jueves, 16 de abril de 2026

¿Qué es un «gatekeeper»?


EUROPA :: 07/04/2026

ANDREA ZHOK

Al desviar el blanco de la indignación colectiva hacia objetivos ficticios, se prepara el terreno para la próxima ronda electoral, en la que se servirá la misma sopa podrida con un moño de otro color

Un «gatekeeper» (literalmente, «guardián de la puerta» un custodio) es quien canaliza las energías de protesta o revuelta de una comunidad y las dirige hacia objetivos inofensivos o ficticios. Esta definición me vino a la mente al observar la manifestación «No Kings» en Italia (pero no solo allí, en otros lugares también).

Digo de inmediato que es muy importante que muchas personas hayan tomado la iniciativa de hacerse oír y salir a la calle para expresar su desacuerdo, su malestar, su protesta. Sé con certeza que muchos han participado movidos por una indignación sacrosanta contra el genocidio palestino, contra la difusión de un espíritu belicista y los horizontes de guerra. Me parece algo hermoso y, por lo tanto, estoy a años luz de criticarlos. Pero es necesario ser cauteloso

La manifestación se mueve bajo un lema guía, una consigna: «No Kings». ¿Qué diablos significa eso? ¿Por qué se eligió este eslogan, esta consigna?

Se trata de una consigna importada de las protestas contra Trump que tuvieron lugar en EEUU. Y la primera pregunta que surge es: ¿por qué tenemos que sumarnos a una protesta que, legítimamente, algunos ciudadanos estadounidenses han dirigido contra su presidente? ¿No se podía usar un eslogan en italiano y dirigido a un objetivo italiano?

Y aquí surge una circunstancia agravante.

Si se hubiera protestado por algo concreto: contra el rearme forzoso, contra nuestra participación a regañadientes en guerras que no nos incumben (pero de las que pagamos las consecuencias), contra la agresión unilateral de Israel y EEUU a Irán, o cualquier otra cosa, un montón de títeres disfrazados de oposición parlamentaria no se habrían podido presentar en la plaza ni salir a las calles

No podrían haberlo hecho porque casi todas las decisiones internacionales del ejecutivo italiano (en línea con las directrices israelíes y estadounidenses) han sido acogidas y respaldadas por la oposición. Y esto, por cierto, viene sucediendo desde hace años y años, con cualquier ejecutivo y cualquier oposición. Han respaldado todos los cambios de régimen, han aplaudido el ataque a la Libia progresista, las sanciones a Rusia, el sabotaje del Nord Stream 2, han aceptado sin problemas (o con disensiones de pura forma) el genocidio palestino, etc.

El lema « ¡NO KINGS!», «¡No a los reyes!» fue concebido para ser engañoso e inofensivo.

En primer lugar, el eslogan apunta literalmente a un títere: ¿quién podría estar en desacuerdo con dispararle a la monarquía desde dentro de una democracia liberal? ¿Por qué no salir a la calle contra el fascismo o contra los tribunales de la Santa Inquisición? (Sí, lo sé, no debía darles ideas para las próximas manifestaciones.)

En segundo lugar, el eslogan sirve para desviar el objetivo hacia una dirección que se puede instrumentalizar libremente y se puede utilizar fácilmente. Precisamente porque «¡No a los reyes!» no tiene ningún significado literal, hay que recurrir a una interpretación metafórica.

¿Y cuál es?

Sencillo: nos oponemos a quienes, según nos dicen, son ajenos a la democracia liberal. Metiendo en una misma bolsa a todos los «malos» denunciados por los periódicos financiados por los mismos que apoyan el Rearme de Europa, que conceden bases militares a los estadounidenses para sus bombardeos, que condenan a Europa a la desindustrialización al romper las relaciones con Rusia, etc.

Así, « ¡No a los reyes!» es un eslogan que sirve para encubrir el hecho de que figuras como Trump y Netanyahu NO SON EN ABSOLUTO REYES; son los hijos predilectos del sistema democrático-liberal. (Y, por cierto, tampoco son «reyes» Putin o Jamenei; mientras que, fíjate, sí lo son Bin Salman de Arabia Saudita o el heredero al trono persa Reza Pahlavi, nuestros grandes aliados...).

Al desviar el blanco de la indignación colectiva hacia objetivos ficticios y libremente reinterpretables, se prepara el terreno para la próxima ronda electoral, en la que se servirá exactamente la misma sopa podrida, solo que envuelta con un moño de otro color.

linterferenza.info


Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/que-es-un-llgatekeepergg 

Crítica por el mecanicismo metafísico de la izquierda en la crítica al gobierno progresista


Alonso Gallardo militante comunista … marzo de 2026

Con esta crítica intento unir metodología de trabajo científico para la búsqueda de la verdad en los hechos en el saber y el poder parafraseando a Foucault, desde la reflexión de la crítica a los jóvenes hegelianos de Marx y Engels en la “Sagrada familia” y con Lenin en “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”. Para ello, todo hecho hay que situarlo en el contexto histórico del momento sociopolítico que se produce, para no distorsionar los hechos ni la historia aunque sea contada a grandes rasgos, de las políticas y prácticas del gobierno progresista y de la crítica que el infantilismo de izquierda realiza, entendiendo, que la crítica siempre debe hacerse desde la defensa de los intereses generales de la clase trabajadora, como forma de entender la lucha en los momentos históricos tal como se presenta y fuera del idealismo metafísico, donde todo es estático e inamovible en un mundo onírico que sectores comunistas y de la izquierda presentan. La situación geopolítica internacional de guerras y caos y la nacional, ante una posible derrota de las fuerzas que componen el gobierno progresista, obliga a un debate al movimiento comunista español y a la izquierda y más en estos momentos, con el XXII Congreso del PCE delante que obliga a profundizar en la unidad comunista, que para avanzar deberá romper con el marxismo occidental de carácter metodológico y visión del mundo mecanicista, metafísico y sectario.

Lo primero de todo para situar los objetivos, tácticas y programas del movimiento obrero y de la izquierda que lucha, es la de situarse en el actual contexto geopolítico de crisis económica global del sistema de libre mercado monopolizado, por colapso y competencia del Sur Global apoyada en la economía de mercado planificado socialista de China. Crisis que se inicia a partir de la reducción de los beneficios empresariales en los años sesenta del siglo XX, cuando la oligarquía imperialista empresarial y financiera de los EE.UU a través de organismos como el FMI, OMC, BM y gobiernos acólitos, responden con un proceso de privatizaciones, precarización laboral y desmantelamiento del estado de bienestar, para recuperar capital ficticio con la financiarización de la economía y el extractivismo de lo social en un mercado capitalista global monopolizado de contenido neoliberal.

