lunes, 24 de agosto de 2026

Palestina: El liderazgo fallido

Hace tiempo que no le dedico espacio a Palestina. Acaba de salir una encuesta bastante curiosa sobre lo que piensan, aunque antes de entrar en ella hay que hablar de quién la hace y quién está detrás. La hace el Centro Palestino de Investigación Política y de Encuestas que ha sufrido varios cambios en los últimos años y que estuvo durante mucho tiempo amparado y financiado por la Fundación Konrad Adenauer, es decir, recibía financiación alemana -con lo que eso implica dado el apoyo incondicional de Alemania al IV Reich sionista, antes conocido como Israel- y yendo un poco más allá esta fundación es un instrumento de la política exterior de la derecha alemana, los cristiano demócratas. Aunque ahora esta vinculación y financiación no aparece en la página del centro palestino, y es de suponer el por qué (el claro apoyo alemán al genocidio), hay que mencionarlo porque, como pasa siempre, es una encuesta que oculta, y muestra, unos intereses claros.


Sin embargo merece la pena hablar de ella. Porque dice lo siguiente, así, de inicio, y como resumen de toda la encuesta: «Los resultados de la investigación del PSR apuntan a un panorama político palestino en transición. Hamás ha perdido un apoyo popular considerable, mientras que Marwan Barghouti emerge como el candidato presidencial con mayor potencial y la insatisfacción con el liderazgo actual sigue siendo excepcionalmente alta. Al mismo tiempo, los palestinos cuestionan cada vez más si la lucha armada ha dado resultados significativos tras la devastación de Gaza, lo que contribuye a un notable aumento del apoyo a las negociaciones. Sin embargo, este cambio sigue siendo frágil: la mayoría de los palestinos aún se opone al desarme de Hamás antes de la retirada israelí total de la Franja de Gaza, considera que la expansión de los asentamientos socava la solución de dos Estados y mantiene un profundo escepticismo tanto hacia el liderazgo palestino como hacia el israelí». 

O sea, ni sí ni no ni todo lo contrario. Por partes. Lo que le interesa resaltar es la pérdida de apoyo a Hamás, aunque se contradice al decir que la mayoría de los palestinos se opone al desarme antes de la retirada sionista de Gaza (70%). Y lo hace por una razón: «La mayoría de los palestinos temen que Israel reanude su genocidio si Hamás entrega sus armas» (72%). Lo relevante de estos porcentajes no es solo por la contundencia de los mismos, sino porque si hay que hacer caso a quien hace la encuesta, esta se ha realizado después de que Hamás aceptase la propuesta del jefe de la «Junta de Paz» de Trump y su desarme que la organización palestina ha condicionado a la retirada sionista de Gaza. Sobre esta «Junta de Paz», el 66% de la población palestina (Cisjordania y Gaza) la rechaza.

En cualquier caso, el apoyo a la lucha armada sigue siendo alto (32%) frente a quienes propugnan las negociaciones (36%), quienes apuestan por la «resistencia pacífica» son el 17% y el resto no contesta. Es lo que quienes hacen la encuesta mencionan como «notable aumento del apoyo a las negociaciones», aunque el porcentaje es, como veis, bastante estrecho.

Sobre la pérdida de apoyo a Hamás dice que ha pasado del 60% al 42% en Cisjordania y Gaza, pero lo sitúa de tal manera que parece que está en su declive absoluto pese a que su gran rival, el colaboracionista Fatah, se sitúa en el 30%, de lo que se congratula quien hace la encuesta porque añade que «es prácticamente sin cambios» este apoyo respecto a la anterior encuesta.

Pero resulta que quien gobierna (es un decir) los cuatro cantones bajo la denominación de Autoridad Palestina es Fatah, por lo que la cosa se complica sobre el apoyo a esta fuerza colaboracionista dado que se considera a la mal llamada AP como «un liderazgo fallido» (esto lo dicen los de la encuesta) porque el nivel de apoyo con que cuenta es del 18% (21% en la anterior encuesta). Aquí hay que hacer una anotación: Marwan Barghouti, del que se habla más arriba como «candidato presidencial con mayor potencial» (54% de apoyo) es miembro del ala izquierda de Fatah, lleva preso más de 20 años y en reiteradas ocasiones ha sido propuesto por Hamás y el resto de organizaciones de la resistencia palestina para el canje de prisioneros, aunque todas las veces ha sido rechazada la propuesta por el IVRS y sus patrocinadores. Entre estos patrocinadores, la infame AP que siempre le ha visto como un peligro para su poder y sus negocios y nunca ha hecho el menor movimiento para que sea puesto en libertad.

