lunes, 28 de noviembre de 2016

Dentro de la revolución todo; contra la revolución nada



La muerte de Fidel Castro ha sido como el fallecimiento de cualquier ser humano, a pesar de los pesares de sus enemigos, el imperialismo yanqui y sus mercenarios, que siempre pretendieron acortar su vida mediante cualquier forma o atentado terrorista. Con su muerte, los enemigos de la independencia y libertad del pueblo cubano, aprovechan para denigrar y acusarlo de dictador, como si el imperialismo yanqui y europeo, representasen el sumun de la superioridad democrática, cuando todo el mundo sabe, que su democracia es igual, a la capacidad de demostración de una realidad virtual socialmente paralela, creada por las empresas de comunicación, televisiones, prensa y radio, públicas y privadas al servicio de los gobiernos de las oligarquías imperialistas, ocultando toda la miseria social.

Lo peligroso para nosotros, no es que en las filas de la confluencia por la unidad popular, existan personas que estén atrapadas por esa lógica construida por el imperialismo, ya que en sus pensamientos de clase media, nunca entró ningún proyecto revolucionario clasista, que acabase con la propiedad privada de los medios de producción. El peligro está, en que nosotros flaqueemos en la demostración, de que el socialismo es el único sistema histórico conocido y demostrado, como alternativo al sistema capitalista, con capacidad de llevar el bienestar al conjunto de las clases trabajadoras y las capas populares. Lo están demostrando los países que están construyendo el socialismo, mal que pese a una gran parte de la clase media, que se niega a reconocer, que vive y trabaja por la venta de su fuerza de trabajo a un empresario o al gobierno burgués de turno, clase media, embaucada en ese pensamiento reformista, creado imaginariamente por los instrumentos mediáticos, de que el capitalismo se puede reformar, en un sistema más justo y democrático.

Con la desaparición de la URSS, quedó de sobra demostrada, la superioridad del sistema socialista sobre el capitalista, porque solo lo podemos analizar desde la realidad social de las condiciones de vida de las clases trabajadoras y el pueblo y no por el lujo y dispendios de sus ricos. Comparándolo con la actualidad, las condiciones de vida de los pueblos que componían la antigua URSS, ha retrocedido en las condiciones de vida y trabajo a la misma velocidad, que ha avanzado las condiciones de vida de una minoría oligárquica al servicio del imperialismo occidental, bajo el enriquecimiento ilegítimo y explotación miserable de la clase trabajadora y el pueblo.

Que a estas alturas dirigentes de la confluencia popular, pongan en duda la superioridad moral, social, económica y democrática del sistema socialista cubano sobre el capitalista, negando lo que todos y todas sabemos y que las organizaciones internacionales ligadas a la ONU, han reconocido a pesar y contra el criminal embargo estadounidense, en las insuperables a conseguir por el sistema capitalista, condiciones de vida, trabajo, salud, formación y servicios sociales que a la clase trabajadora cubana y su pueblo ha legado el socialismo. Negar esto es reaccionario por mentiroso y coloca a quien lo hace, en el bando del imperialismo y niega la confluencia del populismo nacional y de izquierdas, única alternativa real hoy día a la oligarquía euroalemana.

Lo mismo sucede, cuando se critica el modelo electoral cubano, anteponiendo el modelo europeo o estadounidense porque se eligen directamente a los gobernantes, lo cual es completamente falso, por ejemplo en España y EEUU, dos democracias capitalistas donde los candidatos son arropados en exclusivo, por todos los medios de comunicación privados y públicos, todos, al servicio de los candidatos que apoyan al sistema del capitalismo neoliberal. Rajoy gobierna este país, porque el voto está organizado sociológicamente de una manera tal, que en las provincias pequeñas donde  el voto conservador es mayoritario salen beneficiados, perjudicando a las provincias más pobladas donde el voto a la izquierda es mayoritario. Así es que en España y en EEUU, puedes tener más votos populares, pero menos diputados o compromisarios en EEUU y ser nombrado el del partido menos votado presidente, también el carácter reaccionario de este sistema democrático del capitalismo, con el desamparo ante el sistema judicial, de las malas prácticas y autoritarismos. El socialista Sanders en EEUU, es derrotado por las malas prácticas y posiblemente fraude, del aparato del Partido Demócrata a favor de su candidata Clinton y en España se admite como legal, el golpe de estado interno del PSOE realizado por Felipe González en el Comité Federal, contra los estatutos y bajo presiones y amenazas de todo tipo a sus miembros, para derribar al secretario general socialista Pedro Sánchez, mas independiente de la oligarquía en el poder, para poner el gobierno en las manos del PP de Rajoy .