Proceso ofensivo con el que el imperialismo yanqui-occidental destroza a la URSS, mediante el acoso y la injerencia a través de una élite burocratizada y corrupta, logrando instalar en los noventa un mundo bajo el mando unipolar de la oligarquía imperialista yanqui, generando un proceso ante la imposibilidad de recuperación de la economía productiva de caos y guerras por todo el planeta. Con este proceso confronta la China socialista que ante las injerencias y bloqueos de los EE.UU, rompe con el bajo perfil instaurado por Deng en los años setenta, iniciando un desarrollo en competencia económica, tecnológica y científica con el occidente para la superación de la hegemonía yanqui y garantía de soberanía. De este movimiento soberano, surge la escalada de guerra mundial imperial iniciada en el 2014 con el golpe de estado yanqui en Ucrania para destrozar a Rusia, a la que obliga entrar en guerra en el 2022 para posteriormente, con la ocupación y destrucción en Gaza y Palestina provocar la intervención de Irán para destrozarla, por ser los principales sostenedores energéticos de la potencia China que es el objetivo final del caos y las guerras y en ello continúa.

Toda táctica, programa y alianza debe partir de la realidad que determina la contradicción principal y el enemigo principal a combatir, desde la defensa de los intereses generales de la clase trabajadora y el pueblo, la correlación de fuerzas y la lucha de clases teniendo la búsqueda de la unidad como única forma de vencer. Como ejemplos escojo los que he considerado repetitivos en el movimiento comunista que se define como marxista leninista. Comienzo con uno que la mayoría utiliza de arma arrojadiza, que al parecer demuestra la caída libre socialista por la derrota en todas las elecciones autonómicas convocadas, denunciado como un negocio de socialistas y reformistas de izquierda al reeditar el NO A LA GUERRA, de las movilizaciones contra la intervención imperialista yanqui y la OTAN en Iraq apoyada por el gobierno de Aznar y la derecha, por convocar una movilización paralela a las del movimiento antiimperialista español en Madrid.

Si así fue, lo correcto desde la perspectiva de los intereses generales de la clase trabajadora y el pueblo, de la correlación de fuerzas y la unidad como requisito indudable de las fuerzas obreras y populares para la victoria, hubiera sido la de intentar ir unidos -aunque no fueran revueltos- en la misma convocatoria y la crítica, ejercerla contra los que rechazan la unidad o que desde el inicio no la propusieron, porque es posible y así se ha dado numerosas veces, que ni unos la proponen ni los otros la quieren y así nos encontramos, cuando las decisiones se toman con el ombligo y no desde los intereses de la clase trabajadora y el pueblo. Estando las fuerzas populares divididas es cuando se pierden batallas y elecciones ante el enemigo de todos: la imperialista derecha española.

Para entender esta incoherencia en organizaciones obreras y populares debemos entrar en su forma de pensamiento escrito, porque es difícil encontrar su práctica en el seno de las organizaciones de masas, por estar muy centrados en colectivos y plataformas interseccionales entendidas desde la perspectiva de Judith Butler, de organizarse sectorialmente por identidades y plataformas y no es que esté mal, es que así a los comunistas y revolucionarios, nos alejan de la lucha económica como corazón de la lucha de clases. La batalla debe darse en la calle y en los lugares de trabajo, barrios o estudio y de ahí que hoy, en lo que menos se piensa a la hora de tomar decisiones de las que nunca se rinden cuentas directas ante la clase obrera sea en los intereses generales, correlación de fuerza y unidad en la lucha de clases, primando el ombligo y la crítica a los aliados que conforman el pueblo, porque al parecer tenemos muy extendido el dicho, de que no hay obrero más tonto que el que vota a la derecha y muy poco extendido, el del radical de izquierda que sin ser alternativa alguna critica al reformismo de izquierda favoreciendo a la derecha que el tonto vota.

Como ejemplo la disociación que se hace de un proceso histórico por una metodología mecanicista de pensamiento, ¿cómo se puede igualar a Pedro Sánchez con Felipe González -más allá de que son del PSOE- cuando llegaron a la secretaría general del PSOE y la presidencia de gobierno de forma distinta? -también podemos añadir antagónica-. Posiblemente sea porque Lenin confrontó con ellos en la primera guerra mundial, por el pronunciamiento de socialdemócratas liberales dando el apoyo a la guerra imperialista iniciada por los gobiernos burgueses. Pues ahora hacen lo mismo a pesar de lo llovido y de la autocrítica del VII Congreso de la Internacional Comunista, base de apoyo a los frentes populares del PCE de José Díaz y de crítica al radicalismo infantil trotskista y anarcoliberal. La crítica de Lenin enlaza con la de Felipe González como ejecutor de las políticas neoliberales que precarizaron y desestructuraron con sus reformas, la vida laboral y social de la clase trabajadora y el pueblo además de meternos en la OTAN. Para esta forma de pensar mecanicista y metafísica de ver la crítica de Lenin como dogma, impide entender que hay una nueva realidad que surge de un nuevo proceso histórico y de correlaciones de fuerza; para ellos todo es un bucle que se repite una y otra vez y de nada sirve que Pedro Sánchez lograra la Secretaría General del PSOE y la Presidencia del gobierno, en confrontación con Felipe González y la oligarquía industrial y financiera imperialista española subordinada al yanqui, ni que formara gobierno con la izquierda reformista, al contrario, lo que cuenta, es que se formó en acuerdo táctico con la clase dominante para impedir la formación de una izquierda alternativa y paralizar la movilización social. Juicio de intenciones que lo dice todo de nuestro valor al depender nuestra existencia de lo que hace o deja de hacer el reformismo.

Sucede parecido con la crítica que se ejerce contra la socialdemocracia y el reformismo por situar al fascismo y a VOX como los principales enemigos del pueblo, lo cual no es incorrecto aunque si parcial por ocultar al imperialismo, para atraer el voto de izquierda metiendo miedo con el fascismo y así engañar a la gente para después hacer lo mismo que la derecha, vamos que la clase trabajadora es tonta. La base de todo está en elaborar un relato y después creerlo como verdadero en su mundo onírico, pero la realidad vivida por la clase obrera no es esa. El Gobierno progresista es obvio, que gestiona la política desde una base contradictoria y sin la existencia de una movilización de masas alternativa que los condicione, más allá de respuestas puntuales sectoriales con la excepción vasca de corto aliento, porque sus referentes están fuera del contexto español y sin alternativa posible y lo que consigan será para la patronal vasca en línea de lograr la ruptura de la caja única de la seguridad social y pensiones como hicieron con hacienda. Porque aunque la izquierda y muchos comunistas no acaban de entender, España es un estado único con una única oligarquía dominante a la que una sola clase obrera unida con un solo partido obrero, puede liderar colectivamente hacia la toma del poder y lo deseable es que sea, si nos dejan, de forma democrática y pacífica.

