jueves, 11 de junio de 2026

Consejo del Genocidio y eje Washington-Israel


MEDIO ORIENTE, EE.UU. :: 01/06/2026

WILLIAM I. ROBINSON

El genocidio israelí constituye un macabro laboratorio para la nueva modalidad de acumulación de la clase capitalista trasnacional, conocida como Pax Silica

La guerra estadounidense-israelí contra Irán ha desviado la atención internacional de Gaza justo cuando Israel transita de un genocidio de alta intensidad a uno de baja. Si bien los sionistas continúan persiguiendo su fatídico "Gran Israel", EEUU encabeza un proyecto estratégico de alcance mucho más vasto, en el que Gaza se perfila como un campo de experimentación para una nueva y más letal fase del capitalismo global.

La crisis de sobreacumulación del capitalismo global genera una intensa presión para la expansión, a medida que la clase capitalista trasnacional (CCT) emprende una búsqueda depredadora de lugares donde colocar ingentes cantidades de capital excedente y abrir nuevos espacios para la obtención de beneficios. Esta expansión violenta conlleva la apropiación de mercados y recursos en todo el mundo mediante la guerra, el desplazamiento y la represión.

La globalización en la región de Asia occidental se inició en los años 80 y se aceleró con la invasión y ocupación estadounidense de Irak en 2003, así como de un sinfín de acuerdos de libre comercio, programas de ajuste estructural y políticas de austeridad supervisadas por el FMI. Esta globalización desató una cascada de inversiones corporativas y financieras trasnacionales en Asia occidental. Congregó el capital del Golfo, entrelazándolo a todos de manera indisoluble en los circuitos globales emergentes de acumulación. De este modo, las burguesías árabes se transformaron en burguesías trasnacionales, a medida que toda la región se incorporaba al sistema globalmente integrado de producción, finanzas y servicios.

Israel se integró en estas redes capitalistas trasnacionales en expansión a raíz de los acuerdos de Oslo firmados en 1993, a medida que las burguesías israelí y árabe comenzaban a desarrollar intereses de clase comunes. En 2020, los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin firmaron los Acuerdos de Abraham, sumándose así a Egipto y Jordania en la normalización de las relaciones con Israel, una apertura que permitió a los grupos de inversión del Golfo inyectar miles de millones de dólares en la economía israelí.

Entre tanto, con el cambio de siglo Israel comenzó a importar mano de obra migrante transitoria para eliminar la necesidad de recurrir a la mano de obra palestina políticamente problemática. Para la década de 2010, cientos de miles de trabajadores migrantes procedentes de Tailandia, China, Nepal, Sri Lanka, India, Europa del Este, Filipinas, Kenia y otros lugares pasaron a constituir la fuerza laboral predominante en la agroindustria israelí y, cada vez más, en otros sectores de la economía.

A medida que el proletariado palestino se convirtió en humanidad excedente, se interponía no sólo en el camino de la expropiación de sus tierras, sino también en el de una nueva ronda de expansión capitalista global en todo Oriente Medio. El genocidio se fue convirtiendo, cada vez más, en una opción atractiva tanto para el régimen sionista como para los sectores más violentos y depredadores de la CCT.

El significado más amplio del "Consejo de Paz" (Consejo del Genocidio) cobra ahora nitidez, arrojando luz sobre el emergente complejo hegemónico del capital trasnacional que se sitúa en el epicentro del actual torbellino mundial. Este bloque triangular congrega a las gigantes tecnológicas, al capital financiero trasnacional y al complejo militar-industrial, y tiene fuertes inversiones en Israel.

Este complejo está profundamente involucrado en sistemas trasnacionales de guerra, control social, represión y vigilancia que se están digitalizando, automatizando e integrando en la economía y la sociedad globales. Estos sistemas constituyen una importante vía para descargar el excedente de capital acumulado, al tiempo que abren a la fuerza el acceso a mercados y recursos.

Israel es el tercer centro tecnológico más grande del mundo. Se globalizó con base en un complejo de alta tecnología, militar, de seguridad y de vigilancia. Su economía se nutre de la violencia, los conflictos y las desigualdades permanentes a escala local, regional y global. El genocidio israelí constituye un macabro laboratorio para la nueva modalidad de acumulación de la CCT, conocida como Pax Silica, fundamentada en una alianza entre Israel y los Estados del Golfo que debía consolidarse por medio del Consejo del Genocidio, inaugurada por Trump en enero pasado. El régimen sionista es una potencia tanto en tecnologías digitales como militares, habiendo combinado ambas en su represión contra el pueblo palestino.

El consejo tiene por objeto abrir la franja a sus recursos de gas y petróleo, a sus bienes raíces frente al mar y a su potencial turístico. Sin embargo, su misión fundamental consiste en convertir a Gaza en un centro neurálgico para el eje de poder público-privado, en torno al cual la tecnología y las finanzas gozarán de total libertad para desarrollar un feudo corporativo soberano.

Netanyahu ha hecho caso omiso del cese al fuego, en tanto se filtró a la prensa un plan para Gaza redactado por Washington, conocido como Reconstrucción, Aceleración Económica y Transformación de Gaza (GREAT, por sus siglas en inglés). Dicho proyecto contemplaba una salida "voluntaria" de los palestinos hacia otro país y una serie de megaciudades de alta tecnología y criptomonedas impulsadas por inteligencia artificial. Aquellos palestinos que se queden como mano de obra barata serán estrictamente controlados mediante la vigilancia biométrica israelí.

Gaza fue la primera guerra de inteligencia artificial del siglo XXI: un genocidio algorítmico. Si el trumpismo global se sale con la suya, Gaza se convertirá en el banco de pruebas donde las clases dominantes subyugarán mediante el autoritarismo tecnocrático la sangre y el capital. Mientras tanto, los palestinos continuarán resistiendo, tal como lo han hecho durante más de un siglo.

* Profesor distinguido de sociología en la Universidad de California, EEUU.

La Jornada

Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/consejo-del-genocidio-y-eje-washington-israel 

El coyote, el correcaminos y el Ángel de la historia

Fuentes: Rebelión

  “Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. Representa a un ángel que parece estar a punto de alejarse de algo a lo que está clavada su mirada. Sus ojos están desencajados, la boca abierta, las alas desplegadas. El ángel de la historia tiene que parecérsele. Tiene el rostro vuelto hacia el pasado. Lo que a nosotros se presenta como una cadena de acontecimientos, él lo ve como una catástrofe única que acumula sin cesar ruinas sobre ruinas, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer los fragmentos. Pero desde el paraíso sopla un viento huracanado que se arremolina en sus alas, tan fuerte que el ángel no puede plegarlas. El huracán le empuja irresistiblemente hacia el futuro, al que da la espalda, mientras el cúmulo de ruinas crece hasta el cielo. Eso que nosotros llamamos progreso es ese huracán.” Walter Benjamín,  Tesis sobre el concepto de historia y otros ensayos sobre historia y política (1940)

Mickey Mouse y la condición moderna

En 1940, poco antes de su muerte en Portbou, Walter Benjamín escribió su célebre tesis IX, perteneciente a su libro Tesis sobre el concepto de historia y otros ensayos sobre historia y política. Inspirándose en el cuadro Angelus Novus de Paul Klee, obra que el ensayista conservaba en su propia colección personal y que se convirtió en una de las imágenes centrales de su pensamiento, Walter Benjamín imaginó al Ángel de la historia empujado hacia delante por la tormenta del progreso, procedente de la propia historia de la humanidad. Incapaz de cerrar las alas contempla, estupefacto, una única catástrofe que acumula ruina sobre ruina a sus pies. Aquella poderosa visión condensaba uno de los diagnósticos más lúcidos y melancólicos del siglo XX: la historia moderna no avanza realmente hacia un horizonte emancipador, sino que se derrumba continuamente sobre sí misma, aunque continúe denominando “progreso” a su propia devastación.

