miércoles, 27 de mayo de 2026

Este año la guerra podría extenderse en Europa

Fuentes: Blog Rafael Poch


Pronto podría haber un ultimátum de Moscú a los europeos, especialmente los alemanes. La situación es mucho más peligrosa que durante las tensiones de la guerra fría, pero en Europa no hay conciencia de ello

Hace ocho meses dijimos que Europa no podía seguir ignorando las advertencias rusas. Europa no puede seguir ignorando las advertencias rusas – Rafael Poch de Feliu. Ahora esas advertencias se están haciendo mucho más agudas. Señalan claramente que la guerra de la OTAN contra Rusia por Ucrania podría extenderse este año e implicar directamente a los europeos, especialmente a los alemanes. Pronto podría haber un ultimátum de Moscú a los europeos. ¿Se confirma entonces la histeria de la “amenaza rusa” que la Unión Europea proclama? Obviamente es así como lo interpretan y lo interpretarán los memos con piñón fijo de Berlín, Bruselas, Londres y París, así como su lamentable ejército de propagandistas que nos están llevando de la oreja a una guerra.

La “amenaza rusa” no es más que un recurso para conjurar la propia desintegración de la Unión Europea y justificar el rearme. Cuando muchas cosas se están resquebrajando, la amenaza exterior de ese maligno enemigo es importante como elemento de cohesión de un club europeo cada vez más desestructurado internamente y mas irrelevante en el mundo. Eso está claro. Pero para lo que aquí nos importa la “amenaza rusa” también es otra cosa: una profecía autocumplida, una creencia falsa en su origen pero que contribuye y alimenta su realización.

Puedes meterle el dedo en el ojo a tu perro o a tu gato y anunciar al mismo tiempo que te va a pegar un mordisco o un zarpazo, con la seguridad de que al final eso es precisamente lo que te ocurrirá.

Es lo que pasó con la desastrosa invasión rusa de Ucrania de febrero de 2022, que el establishment occidental siempre acompaña del adjetivo “unprovoked”, “no provocada” – significativamente ausente, dicho sea de paso, de la guerra contra Irán. Hoy la gente informada y no cegada por la demonización de lo ruso, ya sabe que en 2022 Moscú llevaba mas de treinta años reclamando aquella “arquitectura de seguridad colectiva europea” que se prometió a la URSS de Gorbachov. Sabe que todas las “líneas rojas” que Rusia formuló en materia de ampliación de la OTAN fueron ignoradas una tras otra. Quienes vivimos aquello en primera línea – e informamos sobre ello de la forma más clara y directa posible teniendo en cuenta la corrupción estructural de nuestros medios – recordamos la boba sonrisa del Secretario General de la OTAN, Javier Solana, diciendo en Moscú que la oposición rusa a la ampliación carecía de sentido “porque la guerra fría se acabó” y “ya no somos enemigos”. Los generalotes rusos (y no solo ellos, también muchos expertos y estrategas occidentales de primera fila) se regían por algo mucho más real y concreto. Se trata de aquella máxima del Canciller Bismarck según la cual “lo que importa no son las intenciones, sino las capacidades”. ¿Qué quiere decir esto? Bueno, pues que si tienes a un tipo que te está apuntando con un revolver y que al mismo tiempo te está diciendo que no tiene la menor intención de dispararte, lo que cuenta es el revólver que te apunta y no lo que el tipo dice. Así de elemental.

Primero fue Europa Central, luego Europa Oriental, el Báltico y el Mar Negro. Entretanto hubo una guerra para inducir la disolución de la anomalía yugoslava y comprobar la necesidad de la OTAN con una “guerra humanitaria”. Se llegó a la instalación de baterías antimisiles en Polonia y Rumanía “contra Irán” (que no disponía de tal capacidad), baterías que podían cargarse con misiles nucleares capaces de anular la disuasión nuclear rusa, y así se llegó a la invitación de que Ucrania ingresase en el bloque militar contra Rusia (2008), lo que la mayoría de los ucranianos rechazaban. Siguió el cambio de régimen en Kíev, una mezcla de revuelta etnonacionalista de una parte de los ucranianos y de golpe de estado, ambos inducidos por Occidente. Siguió la respuesta de consolación rusa de la ilegal anexión de Crimea, con el apoyo de la inmensa mayoría de la población afectada. Hubo una revuelta popular contra el nuevo gobierno prooccidental de Kiev en el este y el sur de Ucrania que careció de apoyo significativo de Moscú, por lo menos en los primeros tres o cuatro meses y que fue respondida con la utilización del ejército ucraniano bajo la forma de “operación antiterrorista”. Desde entonces y hasta la “no provocada” invasión rusa hubo incumplimiento de acuerdos, mala fe occidental (reconocida años después por el presidente de Francia y la Canciller de Alemania) y una masiva financiación y preparación militar de la OTAN a Ucrania, con gran papel de la CIA, de su homólogo británico MI-6 que apuntaba claramente a una intervención militar contra el rebelde Donbas, ahora si con presencia militar rusa significativa, y a una reconquista militar de Crimea, documentada en acuerdos bilaterales de Kíev con Estados Unidos. Solo entonces Rusia invadió.

Ahora ocurre exactamente lo mismo.

Todo el mundo reconoce que Rusia no solo lucha en 2026 contra Ucrania, sino también, y sobre todo, contra la OTAN. Aunque ha transferido a los europeos el grueso de la carga y “negocie” con el Kremlin (también “negociaba” con Irán), Estados Unidos sigue siendo un país beligerante y decisivo en esa guerra contra Rusia. El conflicto ha traspasado todas las líneas rojas de lo que durante la guerra fría se habría considerado un peligro extremo. Recordemos como el Presidente Biden decía en marzo de 2022 que no se podía suministrar tanques y aviones a Ucrania “porque eso desencadenaría la Tercera Guerra Mundial”. Bueno, ya se ha hecho mucho más que eso:

– Se han atacado recursos estratégicos de la disuasión nuclear rusa: radares de alerta temprana, bases de bombarderos estratégicos.