La frase de Fidel Castro, dedicada a aquellos que critican el proceso revolucionario “dentro de la revolución todo; contra la revolución nada” también es aplicable a nosotros, en nuestra revolución particular en el corazón del imperialismo, en España y Europa, porque igual que el populismo nacional y de izquierdas en el proceso revolucionario latinoamericano, no es comprensible sin la revolución cubana, el de Europa tampoco lo sería sin la suma de las experiencias revolucionarias internacionales, europeas, latinoamericanas y asiáticas.

Como muestra este botón, de por dónde van los debates en la Cuba revolucionaria, prestar atención independientemente de que sea su debate, porque también nos atañe, en la forma que los cubanos construyan el socialismo con marca cubana, en dos aspectos fundamentales de la construcción del socialismo: la construcción económica y la participación política del pueblo, por mi parte solo recordaros, que bajo el socialismo sigue habiendo luchas de clases.

Alonso Gallardo militante comunista por la confluencia popular         28-11-2016

 

 

25-11-2016

La conceptualización del modelo y el futuro del socialismo

 



 

Si en el año 2011 los “Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución” marcaron el debate en Cuba y fijaron la hoja de ruta para el cambio económico, 5 años después en el marco del VII Congreso del PCC, la “Conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista” es el principal documento de análisis colectivo. Un texto de importancia vital ya que se ponen sobre el tapete aspectos estructurales del sistema cubano, es decir, del socialismo autóctono, y se plantea una reflexión político-filosófica que no se daba probablemente desde los años setenta, cuando se aprobó la Constitución del país.

El otro documento que acompaña a la “conceptualización” es el “Plan Nacional de desarrollo hasta 2030”, que de facto no es todavía un Plan sino más bien sus principios y sus ejes estratégicos. Estos dos textos están siendo debatidos por decenas de miles de personas en centros de estudio y de trabajo y serán enriquecidos con los principales aportes que se vayan realizando a lo largo de una reflexión colectiva que se prolongará, probablemente, hasta fin de año.

El debate en torno a la “conceptualización del modelo” sin duda resulta el más apasionante y obviamente también el más polémico, ya que está permitiendo discutir acerca de los grandes temas que históricamente marcaron la disputa entre los dos grandes sistemas de la modernidad: el socialismo y el capitalismo. La “conceptualización” está estructurada en cuatro capítulos principales que abordan temáticas estructurales como los principios del modelo, la propiedad de los medios de producción, la dirección planificada de la economía y la política social.

Más allá de esta división formal, a lo largo del texto destacan dos grandes debates: uno en torno a la propiedad y el otro acerca de la relación entre Estado y Mercado. De estos dos principales debates se derivan otros de gran relevancia como los modelo de gestión, el papel y potencialidades del cooperativismo, la redefinición de la política social para que sea sostenible… En síntesis, sitúa a las y los cubanos en la tesitura de conceptualizar el nuevo proyecto socialista para el siglo XXI.

La propiedad. En el primer capítulo de la “conceptualización” se fijan los “principios de nuestro socialismo que sustentan el Modelo” y se afirma con rotundidad que “la propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción” es la forma principal de la economía. Se agrega que este tipo de propiedad garantiza la “condición de propietario común” a toda la sociedad cubana. En el capítulo 2 dedicado a la propiedad sobre los medios de producción, se concibe a la propiedad estatal como “la propiedad socialista de todo el pueblo”.

Se establece, por tanto, una divisoria clara entre propiedad “estatal” y propiedad “no estatal”, considerando que el mayor grado de socialización se logra a través de la primera. El citado capítulo 2 indica que la “forma estatal constituye la columna vertebral de todo el sistema de propiedad de la sociedad socialista”. La novedad, según José Luis Rodríguez, ex ministro de Economía y uno de los intelectuales más respetados, es que en esta nueva etapa del socialismo se reconoce el papel funcional que puede jugar la propiedad no estatal.

Una propiedad que, de todas formas, “está sujeta a temporalidad”. Esto significa que en un futuro podría revertir de nuevo a estatal, como ocurrió, recuerda Rodríguez, con la compañía de teléfonos ETECSA, que en 1995 era mixta y en 2008 fue recomprada por el Estado.

