sistema.

En efecto, la autorreferrencialidad propia de la cultura de las redes, junto a la vagancia intelectual y la superficialidad propias de esa misma cultura, ha predominado sobre la revisión de las fuentes y la constatación de los hechos, hasta el punto que, incluso en textos tan restaurados e investigados en los últimos años como Palabras a los intelectuales (1961), se siguen repitiendo estereotipos y consignas, de un lado y de otro.

"Dentro de la Revolución todo, contra la Revolución nada" no era un mensaje excluyente, sino un llamado a la participación democrática, no solo de los intelectuales y artistas, sino de la gran masa de ciudadanos no revolucionarios, que Fidel identifica como esa mayoría de los cubanos para quienes se está haciendo también la Revolución

A pesar de que este llamado ocurre apenas unos días después de constituidas las ORI, el sectarismo las fue penetrando desde arriba en los próximos meses.

Para argumentar esa visión realista, no dogmática ni ideologizada sobre la política y la historia, Fidel vuelve, en esta misma intervención contra el sectarismo, a cuestiones de la estrategia revolucionaria, que, en su momento, levantaron polémica, como el asalto al Moncada o la expedición del Granma.

"Puestos nosotros en esta situación, otra vez, si lo habríamos hecho así o de otra forma....con la experiencia de entonces, es posible que volviéramos a hacer lo mismo". Pero deja abierta la posibilidad de tácticas alternativas, concebibles "con la experiencia de ahora". Porque "quien ignore que los hombres actúan precisamente con lo que saben, acordes con las condiciones, puede ponerse ahora tranquilamente a analizar tácticas mejores."

Ese enfoque desacralizador, realista, despojado de didactismo, ajeno a dictados ideológicos propios de la doctrina de la fe religiosa y a la actitud inquisitorial dentro de las propias filas, afirma la necesidad de aprender de la experiencia y de devolverle su lugar al estudio ecuánime de la historia y al pensamiento crítico, por encima de la doctrina:

"¿Se puede ser tan ciego, tan miope y tan idiota que no cuente para nada la lección de la historia? ¿Y que de la historia no se saquen las lecciones que hay que sacar?

La gente …muchas veces se pone a discutir sobre lo que no saben y sobre lo que no entienden. La historia es una sola y no se puede venir subjetivamente a rehacerla...Todas las historias subjetivas que se hacen tienen que deshacerlas de nuevo, para darle paso a la historia objetiva, a la historia real."

Según ese razonamiento, aprender las lecciones de la historia, sin velos ideológicos, resulta clave para una cultura política revolucionaria. Por oposición a hacerle caso "a cualquier bachiller que hablara más papagayamente sobre cuestiones del marxismo y del leninismo."

Por si estas reflexiones sobre los males del sectarismo para la política, y para pensar, entender y aprender de nuestros errores y experiencias resultaran remotas para algunos, quisiera terminar por donde empecé, recordando las circunstancias de suprema gravedad y peligro para la existencia misma de la Revolución que se estaban viviendo.

En aquel momento, estábamos más amenazados que nunca por los EEUU, cuyos buques de guerra nos rodeaban y hacían ejercicios de desembarco en isletas cercanas; lanchas artilladas basadas en su territorio atacaban a las nuestras; aviones de guerra de EEUU violaban con frecuencia el espacio aéreo de Cuba, en medio de un estado de guerra civil con numerosísimos grupos armados que ellos suministraban; el Pentágono aprobaban planes titulados Razones para justificar la intervención militar de EEUU en Cuba (9 de marzo de 1962); se juzgaba (y se transmitía por TV) el juicio y condena a 1200 invasores de Playa girón; desde la base naval de Guantánamo se asesinaba a pescadores; lanchas de la CIA ametrallaban el Hotel Sierra Maestra, cerca de donde vivíamos los becados; EEUU prohibía ayuda económica a todo país cuyos barcos y aviones transportaran petróleo u otros productos a Cuba.

