sábado, 28 de marzo de 2026

Habermas: el filósofo del «consenso democrático» que legitimó la guerra y a las élites económicas

 
EUROPA :: 18/03/2026

CRISTÓBAL GARCÍA VERA

La muerte de Jürgen Habermas ha provocado una avalancha de elogios en la prensa burguesa o no, que lo presenta como uno de los grandes filósofos democráticos de nuestro tiempo

¿“Deliberación racional entre iguales” bajo el dominio del gran capital?

La muerte del filósofo y sociólogo Jürgen Habermas (1928-2026), el pasado sábado 14 de marzo, ha desatado una oleada de homenajes que lo reivindican como una de las mayores figuras intelectuales de la Europa contemporánea y un “referente ético fundamental”. Durante décadas, en efecto, Habermas fue el intelectual público más influyente de Alemania y uno de los pensadores más citados del mundo occidental. Intervino en discusiones sobre la memoria del nazismo, la identidad alemana, la reunificación del país y el proyecto político europeo. Con el tiempo su figura adquirió el perfil del gran intelectual público de un país con una de las tradiciones filosóficas más importantes de Europa.

Su nombre quedó asociado a una idea que ha tenido enorme éxito en la filosofía política reciente: que las sociedades modernas pueden legitimarse mediante el “diálogo racional” entre “ciudadanos libres e iguales”.

La tesis es conocida. Cuando los ciudadanos pueden discutir en condiciones de igualdad, intercambiar argumentos y deliberar públicamente sin coerción sobre los asuntos comunes, las decisiones colectivas pueden considerarse legítimas. En última instancia, la democracia sería – para Habermas – este proceso de «discusión racional».

Ese planteamiento ha tenido un enorme impacto en universidades, instituciones europeas y buena parte de la teoría política contemporánea. Pero precisamente por el alcance de ese impacto conviene preguntarse algo que los obituarios rara vez plantean: qué papel desempeñó realmente ese tipo de pensamiento en las sociedades donde surgió. Porque una teoría social puede volverse influyente no solo por su fuerza intelectual o su rigurosidad, sino también por su capacidad para encajar con las necesidades ideológicas del sistema en el que se desarrolla. Y, en el caso de Habermas, esa relación resulta difícil de ignorar.

DEL MARXISMO A LA CRÍTICA INOFENSIVA: EL GIRO DE LA ESCUELA DE FRANKFURT

Jürgen Habermas desarrolló inicialmente su obra dentro de la llamada Escuela de Frankfurt, una corriente intelectual que había surgido en el siglo XX con la promesa de renovar la crítica social europea y que, erróneamente, muchos han incluido durante décadas en la tradición marxista.

Sin embargo, en esa escuela se produjo bien pronto un desplazamiento teórico que la alejó de lo esencial de dicha tradición. Mientras Marx había situado el núcleo de su crítica radical en la economía política —la producción de valor, la explotación del trabajo y la estructura de clases—, sin descuidar por ello la crítica de la cultura o la alienación(1), la llamada “teoría crítica” de la Escuela de Frankfurt abandonó ese terreno para centrarse casi exclusivamente en el ámbito cultural, la ideología o la psicología social. Esta orientación supuso dejar de lado las relaciones materiales que organizan la sociedad capitalista y acabaría por convertir su crítica en un tipo de discurso perfectamente asumible y funcional para el propio sistema.(2)

Habermas heredó ese desplazamiento culturalista pero lo llevó todavía aún más lejos. En lugar de situar el centro del análisis en las relaciones sociales que organizan la producción y la vida material, su proyecto filosófico se orientó hacia otra cuestión: cómo puede legitimarse políticamente el orden existente. Ese cambio de perspectiva sería decisivo. Porque, cuando el análisis abandona las relaciones de poder que organizan una sociedad, la política se presenta como un problema de procedimientos, normas y comunicación, ocultando el hecho de que se trata, en realidad, de una lucha entre intereses antagónicos de clases sociales objetivamente enfrentadas.

LA DEMOCRACIA COMO “DIÁLOGO ENTRE IGUALES” EN UNA SOCIEDAD DESIGUAL

La teoría que hizo mundialmente famoso a Habermas –y que le valió entre otros muchos reconocimientos el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales– fue la llamada teoría de la acción comunicativa. Su idea central es, como ya hemos apuntado, que las normas sociales pueden considerarse legítimas cuando resultan de procesos de “deliberación racional” entre ciudadanos que discuten en condiciones de igualdad. La política, en este modelo, deja de entenderse como una lucha por el poder y pasa a concebirse como un proceso de discusión pública.

Esta propuesta tiene una apariencia atractiva, pero cuando se confronta con la realidad queda en evidencia que sus premisas no se sostienen. Las sociedades contemporáneas no están organizadas sobre la base de individuos iguales que deliberan libremente. Están organizadas sobre enormes desigualdades económicas y concentraciones de poder.

Las grandes empresas controlan recursos económicos gigantescos, los medios de comunicación pertenecen a conglomerados empresariales, los partidos políticos dependen de financiación privada y los gobiernos toman decisiones respondiendo a las exigencias de estos poderes económicos y de los agentes que controlan los mercados financieros. Cuando esta realidad fundamental desaparece del análisis, o se sitúa en un segundo término, la teoría que enfoca así el estudio de la política revela su carácter legitimador del orden existente.

Jürgen Habermas recibiendo el premio Príncipe de Asturias en el año 2003.

HABERMAS CONTRA LA RADICALIZACIÓN DEL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL: DEL LADO DEL ORDEN EXISTENTE

Un episodio muy revelador sobre el posicionamiento político de Habermas ocurrió, tempranamente, durante las revueltas estudiantiles alemanas de los años sesenta.

Miles de jóvenes cuestionaban por aquellos años el orden político de la República Federal, denunciaban la continuidad en el aparato estatal de élites procedentes del nazismo y criticaban el capitalismo de posguerra.

Durante un breve tiempo Habermas pareció simpatizar con algunas demandas del movimiento pero cuando las protestas comenzaron a radicalizarse y a cuestionar más profundamente las instituciones del sistema su posición cambió de forma drástica.

En 1967, el pensador acusó a algunos sectores del movimiento estudiantil de practicar lo que él llamó un “fascismo de izquierda”. Aquella expresión marcaba una línea política muy clara: cuando el conflicto social dejó de ser una discusión meramente académica y comenzó a cuestionar el orden existente, el filósofo del diálogo tomó partido por ese orden burgués.

Significativamente, la posición de Habermas coincidió con la de su antiguo maestro Theodor W. Adorno. En 1969, estudiantes ocuparon el Instituto de Investigación Social de Frankfurt para denunciar la pasividad política de la institución. Adorno, una de las figuras centrales de la “teoría crítica”, respondió llamando a la policía para desalojarlos.

De esta manera, una corriente intelectual que había nacido con pretensiones críticas terminaba recurriendo al aparato coercitivo del Estado para restablecer el orden.

Antes, Adorno ya había dejado en evidencia qué se podía esperar de estos críticos de la cultura con su respuesta a los estudiantes que, en ese contexto, le exigían “pasar a la acción”.

“Si me preguntan qué hay que hacer —respondió— solo puedo decir: desde luego, no la revolución”.


Notas

NOTAS: (1) Como señaló el destacado marxista húngaro György Lukács, lo que distingue al marxismo no es el predominio de los “factores económicos” —como a menudo sostienen quienes caricaturizan la obra de Marx acusándola de “economicismo”— sino el “punto de vista de la totalidad”. Es decir, la comprensión de los fenómenos culturales, ideológicos o de la subjetividad en relación con las relaciones sociales y las estructuras de poder que organizan la sociedad. No se trata, por tanto, de prescindir del análisis de la cultura o de la subjetividad, sino de abordarlo estableciendo sus conexiones con esas relaciones de poder.

