miércoles, 9 de agosto de 2017

Así aprenden los médicos estadounidenses de la sanidad cubana




Resumen Latinoamericano/ 6 de julio 2017 .-El hospital Salvador Allende acoge a 5.000 estudiantes de medicina, la mayoría procedentes del África subsahariana y de ...


Resumen Latinoamericano/ 6 de julio 2017 .-
El hospital Salvador Allende acoge a 5.000 estudiantes de medicina, la mayoría procedentes del África subsahariana y de Latinoamérica, pero también norteamericanos
El hospital Salvador Allende es un oasis verde en el deteriorado barrio habanense de El Cerro, lejos de los hoteles costeros y los restaurantes para turistas de la capital cubana. El complejo hospitalario, construido originalmente en 1899 como centro de atención para los emigrados españoles de origen asturiano, está compuesto por edificios de columnatas dispuestos en medio de parques bien cuidados. Es lógico que recuerde a una pequeña universidad de artes liberales: el Salvador Allende es ahora un hospital docente, con 532 camas y más de 5.000 estudiantes de medicina, la mayoría procedentes del África subsahariana y de Latinoamérica. Incluso hay algunos estudiantes estadounidenses.
Samantha Moore, de Detroit, estudia sexto curso y trabaja en la sección de gerontología, aprendiendo a cuidar ancianos. En un espacioso edificio lleno de azulejos de colores y luz natural, los pacientes geriátricos charlan sentados en la galería, al calor del sol matutino. Moore se inclina sobre una de ellos, Ofelia Favier, que ha perdido una pierna debido a la diabetes y está hospitalizada por deshidratación. Mueve las manos por el cuerpo de esta paciente de delicada constitución, apretando y pulsando levemente. “Buenos días, mami”, dice. “¿Cómo se siente? ¿Ha pasado buena noche? ¿Le duele algo?”.
Ofelia, de 85 años, no está de buen humor. “Nunca me duele, estoy bien. Ya no tengo fiebre. Tengo hambre. Ojalá la cafetería se diese prisa”. Moore suelta una carcajada y se va para ver cómo va el desayuno, compuesto por arroz, alubias y huevos.
“Me encanta la atención a los pacientes”, dice la alumna. En Cuba, los estudiantes aprenden la importancia de los factores de diseño medioambiental. Moore observa que la luz natural del pabellón, la libre circulación del aire y los suaves colores pastel contribuyen a la recuperación del paciente. “Es una educación asombrosa; en Estados Unidos esto no se aprende”. Se ha demostrado que la libre circulación del aire es más eficaz que el aire acondicionado y el aire recirculado que a menudo se ve en los hospitales estadounidenses y que constituyen un factor significativo en las tasas de infección hospitalaria.
Casi todos los estudiantes de la ELAM reciben formación gratuita, gracias a becas concedidas por el Estado cubano o por su propio país. A cambio, se espera que regresen a su país natal y trabajen con comunidades médicamente desatendidas
Moore es una de las 93 estudiantes estadounidenses de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM). En cierto sentido, es la respuesta cubana a la Kennedy School of Government creada por Harvard, que forma a profesionales de todo el mundo. Pero a diferencia de la Kennedy, que va más dirigida al grupo de Davos, los alumnos de la ELAM se están formando específicamente para trabajar en comunidades de rentas bajas. Casi todos los estudiantes de la ELAM reciben formación gratuita, gracias a becas concedidas por el Estado cubano o por su propio país. A cambio, se espera que regresen a su país natal y trabajen con comunidades médicamente desatendidas, usando la medicina de bajos recursos y centrada en la prevención que por lo general se practica en Cuba.
En Estados Unidos, solo un pequeño número de estudiantes de medicina se especializan en atención primaria, y el porcentaje de los que deciden ejercer como médico de cabecera descendió un 50% entre 1997 y 2005, según The New England Journal of Medicine. En 2013-2014, menos del 10% de los titulados en medicina hicieron la residencia en la especialidad de familia (centrada en la atención primaria), según un informe de la Academia Estadounidense de Médicos de Familia. El informe señalaba “la desatención de las facultades a una medida clave de la responsabilidad social”.
Moore, de 35 años, siempre había querido estudiar medicina pero no tenía dinero para hacerlo. Por eso hizo un máster en informática. Como muchos estudiantes estadounidenses, encontró el ELAM a través del programa Pastores por la Paz, una organización neoyorquina que colabora con la escuela en la selección de estudiantes estadounidenses. Se sintió inspirada por un sermón del director fundador de la organización, el reverendo Lucius Walker, ya fallecido, que describía la ELAM como un lugar que permite formarse como médico para trabajar con los pobres y aquellos que sufren una atención médica deficiente.