Decía antes, que la realidad que vive la clase obrera es distinta porque no es tonta y sabe en que momentos arriesgar y cuando resguardarse. Sabe que lo fundamental es comer y dar de comer a su familia tal como lo definió Marx como principio del materialismo histórico: que dentro de la lucha de clases lo fundamental es la organización de la vida material y la reproducción social. Desde la terminación del sistema de producción fordista -en España iniciado los setenta- para vivir con cierta comodidad se necesitan dos sueldos y cuando no se tienen referentes de clase, sencillamente vota lo menos malo o se abstiene dependiendo la región donde vive y las empatías, de ahí, que viendo las políticas generadas desde el gobierno progresista la clase obrera -no la izquierda- en su mayoría ven los avances de este gobierno, sobre todo la clase obrera con convenio colectivo, empleados públicos y pensionistas. También por la subida del SMI – hoy mínimo de 1221€ al mes en nómina- estando obligado por ley el empresario a pagar al trabajador el convenio del ramo al que pertenece o el de la empresa para la que trabaja si lo tiene si es subcontrata, limitando los contratos temporales a dos: estructurales y formativos; reconfigurando el espacio donde vive la clase trabajadora con seguridad y estabilidad de los proyectos de vida con el aumento considerable de empleo. Porque entre otras cosas aunque lo social determine la conciencia, la experiencia nacida de los hechos en momentos determinados influye. Cierto que la patronal incumple la ley, pero las sociedades que viven bajo la lucha de clases, el responsable de organizar y defender sus derechos es su vanguardia organizándola en sindicatos y asociaciones vecinales y aprovechar los resquicios legales no el estado burgués.

Cierto también ,que un sector de la clase trabajadora que posiblemente supere el tercio, continúa viviendo en la precariedad, marginación y la exclusión social, por lo mal gestionado políticamente y por falta de un estado central que garantice a todos por igual los derechos del Ingreso Mínimo Vital, por el proceso burocrático que tienen que superar en los distintos organismos de las competencias cedidas a las Comunidades Autónomas -de carácter cuasi confederal- y los ayuntamientos, que en manos de la gestión de sectores neoliberales y de derechas que más que pegas, hacen negación del derecho. Este sector por su desestructuración social es el más despolitizado y desorganizado, por lo tanto el más manejable por la derecha, el fascismo y el oportunista en las filas de la izquierda. Pero el organizarlo y politizarlo, es responsabilidad de los comunistas que al abandonar la línea política de masas en las organizaciones obreras donde trabaja y vive por la superestructura institucional, quedando bajo la marginación social, la influencia fascista y de las sectas religiosa, llenando los espacios vacíos por falta del referente político de clase. Cuando debiéramos ser conscientes, que organizarlos solo es posible con una formación e integración social y laboral.

Centrémonos en el absurdo de criticar al gobierno cuando apoya a la derecha -que lo veo correcto- igual que cuando se diferencia de la derecha y del imperialismo pero porque nos está engañando, como si hacer juicios de intenciones formase parte del leninismo. Esta actitud negativa que la clase obrera consciente sí ve, es la que la separa de la izquierda y comunistas; porque es de tal obviedad verlo tras las críticas y confrontaciones que el gobierno progresista provoca en el imperialismo y lacayos, que solo bajo la enfermedad del infantilismo de izquierda y el dogmatismo mecanicista es posible no verlo y obviarlo. Seguir teorizando bajo el prisma de los clásicos marxistas por lo que en su momento dijeron en la historia, como si el materialismo dialéctico no existiera y la materia y el pensamiento no estuvieran en todo momento en movimiento, cambio y transformación, sino en actitud inmutable e indiferente ante la situación geopolítica que la crisis global del capitalismo de mercado monopolizado provoca de caos y guerras. Este hacer de la izquierda y sectores comunistas con una visión del mundo onírica y metafísica, nace de un idealismo fruto de la derrota ideológica y política en los sesenta del movimiento comunista occidental, al abrazar el posmarxismo revisionista de nuevos sujetos revolucionarios como el nacionalismo disfrazado de soberanismo independentista o el feminismo de género ligado a sexualidades y sentimientos, que al situarlos como prioridades de la lucha provocó la división en el movimiento obrero y la izquierda, cuando son contradicciones que conforman el mundo cultural y de la individualidad de cada persona, separándonos del mundo del trabajo y de la clase trabajadora como principal sujeto revolucionario.

Toda crítica construida bajo una visión paralela de la realidad que la gente con conciencia política no ve nace con base errónea. El gobierno progresista no tumbó la reforma laboral de Rajoy porque la derecha del PSOE y de la que lo apoyó desde fuera para que el PP no gobernase, no permitió la humillación de los representantes políticos de la oligarquía española por los que ellos consideran una izquierda alternativa, incluso quitaron a la ministra de trabajo como portavoz. Pero en unidad con los sindicatos CC.OO y UGT consiguieron un logro incluso superior, derogando a cambio la reforma de Felipe González de 1984 responsable de la generalización de la precariedad laboral y la subcontratación. La reforma laboral aprobada en el 2021 entre otras cosas suprimió los contratos por obras y servicios de Felipe González, limitándolos a dos: estructurales y formativos. Recuperó la prevalencia del convenio de sector sobre el individual de empresa, Recuperó la ultraactividad de los convenios caducados quedando en vigor hasta uno nuevo y que entre otras cuestiones, obliga a a las subcontratas a pagar el convenio colectivo de la actividad principal cercenando el objetivo de la creación de las subcontratas de pagar menos salario.

