martes, 14 de julio de 2026

Si no partes de un plan ajustado a la realidad política y económica nunca la transformarás


Alonso Gallardo militante comunista … julio de 2026

Hay determinados debates en los medios alternativos de izquierda que llevan a otros debates, en especial, cuando consideran que con el miedo y el cada vez peor de la clase obrera se movilizará, poniendo por delante la subjetividad de las masas de la objetividad de los medios materiales de organización y conciencia de clase, haciendo loa al espontaneísmo del cual si no hay una mínima organización detrás que sitúe propuestas y racionalidad en la movilización, el resultado será la muerte lenta de la movilización y cierto aprovechamiento de la desazón social por el oportunismo socialdemócrata, la derecha y el fascismo y esto sucede, cuando esquematizamos el análisis de la realidad concreta de forma empírica obviando el contexto político, económico y social que la hizo posible en su proceso histórico, única forma con la que se puede dar una explicación de la verdad desde el por qué de los hechos que además es lo revolucionario.

Como marxistas, cada cosa que decimos tenemos que analizarla previamente desde cada cuestión que la condiciona y determina, especialmente en España, que desde finales de los años setenta lleva la clase trabajadora perdiendo la lucha de clases, motivado por el abandonó de las políticas que afectan a las masas obreras desde los sindicatos y el movimiento vecinal, por las políticas de pactos institucionales con el gobierno y la patronal como estrategia. Como la situación actual no es nueva y continuamos haciendo y diciendo lo mismo con los mismos resultados, habrá que entrar en la cuestión concreta para poner las cosas en su sitio, pero primero recordar que en la lucha de clases confrontan dos sujetos antagónicos principales: por un lado la gran burguesía representada por la oligarquía financiera industrial dominante y por el otro, la clase trabajadora por los comunistas y revolucionarios y cuando somos incapaces de responder a las políticas de la oligarquía, los errores habrá que buscarlos en nuestra línea política, programa, alianzas y táctica, ya que es a través de ellos como llegan los fracasos. Lo contrario, echar la culpa a los de afuera, lo que hace es evitar la rectificación de errores y no reconocer que somos parte responsable de que la clase trabajadora lleve más de cincuenta años perdiendo la lucha de clases.

Muchos comunistas y revolucionarios hacen de la crítica al gobierno, a la socialdemocracia y al reformismo de izquierda junto a los sindicatos mayoritarios un principio, quedando excluido del campo revolucionario aquel que no los sitúe parte del enemigo principal de forma mecanicista como en los años treinta del siglo pasado. (en la foto Yolanda Díaz con los secretarios generales de CC.OO y UGT de Asturias) Por eso, cuando el gobierno progresista y los reformistas de izquierda dicen que existe una ofensiva de la derecha y el fascismo para derribar al gobierno, que un gobierno del PP-VOX supondría un retroceso en derechos laborales, sociales y democráticos más el apoyo y participación en las guerras del imperialismo estadounidense, es tan obvio y cierto como que la burguesía y su élite oligárquica, no es que simpaticen más con la derecha y el fascismo sino que son quienes lo eligen y financian, al contrario que al progresismo que combaten a muerte como demuestran los ataques de la judicatura y policía en manos de la oligarquía al gobierno progresista, a la socialdemocracia y al reformismo de izquierda. Debemos ver que si la oligarquía los combate, es porque son los únicos que a través de pequeñas reformas confrontan a su manera no a la nuestra, la política de acumulación y guerras del imperialismo yanqui de la cual, la oligarquía española es dependiente en lo político y económico. Combaten a la militancia socialista que apoya a Pedro Sánchez y a los reformistas de izquierda que luchan por democratizar el capitalismo, nunca contra los neoliberales del entorno de Felipe González y sus lacayos de las multinacionales financieras y empresariales imperialistas; también a los comunistas y revolucionarios que consiguen encaramarse en la cresta de las movilizaciones espontaneas de las masas.

