jueves, 16 de abril de 2026

Crítica por el mecanicismo metafísico de la izquierda en la crítica al gobierno progresista


Alonso Gallardo militante comunista … marzo de 2026

Con esta crítica intento unir metodología de trabajo científico para la búsqueda de la verdad en los hechos en el saber y el poder parafraseando a Foucault, desde la reflexión de la crítica a los jóvenes hegelianos de Marx y Engels en la “Sagrada familia” y con Lenin en “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”. Para ello, todo hecho hay que situarlo en el contexto histórico del momento sociopolítico que se produce, para no distorsionar los hechos ni la historia aunque sea contada a grandes rasgos, de las políticas y prácticas del gobierno progresista y de la crítica que el infantilismo de izquierda realiza, entendiendo, que la crítica siempre debe hacerse desde la defensa de los intereses generales de la clase trabajadora, como forma de entender la lucha en los momentos históricos tal como se presenta y fuera del idealismo metafísico, donde todo es estático e inamovible en un mundo onírico que sectores comunistas y de la izquierda presentan. La situación geopolítica internacional de guerras y caos y la nacional, ante una posible derrota de las fuerzas que componen el gobierno progresista, obliga a un debate al movimiento comunista español y a la izquierda y más en estos momentos, con el XXII Congreso del PCE delante que obliga a profundizar en la unidad comunista, que para avanzar deberá romper con el marxismo occidental de carácter metodológico y visión del mundo mecanicista, metafísico y sectario.

Lo primero de todo para situar los objetivos, tácticas y programas del movimiento obrero y de la izquierda que lucha, es la de situarse en el actual contexto geopolítico de crisis económica global del sistema de libre mercado monopolizado, por colapso y competencia del Sur Global apoyada en la economía de mercado planificado socialista de China. Crisis que se inicia a partir de la reducción de los beneficios empresariales en los años sesenta del siglo XX, cuando la oligarquía imperialista empresarial y financiera de los EE.UU a través de organismos como el FMI, OMC, BM y gobiernos acólitos, responden con un proceso de privatizaciones, precarización laboral y desmantelamiento del estado de bienestar, para recuperar capital ficticio con la financiarización de la economía y el extractivismo de lo social en un mercado capitalista global monopolizado de contenido neoliberal.

Proceso ofensivo con el que el imperialismo yanqui-occidental destroza a la URSS, mediante el acoso y la injerencia a través de una élite burocratizada y corrupta, logrando instalar en los noventa un mundo bajo el mando unipolar de la oligarquía imperialista yanqui, generando un proceso ante la imposibilidad de recuperación de la economía productiva de caos y guerras por todo el planeta. Con este proceso confronta la China socialista que ante las injerencias y bloqueos de los EE.UU, rompe con el bajo perfil instaurado por Deng en los años setenta, iniciando un desarrollo en competencia económica, tecnológica y científica con el occidente para la superación de la hegemonía yanqui y garantía de soberanía. De este movimiento soberano, surge la escalada de guerra mundial imperial iniciada en el 2014 con el golpe de estado yanqui en Ucrania para destrozar a Rusia, a la que obliga entrar en guerra en el 2022 para posteriormente, con la ocupación y destrucción en Gaza y Palestina provocar la intervención de Irán para destrozarla, por ser los principales sostenedores energéticos de la potencia China que es el objetivo final del caos y las guerras y en ello continúa.

Toda táctica, programa y alianza debe partir de la realidad que determina la contradicción principal y el enemigo principal a combatir, desde la defensa de los intereses generales de la clase trabajadora y el pueblo, la correlación de fuerzas y la lucha de clases teniendo la búsqueda de la unidad como única forma de vencer. Como ejemplos escojo los que he considerado repetitivos en el movimiento comunista que se define como marxista leninista. Comienzo con uno que la mayoría utiliza de arma arrojadiza, que al parecer demuestra la caída libre socialista por la derrota en todas las elecciones autonómicas convocadas, denunciado como un negocio de socialistas y reformistas de izquierda al reeditar el NO A LA GUERRA, de las movilizaciones contra la intervención imperialista yanqui y la OTAN en Iraq apoyada por el gobierno de Aznar y la derecha, por convocar una movilización paralela a las del movimiento antiimperialista español en Madrid.

