miércoles, 18 de marzo de 2026

Irán está liberando a las mujeres musulmanas


Eduardo Vasco      Marzo 8/2026

No tardará mucho y los pueblos de todo Oriente Medio gritarán vivas a la República Islámica de Irán.

La opresión de la mujer forma parte del eje central de los ataques propagandísticos de la CIA contra Irán desde la Revolución Islámica de 1979. Todos los medios de comunicación, think tanks, ONG, partidos y personalidades que componen la extensa nómina de la CIA acusan a Irán de oprimir a las mujeres. Esta campaña de demagogia alcanzó niveles alarmantes cuando el gobierno estadounidense decidió impulsar un golpe mediante una revolución de color fallida y ahora bombardea incesantemente a la nación persa.

Los acontecimientos cotidianos, sin embargo, invariablemente echan por tierra esta demagogia y desenmascaran su hipocresía de manera cruel.

Este movimiento feminista artificial incluso recibe autorización de sus financiadores para denunciar el machismo de Trump o la violencia de Netanyahu cuando esas denuncias no tienen el poder de afectar la política general del imperialismo y no representan ningún enfrentamiento contundente con esos gobiernos. O cuando los demócratas y liberales quieren minar el poder de la extrema derecha únicamente para cosechar beneficios electorales. En cualquier caso, este fenómeno no pasa de ser una masa de maniobra imperialista.

Las consignas dominantes sobre la opresión de la mujer siguen al pie de la letra el guion de los grandes banqueros y capitalistas, sobre todo los europeos y estadounidenses. Lo mismo ocurre con la demagogia en torno a la opresión de los negros, de los homosexuales, de los indígenas, de los inmigrantes y de las diversas “minorías”.

Basta ver que todo ese aparato monstruoso de propaganda, que tanto teatro hizo contra el machismo de Trump, presta todo su apoyo a las agresiones imperialistas encabezadas por el presidente de Estados Unidos. ¿O acaso alguien vio a CNN, BBC, DW y Rede Globo denunciando el secuestro de la primera dama y diputada venezolana, Cilia Flores, junto con Nicolás Maduro? ¿Será posible encontrar una opresión mayor contra las mujeres que la masacre de al menos 150 niñas en la escuela de Minab, en el sur de Irán, ejecutada por un bombardeo estadounidense proveniente de una base en los Emiratos Árabes? Y, de las más de 1.300 víctimas fatales de ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, ¿cuántos centenares eran mujeres?

La agresión imperialista contra Irán está siendo apoyada íntegramente por la industria de la demagogia feminista made in USA. Parte de ella incluso criticó el genocidio de Israel en Gaza, pero solo para no perder el poco de credibilidad que todavía logra mantener, gracias a la ceguera de la mayoría de la pequeña burguesía. Sin embargo, desde el momento en que el responsable del exterminio de cerca de 15.000 palestinas, el régimen terrorista de Israel, inició la agresión junto con Estados Unidos contra Irán, ¡los colegas de Jeffrey Epstein se transformaron en libertadores de las mujeres iraníes!

Por supuesto, todos esos inmaculados combatientes de las fake news no dirán que Irán es uno de los países más progresistas de Oriente Medio, donde las mujeres han alcanzado derechos que no poseen en la mayoría de los países vecinos, donde tienen amplio acceso a la educación superior, al mercado laboral, al ocio y libertad para vestirse como en ningún otro país del Golfo. Derechos conquistados por la Revolución de 1979.

Lo que los imperialistas jamás aceptaron es precisamente el hecho de que Irán haya realizado una revolución que lo liberó de la esclavitud impuesta a la aplastante mayoría de los pueblos del mundo por los mismos que se presentan como libertadores de las mujeres. Y, frente a las constantes agresiones de esos señores de esclavos, aquella revolución solo se fortaleció, hasta el punto de que, en este momento, está devolviendo con creces todas las provocaciones, amenazas y ataques que sufrió a lo largo de décadas.

La acción del Cuerpo de los Guardianes de la Revolución Islámica no tiene precedentes en la historia moderna. Al destruir o dañar gravemente las bases militares, embajadas y demás instalaciones de Estados Unidos y de la OTAN, además de bombardear la mayor de ellas (la tierra robada de Palestina llamada “Israel”), Irán está asestando un golpe monumental contra la presencia imperialista en Oriente Medio.

“No tenemos otra opción que poner fin a la presencia estadounidense en el Golfo”, afirmó el viceministro de Relaciones Exteriores persa, Sayed Khatibzadeh. Estas palabras expresan la convicción iraní de que su guerra no es solo una guerra de independencia definitiva contra potencias agresoras —si fuera solo eso, ya valdría la pena librarla—. Es una guerra aún más sagrada: la guerra para liberar a toda la región del dominio colonial de Estados Unidos y de las demás potencias imperialistas, que no están allí sino para saquear su petróleo y sus riquezas naturales y controlar una de las arterias del sistema capitalista mundial.

Desde finales del siglo XIX, para garantizar el saqueo de aquellos pueblos, las potencias imperialistas impusieron dictaduras títeres que controlaran a las poblaciones con armas, entrenamiento, tecnología y todo el apoyo político, diplomático y económico de Estados Unidos y de las naciones imperialistas europeas. Incluso crearon artificialmente buena parte de esos países.

Los regímenes de los Emiratos Árabes, Baréin, Kuwait, Catar, Arabia Saudita, Omán, Yemen, Jordania, Líbano, Siria, la Autoridad Palestina y, por supuesto, Israel se sostienen en el poder solo gracias a la fuerte presencia militar de Estados Unidos y de la OTAN. De no ser por ello, jamás existirían. Los gobiernos de la mayoría de esos países son monarquías o dictaduras militares donde no existen derechos políticos ni libertades democráticas y donde, obviamente, las mujeres viven en la más profunda oscuridad. A estas alturas, por supuesto, la demagogia “progresista” no dirá ni una palabra, pero es difícil creer que la mujer iraní esté más oprimida que la saudí.

