jueves, 16 de julio de 2026

El trabajo de masas


8 de julio de 2026
Buen intento de centralización de la lucha de masas en el seno del movimiento obrero que lucha, pero el problema del PCE está en que no lo considera en lo fundamental parte de la estrategia, sino como un apartado y como una referencia histórica similar al feminismo o al racismo y la cuestión es que no solo afecta al sector mayoritario del PCE sino también, al conjunto del movimiento comunista español dentro y fuera del partido y del occidente político. El trabajo político de masas desde las organizaciones de masas es parte fundamental de la estrategia de un partido revolucionario y fundamental para la elaboración del programa, la política de alianzas y la táctica política para concretarla, mediante una evaluación diaria en el trabajo de masas, rendimiento de cuentas ante la clase obrera y las rectificaciones necesarias para ir mejorando el programa, las alianzas y la táctica de la línea política de masas del partido. Que no es nada que digamos sino lo fundamental. Nota de Alonso Gallardo 
                                                                                            
José María Alfaya y Arturo Borges, militantes del PCE







La organización del Partido y la actividad y la lucha de masas están dialécticamente unidas. Una y otra son, en su paralelo desarrollo, simultáneamente causa y efecto.

En tal sentido, Álvaro Cunhal secretario general, entre 1961 y 1992, del Partido Comunista Portugués, hizo en el libro “Un Partido con paredes de cristal” (pag.106) las precisas consideraciones de que:

La organización es un instrumento fundamental para promover, orientar y desarrollar la actividad y la lucha de masas. Y la actividad y la lucha de masas constituyen el terreno fecundo en que germina, se desarrolla, florece y fructifica la organización del Partido. Sectorialmente, en el proceso de desarrollo partidario, la organización puede preceder o seguir al trabajo de masas. Si la precede, una de sus primeras y esenciales tareas es encontrar las formas de realizar el trabajo de masas. Si aparece en la secuencia del trabajo de masas realizado a través de organizaciones unitarias, es indispensable que prosiga dicho trabajo de manera incesante. El reclutamiento puede ser dirigido (cuando las organizaciones toman la iniciativa de hacer entrevistas proponiendo la afiliación) o espontáneo (cuando son los candidatos quienes procuran afiliarse por iniciativa propia), en las grandes campañas de reclutamiento, los nuevos militantes llegan al Partido en la cresta de la ola de la lucha de masas.”

Sin duda, al referirnos al trabajo de masas debemos empezar por la defensa del sindicalismo de clase o revolucionario frente al de pacto social, de colaboración de clases o burgués

En el Documento Político del XX Congreso, en la página 25 podemos leer: «Desde el PCE nos reafirmamos en que la clase obrera, con los matices y retos señalados, debe ser la principal protagonista del proceso de lucha por una salida social a la crisis, lo que confiere al sindicalismo de clase un papel fundamental en la conformación del bloque social y político». Con mayor claridad y precisión en la página 32 de este texto se indica: «Desde esta óptica, es desde la que cobra importancia plantear, que la implicación de la militancia comunista en la lucha de clases tiene un instrumento fundamental en el sindicalismo de clase, y que por lo tanto nuestra apuesta por un sindicalismo socio político tiene la referencia de nuestra lucha por el socialismo […] En este sentido tenemos que participar en debates sobre el futuro del sindicalismo que están abiertos dentro y fuera de las Centrales Sindicales, y hacerlo en la defensa de la necesidad de un sindicalismo de clase, reivindicativo, socio político, representativo de la pluralidad de clase obrera y capas populares de este momento histórico […]». 

¿Qué es el sindicalismo de clase o revolucionario? 

Una perspectiva de transformación revolucionaria no puede descuidar los cambios que el desarrollo del capitalismo ha venido produciendo, a lo largo de muchas décadas, en la organización de la producción, la composición de la fuerza de trabajo y la estructura social. Tampoco puede dejar de lado ninguna de las variadas contradicciones de la organización social, entre ellas, muy significativamente, las de género. Una cosa, sin embargo, es incorporar de la realidad que queremos transformar y otra muy distinta es relegar a un segundo plano o a una consideración indiferenciada y confusa el carácter crucial de la contradicción capital-trabajo. Ningún marxista puede perder de vista el papel central de la clase obrera en un proyecto consecuentemente anticapitalista y hacia la construcción del socialismo. La atención prioritaria al movimiento obrero y sindical es consustancial a los objetivos de las personas comunistas. 

