sábado, 1 de agosto de 2026

El XXII Congreso del PCE y sus dos proyectos políticos

La clave de una política alternativa en el XXII congreso, está en entender la gravedad de la actual situación política y social que vivimos una vez superado el contexto del régimen del 78, de crisis global y final del capitalismo imperialista de mercado monopolizado por los EE.UU, con la ruptura del pacto social del estado de bienestar en el conjunto del occidente político a partir del 2008 y en España definitivamente el 2011, por el gobierno de Zapatero bajo la presión del imperialismo financiero e industrial español. Creando el imperialismo en su decadencia en el conjunto del planeta un estado de caos y guerras, con el fin de impedir la pérdida de la hegemonía por la competencia económica, militar, científica y técnica del Sur Global y la China socialista en particular. El régimen del 78 dejó de existir en el momento que la oligarquía española rompe el pacto social del 78 con la socialdemocracia política y sindical, implementando un draconiano plan de acumulación de capital con el extractivismo social de todas las necesidades de la clase trabajadora situadas en lo público del estado de bienestar, como la sanidad, educación, pensiones o dependencias sacándolas a las leyes del libre mercado privado para el que pueda pagárselas.

Estrategia imperialista que en Europa provocó la desaparición de la socialdemocracia, proyectando alternativas neoliberales de derechas donde confluyó el abanico político de opciones conservadoras, socialdemócratas, centristas, liberales y verdes, con la excepción entre otros pocos del PSOE español, que bajo la dirección de Pedro Sánchez optó por aliarse con la izquierda reformista nacida de las movilizaciones contra los recortes gobernando hasta ahora, pero con sus propuestas de una futura sociedad distópica y de gobierno global unipolar, logró la división social y la penetración de fuerzas fascistas con apoyo internacional de sectores de la oligarquía imperialista yanqui, teniendo como alternativas el gobierno bajo sus normas en el grueso del planeta. Estrategia que en lo principal la está parando Rusia, Irán junto con la resistencia palestina, libanesa, yemení, iraquíes o el frente del Sahel y todos con el apoyo de China y los países socialistas.

Cualquier propuesta alternativa de poder y gobierno del pueblo debe partir de esta premisa fundamental de guerra total nuclear, uniendo todo lo unible para ganar en cada país a las fuerzas de derechas y fascistas que la representan y la actual situación en el norte de África, con la invasión de jóvenes organizada por EE.UU, Israel y el sátrapa marroquí, en conocimiento y coordinación con la Comisión Europea, la derecha y el fascismo español del PP-VOX con la pretensión de hundir al gobierno progresista, obliga a un profundo replanteo de la estrategia fundiéndose con el pueblo trabajador para su concienciación y politización y de unidad de acción social e institucional con todas las fuerzas democráticas, que permita el mantenimiento de un gobierno progresista que neutralice y elimine el movimiento internacional del imperialismo sionazi y fascista de los EE.UU y sus aliados occidentales de guerra total. La dificultad de un partido dividido, solo se puede resolver con la actitud disciplinada de los leninistas optando por compartir partido, sin convertir las contradicciones en antagónicas, fundiéndose con la clase obrera y mediante el trabajo de masas defendiendo sus derechos y parando al fascismo con la confluencia democrática, ganar la mayoría social y en el partido. Nota de Alonso gallardo  


Juanjo Llorente         24 de julio de 2026









Introducción al marco político en que se sitúa el XXII Congreso del Partido Comunista de España de diciembre  del 2026.

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Un artículo titulado “Hacia el XXII Congreso del PCE«, que publicó la revista oficialista Mundo Obrero con fecha 16 de julio de 2026, anuncia formalmente la convocatoria de este Congreso para el 12 y 13 de diciembre y  subraya la intención de abrir un debate amplio. Un debate, sin embargo, añadimos nosotros, que participativo  o no lo que sí tendrá que ser es súper-sintético, considerando que la duración asignada a este evento de dos  únicos días obligará a que los 500 delegados y delegadas congresuales tengan que debatir y decidir con sus  votos los redactados de un amplió rosario de documentos, entre los que se incluyen los cientos de páginas  correspondientes al informe de gestión de la ejecutiva saliente, las tesis políticas y sus enmiendas alternativas,  ídem del documento organizativo y de los estatutos, entre otros. 