Pasa lo mismo con el rearme; se le critica por reforzar el arsenal español de matriz en su mayoría estadounidense e imposible de sustituir de un día para otro, como por reforzar la inversión nacional o en colaboración con Europa, cuando es fundamental tener una soberanía militar para enfrentar el enemigo estratégico situado en el vasallaje de países como Marruecos al imperialismo de EE.UU, enfrentado a los aliados históricos de la España democrática y republicana como Argelia, el Frente Polisario o los países del Sahel y todo fuera del acuerdo de la OTAN. Igual, con la diferenciación política y diplomática en relación al genocidio palestino, a la agresión de Irán, al apoyo a Cuba o la continuada relación económica con China entre otras, en contra de las posiciones del parlamento y la Comisión Europea. Posiblemente no tenga valor por la correlación de fuerzas contraria contar las de cal y arena del gobierno progresista, pero está claro que por encima de maximalismos hoy no hay ninguna posibilidad de una alternativa por la izquierda al reformismo de izquierda, ni capacidad de movilización social como fue la de pensionistas capaz de empujarlo a la izquierda.

Lo mejor que puede hacer el movimiento comunista en la actual situación y debilidad organizativa, política e ideológica, es organizar sindical y políticamente a la clase trabajadora y movilizarla desde la defensa de sus intereses más inmediatos. Al tiempo que apoyamos a la izquierda socialdemócrata reformista actual en las batallas electorales, presionándolos con la gente en la calle desde la defensa de la unidad del pueblo y las fuerzas de izquierda como estrategia, mediante la crítica constructiva en su hacer, tal como Fidel explico: dentro de la revolución todo desde fuera nada. Con el objetivo de que desarrollen políticas económicas, sociales y democráticas a favor de la clase trabajadora y el pueblo. Estas son las tareas prioritarias de un movimiento comunistas débil y desorganizado, para que mediante el trabajo en las organizaciones de masas de los militantes y cuadros cambiamos las correlaciones de fuerza, pasando de la guerra de guerrillas en centros y sectores de trabajo, barrios, pueblos y centros de estudio a la espera de iniciarla, a las guerra de posiciones en las instituciones con la clase obrera organizada y politizada al frente de la lucha junto con la vanguardia comunista; porque no son las contradicciones ideológicas y limitaciones políticas de los socialdemócratas y los reformistas las que nos limitan sino que son las nuestras, incapaces de generar una movilización de masa independiente de otras clases sociales por nuestro aislamiento de la clase trabajadora.

miércoles, 15 de abril de 2026

Lenin y la dialéctica del socialismo


Pensamiento 7 abril, 2026 Gabriel Rockhill

  1. Aprendiendo a escalar montañas con Lenin

V.I. Lenin describió una vez una escena en la que un alpinista, buscando acceder a una cima nunca antes alcanzada, se veía «obligado a retroceder, descender, buscar otro camino, quizás más largo, pero que [le permitiera] alcanzar la cumbre». A una distancia segura, la gente de abajo observaba sus movimientos a través de un telescopio y se burlaba maliciosamente de él por no haber logrado su objetivo.

Algunos celebraban con alegría su falta de éxito y lo tachaban de loco, esperando que se cayera; otros ocultaban su regocijo y fingían pena por el hecho de que el pobre hombre no hubiera esperado a que completaran su bien pensado plan para escalar la montaña. Todos coincidían, sin embargo, en que lo que veían ante sus ojos era un caso claro de fracaso.

Los observadores de esta metáfora confían en la percepción sensorial para llegar a su conclusión. Lo que vieron fue a un alpinista alejándose de la cumbre y descendiendo. Lo que les faltaba era la comprensión: puesto que el escalador no podía avanzar por el camino elegido, la única forma posible de llegar a la cima era descender y buscar otra ruta.

Este texto fue escrito once meses después de la promulgación de la Nueva Política Económica (NEP) en marzo de 1921, que introdujo temporalmente «un mercado libre y el capitalismo, ambos sujetos al control del Estado». Como queda claro en el párrafo final del artículo de Lenin, el escalador que describió era una metonimia de los soviéticos que habían promulgado la NEP, a la que Lenin describió como «nuestra retirada, nuestro ‘descenso’». El líder de la Revolución Rusa nos proporcionó así una representación metafórica de la  dialéctica del socialismo: lo que a la percepción sensorial le parece un paso atrás es, al nivel de la comprensión, simplemente una maniobra necesaria para avanzar con éxito hacia el objetivo general.

  1. La dialéctica del socialismo

El proceso de desarrollo del socialismo se ha caracterizado por profundas contradicciones que a menudo han resultado extremadamente difíciles de trabajar y superar. Desde el punto de vista del análisis objetivo, esto no debería sorprender lo más mínimo. Después de todo, el socialismo es el proceso contradictorio de construir el comunismo a partir de las ruinas del capitalismo. Sus materias primas proceden del mundo capitalista existente, no de planos teóricos perfectos, y el producto final que pretende producir es, en muchos sentidos, el espejo opuesto de ese mundo existente. El socialismo tiene, por tanto, la tarea de hacer algo que parece imposible: hacer comunismo a partir del capitalismo.

Sin embargo, muchos en la izquierda occidental ­—es decir, la izquierda dentro del núcleo imperial— no comprenden esta contradicción. En su lugar, se limitan a comparar la imagen que tienen en su mente de una sociedad comunista perfecta con las sociedades socialistas existentes, y denigran a estas últimas por no ser idénticas a la primera. Si no hay una democracia obrera pura que funcione perfectamente, si no se suprimen inmediatamente todas las formas de relaciones laborales desiguales, si persisten formas de extractivismo, etc., entonces esa sociedad es condenada por no estar a la altura del modelo de comunismo que tienen en su imaginario.

Algunos en la izquierda occidental sostienen incluso que el propio Estado debe extinguirse bajo el comunismo, lo que significa que cualquier proyecto de construcción de un Estado socialista debe ser rechazado si no conduce inmediatamente a su propia desaparición.

Quienes ven el mundo de esta manera permanecen en el nivel de la percepción sensorial, donde «lo que ves es lo que hay». Si el socialismo no parece una forma perfecta de comunismo, entonces no debe estar en el camino hacia este último. Al igual que quienes increpaban al montañero de Lenin, no captan el contexto material más amplio y carecen de la comprensión de cómo un retroceso temporal puede ser necesario para encontrar el camino correcto hacia adelante. Lo que les falta, en otras palabras, es una comprensión de la dialéctica del socialismo.