– Se ha atacado una residencia del Presidente Putin en Nóvgorod, lo que trae ecos del asesinato de Jamenei en Irán, encubierto por los mismos fulleros, Witkof y Kushner, que negocian con el Kremlin. Desconfiar de tal negociación es puro sentido común.

– Se ha invadido territorio ruso en la región de Kursk.

– Generales de Estados Unidos con mando en la OTAN se han jactado de que disponen de capacidad para tomar el enclave ruso de Kaliningrado desde tierra en un tiempo récord. (General Christopher Donahue, comandante del Ejército de EE.UU. en Europa y África y de las fuerzas terrestres de la OTAN el pasado julio).

. Hay un goteo semanal de víctimas civiles rusas, de las que en Occidente apenas se informa, a diferencia de las ucranianas sin duda mucho más numerosas.

– Hay atentados personales en ciudades rusas contra generales en sus domicilios, con coches bomba (cuatro de ellos muertos), periodistas y diputados (por lo menos cuatro o cinco) e indiscriminados contra objetivos civiles (dos trenes, objetivos en ciudades lejos del frente, etc.)

– En el mar ha habido atentados contra cargueros rusos y se les acosa con frecuencia.

– Y todo esto se hace con armas, información de inteligencia, satélites, etc., de Estados Unidos, Inglaterra, la CIA (algo reconocido por el The New York Times, entre otros), el MI-6, etc.

En 2026 Europa ya está en pie de guerra contra Rusia, con una Alemania demente en primer lugar que está demostrando no haber entendido nada de su propia historia Alemania vuelve a las andadas – Rafael Poch de Feliu.

Oficialmente Berlín quiere transformar el Bundeswehr en «el ejército convencional más fuerte de Europa» para 2035, y en una fuerza «tecnológicamente superior» para 2039. (Atención a esto: a cien años del inicio alemán de la Segunda Guerra Mundial en Europa).

El documento oficial alemán sobre estrategia militar divulgado el 22 de abril declara que Rusia es «la amenaza más grave e inmediata» para la seguridad europea. La semana pasada el ministro alemán de defensa, Pistorius, confirmó en Kíev, seis proyectos conjuntos de armamento que “son solo el principio”. En abril, Zelensky y el canciller Merz firmaron en Berlín la «Declaración sobre asociación estratégica entre Alemania y Ucrania» que contempla la producción conjunta de drones de largo alcance en Alemania. La producción de armas para Ucrania ya es una realidad paneuropea; Alemania, Inglaterra, Dinamarca… Hasta la España de Sánchez ha firmado alguna cosa en esa materia con Ucrania.

En este contexto, la guerra de drones ha supuesto un revés para Rusia. Si hace unos meses parecía que lo que queda del Donbas controlado por Kíev caería en sus manos en unos pocos meses, los drones han detenido el lento avance. No es el primer revés temporal que sufre el ejército ruso en esta guerra, ni tampoco la primera vez que tomando sus deseos por realidad muchos vuelven a dar por hecha la “derrota” de Rusia. Pero lo que aquí importa es otra cosa: que la suma de todo esto está calentando los ánimos en Rusia.

Desde hace varios meses hay una fuerte presión en Moscú para que el Kremlin pase a lo que se llama una “disuasión activa”, es decir para que ataque, especialmente a Alemania, antes de que sea demasiado tarde. Se está diciendo lo mismo que Putin dijo en su discurso de aquel febrero de 2022 al anunciar la invasión de Ucrania a los rusos: “si no los detenemos ahora, la situación será peor dentro de unos años”. Pero ahora se trata de los europeos. Igual que antes de la invasión, también ahora se amenaza con “medidas técnico-militares” (esa fue la fórmula que se empleaba en vísperas de la invasión). “Los que participan en el ataque contra nosotros serán objetivo militar”, se dice. El ministerio de Defensa ruso ha publicado una lista de instalaciones industriales alemanas y europeas que participan en la guerra contra Rusia fabricando recursos de largo alcance. Hay que aclarar que no se trata de “invadir” territorio de la UE, sino de pararle los pies al actual belicismo europeo con una acción militar preventiva. Se puede estar de acuerdo o no, pero lo que no se puede es ignorar la realidad de esa peligrosa advertencia.

Los términos de las advertencias rusas de ahora son inequívocos. Hasta en la televisión rusa se reprocha a Putin falta de decisión, de momento sin nombrarlo (Eso es nuevo). Igual que hace cuatro años, esas advertencias son ignoradas hoy. Veamos algunos ejemplos recientes:

Dmitri Medvedev, vicepresidente del Consejo de Seguridad nacional, el 6 de mayo: “solo un miedo bestial a sufrir daños inaceptables impedirá que Alemania y la Europa Unida lancen otro ataque contra Rusia”. (Naturalmente con lo de “otro ataque” se refiere al de junio de 1941 de la Alemania nazi).

Sergei Lavrov, ministro de asuntos exteriores: «Se nos ha declarado abiertamente la guerra. El régimen de Kiev está siendo utilizado como punta de lanza. Sin embargo, todo el mundo es consciente de que esta punta es inutilizable sin los suministros occidentales de armas, datos de inteligencia, sistemas de satélites, entrenamiento de personal militar y mucho más».

