jueves, 5 de noviembre de 2026

Rifondazione Comunista prepara su regreso electoral en plena disputa por la unidad de la izquierda italiana

                                                                                                         
El partido busca recuperar su símbolo histórico mientras se abren las negociaciones para construir una alternativa al Gobierno de Meloni.
Maurizio Acerbo, secretario general de Rifondazione Comunista. Fuente: La Repubblica

Rifondazione Comunista prepara su regreso a las elecciones generales italianas con su propio símbolo, la hoz y el martillo, después de dos décadas de dificultades para recuperar una presencia electoral propia.

Rifondazione ha logrado formar un grupo propio en el Senado con la ayuda del senador Andrea Crisanti, que ha dejado temporalmente el grupo parlamentario del PD para facilitar la operación. Esto permitirá al partido sortear las nuevas dificultades para presentarse a las elecciones.

Al mismo tiempo, su regreso plantea el reto de cómo construir una candidatura común contra el Gobierno de Meloni sin que las organizaciones participantes tengan que renunciar a su propia identidad.

«Continuaremos trabajando para devolver a las papeletas electorales, después de veinte años, el símbolo histórico de los comunistas y socialistas italianos», ha señalado Acerbo, secretario nacional de Rifondazione, al anunciar la constitución del grupo en el Senado.

Una maniobra para sortear las barreras electorales

La operación tiene su origen en la nueva legislación electoral italiana, que endurece las condiciones para presentar candidaturas y eleva las exigencias de recogida de firmas para las formaciones que no cuentan con representación parlamentaria. La norma establece un requisito de hasta 6.000 firmas por circunscripción, una barrera que dificulta especialmente la participación de partidos con menor implantación institucional.

Para sortear este obstáculo, Rifondazione ha contado con Andrea Crisanti, senador elegido en las listas del PD en 2022 y conocido por su trayectoria como microbiólogo durante la pandemia de COVID-19. Crisanti abandonó el grupo parlamentario demócrata para incorporarse al Grupo Mixto y facilitar la constitución de una componente vinculada a Rifondazione y a Open Sinistra FVG.

El mecanismo permite reducir las firmas necesarias para presentar las listas de unas 6.000 a 1.500 por circunscripción, según las informaciones publicadas sobre la operación.

Acerbo ha agradecido la colaboración del PD, así como la del propio Crisanti, la de Peppe De Cristofaro, dirigente de Alianza Verdes e Izquierda (AVS), y la de Furio Honsell, representante de Open Sinistra FVG. El secretario de Rifondazione considera que la participación electoral es un derecho democrático y denuncia que las nuevas exigencias discriminan a las fuerzas políticas que no están ya presentes en las instituciones.

El partido, además, ha anunciado su adhesión a los recursos judiciales presentados contra la legislación electoral, a la que considera antidemocrática e inconstitucional. La maniobra parlamentaria no supone, por tanto, una aceptación de la nueva normativa, sino una vía para intentar garantizar su participación mientras combate las restricciones por otras vías.

Recuperar una identidad política propia

La iniciativa tiene una dimensión que trasciende los trámites electorales. Rifondazione aspira a recuperar la visibilidad de una tradición comunista que durante décadas tuvo una importante presencia en la política italiana, pero que ha sufrido una prolongada fragmentación y una pérdida de representación institucional.

Acerbo reivindica expresamente las figuras de Antonio Gramsci y Enrico Berlinguer como referencias históricas de la organización. Su objetivo es que la hoz y el martillo vuelva a aparecer en las papeletas, sin que la participación en una alianza más amplia obligue al partido a renunciar a sus propias siglas.

El dirigente comunista ha defendido que no existe motivo para considerar excepcional la presencia de ese símbolo, recordando que Hermanos de Italia, el partido de Meloni, mantiene la llama vinculada históricamente al Movimiento Social Italiano (MSI).

La cuestión de la identidad electoral ha sido, precisamente, uno de los obstáculos para una posible convergencia con AVS. Ambas organizaciones han mantenido conversaciones, pero la exigencia de Rifondazione de conservar su emblema ha dificultado el acuerdo, ante la negativa de la coalición ecologista y de izquierdas a modificar el suyo.

La colaboración parlamentaria con el PD permite ahora a Rifondazione avanzar en su estrategia sin resolver todavía esa disputa.

Un frente contra Meloni que aún debe construirse

La operación se produce en un momento de negociaciones para articular una alternativa electoral al Gobierno de Meloni. Este viernes está previsto un primer encuentro entre Schlein (secretaria general del PD), el presidente del Movimiento 5 Estrellas, Giuseppe Conte, y los dirigentes de AVS, Angelo Bonelli y Nicola Fratoianni. La reunión servirá para abordar los próximos pasos en la elaboración de un programa común y delimitar el perímetro de una posible coalición.

En este contexto, la incorporación de Rifondazione al horizonte de una posible candidatura común genera resistencias dentro del propio PD. Las declaraciones de Acerbo sobre las expresiones de apoyo a Hamás han provocado críticas entre dirigentes demócratas y han dado argumentos a quienes cuestionan la conveniencia de ampliar la coalición hacia la izquierda comunista.

El episodio muestra que la construcción de una alternativa a Meloni no depende únicamente de sumar siglas. También exige resolver diferencias políticas que afectan a la definición del programa y a los límites de la alianza.

Acerbo, por su parte, sostiene que su partido quiere contribuir a lo que denomina un «frente por la Constitución», sin renunciar a su autonomía. La colaboración con el PD constituye un paso concreto en esa dirección, aunque no equivale a un acuerdo electoral cerrado. El desafío para Rifondazione consiste en recuperar una presencia política propia y, al mismo tiempo, contribuir a una alternativa capaz de disputar el Gobierno a la derecha. Para el conjunto de la izquierda italiana, la cuestión sigue siendo cómo construir una fuerza suficientemente amplia para derrotar a Meloni sin convertir la unidad electoral en una suma de siglas carente de acuerdos políticos sólidos.

