martes, 13 de octubre de 2026

¡Venceremos!

Fuentes: Rebelión [Imagen: Lula da Silva en su primera intervención tras conocerse los resultados del primeo turno de las elecciones celebradas el 4 de octubre de 2026. Créditos: Paulo Pinto/Agencia Brasil]



N. ed.- Reproducimos un ‘texto urgente del camarada Valter Pomar’, dirigente del Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil, escrito en la noche del domingo 4 de octubre de 2026, una vez conocidos los resultados de los comicios presidenciales.


Angustia y pánico: esos fueron, probablemente, los sentimientos predominantes entre las personas que creían en la victoria de Lula en la primera vuelta, al seguir el escrutinio la noche del domingo 4 de octubre.

Parte de este pánico deriva de la actitud irresponsable de dirigentes que no tuvieron el coraje de decir la verdad sobre la situación electoral. Verdad que incluía, entre otras cosas, la posibilidad de un “giro colombiano”.

Al final, se confirmó la segunda vuelta, pero en condiciones muy difíciles.

El resultado contrasta fuertemente con la imagen de los últimos días de campaña y con las escenas de la votación, donde el voto por Lula fue visualmente predominante.

Lo que confirma que, mientras el electorado de izquierda se expone públicamente, el de derecha muchas veces vota callado. Pero quien hizo campaña en las calles pudo percibir las señales de lo que ocurrió en la primera vuelta.

Si comparamos los resultados de la primera vuelta de 2026 con los de 2022, constatamos dos curvas: la nuestra descendente, la de ellos ascendente.

La superposición de las dos curvas forma el dibujo de una tijera. Esa tijera tiene nombre: Galípolo. O, para ser justos, “Marco Galípolo”. Pero este perjuicio causado por la política económica ya está descontado y solo podrá corregirse después de nuestra victoria en la segunda vuelta.

Dicho esto, nosotros, que teníamos la certeza de que habría segunda vuelta, también tenemos la certeza de que Lula puede ser reelegido, en la segunda vuelta, por una pequeña diferencia.

Lo venimos diciendo desde que terminó la última elección municipal, en octubre de 2024. Por lo tanto, a diferencia de quienes creían en una victoria en la primera vuelta y ahora están más que preocupados, nosotros seguimos con el mismo mantra: ¡venceremos!

Pero para que eso ocurra, es necesario, entre otras cosas, una inmediata y profunda corrección de rumbo.

En verdad, la corrección ya comenzó, por obra y gracia de la militancia y de Lula.

La militancia, frente a la desgana y la incompetencia de parte de la dirección partidaria y de la campaña, salió a las calles por su propia cuenta y riesgo.

Y Lula, en las últimas semanas, tomó varias decisiones muy acertadas, a contramano del sentido común que predominó en nuestro gobierno. Sentido común que desembocaba en una autoevaluación que podía ser estadísticamente correcta, pero que era políticamente mezquina y no contribuyó en nada a dialogar con parte del sentimiento popular.

La corrección iniciada debe tener continuidad. Para eso, la dirección nacional de la campaña y del PT debe realizar, en las próximas 48 horas, un balance político detallado del resultado electoral nacional y también del resultado en los estados.

Específicamente en este caso, el resultado dejó en evidencia que se cometieron no solo “equívocos” o “errores”, sino cagadas homéricas, por ejemplo la decisión adoptada en la disputa de los gobiernos de Rio Grande do Sul y de Rio de Janeiro, donde no tener una candidatura petista al gobierno contribuyó a la victoria de la derecha en la primera vuelta. Sin hablar de la demora en tener una candidatura a gobernador en Minas Gerais.

Que otros resultados estatales eran posibles quedó demostrado, por ejemplo, por lo ocurrido en los estados gobernados por el PT, donde destacamos la tarea de ganar en la segunda vuelta para gobernador de Rio Grande do Norte, completando el excelente resultado de la primera vuelta potiguar [gentilicio de los habitantes de ese estado].

