sábado, 14 de abril de 2018

Lula, los límites del progresismo y la enfermedad infantil del izquierdismo



13/04/2018  BRASILARGENTINA


Solidarizarse con Lula no significa acordar política ni ideológicamente con él. Significa, simplemente, denunciar los planes del poder económico

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El tema Lula no sólo divide aguas en la sociedad del hermano pueblo de Brasil y genera atención y preocupación en todo el mundo: también provoca polémicas en la inefable izquierda argentina. Es que, como ya es costumbre, el delirio y la incoherencia son parte inseparable de la mayoría de los innumerables grupos que la componen.

Brasil es la octava potencia económica por su PBI según el FMI, por encima de países como Francia y Gran Bretaña; de ahí su importancia en el mundo. Tiene, además, la diversidad biológica más grande del planeta y recursos naturales incalculables. Su territorio es enorme y de una riqueza extraordinaria, por lo cual siempre ha sido visto como "presa" para la burguesía imperialista que domina el mundo.

A pesar de semejante abundancia de recursos, la desigualdad es indignante y la pobreza es un flagelo que afecta a grandes sectores de la población. Según estadísticas oficiales, el 25% de los brasileros vive en situación de pobreza. Son unos 52 millones de personas. Eso, a pesar de que, de acuerdo a las estadísticas del Banco Mundial, alrededor de 30 millones de seres humanos salieron de ella entre 2004 y 2014, bajo la batuta Luiz Inazio Da Silva.

El hambre, la miseria y la desigualdad en el mundo moderno son consecuencias del modo de producción y la organización social, política y económica capitalistas. Es decir, la responsabilidad de semejantes iniquidades la tiene la burguesía en todo el orbe y, por supuesto, también en Brasil. La periódica agudización de la lucha de clases hace que a veces la clase dominante ceda en su prepotencia por concentrar la riqueza, pero eso constituye un espejismo dentro del sistema que le proporciona sus privilegios: las burguesías siempre pergeñan tácticas para encauzar el devenir de las cosas según su interés y conveniencia.

Luego de las experiencias "traumáticas" que significaron para ellas las revoluciones obreras y campesinas triunfantes en el siglo 20, el "Estado de Bienestar" fue la salida que encontraron para evitar que toda la clase obrera mundial se hiciera comunista. Derrumbado el "campo socialista", el estado de bienestar ya no tenía sentido y se dedicaron a desarmarlo, pues había cumplido su "misión histórica". Sin embargo, eso afectó y afecta grandemente a los sectores populares asalariados y marginados, lo que llevó a las nuevas dirigencias surgidas de la derrota -impregnadas por concepciones pequeñoburguesas que sólo aspiraban (y aspiran) a acordar con las burguesías formas menos cruentas de explotación del hombre por el hombre-, a disputar la hegemonía en la administración del Estado Burgués. Esta concepción ha tenido muchas veces éxito al ganar los gobiernos en muchos países, pero obviamente no pretende destruir ni el sistema ni el poder de la burguesía como clase dominante y conductora y forjadora de la sociedad mundial.

Sin embargo, los burgueses no toleran ni siquiera eso. No toleran que ningún sector sujeto a su dominación pretenda sentarse a discutir con ellos cómo estructurar la organización de los pueblos y la distribución de la riqueza. Por eso, una vez que los progresistas encaminan la institucionalidad del sistema, los dueños del mundo se disponen para sacárselos de encima.

No entender eso, es no entender el mundo en el que vivimos.

No entender que el caso de Lula es parte de una estrategia global del imperialismo y que por ello hay que denunciar su persecución instrumentada por la institucionalidad brasileña, es no tener idea del desarrollo de la lucha de clases en la actualidad.

No solidarizarse con Lula es ponerse claramente del lado del imperialismo, aunque el líder del PT no juegue a fondo y se entregue.

Solidarizarse con Lula en esta situación, no significa acordar política, estratégica ni ideológicamente con él. Significa, simplemente, denunciar los planes del poder económico globalizado.

Se puede repudiar la persecución al ex presidente brasileño sin apoyar sus ideas, así como se puede repudiar la agresión imperialista contra el gobierno bolivariano de Venezuela sin dejar de ser crítico con sus políticas.

Sin embargo, la izquierda infantil, inmadura e incoherente que tan bien describiera Lenin en "El Izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo", señala con dedo acusador al líder de millones de trabajadores brasileños y termina poniéndose del lado de la estrategia de la burguesía mundial... otra vez.

