sábado, 4 de abril de 2026

Díaz-Canel ofrece detalles de la naturaleza del diálogo que mantiene Cuba con EE.UU.


Marzo 26/2026

El mandatario reveló que los contactos, facilitados por "operadores internacionales", todavía están en fase preliminar.

Chip Somodevilla / Gettyimages.ru

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, ofreció detalles de la naturaleza de las conversaciones entre su Administración y el Gobierno de EE.UU., así como de las expectativas que, hasta ahora, La Habana se ha planteado con esta iniciativa, que no es inédita en la historia de la Revolución cubana.

«Siempre que han existido relaciones tensas, como las que están a este nivel entre el Gobierno de EE.UU. y Cuba, han aparecido personas, instituciones –algunas gubernamentales y otras no gubernamentales– que han tratado de buscar que se construyan canales para favorecer el diálogo entre ambos gobiernos y superar las diferencias que puedan existir –de antagonismo– entre ambos, sobre todo buscando evitar confrontación y poder solucionarlas, y eso está sucediendo en estos momentos«, sostuvo el mandatario en una entrevista concedida al político y periodista español Pablo Iglesias, cuando le preguntaron por el tema.

El líder cubano advirtió que si se pretende llegar «a un acuerdo», el proceso será «largo», porque «primero hay que construir el canal de diálogo, después hay que construir agendas comunes de intereses para las partes y que las partes demuestren la intención de avanzar y de verdad comprometerse con el programa. Y, a partir de la discusión de esas agendas, llegar a acuerdos que, en verdad, sean beneficiosos para ambas partes» y «concluir con resultados».

«Política consistente»

Díaz-Canel aseguró que, pese a las numerosas tergiversaciones y manipulaciones, los contactos entre las autoridades cubanas y sus contrapartes estadounidenses no son ni por mucho una excepción; antes bien, se inscriben dentro de una «política consistente» desarrollada por la Revolución cubana desde hace más de seis décadas, como lo demuestran los intentos emprendidos entre el Gobierno cubano y las gestiones de John Fitzgerald Kennedy, Jimmy Carter, Ronald Reagan, Bill Clinton y Barack Obama. Estas apuestas, dijo, «se malograron por diferentes circunstancias», pero existieron e incluso dieron algunos frutos puntuales.

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«La Revolución siempre, desde los primeros años, planteó que estaba dispuesta a tener un diálogo con el Gobierno de EE.UU. sobre posiciones de respeto e igualdad, sin presiones y sin condicionamientos, para encontrar soluciones a nuestras diferencias. O sea, esa disposición ha estado a lo largo de toda la Revolución. Por lo tanto, esto que estamos planteando ahora, no contradice para nada la historia de la Revolución», enfatizó.

En su opinión, las negociaciones con Obama, que estuvieron encabezadas por el entonces presidente y dirigente histórico de la Revolución, Raúl Castro, fueron particularmente auspiciosas, pues se tradujeron en acuerdos que lograron «fracturar algunas de sanciones que tenía Cuba en aquel momento».

Así las cosas, llamó a recordar que en esa época, Castro dijo: «Nosotros estamos dispuestos a construir una relación civilizada entre vecinos, independientemente de las diferencias ideológicas» y destacó la viabilidad de esa alternativa, al invocar que la Casa Blanca ha optado por mantener relaciones con países como Rusia y China, a los que no ha dejado de calificar como «adversarios».

«Lo que estamos haciendo no es un primer momento en la historia: responde a una posición histórica de Cuba. Nosotros no somos guerreristas, nosotros no ofendemos, nosotros no vamos a hacer nada en contra de EE.UU., nosotros no bloqueamos EE.UU. El bloqueo es unilateral, es una decisión unilateral del Gobierno de EE.UU.», redondeó.

Bajo el liderazgo de Raúl

Díaz-Canel aprovechó la ocasión para desmentir la existencia de «divisiones en la dirección de la Revolución», como se ha especulado desde el extranjero. En su lugar, reiteró que Raúl Castro ostenta un liderazgo indiscutible en Cuba, dada su condición de figura histórica de la Revolución.

En la misma línea aseveró que Castro, sin dejar de reconocer que ahora mismo la situación es «compleja», ha orientado, en conjunto con otras instancias colegiadas de la nación antillana, la ruta hacia el diálogo iniciada con EE.UU., en virtud de «su compromiso con el pueblo, con la Revolución y con salvar al país de la agresión» militar directa.

«Bajo esa orientación, bajo esa dirección colegiada y encabezada por él [Raúl Castro] y uno [Díaz-Canel], funcionarios nuestros sostuvieron conversaciones con el Departamento de Estado que van en la dirección de discutir nuestras diferencias para encontrarles solución», apuntó.

¿Qué quiere EE.UU.?

