miércoles, 4 de noviembre de 2026

¿Puede la izquierda gobernar la patria Argentina?


Discurso desde el voluntarismo subjetivo sumado al idealismo revolucionario representado por la imagen del Che, pero basado en que la revolución es un problema de empeño y voluntad, al estilo ideologista del izquierdismo neotrotkista que no aprende con los años. Con aciertos en la unidad de la izquierda revolucionaria de clase e independiente de la oligarquía dominante y otras clases sociales, pero errónea su percepción por mecanicista y sectaria sobre el enemigo principal, al que la historia dice que se le combate con programa, alianzas y táctica. Al situar a la socialdemocracia y al peronismo al mismo nivel que la oligarquía dominante y al imperialismo yanqui, principal enemigo de la humanidad, difícilmente va a poder ser, ya que no se trata solo de unir a los puros, se trata de unir a la clase trabajadora y al pueblo y esto solo se puede hacer desde la unidad y confluencia de los que lo representan, para la conquista de una democracia más avanzada republicana y de la clase trabajadora, como base del largo camino en la construcción del socialismo. Nota de Alonso Gallardo  


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Por Sonia López (Presidenta del Partido Comunista de Corrientes, Argentina).

Me encuentro respondiendo QUE SÍ, que por supuesto que sí. La izquierda roja comunista puede imponerse y gobernar a la Argentina, absolutamente sí. Y sin haberlo pensado mucho lo afirmo ya que después de todo: para eso militamos y luchamos toda una vida los comunistas contra el capitalismo y el imperialismo que somete a nuestro pueblo, a las diversas versiones coloniales que se han aplicado.

Pero mucha gente se lo está preguntando ahora. Y eso expresa una oportunidad extraordinaria. Por lo que tenemos nuevos motivos para explicar esta respuesta positiva a esta suerte de factibilidad roja y tenemos el deber de hacerlo, usando palabras que permitan existir a nuestras ideas, en esas millones de voces que nunca las pronunciaron, y autonomizarse ellas de nosotros, las ideas del socialismo, de la liberación nacional y social, del comunismo.

Estamos así, como en un estudio de factibilidad del horizonte político de nuestras luchas, de la batalla que tendremos que dar para derrotar el proyecto libertario y de entender que para ello tal vez requiera, tener que llevarnos puesto todo los que se nos meta por el camino.

Es que, para que se entienda bien esto, nos llevaron al extremo, y cada día corren aún más ese extremo en donde habitan sus leyes y decretos de pura crueldad humana. Y actúan también quienes protegen, sin ningún halo de vergüenza política, a ese corrimiento continuo, siguiéndolo desde sus propias perspectivas, pero siempre a la derecha sin fin al punto de que, para destruir esa fuerza inercial, ya estamos entendiendo, instintivamente como pueblo, que podríamos tener que martillarlo todo, a nuestro paso.

Esto ya nos ha pasado en la Argentina, y estimo que, ha pasado también en todo el continente, ya que somos un mismo pueblo histórico. La diferencia con este momento es que estamos sufriendo no solo el agotamiento del capitalismo imperialista como sistema que permitía la existencia de nuestro estado-nación, crisis que produce estos proyectos de coloniaje acelerado y abyecto, sino que también hicimos la experiencia de la rebelión popular en el 2001, donde pusimos la sangre, pero no la política que debía hacerse después de ella.

Antes de hablar de esa política, que es lo que hace falta, porque bien sabemos que somos capaces de generar las condiciones para que nada quede parado, si fuera necesario; debo responder a los eternos escepticismos reformistas – posibilistas.

Me dicen por ejemplo si acaso no estoy ciega y no veo que la derecha ultramontana ha copado Latinoamérica y que el camino es unirse hasta el centro izquierda, y acaso también hasta el centro derecha (o sea todo el centro sería lo nuestro) para así juntar la fuerza necesaria para derrotar a los libertarios. Linda historia. La misma de siempre. Hay que aliarse con la derecha, para vencer a la derecha y para no hacerle el juego a la derecha. ¿Cuál sería entonces nuestra política así? De derecha, capitalista, conservadora, antiobrera y antipopular, revestida de un discurso que, en realidad, resultó ser mentiroso.

Porque el pueblo latinoamericano le ha dado innumerables oportunidades a “la izquierda” para desplegar sus proyectos anticapitalistas y antimperialistas, pero no se ha hecho nada de ello y por eso se ha fracasado; Porque no confiaron en la fuerza de sus propios pueblos y de sus ideas, y han preferido pactar con el Capitalismo y con los cantos de sirena de las distintas agencias desplegadas por La Embajada.

Es que, en realidad aclaremos, en Latinoamérica no ha fracasado la izquierda, ha fracasado el progresismo liberal que usa por momento el discurso de izquierda para ganar votos. Es el reformismo posibilista, la idea de las etapas que nunca se terminan o nunca llegan, la obsecuencia con las clases dominantes que mantiene siempre esperando un tiempo mejor a la clase obrera, y a todas las capas subalternas de la sociedad, eso es lo que no va más. Que seas votado para hacer un Socialismo prometido y no lo hagas, eso ya no puede hacerse. Esa mecánica le ha hecho mucho daño al paradigma del Socialismo del Siglo XXI.

El respeto reverencial al Capitalismo “serio” y nacional es lo que se ha caído, porque realmente no existe, porque nuestro Capitalismo es esencialmente dependiente del imperialismo por lo cual, al ser trasnacional su acumulación, su jefatura política se ejerce desde la embajada imperialista y con ella, no hay reverencia posible que sea buena para nuestros pueblos.