De inmediato, podemos decir que venceremos, siempre que hagamos como decía un inglés que vivió hace 400 años: “cree en Dios y mantén la pólvora seca”. O, en la versión atea de la misma idea, venceremos si tenemos un poco de suerte y si realizamos mucho trabajo duro —¡pero mucho, de verdad!

Eso significa campaña militante 24 horas al día, 7 días a la semana, hasta las 17 h del 25 de octubre.

Prioridad para el sector social que nos dará la victoria: los trabajadores de menor salario, las mujeres, los negros y negras, la juventud y el pueblo de corazón nordestino, incluso el que habita el sudeste del país y que se abstuvo, votó blanco, nulo o incluso por el cavernícola, corrupto, fascista y miliciano candidato de la extrema derecha.

Es principalmente en ese electorado, que no votó por nadie en la primera vuelta, donde están los votos que nos llevarán a la victoria. No se debe perder tiempo buscando “ampliar apoyos” en los diferentes segmentos de la derecha.

En este punto, es decisivo recuperar el espacio de la izquierda en el estado de São Paulo, donde nuestros resultados electorales son producto de la casi inexistencia del Partido y la consiguiente ausencia de una verdadera oposición a un gobierno desastroso, amigo de los ricachones y enemigo del pueblo.

Nuestro discurso debe enfocarse en el futuro de Brasil, con reformas estructurales que cambien nuestra sociedad y nuestro lugar en el mundo, garantizando soberanía, democracia, bienestar, medio ambiente y desarrollo.

Polarización sin tregua, para derrotar al crimen, a las milicias, a Faria Lima, a los mercaderes del templo, a los feminicidas, a los racistas, a los fundamentalistas, a los negacionistas y —sobre todo— a los imperialistas, a los golpistas y a los traidores de la patria.

Trabajar para que la coordinación de la campaña y la dirección del Partido estén a la altura de la tarea. Lo que incluye prepararse para una redoblada injerencia externa y operaciones golpistas.

Y, como más vale prevenir que curar, que cada uno de nosotros cumpla con su deber, como lo hizo la Nación Petista en los últimos quince días, enrojeciendo las calles y las redes.

Venceremos. Pero recordemos: mantengamos la pólvora seca. Y más aún porque la guerra no terminará con nuestra victoria del 25 de octubre.

Por último: a los dirigentes que juzgan imposible ganar remontando, les pedimos que no estorben y abran espacio para quienes creen que en la vida solo existe una alternativa adecuada para la clase trabajadora: ¡la lucha!

Orientación Militante a las 20:48 del 4 de octubre de 2026

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes. 

Madrid, Balears y Catalunya llevan doce años a la cabeza de la privatización sanitaria

Fuentes: El Salto

Desde 2014 la población con seguro privado se ha incrementado un 81% y el gasto sanitario de bolsillo un 52%, con 566 euros de media por familia.

Madrid (34), Balears (28) y Catalunya (28) lideran el proceso de privatización sanitaria. Y lo llevan haciendo desde 2014. Así lo demuestra el duodécimo Informe sobre la privatización sanitaria de las Comunidades Autónomas de la Federación de Asociaciones en Defensa de la Sanidad Pública (FADSP). Desde esta organización avisan de llevan haciendo este informe desde hace 12 años y estas tres comunidades siempre están a la cabeza, con leves cambios de posición. La comunidad liderada por Isabel Díaz Ayuso (PP) siempre en cabeza. “No estamos ante algo inevitable, estamos ante el resultado de políticas que buscan el desmantelamiento de la sanidad pública”, ha asegurado Sergio Fernández Ruiz, portavoz de FADSP.

Y aunque destacan estas tres comunidades, el informe señala que la privatización avanza en todas las comunidades. Y con una aceleración preocupante: Asturias ha experimentado un incremento del 95,8% desde 2014 y en los últimos tres años se han acelerado sus procesos. Tras ella, preocupa Extremadura, donde la privatización se ha incrementado un 94,4% o Castilla la Mancha, con un incremento del 90%. “La situación no es buena en ninguna Comunidad Autónoma, está presente en todas, lo único que cambia es su intensidad y las fórmulas utilizadas”, ha expresado Fernández.

