jueves, 13 de agosto de 2026

Juegos de azar en línea: la nueva economía de extracción y el drenaje de los salarios obreros


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Fausto Giudice presenta a Sarah Mokwebo, African Communist Nr. 217, april de 2026

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Nota del T. – Con sus 2 o 300 000 miembros, el Partido Comunista Sudafricano dista mucho de ser el grupúsculo en que se han convertido la mayoría de sus partidos hermanos europeos, cuando no se han hecho simplemente el harakiri. Fundado en 1921 por blancos, en buena parte judíos, rápidamente se africanizó a partir de los años 1930. Convertido en claramente opuesto al apartheid, se alió desde 1950 con los militantes negros del ANC, contribuyendo de manera decisiva a la creación y organización de Umkhonto we Sizwe (MK), la Lanza de la Nación, su brazo armado. Los comunistas abrirían a los militantes negros las puertas de la URSS, que proporcionaría armas y entrenamiento a los combatientes. Entre los formadores de combatientes en los campamentos de los países limítrofes, se encontraría incluso un veterano del Palmaj, la milicia sionista «de izquierda». Una vez caído el régimen del apartheid, las relaciones ANC-PC serían todo menos un largo río tranquilo, con altibajos, colaboraciones y conflictos, alianzas y rupturas. Se puede considerar que hoy el partido comunista está en la oposición y que la rama del ANC en el poder representa el non plus ultra del neoliberalismo. El hecho de que la revista teórica del partido publique el artículo traducido más abajo plantea preguntas: ¿tiene el partido la intención de hacer campaña para que Sudáfrica siga la vía china y prohíba simplemente las apuestas en línea? ¿Por qué este artículo solo menciona un caso individual, el de Cebile, cuando aparentemente el flagelo de las apuestas en línea afecta a cientos de miles, si no millones, de sudafricanos? Y last but not least, ¿se necesita teoría marxista mal digerida para entender el fenómeno y, sobre todo, ¿qué hacer para combatirlo?- FG, Tlaxcala

Sarah Mokwebo examina la explotación de la clase obrera por parte de la burguesía a través de los juegos de azar en línea.

La mayoría, si no todos, los niños africanos crecen escuchando que la educación es el camino para salir de la pobreza: ve a la escuela, trabaja duro, gradúate, consigue un buen trabajo y cuida de ti y de tu familia. Para Cebile, la realidad resultó ser mucho más dura. Nunca imaginó que su primer empleo formal después de graduarse la llevaría a luchar contra una adicción al juego. Como muchos jóvenes graduados africanos, el empleo se suponía que era un avance, no solo para ella, sino para toda su familia. En cambio, los salarios atrasados por parte de su empleador y las crecientes responsabilidades la empujaron a las fauces del hipopótamo de los juegos de azar en línea, dejándola con deudas, una profunda angustia financiera y relaciones familiares tensas.

Gran mural pintado en el lateral de un edificio. En el centro, una mujer con pañuelo en la cabeza mira tristemente un teléfono móvil mientras sostiene papeles o facturas. Corrientes de billetes y monedas salen de su teléfono y entran en un túnel o una bóveda oscura. A la izquierda, unos jóvenes celebran alrededor de un teléfono, un balón de fútbol, dados y monedas, sugiriendo el atractivo de las apuestas. A la derecha, mujeres y niños aparecen cansados y preocupados junto a una vivienda humilde; un niño hace los deberes y un bebé está en brazos. El mural expresa el impacto de las apuestas en línea sobre los hogares y la pobreza.
Mural que muestra el juego móvil como una fuerza que drena el dinero y la esperanza de las familias sudafricanas, contraponiendo la emoción de apostar a sus consecuencias emocionales y económicas.

La historia de Cebile puede ser personal, pero no es individual. Pertenece a una clase: los millones de trabajadores sudafricanos que venden su fuerza de trabajo para sobrevivir. Reciben salarios insuficientes para cubrir el costo de reproducir esa misma fuerza de trabajo, y luego son el objetivo de una industria que se beneficia de la brecha entre sus salarios y el costo de sostener la vida humana. En una economía caracterizada por el desempleo masivo, el trabajo precario y el aumento del costo de vida, el empleo ya no protege a los trabajadores de la pobreza.

Las plataformas de juegos de azar en línea no llegaron a esta crisis por casualidad; se sintieron atraídas por ella, como todo el capital se siente atraído por las concentraciones de necesidades insatisfechas. Lo que en gran parte no se dice es que los juegos de azar en línea funcionan como un mecanismo de extracción de plusvalía, un sitio secundario de acumulación, que opera después de que se ha pagado el salario, en las horas y la desesperación que deja la explotación.

Una industria construida sobre la inseguridad debida a salarios insuficientes

En septiembre de 2025, los datos de Statistics South Africa (StatsSA) revelaron hasta qué punto el juego ha entrado en la vida económica cotidiana. Los juegos de azar y las apuestas representan ahora más de un tercio de los ingresos del sector de servicios personales, convirtiéndolo en uno de los mayores sectores de servicios del país. A nivel de los hogares, el juego representa más de la mitad de todo el gasto en recreación y cultura, desplazando a los deportes, los libros, las vacaciones y las pequeñas dignidades que hacen que la vida sea vivible más allá de la mera subsistencia. Quitando la poca dignidad humana y el significado que conllevan los gastos y actividades recreativas.

Aún más sorprendente es el ritmo de su crecimiento. Los ingresos de los servicios de juegos de azar y apuestas en línea se han convertido en el componente de más rápido crecimiento de la economía de servicios personales en los últimos cinco años. Vale la pena detenerse y ampliar el tipo de crecimiento que es este. Marx observó que al capital no le importa el valor de uso de lo que produce, solo que genere valor de cambio, beneficio y acumulación. La industria del juego es quizás la expresión más pura de esta lógica: no produce nada de valor social, crea casi ningún empleo decente, no construye habilidades y no transfiere conocimientos útiles. Lo que produce, con extraordinaria eficiencia, es la transferencia ascendente de dinero. El crecimiento de esta industria no es un bien social. Es el registro estadístico de la extracción.

El cambio de los casinos físicos a las plataformas de apuestas en línea cuenta la historia estructural. Los casinos dominaron una vez el panorama del juego en Sudáfrica, con un 84% de cuota de mercado en 2009/10, mientras que las apuestas representaban solo el 10%. Durante la pandemia de Covid-19 – cuando la clase obrera en su mayoría estaba aislada en sus hogares, con sus ingresos amenazados, ansiosa por su salud y separada de sus comunidades y seres queridos – las apuestas finalmente destronaron a los casinos para convertirse en la forma dominante de juego.

La relevancia decreciente de los casinos físicos ilustra una de las características más fiables del capital: su capacidad de adaptarse ante cualquier obstáculo a la acumulación. Cuando la infraestructura física de extracción fue cerrada temporalmente, se reubicó en el teléfono en el bolsillo de cada miembro de la clase obrera. El teléfono inteligente reemplazó el piso del casino, y la industria nunca miró atrás.

El ejército de reserva y la aplicación de apuestas

Para entender a quién se dirigen los juegos de azar en línea, el concepto de ejército de reserva del trabajo de Marx es indispensable. El capitalismo, argumenta Marx, requiere un conjunto de trabajadores desempleados y subempleados. Este ejército de reserva disciplina a los que tienen trabajo manteniendo los salarios bajos, a los trabajadores dóciles y la amenaza de reemplazo siempre presente. En Sudáfrica, donde el desempleo supera el 40%, este ejército de reserva no es una abstracción teórica. Es una realidad vivida en cada township, cada asentamiento informal, cada hogar donde una persona empleada mantiene a cuatro o seis.

