El parón global de la actividad económica con motivo de la pandemia, bautizado por el FMI (Fondo Monetario Internacional) como el Gran Encierro o el Gran Confinamiento, ha desnudado a la industria española y ha puesto sobre la mesa su debilidad, su dependencia del exterior y, salvo excepciones, su rigidez o escasa capacidad de maniobra, una verdad oculta (o quizás no tanto) que sitúa al país ante el reto de afrontar su reconversión y su desarrollo tras la covid-19.
"Sabíamos que tenemos una industria débil, pero la pandemia ha dejado claro que ni siquiera estamos preparados para fabricar lo que el país necesitaba, y hemos tenido que salir a buscar materiales y productos al exterior", explica Carmelo Ruiz, secretario de Política Industrial de UGT-FICA. "Tenemos poca industria y en la mayoría de los casos, como ocurre con el motor en varias zonas, con los astilleros de Navantia en Ferrol, Cádiz y Cartagena o con Airbus en Sevilla, se trata de monocultivos, con el riesgo que eso entraña", anota Agustín Martín, secretario general de la federación de Industria de CCOO, que añade que "el coronavirus ha demostrado algunas cosas de las que llevábamos tiempo avisando".
En este sentido, añade, "la pandemia ha sacado a relucir que con la externalización de producciones y suministros las cadenas se han paralizado, ha habido una ruptura de la cadena de valor, y también ha puesto sobre la mesa que fiar a la importación determinados sectores, como los sanitarios, lleva a la debilidad". Ruiz se pronuncia en términos similares sobre esa dependencia del exterior. "Tenemos un problema de almacenamiento: no hay capacidad, y la industria española sufre en cuanto hay un problema en la frontera. No hay capacidad para aguantar quince días sin suministros", explica, al tiempo que reclama "implementar mecanismos que permitan tener la seguridad de que en situaciones de necesidad, como esta, tenemos autonomía".
Según un informe del Banco de España, casi el 30% de las industrias achaca el desplome de su actividad en las últimas semanas a las dificultades para disponer de suministros para sus cadenas productivas, un factor que solo superan la suspensión de actividades por orden gubernamental (45%) y la disminución de la demanda (50%).
"En el caso de las dificultades de suministro -añade-, la incidencia es comparativamente mayor en las empresas industriales [que en el resto], reflejando la interrupción de las cadenas de producción, tanto en sus eslabones nacionales como en los de otros países, en parte inducida por el cierre de actividades y por las trabas al transporte".

Las cifras de la industria española

La industria ocupa en España a algo más de la séptima parte de los trabajadores, 2,73 millones de 19,96 según los datos de la EPA (Encuesta de Población Activa) del INE (Instituto Nacional de Estadística) referentes al cuarto trimestre del año pasado. Son casi uno de cada siete puestos de trabajo, proporción que sube a algo más de la sexta parte entre los asalariados, con 2,29 millones de 13,52, mientras los 245.300 autónomos no llegan al 9% de la mano de obra del ramo ni al 8% del colectivo.
La Contabilidad Nacional de España, también del INE, le atribuye una producción de 647.583 millones de euros, el 85% de ella de la manufacturera (553.399), de la que sale una aportación al PIB de 172.618: 80.440 en sueldos y cotizaciones, 1.013 en impuestos y 91.095 en ganancias brutas.
Es, decir, que se trata de un sector con la rentabilidad por debajo de la media estatal sobre la producción, básicamente por sus elevados consumos de energía, materia prima y bienes de equipo (maquinaria), pero con márgenes ligeramente superiores una vez el producto sale de la fábrica.
Su aportación al PIB se encuentra en el entorno del 20%, lo que significa que la quinta parte de la producción del país tiene origen industrial. El Banco de España la sitúa en el 20,05% y medios como Statista la rebajan ligeramente, al 19,9%, mientras el INE la reduce al 14,4%, más de cinco puntos por debajo del resto de estimaciones y, también, del peso que este mismo organismo le atribuía hace 25 años.
Prácticamente la mitad de esa aportación del sector industrial se le atribuye al sector del automóvil, con una facturación superior a los 100.000 millones de euros en 2018 según la patronal CEOE, que especifica que algo más de un tercio de esa cifra procede de la llamada industria auxiliar, es decir, de empresas de otros ramos, en especial del metal pero no solo, que fabrican componentes para los automóviles.
También en este caso el INE reduce notablemente esa estimación al atribuir, con datos de 2017, solo una aportación de solo 11.786 (menos de la mitad que la alimentación) aunque sin incluir en ella la vinculada desde otros ramos auxiliares.

