domingo, 2 de agosto de 2026

90 años de la Victoria antifascista: «El otro Madrid» se levanta de nuevo

                                                                               
Por Agencia LQS   
 julio26/2026

Video de Turón Valle

Madrid conmemora el 90 aniversario de la resistencia antifascista con actos en Vallecas. La ciudad reivindica su papel histórico como «primera ciudad del mundo en vencer al fascismo» en una jornada que une a más de 50 asociaciones.

Este sábado, la ciudad de Madrid ha sido escenario de diversos actos conmemorativos enmarcados en el 90 aniversario de la gesta antifascista de 1936. Bajo el lema «¡No pasarán!», organizaciones  sociales, deportivas  y políticas vecinales se han reunido en Vallecas para reivindicar la memoria histórica y recordar la resistencia popular que, durante el verano de 1936, frenó el golpe militar fascista contra la Segunda República, reivindicando la gesta del pueblo de Madrid y la toma del Cuartel de la Montaña.

Según los organizadores, la efeméride busca combatir lo que consideran una «manipulación histórica» y devolver a Madrid su lugar en el imaginario colectivo como símbolo de la lucha obrera. Tal y como se ha señalado en los comunicados oficiales, hace nueve décadas «las élites militares y económicas, apoyadas por la Falange, trataron sin éxito de derribar a la República», encontrándose con el muro de resistencia de barrios como Carabanchel, Vicálvaro o el Cuartel de la Montaña.

El discurso central del evento ha puesto en valor el sacrificio de los «trabajadores y militantes cargados de heroísmo y escaso armamento», así como el apoyo de los sectores leales de la Guardia de Asalto, la Guardia Civil y la burguesía progresista. Fue esa unión, sumada a la llegada de las Brigadas Internacionales, la que logró hacer retroceder a las tropas sublevadas, a pesar de los bombardeos sistemáticos de la aviación alemana e italiana contra la población civil.

Una rendición interna, no una caída en combate

Uno de los puntos más destacados en la reivindicación de este aniversario es la tesis de que Madrid no cayó militarmente ante el empuje franquista, la ciudad fue finalmente rendida por un golpe de Estado interno contra el gobierno de la República, protagonizado por los «casadistas», en un contexto en el que el presidente Negrín y los leales a la República resistían con la esperanza de que el estallido de la Segunda Guerra Mundial cambiase el curso del conflicto.

Asimismo, la conmemoración ha querido tender un puente con el presente. Los organizadores han vinculado el espíritu de 1936 con la defensa actual de la soberanía frente a los «proyectos nazi-imperialistas», mencionando explícitamente a líderes internacionales como Donald Trump y Benjamín Netanyahu. «Es hora de mantener viva la llama de la victoria porque es la mejor herramienta para defender la paz, la libertad y la soberanía de los pueblos», han declarado.

Unidad y continuidad

La jornada, que ha contado con la participación de más de 50 asociaciones, también ha servido para anunciar que el activismo continuará después del verano. Juan Bravo, en representación de la Asamblea del 90 Aniversario, ha destacado que el trabajo constante de los últimos meses ha conseguido unir a la ciudadanía para mostrar que hay «otro Madrid, el que no quieren que vean».

Estos actos tienen como objetivo recuperar una narrativa histórica que sirva de herramienta política para el presente y el futuro. «Madrid fue, hace 90 años, la tumba del fascismo y lo volverá a ser. Tenemos algo en la sangre, la rebeldía de no someternos a ningún imperio», concluyeron los portavoces del movimiento.