Por otro lado, desde 2014 la población con seguro privado se ha incrementado un 81% y el gasto sanitario de bolsillo un 52%, con 566 euros de gasto de media por familia. Y esto va en contra de la equidad, avisa Fernández ya que “conseguir una cita en atención primaria se complica” y para conseguir una cita hospitalarias o una intervención quirúrgica cada vez hay que esperar más. “Quien no encuentra una salida, decide recurrir a la privada”, asegura Fernández.

En riesgo la “accesibilidad” de la salud

El informe, realizado a través del análisis de diez indicadores “ya que no tenemos acceso a las facturas”, ha indicado José Manuel Aranda, portavoz de la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Baleares, indica que la sanidad pública española sigue estando entre las diez primeras del mundo, según la OMS. Y lo está por factores como el alto nivel de la salud de la población, la cobertura universal, la accesibilidad de los servicios o la equidad en el acceso. Pero, avisa Aranda, «algunos de estos factores se están poniendo en riesgo».

Aranda ha asegurado que estos riesgos se han visibilizado en estos últimos años de escándalo en escándalo. Recientemente, se conocía el maquillaje en las listas de espera del Hospital Ramón y Cajal (Madrid). Un año antes estallaba el escándalo del Hospital de Torrejón, hospital público en manos de Ribera Salud, donde según unos audios publicados por el diario El País, el CEO pidió rechazar pacientes para ganar más dinero. También los sobrecostes que ha pagado la Comunidad de Madrid a la empresa Quirón: 1.300 millones de euros o la crisis de las mamografías en Andalucía, un caso donde se han reunido tres ingredientes, en palabras de Aranda: “Hay una demanda de más recursos que no es atendida, hay una ineficiencia de los sistemas de gestión y una privatización de los recursos”.

Para Aranda, esta privatización “produce muertes”. Y ampara estas declaraciones en un estudio publicado en The Lancet por la Universidad de Oxford concluye quela externalización de servicios sanitarios públicos a empresas privadas con ánimo de lucro en Inglaterra se asoció con un aumento de la mortalidad evitable. “Privatizartiene costes en muertes de personas. Los conciertos matan gente, y esto no lo digo yo, lo dice Lancet”, asegura Aranda. Otros estudios, continúa, demuestran que la gestión pública es más eficiente y la calidad en la asistencia privada no es mejor.

Según los datos aportados por FADSP, el gasto en privatización sanitaria ya se eleva a 34.000 millones de euros, lo que supone el 2,5% del PIB y representa alrededor del 27% del total del gasto sanitario total. Dentro de esta partida y las diferentes fórmulas para privatizar, destacan los conciertos privados, que suponen un gasto que asciende hasta los 11.000 millones de euros.

Desde FADSP señalan que detrás de estos datos hay un plan de los gobiernos neoliberales. “La privatización no es algo inevitable, es consecuencia de una política explícita”. Una política que hace que “crezca la desigualdad y la inequidad”, ha zanjado Aranda.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/sanidad-publica/madrid-balears-catalunya-llevan-doce-anos-cabeza-privatizacion-sanitaria 

FRÉDÉRIC LORDON. La deuda de Estados Unidos: no va más

Octubre del 2026

Cuando los valores refugio se vuelven tóxicos


















Desde hace varios meses, entre el crédito privado y la burbuja de la inteligencia artificial, el edificio de las finanzas cruje por todas partes. Y he aquí que aparecen grietas en el compartimento reputado como el más sólido, aquel en el que los inversores corrían a refugiarse hasta ahora: el de los títulos de la deuda estadounidense. Que ya parece estar fuera de todo control.