Si así fue, lo correcto desde la perspectiva de los intereses generales de la clase trabajadora y el pueblo, de la correlación de fuerzas y la unidad como requisito indudable de las fuerzas obreras y populares para la victoria, hubiera sido la de intentar ir unidos -aunque no fueran revueltos- en la misma convocatoria y la crítica, ejercerla contra los que rechazan la unidad o que desde el inicio no la propusieron, porque es posible y así se ha dado numerosas veces, que ni unos la proponen ni los otros la quieren y así nos encontramos, cuando las decisiones se toman con el ombligo y no desde los intereses de la clase trabajadora y el pueblo. Estando las fuerzas populares divididas es cuando se pierden batallas y elecciones ante el enemigo de todos: la imperialista derecha española.

Para entender esta incoherencia en organizaciones obreras y populares debemos entrar en su forma de pensamiento escrito, porque es difícil encontrar su práctica en el seno de las organizaciones de masas, por estar muy centrados en colectivos y plataformas interseccionales entendidas desde la perspectiva de Judith Butler, de organizarse sectorialmente por identidades y plataformas y no es que esté mal, es que así a los comunistas y revolucionarios, nos alejan de la lucha económica como corazón de la lucha de clases. La batalla debe darse en la calle y en los lugares de trabajo, barrios o estudio y de ahí que hoy, en lo que menos se piensa a la hora de tomar decisiones de las que nunca se rinden cuentas directas ante la clase obrera sea en los intereses generales, correlación de fuerza y unidad en la lucha de clases, primando el ombligo y la crítica a los aliados que conforman el pueblo, porque al parecer tenemos muy extendido el dicho, de que no hay obrero más tonto que el que vota a la derecha y muy poco extendido, el del radical de izquierda que sin ser alternativa alguna critica al reformismo de izquierda favoreciendo a la derecha que el tonto vota.

Como ejemplo la disociación que se hace de un proceso histórico por una metodología mecanicista de pensamiento, ¿cómo se puede igualar a Pedro Sánchez con Felipe González -más allá de que son del PSOE- cuando llegaron a la secretaría general del PSOE y la presidencia de gobierno de forma distinta? -también podemos añadir antagónica-. Posiblemente sea porque Lenin confrontó con ellos en la primera guerra mundial, por el pronunciamiento de socialdemócratas liberales dando el apoyo a la guerra imperialista iniciada por los gobiernos burgueses. Pues ahora hacen lo mismo a pesar de lo llovido y de la autocrítica del VII Congreso de la Internacional Comunista, base de apoyo a los frentes populares del PCE de José Díaz y de crítica al radicalismo infantil trotskista y anarcoliberal. La crítica de Lenin enlaza con la de Felipe González como ejecutor de las políticas neoliberales que precarizaron y desestructuraron con sus reformas, la vida laboral y social de la clase trabajadora y el pueblo además de meternos en la OTAN. Para esta forma de pensar mecanicista y metafísica de ver la crítica de Lenin como dogma, impide entender que hay una nueva realidad que surge de un nuevo proceso histórico y de correlaciones de fuerza; para ellos todo es un bucle que se repite una y otra vez y de nada sirve que Pedro Sánchez lograra la Secretaría General del PSOE y la Presidencia del gobierno, en confrontación con Felipe González y la oligarquía industrial y financiera imperialista española subordinada al yanqui, ni que formara gobierno con la izquierda reformista, al contrario, lo que cuenta, es que se formó en acuerdo táctico con la clase dominante para impedir la formación de una izquierda alternativa y paralizar la movilización social. Juicio de intenciones que lo dice todo de nuestro valor al depender nuestra existencia de lo que hace o deja de hacer el reformismo.

Sucede parecido con la crítica que se ejerce contra la socialdemocracia y el reformismo por situar al fascismo y a VOX como los principales enemigos del pueblo, lo cual no es incorrecto aunque si parcial por ocultar al imperialismo, para atraer el voto de izquierda metiendo miedo con el fascismo y así engañar a la gente para después hacer lo mismo que la derecha, vamos que la clase trabajadora es tonta. La base de todo está en elaborar un relato y después creerlo como verdadero en su mundo onírico, pero la realidad vivida por la clase obrera no es esa. El Gobierno progresista es obvio, que gestiona la política desde una base contradictoria y sin la existencia de una movilización de masas alternativa que los condicione, más allá de respuestas puntuales sectoriales con la excepción vasca de corto aliento, porque sus referentes están fuera del contexto español y sin alternativa posible y lo que consigan será para la patronal vasca en línea de lograr la ruptura de la caja única de la seguridad social y pensiones como hicieron con hacienda. Porque aunque la izquierda y muchos comunistas no acaban de entender, España es un estado único con una única oligarquía dominante a la que una sola clase obrera unida con un solo partido obrero, puede liderar colectivamente hacia la toma del poder y lo deseable es que sea, si nos dejan, de forma democrática y pacífica.

