martes, 14 de julio de 2020

Crisis sistémica, pandemia y resiliencia: prospectiva e ¿ingenuidad?




Lamentablemente, habitamos un mundo que pone en duda la globalización, pero no el hiperconsumismo en su parte «rica» y el subconsumo en su parte «pobre». Foto: Martirena
No existen diferencias esenciales en la visualización del mundo en que vivimos entre los que nos dedicamos hoy al prospectivismo, es decir, entre los que a partir del estudio de las macrotendencias y tendencias principales percibidas y manifiestas tratamos de anticipar, de prever, para crear futuro. Coincidimos todos, o casi todos, en que el futuro nos depara otro mundo, muy diferente al que hemos conocido hasta ahora y que el que se nos viene se caracteriza, desde ya,  por la incertidumbre y la aporía, tanta, que nos deja sin certeza de si será mejor o peor,  por muy difícil que resulte a la mayoría de la humanidad concebir uno peor al que ha vivido.
Por supuesto, no todo son coincidencias por paradójicas que ellas resulten, y terminan cuando de determinar las causas de la crisis actual y aun de su evolución se trata. De cómo se concibe el carácter necesario (o no) de estas leyes (tendencias)  depende  –y a la vez condiciona– su  interpretación,  su conceptualización y, consiguientemente, la capacidad de diseñar el futuro y hasta la posibilidad de crearlo.
¿Y cuál es el presente y el futuro que prevemos todos, o casi todos, para el muy  corto plazo en un mundo que ya desde antes del inicio de la pandemia se estremecía por las exigencias de los pueblos para el cambio del «orden» establecido?
Un mundo:
  • sumido en el caos por el fracaso a escala global del capitalismo egoísta y  depredador (que todavía se sigue identificando con el neoliberalismo) y de una mayoría de estados funcionales a ese capitalismo y, por tanto, incapaz de enfrentar la crisis que desde 2018-19 se anunciaba, y una pandemia que la ciencia ya desde mucho antes preveía.
  • en el que el cambio climático producido por el calentamiento global transforma aceleradamente nuestro hábitat sin que los responsables de evitarlo encuentren cómo revertirlo.
  • en el que es imposible determinar cuánto durará la actual crisis cíclica, ni la forma que tendrá la recuperación, si en forma de v, en forma de u, o en forma de w.
  • en el que coincide una crisis de oferta, consecuencia de la paralización de la producción, con una crisis de demanda, consecuencia de esa misma paralización, que genera desempleo.
  • en el que para evitar disturbios (y generar demanda) los estados nacionales inyectan dinero a la circulación, lo que solo se puede hacer aumentando la deuda soberana que enturbia el papel de las finanzas y hace imposible gestionar la multibillonaria deuda que se sigue incrementando sin que nadie sepa con qué se pagará, cómo se pagará, ni cuándo ni quiénes la pagarán.
  • en el que no hay siquiera consenso respecto al efecto de las referidas inyecciones de dinero sobre la circulación monetaria.
  • en el que nadie puede calcular cómo y cuándo pagarán sus deudas, incluidas las comerciales y las incrementadas por la crisis, los países («pobres», «subdesarrollados», «menos adelantados») que las contraen en monedas que no son las que emiten.
  • en el que se siguen manteniendo irracionales gastos militares y al propio tiempo, se pretende relocalizar la industria, reindustrializar, alcanzar la soberanía farmacéutica, sanitaria, alimentaria… y construir muros.
  • que pone en duda la globalización, pero no el hiperconsumismo en su parte «rica» y el subconsumo en su parte «pobre».
  • en el que no se puede calcular con precisión la magnitud del desempleo, que a escala global la crisis ya ha provocado y seguirá provocando.
  • en el que tampoco se puede calcular cuánto empleo precario generará la crisis, cómo esto incidirá sobre el desarrollo de «la internet de las cosas» y cómo sobre la robotización.
  • en el que siguen «funcionando» inoperantes instituciones como el fmi, el bm, la omc y aun grupos como el g7 y el g20.
  • en el que sigue existiendo, gracias a (o a pesar de) la crisis, la insolidaridad de los milmillonarios (¿el 1 %, el 0,1 %, el 0,01 %...?) que siguen aumentando sus fortunas en cientos de miles de millones cada mes.
  • en el que las «hambrunas» se hacen inminentes.
  • en el que el manejo del «big data» y la geolocalización se convierte en amenaza para las libertades del individuo y en general para la democracia.
  • que permite que un país adopte medidas genocidas contra otros, incluso en periodo de pandemia.
  • en el que se hace evidente la pérdida de liderazgo de ee. uu. a la vez que la afirmación del papel de China.
  • en el que se incrementan las tensiones por el liderazgo y la batalla por influencias entre ee. uu. y China-Rusia.
Y también en el que se debate si:
  • los estados nacionales continuarán siendo garantes del funcionamiento del «libre mercado» y continuarán garantizando a ultranza la obtención de las ganancias de los capitalistas…  o serán garantes del bienestar, la salud y la seguridad de todos sus ciudadanos.
  • prevalecerán los populismos de derecha, guiados por los supremacismos y el afán de lucro de los Trump, Netanyahu, Bolsonaro, Orban y Salvini, que promueven el odio y la desconfianza en la ciencia, la medicina, los médicos y hasta hacia la oms, igual que desde antes lo hacían con el calentamiento global y el cambio climático…  o habrá un mundo con más globalización solidaria, consciente de que ningún país será seguro mientras uno no lo sea.
  • seguirá imperando la globalización desmedida, donde alrededor del 50 % de las exportaciones mundiales constituyen simples transacciones para completar las cadenas de producción global… o se instaurará una globalización racional que garantice en países y regiones la producción de bienes esenciales.
  • imperarán el egoísmo y el aislacionismo de unos, los más poderosos… o la solidaridad, el multilateralismo y la vigencia de organizaciones como unas Naciones Unidas reformadas para beneficio de todos y con la conciencia de que los problemas globales (ambientales, sanitarios, terrorismo, seguridad…) solo pueden ser resueltos globalmente, por todos los países.
El referido es el mundo en que nos encontramos, al que, para completar su impacto sobre Cuba, debe añadirse el bloqueo que durante casi 60 años ha causado cientos de miles de millones de dólares de pérdidas materiales e inconmensurables daños espirituales a su pueblo, agravados por el recrudecimiento durante la inmoral y perversa administración Trump.
Llegados aquí, se hace necesaria un breve referencia a una de las «lecciones» que, sorprendiendo a muchos, ha dejado la pandemia: el economista jefe del fmi, Gita Gopinathen, en un reciente informe de perspectivas reconoció que «El paisaje económico se verá alterado (…) con una mayor implicación de los Gobiernos y bancos centrales en la economía»; otros expertos, como Julius Baer, también han hecho referencias a que: «Los gobiernos no tienen alternativa: tienen que intervenir de forma masiva no solo en los mercados, sino en toda la economía real para evitar un desastre similar al de la Gran Depresión de los años 30».
De manera que las medidas que inicialmente fueron denominadas poco ortodoxas, han dominado la doxa y ratificado la episteme de la necesidad de la intervención estatal en la economía (mucho más eficiente cuando es sujeta a plan, planificada), por mucho que moleste a nuestros enemigos y adversarios, estén ellos donde estén.
Lo hasta aquí reseñado hace evidente la legitimidad y necesidad de las medidas adoptadas por nuestro Gobierno, encaminadas no solo a acoplarnos al mundo en cambio, sino que principalmente a aprovechar nuestras fortalezas, entre las que se incluyen, además de la prioridad del Estado y la planificación sobre el mercado, a contrario sensu de la doxa predominante en el entorno empresarial del mundo antes de la pandemia, la de la propiedad social sobre la privada y nuestra capacidad de resiliencia desarrollada en el enfrentamiento al bloqueo.
Como más significativas para quien esto escribe se encuentran:  implementar –todo lo que sea posible y a la mayor brevedad que la realidad permita– lo ya aprobado en los documentos programáticos del Modelo Económico y Social y el Plan de Desarrollo Económico y Social hasta 2030; incrementar nuestras exportaciones, fundamentalmente aquellas con elevado componente tecnológico, incluyendo los servicios; disminuir las importaciones sustituyéndolas dondequiera que sea racionalmente posible (el cálculo de la racionalidad dependerá de la posibilidad  de realizar las modificaciones monetarias y cambiarias previstas), en particular incrementando la producción de alimentos y disminuyendo el gasto de combustibles fósiles; incrementar las producciones locales, en especial para la construcción de viviendas, y emplear los escasos recursos disponibles o negociables allí donde garanticen su más rápido retorno.
Antes de terminar, una breve referencia a la ingenuidad anunciada en el título. Mientras consultaba materiales para este y otros trabajos relacionados, y cuando incluso era ya inminente la actual crisis que ha generado la covid-19 en el mundo, comenzaron a aparecer en las redes «sabios» dedicados a analizar la inminente crisis económica… en Cuba. Primero los consideré ingenuos por su incapacidad para ver lo inminente de la globalidad de la crisis, pero no tardé en desechar la idea de la ingenuidad; era demasiada la coincidencia con el corifeo que desde lejos declaraba la inminente crisis motivada por el «continuismo» en nuestro país y hasta la rara coincidencia con la cartilla de lo que ha sido bautizado como «golpe blando» dirigido por el imperio contra Cuba. Estas reflexiones, entonces, no van dirigidas a ellos, las dirijo a los que «aman y fundan».