Vemos cómo suben las tasas de impago en el private credit (‘crédito privado’). Vemos que la extravagante pirámide financiera —apoyada sobre su vértice— de la inteligencia artificial (IA) empieza a tambalearse (1). Y, como si no bastara, he aquí que otro sector, esta vez en el terreno monetario-financiero internacional, despierta y se agita, como para no quedarse atrás en el cuadro, más bien dantesco, que va componiendo una crisis que, decididamente, llega por todos los flancos: ahora, por el de los tipos de interés soberanos. Ya ni siquiera está muy claro, por lo demás, si hay que clasificarlo entre los explosivos o entre los detonadores. Esta cuestión no es anecdótica ni ociosa: entraña implicaciones bastante cruciales, políticas en particular. Porque, cuando las deudas soberanas irrumpen en medio de un desastre causado, en primera instancia, por deudas privadas, es para hacerlas cargar con el muerto.

Los tipos soberanos vuelven a subir de forma soterrada pero inexorable, un poco por todas partes, desde comienzos de año, especialmente los de la deuda japonesa y estadounidense. Es una historia que empieza en un rincón apartado del mundo monetario-financiero, un asunto oscuro y técnico, reservado a los círculos especializados: el carry trade. El carry trade es una operación especulativa que consiste en endeudarse en una divisa con tipos de interés bajos para invertir en otra con mejores rendimientos (tipos más altos) y embolsarse su pequeña plusvalía. Por ejemplo: Japón, tierra de tipos de interés nulos desde finales de la década de 1990. Una maravilla. Los carry traders llevan, pues, mucho tiempo operando en este business tan sencillo como rentable: endeudarse en yenes, invertir en dólares. En esas estábamos cuando los tipos japoneses empezaron a subir. ¿Y eso por qué? Porque la economía japonesa ha ido saliendo de su largo coma deflacionista, a lo que se han sumado los jueguecitos de Donald Trump en el estrecho de Ormuz, que han dado un buen empujón al repunte de la inflación (Japón depende mucho del Golfo para abastecerse de energía), y porque las autoridades japonesas se sienten ahora obligadas a hacer algo al respecto. Tanto más cuanto que el yen ha caído a niveles inquietantes: de 80 yenes por dólar en 2011 ha pasado a unos 160 a mediados del verano de 2026. Ahora bien, un yen débil alimenta la inflación a través de los precios de importación. He aquí dos razones para subir los tipos de interés: por su efecto directo sobre el ritmo de la economía y por su efecto indirecto sobre el tipo de cambio.

Y es una catástrofe.

En primer lugar, porque los inversores japoneses son, sencillamente, los principales acreedores de la deuda pública estadounidense, con 1,2 billones de dólares (en segundo lugar está el Reino Unido; China sacó hace tiempo los aerofrenos: de 1,3 billones en 2013 ha reducido su exposición a 660.000 millones de dólares). Con semejantes volúmenes en cartera, un movimiento de los inversores japoneses puede tener efectos de gran envergadura. Y parece que se están moviendo. Primero, por el simple hecho de que los rendimientos en Japón se recuperan, también alentados por la ministra de Finanzas, que reclama el regreso de los capitales al país. Donde hacen falta: para sostener el yen.

Es el detonador

Segundo, porque se masca el desastre si el mercado de los US bonds (bonos estadounidenses) empieza a verse sacudido. Y lo está. En septiembre, el rendimiento del bono a treinta años ha alcanzado su nivel más alto desde 2007. En igualdad de condiciones (en particular, de sabias operaciones de cobertura), las subidas de tipos provocan una caída de las cotizaciones de los títulos negociados en los mercados secundarios. Al contrario de lo que cabría esperar del faro de las finanzas globalizadas, la tenencia de la deuda estadounidense es poco extravertida, ya que entre el 70 y el 75% está en manos de residentes. Para un saldo vivo total de 40 billones de dólares, nada menos. El potencial de pérdidas es gigantesco. Ese es el explosivo.