(2) Adorno y Horkheimer, lejos de realizar una aportación crítica a la teoría marxista desde las coordenadas de esa tradición emancipadora, desarrollaron una pretendida recusación de la misma desde un posicionamiento teórico que el filósofo español Manuel Sacristán definió como "sociología idealista dialéctica ". La crítica a Marx de los máximos exponentes de la Escuela de Frankfurt reprodujo algunos lugares comunes superficiales como el de descalificar su obra por un supuesto "determinismo histórico que postulaba leyes económicas inmanentes que llevan inevitablemente al comunismo, ignorando contingencias y la "dialéctica negativa". Como ha demostrado en sus investigaciones el profesor estadounidense Gabriel Rockhill, tanto Horkheimer como Adorno representaban políticamente lo que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) consideraba una "izquierda compatible" con el sistema. Ambos equiparaban el comunismo con el fascismo bajo la categoría de totalitarismos, viéndolos como expresiones equivalentes de la "razón instrumental". Horkheimer llegó a calificar el comunismo soviético como un "movimiento terrorista" y apoyó intervenciones imperialistas de EE.UU. como la guerra de Vietnam, mientras que Adorno criticó ferozmente la cultura anti-guerra de Vietnam, especialmente la música protesta como la de Joan Báez, acusándola de "convertir el horror en un producto consumible dentro de la industria cultural".

canarias-semanal.org


Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/habermas-el-filosofo-del-llconsenso-democraticogg-que

Europa y España ante China

Fuentes: Rebelión

En 2025, la economía china ha alcanzado un hito histórico. Por primera vez, el producto interior bruto (PIB) del país ha superado los 140 billones de yuanes, el equivalente aproximado a 20 billones de dólares. Este logro refleja la capacidad de China para mantener un crecimiento estable en un contexto global complejo, marcado por tensiones geopolíticas, desaceleración económica en varias regiones del mundo y profundas transformaciones tecnológicas e industriales.

En términos porcentuales, la economía china ha crecido un 5 % interanual, cumpliendo el objetivo fijado al inicio del ejercicio y cerrando con éxito el XIV Plan Quinquenal (2021-2025). Para una economía de gran escala, sometida además a ajustes estructurales internos como la transición energética o el impulso de transformación tecnológica, este resultado ha sido especialmente difícil de alcanzar y, por ello, significativo.

Uno de los rasgos más distintivos del desempeño económico de China en 2025 ha sido la combinación de la visión estratégica y la flexibilidad operativa. La planificación a largo plazo, articulada a través de los planes quinquenales, proporciona un marco estable para orientar las inversiones, la innovación tecnológica y el desarrollo regional. Al mismo tiempo, las autoridades han actuado con pragmatismo para ajustar las políticas fiscales, monetarias e industriales según la evolución de la coyuntura.

Durante el XIV Plan Quinquenal, China ha reforzado su apuesta por un crecimiento de mayor calidad. El consumo interno ha ganado peso, la industria manufacturera ha avanzado hacia segmentos de mayor valor añadido y la innovación se ha consolidado como motor clave del desarrollo. En paralelo, se han adoptado medidas específicas para mantener el pleno empleo estabilizado, apoyar a las pequeñas y medianas empresas y tener controlados los riesgos financieros sistémicos.

El resultado ha sido una economía más resiliente, capaz de sostener el crecimiento incluso en un entorno internacional volátil. Superar los 140 billones de yuanes de PIB en 2025 es, en este sentido, tanto un objetivo cumplido como una base sólida para el próximo ejercicio.

Este mes de marzo se han celebrado las conocidas “dos sesiones” de China, es decir, las reuniones anuales del máximo órgano legislativo y del principal órgano asesor político del país. En este marco se ha aprobado el XV Plan Quinquenal, que marcará las prioridades económicas y sociales para el periodo 2026-2030.

El debate previo a estas reuniones, además de situar el bienestar humano en el centro, ha puesto el acento en la innovación tecnológica, en el desarrollo verde, en la modernización industrial, en la expansión de la demanda interna y, de forma muy destacada, en la apertura de alto nivel al exterior. Lejos de cerrarse en sí misma, China busca profundizar su integración con la economía mundial, mejorar la calidad de la inversión extranjera y fomentar un entorno empresarial más transparente y predecible.

En este contexto, las relaciones entre China y la Unión Europea ocupan un lugar central. La UE es uno de los principales socios comerciales de China, y la interdependencia económica entre ambas partes ha seguido ampliándose. Empresas europeas participan activamente en sectores como la automoción eléctrica, la química avanzada, la ingeniería industrial y los servicios medioambientales en el mercado chino.

Al mismo tiempo, compañías chinas invierten en Europa en áreas como energías renovables, logística, comercio electrónico y fabricación de equipos. Esta relación no está exenta de problemas, pero ofrece amplias oportunidades si se gestiona desde el diálogo, la reciprocidad y el respeto mutuo.

Dentro del marco europeo, la relación entre España y China presenta un potencial significativo. En los últimos años, el comercio bilateral ha crecido de forma sostenida, con exportaciones españolas cada vez más diversificadas. Productos agroalimentarios como el aceite de oliva, el vino y la carne de cerdo han encontrado un mercado amplio en China, mientras que las empresas chinas suministran a España bienes industriales, tecnología y productos de consumo.

Más allá del comercio, la inversión bilateral ofrece nuevas oportunidades. Empresas españolas con experiencia en energías renovables, gestión del agua, infraestructuras y turismo pueden beneficiarse de la transición verde y del proceso de urbanización de alta calidad que China impulsa. A su vez, la inversión china en España puede contribuir a la modernización industrial, a la creación de empleo y al desarrollo regional.

Un ejemplo claro es la cooperación en energías limpias. China lidera la producción mundial de equipos solares y eólicos, mientras que España cuenta con un sólido marco regulatorio y experiencia en integración de renovables en la red. La colaboración en este ámbito puede generar beneficios económicos y ambientales para ambas partes.

De cara al XV Plan Quinquenal, la cooperación práctica se perfila como el eje central de las relaciones económicas entre China, Europa y países como España. En comercio e inversión, el objetivo es avanzar hacia cadenas de suministro más estables, diversificadas y resilientes al riesgo. En desarrollo industrial, la atención se centra en la fabricación inteligente, la digitalización y la transición hacia industrias bajas en carbono.

Nuevos campos de cooperación ganan relevancia en estos momentos. El desarrollo verde, la inteligencia artificial y la economía digital ofrecen amplias posibilidades de proyectos conjuntos, intercambio de conocimientos y estándares compartidos. El turismo y los intercambios interpersonales también desempeñan un papel importante. A medida que se normaliza la movilidad internacional, el flujo de estudiantes, investigadores y turistas contribuye a un mejor entendimiento mutuo y genera beneficios económicos directos. En agricultura, la cooperación en tecnología, seguridad alimentaria y sostenibilidad puede mejorar la productividad y la calidad de los productos.

Un elemento clave para sostener esta cooperación es la mejora de los sistemas de inversión y financiación. El XV Plan Quinquenal propone avanzar hacia mecanismos más diversificados, sostenibles y resistentes al riesgo. Esto incluye el desarrollo de mercados de capital más profundos, instrumentos financieros verdes y marcos de cooperación financiera internacional más eficientes.

