viernes, 13 de febrero de 2026

Crítica al romanticismo en la política española de reconciliación nacional



Alonso gallardo militante comunista … febrero del 2026

Recientemente leí este artículo en la revista “mundo obrero” del PCE, vanagloriando la política de reconciliación nacional https://mundoobrero.es/2026/02/01/sobre-reconciliaciones-que-hablen-los-comunistas-espanoles-y-quienes-ayudaron/ de la cual considero, que plantea una visión romántica de la política de reconciliación nacional, que poco tiene que ver con el fondo ideológico y político de la línea aplicada por el PCE basada en el principio de la superación de la lucha de clases; del pacto social con la burguesía dominante, de la aceptación de la democracia limitada de la dictadura del capital y el perdón a los genocidas del franquismo, lo cual provocó una salida tan asimétrica de la dictadura que viene muy al pelo la frase “de aquellos polvos estos lodos”, experimentados en la represión policial y judicial al reformismo de izquierda que participa del gobierno, desde la ruptura del pacto social de la transición del estado de bienestar por la oligarquía española dominante bajo el gobierno “socialista” de José Luis Rodríguez Zapatero.

La política de reconciliación nacional del PCE, ideológicamente nace del informe presentado por Jrushchov en el XX Congreso del PCUS, donde sataniza a Stalin abriendo el partido al revisionismo ideológico eurocomunista, que pone fin a la lucha de clases bajo el socialismo y donde el desarrollo de la producción bajo el sistema capitalista llevará de forma inevitable al socialismo. De ahí nace en España la reconciliación nacional de los setenta, dando el finiquito a la ruptura con el franquismo y a la república con la instauración de la monarquía, de la desmovilización social en la lucha por las libertades y los derechos democráticos de la clase trabajadora, del perdón en la Ley de Amnistía de los genocidas del franquismo, de la protección fundamental del derecho a la propiedad privada bajo la tutela constitucional, del mantenimiento de los poderes fácticos en el Estado de la élite victoriosa en la guerra nacional antifascista y la paz social del pacto con el capital, como instrumento de valor en la negociación colectiva y política bajo la tutela de una democracia delegada no participativa.

Plantear como una guerra civil entre hermanos el golpe de estado fascista de 1936 a la república, apoyado por la internacional fascista y militarmente por Alemania, Italia y Marruecos, junto con el silencio y cierre de fronteras para impedir el apoyo internacional a la república española por los países europeos, es dar por válido el relato del fascismo imperialista internacional y la negación de la actual política memorialista de reconocimiento, dignificación, de reparación y recuperación de las víctimas que aún se encuentran en las cunetas, pozos y fosas comunes. No fue una guerra civil, fue una confrontación previa a la segunda guerra mundial contra el nazifascismo internacional, apoyado económica y militarmente por todas las potencia europeas colonialistas e imperialistas junto con los EE.UU, para derrotar la opción democrática y popular del pueblo por la República vista por las potencias imperiales como aliada de la Unión Soviética, que confrontaba internacionalmente contra el nazifascismo en una pelea iniciada para un nuevo reparto del planeta por el imperialismo alemán, que salió perjudicado del salido de la primera guerra mundial, pero que confluía en el interés con el resto de potencias imperialistas en la lucha contra la revolución socialista soviética.

No se puede separar el proceso de desarrollo económico del capitalismo desde los años cuarenta bajo el sistema de producción fordista, generado en España durante el proceso de acumulación y represión de la dictadura franquista, mediante la expropiación de bienes y tierras de republicanos, pequeños campesinos, aparceros y la esclavización de cientos de miles de prisioneros republicanos, más la explotación de la emergente clase trabajadora, formada del excedente de lo que conocemos como la España vaciada emigrada a las provincias elegidas por la oligarquía dominante, centradas en los arcos de desarrollo con Europa de las provincias de Vizcaya, Barcelona y Madrid, la capital política y financiera por nombrar las más beneficiadas. De la mentalidad en aquellos momentos de la élite empresarial y financiera, que pasaba por la integración económica y productiva global con el capital europeo e internacional, que fueron quienes gestionaron la transición en alianza con la vieja aristocracia feudal y eclesiástica, que como en todo lugar y época condicionaron a la intelectualidad española influyendo en la salida reformista bajo el pacto social de integración en Europa.

Hay una cosa bastante clara; antes de abrazar el eurocomunismo -no el comunismo que es solo para revolucionarios- ya eran todos socialdemócratas liberales, que se ratifica solo con ver como todos de forma natural se fueron integrando al neoliberalismo bajo la batuta del presidente “socialista” Felipe González, mientras la clase trabajadora y el pueblo llano a sufrirlo bajo la presión y miedo de vivir en la precariedad laboral y social bajo desmantelamiento del estado de bienestar. Para definirlo de alguna manera, caben calificativos entre el abandono y la traición a los intereses estratégicos de la clase trabajadora y el pueblo español y para llegar a esta conclusión, solo basta con reflexionar sobre como de una derrota militar con miles de comunistas asesinados, presos y exiliados, en menos de veinte años el partido resurge con más fuerza que nunca, pero en cambio, de la derrota ideológica y política de la transición de los años setenta, llevamos ya cincuenta años sin levantar cabeza. Todo quedó atado y bien atado, por eso es tan necesario seguir siendo comunista para recuperar el sentido original del marxismo leninismo de vanguardia al servicio del pueblo.