Una de las ficciones políticas más estables de la política estadounidense y global es que existen diferencias de fondo entre una administración demócrata y otra republicana
Las declaraciones de Brett McGurk, responsable de Oriente Medio en la Casa Blanca durante la presidencia de Biden, en una rueda de prensa reciente, arrojan luz sobre una de las ficciones políticas más estables de la política estadounidense y global: que existen diferencias de fondo entre una administración demócrata y otra republicana.
McGurk afirmó que "llevamos en guerra con Irán desde 1979, y la ideología iraní, que sigue estando muy vigente, consiste en expulsar a EEUU de Oriente Medio (Asia Occidental) y eliminar a Israel". La afirmación es notable no por su contenido (que es enteramente predecible) sino por su claridad. Enuncia directamente lo que ambos partidos han compartido desde 1979: que Irán constituye un obstáculo fundamental para el orden que Washington requiere mantener.
Irán permanece en el imaginario occidental como esa presencia espectral que se niega a desaparecer. Los intentos por neutralizarla han sido infructuosos. Tras cuarenta días de guerra, Irán no simplemente sobrevivió sino retornó con una fuerza que Occidente no es capaz de administrar. A pesar de décadas de gubernamentalidad destinadas a negar su autonomía política, Irán mantiene esa autonomía expresada en una gramática islámica que produce, precisamente por esa razón, intolerancia en Occidente. Porque lo que Irán representa mediante su persistencia teológico-política cuestiona las bases mismas de la modernidad occidental: la supuesta inevitabilidad de la secularización, la universalidad de ciertas formas de gobierno, la idea de que la historia se mueve inexorablemente hacia un destino liberal.
Siendo este análisis compartido por ambos partidos estadounidenses, la pregunta se vuelve ineludible: ¿cómo explicar la diferencia superficial entre una administración Obama que en 2015 firmó el Acuerdo Nuclear Integral (JCPOA) y la actual administración Trump, que desmanteló ese acuerdo y lanzó una guerra de cuarenta días? La respuesta requiere desplazarse desde el nivel óntico al nivel ontológico.
En el nivel óntico --el de los hechos políticos específicos, las decisiones particulares, los enfoques concretos-- existen diferencias claras. Obama empleó diplomacia multilateral, sanciones selectivas y negociación. Trump recurrió al abandono de acuerdos, la "presión máxima" y la guerra abierta. Pero estas diferencias permanecen circunscritas a la metodología, al énfasis, a la retórica. No afectan a la estructura profunda que organiza cómo ambas administraciones entienden a Irán.
En ambos casos persiste el mismo orden epistémico: Irán debe ser conocido, administrado, disciplinado. Irán es un objeto que requiere intervención. Irán representa un desajuste que debe corregirse. La discrepancia entre los dos enfoques no toca esta capa ontológica compartida.
Obama creía poder integrar a Irán mediante acuerdos que demostraran los beneficios de la cooperación. Trump creía poder neutralizarlo mediante presión coercitiva hasta la capitulación. Pero ambos presuponen que existe una solución dentro de los términos que Washington establece. Ambos asumen que Irán puede ser conducido, persuadido o quebrado hacia un comportamiento aceptable. Ambos, en otras palabras, habitan un orden de inteligibilidad común: aquel en el cual Irán aparece como problema a resolver.
La estructura profunda: parecidos de familia en la política estadounidense
El filósofo Ludwig Wittgenstein desarrolló la noción de "parecidos de familia" para explicar cómo conceptos que compartimos operan sin necesidad de un rasgo común único. Los miembros de una familia se parecen sin que todos compartan los mismos ojos, la misma boca, el mismo perfil. Hay un entrelazamiento de similitudes que solo se percibe desde dentro de esa estructura. Aplicada a la política exterior estadounidense, esta lógica revela algo fundamental: lo que une a republicanos y demócratas no es una identidad compartida sino un conjunto de rasgos epistémicos que producen a Irán como problema.
Imaginemos una carpeta de fotos de familia. En unas los hombres llevan traje y corbata; en otras, vaqueros y camiseta. En algunas la pose es solemne; en otras, despreocupada. Las diferencias visuales son evidentes. Pero cualquier familiar reconoce algo que se repite bajo esas variaciones: cierta forma de sonreír, una manera particular de mirar, un gesto al sentarse a la mesa. En Washington, republicanos y demócratas difieren en retórica, método y énfasis. Los republicanos son más ruidosos, abiertamente hostiles, decididamente intervencionistas. Los demócratas emplean un lenguaje más diplomático, prefieren sanciones a bombardeos, invocan "asociaciones multilaterales". Pero en todas las fotos de la política exterior estadounidense aparece la misma "mirada": Irán como objeto que debe ser vigilado, controlado, mantenido dentro de límites aceptables.
La familia política de Washington no debate sobre si Irán debe encajar en su orden de inteligibilidad. Debate sobre cómo hacerlo. Si mediante diálogo e incentivos o mediante coerción e aislamiento. Si mediante acuerdos negociados o presión máxima. Estas son diferencias tácticas, no diferencias sobre lo que Irán fundamentalmente es. Mientras esa estructura persista, cualquier debate entre demócratas y republicanos permanece interno a la misma familia, sin constituir un desafío real a su lógica constitutiva.
McGurk formula la continuidad con precisión involuntaria. La guerra "desde 1979" no es la guerra de Trump sino la guerra de Washington. Ha sido luchada mediante distintos medios por distintas administraciones pero persiste como categoría fundamental de la política estadounidense. Obama lo entendía así: incluso mientras negociaba el JCPOA, continuaba las sanciones, mantenía la presencia militar regional, financiaba a los aliados de Washington contra posiciones iraníes. El acuerdo no buscaba paz sino contención: mantener a Irán dentro de un marco de dependencia económica y aislamiento político.
Lo que distingue este análisis de críticas liberales más convencionales es que no apela a la "incompetencia" o el "extremismo" de una administración u otra. Esas críticas mantienen la ficción de que gobiernos distintos podrían producir políticas radicalmente diferentes respecto a Irán. Pero ambas administraciones operan desde la premisa de que Irán constituye un desafío al orden internacional, de que sus capacidades defensivas representan un peligro sistémico, de que su autonomía política requiere corrección.
Saidiya Hartman mostró en su análisis de la emancipación de esclavos en EEUU cómo la abolición no produjo libertad sino reconfiguración del control. Tanto el Sur como el Norte, enemigos en la guerra civil, adoptaron medios similares de biopolitización para mantener a la población liberada bajo dominación. Algo análogo opera en la política estadounidense respecto a Irán. Una administración ofrece negociación dentro de límites aceptables; otra ofrece presión hasta la capitulación. Ambas presuponen que Irán debe aceptar los términos que Washington establece. La elección permanece circunscrita a un horizonte donde la autonomía verdadera de Irán nunca aparece como posibilidad.
La verdadera diferencia entre administraciones estadounidenses respecto a Irán sería aquella que abandonara el supuesto compartido: que dijera que Irán es un Estado soberano cuya política exterior, aunque desagradable para Washington, no constituye un problema que requiera "solución". Que Irán tiene derecho a desarrollar capacidades defensivas. Que Irán tiene derecho a alianzas regionales que Washington rechaza. Que la autonomía iraní puede ser incómoda para el orden estadounidense sin necesidad de ser neutralizada.
Tal administración no ha existido ni probablemente exista, porque ambos partidos comparten algo más profundo que cualquier diferencia electoral: una visión del mundo en la cual Occidente, particularmente EEUU, posee el derecho a estructurar el orden internacional, y las entidades políticas que rechazan esa estructuración constituyen problemas a resolver.
Desde la perspectiva iraní, ambos partidos estadounidenses comparten la misma visión de Irán como entidad que debe encajar dentro de sus marcos de inteligibilidad. La verdadera ruptura solo ocurriría si alguien rompiera el álbum familiar de Washington: si permitiera que Irán, hablando desde su propia lógica política, dejara de ser objeto de intervención y se convirtiera en sujeto de su propia historia.
Eso requeriría abandonar no solo políticas específicas sino el supuesto compartido que estructura la política exterior estadounidense. Requeriría admitir que Irán no es un problema a resolver sino un actor político cuya autonomía puede ser incómoda, amenazante incluso, pero que no requiere "solución". Que continuará existiendo según su propia lógica, independientemente de qué partido controle la Casa Blanca.
Algunos sectores de la izquierda institucional y quienes solo siguen la política a través de las redes sociales no tardaron en calificar la situación del gobierno venezolano de traición
La situación política actual en Venezuela no puede explicarse únicamente por los acontecimientos posteriores al 3 de enero. Es necesario contextualizar lo sucedido en las últimas cuatro décadas. En la década de 1990, existía una hegemonía estadounidense total en el continente, que impuso el TLCAN y posteriormente buscó imponer el ALCA, creando así un área bajo el control absoluto del capital estadounidense. Todos los gobiernos, excepto Cuba, apoyaron a los estadounidenses.
Pero los pueblos de algunos países se rebelaron. Y entonces llegó el Caracazo en 1989, luego la rebelión militar y finalmente la victoria electoral de Chávez, quien tomó el poder en el 99, rompió la ola neoliberal, abriendo un nuevo ciclo de gobiernos progresistas, que continuó con Lula, Correa, Evo, Lugo y Kirchner, y alteró el equilibrio de poder en el continente. Ahora se proponía otra integración en lugar de ALCA, formalmente derrotada en 2005: ALBA.
El imperialismo estadounidense, los gobiernos demócratas y republicanos y la clase dominante de EEUU no perdonaron la audacia de Chávez. Y en estas cuatro décadas impusieron todas las tácticas posibles dentro de la fórmula descrita por el investigador Andrew Korybko, basada en documentos oficiales de las fuerzas armadas estadounidenses, como estrategias de GUERRAS HÍBRIDAS.
Durante todo este largo periodo, intentaron por todos los medios derrotar el proceso bolivariano en Venezuela. Recordemos: el golpe de Estado que apartó a Chávez del gobierno durante dos días, en el que las repercusiones internacionales y la inmediata movilización popular impidieron que los golpistas lo ejecutaran. ¡Incluso el Cardenal de Caracas le administró la extremaunción en la prisión de la Isla La Orchila, donde estuvo cautivo!
La huelga política de los trabajadores petroleros para desmantelar PDVSA. La escasez de combustible y el caos se mitigaron gracias a la ayuda del entonces gobierno de Fernando Henrique Cardoso, de Brasil. Luego vinieron los disturbios callejeros de la derecha con violencia extrema, que provocaron terrorismo, incendios en escuelas y hospitales, escasez artificial y decenas de muertos. Muchos presos han sido amnistiados.
La muerte de Chávez, causada por un extraño cáncer que no respondió a la medicación, sigue sin explicación hasta el día de hoy. Casualmente, Lugo, Dilma, Kirchner y Lula también padecieron cáncer durante el mismo periodo. Rápidamente se reconoció al 'gobierno' títere de Guaidó, al que se transfirieron todos los depósitos de dólares y oro del Estado venezolano, para que esta lumpenburguesía venezolana pudiera enriquecerse.
Provocaron una inflación galopante mediante la manipulación del tipo de cambio desde Miami. Bloquearon todas las cuentas del país en el extranjero. Impidieron las inversiones en petróleo, y la producción cayó por debajo del 30%, con una disminución del PIB de hasta el 90%. Todo esto causó numerosos problemas económicos a toda la población y generó una migración sin precedentes de trabajadores y trabajadoras venezolanos. Impugnaron la reelección de Maduro, con el apoyo y la ilusión de algunas figuras supuestamente progresistas.
Todo esto, sumado a una campaña mediática constante y permanente que sin duda costó millones de dólares en el uso de redes, computadoras y los llamados 'influencers' pagados por la CIA y sus agencias. Una campaña que continúa hasta el día de hoy.
El golpe final llegó con el segundo gobierno de Trump, que, sediento de petróleo y perdiendo la hegemonía económica frente a Eurasia, reinstauró la Doctrina Monroe y quiso convertir el continente en su patio trasero, imponiendo el control económico, político y militar.
El 3 de enero, tras movilizar a toda su fuerza militar, invadió el país por aire y secuestró al presidente Maduro y a la diputada Cilia Flores. Hubo resistencia, combates y más de 100 muertos. Solo dentro de unos años sabremos cuántos soldados estadounidenses murieron. Lo único que sabemos es que eran en su mayoría soldados latinos del grupo de élite Delta Force, armados con algunas de las mejores armas del planeta.
Venezuela, su pueblo y sus fuerzas armadas fueron derrotados. Perdieron vidas y a su presidente. Pero el imperio no tenía a quién reemplazar, ya que su agente, María Corina Machado, está desmoralizada ante la sociedad venezolana y, con ella, toda la oposición pro-extranjera.