Para socios europeos y españoles, estos avances pueden facilitar el acceso a financiación en China, reducir riesgos y aumentar la previsibilidad de los proyectos a largo plazo. Al mismo tiempo, contribuyen a una asignación más eficiente del capital y a un crecimiento económico más equilibrado.

El hecho de que el PIB de China haya superado los 140 billones de yuanes en 2025 es una señal clara de fortaleza económica. La experiencia de 2025 demuestra que la combinación de planificación estratégica, pragmatismo y apertura puede generar resultados sólidos incluso en tiempos inciertos. Para Europa, para España y para la economía mundial en su conjunto, una China abierta y orientada al desarrollo de alta calidad es una oportunidad y un factor de estabilidad y crecimiento compartido. Ojalá sepamos aprovecharlo.

Pedro Barragán es economista. Asesor de la Fundación Cátedra China y autor del libro Por qué China está ganando.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes. 

Colapso anunciado: cómo el bloqueo energético de Estados Unidos dejó a Cuba a oscuras


Un trabajo de Razones de Cuba    marzo de 2026












A la 1:40 de la tarde del lunes 16 de marzo de 2026, el sistema eléctrico cubano se desconectó por completo. En cuestión de segundos, más de diez millones de personas quedaron a oscuras.

La Unión Eléctrica informó que, en el momento del colapso, no se reportaban averías mecánicas directas en las unidades térmicas que estaban sincronizadas. El sistema simplemente no pudo más.

Existía en ese momento un déficit de generación extremo, proyectado por encima del 62% de la demanda nacional. Sin combustible para la generación base ni para la generación distribuida, la red perdió los parámetros mínimos de frecuencia y voltaje. Las protecciones automáticas hicieron lo que tenían que hacer: fragmentar la red para evitar daños mayores. El resultado fue la caída total.

La restauración comenzó minutos después, pero con una complejidad técnica extrema. La estrategia fue crear «microsistemas» o islas de generación territorial, priorizando centros de salud y servicios básicos, antes de intentar sincronizar las grandes centrales termoeléctricas. Para la madrugada del 17, algunas unidades comenzaban a sumarse, pero el sistema seguía siendo una estructura frágil, operando al límite.

El estado de la red

Nueve de las dieciséis unidades de generación del país estaban fuera de servicio por averías o mantenimientos postergados. El Sistema Electroenergético Nacional carecía de la «inercia térmica» necesaria para responder a cualquier oscilación en la demanda o la frecuencia.

La central Antonio Guiteras, en Matanzas, el mayor bloque unitario del país, lograba aportar 200 MW antes del colapso, pero con salidas recurrentes por falta de mantenimiento. En Cienfuegos, la unidad 4 de la CTE Carlos M. de Céspedes permanecía en mantenimiento, y sería sincronizada recién el 17 de marzo tras meses de reparaciones. En Felton, la unidad 1 de la CTE Lidio Ramón Pérez, crítica para la estabilidad de la región oriental, seguía fuera de servicio. En Nuevitas, la unidad 6 de la CTE Diez de Octubre apenas aportaba 30 MW tras ser incorporada la madrugada del 17.

El resto, simplemente, no generaba.

La Operación Southern Spear: el bloqueo energético como arma de guerra

Lo que diferencia esta crisis de episodios anteriores es la implementación de un bloqueo petrolero absoluto por parte de la administración estadounidense. El cerco se estrechó drásticamente tras la invasión estadounidense del 3 de enero de 2026, que resultó en el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro.

Para Cuba, Venezuela no era solo un aliado político. Era el suministrador de aproximadamente el 60% del combustible necesario para el funcionamiento del sistema eléctrico y la economía nacional.

Tras el secuestro de Maduro, la administración de Donald Trump activó una serie de medidas de «presión máxima» diseñadas para forzar un colapso sistémico en la isla. El 29 de enero de 2026 se emitió la Orden Ejecutiva 14380, que declaró una emergencia nacional en Estados Unidos y autorizó la imposición de aranceles secundarios a cualquier nación que suministrara petróleo o derivados a Cuba.

El efecto fue inmediato. México, que bajo la administración de Claudia Sheinbaum había mantenido envíos de crudo a la isla, suspendió las operaciones el 27 de enero para evitar represalias comerciales bajo el tratado USMCA.

La cacería en el Caribe: diez tanqueros interceptados en tres meses

El bloqueo no se limitó a la diplomacia coercitiva. Incluyó una campaña de intercepción física de buques tanque en el Caribe y otras regiones. El Comando Sur de los Estados Unidos y el Comando del Indo-Pacífico coordinaron la captura de al menos diez tanqueros vinculados a la red de suministro cubana entre diciembre de 2025 y febrero de 2026.

La lista incluye al Skipper, capturado el 10 de diciembre cerca de Granada con 1,85 millones de barriles; al Centuries, interceptado el 20 de diciembre cerca de Venezuela con 1,83 millones; al Marinera, detenido el 7 de enero en el Atlántico Norte; al M Sophia, capturado el mismo día en el Caribe con 1,8 millones; al Olina, el 9 de enero con 700.000 barriles; y al Aquila II y al Veronica III, interceptados en febrero en el Océano Índico con cargamentos que sumaban 2,6 millones de barriles.

Estas acciones, denominadas por la Casa Blanca como una «cuarentena de buques sancionados», cortaron efectivamente las arterias vitales del sistema eléctrico cubano. Al momento del apagón del 16 de marzo, Cuba no había recibido un solo cargamento de petróleo extranjero en más de tres meses.

La falta de combustible no solo afectó a las grandes termoeléctricas que queman fueloil. Paralizó por completo la generación distribuida, los motores diésel que son fundamentales para cubrir los picos de demanda y garantizar el arranque de las plantas térmicas tras un fallo total.

El factor financiero: cómo las sanciones impiden el mantenimiento

Más allá de la carencia de hidrocarburos, el colapso evidencia el impacto acumulativo de la persecución financiera sobre la infraestructura eléctrica. Las centrales termoeléctricas cubanas tienen un promedio de explotación de 40 años. Están al final de su ciclo de vida útil.

El mantenimiento de estas instalaciones requiere piezas de repuesto altamente especializadas y asistencia técnica de empresas globales como Siemens, GE o Alstom. Estas empresas se ven imposibilitadas de comerciar con Cuba debido a la designación del país como Estado Patrocinador del Terrorismo y la activación del Título III de la Ley Helms-Burton.

Los datos son elocuentes: 40 bancos extranjeros se negaron a realizar operaciones con Cuba, bloqueando 140 transferencias bancarias relacionadas con la compra de insumos para el sistema eléctrico. En 2023, una empresa europea canceló el suministro de repuestos para turbinas que habrían aportado 100 MW al sistema nacional, alegando temor a sanciones de la OFAC, a pesar de que Cuba ya había garantizado el financiamiento.

Adquirir un sensor técnico que cuesta 500 dólares en el mercado internacional puede implicar un costo de hasta 10.000 dólares para Cuba debido a la necesidad de utilizar terceros y cuartos países para evadir la persecución financiera. Especialistas extranjeros han rehusado viajar a la isla para supervisar reparaciones críticas en plantas como la de Cienfuegos debido a amenazas directas de revocación de visados y sanciones personales.

Esta asfixia financiera ha impedido la ejecución de los ciclos de mantenimiento preventivo y capital. En lugar de modernizar el sistema, la Unión Eléctrica se ha visto forzada a una estrategia de «reparaciones de emergencia», utilizando piezas canibalizadas de otras unidades o crudo nacional de alto contenido de azufre, que acelera la corrosión de las calderas y reduce la eficiencia de las plantas.