Tras ser interrogado sobre lo que Washington desea obtener en un eventual proceso de negociación con La Habana, el dignatario cubano admitió que «todavía a ese momento no se ha llegado» y que los contactos, facilitados por «operadores internacionales» –cuya identidad declinó revelar, dada la naturaleza «muy sensible» del proceso–, todavía están en una fase muy incipiente.

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En contraste, ofreció una lista de temas que podrían discutirse. Una lista parcial incluye inversiones, participación de EE.UU. en la economía cubana, migración, combate al narcotráfico y al terrorismo, medioambiente, seguridad regional y cooperación científica y educativa.

Asimismo, puntualizó cuáles serían los asuntos que La Habana no está dispuesta a tolerar de ningún modo: «Que nos condicionen de que para conversar hay que adoptar una determinada posición. Que respeten nuestra soberanía, nuestra independencia y nuestro sistema político […]. Esas cosas no están en discusión», enumeró.

Como contrapunto, ratificó que su país defiende que se trabaje «con un criterio de reciprocidad y en apego al derecho internacional«, que se busquen «esas diferencias bilaterales» en las que es posible «encontrar soluciones», que las dos partes demuestren «voluntad para avanzar en ese proceso», que sean «capaces de avanzar en áreas de cooperación que nos permitan enfrentar las amenazas y lograr que haya paz y seguridad para ambas naciones» y para el resto de la región latinoamericana y caribeña.

«Nuestra convicción es no responder a manipulaciones, porque es un proceso serio que con mucha responsabilidad, mucha sensibilidad hay que conducir; porque es un proceso que afecta los vínculos bilaterales. Por lo tanto, tenemos que crear espacios de entendimiento que nos permitan avanzar en soluciones y que nos alejen de la confrontación. Y todo eso hacerlo con ese sentido de respeto  […] a cosas que son elementales, que no entrarían para nadie en una discusión de cuestionamientos al sistema político, de imposición o pérdida de la soberanía y la independencia», concluyó.

Fuente

esrt.website 

Antioccidental

 
EUROPA, EE.UU. :: 25/03/2026

ANDREA ZHOK

Los que alaban a Occidente no comprenden que Occidente no es simplemente secular o ateo, sino fundamentalmente ajeno a cualquier concepto que trascienda los cálculos de coste-beneficio

Quienes hoy defienden los derechos de países atacados de diversas maneras por EEUU (la lista es interminable) son frecuentemente acusados de ser "antioccidentales". Etiquetas como estas, y otras similares (por ejemplo, "rojipardo", "antivacunas", etc.), tienen la gran ventaja de ser lo suficientemente vagas y confusas como para sugerir que quienes las formulan tienen algo en mente, mientras que por lo general son solo rumores.

Técnicamente, creo que hoy en día un habitante del continente europeo que se precie DEBE tener una disposición "antioccidental", siempre que entendamos claramente el término.

Occidente no es un lugar geográfico ni cultural. Es una categoría de valor geopolítico que evita cualquier referencia a una tradición cultural específica. En lugar de tradiciones culturales, posee una tradición geopolítica arraigada en las diversas formas del imperialismo anglosajón (desde el Imperio Británico hasta el Imperio yanqui).

«Occidente» es lo que Europa y la Commonwealth tienen en común durante el período de triunfo capitalista. Y lo que estas regiones del mundo tienen en común es el hecho de que durante los últimos dos siglos han estado dominadas por una política subordinada a la economía y por una economía subordinada a las oligarquías financieras. Su principal resultado geopolítico ha sido el imperialismo talasocrático, es decir, un imperialismo fundado en el dominio marítimo, que consiste en el dominio de las rutas comerciales, un dominio cuyo objetivo no es «expandir una civilización», sino expandir su potencial para explotar lugares remotos, manteniéndose al margen de ellos.

Un grave malentendido, presente tanto entre quienes apoyan a este Occidente como, en cierta medida, entre quienes se oponen a él, es la idea de que ser "antioccidental" significa declararse ajeno a las tradiciones culturales y religiosas de Europa. Esto es un disparate flagrante. Es un disparate, ante todo, porque el PRIMER enemigo de TODA tradición cultural y religiosa, incluidas todas las europeas, es Occidente.

Occidente, como potencia económica de dominación, es profundamente ajeno a cualquier espiritualidad, religión, forma filosófica o artística. Las figuras de poca monta, a menudo con influencia política, que alaban al "Occidente cristiano" no comprenden que Occidente no es simplemente secular o ateo, sino fundamentalmente ajeno a cualquier concepto que trascienda los cálculos de coste-beneficio.

