El 21 de septiembre se cumplieron 12 años de la Revolución Popular Yemení.
Pese a la farsa mundial de Norte a Sur, que insiste en llamar “milicia pro-iraní” o “rebeldes huties” a quienes hace 12 años gobiernan en coalición a 26 de los 35 millones de habitantes y cuyas fuerzas armadas (las Fuerzas Armadas de la República de Yemen) son las únicas que han prestado apoyo militar directo a Gaza, y las primeras en derrotar al enemigo estadounidense.
Misma farsa que, por otro lado, llama sin complejos “gobierno legítimo de Yemen” a los títeres nacionales albergados, engordados, financiados, armados, dirigidos y conducidos por el Reino de Arabia Saudita, que mantienen secuestrado el resto del país hace más de una década para regentárselo a los mismos saudíes o a los mercenarios de Emiratos Árabes Unidos.
Yemen era a inicios de siglo el país más pobre del mundo árabe. Peón de EEUU en la Guerra contra el Terrorismo, desnutrido en la única tierra fértil de la península. La rabia acumulada finalmente explotó en la Primavera de 2011 y al grito de “Libertad e Independencia” tumbó primero al que gobernó los últimos 33 años y luego a la derecha islámica que intentó capitalizar la revuelta.
Finalmente el movimiento Ansar Allah (Partidarios de Dios), fundado en el 2000 por Sayeed Hussein Badreddin Al Houthi y conducido desde 2004 por su hermano, Sayeed Abdul Malik Badreddin Al Houthi, victorioso en el norte de 6 guerras impuestas entre 2004 y 2009, tomó bajo clamor popular las sedes de gobierno en la capital Sana‘a el 21 de septiembre de 2014, dando inicio así a la Revolución.
Como castigo y a petición del gobierno derrocado, el reino saudí le impuso desde 2015 al país lo que, hasta el horror sionista en Gaza, fue catalogado como el mayor genocidio del siglo. Participaron de los bombardeos al menos 20 países de la región comandados por EEUU, y más de la mitad del territorio fue secuestrado para ser saqueado por Arabia Saudita y Emiratos Árabes.
Grandes recursos y extensiones secuestradas y entregadas a naciones extranjeras. Bombardeos incesantes sobre población civil. Bloqueo militar, comercial, diplomático y económico absoluto.
Pero el pueblo yemení no estaba dispuesto a volver a ser gobernado ni por la embajada de EEUU ni por la familia Saud, y el gobierno revolucionario no tenía ninguna intención de abandonar a su pueblo.
Mientras desde el Estado se luchaba contra el agresor en el frente externo y contra la corrupción en el frente interno, desde el pueblo se constituían milicias tribales de defensa y se multiplicaban los esfuerzos agrícolas. La innovación para la autosuficiencia alimentaria e industrial es el camino por el que Yemen decidió transitar su Revolución.
Luego de 4 años de agresión, en 2019 la ecuación empezó a cambiar. Por primera vez, el desarrollo de capacidades propias permitió ya no sólo resistir, sino contraatacar. Las refinerías e instalaciones militares en territorio saudí empezaron a arder.
La guerra dejó de ser un problema de “cuánto más pueden aguantar los yemeníes”, para empezar a contar bajas y daños en la propia casa. Asustado, el enemigo pidió en 2022 un alto al fuego, que Yemen concedió para buscar una salida política al conflicto pese a que el bloqueo no fue levantado.
En el frente interno, las durísimas condiciones de vida eran al menos atendidas por el gobierno, reponiendo hospitales, escuelas, puentes y caminos. El apoyo ciudadano rondaba el 60%, pero más simbólico fue el explosivo crecimiento de Sana’a y otras ciudades, demostrando un claro éxodo desde los territorios ocupados por el enemigo saudí hacia los gobernados por Ansar Allah.
Así llegaba el 7 de octubre de 2023 y con él la mayor brutalidad que el siglo ha presenciado, el horror sionista sobre Gaza.
La respuesta fue inmediata. Pese a la oposición de su único aliado, Irán, el gobierno declaró la guerra a la Entidad Sionista y a todo quien lo auxiliara, clausuró el paso de cualquier barco con mercancías para ellos, y bombardeó hasta la inutilización el único puerto del sur en la Palestina Ocupada, Umm Rashrash (Eilat).
Aunque eran agresores en el conflicto interno, Yemen pidió a los reinos de Arabia Saudita y Jordania autorización para que tropas yemeníes atravesaran estos países y pudieran entrar en Gaza a combatir la Ocupación. Ambos se negaron.
El pueblo por su parte, salió por millones durante todos y cada uno de los viernes que duró la guerra, llenando las plazas de apoyo a Palestina. La popularidad del oficialismo subió al 85% y a los cientos de carteles de mártires del Eje de la Resistencia instalados por el gobierno, el pueblo respondió con miles de rayados de apoyo.
De paso y dos veces, cuando EEUU trató de intervenir en favor del sionismo, debió pedir una tregua mientras sus portaviones huían del Mar Rojo. Se le concedió pero no se detuvieron las operaciones contra la Ocupación. Sólo callaron las armas yemeníes cuando la Resistencia Palestina firmó los Alto al Fuego, el último en octubre de 2025.
A inicios de 2026 ya el reino saudí había iniciado la recuperación de espacios del sur y oriente de Yemen supuestamente controlados por ellos, pero que hace tiempo eran ocupados por invasores emiratíes. Vencidos los Emiratos, los saudíes rompieron la tregua con el gobierno de Sana’a y bombardearon su aeropuerto en julio.
La doctrina militar de reciprocidad, aplicada contra el enemigo sionista, fue la respuesta del gobierno revolucionario. Al bloqueo se responde con bloqueo y al bombardeo con bombardeo. Esta vez sin los 4 años de demora inicial para adquirir las capacidades, y con la experiencia acumulada de la campaña por Gaza.
Desde julio mismo se encuentra bloqueado el paso a cualquier buque saudí por el Mar Rojo, hasta que los saudíes levanten el bloqueo a Yemen. También fueron bombardeadas refinerías e instalaciones militares en territorio saudí, y el oleoducto que cruza ese país de este a oeste, única salida que tenían hasta ahora frente al bloqueo oriental por la guerra de la Liga Epstein contra Irán.
Por cierto, al parecer aprendiendo sus lecciones, tanto EEUU como la Entidad, al igual que Turquía y Pakistán, todos supuestos aliados militares de Arabia Saudita, se han negado a atacar Yemen.
Por último y con una campaña en curso, el gobierno se ha lanzado además a recuperar áreas críticas de la costa sur-occidental y estratégicas islas ubicadas en pleno estrecho de Bab el Mandeb.
La Revolución avanza en el frente interno recuperando ciudades, puertos y territorios, y consolida el frente externo como guardián irreemplazable del tráfico marítimo en sus transitadas costas.
A medida que las amenazas de secesión y conquista extranjera son arrinconadas hasta su derrota final, el pueblo yemení avanza, indetenible, en la construcción soberana de su propio destino.
Roberto Pellegrin Bermúdez, Analista latinoamericano
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