  1. Imperialismo vs. Soberanía

A Ernesto Che Guevara, tras el éxito de la Revolución Cubana de 1959, se le preguntó por los principales problemas que afrontaba Cuba. Dijo que eran dos: el primero era el imperialismo, y el segundo era… el imperialismo. El chiste, por supuesto, era que el problema del imperialismo era tan grave que constituía algo más que un solo asunto. Tenía en mente todas las atroces operaciones que la principal potencia imperialista, Estados Unidos, dirigía contra la lucha por la soberanía de la pequeña isla: ataques con bombas y ataques aéreos con bombas incendiarias, campañas terroristas, guerra económica y el bloqueo ilegal, ataques biológicos y la propagación intencionada de enfermedades tanto a humanos como a ganado, guerra contra las cosechas, intentos de asesinato, campañas de propaganda incesantes y bien financiadas, extensas redes de espionaje dedicadas a juegos sucios, innumerables campañas de desestabilización y, por supuesto, la infame invasión de Bahía de Cochinos.

Esta lucha por la soberanía socialista frente al imperialismo no ha sido solo característica de la Revolución Cubana. Ha sido un rasgo de cada uno de los experimentos socialistas. A ninguno se le ha permitido desarrollarse de forma autónoma, sin injerencias externas y sin las formas más atroces de guerra híbrida anticomunista. En palabras de Michael Parenti, nunca hemos visto un solo ejemplo de socialismo puesto en libertad. Lo único que ha logrado abrirse paso a la existencia es el socialismo bajo asedio.

Esta guerra mundial interminable contra el socialismo es el contexto material necesario para comprender cómo es el socialismo en el mundo real. Es necesariamente una consecuencia de la lucha por establecer una soberanía autónoma en lugar de ser controlado política, social, económica y culturalmente por las potencias imperialistas. Dados los medios violentos e invasivos de estas últimas, la lucha por la soberanía socialista ha requerido el uso del poder y el control.

Este proceso de adquirir por la fuerza la soberanía que ha sido negada puede ser largo, pero es una táctica cuya estrategia es una forma superior de soberanía democrática que no requiera el mismo nivel de fuerza.

Quienes denuncian los proyectos socialistas como autoritarios suelen quedarse simplemente en el nivel de la percepción sensorial, percibiendo las medidas puestas en marcha para ejercer algún control soberano sobre la vida social, política, económica y cultural. Lo que les falta es comprender cómo esta realidad ha sido impuesta por los imperialistas, no por los socialistas.

  1. Desarrollarse o morir

Si los socialistas son capaces de tomar el poder en países que históricamente han estado sometidos a la dominación colonial, semicolonial o neocolonial, su lucha pasa de lo que Domenico Losurdo llamó una fase político-militar a una fase político-económica en la que el desarrollo de las fuerzas productivas es de importancia primordial. Tras décadas o incluso siglos de subdesarrollo capitalista, es absolutamente necesario desarrollar las fuerzas productivas para que estos países superen su estatus subordinado.

Este desarrollo también es necesario para satisfacer las necesidades de la población, que ha sido objeto de grandes privaciones debido a las condiciones de subdesarrollo que se le han impuesto.

Mientras que la historia del capitalismo ha demostrado que las fuerzas productivas pueden desarrollarse rápidamente mediante la depredación colonial y la explotación intensificada de las clases productoras en el extranjero, los estados que persiguen el socialismo deben desarrollarse por un camino diferente, consolidando su apoyo entre las clases trabajadoras y sin depender del excedente generado por el imperialismo y el intercambio desigual.

Si las fuerzas productivas no se desarrollan con la rapidez suficiente para que el país sea autosuficiente y capaz de defenderse, será aplastado por las potencias imperialistas. En algunos casos, la necesidad de desarrollarse ha sido tan aguda que algunos países socialistas se han visto obligados a aceptar, al menos temporalmente, compromisos tácticos como una mayor huella ecológica, la práctica del extractivismo, el uso de mano de obra explotada y un desarrollo desigual y desequilibrado.

Muchos han puesto el grito en el cielo en cuanto han percibido estas actividades bajo la bandera del socialismo. Las consideran señales claras de que estos países no están en el camino hacia el comunismo y que, por tanto, no son verdaderamente socialistas. Una vez más, la discrepancia entre una imagen preestablecida del comunismo y la percepción sensorial inmediata nubla la comprensión de las luchas materiales por construir el socialismo en el mundo real. Algunos de los atrapados en la percepción sensorial llegan a afirmar que nada de lo que ven ante sus ojos recibirá la etiqueta de socialismo a menos que se ajuste a una representación ideal de una sociedad futura.

Estas personas son como los burladores que siguen perfeccionando su idea de la escalada de montaña mientras otros la están escalando realmente, aunque sea en zigzags que parecen contradecir las ideas de los primeros.

  1. Dialéctica del socialismo

La percepción sensorial, podríamos decir, es el nivel más bajo de la conciencia socialista. Consiste simplemente en mirar el mundo y compararlo con una imagen mental, sin comprender necesariamente la naturaleza concreta del mundo o las luchas materiales en curso. La dialéctica del socialismo requiere que uno se mueva hacia el nivel superior del  entendimiento.

Como hemos visto brevemente en los casos del establecimiento forzoso de la soberanía autónoma y el desarrollismo, estos han sido necesarios para la supervivencia del socialismo dentro de un mundo imperialista.

Para dilucidar la dialéctica del socialismo, es útil distinguir entre táctica y estrategia. Las tácticas son las maniobras a corto plazo necesarias para avanzar hacia la estrategia, u objetivo general.

Como dejó claro Lenin en su metáfora del alpinista, a veces las tácticas parecen contradecir la estrategia. Al fin y al cabo, si alguien ve a un alpinista descender, ¿por qué iba a suponer que se trata de una táctica para alcanzar la cima? Del mismo modo, si alguien percibe países socialistas que mantienen formas disciplinadas de control y se ven impulsados a desarrollarse a un ritmo que tiene un impacto negativo en algunos trabajadores y en el mundo natural, ¿por qué iba a pensar que ese es el camino hacia el comunismo?

La respuesta, por supuesto, se encuentra en un nivel de conciencia socialista superior al de la percepción sensorial. En este nivel, resulta evidente que la naturaleza material del mundo es tal que ciertas tácticas, que a ojos aficionados parecen formas de retirada, son en realidad pasos atrás necesarios para dar saltos hacia adelante.

Cuanto más rápido puedan los países socialistas establecer su soberanía y desarrollar sus fuerzas productivas, más rápido podrán —si se mantienen en la senda socialista— pasar al siguiente nivel y superar estas contradicciones porque ya no estarán simplemente luchando por la supervivencia.

Esto no significa, por supuesto, que haya que aceptar simplemente todas las formas de disciplina y desarrollismo en cuanto ondeen la bandera del socialismo. Hay y ha habido diversos abusos, y el socialismo es algo que no está hecho simplemente por seres humanos, con todas sus diversas faltas, sino por seres humanos que han sido condicionados ideológicamente por el capitalismo.