Si un político occidental tiene que explicar a su población que una guerra, una violación del derecho internacional o una masacre son malas, se asegurará de explicar que sufriremos daños económicos, y punto. Un argumento triunfa no explicando que algo despreciable es despreciable, sino explicando que «será contraproducente», «terminaremos perdidos», «nos está costando demasiado», etc. Puede que acabemos de ver los cadáveres destrozados de mujeres y niños, pero esto deja a Occidente completamente frío: se calienta para ver si esto provoca un desplome de la bolsa.

Para entender qué es Occidente hoy --el Occidente real, no el Occidente soñado de la "mujer madre cristiana italiana"-- puede ser útil examinar tres declaraciones recientes de líderes occidentales.

1) Peter Hegseth, Secretario de Defensa de EEUU

EEUU, independientemente de lo que digan las llamadas instituciones internacionales, está lanzando el ataque aéreo más letal y preciso de la historia. Todo sucederá en nuestros términos, bajo nuestros dictados. Nada de reglas de guerra absurdas, ni trampas para construir naciones, ni ejercicios de construcción democrática, ni guerra políticamente correcta. Luchamos para ganar, no pretendemos perder tiempo ni vidas.

2) El canciller alemán Merz

"El derecho internacional ya no se aplica eficazmente a Irán". "Este no es el momento para que Europa dé lecciones a EEUU e Israel sobre la legalidad de sus acciones". "Años de sanciones y condenas contra Teherán no han producido resultados tangibles. La débil posición de Europa solo ha exacerbado el problema".

3) El presidente francés Emmanuel Macron

Llamó al presidente iraní Pezeshkian para pedirle a Irán (el país atacado por Occidente) que "deje de atacar a los países de la región".

Hegseth es la voz franca de EEUU en su esencia más profunda: basta de tanta palabrería sobre normas internacionales, construcción de naciones, la exportación de la democracia, las reglas de la guerra; hacemos lo que hacemos porque queremos y podemos. No hay simetría posible entre nosotros y los demás. Expresamos nuestro poder, y otros deben soportarlo.

Cabe señalar, de paso, que si uno consultara los discursos del famoso pintor de casas austriaco en Alemania, a pesar de su inequívoca creencia en el Mal, nunca encontraría declaraciones que no intentaran, al menos (con rencor) explicar sus propias demandas como "justas". Esto va más allá. Comparado con el presente, incluso Hitler parece políticamente correcto. (Cabe destacar, además, cómo Hegseth aplica el concepto de "políticamente correcto" al trasladarlo de las palabras a las armas de fuego, sin percatarse de la diferencia).

Merz es la voz de esa Europa que se considera fundamentalmente occidental: la voz del doble rasero que se ha convertido en algo natural.

Ni siquiera Merz se da cuenta de lo que dice ni de sus implicaciones. Habla de la inutilidad de haber impuesto sanciones a Irán durante años (¿inutilidad con qué propósito? ¿Para someterlos a nuestras normas?), y argumenta que, dada su inutilidad, es hora de bombardearlos, y que NO SEREMOS NOSOTROS LOS QUE "PREGUNTEMOS".

Es decir, para que quede claro: primero, chantajean a un país durante décadas porque, a su juicio incuestionable, violó sus "normas internacionales". Luego, deciden limpiarse el trasero con esas normas, y ni siquiera "predican" a sus compinches que las violan (y mucho menos imponen sanciones). El descarado doble rasero ni siquiera se nota.

Occidente es ese lugar donde incluso los dobles estándares tienen dobles estándares.

Por último, Macron, que es la voz de una Europa totalmente transformada en Occidente, pero que sigue desempeñando el papel de estar ligado a la tradición europea, de tener algo en el alma más allá del flujo de caja trimestral.

Macron, un modelo de esteatopigia facial, como de costumbre elige olvidar todos los antecedentes y comenzar la historia desde el punto deseado: "Sí, sí, los ataques a su país se lanzan desde los países del Golfo; sí, sí, son bases extraterritoriales de un país que los bombardea sin previo aviso y sin una declaración de guerra, por segunda vez en 9 meses; sí, sí, sus tropas están estacionadas en hoteles para protegerlos de los ataques a las bases, ... bla, bla, bla, a quién le importa ..., ¡PERO VAMOS, DEJEN DE ATACAR A LOS PAÍSES REGIONALES!

Bueno, la moraleja final es muy simple. Hoy en día, un ciudadano europeo, un ciudadano que se considera decente, medianamente humano, o incluso motivado por el amor a su propia tradición cultural, religión o arte, no tiene más remedio que ser, y declararse, antioccidental.

Occidente no es Europa, no es Italia, no es el cristianismo, no es Dante, Cervantes, Bach, no es ninguna de esas cosas.