Esto en cuanto al apoyo al infame Abbas y sus colaboracionistas, si se escarba un poco más en la encuesta se ve que el 79% de la población palestina quiere que dimita y que se celebren elecciones (que no hay desde 2005 porque en las siguientes, en 2006, ganó Hamás y eso era inaceptable tanto para los colaboracionistas como para Occidente). La cosa no acaba aquí, sino que el 83% está convencido que hay corrupción en la AP y que el 65% considera a este engendro colaboracionista como «una carga para la unidad nacional».

Por eso no es extraño que el apoyo a los famosos dos estados siga siendo minoritario entre los palestinos (36%), mientras que el 58% lo rechaza expresamente y a que el 64% considera que no hay ninguna posibilidad de un estado independiente en cinco años (como propugna la «Junta de Paz»).

Un aspecto nada despreciable de la encuesta es lo que opinan los palestinos de sus «hermanos árabes».

No se aprecia muy bien, pero es muy significativo que las simpatías no recaen precisamente en los partidarios de la «normalización» con el IVRS ni con aquellos que se han prestado al circo de la «Junta de Paz». Las simpatías de los palestinos están en los hutíes (61%), en Qatar, que es quien arropaba hasta ahora a Hamás (51%), Hizbulá e Irán (50%). No es extraño, por lo tanto, que el 45% apoye la postura de Irán en su resistencia a la agresión de EEUU, a quien apoya el 12% de los palestinos en su agresión a Irán.

En cuanto a las simpatías con otros países no árabes o musulmanes, es el Estado español quien se lleva la palma (50%), seguido de China (40%), mientras que EEUU se queda con el 5%.

Para dejaros con un buen sabor de boca, y demostrar que en EEUU todavía queda gente con cabeza, Carsie Blanton y su «Hola, camarada».

El Lince

Fuente: El Lince

 

El mundo llega al número más alto de conflictos armados de la última década


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La Escuela de Cultura de Paz de la UAB publica su informe anual —uno de los principales anuarios elaborados en el Estado español sobre conflictividad, derechos humanos y construcción de paz—, en el que identifica 40 guerras activas en el mundo, la cifra más alta de la última década, y alerta de un aumento de los conflictos internacionales y de sus consecuencias humanitarias.

El mundo vive un nuevo repunte de la violencia armada global. En el año 2025 se registraron 40 conflictos armados activos (37 en 2024), la cifra más elevada desde 2011 y una de las más altas desde que la Escuela de Cultura de Paz (ECP) de la Universitat Autònoma de Barcelona elabora sus informes anuales sobre conflictividad internacional. Esta es una de las principales conclusiones del informe Alerta 2026! Informe sobre conflictos, derechos humanos y construcción de paz, que se publica hoy, 3 de junio, y que analiza la evolución de los conflictos armados, las tensiones sociopolíticas y el impacto de las guerras sobre la población civil y los derechos humanos. El informe se nutre principalmente del análisis cualitativo de estudios e informaciones facilitados por las Naciones Unidas, organismos internacionales, centros de investigación, medios de comunicación y ONG, entre otros, así como de la experiencia adquirida en investigaciones sobre el terreno.

Según el estudio, durante 2025 hubo 40 conflictos armados y 113 escenarios de tensión sociopolítica en todo el mundo. África continúa concentrando el mayor número de guerras (17), seguida de Asia y el Pacífico (12) y Oriente Medio (7), mientras que Europa y América registran dos conflictos armados cada una.

