martes, 9 de junio de 2026

El mito de los “Supersiberianos" de Moscu


Soldados de la Segunda Guerra Mundial [sin ideologías]
 

Ale Fleit       29 de mayo 2026 o



Diciembre de 1941. Los alemanes están a un paso del Kremlin y ya se ven desfilando en la Plaza Roja. Cinco días después están corriendo para atrás, congelados y sin gasolina. La historia oficial te dice que aparecieron las divisiones siberianas y salvaron el día. Tipos criados a -50°C que cazan osos con la mirada y no usan bufanda porque el frío les pide permiso. Queda hermoso para la película. El problema es que la mitad es propaganda y la otra mitad es geografía aplazada.
Para un general de la Wehrmacht, todo lo que estaba al este de Smolensk ya era Siberia. Incluida Mongolia si te descuidabas. La URSS tenía el Distrito Militar de Siberia con sede en Novosibirsk, correcto. Pero también tenía el Frente del Lejano Oriente en Khabarovsk, el Transbaikal en Chita y el de Asia Central en Tashkent. Cuando Stalin movió reservas en octubre y noviembre, sacó de todos lados. Llamarlas a todas siberianas es como decirle patagónica a una división formada en Jujuy porque queda lejos.
Los números reales no mienten. Para la contraofensiva del 5 de diciembre, Zhukov juntó 1.100.000 hombres. Del este llegaron 18 divisiones de fusileros, 8 brigadas de tanques y 3 de caballería. Más o menos 250.000 soldados. Eso es el 22% del total. ¿Fueron importantes? Fueron la diferencia entre aguantar y contraatacar. ¿Ganaron solas? Ni con cuatro brazos cada una. El otro 78% eran milicianos de Moscú, restos de ejércitos molidos en Vyazma y cadetes de 17 años que salieron de Podolsk directo a morir en una trinchera.
La famosa 32ª División de Fusileros es el ejemplo que te tiran siempre. Peleó en Borodino, el mismo lugar que en 1812. Poético y todo. ¿Siberiana? Tenía su base en Razdolnoye, cerca de Vladivostok, costa del Pacífico. Está más cerca de Sapporo que de Novosibirsk. Se formó en 1922 en el Volga y la mandaron al Lejano Oriente en 1934. Para 1941 tenía veteranos de Jaljin Gol y mucho recluta local. Rusos, ucranianos, tártaros, coreanos. De todo menos una unidad étnica de esquimales.
La 78ª de Beloborodov es la otra que siempre nombran. Esa sí nació en Novosibirsk en 1939, Distrito Militar de Siberia. Llegó a Moscú en noviembre, la pusieron en la carretera de Volokolamsk y peleó tan bien que la ascendieron a 9ª de Guardias. Pero hay un detalle que no te cuentan: para ese momento el 60% de sus reemplazos ya venían de Kazajistán y Uzbekistán. Porque la guerra te come gente y reclutas donde encontrás. La división siberiana terminó hablando más kazajo que ruso en el rancho.
¿Y las otras 16? Ahí el mito hace agua. De las 18 divisiones de fusileros que Stalin trajo del este, solo 3 eran del Distrito de Siberia. Cinco venían del Transbaikal, con cuarteles en Chita y Ulán-Udé. Nueve eran del Lejano Oriente, de Khabarovsk, Blagoveshchensk y Voroshilov. Y una de Asia Central. Si para vos eso es todo Siberia, entonces para vos Marruecos queda en Escandinavia. David Glantz tiene los archivos división por división y no perdonan.
No rindieron por el ADN del frío. Rindieron porque llegaron enteras. Mientras las divisiones del oeste perdieron 417.000 hombres en 18 días en la bolsa de Minsk, estas estaban en Chita haciendo maniobras. Pisaron Moscú con 14.000 hombres por división, con toda su artillería, con radios que funcionaban y con camiones que arrancaban. Las que venían peleando desde junio tenían 3.000 sobrevivientes, un cañón sin mulas y el jefe del batallón era un teniente porque al resto lo mataron. La diferencia no era genética. Era no haber pasado por la picadora.
Muchas venían con una ventaja extra: Jaljin Gol. En 1939 le habían dado una paliza a Japón en Mongolia. Ahí Zhukov probó lo que después aplicó en Moscú: tanques, infantería y artillería trabajando juntos, no cargando separados a morir. Aprendieron que el T-34 no era un mito y que los oficiales japoneses no se rendían fácil. Cuando chocaron con la 4ª Panzer en noviembre, no se asustaron. Ya habían visto guerra moderna de verdad. Las del oeste en junio todavía creían que el tanque alemán se paraba con una botella de vodka.