Sin embargo, el riesgo de conjunto va mucho más allá: ese es el detonador. Junto con los tipos de intervención de la Reserva Federal (Fed), los tipos a largo plazo de la deuda pública son tipos de referencia cuyo movimiento, por traslación, afecta a toda la estructura de los tipos de interés. Por ejemplo, a los de los créditos hipotecarios, justo cuando el desequilibrio entre oferta y demanda en el mercado inmobiliario es el mayor jamás registrado. Pero, en realidad, a los de toda la economía. Crédito más caro, crédito desincentivado. Especialmente en Estados Unidos, donde la deuda es la muleta del gasto de los hogares. Como si a la recesión que empieza a extenderse desde el choque de Ormuz le hiciera falta esto. La combinación de subidas de tipos y recesión promete ser mortífera para el sector del private credit, cuyo parámetro vital, la tasa de impago de las empresas prestatarias, va a salirse de sus medias admisibles.

Ya ha empezado: en máximos, en el 6,3%, según Fitch; quizá en el… 19%, según Pimco, lo que da idea de la tranquilizadora opacidad en la que navegamos. Un private credit que, de paso, ahora que los bancos empiezan a notar el olor a chamusquina, se ha convertido en la solución para refinanciar toda la pirámide de la IA. Si a ello se añade la maraña de las llamadas operaciones “apalancadas”, que apuestan por hipótesis sobre los tipos que más vale no perturbar bajo ningún concepto, es todo el edificio de la deuda privada el que está en vísperas de grandes desestabilizaciones.

El señor Scott Bessent, secretario del Tesoro estadounidense, es plenamente consciente de ello. Si no se frena, la subida continua de los tipos de los US bonds puede desencadenarlo todo. Todo: el hundimiento de las finanzas en su conjunto. Metámonos por un instante en su cabeza: la cadena de imperativos es sencilla.

El señor Scott Bessent, secretario del Tesoro estadounidense, es plenamente consciente de ello. Si no se frena, la subida continua de los tipos de los US bonds puede desencadenarlo todo. Todo: el hundimiento de las finanzas en su conjunto. Metámonos por un instante en su cabeza: la cadena de imperativos es sencilla. 1) Para que los tipos estadounidenses no suban, hay que disuadir a los inversores japoneses de vender sus títulos de deuda estadounidense; 2) para disuadirlos, el tipo de interés no debe subir en Japón, donde unos mejores rendimientos volverían a atraerlos; 3) para que el tipo de interés japonés no suba, el yen tiene que apreciarse y dejar de necesitar, precisamente, el apoyo de unos tipos más altos. Por consiguiente, hay que ayudar al yen en los mercados de divisas. Si esa es la condición lógica para evitar el hundimiento de “todo”, entonces el secretario Bessent también está dispuesto a todo. Este verano de 2026 no se anda con chiquitas. Acción coordinada con el Banco de Japón, presiones sobre la Reserva Federal de Estados Unidos para que intervenga directamente en el mercado de divisas a favor del yen y, sobre todo, operaciones de buyback. Buyback: recompra por parte del Tesoro de su propia deuda en los mercados de bonos.