Es precisamente esta población – los desempleados estructurales, los precarios, los crónicamente mal pagados – la que las plataformas de juegos de azar en línea han identificado como su mercado principal. Para alguien excluido de la participación económica formal, una aplicación de apuestas ofrece la seductora simulación de la agencia económica: la sensación de hacer algo, de estar en el juego, de tener una oportunidad. Cada apuesta es una pequeña apuesta contra las condiciones de su propia desposesión. Las plataformas no han creado esta desesperación. Simplemente han aprendido a monetizarla con notable precisión.

Los jóvenes y los desempleados son los más expuestos, con el desempleo juvenil en Sudáfrica superando el 60% según la definición ampliada.

Apuestas el día de pago: interceptando el salario

Hay un patrón que los investigadores y analistas han llegado a reconocer con sombría familiaridad: el pico del día de pago. A las pocas horas de que los depósitos de salario lleguen a las cuentas a final de mes, el tráfico de las aplicaciones de apuestas se dispara. Esto no es coincidencia, sino diseño.

Marx describe el salario como el precio de la fuerza de trabajo, el pago mínimo requerido para reproducir la capacidad del trabajador para trabajar al día, semana o mes siguiente. El salario, incluso cuando se paga, es ya una cosa disminuida: representa solo una fracción del valor que el trabajador crea. Lo que hacen los juegos de azar en línea es interceptar incluso este pago reducido en su momento más vulnerable – el instante entre recibir el salario y el gasto, cuando el trabajador tiene brevemente más dinero del que tendrá durante el resto del mes.

Las plataformas de juego han construido toda su lógica de producto en torno a este ritmo. Las aplicaciones envían notificaciones push programadas en torno a los ciclos de pago de salarios. Ofrecen bonificaciones estructuradas para capturar fondos en los primeros días después del día de pago. La arquitectura está diseñada para competir directamente con el arrendador, los comestibles del hogar y las cuotas escolares por el salario de los trabajadores, y está diseñada para ganar.

Para muchas personas como Cebile, la primera apuesta rara vez se siente como un juego en el sentido convencional. Se siente como una estrategia, un intento calculado de cerrar la brecha entre lo que los salarios proporcionan y lo que cuesta la vida. Esto no es anecdótico. Los resultados de una encuesta de InfoQuest encontraron que el 53% de los encuestados apostaba porque necesitaba dinero extra o creía que una gran victoria cambiaría sus vidas y las de sus familias. La apuesta, en otras palabras, no es irracional. Es una respuesta racional a una condición económica irracional. Es el comportamiento predecible de una clase a la que el sistema salarial ya ha fallado, que se aferra al único instrumento que el mercado ha puesto a su disposición.

Con comida que poner en la mesa, un uniforme escolar de un hermano que pagar, el techo de un padre que gotea y que reparar y un salario que nunca alcanza del todo, hacer una apuesta en un partido de fútbol puede parecer menos un ocio y más un intento calculado de cerrar la brecha entre lo que los salarios proporcionan y lo que cuesta la vida. Este es el juego de manos ideológico del que depende la industria – la conversión de un problema estructural (salarios demasiado bajos para cubrir los gastos de manutención) en una oportunidad personal (una oportunidad de ganar lo suficiente para cubrir el déficit). La causa permanece «invisible». La solución es el juego en línea.

Cómo la extracción se anuncia a sí misma como liberación

El capitalismo siempre ha sido hábil para ocultar su propia lógica. Los trabajadores no ven un sistema que les paga mal y luego extrae lo poco que queda; ven una aplicación de apuestas, un bono, un premio mayor, una oportunidad de ganar dinero rápido. La causa estructural de su angustia financiera y el producto comercializado como su solución aparecen, en la misma pantalla, como cosas completamente no relacionadas. Esto no es un fallo de conciencia. Es la ideología haciendo su trabajo.

La saturación publicitaria que rodea a los juegos de azar en línea en Sudáfrica es un trabajo ideológico en el sentido más preciso. Plataformas como Hollywoodbets y Betway, que se encuentran entre las más grandes de Sudáfrica, no publicitan su producto como un mecanismo para redirigir el dinero de los pobres a los ricos, aunque estructuralmente esto es lo que es. Lo publicitan como entretenimiento, emoción y, sobre todo, oportunidad. Su marca envuelve las estaciones de taxis, interrumpe las transmisiones de radio, patrocina las camisetas de fútbol que usan los niños y los equipos deportivos, seguidos predominantemente por las comunidades obreras, e inunda los feeds de las redes sociales con testimonios manipulados de ganadores. El ganador siempre es visible. Los millones que pierden son estadísticamente necesarios, pero narrativamente ausentes.

Esta es la función ideológica de la publicidad del juego: representar un sistema de extracción como un sistema de oportunidad. Hacer que el producto que cosecha salarios parezca el mecanismo que los multiplica. El capital siempre ha necesitado este tipo de mistificación. Los juegos de azar en línea lo han refinado hasta convertirlo en un arte, entregado directamente a las pantallas de aquellos a los que pretenden extraer.

Mural ilustrado sobre una pared de ladrillo. Una figura sin rostro, vestida con traje, extiende unas manos largas sobre viviendas de township y personas que usan teléfonos móviles. Aplicaciones de apuestas, símbolos de dinero, flechas y monedas giran por toda la escena. A la izquierda aparece una sombra negra con forma animal junto a unas chozas, mientras familias preocupadas, un niño con un teléfono y personas mayores permanecen de pie o sentadas cerca. La imagen sugiere explotación, endeudamiento y daños sociales vinculados al juego en línea.
Mural que representa el dominio del juego móvil y del poder corporativo sobre las comunidades trabajadoras sudafricanas, entrelazando dinero, teléfonos y pobreza en una escena de sufrimiento social.

Reproducción social y colapso del hogar

Las consecuencias financieras del juego problemático rara vez quedan confinadas al individuo que juega. Se extienden a través de los hogares y las comunidades. En los hogares obreros sudafricanos, la reproducción social – el trabajo no remunerado e infravalorado de mantener la vida, criar a los hijos, cuidar a los ancianos y enfermos y sostener los hogares en general – ya se realiza en condiciones de estrés extremo. Las mujeres llevan a cabo una parte desproporcionada de este trabajo.

Cuando las pérdidas por el juego entran en el hogar – como sucedió en el caso de Cebile, primero silenciosamente, luego catastróficamente – la carga recae sobre las mismas redes informales de cuidado que ya estaban tensas. Su deuda se convirtió en la deuda de su familia. Su problema de juego se convirtió en la carga de su hogar. Los costos de su adicción se socializaron – distribuidos entre su hermana, sus hijos y la comunidad en general, mientras que las ganancias que lo permitieron se privatizaron, fluyendo hacia las plataformas y sus accionistas. Estos son los daños sociales del juego.

Esta es la lógica de la extracción capitalista hecha visible en miniatura: el riesgo y el costo soportados colectivamente por los pobres; la recompensa concentrada privadamente entre los ricos. Los presupuestos de los hogares absorben el impacto de las pérdidas por el juego a través de la reducción del gasto en alimentos, los alquileres impagados, las deudas de subsistencia impagadas y la acumulación de microdeudas de los prestamistas. Los niños en hogares afectados por el juego experimentan la misma privación material que los niños en hogares que sufren la pérdida de un empleo, porque a nivel de la mesa de la cocina, el resultado financiero es el mismo. El capital extrae. El hogar absorbe.

El capital financiero y la nueva frontera extractiva

En este sentido, los juegos de azar en línea pertenecen a un fenómeno más amplio que los economistas marxistas han identificado en la era postindustrial: el auge del capital financiero y la extracción rentista como sitios principales de acumulación. Cuando la producción ya no genera rendimientos suficientes, el capital se vuelve hacia la extracción, hacia los productos financieros, hacia la deuda, hacia la monetización de la propia precariedad. Lenin, escribiendo hace un siglo, describió el imperialismo como la dominación del capital financiero sobre el capital productivo. Las formas han mutado desde entonces, pero la lógica es reconocible: el valor no se crea sino que se captura, no se produce sino que se cosecha de los ingresos de los ya pobres.

