martes, 4 de agosto de 2026

La Atención Primaria se convierte en el cuello de botella de la sanidad pública


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La Atención Primaria pública sufre una degradación creciente. Conseguir una cita con el médico de familia se ha convertido para miles de ciudadanos en un proceso cada vez más lento, una realidad que evidencia el deterioro progresivo del primer nivel asistencial y la incapacidad del sistema sanitario público para responder con agilidad a las necesidades de la población.

Los últimos indicadores sobre el funcionamiento de la sanidad pública reflejan un incremento de los tiempos de espera. En la actualidad, más de siete de cada diez pacientes (71,8 %) afirman que tuvieron que esperar más de un día para ser atendidos porque no existían citas disponibles, y entre quienes sufrieron esa demora el tiempo medio de espera ronda los 8,8 días. Además, casi una cuarta parte de los usuarios tuvo que aguardar once días o más para ver a su médico de familia. Es decir, la demora para acceder a una consulta médica sigue creciendo, consolidando una tendencia que profesionales y asociaciones de pacientes consideran consecuencia de un problema estructural, no de una situación coyuntural.

El retraso tiene efectos que van mucho más allá de la incomodidad. Una consulta aplazada puede retrasar diagnósticos, cronificar patologías o desplazar la presión asistencial hacia los servicios de urgencias y la atención hospitalaria. Paradójicamente, el nivel asistencial diseñado para prevenir complicaciones y ordenar el acceso al sistema pierde capacidad precisamente cuando más se necesita.

Diversos colectivos sanitarios llevan años alertando de que la falta de inversión sostenida, las dificultades para cubrir plazas de Medicina Familiar y las condiciones laborales poco atractivas están debilitando la red de centros de salud. A ello se suma una población cada vez más envejecida, con mayor carga de enfermedades crónicas y un aumento de la demanda relacionada con la salud mental, factores que han incrementado la presión sobre unos recursos que no han crecido al ritmo necesario.

Pese a este escenario, la valoración que los pacientes hacen de los profesionales sanitarios continúa siendo elevada. La confianza en médicos y personal de enfermería permanece estable, lo que pone de manifiesto que el principal problema no reside en la calidad de la atención, sino en las dificultades para acceder a ella en un plazo razonable.

El deterioro de la Atención Primaria profundiza en el debate de fondo sobre el futuro del modelo sanitario. Cuando los tiempos de espera aumentan de forma persistente, quienes pueden permitírselo recurren con mayor frecuencia a seguros o consultas privadas, mientras que el resto depende de un sistema público cada vez más tensionado, consolidando una sanidad a dos velocidades, donde la rapidez en la atención dependa, en buena medida, de la capacidad económica de cada paciente. Este es el nudo gordiano del problema.

La situación exige algo más que medidas temporales para aliviar las listas de espera. Expertos y organizaciones sanitarias coinciden en que reforzar la Atención Primaria pública mediante una mayor financiación, plantillas estables y una reorganización de los recursos resulta imprescindible para recuperar su papel como eje del Sistema Nacional de Salud. De lo contrario, el atasco actual amenaza con convertirse en una característica permanente del modelo asistencial español, profundizando en la creciente subsidiaridad del sistema público respecto al negocio privado.