La Ley Helms-Burton y el miedo a invertir

La reactivación del Título III de la Ley Helms-Burton añadió una capa adicional de complejidad. Esta legislación permite que ciudadanos estadounidenses presenten demandas en tribunales federales contra cualquier entidad que «trafique» con propiedades nacionalizadas tras la Revolución de 1959.

En el sector energético, esto ha tenido consecuencias devastadoras para la atracción de inversión extranjera. Empresas como ExxonMobil han presentado litigios contra corporaciones cubanas involucradas en la logística de combustibles, alegando el uso de refinerías y terminales de almacenamiento que fueron propiedad de sus predecesoras.

El temor a ser incluidos en estas demandas ha provocado que empresas de energía de España, Canadá y otros socios tradicionales reduzcan su exposición en la isla. Sin la posibilidad de atraer inversión para nuevas plantas de ciclo combinado o para la construcción masiva de parques solares con almacenamiento, Cuba se encuentra atrapada en un modelo energético de la era soviética, físicamente incapaz de sostener una economía moderna bajo sanciones.

Las consecuencias humanitarias

El apagón total profundizó una crisis que ya existía. Expertos de la ONU han advertido que el bloqueo energético constituye una forma de castigo colectivo que viola los derechos fundamentales a la alimentación, la salud y el agua.

Los hospitales operan con grupos electrógenos con reservas mínimas de diésel. El oxígeno médico se raciona. Las cirugías programadas se suspenden. El 80% de los equipos de bombeo de agua están paralizados. La falta de electricidad impide el llenado de tanques elevados y el bombeo a las redes urbanas.

Las familias han perdido alimentos por la falta de refrigeración. La zafra se interrumpió. La falta de combustible para camiones recolectores genera focos infecciosos en las ciudades. Las universidades y escuelas han cerrado temporalmente ante la imposibilidad de operar en los centros.

La geopolítica de la crisis

La administración de Donald Trump ha utilizado el colapso del sistema eléctrico como una herramienta de negociación directa para forzar cambios políticos. El presidente estadounidense ha planteado abiertamente la posibilidad de un «friendly takeover» (toma de posesión amistosa) de Cuba, condicionando el restablecimiento del flujo de combustible a la entrega de la soberanía económica y política del país.

El secretario de Estado Marco Rubio ha liderado esta estrategia, afirmando que el sistema político cubano «no puede arreglarse» y exigiendo una liberalización total que incluya la transferencia de activos energéticos al sector privado.

En este contexto, el colapso no es visto como un problema humanitario por Washington, sino como una oportunidad estratégica para expandir la influencia comercial y política de Estados Unidos en el Caribe.

El círculo vicioso del asedio: cuando la oscuridad es una política de Estado

El colapso del sistema eléctrico cubano el 16 de marzo de 2026 no fue un accidente. Fue el resultado previsible y calculado de una estrategia de asfixia total. Lo que las estadísticas de la Unión Eléctrica registran como un «déficit de capacidad» es, en realidad, el reflejo en los hogares, hospitales y escuelas de una guerra energética declarada.

La desconexión del SEN no se explica por una avería mecánica puntual, sino por la confluencia letal de tres frentes de ataque: la intercepción física de los buques que traían el combustible, la persecución financiera que impide adquirir repuestos y realizar mantenimientos, y la coerción diplomática que ahuyenta a cualquier inversor extranjero. Sin petróleo para mover las plantas y sin piezas para repararlas, el sistema simplemente agonizó.

Este escenario no es un daño colateral de la geopolítica, sino la manifestación más cruda del uso del bloqueo como arma de guerra. Al impedir la entrada de combustible y paralizar la capacidad de generar electricidad, se busca desarticular no solo la economía, sino la vida misma de la nación. La oscuridad no es solo física: es la oscuridad de un futuro negado por la coerción.

Mientras Washington celebra el «friendly takeover» como una oportunidad de negocio y condiciona la ayuda humanitaria a la rendición de la soberanía, millones de cubanos enfrentan la realidad diaria de un sistema eléctrico roto por el cerco. La pregunta que queda en el aire no es cuándo se restablecerá la electricidad, sino si la comunidad internacional permitirá que se siga utilizando el hambre y la oscuridad como herramientas de dominación en el Caribe.

viernes, 27 de marzo de 2026

Cómo Irán y China configuran el tablero de ajedrez de la guerra

Fuentes: The Cradle. Crédito de la foto: The Cradle.

Editado y traducido por Marwan Pérez para Rebelión

La doble respuesta de China a la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán refleja una estrategia geopolítica y económica más amplia que se extiende desde el campo de batalla hasta el sistema financiero global.

China está respondiendo oficialmente por dos vías paralelas a la guerra del Sindicato Epstein —o Estados Unidos-Israel— contra Irán, a través de un portavoz diplomático y de un portavoz militar. 

China considera la guerra tanto una tensión política/ diplomática extrema como una amenaza militar. 

El portavoz militar de China, coronel del Ejército Popular de Liberación (EPL), se expresa con metáforas. Fue él quien afirmó explícitamente que Estados Unidos es «adicto a la guerra», con tan solo 250 años de historia y apenas 16 años de paz.  Claramente, posiciona a Estados Unidos como una amenaza global. Y, claramente, también como una amenaza  moral (cursivas mías).

El presidente chino, Xi Jinping, está firmemente centrado en establecer una conexión duradera entre el marxismo y el confucianismo. La principal contribución de Confucio al pensamiento político reside en el uso preciso del lenguaje. Solo quien se expresa con metáforas exactas y un profundo sentido moral es capaz de gobernar una nación.

Por ello, China está elaborando cuidadosamente una crítica moral y ética constante a la guerra que Estados Unidos ha emprendido contra Irán, haciendo hincapié en que se trata del ataque de una nación que ha perdido su brújula moral. 

El Sur Global comprende perfectamente el mensaje. 

Además, los hechos en el campo de batalla demuestran cómo China también ha cambiado las reglas de la guerra en Irán. 

La red eléctrica iraní está ahora totalmente conectada al sistema de satélites BeiDou. Esto explica la precisión con la que Irán ataca ahora, y cómo cada movimiento de la alianza estadounidense-israelí se enfrenta a una muralla digital de tecnología china (más de 40 satélites BeiDou en órbita). Esto explica la excelente precisión de los misiles iraníes y su mayor resistencia a las interferencias.

Como parte de su Alianza Estratégica Integral de 25 años, China también ha suministrado a Irán radares de largo alcance integrados con sistemas satelitales. La principal conclusión es que el tiempo de respuesta de Irán es ahora mucho menor que durante la guerra de 12 días.  

Rusia ha colaborado en paralelo, permitiendo a Irán aplicar con creces lo aprendido en Ucrania sobre sistemas occidentales como Patriot e IRIS-T. No se trata solo de tácticas de saturación con drones; se trata de aprender la forma rusa de coordinar enjambres de drones con andanadas de misiles balísticos. Eso es precisamente lo que está teniendo un efecto devastador en las últimas fases de la Operación Promesa Verdadera IV.  

Jugando al Go: Todo gira en torno al petroyuan. 

Ahora centrémonos en la crucial maniobra del estrecho de Ormuz. La clave reside en que Irán solo permita el tránsito a los petroleros cuya carga se haya liquidado en petroyuanes. Ni dólares. Ni euros. Solo yuanes. 

De hecho, China ya había comenzado a poner fin al sistema de Bretton Woods/ petrodólar en diciembre de 2022, cuando Pekín invitó a las petromonarquías del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) a negociar petróleo y gas en la Bolsa de Shanghái. 