Sí, tenían valenki, ushanka y chaquetones gruesos. Porque el Ejército Rojo asumió que en Rusia, en diciembre, hace frío. Se llama planificación. Los alemanes invadieron con capote de verano porque el plan decía que Moscú caía en agosto. Hitler prohibió los preparativos de invierno para no desmoralizar a la tropa. Resultado: en noviembre la grasa de las ametralladoras se congelaba, los motores no arrancaban y los caballos se morían de a miles. No es que el ruso fuera inmune. Es que llevó campera y el alemán no. Fin del misterio meteorológico.
El mito lo inventaron los generales alemanes después de la guerra. Guderian, Halder, Manstein. Todos escribieron lo mismo: no nos ganó Zhukov, nos ganó el General Invierno y sus hordas siberianas. Traducción de cuartel: no la cagué yo, la cagó el clima. Es más digno perder contra supersoldados del hielo que admitir que no calculaste la logística, que tus líneas de suministro tenían 1000 kilómetros y que tu Führer creía que la guerra se ganaba con voluntad. La excusa vendió millones de libros y todavía hay gente que la repite.
A los soviéticos el verso les encantó. Quedaba bárbaro decir que el pueblo entero, desde el Báltico al Pacífico, se levantó contra el invasor. Mejor eso que explicar que desarmaron el frente japonés porque un espía les juró que Tokio no atacaba. Agarraron a las 3 divisiones siberianas reales, las multiplicaron por diez en los partes, hicieron películas y sacaron estampillas. Stalin no era tonto. Si el enemigo quiere creer que peleas con mutantes, lo dejas creer. Asusta más.
¿Los alemanes no tenían tropas de frío? Claro que sí. La 6ª de Montaña venía de pelear en Noruega. La 5ª Jäger era bávara. Sabían lo que era la nieve. El tema no era esquiar. Era que llevaban 20 semanas de campaña, sin pausas, con el material gastado y con el combustible justo. Un ejército mecanizado sin gasolina es un museo al aire libre. Y cuando tu caballo se muere de frío, el cañón no se mueve solo. Contra eso no hay gen siberiano que valga. Hay trenes. Y los alemanes no tenían suficientes.
La clave real se llama Richard Sorge. Era un periodista alemán en Tokio que trabajaba para Moscú. En septiembre del 41 le mandó a Stalin el dato que cambió la guerra: Japón va al sur, a por Pearl Harbor y las colonias. Siberia no les interesa. Recién con ese telegrama Stalin vació el Lejano Oriente. Si Japón atacaba, Moscú se quedaba sin esas 18 divisiones. Así que el milagro siberiano dependió menos del frío y más de un tipo borracho sacando fotos de documentos en la embajada alemana. La historia tiene menos épica y más espionaje del que te gustaría.
Entonces, ¿quién salvó Moscú? Lo salvó un frente completo de 1.100.000 personas. De esos, 250.000 venían frescos del este y pusieron la punta de lanza porque tenían tanques, artillería y jefes vivos. Los otros 850.000 eran los que venían sangrando desde junio. Eran las milicias de obreros de Moscú con fusiles de 1891, eran los restos de 3 ejércitos cercados en Vyazma, eran los cadetes de Podolsk que con 17 años frenaron a la 19ª Panzer dos días. Decir que ganaron solo los del este es escupir sobre 180.000 muertos de la contraofensiva que no habían visto Vladivostok ni en mapa.
No existen los supersoldados. Existen ejércitos que llegan enteros contra ejércitos rotos. Existen Estados que guardan reservas y generales que no planean con el deseo. Las llamadas divisiones siberianas no eran una raza aparte. Eran divisiones normales que no las molieron en Minsk, que tenían equipo de invierno porque alguien pensó en diciembre, y que tenían oficiales que ya habían ganado una guerra de verdad contra Japón en 1939. Los alemanes tenían lo contrario: estaban gastados, congelados, sin combustible y con un cabo austríaco diciéndoles que no retrocedan. Por eso perdieron. El frío ayudó, obvio. Pero el frío no toma trincheras. Las toman los hombres. Y esos hombres venían de Khabarovsk, de Chita, de Tashkent y sí, algunos también de Novosibirsk.
Bibliografia:
David Glantz. Cuando chocan los titanes: Cómo el Ejército Rojo detuvo a Hitler. Desperta Ferro Ediciones, 2018
Adam Tooze.El precio de la destrucción: La construcción y la ruina de la economía nazi. Crítica, 2008
G. F. Krivosheev. Soviet Casualties and Combat Losses in the Twentieth Century. Greenhill Books, 1997
Nota: El informe Krivosheev no tiene edición oficial en español. Esta es la edición inglesa estándar que se usa como referencia para estudio de bajas y composición del Ejército Rojo durante lo que se llamó en la Unión Soviética la Gran Guerra Patria.