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Madrid revive el 90º aniversario de la gesta antifascista con una manifestación unitaria en Vallecas
A los 90 años de la Victoria contra el fascismo en Madrid

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El largo adiós al dólar estadounidense

                                                                                              

El dólar puede parecer una moneda neutral, pero en realidad es una forma de poder imperial que disciplina economías, financia guerras y obliga al Sur Global a costear su propia subordinación.
Billete de dolar

Hay momentos en la historia en los que un sistema parece tan completo que cuesta imaginar su fin. Cuando Gran Bretaña “dominaba los mares”, en gran parte del mundo se consideraba que la libra esterlina no era simplemente una moneda, sino el lenguaje natural del comercio en sí mismo. Desde mediados del siglo XX, Estados Unidos ha hablado del dólar estadounidense de manera muy similar. Escribiendo en 1980, en medio de la crisis del orden post-Bretton Woods, el economista argentino Raúl Prebisch observó que “en Estados Unidos imperaba la ilusión del dólar todopoderoso”. Sin embargo, para entonces no se trataba solo de una ilusión estadounidense. El dólar ya se había convertido en la principal moneda de reserva del mundo y en la divisa dominante del comercio internacional. Ahora esa ilusión ha comenzado, lenta y desigual, a desmoronarse.

Nuestro último dossier, La arquitectura del poder: el dólar, la financiarización y la lucha por la soberanía, muestra que el dólar no es meramente dinero, sino una institución de poder imperialista. El sistema del dólar organiza el comercio, determina el acceso al crédito, disciplina a los gobiernos, financia la guerra y reproduce una jerarquía entre el Norte Global y el Sur Global. El debate sobre el dólar no es, por lo tanto, una cuestión de preferir una moneda a otra, el dólar sobre el renminbi (RMB) o el euro, sino de si la humanidad puede construir un orden monetario internacional que sirva al desarrollo en lugar de a la dominación.

La tentación en los últimos años ha sido responder a esta pregunta de manera demasiado precipitada. Cada acuerdo bilateral liquidado en RMB en lugar de dólares, cada anuncio de los BRICS+ sobre comercio en monedas locales, cada aumento de las compras de oro por parte de los bancos centrales ha sido saludado con declaraciones de que la desdolarización ha llegado. Los titulares son seductores, pero la realidad es considerablemente más compleja. Una de las grandes fortalezas de nuestro dossier es su negativa a confundir el deseo político con la realidad económica.

Al mismo tiempo, algo profundo ha cambiado. Estados Unidos ha transformado cada vez más el dólar, de ser un instrumento de intercambio a una herramienta de coerción. Las sanciones financieras, el congelamiento de reservas soberanas, la exclusión de los sistemas de pago y la militarización de las finanzas internacionales han demostrado a los gobiernos de todo el Sur Global que la dependencia del dólar conlleva crecientes riesgos políticos. Cuando aproximadamente la mitad de las reservas de divisas de Rusia fueron congeladas, muchos ministerios de finanzas en todo el mundo se hicieron en silencio una pregunta que antes parecía casi inimaginable: si esto puede pasarle a Rusia, ¿por qué no a nosotros? El dólar, antes presentado como políticamente neutral, ha revelado estar profundamente incrustado en los objetivos estratégicos de Estados Unidos.

El dólar sigue dominando la economía mundial no porque Estados Unidos produzca la mayor parte de los bienes del mundo, que no es así, ni porque represente la mayor parte del comercio mundial, que tampoco es así. En realidad, el dólar domina la economía mundial porque el sistema financiero internacional se articula en torno a él y porque los mercados construidos a lo largo de generaciones producen inmensos efectos de red. Las monedas de reserva no pueden reducirse a medios de intercambio. También son reservas de valor, unidades de cuenta, mecanismos de liquidación y los cimientos sobre los que se construyen vastos mercados financieros. Los gobiernos tienen dólares porque otros gobiernos los usan y los bancos prestan en dólares porque los prestatarios esperan devolverlos en esa moneda. Como demuestra cuidadosamente el dossier, el dólar sigue representando la mayor parte de la fijación de precios de las materias primas, las transacciones de divisas, las reservas oficiales y el financiamiento del comercio, aunque el peso económico relativo de EE. UU. haya disminuido constantemente. Esta contradicción, entre el menguante peso productivo de Estados Unidos y el papel central que sigue desempeñando el dólar, es lo que otorga urgencia al debate sobre la desdolarización.