Aumento de las guerras internacionales

El informe alerta especialmente del incremento de los conflictos internacionales. En 2025 se registraron nueve guerras entre diferentes Estados o claramente internacionalizadas, la cifra más alta desde que la ECP utiliza la metodología actual de clasificación. Entre los nuevos conflictos armados identificados están el enfrentamiento entre India y Pakistán, la grave escalada entre Tailandia y Camboya y la guerra entre Israel, Estados Unidos e Irán, conocida en 2025 como «la guerra de los 12 días» y que se reabrió en 2026. El equipo investigador del ECP advierte que esta evolución refleja un deterioro de la seguridad global y es un reflejo de un sistema internacional en el que muchos actores de poder no priorizan la prevención, el abordaje de causas de fondo de las disputas y el apoyo al diálogo.

Sudán, Gaza, Haití y Ucrania: empeoramiento de la situación humanitaria

El informe concluye que casi la mitad de los conflictos armados del planeta empeoraron durante 2025. Entre los casos más graves destacan la región del Sahel Occidental, Sudán, Haití, Somalia, Gaza, Myanmar o la guerra entre Rusia y Ucrania. La ECP alerta del aumento de las víctimas civiles, los bombardeos sobre zonas pobladas, la destrucción de infraestructuras y las vulneraciones del derecho internacional humanitario.

Retrocesos en los derechos de las mujeres

Coincidiendo con el 25.º aniversario de la resolución 1325 de la ONU sobre mujeres, paz y seguridad, el informe alerta de un retroceso global de los derechos de las mujeres. Según el estudio, el 70 % de los conflictos armados de máxima intensidad tienen lugar en países con niveles bajos o medios-bajos de igualdad de género. 23 de los 40 conflictos armados que tuvieron lugar en 2025 transcurrieron en países donde había niveles bajos o medios-bajos de igualdad de género, y 16 de los 20 conflictos armados de alta intensidad de 2025 (80 %) tuvieron lugar en países donde la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex había documentado legislación o políticas criminalizadoras contra la población LGTBIQ+.

Además, la participación de mujeres en procesos de paz impulsados por las Naciones Unidas continúa disminuyendo. La ONU verificó más de 4.600 casos de violencia sexual relacionada con conflictos durante 2024, un 25 % más que el año anterior. El 93 % de las víctimas fueron mujeres y niñas.

Más de 117 millones de personas desplazadas por fuerza

El informe señala que el desplazamiento forzado continúa en niveles históricamente muy elevados. A mediados de 2025 había 117,3 millones de personas desplazadas forzosamente en todo el mundo, entre refugiadas y desplazadas internas. Aunque la cifra representa una ligera reducción respecto al año anterior, atribuida parcialmente al retorno de población a países como Siria, Afganistán o Sudán, la ECP destaca que el volumen global sigue siendo extraordinariamente alto. Afganistán, Siria, Sudán, Ucrania y Venezuela concentran el 65 % de la población refugiada mundial.

Un informe de referencia internacional

El informe Alerta 2026!, que este año llega a su 25.ª edición, es uno de los principales anuarios elaborados en el Estado español sobre conflictividad, derechos humanos y construcción de paz. El estudio combina datos de las Naciones Unidas, organismos internacionales, centros de investigación y trabajo de campo especializado. El objetivo del informe es ofrecer herramientas de análisis y alerta preventiva a responsables políticos, organismos internacionales, medios de comunicación y actores implicados en la resolución pacífica de conflictos.

Informe de referencia:

Alerta 2026! Informe sobre conflictos, derechos humanos y construcción de paz

Fuente: https://www.uab.cat/web/sala-de-prensa/detalle-noticia/el-mundo-llega-al-numero-mas-alto-de-conflictos-armados-de-la-ultima-decada-1345830290069.html?cid=1345830290069&d=Touch&detid=1345990001471&pagename=UAB2013/Page/TemplateNoticiaWebDetalleUAB_WAI 

Alemania y Polonia están pagando un alto precio por su subordinación a la ofensiva bélica global de Estados Unidos.