La crítica al gobierno progresista y a quienes lo forman en sus limitaciones es correcta en todas las facetas que afectan socialmente; como la carestía de la vivienda, la deficiencia del ingreso mínimo vital, tener que acudir a organizaciones benéficas controladas por sectas de católicos y protestantes principales apoyos de la derecha y el fascismo para llenar la nevera; cuando tener un empleo ya no garantiza tener una vida digna o por el apoyo a algunas guerras como la del nazismo ucraniano, para concienciar mediante la crítica constructiva a los cuadros, militancia, afiliación y votantes que los apoyan, pero nunca situándolos en el campo de la derecha y el fascismo. Pero la crítica sería más correcta, si detrás estuviéramos los comunistas y revolucionarios presionando con la movilización obrera en la negociación colectiva, ante los despidos mayoritariamente improcedentes, listas negras o en los barrios y pueblos contra la carestía de la vida, de la vivienda, del abandono planificado de los servicios públicos en sanidad, enseñanza o dependencia para su privatización. (F) Pero no, lo que se hace es quedarse en la crítica al gobierno, fuerzas progresistas y sindicatos de clase, porque no hacen políticas revolucionarias transformadoras ignorando que ellos solo están por reformas, favoreciendo así a la desmotivación, desmoralización y desmovilización de la izquierda y la clase trabajadora más consciente. Esa línea política de masas que nunca la hacemos en el seno de la clase trabajadora es la única que puede dar sentido a nuestra existencia: la concienciación, movilización y organización política de la clase obrera donde trabaja, vive y estudia para convertirnos mañana en la fuerza alternativa dirigente para su emancipación bajo el socialismo.

Por ejemplo, analizamos con pasión las condiciones de vida de la clase obrera cuando la vivienda es un lujo, trabajadores con doble jornada y siguen siendo pobres, viviendo en ansiedad permanente por el miedo a perder el empleo si exigen derechos; pero nada de esto es nuevo, porque la patronal oligarca pactó la transición con el PCE y el PSOE que nos representaban en los años setenta y desde entonces, nos ganan por goleada en la lucha de clases y de nuevo en los años ochenta, más recortes de libertades, derechos laborales y reconversiones bajo el mandato del PSOE con Felipe González, con la reforma laboral del 1984 de desregulación y precarización de la vida laboral y social; reforma que fue revocada en lo fundamental por el actual gobierno progresista. Y el problema del fascismo surge a partir del 2008 con la explosión de la burbuja de las hipotecas subprime en EE.UU, que la exportó al resto del planeta obligando al grueso del occidente y países del sur bajo su influencia, a recortar los estados de bienestar garantizados por los servicios públicos y pensiones, para levantar las entidades financieras y banca privada de la crisis global que vive por colapso del capitalismo de mercado monopolizado. Pero conscientes que en un mercado único global, la crisis de su sistema de imperialismo monopolista no tiene salida ante la competencia del Sur Global y China en particular, desatan a nivel planetario un movimiento de caos y guerras para impedir la pérdida de la hegemonía ante China y otras potencias emergentes, produciendo la rupturas de pactos como el de España de la transición del 2011 a cambio del estado social de bienestar europeo, provocando una movilización que acaba con las estructuras partidarias nacidas del fin de la segunda guerra mundial, unificando al neoliberalismo oculto bajo un manto de siglas de derechas, liberales, centristas, socialdemócratas y verdes. Confluencia que en España fracasó, por la alianza del sector progresista del PSOE de Pedro Sánchez con el reformismo de izquierda surgido de la movilización contra los recortes de derechos, libertades y la corrupción, formando un gobierno en minoría parlamentaria que resiste hasta ahora.

Que sentido tiene hacerse preguntas como ¿de qué sirve tener derechos laborales si el trabajador tiene miedo de utilizarlos al no existir mecanismos para garantizarlos?. La pregunta cae por si sola porque no tiene sentido preguntárselo al gobierno al existir los mecanismos que los garantizan, pero están legislados de tal manera que solo el interesado puede reclamarlos, pero en ese caso el que se perjudica es él, porque ante una osadía de rebelión al patrón y al sistema le beneficia más el despido aunque fuese más caro que el actual, porque reprime al rebelde que también come. Solo desde la organización de la lucha de clases tendremos la respuesta que debiera estar escrita en el ADN de todo revolucionario, incluso está en la constitución como garantía de derechos fundamentales como la libertad sindical, de huelga o la negociación colectiva. El problema nace cuando los comunistas y revolucionarios abandonaron la lucha sindical económica elevada a la política, en el corazón del poder del capital en los centros de trabajo, donde residimos y estudiamos, por la acción política y la lucha en las superestructuras de poder del sistema político de dictadura limitada del capital. Unos buscando pactos y reformas institucionales para mejorar el sistema y otros, para mantener su pureza ideológica y política sin mezclarse en el debate entre las masas con socialdemócratas, reformistas y burócratas y ambos, priorizando sus identidades partidarias como gestores políticos por encima de la participación directa de la clase trabajadora en la defensa de sus intereses.