Al atacar las instalaciones imperialistas en esos países, Irán está minando las bases de la dominación colonial sobre sus pueblos. No solo debilita la presencia militar de Estados Unidos, sino también, como consecuencia, a los propios regímenes títeres creados para explotar con mayor comodidad sus riquezas. Estos regímenes artificiales y opresores se debilitan de manera marcada a medida que Irán expulsa al imperialismo. El debilitamiento de estos regímenes significa el debilitamiento de la explotación sobre sus pueblos. La expulsión del imperialismo por parte de Irán abre el camino para la caída de todo este sistema de opresión, especialmente de los propios regímenes.

No tardará mucho y los pueblos de todo Oriente Medio gritarán vivas a la República Islámica de Irán. Y las mujeres serán más libres que nunca, siguiendo el ejemplo de la mujer iraní.

Fuente

strategic-culture.su 

Bad Bunny frente al supremacismo blanco en EEUU


EE.UU., MUNDO, ANTIMÚSICA :: 07/03/2026

RAMÓN GROSFOGUEL

Amparado en su libertad artística, desplegó un mensaje que escapó al control de los productores, combinando contenido político profundo con una estética sutil y no panfletaria

La lucha actual en EEUU se configura como una disputa entre, por un lado, las fuerzas de la supremacía blanca que buscan reestablecer formas renovadas de apartheid --con nuevos dispositivos, pero con niveles similares de represión e institucionalidad-- para preservar la hegemonía de una supremacía blanca imperial y, por otro, las fuerzas sociales que se movilizan con el objetivo de transformar estructuralmente el sistema y avanzar hacia una descolonización del imperio desde su interior.

Pero ¿qué implica, en rigor, la descolonización del imperio? Supone cuestionar y desarticular el carácter imperialista de EEUU, lo que conlleva una transformación radical tanto de su política exterior como de su política interna, de modo que deje de operar como un Estado agresor frente al Sur global. Esto exige una reconfiguración estructural sostenida hasta que la supremacía blanca sea derrotada en los planos institucional, político y cultural.

Este este proceso, el multiculturalismo liberal --hoy debilitado y fuera del centro del poder, en parte porque el imperio ya no dispone de los recursos necesarios para sostenerlo-- desempeñó históricamente un papel de cooptación a las élites de comunidades inferiorizadas racialmente, cuyos costos políticos y económicos resultaron muy elevados. La experiencia del gobierno de Obama es ilustrativa en este sentido: la pertenencia de un Presidente imperial a una comunidad inferiorizada racialmente no implica, por sí misma, una transformación radical del sistema. El multiculturalismo liberal, en efecto, tiende a otorgar un "rostro diverso" al Estado mientras se mantienen intactas las políticas imperiales vinculadas a la supremacía blanca en EEUU. Si bien este mecanismo no ha desaparecido, ha entrado en crisis, dando pasos a formas más crudas de autoritarismo y represión. Están con la Gestapo en la calle secuestrando gente.

Es este contexto debe situarse la intervención de Bad Bunny: lo que está en juego dentro del imperio es la lucha por su descolonización o la derrota de dichas luchas frente a un proyecto de supremacía blanca de corte abiertamente pro-apartheid, asociado a liderazgos como el de Trump.

En consecuencia, la lucha antiimperialista en el siglo XXI debe contemplar necesariamente las luchas que se desarrollan dentro del propio imperio. Resulta indispensable una articulación entre las resistencias internas y externas, lo que supone un esfuerzo consciente de coordinación política. Al interior del imperio existen formas de contestación significativas, como las que se han manifestado en Mineápolis (Minnesota), donde han emergido expresiones de insurrección popular frente al Estado. En términos generales, pueden observarse brotes de radicalización social en EEUU con un gran potencial antiimperialista.

Hugo Chávez comprendió con claridad la relevancia estratégica del planteamiento. Su respuesta política fue concreta: impulsó el subsidio de calefacción, financiado con petróleo venezolano, destinado a comunidades latinas y afrodescendientes inferiorizadas racialmente y empobrecidas en EEUU, en un contexto de precios energéticos exorbitantes. Esta medida reflejaba una comprensión de la necesidad de articular las luchas "desde afuera" y "desde adentro" del imperio, es decir, de asumir la dialéctica entre ambos frentes de lucha en el siglo XXI.

Hoy se requiere una estrategia de mayor escala. Es necesario abandonar la visión del imperio como una entidad monolítica que invisibiliza las luchas que se desarrollan en su interior. Con frecuencia, incluso cuando estas luchas son reconocidas, se las interpreta de manera inadecuada al proyectar sobre ellas las experiencias históricas de América Latina, pese a que las condiciones sociopolíticas dentro del imperio presentan dinámicas distintas.

Esto lo podemos afirmar porque estamos situados con un pie dentro y otro fuera del imperio, como ocurre en la experiencia puertorriqueña-- es posible comprender tanto la dominación imperial en el Sur global como la dominación racial-imperial en el interior del propio imperio y en Europa. La participación directa en luchas antiimperialistas y de liberación, dentro y fuera de estos espacios, nos permitió advertir que las luchas descolonizadores internas no son idénticas a las del Sur global: operan con registros, codificaciones y matrices teóricas e históricas distintas.

Por ello, se vuelve fundamental construir solidaridades recíprocas: las luchas dentro del imperio deben ser solidarias con las luchas del Sur global y, al mismo tiempo, las luchas dentro del Sur global deben acompañar los procesos de resistencia que emergen en el interior del imperio. Esta relación debe ser bidireccional. De lo contrario, las luchas internas corren el riesgo de volverse cómplices, por omisión, de las estructuras de dominación imperiales que no son confrontadas. Sin embargo, esta articulación todavía carece de un nivel de organización suficiente. No es que no existan luchas en el Norte o en el Sur, sino que falta la coordinación estratégica que exige el momento histórico actual. Mientras las élites imperiales coordinan activamente con las élites criollas neocoloniales del Sur, los pueblos permanecen desarticulados y, en ocasiones, enfrentados entre sí.

En los últimos días, muchos hermanos y hermanas del Sur global han criticado a Bad Bunny desde posiciones de "purismo" moral que dificulta la construcción de alianzas estratégicas. En este marco debe interpretarse su intervención en el Super Bowl, cargada de simbolismo político y cultural que no siempre resulta fácilmente decodificable fuera de su contexto, aunque ha sido analizado en otros trabajos.