El progresismo liberal cree que puede engañar a la geopolítica mundial y, por ejemplo: coquetear con el Multilateralismo pero obedece a Estados Unidos; quedar bien con el Estado de Israel pero mostrarse solidarios con el pueblo de Palestina; pedirle prioridad de vacunas a Rusia para salvar el pellejo de millones, para después, sin respeto por sus motivos existenciales, repudiar la operación militar contra la Ucrania.

Para entender mejor, presento un ejemplo: Seguramente el PJ cuando facilitaba estructuras, candidatos y asesoramiento a Javier Milei para poder presentarse a las elecciones presidenciales y, con ello, quitarle votos al macrismo, y así armar supuestamente tres tercios que pudieran beneficiarlo, no imaginaban que ese tercio fabricado seria el ganador en unidad con el enemigo, ni tampoco que sería este gobierno armado, el que se atreviera a encarcelar a Cristina Kirchner en coordinación con los jueces macristas. Y así pasó. Porque con la ideología no se juega y con el imperialismo tampoco, y la política con su pragmatismo corrupto, no puede eliminar la contienda de clases que la historia exige.

En la Argentina de este año 2026, aunque ya venimos desde hace años en este proceso, al progresismo liberal solo le ha quedado lo liberal, el PJ se ha corrido tanto a la derecha que son sus estructuras parlamentarias, sindicales, sociales y territoriales, las que han permitido gobernabilidad al proyecto libertario.

Es cierto que el PJ nunca fue de izquierda o que no se han identificado de ese modo, siendo muy específicos de la historia nacional del peronismo. Pero teníamos una frase difundida por funcionarios que te decían: “a la izquierda de Cristina esta la pared…”, es decir, el peronismo siempre se jactó de haber captado todo el espacio de la izquierda y los que no cerrábamos allí, en determinado momento, siempre se nos ha dicho: “le hacen el juego a la derecha”. Es decir, no vas a ser de izquierda, y menos anticapitalista, de hecho, tu discurso es sobre un supuesto “capitalismo serio”, pero tampoco te dejan ser de izquierda a vos, te quitan ese derecho, porque dicen que ese espacio les pertenece.

Bueno, supongamos que haya sido cierto alguna vez, pero ya no. Ese juego de usar votos progresistas y de izquierda para armar versiones edulcoradas de la derecha se terminó.

El centro se está terminando. Están creciendo y crecerán más aun los extremos del tablero político y todo lo que quede en el medio deberá encolumnarse o desaparecerá del horizonte de esta batalla.

Es por ello que desde el primer momento la batalla cultural fue contra nosotros, los comunistas, el “zurdo van a correr” y toda esa amenaza era para toda la oposición, para cualquiera que proteste o discuta o levante la cabeza en esta suerte de dictadura del algoritmo y el palo con gas pimienta semanal. Pero también para nosotros, los reales comunistas, la izquierda roja.

La diputada Myriam Bregman, conocida como La Rusa, es un merecido emergente de esa visibilización de estigma que le salió mal al sistema imperante. Ella, por propia trayectoria, desde su espacio trotskista, en un devenir locuaz de representación parlamentaria impecable, en defensa de la clase trabajadora y los sectores empobrecidos, comienza a representar las expectativas de un amplio sector de la sociedad que aspira a un cambio revolucionario y ha sido burlado más de una vez, por los discursos moderados imperantes en la oposición justicialista, cada vez más derechizados.

¿Que si puede ganar La Rusa? Para contestar esta pregunta tendría que hacer reflexión aparte, donde yo pasaría a expresar que sí, que claro que puede, y como, y por qué podría, y por qué comprendo que hay que apoyarla (prometo ir escribiendo cosas sobre esto).

Pero lo más importante ahora es asimilar que si no derrotamos el proyecto libertario (Embajada Norteamericana) en los próximos días y meses, no tendremos elecciones libres ni Democracia formal como la conocíamos. Están decididos a perpetuar la neocolonia arrastrada aquí, como en toda Latinoamérica, incluso a través del fraude electoral de ser necesario y la represión permanente.

Por lo tanto, necesitamos un Frente de Liberación Nacional y Social, que agrupe a nuestro pueblo de lucha, que es grande, pero está disperso, que sume a todas las identidades revolucionarias decididas y las que se hayan podido emancipar del reformismo posibilista, con el cual han sido sometidas.

Y ello no se puede hacer sin repensar y ampliar la unidad de las izquierdas, las originarias, las rojas, que son todas aquellas organizaciones de tradición comunista, trotskista, marxistas, leninistas, maoístas, gramsianas, guevaristas, feministas, clasistas, cristianas de opción por los pobres, ecologistas, indigenistas y todas las diásporas de las identidades históricamente populares que acepten luchar contra el capitalismo y el imperialismo.

Necesitamos un movimiento amplio en su diversidad clasista, comunista y revolucionaria, y llamar al pueblo a participar para salvar a la Patria Argentina que, esta vez, será Socialista o no será nada.

¡Por la Argentina Gran Patria Socialista! ¡Venceremos! 

Para evitar que gobierne la ultraderecha, sí hay votos más útiles que otros

Fuentes: Ganas de escribir


En democracia todo voto es útil. Incluso el que se deposita en el partido más minúsculo expresa una preferencia que existe en la sociedad, y una democracia sana necesita que se conozcan todas. Desde ese punto de vista, el de la expresión de la preferencia, no hay votos inútiles y todos valen exactamente lo mismo.