Si bien gran parte del dinamismo industrial del siglo XXI se concentra ahora en Asia más que en el Atlántico Norte, las finanzas siguen organizadas en torno a Wall Street. La producción y las finanzas operan en distintas regiones geográficas y esa divergencia no puede resolverse automáticamente. La apertura de una bóveda de oro en Hong Kong, por ejemplo, demuestra la rápida expansión de la infraestructura de almacenamiento y comercio de lingotes en Asia, pero esos avances no crean por sí mismos un nuevo orden monetario. Gran Bretaña siguió siendo el centro financiero del mundo mucho después de que su supremacía industrial se erosionara, y del mismo modo EE. UU. sigue gozando del “privilegio desmesurado” mediante el uso global del dólar mucho después de que su participación en la manufactura se haya desplomado. La pregunta decisiva no es si el sistema del dólar está en declive (lo está), sino qué podría reemplazarlo de manera realista.

Sin embargo, la transición más allá del dólar no dependerá solo de cambios económicos, sino también de la innovación y construcción institucional. En su reciente artículo “Geopolitics and International Money – A Path to a New Reserve Currency” [Geopolítica y dinero internacional: un camino hacia una nueva moneda de reserva], el exdirector ejecutivo del Fondo Monetario Internacional y exvicepresidente del Nuevo Banco de Desarrollo, Paulo Nogueira Batista, Jr., plantea la pregunta: ¿qué arquitectura institucional se requeriría para construir una alternativa al sistema del dólar? Nogueira Batista sostiene que el RMB no reemplazará simplemente al dólar, lo que no sería ni probable ni deseable. El gobierno chino tiene poco interés en tal movimiento porque exigiría una liberalización mucho mayor de la cuenta de capital, permitiendo que el capital entre y salga de China con mayor libertad. Esto podría exponer al país a flujos financieros desestabilizadores, elevar el valor del RMB, encarecer las exportaciones chinas y debilitar precisamente las ventajas productivas que han hecho posible el desarrollo de China. El economista chino Yu Yongding ha presentado importantes propuestas para expandir el uso internacional del RMB, incluso en el contexto de los debates de los BRICS+ sobre la desdolarización. Sin embargo, incluso estas propuestas no sugieren reemplazar la hegemonía monetaria estadounidense por la hegemonía monetaria china.

A lo largo de la última década, los sistemas bilaterales y multilaterales de liquidación de divisas se han expandido rápidamente. Estos incluyen: el Sistema de Transmisión de Mensajes Financieros de Rusia (SPFS por su sigla en inglés), desarrollado en 2014; el Sistema de Pago Interbancario Transfronterizo de China (CIPS por su sigla en inglés), puesto en marcha en 2015; marcos de liquidación en monedas locales como el acuerdo entre Indonesia, Malasia y Tailandia establecido en 2018; acuerdos de bancos centrales que permiten a los países acceder a las divisas de otros en momentos de necesidad y cuentas especializadas, como las cuentas K de Gazprombank, que permiten que ciertos pagos transfronterizos eludan los canales basados en el dólar. Aunque estos instrumentos aún no han reemplazado al sistema del dólar, son parte de la infraestructura a partir de la cual podría surgir un nuevo orden financiero.

Nogueira Batista presenta un plan más ambicioso de construcción gradual y colectiva de un nuevo activo de reserva por parte de una coalición de países del Sur Global, respaldado por una nueva institución internacional y diseñado exclusivamente para liquidaciones internacionales y tenencias de reservas, no para la circulación doméstica. Tal moneda no aboliría las monedas nacionales, pero funcionaría como un instrumento de reserva común capaz de reducir la dependencia del dólar. Como sostiene nuestro dossier, la importancia de las alternativas institucionales al dólar no reside en el reemplazo inmediato de un marco monetario por otro, sino en la construcción de infraestructuras duraderas capaces de potenciar la emancipación de la humanidad.