Las atrocidades de la guerra serbia de Bill Clinton expuestas en una nueva imputación



Por James Bovard | 08/07/2020 | 

Fuentes: Counterpunch     Foto: TSGT VictorTrisvan – Dominio público
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández
El luchador por la libertad favorito del presidente Bill Clinton acaba de ser acusado de asesinato en masa, tortura, secuestro y otros crímenes contra la humanidad. En 1999, la administración Clinton lanzó una campaña de bombardeos que duró 78 días y mató a 1.500 civiles en Serbia y Kosovo, en lo que los medios estadounidenses describieron con orgullo de cruzada contra la discriminación étnica. Esa guerra, como la mayoría de las pretensiones de la política exterior de Estados Unidos, no fue más que una farsa.
El presidente de Kosovo, Hashim Thaci, fue acusado de diez cargos de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad por un tribunal internacional en La Haya, que acusó a Thaci y a otros nueve hombres de “crímenes de guerra, incluidos el asesinato, la desaparición forzada de personas, la persecución y la tortura”. Thaci y los otros sospechosos acusados ​​fueron imputados por ser “criminalmente responsables de casi 100 asesinatos” y la acusación se refería a “cientos de víctimas conocidas de albaneses de Kosovo, serbios, romaníes y otras etnias, entre las que también se incluían opositores políticos”. Pero el sesgo y/o la incompetencia ridícula de los medios estadounidenses en esa guerra continúa. El New York Times respondió ante la acusación contra Thaci con un tuit que declaraba que“el líder serbio estaba acusado de crímenes de guerra”.
La sórdida carrera de Hashim Thaci ilustra cómo el antiterrorismo es una bandera de conveniencia para los políticos de Washington. Antes de convertirse en presidente de Kosovo, Thaci era el jefe del Ejército de Liberación de Kosovo (KLA) y luchaba para obligar a los serbios a abandonar Kosovo. En 1999 la administración Clinton destacó a los “luchadores por la libertad” del KLA a pesar de su horrible pasado y les brindó ayuda masiva. El año anterior el Departamento de Estado había condenado “las acciones terroristas del denominado Ejército de Liberación de Kosovo”. El KLA estaba muy involucrado en el tráfico de drogas y tenía vínculos cercanos con Osama bin Laden.
Pero armar al KLA y bombardear Serbia ayudó a Clinton a retratarse a sí mismo como un cruzado contra la injusticia y a distraer la atención del público después de su juicio político. Clinton recibió la ayuda de muchos miembros desvergonzados del Congreso ansiosos por santificar los asesinatos de Estados Unidos. El senador Joe Lieberman (demócrata por Carolina del Norte) dijo que Estados Unidos y el KLA “defienden los mismos valores y principios. Luchar por el KLA es luchar por los derechos humanos y los valores estadounidenses”. Y dado que los funcionarios de la administración Clinton compararon públicamente al líder serbio Slobodan Milošević con Hitler, cualquier persona decente se vio obligada a aplaudir la campaña de bombardeos. (Alexander Cockburn fue uno de los pocos periodistas que condenó la injusta guerra en ese momento; esta columna de Los Angeles Times de 1999 estableció la regla de oro para desafiar las mentiras de Clinton sobre Serbia).
Tanto los serbios como los albaneses étnicos cometieron atrocidades en la lucha implacable en Kosovo. Pero para santificar su campaña de bombardeos, la administración Clinton agitó una varita mágica e hizo desaparecer las atrocidades del KLA. El profesor británico Philip Hammond señaló que la campaña de bombardeos de 78 días “no fue una operación puramente militar: la OTAN también destruyó lo que llamó objetivos de ‘doble uso’, como fábricas, puentes de la ciudad e incluso el principal edificio de televisión en el centro de Belgrado, en un intento de aterrorizar al país para conseguir que se rindiera”. La OTAN lanzó repetidamente bombas de racimo sobre mercados, hospitales y otras áreas civiles. Las bombas de racimo son dispositivos antipersonas diseñados para esparcirse sobre formaciones de tropas enemigas. La OTAN arrojó más de 1.300 bombas de racimo sobre Serbia y Kosovo y cada bomba contenía 208 bombas separadas que cayeron flotando en paracaídas sobre la tierra. Los expertos en bombas estimaron que más de 10.000 bombas sin explotar quedaron dispersas por el paisaje cuando terminó el bombardeo, lo que sirvió para mutilar a un buen número de niños mucho después de alcanzado el alto el fuego.
En los últimos días de la campaña de bombardeos el Washington Post informó que “algunos ayudantes presidenciales y amigos están describiendo los bombardeos sobre Kosovo en tonos churchillianos como la “mejor hora de Clinton”. El Post también informó de que, según un amigo de Clinton,“lo que Clinton cree que eran los motivos inequívocamente morales para la intervención de la OTAN representaban una oportunidad para aliviar los arrepentimientos que albergaba su propia conciencia… El amigo dijo que Clinton se lamentaba a veces de que la generación anterior a él no hubiera sido capaz de servir en una guerra con un propósito claramente noble y que se sentía ‘casi defraudado’ de que ‘al llegar su turno no tuviera la oportunidad de ser parte de una causa moral’”. Según el estándar de Clinton, la matanza de serbios estuvo “suficientemente cerca de una causa moral en sus trabajos de gobierno”.