Igual con las preguntas sobre la no derogación de la reforma laboral de Rajoy o la Ley Mordaza, donde las respuestas están en un análisis mínimo sobre las contradicciones en el seno del gobierno de coalición, correlación de fuerzas y movilización social en el momento que los temas se deciden: La reforma laboral se inicia con el peso de la izquierda en el gobierno tras la victoria de la reforma de las pensiones, por la confluencia de las movilizaciones de pensionistas y sindicatos y la presencia en el parlamento de un fuerte grupo de izquierda en el gobierno, que pone a la ministra de trabajo al frente del apoyo popular, esto motivo al sector neoliberal del PSOE posiblemente mayoritario en el grupo parlamentario socialista, a provocar un vuelco en la negociación al poner de portavoz a una vicepresidenta liberal del PSOE en sustitución de Yolanda Díaz, dando un giro en las prioridades al entender que tumbar la reforma laboral de Rajoy era un éxito excesivo para Yolanda Díaz que la proyectaba políticamente. Pero en cambio, con el apoyo de las direcciones de los sindicatos CC.OO y UGT si lograron tumbar la de Felipe González de precarización del trabajo de 1984. Cierto que el despido solo se encareció levemente para los improcedentes que pasaron a ser mayoría, pero si esto y la Ley Mordaza siguen sin aprobarse en el parlamento, es porque la izquierda no tiene la mayoría suficiente para aprobarla necesitándose el voto favorable del nacionalismo de derechas catalán y vasco que no lo apoyan y también, por la inexistencia de una movilización de la clase trabajadora ocupando calles y plazas reivindicando esas derogaciones y otras, que si el capital no las acepta es por considerar que teniendo mayoría y la gente no las reivindica aceptarlas es de tontos.

Los comunistas no nos podemos quedar solo en el análisis de la dura realidad que vive una parte muy importante de la clase trabajadora, como revolucionarios, tenemos la obligación de elaborar una estrategia con un programa, alianzas y una táctica política para transformarla, combatiendo las injusticias y la miseria. Pero esto no nos debe alejar de la otra realidad que vive el grueso de la clase trabajadora donde el empleo ha crecido, los que tienen convenio colectivo y empleados públicos en general mejoraron como los pensionistas, que son junto con el voto de izquierda los que han llevado al poder el gobierno progresista, que en vez hacer más recortes han devuelto derechos y capacidad adquisitiva, que puede parecer escasa, pero un revolucionario solo lo puede mirar desde el punto de vista de que a la clase obrera nadie le regala nada, que lo que tiene es fruto de su lucha y cuando no lucha pierde lo que tiene. Lo correcto es preguntarse ¿que hacemos nosotros por generar esa lucha protagónica de clases para generar conciencia y organización de clase, si estamos como partido fuera de la lucha en los sindicatos y asociaciones presentes donde trabajamos y vivimos?. Cuando por sectarismo y miedo de mancharnos políticamente en el roce con la socialdemocracia y burócratas abandonamos la lucha de clases en el corazón del sistema capitalista, estamos entregando a la clase obrera al posibilismo socialdemócrata y a la burocracia sindical.

Socialdemócratas y reformistas de izquierda se presentan como alternativa de gobierno, pero nunca como alternativa revolucionaria. Esa es una tergiversación bastante generalizada entre comunistas y revolucionarios para ocultar la incapacidad como partidos de presentarse como alternativas, porque independientemente de las justificaciones que se alegan, para estos comunistas y revolucionarios la política con mayúscula también se hace desde las instituciones que es donde se legisla, exactamente como la socialdemocracia y el reformismo teorizan, porque ambos carecen de una línea política de trabajo de masas y ambos dan todo el poder de representación de la clase trabajadora y el pueblo al partido desde el concepto revisionista de la democracia delegada, todo lo contrario de la democracia participativa por la que luchan los comunistas y revolucionarios, de todo el poder a las asambleas en los centros de trabajo, sectores, barrios, pueblos, institutos y universidades, práctica desconocida en la actualidad sindical por los que se van incorporando a la lucha en sindicatos, movimiento vecinal y asociaciones de estudiantes. Pero son los únicos lugares desde donde interactuamos con la clase trabajadora, podemos rendir cuentas y balances, provocar el debate y el combate contra las ideas y propuestas del posibilismo y burócratas y también, único lugar donde con la movilización social y política, modificamos las correlaciones de fuerza sociales, políticas y parlamentarias.