No obstante, Benjamín también prestó una gran atención a las formas emergentes de la cultura popular de masas de su tiempo. En los años treinta del siglo pasado se interesó especialmente por el cine, la reproducción técnica de las imágenes, los dibujos animados y personajes como Mickey Mouse, al considerar que expresaban transformaciones profundas de la sensibilidad moderna bajo las condiciones del capitalismo industrial y tecnológico.

En diversos fragmentos y apuntes vinculados a sus reflexiones sobre la reproductibilidad técnica, Benjamín observó que los dibujos animados mostraban cuerpos capaces de deformarse, explotar, quemarse, aplastarse o recomponerse indefinidamente sin desaparecer nunca del todo, como sucedía en las películas animadas sobre Mickey Mouse, creadas por Walt Disney y Ub Iwerks en 1928. Aquella elasticidad extrema le parecía algo más que un simple recurso humorístico: representaba simbólicamente una nueva forma de adaptación psíquica a un mundo moderno crecientemente mecanizado, violento e inestable. En Mickey Mouse veía Benjamín la caricatura del ser humano entrenado para sobrevivir al choque permanente de la modernidad técnica, una especie de parodia de la condición moderna. De este modo, el célebre ratón podía interpretarse como el emblema de un sujeto acostumbrado a convivir con la catástrofe cotidiana, capaz de continuar funcionando entre explosiones, accidentes y ruinas, sin llegar nunca a detenerse completamente.

Benjamín intuía que la cultura de masas actuaba también como una especie de pedagogía emocional para sociedades sometidas a tensiones constantes, donde el trauma y la destrucción comenzaban a normalizarse como parte cotidiana de la experiencia moderna. No obstante, Benjamín percibía una profunda ambivalencia en la cultura popular y en los nuevos medios técnicos. Estos podían funcionar como instrumentos de alienación y domesticación colectiva, pero también contener elementos liberadores, humorísticos e incluso potencialmente utópicos. Mientras el Ángel de la historia contempla la acumulación de ruinas producida por el progreso, Mickey Mouse evoca al sujeto moderno que aprende a sobrevivir psíquicamente dentro de esa misma catástrofe permanente. Ambos aparecen ligados a una modernidad tecnificada, destructiva y acelerada, aunque desde registros distintos: uno trágico y melancólico; el otro grotesco, humorístico y ambiguo.

El Coyote y el Correcaminos: el final del camino

Nueve años después de la muerte de Benjamín, en 1949, el director Chuck Jones y el guionista Michael Maltese estrenaban Fast and Furry-ous, el primer episodio de dos célebres personajes creados para Warner Bros.: el Wile E. Coyote y el Road Runner, cuyas persecuciones estaban ambientadas en el desierto del suroeste de los Estados Unidos. A la luz de las reflexiones de Walter Benjamín sobre Mickey Mouse, podría interpretarse que los dibujos animados de Jones y Maltese, cuya producción la Warner Bros. concluyó en 1964, representan una mutación histórica de aquella sensibilidad moderna que Benjamín todavía contemplaba en su fase más expansiva. En Mickey Mouse aún existía, pese a toda la violencia mecánica y la fragmentación corporal, una cierta ambivalencia utópica: el cuerpo elástico sobrevivía al desastre y seguía abierto a la imaginación de otras relaciones posibles entre técnica, naturaleza y humanidad.

En cambio, en el universo del Coyote y el Correcaminos parece emerger ya el indicio simbólico de una modernidad perdida en su propio laberinto, agotada y atrapada en la repetición compulsiva de su propio fracaso. Surge en los años del inicio de la Gran Aceleración de la sociedad industrial (1950-2010), pero ya prefigura muy tempranamente las primeras grietas que anunciaban su futuro colapso ecosocial. El Coyote encarna satíricamente a un sujeto neurótico e hipertecnificado que confía obsesivamente en los dispositivos técnicos —máquinas, explosivos, armas modernas, motores, inventos, mecanismos absurdos— para alcanzar un objetivo que nunca logra cumplir: cazar y devorar al Correcaminos. Cada intento termina en accidente, explosión, carbonización, aplastamiento o caída al vacío, pero el ciclo vuelve a comenzar indefinidamente. Ya no se encuentra aquí la promesa lúdica de una sinergia salvadora entre tecnología y existencia, sino una lógica de fracaso perpetuo, de insatisfacción constante, de goce abortado, de deseo frustrado y de insistencia compulsiva, propia de una civilización incapaz de detenerse incluso cuando se dirige directamente hacia el abismo.

La imagen más significativa es, quizá, aquella en la que el Coyote, en persecución constante de su presa, corre suspendido en el aire sin darse cuenta todavía de que el suelo ha desaparecido bajo sus pies. Durante unos segundos continúa moviéndose como si nada hubiera ocurrido, sostenido únicamente por la inercia de la normalidad, hasta que finalmente toma conciencia del vacío y se precipita. Esa escena puede leerse como una poderosa metáfora de la hipernormalización contemporánea: un sistema que continúa actuando como si el mundo que lo sostenía siguiera intacto, aunque en realidad ya haya desaparecido bajo él. El colapso no aparece entonces como un acontecimiento súbito, sino como la caída inevitable de una estructura que continúa funcionando mecánicamente después de haber perdido sus propias condiciones de posibilidad.

La fuerza de la escena reside precisamente en esa suspensión imposible. El Coyote no cae inmediatamente porque todavía permanece atrapado en la lógica de su propia velocidad. Continúa corriendo porque todo su cuerpo, toda su percepción y toda su experiencia previa le dicen que debe seguir avanzando. La rutina y una ciega voluntad sustituyen a la realidad. Del mismo modo, la hipernormalización actual describe una civilización que continúa reproduciendo compulsivamente sus dinámicas de crecimiento, consumo, aceleración tecnológica y expansión económica, aun cuando las bases materiales, energéticas, ecológicas y simbólicas que la sostenían comienzan a hundirse visiblemente bajo ella.

La tragedia del Coyote no consiste únicamente en la inevitable caída, sino en la imposibilidad de detenerse a tiempo. Incluso suspendido sobre el abismo, continúa moviéndose como si el suelo siguiera allí. Esa es también la tragedia de la modernidad tardía: la incapacidad estructural de reconocer sus propios límites antes del hundimiento. El sistema sigue produciendo la ficción de la normalidad mientras el vacío se expande bajo sus pies. Y quizá por eso la escena, en su gracia infantil, resulta tan perturbadora y tan próxima: porque expresa con una claridad meridiana la lógica absurda de una civilización que continúa corriendo por pura inercia, aunque ya haya comenzado a caer.