Pero nuestro voto no solo sirve para expresar lo que pensamos, sino también para decidir quién gobierna. Y visto así, me parece que hay momentos históricos en los que algunos son mucho más útiles que otros. Por ejemplo, cuando lo que se decide en las urnas no es solo qué políticas concretas se van a aplicar, sino si se mantienen en pie la democracia, el modelo de sociedad, la libertad, el pluralismo, la independencia de las instituciones, o el respeto a quien piensa distinto. Y eso es exactamente lo que está ocurriendo hoy en muchos lugares del mundo con el avance de la ultraderecha.

Allí donde ha llegado al poder, la involución es un hecho palpable. En los Estados Unidos de Donald Trump se presiona e insulta a la prensa, se asfixia a las universidades que no se pliegan, se utiliza el aparato de justicia contra los adversarios políticos, se despliegan fuerzas armadas en las calles de ciudades gobernadas por la oposición y se convierte la persecución de los inmigrantes en espectáculo, mientras se redistribuye sin pudor la renta a favor de los más ricos. En la Argentina de Javier Milei, la célebre motosierra no ha caído sobre ningún privilegio sino sobre la población jubilada y de menores ingresos, sobre los servicios públicos, la ciencia o la atención a la salud y la discapacidad, mientras las protestas se reprimen, quien discrepa recibe el insulto como respuesta y se malvende la riqueza del país al capital privado.

Nada de esto es ajeno a España. Hace apenas unos días, en plena precampaña, Milei visitó Madrid, insultó al presidente del Gobierno y a varias periodistas, y en una videollamada con Santiago Abascal le confesó que para él «es un placer patear culos zurdos». Abascal le respondió que «todo muy bien dicho» y, preguntado por si aplicaría aquí la motosierra, anunció que, si tiene capacidad de decisión tras el 29 de noviembre, las partidas de gasto social “serán revisadas”. Otros portavoces de su partido, como el eurodiputado Jorge Buxadé, han ido más lejos: «La motosierra de Javier se va a quedar en nada cuando lleguemos y tengamos una puñetera mayoría absoluta. ¡Bulldozer!».

Las elecciones generales del 29 de noviembre son uno de esos momentos en los que cada voto es imprescindible, vital. Pero lo es todavía más el que se traduce efectivamente en escaños de fuerzas progresistas, frente al que se dirige a candidaturas que, por mucho que merezcan nuestro respeto, es materialmente imposible que los obtengan; bien porque tradicionalmente cuentan con menos apoyo, bien porque nuestra ley electoral, desgraciadamente, discrimina el voto según dónde se emita.

Esta reflexión no se plantea para las circunscripciones grandes del Congreso de los Diputados en las circunscripciones grandes, como Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla, en las que el reparto de muchos escaños permite que incluso partidos con un apoyo modesto obtengan representación. Ahí, el voto de preferencia sigue teniendo pleno sentido. Pero en muchas provincias que eligen tres, cuatro o cinco escaños las cosas son muy distintas: allí, la barrera real para obtener uno se sitúa muy elevada, y la probabilidad de que un partido progresista minoritario consiga representación es prácticamente nula. Cuando eso ocurre, esos votos no solo se pierden: al no sumarse a la candidatura progresista que sí podía disputar el último escaño, pueden acabar decidiendo que este vaya al Partido Popular o a Vox. El voto del corazón puede servir, sin quererlo, a quien más se desea que no gobierne.

La cuestión del voto para el Senado del 29N está, por el contrario, mucho más clara. Su sistema electoral es casi mayoritario: en las provincias peninsulares se eligen cuatro senadores y cada elector puede votar hasta a tres, de modo que la candidatura más votada suele llevarse tres puestos y la segunda, uno. Así, con el voto de las izquierdas dividido, la derecha se queda con las tres cuartas partes de los escaños, aunque la suma de los votos progresistas sea mayor.

El Partido Popular y Vox no están disimulando lo que pretenden hacer, tal y como se informó sin remilgos en el diario El Español: «El objetivo compartido es asegurar la mayoría cualificada de tres quintos de la Cámara, 161 de los 267 escaños». Con esa mayoría podrían designar sin el resto de fuerzas políticas a los cuatro magistrados del Constitucional que corresponden al Senado (por eso están retrasando fraudulentamente su renovación, incumpliendo la Constitución que dicen defender) y a los diez vocales del CGPJ que elige la Cámara. Es decir, controlar el tribunal que decide qué leyes caben en la Constitución y el órgano que gobierna a los jueces, para poder seguir utilizando la administración de justicia como un instrumento más de su estrategia política.

Solo la concentración del voto progresista puede impedir que eso ocurra, y a esa necesidad imperiosa responde la coalición Senado de Progreso, la candidatura unitaria que el PSOE, Izquierda Unida, Movimiento Sumar, Más Madrid, Compromís, Chunta Aragonesista, Batzarre y otras fuerzas presentarán en 47 circunscripciones. Lo hacen como fruto de un acuerdo que nació del empeño de miles de personas de toda España que, desde la sociedad civil, lo reclamamos durante meses como expresión de nuestro compromiso cívico por la defensa a ultranza de la libertad, la democracia y el respeto a las instituciones y a quienes no piensan como nosotras y nosotros.

Votar a Senado de Progreso no es entregar el voto a un programa político desarrollado ni a un ideario que se comparte necesariamente en su totalidad, como ocurre cuando se vota a un partido. Es hacerlo a una coalición que tiene un mínimo común -la defensa de la democracia y de instituciones plurales-, y es solo a ese mínimo común a lo que se vota. Quien deposite la papeleta de Senado de Progreso no renuncia a su identidad ni a sus diferencias. Todo lo contrario, lo que hace es tratar de ponerlas a salvo.