Un debate congresual que igualmente promete intensidad y resultados complicados, ya que las Tesis oficiales  de política y de organización y las enmiendas a la totalidad presentadas por los críticos (de “Hay Partido»)  divergen sustantivamente, tal como muestran los apoyos obtenidos por unas y otras en el Comité Central, de  56 y 44% respectivamente. Una polarización que gira, básicamente, entre si el PCE está (debe seguir) para  administrar el capitalismo en crisis o para organizar la ruptura contra él y que, en realidad, refleja la misma  disyuntiva que atraviesa a toda la izquierda transformadora del Estado español, actualmente confrontada a la  cuestión de qué hacer cuando el gobierno de coalición, presentado en 2019 como una herramienta táctica  para arrancar conquistas, se convierte en el único horizonte estratégico. 

La documentación del XXII Congreso —las Ponencias oficiales de un lado, las Enmiendas a la Totalidad del  otro— plantean, por tanto, una disyuntiva. En esencia, si el PCE debe ser un instrumento de la clase  trabajadora para la ruptura con el régimen del 78, o bien un gestor eficiente, pero subordinado a los  reformistas, de este régimen heredado del franquismo y tributario de la oligarquía estructurada a su  amparo. 

UN SOLO PARTIDO Y DOS PRYECTOS

El domingo 19 de julio, el Comité Central del PCE aprobó las Tesis y Enmiendas congresuales abriendo  formalmente el debate interno. Un debate en el que ambas orientaciones coinciden, al menos, en el  diagnóstico de fondo. Que vivimos una crisis sistémica del capitalismo que se expresa en un ascenso  reaccionario a escala global, capaz de erosionar derechos democráticos conquistados durante décadas.  

Ambas, también, sitúan la contradicción capital-trabajo —y, cada vez más, capital-vida, es decir, la destrucción  de las condiciones materiales de reproducción social y ecológica— como el eje del análisis marxista de la  coyuntura. E igualmente defienden la tercera república como horizonte estratégico frente al agotamiento del  régimen constitucional de 1978. Incluso reconocen al feminismo como un eje articulador imprescindible en la  lucha contra el patriarcado y no como un añadido cosmético al programa político. 

Este acuerdo de fondo es importante porque descarta la existencia de una disputa interna entre «ortodoxos» y  «renovadores», pero también sirve para resaltar que la diferencia es más de proyecto político, como veremos  ahora. Pues oficialistas y críticos defienden dos lecturas distintas sobre qué significa y cómo responder  concretamente, en la práctica cotidiana de una organización comunista, a las crisis actuales en todos los  ámbitos. 

EL ESPEJISMO DE LA UTILIDAD INSTITUCIONAL.

La fractura surge en el balance del gobierno de coalición. Las Tesis oficiales presentan la subida del Salario  Mínimo Interprofesional y la reforma laboral como una derrota histórica del neoliberalismo, prueba de que la  participación institucional ha merecido la pena. En cambio, las enmiendas no niegan esas conquistas  puntuales, pero las enmarcan en un proceso más amplio que llaman «monocultivo institucional», consistente  en la práctica reducción de toda la actividad política del Partido a la negociación dentro del gobierno, con la  movilización social relegada a un papel secundario y testimonial. 

La cuestión adicional que plantean las enmiendas críticas es, precisamente, qué precio político se paga por tan  tenues reformas, así como las desmovilizaciones consecuentes y demás repercusiones. 

Un precio que también incluye, en particular, el menoscabo de la identidad política. Las Tesis oficiales  apuestan por consolidar el «Frente Amplio» y espacios como Sumar como el terreno natural de intervención.  Las enmiendas advierten que esa apuesta ya ha derivado en lo que describen como una clandestinidad  autoimpuesta, como un PCE que actúa bajo otras siglas electorales hasta volverse invisible como sujeto  político, e incapaz de proyectar una identidad comunista reconocible ante la clase trabajadora que dice  representar. La consecuencia, señalan las enmiendas, es que el Partido ha pasado de condicionar el rumbo del  gobierno de coalición a ejercer, en la práctica, un papel subordinado respecto al PSOE, con la militancia  relegada por direcciones sucesivas y una capacidad de intervención autónoma en los conflictos de clase cada  vez más erosionada. La institucionalización, en suma, no ha sido solo una táctica, ha acabado reconfigurado lo  que es el Partido y para quién actúa. 

ORGANIZACIÓN Y FEMINISMO DECUOTAS.