La solución fue entonces mantener al presidente secuestrado y negociar con el gobierno chavista, bajo amenaza o a punta de pistola. Algunos sectores de la izquierda institucional y quienes solo siguen la política a través de las redes sociales no tardaron en calificar la situación de traición. O de falta de resistencia. Y ahora comienzan a difundir la idea de que existe una división entre los gobiernos de Venezuela y Cuba. Estas tesis son solo parte de las tácticas de EEUU, difundidas por medios influenciados por la CIA para dividir a la izquierda y a la opinión pública.
El pueblo venezolano, en su inmensa mayoría chavista, continúa con su vida, trabajando, produciendo, organizando las comunas. Dolidos, siguen apoyando al gobierno chavista, conscientes de todo lo sucedido. Nuestro movimiento tiene vínculos históricos con el movimiento campesino venezolano, con las comunas productivas y con el gobierno chavista. Contamos con numerosos proyectos de cooperación en la producción de semillas y alimentos, así como con intercambios para la formación de personal técnico.
Estaremos eternamente agradecidos por las becas de la Escuela Latinoamericana de Medicina, Salvador Allende --ELAM-- que permiten a decenas de jóvenes campesinas y campesinos pobres convertirse en médicas y médicos.
El pueblo venezolano sigue siendo víctima de la guerra híbrida del imperio. El gobierno chavista cuenta con el apoyo de su pueblo. Nuestro movimiento siempre se solidarizará con el pueblo chavista.
Esperamos que el equilibrio de poder internacional cambie a favor de la humanidad y la paz. Esperamos que el equilibrio de poder interno en EEUU cambie y que las fuerzas progresistas puedan modificar su política exterior y su vocación beligerante de agresión contra los pueblos. Que la Doctrina Monroe quede enterrada.
Esperamos que el gobierno y el pueblo chavista encuentren las mejores maneras de aumentar la producción de petróleo y otros bienes que necesitan. Que mantengan la soberanía sobre el petróleo, los minerales y su territorio.
Defender a Venezuela y Cuba es una obligación moral y política de las fuerzas progresistas y democráticas de nuestro continente. Y no nos engañemos: si ellas fuesen derrotadas, el imperio aumentará su presión sobre México, Brasil, Colombia y todo el continente, como ya lo hizo; primero, utilizando el fantasma de los comunistas y la URSS; luego, se centraron en los terroristas islámicos, a quienes financiaron; y ahora han creado la marioneta del narcotráfico --como si no fueran el mayor mercado-- y también la política en contra de los inmigrantes.
Lucharemos por la liberación del presidente Maduro y la diputada Cilia Flores, pues no han cometido ningún delito y EEUU no tiene ni el derecho ni la autoridad moral para condenarlos por nada. Por el contrario, espero que en el futuro el tribunal de La Haya juzgue y condene a los actuales líderes estadounidenses por sus bombardeos y crímenes en Gaza, Irán, Siria, Sudán, el Caribe, Venezuela, Cuba y, dentro de su propio país, por la persecución de los pobres y los migrantes.
La historia de la lucha de clases tiene sus altibajos, avances y retrocesos, pero la humanidad siempre avanzará hacia la construcción de sociedades más justas e igualitarias, con soberanía popular y paz.
* Referente del MST de Brasil y de ALBA MOVIMIENTOS y la Asamblea Internacional de los Pueblos-AIP
¿Quién controlará las infraestructuras críticas de la economía digital del siglo XXI? ¿Los Estados nacionales o las plataformas tecnológicas transnacionales? (El Tábano Economista)
Cuando Donald Trump anunció un arancel del 25% sobre productos brasileños para el 15 de julio, la explicación parecía servida. Para unos, se trataba de una nueva demostración de solidaridad ideológica con Jair Bolsonaro y de hostilidad hacia el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva. Para otros, era simplemente un capítulo más del viejo manual proteccionista del trumpismo, castigar importaciones extranjeras para proteger empleos estadounidenses. Ambas interpretaciones son equivocadas y resultan insuficientes.
La primera dificultad aparece cuando se revisan los números. Estados Unidos mantiene un superávit comercial con Brasil. Es decir, vende más bienes y servicios a la mayor economía sudamericana de los que compra. No existe, por tanto, un desequilibrio comercial comparable al que históricamente ha utilizado Washington para justificar medidas contra China o, en otros momentos, contra México. Si el objetivo fuera corregir un déficit, Brasil sería un objetivo insólito.
La segunda dificultad es Bolsonaro. La cercanía política entre Trump y el expresidente brasileño es indiscutible. También lo son las críticas de sectores conservadores estadounidenses hacia el Tribunal Supremo Federal brasileño y las decisiones adoptadas contra dirigentes y activistas bolsonaristas. Sin embargo, reducir el conflicto a una cruzada personal en defensa del exmandatario supone ignorar una serie de transformaciones más profundas que se vienen desarrollando en Brasil desde hace años.
Para comprender qué intereses concretos se encuentran detrás de la creciente presión de Washington sobre Brasil conviene abandonar, al menos por un momento, la narrativa sobre la libertad de expresión y observar dónde están los negocios. O, como hemos sostenido, el desenlace de secuestrar al Estado por parte de las elites tecnologías americana, no es otro que funcione como gendarme de sus negocios.
En octubre del año pasado, la Computer & Communications Industry Association (CCIA), una de las organizaciones de lobby más influyentes del ecosistema tecnológico estadounidense, financiado por grandes empresas tecnológicas que incluyen a Google, Meta, Apple, Microsoft, Amazon y Uber, presentó un informe ante la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) detallando las barreras que, a su juicio, enfrentaban las empresas norteamericanas en distintos mercados extranjeros, para que iniciara una investigación sobre Brasil en virtud del artículo 301 de la Ley de Comercio de 1974.
El documento cuestionaba aspectos tan diversos como las normas sobre comercio digital y servicios de pago electrónico, las regulaciones sobre plataformas, la protección de la propiedad intelectual, ciertas medidas tributarias, el tratamiento del etanol y hasta la aplicación de políticas relacionadas con la deforestación ilegal. Tomadas individualmente, las observaciones podían parecer dispersas. Consideradas en conjunto, revelaban algo diferente: la creciente incomodidad de parte del sector tecnológico estadounidense frente a un país que estaba construyendo reglas propias para gobernar su economía digital.
La arquitectura regulatoria que Brasil ha construido desde finales de la década de 2010 no debe analizarse como una colección aislada de leyes. Vista en conjunto, configura una estrategia de soberanía digital, fiscal y tecnológica, en la que el Estado brasileño busca preservar capacidad de decisión sobre infraestructuras críticas, flujos de datos, plataformas digitales y nuevas tecnologías.
OpenDemocracy mostró cómo varias de las preocupaciones de las corporaciones americanas terminaron reflejándose en la investigación comercial impulsada posteriormente por Washington. El dato no prueba una relación causal automática, pero sí ilumina una convergencia de intereses entre grandes empresas tecnológicas y la política comercial estadounidense. Lo que emerge es una pregunta distinta: ¿y si la disputa no fuera realmente sobre Bolsonaro ni sobre comercio tradicional? ¿Y si el verdadero conflicto girara alrededor de quién establecerá las reglas del capitalismo digital del siglo XXI?
Brasil se ha convertido en un laboratorio inesperado de soberanía tecnológica. La Ley General de Protección de Datos (Ley Nº 13.709/2018) entró plenamente en vigor en 2020 y creó el marco brasileño de protección de datos personales, estableció límites al tratamiento y circulación de información personal inspirados en el Reglamento General de Protección de Datos europeo (GDPR), aunque con particularidades propias. La LGPD representa una afirmación de que los datos producidos por la sociedad brasileña son un recurso sujeto a regulación nacional.
La discusión sobre la moderación de contenidos y la responsabilidad de las plataformas constituye otro frente de tensión. La decisión del Supremo Tribunal Federal brasileño de ampliar las obligaciones de las redes sociales respecto de contenidos ilícitos fue presentada por algunos sectores estadounidenses como un ataque a la libertad de expresión. Sin embargo, desde la óptica brasileña se trataba de resolver una pregunta institucional básica, si las plataformas globales deben responder ante la legislación nacional de los países donde operan.
La disputa alcanzó su máxima expresión en el enfrentamiento entre el Supremo Tribunal Federal y X, la red social de Elon Musk. La suspensión temporal de la plataforma por incumplimientos relacionados con representación legal en el país y decisiones judiciales transformó un conflicto jurídico en un acontecimiento geopolítico. Musk lo presentó como un ejemplo de censura estatal; las autoridades brasileñas, como una cuestión elemental de soberanía jurídica.
Pero quizás el aspecto más revelador sea que Brasil no se ha limitado a regular. También ha construido alternativas y el sistema de pagos (PIX) es fundamental para entender la parte menos visible del conflicto entre Brasil y las grandes tecnológicas estadounidenses. Lo relevante es que PIX no fue creado por una empresa privada, sino por el Estado brasileño lo desarrollo a través del Banco Central. El sistema de pagos instantáneos se convirtió en pocos años en una de las infraestructuras financieras más exitosas del mundo. Permite transferencias inmediatas, permanentes y de bajo costo, integrando bancos, fintechs y usuarios finales bajo una arquitectura pública.
Desde la perspectiva del consumidor brasileño, PIX representa comodidad y eficiencia. Desde una perspectiva geoeconómica, representa algo mucho más importante. La posibilidad de que el Estado preserve el control sobre una infraestructura crítica de la economía digital. Con hasta 290 millones de transacciones diarias, PIX alcanza al 90% de la población brasileña con impactos especialmente positivos en los excluidos financieramente, la economía informal y las pequeñas y medianas empresas (pymes).
El Centre for International Policy and Technology ha descrito PIX como una manifestación de soberanía digital financiera. La expresión no es exagerada. Durante años, las grandes tecnológicas han intentado expandirse hacia el sector de pagos. Meta, en particular, visualiza en WhatsApp mucho más que una aplicación de mensajería. El objetivo es construir una superplataforma capaz de integrar comunicación, comercio electrónico, pagos, crédito e inteligencia artificial.
Brasil, donde WhatsApp Brasil es el segundo mercado más grande del mundo, Meta busca monetizar la app mediante herramientas corporativas de cobro (WhatsApp Business), pero ve amenazado su negocio si el poder judicial brasileño suspende de manera intermitente sus servicios por desacatos regulatorios. Sin embargo, cada pago realizado mediante PIX es un pago que no transita necesariamente por una infraestructura privada controlada por una plataforma tecnológica. Cada transacción representa datos financieros que permanecen fuera de ecosistemas corporativos cerrados.
La disputa deja entonces de ser ideológica y adquiere una dimensión económica tangible. Brasil también ha avanzado hacia la regulación de la inteligencia artificial. El Proyecto de Ley 2338/2023 busca establecer mecanismos de supervisión diferenciados según el nivel de riesgo de las aplicaciones. Transparencia, responsabilidad y protección de derechos aparecen como principios orientadores. Para empresas estadounidenses inmersas en una carrera global por liderar el desarrollo de la IA, la proliferación de marcos regulatorios nacionales representa un desafío significativo. Cada nueva exigencia implica mayores costos de cumplimiento y posibles restricciones operativas.
La misma lógica atraviesa el Proyecto de Ley 2768/2022, que ampliaría las facultades regulatorias de la Agencia Nacional de Comunicaciones (Anatel) sobre plataformas digitales, y el Proyecto de Ley 4097/2023, orientado a cuestiones de competencia en mercados digitales. A ello se suman iniciativas tributarias, como la implementación del impuesto mínimo global del 15%, o medidas destinadas a gravar determinadas importaciones asociadas al comercio electrónico transfronterizo.
Observadas de manera aislada, estas iniciativas responden a debates sectoriales específicos. Observadas en conjunto, configuran una arquitectura orientada a fortalecer la capacidad regulatoria del Estado brasileño. No se trata de un fenómeno exclusivamente brasileño. Europa ha transitado caminos similares mediante el Reglamento General de Protección de Datos y nuevas normas sobre servicios digitales. Pero el caso brasileño posee una relevancia particular debido al tamaño de su mercado.
Brasil es la mayor economía de América Latina y uno de los mayores mercados digitales del mundo. Diversos estudios estiman que la inversión anual en publicidad digital en el país supera los 10.000 millones de dólares. Google concentra una parte sustancial de ese mercado a través de su ecosistema de búsqueda, YouTube y herramientas publicitarias. Meta, mediante Facebook e Instagram, ocupa también una posición dominante.
Aunque las empresas no desagregan sistemáticamente sus ingresos por país, distintas estimaciones sitúan a Google capturando aproximadamente entre el 45% y el 55% del mercado publicitario digital brasileño, mientras Meta controlaría entre el 30% y el 40%. Traducido a cifras, esto podría significar ingresos anuales de varios miles de millones de dólares para ambas compañías.