El trasfondo de todo esto lo explicó bien Max Weber. Este distinguió entre la ética de la convicción, la de quien actúa conforme a sus principios sin atender a lo que resulte de ellos, y la ética de la responsabilidad, la de quien sabe que debe responder de las consecuencias previsibles de sus actos. No se trata de elegir entre una y otra, pero sí es imprescindible saber cuándo la segunda ha de primar sobre la primera. Y, a mi juicio, este es uno de esos momentos.

A mi juicio, hay que votar siendo conscientes de ello para impedir que se consolide una mayoría de las fuerzas que tratan como enemigos a quienes no comparten su idea de España. Y eso significa que cada persona progresista debería preguntarse qué consecuencias tiene su voto, según la circunscripción en la que vote, para el futuro de la democracia en España y qué efectos puede producir depositarlo sabiendo que no se va a traducir en escaños.

Se me podrá decir que esto supone apoyar una coalición en la que hay partidos con los que no se comparte ideología ni proyecto, o a los que incluso se critica, quizá con razón, por lo que han hecho o dejado de hacer. Lo entiendo, y no pido a nadie que olvide sus críticas. Me limito a pedir que no nos fijemos en este momento en las rayas finas que separan las distintas corrientes de las izquierdas y del progreso, sino en la línea gruesa que se está trazando cada vez con más claridad entre quienes quieren defender la libertad y la democracia y quienes ya están empezando a acabar con ellas.

No es una suposición. Donde PP y Vox gobiernan juntos, como en Castilla y León, ya hay censura en las ayudas al cine y una obra sobre Lorca suspendida. Y en la Comunidad Valenciana y Andalucía ya se ha impuesto una “prioridad nacional” que en realidad solo sirve para enfrentar a los pobres entre sí mientras se entrega el dinero público a la iniciativa privada.

Votar el próximo 29 de noviembre siendo conscientes de la utilidad real de nuestro voto no es, como a veces se dice, un simple gesto de generosidad o de confianza, aunque puede que también lo sea. Es, sobre todo, una expresión de inteligencia política por una sencilla razón. Querer aprovechar las elecciones para reforzar nuestra sigla preferida es legítimo, desde luego; pero si, por dispersar el voto, dejamos que gane la ultraderecha el 29N, quizá muy pronto ya no podamos seguir haciéndolo en libertad.

Fuente: https://juantorreslopez.com/para-evitar-que-gobierne-la-ultraderecha-si-hay-votos-mas-utiles-que-otros/ 

La tela de araña del olvido (*)


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«El modelo español de gestión del pasado se ha caracterizado por una privatización del dolor, donde el peso de recuperar a los desaparecidos ha recaído sobre las familias y no sobre las obligaciones del Estado.»
  

Paloma Aguilar Fernández

La emisión en la televisión pública del desgarrador trabajo documental ¡Cuánta guerra!, conducido por la periodista Conchi Cejudo, ha vuelto a poner ante el espejo una realidad que estremece, llena de rabia y confronta de forma directa la calidad moral de nuestra democracia. Durante el metraje, una escena condensa de forma devastadora el drama de miles de hogares en España: ante una fosa común, una mujer y su primo el periodista deportivo de RTVE, Juan Carlos Rivero, descubren a su abuelo que no conocían y, rota por el llanto, formula la pregunta que miles de ciudadanos llevan décadas haciéndose: «¿Estamos sobre sus restos porque no los han exhumado?». La respuesta de la periodista destapa las costuras del sistema: «Porque nadie lo ha pedido y tampoco desde arriba se ha autorizado».

Esta cruda secuencia no es un hecho aislado; es el reflejo del desamparo secular y la alarmante falta de sensibilidad que cientos de miles de familias seguimos experimentando en pleno siglo XXI. Mi propio abuelo continúa hoy enterrado en la fosa común del cementerio de Vegueta, arrojado allí junto a decenas de demócratas asesinados por defender la libertad. Su nombre, como el de tantos otros, permanece sepultado bajo tierra mientras el trámite burocrático para su exhumación se eterniza en los despachos, atrapado en una tela de araña de desidia infinita por parte de gobiernos y ministerios de memoria que parecen más preocupados por los plazos administrativos que por la justicia humana.

Resulta intolerable que en un Estado social y democrático de derecho la carga de la búsqueda, la identificación y la reparación de los desaparecidos haya recaído históricamente sobre los hombros desgastados de los propios familiares y de asociaciones civiles. Aunque el marco legal intente vender la idea de que la exhumación es una responsabilidad directa del Estado, la práctica diaria demuestra una lentitud gubernamental que roza la crueldad. Las ventanillas oficiales y las administraciones operan a un ritmo exasperante, ignorando que el tiempo corre en contra de unos hijos y nietos que envejecemos y vemos morir a padres y abuelos esperando respuestas. Para quienes buscamos a nuestros mayores, cada año de retraso administrativo, cada firma postergada, cada enfado del funcionario de turno por exigirle rapidez y cada informe técnico demorado es una derrota definitiva frente al reloj y una humillación institucional.