De la misma manera, esos sectores se oponen a un frente anti Macrista "porque eso significa acordar con el kirchnerismo". No entienden la diferencia entre táctica y estrategia, entre frente de lucha y frente propositivo. Ni hace falta decir que de esa manera, insisten en ser funcionales al interés imperial. Ni siquiera son capaces de ver que la base de apoyo social que tiene uno y otro sector son opuestos e irreconciliablemente contradictorios: mientras el macrismo es parte y representación de las clases dominantes y sus simpatizantes son mayormente sectores de la burguesía y la pequeña burguesía, el kirchnerismo todavía genera esperanzas en amplias franjas de trabajadores, sector que la izquierda quiere disputar.

Pero no sólo eso: la tarea de la hora es derrotar al gobierno, lo cual significaría no únicamente un avance en las condiciones de vida objetivas de los asalariados, sino fundamentalmente de su nivel de consciencia. Pero eso jamás podrá lograrse con la pequeña cofradía de los monjes rojos inmaculados y puros, ni siquiera con el acuerdo de toda la izquierda, sino con la unidad más amplia del campo popular, dispuesta y organizada para concretar ese objetivo.

Dice Lenin: "Sólo se puede vencer a un enemigo más poderoso poniendo en tensión todas las fuerzas y aprovechando obligatoriamente -con el mayor celo, minuciosidad, prudencia y habilidad- la menor «grieta» entre los enemigos, toda contradicción de intereses entre la burguesía de los distintos países y entre los diferentes grupos o categorías de la burguesía en cada país. Hay que aprovechar, asimismo, las menores posibilidades de lograr un aliado de masas, aunque sea temporal, vacilante, inestable, poco seguro y convencional. Quien no haya comprendido esto, no ha comprendido ni una palabra de marxismo ni de socialismo científico, contemporáneo, en general. Quien no haya demostrado en la práctica, durante un período bastante considerable y en situaciones políticas bastante variadas, su habilidad para aplicar esta verdad, no ha aprendido aún a ayudar a la clase revolucionaria en su lucha por liberar de explotadores a toda la humanidad trabajadora. Y lo dicho es aplicable por igual tanto al período anterior a la conquista del poder político por el proletariado como al posterior." (Cap."¿Ningún compromiso?", de "El Izquierdismo, enfermedad infantil del Comunismo"). Lo escribe el Lenin líder de la Rusia Soviética, el de la Revolución triunfante, el poseedor de toda la experiencia revolucionaria, el Lenin de los últimos años.

La izquierda debe ayudar a generar la masa crítica suficiente como para derrotar al gobierno, sin dejar de criticar obstinadamente posturas reformistas, tibiamente progres o socialdemócratas, como las del kirchnerismo, ni las prácticas corruptas, o las políticas de precarización o represivas que llevó a cabo.

Resulta extraño que esta izquierda soberbia, autoproclamada, pedante, incoherente y extraviada -que entre otros delirios pasa sin escalas de defender el programa de La Falda y Huerta Grande al foco guerrillero, o asiste para solidarizarse a los auto-acuartelamientos de las fuerzas represivas que luego la muele a palos-, reniegue, desde un purismo bobo, de los que se solidarizan con Lula y sea, en muchos de sus componentes, la misma que no hace mucho tiempo atrás, durante el conflicto por la 125, no tuviera los mismos pruritos para marchar y cometer la afrenta de llevar las banderas rojas detrás de la Mesa de Enlace, la Sociedad Rural y la oligarquía, es decir, del conservadurismo y la derecha más rancia de este país.

¿Resulta extraño?

Puede ser comprensible la desorientación después de una derrota como la que sufrió el proletariado mundial con la caída del bloque soviético. Puede entenderse el estado permanente de debate para volver a encontrarle la punta al ovillo. Lo que de ninguna manera puede tolerarse después de casi 30 años del derrumbe, es la persistencia en el error, la autoproclamación, el sectarismo, la división permanente; la terca costumbre de pararse en el lado equivocado en la lucha de clases, para terminar siendo funcional al poder burgués que se dice combatir.

La izquierda, así, no sólo es un palo en la rueda para el desarrollo de la consciencia emancipadora de la clase trabajadora, sino el mayor impedimento para hacer realidad el sueño de la revolución que instaure el socialismo.