Asimismo, parte de la izquierda latinoamericana --y de otras regiones -- andan desorientados analíticamente al desconocer las especificidades de las luchas al interior del imperio, así como las particularidades de la cultura latina y, especialmente, puertorriqueña. Como resultado, se pierden múltiples claves simbólicas y políticas presentes en el espectáculo, que sólo pueden comprenderse adecuadamente a partir de ese contexto sociocultural e histórico específico.

Una semana antes del Súper Bowl, Bad Bunny obtuvo dos premios Grammy y, en su discurso, afirmó: "Antes de agradecer a Dios quiero decir: fuera ICE. No somos salvajes, no somos animales, somos humanos y somos americanos". Sin embargo, el término "americano" en su boca no se restringe a EEUU, sino que abarca todo el continente, descolonizando así la visión supremacista blanca e imperial que identifica lo "americano" exclusivamente con lo blanco estadounidense.

Esta resignificación cuestiona la lógica monroísta de "América para los americanos", donde, en la práctica, los "americanos" han sido históricamente concebidos como las élites blancas estadounidenses. Esto pone en cuestión Bad Bunny y desafía el racismo de la supremacía blanca estadounidense.

En este sentido, asume una responsabilidad ético-política como puertorriqueño, expresando solidaridad con las poblaciones migrantes de América Latina y del mundo. La condición colonial de Puerto Rico implica que sus habitantes poseen ciudadanía estadounidense, impuesta durante la I Guerra Mundial, entre otros motivos, para reclutar varones puertorriqueños en el esfuerzo bélico. Esta ciudadanía forzada impide su expulsión del país y los sitúa en una posición jurídica distinta a la de muchos migrantes, incluso aquellos con residencia legal, que son objeto de detenciones y deportaciones por parte de ICE.

En términos simbólicos y políticos, esto coloca a los puertorriqueños en una primera línea de visibilización y denuncia dentro del propio territorio imperial: al haber impuesto su soberanía sobre la isla, el imperio no puede desvincularse de sus responsabilidades históricas ni de las consecuencias de esa dominación. En Puerto Rico a esto le decimos: "Si te comiste la carne, ahora chúpate los huesos".

La invitación a Bad Bunny para participar en el evento probablemente partía de la expectativa de una intervención crítica moderada; sin embargo, su presentación excedió ese marco. Amparado en su libertad artística, desplegó un mensaje que escapó al control de los productores, combinando contenido político profundo con una estética sutil y no panfletaria. Su intervención abordó, de manera simbólicamente elaborada, temas como el colonialismo en Puerto Rico, el racismo, la supremacía blanca, el fascismo y muchos otros. De haber recurrido a un discurso explícitamente panfletario, es probable que hubiera sido excluido del evento; en cambio, la sutileza artística le permitió introducir estas problemáticas en un espacio de alta visibilidad mediática.

No obstante, el espectáculo derivó desde el inicio en una confrontación política directa con Trump, quien, según diversos debates públicos previos, había criticado reiteradamente a la NFL y su orientación cultural. Tras la presentación, sus reacciones públicas reforzaron la idea de que la intervención había tocado una fibra sensible del clima político estadounidense, especialmente en relación con el empoderamiento de las comunidades latinas y su llamado a no actuar desde el miedo, sino desde la organización y la resistencia. En este sentido, también puede leerse como un acto de solidaridad directa con los puertorriqueños y con otras comunidades latinoamericanas.

Bad Bunny está poniendo su cuerpo bajo amenaza de muerte. No es el primero ni será el último. Los supremacistas blancos enseguida comenzaron a movilizarse y a emitir amenazas de muerte. Por eso, Bad Bunny utilizó varias capas de ropa para que no se percibiera que debajo llevaba un chaleco antibalas. Nos parece que hubo cierta subestimación al interpretar esto como si se tratara únicamente de ganar dinero, cuando en realidad se está jugando la vida.

Quienes no comprenden EEUU ni las luchas que allí se están desarrollando no advierten hasta qué punto Bad Bunny se está exponiendo. Como artista, podría haber optado por otros caminos, pero no lo hizo. Usó su posición como puertorriqueño --que no puede ser ni expulsado ni tratado del mismo modo que otros migrantes por ICE-- para solidarizarse con las hermanas y hermanos latinoamericanos reprimidos por la Gestapo de ICE.

Para Trump, el show fue una "bofetada en la cara" según sus propias palabras. Sin embargo, desde otros espacios esto no se percibe así y se interpreta como mera instrumentalización del capital. En este sentido, el espectáculo puede leerse también como una bofetada simbólica al fascismo en EEUU.

¿Bad Bunny es un producto del globalismo "woke"? Quien sostiene esto pierde de vista el componente antifascista y antirracista de su intervención. En una lucha antifascista es necesario aliarse con todos los sectores posibles. En un contexto donde la población latina es perseguida, detenida, secuestrada, desaparecida y trasladada a calabozos en distintos países del Sur global, la construcción de alianzas amplias se vuelve un imperativo político, aun reconociendo sus límites. En política, las alianzas deben ponerse en función de la factibilidad. También implica aprovechar las contradicciones existentes entre las élites occidentales.

Por ejemplo, los palestinos en medio de una situación de genocidio buscan alianzas de todo tipo, incluyendo el uso del discurso de los "DDHH". Hay quienes critican este recurso sin advertir que existen coyunturas en las que movilizar ese lenguaje permite impulsar la lucha y visibilizar la violencia sufrida. No se trata necesariamente de una adhesión plena a ese marco, sino de una estrategia para ampliar apoyos y generar presión internacional. Por ello han acudido a la Corte Penal Internacional para denunciar a Benjamín Netanyahu, y la Corte emitió un pedido de captura contra él y su ministro de Defensa por crímenes de lesa humanidad y crímenes de agresión, aunque todavía no por genocidio.

Desde el punto de vista de los DDHH y del derecho internacional, estas instancias pueden ser objeto de crítica; sin embargo, en la construcción de un frente amplio contra el fascismo, parte de la lucha consiste en individualizar y denunciar a los responsables.