Estas operaciones no son excepcionales. Lo que ya lo es más es que el secretario Bessent anuncie de repente, a mediados de agosto, que eleva su límite habitual de 2.000 a 4.000 millones de dólares. Casi rutinarias hasta ahora, estas intervenciones están adquiriendo una naturaleza muy distinta. Antes servían para ajustar con precisión la liquidez del mercado de deuda soberana; ahora buscan influir directamente en sus tipos. Los inversores no se llaman a engaño: el secretario del Tesoro las está convirtiendo en un buen garrote. Para atizarles. El 9 de septiembre de 2026, por lo demás, lo anuncia sin ambages: “Ahora, la banca soy yo” (2), declara ante el estupor general. Aquí no hay que equivocarse con lo de la “banca”: Bessent habla el lenguaje del casino; la banca es la entidad contra la que nadie gana. Es seguro que ese “la banca soy yo” pasará a la historia de las crisis monetario-financieras. Porque es una declaración de guerra a los mercados de bonos, que rara vez dicen que no a un buen fight de los de toda la vida. En ese preciso momento, todo el mundo tiene en mente el combate que creyó poder librar el Banco de Inglaterra en 1992 para defender el tipo de cambio de la libra esterlina. El Banco mordió el polvo, arrollado por las fuerzas del mercado, y la libra acabó expulsada del Sistema Monetario Europeo. Para respaldar sus palabras, el secretario Bessent anuncia que la duplicación del límite de los buybacks hasta los 4.000 millones de dólares no se quedará ahí y que lanzará 6.000 millones a la batalla. Quienes “shorteen” los US bonds, esto es, quienes los vendan en corto (apostando por su caída), saldrán trasquilados: los bonds estarán sostenidos por las recompras del Treasury, su precio no caerá y a los inversores que lo hayan intentado solo les quedará asumir sus pérdidas. Y no volver a intentarlo. Como en el póquer, los mercados “ven” el farol. ¿6.000 millones? Al cierre de la jornada del 9 de septiembre, los tipos estadounidenses siguen subiendo. A los inversores tampoco les falta cara: “decepcionante” (sic), soltaron (3); esperaban 8.000, o más bien incluso 10.000.

Paliza monumental: el 9 de septiembre de 2026 del US bond va a sumarse al 16 de septiembre de 1992 de la libra esterlina.

En el enfrentamiento entre los mercados y las autoridades públicas, los mercados se habrán llevado el gato al agua. Es el tipo de acontecimiento cuyo alcance no hay que dejar de calibrar: el de una ruina invisible, que se adelanta a las demás, la ruina de un capital simbólico.

Los inversores no van a soltar su ventaja así como así, y menos aún ahora que se han compuesto una nueva cantinela y se la cantan a sí mismos: “La ‘deuda US’ está fuera de control: esa es la causa de todo”. Es la maniobra envolvente que consumará la derrota del secretario Bessent. Porque en ese argumento ya no se habla del yen, ni del carry trade, ni de ningún otro dato extrínseco: ya solo se mira la “deuda US”, la deuda sola, la deuda desnuda. Desde finales de agosto de 2026, todas las voces autorizadas con que cuentan las finanzas se han manifestado para conminar al secretario Bessent a dejar sus “chapuzas” (tinkering), para explicarle que corresponde a los mercados fijar los precios —en este caso, el de la deuda estadounidense—, no a los Gobiernos ni a sus inoportunas intervenciones, cuyo único efecto es la “distorsión”: “el mercado” reivindica el monopolio de la verdad de los precios y no está dispuesto a dejar que se lo discutan. “Let the bond market speak” (“Que hable el mercado de bonos”), conmina el multimillonario e inversor Stanley Druckenmiller en la portada de The Wall Street Journal (4).

Lo que se dirime en el verano de 2026 es una gigantomaquia, que es, a su vez, un síntoma: la autoridad de las autoridades se derrumba. Ya nadie las escucha. Terrible espiral que en su día se tragó al Banco de Inglaterra: todo lo que haga el secretario Bessent para sostener su estrategia podrá ser utilizado en su contra. Que la autoridad de la potencia que posee la divisa clave se vea así menoscabada es un acontecimiento de primer orden, que anuncia vuelcos de enorme envergadura: el del orden del dólar, ni más ni menos. Ahora se cuestiona la deuda estadounidense. Como la de un vulgar Estado europeo. Una vez consolidada, la condición de hegemón es precisamente lo que protege de ese tipo de preguntas, como, por lo demás, de las relativas a la paridad: a lo largo de la historia de su dominio, la paridad del dólar ha podido experimentar amplias fluctuaciones sin que ello le haya planteado el menor problema de estatus. La deuda y la moneda del hegemón son el eje del sistema monetario y financiero internacional, es decir, el lugar superior desde el que se formulan las preguntas destinadas a los demás. No el lugar al que se interroga.

¿Hacia la gran explosión?