Decía antes, que la realidad que vive la clase obrera es distinta porque no es tonta y sabe en que momentos arriesgar y cuando resguardarse. Sabe que lo fundamental es comer y dar de comer a su familia tal como lo definió Marx como principio del materialismo histórico: que dentro de la lucha de clases lo fundamental es la organización de la vida material y la reproducción social. Desde la terminación del sistema de producción fordista -en España iniciado los setenta- para vivir con cierta comodidad se necesitan dos sueldos y cuando no se tienen referentes de clase, sencillamente vota lo menos malo o se abstiene dependiendo la región donde vive y las empatías, de ahí, que viendo las políticas generadas desde el gobierno progresista la clase obrera -no la izquierda- en su mayoría ven los avances de este gobierno, sobre todo la clase obrera con convenio colectivo, empleados públicos y pensionistas. También por la subida del SMI – hoy mínimo de 1221€ al mes en nómina- estando obligado por ley el empresario a pagar al trabajador el convenio del ramo al que pertenece o el de la empresa para la que trabaja si lo tiene si es subcontrata, limitando los contratos temporales a dos: estructurales y formativos; reconfigurando el espacio donde vive la clase trabajadora con seguridad y estabilidad de los proyectos de vida con el aumento considerable de empleo. Porque entre otras cosas aunque lo social determine la conciencia, la experiencia nacida de los hechos en momentos determinados influye. Cierto que la patronal incumple la ley, pero las sociedades que viven bajo la lucha de clases, el responsable de organizar y defender sus derechos es su vanguardia organizándola en sindicatos y asociaciones vecinales y aprovechar los resquicios legales no el estado burgués.

Cierto también ,que un sector de la clase trabajadora que posiblemente supere el tercio, continúa viviendo en la precariedad, marginación y la exclusión social, por lo mal gestionado políticamente y por falta de un estado central que garantice a todos por igual los derechos del Ingreso Mínimo Vital, por el proceso burocrático que tienen que superar en los distintos organismos de las competencias cedidas a las Comunidades Autónomas -de carácter cuasi confederal- y los ayuntamientos, que en manos de la gestión de sectores neoliberales y de derechas que más que pegas, hacen negación del derecho. Este sector por su desestructuración social es el más despolitizado y desorganizado, por lo tanto el más manejable por la derecha, el fascismo y el oportunista en las filas de la izquierda. Pero el organizarlo y politizarlo, es responsabilidad de los comunistas que al abandonar la línea política de masas en las organizaciones obreras donde trabaja y vive por la superestructura institucional, quedando bajo la marginación social, la influencia fascista y de las sectas religiosa, llenando los espacios vacíos por falta del referente político de clase. Cuando debiéramos ser conscientes, que organizarlos solo es posible con una formación e integración social y laboral.

Centrémonos en el absurdo de criticar al gobierno cuando apoya a la derecha -que lo veo correcto- igual que cuando se diferencia de la derecha y del imperialismo pero porque nos está engañando, como si hacer juicios de intenciones formase parte del leninismo. Esta actitud negativa que la clase obrera consciente sí ve, es la que la separa de la izquierda y comunistas; porque es de tal obviedad verlo tras las críticas y confrontaciones que el gobierno progresista provoca en el imperialismo y lacayos, que solo bajo la enfermedad del infantilismo de izquierda y el dogmatismo mecanicista es posible no verlo y obviarlo. Seguir teorizando bajo el prisma de los clásicos marxistas por lo que en su momento dijeron en la historia, como si el materialismo dialéctico no existiera y la materia y el pensamiento no estuvieran en todo momento en movimiento, cambio y transformación, sino en actitud inmutable e indiferente ante la situación geopolítica que la crisis global del capitalismo de mercado monopolizado provoca de caos y guerras. Este hacer de la izquierda y sectores comunistas con una visión del mundo onírica y metafísica, nace de un idealismo fruto de la derrota ideológica y política en los sesenta del movimiento comunista occidental, al abrazar el posmarxismo revisionista de nuevos sujetos revolucionarios como el nacionalismo disfrazado de soberanismo independentista o el feminismo de género ligado a sexualidades y sentimientos, que al situarlos como prioridades de la lucha provocó la división en el movimiento obrero y la izquierda, cuando son contradicciones que conforman el mundo cultural y de la individualidad de cada persona, separándonos del mundo del trabajo y de la clase trabajadora como principal sujeto revolucionario.