En otras palabras, cuando se enfrenta una política de expulsión, persecución y disciplinamiento de poblaciones --como las políticas migratorias de EEUU-- se configura un escenario que muchos interpretan como una forma de terrorismo de Estado orientada a que las poblaciones latinas abandonen el país. En este contexto, el imperialismo estadounidense atraviesa una fase de decadencia y el recurso a formas autoritarias y represivas se vuelve cada vez más central para preservar su hegemonía. La crisis actual es presentada como existencial para el imperio, y el endurecimiento represivo aparece como un mecanismo para evitar su declive.

El fascismo, en esta lectura, opera como una herramienta funcional para intensificar la represión y, mediante organismos como ICE, intimidar a las poblaciones racializadas. Incluso se ha denunciado el hostigamiento y la violencia contra personas blancas que se solidarizan con los migrantes. El mensaje que se percibe, en este clima político, es disuasivo: avanzar sin concesiones y amedrentar a quienes se interpongan. Ese es el contexto que muchos observadores identifican en la actualidad estadounidense.

¿Existen problemas porque Bad Bunny no tiene un discurso radicalmente anticapitalista, claramente antipatriarcal o antisionista? En parte, sí, y por eso el fenómeno debe analizarse con una mirada crítica. Evidentemente, hay sectores del capital que se benefician del consumo masivo generado por el show.

Sin embargo, esto también forma parte de la complejidad de la lucha política. Existen momentos de alianzas con sectores en los que no hay coincidencia total. Pero la política implica, muchas veces, construir frentes ante un enemigo principal. Una vez que ese enemigo es derrotado, esos mismos aliados pueden convertirse en nuevos adversarios. Cuando llegue ese momento, el reacomodamiento político será necesario; pero en la coyuntura actual, la prioridad es articular la mayor cantidad de fuerzas posibles contra el fascismo.

Ahora bien, lo "latino" y lo "negro" funcionan como categorías raciales construidas dentro del orden imperial para clasificar poblaciones. Dentro de la experiencia latina existe una profunda heterogeneidad. Hay latinos que ingresan a EEUU y son asimilados al mundo blanco estadounidense; algunos eurolatinos --como ciertos euroargentinos, eurouruguayos o sectores de las élites blancas cubanas-- han sido blanqueados en términos raciales y sociales, aunque en números reducidos.

El territorio estadounidense no es una tabula rasa, sino un espacio atravesado por categorías raciales preexistentes, clasificaciones jerárquicas y racismo estructural. Existen grupos latinos que son racializados como blancos y que, por ello, acceden a determinados privilegios dentro del imperio, aunque constituyen una minoría. La mayoría, en cambio, ingresan como trabajadores explotados y dominados en el marco del capitalismo racial, siendo construidos como sujetos inferiorizados racialmente.

De este modo, el campo migratorio se divide entre quienes son asimilados al mundo blanco y quienes son incorporados al mundo de los no blancos. Por ejemplo, se ha hablado de la "puertorriqueñización" de los dominicanos en Nueva York: dado que los puertorriqueños llevan más de un siglo en esa ciudad, existen imaginarios raciales de larga duración asociados a ellos. Cuando llegan los dominicanos, no lo hacen a un espacio neutral, sino a uno ya estructurado por categorías raciales, y son frecuentemente clasificados como puertorriqueños a partir del fenotipo, el acento u otros marcadores culturales. Entran así al país siendo encasillados dentro de categorías raciales coloniales ya existentes.

Algo similar ocurre con procesos de "afroamericanización" de migrantes, como en el caso de cubanos o haitianos en Florida, donde en el mundo blanco son percibidos simplemente como "negros", sin distinciones internas, y quedan sujetos al mismo aparato de dominación racial dirigido históricamente contra los afroamericanos. También se observa la "mexicanoamericanización" de centroamericanos en Los Ángeles, donde el racismo dirigido contra los mexicanos se extiende a salvadoreños, guatemaltecos y otros migrantes de la región.

Se trata de estructuras raciales de larga duración que se originan en la clasificación de sujetos colonizados y que luego incorporan a los migrantes dentro de esas jerarquías. No obstante, existe también una minoría de migrantes latinos que es clasificada como blanca. Por ello, la categoría "latino" no puede ser entendida como homogénea, sino como un espacio profundamente heterogéneo, atravesado por distintas experiencias de racialización: puede implicar ser racializado como blanco o como no blanco según el contexto social e histórico.

En consecuencia, no puede afirmarse de manera automática que todo sujeto latino sea un sujeto colonizado dentro del imperio; no necesariamente. Puede tratarse de un latino blanqueado, incorporado al orden dominante y beneficiario de los privilegios de la supremacía blanca. De forma análoga, también existen figuras negras que han sido integradas a las élites del poder estatal e imperial supremacista blanco, como Barack Obama, Colin Powell o Condoleezza Rice. Esto muestra que las categorías raciales no se reducen a la pigmentación, sino que remiten a construcciones sociales de jerarquías y dominación. En este proceso, pueden existir latinos, negros o asiáticos incorporados a las élites imperiales, lo que complejiza cualquier lectura simplista basada únicamente en la identidad.

Bad Bunny no es descolonial, pero sí puede caracterizarse como antifascista y antirracista. Está movilizando a millones de personas, animándolas y elevando su autoestima colectiva, lo cual resulta políticamente significativo. ¿Es anticapitalista? No lo es. Sin embargo, su intervención contribuye a las luchas antifascistas y antirracistas desde el plano cultural. Esto no impide señalar críticas legítimas, como expresiones de sexismo, su inserción en lógicas capitalistas o la ausencia de una perspectiva descolonial en sentido epistemológico. Aun así, no se le puede negar su aporte: está interviniendo culturalmente en favor de causas antifascistas y antirracistas.

No todo puede subsumirse a una lógica sistémica totalizante de la que nada escape. Existen fisuras, ambigüedades y elementos que desbordan la instrumentalización total. En una situación de resistencia, se actúa con las herramientas disponibles y desde los espacios que cada quien ocupa. Adoptar una postura sectaria o purista --según la cual, si una figura no es "anti-todo", no merece apoyo-- conduce a la parálisis política. El "anti-todismo" termina siendo la muerte de la política, porque exigir pureza absoluta imposibilita la construcción de alianzas reales.