                                                                                                                                                  

Por Dennis Barton y Paul Taylor    6 de agosto de 2026











En Europa central y oriental, Alemania y Polonia han apoyado con gran entusiasmo y vehemencia la ofensiva bélica estadounidense y la guerra indirecta que Estados Unidos libra en Ucrania. Ambos países han anunciado ambiciosos planes de expansión militar. Alemania aspira a tener el ejército convencional más poderoso de Europa para 2039, aumentando su personal militar de 181.000 a 460.000 efectivos; mientras que Polonia planea competir con Alemania, incrementando sus fuerzas armadas de los 217.000 actuales a 500.000 efectivos para la misma fecha. Debido a su tamaño y proximidad geográfica, ambos países seguirán desempeñando un papel fundamental en la guerra en curso en Ucrania.

En julio, la conferencia de la OTAN en Ankara confirmó la creación de la OTAN 3. Los miembros europeos de la alianza acordaron un aumento considerable del gasto militar para que Estados Unidos pudiera concentrar sus recursos en la derrota de China. Esto no significa que Estados Unidos vaya a abandonar Europa, sino que exige que los estados europeos de la OTAN asuman la carga financiera de su guerra indirecta contra Rusia. Estados Unidos mantendrá el control estratégico de la OTAN en Europa y seguirá teniendo la última palabra .

Un mes antes, Alemania y Polonia firmaron un acuerdo militar en Varsovia para intensificar la cooperación militar y resolver algunas de las disputas entre ambos países. El acuerdo incluye la construcción de fortificaciones adicionales para el Escudo Oriental polaco por parte de tropas de ingeniería alemanas. También se alcanzaron acuerdos sobre seguridad en el Mar Báltico, infraestructura de mando conjunto, rutas marítimas, movilidad militar e infraestructura para mejorar el movimiento de tropas y equipo a través de las fronteras y hacia los países bálticos. El acuerdo contempla el despliegue de cazas Eurofighter alemanes en el norte de Polonia y sistemas Patriot en el sureste del país. Alemania planea estacionar permanentemente una fuerza del tamaño de una brigada, de aproximadamente 5000 efectivos, en Lituania. Se prevén ejercicios militares a gran escala, denominados "Gran Águila", en Polonia para noviembre de 2026.  

Retórica de guerra

Los líderes polacos y alemanes continúan utilizando una retórica belicista para persuadir a la población de que priorice el gasto militar por encima de su nivel de vida.  

En Alemania, el ministro de Defensa advirtió que el país «no está preparado para defenderse de los problemas de seguridad que Europa afrontará en el futuro». Asimismo, en Ankara, el canciller alemán Merz declaró: «La OTAN debe volverse más europea para poder seguir siendo transatlántica. (…) En los últimos años, hemos hecho muy poco por nuestra propia seguridad. Ahora estamos subsanando esa deficiencia». Para dejar claro lo que esto significa en la práctica, Merz también afirmó: «El estado de bienestar que tenemos hoy ya no puede financiarse con lo que producimos en la economía».

Políticos polacos de alto rango están utilizando una retórica similar. Al hablar sobre la posibilidad de una victoria rusa en Ucrania, el ministro de Asuntos Exteriores, Radosław Sikorski, advirtió recientemente que Polonia sería el próximo objetivo de Moscú, declarando que los polacos preferirían "comer hierba" antes que convertirse en una colonia rusa. Políticos polacos han protestado contra los anuncios de la administración Trump sobre la retirada de tropas de Polonia e incluso sugirieron que las tropas retiradas de Alemania fueran trasladadas a Polonia. En respuesta, Estados Unidos rectificó su anuncio de detener el despliegue a largo plazo de tropas en Polonia, declarando que enviaría 5.000 soldados adicionales al país.  

Polonia 

La mayor subordinación de Alemania y Polonia a la división militar global del trabajo impuesta por Estados Unidos tiene un alto precio.

La guerra en Ucrania y la militarización en Europa tienen un impacto desproporcionado en los países de Europa Central y Oriental. Esto es especialmente cierto en Polonia, el país miembro de la OTAN más grande y estratégicamente importante de la región. Polonia gestiona la mayor parte de la ayuda militar occidental destinada a Ucrania y alberga a unos 10.000 soldados estadounidenses. Junto con Alemania, Polonia ha recibido un estatus reforzado en el flanco oriental de la OTAN.