El dolor legítimo de las víctimas se acrecienta cuando percibimos que quienes rigen el poder y manejan los resortes políticos y funcionariales carecen de la empatía más elemental. En demasiadas ocasiones, las solicitudes se tramitan con la fría distancia de un expediente numérico y, lo que es aún más deplorable, el debate sobre la memoria se instrumentaliza como un activo electoral en el tablero partidista. Cientos de miles de cuerpos, como los del cementerio de Vegueta, continúan en las fosas y cunetas mientras las administraciones se escudan en la falta de presupuesto, la distribución de competencias o la necesidad de nuevos permisos. Tratar el duelo y la dignidad humana como herramientas de confrontación política o como meros trámites de oficina es una vergüenza que degrada a las instituciones que deberían protegernos.

La memoria no es una cuestión de bandos ni un debate del pasado; es una llaga abierta en el presente. Un país no puede mirar al futuro con integridad ni presumir de estándares democráticos del primer mundo mientras conserve a decenas de miles de sus ciudadanos enterrados en el anonimato de la tierra bajo la indiferencia o la ineficacia de sus gobernantes. Ha llegado el momento de que el Estado asuma su papel de manera real y sin excusas, eliminando de golpe las trabas burocráticas y actuando de oficio con la sensibilidad y el respeto que merecen quienes pagaron con su vida el precio de la historia. Devolver la dignidad a las víctimas y la paz a sus familias no es una opción política; es un imperativo ético irrenunciable para cualquier sociedad que se pretenda justa. Quizá ya sea demasiado tarde. Ahí viene galopando un más que posible gobierno fascista.

(*) Francisco González Tejera, presidente de la Agrupación Familiares Fosa Común Cementerio de Vegueta 

martes, 3 de noviembre de 2026

Albania volverá al verdadero socialismo


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En las últimas semanas, las calles de Albania han vuelto a convertirse en el escenario de una juventud movilizada que se niega a resignarse. Las protestas estudiantiles contra el gobierno de Edi Rama no son un hecho aislado; constituyen el síntoma innegable del agotamiento del modelo capitalista que sofoca a las nuevas generaciones mediante tasas universitarias abusivas, la degradación del sistema educativo y el continuo deterioro de las condiciones de vida.

​Ante la justa indignación popular, la respuesta del Estado ha sido la represión policial y la intimidación. Frente a esta escalada, el Partido Comunista de Albania (PKSH), a través de su presidente Qemal Cicollari, ha manifestado su pleno respaldo a la juventud movilizada, calificando sus reclamos como «completamente justos y legítimos» y denunciando abiertamente las penurias a las que se ven sometidos los jóvenes bajo la lógica del libre mercado desregulado.

resulta indispensable combatir tanto al gobernante Partido Socialista de Rama como al opositor Partido Democrático de Sali Berisha. Ambas fuerzas representan los dos rostros de la política burguesa

​El descontento, sin embargo, debe cuidar su independencia de clase. Como advierte la declaración del PKSH, resulta indispensable combatir tanto al gobernante Partido Socialista de Rama como al opositor Partido Democrático de Sali Berisha. Ambas fuerzas representan los dos rostros de la política burguesa tradicional que buscan explotar y desvirtuar el malestar social para sus propios intereses de poder. Frente a las tentativas de distorsión y las consignas anticomunistas instrumentalizadas durante las marchas, los comunistas albaneses recuerdan el papel histórico del pueblo y del legado antifascista en la construcción de los derechos sociales.

​El contraste histórico es clarificador: mientras bajo el capitalismo la educación se transforma en una mercancía inalcanzable y la juventud se enfrenta a la precariedad y al desempleo, durante la Albania socialista la educación era un derecho gratuito y universal, y cada graduado universitario tenía garantizado un puesto de trabajo digno. Estas conquistas históricas no son utopías del pasado, sino horizontes necesarios e irrenunciables para la clase trabajadora.

​Conectando las movilizaciones albanesas con el auge de las luchas estudiantiles y obreras en Francia y en toda Europa, la solidaridad entre los estudiantes y la clase obrera resulta la única vía para quebrantar la política de austeridad del régimen de Tirana.

​Haciendo propio el llamamiento del partido a sus miembros, a la clase trabajadora y al conjunto del pueblo para sostener la movilización en las calles hasta las últimas consecuencias, la consigna es clara y categórica:

​«El Partido Comunista de Albania hace un llamamiento a los estudiantes para que continúen protestando hasta que se cumplan sus demandas justas y legítimas.»

​Lois Pérez Leira

Coordinador Regional del Sovintern

Imagen de portada: Manifestaciones en Albania – Instagram 

Los bancos centrales bajo escrutinio

Fuentes: Rebelión


El profesor Pedro Gómez Martin-Romo, de la Universitat Politècnica de València (UPV) cuestiona los miles de millones pagados a los bancos por las reservas excedentarias

El profesor Pedro Gómez Martin-Romo, de la Universitat Politècnica de València  (UPV), plantea una de las críticas más contundentes a la reciente política monetaria del Banco Central Europeo (BCE): la decisión de pagar intereses sobre las reservas voluntarias que los bancos comerciales mantienen en el banco central. En su trabajo disponible en este enlace, el autor sostiene que esta medida no solo rompe con la tradición histórica de la banca central, sino que también genera distorsiones económicas, beneficia al sector financiero y traslada costes indirectos a los ciudadanos y a las finanzas públicas.

Según el profesor Gómez, durante los últimos tres años, el Banco Central Europeo ha subvencionado de hecho al sector bancario en más de 40.000 millones de euros. No se trata de un fenómeno aislado: pueden observarse formas similares de apoyo en los principales bancos centrales de todo el mundo, incluidos los de Estados Unidos, Reino Unido, Japón y Brasil.