No obstante, las instituciones por sí solas no agotan la cuestión más profunda. El debilitamiento del orden centrado en el dólar plantea un problema mayor que el diseño de una nueva moneda de reserva o una arquitectura de pagos diferente. El principal problema no es solo monetario, sino de desarrollo. Las instituciones que surgieron después de la Segunda Guerra Mundial organizaron las finanzas globales en torno a la protección de la riqueza más que a la transformación de la producción, fomentando la especulación mientras restringían la industrialización en gran parte del mundo antes colonizado. Un nuevo orden monetario debe ser juzgado, por lo tanto, no solo por la estabilidad del tipo de cambio, sino por su capacidad para financiar la transformación estructural, la actualización tecnológica, la soberanía alimentaria, la transición ecológica y el empleo digno. Los controles de capital, los bancos de desarrollo, los sistemas de pago y los activos de reserva deben servir para expandir las capacidades productivas en lugar de acumular activos financieros. En este sentido, el sucesor del régimen del dólar no puede simplemente reemplazar una moneda internacional por otra. Debe integrar las finanzas dentro de una arquitectura más amplia del desarrollo, de modo que la cooperación monetaria se convierta en un instrumento para la prosperidad compartida, el desarrollo soberano y la reducción de la desigualdad global.

El dinero es el eje central de todo en nuestro mundo porque gran parte de la vida se ha mercantilizado y se ha sometido a la disciplina del mercado capitalista. El agua se embotella y el aire se acondiciona, mientras que la nostalgia por el trueque permanece al margen de todas las negociaciones. El dólar se cierne sobre nosotros, y detrás de él se encuentra el vasto arsenal militar de Estados Unidos y la voluntad política de usar esa fuerza para defender su moneda. Cuando Washington Irving escribió sobre “el dólar todopoderoso” en La aldea criolla (1837), la frase era prematura. En nuestra época ha llegado a sentirse casi natural. La riqueza de los países del Sur Global ricos en recursos sale en dólares y regresa en forma de deuda, mientras que las ciudades irreales del dinero como Londres y Nueva York resplandecen con la riqueza social del mundo.

Pero hay un estremecimiento aquí y allá, como indica nuestro dossier. No queremos exagerar la realidad de la desdolarización. Queremos mostrar cómo el régimen del dólar sigue operando hoy, cómo se ha debilitado y por qué permanece estructuralmente intacto.

Fuente: thetricontinental.org 

sábado, 1 de agosto de 2026

El XXII Congreso del PCE y sus dos proyectos políticos

La clave de una política alternativa en el XXII congreso, está en entender la gravedad de la actual situación política y social que vivimos una vez superado el contexto del régimen del 78, de crisis global y final del capitalismo imperialista de mercado monopolizado por los EE.UU, con la ruptura del pacto social del estado de bienestar en el conjunto del occidente político a partir del 2008 y en España definitivamente el 2011, por el gobierno de Zapatero bajo la presión del imperialismo financiero e industrial español. Creando el imperialismo en su decadencia en el conjunto del planeta un estado de caos y guerras, con el fin de impedir la pérdida de la hegemonía por la competencia económica, militar, científica y técnica del Sur Global y la China socialista en particular. El régimen del 78 dejó de existir en el momento que la oligarquía española rompe el pacto social del 78 con la socialdemocracia política y sindical, implementando un draconiano plan de acumulación de capital con el extractivismo social de todas las necesidades de la clase trabajadora situadas en lo público del estado de bienestar, como la sanidad, educación, pensiones o dependencias sacándolas a las leyes del libre mercado privado para el que pueda pagárselas.