La comparación con los prestamistas y los extractores de microcréditos no es un recurso retórico – es un análisis estructural. Ambas industrias se dirigen a la misma clase: hogares obreros y pobres con ingresos insuficientes y acceso inadecuado al crédito formal. Ambas se benefician de la desesperación que el capitalismo produce a través de los bajos salarios y el desempleo. Ambas extraen sin producir. Y ambas mantienen sus operaciones no a través de la violencia o la coerción, sino a través de la legitimidad formal que el Estado capitalista proporciona – a través de licencias, regulación y el respaldo tácito de las instituciones que se benefician de los ingresos fiscales sobre las ganancias del juego.

La industria del juego ha logrado algo que el prestamista nunca logró: la legitimidad cultural. Patrocina a la selección nacional de fútbol. Se anuncia durante el telediario de la noche. Cotiza en bolsa. Gramsci describe esto como la hegemonía, el dominio de las ideas, el consentimiento de los dominados. La industria no necesita ocultar su extracción porque ha convencido a una parte significativa de sus víctimas de que son participantes en lugar de objetivos. Este consentimiento fabricado se encuentra entre sus activos más valiosos. Es precisamente por esta razón que muchos miembros de la clase obrera no consideran problemáticos los juegos de azar y las apuestas en línea.

La crisis de salud pública que el capital no considera

Las cifras de crecimiento de la industria de los juegos de azar en línea de StatsSA y otros no capturan el costo total de la expansión de los juegos de azar en línea. Los informes financieros no cuentan las sesiones de asesoramiento inaccesibles, los colapsos familiares, los aumentos de los casos de violencia doméstica, los suicidios o el aumento del abuso de sustancias. Solo registran los ingresos del juego como actividad económica y no anotan nada en el otro lado del balance – los costos sociales que las comunidades, los hogares y los sistemas de salud pública deben absorber.

Este punto ciego contable no es un descuido. Es estructural. Los costos de la reproducción social, incluidos los costos de reparar los daños que la explotación y la extracción externalizan sobre los trabajadores, las familias, las comunidades y, a veces, el menguado presupuesto de servicios sociales del Estado. La industria captura las ganancias. La sociedad paga la factura. El trastorno del juego es una condición de salud mental reconocida y grave. También está, en Sudáfrica, profundamente desatendido, con una infraestructura de tratamiento totalmente inadecuada para la magnitud de la crisis que el propio crecimiento de la industria ha generado.

Lo que Sudáfrica está experimentando no es simplemente una industria en crecimiento que encuentra su mercado. Es una acumulación primitiva con un nuevo disfraz: la transferencia sistemática de ingresos de la clase que solo tiene su fuerza de trabajo para vender a la clase que posee las plataformas, los servidores, los algoritmos y las redes publicitarias. El piso del casino se ha mudado a nuestros townships y dispositivos personales. La extracción es solo más silenciosa ahora, vestida con el lenguaje del entretenimiento y la elección individual.

El drenaje salarial por otro nombre

La historia del juego en línea en Sudáfrica es, en última instancia, una historia sobre la clase y la acumulación. Cuando un trabajador de fábrica hace una apuesta el día de pago y pierde, esa pérdida no desaparece en el vacío. Viaja desde su cuenta a los ingresos de la plataforma, desde un hogar obrero a un balance corporativo, desde una comunidad a un accionista que nunca pondrá un pie en el township de donde procede ese dinero. Esta es la realización de la plusvalía: el momento en que lo que se ha extraído en la esfera de la producción (o, aquí, en la esfera del ingreso del hogar) se convierte en capital.

Esto es lo que parece el drenaje salarial en la era de las economías digitales: no una deducción de la nómina, sino una notificación sutilmente coercitiva; no un capataz que exige horas extras no remuneradas, sino un algoritmo calibrado para asegurarse de que la casa siempre gane. El modo de extracción puede ser nuevo, pero la relación de clase a la que sirve es antigua.

Cebile finalmente buscó ayuda. Todavía está lidiando con las consecuencias. Millones de otros todavía están en medio de una apuesta, todavía esperando, todavía perdiendo – no porque sean irracionales o imprudentes, sino porque son pobres en un sistema que ha encontrado una forma nueva y enormemente rentable de ganar dinero con su pobreza.

Sarah Mokwebo es una comunista y feminista sudafricana, miembra del Comité Nacional de la YCLSA (Liga de Jóvenes Comunistas de Sudáfrica, uFasimba en isiZulu), el ala juvenil autónoma del Partido Comunista Sudafricano (SACP).

Fausto Giudice

HAMAS: no habrá desarme hasta la retirada total de Israel de Gaza


MEDIO ORIENTE, MEDIO ORIENTE :: 02/08/2026

HISPANTV / LA HAINE

Si Israel no cumple el acuerdo, HAMAS tampoco lo cumplirá

Qazi Hamad, miembro de la delegación negociadora del Movimiento de Resistencia Islámica de Palestina (HAMAS), ha explicado a primera hora de este viernes que la cuestión de las armas está vinculada con otros aspectos del acuerdo, como la retirada israelí de la Franja de Gaza y la reconstrucción de este territorio palestino.

“Antes de la retirada de Israel de la Franja de Gaza, no tomaremos ninguna medida relacionada con el desarme”, ha afirmado Hamad.

Ha señalado que las negociaciones fueron difíciles y complejas, y que HAMAS trabajó para alcanzar la mejor fórmula posible.

El dirigente palestino ha indicado que el almacenamiento de las armas estará bajo la supervisión de un comité nacional palestino y que Israel no tendrá ninguna relación con este proceso.










                                El negociador de HAMAS, Qazi Hamad.

Hamad ha agregado que, si Israel no cumple el acuerdo, HAMAS tampoco lo cumplirá. “No implementaremos ninguna medida relativa al borrador del acuerdo sobre las armas de la Resistencia si las fuerzas de ocupación no cumplen plenamente con sus obligaciones en virtud del acuerdo”, ha ratificado.

Ha expresado que el acuerdo obliga a Israel a retirarse de la Franja de Gaza, abrir los pasos fronterizos y poner fin a los asesinatos selectivos, además de cumplir íntegramente todas sus obligaciones sin ningún aplazamiento.

Las declaraciones del negociador de HAMAS se producen después de que Trump anunciara a última hora del jueves que el denominado Consejo de Paz ha alcanzado en Sharm el-Sheij, Egipto, lo que describió como un “acuerdo histórico” para “desarme completo de HAMAS y otros grupos armados” en la Franja de Gaza.

“A medida que se complete el desarme, las fuerzas israelíes se retirarán y la Fuerza Internacional de Estabilización trabajará con una nueva fuerza policial palestina para asumir la responsabilidad sobre Gaza”, añadió en su plataforma Truth Social.

Esto mientras el documento de Sharm el-Sheij vincula su implementación con la retirada de Israel, que ocupa más del 60 % de la Franja de Gaza, y el camino hacia la autodeterminación palestina.

Desde hace semanas se llevaban a cabo negociaciones en Egipto para implementar la segunda fase del acuerdo de alto el fuego entre Israel y HAMAS, que entró en vigor el pasado octubre y tiene como objetivo poner fin de manera definitiva a la guerra genocida israelí en la Franja de Gaza.

La guerra israelí en Gaza dejó 73 341 muertos, en su mayoría mujeres y niños, según las cifras del Ministerio de Salud de Gaza.