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El crepúsculo de la doctrina Monroe

Fuentes: Rebelión

Quebranto del derecho internacional y el nuevo tablero del Sur

El orden internacional unipolar no se está desmoronando por debates diplomáticos, sino por el agotamiento material de sus propios métodos. En el fondo de esta crisis está el desgaste evidente de Washington: en Medio Oriente, Estados Unidos chocó contra el muro de sus propios límites. Las amenazas y las sanciones contra Irán no lograron quebrar la soberanía de la región ni forzar una rendición. Al final, el Pentágono demostró que no puede mantener abiertos frentes bélicos permanentes sin pagar un costo logístico y financiero insostenible.

Ese repliegue forzado en el plano euroasiático tuvo su réplica inmediata en nuestra región, donde la Casa Blanca decidió saltarse todas las normas básicas de convivencia. Lo ocurrido en Venezuela no fue un acto de justicia internacional ni un procedimiento legal; fue una incursión armada transfronteriza y un secuestro político. Se violentó la soberanía territorial y el principio de no agresión consagrado en el artículo 2 de la Carta de la ONU. Las contradicciones de Donald Trump —amenazando con fuego mientras se veía obligado a suspender sanciones al petróleo ruso para calmar el mercado interno— demostraron que la acción en el Caribe no fue una muestra de fuerza absoluta, sino el manotazo de un imperio que actúa al margen de la ley al perder la iniciativa geopolítica.

El gran peligro de pisotear el derecho internacional es el efecto contagio. Cuando la superpotencia ignora al Consejo de Seguridad y normaliza el uso de la fuerza unilateral, los gobiernos de la periferia copian el manual. El despliegue de tropas de Nayib Bukele en Haití, escudado en el combate al crimen, es un calco de la doctrina estadounidense: actuar militarmente fuera de las fronteras sin un mandato multilateral legítimo. El precedente es nefasto. Abre la puerta para que liderazgos de mano dura en la región, como el gobierno de Daniel Noboa en Ecuador —que ya violó la soberanía diplomática al asaltar la embajada mexicana—, crean que la fuerza armada puede sustituir al derecho internacional.

Frente a este escenario, el verdadero contrapeso no vino de discursos vacíos, sino de la postura diplomática de Brasil y México. Bajo el liderazgo de Lula da Silva y Claudia Sheinbaum, ambas naciones han defendido con firmeza la autodeterminación y el rechazo a la injerencia extranjera. Al negarse a respaldar sanciones unilaterales, dejaron claro que América Latina no va a volver a operar como el patio trasero de nadie.

Sin embargo, este frente soberano tiene desafíos urgentes. El primero es interno: con Lula en una etapa política madura, las fuerzas democráticas de Brasil deben construir ya una sucesión generacional. La política exterior y la soberanía regional no pueden depender de una sola figura; tienen que consolidarse como políticas de Estado frente a los embates de la ultraderecha.

El segundo desafío es la solidaridad material con Cuba. Asfixiada por décadas de un bloqueo económico condenado año tras año por la Asamblea General de la ONU, la isla necesita hechos, no consignas. Brasil y México tienen la capacidad productiva y energética para tender un puente de auxilio real que rompa el cerco humanitario impuesto desde el norte. Por último, la región necesita anclarse en la arquitectura multipolar del siglo XXI. El eje Brasil-México debe profundizar una alianza estratégica con los BRICS, particularmente con China y Rusia. No se trata de cambiar un patrón por otro, sino de comerciar en monedas locales, diversificar mercados y acceder a financiamiento sin la tutela coercitiva del dólar. Solo respetando el derecho internacional y fortaleciendo las alianzas del Sur Global podremos asegurar que el repliegue del viejo imperio se convierta en una soberanía real y definitiva para nuestros pueblos. Agradezco de antemano la atención y el espacio. Quedo a su disposición para cualquier consulta.

Manuel Blanco, Analista independiente / profesor de secundaria de física.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes. 

El impresentable de hoy es el monstruo de ayer: CIA, dinero nazi y los archivos de la traición de Felipe González

 

Juanlu González (biTs rojiverdes)   Octubre 28/2026

Publicado por Octubre









Míralo hoy. Ahí está Felipe González, convertido en un fantasma impresentable, un polvoriento jarrón chino cascado, un pelele senil que pasa sus días haciendo campaña para las derechas, avalando al establishment gringo y aplaudiendo las mismas políticas de recortes sociales y sumisión atlantista que él mismo instaló. Da pena, sí, pero no te engañes: esta actitud no deriva de una demencia senil ni de un «cambio de opinión» tardío. Es la máscara cayendo al suelo. Para entender estas palabras no hay que mirar sus entrevistas de sobremesa: hay que mirar hacia la historia reciente, hacia Suresnes, a los informes desclasificados de la CIA, a los cables de la embajada norteamericana e, incluso, al Diario de Sesiones del Congreso. La verdad no está en los mítines, está en los archivos, unos archivos que, en su mayoría siguen siendo secretos en el estado español y jamás se han atrevido a desclasificar, como sí ha hecho EEUU de maneras parcial o como sí ha logrado magistralmente Wikileaks.

La versión oficial nos ha vendido el congreso de 1974 del PSOE, aún en el exilio, como un relevo generacional democrático, como el triunfo de un abogado brillante y locuaz sobre una cúpula desconectada de la realidad del país que, con su brillante oratoria, logró hacerse con el control del partido. Tanto la tesis doctoral de Isabel Mª Cubero Trujillo como las investigaciones de Alfredo Grimaldos en La CIA en España cuentan otra cosa muy distinta: un PSOE castrado ideológicamente y aupado por quienes necesitaban una izquierda domada frente a un PCE que había sido el verdadero eje de la oposición antifranquista. Por cierto, hacía años que los socialistas se habían retirado de las calles para prepararse para gobernar por indicaciones de arriba, como me comentó personalmente un actor principal de la resistencia andaluza al franquismo.