La tesis de Gómez parte de un hecho fundamental: durante los años de expansión monetaria, el BCE inyectó enormes cantidades de liquidez en el sistema financiero, lo que llevó a los bancos europeos a acumular aproximadamente 2,5 billones de euros en reservas voluntarias. Cuando la inflación comenzó a dispararse, la institución decidió subir los tipos de interés y, al mismo tiempo, pagar intereses a los bancos por mantener esa liquidez depositada en el BCE. Para el profesor de la UPV, esta estrategia representa una contradicción: el banco central está remunerando precisamente el exceso de dinero que él mismo había creado durante los años anteriores.

Uno de los argumentos centrales del artículo es el carácter excepcional de esta política. Según Gómez, la remuneración de las reservas voluntarias es una práctica relativamente reciente y se encuentra muy alejada de los instrumentos tradicionales utilizados históricamente para combatir la inflación. Durante décadas, los bancos centrales se basaron principalmente en el aumento de los coeficientes de reservas obligatorias, una herramienta que reduce directamente la capacidad de los bancos para expandir el crédito sin exigir transferencias de recursos al sector financiero.

El autor recuerda numerosos precedentes históricos. La Reserva Federal de Estados Unidos aumentó los requisitos de reservas en 1936 y 1937 para absorber el exceso de liquidez; el Banco de España los elevó hasta el 7,75 % en 1983; y tanto el Bundesbank alemán como el Banque de France utilizaron ampliamente este instrumento durante las décadas de 1970 y 1980. En cambio, la remuneración de las reservas no se generalizó hasta bien entrado el siglo XXI, primero en el Banco de Inglaterra y posteriormente en la Reserva Federal y el Banco de Japón.

Desde una perspectiva económica, Gómez sostiene que las dos políticas producen efectos radicalmente diferentes. Mientras que aumentar los requisitos de reservas limita directamente el crédito y enfría la economía, pagar intereses sobre las reservas voluntarias crea un incentivo para que los bancos mantengan su liquidez inactiva en lugar de canalizarla hacia actividades económicas productivas. En su opinión, esto altera la relación entre ahorro e inversión y contribuye a una asignación menos eficiente de los recursos financieros.

El profesor también rechaza la idea de que el dinero sea neutral cuando su cantidad y su precio se manipulan artificialmente. Sostiene que una expansión monetaria excesiva no solo se refleja en la inflación de bienes y servicios, sino también en el aumento de los precios de los activos, como la vivienda y las acciones, alimentando así las burbujas financieras y ampliando las desigualdades sociales. En este contexto, la remuneración de las reservas refuerza un modelo que, según él, beneficia de manera desproporcionada a las instituciones financieras.

Otra de las grandes críticas se refiere a las consecuencias fiscales de esta política monetaria. Gómez señala que los beneficios de los bancos centrales nacionales, como el Banco de España, normalmente se transfieren al Tesoro. Sin embargo, cuando el BCE paga millones de euros en intereses sobre las reservas y esto reduce los beneficios o genera pérdidas, también disminuyen los ingresos públicos. El resultado es un déficit cuasifiscal que termina afectando a los presupuestos nacionales y, en última instancia, a los contribuyentes. El autor resume esta dinámica con una idea contundente: la sociedad podría pagar dos veces, primero a través de la inflación y después mediante el deterioro de las finanzas públicas.

Más allá del debate económico, el profesor de la Universitat Politècnica de València plantea una cuestión jurídica relevante. En su opinión, el marco jurídico europeo otorga al BCE competencias claras para establecer requisitos mínimos de reservas, pero no reconoce expresamente la autoridad para remunerar las reservas voluntarias. Aunque no afirma que esta práctica sea ilegal, considera que existe una cuestión legítima acerca de la solidez de su base jurídica y de los límites de la discrecionalidad del banco central.

Como alternativa, Gómez propone una profunda reforma del sistema monetario europeo mediante lo que denomina el “Patrón Interés”, una arquitectura en la que la creación de dinero estaría vinculada al volumen de intereses generados por la economía real durante el período anterior. Bajo este modelo, la expansión monetaria ya no dependería principalmente de decisiones discrecionales sobre los tipos de interés, sino que seguiría una regla vinculada a la actividad económica, reforzando el equilibrio entre ahorro, inversión y consumo de capital.

La conclusión del profesor es clara. El verdadero debate no consiste simplemente en decidir si los tipos de interés deben subir o bajar, sino en determinar cómo se crea el dinero, quién se beneficia de su creación y quién termina soportando sus costes. Desde su perspectiva, la remuneración de las reservas voluntarias representa un cambio histórico que merece ser reconsiderado tanto desde el punto de vista económico como institucional, ya que favorece las transferencias hacia el sector bancario al tiempo que traslada los riesgos al conjunto de la sociedad.

Juan García. Universitat Politècnica de València (UPV)

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


La inteligencia artificial y los límites del capitalismo

Fuentes: Rebelión

    El acelerado desarrollo de la IA (inteligencia artificial) y las advertencias de científicos especializados en ella sobre la posibilidad de que se independice y se torne destructiva para la especie humana, lleva a analizar si esta fuerza productiva es compatible con el sistema económicosocial capitalista.

La historia muestra que los sistemas económicosociales han sido reemplazados por otros, de carácter social cualitativamente más elevados, cuando el desarrollo de las fuerzas productivas se tornó incompatible con el sistema anterior, generando condiciones objetivas para su reemplazo por el sistema superador de condiciones económicosociales compatibles con ese desarrollo de las fuerzas productivas.