Poco después del final de la campaña de bombardeos de 1999 Clinton enunció lo que sus ayudantes llamaron la doctrina Clinton: «Ya sea dentro o fuera de las fronteras de un país, si la comunidad mundial tiene el poder de detenerlo, debemos detener el genocidio y la limpieza étnica”. En realidad la doctrina de Clinton postulaba que los presidentes tienen derecho a comenzar a bombardear tierras extranjeras sobre la base de cualquier mentira descarada que regurgiten los medios estadounidenses. En realidad la lección del bombardeo de Serbia es que los políticos estadounidenses simplemente necesitan recitar públicamente la palabra “genocidio” para obtener licencia para matar.
Una vez que terminó de bombardear Clinton aseguró al pueblo serbio que Estados Unidos y la OTAN habían acordado ser fuerzas de paz solo “en el entendimiento de que protegerían tanto a los serbios como a los albaneses étnicos y que se marcharían cuando la paz se afianzara”. En los meses y años posteriores las fuerzas estadounidenses y de la OTAN se mantuvieron al margen mientras el KLA reanudaba su limpieza étnica, matando a civiles serbios, bombardeando iglesias serbias y oprimiendo a los no musulmanes. Casi un cuarto de millón de serbios, gitanos, judíos y otras minorías huyeron de Kosovo después de que Clinton prometiera protegerlos. En 2003 casi el 70% de los serbios que vivían en Kosovo en 1999 habían huido y Kosovo tenía un 95% de etnia albanesa.
Pero Thaci siguió siendo útil para los responsables políticos de EE. UU. Aunque fue ampliamente condenado por opresión y corrupción después de tomar el poder en Kosovo, el vicepresidente Joe Biden elogió a Thaci en 2010 como el “George Washington de Kosovo”. Meses más tarde un informe del Consejo de Europa acusó a los agentes de Thaci y KLA de tráfico de órganos humanos. The Guardian señaló que el informe alegaba que el círculo íntimo de Thaci “trasladó cautivos a través de la frontera a Albania después de la guerra, donde se dice que varios serbios fueron asesinados para sacarles los riñones, que eran vendidos en el mercado negro”. El informe indicó que cuando los “cirujanos encargados de los trasplantes” estaban “listos para operar, los cautivos [serbios] eran sacados de la ‘casa segura’ individualmente, ejecutados sumariamente por un hombre armado del KLA y sus cadáveres transportados rápidamente a la clínica donde se efectuaría la operación”.
A pesar de la acusación de tráfico de cuerpos, Thaci fue un asistente estrella en la conferencia anual de Iniciativa Global de la Fundación Clinton en 2011, 2012 y 2013, donde posó para las fotos con Bill Clinton. Tal vez fuera esa una gratificación incluida en el contrato de cabildeo de 50.000 dólares al mes que el régimen de Thaci firmó con The Podesta Group, cogestionado por el futuro gerente de campaña de Hillary Clinton, John Podesta, como informó el Daily Caller.
Clinton sigue siendo un héroe en Kosovo, erigiéndosele una estatua  en la capital, Pristina. El periódico The Guardian señaló que la estatua mostraba a Clinton “con la mano izquierda levantada, el gesto típico del líder saludando a las masas”. En su mano derecha sostiene documentos grabados con la fecha en que la OTAN comenzó el bombardeo de Serbia, el 24 de marzo de 1999”. Habría sido una representación más precisa y adecuada representar a Clinton sobre una pila de cadáveres de mujeres, niños y otras personas asesinadas en la campaña de bombardeos de Estados Unidos.
En 2019 Bill Clinton y su fanática exsecretaria de Estado del bombardeo, Madeline Albright, visitaron Pristina, donde fueron “tratados como estrellas de rock” mientras posaban en las fotos con Thaci. Clinton declaró: “Amo este país y siempre será uno de los mayores honores de mi vida haber estado con ustedes contra la limpieza étnica (por parte de las fuerzas serbias) y por la libertad”. Thaci otorgó las medallas de la libertad a Clinton y Albright “por la libertad y la paz que nos trajo a toda la región”. Albright se ha reinventado a sí misma como una advertencia visionaria contra el fascismo en la era Trump. En realidad el único título honorífico que merece Albright es el de “Carnicera de Belgrado”.
La guerra de Clinton contra Serbia fue una caja de Pandora que el mundo todavía sufre. Debido a que los políticos y la mayoría de los medios describieron la guerra contra Serbia como un triunfo moral, al gobierno de Bush le resultó más fácil justificar el ataque a Irak, al gobierno de Obama bombardear Libia y al gobierno de Trump bombardear repetidamente Siria. Todas esas intervenciones no hacen más que sembrar el caos que continúa azotando a los supuestos beneficiarios.
El bombardeo de Serbia de Bill Clinton en 1999 fue un fraude tan grande como el de George W. Bush engañando a esta nación para atacar Irak. El hecho de que Clinton y otros altos funcionarios del gobierno de EE. UU. siguieran glorificando a Hashim Thaci a pesar de las acusaciones de asesinatos en masa, tortura y tráfico de personas, es otro recordatorio de la venalidad de gran parte de la élite política estadounidense. ¿Volverán los estadounidenses a ser crédulos la próxima vez que los políticos de Washington y sus aliados mediáticos inventen falsos pretextos para hacer desencadenar un infierno sobre una desventurada tierra extranjera?
[Este artículo se publicó originariamente en The Future of Freedom Foundation.]
James Bovard es autor de Attention Deficit DemocracyThe Bush BetrayalTerrorism and Tyranny y otros libros. Bovard forma parte de la junta de colaboradores de USA Today. Twitter: @jimbovard. Página web:www.jimbovard.com  
Esta traducción puede reproducirse libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelión.org como fuente de la misma.

