¿Sinceramente creemos que lo que el partido necesita es una nueva renovación o lo que verdaderamente necesita es integrarse entre las masas trabajadoras?. Renovarse es más de lo mismo que llevamos haciendo hasta ahora pero al carecer de ideas nuevas, seguimos planteando las mismas a pesar de estar demostrado que no sirven para nada porque seguimos siendo los mismos con las mismas ideas. Pongo como ejemplo la aportación que se hace de trabajar con los sindicatos combativos, cosa elemental pero eso significa que los primeros en ir al frente de batalla son los cuadros y dirigentes y sinceramente no veo a ninguno porque todos están en la lucha institucional, aunque alguno habrá, además, cuales son los sindicatos combativos ¿los nacionalistas?, que van a su bola independentistas con reivindicaciones ideológicas y políticas que rompen la unidad de la clase trabajadora, la cual, sabe de sobra que si algún día quiere ganar alguna batalla tiene que doblar el espinazo a la oligarquía financiera industrial, tal como hicimos para tirar el recorte de pensiones de Rajoy confluyendo con movilizaciones en la calle la gente que lucha ante la pasividad del sindicalismo de clase en general, con los sindicatos mayoritarios y minoritarios que se sumaron ante la participación masiva y espontanea de los pensionistas y trabajadores activos, apoyándonos en particular en la presencia parlamentaria de diputados de la izquierda y de Unidas Podemos.
Se gano la batalla de las pensiones y de la reforma laboral y algunas más, pero la movilización social decayó y la presencia institucional de la izquierda menguó y parte de las conquistas sociales y laborales la patronal no las aplica, por inexistencia de sindicatos en los centros de trabajo y de un movimiento vecinal activo en los barrios, manteniéndose el gobierno por el apoyo de la burguesía nacionalista que no es ni progresista ni democrática. El resto de propuestas decaen por si sola, porque implica ir a juntarse con los que luchan fuera de toda organización de masas en plan oenegés y en grupos de amigos afines políticamente como sindicatos de inquilinos, organizaciones de migrantes, colectivos que luchan en barrios etc. Que no que es que esté mal pero que los comunistas lo que queremos es hacer la revolución transformando la realidad, con la participación activa de las masas por que somos conscientes por la experiencia histórica, que sin la participación de las masas organizadas allí donde trabajan, viven y estudian, jamás doblegaremos el poder económico porque nuestra fuerza está en los centros de trabajo, sectores de producción y el territorio, como base de la movilización y defensa de los derechos públicos del estado de bienestar ya bastante debilitado.
Es necesario un debate que no puede quedar en abstracto, porque luchar sí pero debe quedar claro el donde, con quién y para qué. Es decir con los cuadros y dirigentes al frente, militar en los sindicatos de centro de trabajo y sector más activo trabajando por la confluencia del sindicalismo de clase y la unidad sindical pero para luchar. En el movimiento vecinal organizado llevando a su seno la lucha contra la marginación social, por la vivienda y la mejora de la sanidad, enseñanza, dependencia entre muchas cosas más sociales, que ayuden mediante la lucha y organización de la gente a recuperar la vida en los barrios y pueblos con alternativas saludables para la juventud, con lugares para estudiar, hacer deporte y participación cultural. Para ganar la lucha de clases, construyendo hegemonía social y política y poder no solo ganar mañana la batalla electoral, sino también con la gente en la calle y los centros de trabajo ocupados si es necesario, defender la democracia, las libertades y las conquistas sociales. Nota de Alonso Gallardo
25 de marzo de 2026 Juanjo Llorente
La renovación que propone el manifiesto solo tendrá sentido si el proceso congresual se abre a una interlocución que vaya más allá de la militancia: con los sindicatos combativos, con los movimientos de inquilinas, con las organizaciones de migrantes, con los colectivos que están dando batallas concretas en los barrios y los centros de trabajo.
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Un manifiesto firmado por una treintena de dirigentes territoriales y miembros del Comité Central del PCE, publicado el 17 de marzo de 2026 en Público bajo el título Hay Partido, abre un debate que muchos esperaban, dentro y fuera de la organización comunista.
El texto tiene el mérito de la honestidad. Reconoce que el PCE ha pasado de condicionar al gobierno de coalición a ejercer un papel de subordinación al PSOE, que la militancia ha sido relegada por las direcciones sucesivas, que se ha perdido capacidad de intervención autónoma en los conflictos de clase, y que la amenaza de la ultraderecha es también un espejo de los fracasos de la izquierda institucional. Los firmantes —entre ellos los secretarios generales del PCPV, Extremadura, Aragón, Canarias, Madrid, Galicia y otras federaciones— piden recuperar la cultura del debate honesto ante el XXII Congreso, convocado para este 2026. Son los mismos nombres que en el XXI Congreso de 2022 presentaron una enmienda a la totalidad bajo el título Un futuro con Partido, lo que indica que el debate tiene raíces y no es un fenómeno coyuntural.
El diagnóstico organizativo tiene además un correlato material. Según el informe de fiscalización del Tribunal de Cuentas publicado en 2025, el PCE liquidó sistemáticamente su patrimonio inmobiliario histórico durante el periodo 2017-2023 para cubrir pérdidas ordinarias de actividad, con una pérdida de afiliación cercana al 27% en ese mismo periodo. La descripción es la de una organización estructuralmente dependiente de su integración en coaliciones más amplias para acceder a financiación pública.
Lo que el manifiesto deja sin resolver
El texto es valioso como punto de partida. Pero su principal limitación es también su principal riesgo: que el debate se quede dentro. Un congreso, por más que recupere la cultura de la discusión interna, es un mecanismo de deliberación entre militantes. Y la crisis del PCE no es solo organizativa ni ideológica: es una crisis de inserción en la lucha de clases realmente existente.
La clase trabajadora que sufre la trampa del alquiler, que pierde el contrato y no puede volver al barrio, que no llega a fin de mes con dos salarios, que ve cómo el “escudo social” se vota abajo en el Congreso, no está esperando a que el PCE resuelva sus tensiones internas. Está organizándose, a veces sin partido, a veces a pesar de los partidos. El Sindicat de Llogateres de València, que desbordó el Micalet en su presentación de febrero con más de 300 personas, es un ejemplo de esa capacidad de articulación desde abajo.
La pregunta que el manifiesto no formula —y que el congreso debería responder— es esta: ¿con qué sujetos sociales concretos, en qué conflictos activos, con qué organizaciones de base, va a reconstruir el PCE su vinculación con la lucha de clases? No como retórica programática, sino como práctica política verificable.
La alternativa requiere interlocución más amplia que el debate interno
Que haya partido, como afirman los firmantes, es una condición necesaria pero no suficiente. Un PCE revitalizado internamente, pero sin anclaje en los movimientos reales de su clase seguirá siendo, en el mejor de los casos, un actor parlamentario menor con historia gloriosa.
La renovación que propone el manifiesto solo tendrá sentido si el proceso congresual se abre a una interlocución que vaya más allá de la militancia: con los sindicatos combativos, con los movimientos de inquilinas, con las organizaciones de migrantes, con los colectivos que están dando batallas concretas en los barrios y los centros de trabajo.
El debate interno es imprescindible. Pero la legitimidad de cualquier alternativa que salga del XXII Congreso se medirá en otro terreno: en su capacidad para ser reconocida como referencia política por quienes ya están en lucha.

Fuente: Red Sínesis INFO