Estrategia imperialista que en Europa provocó la desaparición de la socialdemocracia, proyectando alternativas neoliberales de derechas donde confluyó el abanico político de opciones conservadoras, socialdemócratas, centristas, liberales y verdes, con la excepción entre otros pocos del PSOE español, que bajo la dirección de Pedro Sánchez optó por aliarse con la izquierda reformista nacida de las movilizaciones contra los recortes gobernando hasta ahora, pero con sus propuestas de una futura sociedad distópica y de gobierno global unipolar, logró la división social y la penetración de fuerzas fascistas con apoyo internacional de sectores de la oligarquía imperialista yanqui, teniendo como alternativas el gobierno bajo sus normas en el grueso del planeta. Estrategia que en lo principal la está parando Rusia, Irán junto con la resistencia palestina, libanesa, yemení, iraquíes o el frente del Sahel y todos con el apoyo de China y los países socialistas.

Cualquier propuesta alternativa de poder y gobierno del pueblo debe partir de esta premisa fundamental de guerra total nuclear, uniendo todo lo unible para ganar en cada país a las fuerzas de derechas y fascistas que la representan y la actual situación en el norte de África, con la invasión de jóvenes organizada por EE.UU, Israel y el sátrapa marroquí, en conocimiento y coordinación con la Comisión Europea, la derecha y el fascismo español del PP-VOX con la pretensión de hundir al gobierno progresista, obliga a un profundo replanteo de la estrategia fundiéndose con el pueblo trabajador para su concienciación y politización y de unidad de acción social e institucional con todas las fuerzas democráticas, que permita el mantenimiento de un gobierno progresista que neutralice y elimine el movimiento internacional del imperialismo sionazi y fascista de los EE.UU y sus aliados occidentales de guerra total. La dificultad de un partido dividido, solo se puede resolver con la actitud disciplinada de los leninistas optando por compartir partido, sin convertir las contradicciones en antagónicas, fundiéndose con la clase obrera y mediante el trabajo de masas defendiendo sus derechos y parando al fascismo con la confluencia democrática, ganar la mayoría social y en el partido. Nota de Alonso gallardo  


Juanjo Llorente         24 de julio de 2026









Introducción al marco político en que se sitúa el XXII Congreso del Partido Comunista de España de diciembre  del 2026.

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Un artículo titulado “Hacia el XXII Congreso del PCE«, que publicó la revista oficialista Mundo Obrero con fecha 16 de julio de 2026, anuncia formalmente la convocatoria de este Congreso para el 12 y 13 de diciembre y  subraya la intención de abrir un debate amplio. Un debate, sin embargo, añadimos nosotros, que participativo  o no lo que sí tendrá que ser es súper-sintético, considerando que la duración asignada a este evento de dos  únicos días obligará a que los 500 delegados y delegadas congresuales tengan que debatir y decidir con sus  votos los redactados de un amplió rosario de documentos, entre los que se incluyen los cientos de páginas  correspondientes al informe de gestión de la ejecutiva saliente, las tesis políticas y sus enmiendas alternativas,  ídem del documento organizativo y de los estatutos, entre otros. 

Un debate congresual que igualmente promete intensidad y resultados complicados, ya que las Tesis oficiales  de política y de organización y las enmiendas a la totalidad presentadas por los críticos (de “Hay Partido»)  divergen sustantivamente, tal como muestran los apoyos obtenidos por unas y otras en el Comité Central, de  56 y 44% respectivamente. Una polarización que gira, básicamente, entre si el PCE está (debe seguir) para  administrar el capitalismo en crisis o para organizar la ruptura contra él y que, en realidad, refleja la misma  disyuntiva que atraviesa a toda la izquierda transformadora del Estado español, actualmente confrontada a la  cuestión de qué hacer cuando el gobierno de coalición, presentado en 2019 como una herramienta táctica  para arrancar conquistas, se convierte en el único horizonte estratégico. 

La documentación del XXII Congreso —las Ponencias oficiales de un lado, las Enmiendas a la Totalidad del  otro— plantean, por tanto, una disyuntiva. En esencia, si el PCE debe ser un instrumento de la clase  trabajadora para la ruptura con el régimen del 78, o bien un gestor eficiente, pero subordinado a los  reformistas, de este régimen heredado del franquismo y tributario de la oligarquía estructurada a su  amparo. 