Cuando vuelva a Detroit, Moore quiere trabajar en medicina interna. Incluso quiere incorporar a su trabajo la atención domiciliaria, una práctica común en Cuba. “No entiendo por qué las personas con dificultades para acudir a una clínica no pueden acceder a un médico”, explica.
La necesidad de médicos es urgente en todo el mundo. Actualmente, en los países en desarrollo hay un déficit de siete millones de doctores, enfermeros y otros trabajadores sanitarios, y se prevé que la cifra prácticamente se duplique en los próximos 20 años. La Organización Mundial de la Salud advierte de que los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, como reducir la mortalidad materna e infantil, no se lograrán sin más personal en este ámbito.
A pesar de la nueva financiación de la que se dispone hoy en día para la sanidad mundial, la formación de profesionales sigue siendo una de las necesidades más desatendidas. Repartir fármacos para urgencias es una cosa; pero la enseñanza intensiva de varios años que se necesita para formar médicos exige un compromiso mucho mayor.
La ayuda exterior depende notablemente de la moda: hace unos años, la parábola del “enséñale a pescar” era omnipresente. Pero como suele suceder, una cosa es la retórica y otra la realidad. La mayor parte de la ayuda extranjera de hoy en día se dedica a obtener un resultado determinado, como luchar contra una enfermedad, proporcionar alimentos de emergencia o aliviar las consecuencias de un desastre natural o una crisis. El modelo cubano adopta un planteamiento completamente distinto: enseña a las personas aptitudes esenciales, para que esas personas puedan responsabilizarse de sus propios resultados.
La ELAM se creó en 1999, tras el huracán Mitch, que devastó el Caribe y Centroamérica. La idea era la de ayudar a sustituir a los médicos que habían perdido los vecinos de Cuba. Desde entonces, la escuela ha formado a más de 26.000 galenos de 124 países de todo el mundo.
La necesidad de médicos es urgente en todo el mundo. En los países en desarrollo hay un déficit de siete millones de doctores, enfermeros y otros trabajadores sanitarios
En una pequeña clase de laboratorio hay dos docenas de alumnos procedentes de Chad, Sierra Leona, Angola, Sudáfrica, Congo, Belize y Nueva Jersey. “Siempre que nos hablan de epidemias, lo hacen compañeros que las han experimentado de primera mano”, explica Agyeiwa Weathers, de Newark. Por ejemplo, Saada Ly, estudiante de Conakry, Guinea, recordaba las repercusiones que tuvo la falta de trabajadores sanitarios durante el brote de cólera de 2015. “Todo el mundo vio que el sistema sanitario de mi país era deficiente”, dice.
Los estudios de medicina de la escuela duran seis años, frente a los cuatro de las facultades estadounidenses. Los dos años adicionales se dedican a estudiar sanidad pública, medicina tropical, y el singular énfasis de Cuba en la prevención. Los médicos aprenden a hacer diagnósticos basándose en el conocimiento de las condiciones de trabajo y de vida de sus pacientes, y relacionándose con ellos, tocándoles y escuchándoles.
A la ELAM empezaron a asistir alumnos estadounidenses en 2005, cuando los miembros del Grupo Negro del Congreso se reunieron con Fidel Castro y oyeron hablar del programa de formación. El representante Bennie Thompson le comentó al líder cubano que los votantes de sus circunscripciones carecen de acceso a una buena atención sanitaria. Castro ofreció de inmediato 500 puestos para alumnos estadounidenses. Hasta la fecha se han titulado 134 estadounidenses, y más de 50 de ellos están ahora realizando programas de especialización.
En las aulas de la ELAM no hay portátiles. A diferencia de las facultades de medicina estadounidenses, donde la mayor parte de la formación se imparte en el aula, los estudiantes de medicina cubanos pasan mucho tiempo atendiendo a los pacientes y practicando procedimientos como insertar un catéter, colocar un hueso roto o atender un parto.
Esa formación práctica es útil cuando vuelven a Estados Unidos, comenta Susan Grossman, directora del programa de médicos residentes en el Woodhull Medical Center de Brooklyn, al que asisten tres titulados de la ELAM. Cuando empiezan su residencia, explica Grosmman, tienen mucha más experiencia clínica que el titulado medio de una facultad de medicina estadounidense.