El verdadero desafío, sin embargo, no reside en la publicidad actual sino en los negocios del futuro. Los datos alimentan sistemas de inteligencia artificial. Los sistemas de pago generan información valiosa sobre hábitos de consumo. Las plataformas de comunicación facilitan la integración de servicios financieros y comerciales. El control de estos ecosistemas permite capturar valor económico a una escala sin precedentes.
En este contexto, la decisión brasileña de preservar espacios de soberanía regulatoria adquiere una dimensión estratégica. La infraestructura 5G ofrece otro ejemplo. Brasil ha avanzado en la construcción de redes exclusivas destinadas a la administración pública, separadas de las redes comerciales convencionales. Según la Global System for Mobile Communications Association (GSMA), la organización mundial que representa los intereses de más de 1.000 operadores de telefonía móvil y compañías del ecosistema tecnológico, el país reúne condiciones para convertirse en un referente regional en materia de 5G.
La decisión de dotar al Estado de una infraestructura propia para comunicaciones sensibles responde a consideraciones de seguridad y eficiencia administrativa. Pero también expresa una convicción política. Determinadas capacidades tecnológicas son demasiado importantes para depender completamente de actores privados.
PIX y la red 5G estatal responden, en esencia, a la misma lógica. La pregunta subyacente es sencilla: ¿deben los Estados conservar el control sobre ciertas infraestructuras críticas o delegarlo progresivamente a plataformas transnacionales?
Desde la perspectiva brasileña, la respuesta parece inclinarse hacia la primera opción. Desde la perspectiva de parte del ecosistema tecnológico estadounidense, ello podría representar un precedente preocupante.
El problema no es únicamente Brasil. Si un país de más de 200 millones de habitantes demuestra que es posible desarrollar sistemas públicos eficientes de pagos digitales, regular el tratamiento de datos, establecer límites a las plataformas y diseñar marcos propios para la inteligencia artificial, otros podrían seguir el mismo camino. La discusión deja entonces de girar alrededor de un arancel específico. Lo que está en juego es el modelo de gobernanza de la economía digital.
Por un lado, emerge un esquema donde plataformas privadas aspiran a convertirse en la infraestructura dominante de la vida contemporánea, articulando comunicación, pagos, comercio y procesamiento de datos. Por otro, aparecen Estados que intentan preservar márgenes de autonomía mediante regulación y desarrollo de capacidades propias. En esa disputa, Bolsonaro ocupa un lugar secundario.
Su figura puede funcionar como catalizador político o como elemento movilizador dentro del debate estadounidense. Pero las tensiones entre Brasil y determinados sectores económicos norteamericanos preceden y exceden ampliamente la suerte judicial del expresidente.
El arancel del 25% constituye, en ese sentido, mucho más que una herramienta comercial. Puede interpretarse como una señal geoeconómica dirigida hacia un país que ha comenzado a cuestionar algunos de los supuestos fundamentales del capitalismo digital contemporáneo. No porque Brasil haya rechazado la tecnología ni porque haya optado por un camino aislacionista. Todo lo contrario. Brasil busca insertarse activamente en la economía digital global, pero bajo reglas que preserven espacios de decisión nacional.
Esa aspiración inevitablemente genera tensiones. La historia del siglo XXI probablemente se escriba menos en los campos de batalla tradicionales y más en disputas relacionadas con estándares tecnológicos, gobernanza de datos, sistemas de pago y control de infraestructuras digitales.
Vista desde esa perspectiva, la controversia actual entre Washington y Brasilia adquiere otro significado. Ya no se trata simplemente de aranceles. Tampoco únicamente de Bolsonaro. Se trata de quién definirá las normas que regirán el flujo de información, dinero y conocimiento en las próximas décadas.
Brasil ha decidido participar de esa discusión no solo como mercado, sino también como regulador y constructor de alternativas. Y esa decisión, más que cualquier superávit comercial o cualquier disputa política coyuntural, podría explicar por qué el país se encuentra hoy en el centro de una batalla silenciosa por el futuro del poder económico global.
Hay algo casi infantil en la fascinación que parte de Occidente ha desarrollado por el lema de la alianza de naciones europeas. Sin embargo, la realidad revela que se trata más bien de un consorcio militar-financiero que intenta preservar una hegemonía que ya empieza a escapársele de las manos.
La guerra de Ucrania, en términos generales, no hizo sino acelerar un proceso que llevaba décadas en marcha. Europa se percató, algo tarde, de que el monopolio político, económico y cultural construido después de 1945 comenzaba a mostrar fisuras irreversibles. China, Rusia, India, Irán e incluso las potencias medianas comprendieron algo que Bruselas y Davos nunca han llegado a admitir del todo: que el orden internacional liberal nunca fue universal. Se trataba, más bien, de la universalización forzada de los intereses de Washington, disfrazada con el sentimental lenguaje del humanitarismo.
Aquí reside la ironía central de nuestra época. Los mismos países que pasaron décadas predicando la soberanía relativa, la gobernanza global y la responsabilidad internacional ahora redescubren frenéticamente el valor de las fronteras, del patriotismo industrial y de la autonomía estratégica. La globalización cumplió su propósito mientras consolidó su supremacía. En el momento en que comenzó a beneficiar a rivales civilizacionales, se convirtió en una amenaza existencial, y he aquí que el viejo instinto territorial resurgió rápidamente, ese mismo instinto que durante años se había tratado como un síntoma de atraso provinciano y, en casos más graves, como evidencia de algún tipo de psicopatología colectiva.
El conflicto actual, por consiguiente, trasciende con creces la dimensión militar y se adentra en el terreno antropológico, ese terreno sobre el que la hoja de cálculo del consultor de Davos no explica absolutamente nada. Por un lado, Occidente posmoderno se transformó en una máquina burocrática de disolución cultural, un bloque político incapaz de defender su propia memoria histórica y, sin embargo, deseoso de exportar compulsivamente la política de identidad al resto del planeta. Por otro lado, los países que han comprendido algo bastante elemental que Aristóteles ya había descrito siglos antes de que existieran los consultores de ESG, (Environmental, Social and Governance (Ambiental, Social y Gobernanza evalúan el desempeño ambiental, social y de gobernanza de una empresa, determinando su sostenibilidad y capacidad de generar valor a largo plazo) a saber, que los pueblos sobreviven gracias a la preservación de la identidad, la continuidad histórica y la cohesión simbólica
Rusia lo comprendió pronto, China aún antes, y ambas percibieron que el liberalismo occidental había dejado de funcionar como modelo económico para convertirse en una especie de religión negativa, fundada en la deconstrucción permanente de los lazos orgánicos. La familia se convierte en opresión, la nación en prejuicio, la religión en atraso, la masculinidad en peligro, la frontera en violencia moral, en una lista cada vez más extensa de aquello que debe ser pulverizado en nombre de un progreso que nadie es capaz de definir con precisión. No es casualidad que Occidente contemporáneo produzca riqueza material y depresión espiritual con igual eficiencia industrial.
Y, sin embargo, lo más curioso de todo es observar cómo la prensa internacional insiste en narrarlo todo a través de la vieja lente moral de la Guerra Fría. Democracia contra autoritarismo, libertad contra tiranía, civilización contra barbarie: he aquí la caricatura que ya no convence ni siquiera al ciudadano europeo o estadounidense medio, a ese ciudadano común que mira Londres, París o Los Ángeles y se da cuenta, sin necesidad de un diploma de Harvard, de que quizás el colapso viene desde dentro. La crisis migratoria europea es solo el síntoma visible, amigos. El verdadero problema es mucho más profundo y, además, resulta considerablemente más embarazoso, pues Europa se ha cansado de sí misma, ha perdido el instinto civilizatorio básico de la supervivencia, ha transformado la culpa histórica en política de Estado, ha sustituido la identidad por la administración tecnocrática y ha cambiado la pertenencia por el consumo
Mientras tanto, el establishment occidental responde de la única manera que conoce: con censura, vigilancia y propaganda moralizante. Toda disidencia se convierte en una amenaza para la democracia, toda crítica al globalismo en extremismo, toda resistencia cultural en radicalización, y los regímenes supuestamente liberales han llegado a depender abiertamente de mecanismos antiliberales para su supervivencia política, en un espectáculo que avergonzaría incluso a Carl Schmitt.
La máscara se cayó durante la pandemia, se cayó de nuevo con la guerra y se cayó definitivamente en medio de la creciente desesperación de las élites globalistas enfrentadas al surgimiento de cualquier fuerza mínimamente soberanista.
El ciudadano medio, el de a pie, por consiguiente, ha comenzado a considerar una hipótesis bastante herética: que la mayor amenaza a la libertad contemporánea quizás no provenga de Moscú ni de Pekín, sino del propio aparato burocrático-financiero que gobierna Occidente en nombre de la democracia, neutralizando elecciones, censurando opiniones y redefiniendo los conceptos básicos de la realidad mediante una ingeniería semántica permanente. El nuevo orden mundial, por lo tanto, prescinde del modelo del imperio formal. Bastará con algo mucho más sofisticado: un régimen administrado por conglomerados financieros, plataformas digitales, organismos transnacionales y estructuras de inteligencia capaces de moldear el comportamiento humano a escala industrial, preservando al mismo tiempo la estética de la libertad.
Y quizás sea precisamente esto lo que explique el creciente pánico en Occidente. Por primera vez en décadas, el resto del mundo ha comenzado a darse cuenta de que el emperador está desnudo. Lo más triste de todo, sin embargo, es que el emperador siempre lo supo. Simplemente contaba con que nadie lo mirara, y así no se den cuenta.
En un mensaje al Pleno Extraordinario del Comité Central, el General de Ejército Raúl Castro aseguró que ha sido consultado sobre las propuestas de transformaciones económicas y sociales, y está plenamente de acuerdo con ellas.
Fotografía: Estudios Revolución
“No solo resistir, también avanzar y desarrollarnos”
Pese a estar sometida a un bloqueo feroz, Cuba no solo resiste, sino que busca alternativas, enfocada en preservar la Revolución y las principales conquistas del socialismo. Así lo afirmó, al inicio del Pleno Extraordinario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, celebrado en la tarde de este miércoles, Roberto Morales Ojeda, secretario de Organización de dicha instancia.
Luego de recordar el 121 aniversario de la muerte del General Máximo Gómez, ratificar el compromiso con él y los héroes y mártires de la Patria, y referir otras motivaciones como el centenario de Fidel, y el 73 aniversario de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, Morales Ojeda subrayó el espíritu renovador y de principios del Partido, su disposición al debate y al cambio necesario.
Foto: Estudios Revolución
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Asimismo, volvió sobre las ideas expresadas recientemente a la prensa por el Primer Secretario del Comité Central y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez –quien presidió esta sesión- acerca de las propuestas de transformaciones económicas y sociales: son esenciales la unidad y la discusión amplia, de la cual puede surgir siempre una idea mejor.
CONSENSO Y PARTICIPACIÓN POPULAR
El General de División José Amado Ricardo Guerra, miembro del Buró Político, transmitió a los presentes un mensaje de Raúl, quien asistió a la sesión por videoconferencia. El General de Ejército aseguró que fue consultado y está plenamente de acuerdo con las propuestas de transformaciones presentadas.
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“Estoy convencido de que del análisis colectivo e incluso de las discrepancias, siempre salen las mejores ideas”, transmitió en el texto, y convocó a opinar para enriquecer el contenido, construir el necesario consenso en un momento trascendental y acometer las transformaciones: “es lo que más conviene hoy a la Revolución”.
El Líder alertó de que tan o más importante que la aprobación del documento, será la implementación adecuada y oportuna, con prioridades bien definidas y la participación consciente del pueblo. Eso exige actuar con los pies y los oídos pegados a la tierra, tomando muy en cuenta las opiniones y preocupaciones de la población.
TRANSFORMARNOS CON NUESTROS ESFUERZOS Y RECURSOS
A los miembros del Comité Central e invitados, entre los que estuvo el Comandante del Ejército Rebelde, José Ramón Machado Ventura, se les presentó una detallada explicación de la hora actual, cuando Cuba experimenta la crisis multidimensional más grave desde el Periodo Especial, debido al recrudecimiento del bloqueo a partir de 2019, agravado por las Órdenes Ejecutivas de la actual administración estadounidense.
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Se trata de la escalada sancionatoria más agresiva de la historia reciente. Han impedido que arriben a Cuba buques petroleros, han amenazado a empresas con negocios en Cuba, forzando su retirada, y han provocado la desconexión del país de los sistemas internacionales de crédito y financiación.
Como resultado de ello, la Isla ha experimentado una contracción aguda de su economía en el primer semestre de 2026; con un promedio diario de 20 horas de afectación eléctrica y 1 955 MW de déficit.
Al respecto, el miembro del Buró Político y Primer Ministro, Manuel Marrero Cruz, explicó que, frente a la cruda realidad del momento histórico actual, se impone realizar profundas transformaciones con nuestros esfuerzos y recursos. Se trata no solo de resistir, sino también de avanzar y desarrollarnos, dijo.
