jueves, 20 de abril de 2017

Además de defender el leninismo, los comunistas franceses se atreven a ponerlo en práctica


                                                           Sábado 15 de abril de 2017
Los próximos días 23 de abril y 7 de mayo, Francia celebrará a dos vueltas las elecciones a la presidencia de la V República (inaugurada por el General De Gaulle en 1958 y de carácter presidencialista). La impopularidad del actual presidente, François Hollande es tal que no presentará su candidatura. Los tres candidatos favoritos en los sondeos son la ultraderechista Marine Le Pen (Frente Nacional), el liberal Manuel Macron y el derechista François Fillon. Sin embargo, cerca de este último, crece la intención de voto hacia el candidato de izquierda Jean-Luc Mélenchon que supera al socialista Benoît Hamon. Mélenchon ha lanzado para la campaña un movimiento titulado “La France insoumise” (Francia insumisa), con el apoyo del Partido Comunista Francés y otras organizaciones comunistas y de izquierdas. Este movimiento reunió el pasado 18 de marzo a 130.000 personas en París por una Asamblea Constituyente para una VI República.
En esencia, lo que Mélenchon –exdirigente del Partido Socialista- representa es la democracia pequeñoburguesa radical que se ha activado en estos últimos años en América Latina (desde la Venezuela bolivariana), en Grecia (Syriza) y en España (15-M y Podemos). En unos casos, el enfrentamiento con el imperialismo ha sido más firme y en otros, mucho menos. De cualquier manera, no cabe hacerse ninguna ilusión sobre su carácter de clase: no es proletario, aunque lo sostengan las masas proletarias (los obreros más activos y conscientes). Hallándonos todavía en plena crisis internacional del movimiento comunista, tras el suicidio revisionista de la URSS, ni en Francia, ni en muchos otros países existe un partido marxista-leninista con arraigo entre las masas obreras y populares.
¿Qué debemos hacer los comunistas en estas concretas condiciones?
Algunos se llegan a creer los cuentos de los nuevos ideólogos pequeñoburgueses, aceptan que el marxismo ha sido superado por los acontecimientos y se diluyen en la multitud ciudadana ciberorganizada (a través de los medios de comunicación de la burguesía). Otros, como los actuales representantes del PTD, no llegan tan lejos, aunque sí consideran que la doctrina del proletariado está algo envejecida, por lo que necesita “enriquecerse” con las innovaciones de la pequeña burguesía. No advierten el antagonismo que media entre ellas porque su interés se centra en el movimiento y en la astuta maniobra dentro del mismo. Y es que reducen el carácter científico del marxismo-leninismo al reconocimiento de lo contingente y a la experimentación sobre esta endeble base.
En el modo de pensar de todos estos comunistas que se desvían hacia la derecha, los medios llegan a eclipsar el objetivo. La conquista de la dirección sobre las masas se persigue de manera equivocada, ignorando que la única verdadera necesidad de éstas es que la clase obrera conquiste el poder político. No lo podrá conseguir con dirigentes que juegan a ganar las elecciones burguesas, a tener la hegemonía bajo la dominación económica y política de los capitalistas, a adular a “la mayoría”, etc. El proletariado sólo podrá tomar el poder si trabajamos por formar y organizar a sus miembros como un ejército político para la revolución socialista, capaz de derrocar por la fuerza la dictadura de la burguesía.
Claro que este ejército político deben formarlo las masas, pero no masas cualesquiera, sino masas preparadas para la revolución socialista y no sólo para defenderse. En estos momentos, las masas obreras no lo están y no se trata de que los comunistas dirijamos masas así, sino de capacitarlas para la ofensiva revolucionaria. El paso de la defensiva a la ofensiva no es un simple proceso gradual de acumulación de luchas parciales. Es un salto cualitativo que exige también una educación intransigente contra los prejuicios que encadenan a estas masas al mundo burgués.
En el otro extremo, se sitúan los comunistas que no comprenden la necesidad de desarrollar esta educación de las masas obreras durante el proceso de su aprendizaje político democrático, al principio necesariamente bajo dirección pequeñoburguesa (es el concepto de “revolución permanente” de Marx, no el de Trotski). En su pretensión por defender los principios revolucionarios frente a los oportunistas, estos camaradas amputan del marxismo-leninismo su parte táctica, el remate de esta doctrina sin el cual no puede realizarse. Cuando Unión Proletaria se unió al PCPE, le pidió que tratara al 15-M de la manera que Lenin explicaba en su obra La enfermedad infantil del ‘izquierdismo’ en el comunismo (recogiendo la rica experiencia táctica del bolchevismo). Si sus dirigentes nos hubieran hecho algún caso, habríamos tenido la oportunidad de desarrollar un partido revolucionario de masas y de evitar que la movilización espontánea de éstas volviera a saldarse con una derrota tan amarga.
Los camaradas del Polo de Renacimiento Comunista en Francia (también de otros destacamentos marxistas-leninistas) se muestran dispuestos a aceptar el reto de apoyar una candidatura reformista respaldada por las masas combativas, frente a la oligarquía financiera. La apoyan de manera crítica, desde la independencia de su propio programa que propugnan como solución a las contradicciones de Mélenchon y de su “Francia Insumisa”. Se trata de un programa titulado “4 salidas y 10 entradas para una perspectiva revolucionaria”. Explican a la población la necesidad de salir de la Unión Europea, del euro, de la OTAN y del capitalismo, para conquistar:
1- Una república independiente y soberana.
2- Una república democrática y popular que coloque al “mundo del trabajo en el centro de la vida nacional” (programa del CNR [1]).
3- Una república que se adueñe de su economía y reconstituya su fuerza productiva.
4- Una república social que regrese al camino del progreso humano y de la reducción de las desigualdades sociales.
5- Una república antifascista, antirracista, antisexista, que rechace las discriminaciones y el estallido del comunitarismo bajo cualquier forma.
6- Una república unitaria, laica e indivisible.
7- Una república internacionalista, pacífica y antiimperialista que defienda la paz mundial, la cooperación internacional y el derecho de los pueblos a disponer de sí mismos.
8- Una república ecológica que defienda el medio ambiente y la salud pública contra el afán de lucro.
9- Una república de las Luces compartidas.
10- Renacimiento de una cultura francesa abierta al mundo.
Como ejemplo de esta iniciativa táctica, reproducimos a continuación la carta que el PRCF dirigió a Mélenchon hace dos meses. Por este camino, los comunistas franceses podrán impulsar realmente el desarrollo de su organización y de su influencia de masas como revolucionarios. Desde aquí, les expresamos nuestra solidaridad y les deseamos los mayores éxitos, que lo serán para todo el proletariado internacional.
Unión Proletaria