A pesar del alto el fuego, la violencia continúa en Gaza, donde bombardeos israelíes causaron el jueves al menos cuatro palestinos muertos mientras el enclave, densamente poblado, continúa inmerso en una profunda crisis humanitaria.


Texto completo en: https://www.lahaine.org/mm_ss_mundo.php/hamas-no-habra-desarme-hasta-la-retirada 

Venezuela: «Desde las comunas no hay capitulación posible»


VENEZUELA :: 02/08/2026

GERALDINA COLOTTI

Entrevista con Juan Contreras, referente de la Coordinadora Simón Bolívar. Frente a la tentación de salidas burocráticas o negociadas, la respuesta sigue siendo la organización popular en el territorio

En medio de la vivaz dialéctica que atraviesa al Proceso Bolivariano tras el infame secuestro imperialista de Nicolás Maduro y Cilia Flores, la voz de Juan Contreras se levanta con la solidez de la historia y el compromiso de clase. Referente indiscutible de los movimientos sociales y de la comunicación popular, Contreras es director de la emblemática emisora Al Son del 23, el canal comunitario que desde hace años marca el pulso y el ritmo al que late el histórico barrio del 23 de Enero en Caracas. Militante de la Coordinadora Simón Bolívar, también es productor del programa Latinoamérica en vivo. Territorio insignia que en 1958 fue fragua y motor de la expulsión del dictador Marcos Pérez Jiménez, el 23 de Enero se erige hasta hoy como un inexpugnable baluarte de resistencia, memoria combativa y Poder Popular. Conversamos con él para tomarle la temperatura a las bases comunitarias en este momento decisivo.

El 23 de Enero ha sido históricamente el bastión de la dignidad revolucionaria y el poder popular en Caracas. Tras el secuestro del presidente Nicolás Maduro y la diputada CiliaFlores por parte de las fuerzas militares de EEUU, ¿cuál es el clima que se respira en los territorios comunales autogestionados?

-En el 23 de Enero, bastión histórico de la dignidad popular, la resistencia antifascista y el poder comunal se mantiene de pie como ejemplo irrefutable de que los pueblos decididos a ser libres no se doblegan ante ninguna potencia imperialista. Frente a la agresión cobarde del 3 de enero por parte del gobierno estadounidense - un acto brutal de guerra e invasión pirata que costó la vida a más de 100 patriotas venezolanos y a 32 hermanos internacionalistas cubanos -, sumado al infame secuestro del presidente Nicolás Maduro Moros y la diputada Cilia Flores, el territorio liberado del 23 de Enero responde no con sometimiento, sino con más revolución, más organización y más combate.

Aunque el imperialismo crea haber ganado un primer lance táctico en su escalada criminal, tropezó contra el muro inexpugnable de la memoria histórica y la redención social de un pueblo que ha rendido tributo a más de 130 mártires, hombres y mujeres heroicos que cimentaron con su sangre el camino hacia la emancipación, la liberación nacional y la construcción del Socialismo Bolivariano.

¿Cómo se ha organizado el territorio popular para mantener la vigencia del proceso y resistir la embestida imperialista?

-Para garantizar la vigencia del proceso y defender la segunda y definitiva Independencia, el territorio del 23 de Enero se articula hoy bajo seis Ejes de la resistencia popular y antimperialista, seis líneas de acción política, militar e ideológica.

La primera tiene que ver con la participación protagónica y radical: el corazón de la estrategia comunal es la participación activa y constante del pueblo organizado. La comunidad no se queda congelada ante el chantaje imperial; la asamblea de calle, el consejo comunal y las brigadas territoriales se mantienen desplegados en cada bloque, escalera y sector, convirtiendo la organización popular en el motor inquebrantable de la defensa nacional.

La segunda se refiere a la resistencia cultural como Eje Transversal: frente a la guerra cognitiva y el intento de imposición del modelo decadente de la Ilustración Oscura, la ultraderecha supremacista y el sionismo internacional, el 23 de Enero contrapone sus valores históricos. La resistencia cultural atraviesa toda la vida comunitaria: la solidaridad activa, el internacionalismo proletario y de los pueblos, y la preservación del fuego sagrado de las luchas de Liberación Nacional.

Y la tercera aborda el tema del territorio como ventaja táctica y estratégica: la topografía y la historia del barrio se conjugan como una fortaleza inexpugnable. El territorio no es solo un espacio geográfico, sino una ventaja táctica donde la vanguardia popular ejerce soberanía efectiva. Cada esquina y cada espacio productivo están bajo el control del Poder Popular, cerrando el paso a la infiltración mercenaria o la desestabilización enemiga.

¿Y de qué tratan las demás líneas de acción?

-La cuarta línea tiene que ver con el blindaje legal e ideológico: la Constitución y el Plan de la Patria. La respuesta popular está indisolublemente ligada a la legalidad revolucionaria. La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y el Plan de la Patria redactado por el Comandante Hugo Chávez se erigen como las cartas de navegación irrenunciables para garantizar la continuidad del proceso político y la transición pacífica e irreversible hacia el Estado Comunal.

El quinto eje aborda la integración a las Milicias para la Defensa Integral: ante una agresión militar abierta, la respuesta es el pueblo en armas. La fusión cívico- militar se concreta con la incorporación masiva y disciplinada de la comunidad a los cuerpos de la Milicia Bolivariana. Hombres y mujeres del barrio asumen la defensa territorial con doctrina de guerra de todo el pueblo para garantizar que el suelo patrio sea inexpugnable para la bota invasora.

Y la sexta línea se refiere a la conexión ideológica con el Comandante Chávez: la llama del Comandante Eterno Hugo Chávez sigue siendo el faro ideológico del 23 de Enero. Su legado no es una estatua muerta, sino una guía viva para la acción colectiva. La conexión entre el liderazgo histórico, los mártires de la revolución y la masa popular se mantiene intacta, proyectando la moral del barrio hacia todo el país.

El 23 de Enero no se rinde ni se evalúa en la lógica del enemigo. El trabajo político, formativo, productivo y defensivo no se ha detenido un solo segundo. Ante el ataque mercenario y fascista del imperio estadounidense y sus aliados sionistas, Caracas responde desde sus cerros con la verdad histórica: los pueblos que luchan por su verdadera independencia jamás serán derrotados.

En las calles se percibe un clima de tensión e indignación frente a las presiones para forzar un diálogo con la pistola en la mesa. Desde las bases comunales y el movimiento popular clasista, ¿cuál es la postura frente a cualquier intento de negociación que implique concesiones al chantaje de Washington?

-Desde las entrañas del Poder Popular, los consejos comunales, las comunas los colectivos, las organizaciones sociales del campo popular y revolucionario, el pueblo en general y toda la Patria Grande, la postura es absoluta, tajante e irrenunciable: no hay diálogo posible bajo la bota del chantaje ni con la pistola del imperio apuntando a la cabeza del pueblo. La respuesta popular frente a la coyuntura histórica actual es clara: la única salida a esta agresión imperialista es profundizar el Poder Popular, y el único diálogo legítimo y soberano es con el pueblo organizado. Cualquier pretensión de sentarse a negociar o ceder ante los ultimátums de Washington --mientras mantienen secuestrados al presidente Nicolás Maduro Moros y a la diputada Cilia Flores, mientras perpetúan el criminal bloqueo económico y las más de 1.200 medidas coercitivas unilaterales, y mientras carga la patria con el luto por el cobarde asesinato de nuestros 100 patriotas y los 32 hermanos internacionalistas cubanos--, constituiría una traición histórica a los mártires y una entrega descarada de la soberanía.