Los sucesivos gobiernos polacos han apoyado la estrategia estadounidense en la región. Al comienzo de la guerra, Joe Biden eligió Varsovia para pronunciar su discurso de apoyo a Ucrania. La administración Trump también ha elogiado a Polonia como la «nueva gran potencia de Europa» y el «aliado ideal» de Washington.  

Polonia se ha visto directamente afectada por la guerra que se libra al otro lado de su frontera. Cientos de miles de refugiados huyeron a Polonia tras el estallido de las hostilidades. Asimismo, se han producido numerosos casos en los que misiles y drones (no siempre de origen claro) han violado el espacio aéreo polaco o han aterrizado en su territorio.

El coste económico de la OTAN 3 para Polonia y Alemania.

Las economías de Alemania y Polonia están profundamente interconectadas. El declive de la economía alemana bajo la presión estadounidense, incluyendo la destrucción de los gasoductos Nord Stream 1 y 2 y la consiguiente dependencia de la costosa energía estadounidense, también tiene efectos negativos en Polonia. Alemania sigue siendo el socio comercial más importante de Polonia, con un comercio bilateral que alcanzará los 180.000 millones de euros en 2025.

El aumento del gasto militar está imponiendo nuevas cargas a ambas economías. Las afirmaciones de los gobiernos de que el gasto en defensa impulsa la manufactura y la inversión económica general son en gran medida infundadas.

Polonia ha sido pionera en el aumento de su gasto militar, con un presupuesto estimado de aproximadamente 38.000 millones de dólares para el periodo 2024-2025 y una proyección de entre 450.000 y 470.000 millones de dólares entre 2025 y 2035, financiado en gran medida mediante endeudamiento público. El país destina actualmente casi el 5% de su PIB al sector militar (alcanzando el 4,7% en 2025 y el 4,8% en 2026), y el gobierno se ha propuesto llegar al 5% para 2035. La mayor parte del armamento se ha adquirido a Corea del Sur y Estados Unidos, lo que refleja un costoso giro estratégico en las alianzas de adquisición.

Alemania planea casi duplicar su gasto en defensa en cuatro años,  rompiendo con décadas de austeridad fiscal para alcanzar niveles de gasto no vistos desde el final de la Guerra Fría. El país destinó el 2,22% del PIB a defensa en 2025, cifra que aumentará al 2,69% en 2026, con objetivos del 3,5% para 2029 y del 5% para 2035. La proyección para 2030 del gasto anual en defensa podría dispararse hasta los 183.700 millones de euros, como parte de un compromiso de 783.800 millones de euros entre 2026 y 2030, financiado mediante planes para obtener préstamos por valor de más de 800.000 millones de euros antes de que finalice la década.

Divisiones en el eje Berlín-Varsovia

La subordinación a Estados Unidos también conlleva enormes contradicciones políticas. A pesar de la creciente convergencia entre Polonia y Alemania en materia de militarización, el legado del imperialismo alemán y los horrores del Lebensraum nazi durante la Segunda Guerra Mundial siguen muy presentes en Polonia.

La rivalidad entre los principales partidos políticos de Polonia, sumada a la proximidad de las elecciones parlamentarias previstas para octubre de 2027, dificulta enormemente la unidad entre ellos. El nuevo acuerdo polaco-alemán se mantiene únicamente a nivel ministerial y no constituye un tratado bilateral formal, en parte debido a la oposición del presidente Karol Nawrocki, quien ha prometido vetar cualquier futuro tratado que permita el establecimiento de bases militares o tropas alemanas permanentes en el país.

Nawrocki también afirmó: «Los polacos jamás olvidarán lo que significó la presencia de botas alemanas en nuestro territorio». La oposición parlamentaria Ley y Justicia (PiS), recientemente dividida, utiliza la hostilidad hacia Alemania y Polonia para atacar al primer ministro Tusk, acusándolo de proalemán. Nawrocki también ha exigido reiteradamente que Alemania pague las reparaciones de la Segunda Guerra Mundial y ha declarado que Polonia está dispuesta a defender sus fronteras occidentales. En consecuencia, el gobierno de Tusk se esfuerza por evitar cualquier apariencia de indulgencia o de favorecer los intereses de Berlín.  