Ello desconoce el principio de factibilidad política: se pueden sostener discursos moralmente coherentes, pero ineficaces si no inciden en la transformación concreta. Así, se corre el riesgo de caer en un moralismo sin efectos políticos. Desde una perspectiva descolonial se puede aspirar a una crítica integral, pero no es viable exigir que todos los actores de un frente político compartan idénticas posiciones. De lo contrario, no habría política, sino una secta moral basada en un narcisismo político que invalida cualquier alianza con quien no sea una réplica exacta de la propia postura.

Por ello, es posible criticar a Bad Bunny en aspectos como el sexismo, su inserción en lógicas capitalistas o la ausencia de una visión descolonial en sentido epistemológico. Sin embargo, también es necesario reconocer que se está movilizando desde el lugar que ocupa y con las herramientas que tiene. Se puede apoyar su contribución en lo positivo --la lucha antifascista y antirracista-- sin dejar de formular críticas. Su intervención cultural constituyó, en ese sentido, un aporte relevante.

Frente a ello, el sectarismo y cierto infantilismo político de algunos sectores de izquierda tienden a invalidar luchas que no son una copia exacta de su propia posición, perdiendo de vista la complejidad y la necesidad estratégica de las alianzas en contextos fascistoides de alta violencia y conflictividad política.

No olvidemos que los latinos en EEUU están enfrentando a la GESTAPO: secuestran niños/adolecentes/adulto/abuelos y los desaparecen sin que sus familias sepan donde se encuentran. Muchos terminan en calabozos en El Salvador, Ruanda, Congo o Sudan. La lucha anti-fascista es una prioridad. Agradecemos a Bad Bunny por poner su cuerpo en la primera fila de la lucha contra el fascismo.

www.humanidadenred.org


Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/bad-bunny-frente-al-supremacismo-blanco-en 

RUSIA. Los comunistas rusos reivindican los preceptos leninista-estalinistas a 73 años de la muerte de Stalin


Marzo 2026











Como cada año, la militancia del Partido Comunista de la Federación Rusa ha rendido homenaje a Iósif Stalin en el 73 aniversario de su desaparición física (5 de marzo de 1953). Un nutrido grupo de personas se han dado cita junto a la tumba de Stalin, cerca del Muro del Kremlin, y también han hecho lo propio con Lenin frente a su  mausoleo. 

La columna bajo las Banderas Rojas estaba encabezada por el Presidente del Comité Central del Partido Comunista de la Federación Rusa, Gennady Zyuganov, quien ha expuesto estas palabras ante los periodistas:

Hoy celebramos el Día de la Memoria de Iósif Vissarionovich Stalin. Ha fallecido, pero su gran Estado, que salvó junto con Lenin, sigue vivo y funcionando.

Pero los anglosajones llevan cuatro años librando una guerra contra el mundo ruso. Por lo tanto, hoy todos debemos aprender de la modernización leninista-estalinista. Si no comprendemos las razones del resurgimiento de nuestra gran potencia, la esencia de su poderoso avance hacia el futuro, no podremos consolidar nuestra victoria contra el neonazismo, el banderaismo y el fascismo modernos.

En primer lugar, debemos comprender la esencia de la estrategia de modernización leninista-estalinista. Su objetivo era salvar el milenario Estado ruso y étnico ruso.

Lenin logró crear un ejército de cinco millones de hombres en seis meses, que derrotó a la Entente y expulsó a todos los ocupantes. Propuso cuatro opciones políticas: el comunismo de guerra, el impuesto a los alimentos, la Nueva Política Económica (NEP) y el plan GOELRO. Este plan permitió al país alcanzar notables tasas de desarrollo económico y social en cuestión de años.

El logro de Stalin residió, sobre todo, en su visión del futuro. Declaró que, o cubríamos en diez años lo que Europa había cubierto en cien, o seríamos aplastados. Y logramos crear los mejores sistemas científicos, educativos y sociales del mundo, las mejores fábricas y formar a los soldados, comandantes y dirigentes políticos más valientes.

En mi opinión, la estrategia de Stalin, que aseguró nuestra victoria, es más relevante ahora que nunca. Después de todo, Stalin se consideraba un hombre profundamente ruso.

Cabe recordar que, en este día de 1946, Winston Churchill pronunció su famoso discurso de Fulton. En esencia, declaró una campaña contra nuestro país, contra el campo socialista, desechando todos los acuerdos alcanzados.

Stalin le respondió en Pravda literalmente una semana después. Enfatizó que Churchill estaba fomentando una nueva guerra, lo cual era absolutamente indecoroso.

Pero al mismo tiempo, Stalin hizo todo lo posible por fortalecer la defensa antimisiles nucleares del país. Ya en 1943, cuando los nazis fueron derrotados en el saliente de Kursk, se emitió una orden secreta para crear un grupo dedicado al desarrollo de armas termonucleares.

En cuestión de años, se crearon 10 ciudades nucleares y 15 nuevas industrias, y un escudo antimisiles nuclear emergió ante los ojos del mundo entero. Y continúa protegiendo a la Federación Rusa moderna hasta el día de hoy.

El llamado «Deshielo de Jruschov» fue una traición. Todavía estamos cosechando los frutos de esta política insensata y miope.

El gobierno de Putin y Mishustin se enfrenta hoy a un destino muy difícil. El año pasado, no logramos los resultados deseados. La absurda tasa impositiva del 15-20% paralizó la mitad de la economía. La falta de voluntad para regular los precios de la vivienda, los servicios públicos, los bienes esenciales y los medicamentos ha llevado al robo de la población.

Propusimos un Programa de Victoria que nos habría permitido alcanzar tasas de crecimiento superiores a los promedios mundiales y un presupuesto 10 billones de rublos mayor que el actual. Y se preparó un paquete legislativo para respaldarlo. Pero la reticencia de Rusia Unida a dialogar provocó un grave revés.

Tenemos más recursos de los que necesitamos. Pero la oligarquía, incluso en tiempos de guerra, se apoderó de casi 20 mil millones de dólares solo en enero.

Sugerí que duplicáramos sus impuestos. Guardaron silencio. Sugerí que ajustáramos de inmediato las tarifas de los servicios públicos y bajáramos los precios de los medicamentos y los alimentos. Todos estos documentos están en manos del partido gobernante. Pero se niegan a entablar un diálogo formal.