Aceptar la lógica de la negociación bajo amenaza de bombardeos, injerencia y despojo de nuestro petróleo y activos financieros equivaldría a convalidar atrocidades, la legitimación de la barbarie imperial. Aceptar un «diálogo» impuesto por la fuerza significa validar el surgimiento de un nuevo orden mundial fascista, en el que se pretende erradicar el Derecho Internacional, destrozar la Carta de las Naciones Unidas y aplastar la sagrada autodeterminación de los pueblos libres. La sustitución de la diplomacia por el terror: Permitir que la política exterior sea dictada a punta de bombas, invasiones piratas y extorsión sienta un precedente funesto no solo para Venezuela, sino para todos los pueblos del Sur Global que luchan contra el yugo neocolonial.

La impunidad de la quinta columna apátrida: El pueblo clasista no olvidad a los lacayos locales que pidieron sanciones, bloquearon medicinas y festejaron el derramamiento de sangre patriota. Ceder ante el chantaje sería lavar la cara a los vende- patrias que actuaron como peones de la maquinaria bélica de EEUU y el sionismo internacional. Con la dignidad del pueblo no se negocia. La base comunal no se arrodilla ante los arquitectos de la guerra ni ante sus esbirros. La revolución se defiende trabajando, produciendo, combatiendo y organizando cada palmo del territorio comunal. Frente a la agresión del imperialismo y la supremacía yankee, la respuesta de las comunas es una sola: Poder Popular Radical, Resistencia Activa y Lealtad Absoluta con la Patria.

Nos llegan noticias y señales preocupantes sobre un posible acercamiento o presencia de interlocutores e intereses vinculados al sionismo y a aparatos internacionales afines. Para el movimiento antimperialista y para la historia de la Revolución Bolivariana, la causa palestina y el antisionismo han sido pilares irrenunciables. ¿Cómo se explica o se ubica esta presencia? ¿Se trata de presiones externas o de concesiones geopolíticas en el marco de las negociaciones?

-La caracterización es exacta y describe con rigor de clase lo que enfrenta la Patria Bolivariana: no estamos ante un hecho aislado, sino ante la confluencia de presiones extremas y maniobras de capitulación geopolítica en el marco del proceso de neocolonización desencadenado por el eje imperialista y la entidad sionista. Intentar justificar la presencia de agentes e intereses del expansionismo sionista bajo la máscara tramposa de la «ayuda humanitaria» o la «diplomacia de pacificación» representa una impostura moral, inaceptable y humillante para la memoria de la Revolución Bolivariana y la historia del movimiento antimperialista. Tenemos que precisar algunos puntos...

¿Cuáles?

-Antes de todo, el Negocio de la «Ayuda Humanitaria»: el lavado de cara y la ocupación. El imperialismo y su apéndice sionista operan históricamente bajo el mismo patrón de chantaje. Tras perpetrar la agresión del 3 de enero, pretenden presentarse con ropajes de «cooperación». No vienen a aliviar el dolor ni la desesperación provocados por esta arremetida; vienen a consolidar un esquema de dominación, subordinando la soberanía nacional a los dictados de los aparatos de inteligencia y seguridad de Occidente.

El segundo punto a considerar es la paradoja imperial: el nexo entre bombas, democracia y petróleo. El cinismo del imperio estadounidense y del régimen genocida de Tel Aviv no tiene límites. Se autoproclaman defensores de la libertad y la democracia mientras perpetran el genocidio continuado y la limpieza étnica masiva contra el hermano pueblo de Palestina; los bombardeos criminales e ilegales contra los pueblos de Irán, Irak y Nigeria; la agresión armada, el despojo de activos petroleros y el bloqueo contra Venezuela. Coincidentemente, en cada territorio donde la maquinaria bélica anglosajona y sionista decide «exportar democracia», subyace la voracidad por el control de los recursos energéticos, los minerales estratégicos y las rutas geopolíticas clave.

El tercer punto es la causa Palestina, pilar irrenunciable de la dignidad Bolivariana. Para el movimiento popular, el antisionismo no es una postura coyuntural ni un adorno retórico; es una postura principista, ética e históricamente irrenunciable legada por el Comandante Hugo Chávez. Aceptar la penetración de actores vinculados al sionismo en territorio venezolano equivale a legitimar el aplastamiento del pueblo palestino y a convalidar el orden neocolonial que busca descuartizar la soberanía de los pueblos del Sur Global. Frente a la pretensión de imponernos la tutela imperial y la sombra del sionismo, la postura de las bases es firme: No hay concesión geopolítica ni chantaje económico que valga la entrega de la dignidad nacional. La solidaridad internacionalista con el pueblo palestino y la resistencia contra el imperio yankee siguen siendo el norte inalterable de la Revolución Bolivariana.

A la agresión imperialista se le ha sumado la emergencia provocada por el doble terremoto que ha impactado al país. En esta doble crisis --social- política y natural--, ¿cómo están respondiendo las brigadas populares y las comunas para garantizar la solidaridad y la autogestión frente a la emergencia?

-Ante la doble embestida de la agresión imperialista y el embate de la naturaleza, el pueblo organizado ha demostrado, una vez más, que solo el pueblo salva al pueblo. En este escenario de prueba histórica, donde la crisis socio-política y la emergencia natural convergen, las comunas, las brigadas populares y los movimientos de base no han esperado respuestas burocráticas: se han multiplicado en la calle, codo a codo, haciendo de la solidaridad no una consigna, sino una práctica cotidiana y revolucionaria.

Explico como se ha organizado la respuesta, la resistencia comunera y popular. En autogestión para la Vida: desde el primer minuto, los consejos comunales y las brigadas territoriales activaron redes comunitarias de acopio y distribución de alimentos, medicamentos y agua potable. En los barrios y campos, la autogestión ha sido el motor para despejar vías, coordinar albergues solidarios e inspeccionar viviendas, demostrando la madurez organizativa del poder popular.

Con respeto a la salud popular y al abrazo colectivo: frente al dolor, las brigadas de salud y los comités comunitarios no solo han atendido la emergencia física, sino también el acompañamiento emocional. La empatía militante ha permitido que las familias vulnerables no se sientan solas, construyendo un tejido de contención afectiva donde la resiliencia es un esfuerzo compartido.

En el marco de la soberanía solidaria frente al bloqueo: mientras los poderes imperiales insisten en asfixiar la patria con medidas coercitivas, las comunas responden con la economía de la reciprocidad y el trueque solidario. Lo poco o mucho que se tiene se comparte; la resistencia es el pilar que transforma la escasez en dignidad colectiva. Y estamos organizando la fuerza revolucionaria de la esperanza. "La solidaridad es la ternura de los pueblos", decía el Che Guevara. Como bien se ha vivido en la práctica comunitaria, el lenguaje de este momento no ha sido el del desánimo, sino el del amor combativo, la igualdad y la fe inquebrantable en la fuerza colectiva.

Es en el barro de la tragedia donde florece con más fuerza la esperanza revolucionaria. Cada olla comunitaria, cada mano extendida para levantar un escombro y cada abrazo entre vecinas y vecinos reafirma que la fraternidad y la justicia social son invencibles frente a cualquier adversidad. Las comunas y las brigadas populares siguen demostrando que, frente al asedio del imperio y los golpes de la naturaleza, la respuesta del pueblo de a pie es y seguirá siendo la unidad, la resiliencia y la autogestión socialista.

En momentos de desorientación en las alturas del poder institucional, la teoría marxista y la praxis chavista nos recuerdan que la salvación de la revolución está en el pueblo organizado. ¿Sigue siendo la Comuna la respuesta estratégica para impedir una restauración capitalista o una salida pactada por arriba?

-En tiempos de vacilación o desorientación en las altas esferas del poder institucional, la teoría marxista y la praxis histórica del chavismo lo afirman con contundencia: la Revolución no se negocia por arriba, se defiende y se profundiza desde abajo. La Comuna no es solo una opción organizativa; es el núcleo estratégico irreductible para frenar cualquier intento de restauración capitalista o pacto de élites a espaldas del pueblo.