NICARAGUA: LA SOBERANÍA ALIMENTARIA EN TIEMPOS DE PANDEMIA




La única salvaguarda contra el aumento del hambre que la ONU prevé

El intento de golpe de Estado y el cerco económico impuesto por EE.UU a Nicaragua son en buena medida resultado de la amenaza que plantea la política de soberanía alimentaria nicaragüense al dominio del agronegocio corporativo estadounidense en todo el mundo.





Por RITA JILL CLARK-GOLLUB, ERIKA TAKEO Y AVERY RAIMONDO PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

6/julio/2020

   Varias agencias de la Organización de Naciones Unidas (ONU), anticipan una pandemia de hambre mundial provocada por el confinamiento durante el COVID-19, a tal punto que el jefe del Programa Mundial de Alimentos dijo que “existe el peligro real de que más personas puedan morir por el impacto económico del COVID-19 que por el virus en sí”.


   Se anticipa que al menos 10 millones de latinoamericanos serán agregados a los 3,4 millones que ya sufren de inseguridad alimentaria crónica en la región. Se ven banderas, que se están usando como contraseñas del hambre, fuera de los hogares desde Colombia hasta el Triángulo Norte de América Central.


   Pero en el segundo país más pobre del continente, Nicaragua, no ondean las banderas del hambre. Los puestos de los mercados están llenos, los consumidores llegan a comprar y los precios están estables. Las y los campesinos nicaragüenses producen casi todos los alimentos que consume la nación y hay algunos sobrantes para la exportación. Examinaremos cómo es esto posible.

  
   En el lanzamiento del Informe: Políticas sobre las repercusiones de la COVID-19 en la seguridad alimentaria y la nutrición (del 9 de junio de 2020), el Secretario General de las Naciones UnidasAntónio Guterres, no sólo pidió que se adopten medidas urgentes para hacer frente a esta crisis de hambre, sino también que se aproveche la oportunidad para cambiar a sistemas alimentarios más sostenibles.


   Esta transición -desde la dependencia del agronegocio a la soberanía- es algo que las y los campesinos del mundo han estado exigiendo desde que fundaron La Vía Campesina (LVC) en 1993.