Sergei Karaganov, Presidente honorifico del principal think tank del Kremlin, el 10 de mayo: “Un país que desencadenó dos guerras mundiales y se ha hecho culpable de genocidio no tiene derecho a tener el «ejército más fuerte de Europa» y mucho menos a poseer armas de destrucción masiva. Si aspirara a ello, los ciudadanos alemanes deberían comprender que su patria sería destruida para que nunca más surja una amenaza para la paz desde suelo alemán” (…) “Pronto estaremos en condiciones de lanzarles un ultimátum si siguen comportándose de esta manera”. (Esto hay que cotejarlo con la declaración de Putin ante la prensa rusa del mismo día en la que el Presidente dijo que “la guerra en Ucrania está entrando en su fase final”, lo que junto a los informes sobre una próxima “ofensiva de verano” rusa puede interpretarse de diversas maneras).

Karaganov, que el año pasado ya consiguió endurecer la doctrina nuclear rusa, propone ahora lo siguiente: (Y atención a esto):

“Primero atacar con armas convencionales instalaciones clave de países europeos que participan en la guerra contra Rusia. Si no reaccionan, atacar luego con armas nucleares”. Si no funciona, «algún país europeo tendrá que desaparecer». «Cuando hace tres años dije estas cosas, era una minoría”, dice Karaganov, ahora ya es la voz de la mayoría entre los militares y en la sociedad». Sergey Karaganov: How Russia Will Win the New World War

Este intelectual orgánico del Kremlin, que no es su voz pero es influyente, propone enmendar la doctrina nuclear de nuevo, primero contemplando el uso de armas nucleares si un grupo de países más fuertes en lo económico y tecnológico atacan a Rusia con armas convencionales. Y segundo, y lo más sorprendente, que Putin delegue el poder de uso del arma nuclear al general responsable del frente occidental europeo, lo que contiene una velada insinuación de incapacidad o flojera presidencial.

Como dice el analista alemán Alexander Neu ¿Putin bajo presión? – Rafael Poch de Feliu , al principio se trataba de las peticiones de unos pocos expertos. Ahora parece que hay presión por parte de la sociedad rusa y del aparato de seguridad para “que se haga algo contra Europa». En otras palabras: Putin se ve presionado a actuar, y a hacerlo muy pronto. La guerra podría extenderse al resto de Europa ya en 2026. Y Alemania se considera ahora el enemigo número uno de Rusia. Lo que uno se pregunta es ¿por qué los periodistas occidentales en Moscú no informan sobre esto?

A quienes dicen que después de todo también Rusia hace cosas terribles en Ucrania –lo que es completamente cierto– y que Ucrania tiene derecho a defenderse (y por cierto, en el Donbas también hay una Ucrania rusófila con derecho a defenderse) hay que explicarles que en el mundo real de la dialéctica entre potencias lo que importa es que una superpotencia nuclear está siendo desafiada por sus adversarios europeos y americanos a través de Ucrania con la pretensión de infligirle una “derrota estratégica”. ¿Han perdido la razón? ¿Es que no entienden que cuanto más éxito tengan en ese propósito, más peligrosa se hará la situación?

Lo que hay que preguntarse, como dice Neu, es si los dirigentes de la mayor potencia nuclear del mundo aceptarían una derrota en el terreno militar convencional, con las exigencias de los europeos que se desprenden de ello, es decir si se resignarían a la pérdida de su estatus de gran potencia y a la posible desintegración de la Federación Rusa, sin recurrir a un ataque nuclear para evitarla.

La situación es mucho más peligrosa que durante las tensiones de la Guerra Fría, pero en Europa no hay conciencia de ello.

Fuente: https://rafaelpoch.com/2026/05/18/este-ano-la-guerra-podria-extenderse-en-europa/

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes. 

En una guerra contra China, el ejército estadounidense huiría del campo de batalla

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En Estados Unidos la reacción se esconde su decepción. El inspirador del golpe de Estado fascista en Ucrania, Bob Kagan reconoce que se enfrentan a una “derrota total” con Irán (1). Max Boot, uno de los defensores más acérrimos de la guerra de Irak, explica en el Washington Post que China ha superado a Estados Unidos en la mayoría de los ámbitos militares (2).

Pero Boot no escribe un artículo de opinión, sino que entrevista a John Culver, una analista de la CIA especializado en el ejército chino.

En caso de una guerra contra China por Taiwán, afirma Culver, Estados Unidos se retiraría del campo de batalla, o más claro aún: el plan del Pentágono en caso de una guerra en Taiwán es la retirada.

“Cuando estimamos que habrá una guerra, debemos retirar nuestros activos navales de alto valor del teatro de operaciones, y luego tendremos que volver a atacar desde más lejos. Desde dónde, no está claro. Guam no es precisamente una fortaleza”, admite Culver. Todos los activos de alto valor de Estados Unidos dispersos por la región serían blancos fáciles.

China puede atacar a las tropas estadounidenses desplegadas en Japón, Australia o Corea del Sur de maneras que Irán simplemente no puede, y dado que Irán ha atacado al menos 228 objetivos en bases estadounidenses en Oriente Medio, obligando a Estados Unidos a evacuar la mayoría de ellas.

Además, los portaaviones estadounidenses tendrían que operar a menos de 1.600 kilómetros del combate para ser efectivos, lo cual no harán porque aún estarían dentro del alcance de los misiles chinos. “Realmente no hay zonas seguras”, admite Culver. China lleva la delantera en la mayoría de los ámbitos militares, y por un amplio margen.

“Es difícil no exagerar” la fuerza militar de China. A estas alturas “es difícil señalar cualquier área que no sean los submarinos y la guerra submarina y decir que Estados Unidos aún tiene alguna ventaja”.

