Alonso gallardo militante comunista asturiano
febrero 2026
Nos encontramos en medio de una tercera guerra mundial provocada por el imperialismo yanqui y aliados occidentales, generada desde todos los ángulos existentes en la sociedad, incluido el militar, en Ucrania de Europa por EE.UU y la OTAN, instrumentalizando al pueblo ucraniano en la guerra contra Rusia para derrotarla, desmembrarla y apropiarse de su riqueza. En el Oriente Medio los mismos con el pueblo israelí, para derrotar al frente de resistencia en su guerra de destrucción de Irán, para el control de las materias primas, el petróleo y el colapso de la Nueva Ruta de la Seda China. En África del Norte instrumentalizando al pueblo marroquí con el apoyo al terrorismo fundamentalista, para impedir el proceso de liberación nacional en el área del Sahel, sumando la ocupación de la República Saharaui por el colonialismo marroquí al servicio del imperialismo yanqui; más la división del Sudan y el enfrentamiento contra fuerzas armadas financiadas por el imperialismo yanqui, que tiene continuidad con la ocupación de amplias zonas de la República Democrática del Congo por guerrillas financiadas y armadas por el mismo imperialismo, que se extiende por el centro y sur de África, contra países soberanos como Zimbabue o Namibia y Sin olvidar, el bloqueo e intervenciones militares y terroristas en Nicaragua, Venezuela, Cuba y las injerencias y golpes de estado blandos en el conjunto de América Latina y el Caribe. Lo mismo en el bloqueo a China y Corea del Norte con la instrumentalización del pueblo taiwanés, surcoreano y filipino, por un imperialismo que en su decadencia por la pérdida de la hegemonía intenta sobrevivir mediante el caos y las guerras abusando de su poderío militar y nuclear.
No se puede entender que encontrándonos en esta situación geopolítica de guerra total en todas sus facetas políticas, económicas, tecnológicas, científicas, culturales e ideológicas, bajo el dominio y control que el imperialismo yanqui-occidental tiene de los medios de comunicación, cadenas de suministro globales, de los medios de financiación y pagos mundiales y del dólar como moneda de comercio global; que algunos dirigentes comunistas y de la izquierda pongan peros por su carácter burgués o religioso y nieguen el carácter revolucionario de los gobiernos de países como Rusia, Irán o HAMAS en Palestina, que confrontan con el imperialismo por la soberanía de su pueblo. Emulan a los reaccionarios trotskistas y oportunistas que trabajan para el imperio dividiendo a la izquierda y a la clase trabajadora en las batallas siempre que la victoria es posible. Esto pasa ahora mismo cuando el pueblo iraní enfrenta una invasión del hegemón yanqui y sus aliados occidentales y el Presidente del pueblo soberano de Venezuela, es secuestrado con una intervención militar y cuando ese mismo imperialismo está demandando una futura intervención militar en Cuba, por la crisis económica y productiva que padece fruto del bloqueo total que sufre por el mismo imperialismo.
Recuperar la táctica leninista de un paso atrás, siempre es válido para poder seguir dando en el futuro pasos adelante en defensa de los intereses generales de la clase trabajadora y pueblos que luchan por su soberanía y de paso reflexionar, sobre la autocrítica del Séptima Congreso de la Internacional Comunista con respecto a la estrategia de los frentes populares, base de la del PCE de José Díaz en el combate contra el fascismo internacional en la guerra de liberación nacional de 1936 en España. También el pacto del mismo año entre el Partido Comunista de China y el Kuomintang para combatir la invasión japonesa. Metodología de estudio y trabajo explicada por Lenin en el imperialismo fase superior del capitalismo o las tesis filosóficas de Mao, con mención especial sobre la contradicción, por decir algunos de los muchos ejemplos de los clásicos del marxismo leninismo, con el objetivo de recuperar el análisis concreto en la elaboración de una teoría política transformadora, superando dogmas como lecciones aprendidas mediante el corta y pega.
Los comunistas debemos enfrentar esta situación no como pollos sin cabeza dando tumbos según nos vienen los golpes. Es necesario recuperar la soberanía ideológica, política y organizativa como clase obrera y como partido, que solo puede venir bajo la recuperación de una línea política de inserción y trabajo entre las masas obreras, librando la batalla en la base económica del capital allí donde trabaja, vive y estudia, recuperando la autonomía y soberanía de las organizaciones obreras de masas sindicales, vecinales y estudiantiles. Concentrando el grueso de nuestra fuerza militante, cuadros y dirigentes a esta tarea fundamental estratégica, para recuperar la hegemonía en el seno de la clase trabajadora y poder pasar al estadio superior de la guerra de posiciones en la calle y en las instituciones, según marque la correlación de fuerzas y la agudización de la lucha de clases.
Pero para eso es necesario recuperar la experiencia histórica de la lucha del movimiento obrero y de los comunistas españoles, que pasó en sus inicios sectarios, por la unidad de acción en el Frente Único Proletario a principios de los años treinta, de todas las fuerzas políticas que se identifican con la clase obrera y posteriormente del frente común de todas las clases y sectores sociales del pueblo, en un Frente Popular contra el enemigo principal: la oligarquía imperialista española y sus aliados liberales y fascistas lacayos del imperialismo yanqui-occidental. Esto nos obliga a dar la respuesta a las agresiones del capital de forma ajustada a la táctica política de masas, programa y alianzas desde el seno de la clase obrera y sus organizaciones de masas, no desde fuera de la clase trabajadora en asambleas o plataformas como actualmente se hace exclusivamente como agitación y propaganda.
Esta es la experiencia histórica que nos identifica al enemigo principal y a quienes debemos tratar de ganar como aliados y por lo tanto, la que determina nuestro programa mínimo desde los intereses generales de la clase trabajadora y de nuestros aliados, de cara a fortalecer una alternativa de masas al dominio de la oligarquía imperialista vende patrias. Esta debe ser la estrategia revolucionaria de la toma del poder por la mayoría social que representamos, basada en unos objetivos que defiendan la mayoría de sectores obreros, populares y clases sociales oprimidas por la oligarquía imperialista, con propuestas de igualdad de derechos y deberes para todo el estado y del derecho a la identidad y cultura materna bajo una base republicana y del trabajo. Seamos conscientes que para hacer esto nada nos impide la socialdemocracia, los reformistas ni sus políticas, al revés, debemos apoyarnos en sus puntos fuertes de influencia social y representación institucional, para desde la movilización social que es una de nuestra funciones influir en su comportamiento institucional, ejerciendo una crítica correcta y constructiva a su posibilismo ajustada a nuestra táctica y al programa mínimo, de forma que permita acumular fuerzas y superar nuestra debilidad organizativa para intervenir en las instituciones, pero condicionándola siempre con la movilización social.
No hay ninguna otra, ni atajos ni subjetividades paralelas que puedan sustituir el arduo trabajo de masas, de integración social de la militancia revolucionaria en el seno de la clase obrera, generando conciencia de clase y organización sindical y política, base cultural de resistencia, unidad y lucha del poder obrero y popular allí donde trabajamos, vivimos y estudiamos, porque solo así nos enseña la historia aprendida, que lograremos el empoderamiento como clase y como pueblo bajo el ideal de una república democrática del trabajo entre iguales por encima de la raza, género o clase.