A pesar de la prioridad que se otorga a la propiedad estatal, la expansión de la propiedad no estatal es un hecho, como lo evidencian los datos del empleo, ya que si en 1989 solo el 6% de las y los trabajadores trabajaban en empresas no estatales, en el 2016 ya suponen casi el 30% de la fuerza laboral. Sin embargo, el peso de la economía no estatal en el PIB es apenas de un 12%, ya que su presencia se restringe a pequeñas empresas y a sectores no estratégicos. Los sectores estratégicos, las grandes industrias como la electricidad, las telecomunicaciones, la minería, etc., seguirán indiscutiblemente bajo control del Estado, asevera Rodríguez.

El documento de la “conceptualización” reconoce que la propiedad privada “cumple una función social”, tanto la nacional como la extranjera, ya que coadyuva en la mejora del “bienestar”, “tributa al desarrollo local” y contribuye a la “eficiencia” económica. Pero a su vez, deja claro que solo se permitirán pequeños emprendimientos y que se limitará la concentración de la propiedad y la riqueza privada.

En la práctica, es reseñable el modelo de financiación de los nuevos negocios privados, ya que según académicos norteamericanos el 50% de las remesas provenientes de EE.UU. se transforma en capital para crear o impulsar empresas privadas. Las lecturas, dentro de la propia intelectualidad económica cubana en relación a los proyectos privados son diversas. Rodríguez destaca que en la actualidad estas empresas están sub-declarando y por tanto pagando menos de lo que les corresponde, lo cual es innegable. Everleny Pérez, por su parte, considera que es necesario permitir más actividades profesionales privadas (bufetes, arquitectos, consultorías económicas…) y agrega que si se frena la iniciativa la gente seguirá yéndose del país, lo cual es una evidencia empírica.

En este nuevo contexto que se está creando en torno a los nuevos negocios privados, se cruzan variables contradictorias que muestran con claridad los aspectos positivos y negativos que están experimentando en primera persona los y las trabajadoras contratadas. Por una parte, los sentimientos de “explotación” emergen en las narrativas de esta franja incipiente de la clase trabajadora cubana; pero por otra parte, manifiestan que sus ingresos son muy superiores a los de cualquier empleo público. El testimonio de algunas empleadas de cafeterías o restaurantes privados es paradigmático en este sentido.

Las cooperativas. Otro de los grandes debates que se están dando en relación a la “conceptualización del modelo” y que son trascendentales para el Socialismo en el siglo XXI, es el de la autogestión y su materialización en Cuba a través del cooperativismo. El primer aspecto crítico a destacar es la desconfianza que sigue generando en capas importantes del Partido, de la dirección política y sobre todo de la burocracia intermedia. La cooperativa la siguen considerando una forma inferior de socialización de la propiedad en comparación con la propiedad estatal, lo cual evidencia la hegemonía del imaginario del socialismo real del siglo XX.

En parte, existe un temor comprensible respecto al riesgo del cooperativismo, ya que fue la forma encubierta de los negocios privados en la transición al capitalismo en la URSS, como advierten algunos analistas cubanos. Sin embargo, para los sectores favorables a la autogestión en Cuba la apuesta por el cooperativismo permitiría una mayor socialización de los medios de producción porque posibilitaría que los y las productoras pudieran, sin intermediación de ningún funcionario, gestionar directamente la empresa. 

El cooperativismo ha tenido presencia en Cuba desde 1959 pero sólo en el sector agrario. No será hasta el 2011, con la apuesta por el nuevo modelo, cuando se impulse el cooperativismo en industrias y servicios (prioritariamente en este último). Actualmente hay casi 500 cooperativas en proceso de prueba y evaluación, la gran mayoría en el sector de gastronomía, comercio agropecuario y construcción. Hay previsión de que en los próximos años más de 12.000 pequeñas empresas estatales de servicios (la mayoría gastronómicos) se conviertan en cooperativas. Para los grupos pro-autogestión el proceso de cooperativización se está dilatando excesivamente y teniendo incluso más trabas que los negocios privados, lo cual podría interpretarse como una contradicción del proceso de cambio.

La gestión. Más allá del debate acerca de la propiedad existe otro trascendental y complementario: el modelo de gestión. A veces las disputas se circunscriben a la forma “propiedad”, cuando la forma “gestión” puede resultar más importante en algunos casos. De hecho, el criterio de eficiencia está siendo determinante a la hora de modificar el modelo de gestión en algunas empresas, aunque la propiedad siga siendo estatal.

