lunes, 2 de enero de 2017

Un día me fui a entrenar a Corea del Norte


 

undiamefui



Mi nombre es Ricardo González Dávila. Soy entrenador de baloncesto y acabo de aterrizar procedente de Corea del Norte, el que dicen es el país más hermético y desconocido del mundo. He sido el primer español en trabajar con las autoridades deportivas de aquel país. Allí he ejercido durante un mes como seleccionador masculino y femenino. Esta es mi experiencia.

Me siento enormemente afortunado de haberlo podido vivir. Corea del Norte es un país extraordinario, su gente es maravillosa y feliz. Me siento privilegiado por haber trabajado en un lugar al que casi nadie tiene acceso. Son personas muy inteligentes y no toman ninguna decisión sin analizarla y estar convencidos de que será un acierto.

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Lo peor, sin duda, ha sido estar separado de mi mujer, Lidia [Mirchandani, exjugadora internacional con España], y de María, mi hija de 17 meses. Se me hace eterno cada día que paso sin ella. Me pregunto si merece la pena el sacrificio y si me compensa. Mi gran amigo Javi Juárez [entrenador en categorías inferiores del Madrid] siempre me dice que lo hago por ellas y que cuando la niña sea mayor estará orgullosa de mí.

En Corea del Norte no existen las redes sociales. Tampoco en China, así que desde que llegué a Pekín tuve que olvidarme de Facebook, Twitter e Instagram. Tampoco hay acceso a muchas webs. Mi comunicación con el exterior era por teléfono, desde el chip con número norcoreano que compre allí, llamando desde el hotel, o bien por email.

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Me decían que estaba loco

Algunos me decían que estaba loco al ir a Corea del Norte. Ahora digo que estaría loco si no hubiera ido. Desde que recibí el primer correo electrónico del Comité Olímpico norcoreano, no tuve dudas. Así que el 16 de noviembre volé a Pekín y de allí, a Pyongyang.

Aquel día, mi avión fue el único que aterrizó en el aeropuerto. Y el día que me fui, era el único que salía. El aeropuerto es muy moderno y más pequeño del que tendría otra ciudad con ese número de habitantes, pero con el tráfico aéreo que hay no necesitan más.

Desde mi llegada tuve un chófer, una traductora y una guía. Estaban alojados en mi hotel y permanentemente preocupados de que estuviera bien. Se han ocupado de todo: comidas, transporte, turismo… Si quería ir a dar un paseo yo solo, ir al pabellón andando o ir a correr un rato, lo podía hacer sin ellos.

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Con la guía hablaba sólo en inglés y con la traductora, en inglés o español. Con los jugadores y el resto de la gente, todo era a través de la traductora. Muy poca gente habla inglés, aunque las autoridades del deporte sí lo manejan.

No he visto a personas occidentales. No conocí a ninguno en todo el mes. El turismo les llega casi todo de China.

En lo profesional, la verdad es que nunca tuve mejores condiciones para desarrollar mi trabajo. Lo he tenido todo. Es el sueño de cualquier entrenador: un pabellón de primer nivel, muchos jugadores, todas las horas de entrenamiento que quieras, material, audiovisuales, ayudantes… ¡Todo! Pidiera lo que pidiera, al día siguiente, en el entrenamiento, lo tenía.

Nunca he sentido como entrenador un respeto tan grande por parte de los deportistas y tanta predisposición a entrenar, aprender y mejorar. Hemos entrenado en un mes las mismas horas que puede entrenar un equipo profesional en Europa en tres meses, por sus partidos y sus viajes.

El biotipo del norcoreano es muy bueno para el deporte. Hay buenos jugadores y jugadoras. Es difícil que alguno jugara en la ACB, tal vez se adaptarían mejor a la LEB.

Sí hay jugadoras que podrían estar en Liga Femenina, incluida una de 1,97. No se les permite competir fuera del país, pero si creen que para crecer necesitan sacar a sus deportistas a jugar a las mejores Ligas del mundo, lo harán. Costeado y controlado por ellos.

Los jugadores de baloncesto son buenos técnica y físicamente por la cantidad de horas que se entrenan, y tienen el don del tiro. Al nivel de los mejores tiradores en Ligas europeas. Tácticamente tienen que crecer, ya que basan casi todo su ataque en su juego exterior. Tienen ganas de mejorar, aprender y ganar. Su conocimiento del baloncesto internacional, quitando Asia, es casi nulo. Allí no llega la NBA, pero mostraban interés por saber cuál era el lugar del baloncesto español en el mundo.

Y, por supuesto, es totalmente errónea la información sobre que allí hay canastas de cuatro puntos, mates que valen tres y esas cosas. Son todo bulos llegados desde el desconocimiento de lo que es Corea del Norte en lo deportivo.

La organización deportiva que tienen es inigualable. Jamás vi nada parecido. Todos los funcionarios del país tienen que practicar un deporte además de su trabajo. Y se hacen Olimpiadas en todo el país donde compiten el Ministerio de Agricultura contra el de Sanidad, el de Educación… Con los niños, igual: al acabar el colegio, todos deben hacer algún deporte. No pierden el tiempo con aparatos tecnológicos o la televisión.

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Casi todo el mundo va en bicicleta

Las dos tardes libres que tenía a la semana las dedicaba a jugar al tenis de mesa y hacer turismo. Pyongyang es una ciudad preciosa, de los lugares más bonitos que he visitado, con un encanto muy especial. Suele haber bastante gente, aunque en las fotos no se vea porque era domingo. Sorprende la amplitud. Hay algunas avenidas que son más del doble que La Castellana. Y eso en una ciudad que tiene 100 veces menos tráfico que Madrid. Hay coches, pero casi todo el mundo va en bicicleta. Es muy plana y ayuda.

Hay carriles bici del tamaño de calles enteras. También se mueven mucho en metro, que es de primer nivel y gratis para ellos, como el autobús. En Pyongyang hay de todo: centros comerciales, mercados, tiendas… No en la cantidad y variedad de otras grandes ciudades, pero puedes comprar lo que necesites. Es más bien barato para un bolsillo europeo. Comer o cenar en un buen sitio son 10 ó 15 dólares. Se puede funcionar en dólares o euros sin problema, pero en pocos sitios aceptan tarjetas de crédito. Eso sí, es imposible encontrar cosas occidentales. Todo es de fabricación propia. No hay Coca Cola, Sony, McDonalds… Ni de tabaco vi una marca conocida. Sólo mantienen relaciones comerciales con China, pero tienen absolutamente de todo. Ah sí, los jugadores llevaban zapatillas Nike, la mayoría del mismo modelo.

Hemos acabado todos muy contentos: ellos conmigo y yo con ellos. Ya hemos cerrado un acuerdo para el año que viene de otros tres meses, quizá más, dependiendo de mi disponibilidad profesional y de las fechas de las competiciones internacionales en las que decidan participar. Estoy seguro de que será una vinculación de varios años. Quieren que trabaje con ellos en muchas más cosas que entrenando a sus jugadores. La idea es ir participando con las diferentes selecciones de todas las edades, pero tienen claro que irán a jugar cuando sepan que están preparados para competir.

No he tenido ocasión de conocer al presidente Kim Jong-un, aunque me habría encantado. El máximo dirigente de la Federación me dijo que eran grandes amigos porque jugaron muchos años juntos al baloncesto. De ahí su afición por este deporte. Ojalá el año que viene tenga la oportunidad de conocerle.