Energía cara e innovación escasa

Entre esos consumos intermedios destaca la electricidad. "Supone el 70% de los costes en algunos casos, y sale un 20,5% más cara que en Francia y un 26% más que en Alemania", señala Ruiz, mientras Martín incluye "un pacto por la energía dirigido al desarrollo de las renovables y a la autonomía energética" entre sus cuatro recetas básicas para repensar el sector.
Los otros tres son la cualificación digital de los trabajadores, la apuesta por sectores de alto valor añadido como la gestión de datos y el diseño de "una política industrial de país, coordinada e incardinada en la UE". "Valdría la pena dedicar un tiempo a hablar de esto", anota.  "No podemos competir en salarios, pero sí en I+D+i y en energía", añade.
Ruiz, con planteamientos similares en materia energética y también en formación, con la FP dual como base, reclama dedicar un 2% del PIB a I+D+i para "acelerar la innovación y que las patentes no se vayan fuera". "España dejó bajo mínimos el I+D+i con la crisis pese al elevado nivel de sus investigadores -explica-, pero el mayor fracaso se da en la segunda ‘i’, a la hora de innovar, a pesar de que es ahí, con las patentes, donde se recupera lo invertido en I+D, en adquirir conocimiento".
La innovación no es, efectivamente, uno de los fuertes del tejido productivo español, en el que, según los datos del INE, solo el 13,2% de las empresas pueden considerarse innovadoras y en el que solo un 15,9% de la cifra de negocio está vinculada a productos nuevos y mejorados.

Tecnología, conocimiento, impulso estatal y ‘clúster’

Los dos sindicalistas coinciden también en reclamar un pacto de Estado por la industria "“que vaya más allá de una legislatura y un color político", que tenga en cuenta factores como la sostenibilidad y la eficiencia energética y que mire a los procesos 4.0.
Y, de igual manera, en señalar las debilidades que entrañan sectores como el del motor. "España es el segundo productor mundial de automóviles, pero nadie decide aquí qué modelos se fabrican, y eso nos debilita", señala Ruiz. "No es lógico que en un país de ese nivel no haya una planta de baterías -añade Martín-, porque sin ellas no vamos a tener el montaje".
Varios de los expertos consultados por Público coinciden en señalar la tecnología y el conocimiento como los sectores a explotar para cambiar, y dinamizar, el sector industrial español.
"Es el momento de impulsar una industrialización basada en el conocimiento y la tecnología. Esas son las palancas en las que hemos de apoyarnos, junto con la sostenibilidad productiva y ambiental, porque el consumidor la reclama. Hay campos por explorar como el blockchain o la impresión digital", dice Luis Aribayos, responsable de Economía y Transformación Digital de Cepyme, que prevé que el sistema productivo acelerará los cambios que habían comenzado a darse a nivel global "por las dificultades que ha generado la deslocalización y que se han intensificado con la pandemia. Eso puede ser una palanca, y se trata de algo que el cliente pide apelando a la sostenibilidad".
Adrian Jofre, economista y socio-director de la consultora beBartlet, también pone el acento en esos aspectos estratégicos. "La crisis nos ha enseñado que hay que tener ciertas capacidades controladas a nivel interno, porque la globalización, que ha sido una ilusión que veíamos como algo normal, entraña un riesgo potencial",  indica, al tiempo que anota cómo "hemos visto que los Estados deben mantener la capacidad de producir determinados bienes".
El Estado es, para el economista Eduardo Garzón, una palanca clave en ese rediseño del sector, ya que  "la industria se desarrolla en los países en los que interviene el sector público. A partir de empresas públicas en sectores como la banca y la energía se pueden marcar las líneas por las que hay que ir". "El Estado, que además es clave para crear empleo de calidad y generar ingresos tributarios, debe apoyar directa e indirectamente a la empresa para marcar el camino", añade.
Arabayos, por su parte, añade a la ecuación otras fórmulas como los clúster, que "permiten conectar los centros de producción y los de conocimiento", aunque, al mismo tiempo, pone sobre la mesa dos de los hándicap del tejido industrial español, estrechamente relacionados con ese ámbito: "venimos de un bajo nivel de cumplimiento de los objetivos de inversión en I+D, y solo el 14% de las pymes ha iniciado el proceso de transformación digital".