En algunas áreas críticas, como las municiones avanzadas, que en la guerra son sumamente relevantes, su evaluación es que China está al frente “por varios órdenes de magnitud”, lo que implicaría que las fuerzas estadounidenses serían menos del 1 por cien de las chinas.

La guerra la pierde el primero que se queda sin municiones

Culver afirma que “sea cual sea el bando en el que estés, quien primero se quede sin munición perderá“. Como China produce más que la capacidad del complejo militar industrial de Estados Unidos, no hace falta ser un entendido en estrategia militar para saber el resultado. En lo que respecta a la capacidad de construcción naval el panorama es desalentador: un solo astillero en China, el de Jiangnan en la isla de Changxing, cerca de Shanghai, “tiene más capacidad que todos los astilleros estadounidenses juntos”.

Si sumamos todos los astilleros chinos, la capacidad de construcción naval de China es 232 veces mayor que la de Estados Unidos, según datos de la Armada estadounidense (3). Cada año China despliega tantos barcos como toda la Armada francesa.

Si China es tan poderosa y Estados Unidos está tan superado, ¿por qué China no captura Taiwán ya? Según Culver, la creciente fuerza relativa de China frente a Estados Unidos hace que la guerra sea menos probable, no más. Taiwan es “una crisis que Xi Jinping quiere evitar, no una oportunidad que quiera aprovechar”. Cuanto más fuerte se vuelve China, menos necesita combatir. ¿Para qué empezar una guerra cuando se puede esperar a que el equilibrio militar se desequilibre tanto que Estados Unidos abandone voluntariamente sus garantías de seguridad? Eso implica la reunificación pacífica, que siempre ha sido el principal objetivo de China.

Eso no significa que China considere a Estados Unidos como una potencia inofensiva. Todo lo contrario. Culver afirma que Pekín ve a Estados Unidos como un país militarmente muy agresivo que, si bien está perdiendo fuerza, se está volviendo cada vez más violento. Lo cual, según él, es otra razón por la que Xi Jinping no busque una guerra por Taiwan.

China no quiere darle un pretexto a una potencia que tiene el dedo peligrosamente apretado, sobre todo porque la paciencia le permitirá conseguir lo que desea.

El juego ha terminado

Finalmente, Culver no ve ninguna salida; es un balance de fuerzas irreversible. Un presupuesto de guerra de 1,5 billones de dólares, que supone un aumento del 50 por cien, como el que pretende Trump no cambiaría la tendencia. “Podríamos estar tirando el dinero”, dice Culver.

Entonces, ¿por qué Estados Unidos sigue invirtiendo miles de millones en portaaviones e incluso en acorazados? Es dinero desperdiciado. “Los militares sienten nostalgia por las cosas que cumplen con sus expectativas porque conducen a buenos ascensos”, asegura Culver.

Lo mismo ocurre con la estrategia de drones “Hellscape” del Pentágono para defender Taiwán. “¿De qué drones están hablando y desde dónde se lanzarán?”. Culver dice que “deberían desplegarse con antelación, si no en Taiwan, al menos en Luzón o en las islas del suroeste de Japón, pero todos esos lugares podrían ser atacados por China”.

En Oriente Medio Estados Unidos está en jaque mate. Tendría que retirarse por completo del teatro de operaciones del Pacífico, antes incluso de que comience una guerra porque no puede producir suficiente armamento, no puede garantizar la seguridad de sus aliados y no tiene ninguna estrategia para revertir esta situación. Ni siquiera puede cerrar la brecha aumentando los presupuestos militares un 50 por cien.

(1) https://www.theatlantic.com/international/2026/05/iran-war-trump-losing/687094/
(2) https://www.washingtonpost.com/opinions/2026/05/11/us-china-militaries-assessed-by-cia-veteran-china-expert/
(3) https://www.thedrive.com/the-war-zone/alarming-navy-intel-slide-warns-of-chinas-200-times-greater-shipbuilding-capacity

Bye-bye USA

ES PROBABLE QUE LA GUERRA CONTRA IRÁN TERMINE CON UNA RETIRADA ESTADOUNIDENSE

El imperio estadounidense no puede ganar la guerra contra Irán a un costo financiero, militar y político aceptable.

Esta no fue una guerra necesaria ni una guerra de elección. Fue una guerra caprichosa. La premisa subyacente era la hegemonía. Estados Unidos intentaba preservar un dominio global que ya no posee, e Israel buscaba establecer un dominio regional que jamás alcanzará.

Cinco años después, ¿podemos reflexionar sobre los acontecimientos de la emergencia de 2020-2023, que fueron esencialmente un intento de golpe de Estado global, en el que prácticamente todos los estados siguieron un guion preestablecido?

* * * *

La guerra contra Irán, iniciada por Estados Unidos e Israel el 28 de febrero de 2026, probablemente terminará con la retirada estadounidense. Estados Unidos no puede continuar la guerra sin consecuencias desastrosas. Una nueva escalada probablemente provocaría la destrucción de la infraestructura de petróleo, gas y desalinización de la región, causando una catástrofe global prolongada. Irán puede imponer costos que Estados Unidos no puede asumir y que el mundo no debería tener que asumir.

El plan de guerra estadounidense-israelí consistía en un ataque descabezador, presentado al presidente Donald Trump por el primer ministro Benjamin Netanyahu y David Barnea, director del Mossad. La premisa era que una agresiva campaña conjunta de bombardeos estadounidenses e israelíes debilitaría tanto la estructura de mando del régimen iraní, su programa nuclear y la cúpula de la Guardia Revolucionaria que lo fracturaría. Posteriormente, Estados Unidos e Israel impondrían un gobierno dócil en Teherán.