UN SOLO PARTIDO Y DOS PRYECTOS

El domingo 19 de julio, el Comité Central del PCE aprobó las Tesis y Enmiendas congresuales abriendo  formalmente el debate interno. Un debate en el que ambas orientaciones coinciden, al menos, en el  diagnóstico de fondo. Que vivimos una crisis sistémica del capitalismo que se expresa en un ascenso  reaccionario a escala global, capaz de erosionar derechos democráticos conquistados durante décadas.  

Ambas, también, sitúan la contradicción capital-trabajo —y, cada vez más, capital-vida, es decir, la destrucción  de las condiciones materiales de reproducción social y ecológica— como el eje del análisis marxista de la  coyuntura. E igualmente defienden la tercera república como horizonte estratégico frente al agotamiento del  régimen constitucional de 1978. Incluso reconocen al feminismo como un eje articulador imprescindible en la  lucha contra el patriarcado y no como un añadido cosmético al programa político. 

Este acuerdo de fondo es importante porque descarta la existencia de una disputa interna entre «ortodoxos» y  «renovadores», pero también sirve para resaltar que la diferencia es más de proyecto político, como veremos  ahora. Pues oficialistas y críticos defienden dos lecturas distintas sobre qué significa y cómo responder  concretamente, en la práctica cotidiana de una organización comunista, a las crisis actuales en todos los  ámbitos. 

EL ESPEJISMO DE LA UTILIDAD INSTITUCIONAL.

La fractura surge en el balance del gobierno de coalición. Las Tesis oficiales presentan la subida del Salario  Mínimo Interprofesional y la reforma laboral como una derrota histórica del neoliberalismo, prueba de que la  participación institucional ha merecido la pena. En cambio, las enmiendas no niegan esas conquistas  puntuales, pero las enmarcan en un proceso más amplio que llaman «monocultivo institucional», consistente  en la práctica reducción de toda la actividad política del Partido a la negociación dentro del gobierno, con la  movilización social relegada a un papel secundario y testimonial. 

La cuestión adicional que plantean las enmiendas críticas es, precisamente, qué precio político se paga por tan  tenues reformas, así como las desmovilizaciones consecuentes y demás repercusiones. 

Un precio que también incluye, en particular, el menoscabo de la identidad política. Las Tesis oficiales  apuestan por consolidar el «Frente Amplio» y espacios como Sumar como el terreno natural de intervención.  Las enmiendas advierten que esa apuesta ya ha derivado en lo que describen como una clandestinidad  autoimpuesta, como un PCE que actúa bajo otras siglas electorales hasta volverse invisible como sujeto  político, e incapaz de proyectar una identidad comunista reconocible ante la clase trabajadora que dice  representar. La consecuencia, señalan las enmiendas, es que el Partido ha pasado de condicionar el rumbo del  gobierno de coalición a ejercer, en la práctica, un papel subordinado respecto al PSOE, con la militancia  relegada por direcciones sucesivas y una capacidad de intervención autónoma en los conflictos de clase cada  vez más erosionada. La institucionalización, en suma, no ha sido solo una táctica, ha acabado reconfigurado lo  que es el Partido y para quién actúa. 

ORGANIZACIÓN Y FEMINISMO DECUOTAS.

El mismo patrón —divergencia sobre un terreno de acuerdo aparente— se repite en el documento  organizativo. Ponencia y enmiendas coinciden en el centralismo democrático como principio rector, en la  sectorialización para insertar al Partido en centros de trabajo y barrios, en la autonomía financiera mediante  cuotas, o en la urgencia de feminizar una organización donde las mujeres siguen infrarrepresentadas. Pero,  mientras la Ponencia oficial confía en la paridad obligatoria y el lenguaje inclusivo como palancas suficientes,  las enmiendas advierten de que esas medidas pueden quedarse en lo testimonial si no se ataca la raíz material  del problema, que no es otro que la división sexual del trabajo militante, donde los hombres siguen  monopolizando la teoría y la dirección mientras las mujeres asumen de forma desproporcionada la logística y  los cuidados que sostienen la actividad cotidiana del Partido. No es una crítica menor, es la constatación de  como una organización puede cumplir sus cuotas estatutarias y, al mismo tiempo, reproducir intacta la  jerarquía de género en la distribución real del trabajo político. 

