Esta ma帽ana publicaban varias compa帽eras en redes este art铆culo. Yo lo le铆 extra帽ad铆sima en el muro de Pilar Aguilar Carrasco (¡gracias!).
La sorpresa es que:
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● El Orgullo naci贸 para defender la legitimidad del deseo homosexual. Hoy, una parte del discurso queer ha colonizado esa lucha: ha relegado el sexo, ha ocultado la opresi贸n a las mujeres, ha diluido la orientaci贸n sexual y ha desdibujado la experiencia de lesbianas, gays y bisexuales
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«Durante d茅cadas, las personas homosexuales y bisexuales, mujeres y hombres, defendieron algo muy simple: que la homosexualidad es la atracci贸n por personas del mismo sexo y que esa realidad no deb铆a ser castigada, ocultada ni patologizada. La pol铆tica LGB naci贸 para proteger esa experiencia, para afirmar su legitimidad y para exigir que nadie tuviera que pedir permiso y perd贸n por desear a personas de su mismo sexo.
Sin embargo, una parte del discurso dominante en el Orgullo ha ido desplazando esa base. Hoy el foco ya no est谩 tanto en la defensa de la orientaci贸n sexual como en un lenguaje de identidades, autodefiniciones y categor铆as cada vez m谩s inestables. El sexo, que durante d茅cadas fue central para comprender la opresi贸n de las mujeres y la realidad de la homosexualidad, pasa a tratarse como una categor铆a inc贸moda, secundaria o directamente sospechosa. Desde una perspectiva LGB, ese giro no es liberador: es un retroceso pol铆tico.
La orientaci贸n sexual no es una identidad de g茅nero. No es una performance, ni una preferencia est茅tica, ni una etiqueta abierta a redefiniciones sucesivas. Es una orientaci贸n corporal y sexuada. Las lesbianas no se sienten atra铆das por “identidades”; los gays no organizan su deseo en funci贸n de autodefiniciones subjetivas. La homosexualidad tiene que ver con el sexo, precisamente porque nombra la atracci贸n por personas del mismo sexo. Si el sexo deja de importar, la homosexualidad pierde su anclaje pol铆tico, jur铆dico y tambi茅n su capacidad de ser nombrada con claridad.
Eso tiene consecuencias. En nombre de la inclusi贸n, cada vez se presiona m谩s para que gays y lesbianas justifiquen los l铆mites de su deseo, como si la orientaci贸n sexual debiera someterse a una correcci贸n moral permanente. Se acusa de transfobia a lesbianas que no quieren mantener relaciones con cuerpos masculinos o a homosexuales que se niegan a aceptar que el sexo es irrelevante para el deseo. Pero la orientaci贸n sexual no puede ser reeducada para adaptarse a una teor铆a. Durante demasiado tiempo a las personas homosexuales se nos dijo que nuestro deseo era inmaduro, ego铆sta, incompleto o corregible. Resulta inquietante ver reaparecer esa l贸gica, ahora revestida de lenguaje progresista.
Tampoco ayuda que bajo el paraguas «LGBTIQ+» se mezclen realidades muy distintas: orientaci贸n sexual, identidad de g茅nero, expresi贸n de g茅nero y caracter铆sticas sexuales. No se trata de negar derechos civiles a nadie, ni de promover hostilidad contra ning煤n colectivo. Se trata de se帽alar que no todo responde a la misma l贸gica pol铆tica, ni plantea los mismos conflictos jur铆dicos, ni exige las mismas herramientas de an谩lisis. La agenda de las personas homosexuales y bisexuales no puede disolverse sin m谩s en una suma de causas heterog茅neas cuyo 煤nico v铆nculo es un acr贸nimo cada vez m谩s largo y m谩s confuso.
El problema de fondo es tambi茅n feminista. El g茅nero no es una esencia interior, sino un sistema de expectativas, jerarqu铆as y estereotipos que hist贸ricamente ha servido para disciplinar a mujeres y a homosexuales. El feminismo no naci贸 para celebrar la feminidad o la masculinidad como identidades, sino para cuestionar el poder que esas categor铆as ejercen sobre nuestras vidas. Por eso resulta dif铆cil asumir como emancipadora una pol铆tica que convierte el g茅nero en verdad 铆ntima y lo blinda frente a cualquier cr铆tica. Las lesbianas, precisamente porque han desobedecido el mandato de la centralidad masculina, saben bien que la liberaci贸n no pasa por reforzar los estereotipos con nuevos nombres, sino por desmontarlos.
Tambi茅n por eso conviene mirar con prudencia ciertos discursos sobre menores que no encajan en los roles de g茅nero. No toda incomodidad con la feminidad o la masculinidad es una identidad «trans»; a veces es, sencillamente, el modo en que una ni帽a lesbiana o un chico gay atraviesan una adolescencia dif铆cil en una sociedad que sigue castigando la disidencia sexual. Convertir autom谩ticamente ese malestar en una cuesti贸n de identidad de g茅nero puede empujar a algunos j贸venes homosexuales a interpretar su diferencia como un problema del cuerpo, y no como una confrontaci贸n con los estereotipos que pesan sobre 茅l.
Nada de esto deber铆a ser pol茅mico dentro del Orgullo. Y, sin embargo, lo es. Decir que la homosexualidad se basa en el sexo, que las lesbianas existen como categor铆a pol铆tica propia, o que el g茅nero es una jerarqu铆a que debe ser abolida y no celebrada, se ha convertido en una provocaci贸n dentro de espacios que supuestamente nacieron para defender la libertad sexual. El resultado es parad贸jico: cuanto m谩s se ampl铆a el discurso del Orgullo, menos espacio parece quedar para nombrar con claridad la experiencia homosexual.
No se trata de volver al armario ni de enfrentar a unos colectivos con otros. Se trata de recuperar una agenda LGB n铆tida, capaz de defender la orientaci贸n sexual sin pedir permiso a la teor铆a queer, y capaz tambi茅n de volver a situar en el centro la cr铆tica feminista a los estereotipos, a la explotaci贸n sexual y a la mercantilizaci贸n de los cuerpos. La homosexualidad no necesita deconstrucci贸n. Necesita respeto pol铆tico, claridad conceptual y libertad para existir sin ser redefinida desde fuera».