De estas transformaciones silenciosas en el orden del dólar se desprenden dos consecuencias. La primera es que podemos contar con el discurso de los mercados para reducir todo el panorama financiero al único problema de la “deuda pública”. Cuando, en realidad, la situación de extrema fragilidad financiera se debe, en primera instancia, por completo a la deuda privada. Otra vez la dialéctica del explosivo y el detonador; en este caso, del detonador al que se hará pasar por explosivo. Y ya se anticipa la maniobra de distracción perfecta: a la papelera las enormidades del private credit y de la IA (5), sus inverosímiles montañas de deuda a punto de derrumbarse, pero a la espera de un crac de los US bonds que vendría in extremis a salvarlas ideológicamente.

Los inversores no se irán de rositas con semejante fraude, porque un crac en el mercado de la deuda estadounidense tendrá como efecto destruir el safe haven: el “activo sin riesgo”. El activo sin riesgo es aquel al que recurren todos los agentes financieros cuando el siniestro es general, cuando todos los demás activos sufren las depreciaciones masivas del crac, cuando hay que huir de todos los compartimentos porque ninguno es ya seguro, pero a algún sitio hay que ir, porque quedarse sin más con el cash en las manos da demasiada pena. Entonces, en un movimiento denominado flight to quality (“huida hacia la calidad”), los inversores que han logrado salir como han podido de los compartimentos en ruinas se precipitan hacia la última opción de inversión: el activo sin riesgo.

No hay misterio: el activo elevado a semejante dignidad es siempre un título soberano, considerado de la mejor calidad. ¿Cabe imaginar mejor calidad para el flight que la de la deuda del hegemón? Al parecer, la pregunta, que ni siquiera se planteaba porque la respuesta caía por su propio peso, empieza a formularse. Pero, entonces, ¿en qué situación nos encontraremos en el momento de la gran explosión? Privados de activo sin riesgo, desaparecido el safe haven. Los inversores en cueros en el Gran Norte, sin la menor idea medianamente fiable de dónde buscar cobijo. Puesto que las finanzas recurren al inglés más de la cuenta, vamos a decirlo así: you can run, but you can’t hide (“corre lo que quieras: ya no tienes dónde esconderte”). Desaparición del activo sin riesgo, muerte del hegemón: entramos en un territorio seriamente desconocido.

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(1) “IA, le mur”, La pompe à phynance, https://blog.mondediplo.net, 4 de septiembre de 2026.

(2) Emily Herbert, Ramsay Hodgson e Ian Smith, “‘I’m the house now’: Bessent warns currency traders not to bet against yen”, Financial Times, Londres, 9 de septiembre de 2026.

(3) Kate Duguid, Myles McCormick y George Steer, “Treasury yields jump as Scott Bessent’s $6bn buyback plan disappoint investors”, Financial Times, 9 de septiembre de 2026.

(4) Stanley F. Druckenmiller, “Let the bond market speak”, The Wall Street Journal, Nueva York, 24 de agosto de 2026.

(5) Véase “La crisis monstruo”, Le Monde diplomatique en español, mayo de 2026.

(6) “IA, le mur”, La pompe à phynance, https://blog.mondediplo.net, 4 de septiembre de 2026.

(7) Emily Herbert, Ramsay Hodgson e Ian Smith, “‘I’m the house now’: Bessent warns currency traders not to bet against yen”, Financial Times, Londres, 9 de septiembre de 2026.

(8) Kate Duguid, Myles McCormick y George Steer, “Treasury yields jump as Scott Bessent’s $6bn buyback plan disappoint investors”, Financial Times, 9 de septiembre de 2026.

(9) Stanley F. Druckenmiller, “Let the bond market speak”, The Wall Street Journal, Nueva York, 24 de agosto de 2026.

(10) Véase “La crisis monstruo”, Le Monde diplomatique en español, mayo de 2026.

Frédéric Lordon

Economista y filósofo, director de investigación del CNRS
en el Centre Européen de Sociologie et de Science Politique en París
y profesor en la École des Hautes Études en Sciences Sociales.

Le Monde Diplomatique, octubre 2026.