Es importante, en este sentido, que la lucha social continúe bajo el socialismo, y que los proyectos socialistas hayan empleado diferentes tácticas para hacer frente al imperialismo y responder a la necesidad de desarrollo. Podemos, y debemos, evaluar críticamente el éxito o el fracaso relativo de tácticas específicas.

El ápice de la conciencia socialista no es el entendimiento, sino la conciencia práctica, y el reconocimiento de que la práctica es el árbitro último de la verdad. Esto es lo que aclarará qué funciona y qué no. En el caso del alpinista, ¿condujo su aparente descenso a su éxito práctico al escalar la montaña, o al menos al llegar a la siguiente meseta?

En el caso del socialismo, ¿han permitido estos aparentes pasos atrás que los países socialistas avancen hacia la estrategia a lo largo del tiempo, aunque hayan tardado décadas? Si no es así, ¿qué se puede aprender de este retroceso y qué otros caminos viables existen? Después de todo, no hay planos para el socialismo; solo hay un proceso práctico de aprendizaje que avanza, en parte, mediante el ensayo y el error.

Esta es una de las razones por las que es tan importante que los socialistas aprendan de sus errores prácticos, o de los de otros, para averiguar colectivamente cuál es la mejor manera de escalar la montaña. Esta tarea, por difícil que sea, debe cumplirse si la humanidad quiere tener un futuro, y la comprensión de la dialéctica del socialismo —basada en la primacía de la práctica— puede ayudarnos en este tortuoso camino.

  1. El legado práctico de Lenin

Lenin nos proporcionó una dilucidación tanto teórica como práctica de la dialéctica del socialismo. Aunque murió hace 100 años, su legado continúa en la lucha actual por romper las cadenas del imperialismo y avanzar en el proyecto del socialismo. Se ha aprendido mucho más en este proceso durante el último siglo, debido en gran parte a la compleja historia del socialismo de estilo soviético y su eventual destrucción.

Aquello fue un gran revés para el movimiento socialista mundial y, por supuesto, ha ido de la mano de una agresiva intensificación del imperialismo. Sin embargo, el fin de la URSS no fue en absoluto el toque de difuntos del proyecto socialista.

China, por citar el ejemplo más grande y visible, estudió de cerca la historia de la URSS y extrajo muchas lecciones prácticas de sus éxitos y fracasos.  Su reforma y apertura, no muy diferente de la NEP de Lenin, ha sido ridiculizada por algunos como un simple abandono del socialismo.

Es mejor entenderla, sin embargo, como una táctica específica para desarrollar las fuerzas productivas con el fin de llevar el proyecto socialista al siguiente nivel. Este proceso no ha estado, por supuesto, exento de contradicciones, y aún queda mucho trabajo importante por hacer. No obstante, le ha permitido persistir en el rumbo de desarrollar el socialismo con características chinas y, prácticamente hablando, ha contribuido claramente a que se convierta en un líder del proyecto socialista en el siglo XXI. China sirve así como ejemplo vivo de la dialéctica del socialismo y, por tanto, del legado histórico-mundial de Lenin

Fuente: Observatorio de la crisis 

El fin de la era del petróleo: Michael Hudson y la anatomía del colapso imperial

 
7 de abril de 2026
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El experto señala que las consecuencias más graves no residen únicamente en los precios del petróleo, sino en la escasez de fertilizantes y helio, que amenaza ya a los sectores agrícola e industrial a escala mundial.

En su reciente intervención en el podcast The Greater Eurasia, el economista Michael Hudson ha desplegado una tesis que redefine la actual inestabilidad global no como una serie de crisis aisladas, sino como el estallido de una Tercera Guerra Mundial de carácter sistémico, cuyo motor principal es el control desesperado de los recursos energéticos y la arquitectura financiera que los sustenta.

Para Hudson, la agresividad de Washington hacia Irán, Venezuela o Rusia no responde a una deriva errática de la administración Trump o a una respuesta coyuntural de la administración Biden, sino a una estrategia institucional profundamente arraigada que ha sido el hilo conductor de la política exterior estadounidense durante, al menos, los últimos seis presidentes. La novedad de los últimos años, iniciada con Donald Trump, no radica en un cambio de objetivo, sino en la caída de la máscara diplomática; mientras que Bush, Clinton u Obama envolvían sus intervenciones en la retórica de la democratización y la lucha contra el terrorismo, Trump tuvo la franqueza —o el descaro— de declarar abiertamente que el objetivo era «quedarse con el petróleo». 

Este control del petróleo y el gas, al que Hudson añade ahora el factor crítico de los fertilizantes y minerales estratégicos, no tiene como fin último el suministro interno de los Estados Unidos, sino la capacidad de ejercer un control asfixiante sobre el resto del mundo. Al monopolizar las llaves del flujo energético global, Washington se garantiza el poder de decidir quién puede desarrollar su industria y quién no, convirtiendo la energía en un mecanismo de extorsión política.

Hudson enfatiza que esta obsesión por el control de los recursos es lo que explica la persistencia de las sanciones y las amenazas militares en el Estrecho de Ormuz; EEUU necesita impedir que cualquier nación ejerza una soberanía real sobre sus recursos naturales fuera de la órbita del dólar, porque en el momento en que un país como Irán o Venezuela vende su petróleo de forma independiente, el sistema de dominación estadounidense pierde su palanca de presión más efectiva.

Esta estrategia de control físico de los recursos está íntimamente ligada a una realidad financiera que Hudson describe como un esquema Ponzi o una pirámide de deuda invertida.

Durante décadas, la economía estadounidense se ha sostenido sobre la financiarización extrema y una política de tipos de interés cercanos a cero, lo que ha permitido a los grandes fondos de capital privado capturar empresas y exprimirlas mediante el apalancamiento de deuda. Sin embargo, este modelo requiere de energía barata para mantenerse a flote.

Al utilizar las sanciones energéticas como arma de guerra, Estados Unidos ha provocado un aumento estructural de los costes de producción que, sumado al alza de los tipos de interés para frenar la inflación, está desmoronando la base del sistema financiero.

El mundo se encamina hacia una depresión económica de magnitudes históricas, superior a la de los años 30, debido a que las rupturas en las cadenas de pago y de suministro son ya irreversibles.