¿Y cómo se lleva a cabo?

-Organizando la salida popular: con autogobierno y socialismo territorial. Allí está el poder popular constituyente: frente a la tentación de salidas burocráticas o negociadas, la respuesta histórica sigue siendo la organización popular en el territorio. El autogobierno comunal es la garantía real para frenar la restauración burguesa y mantener el rumbo antiimperialista. Allí está también la soberanía alimentaria y la producción comunal: no hay revolución política sin soberanía económica. La Comuna produciendo el alimento, gestionando la distribución y construyendo un modelo económico social y solidario rompe la dependencia de las garras del capital y del mercado especulativo.

El Estado Comunal es el horizonte social: hacer realidad el mandato histórico de «Comuna o Nada» significa desmontar progresivamente la lógica del Estado burgués para sustituirlo por el autogobierno de las masas, la democracia directa y la participación protagónica de la clase trabajadora y los sectores populares. "Comuna o nada" no es un eslogan, es la línea divisoria entre la transformación socialista y la capitulación frente al capital. La fuerza viva de la revolución reside en la calle, en el barrio, en el campo y en el territorio comunal. Frente a las incertidumbres en las alturas, la respuesta revolucionaria, de izquierda y antiimperialista es una sola: Todo el poder para las Comunas, la victoria es del pueblo organizado.

En este laberinto geopolítico, donde algunos bloques internacionales muestran prudencia o pragmatismo, ¿qué le exige hoy el movimiento popular venezolano a la izquierda revolucionaria de América Latina y de Europa?

-En este laberinto geopolítico, donde la vacilación y el "pragmatismo" de ciertas cúpulas pretenden enfriar la causa de los pueblos, la respuesta del movimiento popular venezolano no admite titubeos. Nos amparamos en el mandato histórico que resonó hace dos siglos en el Istmo: la unión es la fuerza y la concordia el porvenir. (Acta de Panamá, 1826). Al cumplirse 200 años del histórico llamado de Nuestro Libertador Simón Bolívar al Congreso Anfictiónico de Panamá, la consigna de la unidad de Nuestra América y de las fuerzas antiimperialistas del mundo está más vigente que nunca. Frente a la agresión continuada del imperio yanqui y su enclave colonial y genocida, el régimen sionista de Israel, verdaderos enemigos de la humanidad, la izquierda revolucionaria de América Latina y de Europa no puede asumir el papel de espectadora ni refugiarse en la tibieza del cálculo diplomático.

Esta es la exigencia militante al movimiento revolucionario internacional: continentalizar e internacionalizar la lucha. Como nos enseñó el Che Guevara, la lucha contra el imperialismo es continental y planetaria. Frente a un enemigo global que agrede, bloquea y masacra en Palestina y en Nuestra América, la respuesta debe ser una red de solidaridad combativa y militante que supere las fronteras. Se tiene que superar el pragmatismo por la solidaridad militante: a la izquierda europea y latinoamericana le exigimos romper con la prudencia burguesa y el chantaje del relato dominante.

La solidaridad no se condiciona ni se negocia: se ejerce en la calle, en la denuncia frontal contra el bloqueo, en la agitación constante y en la defensa irrestricta de los pueblos que resisten con dignidad. Necesitamos de un Frente Único contra el imperialismo y el sionismo genocida: no hay neutralidad posible entre los opresores y los oprimidos. La lucha del pueblo venezolano, la resistencia del pueblo palestino y las luchas de la clase trabajadora europea y latinoamericana son una sola causa histórica por la liberación de la humanidad y la destrucción de la hegemonía imperial.

Y hay el Horizonte Bolivariano y Nuestra Americano: el horizonte no es otro que la Patria Grande. Frente al avance del fascismo, las agresiones militares y las medidas coercitivas unilaterales, el movimiento popular exige volver a las raíces combativas del bolivarianismo y del internacionalismo proletario.

Resumen Latinoamericano

Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/venezuela-lldesde-las-comunas-no-hay-capitulacion 

miércoles, 12 de agosto de 2026

Lo que una parte de Bolivia no ve: estructuras indígenas originarias y la crisis política en Bolivia


La izquierda boliviana, como en general toda la de América Latina y Caribe, es de matriz occidental por lo cual, desde los años sesenta que para ellos ser de izquierda, comunistas o revolucionarios lo es por declaración de principios o divina porque es para siempre, olvidando el principio marxista de que ser de izquierda o de derechas lo seremos por nuestros actos y por eso, cuando la izquierda olvida a la clase que pertenece confundiéndola con su visión del mundo y sus  intereses, sus actos paulatinamente van dejando de ser de izquierda y por lo tanto de tener el apoyo de la clase trabajadora y campesina; en Bolivia mayoritariamente indígena. Por lo demás excelente artículo. Nota de Alonso Gallardo
 

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Por Pedro Pachaguaya



1. Un gobierno que no leyó las estructuras

Lo que ocurre en Bolivia desde el primero de mayo de 2026 tiene al menos dos capas que es necesario distinguir antes de analizar. Por un lado, las estructuras indígenas originarias -comunidades aymaras, quechuas y amazónicas- que poseen sistemas de gobierno propios, cosmovisiones propias y lógicas políticas que no se derivan del Estado ni de ninguna ideología importada. Por otro, las estructuras corporativas y populares — la Central Obrera Boliviana, los maestros, los transportistas, los mineros, los gremiales — organizadas desde una lógica sindical con sus propias demandas sectoriales. Muchos de sus miembros tienen ascendencia indígena, pero su forma de organizarse responde a tradiciones distintas. Lo que el gobierno de Rodrigo Paz no supo leer fue ninguna de las dos tradiciones.

Frente a las estructuras indígenas originarias, operó desde un etnocentrismo que Lévi-Strauss identificó hace décadas como el error fundamental de Occidente ante el otro: mirar una lógica diferente con las propias categorías y no ver nada, porque esas categorías no tienen instrumentos para reconocer lo que existe fuera de ellas. El pensamiento indígena no es inferior ni primitivo, es una lógica compleja y coherente que organiza el territorio, la autoridad y la vida colectiva desde sus propias categorías. Ignorar esa lección no es solo un error académico. En la Bolivia de 2026 es un error político con consecuencias muy concretas.

Frente a las estructuras corporativas y populares, el gobierno intentó negociar demanda por demanda, cediendo aquí, reprimiendo allá, ignorando más allá. Esa estrategia de fragmentación habría funcionado si las estructuras hubieran permanecido separadas. Pero ocurrió lo contrario. El antropólogo Evans-Pritchard describió en su estudio sobre los nuer un principio que opera en muchas sociedades segmentarias: la fusión. Estructuras que normalmente funcionan de manera autónoma — cada una con su propia agenda, sus propios intereses, sus propias autoridades — tienden a fusionarse cuando enfrentan un enemigo común. Y cuanto más torpe e intransigente es ese enemigo, más rápida e intensa es la fusión. El gobierno de Paz, al no escuchar, al insultar, al reprimir sin diálogo, no desactivó la movilización, la unificó. Convirtió cincuenta demandas dispersas en una sola: su renuncia. Él mismo produjo la fusión que hoy lo tiene cercado.

2. El repertorio que nadie esperaba

Lo que ocurrió en Bolivia desde el 1 de mayo de 2026 no fue una protesta. Fue la activación simultánea de un repertorio completo de acción colectiva que tiene raíces históricas profundas y una lógica territorial precisa. Cada estrategia corresponde a un actor, a un territorio y a una tradición de lucha específica.