Ahora bien, combinemos todo lo anterior con el XV Plan Quinquenal chino ,que acaba de ser debatido y aprobado en Pekín. 

Hablemos de una visión sistémica profunda. 

De forma bastante integral, los planificadores de Pekín fijaron el crecimiento del PIB en un cuatro por ciento; la economía digital avanzaría hasta el 12,5% del PIB; las soluciones de energía verde en un 25%; la calidad del agua superficial en un 85%; una avalancha de patentes de alto valor; todo eso y más, igualmente presentado, con objetivos concretos que alcanzar e indicadores vinculantes hasta 2030. 

Esto significa que los chinos tratan la economía, la seguridad energética, la ecología, la educación y la sanidad como si fueran órganos de un mismo organismo. Así es como la urbanización impulsa la productividad: una gran inversión en I+D genera cada vez más patentes; las patentes impulsan la economía digital; y las soluciones de energía verde impulsan la independencia estratégica. 

El último Plan Quinquenal demuestra de forma concluyente cómo China se está preparando meticulosamente para liderar el futuro tecnológico. Y esto va mucho más allá de 2030, extendiéndose hasta mediados de siglo. 

No es de extrañar que la destrucción del petrodólar desempeñe un papel clave en este proceso de transformación del sistema actual de relaciones internacionales. Irán se lo está ofreciendo en bandeja de plata a China, al sustituir el petrodólar por el petroyuan en el punto estratégico más crítico del planeta, por donde transita el 20% del petróleo mundial. 

La estrategia de Irán no es militar; es financieramente nuclear. Lo que facilita aún más las cosas es que Irán ya ofrece el modelo a seguir para el resto del Sur Global: casi el 90% de las exportaciones de crudo de Teherán se liquidan en yuanes a través del sistema de pagos CIPS. 

Es posible que el Sur Global acabe adoptando este modelo tan simple. Teherán no afirma que el Estrecho de Ormuz esté bloqueado. Su bloqueo se limita al hostil Sindicato Epstein —Estados Unidos— y sus aliados que comercian con petrodólares.  Las rutas marítimas se están convirtiendo, en tiempo real, en filtros políticos.  A medida que el Sur Global migra al petroyuan, el hegemónico petrodólar —vigente desde 1974— se desmorona.

A estas alturas, todos los operadores del planeta saben cómo funciona el petrodólar. Tras la crisis del petróleo de 1973, el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) y la OPEP acordaron en 1974 que el petróleo solo podría negociarse en dólares estadounidenses. 

Los exportadores de petróleo deben necesariamente reinvertir sus ganancias en dólares en bonos del Tesoro estadounidense y acciones. Esto refuerza el papel del dólar como moneda de reserva; financia las inversiones tecnológicas estadounidenses; financia el complejo militar-industrial y sus guerras interminables; y, sobre todo, financia de facto la deuda estadounidense, que es impagable. 

China, Rusia e Irán, como miembros de los BRICS, se encuentran a la vanguardia en el avance de sistemas de pago alternativos; y, lo que es crucial, esto incluye prescindir del petrodólar. 

Esto va mucho más allá del control del petróleo, que es la supuesta razón de ser de la caótica e improvisada «excursión» (término utilizado por Trump) a Irán. 

En la práctica, los hechos ya apuntan a un fracaso rotundo. El contraataque, en cambio, está en otro nivel. 

La Guardia Revolucionaria Islámica se vuelve como Sun Tzu 

La militarización del estrecho de Ormuz es una visión reinterpretada por la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI). Tanto el estrecho de Ormuz, un corredor de conexión, como el yuan, se han convertido en armas de destrucción imperial. ¿Quién necesita una bomba nuclear?   

Lo que está en juego es el control del sistema financiero global, mucho más allá de 2030, hasta mediados de siglo y más allá. Lo que estamos presenciando en tiempo real es a los persas jugando al ajedrez —en el que sobresalen— pero con elementos del weiqi  chino («Go» en español). 

El Go es un juego orgánico. Cuando las pequeñas piedras se conectan, configuran el tablero y permiten un control a largo plazo del mismo. En nuestro caso, el tablero de ajedrez geopolítico/ geoeconómico. Todo se basa en el posicionamiento, la paciencia, la acumulación de ventajas y la gestión estratégica. 

Ese es el “secreto” de por qué la guerra contra Irán ahora le ofrece a China la oportunidad decisiva. Pekín lleva años manipulando el panorama internacional con infinita paciencia: creando un conjunto de instituciones multilaterales; desempeñando un papel clave en los BRICS y la OCS; construyendo la Nueva Ruta de la Seda (BRI); invirtiendo en sistemas de asentamiento alternativos; e impulsando su diplomacia. 

El Go es extremadamente racional. Si colocas bien el tablero, no perderás. El juego se juega solo. Ahí es donde estamos ahora. Y por eso el Vociferador Imperial, junto con sus aduladores, cómplices y vasallos, está atónito y petrificado: prisionero de su propia arrogancia.    

Fuente: https://thecradle.co/articles-id/36510

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Análisis de la actuación de las direcciones del PCE y de Comisiones Obreras en el proceso de transición en España


Una buena explicación que podría ser ampliada o matizada en algunos aspectos a la que le falta la parte fundamental de profundización en la asunción del eurocomunismo por el PCE, porque no nació de un impulso casual interno; formó parte del proceso revisionista del PCUS después de la muerte de Stalin en 1953 formalizado en el XX Congreso del PCUS del 1956, que proyectó el triunfo del socialismo desde la base del desarrollo de la producción, que llevaría al fin de la lucha de clases bajo la democracia capitalista, teoría que influyó en muchos de los dirigentes comunistas exiliados en Moscú centrando la batalla en la negociación y el pacto social en las instituciones y con la patronal, en una suerte de democracia delegada. Partir de esta base sitúa el elemento central para entender tanto la división que provocó en el movimiento comunista internacional, así como la degeneración posterior en Europa y en el conjunto del Occidente político del marxismo leninismo, que llevó a partir de los años setenta a la pérdida de los derechos conquistados en la transición y de la lucha de clases.

Lamentablemente todavía hoy dura esa división, donde por un lado la visión del posibilismo eurocomunista o socialdemócrata, se sitúa en el ámbito del posmarxismo donde el sujeto revolucionario no prevalece en la clase trabajadora sino en las identidades individuales de género, raza o sexo y muy volcado en la acción institucional y por el otro lado, una visión mecanicista y metafísica del marxismo leninismo que es vivido como un dogma que contiene todas las soluciones y entendido fuera de la realidad política y social histórica que vivimos, muy sectarizado desde una visión unívoca del marxismo leninismo y también centrado en la intervención en las superestructuras del estado, abandonando por ello el trabajo en la organización y concienciación de las masas trabajadoras en la lucha económica, por las libertades democráticas y unas condiciones de vida dignas. Nota de Alonso Gallardo    





Jose María Alfaya, Arturo Borges y Ciro Hernández, militantes del PCE.

17 de marzo de 2026


                                                                                           Ilustración: Fernando Francisco Serrano

El sector eurocomunista que controlaba el aparato de dirección del PCE durante el proceso de la transición optó, a espaldas de la militancia, por sustituir la ruptura democrática por la reforma política – en la que se legalizó al franquismo- y por transformar Comisiones Obreras en un sindicato de pacto social que abandona el anterior sindicalismo de lucha de clases. Antes de que eso ocurriera, las Comisiones Obreras fueron la mejor y más acabada aportación del PCE en la defensa de los intereses obreros y populares y en la lucha contra la dictadura, lo que le dio un gran prestigio ante la población, y de manera muy especial entre la clase asalariada.