Una de las principales discrepancias entre el gobierno y la oposición radica en cómo financiar el creciente gasto militar de Polonia. En mayo de 2025, el Consejo Europeo aprobó el programa SAFE, que ofrece a los Estados miembros préstamos a largo plazo para la adquisición de material de defensa. Polonia recibió la mayor parte: 44.000 millones de euros de los 150.000 millones disponibles. El proyecto de ley que lo habilitaba fue aprobado por un estrecho margen en el Parlamento, con el voto en contra de la oposición de derecha, que argumentaba que obligaría a Polonia a comprar más armas a países europeos como Alemania. El líder de la oposición del partido PiS, Jarosław Kaczyński, condenó el acuerdo como un paso hacia la «dominación alemana» y un golpe a la alianza con Estados Unidos. El presidente Nawrocki vetó entonces la legislación y propuso, en su lugar, recurrir a las ganancias no realizadas del banco central y a las reservas de revaluación procedentes de sus tenencias de oro y divisas. El gobierno prometió seguir adelante con el programa, aunque ahora con un acceso menos flexible a los fondos.

Disminuye el apoyo en Polonia a la guerra en Ucrania.

Recientemente se ha producido un fuerte descenso en el apoyo a la guerra en Europa del Este, incluida la propia Ucrania, donde, en junio de este año, solo uno de cada cuatro adultos (24%) opinaba que Ucrania debería seguir luchando hasta ganar la guerra, y la aprobación del liderazgo estadounidense se ha desplomado a tan solo el 7%. En Polonia, las actitudes de apoyo a Ucrania también se han debilitado.  

La decisión del presidente Zelensky de nombrar una unidad militar en honor al Ejército Insurgente Ucraniano (UPA), conocido como el Ejército Banderista, y el nuevo entierro de un líder del UPA han provocado indignación en Polonia. Polonia responsabiliza al UPA de la masacre de Volinia, donde murieron hasta 100.000 civiles durante la Segunda Guerra Mundial. La propuesta de crear un Salón de la Fama Ucraniano el mes pasado ha avivado el temor de que Ucrania esté glorificando estas masacres. En respuesta, el presidente polaco revocó la Orden del Águila Blanca que Zelensky había recibido.  

Las recientes controversias han mermado significativamente el apoyo interno a la postura de Polonia sobre la guerra de Ucrania. Las encuestas de julio muestran que el 45,2% de los polacos se opone ahora a la continuación de la ayuda militar a Kiev, un descenso drástico respecto al 77,5% que la apoyaba a finales de 2022. La oposición también es fuerte en lo que respecta a una mayor intervención: más del 80% de los encuestados se opone al envío de tropas polacas a Ucrania. Asimismo, una encuesta de junio registró que el 60% se oponía a la adhesión de Ucrania a la Unión Europea.

Debido a la debilidad de la izquierda polaca, la oposición a la guerra ha surgido de la derecha nacionalista. Partidos como la ultraderechista Confederación y la aún más ultraderechista Confederación de la Corona Polaca han capitalizado el creciente escepticismo hacia el apoyo a Ucrania. Dado que esta oposición proviene de la derecha, ha ido acompañada de una creciente hostilidad hacia los refugiados ucranianos en Polonia. Por primera vez desde el inicio de la guerra, la oposición a la acogida de refugiados ucranianos por parte de Polonia superó al apoyo (52 % frente a 42 %). Esta creciente hostilidad hacia los ucranianos ha coincidido con un aumento de los ataques violentos contra ellos en Polonia.   

Divisiones alemanas y oposición al militarismo

En Alemania, crece la hostilidad hacia la reducción del gasto social para financiar el aumento del gasto militar. Asimismo, aumenta la oposición al militarismo y a la política del gobierno alemán respecto a la guerra en Ucrania.

Los partidos belicistas alemanes están en crisis. La coalición gobernante CDU/CSU-SPD, que propuso un aumento masivo del gasto militar y un endeudamiento sin precedentes, ha caído al 36% en las encuestas, frente al casi 45% que obtuvo en las elecciones generales de febrero de 2025. Reuters informó el 29 de julio sobre una encuesta que mostraba que solo el 15% de la población está satisfecha con la gestión del canciller Merz.