Trump parece haber creído que Irán seguiría el mismo camino que Venezuela. La operación estadounidense en Venezuela en enero de 2026 derrocó al presidente venezolano Nicolás Maduro en lo que parece haber sido una operación coordinada entre la CIA y elementos dentro del Estado venezolano. Estados Unidos obtuvo un régimen más dócil, mientras que la mayor parte de la estructura de poder venezolana se mantuvo intacta. Trump parece haber creído ingenuamente que el mismo resultado se produciría en Irán.

Sin embargo, la operación en Irán no logró crear un régimen maleable en Teherán. Irán no es Venezuela, ni histórica, ni tecnológica, ni cultural, ni geográfica, ni militar, ni demográfica, ni geopolíticamente. Lo que sucedió en Caracas tuvo poco que ver con lo que sucedería en Teherán.

El gobierno iraní no se ha fragmentado. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), lejos de ser descabezado, ha resurgido con un mando interno fortalecido y un papel más importante en la estructura de seguridad nacional. La oficina del Líder Supremo se ha mantenido firme; la jerarquía religiosa ha cerrado filas en torno a él; y la población se ha movilizado contra los ataques externos.

Dos meses después, Trump y Netanyahu no tienen bajo su control un gobierno sucesor en Irán, ni una rendición iraní que ponga fin a la guerra, ni una vía militar hacia la victoria. El único camino, y el que parece estar siguiendo Estados Unidos, es la retirada, con Irán controlando el estrecho de Ormuz y sin que se haya resuelto ninguno de los demás asuntos entre Estados Unidos e Irán.

Existen varias razones que explican los desastrosos errores de cálculo de Estados Unidos y los éxitos de Irán

En primer lugar, los líderes estadounidenses subestimaron fundamentalmente a Irán. Irán es una gran civilización con 5.000 años de historia, una cultura profunda, resiliencia nacional y orgullo. El gobierno iraní no se habría doblegado ante la intimidación y los bombardeos estadounidenses, sobre todo teniendo en cuenta que los iraníes recuerdan cómo Estados Unidos destruyó la democracia iraní en 1953 al derrocar a un gobierno elegido democráticamente e instaurar un estado policial que duró 27 años.

En segundo lugar, los líderes estadounidenses han subestimado drásticamente la sofisticación tecnológica de Irán. Irán cuenta con ingeniería y matemáticas de primer nivel. Ha desarrollado una base industrial de defensa propia, con misiles balísticos avanzados, una industria nacional de drones y capacidad de lanzamiento orbital. El desarrollo tecnológico de Irán, forjado a pesar de 40 años de sanciones cada vez más estrictas, es un logro nacional extraordinario.

En tercer lugar, la tecnología militar ha evolucionado de forma que favorece a Irán. Los misiles balísticos iraníes cuestan una fracción del precio de los interceptores estadounidenses desplegados contra ellos. Los drones iraníes cuestan 20 000 dólares; los misiles interceptores de defensa aérea estadounidenses cuestan 4 millones de dólares. Los misiles antibuque iraníes, que cuestan cientos de miles de dólares, amenazan a los destructores estadounidenses, cuyo precio oscila entre 2.000 y 3.000 millones de dólares.

La red iraní de negación de acceso y de área en torno al Golfo, su defensa aérea multicapa, su capacidad de saturación con drones y misiles, y su capacidad de negación marítima en los estrechos han hecho que el coste operativo de imponer la voluntad estadounidense a Irán sea mucho mayor de lo que Estados Unidos puede soportar, especialmente teniendo en cuenta la destrucción en represalia que Irán puede infligir a sus vecinos.

En cuarto lugar, el proceso político estadounidense se ha vuelto irracional. La guerra contra Irán fue decidida por un pequeño círculo de leales al presidente en Mar-a-Lago, sin ningún proceso inter-institucional formal y con un Consejo de Seguridad Nacional debilitado durante el año anterior. El director del Centro Nacional Antiterrorista de Trump, Joe Kent, renunció el 17 de marzo con una carta pública en la que describía una «cámara de eco» utilizada para engañar al presidente. La guerra fue el resultado de un sistema de toma de decisiones en el que el aparato deliberativo había sido desactivado.

Esta no fue una guerra necesaria ni una guerra de elección. Fue una guerra caprichosa. La premisa subyacente era la hegemonía. Estados Unidos intentaba preservar un dominio global que ya no posee, e Israel buscaba establecer un dominio regional que jamás alcanzará.

En vista de todo esto, lo más probable es que la guerra termine con un retorno a una situación similar al statu quo anterior, salvo por tres novedades sobre el terreno. Primero, Irán controlará operativamente el estrecho de Ormuz. Segundo, su capacidad disuasoria se reforzará significativamente. Tercero, la presencia militar estadounidense a largo plazo en el Golfo se reducirá considerablemente. Los demás factores que presumiblemente impulsaron a Estados Unidos a atacar a Irán –su programa nuclear, sus aliados regionales y su arsenal de misiles– probablemente se mantendrán sin cambios respecto al inicio de la guerra.

Aunque Estados Unidos se retire, Irán no aprovechará su ventaja contra sus vecinos. Tres razones explican esto. Primero, Irán tiene un interés estratégico a largo plazo en la cooperación con sus vecinos del Golfo, no en una guerra continua. Segundo, Irán no tendrá ningún interés en reanudar una guerra que acabará por concluir con éxito. Tercero, Irán será contenido, si fuera necesario, por sus aliados, las grandes potencias Rusia y China, que desean una región estable y próspera. El liderazgo iraní lo entiende perfectamente y pondrá fin a los combates.