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Del 1 al 5 de noviembre de 1954 se reunió el V Congreso del PCE que analizó la situación económica y política de España y elaboró la línea del Partido en la lucha contra la dictadura, por el restablecimiento de la democracia y el mejoramiento de la situación de las masas populares. Propugnaba la creación de un amplio Frente Nacional Antifranquista, cuyos objetivos serían el derrocamiento de la dictadura y la formación de un Gobierno provisional revolucionario que restablecería los derechos democráticos, la liberación de presos antifranquistas, la derogación del pacto militar yanqui-franquista, la adopción de medidas urgentes para mejorar las condiciones de vida de las masas populares y la convocatoria de elecciones a Cortes Constituyentes para que el pueblo decidiese sobre la forma de gobierno. Unos años antes, el PCE dio por terminada la lucha guerrillera contra la dictadura franquista para reorientar su política en el interior de las organizaciones de masas.

Una de estas organizaciones en la que el PCE de entonces volcó gran parte del trabajo partidario fueron las Comisiones Obreras, cuya andadura organizativa comienza en la década de los 50 del siglo pasado y que contribuyó al resurgir del movimiento obrero en España. Desde su inicio, las Comisiones Obreras utilizaban al máximo las escasas posibilidades legales que ofrecía el Sindicato Vertical de la dictadura para llevar a cabo su labor socio-política. Había que actuar allí donde se agrupaba por imposición del régimen dictatorial la clase trabajadora, por muy reaccionario que fuera el Sindicato Vertical. 

Esta organización franquista constituía un entramado que aglutinaba a patronos y obreros de manera obligatoria, con el objeto de implementar una política de pacto social muy favorable a los intereses del capital, mientras la dictadura franquista despedía y encarcelaba a los trabajadores que promovían la lucha de clases en los centros de trabajo, y desarticulaba las huelgas y las manifestaciones obreras y populares con el uso de armas de fuego en las que perdían la vida trabajadores y estudiantes con disparos al aire. Comisiones Obreras promovía entonces que las reclamaciones económicas frente a los patronos fuesen unidas a las reivindicaciones políticas en defensa de los derechos y libertades democráticas y por la constitución de un sindicalismo revolucionario, unitario, asambleario y democrático.

A partir de finales de los años 50 las Comisiones Obreras impusieron mediante la movilización de los trabajadores, en el marco de un sindicalismo combativo y de lucha de clases, la negociación directa entre empresas y trabajadores para fijar condiciones de trabajo más ventajosas que superaban las que establecían las Reglamentaciones de Trabajo de obligado cumplimiento que dictaba la dictadura, con asentimiento del Sindicato Vertical. Pese a no contar con cobertura legal, las movilizaciones que promovían entonces las Comisiones Obreras, antes y durante las negociaciones entre patronal y trabajadores, lograron importantes éxitos en la lucha económica y social. Estos combates simultaneados con la negociación directa con los patronos, fuera del control del Sindicato Vertical y de la Administración franquista, acabaron obligando a la dictadura a reconocer, primero de facto y más tarde en el BOE, el derecho a la negociación colectiva, un objetivo político-legal de primer orden que arrinconaba a las antiguas Reglamentaciones de Trabajo. Incentivaron las asambleas en las que las plantillas de las empresas elegían de manera democrática a la comisión negociadora y elaboraban las plataformas o pliegos de reivindicaciones que presentaban a la patronal. Los miembros de las comisiones negociadoras actuaban en calidad de delegados del personal laboral en los diferentes centros de trabajo y se sujetaban a las decisiones adoptadas en asamblea. En 1958 el régimen franquista se vio obligado a legalizar la negociación colectiva, pero siempre con el mismo objetivo de reprimir en todo caso cualquier movilización -huelgas, manifestaciones, reparto de octavillas, etc.- que se vinculase con el desarrollo de las negociaciones de los convenios colectivos.

El resultado espectacular de las elecciones sindicales oficiales de 1966 en el seno de aquel Sindicato Vertical, con el triunfo mayoritario de las candidaturas alternativas promovidas por Comisiones Obreras, supuso un impulso organizativo y de coordinación muy importante y acentuó, además, su carácter independiente de la clase social antagónica. El franquismo reacciona frente al avance de Comisiones Obreras y lo que hasta ahora consentía contra su voluntad mediante una situación de alegalidad de hecho se convierte en ilegalidad penal. Se declaró entonces delito la mera pertenencia a Comisiones Obreras con penas de largos años de cárcel para sus dirigentes y promotores. De unos 9.000 condenados entre 1963 a 1977 por el Tribunal de Orden Público, la inmensa mayoría pertenecían a Comisiones Obreras. Marcelino Camacho, el más representativo de estos, sufre varias detenciones y un total de 14 años de encarcelamiento, hasta su puesta en libertad definitiva en mayo de 1976.

Entre tanto, en 1956, la dirección del PCE formula por vez primera la Política de Reconciliación Nacional. Su Comité Central apela a la reconciliación de los hijos de España para lograr la recuperación de la democracia. Esta línea política, que no ignoraba las contradicciones entre clases sociales, se confirma en el VI Congreso de enero de 1960. Sin embargo, una concepción interclasista de esta fue defendida por Claudín y Semprún, que serán luego expulsados del partido en noviembre de 1964. Posteriormente, Santiago Carrillo se apuntaría a esta tesis reformista que estará presente en todo el proceso que da lugar al régimen del 78.

A mediados de 1965 se celebra el VII Congreso del PCE, en el que se acuerda la viabilidad de poder alcanzar el socialismo por una vía pacífica y parlamentaria, apostando, al mismo tiempo, por el no alineamiento en el plano internacional. Poco después, en 1968, la dirección del PCE condenaría la intervención de las tropas del Pacto de Varsovia en Checoslovaquia. El VIII Congreso del PCE de 1972 mantiene en el ámbito estatutario, no obstante, el carácter marxista-leninista de la organización.

Más adelante, en septiembre de 1973, el Informe al Pleno del Comité Central del PCE, en la línea ya trazada en el VI Congreso, sostiene que un salto desde las reformas a la revolución podía producirse una vez que las fuerzas antimonopolistas y la clase obrera estuvieran en el Gobierno, aunque aún no dispusieran del poder real y efectivo como clase dominante, lo que implicaría un proceso previo y amplio de democracia político-social.

En julio de 1974 se constituye la Junta Democrática de España formada por una coalición de partidos políticos, sindicatos, personalidades independientes y organizaciones sociales de oposición a la dictadura franquista, creada con el fin de lograr una democracia representativa en España. Incluía en sus filas a organizaciones y personajes muy dispares entre sí, como el PCE, monárquicos liberales vinculados a don Juan De Borbón o intelectuales pertenecientes al Opus Dei como Rafael Calvo Serer. El texto constituyente de la Junta Democrática negaba la lucha de clases y reconocía que las fuerzas económicas y sociales «no conducen hoy a la confrontación irreconciliable, sino a la libre concertación creadora del progreso», así como que la esencia de la democracia «es la libre concertación entre las fuerzas nacionales y regionales de la producción, que es la esencia del moderno desarrollo económico». Constituyó el primer paso para que Comisiones Obreras dejara de ser un movimiento sindical revolucionario, de lucha de clases y convertirlo en una organización sindical de pacto social. Mas tarde, los promotores de la Asamblea de Barcelona de 1976 asumieron esta transformación, pese al entusiasmo de la militancia obrera dispuesta a consolidar la línea política originaria que dio vida a la organización a finales de la década de los 50.  [1]

En noviembre de 1975 fallece el dictador en su residencia, sin ser antes detenido, juzgado y condenado por sus horrendos crímenes. Sus restos mortales han ocupado lugar preferente en la basílica de Cuelgamuros, construida por presos políticos, hasta su exhumación en octubre de 2019, 44 años más tarde.