Nada de eso impidió que aquel proceso contra el sectarismo, y aquella exposición de nuestras diferencias ideológicas y políticas internas se ventilara públicamente. Fidel estaba consciente de los peligros que se derivaban de hacerlo, y también de los que se corrían si no los hacíamos nosotros mismos, sin esperar por "el momento adecuado".

Así lo dijo aquella noche por la TV, en una intervención que he querido glosar in extenso, porque, a pesar de constituir un hito en la historia de la Revolución que se menciona con frecuencia, resulta muy difícil de encontrar hoy en ninguno de los sitios digitales que archivan y permiten acceder a sus discursos e intervenciones públicas.

El lector me preguntará, con razón, si gracias a aquella intervención memorable, las organizaciones y el proceso mismo se vieron libres de sectarismo en lo adelante. Naturalmente que no.

¿Y por qué? ¿Se trata de errores o desviaciones que pudieron ser rectificados luego, asociados a personalidades y preferencias ideológicas? ¿De circunstancias históricas que los favorecieron? ¿Culpa de la URSS, del marxismo-leninismo de los manuales, del síndrome de la fortaleza sitiada? ¿De pugnas interburocráticas o sectoriales? ¿O se trata de una cultura política y cívica transversal a grupos sociales, ideologías y posturas, que emerge en los sucesivos procesos de cambio, con raíces en la historia nacional desde el siglo XIX y XX, y llega hasta hoy?

Una cultura política donde se reúnen cualidades y rasgos que pudiéramos llamar emancipatorios, junto a otros más bien enajenantes y contradictorios con la diversidad y unidad nacionales.

He reservado para el final un párrafo de su intervención "para informar al pueblo" aquel lunes 26 de marzo, por la TV, dedicada precisamente a la naturaleza de una revolución.

No la cito a la manera ritual, para celebrarla y consagrarla, como se suele hacer con sus frases y las del propio Martí, sino por su lucidez y realismo, cualidades que los distinguían a ambos, como líderes e intérpretes de nuestra historia. La cito también por su utilidad para pensar a Cuba hoy tal como es; para entender las causas de las cosas, antes de creer que podemos erradicar sus males de un plumazo. Incluido el sectarismo.

Dice así: "La Revolución es un proceso muy complejo, porque en una revolución intervienen multitud de factores variados, una cantidad de pensamientos, de ideas, de hombres, muy distintos. Una cantidad infinita de circunstancias que van condicionando el proceso. Porque el proceso se construye sobre la realidad, no de una manera idealista, en la cabeza de los hombres. El proceso se construye en una realidad viva, sobre una realidad económica, social y política determinada."

Discutir y actuar ante esa realidad viva y determinada, requiere revalorizar el pensamiento crítico y el sentido de saber nuestra historia, sin atavismos sectarios ni mala conciencia.

Requiere, por ejemplo, cuestionar la tendencia a la descalificación política y personal del que no piensa como uno, el uso del anatema en lugar de la argumentación para debatir, las actitudes de rechazo y exclusión a priori de otros enfoques y alternativas basados en evidencias que ignoramos, la cerrazón mental ante lo que implica revisar acontecimientos y juicios establecidos, y considerar opciones, por prejuicios o simple repugnancia personal ante quienes los sostienen, reaccionar y tomar partido de entrada sin escuchar y razonar primero dejándose arrastrar por creencias arraigadas... Requiere también que los antisectarios se cuiden de replicar los hábitos mentales y actitudes de sus contrincantes.

Esos atavismos sectarios de hoy, distintos, naturalmente, a los de aquel grupo de Anibal Escalante, tienen el mismo efecto divisionista en las filas de quienes defienden el interés nacional. Filas que, como afirmaban las Palabras a los intelectuales, incluían a revolucionarios y a no revolucionarios, y solo excluían a los "irremediablemente opuestos a la Revolución."

Aspirar a desarrollar esa cultura que nos haga más libres, también de nosotros mismos y nuestras creencias arraigadas, puede ser más vital que nunca antes para preservar ese interés nacional en su realidad viva y actual. Circunstancia en que, una vez más, se decide nuestro futuro.

* Sociólogo y director de la revista Temas.

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