El Correcaminos, un ave real terrestre de rápidos desplazamientos natural de la zona geográfica en la que transcurre la animación, encarna la ilusión del progreso: siempre veloz, siempre inalcanzable, alejándose, solo reconocible por su grito vacío, “Beep-Beep”, que sirve de constante estímulo para una persecución destinada al fracaso. El Coyote, en cambio, es la encarnación perfecta del sujeto moderno: hambriento, ansioso, racional pero también irracional e impulsivo, obstinado en alcanzar su objeto de deseo mediante la tecnología y la mercancía. Sus instrumentos —los artefactos producidos y comercializados por la corporación empresarial Acme Corporation— son las prótesis tecnológicas del capitalismo: cohetes, catapultas, dinamita, redes, trampas. En el momento de la verdad ninguno funciona, todos fallan, volviéndose contra el Coyote. Y, sin embargo, tras cada fracaso, el Coyote se levanta, se sacude el polvo, los residuos o las cenizas y vuelve a correr para dar caza a su esquivo objeto.

Bien podría interpretarse, desde los tiempos actuales, que cada caída del Coyote es una crisis histórica del sistema que alimenta su delirio. Como sucedió en 1929, 1973, 1979 y 2008, el capitalismo se precipita, se golpea, se recompone y vuelve a intentarlo. La obstinación suicida es su modo de vida. Y el paisaje donde todo sucede —el desierto del suroeste estadounidense— es más que un fondo. Es el símbolo perfecto del mundo que el progreso deja atrás: un espacio desnudo, sin agua ni sombra, donde la persecución se ha vuelto infinita, árida y estéril. Ese desierto, frontera y vacío, resume el destino del capitalismo tardío: la expansión hacia la nada.

Chuck Jones impuso a su serie una regla: el Correcaminos nunca daña al Coyote, y el Coyote nunca lo atrapa. Toda su desgracia proviene de sí mismo. Así también sucede con la modernidad industrial: su violencia no le llega desde fuera, sino de su propia fe en la tecnología, de su compulsión a capturar, dominar y consumir la naturaleza. El capitalismo se hunde por su incapacidad de aprender de los desastres que, como evocó Benjamin con el Ángel de la historia, no dejan de acumularse. Pero nada se aprende, y el Coyote-Sujeto Moderno revive precariamente, y vuelve a dejarse arrastrar por una pasión libidinal siempre enloquecida, violenta y rabiosa.

El Ángel de la historia se detiene

Quizá hoy podría ampliarse la metáfora benjaminiana de su tesis IX. La montaña de ruinas que el ángel contemplaba en 1940 no ha dejado de crecer durante ocho décadas. Las guerras, los genocidios, la devastación ecológica, la soledad, la desigualdad, la pobreza: cada catástrofe ha añadido una nueva capa de escombros a la historia. Lo que en su tiempo era acumulación se ha convertido en saturación. La montaña de ruinas se ha hecho tan alta, tan pesada, que comienza a hundirse. Y cuando la montaña cae, el viento del progreso comienza a extinguirse y a dejar de soplar.

De hecho, el huracán que empujaba al ángel ya había ido perdiendo fuerza conforme la montaña de ruinas crecía. Y ahora el glorioso futuro industrial se clausura. El siglo XX ya lo había manifestado claramente, pero lo que llevamos de siglo XXI ha demostrado con creces que el progreso no era un ascenso, sino un ciclo aniquilador que giraba amenazadoramente sobre sí mismo. Por eso llega un momento en que, provocado el colapso, la tormenta se agota, el aire parece menos enrarecido, y el ángel —por primera vez— puede detenerse y utilizar sus alas. Ya no lo arrastra la poderosa corriente, muy debilitada: ahora desciende lentamente, intentando acompañar compasivamente el hundimiento de la civilización. Su vuelo deja de verse entorpecido por el vendaval del progreso para convertirse en una caída calculadamente controlada, en un tierno gesto de cuidado.

En ese mismo instante, como ya hemos señalado, el Coyote corre suspendido sobre el vacío. Ha gastado todos sus recursos, ha agotado la energía, el suelo, el agua, la paciencia. Corre en el aire, sostenido por la interiorización del deseo siempre insatisfecho. Durante un tiempo, todo parece continuar igual: la economía crece, los centros comerciales están llenos, las pantallas brillan, se estrenan nuevas series, proliferan los festivales, los trenes llegan y parten, las industrias producen, las universidades fingen funcionar. Pero ya no existe un sostén real. Es el tiempo de la hipernormalización del colapso, la prórroga crepuscular en la que el mundo continúa por puro impulso residual, antes de desplomarse.

La diferencia es que esta vez el Coyote no podrá levantarse del fondo del abismo con el siguiente artefacto capitalista marca Acme, llámese energías renovables, biotecnologías, inteligencia artificial, fusión nuclear, computación cuántica, desarrollo sostenible, Green New Deal o cohetes espaciales. Ya ha fundido por completo su propio arsenal, incluso para sobrevivir un poco más “como siempre”. Eso ya no es posible. Solo podría hacerlo si escuchara al Ángel de la historia detenido a su lado moviendo por fin sus alas, si reconociera que el Correcaminos siempre fue una vana y mortífera ilusión. El Coyote tendría entonces que renunciar a la persecución, aceptar la caída, despedirse y transformar el desastre en aprendizaje. La catástrofe ya ha ocurrido: lo que resta es cómo caer adecuadamente. El Ángel de la historia, que antes era arrastrado por la tormenta, ahora intenta sostenernos en el aire y acompañarnos en la caída. Su tarea no es reconstruir el pasado ni prolongar el futuro, sino amortiguar nuestro descenso, rescatar fragmentos de la montaña de ruinas derruida y dispersa en múltiples direcciones, dar forma a una redención posible para el futuro. Entre los escombros del mundo derrumbado todavía persiste una débil posibilidad de “recomponer los fragmentos”, es decir, de abrir un horizonte de regeneración.

El desierto que enmarca todo el relato nos recuerda que toda carrera hacia el infinito tiene un límite tangible. Allí el Coyote comprende que ya no hay un Correcaminos a la vista, y allí mismo se anuncia el final de su demencial aventura. Pero también allí puede posarse, finalmente, el Ángel de la historia, para tocar definitivamente tierra cuando el huracán del progreso, ya casi una brisa ligera, haya cesado por completo. Su vuelo descendente quizá constituya la última promesa: que el hundimiento no sea únicamente destrucción, sino también metamorfosis; que de la montaña de los escombros pueda surgir, si ello aún es posible, una nueva manera de encarar la vida atravesando el desierto.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes. 

Grandes empresas tecnológicas, objetivo militar legítimo

Fuentes: Rebelión

               La “era de la información” viene acompañada de sofismas que de tanto repetirse constituyen un nuevo sentido común, que gran parte de los seres humanos han interiorizado y consideran axiomas irrefutables. Algunos de esos sofismas han quedado hecho añicos por la guerra asimétrica de Irán contra los agresores del imperialismo [Estados Unidos] y del sionismo [Israel]. El mundo virtual y digital había llegado acompañado de una aura de neutralidad y de servicio desinteresado a la humanidad, como clara expresión del fetichismo de la tecnología. Hoy, de la manera menos impensada, la guerra contra Irán ha trastocado algunas de las falacias del mundo digital.