Occidente es el nombre de un movimiento histórico y geopolítico degenerativo, un movimiento que puede ganar todas las batallas, pero perderá la última guerra.

ariannaeditrice.it


Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/antioccidental

"Apoyo a Irán sin reservas", dice Arundhati Roy


 MEDIO ORIENTE, ASIA :: 23/03/2026

INDIANEXPRESS.COM

'El País' de España utiliza una frase de Arundhati Roy, donde le hace decir algo que no dijo, para justificar su aura 'progresista' y su apoyo incondicional al imperio en la guerra contra Irán

[Traducido por La Haine]

La activista y escritora Arundhati Roy trazó una línea directa desde Gaza hasta Teherán, acusando a EEUU e Israel de "bombardear indiscriminadamente las ciudades" y criticando duramente al régimen de Modi por "humillarse" ante potencias extranjeras y abandonar la dignidad histórica de la India. Condenó el ataque "no provocado e ilegal" de EEUU e Israel contra Irán, y criticó duramente al gobierno indio por su silencio y sumisión en el escenario mundial.

Roy, ganadora del Premio Booker en 1997 por su novela El dios de las pequeñas cosas, ofreció una conferencia el lunes en el Auditorio Kamani de Delhi. Se desvió del programa previsto, una charla sobre su último libro, La madre María viene a mí, para hablar sobre la escalada del conflicto en Asia Occidental.

"¿Cómo podemos terminar el día sin hablar de esas hermosas ciudades --Teherán, Isfahán y Beirut-- que están en llamas?", dijo, antes de lanzar una mordaz crítica a la geopolítica actual y al papel de Nueva Delhi en ella.

"Al borde de una catástrofe nuclear"

Roy estableció una conexión directa entre la guerra contra Irán y el genocidio en curso en Gaza, calificando la última campaña militar como "el mismo viejo genocidio, utilizando el mismo viejo manual, asesinando a mujeres y niños, bombardeando hospitales, bombardeando ciudades indiscriminadamente y luego haciéndose las víctimas".

Edificio destruido tras un ataque aéreo israelí en Dahiyeh, en los suburbios del sur de Beirut, el martes.

Advirtió que, a diferencia de Gaza, el ataque a Irán aumentaba drásticamente el riesgo de una catástrofe global. «El escenario de esta nueva guerra podría extenderse hasta abarcar al mundo entero», afirmó. «Estamos al borde de una calamidad nuclear y un colapso económico».

Roy hizo referencia a los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, sugiriendo que EEUU podría estar preparándose para atacar "una de las civilizaciones más antiguas del mundo".

"Apoyo a Irán sin reservas", declaró.

Palabras duras para la India

Gran parte del discurso de Roy estuvo dirigido al gobierno indio, al que acusó de abandonar su dignidad histórica e independencia en favor de lo que ella denominó una cobarde sumisión a los EEUU.

«Me avergüenza la cobardía y la pusilanimidad de nuestro gobierno», declaró. «Hace mucho tiempo, éramos un país pobre, con gente muy pobre, pero teníamos orgullo y dignidad. Hoy somos un país rico con gente muy pobre y desempleada, alimentada con odio, veneno y mentiras en lugar de alimento real».

Roy criticó al primer ministro Narendra Modi por viajar a Israel y abrazar al genocida Benjamín Netanyahu poco antes de que se intensificaran las operaciones militares israelíes, y por firmar lo que ella calificó de "acuerdo comercial servil" con EEUU, un acuerdo que, según dijo, traicionó a los agricultores indios y a la industria textil.

También habló de la difícil situación de los trabajadores migrantes indios enviados a Israel durante el conflicto de Gaza para reemplazar a los trabajadores palestinos expulsados, citando informes que indicaban que a esos mismos trabajadores indios se les negaba el acceso a los refugios antibombas mientras que los israelíes se refugiaban en ellos.

'El País', genuflexo como siempre

Roy se cuidó de distinguir entre condenar a gobiernos extranjeros y respaldar a algún régimen en particular. «Cualquier régimen que necesite un cambio, incluidos los de EEUU, Israel y el nuestro, debe ser cambiado por el pueblo», dijo.

Esa fue la frase, en la que no menciona a Irán, que El País tramposamente transformó en "Es el pueblo de Irán el que tiene que cambiar el régimen. No EEUU" en el título de la noticia.

Agregó que el cambio no debe venir «por alguna potencia imperial inflada, mentirosa, tramposa, codiciosa, acaparadora de recursos y que lanza bombas, y sus aliados que intentan someter al mundo entero mediante la intimidación».

El discurso, del que informó inicialmente The Wire, rápidamente atrajo mucha atención en internet. Roy no es ajena a la controversia. Activista y ensayista de larga trayectoria, anteriormente se ha manifestado en contra de las armas nucleares, el conflicto en Cachemira y su apoyo a la guerrilla maoísta y la expropiación de tierras por parte de empresas.