Hay otros dos terrenos donde las enmiendas son especialmente incisivas y que las Tesis oficiales prefieren no  tocar con la misma carga autocrítica. El primero es la política de juventud, que las enmiendas consideran  «anómala» e «intervencionista» refiriéndose a la actuación de la dirección del Partido frente a la Unión de  Juventudes Comunistas de España. Un conflicto que el documento oficial elude analizar en profundidad, como  si bastara con enunciarlo para resolverlo. El segundo punto de discrepancia es la gestión patrimonial. Las Tesis  oficiales insisten en la venta o el alquiler de sedes y en la creación de un «entorno económico propio» — barras, comidas, actividad comercial asociada a los locales del Partido— como vía para sostener las finanzas de  la organización. Pero, leído críticamente, ese giro puede entenderse como una táctica de supervivencia  comercial frente a la escasa militancia cotizante (no llega a los 8000 actualmente), más que como una apuesta  prioritaria por reconstruir la independencia política y financiera del Partido. 

En suma, las enmiendas señalan que la dirección actual es liquidacionista y está operando escindida de la  realidad territorial que dice representar, lo que ha derivado en lo que llaman una «dirección por ausencia», así  como una gestión administrativa que asfixia el debate político real en lugar de organizarlo. Frente a esa  estructura rígida de tres espacios —Comité, Secretariado, Área— replicada mecánicamente en todos los  niveles, las enmiendas reclaman recuperar la cultura del debate honesto y participado, evitando limitar el XXII  Congreso a la mera ratificación de lo ya decidido. 

¿QUÉ HCER?

El debate del XXII Congreso del PCE no es un asunto interno que solo incumba a la militancia comunista.  Cualquier persona que milite, simpatice o simplemente observe con interés la posibilidad de una izquierda que  no se resigne a administrar el capitalismo tiene algo que decir aquí, porque el resultado de este Congreso  afecta al mapa entero de la izquierda transformadora del Estado español de cara al ciclo electoral de 2027.  Por ello, en primer lugar, hay que superar la habitual caricatura de que se enfrentan unos dirigentes «buenos  contra otros malos», que simplifica y desactiva lo que está realmente en juego. También habría que  exigir,  desde fuera y desde dentro, que la discusión sobre feminismo no se resuelva con cuotas, sin tocar quién hace  el trabajo invisible que sostiene cualquier organización política. Finalmente, nunca ignorar que ningún partido  comunista puede medir su éxito solo por lo que se logra negociar en un consejo de ministros y en las  instituciones. La fuerza real hay que medirla en los centros de trabajo, en los barrios, en los sindicatos  combativos, en las plataformas de vivienda, en la capacidad de organizar el conflicto y no solo de gestionarlo  desde arriba. 

REFERENCIAS.

https://mundoobrero.es/2026/07/16/hacia-el-xxii-congreso-del-pce/

https://redsintesis.info/xxii-congreso-escaparate-pce/

https://elcomun.es/2026/05/02/hacia-un-xxii-congreso-de-escaparate-en-el-pce/

https://redsintesis.info/xxii-congreso-pce-interrogantes/

https://hojasdebate.es/organizaciones/el-pce-ante-su-xxii-congreso-un-debate-que-no-puede-quedarse-en-casa/

https://mundoobrero.es/2026/07/19/el-pce-celebrara-su-xxii-congreso-los-dias-12-y-13-de-diciembre-bajo-el-lema-ganar-el-futuro-en-comun/