Lo virtual existe al margen, y no depende, de lo material

Un punto de partida que justifica la “sociedad digital” sostiene que para el funcionamiento del capitalismo lo prioritario es la información (algo inmaterial) y cada vez tiene menos importancia lo material. Habríamos entrado en una nueva fase de la historia en donde los bienes naturales (minerales, agua, biodiversidad, bosques…) estarían siendo irreversiblemente sustituidos por la información, llegando a sostener que esta es más importante que el petróleo.

En marzo, Irán atacó la sede de datos de Amazon en Israel y en Bahréin y, en forma inmediata, se detuvo el funcionamiento de la nube en parte del territorio de esos países. Esto hecho demostró que lo virtual funciona con materia energía y agua, sin cuyo elevado suministro la nube no puede operar. Ahí quedó en evidencia que la nube no es algo etéreo, sino que se aloja en grandes edificios y servidores, que son infraestructura física, construida con elementos vulgarmente materiales. Eso significa que cualquier artefacto digital, un celular, por ejemplo, no puede funcionar sin grandes dosis de materia y energía, así eso no sea evidente de ninguna manera, porque cunde el sofisma que la electricidad es inmaterial como si además no procediera de infraestructura hecha de materiales que la generan. 

Los conglomerados digitales hacen parte de la “sociedad civil”

De Silicon Valley surgió la falacia de que algunos empresarios innovadores con su esfuerzo individual, al margen del Estado y del poder militar, realizan invenciones en beneficio de toda la humanidad y lo hacen de manera desinteresada. Bill Gates, Steve Jobes, Job Betzos, Elon Musk y las empresas asociadas a ellos Microsoft, Google, Tesla, Amazon… se presentan como entidades civiles, vendiendo la idea que sus actividades no están relacionadas ni sirven a ciertos Estados ni al complejo militar del imperialismo y del sionismo.

Hace pocas semanas, Irán se encargó de desmontar ese prejuicio. Y lo hizo en respuesta a los brutales ataques de la coalición imperialista-sionista contra su población y sus dirigentes, en los cuales se utilizaron sistemas tecnológicos (entre los que sobresale la IA) que suministran los grandes conglomerados digitales. Irán los convirtió, algo que no había sucedido nunca, en un objetivo militar legítimo, al mismo nivel que las bases militares o los portaaviones.

Irán, al atacar la sede de esas empresas, les quitó la máscara de instituciones pretendidamente civiles, y mostró a los ojos de millones de seres humanos, empezando por los habitantes del Golfo Pérsico, que gran parte de las investigaciones e innovaciones del mundo digital están directamente relacionadas con los intereses militares de Estados Unidos e Israel. Irán se encargó de señalar que esas empresas son responsables del asesinato masivo de miles de personas en los lugares en donde opera el complejo militar-informático. Debe recordarse que las “bombas inteligentes”, con las cuales Estados Unidos masacró a 180 niñas de una escuela de Irán, fueron guiadas por sofisticados sistemas que fabrican las empresas informáticas y digitales. La IA y los algoritmos no funcionan solos, sino que responden a los intereses de quienes los programan, y estos son empresas tecnológicas que trabajan directamente para el complejo militar de Estados Unidos e Israel

Nada puede detener el irreversible avance digital

Irán y Yemen le han señalado al mundo que lo digital funciona por la existencia de una extensa red de comunicaciones de tipo material, siendo uno de sus principales soportes, la amplia red de cables submarinos que le dan la vuelta al planeta decena de veces. Sin esos cables, de fibra óptica, plástico y otros materiales, no sería posible el tráfico virtual e informativo en el mundo. Gran parte de esos cables atraviesan zonas críticas del mundo, como el Estrecho de Ormuz en el Golfo Pérsico, y el estrecho de Bab el-Mandeb en el Mar Rojo. A través de esos cables circula la información que llega a Asía y Europa. De tal forma que, si esos cables fueran cortados, y los huties de Yemen y la Guardia Revolucionaria de Irán han indicado que de ser necesario lo harán, de inmediato se detendría la economía, la sociedad y la cultura de masas de gran parte del mundo, las cuales son petrodependientes y consumen enormes cantidades de recursos materiales y energéticos.

Este recordatorio de Yemen e Irán pone de presente la fragilidad de la tan mentada sociedad digital. Con una simple acción, la de cortar unos cables que se encuentran a centenares de metros de profundidad en los océanos, entraría en crisis el tipo de sociedad que el capitalismo realmente existente ha construido en los últimos 35 años. Se paralizaría todo lo que se ha erigido alrededor de internet, el sistema financiero, las comunicaciones de diversa índole (personales, institucionales, negocios), millones de móviles quedarían inservibles, bancos, hospitales, universidades dejarían de operar…

Esto ya lo habían advertido estudiosos y críticos del mundo digital, pero se ha necesitado de la respuesta asimétrica de Irán a la agresión imperialista para comprobar que lo digital es un coloso con pies de barro. Sí, unos pies de barro alimentados por grandes cantidades de materia y energías fósiles, cuya apropiación insaciable explica las guerras que libra el agonizante imperialismo estadounidense y sus proxis sionistas para mantener su insostenible modo de muerte.

Publicado en papel en El Colectivo, Medellín, mayo de 2026.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes. 

miércoles, 10 de junio de 2026

La vigencia del pensamiento de Lenin: el peligro de una guerra a gran escala


Raúl Antonio Capote
(Granma)  junio 1/2026

El rasgo que hoy adquiere una dramaticidad más hiriente, es la relación intrínseca entre el imperialismo y la guerra



Han transcurrido más de cien años desde que Vladimir Ilich Lenin publicara El imperialismo, fase superior del capitalismo (1916); sin embargo, el eco de su voz no solo conserva su pertinencia académica: hoy resuena con una urgencia profundamente histórica.

Estamos presenciando, en tiempo real, una fase de transición sistémica global en la que el imperialismo estadounidense exhibe, ya sin máscaras, los rasgos que el estadista revolucionario diagnosticó con escalofriante lucidez.

Por un lado, una descomposición interna que avanza como una grieta sísmica, una política exterior intoxicada de militarismo, y por otro, una confrontación cada vez más violenta contra las potencias emergentes que se atreven a desafiar su hegemonía, lo que lo convierte en la más grave amenaza para la seguridad y la paz globales.

Lenin definió el imperialismo como la fase superior del capitalismo, un estadio al que atribuyó rasgos fundamentales como una concentración de la producción y del capital que iría mucho más allá de la simple competencia; una fusión entre el capital bancario y el industrial que alumbraría a una todopoderosa oligarquía financiera; habló de la exportación de capital como necesidad vital; de la formación de asociaciones internacionales que se repartirían el botín del mundo; y de la división del planeta entre las grandes potencias.

Esta caracterización, lejos de haber sido superada por el tiempo, se ha vuelto más densa y compleja; piénsese, si no, en el capitalismo contemporáneo, un puñado de corporaciones transnacionales y fondos de inversión –nombres casi espectrales como BlackRock, Vanguard o State Street– concentran hoy un poder financiero que empequeñece el Producto Interno Bruto de la mayoría de los Estados nación.

Aquella fusión de capital bancario e industrial que Lenin avizoró ha mutado en un entramado aún más intrincado y asfixiante, donde el capital financiero especulativo dicta, con la frialdad de un oráculo, las políticas económicas de los gobiernos.