Acerca de las propuestas –que serán presentadas mañana jueves a los diputados a la Asamblea Nacional, y conocidas por toda la población- ilustró que se han nutrido de las indicaciones del General de Ejército Raúl Castro Ruz y del Primer Secretario Díaz-Canel, del análisis de documentos programáticos y la consulta a expertos. Se trata de 176 propuestas, divididas en 23 ejes fundamentales de la vida económica y social del país.
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Estos últimos se corresponden con transformaciones referentes al modelo de gestión de los actores económicos; las relaciones de propiedad; el sistema de planificación de la economía; el sector presupuestado y su redimensionamiento; la autonomía municipal; la recuperación agrícola; del subsidio a productos a los subsidios a personas; las laborales y salariales; y energéticas y sociales.
También están relacionadas con la modernización del sistema bancario y financiero; el sistema tributario; la política de precios; la inversión extranjera; el comercio exterior; el alcance de la dolarización parcial de la economía; el sector del turismo; el transporte; el comercio, la gastronomía y los servicios; la política de seguros; la transformación digital, la inteligencia artificial y la economía del conocimiento; el sistema estadístico nacional; y los mecanismos de control e inspección.
Según trascendió, resultará imprescindible el aseguramiento jurídico de estas propuestas; pues se explicó que no entran en contradicción con la Constitución de la República, pero exigen derogar y modificar normas, y crear otras.
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Estas medidas, señaló Marrero, conciben profundos cambios en correspondencia con el Programa Económico y Social del Gobierno 2026: ambos documentos son complementarios. Asimismo, implican la transformación del tejido empresarial, mayor apertura al capital privado y el reconocimiento de los mecanismos de mercado como instrumentos de asignación eficiente de los recursos.
También se afirmó que no implican renunciar a la responsabilidad social del Estado. Según patentiza el documento discutido: “No constituyen una desviación del proyecto socialista; por el contrario, responden a la lógica propia de su desarrollo. Cuba se encuentra en el periodo histórico de construcción del socialismo”. De igual forma, se insistió en las ideas de Fidel y Raúl como fuente para este proceso.
Cuba no necesita más dilaciones, necesita soluciones
Discurso pronunciado por Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, en la clausura del Pleno Extraordinario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, en el Palacio de la Revolución, el 17 de junio de 2026, “Año del Centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz”.
(Versiones Taquigráficas – Presidencia de la República)
Compañeras y compañeros miembros del Comité Central del Partido;
Invitadas e invitados;
Compatriotas:
Este Pleno extraordinario sesiona en días decisivos para Cuba. Herederos orgullosos del legado del Comandante en Jefe, los revolucionarios cubanos hoy enfrentamos desafíos de una enorme magnitud que exigen unidad, firmeza ideológica, coraje, audacia y resistencia creativa.
Contamos con la guía de nuestro líder, integrante destacado de la vanguardia de la Generación del Centenario y celoso guardián de la continuidad de la Revolución socialista que él contribuyó decisivamente a levantar desde sus cimientos hasta nuestros días, el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Héroe de la República de Cuba, quien nos ha enseñado todos los días el sagrado valor de la unidad.
El contexto es extraordinariamente complejo y desafiante por la incesante agresividad del recrudecido bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el Gobierno de los Estados Unidos y por el criminal propósito de las acciones hostiles de la actual administración: en primer lugar, la incorporación de Cuba a la infame y espuria lista de países que supuestamente patrocinan el terrorismo, y otras acusaciones, igualmente falsas, que buscan desacreditar la autoridad y la gestión del Gobierno, a la vez que privan al país de cualquier fuente de ingreso en divisas.
Un bloqueo más recrudecido aún con las Órdenes Ejecutivas del 29 de enero y el 1ro. de mayo, que respaldan el genocida cerco energético e internacionalizan con sanciones secundarias el bloqueo, la persecución financiera, energética y de inversiones a extremos de máxima presión.
Paralelamente, se intensifica la subversión político-ideológica mediante la intoxicación mediática en las redes sociales para dañar la credibilidad de la Revolución, entre cubanos y extranjeros, estimulando la desorientación social en un escenario nacional e internacional impactado por transformaciones profundas en la estructura socioeconómica y la geopolítica mundial, como consecuencia de los ilimitados poderes de una política imperial hegemónica, que pretende hacer trizas el multilateralismo, alimenta las corrientes neofascistas y agudiza las tensiones globales, amenazando constantemente la paz y la seguridad internacionales e intentando quebrar la indispensable unidad de las fuerzas de izquierda.
El genocidio silencioso que se ha emprendido contra Cuba provoca daños inconmensurables y terribles limitaciones en nuestra vida cotidiana como pueblo, mientras sus ejecutores mienten descaradamente al mundo negando el cerco energético y afirmando que prohibimos la entrada de donaciones millonarias, que anuncian mucho y de las que apenas han entregado algo de lo prometido.
Cuba resiste heroica y creativamente, pero sufre hace demasiado tiempo un castigo bárbaro, inmerecido, insoportable, al que ahora se añade la amenaza de agresión militar como nueva arma contra la resistencia colectiva.
Cuba enfrenta un bloqueo cruel y una persecución financiera real, diaria, que encarece cada gota de combustible, cada medicamento, cada alimento, cada pieza y cada tecnología que el país necesita.
La realidad nos impone cambios urgentes y necesarios. Y cuando la vida del pueblo se vuelve tan dura, el primer deber del Partido Comunista y del Gobierno revolucionario no es explicar mejor la crisis, sino cambiar lo que haya que cambiar para salir de ella.
Se requiere una agenda económica profunda y ágil, ejecutable en corto plazo, que combine estabilización macroeconómica, incentivos para estimular y promover una apertura productiva, seguridad jurídica, atracción de inversión, uso intensivo de tecnología y una protección social focalizada y efectiva.
Recordemos que en la clausura del XI Pleno planteamos que la posposición del Congreso no limitaba la posibilidad de efectuar los cambios, modificaciones y movimientos que fueran necesarios, teniendo en cuenta las facultades de las estructuras del Partido y el Gobierno, como, por ejemplo, los Plenos del Comité Central cuando se trate de acuerdos adoptados por los congresos del Partido.
Para eso se ha trabajado intensamente, a partir del aportador informe y debate del Congreso de la ANEC, la consulta popular sobre el Programa Económico y Social para el 2026, los criterios de economistas y expertos, los debates y aportes formulados por la Comisión Económica del Comité Central del Partido, los Lineamientos de la Política Económica y Social aprobados y actualizados en el Sexto, Séptimo y Octavo Congresos del Partido, los planteamientos del XI Pleno del Comité Central y la labor desplegada por las comisiones que han estado preparando los documentos para el pospuesto IX Congreso del Partido, por las razones conocidas, en cuanto a la actualización de la Conceptualización del Modelo Económico y Social, los Lineamientos y el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030.
Se ha realizado, además, un estudio de las experiencias de la construcción socialista en otros países como China y Vietnam, y también se ha acudido a la inteligencia artificial para profundizar en la búsqueda de referencias y evaluar las propuestas en relación con nuestras leyes y normativas vigentes.
Se trata de enfrentar el enorme reto de continuar avanzando en el proceso de construcción socialista, de defensa de la Revolución y sus conquistas y de perfeccionamiento de nuestra sociedad, en las condiciones de un país sometido al más cruel, genocida y prolongado bloqueo económico, financiero, energético y comercial, ejercido por la potencia más poderosa del mundo. Y para superar eso el legado que tenemos es el de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz (Aplausos).
¡Nadie en la historia de la humanidad ha tenido como desafío el socialismo en las condiciones que lo tiene que hacer este país, esta nación y este pueblo actualmente! Ese desafío, sin dudas, lo vamos a superar con unidad, con valentía, participación popular y plena convicción en nuestra capacidad para alcanzar la victoria.
Las transformaciones que estamos presentando son para avanzar en la defensa del socialismo, para apoyar y ampliar la justicia social, para crear riqueza económica y distribuirla con equidad. Si no hay riqueza no hay nada que distribuir, estaríamos hablando de una justicia social en abstracto. La justicia social como la ha concebido la Revolución, con su vocación humanista, ayudando a los que están más desfavorecidos, generalmente, con programas y proyectos asistencialistas y gratuitos, no les cuesta a las personas, pero le cuesta al Estado, y para hacerlo, para profundizarlo, para sostenerlo, para mantenerlo el Estado necesita riqueza, y la riqueza la tenemos que producir nosotros, y si no hay riqueza no hay justicia social, y todo lo demás es un cuento, ¡todo lo demás es un cuento! O producimos en estas condiciones, creamos riquezas y entonces distribuimos con justicia social, con equidad, no con igualitarismo. ¡Ese es el desafío!
Necesitamos desatar las fuerzas productivas, que haya más producción en vez de más restricción, porque está probado que el control sin oferta solo desplaza operaciones al mercado informal.
Es necesaria la igualdad e integración de los actores económicos en función del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030 y de las estrategias de desarrollo territorial y local por parte de la empresa estatal, las mipymes, las cooperativas, los productores agropecuarios, los inversionistas extranjeros y cubanos, los residentes o no residentes: todos deben actuar y aportar bajo reglas claras al desarrollo socioeconómico del país.
Debemos exportar y producir para captar e ingresar divisas y hacer un uso productivo de ellas. Cada divisa que entre debe tener caminos para financiar producción, importaciones, inversión, salarios e infraestructura.
Debe garantizarse la seguridad jurídica: contratos, usufructos, arrendamientos, concesiones, derechos de superficie y licencias, con estabilidad temporal y protección contra cambios arbitrarios. Si no hay seguridad jurídica nadie invierte, nadie se arriesga.
Debemos impulsar la digitalización con trazabilidad: facturación electrónica, pagos digitales, registros públicos y datos interoperables como base para reducir evasión y corrupción.
Se debe priorizar la protección social: sustituir subsidios generalizados ineficientes por apoyos directos a personas vulnerables. Siempre atentos a que cada acción no incremente desigualdades sociales; al contrario, que se vayan atenuando hasta desaparecer.
Actuar con una apertura selectiva e inteligente: atraer tecnología, financiamiento, mercados y conocimiento externo, protegiendo sectores estratégicos mediante regulación, no mediante inmovilismo.
Se hace necesario la gradualidad y la experimentación: reformar por fases y por pilotos verificables, conservando la conducción estatal y corrigiendo el rumbo con evidencia para lidiar y minimizar los posibles costos económicos y sociales.
Imprescindibles son también la unidad política para garantizar consistencia y credibilidad de las medidas, la comunicación clara y precisa de las decisiones que se aplicarán, para ganar apoyo a las transformaciones, así como la adopción de mecanismos compensatorios para mitigar impactos económicos y sociales.
Hay que trabajar con agilidad, con coherencia y calidad, y sobre todo con control. Que lo aprobado se implemente bien.
En este escenario resulta necesario avanzar en al menos cinco frentes simultáneos:
La estabilización macroeconómica y recuperación de los ingresos externos.
La transformación del Modelo Económico y Social.
El estímulo y recuperación del sector productivo agrícola.
El fortalecimiento de la contabilidad y la gestión de los costos.
La previsión y mitigación de los costos sociales asociados a las transformaciones necesarias del Modelo Económico y Social.
Y estos cinco aspectos están muy bien desarrollados en el informe que presentó la ANEC en su último congreso.
El Comandante en Jefe nos enseñó que en tiempos de crisis no podíamos renunciar ni al desarrollo ni al pensamiento, que no hay obstáculo insalvable y que siempre hay una oportunidad para crecer. Y en ese camino el General de Ejército nos demostró que sí se puede, sí se pudo y siempre se podrá.
El pueblo conoce las causas de muchas de las dificultades que vivimos, pero también necesita respuestas concretas, decisiones oportunas y resultados que se sientan en la vida cotidiana.
Hay trabas que no vienen de afuera ni de bloqueo. Hay lentitud, burocracia, normas que frenan al que quiere producir y decisiones que hemos postergado. Lo que depende de nosotros tenemos que cambiarlo nosotros, y tenemos que cambiarlo ahora.
A la resistencia le debemos la patria, pero hoy la resistencia por sí sola no basta. Este tiempo nos exige transformar, producir más, destrabar más, escuchar más, decidir mejor y rendir cuentas.
Lo que nos proponemos poner en marcha es una agenda económica y social de emergencia, con medidas que forman parte de nuestro Programa de Gobierno y de políticas aprobadas por el Partido, junto a decisiones que no pueden seguir esperando. Algunas no tendrán consenso absoluto, pero son impostergables. Y todas tendrán un responsable con nombre y apellidos, un plazo definido, un indicador para medir su cumplimiento y una rendición de cuentas pública ante el país.