Del esclavismo al feudalismo y del feudalismo al capitalismo

Sucintamente, las principales revoluciones históricas de ese tipo fueron las siguientes:

-En la transformación del sistema esclavista al feudal, en el imperio romano, la producción basada en la explotación extensiva de tierras por parte de los propietarios, amos esclavistas, mediante el trabajo de los esclavos, principal fuerza productiva, dependía de capturar cada vez más esclavos mediante nuevas conquistas territoriales. Cuando el imperio llegó a sus límites, la escasez de esclavos aumentó su precio en el mercado y dejó de ser rentable su explotación, porque el costo de los mismos y su mantenimiento ya no permitían la rentabilidad. Entonces los grandes propietarios gradualmente parcelaron sus tierras y se las cedieron a colonos y a esclavos liberados para que la trabajaran y le pagaran al dueño con renta o parte de la producción. Los esclavos devinieron siervos. Ese sistema se generalizó en propiedades feudales, donde legalmente el siervo estaba ligado a la tierra, explotaba una parcela propia y, en general, trabajaba para el señor feudal el grueso de la tierra. Así, la principal fuerza productiva de aquella época, que era la fuerza de trabajo humana, evolucionó desde el esclavo, que no tenía interés en la producción, al siervo, más interesado en la producción.

-En la transformación del sistema feudal al capitalista, en la Europa medieval, el desarrollo, entre otros, de la manufactura, el comercio y la navegación, generaron una creciente burguesía urbana, que necesitaba de obreros libres, de libre circulación de mercancías, que la tierra pudiese comercializarse, y otras libertades económicas que chocaban con las relaciones feudales de propiedad hereditaria, siervos atados legalmente al feudo, gremios de artesanos y poder político absoluto de las monarquías, lo cual terminó provocando revoluciones, impulsadas por la emergente burguesía, tales como la Revolución Liberal Inglesa y la Revolución Francesa, a lo que se sumaron las revoluciones independentistas en América. El proceso capitalista consecuente transformó a los siervos en obreros objetivamente obligados a vender su fuerza de trabajo en el mercado.

En el capitalismo

En la evolución del sistema capitalista, surge actualmente la cuestión de si el nivel de desarrollo alcanzado por las fuerzas productivas, muy particularmente por el advenimiento y posibilidades de la IA y su vinculación con la robótica, no ha generado ya las condiciones objetivas de su superación por un sistema de carácter social más elevado.

En efecto, las perspectivas de la IA, particularmente si alcanza el nivel de superación de la inteligencia humana e independencia respecto de nuestra especie, denominado “nivel general”, provocan en general, y particularmente en los especialistas que la desarrollan, profundas preocupaciones sobre su evolución y comportamiento si no se logra controlarla mediante una regulación.

La IA abre ilimitadas posibilidades positivas, si se logra utilizarla como herramienta al servicio de la sociedad; pero también implica graves riesgos, si se la utiliza negativamente para el interés social, o si actúa por su cuenta siendo que no se tiene idea de cuales podrían ser las consecuencias para la sociedad humana.

Una de las tendencias del desarrollo de la IA con la robótica, es que podría liberar al ser humano de la carga del trabajo, siempre que se la controlara socialmente de manera positiva. Pero otra tendencia podría ser que elimine el trabajo humano, sin un control social, lo que expulsaría a los seres humanos al desempleo sin protección, o en el mejor de los casos, recibir algún tipo de subsidio decidido por los dueños de las grandes tecnológicas.

En cuanto a instaurar una regulación de la IA, para controlarla positivamente, debería ser internacional. En tal sentido China es el país que encabeza las propuestas en esa dirección: En 2023 presentó una “Iniciativa Global de Gobernanza de la IA” ante la ONU, y el 16 de julio del 2026 encabezó la constitución de la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial (WAICO, por sus siglas en inglés), integrada por 29 países. Por el contrario, el gobierno Trump, de los EEUU, se ha opuesto públicamente a cualquier tipo de regulación internacional, e incluso ni siquiera del Estado estadounidense, argumentando que debe ser libremente desarrollada, para asegurar a EEUU su dominio económico y militar mundial. Lo que es aún más grave, Trump ha decidido la irracional idea de que las grandes desarrolladoras de IA se autorregulen.

A su vez, incluso algunos de los propietarios de las tecnológicas más importantes en el desarrollo de IA de los EEUU, han hecho propuestas para enfrentar los riesgos que supone su evolución: Sam Altman (OpenAI), ha propuesto que los ciudadanos tengan participación accionaria en el capital generado por la IA; Elon Musk (xAI / X) ha afirmado que la evolución de la IA y la robótica harán necesaria la institucionalización de un sistema de renta básica universal para las personas; Dario Amodei (Anthropic), plantea que los beneficios de la IA se gestionen por instituciones internacionales, evitando que solo algunos países se beneficien.

Regulación internacional de la IA, sistema de ingreso universal, participación de la sociedad en la propiedad de acciones de las empresas de IA, gestión internacional de los beneficios de la IA; Propuestas que son claramente de formas típicamente socialistas, contrarias a las formas típicamente capitalistas basadas en la concentración creciente de la propiedad de medios de producción y distribución de bienes y servicios, por oligopolios que, a su vez, impulsan las políticas del neoliberalismo, totalmente opuestas a ese tipo de regulaciones estatales y sociales.

El acelerado desarrollo de la IA y la robótica y su vinculación, constituyen un disruptivo nuevo paradigma en el desarrollo de las fuerzas productivas, que ya no pueden ser incorporadas por el sistema capitalista sin ahondar profundamente, y tal vez catastróficamente, la crisis; lo cual crea la objetiva necesidad de que la clase trabajadora y demás sectores populares impulsen un cambio de sistema hacia otro de carácter social más elevado, que se expresaría en cada país en diversas formas de sociedades de tipo socialista, según las realidades e historia de cada uno.