Sin duda, Trump intentará presentar la inminente retirada como una importante victoria militar y estratégica. Ninguna de estas afirmaciones será cierta. La verdad es que Irán es mucho más sofisticado de lo que Estados Unidos creía; la decisión de ir a la guerra fue irracional; y la tecnología utilizada en la guerra se ha vuelto en contra de Estados Unidos. El imperio estadounidense no puede ganar la guerra contra Irán a un costo financiero, militar y político aceptable. Sin embargo, lo que Estados Unidos sí puede recuperar es cierto grado de racionalidad. Es hora de que Estados Unidos ponga fin a sus operaciones de cambio de régimen y regrese al derecho internacional y la diplomacia.

Fuente: ACrO-Pólis 

martes, 26 de mayo de 2026

“¡Estamos junto a Cuba frente a la agresión de Estados Unidos!” (Declaración del Partido Comunista de Türkiye)

                        
Mayo del 2026                                                                                                   










Declaración del Partido Comunista de Türkiye ¡Estamos junto a Cuba frente a la agresión de Estados Unidos!

Desde el triunfo de la Revolución Cubana, hace ya 67 años, el imperialismo estadounidense ha recurrido a toda clase de acciones criminales imaginables para intentar doblegar al pueblo cubano.

En estos 67 años caben la invasión de Playa Girón, operaciones de la CIA, sabotajes, ataques biológicos contra tierras agrícolas, cientos de intentos de asesinato contra la dirección cubana, actividades terroristas de grupos paramilitares, cerco diplomático, operaciones mediáticas, bloqueo comercial, financiero y económico, así como intentos de promover una contrarrevolución dentro del país.

Fracasaron en todos ellos. Todo el ruido y todos los recursos destinados por los gobernantes estadounidenses para destruir a Cuba terminaron en la basura. Porque enfrente no tenían simplemente un “régimen” que no consideraban aceptable, sino a un pueblo organizado que conquistó su independencia mediante una revolución.

Sin embargo, no abandonaron sus políticas destructivas.

Porque consideran una derrota histórica que, a pocos kilómetros de sus costas, en una isla que ven como uno de sus satélites, se mantenga en pie desde hace más de sesenta años un poder soberano, socialista, planificador y de carácter público. Porque la Revolución Cubana mostró a los pueblos de América Latina que otro camino era posible y desafió el orden del “patio trasero” impuesto por el imperialismo. La ira interminable y el resentimiento de Washington nacen precisamente de ahí.

A medida que las administraciones estadounidenses fracasaban frente a Cuba, aumentaban el nivel de agresividad. Creyeron que podrían asfixiar a Cuba durante la disolución de la Unión Soviética y también tras la muerte del líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, pero no lo lograron.

Hoy, el imperialismo estadounidense intenta nuevamente someter a Cuba como parte de la ola de agresividad que ha lanzado para reforzar su debilitada hegemonía internacional. Donald Trump, dejando de lado incluso el viejo lenguaje diplomático adornado con referencias a los derechos humanos y la democracia, amenaza abiertamente a Cuba con un discurso colonialista salvaje y pretende pasar a la historia como el presidente que hizo realidad el “sueño americano” de 67 años.

La política de la administración Trump hacia Cuba es bien conocida. En los últimos meses, las sanciones concentradas especialmente en el sector energético, las intervenciones dirigidas contra las cadenas de suministro de combustible, las presiones ejercidas sobre terceros países y la ampliación de los mecanismos de asfixia financiera han tenido como objetivo llevar a Cuba a una parálisis económica total. De hecho, los prolongados apagones, las crisis en el transporte, las interrupciones en la producción y las dificultades para acceder a productos básicos han hecho extremadamente difícil la vida cotidiana en Cuba, amenazando la salud y el futuro de su pueblo. El objetivo de la administración estadounidense, mediante estas políticas que los cubanos califican con razón de “genocidas”, es obligar al pueblo cubano a rendirse y destruir así el poder revolucionario existente en la isla.

Sabemos que nuestros hermanos cubanos, lejos de rendirse frente a esta agresión, luchan con todas sus fuerzas contra los complejos problemas causados por el bloqueo; que producen soluciones creativas mediante la movilización social y la solidaridad; y que, más allá de resolver únicamente las urgencias del presente, avanzan en planes de largo plazo para liberar la economía y la seguridad energética del país de la presión del imperialismo estadounidense. El Partido Comunista de Cuba continúa defendiendo, pese al bloqueo, el sistema público de salud, la educación y las demás conquistas del socialismo. La descomposición social que esperaba el imperialismo no ocurrió. El pueblo cubano no se arrodilló. La expresión más clara de ello fue la campaña “Mi Firma por la Patria”, respaldada por millones de cubanos, así como las masivas movilizaciones del Primero de Mayo que demostraron la firme resistencia popular en toda la isla.

Al no obtener los resultados deseados, la administración Trump ha comenzado ahora a expresar con mayor fuerza amenazas de intervención militar directa. En particular, el secretario de Estado Marco Rubio y los círculos anticubanos agrupados a su alrededor —quienes han construido sus carreras políticas sobre la hostilidad hacia Cuba— están empujando la histórica política agresiva de Estados Unidos hacia una línea aún más descontrolada, vengativa y belicista. Esta estructura, estrechamente vinculada a sectores anexionistas con base en Miami, al ala ultraderechista del Partido Republicano y a núcleos intervencionistas dentro de la burocracia estatal, promueve abiertamente la discusión de opciones militares directas allí donde el genocidio económico no ha sido suficiente.