Los testimonios recogidos por Grimaldos y por el coronel Arturo Vinuesa señalan que el SECED —el servicio secreto creado por el almirante Carrero Blanco— facilitó pasaportes y acompañamiento a la dirección del PSOE para asistir a Suresnes. No era un mero detalle logístico: era una garantía de que el socialista que iba a tomar el micrófono no iba a poner en cuestión ni la Base de Rota ni el trono de Juan Carlos.

Como detalla la investigación, «tratados con exquisita suavidad por el régimen franquista, incluso con órdenes de no detención, sus dirigentes estaban en contacto permanente con miembros de los servicios secretos (el SECED), quienes los ayudaban incluso a transportar el material propagandístico ‘ilegal’ para sus reuniones. Willy Brandt, junto con los servicios secretos alemanes, se sumaron así a los EEUU para acabar con los comunistas. Ríos de dinero fluyeron procedentes de fundaciones alemanas del PSD y de la propia CIA para evitar la llegada al poder del PCE» [Ver tesis, pág. 344]. A sus dirigentes sí que se les perseguía, se les torturaba, se incautaba su material y se les encarcelaba.

Y es que el PSOE en 1974 era un aparato minúsculo comparado con el PCE, al que jamás ganaría en las elecciones de 1982 solo con propuestas y un carismático líder. Necesitaba locales, prensa, viajes y una estructura sólida. Ahí aparece el entramado alemán: la socialdemocracia del SPD, sus fundaciones y, en el lado más turbio, el consorcio Flick, cuyo propietario, Friedrich Karl Flick, había sido condenado en Núremberg como criminal de guerra nazi, cuya colosal fortuna se construyó sobre el trabajo esclavo en los campos de concentración.

Esto no es un bulo de internet. Está publicado, negro sobre blanco, en el Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados (sesiones de finales de 1984), donde se debatió y documentó la trama de corrupción transnacional del Caso Flick y la inyección de este capital de origen nazi para comprar las primeras campañas y la lealtad atlantista del PSOE [Ver Boletín Oficial de las Cortes, Serie E, Exp. 104]. La izquierda española no iba a romper nada; iba a ser comprada con dinero nazi, castrada y puesta a trabajar para el Imperio desde el minuto uno.

Pero no se puede entender la maquinaria que sostuvo a González sin entender cómo eliminaron al único hombre del régimen —de Suárez se hicieron cargo después— que se oponía a los designios de la OTAN: Luis Carrero Blanco. Carrero no quería ceder las bases para la guerra de Yom Kippur y, lo que era más grave para Washington, estaba impulsando el Proyecto Islero: la bomba atómica española que garantizaba soberanía frente a Washington. El 19 de diciembre de 1973, Carrero Blanco entregó a Henry Kissinger los folios del Proyecto Islero. La respuesta de Kissinger fue concluyente: «Cuando España es importante, es peligrosa». Horas después, su coche volaba por los aires.

La versión del «héroe etarra con su dinamita» se desmorona ante el atestado: una carga de seis a ocho metros, situada a 1,5 metros del eje de la calzada, y un efecto explosivo incompatible con la Goma-2 declarada oficialmente. Investigaciones periodísticas y testimonios recogen que individuos desconocidos reforzaron las cargas inicialmente colocadas con explosivo militar super potente de un tipo que ETA no poseía. El juez instructor, Luis De la Torre Arredondo, lo confesó años después: «Me llegaron rumores de que el atentado había sido organizado por otros y que ETA había actuado como mano material de la CIA» [Ver tesis, pág. 174]. ETA fue la coartada; la red Gladio y la CIA, los autores intelectuales.

Pero también había que quitarse de en medio a Suárez, como pedían la OTAN y el ya rey de España. En vez de otro magnicidio, se recurrió a otra estrategia: un golpe de estado. El 23-F no fue el delirio de un teniente coronel con tricornio. Fue una operación con muchas patas, y una de ellas llevaba directamente al PSOE. Las memorias de Jordi Pujol recogen el ofrecimiento que Enrique Múgica le trasladó en 1980 para apoyar un gobierno militar tras destituir a Suárez. En las listas oficiosas de aquel «gobierno de concentración»: Armada como presidente, Felipe González como vicepresidente, López de Letona como segundo vicepresidente y Múgica en Sanidad. Y no, Múgica no actuaba por su cuenta —como dice el PSOE para protegerse— en unas memorias inéditas de Ramón Rubial se recogen las idas y venidas de Múgica para organizar la trama civil del golpe de estado de Juan Carlos de Borbón con todo lujo de detalles.

La CIA tomó nota de todo. Su evaluación del golpe, en un documento desclasificado, reconoce que el operativo exclusivamente miliar llevado a término por Tejero estuvo peligrosamente cerca de triunfar: «El intento de golpe militar de la semana pasada evidentemente estuvo más cerca de tener éxito de lo que el Gobierno ha estado dispuesto a admitir» [Ver documento CIA, 3 de marzo de 1981].

Así que, mientras Adolfo Suárez coqueteaba con el no alineamiento y recibía a Yasser Arafat. Lo apartaron. Y el «flamante» presidente que vino después, Leopoldo Calvo Sotelo, convirtió en su gran firma de legitimación la entrada de España en la OTAN el 30 de mayo de 1982. Ese era el trato. El golpe blando sirvió para cerrar el flanco sur. Suárez fuera, OTAN dentro, Moncloa en venta.

La sumisión a los intereses geoestratégicos de Estados Unidos siempre ha requerido sacrificios territoriales. La entrega del Sáhara Occidental en 1975 no fue un accidente; fue un pacto. Documentos desclasificados demuestran que la CIA diseñó la «Marcha Verde» en un gabinete de Londres y que el rey Juan Carlos negoció en secreto con Hassan II la traición al pueblo saharaui a cambio de mantener el favor de Washington [Ver documento CIA, 6 de noviembre de 1975].

Y en esa lógica de «todo es negociable» entraron también Ceuta y Melilla: barajadas en la Zarzuela y los despachos atlantistas como moneda de cambio para contentar a Marruecos y estabilizar el flanco. Para quienes diseñaron la Transición, la soberanía no era un principio: era una partida presupuestaria.