Discurso completo de Arundhati Roy

Sé que hoy estamos aquí para hablar de «La Madre María viene a mí». Pero, ¿cómo podríamos terminar el día sin hablar de esas hermosas ciudades --Teherán, Isfahán y Beirut-- que están en llamas? Fiel al espíritu franco y directo de la Madre María, quisiera aprovechar esta plataforma para decir algo sobre el ataque ilegal e injustificado de EEUU e Israel contra Irán. Es, por supuesto, una continuación del genocidio estadounidense-israelí en Gaza. Son los mismos genocidas de siempre, con las mismas tácticas. Asesinando mujeres y niños. Bombardeando hospitales. Bombardeando ciudades enteras. Y luego haciéndose las víctimas.

Pero Irán no es Gaza. El escenario de esta nueva guerra podría extenderse hasta abarcar al mundo entero. Estamos al borde de una catástrofe nuclear y un colapso económico. El mismo país que bombardeó Hiroshima y Nagasaki podría estar preparándose para bombardear una de las civilizaciones más antiguas del mundo. Habrá otras ocasiones para hablar de esto con más detalle, así que aquí, simplemente diré que apoyo a Irán sin reservas. Sin lugar a dudas. Cualquier régimen que necesite un cambio, incluidos los de EEUU, Israel y el nuestro, debe ser cambiado por el pueblo, no por una potencia imperial inflada, mentirosa, tramposa, codiciosa, acaparadora de recursos y que lanza bombas, y sus aliados que intentan someter al mundo entero mediante la intimidación.

Irán les planta cara, mientras que India se acobarda. Me avergüenza la cobardía y la pusilanimidad de nuestro gobierno. Hace mucho tiempo éramos un país pobre, habitado por gente muy pobre. Pero teníamos orgullo. Teníamos dignidad. Hoy, somos un país rico con gente muy pobre y desempleada, alimentada con odio, veneno y mentiras en lugar de alimento real. Hemos perdido el orgullo. Hemos perdido la dignidad. Hemos perdido el coraje. Excepto en nuestras películas.

¿Qué clase de personas somos cuyo gobierno electo no puede alzarse y condenar a EEUU cuando secuestra y asesina a jefes de Estado de otros países? ¿Nos gustaría que nos hicieran lo mismo? Que nuestro primer ministro haya viajado a Israel y abrazado a Benjamín Netanyahu pocos días antes de que atacara a Irán, ¿qué significa? Que nuestro gobierno firme un acuerdo comercial servil con EEUU que literalmente traiciona a nuestros agricultores y a nuestra industria textil, solo unos días antes de que la Corte Suprema de EEUU declarara ilegales los aranceles de Trump, ¿qué significa? Que ahora se nos dé "permiso" para comprar petróleo a Rusia, ¿qué significa? ¿Para qué más necesitamos permiso? ¿Para ir al baño? ¿Para tomarnos un día libre? ¿Para visitar a nuestras madres?

Cada día, los políticos estadounidenses, incluido Donald Trump, se burlan de nosotros y nos humillan públicamente. Y nuestro primer ministro ríe con su famosa y vacía risa. Y sigue abrazando. En el apogeo del genocidio en Gaza, el gobierno de la India envió a miles de trabajadores indios pobres a Israel para reemplazar a los trabajadores palestinos expulsados. Hoy, mientras los israelíes se refugian en búnkeres, se informa que a esos trabajadores indios no se les permite entrar en esos refugios. ¿Qué demonios significa todo esto? ¿Quién nos ha puesto en esta situación tan humillante, desvergonzada y repugnante del mundo?

Algunos recordarán cómo solíamos bromear sobre ese término chino, florido y exagerado: «Perro faldero del imperialismo». Pero ahora mismo, diría que nos describe a la perfección. Excepto, claro está, en nuestras películas retorcidas y tóxicas, donde nuestros héroes de celuloide se pavonean, ganando guerra tras guerra, estúpidos y musculosos. Alimentando nuestra insaciable sed de sangre con su violencia gratuita y su estupidez.


Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/apoyo-a-iran-sin-reservas-dice-arundhati

viernes, 3 de abril de 2026

Jürgen Habermas y la crisis de la civilización

Fuentes: Rebelión

El reciente fallecimiento de Jürgen Habermas a los 96 años ha sido recibido con respeto y reconocimiento en distintos círculos académicos, progresistas y entre quienes hemos sido formados en teoría sociológica contemporánea con sus escritos. Por ello, su obra teórica resulta imprescindible para muchos y muchas, al proponer una filosofía política europea que intentó rescatar el proyecto moderno después de Auschwitz.