Lo que funcione, se ampliará. Lo que no funcione, se corregirá sin demora. Quien tenga una responsabilidad tendrá que rendir cuentas por ella, y cuando alguien no pueda cumplir lo que este momento exige, deberá abrir paso, con responsabilidad, a quien pueda hacerlo mejor.
Vamos a enfrentar este proceso como el desafío de las generaciones que hoy compartimos la defensa de la Patria, la Revolución y el Socialismo.
Acerca del Sistema de Dirección de la Economía, quiero destacar que lo más importante es que la planificación central, si adoptamos estas transformaciones, no tendría la función de administrar la economía, sino de crear un ambiente institucional y normativo adecuado para que las empresas y los trabajadores estén estimulados en producir bienes y prestar servicios de calidad y con eficiencia, así como introducir en su gestión innovaciones con estos fines.
Y definitivamente tenemos que lograr que el Plan se construya desde abajo con la participación de los trabajadores.
Continuaremos la reestructuración del aparato de Gobierno, del Estado, del Partido y de las instituciones. Vamos a integrar estructuras donde sea necesario, revisar funciones duplicadas, reducir pasos innecesarios y optimizar permanentemente la manera en que se dirige y se sirve al país. Que sean estructuras más dinámicas, más proactivas y menos burocráticas.
Una de las tareas más importantes y urgentes está en potenciar el desarrollo del país desde la base, desde los municipios.
Es inaplazable desatar la gestión en los municipios y que acaben de tener y aplicar todas las facultades posibles para que se desarrollen.
Ningún cambio económico será suficiente si la empresa estatal socialista, que seguirá siendo el pilar fundamental de la economía, no cuenta con verdadera capacidad para gestionar, innovar y responder por sus resultados.
Reformar la gestión de la empresa estatal sobre la base de autonomía real, evaluación económico-financiera, separación de funciones estatales y empresariales, y aplicación del principio “cumple o explica” para evitar que la norma se convierta en freno cuando exista una solución más beneficiosa y demostrable, es necesario.
Para eso avanzaremos en dos direcciones: más autonomía real para las empresas y una gestión más profesional de los activos del Estado, a través del Instituto Nacional de Activos Empresariales, encargado de representar al dueño de los medios de producción, evaluar resultados, exigir eficiencia y separar mejor la función empresarial de la función regulatoria de los ministerios.
Autonomía no significa ausencia de control, implica un marco de responsabilidad; significa poder decidir a tiempo, asociarse mejor, invertir mejor, pagar mejor y rendir cuentas por los resultados ante el pueblo y ante el Estado.
Se necesita fortalecer a la empresa estatal, no sustituirla por mecanismos administrativos que la inmovilicen. Para ello debe completarse la separación entre funciones estatales y empresariales, evaluar el desempeño con herramientas económico-financieras y otorgar autonomía real para gestionar recursos materiales, financieros y humanos, con control posterior, transparencia y rendición de cuentas.
No hay soberanía con el plato vacío. El alimento del pueblo cubano será tratado como lo que es: un asunto de seguridad nacional.
Y se tendrán que acabar las tierras ociosas en Cuba. Cada pedazo de tierra que hoy está cubierto de marabú, cuando debería estar produciendo alimentos, tendrá que tener una respuesta clara: o se pone a producir o se entrega a quien esté dispuesto a hacerlo.
Vamos a ampliar la entrega de tierras en usufructo a quienes estén dispuestos y en condiciones de producir: productores, cooperativas, mipymes y formas asociativas, sin renunciar jamás a la soberanía nacional ni retroceder hacia el país dependiente que dejamos atrás con la Revolución.
Vamos a reconocerles al que trabaja la tierra el derecho a invertir en lo que necesita para hacerla producir, y al que se comprometa con resultados de verdad, que pueda importar directamente la semilla, el fertilizante, la pieza, el equipo. Pero debe quedar claro un principio: esa tierra seguirá siendo del pueblo; y si no produce, si no sirve al país, si no cumple su función social, tendrá que pasar a manos de quien sí pueda ponerla a producir.
Al campesino cubano no se le puede seguir pidiendo más comida con menos herramientas y con precios por debajo de sus costos, tiene que tener mecanismos que funcionen de acceso directo a las divisas, como puede ser vender a exportadores, como es el caso del Turismo, o al mercado cambiario.
Tenemos que hacer que la tierra sea una oportunidad y no una carga, que quien siembre vea el fruto de su esfuerzo, que quien produzca pueda vivir mejor, y que quien invierta en el campo encuentre seguridad, respaldo y futuro.
Cuba necesita de sus campesinos, de su trabajo y de su confianza. Cuando el campo cubano sea un camino de prosperidad para quienes lo trabajan, el país será más fuerte, más justo y más soberano.
En cuanto al comercio exterior, las exportaciones, la logística, las cadenas de valor, debemos autorizar importación y exportación directa para empresas estatales y no estatales, productivas, exportadoras o que sustituyan importaciones, manteniendo requisitos técnicos y fiscales, pero eliminando la intermediación obligatoria.
En cuanto a la renegociación de la deuda, debemos conducir un proceso de canje de deuda por activos, enfocado fundamentalmente en la permuta de activos nacionales por deudas, sin enajenar en perpetuidad la propiedad de los mismos. Con este mecanismo se puede lograr financiamiento y otros beneficios sin perder el derecho de propiedad sobre los activos.
Hay que usar también otros mecanismos que se pueden explorar como deudas contra naturaleza o deudas contra desarrollo social, emisión de bonos por el Objetivo de Desarrollo Sostenible y otros.
Vamos a revisar integralmente la lista de actividades prohibidas al sector privado con un principio claro: sustituir, siempre que sea posible, la prohibición por una regulación responsable. El país necesita abrir caminos legales, con reglas claras y controles adecuados a estas actividades.
También vamos a flexibilizar el alcance del objeto social de las mipymes y demás actores económicos, y aliviar de manera significativa la carga burocrática que hoy enfrentan muchos emprendedores; y, además, debemos agilizar la creación de asociaciones económicas entre las formas de gestión estatal y las no estatales.
La inversión extranjera también se encuentra prisionera en un enrejado de trabas que obstaculizan su necesario incremento. No solo debemos decirle al inversor foráneo dónde debe invertir, sino que también él tenga la iniciativa de invertir en la rama económica de su interés, así como escoger directamente a sus trabajadores sin intermediarios estatales siempre.
Debemos autorizar la inversión extranjera directa en el sector privado nacional, incluyendo mipymes, con reglas claras de propiedad, repatriación, reinversión y solución de controversias.
Debemos facilitar modelos de inversión con diferentes modalidades y con todos los actores por parte de cubanos que viven en Cuba. Y al cubano residente en el exterior que quiera invertir, donar, importar tecnología, abrir un mercado, levantar un proyecto en su tierra, vamos a ofrecerle un marco claro, estable y respetuoso, sin que lo miren con sospecha por querer ayudar a los suyos o contribuir al desarrollo de la tierra que los vio nacer. Al que quiera construir con Cuba, sin pretender imponerle nada, le decimos con el corazón en la mano: aquí tienes tu casa y aquí tienes la puerta abierta, porque a esta patria, en esta hora, no le sobra ningún buen cubano (Aplausos).
El apagón no es solamente un problema de megawatts o de déficit de generación. El apagón es el niño que no pudo estudiar para la prueba, la comida que se echó a perder en un refrigerador, el anciano que pasa la noche en vela sin descanso y con calor. Es el hospital que trabaja al límite, el consultorio que no puede conservar un medicamento, el trabajador que pierde su jornada laboral, y el establecimiento que tiene que cerrar. Por eso la energía no es un tema técnico, es un tema humano, económico y nacional.
Vamos a acelerar la incorporación de la energía solar a la economía nacional como hemos venido haciendo. Para lograrlo, facilitaremos la entrada directa de empresas extranjeras que suministren paneles, baterías, inversores y soluciones asociadas, reduciendo intermediarios que encarecen los costos para la población y para el país.
Ya se eliminaron aranceles a la importación de tecnologías solares, sistemas de almacenamiento y equipos destinados al ahorro energético. Ahora avanzaremos también en la eliminación de impuestos sobre su venta y sobre los servicios vinculados a su instalación y mantenimiento.
Además, crearemos mecanismos de crédito y financiamiento para que estas soluciones no sean accesibles solo a unos pocos, sino que puedan llegar progresivamente a los hogares, las mipymes, los consultorios médicos, los centros educacionales, los hogares de ancianos y otros servicios esenciales para la población. Y en esto, nuestras empresas y nuestros técnicos cubanos, estatales y privados van a estar en el centro, instalando, manteniendo, reparando, integrando y creando empleo. Las empresas cubanas pueden especializarse en instalación, integración, operación y soporte de estas tecnologías.
Impulsaremos el transporte eléctrico vinculado a fuentes renovables. Todo vehículo eléctrico destinado al transporte público, privado o de carga ligera que demuestre que opera total o mayoritariamente con energía solar, podrá acogerse a estímulos especiales, exención de aranceles, eliminación de impuestos sobre su venta y facilidades para importar cargadores, baterías, piezas y soluciones asociadas.
Promoveremos, además, la instalación de solineras en todo el país con inversión extranjera, privada, cooperativa y estatal priorizando rutas urbanas, polos turísticos, zonas productivas y servicios esenciales. Junto a ello estableceremos una vía expedita para otorgar licencias de transportista, taxi eléctrico o servicios de movilidad asociados, bajo reglas claras, control técnico, seguridad vial y precios transparentes.
La primera prioridad, antes de cualquier otra, son las personas que no pueden esperar a que la economía mejore, porque hay dolores que no entienden de plazos. La justicia social verdadera no se sostiene sobre precios artificiales que después terminan convirtiéndose en escasez, colas, bajos salarios y mercado ilegal.
La justicia social se construye sobre bases reales, ingresos con poder de compra, protección directa para quienes más lo necesitan y una economía nacional capaz de producir más. No hay atajos, estas no son ideas nuevas, son decisiones que el país discutió y aprobó hace años. El error no estuvo en plantearlas, sino en haberlas postergado, y esa etapa de aplazamiento tiene que terminar.
La canasta básica será garantizada a jubilados, a familias con niños enfermos crónicos, a vulnerables. Se desarrollarán programas focalizados para la transformación social en los barrios más pobres. Hay que darle al sector empresarial estatal y privado mayor protagonismo e incentivos para involucrarse en la solución de problemas locales priorizados, tales como los comedores sociales, saneamiento, centros de niños sin amparo familiar, entre otros. Tendrán nuevas tareas concretas, con estas decisiones: llevarle el pago al jubilado hasta cerca de su casa para que no tenga que hacer una cola de horas bajo el sol; apadrinar los comedores sociales, los hogares de ancianos, las casas de abuelos y los centros de niños; crear cupos solidarios y precios de costo para quien de verdad lo necesita; digitalizarlo todo para que se sepa quién aporta, quién recibe y qué resultado da.
Durante años, funcionamos bajo una lógica de salarios contenidos, precios regulados y un Estado que subsidiaba una parte enorme de la vida económica del país. Esa fórmula tuvo su razón, su contexto, sus resultados y su momento; pero ella no responde a la compleja realidad que vivimos. Los precios que enfrenta una familia se han separado demasiado de lo que ingresa un trabajador o un jubilado, y no podemos seguir actuando como si esa brecha no existiera.
También vamos a abrir nuevas vías para el acceso seguro a medicamentos.
En cuanto a la política fiscal, tributaria, monetaria y de saneamiento financiero, plantear que el objetivo principal para reducir el déficit fiscal está en el aumento de la producción, que es la base de los tributos, y el decrecimiento de los gastos innecesarios del Presupuesto. Por eso también vamos a corregir una política que no dio los resultados esperados.
Los topes de precios, en la práctica, no lograron contener la inflación. Muchas veces provocaron desaparición de productos, desvíos hacia la ilegalidad, mayores precios, menos recaudación de impuestos y una carrera imposible entre precios reales y decisiones administrativas que siempre llegaban tarde o que se mantuvieron inamovibles en desconocimiento de la realidad económica cambiante, limitando a todos aquellos que desean desarrollar su actividad económica en el marco de la legalidad y de forma transparente. Por eso, no vamos a seguir topando precios de manera general, como explicó el Primer Ministro. Hay que corregir distorsiones del sistema tributario que hoy encarecen los encadenamientos productivos y terminan trasladándose al precio final.
Avanzaremos hacia un impuesto al valor agregado (IVA) acreditable y soportado progresivamente por facturación electrónica, para evitar la imposición fiscal en cascada. Pero estas decisiones solo pueden aplicarse junto con una protección social más directa, más efectiva, con el tránsito de subsidiar productos a subsidiar personas, y con el esfuerzo por recuperar el poder adquisitivo de salarios y pensiones. No se trata de dejar a nadie solo frente al mercado, se trata de proteger mejor, producir más, regular con inteligencia y ordenar con realismo.