Siete meses después, el 30 de noviembre de 1982, González era investido presidente con el «OTAN, de entrada, NO» en la boca. Era la anestesia necesaria para una operación ya decidida. La prueba documental no depende de rumores. Está en la propia Biblioteca Reagan: las Remarks following discussions with Prime Minister Felipe González Márquez in Madrid, 7 de mayo de 1985. Washington no estaba negociando con un antimilitarista: estaba celebrando con un aliado.

Pero el smoking gun, la prueba definitiva de su doble cara, está en los archivos de Langley. Ya en octubre de 1982, antes de pisar la Moncloa, un informe de la CIA titulado Spain: the socialists on the Threshold of Power señalaba que Felipe González presentaba un «perfil bastante conservador, alejado del comunismo», y aseguraba a la Casa Blanca que «la política trazada por el PSOE durante su liderazgo será menos radical que las posiciones tomadas por el mismo González durante la oposición» [Ver documento CIA, 1 de octubre de 1982]. Sabían perfectamente con quién estaban tratando, incluso dijeron que no cumpliría con las promesas vertidas en sus campañas electorales y que era el más conservador de los líderes socialistas con posibilidad de gobernar.

Y la confesión final llegó en febrero de 1984. Un documento Top Secret de la CIA, titulado Spain-NATO: Coming to Grips with Membership, dejaba por escrito lo que González susurraba en los despachos de Washington:

«Creemos que el presidente Felipe González se ha convencido durante sus trece primeros meses en el poder de que España debe permanecer en la OTAN… González está decidido a mantener a España en la Alianza y posiblemente lo consiga. Pasará el próximo año sentando las bases para persuadir al resto del país de los méritos de este curso» [Ver documento CIA, 1 de febrero de 1984].

Mientras en la calle gritaba «NO», en los despachos de la Casa Blanca el PSOE ya había garantizado la permanencia. El chantaje geopolítico de vincular la OTAN a la entrada en la CEE fue la herramienta para vender la traición a su propia militancia. Las promesas de no integración en la estructura militar, no nuclearización y reducción de presencia estadounidense fueron papel mojado. Treinta años después, Rota es un nodo del escudo antimisiles y Morón una plataforma de proyección hacia África. El «NO» fue el envoltorio; la OTAN fue el regalo envenenado.

«El compromiso de Felipe González con la moderación y con unas relaciones amistosas, si no estrechas, con Washington significa que las políticas de su partido en el Gobierno serían menos radicales que las posiciones que había defendido públicamente desde la oposición»…

«Su moderación se vería reforzada desde distintos frentes: por los partidos socialistas europeos y los dirigentes socialdemócratas con quienes mantenía estrechos vínculos; por sus posibles socios centristas de coalición; y por los centros de poder conservadores, especialmente las Fuerzas Armadas y los círculos empresariales, que ejercerían una influencia discreta desde detrás del escenario». (Ver documento de la CIA, septiembre de 1982)

Cuando González aparece hoy dando oxígeno a la derecha, no está traicionando su pasado. Está siendo coherente con él. Es el mismo hombre que llegó a Suresnes con pasaporte y protección franquista, que se incluyó en la lista de un gobierno de concentración militar del 23-F, que firmó el «NO» mientras Washington celebraba el «SÍ», y que vendió la soberanía española al Pentágono mientras la CIA ponía el C-4 en los túneles de Madrid.

La historia no se escribe con las intenciones que se dicen en los mítines, sino con los documentos que se firman en las sombras y las actas que se ocultan en el Congreso. Y esos papeles no mienten. El impresentable de hoy es el reflejo exacto, sin filtros ni anestesia, del monstruo de ayer.


DOSSIER DE FUENTES Y DOCUMENTOS DESCLASIFICADOS

1. Documentos Desclasificados de la CIA (CIA Reading Room)

  • Spain: the socialists on the Threshold of Power (1 de octubre de 1982): Analiza el perfil «conservador» de González y su alejamiento del comunismo.
    🔗 Ver documento PDF
  • Spain-NATO: Coming to Grips with Membership (1 de febrero de 1984): El «smoking gun». Confiesa que González ya estaba convencido de mantener a España en la OTAN y sentar las bases para persuadir al país.
    🔗 Ver documento PDF
  • Spain: Assessing the coup Attempt (3 de marzo de 1981): Evaluación de la CIA tras el 23-F, reconociendo que el golpe «estuvo más cerca de tener éxito de lo que el Gobierno ha estado dispuesto a admitir».
    🔗 Ver documento PDF
  • Spanish Sahara. Spain and Morocco have reached an understanding (6 de noviembre de 1975): Detalla cómo el príncipe Juan Carlos comunicó a EE.UU. las condiciones pactadas en secreto para la Marcha Verde.
    🔗 Ver documento PDF

2. Cables Diplomáticos de WikiLeaks

  • Spanish-Sahara: meeting with King Hassan (23 de octubre de 1975): Cable que prueba cómo EE.UU. acordó mantener una «posición neutral» de cara al público mientras respaldaba en la sombra la anexión marroquí.
    🔗 Ver cable
  • New head of government to be named in Spain (28 de diciembre de 1973): Análisis de la embajada de EE.UU. tras el asesinato de Carrero Blanco y el nombramiento de Arias Navarro.
    🔗 Ver cable

3. Archivos Parlamentarios y Hemeroteca

  • Diario de Sesiones / BOCG, Serie E, Expediente 104 (Caso Flick): Debate parlamentario sobre la financiación ilegal del PSOE y el consorcio nazi Flick.
    🔗 Ver Boletín Oficial
  • Remarks following discussions with Prime Minister Felipe González Márquez in Madrid(Ronald Reagan Library, 7 de mayo de 1985): Acta oficial de la reunión donde Reagan celebra la alineación atlantista de González.
    🔗 Ver acta oficial

4. Bibliografía Base (Tesis Doctoral)

  • Isabel Mª Cubero Trujillo, La influencia de la política de seguridad nacional de los Estados Unidos en el proceso de transición a la democracia en España (1973-1986). Tesis Doctoral, Universidad de Cádiz / Université Bourgogne Franche-Comté (2021/2022).
  • Alfredo Grimaldos, La CIA en España (Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2007).
    🔗 Ver documento
  • Anna Grau, De cómo la CIA eliminó a Carrero Blanco y nos metió en Irak (Ediciones Destino, 2011).
  • Jesús Palacios, 23-F, el Rey y su secreto. 30 años después se desvela la llamada Operación De Gaulle (LibrosLibre, 2014).
  • Pilar Urbano, El precio del trono (2011). Reconstruye el ascenso de Juan Carlos de Borbón al trono, sus relaciones con Franco y los movimientos políticos que hicieron posible la restauración monárquica. Editorial Planeta

miércoles, 4 de noviembre de 2026

¿Puede la izquierda gobernar la patria Argentina?