Toda crítica construida bajo una visión paralela de la realidad que la gente con conciencia política no ve nace con base errónea. El gobierno progresista no tumbó la reforma laboral de Rajoy porque la derecha del PSOE y de la que lo apoyó desde fuera para que el PP no gobernase, no permitió la humillación de los representantes políticos de la oligarquía española por los que ellos consideran una izquierda alternativa, incluso quitaron a la ministra de trabajo como portavoz. Pero en unidad con los sindicatos CC.OO y UGT consiguieron un logro incluso superior, derogando a cambio la reforma de Felipe González de 1984 responsable de la generalización de la precariedad laboral y la subcontratación. La reforma laboral aprobada en el 2021 entre otras cosas suprimió los contratos por obras y servicios de Felipe González, limitándolos a dos: estructurales y formativos. Recuperó la prevalencia del convenio de sector sobre el individual de empresa, Recuperó la ultraactividad de los convenios caducados quedando en vigor hasta uno nuevo y que entre otras cuestiones, obliga a a las subcontratas a pagar el convenio colectivo de la actividad principal cercenando el objetivo de la creación de las subcontratas de pagar menos salario.

Pasa lo mismo con el rearme; se le critica por reforzar el arsenal español de matriz en su mayoría estadounidense e imposible de sustituir de un día para otro, como por reforzar la inversión nacional o en colaboración con Europa, cuando es fundamental tener una soberanía militar para enfrentar el enemigo estratégico situado en el vasallaje de países como Marruecos al imperialismo de EE.UU, enfrentado a los aliados históricos de la España democrática y republicana como Argelia, el Frente Polisario o los países del Sahel y todo fuera del acuerdo de la OTAN. Igual, con la diferenciación política y diplomática en relación al genocidio palestino, a la agresión de Irán, al apoyo a Cuba o la continuada relación económica con China entre otras, en contra de las posiciones del parlamento y la Comisión Europea. Posiblemente no tenga valor por la correlación de fuerzas contraria contar las de cal y arena del gobierno progresista, pero está claro que por encima de maximalismos hoy no hay ninguna posibilidad de una alternativa por la izquierda al reformismo de izquierda, ni capacidad de movilización social como fue la de pensionistas capaz de empujarlo a la izquierda.

Lo mejor que puede hacer el movimiento comunista en la actual situación y debilidad organizativa, política e ideológica, es organizar sindical y políticamente a la clase trabajadora y movilizarla desde la defensa de sus intereses más inmediatos. Al tiempo que apoyamos a la izquierda socialdemócrata reformista actual en las batallas electorales, presionándolos con la gente en la calle desde la defensa de la unidad del pueblo y las fuerzas de izquierda como estrategia, mediante la crítica constructiva en su hacer, tal como Fidel explico: dentro de la revolución todo desde fuera nada. Con el objetivo de que desarrollen políticas económicas, sociales y democráticas a favor de la clase trabajadora y el pueblo. Estas son las tareas prioritarias de un movimiento comunistas débil y desorganizado, para que mediante el trabajo en las organizaciones de masas de los militantes y cuadros cambiamos las correlaciones de fuerza, pasando de la guerra de guerrillas en centros y sectores de trabajo, barrios, pueblos y centros de estudio a la espera de iniciarla, a las guerra de posiciones en las instituciones con la clase obrera organizada y politizada al frente de la lucha junto con la vanguardia comunista; porque no son las contradicciones ideológicas y limitaciones políticas de los socialdemócratas y los reformistas las que nos limitan sino que son las nuestras, incapaces de generar una movilización de masa independiente de otras clases sociales por nuestro aislamiento de la clase trabajadora.