Necesitamos un sistema financiero que acompañe a la economía, sea funcional para los diferentes actores económicos, que reduzca colas, facilite pagos, transparente las operaciones y convierta el ahorro, el crédito y la inversión en herramientas concretas de desarrollo.
Modernizar de manera profunda el sistema bancario y financiero del país. Para eso Cuba necesita bancos más ágiles, más digitales, más cercanos a la gente y más útiles para quienes producen, exportan, importan, invierten o emprenden.
Vamos a abrir espacios, bajo regulación estricta, a instituciones financieras, privadas y extranjeras; nuevos mecanismos de crédito, financiamiento productivo, desarrollo de mercados financieros y servicios de pago, donde puedan participar actores estatales, cooperativos y privados. El objetivo es que cobrar una pensión, recibir una remesa del exterior, pagar un servicio, pedir un crédito, financiar una cosecha, comprar un equipo o mover dinero para producir no sea una carrera de obstáculos.
Permitir cuentas en el exterior, pagos en divisas entre empresas y operaciones internacionales auditables para actores que importan, exportan o prestan servicios globales.
No se trata de debilitar el papel del Estado, sino de ampliar y modernizar las capacidades del país para financiar la producción, apoyar a quienes generan bienes y servicios, ordenar los flujos de dinero y brindar un mejor servicio a nuestro pueblo.
Convertiremos la transformación digital, el software y la inteligencia artificial en herramientas transversales para desarrollar la agricultura, el sector energético, la salud, la educación, el comercio exterior, la banca, el comercio digital, la logística, el turismo y la fiscalización.
Las propuestas específicas de software, inteligencia artificial, economía del conocimiento y economía digital deben presentarse como infraestructura transversal para elevar la productividad nacional. No se trata solo de exportar software, sino de digitalizar pagos, impuestos, comercio exterior, agricultura, salud, energía, logística, gobierno y estadísticas.
En cuanto al turismo y los negocios inmobiliarios hay que aplicar nuevas modalidades de negocio, con participación de todos los actores económicos. Desarrollar un mercado inmobiliario productivo regulado que comprenda: arrendamiento de locales estatales ociosos, renta de edificios, locales, naves, almacenes, oficinas, instalaciones turísticas, talleres y espacios industriales, concesiones, derecho de uso sobre inmuebles y licitaciones transparentes a actores estatales, privados, cooperativos o mixtos.
Hemos hablado de la importación de combustible y de todo lo que se ha abierto al sector privado, pero ahora se trata de lograrlo con márgenes de utilidad razonables, transparentes y no abusivos.
En cuanto a la importación de vehículos, eliminar todas las trabas en la importación, dar la prioridad a la importación de vehículos eléctricos y, por supuesto, desarrollar las solineras.
Sé que preocupa y con razón la dolarización parcial de la economía, la inflación y la ausencia de muchos productos en moneda nacional. No vamos a ignorar ese problema. Los modelos de negocio que estamos autorizando en divisas tienen que tributar de manera directa y verificable a un incremento de los ingresos en divisas que permita el sostenimiento de ofertas en moneda nacional.
Hay que tener más exigencia sobre el uso de las plataformas digitales de pago. Hay que ampliar aprobaciones de comercio mayorista y minorista, eliminando intermediarios y, definitivamente, hay que aplicar la facturación electrónica.
Hay que eliminar trabas salariales que impiden retener talento y fuerza de trabajo altamente calificada en sectores productivos, exportadores, tecnológicos, energéticos y agroindustriales, y permitir la remuneración variable en CUP y divisas vinculada a resultados verificables en exportaciones, en ahorro de importaciones, en incremento de la productividad, la innovación, la disponibilidad energética o en ventas externas.
En cuanto al gobierno digital, los datos públicos y el control inteligente, hay que implementar la factura electrónica obligatoria y progresiva para medianos y grandes contribuyentes; avanzar luego en las mipymes y los trabajadores por cuenta propia, con herramientas sencillas y adaptadas a conectividad real.
Modernizar el Sistema Estadístico Nacional y la ONEI mediante captura digital de datos desde empresas e entidades, publicación por aplicaciones de servicios públicos de inteligencia artificial y protección de datos sensibles.
Hay que usar la inteligencia artificial para simplificar trámites, procesar documentos escaneados, detectar errores, validar expedientes, autenticar documentos y reducir cargas administrativas.
Hay que mejorar la calidad de los servicios a la población, diseñando nuevos abordajes a cada tema.
Y hay que enfrentar con seriedad un problema que afecta cada día la vida de millones de cubanos: la recogida de desechos sólidos. Pondremos en marcha proyectos a nivel local para mejorar la recogida, tratamiento y disposición de los residuos sólidos, en los cuales, responsablemente, quienes más carga imponen al sistema también deben contribuir más a sostenerlo.
Pero esta solución no será solo estatal, incorporará inversión extranjera al sector no estatal, al sistema empresarial, a las comunidades y a iniciativas creativas que ayuden a devolver limpieza, orden y salud a nuestras ciudades y comunidades.
Compañeras y compañeros:
Cuba no necesita más dilaciones, necesita soluciones. No se trata de crear más oficinas ni de multiplicar reuniones, sino de lograr resultados concretos.
Gobernar es resolver, destrabar, acompañar y hacer que las decisiones se conviertan en mejoras reales; porque crear en Cuba, invertir en Cuba, trabajar en Cuba y quedarse en Cuba también depende de que el país sea capaz de abrir caminos, ordenar con inteligencia y apoyar a quienes quieran aportar.
Junto a las oportunidades económicas vamos a impulsar también espacios concretos para que los jóvenes puedan actuar desde sus comunidades.
La Red Juvenil Comunitaria debe ser una vía para que un joven encuentre dónde formarse, dónde emplearse, dónde servir a su comunidad y dónde convertir una idea en un proyecto real. Esta red debe articular iniciativas útiles en los barrios: recuperación de espacios públicos, apoyo a personas vulnerables, actividades culturales y deportivas, formación en oficios y tecnologías, comunicación comunitaria, proyectos productivos, empleo local y acompañamiento a jóvenes en situación de riesgo.
No se trata de crear una estructura más ni de convocar a los jóvenes solo para recibir orientaciones; se trata de darles capacidades, herramientas, conocimientos, responsabilidades y espacios reales para transformar el lugar donde viven; porque quedarse en Cuba también tiene que significar tener un sitio donde ser útil, crecer, aprender, liderar y construir futuro desde la cuadra, la escuela, el centro de trabajo y el municipio.
Conocemos nuestro país, sabemos dónde está la traba, dónde se esconde la corrupción, dónde sobra la lentitud y dónde falta la vergüenza y la dignidad.
Cada medida que anunciamos tendrá responsables, plazos e indicadores. Vamos a informar lo que avance, lo que se incumpla y lo que haya que corregir.
Habrá cosas que, para protegerlas de quienes quieren sabotearlas, tendremos que tratarlas con discreción. Ya nos enseñó Martí que hay cosas que para lograrse han de andar ocultas; pero la discreción nunca será un permiso para ocultarle algo al pueblo.
Como pueblo no nos vamos a convocar solamente a resistir; nos vamos a convocar a crear, a producir, a decidir, a fiscalizar, a prosperar y a transformar, porque esto que empezamos hoy no lo hace un Gobierno, esto lo hacemos todos o no lo hacemos: con el campesino que vuelva a sembrar, con la mipyme que se atreve, con el técnico que instala el primer panel, con la maestra, con el médico, con el joven que decide quedarse y apostar por su tierra, con el cubano residente en el exterior que tiende la mano, contigo, conmigo, con todos.
No vamos a negar los problemas, no vamos a defender la burocracia, no vamos a cerrarle la puerta al talento, no vamos a abandonar a los vulnerables y no vamos a permitir jamás que el sufrimiento de este pueblo causado por el perverso bloqueo imperialista se use contra la soberanía de la patria (Aplausos).
¡Nada será imposible si asumimos el desafío como oportunidad y la historia como inspiración!
Céspedes, Agramonte, Maceo, Gómez, Martí, Mella, Villena, Guiteras, Che, Camilo, Almeida, Fidel y Raúl, todos nuestros héroes, enfrentaron momentos tan o más difíciles, para su época, que estos que enfrenta hoy la nueva generación revolucionaria, y todos emergieron de esos desafíos con honor y gloria, aun aquellos caídos en combate sin llegar a ver la victoria, porque nos legaron lecciones de coraje que perduran hasta nuestros días, como se verificó el 3 de enero de este año cuando 32 combatientes cubanos cayeron enfrentando a tropas élites muy superiores en número y en medios.
Ninguna revolución la ha tenido fácil, y la nuestra ha tenido la osadía de sobrevivir a seis décadas de bloqueo, leyes genocidas, guerra híbrida y una escalera de medidas coercitivas unilaterales que ninguna otra nación soportó ni soportaría por tanto tiempo.
En el Centenario del natalicio del Comandante en Jefe Fidel Castro y en el 95 cumpleaños del General de Ejército Raúl Castro Ruz, el mejor homenaje que podemos rendir a la admirable obra de nuestros dos jefes históricos es defenderla y preservar su esencia de justicia social, en medio del vendaval de guerras de rapiña, amenazas de invasión y procesos de neocolonización que, como el gigante de las siete leguas, van por el cielo engullendo mundos en estos tiempos.
Estamos convocados todos y juntos venceremos.
¡Viva Cuba Libre! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)
¡Viva el heroico pueblo cubano! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)
¡Viva la soberanía de la nación cubana! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)
¡Socialismo o Muerte!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos! (Exclamaciones de: “¡Venceremos!”)
(Ovación.)
La realidad nos impone cambios urgentes y necesarios
Desde el Palacio de la Revolución, este miércoles en la tarde el Pleno Extraordinario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba aprobó el nuevo conjunto de transformaciones para la vida económica y social del país –23 ejes fundamentales y 176 propuestas–, diseñadas no solamente para superar las actuales circunstancias sino también para seguir creciendo.
«Este Pleno Extraordinario sesiona en días decisivos para Cuba. Herederos orgullosos del legado del Comandante en Jefe, los revolucionarios cubanos de hoy enfrentamos desafíos de una enorme magnitud que exigen unidad, firmeza ideológica, coraje, audacia y resistencia creativa».
Con esa idea el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, dio inicio a su intervención conclusiva del Pleno Extraordinario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, que este miércoles en la tarde sesionó en el Palacio de la Revolución, y cuya esencia versó sobre transformaciones de la vida económica y social del país –23 ejes fundamentales y 176 propuestas–, diseñadas no solamente para superar las actuales circunstancias sino también para seguir creciendo.
En el inicio de sus palabras, el dignatario afirmó además: «Contamos con la guía de nuestro líder histórico, integrante destacado de la vanguardia de la Generación del Centenario y celoso guardián de la continuidad de la Revolución Socialista que él contribuyó decisivamente a levantar, desde sus cimientos hasta nuestros días: me refiero al General de Ejército Raúl Castro Ruz, Héroe de la República de Cuba, quien nos ha enseñado todos los días el sagrado valor de la unidad».
«El contexto –enunció el Jefe de Estado– es extraordinariamente complejo y desafiante por la incesante agresividad del recrudecido bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el gobierno de Estados Unidos, por el criminal propósito de las acciones hostiles de la actual administración».
Para dar continuidad a su afirmación anterior, el mandatario mencionó, «en primer lugar, la incorporación de Cuba a la infame y espuria lista de países que supuestamente patrocinan el terrorismo; y otras acusaciones, igualmente falsas, que buscan desacreditar la autoridad y la gestión del Gobierno, a la vez que privan al país de cualquier fuente de ingreso en divisas».
Díaz-Canel sumó, en su línea de argumentos, «un bloqueo más recrudecido aún con las Órdenes Ejecutivas del 29 de enero y el 1ro. de mayo, que respaldan el genocida cerco energético e internacionalizan, con sanciones secundarias, el bloqueo, la persecución financiera, energética y de inversiones, a extremos de máxima presión».
«Paralelamente –dijo–, se intensifica la subversión político-ideológica mediante la intoxicación mediática en las redes sociales, para dañar la credibilidad de la Revolución, entre cubanos y extranjeros, estimulando la desorientación social en un escenario nacional e internacional impactado por transformaciones profundas en la estructura socioeconómica y la geopolítica mundial, como consecuencia de los ilimitados poderes de una política imperial hegemónica».
El dignatario subrayó que tal política «pretende hacer trizas el multilateralismo, alimenta las corrientes neofascistas y agudiza las tensiones globales, amenazando constantemente la paz y la seguridad internacionales e intentando quebrar la indispensable unidad de las fuerzas de izquierda».