Discurso desde el voluntarismo subjetivo sumado al idealismo revolucionario representado por la imagen del Che, pero basado en que la revolución es un problema de empeño y voluntad, al estilo ideologista del izquierdismo neotrotkista que no aprende con los años. Con aciertos en la unidad de la izquierda revolucionaria de clase e independiente de la oligarquía dominante y otras clases sociales, pero errónea su percepción por mecanicista y sectaria sobre el enemigo principal, al que la historia dice que se le combate con programa, alianzas y táctica. Al situar a la socialdemocracia y al peronismo al mismo nivel que la oligarquía dominante y al imperialismo yanqui, principal enemigo de la humanidad, difícilmente va a poder ser, ya que no se trata solo de unir a los puros, se trata de unir a la clase trabajadora y al pueblo y esto solo se puede hacer desde la unidad y confluencia de los que lo representan, para la conquista de una democracia más avanzada republicana y de la clase trabajadora, como base del largo camino en la construcción del socialismo. Nota de Alonso Gallardo  


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Por Sonia López (Presidenta del Partido Comunista de Corrientes, Argentina).

Me encuentro respondiendo QUE SÍ, que por supuesto que sí. La izquierda roja comunista puede imponerse y gobernar a la Argentina, absolutamente sí. Y sin haberlo pensado mucho lo afirmo ya que después de todo: para eso militamos y luchamos toda una vida los comunistas contra el capitalismo y el imperialismo que somete a nuestro pueblo, a las diversas versiones coloniales que se han aplicado.

Pero mucha gente se lo está preguntando ahora. Y eso expresa una oportunidad extraordinaria. Por lo que tenemos nuevos motivos para explicar esta respuesta positiva a esta suerte de factibilidad roja y tenemos el deber de hacerlo, usando palabras que permitan existir a nuestras ideas, en esas millones de voces que nunca las pronunciaron, y autonomizarse ellas de nosotros, las ideas del socialismo, de la liberación nacional y social, del comunismo.

Estamos así, como en un estudio de factibilidad del horizonte político de nuestras luchas, de la batalla que tendremos que dar para derrotar el proyecto libertario y de entender que para ello tal vez requiera, tener que llevarnos puesto todo los que se nos meta por el camino.

Es que, para que se entienda bien esto, nos llevaron al extremo, y cada día corren aún más ese extremo en donde habitan sus leyes y decretos de pura crueldad humana. Y actúan también quienes protegen, sin ningún halo de vergüenza política, a ese corrimiento continuo, siguiéndolo desde sus propias perspectivas, pero siempre a la derecha sin fin al punto de que, para destruir esa fuerza inercial, ya estamos entendiendo, instintivamente como pueblo, que podríamos tener que martillarlo todo, a nuestro paso.

Esto ya nos ha pasado en la Argentina, y estimo que, ha pasado también en todo el continente, ya que somos un mismo pueblo histórico. La diferencia con este momento es que estamos sufriendo no solo el agotamiento del capitalismo imperialista como sistema que permitía la existencia de nuestro estado-nación, crisis que produce estos proyectos de coloniaje acelerado y abyecto, sino que también hicimos la experiencia de la rebelión popular en el 2001, donde pusimos la sangre, pero no la política que debía hacerse después de ella.

Antes de hablar de esa política, que es lo que hace falta, porque bien sabemos que somos capaces de generar las condiciones para que nada quede parado, si fuera necesario; debo responder a los eternos escepticismos reformistas – posibilistas.

Me dicen por ejemplo si acaso no estoy ciega y no veo que la derecha ultramontana ha copado Latinoamérica y que el camino es unirse hasta el centro izquierda, y acaso también hasta el centro derecha (o sea todo el centro sería lo nuestro) para así juntar la fuerza necesaria para derrotar a los libertarios. Linda historia. La misma de siempre. Hay que aliarse con la derecha, para vencer a la derecha y para no hacerle el juego a la derecha. ¿Cuál sería entonces nuestra política así? De derecha, capitalista, conservadora, antiobrera y antipopular, revestida de un discurso que, en realidad, resultó ser mentiroso.

Porque el pueblo latinoamericano le ha dado innumerables oportunidades a “la izquierda” para desplegar sus proyectos anticapitalistas y antimperialistas, pero no se ha hecho nada de ello y por eso se ha fracasado; Porque no confiaron en la fuerza de sus propios pueblos y de sus ideas, y han preferido pactar con el Capitalismo y con los cantos de sirena de las distintas agencias desplegadas por La Embajada.

Es que, en realidad aclaremos, en Latinoamérica no ha fracasado la izquierda, ha fracasado el progresismo liberal que usa por momento el discurso de izquierda para ganar votos. Es el reformismo posibilista, la idea de las etapas que nunca se terminan o nunca llegan, la obsecuencia con las clases dominantes que mantiene siempre esperando un tiempo mejor a la clase obrera, y a todas las capas subalternas de la sociedad, eso es lo que no va más. Que seas votado para hacer un Socialismo prometido y no lo hagas, eso ya no puede hacerse. Esa mecánica le ha hecho mucho daño al paradigma del Socialismo del Siglo XXI.