Los pueblos indígenas de las tierras bajas amazónicas activaron la marcha, su estrategia histórica por excelencia. Cientos de indígenas iniciaron la marcha el 8 de abril, desde Pando hasta La Paz. exigiendo la abrogación de la Ley 1720, que amenazaba sus territorios al permitir la recategorización de tierras comunitarias. La marcha no es solo un desplazamiento físico, es una declaración política que pone el cuerpo en el camino y obliga al Estado a mirar lo que preferiría ignorar.

Los pueblos de las tierras altas — aymaras y quechuas del altiplano — activaron el bloqueo de caminos, su estrategia propia. Con más de cincuenta puntos de corte simultáneos, la Federación de Campesinos Túpac Katari y los Ponchos Rojos instalaron una red de presión que paralizó las rutas estratégicas que conectan La Paz con el resto del país y con las fronteras de Chile y Perú. El bloqueo no es vandalismo, es una tecnología política ancestral que convierte el control del territorio en poder de negociación.

Sobre esos bloqueos se levantó el cerco a La Paz, la estrategia más dura y cargada de historia. Cercar La Paz es un acto político de enorme densidad simbólica: recuerda el cerco de Tupaj Katari en 1781, cuando las fuerzas aymaras mantuvieron sitiada la ciudad durante meses. Activar ese imaginario no es casual, es una declaración de que la paciencia tiene límites históricos y que esos límites ya fueron alcanzados.

Vigilia de la marcha indígena, La Paz

A estas estrategias territoriales se sumaron las de otros actores: la Central Obrera Boliviana con marchas y una huelga general, los mineros con dinamitazos en el centro paceño, las mujeres con caceroladas y huelgas de hambre. Cada actor habla desde su tradición y su cuerpo. En conjunto, forman un lenguaje político que el gobierno no supo descifrar.

3. La asamblea manda: obligación colectiva y sistema de gobierno propio

Uno de los errores más frecuentes al leer estas movilizaciones es interpretarlas como la suma de individuos indignados que salen espontáneamente a las calles. No es así. Lo que se activa en cada comunidad indígena, campesina y popular es un sistema de gobierno con sus propios mecanismos de deliberación, decisión y sanción. Y ese sistema produce documentos.

Antes de cualquier acción pública, las comunidades se reúnen en asamblea ordinaria. En esa asamblea se discute, se debate y se vota. Los acuerdos se plasman en votos resolutivos, instructivos y comunicados: documentos formales que expresan la voluntad colectiva. No son panfletos, son actos de gobierno. Y su contenido, cuando se lee con atención, revela una diagnosis política de una precisión que sorprende a quienes esperaban encontrar consignas vacías.

Un voto resolutivo de las juntas vecinales de Palca, fechado el 20 de mayo de 2026, ilustra esto con claridad. Entre sus doce puntos se exigen: atención inmediata a las demandas sociales y vecinales, impuestos a las grandes fortunas, paralización del alza de la canasta familiar, rendición de cuentas sobre los recursos ahorrados por la eliminación de la subvención de carburantes, no al impuesto a los pequeños productores, indemnización por los vehículos dañados por la gasolina adulterada, no a los perdones tributarios a empresarios, mayor inversión en caminos, salud, educación y servicios básicos. El documento cierra con una frase que condensa toda la lógica política de la movilización: La unidad del pueblo es la fuerza que defenderá nuestros derechos.

Un observador europeo que leyó este documento lo dijo sin dudar: si esto se presentara en un parlamento europeo, habría razones racionales suficientes para interpelar al presidente. Doce puntos concretos, todos verificables, todos legítimos. En Bolivia, los medios estatales no los leyeron.

Junto a este documento circuló la convocatoria del Gobierno Originario de Illas y Marcas del Suyu Jachacarangas, fechada el 22 de mayo. Este texto muestra algo completamente distinto: el sistema político andino funcionando con toda su estructura. Convoca a Mallkus y Mama t’allas, Tata y Mama Awatiris (abuelos y abuelas), Expasiris (personas que ya asumieron el cargo), líderes y lideresas, wawa callos (jóvenes y niños) — cada cargo nombrado, cada función reconocida — de ambas parcialidades de Aransaya y Urinsaya (el territorio se divide en territorio de arriba y territorio de abajo). La asistencia es obligatoria: ‘no se considerará permisos’. Y el documento cierra con ‘Jallalla’, la aclamación ritual que sella la convocatoria con legitimidad cosmológica además de política. Al pie, los Apu mallkus colocan su número de celular. El sistema político aymara en el siglo XXI: autoridad ancestral y WhatsApp sin contradicción.

Una vez que la asamblea decide, la decisión es obligatoria para todos los miembros. El Instructivo 03-2026 de las Bartolinas lo explicita sin ambigüedades: ‘deberá acatar y ejecutar de forma inmediata y orgánica la presente determinación, garantizando una participación activa, disciplinada y consciente de sus bases.’ Eso no es represión, es la lógica de cualquier sistema de gobierno que necesita que sus decisiones sean efectivas. Entre quienes bloquean hay personas con ideas muy diversas. Hay liberales, hay conservadores, hay gente que preferiría no estar ahí. Pero todos son miembros de una estructura que decidió, y la pertenencia obliga a todos, incluido al propio dirigente que ejecuta un mandato que no eligió personalmente.

4. Tres clivajes falsos

Los medios de comunicación y el gobierno han leído esta crisis a través de tres divisiones que simplifican lo que es complejo y ocultan lo que es relevante. Los tres son falsos.

El primero es el clivaje izquierda/derecha. Se dice que lo que ocurre en Bolivia es una rebelión de la izquierda contra un gobierno de derecha. Pero como acabamos de ver, entre quienes bloquean hay personas con ideas políticas muy diversas. La movilización no es ideológica, es estructural. No participas porque seas de izquierda, participas porque tu estructura decidió y la pertenencia te obliga. Reducir esto a un conflicto izquierda/derecha es proyectar sobre Bolivia una gramática política que no corresponde a su realidad.

El segundo es el clivaje rural/urbano. Los medios presentan el conflicto como el campo que asedia a la ciudad. Pero la convocatoria de la COB a la gran marcha de caceroladas vacías del 27 de mayo desmiente esta imagen de un solo golpe: en una misma convocatoria están las Bartolinas y las de Tupac Catari, las fabriles y las médicas, las trabajadoras del hogar y las petroleras, las maestras y las estudiantes, las amas de casa y las profesionales. No hay sector urbano o rural que no esté nombrado. Eso es posible porque las mismas familias que bloquean rutas en el altiplano tienen hijos en universidades paceñas, puestos en el mercado de El Alto, negocios de transporte y oficios técnicos en la ciudad. Son actores urbano-rurales simultáneos. El bloqueador no es el campesino atrasado que asedia la ciudad moderna, se trata de un ciudadano complejo que activa su pertenencia comunitaria cuando la asamblea lo decide.

El tercero es el clivaje arcaico/moderno. La idea de que estas estructuras son resabios del pasado. Pero lo que vemos en Bolivia es exactamente lo contrario: estructuras que producen documentos formales específicos, que deliberan democráticamente, que coordinan a miles de personas en nueve departamentos simultáneamente, que invocan la Constitución Política del Estado Plurinacional para legitimar sus demandas. Eso no es arcaísmo, es sofisticación política. El problema no es que estas estructuras sean primitivas. El problema es que el Estado y los medios no tienen categorías para leerlas.

                             Dirigentes indígenas en vigilia , La Paz

5. El colonialismo interno de los medios

Hay un momento que se repite en la cobertura mediática de esta crisis y que merece atención especial. Un periodista llega a un punto de bloqueo con su micrófono y encuentra a un dirigente aymara. Le hace preguntas en castellano. El dirigente responde en castellano, con esfuerzo, buscando las palabras, traduciendo en tiempo real no solo un idioma sino una lógica política completa.