Lo más indignante es que la «quinta columna» ya ha olido la sangre. Ven que Trump y su equipo rabioso y brutalizado pueden ayudarlos.

Pero nuestros comandantes y soldados en el frente exigen ayuda y apoyo. Ya hemos perdido a 198 comandantes y comisarios. El convoy 150 ya ha sido despachado. Son 250 toneladas de todo lo que pidieron.

Ha llegado la hora de la verdad. Tal día como hoy, falleció el Generalísimo, el comandante, el gran estratega, el hombre a quien todos debemos la vida.

Pero ahora ha surgido un nuevo «emperador». Se llama Trump. Y debemos entender que estamos tratando con terroristas enloquecidos. Y cada uno de nosotros tiene una disyuntiva fundamental: o la socialización, o el poder del gran capital y el fascismo.

Por lo tanto, la única solución es la modernización leninista-estalinista. Y nuestra tarea ahora es unirnos en torno a la Victoria tanto como sea posible, avanzar con confianza y glorificar lo mejor de la gran era soviética tanto como sea posible.

Contamos con un Programa de Victoria. Contamos con un presupuesto de desarrollo. La experiencia de las empresas populares de Grudinin, Sumarokov y Kazankov es evidente.

Quiero repetirlo. Hoy solo hay dos opciones: o apoyas a nuestro equipo, o mañana las grandes empresas te dictarán sus reglas.

El presidente Trump ya ha tirado a la basura todos los acuerdos internacionales firmados durante décadas. Creó un «consejo de paz» lleno de multimillonarios y otros delincuentes. Y su descarado ejército está asesinando a niños, ancianos y jefes de estado junto con sus familias.

Ya se están dando órdenes de bombardear nuestras ciudades y pueblos.

Por lo tanto, quiero recordar el testamento de Stalin. Decía que en este mundo, nadie nos necesita, por muy fuertes, inteligentes o exitosos que seamos, excepto nosotros mismos.

Por lo tanto, debemos ser fuertes, exitosos y victoriosos. ¡Entonces seremos considerados!

 

 

 

 

 

 

 

martes, 17 de marzo de 2026

La guerra relámpago contra la defensa en mosaico

                                                                     
 mpr21 
Redacción    
—https://chandragupta.substack.com/p/the-war-iran-prepared-for-mosaic

El 1 de marzo el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, dijo que la “defensa en mosaico descentralizada” les iba a permitir decidir cuándo y cómo terminará la guerra. La guerra moderna no depende de quién ataca primero sino de que de quién conserva la fuerza organizada después del golpe inicial. La estrategia militar de Irán está diseñada para evitar una coerción rápida y alargar la guerra a cualquier adversario que quiera una escalada.

Lo mismo que los nazis, Estados Unidos lo que quiere es una guerra relámpago. Desde la intervención en Panamá en 1989 hasta la campaña aérea inicial de la Guerra del Golfo de 1991 y las primeras semanas de la invasión irakí de 2003, el modelo operativo ha sido consistente: dominio aéreo rápido, parálisis del mando y control, decapitación del adversario y colapso de la resistencia organizada. El supuesto que sustenta este modelo es que la fuerza concentrada y aplicada contra ejércitos centralizados produce resultados decisivos antes de que se acumulen fricciones políticas.

La doctrina de defensa de Irán está diseñada específicamente para romper ese plan de guerra. Lo que los planificadores iraníes describen como “defensa en mosaico” no es simplemente una táctica. Es una arquitectura de supervivencia construida sobre la única premisa de que a Estados Unidos e Israel se les debe negar una guerra corta porque en una guerra prolongada, el equilibrio de fuerzas cambia. Los riesgos de escalada regional aumentan, la perturbación económica crece y los costos políticos de una intervención sostenida comienzan a superar los beneficios de una coerción rápida.

Esta arquitectura de mosaico comenzó a tomar forma en Irán con el cambio de siglo. Fue una respuesta a la repentina expansión de la fuerza militar estadounidense en sus flancos oriental y occidental tras las guerras de Afganistán (2001) e Irak (2003).

La estrategia la elaboró en 2005 el general Mohammad Ali Jafari y su institucionalización se produjo después de su nombramiento como comandante de la Guardia Revolucionaria, cuando se reorganizó en centros territoriales entre 2008 y 2009.

No puede haber decapitación porque no hay cabeza

La Guardia Revolucionaria el el núcleo de la arquitectura de mosaico. El sistema de mando provincial creado durante la reforma distribuye la administración militar entre las 31 provincias de Irán y la capital, Teherán, es decir, 32 unidades territoriales, una red de centros semiautónomos capaces de operar con comunicaciones degradadas. La organización fragmenta el ejército en nodos operativos localizados, asegurando que la pérdida o interrupción del mando central no paralice la defensa.

Los planificadores militares estadounidenses e israelíes estaban convencidos de que la decapitación de la dirección política y militar iba a generar un vacío de poder que paralizaría su capacidad para hacer la guerra. Sin embargo, dentro del mosaico, no basta con destruir la estructura de mando en Teherán sino también los 31 comandos provinciales restantes y la densa red de unidades subordinadas que se extienden profusamente por la sociedad.

Debajo de las estructuras de mando territorial se encuentra una extensa red de seguridad interna diseñada para sostener la resistencia incluso en las condiciones más difíciles. El Basij, una vasta fuerza paramilitar voluntaria integrada en la Guardia Revolucionaria, opera a través de células locales integradas en provincias, ciudades y barrios, extendiendo la capacidad de movilización directamente al tejido social.

Incluso si las estructuras de mando quedan paralizadas, las unidades locales Basij que trabajan junto con los comandos territoriales de la Guardia Revolucionaria pueden movilizar a la población, mantener la seguridad interna y sostener una resistencia local. El resultado es una arquitectura defensiva destinada a transformar cualquier invasión en una guerra prolongada y fragmentada en la que el control del territorio no se traduce fácilmente en control de la población.

La capa defensiva exterior del mosaico: Artesh

Junto con la Guardia Revolucionaria y los Basij, el ejército convencional (“Artesh”) desempeña un papel complementario dentro del mosaico. Si bien la Guardia Revolucionaria se centra en la guerra asimétrica, las fuerzas de misiles y la defensa territorial, Artesh proporciona la columna vertebral de la fuerza militar convencional, incluidas formaciones blindadas, unidades de defensa antiaérea y fuerzas navales encargadas de proteger las fronteras y la infraestructura crítica de Irán.