El respeto reverencial al Capitalismo “serio” y nacional es lo que se ha caído, porque realmente no existe, porque nuestro Capitalismo es esencialmente dependiente del imperialismo por lo cual, al ser trasnacional su acumulación, su jefatura política se ejerce desde la embajada imperialista y con ella, no hay reverencia posible que sea buena para nuestros pueblos.

El progresismo liberal cree que puede engañar a la geopolítica mundial y, por ejemplo: coquetear con el Multilateralismo pero obedece a Estados Unidos; quedar bien con el Estado de Israel pero mostrarse solidarios con el pueblo de Palestina; pedirle prioridad de vacunas a Rusia para salvar el pellejo de millones, para después, sin respeto por sus motivos existenciales, repudiar la operación militar contra la Ucrania.

Para entender mejor, presento un ejemplo: Seguramente el PJ cuando facilitaba estructuras, candidatos y asesoramiento a Javier Milei para poder presentarse a las elecciones presidenciales y, con ello, quitarle votos al macrismo, y así armar supuestamente tres tercios que pudieran beneficiarlo, no imaginaban que ese tercio fabricado seria el ganador en unidad con el enemigo, ni tampoco que sería este gobierno armado, el que se atreviera a encarcelar a Cristina Kirchner en coordinación con los jueces macristas. Y así pasó. Porque con la ideología no se juega y con el imperialismo tampoco, y la política con su pragmatismo corrupto, no puede eliminar la contienda de clases que la historia exige.

En la Argentina de este año 2026, aunque ya venimos desde hace años en este proceso, al progresismo liberal solo le ha quedado lo liberal, el PJ se ha corrido tanto a la derecha que son sus estructuras parlamentarias, sindicales, sociales y territoriales, las que han permitido gobernabilidad al proyecto libertario.

Es cierto que el PJ nunca fue de izquierda o que no se han identificado de ese modo, siendo muy específicos de la historia nacional del peronismo. Pero teníamos una frase difundida por funcionarios que te decían: “a la izquierda de Cristina esta la pared…”, es decir, el peronismo siempre se jactó de haber captado todo el espacio de la izquierda y los que no cerrábamos allí, en determinado momento, siempre se nos ha dicho: “le hacen el juego a la derecha”. Es decir, no vas a ser de izquierda, y menos anticapitalista, de hecho, tu discurso es sobre un supuesto “capitalismo serio”, pero tampoco te dejan ser de izquierda a vos, te quitan ese derecho, porque dicen que ese espacio les pertenece.

Bueno, supongamos que haya sido cierto alguna vez, pero ya no. Ese juego de usar votos progresistas y de izquierda para armar versiones edulcoradas de la derecha se terminó.

El centro se está terminando. Están creciendo y crecerán más aun los extremos del tablero político y todo lo que quede en el medio deberá encolumnarse o desaparecerá del horizonte de esta batalla.

Es por ello que desde el primer momento la batalla cultural fue contra nosotros, los comunistas, el “zurdo van a correr” y toda esa amenaza era para toda la oposición, para cualquiera que proteste o discuta o levante la cabeza en esta suerte de dictadura del algoritmo y el palo con gas pimienta semanal. Pero también para nosotros, los reales comunistas, la izquierda roja.

La diputada Myriam Bregman, conocida como La Rusa, es un merecido emergente de esa visibilización de estigma que le salió mal al sistema imperante. Ella, por propia trayectoria, desde su espacio trotskista, en un devenir locuaz de representación parlamentaria impecable, en defensa de la clase trabajadora y los sectores empobrecidos, comienza a representar las expectativas de un amplio sector de la sociedad que aspira a un cambio revolucionario y ha sido burlado más de una vez, por los discursos moderados imperantes en la oposición justicialista, cada vez más derechizados.

¿Que si puede ganar La Rusa? Para contestar esta pregunta tendría que hacer reflexión aparte, donde yo pasaría a expresar que sí, que claro que puede, y como, y por qué podría, y por qué comprendo que hay que apoyarla (prometo ir escribiendo cosas sobre esto).

Pero lo más importante ahora es asimilar que si no derrotamos el proyecto libertario (Embajada Norteamericana) en los próximos días y meses, no tendremos elecciones libres ni Democracia formal como la conocíamos. Están decididos a perpetuar la neocolonia arrastrada aquí, como en toda Latinoamérica, incluso a través del fraude electoral de ser necesario y la represión permanente.

Por lo tanto, necesitamos un Frente de Liberación Nacional y Social, que agrupe a nuestro pueblo de lucha, que es grande, pero está disperso, que sume a todas las identidades revolucionarias decididas y las que se hayan podido emancipar del reformismo posibilista, con el cual han sido sometidas.

Y ello no se puede hacer sin repensar y ampliar la unidad de las izquierdas, las originarias, las rojas, que son todas aquellas organizaciones de tradición comunista, trotskista, marxistas, leninistas, maoístas, gramsianas, guevaristas, feministas, clasistas, cristianas de opción por los pobres, ecologistas, indigenistas y todas las diásporas de las identidades históricamente populares que acepten luchar contra el capitalismo y el imperialismo.

Necesitamos un movimiento amplio en su diversidad clasista, comunista y revolucionaria, y llamar al pueblo a participar para salvar a la Patria Argentina que, esta vez, será Socialista o no será nada.

¡Por la Argentina Gran Patria Socialista! ¡Venceremos! 

Para evitar que gobierne la ultraderecha, sí hay votos más útiles que otros

Fuentes: Ganas de escribir


En democracia todo voto es útil. Incluso el que se deposita en el partido más minúsculo expresa una preferencia que existe en la sociedad, y una democracia sana necesita que se conozcan todas. Desde ese punto de vista, el de la expresión de la preferencia, no hay votos inútiles y todos valen exactamente lo mismo.

Pero nuestro voto no solo sirve para expresar lo que pensamos, sino también para decidir quién gobierna. Y visto así, me parece que hay momentos históricos en los que algunos son mucho más útiles que otros. Por ejemplo, cuando lo que se decide en las urnas no es solo qué políticas concretas se van a aplicar, sino si se mantienen en pie la democracia, el modelo de sociedad, la libertad, el pluralismo, la independencia de las instituciones, o el respeto a quien piensa distinto. Y eso es exactamente lo que está ocurriendo hoy en muchos lugares del mundo con el avance de la ultraderecha.