   La respuesta de La Vía Campesina es la soberanía alimentaria, que se define como “el derecho de los pueblos a alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, producidos de forma sostenible, y el derecho a decidir su propio sistema alimentario y productivo”. Prioriza 1) La producción agrícola local para alimentar al pueblo; y 2) El acceso de los campesinos con o sin terrenos, a la tierra, el agua, a las semillas y al crédito. Este enfoque realmente funciona para combatir el hambre, ya que las y los campesinos y pequeños productores producen entre el 70 y el 75 por ciento de los alimentos del mundo en menos de una cuarta parte de las tierras agrícolas del planeta. Cuando el movimiento campesino se asocia con un gobierno progresista, los resultados pueden ser sorprendentes, como en el caso de Nicaragua.


   El movimiento campesino en Nicaragua

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   La Asociación de Trabajadores del Campo (ATC) se fundó durante la guerra para derrocar la dictadura de Somoza, que fue apoyada por los Estados Unidos, un año antes de la victoria de la Revolución Popular Sandinista en 1979. La ATC ha seguido representando a estos grupos de trabajadores a lo largo de sus 42 años de historia y fue una de las organizaciones que fundó La Vía Campesina en 1993.


   En la década de los ochenta, el gobierno revolucionario de Nicaragua lanzó un programa masivo de reforma agraria, que distribuyó cerca de la mitad de la tierra agrícola del país (más de 2 millones de hectáreas) a 120.000 familias campesinas. Varios otros grupos de campesinos se formaron durante esa primera década de la revolución a medida que el movimiento cooperativista prosperaba, llegando incluso a incluir a las familias de los antiguos combatientes de la contra, los ex adversarios del sandinismo.


   Más tarde, durante los gobiernos neoliberales de 1990 a 2006, estos grupos trabajaron para defender las conquistas de la revolución, incluyendo ocupaciones de fincas estatales para evitar que fueran privatizadas. Para el año 2006, e inspirados en la Constitución de 1987 que garantiza la protección contra el hambre, unas 73 organizaciones nicaragüenses se habían unido al Grupo de Interés por la Soberanía y la Seguridad Alimentaria y Nutricional (GISSAN) que abogaba por una Ley de Soberanía Alimentaria. Varios de ellos ayudaron al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) a ser elegido de nuevo para ocupar la presidencia a finales de ese año.


   La Soberanía Alimentaria desde 2007


   En la etapa actual de gobierno sandinista, que comenzó en 2007, la estrategia de aumentar la soberanía alimentaria mediante el suministro de tierras ha continuado. Entre 2007 y 2019 se entregaron casi 140.000 títulos de propiedad de tierra (algunos procedentes de terrenos distribuidos durante la reforma agraria de los años ochenta) a pequeños productores. Las mujeres se han beneficiado especialmente al recibir títulos de propiedad de sus tierras (55 por ciento) y, además, 304 comunidades indígenas y afrodescendientes de la costa del Caribe han recibido títulos colectivos. La superficie de todos estos terrenos con títulos asciende a 37.842 Km2, o el 31,16 por ciento del territorio nacional.



  Los programas sociales que ayudan a los pequeños agricultores a alimentarse a sí mismos y a sus comunidades han imbuido la vida en el campo con dignidad y han reducido el hambre. Estas iniciativas se inspiran en la visión de Augusto C. Sandino de una economía basada en la agricultura de los campesinos e indígenas organizados en cooperativas o terrenos propios, un componente central del Programa Histórico del FSLN.


   La Ley 693 de Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional, promulgada en 2009, fue una de las primeras en América Latina en reconocer el concepto de soberanía alimentaria y construirlo con el apoyo firme del gobierno. El compromiso del gobierno del FSLN con la soberanía alimentaria ha dado lugar a docenas de programas para mejorar los medios de vida y la autonomía de los campesinos, al tiempo que se fortalecen los sistemas alimentarios locales.


   La iniciativa emblemática es el programa “Hambre cero” o “Bono productivo”, que comenzó en 2007 y proporciona cerdos, vacas, gallinas, plantas, semillas y materiales de construcción a las mujeres de las zonas rurales para que diversifiquen su producción, mejoren la dieta familiar y fortalezcan las economías de los hogares encabezados por mujeres. Para 2016, el programa había beneficiado a 150.000 familias o 1 millón de personas, aumentando tanto la seguridad alimentaria de esas familias como la soberanía alimentaria de la nación.


   Además, el Ministerio de la Economía Familiar, Comunitaria, Cooperativa y Asociativa (MEFCCA) y las alcaldías organizan ferias campesinas para mejorar los ingresos de los campesinos y, al mismo tiempo, poner a disposición de los consumidores alimentos nutritivos y de producción local, que se producen sin agrotóxicos.