La exportación de capitales, ese rasgo central del análisis leninista, no ha hecho sino acelerarse hasta convertirse en el latido mismo de la globalización neoliberal.

Las cadenas globales de valor, la deslocalización industrial que vacía fábricas en un continente para levantarlas en otro, y la financiarización de las economías periféricas, no son sino formas actualizadas de aquella succión de plusvalía que fluye, incansable, desde el Sur Global hacia los centros de acumulación del Atlántico Norte.

La gran vuelta de tuerca que Lenin apenas pudo vislumbrar, es que la maquinaria ha añadido nuevos y sofisticados mecanismos de endeudamiento perpetuo y condicionalidad macroeconómica –con el FMI y el Banco Mundial como celosos guardianes– que encajan, con precisión quirúrgica, en su esquema de dominación.

Y, sin embargo, el rasgo que hoy adquiere una dramaticidad más hiriente, es la relación intrínseca entre el imperialismo y la guerra, el siglo XX, con sus dos guerras mundiales, se encargó de confirmar aquella previsión.

Lo que observamos en esta tercera década del siglo XXI es el escalofriante regreso del peligro de una guerra a gran escala, esta vez bajo el signo de una potencia hegemónica que, sintiendo cómo se le escapa el mundo de las manos, recurre a la confrontación militar como último y desesperado intento de preservar un orden que se desmorona.

Fuentes:
Harvey, David (2004). El nuevo imperialismo. Akal, Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional (FMI), Conferencia
de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD).

Fuente: granma.cu

Israel ha caído en la trampa que le ha tendido Hezbollah en Líbano

La declaración de Israel de que no sólo está expandiendo sus ataques a través del territorio libanés sino que también busca apoderarse de más territorio representa un importante error estratégico para el ejército de ocupación. Debido a su arrogancia, es inevitable una derrota sin precedentes.

Tras el anuncio del alto el fuego en Líbano del 27 de noviembre de 2024, los dirigentes políticos israelíes pasaron 15 meses alardeando de haber infligido una gran derrota a Hezbollah. Durante ese período, también autorizaron más de 15.400 acciones militares contra el territorio libanés, incluidos ataques al sur de Beirut, que alimentaron la ilusión de que habían salido victoriosos.

Aunque de la intensidad de los combates de noviembre de 2024 se desprende claramente que la organización no fue derrotada militarmente, el siguiente período de 15 meses incluso logró cimentar la propaganda de Israel en la mente de gran parte de la población árabe. Apareció en la superficie como si Hezbollah fuera impotente.

Una y otra vez, los israelíes reiteraron sus “logros históricos, a saber, el asesinato de los altos dirigentes del movimiento, la supuesta destrucción de una parte importante del arsenal de armas de la organización, la instalación de un régimen pro-estadounidense en la vecina Siria y el ataque indiscriminado de buscapersonas, que causó miles de bajas.

Con Hezbollah manteniendo el fuego, a pesar de las constantes violaciones de la tregua israelí, mientras un régimen títere estadounidense intentaba complacer a sus amos en Washington persiguiendo las armas del grupo de resistencia, a Israel se le permitió vivir en una fantasía.

El 2 de marzo, todo el “hasbara” israelí colapsó. Lo que realmente estaba sucediendo tras el escenario era que Hezbollah se había estado rearmando y tenía nuevos planes, preparándose para el momento perfecto para vengarse y expulsar al ejército ocupante de su territorio.

Tras el acuerdo temporal de alto el fuego entre Estados Unidos e Irán, los israelíes se dieron cuenta de que Hezbollah no iba a detenerse inmediatamente aunque Teherán ya no estuviera en guerra. Además, los iraníes impusieron la condición de que la guerra no terminara hasta que también se cerrara el frente en Líbano.

Israel creía que infligir una enorme masacre de civiles en Beirut, matando a unos 300 en 10 minutos, asestaría algún tipo de golpe a Hezbollah y lograría una victoria pírrica. En cambio, sus acciones sólo legitimaron la campaña de resistencia de Hezbollah.

Luego vino el alto el fuego temporal con Líbano, establecido con la intención de utilizar el régimen títere de Beirut para provocar la división dentro de su propio país, con el fin de que Tel Aviv obtuviera una victoria pírrica mediante el aislamiento de Hezbollah y la firma de un acuerdo de “normalización”.

Lo que los israelíes buscaban era un retorno a la situación anterior al “alto el fuego” del 2 de marzo, pero no lo lograron. Hezbollah dejó en claro que no dejarían de resistir hasta que Israel hubiera abandonado Líbano y el alto el fuego fuera permanente.

El llamado alto el fuego significó que la guerra sobre el terreno se volvería menos intensa, ya que no habría bombardeos frecuentes sobre Beirut, lo que provocó disparos de represalia de Hezbollah contra Haifa y Tel Aviv. Sin embargo, los israelíes terminarían avanzando más hacia el sur de Líbano, estableciendo lo que calificaron como “zona de amortiguamiento”.

Lo que vendría después conmocionaría al ejército israelí hasta lo más profundo. Hezbollah sacó su enorme reserva de drones FPV, usándolos para destrozar al ejército israelí y su equipo, incluido el ataque a alrededor de 7 baterías de defensa antiaérea hasta la fecha. Los constantes ataques con drones empezaron a prolongarse las 24 horas del día, causando grandes bajas. La peor parte para los israelíes es que simplemente no tienen respuestas y la mayor parte del tiempo ni siquiera ven llegar los ataques.

Frustrados por el dominio de Hezbollah en el campo de batalla, que están utilizando tácticas de guerra asimétrica, los asentamientos del norte comenzaron a protestar públicamente por la inacción de su régimen gobernante y a denunciar sus mentiras. A los colonos del norte se les había dicho que Hezbollah ya no estaba ubicado al sur del río Litani y que había sido prácticamente derrotado. Ahora se están dando cuenta de que se había fortalecido.

Este escenario había puesto a Israel en una situación en la que tenía dos opciones: huir del sur de Líbano y poner fin a la guerra, o ampliar la guerra una vez más. La segunda siempre iba a ser la reacción de Tel Aviv, porque sus dirigentes y su sociedad civil son demasiado arrogantes para aceptar que han sido burlados.

Hezbollah conoce bien la naturaleza de los dirigentes y la sociedad israelíes, razón por la cual los han estado provocando. La razón es que cuanto más se adentra el ejército de ocupación israelí en el sur de Líbano, más dolor puede infligirles la resistencia libanesa. Es la guerra de guerrillas 101: hacer sangrar al enemigo y drenarlo hasta que se vea obligado a retirarse. No importa cuánto tiempo lleve esto y qué sacrificios deban hacerse, Hezbollah está dejando claro que están dispuestos a luchar.

Por lo tanto, Hezbollah está ahora al mando. Han atraído al enemigo y están usando su arrogancia contra él. Si esta estrategia tiene éxito, los israelíes serán lentamente agotados y derrotados. Cuanto más se meten los israelíes en el lío, más difícil será salir. La conclusión podría terminar siendo la pérdida militar israelí más devastadora que jamás hayamos presenciado.

