domingo, 13 de noviembre de 2016

CETA y la crisis del comercio mundial


Michael Roberts
Categoría de nivel principal o raíz: Destacado Asturias
08 Noviembre 2016
Desde el final de la Gran Recesión, en lugar de que el crecimiento del comercio mundial supere al crecimiento del PIB real, está ocurriendo lo contrario. En promedio, desde 1945, el comercio mundial tendía a crecer 1,5 veces más que el PIB
 
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La UE y  Canadá  han firmado finalmente el acuerdo de libre comercio CETA que estuvo a punto de descarrilar la semana pasada por las objeciones de los belgas francófonos, poniendo de relieve las dificultades para alcanzar nuevos acuerdos comerciales globales. El acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) entre Asia y los EE.UU., fue acordado a principios de este año, pero todavía tiene que ser ratificado por los parlamentos de todos los países firmantes. Y ambos candidatos en las elecciones presidenciales de Estados Unidos se oponen ahora a su ratificación. El Acuerdo de Asociación Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP) entre Europa y los EE.UU. ha quedado congelado, con pocas probabilidades de que se llegue  a un acuerdo en un futuro previsible.
Los partidarios de CETA dicen que aumentará el comercio entre Canadá y la UE en un 20%, aportando la economía de la UE 12 mil millones de euros al año y a Canadá 12 mil millones de dólares canadienses. Sin embargo, hemos oído hablar antes de los beneficios de los acuerdos comerciales globales y siempre resultan ser mucho menos, especialmente para los socios más débiles en cualquier acuerdo.
Por otra parte, CETA fue firmado pero sólo porque se acordó que sus partes más controvertidas quedaban en suspenso, a saber, la reducción de los aranceles a los productos agrícolas canadienses que amenazan a los agricultores de Valonia y los llamados tribunales de arbitraje de diferencias que permitirían a las empresas recurrir cualquier decisión de los gobiernos que supongan una amenaza para sus beneficios (¡en tribunales con representantes de las empresas!). Ahora bien, pueden pasar otros dos años antes de que se consiga la plena ratificación por los 28 estados miembros de la UE.
Como he indicado en otras notas, estos acuerdos regionales entre bloques han sustituido a todas las negociaciones globales a través de la Organización Mundial del Comercio (OMC) porque estas han fracasado una y otra vez desde la crisis financiera global. Y la razón es clara: el crecimiento del comercio mundial se ha reducido hasta estancarse. Cuando un pastel se hace más grande y más grande, los que lo reparten suelen están contentos de llegar a un acuerdo para compartirlo. Pero cuando el pastel empieza a ser más pequeño, la gente no quiere renunciar a su parte y a su trozo. Esa es actualmente la situación. La Larga Depresión con su baja tasa de crecimiento del PIB real y la falta de inflación de los precios de los productos básicos han reducido el pastel.
La OMC redujo recientemente su pronóstico de crecimiento del comercio mundial este año en más de un tercio. Ahora espera un crecimiento de sólo 1,7% del volumen de comercio de 2016, por debajo de su estimación anterior del 2,8%. La OMC espera ahora un crecimiento del comercio más lento en 2017 que en su pronóstico anterior, con un aumento del 1.8 al 3.1% en lugar del 3,6% que había estimado en abril.
Como ya he señalado antes, desde el final de la Gran Recesión, en lugar de que el crecimiento del comercio mundial supere al crecimiento del PIB real por cierto margen, está ocurriendo lo contrario. En promedio, desde 1945, el comercio mundial tendía a crecer 1,5 veces más rápido que el PIB e incluso dos veces más rápido cuando la "globalización" se aceleró en la década de 1990. En las estimaciones de la OMC, el comercio crecerá sólo un 80% que la economía mundial a partir de ahora, la primera inversión de la tendencia a la globalización desde 2001 y la segundo desde 1982.
Incluso las previsiones de la OMC parecen optimistas. La Agencia de Comercio holandesa CPD considera que hasta agosto de 2016, el volumen del comercio mundial en realidad se ha estancado. Y si nos fijamos en la evolución del crecimiento del comercio mundial desde la Gran Recesión, el crecimiento medio anual de su volumen ha sido sólo un 2% frente al 5,6% antes de 2008.
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Los EE.UU. no son una excepción a la tendencia más general. El valor total de las importaciones y exportaciones de Estados Unidos  se redujo en más de $ 200 millones el año pasado . En los primeros nueve meses de 2016, el comercio cayó $ 470 mil millones más. Es la primera vez desde la Segunda Guerra Mundial que el comercio con otras naciones ha disminuido durante un período de crecimiento económico.
Todo esto preocupa seriamente a los estrategas del capital, especialmente  a los que representan a las principales economías. "La reducción de libre comercio sería bloquear un motor que ha aportado ganancias para el bienestar sin precedentes en todo el mundo durante muchas décadas", escribió en un reciente artículo Christine Lagarde, directora gerente del FMI,  alentando a las naciones para que renueven su compromiso con el comercio.
Todo esto hace que las perspectivas de que el capital británico consiga un buen acuerdo comercial con la UE en los próximos dos años de negociación son escasas. Y como he señalado antes , la idea de que los exportadores británicos van a ganar más cuota de mercado después de la devaluación del 20% de la libra resultará falsa. A raíz de la depreciación del 25% de la libra después de la Gran Recesión en 2008, los exportadores británicos no pudieron conseguir un aumento de su cuota de mercado. Y cuando la divisa se apreció en 2013, la cuota de exportación se redujo aún más.
La razón fue doble. Las empresas de exportación británicas prefirieron obtener más beneficios y mantuvieron sus precios de exportación, incluso con la devaluación de la libra esterlina. Pero la devaluación también significó el aumento de los precios de importación y la mayor parte de los insumos para las exportaciones británicas (coches o servicios financieros) son importados. Así que los precios de importación más altos hicieron difícil bajar los precios de exportación.
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El comercio mundial ha dejado de crecer. Los acuerdos comerciales regionales están en peligro. La globalización se ha terminado. Un buen momento para Brexit.
 