Si los reaccionarios estadounidenses se atreven a lanzar una agresión militar contra Cuba, el pueblo cubano defenderá su país con toda la experiencia histórica de la Revolución, su organización y su conciencia antiimperialista. En tal caso, los estadounidenses no encontrarán únicamente a las fuerzas armadas cubanas, sino a millones de personas defendiendo su patria revolucionaria.

Nosotros, como Partido Comunista de Turquía, no tenemos la menor duda al respecto.

Ayer como hoy, estamos junto a Cuba. Consideramos una tarea histórica ampliar la solidaridad con el pueblo cubano frente a toda forma de agresión, bloqueo y amenaza de intervención militar por parte del imperialismo estadounidense.

Y lo declaramos abiertamente:

En caso de una agresión imperialista, estamos preparados para movilizar todos nuestros recursos políticos, organizativos y sociales en defensa de Cuba.

No dejaremos sola a Cuba. La brutalidad imperialista no podrá quebrar la resistencia del pueblo cubano, que lleva en alto la dignidad de la humanidad y la bandera del socialismo. El TKP continuará siendo una de las fuerzas de vanguardia de la creciente solidaridad internacionalista que se desarrolla en todo el mundo en apoyo a esta resistencia.

(Cubaminrex-Embacuba Türkiye) 

Bitácora nocturna: Análisis sobre la breve estancia del director de la CIA en La Habana

 

El jueves, el jefe de la CIA aterrizó en La Habana. Esta mañana, su antecesor en el cargo dijo en televisión que la política de su propio gobierno puede ser un error histórico. Esta noche desenredamos lo que nadie está leyendo junto.










Daniel Guerra: 

Buenas noches. Esta semana ha sido de esas que te obligan a sentarte y mirar con calma, porque cuando las noticias llegan rápido y en tropel, la primera víctima suele ser el análisis. Hoy cerramos la semana con una conversación que intenta exactamente eso: ir más despacio que los titulares. Tengo aquí a Javier, a Danita González, a Carolina Gb y a un invitado especial. Y el tema, en realidad, es uno solo con varias capas. En menos de 48 horas ocurrieron tres cosas que hay que leer juntas: el director de la CIA aterrizó en La Habana el jueves, el exdirector de la CIA habló esta mañana en televisión estadounidense sobre Cuba, y una plataforma mediática con mucha audiencia en la comunidad cubana construyó alrededor de esos dos hechos un relato que merece examinarse con cuidado. Javier, empecemos por lo que sabemos con certeza sobre la visita de Ratcliffe.

Javier: Lo primero que hay que decir es que el hecho en sí es extraordinario. No hay otro adjetivo. El director de la CIA en La Habana, al frente de una delegación presidencial estadounidense, reunido con la ‘cúpula’ del MININT cubano. Eso no había ocurrido en décadas. Pero hay algo en la manera en que se supo que es tan importante como el hecho mismo: fue Cuba quien lo dijo primero. El gobierno cubano publicó el comunicado antes de que Washington confirmara nada. Eso no es un detalle protocolar. Es una decisión política deliberada. La Habana tomó la iniciativa narrativa, fijó el marco de lectura desde el primer minuto, y dejó que Estados Unidos confirmara después. El comunicado cubano dice expresamente que la visita fue solicitada por el gobierno de Estados Unidos y aprobada por la Dirección de la Revolución. Ese lenguaje no es casual.

Daniel: Y eso tiene implicaciones que van más allá del protocolo diplomático. ¿Qué están diciendo exactamente con ese gesto?

Javier: Están diciendo varias cosas a la vez. Le dicen a su población: nosotros no fuimos a buscar esto, nos lo pidieron. Le dicen a la comunidad internacional: aquí hay un interlocutor con quien hay que hablar. Y le dicen a Washington: el marco de esta conversación lo ponemos nosotros. Es diplomacia comunicacional. Y funcionó, porque todos los medios del mundo tuvieron que usar la versión cubana como punto de partida.

Danita: Hay que agregar algo que complica el cuadro para quienes leen esto como señal de debilidad cubana. Esta es la segunda visita de alto nivel en menos de seis semanas. La primera fue el 10 de abril, cuando llegó una delegación del Departamento de Estado. Es decir, Washington ha venido dos veces. Eso no es el comportamiento de una potencia que está a punto de resolver el asunto por otras vías. Es el comportamiento de alguien que necesita una mesa de conversación y no la tiene de otra forma.

Daniel: nuestro invitado especial (en primer plano a la derecha en el set, sonríe), tú que conoces bien los mecanismos de la política exterior norteamericana, ¿cómo lees la combinación de lo que hizo Ratcliffe el jueves y lo que dijo Gates esta mañana en televisión?

Invitado: Es una combinación que hay que leer junta, como dices tú, Daniel, porque por separado cada pieza parece menos significativa. Gates es exdirector de la CIA, fue secretario de Defensa con dos presidentes distintos, no es un comentarista casual. Cuando él sale esta mañana en Face The Nation y dice que la verdadera amenaza que Cuba representa para Estados Unidos no es militar sino la posibilidad de un colapso que genere una nueva crisis migratoria tipo Mariel, está enviando un mensaje interno al gobierno Trump. Le está diciendo: cuidado con lo que están haciendo, porque la política de presión máxima puede producir exactamente lo que más daño les haría políticamente, otra oleada de cubanos llegando a Florida. Y lo dice el mismo día que su sucesor en el cargo está sentado en La Habana negociando. Eso no es coincidencia de agenda. Es el establishment de seguridad norteamericano hablando con dos voces que apuntan en direcciones distintas.

Daniel: Y esa tensión interna dentro del propio establishment es un dato político de primera importancia que la mayoría de los medios pasó por alto hoy.