Allí donde ha llegado al poder, la involución es un hecho palpable. En los Estados Unidos de Donald Trump se presiona e insulta a la prensa, se asfixia a las universidades que no se pliegan, se utiliza el aparato de justicia contra los adversarios políticos, se despliegan fuerzas armadas en las calles de ciudades gobernadas por la oposición y se convierte la persecución de los inmigrantes en espectáculo, mientras se redistribuye sin pudor la renta a favor de los más ricos. En la Argentina de Javier Milei, la célebre motosierra no ha caído sobre ningún privilegio sino sobre la población jubilada y de menores ingresos, sobre los servicios públicos, la ciencia o la atención a la salud y la discapacidad, mientras las protestas se reprimen, quien discrepa recibe el insulto como respuesta y se malvende la riqueza del país al capital privado.

Nada de esto es ajeno a España. Hace apenas unos días, en plena precampaña, Milei visitó Madrid, insultó al presidente del Gobierno y a varias periodistas, y en una videollamada con Santiago Abascal le confesó que para él «es un placer patear culos zurdos». Abascal le respondió que «todo muy bien dicho» y, preguntado por si aplicaría aquí la motosierra, anunció que, si tiene capacidad de decisión tras el 29 de noviembre, las partidas de gasto social “serán revisadas”. Otros portavoces de su partido, como el eurodiputado Jorge Buxadé, han ido más lejos: «La motosierra de Javier se va a quedar en nada cuando lleguemos y tengamos una puñetera mayoría absoluta. ¡Bulldozer!».

Las elecciones generales del 29 de noviembre son uno de esos momentos en los que cada voto es imprescindible, vital. Pero lo es todavía más el que se traduce efectivamente en escaños de fuerzas progresistas, frente al que se dirige a candidaturas que, por mucho que merezcan nuestro respeto, es materialmente imposible que los obtengan; bien porque tradicionalmente cuentan con menos apoyo, bien porque nuestra ley electoral, desgraciadamente, discrimina el voto según dónde se emita.

Esta reflexión no se plantea para las circunscripciones grandes del Congreso de los Diputados en las circunscripciones grandes, como Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla, en las que el reparto de muchos escaños permite que incluso partidos con un apoyo modesto obtengan representación. Ahí, el voto de preferencia sigue teniendo pleno sentido. Pero en muchas provincias que eligen tres, cuatro o cinco escaños las cosas son muy distintas: allí, la barrera real para obtener uno se sitúa muy elevada, y la probabilidad de que un partido progresista minoritario consiga representación es prácticamente nula. Cuando eso ocurre, esos votos no solo se pierden: al no sumarse a la candidatura progresista que sí podía disputar el último escaño, pueden acabar decidiendo que este vaya al Partido Popular o a Vox. El voto del corazón puede servir, sin quererlo, a quien más se desea que no gobierne.

La cuestión del voto para el Senado del 29N está, por el contrario, mucho más clara. Su sistema electoral es casi mayoritario: en las provincias peninsulares se eligen cuatro senadores y cada elector puede votar hasta a tres, de modo que la candidatura más votada suele llevarse tres puestos y la segunda, uno. Así, con el voto de las izquierdas dividido, la derecha se queda con las tres cuartas partes de los escaños, aunque la suma de los votos progresistas sea mayor.

El Partido Popular y Vox no están disimulando lo que pretenden hacer, tal y como se informó sin remilgos en el diario El Español: «El objetivo compartido es asegurar la mayoría cualificada de tres quintos de la Cámara, 161 de los 267 escaños». Con esa mayoría podrían designar sin el resto de fuerzas políticas a los cuatro magistrados del Constitucional que corresponden al Senado (por eso están retrasando fraudulentamente su renovación, incumpliendo la Constitución que dicen defender) y a los diez vocales del CGPJ que elige la Cámara. Es decir, controlar el tribunal que decide qué leyes caben en la Constitución y el órgano que gobierna a los jueces, para poder seguir utilizando la administración de justicia como un instrumento más de su estrategia política.

Solo la concentración del voto progresista puede impedir que eso ocurra, y a esa necesidad imperiosa responde la coalición Senado de Progreso, la candidatura unitaria que el PSOE, Izquierda Unida, Movimiento Sumar, Más Madrid, Compromís, Chunta Aragonesista, Batzarre y otras fuerzas presentarán en 47 circunscripciones. Lo hacen como fruto de un acuerdo que nació del empeño de miles de personas de toda España que, desde la sociedad civil, lo reclamamos durante meses como expresión de nuestro compromiso cívico por la defensa a ultranza de la libertad, la democracia y el respeto a las instituciones y a quienes no piensan como nosotras y nosotros.

Votar a Senado de Progreso no es entregar el voto a un programa político desarrollado ni a un ideario que se comparte necesariamente en su totalidad, como ocurre cuando se vota a un partido. Es hacerlo a una coalición que tiene un mínimo común -la defensa de la democracia y de instituciones plurales-, y es solo a ese mínimo común a lo que se vota. Quien deposite la papeleta de Senado de Progreso no renuncia a su identidad ni a sus diferencias. Todo lo contrario, lo que hace es tratar de ponerlas a salvo.

El trasfondo de todo esto lo explicó bien Max Weber. Este distinguió entre la ética de la convicción, la de quien actúa conforme a sus principios sin atender a lo que resulte de ellos, y la ética de la responsabilidad, la de quien sabe que debe responder de las consecuencias previsibles de sus actos. No se trata de elegir entre una y otra, pero sí es imprescindible saber cuándo la segunda ha de primar sobre la primera. Y, a mi juicio, este es uno de esos momentos.

A mi juicio, hay que votar siendo conscientes de ello para impedir que se consolide una mayoría de las fuerzas que tratan como enemigos a quienes no comparten su idea de España. Y eso significa que cada persona progresista debería preguntarse qué consecuencias tiene su voto, según la circunscripción en la que vote, para el futuro de la democracia en España y qué efectos puede producir depositarlo sabiendo que no se va a traducir en escaños.