Lo que el periodista no ve — y lo que la cámara no muestra — es lo que ocurrió antes de ese momento: la asamblea que deliberó durante horas, el voto resolutivo que se redactó en aymara, el proceso de legitimación interna que le dio a ese dirigente el mandato para estar ahí. El dirigente no habla por sí mismo: ejecuta una decisión colectiva. Pero esa distinción desaparece en el momento en que la entrevista comienza en castellano.

Este fenómeno tiene nombre: colonialismo interno. No es que los medios sean maliciosos, es que operan desde un etnocentrismo que asume el castellano como el idioma de la política legítima y el aymara como el idioma de la cultura folclórica. Cuando un dirigente habla castellano con dificultad, el medio interpreta torpeza donde hay traducción forzada. Cuando un comunicado llega en aymara, el medio no lo puede leer. Cuando la asamblea delibera en su idioma, el medio no estuvo ahí.

El resultado es que la opinión pública ve individuos movilizados, no estructuras funcionando. Ve líderes que hablan mal el castellano, no sistemas de gobierno que deliberan con sofisticación en su propio idioma. Por eso la frase con que las mujeres de la COB cerraron su convocatoria del 27 de mayo no fue un slogan improvisado, fue una declaración política dirigida precisamente a esa invisibilización: Ni invisibles ni calladas.

6. El influencer no alcanza: dos cercos y el retorno de la calle

En la Bolivia de 2026 operan dos tipos de cerco. El primero es el cerco a las ciudades, estrategia histórica aymara que corta el suministro de alimento, combustible y medicina para presionar al gobierno hasta que ceda. El segundo es el cerco mediático, los medios hegemónicos que silencian el conflicto, privando a la sociedad de un mapa completo de lo que ocurre e imponiendo una sola subjetividad como si fuera la realidad. Los dos son violencia. La diferencia es que el primero se siente en el cuerpo y el segundo se impone sin que lo notes, porque cuando solo recibes una versión, no sabes que es solo una.

En ese doble vacío — el de los medios que callan y el de las redes que se agotan — emerge un fenómeno nuevo. La polarización está tan cristalizada que las redes sociales ya no producen subjetividad nueva. Todos saben qué va a decir cada bando antes de que lo diga. Los que apoyan la movilización comparten los mismos videos. Los que la rechazan comparten los mismos argumentos. Las redes se han convertido en cámaras de eco donde la subjetividad circula, pero no se transforma. En ese contexto, seguir consumiendo redes no te dice nada que no supieras, y la gente lo siente.

Lo que emerge en ese vacío son dos tipos de influencers que están redefiniendo la cobertura del conflicto. Los primeros son los influencers de gabinete: personas que desde sus espacios privados ofrecen reflexiones y lecturas subjetivas de lo que ocurre. Tienen audiencia y ofrecen un marco interpretativo, pero hablan desde la distancia. Su lectura confirma lo que sus seguidores ya piensan, y en ese sentido, tampoco escapan del agotamiento de las redes. Los segundos son los influencers de calle, y aquí está lo más significativo del fenómeno. Hacen transmisiones en vivo desde los puntos de bloqueo, desde las marchas, desde los enfrentamientos. Su cámara no tiene agenda editorial, la dirige la audiencia en tiempo real. ‘¿Puedes mostrarme qué pasa en esa esquina?’, preguntan en los comentarios, y ellos obedecen. Con mil personas conectadas simultáneamente, estos influencers están más cerca de la realidad no porque sean más objetivos, sino porque su cámara está físicamente donde está el conflicto.

Sin embargo, ni unos ni otros logran reemplazar lo que solo la calle misma puede dar. Porque en un conflicto de esta intensidad, la única fuente que todavía puede producir algo genuinamente nuevo — una escena inesperada, un testimonio no filtrado, una dimensión del conflicto que ninguna cámara capturó — es la experiencia directa. La movilización te obliga a salir. No necesariamente para protestar, sino para ver. La calle recupera su función epistémica: es el único lugar donde todavía puedes encontrar algo que no sabías. Esto invierte la lógica dominante sobre redes y movilización: en cierto punto de intensidad del conflicto, las redes se agotan y es la movilización física la que devuelve a la gente a la calle, no solo a protestar, sino a conocer.

7. ¿Una nueva izquierda sin izquierda?

En las últimas dos décadas, la derecha latinoamericana aprendió una lección que la izquierda no supo procesar. Aprendió a hablar el lenguaje del sentido común: promesas concretas, problemas cotidianos, respuestas simples. Abandonó el tono doctrinario y adoptó el de la conversación de barrio. Se hizo entender. Y eso, más que cualquier argumento ideológico, explica el giro a la derecha que ha caracterizado a la región en los últimos años. El gobierno de Paz es un ejemplo preciso de esta lógica: llegó al poder prometiendo la solución a la pobreza a través de un concepto tan discutible como seductor — «capitalismo para todos» —, traducido al aymara como «Kamirismo». En una sociedad que lleva años buscando respuestas concretas a problemas cotidianos, esa promesa fue bienvenida. No importó que el concepto fuera contradictorio, importó que sonara a solución. Esa es exactamente la gramática de la nueva derecha: no convencer con argumentos sino con promesas que se sienten posibles.

La izquierda, en cambio, se quedó atrapada en su propia superioridad moral. Convencida de que tiene la razón histórica, dejó de escuchar a las bases que supuestamente representa. Bolivia es el caso más dramático: el MAS gobernó veinte años en nombre de los indígenas y terminó perdiéndolos, no por traición ideológica sino por desconexión real con las estructuras que le dieron origen.

Lo que está ocurriendo en Bolivia en 2026 es algo distinto a todo esto. No es la izquierda clásica la que se moviliza. No hay un partido que convoque, no hay un líder carismático que encabece, no hay una ideología que unifique. Lo que hay son estructuras indígenas originarias campesinas y populares que activan su propio sistema de gobierno, en su propio idioma, con sus propios mecanismos de legitimación. Y eso produce una movilización que el gobierno no puede negociar con las herramientas habituales, porque no tiene interlocutores individuales, tiene asambleas. No tiene demandas negociables en privado, tiene votos resolutivos públicos. No tiene líderes a quienes cooptar, tiene comunidades que mandatan y revocan.

Las Bartolinas lo expresan con precisión histórica en su instructivo: son ‘promotoras de la liberación de los más oprimidos, consecuentes con la lucha milenaria’. No están inaugurando algo nuevo, están continuando algo muy antiguo. Y esa continuidad es precisamente lo que hace invisible esta movilización para quienes solo saben leer lo nuevo.

El cerco mediático y el agotamiento de las redes que describimos en el acápite anterior no son fenómenos separados de esta reconfiguración, son parte de ella. Cuando los medios callan y las redes se agotan, lo que queda es la estructura. La asamblea que delibera, el voto resolutivo que decide, la calle que informa. Y esa estructura no necesita a los medios para funcionar, lleva siglos funcionando sin ellos.

Mi hipótesis es que estamos ante el inicio de una reconfiguración política que no cabe en las categorías disponibles (binarias o polarizadas). No es izquierda ni derecha. No es campo ni ciudad. No es arcaico ni moderno. Es un sistema político propio que lleva siglos funcionando y que hoy, ante la crisis de todos los demás sistemas — los partidos, los medios, las redes — emerge con una fuerza que nadie supo anticipar, precisamente porque nadie se tomó el trabajo de leerlo.

El cerco que no vieron no es solo el cerco a La Paz. Es el cerco de una realidad política que existía antes de que los medios llegaran a cubrirla, antes de que el gobierno llegara a ignorarla y antes de que los analistas llegaran a explicarla. Estaba ahí. Siempre estuvo ahí. Solo había que saber mirar.

 

Fuente: Viento Sur

Tomado de:  Redes Libertarias