El BRICS+ allana el camino para un punto de inflexión histórico en el orden mundial



Mayo 29/2026


A medida que las economías de los países del BRICS continúan diversificándose y evolucionando, existe una necesidad cada vez mayor de armonizar la innovación, el crecimiento industrial y el desarrollo empresarial con los principios de equidad, sostenibilidad e inclusión

El legado de 2025


En este contexto de transición sistémica, en el que todo en el mundo está cambiando de forma rápida y drástica, destacan dos marcos institucionales por su creciente importancia geoestratégica, que ya hemos analizado anteriormente: el grupo BRICS —con su reciente ampliación para incluir a representantes del denominado Sur Global— y la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), organismos que, a pesar de tener en un principio fines distintos, ahora convergen hacia funciones complementarias de gobernanza como alternativa al modelo liberal occidental.

La próxima cumbre de la OCS ofrece una oportunidad analítica privilegiada para evaluar el estado de la denominada geopolítica de las alianzas, un paradigma emergente que sustituye a los bloques rígidos por redes flexibles de cooperación estratégica, económica y de seguridad.

La transición de la unipolaridad a la multipolaridad no implica necesariamente el surgimiento de un orden alternativo cohesionado de una sola vez, sino más bien, y de forma más realista, la fragmentación de las reglas del juego internacional en una pluralidad de centros de poder dotados de una creciente autonomía estratégica.

Comencemos por el BRICS.

La sesión plenaria de 2025 marcó un cambio cualitativo en la trayectoria institucional de la organización.

La cuestión de la desdolarización ocupó un lugar central durante la reunión. El dólar estadounidense, que sigue representando aproximadamente el 58-60 % de las reservas monetarias mundiales y domina los mercados de materias primas energéticas, es percibido por los miembros del BRICS como una herramienta para proyectar el poder geopolítico estadounidense, capaz de transformarse en un arma de sanciones económicas —como demostró de forma dramática la exclusión de Rusia del sistema SWIFT en febrero de 2022.

En respuesta, el grupo ha acelerado el desarrollo de mecanismos de pago alternativos.

El sistema BRICS Pay y las plataformas de intercambio de divisas nacionales fueron objeto de un debate en profundidad, aunque las diferencias entre la India y China en cuanto a la arquitectura de gobernanza de una posible cesta de divisas común siguen constituyendo un obstáculo significativo.

El Nuevo Banco de Desarrollo (NDB), con sede en Shanghái, ha ampliado entretanto su cartera de préstamos para infraestructuras, posicionándose como una alternativa al Banco Mundial para los países del Sur Global.

La desdolarización no es un proceso ni lineal ni rápido: la profundidad de los mercados financieros denominados en dólares y el anclaje del comercio de materias primas a la moneda estadounidense confieren a la hegemonía monetaria de Estados Unidos una resiliencia estructural con la que ninguna alternativa de los BRICS es aún plenamente capaz de competir.

La reunión también reafirmó el valor estratégico de la cooperación Sur-Sur como eje ideológico y operativo del grupo.

El concepto, que se inspira en la tradición del Movimiento de Países No Alineados de los años cincuenta y sesenta, se ha actualizado a la luz de la dinámica contemporánea: no se trata meramente de un antioccidentalismo ideológico, sino más bien de una afirmación de la autonomía estratégica por parte de las potencias emergentes que buscan maximizar su margen de maniobra en un sistema internacional en transición.

El papel de China sigue siendo dominante dentro del grupo, tanto en lo económico como en lo diplomático. Pekín representa aproximadamente el 70 % del PIB agregado del BRICS+ y utiliza la organización para amplificar su propia agenda geopolítica, en particular en lo que respecta a la Iniciativa de la Franja y la Ruta y a la promoción del yuan en el comercio internacional.

Rusia, por su parte, ha desplazado progresivamente su eje económico hacia el este, consolidando su dependencia de los mercados asiáticos a raíz de las sanciones occidentales.

La India mantiene una posición única: aunque participa activamente en el grupo, Nueva Delhi conserva sus vínculos con Washington a través de marcos como el Quad, negándose a alinearse con posiciones explícitamente antioccidentales.

Esta alineación múltiple de la India es tanto una ventaja para el grupo —que gana en credibilidad y representatividad— como una fuente de tensión interna, especialmente en las relaciones con Pekín.

Hacia la Cumbre de 2026

La actual turbulencia vinculada al «Trump 2.0» —incluidas las disputas comerciales y los conflictos energéticos que están perturbando las cadenas de suministro mundiales— está teniendo consecuencias de gran alcance a nivel internacional y regional.

Según los informes, aproximadamente 60 millones de personas han caído por debajo del umbral de la pobreza, mientras que se han perdido millones de puestos de trabajo en los últimos meses.

Se espera que la reunión de esta semana entre Trump y Xi en Pekín influya significativamente en la economía mundial, ya que las dos potencias iniciarán debates estratégicos que determinarán el comercio, la inversión, la tecnología y las tensiones geopolíticas más amplias durante el próximo año.

A medida que la alianza BRICS Plus se acerca a la cumbre de 2026, estas preocupaciones siguen siendo fundamentales.

Más allá de las presiones arancelarias y energéticas, persisten retos adicionales, entre ellos la débil gobernanza de la OMC y el creciente impulso hacia los acuerdos de libre comercio (ALC), en los que el desequilibrio en el poder de negociación suele conducir a resultados desequilibrados en materia de comercio e inversión.

Aunque el comercio entre los países del BRICS sigue expandiéndose, persisten obstáculos significativos.

En este contexto, un informe reciente de la UNCTAD que examina dos décadas de comercio intra-BRICS presenta un panorama de creciente cooperación junto con brechas estructurales persistentes.

Los países del BRICS reconocen el importante potencial de sus relaciones comerciales internas. En la Estrategia de Asociación Económica del BRICS 2025, los líderes se comprometieron a seguir explorando oportunidades para fortalecer el comercio y la colaboración económica entre los países del BRICS en sectores en los que ya existen acuerdos comunes y avances.

Según el informe, el comercio entre los miembros del BRICS ha aumentado significativamente desde 2003, impulsado por las complementariedades en materia de recursos naturales, producción industrial y tecnología, así como por la evolución de las condiciones económicas mundiales.

Sin embargo, la insuficiente coordinación de políticas sigue limitando el pleno potencial comercial del bloque, lo que subraya la necesidad de medidas específicas para profundizar la integración y fortalecer las redes comerciales.

El ascenso económico desigual, aunque potente, del bloque BRICS pone de relieve cómo la influencia geoeconómica global se está desplazando cada vez más hacia el sur y el este del mundo.

No obstante, retos como los sistemas comerciales globales desiguales, las industrias monopolísticas, la rápida urbanización, la escasez de energía y las limitaciones de refino siguen afectando a diversas economías del BRICS. Al mismo tiempo, la descarbonización y la acción climática siguen siendo esenciales para el desarrollo industrial sostenible.

Las exportaciones totales de mercancías de los países BRICS aumentaron de 906 000 millones de dólares en 2003 a 5,9 billones de dólares en 2024. En consecuencia, la cuota del bloque en las exportaciones mundiales subió de alrededor del 12 % a casi el 24 %, lo que refleja el papel creciente de los países BRICS en el comercio internacional.

El comercio intra-BRICS se ha multiplicado por más de trece desde 2003, alcanzando aproximadamente 1,17 billones de dólares en exportaciones en 2024.