Dicha obra logró impulsar la razón comunicativa como alternativa a la racionalidad instrumental (centrada solo en la eficacia y el control), señalando que la razón no reside en un sujeto aislado, sino en el diálogo y el entendimiento mutuo entre personas que buscan un acuerdo libre de coacción mediante la esfera pública. Esto le permitió distinguir entre sistema y mundo de la vida, denunciando cómo el primero ha colonizado al segundo a través de estados autoritarios y lógicas neoliberales.

Sin embargo, desde el Sur global y desde una perspectiva descolonizadora, ecológica y feminista, su legado puede leerse críticamente. La razón comunicativa de Habermas, por más interesante que parezca, permanece atrapada en dos límites estructurales que nunca logró superar: el eurocentrismo, el antropocentrismo y el patriarcado, los cuales nos han conducido a una crisis climática y de la civilización sin precedentes.

En cuanto al eurocentrismo, Habermas siempre defendió la modernidad como “proyecto incompleto” rescatable mediante procedimientos universales. Pero esa universalidad fue construida a través de la colonialidad, la cual presupone sujetos abstractos capaces de dialogar en igualdad, ignorando los procesos de racialización y la desigualdad colonial impuesta desde 1492.

Respecto al antropocentrismo, la razón comunicativa es profundamente humanista y especista: no hay reflexión planetaria sobre los animales no humanos, y mucho menos sobre el Antropoceno y los Derechos de la Naturaleza. Esto reproduce una mirada que no nos ayuda a construir alternativas sostenibles que consideren los límites de la Tierra, los cuales nos sitúan al borde del colapso.

Asimismo, Habermas nunca desarrolló una crítica radical a la civilización misma ni al patriarcado que la sostiene. Su defensa de la modernidad como proyecto inconcluso pasa por alto que la civilización es inherentemente patriarcal: la guerra, el militarismo y la jerarquía de género no son accidentes históricos, sino invenciones sistematizadas para reproducir el control masculino sobre cuerpos, territorios y bienes comunes.

Pero quizás lo más grave fue la negación de Habermas al genocidio en Gaza por parte del Estado de Israel. Con ello, su defensa de la racionalidad comunicativa, el mundo de la vida y los derechos humanos queda en entredicho, evidenciando su incapacidad de empatizar con el sufrimiento de miles de palestinos tras décadas de humillaciones, muertes y colonización llevadas a cabo por el sionismo.

El genocidio en Gaza no es solo una tragedia humanitaria: es la expresión más brutal de lógicas civilizatorias que Habermas nunca desmontó. Es el mismo patrón de poder que clasifica pueblos como prescindibles, que mercantiliza la vida y que convierte la “razón” en instrumento de dominación. Que el mayor defensor europeo de la deliberación democrática haya optado por no condenar —sino justificar— este horror revela los límites éticos y políticos de su marco teórico.

Dicho lo anterior, Habermas nos deja un legado que parece valioso, pero que en verdad resulta insostenible para el mundo actual. Su propuesta de racionalidad comunicativa, si quiere prosperar, debe volverse vital y situada: un diálogo no solo entre humanos, sino con la Tierra y con todos los pueblos oprimidos, dejando atrás una modernidad heredera de las grandes civilizaciones del pasado.

Andrés Kogan Valderrama, Sociólogo, Magíster en Comunicación y Cultura Contemporánea, Diplomado en Masculinidades y Cambio Social

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes. 

La resistencia de Irán y el mito militar de EEUU


MEDIO ORIENTE, EE.UU. :: 24/03/2026

FERNANDO E. RIVERO O.

La guerra no es un asunto estrictamente técnico-militar. La guerra es una confrontación armada que siempre está guiada por la política

Mito 1: La supremacía aérea garantiza la victoria. EEUU ha perdido batallas y guerras donde ha contado con superioridad aérea. Las derrotas experimentadas tanto en Vietnam como Somalia en el siglo XX y en Afganistán en el siglo XXI, son ejemplos irrefutables. El poderío aéreo estadounidense permite avances de su infantería, destruir infraestructuras, neutralizar capacidades ofensivas y aniquilar liderazgos. Pero ni los misiles ni los aviones toman territorios, no extraen recursos naturales y no pueden dirigir países. El poderío aéreo no sustituye las fuerzas en tierra. Irán demuestra que la supremacía aérea no derrota la resistencia de los pueblos.

Mito 2: Las guerras actuales la deciden los drones. En Afganistán, durante la invasión, EEUU utilizó vehículos aéreos no tripulados (VANT) masivamente. Aún así no logró aplastar a la insurgencia que no contaba con medios aéreos y por el contrario, su derrota se evidenció con la retirada desorganizada de las fuerzas militares estadounidenses en 2021. Los VANT realizan labores de reconocimiento, atacan objetivos, neutralizan o facilitan el avance del personal en tierra. Pero al igual que la aviación convencional tienen limitaciones en el teatro operacional: la principal es que no sustituyen al ser humano como actor central de la confrontación. Irán demuestra, con su resistencia ante los modernos y costosos drones de EEUU e Israel, que solamente con los drones no se ocupan territorios, no se controla la población y no se derroca a un gobierno soberano.

