
Existen dos problemas en nuestras sociedades en los que, aunque no se mejore, parece que sean los responsables de solucionarlos los que se permiten criticar a los demás, en lugar de que les pidamos cuentas a ellos. Me refiero a la violencia de género y a los incendios que este verano arrasan la península. En ambos casos los responsables han encontrado una bandera detrás de la cual se escudan: la lucha contra los negacionistas.
De este modo, el ciudadano se ve obligado a situarse en uno de estos dos bandos: o con el gobierno, aunque no resuelva el problema, o con los negacionistas, de la violencia de género o de la crisis climática. Lógicamente, entre esas dos opciones, la gente sensata se sitúa al lado del gobierno para combatir a los negacionistas.
Las cifras de mujeres asesinadas siguen aumentando cada año. Si eso sucediese con los muertos por accidentes de tráfico, accidentes laborales o por infecciones hospitalarias, la sociedad estaría indignada con el gobierno o los responsables de turno, exigiéndole explicaciones, más eficacia, más recursos. En cambio, es el gobierno quien abronca a quienes niegan la violencia de género. Y los ciudadanos razonables, se ponen, obviamente, al lado del gobierno. Está claro que habrá que abroncar a los negacionistas, pero también habrá que decir que el problema no se está solucionando, y no hay que ser de Vox para decir que alguna responsabilidad tendrán quienes tienen los cargos políticos destinados a resolver esos problemas.
Con los incendios forestales está sucediendo lo mismo. Algo fallará en las medidas de prevención, de detección y de lucha contra el incendio. Pero también aquí los gobiernos han encontrado contra quién embestir: contra los que niegan el cambio climático. De nuevo a los ciudadanos los arrastran a que elija bando: o con esos gobiernos (central, autonómicos y municipales) que combaten a los negacionistas, o con los negacionistas. Otra vez los ciudadanos sensatos se ponen del lado de los gobiernos que señalan el cambio climático y se van de rositas ante un problema al que no se le pone solución.
Tengo la sensación desde hace tiempo que, desde el gobierno, pero también desde gran parte de la izquierda, en lugar de afrontar la solución a los problemas, se ha encontrado un plan estupendo que es señalar a un malo, malo y tocar a rebato contra él. Si las mujeres son asesinadas denuncian a los que niegan la violencia de género; si nuestro campo arde, se revuelven contra los que niegan el cambio climático. Pero también si sube el precio de los alimentos, el malo en Juan Roig; si sube la vivienda, la culpa es de los fondos buitres y BlackRock; si hay explotación laboral la culpa es de Amancio Ortega. No voy a poner en duda la maldad de todos esos, pero en democracia elegimos legisladores y gobernantes para que neutralicen a esos malos con leyes y medidas, no para que nos vengan a recordar que los malos son malos.