Y en lo alusivo a la Mayor de las Antillas, destacó: «El genocidio silencioso que se ha emprendido contra Cuba, provoca daños inconmensurables y terribles limitaciones en la vida cotidiana de nosotros como pueblo, mientras sus ejecutores mienten descaradamente al mundo, negando el cerco energético y afirmando que prohibimos la entrada de donaciones millonarias que anuncian mucho y de las que apenas han entregado algo de lo prometido».
«Cuba resiste heroica y creativamente, pero sufre hace demasiado tiempo un castigo bárbaro, inmerecido, insoportable, al que ahora se añade la amenaza de agresión militar como nueva arma contra la resistencia colectiva».
«Cuba enfrenta un bloqueo cruel y una persecución financiera real, diaria, que encarece cada gota de combustible, cada medicamento, cada alimento, cada pieza y cada tecnología que el país necesita».
A propósito de tal contexto, el Presidente cubano hizo énfasis: «La realidad nos impone cambios urgentes y necesarios. Y cuando la vida del pueblo se vuelve tan dura, el primer deber del Partido Comunista y del Gobierno revolucionario no es explicar mejor la crisis, sino cambiar lo que haya que cambiar para salir de ella».
En tal sentido explicó que «se requiere una agenda económica profunda y ágil, ejecutable en corto plazo, que combine estabilización macroeconómica, incentivos para estimular y promover una apertura productiva, seguridad jurídica, atracción de inversión, uso intensivo de tecnología y una protección social focalizada y efectiva».
«Recordemos –dijo– que en la Clausura del XI Pleno planteamos que la posposición del Congreso no limitaba la posibilidad de efectuar los cambios, modificaciones y movimientos que sean necesarios, teniendo en cuenta las facultades de las estructuras del Partido y el Gobierno, como por ejemplo los Plenos del Comité Central cuando se trate de acuerdos adoptados por los congresos del Partido».
El Presidente cubano afirmó que «se ha trabajado intensamente», a partir del aportador informe y debate del Congreso de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba (ANEC); de la consulta popular sobre el Programa Económico Social para 2026; de los criterios de economistas y expertos; de los debates y aportes formulados por la Comisión Económica del CCPCC; de los Lineamientos de la Política Económica y Social aprobados y actualizados en los 6to., 7mo. y 8vo. Congresos del Partido Comunista de Cuba; de los planteamientos del xi pleno del Comité Central y «la labor desplegada por las comisiones que han estado preparando los documentos para el pospuesto ix Congreso del pcc, por las razones conocidas, en cuanto a la actualización de la Conceptualización del modelo económico y social, los lineamientos y el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social (PNDES) hasta 2030».
Según detalló el mandatario, «se ha realizado además un estudio de las experiencias de la construcción socialista en otros países como China y Vietnam, y también se ha acudido a la inteligencia artificial para profundizar en la búsqueda de referencias y evaluar las propuestas en relación con nuestras leyes y normativas vigentes».
«Se trata de enfrentar –argumentó– el enorme reto de continuar avanzando en el proceso de construcción socialista, de defensa de la Revolución y sus conquistas y de perfeccionamiento de nuestra sociedad, en las condiciones de un país sometido al más cruel, genocida y prolongado bloqueo económico, financiero, energético y comercial, ejercido por la potencia más poderosa del mundo; y para eso, para superar eso, el legado que tenemos es el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz».
Seguidamente el mandatario afirmó: «Ese desafío, sin duda, lo vamos a superar con unidad, con valentía, participación popular y plena convicción en nuestra capacidad para alcanzar la victoria».
SENTIDO DE LAS TRANSFORMACIONES
Díaz-Canel Bermúdez expresó: «Las transformaciones que estamos presentando son para avanzar en la defensa del socialismo, para apoyar y ampliar la justicia social, para crear riqueza económica y distribuirla con equidad».
En su entender, «necesitamos desatar las fuerzas productivas, que haya más producción en vez de más restricción, porque está probado que el control sin oferta solo desplaza operaciones al mercado informal».
«Es necesaria la igualdad e integración de los actores económicos en función del pndes-2030 y de las estrategias de desarrollo territorial y local: empresa estatal, mipymes, cooperativas, productores agropecuarios, los inversionistas extranjeros y cubanos, los residentes o no residentes: todos deben actuar y aportar, bajo reglas claras, al desarrollo socioeconómico del país».
Entre las misiones necesarias de estos momentos, Díaz-Canel Bermúdez refirió: «Debemos exportar y producir para captar e ingresar divisas y hacer un uso productivo de ellas. Cada divisa que entre debe tener caminos para financiar producción, importaciones, inversión, salarios e infraestructura».
En este punto de su intervención el Jefe de Estado reflexionó que, para no alejarse de la justicia social con la cual fue concebida la Revolución, el Estado necesita crear las riquezas necesarias; y se impone producir con equidad, no con igualitarismos. «Ese es el desafío», recalcó.
Más adelante afirmó el dignatario: «Debe garantizarse la seguridad jurídica: contratos, usufructos, arrendamientos, concesiones, derechos de superficie y licencias, con estabilidad temporal y protección contra cambios arbitrarios».
«Debemos impulsar la digitalización con trazabilidad: facturación electrónica, pagos digitales, registros públicos y datos interoperables como base para reducir evasión, corrupción y discrecionalidad».
«Se debe priorizar la protección social: sustituir subsidios generalizados ineficientes por apoyos directos a personas vulnerables. Siempre atentos a que cada acción no incremente desigualdades sociales; al contrario, se vayan atenuando hasta desaparecer».
Y en la misma línea de razonamiento, Díaz-Canel habló de «actuar con una apertura selectiva e inteligente: atraer tecnología, financiamiento, mercados y conocimiento externo, protegiendo sectores estratégicos mediante regulación, no mediante inmovilismo».
«Se hace necesario –destacó– la gradualidad y la experimentación: reformar por fases y por pilotos verificables, conservando la conducción estatal y corrigiendo el rumbo con evidencia para lidiar y minimizar los posibles costos económicos y sociales».
«Imprescindibles son también la unidad política para garantizar consistencia y credibilidad de las medidas, la comunicación clara y precisa de las decisiones que se aplicarán, para ganar apoyo a las transformaciones, así como la adopción de mecanismos compensatorios para mitigar impactos económicos y sociales».
El Jefe de Estado hizo hincapié en que «hay que trabajar con agilidad, con coherencia y calidad; y, sobre todo, con control». Igualmente, pidió que «lo aprobado se implemente bien».
DE CINCO FRENTES SIMULTÁNEOS Y OTROS CONCEPTOS
El Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba expresó que, en el escenario por él explicado, «resulta necesario avanzar en al menos cinco frentes simultáneos».
Así, hizo referencia a los frentes de la estabilización macroeconómica y recuperación de los ingresos externos; el de la transformación del modelo económico y social; el del estímulo y recuperación del sector productivo agrícola; el del fortalecimiento de la contabilidad y la gestión de los costos; y el de la previsión y mitigación de los costos sociales asociados a las transformaciones necesarias del modelo económico y social.
El Jefe de Estado recordó que «el Comandante en Jefe nos enseñó que en tiempos de crisis no podíamos renunciar ni al desarrollo ni al pensamiento, que no hay obstáculo insalvable y que siempre hay una oportunidad para crecer». Y en ese camino –dijo– «el General de Ejército nos demostró que sí se puede, sí se pudo y siempre se podrá».
«El pueblo conoce las causas de muchas de las dificultades que vivimos, pero también necesita respuestas concretas, decisiones oportunas y resultados que se sientan en la vida cotidiana».
«Hay trabas que no vienen de afuera, ni del bloqueo. Hay lentitud, burocracia, normas que frenan al que quiere producir y decisiones que hemos postergado. Lo que depende de nosotros, tenemos que cambiarlo nosotros, y tenemos que cambiarlo ahora».
Hoy la resistencia, por sí sola, no basta. Así afirmó el mandatario, e hizo énfasis: «Este tiempo nos exige transformar: producir más, destrabar más, escuchar más, decidir mejor y rendir cuentas».
«Lo que nos proponemos poner en marcha es una agenda económica y social de emergencia, con medidas que forman parte de nuestro Programa de Gobierno y de políticas aprobadas por el Partido, junto a decisiones que no pueden seguir esperando».
«Algunas –aclaró– no tendrán consenso absoluto, pero son impostergables. Y todas tendrán un responsable con nombre y apellidos, un plazo definido, un indicador para medir su cumplimiento y una rendición de cuentas pública ante el país».
El Presidente comentó que, «lo que funcione, se ampliará. Lo que no funcione, se corregirá sin demora. Quien tenga una responsabilidad, tendrá que rendir cuentas por ella; y cuando alguien no pueda cumplir lo que este momento exige, deberá abrir paso, con responsabilidad, a quien pueda hacerlo mejor».
«Vamos a enfrentar este proceso –aseveró– como el desafío de las generaciones que hoy compartimos la defensa de la Patria, la Revolución y el Socialismo».
EXPLICACIONES NECESARIAS
En otra parte de su intervención, al explicar sentidos de las transformaciones que se están proponiendo, el Jefe de Estado detalló que «la planificación central no tendría la función de administrar la economía, sino de crear un ambiente institucional y normativo adecuado para que las empresas y los trabajadores estén estimulados en producir bienes y prestar servicios de calidad y con eficiencia, así como introducir en su gestión innovaciones con estos fines».
Y en lo alusivo a la reestructuración del aparato del Estado, el Gobierno y las instituciones, afirmó el dignatario: «Vamos a integrar estructuras donde sea necesario, revisar funciones duplicadas, reducir pasos innecesarios y optimizar permanentemente la manera en que se dirige y se sirve al país».
Sobre la autonomía municipal y las facultades que deben tener los municipios, el dignatario apuntó que «una de las tareas más importantes y urgentes está en potenciar el desarrollo del país desde la base, desde los municipios»; y que resulta «inaplazable desatar la gestión en los municipios», y que estos acaben de tener y de aplicar «todas las facultades posibles para que se desarrollen».
Y en lo alusivo a la autonomía de la Empresa Estatal, el Jefe de Estado compartió, entre otros conceptos, la certeza de que «ningún cambio económico será suficiente si la Empresa Estatal Socialista, que seguirá siendo el pilar fundamental de la economía, no cuenta con verdadera capacidad para gestionar, innovar y responder por sus resultados».
El Presidente afirmó que hay que reformar la gestión de la Empresa Estatal sobre la base de autonomía real, evaluación económico-financiera, separación de funciones estatales y empresariales, y aplicación del principio «cumple o explica» para evitar que la norma se convierta en freno cuando exista una solución más beneficiosa y demostrable.
Díaz-Canel Bermúdez aclaró que «autonomía no significa ausencia de control, implica un marco de responsabilidad; significa poder decidir a tiempo, asociarse mejor, invertir mejor, pagar mejor y rendir cuentas por los resultados ante el pueblo y ante el Estado». Y recalcó:
«Se necesita fortalecer a la Empresa Estatal, no sustituirla por mecanismos administrativos que la inmovilicen. Para ello, debe completarse la separación entre funciones estatales y empresariales, evaluar el desempeño con herramientas económico-financieras y otorgar autonomía real para gestionar recursos materiales, financieros y humanos, con control posterior, transparencia y rendición de cuentas».
ESTÍMULO Y RECUPERACIÓN DE LA PRODUCCIÓN AGRÍCOLA
Más de una idea compartió el mandatario en lo alusivo al frente del estímulo y la recuperación de la producción agrícola:
«No hay soberanía con el plato vacío».
«El alimento del pueblo cubano será tratado como lo que es: un asunto de seguridad nacional. Y se tendrán que acabar las tierras ociosas en Cuba».
«Cada pedazo de tierra que hoy está cubierto de marabú, cuando debería estar produciendo alimentos, tendrá que tener una respuesta clara: o se pone a producir, o se entrega a quien esté dispuesto a hacerlo».
«Vamos a ampliar la entrega de tierras en usufructo a quienes estén dispuestos y en condiciones de producir: productores, cooperativas, mipymes y formas asociativas, sin renunciar jamás a la soberanía nacional ni retroceder hacia el país dependiente que dejamos atrás con la Revolución».
«Vamos a reconocerle al que trabaja la tierra el derecho a invertir en lo que necesita para hacerla producir. Pero debe quedar claro un principio: esa tierra seguirá siendo del pueblo; y si no produce, si no sirve al país, si no cumple su función social, tendrá que pasar a manos de quien sí pueda ponerla a producir».
«Y al que se comprometa con resultados de verdad, que pueda importar directamente: la semilla, el fertilizante, la pieza, el equipo. Al campesino cubano no se le puede seguir pidiendo más comida con menos herramientas y con precios por debajo de sus costos. Y tiene que tener mecanismos de acceso directo a las divisas que funcionen, como puede ser vender a exportadores, como es el caso del turismo; o al mercado cambiario».