Así, no va más.

Habrá que parar la pelota, empezar de cero, pensar el futuro, conformar un "congreso de lo unido" y debatir con respeto y fraternidad las vías y la forma para la construcción de la herramienta que libere a la humanidad de todas sus cadenas.

CALPU

Texto completo en: https://www.lahaine.org/lula-los-limites-del-progesismo

viernes, 13 de abril de 2018

Trump, comercio y guerra tecnológica



Michael Roberts

10 Abril 2018

Es este declive de la globalización cuando el crecimiento económico mundial sigue débil y la rentabilidad del capital sigue anémica lo que está detrás de esta nueva guerra comercial

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El Presidente Trump ha pasado de los aranceles al acero (con excepciones para algunos aliados) a la verdadera batalla: bloquear que China gane cuota de mercado en las industrias clave de Estados Unidos: la tecnología, la industria farmacéutica y otros sectores basados en el conocimiento. ¿Podrá China ganar más posiciones a nivel mundial o podrán las políticas de Trump impedirlo?

La primera cosa a tener en cuenta es como están las cosas en este momento. Los economistas de Goldman Sachs, el banco de inversión de Estados Unidos, han analizado los datos. Concluyen que “la posición de Estados Unidos como líder tecnológico global sigue siendo fuerte. La productividad de toda la economía de los EEUU sigue siendo alta en comparación con otras economías avanzadas, y sus cuotas de I + D global, patentes y royalties de propiedad intelectual siguen siendo impresionantes”.  China ha ganado posiciones, pero en los sectores de bienes de valor añadido medio y casi nada en las tecnologías basadas en el conocimiento. Así, mientras que en general, la participación de Estados Unidos en las exportaciones mundiales de bienes de alta tecnología ha disminuido a medida que la cuota de China ha crecido, los déficits del sector comercial de Estados Unidos se han concentrado en bienes de tecnología media-alta en lugar de en las categorías más avanzadas. De hecho, la participación de Estados Unidos en las exportaciones mundiales de servicios intensivos en conocimiento se ha mantenido, lo que contribuye a un aumento del superávit comercial y al aumento del empleo en estos sectores.

Analicemos, por ejemplo, la productividad global, medida como producción por hora trabajada. En esta medición general de la productividad del trabajo, los EEUU siguen por delante, incluso en comparación con otras economías avanzadas de Europa y Japón. La productividad laboral de China es sólo el 20% de la de EEUU, a pesar de que se ha cuadruplicado desde 2000.

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EEUU sigue invirtiendo una parte relativamente grande de su PIB en investigación y desarrollo. Mientras que la participación de EE.UU. en I + D global ha disminuido, en parte debido a un rápido aumento de la participación de China, los EEUU siguen siendo el líder mundial en I + D, y representa casi el 30% del total mundial, aproximadamente 1,5-2 veces la participación de Estados Unidos en el PIB mundial.

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El total de patentes concedidas para nuevas invenciones demuestra que la participación de Estados Unidos se ha mantenido más o menos estable en torno al 20%. La proporción de patentes totales concedidas a China ha aumentado muy rápidamente en la última década a más del 20%, pero la mayoría de las patentes otorgadas a los innovadores chinos lo han sido por su propia oficina de patentes nacionales, con un número mucho menor otorgados en el extranjero. La participación de Estados Unidos en el total mundial de los royalties sobre la propiedad intelectual ha disminuido en cierta medida ya que la de la UE ha crecido, pero sigue siendo muy grande. La participación de China sigue siendo insignificante. Eso significa que el capital estadounidense todavía se queda con la parte del león de los beneficios globales de la tecnología.

La economía del siglo XXI de Estados Unidos se basa cada vez más para su crecimiento en sectores avanzados de conocimiento y tecnología. La proporción en el PIB de Estados Unidos de estos sectores es ahora del 38%, la más alta de cualquier economía importante. Sin embargo, China no se queda atrás, con un 35% de su PIB en estos sectores, sorprendentemente alto para una economía 'en desarrollo'.

Trump centra ahora su ira contra China en su cuota de ventas de bienes de alta tecnología en los mercados mundiales. Mientras que los EEUU son el mayor productor de productos de alta tecnología, su participación en las exportaciones mundiales se ha reducido considerablemente, mientras que la cuota de China ha crecido. Este aumento de la competencia de China ha obligado a los fabricantes de EEUU a reducir su producción de patentes, lo que ha implicado una reducción de ventas, beneficios, y del empleo global.