*Carlos Mendoza, ingeniero, especializado en temas políticos y económicos, escritor, miembro del Consejo Editorial de Tesis 11.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes. 

lunes, 2 de noviembre de 2026

José Manuel Rivero: estamos asistiendo a las últimas fases de un «golpe de Estado» contra el Gobierno español


José Manuel Rivero, abogado y analista político      26 de octubre de 2026

Ilustración por IA: Fernando Francisco Serrano

El analista político José Manuel Rivero ha alertado de que España se encuentra en las «fases últimas de un golpe de Estado» destinado a derrocar al Gobierno de coalición presidido por Pedro Sánchez. Durante una intervención en Radio San Borondón el pasado miércoles 2 de septiembre, Rivero afirmó que esta operación no es un fenómeno simple, sino el resultado de una estrategia de deslegitimación que involucra a sectores mediáticos, judiciales y policiales de derecha desde el inicio de la legislatura. Según el analista, esta ofensiva combina el acoso judicial interno (lawfare) con presiones geopolíticas internacionales.

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Escuchar aquí la entrevista de José Manuel Rivero

Una estrategia de acoso judicial y mediático

Rivero detalló que la campaña contra el Ejecutivo se ha manifestado en protestas frente a la sede socialista de Ferraz y en un constante intento de denigrar la imagen pública y la dignidad de Pedro Sánchez y su entorno familiar. Como ejemplos de este acoso, citó los procesos judiciales dirigidos contra la esposa del presidente, Begoña Gómez, y su hermano. El analista mencionó la reciente admisión a trámite de una querella por denuncia falsa interpuesta por Vito Quiles contra la esposa del presidente, tras archivarse una causa previa en un restaurante, señalando que estos movimientos forman parte de un engranaje diseñado para desgastar al mandatario. Asimismo, vinculó a esta corriente los casos de José Luis Rodríguez Zapatero y Leire Díez.

La filtración policial y la clave geopolítica

El núcleo de la actual fase golpista, según el politólogo, se articula en torno a la filtración a un medio de comunicación derechista de un informe policial solicitado por la magistrada de la Audiencia Nacional, María Tardón (ex concejala del Partido Popular del Ayuntamiento de Madrid bajo el mandato del alcalde José María Álvarez del Manzano y ex consejera de Caja Madrid nombrada por el PP), a raíz de una denuncia del grupo Justicia Europa. Este documento vincula a la gendarmería marroquí con la entrada masiva de personas y la violación de la integridad territorial española ocurrida los días 30 y 31 de julio. Rivero sostiene que estas personas desposeídas fueron utilizadas como un «ariete geopolítico» para forzar un colapso en la capacidad de respuesta del Estado español.

Para el analista, esta crisis fronteriza no es casual, sino una represalia internacional coordinada que cuenta con la cobertura de Estados Unidos y la entidad sionista, debido a los estrechos lazos de Marruecos con Israel. Las tensiones vendrían motivadas por las reticencias de Sáncheza invertir el 5% de su PIB en gasto militar, la postura del Gobierno español contraria al genocidio en Palestina y el veto al uso de las bases militares de Morón y Rota para los bombardeos de Washington y Tel Aviv contra Irán. Rivero recordó además que la Administración de Donald Trump ya había advertido previamente sobre posibles consecuencias judiciales y represalias contra el Ejecutivo de Sánchez.

El objetivo final: una acusación por traición

La maniobra jurídica y mediática busca, a juicio de Rivero, desmentir las declaraciones del presidente del Gobierno en la Cadena SER y contradecir la postura oficial del Ministerio del Interior. A pesar de que los servicios informativos de TVE recogieron una carta del ministro Fernando Grande-Marlaska asegurando que el Gobierno no tenía conocimiento previo de dicho informe, el analista advierte que la oposición busca un objetivo mayor. Sectores de la extrema derecha, representados por Vox, pretenden utilizar el procedimiento abierto en la Audiencia Nacional para elevar la causa al Tribunal Supremo y encausar a Pedro Sánchez por un presunto delito de traición, bajo el argumento de estar encubriendo las acciones de Marruecos frente a los criterios de la Policía y la Guardia Civil.

Aislamiento parlamentario y auge del fascismo

El analista político subrayó que los promotores de esta operación están aprovechando los errores propios y la mala gestión del Gobierno en la crisis geopolítica para acelerar los plazos. Esta situación deja al presidente en una posición de extrema vulnerabilidad, aislado, sin apoyos parlamentarios claros de cara a la sesión en el Congreso y con la dificultad añadida de no contar con unos Presupuestos Generales del Estado. Las manifestaciones recientes, supuestamente convocadas en apoyo a Ceuta, mostraron según Rivero «el verdadero rostro del fascismo», caracterizado por insultos graves al presidente y agresiones directas a los profesionales de los medios de comunicación.

Finalmente, Rivero criticó con dureza la postura del Partido Popular, al que considera «abducido por el fascismo de Vox», especialmente en lo relativo a la política migratoria. Censuró la supuesta solidaridad esgrimida por las administraciones del PP, denunciando que sus ayuntamientos han bloqueado la acogida de los migrantes que permanecen en las calles de Ceuta. El analista concluyó señalando que si cada uno de los miles de municipios españoles asumiera la acogida de una sola persona, el problema en la ciudad autónoma desaparecería de inmediato, evidenciando una falta de voluntad política real.