Mito 3: Aniquilar a mandos y combatientes enemigos decide la guerra. En las guerras de independencia de Nuestra América los pueblos patriotas ganaron la independencia a pesar de innumerables pérdidas humanas. En la II Guerra Mundial la Unión de República Socialistas Soviéticas derrotó a los Nazis, tomó Berlín y liberó buena parte de Europa, a pesar del aniquilamiento de aproximadamente 25 millones de vidas humanas. Vietnam ganó su independencia, aunque sufrió muchas más pérdidas humanas que Japón, Francia y EEUU en las distintas etapas de la guerra. La victoria de Irán en el siglo XXI ya es una reafirmación de que los pueblos que luchan, más allá de las adversidades, al final triunfan.

Mito 4: La mejor tecnología y equipamiento sofisticado es sinónimo de victoria militar. EEUU posee equipamiento militar de última generación, opera con inteligencia artificial, tiene modernos sistemas de armas, tecnología satelital muy avanzada y cuenta con aliados poderosos, pero no puede tomar el Estrecho de Ormuz. Sus capacidades militares son impotentes para una invasión militar en Irán o imponer un cambio de régimen. Ningún arma, por sofisticada que sea, supera la voluntad inquebrantable del ser humano. Es el combatiente el que planifica y desarrolla la guerra. La moral de lucha determina la victoria, no el equipamiento militar.

Mito 5: La invencibilidad de EEUU en la guerra. La guerra no es un asunto estrictamente técnico-militar. La guerra es una confrontación armada que siempre está guiada por la política. En la guerra, como parte de lo social, el ser humano es lo decisivo y por ende, son los pueblos y no las armas los que definen las victorias. La historia demuestra que no hay imperios invencibles. La generación libertadora de Nuestra América lo confirmó con sus luchas emancipadoras ante imperios poderosos. Irán demuestra que la supuesta superioridad militar estadounidense no es excusa para entregar los principios, claudicar en materia de soberanía y renegar de sus luchas históricas. El valiente pueblo de Irán está ratificando, con su resistencia integral, que se puede vencer al imperialismo.

* Msc. en Filosofía de la Guerra.

colarebo.net


Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/la-resistencia-de-iran-y-el-mito 

«Hay Partido»


                                                                              

Debiera haber un partido obrero y en la forma lo hay pero en la práctica no, por dedicarse la mayoría de la dirección a la actividad institucional olvidando al movimiento obrero y la minoría, dedicarse a criticar a la mayoría política de marcado carácter reformista por lo que deben hacer y no hacer ni decir en las instituciones y mientras, la batalla económica desde la política en los centros de trabajo y sectores de producción, barrios, pueblos, institutos y universidades, que son los lugares donde los comunistas tenemos como vanguardia dar la batalla política ideológica y cultural, abandonados en manos de la socialdemocracia y la burocracia sindical. Camaradas, no se trata de un problema de falta de voluntad que se nos presupone, se trata de generar una línea política de trabajo de masas independiente del resto de clases sociales que nos permita salir del bucle que dura ya cincuenta años, centrada en organizar, movilizar y concienciar a la clase trabajadora, dando la batalla allí donde trabaja, vive o estudia, exactamente como los comunistas hacíamos hasta los años setenta, que anularon las células de intervención entre las masas obreras organizadas en sindicatos y asociaciones vecinales, por unas agrupaciones centradas en lo electoral y las instituciones para hacer política con mayúscula pero sin la clase trabajadora: Nota de Alonso Gallardo

  
           Alberto Cubero y otros militantes del PCE









El PCE es más necesario que nunca para poner en pie una izquierda coherente y consecuente, que aspire a acabar con el sistema capitalista.

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El Partido Comunista de España se encuentra hoy en un momento crucial para su historia. Y quienes escribimos este artículo, creemos que las respuestas que hemos dado en los últimos años no han sido las correctas. Todas las personas que nos identificamos como comunistas vivimos tiempos complejos; con un contexto internacional enormemente inquietante, donde proliferan las agresiones armadas al tiempo que se palpa la desesperanza de la clase trabajadora por un futuro digno.  

Por un lado, nos hemos acostumbrado a sobrevivir entre la crisis de la vivienda, el estancamiento de los salarios, el aumento constante de los precios y el deterioro generalizado de los servicios públicos. Por otro lado, la amenaza creciente de la ultraderecha, que consigue conectar con amplios sectores de la población, no puede obviarse como espejo de las deficiencias de la izquierda política y el gobierno de coalición estatal, cuyas propuestas y declaraciones son una promesa constantemente incumplida.