   El Instituto Nicaragüense de Tecnología Agropecuaria (INTA) trabaja en el mejoramiento y mantenimiento del material genético del país mediante la organización de bancos comunitarios de semillas y el Instituto Nacional Tecnológico (INATEC) ofrece títulos técnicos gratuitos en agricultura, ganadería, procesamiento para valor agregado y apicultura, entre otros. Un nuevo programa llamado “NICAVIDA” llegará a 30.000 familias rurales con herramientas, cercas, tanques de agua, gallinas y otros materiales para mejorar la dieta familiar y la economía de los hogares en las zonas del Corredor Seco que están particularmente afectadas por el cambio climático.


   Un programa de lucha contra la pobreza y el hambre dirigido a los residentes urbanos es el de “Usura cero”, que forma parte del ecosistema alimentario nacional, ya que sirve a muchos que trabajan en los mercados populares. Este programa, administrado por el MEFFCA, otorga préstamos a bajo interés y donaciones a los pequeños empresarios (principalmente mujeres) y ofrece capacitación gratuita en materia de emprendimiento, financiada en parte por Venezuela y otros países del ALBA. Más de 800.000 mujeres se han beneficiado del programa desde 2007, un componente fundamental del éxito de la economía popular (trabajadores de cuenta propia, campesinos, empresas familiares y cooperativas), que representa más del 70 por ciento del empleo en el país.


   Las iniciativas de esta segunda fase de la Revolución Sandinista se complentan con el trabajo de base de los movimientos sociales. La ATC y La Vía Campesina han establecido un campus del Instituto Agroecológico Latinoamericano (IALA) en Nicaragua para las y los jóvenes de Nicaragua y toda la región de Mesoamérica y el Caribe.


   En todo el país, la ATC y otras organizaciones campesinas han venido organizando talleres locales para capacitar a promotores agroecológicos; apoyar a las cooperativas de mujeres en la comercialización de sus productos agrícolas; formalizar los títulos de propiedad de las tierras de las y los campesinos; preparar biofertilizantes y abonos orgánicos en las fincas, etc. Todo esto apoya la construcción de la soberanía alimentaria.

   Resultados del hambre en Nicaragua y en Centroamérica

   Todo indica que estos programas han producido una población mejor alimentada en Nicaragua. En su Plan Estratégico 2019-2023, el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas dijo que “en la última década (…) Nicaragua es uno de los países que más ha reducido el hambre en la región. Mientras, el gobierno informa que la desnutrición infantil crónica bajó de 21,7 por ciento en 2006 a 11,1 por ciento en 2019 para los niños menores de 5 años.

    Nicaragua fue también uno de los primeros países en alcanzar el Objetivo de Desarrollo del Milenio número 1 de reducir la desnutrición a la mitad, bajando esa cifra de 2,3 millones en 1990-1992 a 1 millón en 2014-2016. Esto sitúa al país entre las naciones de la región que más han reducido el hambre en los 25 años anteriores. También se eliminó la deficiencia de vitamina A en niños menores de 5 años.


   Los avances de Nicaragua se reflejan en el “Mapa del hambre” de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación. Lamentablemente, ese mapa muestra que los países vecinos Honduras y El Salvador no alcanzaron el Objetivo de Desarrollo del Milenio relativo a la reducción del hambre, y que Guatemala ni siquiera avanzó.

   Este estancamiento puede estar relacionado con el hecho de que las exportaciones de los Estados Unidos a los países del Triángulo Norte aumentaron sustancialmente desde la firma del Tratado de Libre Comercio de la República Dominicana y Centroamérica (CAFTA-DR). Estos tres países importaron alrededor de 5.900 millones de dólares de productos agrícolas en 2016, incluidos frijoles y productos lácteos de Nicaragua, además de maíz, harina de soja, trigo, aves de corral, arroz y alimentos procesados desde los EEUULas importaciones de muchas de estas categorías de alimentos de los EEUU aumentaron en un 100% o más entre 2006 y 2016, llegando a constituir el 40 por ciento de las importaciones de comida de esos países.


   Lamentablemente, los precios de los alimentos en esos países están aumentando precisamente cuando la gente tiene menos ingresos para comprar alimentos debido a las cuarentenas por COVID-19 en sus países y en EEUU.

   La soberanía alimentaria y la pandemia en Nicaragua

   El noventa por ciento de los alimentos que se consumen en Nicaragua se producen dentro de las fronteras nacionales, el 80 por ciento por campesinos. La autosuficiencia alimentaria va creciendo precisamente cuando otros países en desarrollo se han vuelto más dependientes de la comida importada, porque se han convertido en agroexportadores de unos pocos cultivos (por ejemplo, piña o banana). El arroz es el único componente de la dieta básica nicaragüense que no es completamente producido en casa, pero incluso este producto ha pasado de satisfacer el 45 por ciento de la demanda del país en 2007 al 75 por ciento en la actualidad.