En este sentido, en el Documento Político encontramos esta afirmación: «La contradicción capital-trabajo sigue siendo la expresión máxima de las limitaciones y la barbarie del sistema capitalista. Afrontar dicha contradicción de manera cohesionada, con política y perfil propios y con voluntad de superar el sistema actual y alcanzar el socialismo, es una de las tareas pendientes que tiene la militancia comunista[…] El papel de las personas comunistas en el movimiento obrero debe atender por un lado a la centralidad de la contradicción capital-trabajo de nuestro proyecto y la convicción de que la clase trabajadora es el sujeto histórico de transformación».

Este conjunto de interesantes referencias lo había plasmado Marx hace un tiempo en su exposición acerca de la contradicción capital-trabajo: no son la inversión y el beneficio lo que mueve la economía capitalista, es el trabajo; la finalidad de la economía es producir bienes y servicios (mercancías para intercambiar) con los que satisfacer las necesidades humanas. Las mercancías son el resultado exclusivo del trabajo, el dinero no es más que un medio de cambio para intercambiar mercancías.

Lo que sobra en una economía racionalmente organizada es la relación de explotación capitalista, siendo la clase trabajadora la única que garantiza la transformación social en la senda hacia el socialismo.

La focalización en determinadas contradicciones sociales, como las de género o las de matriz «étnica», fue parte destacada del programa de gobierno de Zapatero. Al mismo tiempo se plegó a las imposiciones «neoliberales» de los poderes financieros (reforma laboral y de las pensiones, reducción del poder adquisitivo de los salarios), ajustándose a los intereses del capital en la contradicción capital-trabajo. Para este viaje no hacían falta alforjas. Otros podrían volver a transitar ese recorrido si no se sacan las correspondientes enseñanzas sobre esta contradicción principal en la lucha política y social por la democracia real. 

Como ocurre en la actualidad, por ejemplo, con el Gobierno Sánchez, que ha desplegado una intensa actividad política que desvía la atención sobre su incapacidad o falta de voluntad política para derogar, de manera completa, las reformas laborales del PSOE y del PP o la ley mordaza, auténticas puñaladas contra la clase trabajadora ejecutadas por el anterior Gobierno reaccionario a instancias del gran capital. La carencia de una sólida mayoría parlamentaria del Gobierno Sánchez no puede ser excusa para que una fuerte movilización popular y obrera, promovida por la dirigencia de las organizaciones sindicales, sociales y políticas, de manera especial, las entidades sindicales autodenominadas «mayoritarias», pueda desde la más amplia presión social, a través del sindicalismo de clase de otras ocasiones, lograr que el Gobierno y el Parlamento afronten las citadas derogaciones con todas sus consecuencias.

Ganar para esa lucha a las masas trabajadoras (o «empoderarlas», según el vocabulario al uso), conquistar la hegemonía entre ellas, como suele repetirse citando a Gramsci, exige tener muy presente que el camino más seguro para no sumar conciencias y no cambiar correlaciones de fuerzas a favor de la clase trabajadora es el de renunciar a los objetivos y los combates necesarios. 

No caer, por tanto, en la trampa de la diversidad. Compartimentar justas reivindicaciones populares, aislándolas entre sí y perdiendo todo sentido de clase que las unifique en la lucha política por la transformación social, es asumir el discurso de la clase dominante y contribuir a la perpetuación de esta en el aparato del estado. Sustituye la solidaridad de clase por actuaciones que se acercan a la caridad. La militancia en la lucha de clase se convierte en activistas identitarios al margen de esta. Reclamar derechos a la oligarquía, atender a las necesidades más inmediatas de la clase trabajadora y capas populares mediante la reivindicación y la movilización, es del todo insuficiente si estas batallas no se encuadran en la perspectiva de desalojar a los opresores y explotadores del Estado. Como dice el refranero popular: que los árboles no nos impidan ver el bosque. 

Reclamar derechos en este modo de producción que rechazamos para que se incorporen las conquistas, por pequeñas que sean, al ordenamiento jurídico burgués, es algo muy importante. Sobre todo, cuando se asientan en la movilización popular. Pero lo que en verdad resulta transcendente no es asaltar los cielos, sino algo más modesto como que la clase trabajadora y las capas populares ocupen el Boletín Oficial del Estado. La lucha económica es insuficiente. Solo la lucha de clases, de naturaleza política y social, merece este nombre.

Lenin, en el texto «Al Secretario de la Liga para la propaganda socialista» (LENIN, V.I., Tomo 2, p. 75, Obras Completas, 31.10.1915) señala: 

Nos esforzamos por ayudar a la clase obrera a conseguir un mejoramiento efectivo de su situación, por mínimo que sea (en el terreno económico y político), y agregamos siempre que ninguna reforma puede ser durable, verdadera y seria si no es apoyada por los métodos revolucionarios de la lucha de masas. Siempre enseñamos que un partido socialista que no vincule esta lucha por reformas con los métodos revolucionarios del movimiento obrero puede convertirse en una secta, aislarse de las masas, y que eso constituye la más grave amenaza al éxito del verdadero socialismo revolucionario.”