Se me podrá decir que esto supone apoyar una coalición en la que hay partidos con los que no se comparte ideología ni proyecto, o a los que incluso se critica, quizá con razón, por lo que han hecho o dejado de hacer. Lo entiendo, y no pido a nadie que olvide sus críticas. Me limito a pedir que no nos fijemos en este momento en las rayas finas que separan las distintas corrientes de las izquierdas y del progreso, sino en la línea gruesa que se está trazando cada vez con más claridad entre quienes quieren defender la libertad y la democracia y quienes ya están empezando a acabar con ellas.

No es una suposición. Donde PP y Vox gobiernan juntos, como en Castilla y León, ya hay censura en las ayudas al cine y una obra sobre Lorca suspendida. Y en la Comunidad Valenciana y Andalucía ya se ha impuesto una “prioridad nacional” que en realidad solo sirve para enfrentar a los pobres entre sí mientras se entrega el dinero público a la iniciativa privada.

Votar el próximo 29 de noviembre siendo conscientes de la utilidad real de nuestro voto no es, como a veces se dice, un simple gesto de generosidad o de confianza, aunque puede que también lo sea. Es, sobre todo, una expresión de inteligencia política por una sencilla razón. Querer aprovechar las elecciones para reforzar nuestra sigla preferida es legítimo, desde luego; pero si, por dispersar el voto, dejamos que gane la ultraderecha el 29N, quizá muy pronto ya no podamos seguir haciéndolo en libertad.

Fuente: https://juantorreslopez.com/para-evitar-que-gobierne-la-ultraderecha-si-hay-votos-mas-utiles-que-otros/ 

La tela de araña del olvido (*)


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«El modelo español de gestión del pasado se ha caracterizado por una privatización del dolor, donde el peso de recuperar a los desaparecidos ha recaído sobre las familias y no sobre las obligaciones del Estado.»
  

Paloma Aguilar Fernández

La emisión en la televisión pública del desgarrador trabajo documental ¡Cuánta guerra!, conducido por la periodista Conchi Cejudo, ha vuelto a poner ante el espejo una realidad que estremece, llena de rabia y confronta de forma directa la calidad moral de nuestra democracia. Durante el metraje, una escena condensa de forma devastadora el drama de miles de hogares en España: ante una fosa común, una mujer y su primo el periodista deportivo de RTVE, Juan Carlos Rivero, descubren a su abuelo que no conocían y, rota por el llanto, formula la pregunta que miles de ciudadanos llevan décadas haciéndose: «¿Estamos sobre sus restos porque no los han exhumado?». La respuesta de la periodista destapa las costuras del sistema: «Porque nadie lo ha pedido y tampoco desde arriba se ha autorizado».

Esta cruda secuencia no es un hecho aislado; es el reflejo del desamparo secular y la alarmante falta de sensibilidad que cientos de miles de familias seguimos experimentando en pleno siglo XXI. Mi propio abuelo continúa hoy enterrado en la fosa común del cementerio de Vegueta, arrojado allí junto a decenas de demócratas asesinados por defender la libertad. Su nombre, como el de tantos otros, permanece sepultado bajo tierra mientras el trámite burocrático para su exhumación se eterniza en los despachos, atrapado en una tela de araña de desidia infinita por parte de gobiernos y ministerios de memoria que parecen más preocupados por los plazos administrativos que por la justicia humana.

Resulta intolerable que en un Estado social y democrático de derecho la carga de la búsqueda, la identificación y la reparación de los desaparecidos haya recaído históricamente sobre los hombros desgastados de los propios familiares y de asociaciones civiles. Aunque el marco legal intente vender la idea de que la exhumación es una responsabilidad directa del Estado, la práctica diaria demuestra una lentitud gubernamental que roza la crueldad. Las ventanillas oficiales y las administraciones operan a un ritmo exasperante, ignorando que el tiempo corre en contra de unos hijos y nietos que envejecemos y vemos morir a padres y abuelos esperando respuestas. Para quienes buscamos a nuestros mayores, cada año de retraso administrativo, cada firma postergada, cada enfado del funcionario de turno por exigirle rapidez y cada informe técnico demorado es una derrota definitiva frente al reloj y una humillación institucional.

El dolor legítimo de las víctimas se acrecienta cuando percibimos que quienes rigen el poder y manejan los resortes políticos y funcionariales carecen de la empatía más elemental. En demasiadas ocasiones, las solicitudes se tramitan con la fría distancia de un expediente numérico y, lo que es aún más deplorable, el debate sobre la memoria se instrumentaliza como un activo electoral en el tablero partidista. Cientos de miles de cuerpos, como los del cementerio de Vegueta, continúan en las fosas y cunetas mientras las administraciones se escudan en la falta de presupuesto, la distribución de competencias o la necesidad de nuevos permisos. Tratar el duelo y la dignidad humana como herramientas de confrontación política o como meros trámites de oficina es una vergüenza que degrada a las instituciones que deberían protegernos.

La memoria no es una cuestión de bandos ni un debate del pasado; es una llaga abierta en el presente. Un país no puede mirar al futuro con integridad ni presumir de estándares democráticos del primer mundo mientras conserve a decenas de miles de sus ciudadanos enterrados en el anonimato de la tierra bajo la indiferencia o la ineficacia de sus gobernantes. Ha llegado el momento de que el Estado asuma su papel de manera real y sin excusas, eliminando de golpe las trabas burocráticas y actuando de oficio con la sensibilidad y el respeto que merecen quienes pagaron con su vida el precio de la historia. Devolver la dignidad a las víctimas y la paz a sus familias no es una opción política; es un imperativo ético irrenunciable para cualquier sociedad que se pretenda justa. Quizá ya sea demasiado tarde. Ahí viene galopando un más que posible gobierno fascista.

(*) Francisco González Tejera, presidente de la Agrupación Familiares Fosa Común Cementerio de Vegueta