Publicado el 13 de julio de 2026 / Por
El orden mundial que conocíamos se está desmoronando y el suelo bajo nuestros pies empieza a crujir. Estamos en una etapa de transición violenta donde Estados Unidos lucha por no perder su puesto de mando frente al imparable ascenso de China y la unión de los países del Sur Global. Entre guerras que muestran la doble cara de Occidente, el declive de una Europa sin autonomía y una crisis económica que alimenta a los extremos, el viejo mundo se resiste a morir mientras un nuevo reparto de poder intenta nacer.
Estamos viviendo un momento histórico en el que parece que todo lo que conocíamos se está rompiendo, como si el suelo bajo nuestros pies estuviera echando chispas o crujiendo. No se trata de una crisis pasajera, sino de un cambio total en las reglas que organizan el planeta. Durante mucho tiempo, tras el fin de la Unión Soviética, vivimos en un mundo donde Estados Unidos mandaba solo y ponía todas las normas, pero ese tiempo de mando único se está acabando. Lo que ocurre es que Estados Unidos no acepta perder su posición de jefe absoluto y, para intentar mantenerse arriba, está actuando de forma cada vez más agresiva, usando la fuerza militar, sanciones económicas y amenazas constantes. Esto está volviendo al mundo un lugar mucho más peligroso porque Washington prefiere el conflicto antes que aceptar que ya no es el único que manda.
En el centro de esta pelea está China, que se ha convertido en el gran rival que lo cambia todo. China no solo ha crecido económicamente, sino que está creando su propia red de aliados y de comercio que no depende de las órdenes de Estados Unidos. Para el gobierno estadounidense, esto es una amenaza total, y por eso están intentando frenar a China de cualquier manera: con guerras de impuestos, prohibiendo su tecnología y rodeándola con bases militares para asustarla. Al mismo tiempo, lo que está pasando en lugares como Gaza ha terminado de romper la imagen de «buenos» que querían dar los países occidentales. Existe una hipocresía muy grande cuando EEUU y Europa critican a Rusia por la guerra en Ucrania, pero a la vez apoyan y envían armas a Israel mientras destruye Gaza y mata a miles de personas. El resto del mundo, lo que se conoce como el Sur Global, ha visto este doble juego y ha dejado de confiar en los valores que vende Occidente, dándose cuenta de que las leyes internacionales solo se aplican cuando les conviene a los poderosos.
Esta pérdida de confianza ha empujado a muchos países a unirse en grupos como los BRICS, liderados por China y Rusia junto a Brasil e India. Este grupo es cada vez más fuerte y su gran objetivo es la «desdolarización», es decir, dejar de usar el dólar estadounidense para sus negocios. Durante décadas, el dólar ha sido el arma más poderosa de EEUU porque le permitía controlar el dinero de los demás y castigar a quien quisiera bloqueando sus cuentas bancarias. Ahora, estos países están empezando a usar sus propias monedas para no estar bajo el zapato de Washington. Mientras esto sucede, la Unión Europea parece estar perdida y sin voz propia, pegándose totalmente a los intereses de Estados Unidos aunque eso la perjudique. Al cortar con la energía barata de Rusia y gastar todo su dinero en armas para seguir los planes de Washington, Europa se está empobreciendo y su industria se está hundiendo, convirtiéndose en un actor secundario que solo obedece órdenes de fuera.
A todo esto se suma una crisis social muy profunda dentro de los propios países ricos. El sistema actual hace que los beneficios vayan siempre a los mismos, mientras la mayoría de la gente ve cómo desaparecen las ayudas, los hospitales funcionan peor y los sueldos no llegan para vivir. Este abandono es el que está alimentando a los movimientos de extrema derecha, que aprovechan el miedo y la rabia de la gente para señalar a culpables falsos, como los inmigrantes, en lugar de explicar que el problema es un sistema económico que ya no sirve. En definitiva, estamos en una transición muy violenta donde lo viejo, que es el dominio total de Occidente, se resiste a morir, y lo nuevo, un mundo con el poder repartido entre varios países, no acaba de nacer. Es este choque de fuerzas lo que explica las guerras, el hambre y la inestabilidad que sentimos hoy; el mundo está cambiando de manos y estamos viendo cómo se desmorona el sistema que nos trajo hasta aquí.