El mismo patrón —divergencia sobre un terreno de acuerdo aparente— se repite en el documento  organizativo. Ponencia y enmiendas coinciden en el centralismo democrático como principio rector, en la  sectorialización para insertar al Partido en centros de trabajo y barrios, en la autonomía financiera mediante  cuotas, o en la urgencia de feminizar una organización donde las mujeres siguen infrarrepresentadas. Pero,  mientras la Ponencia oficial confía en la paridad obligatoria y el lenguaje inclusivo como palancas suficientes,  las enmiendas advierten de que esas medidas pueden quedarse en lo testimonial si no se ataca la raíz material  del problema, que no es otro que la división sexual del trabajo militante, donde los hombres siguen  monopolizando la teoría y la dirección mientras las mujeres asumen de forma desproporcionada la logística y  los cuidados que sostienen la actividad cotidiana del Partido. No es una crítica menor, es la constatación de  como una organización puede cumplir sus cuotas estatutarias y, al mismo tiempo, reproducir intacta la  jerarquía de género en la distribución real del trabajo político. 

Hay otros dos terrenos donde las enmiendas son especialmente incisivas y que las Tesis oficiales prefieren no  tocar con la misma carga autocrítica. El primero es la política de juventud, que las enmiendas consideran  «anómala» e «intervencionista» refiriéndose a la actuación de la dirección del Partido frente a la Unión de  Juventudes Comunistas de España. Un conflicto que el documento oficial elude analizar en profundidad, como  si bastara con enunciarlo para resolverlo. El segundo punto de discrepancia es la gestión patrimonial. Las Tesis  oficiales insisten en la venta o el alquiler de sedes y en la creación de un «entorno económico propio» — barras, comidas, actividad comercial asociada a los locales del Partido— como vía para sostener las finanzas de  la organización. Pero, leído críticamente, ese giro puede entenderse como una táctica de supervivencia  comercial frente a la escasa militancia cotizante (no llega a los 8000 actualmente), más que como una apuesta  prioritaria por reconstruir la independencia política y financiera del Partido. 

En suma, las enmiendas señalan que la dirección actual es liquidacionista y está operando escindida de la  realidad territorial que dice representar, lo que ha derivado en lo que llaman una «dirección por ausencia», así  como una gestión administrativa que asfixia el debate político real en lugar de organizarlo. Frente a esa  estructura rígida de tres espacios —Comité, Secretariado, Área— replicada mecánicamente en todos los  niveles, las enmiendas reclaman recuperar la cultura del debate honesto y participado, evitando limitar el XXII  Congreso a la mera ratificación de lo ya decidido. 

¿QUÉ HCER?

El debate del XXII Congreso del PCE no es un asunto interno que solo incumba a la militancia comunista.  Cualquier persona que milite, simpatice o simplemente observe con interés la posibilidad de una izquierda que  no se resigne a administrar el capitalismo tiene algo que decir aquí, porque el resultado de este Congreso  afecta al mapa entero de la izquierda transformadora del Estado español de cara al ciclo electoral de 2027.  Por ello, en primer lugar, hay que superar la habitual caricatura de que se enfrentan unos dirigentes «buenos  contra otros malos», que simplifica y desactiva lo que está realmente en juego. También habría que  exigir,  desde fuera y desde dentro, que la discusión sobre feminismo no se resuelva con cuotas, sin tocar quién hace  el trabajo invisible que sostiene cualquier organización política. Finalmente, nunca ignorar que ningún partido  comunista puede medir su éxito solo por lo que se logra negociar en un consejo de ministros y en las  instituciones. La fuerza real hay que medirla en los centros de trabajo, en los barrios, en los sindicatos  combativos, en las plataformas de vivienda, en la capacidad de organizar el conflicto y no solo de gestionarlo  desde arriba. 

REFERENCIAS.

https://mundoobrero.es/2026/07/16/hacia-el-xxii-congreso-del-pce/

https://redsintesis.info/xxii-congreso-escaparate-pce/

https://elcomun.es/2026/05/02/hacia-un-xxii-congreso-de-escaparate-en-el-pce/

https://redsintesis.info/xxii-congreso-pce-interrogantes/

https://hojasdebate.es/organizaciones/el-pce-ante-su-xxii-congreso-un-debate-que-no-puede-quedarse-en-casa/

https://mundoobrero.es/2026/07/19/el-pce-celebrara-su-xxii-congreso-los-dias-12-y-13-de-diciembre-bajo-el-lema-ganar-el-futuro-en-comun/