En el verano de 1976, durante el Pleno del Comité Central celebrado en Roma, Carrillo propone como una de las tareas principales conseguir la legalización del PCE al mismo tiempo que la desaparición de la organización celular y el abandono del principio marxista-leninista del centralismo democrático. Con la supresión de las células que agrupaba a la militancia por sus centros de trabajo, lugar por antonomasia en la contradicción capital/trabajo, se constituyeron las nuevas agrupaciones en función del criterio de la territorialidad. Por su parte, con la supresión del centralismo democrático, se debilitaba la democracia interna, al mismo tiempo que contribuía a sustituir a la militancia por la afiliación y a abrir las puertas de la organización a un acceso incontrolado de nuevos miembros, ajenos muchos de ellos al ideario comunista.

En febrero del año siguiente, Tamames, Bornao, López Salinas, Melchor y Sandoval, conocidos como dirigentes del PCE, declaraban ante la prensa que acababan de presentar la solicitud de inscripción del PCE en el Registro de Asociaciones Políticas del antiguo Ministerio de la Gobernación al frente del cual se encontraba Manuel Fraga Iribarne.

Toda la militancia comunista de entonces creyó que el PCE que había sido presentado a inscripción era el constituido el 14 de noviembre de 1921 y que los Estatutos entregados en el Registro eran los últimos aprobados en el VIII Congreso de julio de 1972.

Sin embargo, lo que se había presentado en el Registro de Asociaciones Políticas no eran los Estatutos vigentes del VIII Congreso, sino otros muy diferentes de contenido socialdemócrata. Para reforzar esta mutación, la representación procesal de sus promotores llegó incluso a manifestar ante el Tribunal Supremo, en un escrito de alegaciones, que «El PCE cuya inscripción se pretende hoy no es, desde luego, el PCE o el comunismo más o menos abstracto y deformado que se describe y se condena en las sentencias penales en que se ha basado la Administración para suspender aquella inscripción[…] Si alguna vez existieron tal como eran descritos, se los llevó el viento de la Historia. Y mis mandantes no tratan ahora de intentar legalizarlos, evidentemente […] Lo que solicitan es que se inscriba (en igualdad con otros partidos socialistas, no socialistas o incluso no democráticos, que han sido legalizados ya) el concreto PCE delimitado por los Estatutos presentados al efecto y configurados en su realidad viva, reflejada en los documentos que se acompañan.» [2]

Para la oligarquía en España, fuertemente protegida por el imperialismo mundial, era fundamental liquidar a un PCE que fuese un Partido obrero revolucionario basado en la ideología marxista-leninista y suplantarlo por otro partido, no comunista, cuyos dirigentes le asegurasen la colocación de la clase obrera a su remolque. La legalización fue la compensación de la oligarquía posfranquista a los compromisos contraídos por Carrillo: frenar a las masas obreras en sus reivindicaciones y desviar al PCE de sus objetivos revolucionarios y transformadores de la sociedad.

En este proceso, el grupo dirigente del PCE renunció a la República, al sindicalismo de clase revolucionario, a la organización celular y al centralismo democrático, al partido de vanguardia, a la lucha de clases y a la toma del poder y la construcción del socialismo.

Esta deriva encontró importantes resistencias de militantes que defendían el marxismo-leninismo y que fueron objeto de expulsiones, marginaciones y sin permitir debate sobre el particular. En Madrid, Aragón, Valencia, Asturias, Andalucía y Canarias, donde hubo fuerte resistencia frente a las posiciones oportunistas y en defensa del marxismo-leninismo, se produjeron numerosas expulsiones. Sin embargo, esta resistencia fue incapaz de modificar el curso de los acontecimientos.

A partir de entonces el proceso de la transición en España se acelera. Comienzan a darse los primeros pasos de lo que luego será un acuerdo cuatripartito entre el nacionalismo vasco y catalán, la socialdemocracia del PSOE y el eurocomunismo del PCE de Carrillo con el régimen franquista, que instaura un nuevo orden constitucional de derechos y libertades con déficit democrático y social. Este pacto consagra la pluralidad sindical y un sindicalismo de pacto social o burgués, impone la restauración de la Monarquía Borbónica, mantiene los privilegios de la Iglesia Católica, legitima la oligarquía y a los terratenientes, la continuidad del aparato de estado de la dictadura, un mayor sometimiento al capital internacional y al imperialismo y la total impunidad de los crímenes del franquismo. Nace así el régimen de 1978.

La propuesta política de una ruptura democrática vinculada a una ruptura sindical que hiciera posible un nuevo régimen republicano de derechos y libertades democráticas plenas, unido al establecimiento real o práctico de una fuerte unidad organizada de la clase obrera bajo las directrices de ese sindicalismo de combate que dio singularidad al movimiento sociopolítico de las CCOO, quedó derrotada. La posibilidad de que se tomara las infraestructuras del viejo sindicato vertical fascista, mediante la convocatoria de un Congreso Obrero Constituyente, acordado en diversas resoluciones adoptadas por CCOO en la clandestinidad, se desvaneció en los primeros meses de 1976. La dirección del PCE optó, a espaldas de la militancia, por sustituir la ruptura democrática por la reforma política y la ruptura sindical por la conversión de Comisiones Obreras en un sindicato reformista de pacto social.

El 11 de julio de 1976 se celebra la Asamblea de Barcelona, semiclandestina, que reúne a varios cientos de militantes de Comisiones Obreras. Para unos camaradas, [3] la dirección del PCE había dado los primeros pasos en el desmantelamiento de este movimiento sociopolítico al margen de sus bases y en contra de los principios que habían informado su nacimiento. Nicolás Sartorius, destacado dirigente de CCOO y del PCE, hoy afiliado al PSOE, toma la palabra en este encuentro y da la bienvenida a una futura alternativa de pluralidad sindical. La Asamblea acordó por unanimidad, no obstante, la salida a la luz pública de sus militantes, pese a que seguía siendo prohibida por la dictadura. Y así se hizo.

Para el grupo dirigente del PCE, pero no para su militancia ni para las bases de Comisiones Obreras, la Asamblea de Barcelona constituyó un precongreso encaminado a la constitución de un nuevo sindicato que daría más tarde los primeros pasos hacia un sindicalismo de concertación social y de colaboración de clases, atrapado ya por una transición política reformista, que dejaba atrás la ruptura sindical y la ruptura democrática que posibilitaban un proceso constituyente republicano y el protagonismo de las masas populares.

Santiago Carrillo y su grupo asestaron un duro golpe a los miles de militantes de las Comisiones Obreras, verdaderos protagonistas de un genuino movimiento sociopolítico impulsor de un sindicalismo de lucha de clases que contribuyó de manera notable, tanto a la mejora de las condiciones de trabajo, como en la tarea de la recuperación de los derechos y libertades democráticas, pagándolo muchos de ellos con la propia vida, años de cárceles, torturas y despidos.