El análisis de Hudson es particularmente devastador al referirse a la situación de Europa, a la que califica de víctima en un proceso de «suicidio económico» inducido. Países como Alemania y el Reino Unido, históricamente dependientes de la energía barata de Rusia y la estabilidad en Asia Occidental, han aceptado subordinar sus intereses nacionales a la estrategia de Washington, resultando en una desindustrialización masiva. Al renunciar a los suministros rusos e iraníes, Europa ha destruido su ventaja competitiva, condenando a su clase trabajadora a un descenso brutal en su nivel de vida y a su industria a la irrelevancia.

Hudson señala la ironía de ver a los líderes europeos aplaudir políticas que, en la práctica, representan el fin de Europa como potencia industrial, mientras se refugian en mitos geopolíticos sobre amenazas de invasión que solo sirven para justificar un gasto militar que asfixia aún más sus presupuestos públicos.

En este escenario, el eje del mundo se está desplazando de manera abrupta hacia el Este. Hudson destaca un cambio semántico revelador: el antiguo «Cercano Oriente» ha pasado a ser denominado en los círculos soberanistas como «Asia Occidental». Este cambio no es baladí; refleja la integración de esta región en un bloque euroasiático liderado por China y Rusia que busca activamente la autarquía y la independencia institucional. Estos países se han visto obligados, por pura necesidad de supervivencia, a crear sistemas financieros, comerciales y de defensa alternativos que ya no dependen del FMI, el Banco Mundial o el sistema SWIFT.

Lo que Hudson observa es el fin de la hegemonía estadounidense no a través de un declive lento y gestionado, sino de un colapso repentino provocado por sus propias tácticas de confrontación.

Finalmente, Hudson concluye que la era del «hegemón benigno» y del derecho internacional como garante del libre comercio ha sido enterrada por la propia administración estadounidense. Al tratar como «autocracia» a cualquier país lo suficientemente fuerte como para defender su soberanía y su propia senda de crecimiento, Estados Unidos ha fragmentado el mundo en dos bloques irreconciliables.

La lucha actual no es por la democracia, sino por la defensa de una civilización basada en la soberanía nacional frente a un sistema imperial que ha decidido que, si no puede controlar los recursos del planeta, preferirá ver cómo el sistema internacional se hunde en una crisis sistémica.

El colapso del imperio estadounidense, lejos de ser un proceso externo, es el resultado de un sistema que ha priorizado la renta financiera y el monopolio energético sobre la estabilidad de la economía real global.

Hablar de “crisis”, de “tensiones” o incluso de “recesión” sirve para describir cifras, pero no alcanza para nombrar lo que empieza a intuirse en el trasfondo de los acontecimientos actuales.

Hay momentos históricos en los que el lenguaje económico se queda corto. Hablar de “crisis”, de “tensiones” o incluso de “recesión” sirve para describir cifras, pero no alcanza para nombrar lo que empieza a intuirse en el trasfondo de los acontecimientos actuales. Las advertencias del economista Michael Hudson no apuntan únicamente a una posible caída de mercados, sino a algo más profundo: una fractura estructural del sistema que sostiene la vida material a escala global.

Cuando se menciona un escenario comparable al de la década de 1930, la referencia no es casual. Aquella crisis no fue solo financiera: fue el preludio de reconfiguraciones violentas del orden mundial. Hoy, el conflicto en Oriente Medio vuelve a situar la economía en el terreno de la guerra, donde los recursos dejan de ser mercancías para convertirse en instrumentos de poder.

Reducir el problema al precio del petróleo es, en ese sentido, una simplificación peligrosa. Lo que está en juego es mucho más silencioso y, precisamente por eso, más inquietante. La escasez de fertilizantes compromete la producción de alimentos a nivel global, afectando directamente a la base de la subsistencia. El helio, aparentemente anecdótico para el imaginario común, resulta esencial para industrias estratégicas, desde la tecnología hasta la medicina. No hablamos, por tanto, de fluctuaciones coyunturales, sino de cuellos de botella que atraviesan la estructura misma de la reproducción social.

Lo verdaderamente alarmante no es solo la posibilidad de una crisis, sino la sensación de inevitabilidad que transmiten algunas de estas voces. Cuando se afirma que evitar la catástrofe “ha quedado fuera de lo posible”, lo que emerge no es un diagnóstico técnico, sino un síntoma político: la incapacidad —o la falta de voluntad— de los actores globales para desactivar dinámicas que saben destructivas.

En este punto, conviene preguntarse qué significa realmente “colapso”. No es un evento súbito, sino un proceso: desabastecimiento progresivo, encarecimiento de lo básico, aumento de las desigualdades, tensiones sociales crecientes. Un deterioro que no se vive igual en todas partes, pero que termina reconfigurando la vida cotidiana de millones de personas.

Tal vez el mayor riesgo no sea únicamente económico, sino perceptivo. Que la acumulación de crisis —energética, alimentaria, geopolítica— termine naturalizándose, diluyendo la urgencia en una especie de ruido constante. Y, sin embargo, es precisamente ahí donde se juega la posibilidad de respuesta: en la capacidad de nombrar lo que ocurre sin eufemismos, de entender que lo que está en disputa no es solo el equilibrio de los mercados, sino las condiciones mismas que hacen posible la vida. 

M. CARACOL. Hasta The Economist se ríe ya de Trump


Abril 2026











Durante la Batalla de Austerlitz en 1805, Napoleón aplicó la máxima de no interrumpir al enemigo cuando comete un error, frenando a sus generales para permitir que los ejércitos ruso y austriaco abandonaran las estratégicas alturas de Pratzen. Este error táctico opositor permitió a Napoleón contraatacar en el momento preciso y asegurar una de sus victorias más brillantes.

“Nunca interrumpas a tu enemigo cuando está cometiendo un error.” La portada de The Economist del 1 de abril condensa en una sola imagen buena parte del momento geopolítico actual: Trump, en primer plano, borroso, crispado, casi tragado por su propia gesticulación; al fondo, Xi Jinping, nítido y sereno. No se trata de una ocurrencia. El semanario británico expone que, en Pekín, la guerra impulsada por Washington contra Irán es vista como un  grave error estratégico de Estados Unidos; y que buena parte del cálculo chino consiste precisamente en dejar que ese error prosiga.

La Casa Blanca quiso vender la ofensiva como una demostración de fuerza: disciplinar a Irán, intimidar a sus adversarios y recordar al mundo quién manda. Pero, un mes después de iniciados los combates, el conflicto ha alterado los mercados energéticos, elevado el precio del crudo, ampliado la inestabilidad regional para los aliados de EE. UU. y abierto nuevos costes políticos y militares para Washington. El viejo imperio, en vez de exhibir omnipotencia, vuelve a demostrar que solo sabe incendiar, pero que ya no controla.