Invitado: Completamente. Gates no está cuestionando que Cuba sea un problema para Estados Unidos. Está cuestionando el método. Y lo hace con autoridad institucional que muy pocos pueden igualar. Eso debería ser noticia principal en cualquier análisis serio de la situación. En cambio, lo que circuló con más fuerza hoy fue otra cosa.

Daniel: Y ahí llegamos al tercer elemento de esta noche. Danita, tú has estado monitoreando la narrativa de CiberCuba durante la semana. ¿Qué encontraste?

Danita: Encontré un patrón, que es más interesante que cualquier error puntual. CiberCuba no falla por descuido. Opera con un método. Y ese método tiene un nombre en teoría de la comunicación: narrativa de inevitabilidad. Funciona tomando datos reales, que los hay y algunos son importantes, y envolviéndolos en un marco interpretativo que dice siempre lo mismo: el colapso está cerca, el cambio es inminente, el desenlace ya está escrito. Eso se repite cada día, con distintos hechos como pretexto, hasta que la audiencia lo internaliza como verdad atmosférica aunque ninguna predicción concreta se haya cumplido.

Daniel: ¿Puedes dar ejemplos de esta semana?

Danita: Varios. El más llamativo: publicaron un artículo sobre las expectativas en torno al 20 de mayo que incluía una imagen generada con inteligencia artificial mostrando cómo los cubanos celebrarán la caída del gobierno. No es análisis especulativo, no es ilustración satírica. Es una imagen fabricada de un evento que no ha ocurrido, presentada como visualización del futuro. Eso tiene un nombre y no es periodismo. Segundo ejemplo: en su cobertura de la visita de Ratcliffe citaron textualmente a un «alto funcionario de la administración Trump» diciendo cosas muy específicas sobre el estado del gobierno cubano. Esa cita no aparece en CBS News, en Reuters, en AP ni en Axios. No tiene nombre, no tiene cargo, no tiene contexto de dónde fue dicha. Se presenta con el mismo peso que las declaraciones verificadas de Gates o los comunicados oficiales. Y tercero, y esto es estructural: en la misma semana publicaron que el gobierno cubano está cediendo y que se prepara el puntillazo final. Las dos narrativas conviven sin tensión porque el objetivo no es la coherencia. Es mantener a la audiencia en un estado de expectativa permanente que nunca se satisface y que por tanto hay que renovar cada día.

Carolina Gb: Lo que describes, Danita, tiene consecuencias psicosociales muy concretas que vale la pena nombrar. Una audiencia sometida de manera sostenida a la narrativa de colapso inminente que nunca llega entra en un estado que la psicología social llama fatiga de expectativa. Primero hay excitación, luego decepción cuando el desenlace no ocurre, luego una especie de anestesia donde se sigue consumiendo el contenido como hábito aunque ya no se crea del todo. Pero el daño está hecho: la persona ha organizado su lectura de la realidad alrededor de un marco que no corresponde a los hechos, y eso afecta decisiones muy concretas, desde cómo interpreta una noticia real hasta cómo evalúa sus propias opciones de vida.

Daniel: Y hay un elemento más que señalar sobre CiberCuba esta semana, que tiene que ver con cómo producen el contenido. Varios de sus artículos incluyen al final una nota que dice que el texto fue generado o editado con inteligencia artificial y revisado por un editor antes de publicar. Esa transparencia es mejor que ocultarlo. Pero no resuelve el problema de fondo: si el marco interpretativo ya está orientado hacia una conclusión preestablecida, el revisor humano lo que hace es confirmar el sesgo, no corregirlo. La herramienta amplifica la dirección en que apunta quien la usa.

Javier: Y hay que decirlo con claridad para que no se malentienda lo que estamos haciendo aquí: no es que todo lo que publica CiberCuba sea falso. Hay datos de la crisis energética, de los apagones, de la situación real del país, que son verificables y que ellos publican. El problema es el marco en que los colocan. Un dato verdadero dentro de un marco falso produce una lectura falsa. Eso es más difícil de detectar que una mentira directa, y por eso es más eficaz como instrumento de guerra cognitiva.

Daniel: Que es exactamente la función que cumple dentro del ecosistema mediático del ‘exilio cubano. No es un medio que informa y a veces se equivoca. Es un medio construido alrededor de una narrativa política específica que usa la información como material de construcción, no como fin en sí mismo. La diferencia importa. Y esta semana, con dos hechos diplomáticos de primera magnitud ocurriendo en tiempo real, esa diferencia se vio con particular nitidez.

Invitado: Para cerrar con lo que más me parece relevante del cuadro completo de esta semana: lo que ocurrió no es que Cuba esté a punto de colapsar ni que Estados Unidos esté a punto de resolver el asunto. Lo que ocurrió es que dos partes que llevan décadas sin hablarse directamente han tenido dos conversaciones en seis semanas, ambas solicitadas por Washington, y en ambas Cuba mantuvo su posición soberana como condición del diálogo. Eso no es la narrativa del colapso. Es casi lo contrario.

Danita: Y Gates, que conoce ese sistema mejor que casi cualquier otro norteamericano vivo, lo dijo esta mañana sin ambigüedad: la mayor amenaza no es Cuba como potencia hostil. Es la posibilidad de que la presión excesiva produzca un colapso que nadie en Washington está realmente preparado para manejar. Cuando el exdirector de la CIA le dice eso al director actual el mismo día que este regresa de La Habana, alguien en Washington está escuchando.

Daniel: Y nosotros también. Eso es La Bitácora Nocturna de este viernes. Buenas noches.

(Razones de Cuba, viernes, 15 de mayo de 2026)