En este contexto, sin embargo, se han abierto recientemente debates de calado sobre qué debe ser la izquierda en esta encrucijada. Reflexiones críticas sobre lo que estamos haciendo que generan un debate esencial, que no debemos eludir ni reducir a un baile de posibles marcas electorales: cómo poner en práctica nuestras ideas en un mundo cambiante y adverso para los intereses populares.

Mientras el imperialismo yanki campa a sus anchas por el globo, con la complicidad sumisa de la Unión Europea y los países que la integran, y mientras se perpetra el salvaje genocidio palestino, en ocasiones tenemos la sensación de intentar estar en misa y repicando. Si bien España ha supuesto un contrapunto en algunos casos en el plano internacional, en otros muchos hemos comulgado con ruedas de molino. Por poner un ejemplo, en el apoyo total a la continuación de la guerra en Ucrania a cualquier precio humano.

En un momento como el actual cabe, quizá con más intensidad que nunca, hacerse la pregunta de cuál es el papel del PCE en la nueva realidad, pasado el primer cuarto de siglo. De las respuestas colectivas que demos en los próximos meses dependerá la viabilidad de nuestra organización y su capacidad para intervenir en las problemáticas actuales de nuestra clase, más allá de ser un actor menor del juego parlamentario.

En los últimos años hemos hecho política pensando demasiado en los estrechos márgenes del Consejo de Ministros. El gobierno de coalición ha condicionado toda la actividad y la imagen pública del PCE, pasando además de apoyar a este gobierno a cambio de medidas concretas a un papel de subordinación al Partido Socialista. Y es que existen muchas formas de impedir la investidura de gobiernos de derechas. No se trata de purismos abstractos, ni de maximalismos estériles. Sino de anticiparse a la capacidad de Pedro Sánchez de absorber las ideas y propuestas de la izquierda, para acabar o bien desechándolas, o bien capitalizando su realización.

Ir a rebufo del PSOE no permite ni condicionar sus decisiones, ni trasladar de forma clara y coherente a la sociedad que la izquierda no es una mera comparsa del Partido Socialista. Un PSOE que, no lo olvidemos, hemos caracterizado como principal pilar político del régimen actual y que, por ende, no está dispuesto a poner en marcha medidas valientes y transformadoras. Menos aún en  una segunda legislatura que depende en el Congreso de las derechas nacionalistas.

Todos estos elementos han llevado a que algunos camaradas del PCE hayan tirado la toalla. A veces rompiendo el carné,  otras retirándose silenciosamente fuera de la militancia activa. Nuestro mayor activo ha sido, y es, nuestra militancia incombustible, que no ha sido tenido en cuenta por la dirección y ha sido relegada.

Necesitamos, ahora que se acerca el XXII Congreso, recuperar la cultura del debate honesto, con mirada larga y tono sosegado. Necesitamos volver a conectar con muchos jóvenes que quieren dar la batalla desde las ideas comunistas, y a los que se ha excluido en el Partido.

Necesitamos hoy un proceso de discusión a fondo. Superar tendencias sectarias que hemos sufrido y salir de retóricas vacías o autojustificativas. Tenemos que salir del bucle de estos años y apostar decididamente por revitalizar el Partido, para impedir que quede relegado a la condición de una organización con un glorioso pasado, de presente escasamente relevante y futuro jubilado.

Quienes nos reivindicamos como comunistas debemos dar un paso al frente para dar una respuesta colectiva, combativa y esperanzadora a los desafíos actuales. Nos jugamos la pervivencia misma de un proyecto revolucionario que atraviesa horas difíciles en los países de nuestro entorno. Contamos con la experiencia de nuestra militancia, con la convicción de que el PCE es más necesario que nunca para poner en pie una izquierda coherente y consecuente, que no renuncie a ninguna victoria puntual, pero que aspire a acabar con el sistema capitalista. Ante el XXII Congreso del PCE, hay Partido, en todas las acepciones.

Firman:

Alberto Cubero, Álvaro Aguilera, Aitana Sanz, René Gamborino, Cristina Hernández, Roser Maestro, Elisa Martínez, Aroha Nicolás, Carmen Sevilla, miembros del Comité Central.

Javier Parra (SG PCPV), Cristóbal Guerrero (SG Extremadura), Carlos Serrano e Iván Pastrián (Castilla y León), Xavier García (PSUC), Adrián Ubach (SG Canarias), Sara Naila y Miguel Montero (SG Madrid), África Moreno y Francisco Lara (SP Exterior), Carolina Escar y Víctor Benedico (SG Aragón), Lucía Gutiérrez y Jorge Crego (SG PCG), Unai Orbegozo (EPK), Ainhoa Martínez Díaz de Cerio (La Rioja) Carmen Sonia Martínez (Región de Murcia)