Hasta los espadachines a sueldo del capital de The Economist se percatan de que, desde la perspectiva china, esta guerra es una distracción que desgasta a Estados Unidos y lo aleja del tablero decisivo: Asia oriental. Además, la crisis generada da la razón a las tesis de Xi: blindar al país frente a choques externos mediante reservas estratégicas, diversificación energética y planificación económica estatalizada y a largo plazo. Al mismo tiempo, el cierre o la amenaza sobre el estrecho de Ormuz empuja a muchos países a pensar en la transición energética, un terreno en el que China domina cadenas clave como paneles solares, baterías y otros componentes. Mientras Washington improvisa al ritmo de los impulsos de Trump, Pekín es un actor metódico, confiado y confiable.

Washington ya no ordena el mundo, sino que lo desestabiliza, lo encarece y lo descompone. Y cada vez que lo hace, confirma ante millones de ojos su pérdida de hegemonía. 

martes, 14 de abril de 2026

Con su triunfo en Cochabamba, el evismo apunta a recuperar el poder nacional en 2030


BOLIVIA, BOLIVIA :: 04/04/2026

SPUTNIK / LA HAINE

El triunfo de Loza dará una plataforma al bloque popular, desde donde irradiar su propuesta política progresista al resto de los departamentos

El candidato a la Gobernación de Cochabamba, en Bolivia, el candidato de Evo Morales, Leonardo Loza superó el 40% de votos, pero cientos de campesinos se mantuvieron ante el centro de cómputo para cuidar su voto, ante sospechas de que se podría complotar y evitar la victoria del evismo en un departamento clave para las organizaciones sociales.

Desde su asunción, en noviembre de 2025, los integrantes de la Asamblea Legislativa Plurinacional --en un 85% de partidos liberales y conservadores-- no lograron acordar leyes de relevancia para el país. Pero sí se pusieron de acuerdo en una resolución: quitar el busto del expresidente Evo Morales (2006-2019) del Parlamento. Desde la estrepitosa caída del Movimiento Al Socialismo (MAS) el año pasado, se evidencia la intención del nuevo oficialismo de suprimir la imagen y el legado de quien fuera mandatario durante 14 años.

Desde finales de 2024, Morales está recluido en las poblaciones del Trópico de Cochabamba (centro), asediado por ilegales órdenes de detención. A pesar de las restricciones para desarrollar su trabajo político, el expresidente y sus seguidores demostraron que su propuesta política sigue vigente. El exsenador Leonardo Loza ganó la Gobernación de Cochabamba con el 40,31% de votos, con el 97,13% de actas computadas. Entre los afines al exjefe de Estado y al legislador prima la suspicacia hacia el accionar del Tribunal Supremo Electoral (TSE). Señalan que, desde este organismo, se podría complotar para evitar la asunción del nuevo gobernador evista. Por ello, desde el 25 de marzo mantienen una vigilia multitudinaria en las puertas del Hotel Regina, en el municipio cochabambino de Tiquipaya, donde se realiza el conteo de votos.

La politóloga Valentina Enríquez Moldez consideró que, "desde el momento en que el TSE permitió la inscripción de Loza, ya se ha contemplado la posibilidad de que Loza sea victorioso en esta contienda política". No obstante, recordó que en el Gobierno y en la Asamblea Legislativa "la mayoría viene de partidos de derecha, como el Partido Demócrata Cristiano (PDC), la Alianza Libre (del expresidente Jorge Tuto Quiroga), o de la Alianza Unidad", del empresario Samuel Doria Medina. En este sentido, evaluó que "a partir de la manipulación de los símbolos, ellos pretenden tratar de sepultar una historia. Pero no van a poder, porque es una historia que se sigue viviendo día a día en la organización política y en las movilizaciones que se gestan de a poco".

Como ejemplo, Enríquez mencionó las protestas de enero, cuando las organizaciones del bloque popular demostraron su músculo en las carreteras. Con más de 70 puntos de bloqueo, finalmente torcieron el brazo al Gobierno de Rodrigo Paz, quien tuvo que abrogar el decreto 5503, el cual, entre sus 120 artículos, establecía varias políticas de corte neoliberal, como la aprobación de proyectos de extracción de recursos naturales solo con la firma presidencial, prescindiendo del control ejercido constitucionalmente por la Asamblea.

El determinante apoyo rural

El 40% que obtuvo Loza --más de 400.000 votos-- provino fundamentalmente de las áreas rurales del departamento. "El porcentaje a favor del hermano Loza sigue subiendo en el cómputo y da por asegurada su victoria total, algo que ellos quieren evitar con artimañas", dijo a Sputnik Michael Rojas, secretario general de la Federación Intercultural Chimoré. Al superar el 40% de votos y sacarle más de 10% al segundo --Sergio "El Vikingo" Rodríguez, del partido Súmate, con el 23%-- Loza se habría impuesto en primera vuelta.

En el evismo se mostraron convencidos de que el triunfo de Loza dará una plataforma al bloque popular, desde donde irradiar su propuesta política al resto de los departamentos y, posiblemente, recuperar el poder nacional en las elecciones de 2030."En el departamento de Cochabamba agarraremos el poder y desde aquí, en el centro del país, vamos a reunificarnos con las organizaciones sociales del campo, de la ciudad, los profesionales, los gremiales, los transportistas, con un proyecto a largo plazo hasta 2030, cuando el hermano Evo Morales será nuestro candidato", dijo a Sputnik Víctor Mencía, secretario general de la Federación Trópico.

En este sentido se refirió Wilma Colque Sánchez, presidenta de la Coordinadora de las Seis Federaciones del Trópico. "Vamos a consolidarnos en Cochabamba, para de acá en adelante defender los recursos naturales, nuestro Estado Plurinacional, la Constitución y las demás conquistas del pueblo boliviano", dijo. Y agregó que "no se trata de una lucha de 50 ni de 30 ni de 20 años. Han sido luchas, luchas y luchas durante más de 180 años. Esa firmeza, ese compromiso con nuestros ancestros y nuestros abuelos va a continuar con las nuevas generaciones".

La dirigente dejó en claro que el expresidente Morales "por supuesto que va a acompañar al hermano Loza como su principal asesor, además de todas las organizaciones sociales que vamos a ayudar también para demostrar desde Cochabamba cómo se gobierna en todos los ámbitos, sin importar el color político de las alcaldías".


Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/con-su-triunfo-en-cochabamba-el-evismo