El primer caso relevante es el del cooperativismo, ya que el 70% de las cooperativas en experimentación, son antiguas empresas públicas que ahora pasan a ser gestionadas por sus trabajadores/as, aunque parte de la propiedad puede seguir siendo estatal: los vehículos en el caso de las cooperativas de transporte público, los almacenes en el de las cooperativas textiles…

El otro caso paradigmático es el de la gestión privada extranjera en empresas de titularidad pública. El sector hotelero es quizás el más conocido, ya que desde los años 90 se conoce este modelo de propiedad pública o mixta y gestión privada, en el que los rendimientos económicos han sido positivos. La exportación de ron es otro referente y más recientemente la apuesta ha sido abrir a otros sectores, como el de los aeropuertos. La firma con una empresa francesa de un contrato de gestión del aeropuerto de La Habana y la intención de generalizarlo al resto de aeropuertos del país, es el ejemplo más destacado.

El Mercado. En el tercer capítulo de la “conceptualización”, el dedicado a “La dirección planificada de la economía”, se afirma categóricamente que “las leyes del Mercado no ejercen el papel rector”, siendo el Estado el gestor y regulador principal. Sin embargo, se perciben dos cambios importantes. Por un lado, el impulso a la descentralización, lo que implica dar mayor capacidad de decisión a las provincias y municipios y conceder mayor autonomía a los órganos de dirección de las empresas públicas.

Por otro lado, el “reconocimiento del Mercado”, esa institución que el socialismo real quiso suprimir por decreto pero que nunca desapareció. Como agudamente plantea el ex ministro Rodríguez, el mercado siempre existió aunque se trató de manera idealista de suprimirlo. Como la ley lo prohibió entonces se manifestó a través de la economía informal, del mercado negro. La lectura cubana actual plantea la existencia de un mercado regulado, no de un mercado libre, y por tanto la construcción de una economía “con mercado” y no una economía “de mercado”, que sí es la propia de los países capitalistas.

Rodríguez pone un ejemplo muy gráfico para entender la nueva relación que hay que establecer con el mercado. Afirma que los precios de muchos productos no se pueden regular administrativamente sino a través de un flujo suficiente de oferta, porque si no “la tendencia que se impone es a que se venda en la economía sumergida a un precio superior”.

Política social. La “conceptualización” culmina con el capítulo referido a la “política social”, donde se proclama la gratuidad de los derechos sociales básicos. La novedad la encontramos en la apelación a las “posibilidades objetivas de la economía”, reconociendo las limitaciones presupuestarias que puedan existir. Además, se indica que “se cobrarán” los servicios “complementarios y de carácter no fundamental”, advirtiendo que la gratuidad absoluta y generalizada ya no será viable.

El debate estrella sobre política social de los últimos tiempos es acerca del futuro de la histórica cartilla de abastecimiento, ya que a día de hoy sigue siendo totalmente universal. Cada vez parece más claro que tarde o temprano se asignará de forma focalizada a los sectores más vulnerables, y por tanto será un instrumento de combate a la desigualdad, un problema creciente desde la década del noventa.

El futuro del socialismo en Cuba nadie lo puede decretar. Lo único que está claro es que el modelo tradicional deudor de las experiencias del siglo XX se agotó y que será sustituido por otro modelo que necesariamente debe ser autosustentable. La pluralidad de propiedades, modelos de gestión e instituciones económicas será la clave sobre la que descanse el nuevo ensayo de socialismo para el siglo XXI.

Luismi Uharte. Grupo de investigación Parte Hartuz (Universidad del País Vasco)

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

26-11-2016

 

Los debates políticos pendientes



La centralidad de los debates económicos en Cuba está opacando o más bien posponiendo los debates estrictamente más políticos. En parte es lógico por la urgencia de diseñar un modelo más sostenible y porque además el malestar social se expresa en clave económica y no política. De hecho existe una percepción generalizada de que hoy día no hay crisis del modelo político sino del económico. Sin embargo, a medio plazo el sistema político puede convertirse en un artefacto que si no se recompone bien puede terminar estallando en las manos de la nueva generación que tome la riendas.

Recientemente Aurelio Alonso, un referente de las Ciencias Sociales cubanas, advertía que “la unidad es señal de salud política” pero que había que tener cuidado con “la uniformidad”. Agregaba que en el marco de la reforma política había que impulsar la construcción de un “sistema de participación democrática efectivo” y que las instancias del Poder Popular debían convertirse en un “poder más real”.

De manera informal e inconexa planean en este tiempo previo al debate más institucionalizado una serie de temas que tarde o temprano tendrán que abordarse y entre los que destacan los siguientes: el modelo electoral y el de representación, el modelo de participación política y las atribuciones del Partido Comunista, y el papel y autonomía de los nuevos movimientos sociales.