Las encuestas alemanas reflejan profundas divisiones e insatisfacción con las consecuencias económicas del apoyo alemán a la guerra en Ucrania.

Deutsche Welle informó en febrero que, si bien el 52% apoyaba un mayor respaldo a Ucrania, el 35% creía que Alemania debería dejar de apoyarla. La misma encuesta mostró una disminución en el temor de los ciudadanos alemanes a un ataque ruso contra la OTAN.

Sin embargo, la mayoría de los alemanes preferiría una solución pacífica al conflicto. En febrero de este año, RBC-Ucrania informó sobre una encuesta de YouGov que mostraba que el 58% de los ciudadanos alemanes se inclinaban a apoyar o apoyaban plenamente la celebración de negociaciones entre Merz y Putin. Mientras tanto, el 26% de los encuestados se oponía a la idea.

Una encuesta de YouGov realizada en febrero de 2026 mostró que el 40% de los alemanes apoyaba "una paz negociada para poner fin a los combates, incluso si esto significa que Rusia todavía controla algunas partes de Ucrania". Mientras que el 33% se oponía.

La oposición a la política bélica del gobierno crece fuera de la coalición, aunque los Verdes mantienen una postura belicista. Die Linke, que se opone a una mayor ayuda militar, subió al 12% en una encuesta de julio, frente al 8,8% de 2025. El partido de extrema derecha AfD ahora cuenta con un 27% de apoyo, en comparación con el 20,8% anterior, capitalizando la oposición a los daños económicos de la guerra, la desindustrialización, la destrucción de Nord Stream 1 y 2 y la pérdida de la energía rusa barata.

La resistencia ciudadana a la iniciativa de Merz para impulsar una economía de guerra también está en aumento. El mes pasado, The Guardian informó que cada vez más jóvenes alemanes optan por no realizar el servicio militar, y que las solicitudes de objetor de conciencia se han disparado. En mayo, The Morning Star informó que 45.000 escolares alemanes se unieron a las huelgas y protestas contra el servicio militar obligatorio en más de 150 pueblos y ciudades durante el Día de la Victoria en Europa, exigiendo la derogación de la Ley de Modernización del Servicio Militar, el fin del servicio militar obligatorio encubierto y la suspensión del reclutamiento militar en las escuelas.

En Polonia no se han producido acciones de este tipo, ya que el gobierno ha intentado fortalecer sus fuerzas armadas mediante el desarrollo de fuerzas territoriales en lugar de mediante el reclutamiento obligatorio.

Asimismo, las manifestaciones en Alemania revelan cómo la izquierda puede aumentar su fuerza e influencia oponiéndose al Estado belicista. Die Linke se beneficia de su oposición a todas las exportaciones de armas y de la decisión de Alemania de rearmarse.

Conclusiones

La guerra indirecta de Estados Unidos en Ucrania se ha prolongado más que la Primera Guerra Mundial, sin que se vislumbre su fin. Ankara confirmó lo que ya se venía anunciando: Trump ha utilizado el conflicto para obligar a los miembros europeos de la OTAN a asumir la responsabilidad de derrotar a Rusia, lo que permite a Washington centrarse en China. Sin embargo, para Alemania y Polonia, los costos son cada vez mayores.

En el plano económico, ambos países se comprometen a un gasto en defensa sin precedentes desde el fin de la Guerra Fría, financiado mediante préstamos que desplazarán el gasto en bienestar social e inversión. En el plano político, el consenso interno se está resquebrajando. No se trata de crisis paralelas, sino de síntomas de una misma contradicción: el intento de construir una maquinaria bélica europea bajo control estadounidense se impone a sociedades cada vez más reacias a pagar su precio.

El eje Berlín-Varsovia, a pesar de su convergencia militar, se asienta sobre cimientos frágiles: la oposición y las divisiones van en aumento. La izquierda se enfrenta a una doble tarea: denunciar esta subordinación y proponer un marco alternativo de seguridad y diplomacia europeas comunes frente a una nueva Guerra Fría que ninguno de los dos países puede permitirse y que sus poblaciones no desean.