Las fuerzas de misiles siguen la misma lógica. Los activos de lanzamiento están reforzados, dispersos geográficamente y, en algunos casos, móviles. El objetivo no es la impenetrabilidad sino la supervivencia. A las pocas horas de los ataques iniciales de Estados Unidos e Israel el 28 de febrero de 2026, Irán pudo montar ataques de represalia con misiles y drones, alcanzando objetivos en Israel y bases militares estadounidenses en Oriente Medio.

Durante los días siguientes, Irán ha mantenido un ritmo de ataques en múltiples teatros, continuando las andanadas contra Israel y al mismo tiempo expandiendo las represalias a los estados del Golfo y las instalaciones vinculadas a Estados Unidos, lo que ilustra la premisa central del mosaico de que no hay una única respuesta fulminante sino continua. Los que sobreviven al primer golpe, siguen combatiendo por sus propios medios.

Una defensa antiaérea en capas

Los sistemas de defensa antiaérea en capas, incluidos el Bavar-373 autóctono y el SS-300 ruso, cumplen una función diferente dentro del mosaico. En lugar de favorecer represalias, están diseñados para complicar la capacidad del atacante para operar libremente en el espacio aéreo iraní. Ubicados en capas dispersas y superpuestas, tienen por objeto el desgaste, la supresión de fuerzas y la protección de la infraestructura crítica y los centros de mando, bases aéreas e instalaciones de misiles.

El objetivo no es lograr la superioridad aérea sobre adversarios tecnológicamente superiores como Estados Unidos o Israel. Se trata de aumentar el costo operativo de las campañas aéreas sostenidas, ralentizar el ritmo de los ataques y negar a los atacantes el acceso indiscutible a regiones clave del territorio iraní. En términos estratégicos, la red de defensa antiaérea de Irán funciona como un sistema de negación defensiva, destinado a proteger los nodos críticos de la arquitectura mosaico el tiempo suficiente para que las unidades descentralizadas continúen operando.

La defensa en mosaico se basa en tres niveles, en los que el Artesh se encarga de las fronteras con fuerzas convencionales, la Guardia Revolucionaria sirve como columna vertebral operativa que coordina la defensa territorial descentralizada y el Basij -integrado dentro de la estructura de mando de la Guardia Revolucionaria- extiende la movilización y la resistencia a la sociedad.

El mosaico externo: el Eje de la Resistencia

El perímetro defensivo de Irán no termina en sus fronteras. Los actores regionales frecuentemente asociados con esta arquitectura incluyen a Hezbollah, las Fuerzas de Movilización Popular (FMP) en Irak y los huthíes en Yemen. Juntos forman un anillo de disuasión distribuido que complica la contención geográfica.

Antes del estallido de la guerra actual, la capa externa ya se había visto sometida a una presión significativa. Israel había llevado a cabo operaciones militares sostenidas contra Hezbollah, incluidos ataques selectivos que eliminaron a varios dirigentes de la organización. Al mismo tiempo, el colapso del gobierno de Bashar Al Assad en Siria fue otro revés estratégico para lo que se llama el “Eje de la Resistencia”, privando a Irán de un socio regional de larga data y un corredor logístico que une Teherán con Líbano.

Estos acontecimientos plantean una pregunta importante sobre la resiliencia del mosaico externo: ¿hasta qué punto estos actores pueden seguir ejerciendo una presión coordinada sobre Israel? La respuesta probablemente dependerá de su capacidad para reorganizar la dirección, la logística y la cohesión política en condiciones de guerra.

La presión sobre Irán no produce una respuesta única y localizada en el campo de batalla. Genera múltiples vectores potenciales que comprenden el norte de Israel, instalaciones militares estadounidenses en Irak y Siria, corredores marítimos en el Mar Rojo y el Golfo Pérsico. En términos de mosaico, estos son mosaicos externos ‘’. Están vinculados a través de la Fuerza Quds del IRGC, que sirve como principal mecanismo de enlace y coordinación que conecta Teherán con sus redes regionales preservando al mismo tiempo la autonomía local. La degradación de uno no colapsa el sistema. En cambio, la escalada se vuelve multidireccional y en capas. El riesgo se multiplica por el espacio.

El riesgo de fragmentación

La defensa en mosaico no está exenta de debilidades. Las características mismas de la dispersión y la redundancia que brindan resiliencia también pueden debilitar la coherencia estratégica. Cuando el mando se transfiere a través de nodos semiautónomos, coordinar la escalada, asignar activos escasos y mantener objetivos disciplinados se vuelve más difícil, particularmente si las comunicaciones se degradan por ataques cibernéticos. Por lo tanto, un sistema diseñado para la resiliencia puede derivar hacia la fragmentación, limitando la capacidad del defensor para convertir la resistencia en un apalancamiento estratégico coordinado.

La dispersión también expone las fuerzas a técnicas modernas de inteligencia y vigilancia que pueden ubicar y atacar gradualmente redes dispersas. El mosaico externo enfrenta presiones similares. La ampliación de la guerra por parte de Irán a toda la región corre el riesgo de endurecer la alineación regional contra Teherán, mientras que reveses anteriores dentro del Eje de Resistencia, ya han debilitado algunas partes de la red.

La defensa en mosaico puede lograr prevenir un rápido colapso y sostener represalias, pero puede plantear dificultades para traducir la capacidad de supervivencia en una victoria militar. “Resistir es vencer” siempre que la voluntad política de los agresores no se pueda mantener en el tiempo.

El modelo Viet Minh: las ventajas de la dispersión

Los dirigentes iraníes han reconocido que su doctrina se basa en la experiencia histórica. El ministro de Asuntos Exteriores, Abbas, Araghchi, y los dirigentes militares han declarado públicamente que han aprendido de las guerras estadounidenses pasadas, en las que fuerzas tecnológicamente superiores lucharon por imponerse a los más rezagados: el Viet Minh contra Estados Unidos en Vietnam y los talibanes contra las fuerzas de la OTAN en Afganistán.