Modelo electoral. El hecho de que la propaganda internacional unida al desconocimiento generalizado haya caricaturizado a Cuba como un “régimen” de Partido único donde solo se puede votar al Partido Comunista, lo cual es incorrecto, ha llevado a que las y los defensores de la Revolución cubana (desde dentro y desde fuera) terminaran idealizando un modelo electoral que hace tiempo muestra signos de agotamiento.

En teoría el modelo electoral presenta una serie de virtudes: no se presentan los miembros del Partido sino cualquier vecino, las candidatas no se postulan a sí mismas sino que obligatoriamente deben ser propuestas por sus vecinos en función de su perfil y aptitudes, las campañas no están determinadas por la capacidad económica para hacer propaganda (prohibición del mercantilismo electoral)…

Sin embargo, la frescura que el modelo tuvo en un tiempo se ha ido perdiendo, convirtiéndose cada vez más en una liturgia que genera poco entusiasmo. Por un parte esto es así porque la ciudadanía siente que la persona electa en la base no tiene mucha capacidad de decisión en el día a día, ya que sus competencias son muy limitadas. La reivindicación de una descentralización mayor de atribuciones a los delegados del Poder Popular es uno de los requerimientos más repetidos por diversos sectores. Por otra parte, también está tomando fuerza la demanda de realizar las campañas electorales no exclusivamente de acuerdo al perfil más o menos idóneo de la candidata sino sobre todo en torno a programas políticos que se puedan contrastar.

Otro aspecto del modelo electoral que también es parte de la actual discusión subterránea es la necesidad de elegir directamente al presidente, ya que actualmente la elección es indirecta a través del Parlamento. En las últimas décadas, desde la institucionalización del sistema político cubano a mitad de los setenta, la elección consecutiva de Fidel Castro fue parte de los grandes consensos populares y desde 2008 el relevo por parte de su hermano Raúl también es aceptado mayoritariamente. La reflexión es sencilla pero contundente: son los líderes de la generación histórica que hizo la Revolución y tienen la legitimidad popular.

Esta misma afirmación sirve para lo contrario: la próxima persona que asuma la presidencia en 2018 –año en que Raúl anunció su salida- ya no pertenecerá a la generación histórica y por tanto no gozará de la legitimidad para una elección indirecta, sino que debería ser electa por votación directa. Debido a la importancia que la figura presidencial tiene en el sistema cubano, esta demanda es probable que vaya tomando cada vez más fuerza. No sabemos si para la elección de 2018, en la que la figura del vicepresidente Díaz Canel (56 años) lidera todas las quinielas, pero quizás sí para el próximo periodo.

Otro aspecto importante que a día de hoy ya está aprobado es la limitación a dos periodos la elección para cualquier cargo público, lo cual posibilitará una mayor rotación y más dinamismo en el ejercicio de la política pública.

Modelo de representación y participación. Un conflicto de poderes que se manifiesta en el sistema político cubano de manera regular es entre los cargos electos (parlamentarios, delegados del Poder Popular...) y los cargos por designación política (dirigentes de organismos y empresas). Según el periodista Fernando Ravsberg históricamente los dirigentes administrativos no han rendido cuentas suficientemente frente a los delegados del Poder Popular, a pesar de que eran los dirigentes electos por la población. Algo similar se ha detectado en la relación entre la Asamblea Nacional y algunos altos burócratas ministeriales, por la ausencia de estos últimos a sesiones de control y seguimiento parlamentario.

Esto evidencia un poder excesivo de dirigentes que no han sido elegidos por sufragio y provoca un debate ineludible no solo en torno a la necesaria limitación del poder de la alta burocracia sino también en relación al modelo tradicional de reparto de cargos a través de la estructura del Partido. Más aún, interpela al sistema de participación política y al papel del Partido Comunista en los próximos años.

El papel indiscutible e histórico que el Partido ha tenido durante décadas como organización dirigente de la sociedad y vanguardia política, tarde o temprano será objeto de debate, porque el nuevo tiempo histórico así lo demanda: cambios generacionales y sociológicos, reforma económica, contexto geopolítico regional e internacional…

Esto no significa que el debate se vaya a situar en las coordenadas deseadas por los liberales de dentro y fuera, es decir, el pluripartidismo como punto de partida. Teniendo en cuenta además que EE.UU. sueña con financiar a la pequeña burguesía emergente y que esta se convierta en una futura plataforma político-partidaria de oposición, es muy improbable que los que sueñan con la restauración política logren su propósito.