Más cuidados, renovables, sanidad y farmacia

El consenso también es amplio en cuanto a los caminos que se abren tras esta crisis ¿En qué productos debería especializarse la industria española? Parece de perogrullo cuando es, en realidad, puro sentido común: en abrir líneas nuevas mediante la innovación, siempre con cierto grado de planificación, y en perseverar en lo que funciona.
Garzón destaca el elevado nivel del sector de las infraestructuras y la construcción, cuya intervención vincula al desarrollo de la industria de los cuidados, estrechamente relacionada a su vez con un urbanismo amable y con la rehabilitación de espacios.
Coincide con Juan Torres López, catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Sevilla, que aboga por  "montar en condiciones el cuarto pilar del estado de bienestar, los cuidados", y por, de manera simultánea "generar una nueva industria de la transición energética, de la adecuación medioambiental, del reciclaje y la sostenibilidad".
Jofre suma a estos ramos el de la sanidad, especialmente en áreas como los trasplantes de órganos, y los productos farmacéuticos, en este caso con una "especialización dentro de la UE. Podemos hacer de todo, pero con apuestas específicas y coordinadas a nivel comunitario". "Un país no puede depender estratégicamente del exterior para disponer de material sanitario, como hemos visto: ahí hay un sector a desarrollar", refuerza Martín.

Vulnerabilidad ante el desplome de la actividad

El presidente del Consejo General de Economistas (CGE), Valentín Pich, aboga por una reindustrialización basada en tres recetas: crear clúster, fomentar las actividades auxiliares y "hacer un esfuerzo por crecer y ganar cierto tamaño dentro del modelo de las pymes". "El movimiento se demuestra andando, y todo lo que sea ganar tamaño permite mejorar las opciones".
Tanto Ruiz como Martín avalan también esa fórmula para potenciar el tejido industrial español. "Hemos de definir qué empresas y de qué tamaño queremos, y darles soluciones en materias como la formación y la exportación a través de clúster", señalan, ya que "solo seremos capaces de cambiar el modelo productivo y el fiscal a través de la industria. La construcción y el turismo no salen a buen ritmo de las crisis ni permiten crear empleo de calidad".
Otra cosa es qué parte del actual tejido industrial quedará operativo tras la crisis del coronavirus.  "La pérdida de la actividad es completa en la fabricación de vehículos de motor, mientras que en el resto de las ramas manufactureras asciende a algo menos del 30% como consecuencia del efecto arrastre de otras ramas", señala el informe del Banco de España sobre Escenarios macroeconómicos de referencia para la economía española tras el Covid-19, en que añade que "esa caída casi se habría triplicado, teniendo en cuenta los efectos de arrastre, durante las dos semanas en que se suspendieron las actividades económicas no esenciales". "La industria está parada porque no hay mercado, y va a costar arrancar", anota Martín.
La quinta parte de las empresas españolas del sector industrial ha sufrido estas semanas "obstáculos para el cobro a sus clientes" mientras que algo menos de un 10% se ha encontrado con "impedimentos para la obtención de financiación o la falta de liquidez", anota el estudio, que añade que "las de menor tamaño muestran una especial preocupación por dicho factor, lo que reflejaría su mayor vulnerabilidad en este aspecto". El 98% de las industrias son pymes, en una estructura que prácticamente replica el modelo general del sistema productivo español.
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