En el documento «Informe sobre el Congreso de Unificación del POSDR» (LENIN, Tomo 13, p. 53, Obras Completas, junio de 1906) Lenin escribe: 

 “El cambio tiraba verdaderamente de espaldas. ¡En la resolución sobre la insurrección no se hablaba de lucha por el poder, sino de lucha por los derechos! ¡Imagínense qué lío se habrían armado las masas con esa fórmula oportunista y qué absurda habría resultado la chocante discordancia entre la magnitud del medio (insurrección) y la modestia del fin (arrancar los derechos, es decir, arrancárselos al viejo poder, lograr concesiones del viejo poder y no derrocarlo)!”

La lucha de clases tiene su lugar central en el espacio de producción, pero no se reduce a él. En su proyección exterior hay terreno para una amplia unidad popular contra el poder del capital. Con fuerte protagonismo de la clase obrera y desde la defensa intransigente de sus intereses. La que trabaja y la que quiere y no puede trabajar o lo hace a tiempo muy reducido, más quienes han dejado el “mercado de trabajo”, término habitual entre los economistas burgueses, por jubilación o invalidez. Pero también con extensos sectores de las capas medias, autónomos, falsos autónomos, profesionales, el mundo de la cultura, etc. 

 Los principios y directrices que informaron la lucha del proletariado por sus intereses de clase en las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado, bajo la dictadura franquista, hicieron posible lo que se denominó entonces con razón el resurgir del movimiento obrero. 

 Hoy es preciso un nuevo resurgir en el movimiento obrero recuperando aquellos principios y adecuándolos a la realidad de hoy en día caracterizada por la incorporación de nuevos instrumentos de trabajo, menor concentración de personas trabajadoras en los centros de producción, retroceso significativo en los derechos laborales, desregulación, deslocalización, etc. 

Sin embargo, debemos salir al paso de una afirmación que no por repetida es menos incorrecta: que el proletariado industrial está disminuyendo. Al contrario, los últimos datos de la OCDE señalan que el proletariado industrial está creciendo en el mundo y, en cualquier caso, ningún marxista puede cometer el error de limitar su caracterización de la clase obrera a ese sector particular del proletariado. Sin perjuicio de su importancia clave en el combate contra el capital, se precisa un gran esfuerzo para elevar la conciencia y determinación de las nuevas capas de asalariados surgidas de los cambios de la propia producción. Estas capas sociales no escapan a la explotación del capital y sufren los embates de las políticas dictadas por los intereses dominantes. 

El Documento Político del XX Congreso (pag. 25) hace referencia a esta cuestión: «Al crecer cuantitativa y cualitativamente como consecuencia del desarrollo de las relaciones de producción capitalistas, la clase trabajadora se ha convertido en las más numerosa y decisiva de la sociedad». 

De lo que se trata es de construir un nuevo movimiento obrero capaz de convertirse, una vez más, en fuerza decisiva para los cambios políticos, sociales y económicos que anhelan no solo la clase asalariada, sino también amplias capas de la sociedad, víctimas de la crisis capitalista, asegurando de este modo la autenticidad de esas transformaciones. [1]

Lenin, en el texto «A propósito de la profesión de foi» (LENIN, Tomo 4, p. 336, Obras Completas, 1899-1900) escribe: 

Para un socialista la lucha económica sirve de base para organizar a los obreros en un partido revolucionario, para cohesionar y desarrollar su lucha de clase contra todo el régimen capitalista. Si tomamos la lucha económica de por sí, no encontraremos en ella nada de socialista, y la experiencia de todos los países europeos nos ofrece numerosísimos ejemplos de sindicatos no sólo socialistas, sino antisocialistas. 

La tarea del político burgués es contribuir a la lucha económica del proletariado; la tarea del socialista es lograr que la lucha económica contribuya al movimiento socialista y a los éxitos del partido obrero revolucionario. La tarea del socialista es contribuir a la fusión indisoluble de la lucha económica y la lucha política en la lucha única de clase de las masas obreras socialistas.”

Notas

Notas
1Para ver un amplio desarrollo sobre principios y directrices de un nuevo movimiento obrero recomendamos consultar el libro “EL XX CONGRESO DEL PCE, ¿UN CONGRESO ESPECIAL?” de Miguel Medina Fernández-Aceytuno, descarga gratuita en PDF en Editorial Bubok (pags.183 a 200).