El paralelo con Vietnam no comienza con la ideología sino con la organización. El Viet Minh, y más tarde el Viet Cong, construyeron una red político-militar descentralizada integrada en el terreno y la sociedad. Los comandos regionales operaban con autonomía. La logística fluyó a lo largo de corredores difusos, como el sendero Ho Chi Minh. Los sistemas de túneles permitieron a las fuerzas sobrevivir a los bombardeos sostenidos.

Los estadounidenses reconocieron la dificultad. En un informe de 14 de octubre de 1966 dirigido al presidente Lyndon B. Johnson, el secretario de Defensa, Robert McNamara, decía: “No hemos logrado detener la infiltración […] Tampoco hemos podido destruir la voluntad del enemigo de luchar”.

Los Papeles del Pentágono reconocieron repetidamente la dificultad estructural de derrotar a un adversario descentralizado. Una evaluación interna concluyó: “La lucha en Vietnam es esencialmente política […] La presión militar por sí sola no puede asegurar el éxito”.

El general vietnamita Vo Nguyen Giap articuló claramente la premisa estratégica: “El enemigo debe librar una larga guerra; debemos evitar una batalla decisiva y preservar nuestras fuerzas”.

El tonelaje de bombas estadounidenses caídas sobre Vietnam, Laos y Camboya superó al de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, la estructura político-militar distribuida sobrevivió. La ofensiva del Tet de 1968 demostró una enorme fuerza operativa, a pesar de años de desgaste.

Si el centro de gravedad de la resistencia se distribuye en la sociedad y la geografía, una potencia de fuego abrumadora pierde decisión.

El modelo talibán: el agotamiento estratégico

En Afganistán, los talibanes adoptaron una estrategia comparable. Después del colapso de su gobierno a finales de 2001, se fragmentaron en células insurgentes localizadas y una dirección dispersa a través de fronteras. Se reconstruyeron redes de gobierno en la sombra en las provincias. La organización de los talibanes comprendía comandantes de campo descentralizados, alianzas tribales flexibles, redes de gobierno en la sombra y refugios transfronterizos. A pesar del dominio tecnológico estadounidense, los talibanes preservaron la continuidad evitando batallas decisivas, reconstituyéndose después de las pérdidas y explotando el terreno y el tiempo. Una evaluación de 2009 realizada por el general Stanley McChrystal observaba que “la insurgencia es resistente […] Mantiene la iniciativa y ha ganado fuerza”.

Estados Unidos controlaba los cielos, las ciudades y las carreteras principales. Los talibanes controlaban el tiempo. Al evitar enfrentamientos decisivos y reorganizarse después de las pérdidas, transformaron la derrota convencional en una lucha política prolongada. La retirada de Estados Unidos en agosto de 2021 no se produjo tras el colapso del campo de batalla sino tras el agotamiento estratégico.

La adaptación de las experiencias por Irán

Las diferencias entre Vietnam, Afganistán e Irán son, sin embargo, importantes. El Viet Cong y los talibanes eran movimientos insurgentes que resistían la ocupación. Irán es un Estado soberano que enfrenta campañas de ataques exteriores. Sin embargo, la convergencia estructural es evidente. Las células descentralizadas encuentran paralelo en los comandos provinciales de la Guardia Revolucionaria. La logística distribuida encuentra paralelo en la dispersión de misiles reforzados. La explotación del terreno es paralela en el interior montañoso de Irán. El santuario externo encuentra paralelo en la red regional de apoyos, e Eje de la Resistencia. La estrategia de guerra prolongada se convierte en una disuasión basada en el desgaste.

Si bien Irán puede estar preparado para una guerra de guerrillas contra un posible despliegue de fuerzas terrestres estadounidenses, actualmente se centra en sobrevivir a una guerra de precisión de alta intensidad. En lugar de armas ligeras y túneles, depende de fuerzas de misiles dispersas y defensa antiaérea en capas. En lugar de redes tribales únicamente, integra instituciones paramilitares estructuradas y asociaciones regionales formalizadas. Sin embargo, el principio rector permanece sin cambios: evitar un colapso rápido.

Irán no es ni Vietnam ni Afganistán. Posee fuerzas de misiles de largo alcance capaces de atacar objetivos regionales, sistemas integrados de defensa antiaérea, una base militar-industrial formal y una economía capaz de sostener la movilización, incluso en medio de la presión exterior. Por lo tanto, su disuasión tiene más capas tecnológicas que los modelos insurgentes, como Vietnam o Afganistán. Al mismo tiempo, es más vulnerable a la presión económica y la perturbación cibernética que las insurgencias rurales integradas en sociedades de subsistencia. Un Estado mosaico debe preservar la cohesión en condiciones de presión exterior.

El primer golpe no es lo más importante

Si Vietnam y Afganistán demostraron algo fue que el bando que sobrevive al golpe inicial da forma a la naturaleza política de la guerra. En Vietnam, la supervivencia se convirtió en influencia política. En Afganistán, la resistencia puso el poder en sus manos.

La estrategia de Irán busca garantizar que cualquier guerra pase de decisivo a prolongado, de militar a político, de quirúrgico a desgaste. A Estados Unidos e Israel, cuya cultura estratégica enfatiza campañas rápidas y de alta intensidad, eso les crea un dilema. Cuanto más dura la guerra, más variables empiezan a entrar en juego: mercados mundiales, escalada regional, política interna y cohesión de las alianzas. Ahora esos factores empiezan a manifestarse en la guerra.

La arquitectura de defensa en mosaico de Irán no está diseñada para conquistar. Está diseñado para complicarse y perdurar. ¿Los ejércitos tecnológicamente avanzados pueden lograr resultados decisivos contra un adversario que rechaza la centralización? Vietnam y Afganistán sugirieron que no. Irán apuesta a que la respuesta sigue siendo no.

Que esa apuesta se cumpla depende de variables que ni Teherán, Washington ni Tel Aviv controlan plenamente: dinámica de escalada, alianzas regionales, resistencia económica y voluntad política. Pero Irán ha aprendido la lección clave de las guerras estadounidenses del siglo pasado: el adversario más peligroso no es el que gana la primera batalla. Es el que sobrevive a ella.

—https://chandragupta.substack.com/p/the-war-iran-prepared-for-mosaic