Pero en el lado de los servicios, los EE.UU. es el mayor productor mundial de servicios intensivos en conocimiento comerciales y en segundo lugar solamente a la UE en las exportaciones. La participación de China sigue siendo bastante pequeña. Si China gana cuota de mercado en esta área, lo que realmente daño a capital de Estados Unidos.

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Porque, a pesar de que EE UU tiene un déficit comercial en industrias de alta tecnología y conocimiento, ese déficit se ha reducido desde la década del 2000. Los EE UU han mantenido su cuota en esta área, incluso después de que China se integrara en la Organización Mundial del Comercio. De hecho, tiene un superávit en servicios intensivos en conocimiento, que ha crecido en la última década. Eso es lo que Trump quiere proteger.

Aunque se han perdido empleos por las tecnologías de sustitución del trabajo (capital-sesgo) y la sustitución de Estados Unidos por China en la industria manufacturera, el porcentaje de empleo de los sectores de alta tecnología y conocimiento ha aumentado a alrededor de un tercio de todos los empleos en Estados Unidos. Trump dice que esta recuperando los viejos sectores industriales donde ganó algunos votos, pero en realidad la batalla por el empleo ya está perdida, por la deslocalización de la industria estadounidense.

La verdadera batalla es ahora por los beneficios y los puestos de trabajo en los sectores basados en el conocimiento en los que Estados Unidos es aún dominante.

Sin embargo, estos sectores están muy concentrados en tan sólo unas pocas empresas que son líderes tecnológicos. Hay amplios sectores de la industria americana, incluyendo empresas tecnológicas, que se beneficia muy poco de esta superioridad de Estados Unidos. Sólo cinco empresas tienen más del 60% de las ventas en biotecnología, la industria farmacéutica, software, Internet y equipos de comunicaciones. Las cinco primeras empresas de cada sector se llevan también la parte del león de los beneficios.

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Lo que esto demuestra es que, contrariamente a la idea de la teoría económica convencional de que el 'libre comercio' internacional beneficia a todos, las ganancias del comercio se concentran en tan sólo algunas empresas líderes que aprovechan su red, sus escalas y su experiencia para ganar una mayor cuota de mercado. La creciente concentración industrial a su vez ha aumentado sus márgenes de beneficios corporativos. Como Goldman Sachs explica: “el comercio mundial está particularmente concentrado, y los exportadores ‘súper estrellas’ representan una parte muy importante de las exportaciones en muchos sectores y países”.

Contradiciendo la teoría ricardiana de las ventajas comparativas, el comercio internacional está en manos de empresas no de países y, como tal, el valor (beneficio) se transfiere a las que tienen ventajas tecnológicas y ganan a costa de las demás. El comercio representa una forma de desarrollo combinado, pero el capitalismo lo distribuye de manera desigual.

Como defendí en una nota anterior, en los últimos 30 años, más o menos, las economías capitalistas mundiales se han acercado al 'libre comercio' con fuertes reducciones de aranceles, cuotas y otras restricciones - y muchos acuerdos comerciales internacionales. Pero tras la Gran Recesión y en la actual Larga Depresión, la globalización ha hecho una pausa o incluso se ha detenido. La 'apertura' del comercio mundial (la proporción del comercio mundial en el PIB mundial) se ha ido reduciendo desde el final de la Gran Recesión.

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Es este declive de la globalización cuando el crecimiento económico mundial sigue débil y la rentabilidad del capital sigue anémica lo que está detrás de esta nueva guerra comercial. Los torpes ataques comerciales de Trump tienen un motivo objetivo: preservar los beneficios y el capital de EE UU en los sectores claves de crecimiento tecnológico de la economía mundial de la fuerza emergente de la industria china. Hasta el momento, los EE UU aún mantienen una fuerte ventaja en sectores de alta tecnología y de propiedad intelectual, mientras que el crecimiento de China ha sido principalmente ampliando su cuota en el mercado de su propio país a costa de las empresas estadounidenses, pero no globalmente. Sin embargo, China está ganando.

 

Michael Roberts, es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

Fuente: https://thenextrecession.wordpress.com/2018/04/04/trump-trade-and-the-tech-war/

Traducción: G. Buster

http://www.sinpermiso.info/textos/trump-comercio-y-guerra-tecnologica