China sigue siendo el motor dominante de este crecimiento, mientras que Brasil, India, Indonesia, Rusia y los Emiratos Árabes Unidos también contribuyen de manera significativa a los flujos comerciales más activos del bloque.

Estas cifras revelan cambios significativos en la composición del comercio intra-BRICS. Varios Estados miembros siguen dependiendo en gran medida de las exportaciones de materias primas, al tiempo que importan productos manufacturados de alto valor y tecnologías avanzadas, aunque algunos países también exportan cada vez más productos de alta tecnología.

Al mismo tiempo, la desindustrialización sigue afectando a países como Sudáfrica y Brasil. Los miembros del BRICS exportadores de petróleo también se enfrentan a retos relacionados con la «maldición de los recursos», en la que la dependencia del petróleo y el gas determina tanto las estructuras políticas como las económicas.

El modelo de crecimiento impulsado por el consumo de la región del Golfo también ha mostrado vulnerabilidades debido a los conflictos en curso en Oriente Medio.

Otro factor importante es la distribución desigual de la riqueza y la capacidad de consumo interno dentro del bloque. Los Emiratos Árabes Unidos tienen el PIB per cápita más alto, con 41 989 dólares, seguidos de China, con 12 706 dólares. Etiopía (869 dólares), la India (2418 dólares) y Egipto (4017 dólares) se sitúan entre los más bajos.

El crecimiento económico entre los miembros del BRICS también ha variado significativamente, aunque, en conjunto, el bloque ha superado la media mundial. Entre 2003 y 2024, las economías del BRICS crecieron a una tasa media anual del 6,2 %, frente a la media mundial del 3 %.

La decisión de China de conceder acceso libre de aranceles a las exportaciones de 54 países africanos podría resultar revolucionaria, ya que podría impulsar la industrialización y el crecimiento del empleo en todo el continente.

La inversión extranjera directa que fluye hacia las economías del BRICS se ha disparado de forma espectacular, pasando de 84 000 millones de dólares en 2003 a 331 000 millones en 2024.

Durante el mismo período, la cuota del BRICS en la IED mundial aumentó del 15,2 % al 21,9 %. En conjunto, el bloque representa ahora casi una cuarta parte de las exportaciones mundiales de mercancías.

Sin embargo, el comercio intra-BRICS presenta un panorama desigual. Aunque el crecimiento del comercio se ha mantenido constantemente sólido durante las dos últimas décadas, su escala global sigue siendo relativamente modesta en comparación con la cuota del bloque en el PIB mundial y el comercio mundial total. Además, la coordinación de políticas no ha seguido el ritmo de la integración económica y el potencial de crecimiento.

El informe señala que, a pesar de los numerosos acuerdos bilaterales entre los Estados miembros, todavía no existe un acuerdo comercial integral que abarque a todo el bloque BRICS. En su lugar, los miembros han recurrido ampliamente a formas más flexibles de cooperación como base para la integración futura.

La UNCTAD sugiere que los BRICS podrían aplicar una estrategia «Trade+» destinada a aumentar el compromiso político, poner en marcha un acuerdo comercial a nivel del bloque, vincular el comercio a iniciativas políticas más amplias y reformar los mecanismos de cooperación comercial de los BRICS.

Las impresionantes cifras de comercio e inversión indican que los países del BRICS están forjando de forma constante vínculos económicos más sólidos en un momento en que el mundo se enfrenta a una creciente inestabilidad provocada por las tensiones comerciales de la era «Trump 2.0» y las crisis energéticas mundiales.

En este contexto, los temas de la cumbre del BRICS de 2026 en la India —resiliencia, innovación y una cooperación más sólida en medio de la incertidumbre económica— parecen especialmente relevantes. La cuestión clave es si esta agenda puede incluir y apoyar de manera efectiva al Sur Global en su conjunto.

La lista de prioridades sobre la mesa es la siguiente:

  • Proteccionismo y aranceles: Responder al aumento de las barreras arancelarias y no arancelarias unilaterales, incluidos los aranceles del 25 % propuestos para determinados productos.
  • Reforma de la OMC: Promover una reforma significativa de la Organización Mundial del Comercio, en particular mediante el restablecimiento del Órgano de Apelación.
  • Cooperación en las cadenas de suministro: Ampliar la colaboración en los sectores de la agricultura, la salud, la energía y las cadenas de suministro para reducir la vulnerabilidad ante las perturbaciones globales.
  • Fondo Comercial del Sur Global: Explorar mecanismos para proteger a las economías en desarrollo y apoyar a las micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYMES) durante los conflictos comerciales.
  • Inversión y facilitación del comercio: Fomentar marcos de comercio e inversión más sólidos entre los miembros del BRICS, incluido el uso de monedas digitales para reducir la dependencia del dólar estadounidense.
  • Sostenibilidad y normas: Promover el Marco del BRICS para el Comercio y el Desarrollo Sostenible.

A medida que la fragmentación geopolítica y geoeconómica se agrava debido a múltiples crisis mundiales y las economías de los países del BRICS continúan diversificándose y evolucionando, existe una necesidad creciente de armonizar la innovación, el crecimiento industrial y el desarrollo empresarial con los principios de equidad, sostenibilidad e inclusión.

Traducción: Observatorio de trabajador@s en lucha

Lorenzo Maria Pacini

martes, 9 de junio de 2026

El mito de los “Supersiberianos" de Moscu


Soldados de la Segunda Guerra Mundial [sin ideologías]
 