«Tenemos que hacer que la tierra sea una oportunidad y no una carga; que quien siembre vea el fruto de su esfuerzo, que quien produzca pueda vivir mejor, y que quien invierta en el campo encuentre seguridad, respaldo y futuro. Cuba necesita de sus campesinos, de su trabajo y de su confianza. Cuando el campo cubano sea un camino de prosperidad para quienes lo trabajan, el país será más fuerte, más justo y más soberano».
LA ISLA DE CARA AL MUNDO
En cuanto a comercio exterior, exportaciones, logística, cadenas de valor y logística, Díaz-Canel dijo a los presentes: «Debemos autorizar la importación y exportación directa para empresas estatales y no estatales productivas, exportadoras o que sustituyan importaciones, manteniendo requisitos técnicos y fiscales pero eliminando intermediación obligatoria».
Y en lo referente a la renegociación de la deuda, expresó: «Debemos conducir un proceso de canje de deuda por activos. Enfocado fundamentalmente en la permuta de activos nacionales por deudas sin enajenar en perpetuidad la propiedad de los mismos».
IDEAS SOBRE LAS FORMAS DE GESTIÓN NO ESTATAL Y LA INVERSIÓN EXTRANJERA
El Presidente cubano, en lo alusivo a las Formas de Gestión No Estatal, enunció:
«Vamos a revisar integralmente la lista de actividades prohibidas al sector privado, con un principio claro: sustituir, siempre que sea posible, la prohibición por una regulación responsable».
«El país necesita abrir caminos legales, con reglas claras y controles adecuados, a estas actividades».
«También vamos a flexibilizar el alcance del objeto social de las mipymes y demás actores económicos y aliviar de manera significativa la carga burocrática que hoy enfrentan muchos emprendedores».
Igualmente, el mandatario habló de agilizar la creación de asociaciones económicas entre Formas de Gestión Estatal y las No Estatales.
En lo concerniente a la Inversión Extranjera Directa, el Jefe de Estado comentó que la inversión extranjera también se encuentra prisionera de un enrejado de trabas que obstaculizan su necesario incremento. Y recalcó: «No solo debemos decirle al inversor foráneo dónde debe invertir, sino que también él tenga la iniciativa de invertir en la rama económica de su interés, así como escoger directamente a sus trabajadores, sin intermediarios estatales siempre».
También el mandatario enunció: «Debemos autorizar inversión extranjera directa en el sector privado nacional, incluyendo mipymes, con reglas claras de propiedad, repatriación, reinversión y solución de controversias».
Díaz-Canel habló sobre «facilitar modelos de inversión con diferentes modalidades y con todos los actores». Y en lo referente al cubano residente en el exterior dijo que, el que «quiera invertir, donar, importar tecnología, abrir un mercado o levantar un proyecto en su tierra, vamos a ofrecerle un marco claro, estable y respetuoso, sin que lo miren con sospecha por querer ayudar a los suyos o contribuir al desarrollo de la tierra que lo vio nacer».
«Al que quiera construir con Cuba, sin pretender imponerle nada, le decimos con el corazón en la mano: aquí tienes tu casa, y aquí tienes la puerta abierta. Porque a esta Patria, en esta hora, no le sobra ningún buen cubano».
SISTEMA ELÉCTRICO NACIONAL Y ENERGÍA
«El apagón no es solamente un problema de megawatts o de déficit de generación. El apagón es el niño que no pudo estudiar para la prueba; la comida que se echó a perder en un refrigerador; el anciano que pasa la noche en vela, sin descanso y con calor. Es el hospital que trabaja al límite, el consultorio que no puede conservar un medicamento, el trabajador que pierde su jornada laboral y el establecimiento que tiene que cerrar. Por eso la energía no es un tema técnico: es un tema humano, económico y nacional».
El análisis fue compartido por el mandatario, quien también afirmó: «Vamos a acelerar la incorporación de la energía solar a la economía nacional, como lo hemos venido haciendo. Para lograrlo, facilitaremos la entrada directa de empresas extranjeras que suministren paneles, baterías, inversores y soluciones asociadas, reduciendo intermediarios que encarecen los costos para la población y para el país».
Díaz-Canel expresó que «ya se eliminaron aranceles a la importación de tecnologías solares, sistemas de almacenamiento y equipos destinados al ahorro energético; ahora avanzaremos también en la eliminación de impuestos sobre su venta y sobre los servicios vinculados a su instalación y mantenimiento».
Entre otras ideas, el dignatario dijo: «Impulsaremos el transporte eléctrico vinculado a fuentes renovables. Todo vehículo eléctrico destinado al transporte público, privado o de carga ligera que demuestre que opera total o mayoritariamente con energía solar podrá acogerse a estímulos especiales: exención de aranceles, eliminación de impuestos sobre su venta y facilidades para importar cargadores, baterías, piezas y soluciones asociadas».
«Promoveremos además la instalación de solineras en todo el país, con inversión extranjera, privada, cooperativa y estatal, priorizando rutas urbanas, polos turísticos, zonas productivas y servicios esenciales».
«Junto a ello, estableceremos una vía expedita para otorgar licencias de transportista, taxi eléctrico o servicios de movilidad asociados, bajo reglas claras, control técnico, seguridad vial y precios transparentes».
SOCIEDAD ADENTRO
Al tema de las desigualdades sociales dedicó el mandatario un espacio especial. En tal sentido, compartió con los presentes en el Pleno Extraordinario los siguientes conceptos: «La primera prioridad, antes que cualquier otra, son las personas que no pueden esperar a que la economía mejore. Porque hay dolores que no entienden de plazos».
«La justicia social verdadera no se sostiene sobre precios artificiales que después terminan convirtiéndose en escasez, colas, bajos salarios y mercado ilegal».
«La justicia social se construye sobre bases reales: ingresos con poder de compra, protección directa para quienes más lo necesitan, y una economía nacional capaz de producir más. No hay atajos. Estas no son ideas nuevas; son decisiones que el país discutió y aprobó hace años. El error no estuvo en plantearlas, sino en haberlas postergado. Y esa etapa de aplazamientos tiene que terminar».
Más adelante el Jefe de Estado reflexionó sobre dar al sector empresarial estatal, y al privado, mayor protagonismo e incentivos para involucrarse en la solución de problemas locales priorizados, tales como los comedores sociales, el saneamiento, y los centros para niños sin amparo filial. Al respecto, afirmó que los actores económicos «tendrán nuevas tareas concretas», como «llevarle el pago al jubilado hasta cerca de su casa, para que no tenga que hacer una cola de horas bajo el sol; apadrinar los comedores sociales, los hogares de ancianos, las casas de abuelos y los centros de niños; crear cupos solidarios y precios de costo para quien de verdad lo necesita; digitalizarlo todo, para que se sepa quién aporta, quién recibe y qué resultado da».
Sobre la política fiscal, tributaria, monetaria, y saneamiento financiero disertó también el dignatario, quien aseveró que «el objetivo principal para reducir el déficit fiscal está en el aumento de la producción, que es la base de los tributos, y el decrecimiento de los gastos innecesarios del Presupuesto».
«Por eso también –dijo– vamos a corregir una política que no dio los resultados esperados. Los topes de precios, en la práctica, no lograron contener la inflación: muchas veces provocaron desaparición de productos, desvíos hacia la ilegalidad, mayores precios, menos recaudación de impuestos y una carrera imposible entre precios reales y decisiones administrativas que siempre llegaban tarde, o que se mantuvieron inamovibles en desconocimiento de la realidad económica cambiante, limitando a todos aquellos que desean desarrollar su actividad económica en el marco de la legalidad y de forma transparente. Por eso no vamos a seguir topando precios de manera general».
«Hay que corregir distorsiones del sistema tributario que hoy encarecen los encadenamientos productivos y terminan trasladándose al precio final».
Díaz-Canel reflexionó sobre el Sistema Bancario y Financiero; sobre la importación de combustibles; sobre la importación de vehículos eléctricos –para la cual se eliminan todas las trabas–; sobre comercio interior, capital humano, salarios e incentivos; así como sobre transformación digital, software e inteligencia artificial, y economía del conocimiento.
Igualmente dedicó espacio en sus reflexiones a temas relevantes para Cuba como el turismo y los negocios inmobiliarios; el Gobierno digital, datos públicos y control inteligente. Y hacia el final de su intervención, destacó:
«Cuba no necesita más dilaciones; necesita soluciones. No se trata de crear más oficinas ni de multiplicar reuniones, sino de lograr resultados concretos».
«Gobernar es resolver, destrabar, acompañar y hacer que las decisiones se conviertan en mejoras reales. Porque crear en Cuba, invertir en Cuba, trabajar en Cuba y quedarse en Cuba también depende de que el país sea capaz de abrir caminos, ordenar con inteligencia y apoyar a quienes quieren aportar».
«Junto a las oportunidades económicas, vamos a impulsar también espacios concretos para que los jóvenes puedan actuar desde sus comunidades. La Red Juvenil Comunitaria debe ser una vía para que un joven encuentre dónde formarse, dónde emplearse, dónde servir a su comunidad y dónde convertir una idea en un proyecto real».
«Esta red debe articular iniciativas útiles en los barrios: recuperación de espacios públicos, apoyo a personas vulnerables, actividades culturales y deportivas, formación en oficios y tecnologías, comunicación comunitaria, proyectos productivos, empleo local y acompañamiento a jóvenes en situación de riesgo».
«No se trata de crear una estructura más ni de convocar a los jóvenes solo para recibir orientaciones. Se trata de darles capacidades, herramientas, conocimientos, responsabilidades y espacios reales para transformar el lugar donde viven. Porque quedarse en Cuba también tiene que significar tener un sitio donde ser útil, crecer, aprender, liderar y construir futuro desde la cuadra, la escuela, el centro de trabajo y el municipio».
Y seguidamente enfatizó: «Conocemos nuestro país. Sabemos dónde está la traba, dónde se esconde la corrupción, dónde sobra la lentitud y dónde faltan la vergüenza y la dignidad».
«Cada medida que anunciamos tendrá responsables, plazos e indicadores. Vamos a informar lo que avance, lo que se incumpla y lo que haya que corregir».
«Habrá cosas que, para protegerlas de quienes quieren sabotearlas, tengamos que tratarlas con discreción; ya nos enseñó Martí que hay cosas que, para lograrse, han de andar ocultas. Pero la discreción nunca será un permiso para ocultarle algo al pueblo».
«Como pueblo no nos vamos a convocar solamente a resistir. Nos vamos a convocar a crear. A producir. A decidir. A fiscalizar. A prosperar, y a transformar».
«Porque esto que empezamos hoy no lo hace un gobierno. Esto lo hacemos todos o no lo hacemos: con el campesino que vuelve a sembrar, con la mipyme que se atreve, con el técnico que instala el primer panel, con la maestra, con el médico, con el joven que decide quedarse y apostar por su tierra, con el cubano residente en el exterior que tiende la mano. Contigo. Conmigo. Con todos».
«No vamos a negar los problemas. No vamos a defender la burocracia. No vamos a cerrarle la puerta al talento. No vamos a abandonar a los vulnerables. Y no vamos a permitir, jamás, que el sufrimiento de este pueblo causado por el perverso bloqueo imperialista, se use contra la soberanía de la Patria».
«Nada será imposible si asumimos el desafío como oportunidad y la historia como inspiración».
«Céspedes, Agramonte, Maceo, Gómez, Martí, Mella, Villena, Guiteras, Che, Camilo, Almeida, Fidel y Raúl, todos nuestros héroes enfrentaron momentos tan o más difíciles para su época, que estos que enfrenta hoy la nueva generación revolucionaria».
«Y todos emergieron de esos desafíos con honor y gloria, aún aquellos caídos en combate sin llegar a ver la victoria, porque nos legaron lecciones de coraje que perdurarán, como se verificó el 3 de enero de este año, cuando 32 combatientes cubanos cayeron enfrentando a tropas élites, muy superiores en número y en medios».
Al cierre de sus palabras, el Presidente cubano enfatizó: «Ninguna Revolución la ha tenido fácil. Y la nuestra ha tenido la osadía de sobrevivir a seis décadas de bloqueo, leyes genocidas, guerra híbrida y una escalera de medidas coercitivas unilaterales que ninguna otra nación soportó ni soportaría por tanto tiempo».
«En el Centenario del natalicio del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, del 95 cumpleaños del General de Ejército Raúl Castro Ruz, el mejor homenaje que podemos rendir a la admirable obra de nuestros dos jefes históricos es defenderla y preservar su esencia de justicia social, en medio del vendaval de guerras de rapiña, amenazas de invasión y procesos de neocolonización que, como el gigante de las siete leguas, van por el cielo engullendo mundos en estos tiempos».
«Estamos convocados todos. Y juntos Venceremos».
(Presidencia y Gobierno de Cuba, Cubadebate y Canal Caribe de la Televisión Cubana)