Mientras que la Constitución de 1978 constituyó la expresión jurídica de mayor calado del pacto cuatripartito antes citado, los Pactos de la Moncloa de 1977 conformaron un nuevo marco de relaciones laborales con el fortalecimiento de la oligarquía y el franquismo de la concertación social y el añadido de la división sindical, junto a la imposición de drásticas medidas antiobreras encaminadas a resolver la crisis económica de entonces. ¿Con qué fuerza se contaba y qué se podía hacer? Se disponía entonces de una fuerte movilización obrera y popular a través del movimiento socio-político de las Comisiones Obreras, tal vez insuficiente, en aquellos momentos, como para imponer un proceso de ruptura democrática por sí misma. Sin embargo, la dirección del PCE, al optar por la desmovilización como contrapartida a una legalización -que oculta a la militancia- de una organización reformista, robusteció la correlación de fuerzas en beneficio de la clase dominante, favoreciendo una transición en los términos diseñados por el imperialismo, muy dañina a los intereses obreros y populares, como luego se ha podido constatar.

Para otros camaradas, sin embargo, la Asamblea de Barcelona de 11 de julio de 1976 [4] fue un acto importante en la lucha por las libertades políticas y sindicales. Libertad Sindical como derecho fundamental para defender mejor los intereses económicos y sociales de la clase obrera, lo que incluía el derecho a fundar sindicatos libres, organizarse y ejercer derechos como la negociación colectiva, la huelga, etc.  Era necesario, indica su autor,  «dar un paso en el aspecto organizativo, pasar de un movimiento en la clandestinidad, a un Sindicato Democrático, Unitario e independiente y legal con todas las garantías… Es por lo que se decidió igualmente la necesidad de celebrar un congreso constituyente en un tiempo de unos cuantos meses. La Asamblea acordó la voluntad al dialogo y la negociación, dejando claro nuestra oposición al Pacto Social que entonces planteaba la Patronal. Los Pactos de la Moncloa fueron ya en octubre de 1977, y la desviación hacia un sindicalismo menos de clase mucho después de dicha Asamblea.» 

Para este camarada, la Asamblea de Barcelona fue muy importante, por varias razones: En primer lugar, porque pude apreciar la gran capacidad organizativa de Comisiones Obreras, así como el respeto y responsabilidad de todo el mundo, pudimos viajar, asistir a la asamblea, y volver a nuestros respectivos lugares de procedencia sin ningún problema destacable, burlando a la Policía que nos buscaba por Madrid mientras la Asamblea se celebraba en Barcelona. En segundo lugar, porque pudimos conocer personalmente a muchos compañeros y compañeras que hasta entonces sólo los conocíamos de oídas. Y, en tercer lugar, por los contenidos políticos y sindicales debatidos y aprobados en dicha Asamblea, que significaron, nada más y nada menos, el último paso para la salida a la luz pública de Comisiones Obreras ante la sociedad, con nombres y apellidos, con todo lo que ello conllevaba. Fue un mini Congreso clandestino que convocó el que sería después el primer Congreso de Comisiones Obreras, ya legalizados, convirtiéndonos de hecho en la primera Central Sindical de nuestro País.

Los Pactos de la Moncloa facilitaron un importante ajuste económico en favor del capital que la clase trabajadora hubo de pagar con numerosos despidos y cierres de empresas y una significativa pérdida del poder adquisitivo de los salarios. En poco tiempo, el desempleo pasa de 500.000 a tres millones de trabajadores y arranca un proceso de privatizaciones que sigue aún muy vivo en la actualidad. A precio de saldo, se ha producido un gigantesco saqueo del patrimonio público —Repsol, Telefónica, Endesa, Seat, Argentaria, Tabacalera, Retevisión, Iberia, Hispasat etc. —, sin contar con las privatizaciones y externalización de servicios públicos -como ocurre con la sanidad- que vienen realizando el resto de las administraciones públicas por los gobiernos conservadores del PP como los del PSOE.

Resistencia contra los Pactos de la Moncloa la hubo dentro y fuera de Comisiones Obreras y, además, muy importante. Según datos del Ministerio de Trabajo, en 1976 participaron un total de 8.834.100 trabajadores en huelgas con 12.593.100 jornadas no trabajadas. En 1977, el total de participantes en huelgas aumenta a 8.900.000 y el total de jornadas pérdidas es de 16.641.700. Un ligero descenso se produce en el año 1978 en estos parámetros, pero en 1979 los asalariados en huelga se contabilizan en 8.555.200 y el total de jornadas perdidas asciende a la cifra máxima de 18.966.900. En 1980 el total de obreros participantes en huelgas desciende a 8.265.100 y el número de jornadas no atendidas baja a 13.578.200.

Todo apunta a que el abandono de la política de ruptura democrática, el desmantelamiento del sindicalismo de lucha de clases y las desviaciones ideológicas y organizativas, pasaron factura al PCE. Los 201.000 militantes de abril de 1978 se redujeron a 84.652 en diciembre de aquel año. En la actualidad no sobrepasan los 6.000 afiliados.

No fueron mejor las cosas en el terreno electoral. En las elecciones de 1977, el PCE obtuvo 20 escaños con un total de 1.709.890 votos. En los siguientes comicios de 1979, suben a 23 escaños con 1.938.487 votos, pero en las elecciones de 1982, después del fallido golpe de estado de febrero de 1981 y consolidada la línea política reformista en el seno de la organización, se produce una debacle. El PCE solo obtiene 4 escaños y 846.515 votos.

El PCE entra en crisis. Santiago Carrillo, su principal valedor, dimite en 1982 como secretario general y es sustituido por Gerardo Iglesias. Tres años más tarde, Carrillo es expulsado de los órganos de dirección del PCE por decisión de su Comité Central, se escinde meses después de la organización con un grupo de sus correligionarios que ponen en marcha el Partido de los Trabajadores de España-Unidad Comunista. Más tarde, sus militantes engrosan las filas del PSOE menos Carrillo, que decide quedar fuera debido, según él, «a sus muchos años de militancia en el PCE».

En el XX Congreso del PCE de diciembre de 2017, con el apoyo de más del 80% de los delegados, se incorpora, aunque de manera formal en los Estatutos y en su Programa, la reivindicación de los principios del marxismo-leninismo y la recuperación de la presencia pública del PCE, incluidas sus competencias electorales y autonomía respecto de Izquierda Unida. Sin embargo, el procedimiento que da lugar a estos cambios tan importantes en la legalidad formal partidaria, por arriba y sin querer promover un franco e imprescindible debate en todo el Partido, tanto en el XX Congreso como en un XXI Congreso fallido cargado de irregularidades, apareció posteriormente como un obstáculo serio e importante en la recuperación política plena del Partido Comunista como formación marxista-leninista efectiva, conservando el reformismo las riendas del aparato de dirección del Partido. 

Este año 2026 se convocará el XXII Congreso del PCE ¿seguirá la nueva dirección de la organización bajo los postulados socialdemócratas? ¿Recuperará el PCE, de manera plena y consecuente, su condición de partido marxista-leninista?

Notas

Notas
1páginas 91 a 132 del libro EL XX CONGRESO DEL PCE  (abril 2016-diciembre 2017),  ¿UN CONGRESO ESPECIAL? Miguel Medina Fernández-Aceytuno.
2páginas 62 y 63 del libro EL XX CONGRESO DEL PCE  (abril 2016-diciembre 2017),  ¿UN CONGRESO ESPECIAL? Miguel Medina Fernández-Aceytuno.
3páginas 91 a 132 del libro EL XX CONGRESO DEL PCE  (abril 2016-diciembre 2017),  ¿UN CONGRESO ESPECIAL? Miguel Medina Fernández-Aceytuno.
4páginas 128 a 133 y sucesivas del libro de Julián Cudero Simplemente una vida comprometida»