Ale Fleit       29 de mayo 2026 o



Diciembre de 1941. Los alemanes están a un paso del Kremlin y ya se ven desfilando en la Plaza Roja. Cinco días después están corriendo para atrás, congelados y sin gasolina. La historia oficial te dice que aparecieron las divisiones siberianas y salvaron el día. Tipos criados a -50°C que cazan osos con la mirada y no usan bufanda porque el frío les pide permiso. Queda hermoso para la película. El problema es que la mitad es propaganda y la otra mitad es geografía aplazada.
Para un general de la Wehrmacht, todo lo que estaba al este de Smolensk ya era Siberia. Incluida Mongolia si te descuidabas. La URSS tenía el Distrito Militar de Siberia con sede en Novosibirsk, correcto. Pero también tenía el Frente del Lejano Oriente en Khabarovsk, el Transbaikal en Chita y el de Asia Central en Tashkent. Cuando Stalin movió reservas en octubre y noviembre, sacó de todos lados. Llamarlas a todas siberianas es como decirle patagónica a una división formada en Jujuy porque queda lejos.
Los números reales no mienten. Para la contraofensiva del 5 de diciembre, Zhukov juntó 1.100.000 hombres. Del este llegaron 18 divisiones de fusileros, 8 brigadas de tanques y 3 de caballería. Más o menos 250.000 soldados. Eso es el 22% del total. ¿Fueron importantes? Fueron la diferencia entre aguantar y contraatacar. ¿Ganaron solas? Ni con cuatro brazos cada una. El otro 78% eran milicianos de Moscú, restos de ejércitos molidos en Vyazma y cadetes de 17 años que salieron de Podolsk directo a morir en una trinchera.
La famosa 32ª División de Fusileros es el ejemplo que te tiran siempre. Peleó en Borodino, el mismo lugar que en 1812. Poético y todo. ¿Siberiana? Tenía su base en Razdolnoye, cerca de Vladivostok, costa del Pacífico. Está más cerca de Sapporo que de Novosibirsk. Se formó en 1922 en el Volga y la mandaron al Lejano Oriente en 1934. Para 1941 tenía veteranos de Jaljin Gol y mucho recluta local. Rusos, ucranianos, tártaros, coreanos. De todo menos una unidad étnica de esquimales.
La 78ª de Beloborodov es la otra que siempre nombran. Esa sí nació en Novosibirsk en 1939, Distrito Militar de Siberia. Llegó a Moscú en noviembre, la pusieron en la carretera de Volokolamsk y peleó tan bien que la ascendieron a 9ª de Guardias. Pero hay un detalle que no te cuentan: para ese momento el 60% de sus reemplazos ya venían de Kazajistán y Uzbekistán. Porque la guerra te come gente y reclutas donde encontrás. La división siberiana terminó hablando más kazajo que ruso en el rancho.
¿Y las otras 16? Ahí el mito hace agua. De las 18 divisiones de fusileros que Stalin trajo del este, solo 3 eran del Distrito de Siberia. Cinco venían del Transbaikal, con cuarteles en Chita y Ulán-Udé. Nueve eran del Lejano Oriente, de Khabarovsk, Blagoveshchensk y Voroshilov. Y una de Asia Central. Si para vos eso es todo Siberia, entonces para vos Marruecos queda en Escandinavia. David Glantz tiene los archivos división por división y no perdonan.
No rindieron por el ADN del frío. Rindieron porque llegaron enteras. Mientras las divisiones del oeste perdieron 417.000 hombres en 18 días en la bolsa de Minsk, estas estaban en Chita haciendo maniobras. Pisaron Moscú con 14.000 hombres por división, con toda su artillería, con radios que funcionaban y con camiones que arrancaban. Las que venían peleando desde junio tenían 3.000 sobrevivientes, un cañón sin mulas y el jefe del batallón era un teniente porque al resto lo mataron. La diferencia no era genética. Era no haber pasado por la picadora.
Muchas venían con una ventaja extra: Jaljin Gol. En 1939 le habían dado una paliza a Japón en Mongolia. Ahí Zhukov probó lo que después aplicó en Moscú: tanques, infantería y artillería trabajando juntos, no cargando separados a morir. Aprendieron que el T-34 no era un mito y que los oficiales japoneses no se rendían fácil. Cuando chocaron con la 4ª Panzer en noviembre, no se asustaron. Ya habían visto guerra moderna de verdad. Las del oeste en junio todavía creían que el tanque alemán se paraba con una botella de vodka.
Sí, tenían valenki, ushanka y chaquetones gruesos. Porque el Ejército Rojo asumió que en Rusia, en diciembre, hace frío. Se llama planificación. Los alemanes invadieron con capote de verano porque el plan decía que Moscú caía en agosto. Hitler prohibió los preparativos de invierno para no desmoralizar a la tropa. Resultado: en noviembre la grasa de las ametralladoras se congelaba, los motores no arrancaban y los caballos se morían de a miles. No es que el ruso fuera inmune. Es que llevó campera y el alemán no. Fin del misterio meteorológico.
El mito lo inventaron los generales alemanes después de la guerra. Guderian, Halder, Manstein. Todos escribieron lo mismo: no nos ganó Zhukov, nos ganó el General Invierno y sus hordas siberianas. Traducción de cuartel: no la cagué yo, la cagó el clima. Es más digno perder contra supersoldados del hielo que admitir que no calculaste la logística, que tus líneas de suministro tenían 1000 kilómetros y que tu Führer creía que la guerra se ganaba con voluntad. La excusa vendió millones de libros y todavía hay gente que la repite.
A los soviéticos el verso les encantó. Quedaba bárbaro decir que el pueblo entero, desde el Báltico al Pacífico, se levantó contra el invasor. Mejor eso que explicar que desarmaron el frente japonés porque un espía les juró que Tokio no atacaba. Agarraron a las 3 divisiones siberianas reales, las multiplicaron por diez en los partes, hicieron películas y sacaron estampillas. Stalin no era tonto. Si el enemigo quiere creer que peleas con mutantes, lo dejas creer. Asusta más.
¿Los alemanes no tenían tropas de frío? Claro que sí. La 6ª de Montaña venía de pelear en Noruega. La 5ª Jäger era bávara. Sabían lo que era la nieve. El tema no era esquiar. Era que llevaban 20 semanas de campaña, sin pausas, con el material gastado y con el combustible justo. Un ejército mecanizado sin gasolina es un museo al aire libre. Y cuando tu caballo se muere de frío, el cañón no se mueve solo. Contra eso no hay gen siberiano que valga. Hay trenes. Y los alemanes no tenían suficientes.
La clave real se llama Richard Sorge. Era un periodista alemán en Tokio que trabajaba para Moscú. En septiembre del 41 le mandó a Stalin el dato que cambió la guerra: Japón va al sur, a por Pearl Harbor y las colonias. Siberia no les interesa. Recién con ese telegrama Stalin vació el Lejano Oriente. Si Japón atacaba, Moscú se quedaba sin esas 18 divisiones. Así que el milagro siberiano dependió menos del frío y más de un tipo borracho sacando fotos de documentos en la embajada alemana. La historia tiene menos épica y más espionaje del que te gustaría.
Entonces, ¿quién salvó Moscú? Lo salvó un frente completo de 1.100.000 personas. De esos, 250.000 venían frescos del este y pusieron la punta de lanza porque tenían tanques, artillería y jefes vivos. Los otros 850.000 eran los que venían sangrando desde junio. Eran las milicias de obreros de Moscú con fusiles de 1891, eran los restos de 3 ejércitos cercados en Vyazma, eran los cadetes de Podolsk que con 17 años frenaron a la 19ª Panzer dos días. Decir que ganaron solo los del este es escupir sobre 180.000 muertos de la contraofensiva que no habían visto Vladivostok ni en mapa.
No existen los supersoldados. Existen ejércitos que llegan enteros contra ejércitos rotos. Existen Estados que guardan reservas y generales que no planean con el deseo. Las llamadas divisiones siberianas no eran una raza aparte. Eran divisiones normales que no las molieron en Minsk, que tenían equipo de invierno porque alguien pensó en diciembre, y que tenían oficiales que ya habían ganado una guerra de verdad contra Japón en 1939. Los alemanes tenían lo contrario: estaban gastados, congelados, sin combustible y con un cabo austríaco diciéndoles que no retrocedan. Por eso perdieron. El frío ayudó, obvio. Pero el frío no toma trincheras. Las toman los hombres. Y esos hombres venían de Khabarovsk, de Chita, de Tashkent y sí, algunos también de Novosibirsk.
Bibliografia:
David Glantz. Cuando chocan los titanes: Cómo el Ejército Rojo detuvo a Hitler. Desperta Ferro Ediciones, 2018
Adam Tooze.El precio de la destrucción: La construcción y la ruina de la economía nazi. Crítica, 2008
G. F. Krivosheev. Soviet Casualties and Combat Losses in the Twentieth Century. Greenhill Books, 1997
Nota: El informe Krivosheev no tiene edición oficial en español. Esta es la edición inglesa estándar que se usa como referencia para estudio de bajas y composición del Ejército Rojo durante lo que se llamó en la Unión Soviética la Gran Guerra Patria.