Publicado el 12 de mayo de 2026 / Por
Las cárceles italianas ya no se parecen en absoluto a la retórica constitucional de la «reeducación, reinserción». Cada vez más, revelan lo que realmente son: un lugar de venganza, de aniquilación progresiva, de suspensión concreta de los derechos fundamentales.
Las historias de Ryad Abustanji y Cesare Battisti, aunque muy diferentes, cuentan la misma historia: la transformación del castigo en implacabilidad. La construcción de un sistema en el que ya no basta con privar a una persona de su libertad: hay que volver a golpearla, volver a aislarla, volver a humillarla.
Abustanji, un palestino de sesenta años, se encuentra recluido en el pabellón de máxima seguridad de la prisión de Rossano, en Calabria, en el marco de la investigación de Génova en la que también se ha visto implicado el presidente de la Asociación Palestina en Italia, Mohammad Hannoun. Desde hace meses, sus abogados solicitan que pueda ser atendido en un hospital debido a graves problemas de salud: diabetes, trastornos de próstata, problemas urinarios y un estado físico cada vez más deteriorado.
Las solicitudes quedan sin respuesta. Los correos electrónicos certificados son ignorados. Incluso cuando, durante una entrevista por videoconferencia, el recluso se muestra confuso y denuncia que está perdiendo la vista de un ojo, nadie interviene. No se trata simplemente de ineficiencia burocrática. Es la normalización del abandono.
Lxs abogadxs se dirigen a la defensora regional de lxs reclusxs, señalan una situación de extrema urgencia y solicitan una visita hospitalaria inmediata. Nada. Se llega incluso a tener que presentar una solicitud directamente a la fiscalía para que ordene una atención médica que debería estar garantizada automáticamente en cualquier Estado civilizado.
Y aquí surge el punto político central: al preso palestino se le trata como un cuerpo sospechoso, como una presencia que hay que contener, no como una persona titular de derechos inviolables. Así lo denunció con palabras claras también Mimmo Lucano, hablando de una culpa que parece ser únicamente la de ser palestinos y solidarios con su pueblo mientras en Gaza se está produciendo un genocidio.