De cualquier manera, el legítimo derecho a la resistencia cubana frente al imperialismo y sus planteamientos de unidad política, que no nacen con la Revolución del 59 sino que se remontan a los principios martianos de hace más de un siglo, no puede neutralizar la necesaria renovación del Partido y de su función en la nueva etapa histórica. En primera instancia, la renovación interna implica poner en cuestión la actual composición sociológica del Partido, ya que como bien recuerda el sociólogo Ariel Dacal, el 72% de sus integrantes son funcionarios, mientras que solo un 12% son “productores directos” (producción y servicios). La renovación también apela a la democratización interna y por tanto a la posibilidad de permitir tendencias que superen el carácter monolítico del Partido. Dacal cita al propio Raúl Castro cuando afirma que “si la opción es el partido único, este tiene que ser el más democrático”.

La redefinición de las funciones del Partido para el nuevo tiempo histórico es el otro debate pendiente, ya que la reivindicación de un mayor poder para los cargos electos automáticamente supondría empezar a poner cuestión la tradicional atribución de “organización superior de dirección” que ha tenido el PCC en las últimas décadas. Lo que parece claro es que si estas reformas democratizadoras no se impulsan, aquellos que abogan por la restauración pluripartidista tendrán más argumentos para alzar su bandera, más aún cuando el bloqueo caiga.

Movimientos sociales. La reforma del sistema político afecta también a la relación de las instituciones políticas con los movimientos sociales. El modelo vigente en Cuba desde los 70 se sostiene en la vinculación muy estrecha de las organizaciones de masas (juventud, movimiento de mujeres, federaciones estudiantiles, sindicato, CDRs…) con el Partido y con la estructura política en su conjunto. Un modelo congruente con los planteamientos del socialismo del siglo XX y muy efectivo para enfrentar la amenaza permanente del imperialismo estadounidense.

Sin embargo, desde la década del noventa el paisaje movimientista ha ido complejizándose al calor de los cambios múltiples: crisis económica, crecimiento de las desigualdades, nuevas identidades juveniles con expectativas renovadas… Han ido emergiendo colectivos que son la expresión de los “nuevos movimientos sociales” y que trabajan y militan en clave revolucionaria pero reivindicando y desarrollando una práctica activista mucho más autónoma y con mayor capacidad crítica respecto al sistema que defienden.

Las miradas más sectarias de la vieja cultura política han mirado con cierta desconfianza a estos nuevos movimientos que desafiaban el control tradicional de las instituciones y del Partido, pero con el paso del tiempo, su lealtad al proyecto de país les ha ido confiriendo un mayor prestigio. La interacción con los nuevos movimientos de otros países latinoamericanos e incluso con los nuevos gobiernos de izquierda de la región ha sido un insumo fundamental para su fortalecimiento y legitimidad.

El perfil más autónomo y las prácticas autogestionarias que caracterizan a estos nuevos movimientos (de educación popular, cooperativismo…) no solo enriquecen el universo de los colectivos populares sino que interpelan a las organizaciones de masas tradicionales para su necesaria refundación y adecuación al nuevo tiempo histórico que se configura alrededor de una nueva gramática socialista.

Socialismo para el Siglo XXI. La renovación del sistema político cubano, o lo que Dacal denomina “la revolución dentro de la revolución” implica enfrentarse a grandes desafíos. Por una parte, supone deconstruir el socialismo del siglo XX pero teniendo la creatividad y la habilidad suficiente para evitar que el péndulo no oscile excesivamente y pueda terminar siendo seducido por el imaginario global y dominante del liberalismo político.

Por otra parte, hay que ser conscientes que la batalla no es exclusivamente política sino de carácter “cultural”, como agudamente señala Fernando Martínez Heredia, uno de los intelectuales más respetados en la isla. Heredia afirma que la cultura capitalista no pretende ahora, a corto plazo, aspirar al poder político, ya que su campo principal de batalla es la vida cotidiana, las relaciones sociales y las ideas que se consumen.

En síntesis, el proyecto político cubano para el socialismo en el siglo XXI está intrínsecamente ligado a una nueva cultura política revolucionaria que no solo sea una alternativa viable frente a la cultura política del capital y del liberalismo sino que también sea capaz de superar la cultura política tradicional del socialismo del siglo XX.

Luismi Uharte. Grupo de Investigación Parte Hartuz (Universidad del País Vasco)

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.