   En el contexto de la pandemia, tanto el gobierno como las organizaciones de los movimientos sociales están decididos a llevar la soberanía alimentaria al siguiente nivel. Por ejemplo, el gobierno acaba de poner en marcha un Plan Nacional de Producción centrado en el aumento de la producción de granos básicos para cubrir todas las necesidades alimentarias internas, y también garantizar la producción de cultivos para la exportación. Las existencias de alimentos están a niveles normales y los precios estables. La producción ha continuado normalmente ya que no ha habido una cuarentena que detenga la economía y la mayor parte de alimentos se producen en pequeñas unidades familiares.


   Mientras tanto, La Vía Campesina está poniendo en marcha el “Corredor agroecológico”, un proceso de territorialización de la agroecología basado en los intercambios entre campesinos como respuesta a las amenazas que plantea el cambio climático.


   Dado que la formación de los jóvenes también debe continuar, los cursos del Instituto Agroecológico Latinoamericano de la Vía Campesina se están llevando a cabo a través de Internet. Mientras, el campus del Instituto pone en práctica un plan completo de producción de alimentos que incluye granos, tubérculos y animales. La Vía Campesina también ha lanzado una campaña de emergencia llamada “Volver al campo”, que se adoptará no sólo en Nicaragua, sino a nivel internacional.

   Otros desafíos para Nicaragua durante la pandemia


   COHA (Council of Hemispheric Affairs) ya informó sobre la sólida respuesta del gobierno nicaragüense al COVID-19 en el ámbito de la salud, en medio de una vigorosa campaña de desinformación emprendida contra la población y el gobierno en lo que claramente parece ser una operación de cambio de régimen financiada por EEUU.

   Ese esfuerzo de cambio de régimen está sin duda parcialmente inspirado en la política de soberanía alimentaria de Nicaragua, que amenaza el dominio del agronegocio corporativo estadounidense en todo el mundo. Por ejemplo, la USAID (Agencia estadounidense de Desarrollo Internacional) ha inundado los sistemas alimentarios con semillas transgénicas de Monsanto (ahora Bayer) en países que van desde la India e Iraq, hasta varios países de África y América Latina. Este enfoque podría verse socavado si más países en desarrollo deciden producir sus propios alimentos mediante prácticas agroecológicas, como hace Nicaragua.


   La USAID fue uno de los organismos que financió a los grupos de oposición que participaron en un violento intento de golpe de Estado en Nicaragua en 2018, tal como queda documentado en el libro Nicaragua 2018: ¿Levantamiento popular o golpe de estado? No es de extrañar, pues, que el representante de Cargill en Nicaragua y jefe de la Cámara de Comercio EEUU-Nicaragua fuera una de los líderes de la oposición durante el intento de golpe de Estado. Si bien Nicaragua no tiene ni el petróleo ni los minerales que llaman la atención internacional sobre Venezuela y Bolivia, la agroindustria es enormemente rentable y los campesinos nicaragüenses están dando un poderoso ejemplo al rechazarla, a la vez que alimentan a su pueblo.


   Combatir una campaña de desinformación mientras el país se enfrenta a la misma pandemia que ha abrumado a países mucho más ricos, será sin duda un reto para Nicaragua, sobre todo porque las medidas coercitivas unilaterales impuestas ilegalmente por los EEUU bloquean el acceso a los fondos de ayuda. Pero al menos el pueblo nicaragüense tiene el consuelo de saber que no va a haber muertes por hambre. De hecho, el sistema alimentario ha resistido recientemente una prueba formidable durante el intento de golpe de Estado de 2018, cuando unos violentos controles de carretera mantuvieron bloqueadas todas las vías y carreteras del país. Gracias a los sistemas locales de producción y distribución de alimentos, y el empeño ingenioso de sortear los  “tranques”, las personas que utilizaban la economía popular todavía podían obtener alimentos y a precios relativamente estables, aunque las cadenas de supermercados propiedad de Walmart tenían estantes vacíos.


   Esa actitud, junto con el compromiso para con la agroecología y la soberanía alimentaria, es lo que tiene preocupados a Monsanto/BayerCargill y sus guardianes en la USAID.



Se puede acceder al texto íntegro y las referencias en:
https://www.coha.org/acceso-a-comida-en-tiempos-de-pandemia-la-soberania-alimentaria-en-nicaragua/