es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.
Fuente:
https://thenextrecession.wordpress.com/2016/10/31/ceta-and-the-crisis-in-world-trade/
 
 
  Alejandro Nadal
  Categoría de nivel principal o raíz: Desde Asturias
  03 Noviembre 2016
- Entre 1973 y 2015 la tasa de crecimiento del PIB mundial pasó de 6.4 a 2.4%
- Antes de la crisis de 2008 ya se observaba una tendencia decreciente durante más de tres         décadas
 
En la cosmogonía de los economistas no hay nada más aterrador que la perspectiva de la crisis y el estancamiento secular. Ambos se acompañan de la pérdida del paradigma sobre estabilización y crecimiento que desde hace décadas orientó el trabajo de los economistas.
En la actualidad, como huérfanos desorientados, los economistas cercanos a la corriente dominante en teoría macroeconómica siguen buscando señales de que su paradigma no ha muerto. Recuerdan los pasajes del Paraíso perdido de John Milton en los que un Adán desamparado implora perdón pero su expulsión del paraíso es decretada. Así los economistas convencionales vagan sin rumbo, tratando de rescatar el paradigma perdido.
En el poema de Milton, el arcángel Miguel lleva a Adán a una colina desde donde contempla el porvenir que aguarda a la humanidad. Hoy desde una colina similar, los economistas observan consternados el desolador panorama del estancamiento secular. Ante su vista se suceden desempleo, pobreza, desigualdad, finanzas públicas desequilibradas y una política monetaria sumida en el desconcierto.
El viejo paradigma de estos economistas de la corriente neoclásica está basado en la creencia de que la política macroeconómica puede controlar los vaivenes de los ciclos económicos y la volatilidad de los mercados financieros. Sin duda la crisis de 2008 hizo añicos ese sueño y la fantasía de la estabilidad macroeconómica. Pero muy pocos economistas fueron capaces de leer las señales anteriores a la crisis sobre el gran diluvio del estancamiento secular.
Y sin embargo, esas señales eran bastante claras. En los últimos 30 años la tasa de crecimiento de la economía mundial disminuyó de manera constante. Entre 1973 y 2015 la tasa de crecimiento del PIB mundial pasó de 6.4 a 2.4 por ciento. Es decir, antes del frenazo que sufre la tasa de crecimiento del PIB mundial por la crisis de 2008 ya se observaba una tendencia decreciente durante más de tres décadas.
Otro indicador es el comportamiento de la tasa de interés real. Durante el periodo 1975-2015 la tasa de interés real para activos libres de riesgo fue disminuyendo brutalmente y pasó de un nivel cercano a 4 por ciento a niveles negativos cercanos a –1.2 por ciento. Los cálculos pueden variar ligeramente, pero cuando se observa una tendencia de esta magnitud a lo largo de un periodo de 30 o 40 años no se puede evitar pensar que aquí están en juego algunas fuerzas económicas seculares muy poderosas.
El problema es que frente a estas fuerzas del tiempo largo los economistas convencionales no pueden ofrecer un remedio en materia de política macroeconómica. Por ejemplo, los modelos macroeconómicos que utilizan los bancos centrales en la mayoría de los países son incapaces de sugerir medidas para afrontar un problema secular como el del estancamiento de largo aliento. Esos modelos dinámicos estocásticos de equilibro general (DSGE por sus siglas en inglés) sólo permiten en el mejor de los casos pensar en problemas acotados en el tiempo corto, como en algún episodio cíclico o un incidente de volatilidad en los mercados. Pero el marco analítico de esos modelos y sus metas sobre inflación no hace posible el concebir problemas como un desplome constante de la oferta o una deficiencia crónica de la demanda agregada. Es decir, además de tener todas las deficiencias para el tratamiento de problemas de corto plazo (agentes representativos y condiciones artificiales de estabilidad) los modelos DSGE son incapaces de dar cabida al tratamiento de problemas estructurales de largo plazo.
Frente a un escenario de estancamiento de largo plazo la política macroeconómica convencional permanece muda. Es que desde hace décadas su objeto no ha sido el control del nivel general del producto agregado. Y además, hoy los economistas convencionales no saben cómo articular una política fiscal expansiva con una política monetaria no convencional de tasas de interés muy bajas o incluso en terreno negativo. Tampoco tienen algo que ofrecer frente al problema de la desigualdad en la distribución del ingreso que tantos problemas macroeconómicos conlleva.
La teoría y política macroeconómica convencional tienen graves deficiencias, incluyendo sus anacrónicas hipótesis sobre el papel del sector bancario (como simple intermediario) y la presencia de agentes representativos (desacreditados teóricamente desde 1974). Así que ¿cómo pedirles que den el salto conceptual que les permita incorporar cosas como la evolución de la tasa de ganancia, el nivel general de salarios y la evolución del endeudamiento? Éstas son las preguntas centrales en una discusión sobre las tendencias futuras del capitalismo, pero tienen que ver con el espinoso tema de la distribución del ingreso y eso es algo que la teoría convencional prefiere ignorar.
La hipótesis del estancamiento secular invita a pensar en formas novedosas de política macroeconómica. También impone la necesidad de reflexionar sobre la necesidad de transformaciones económicas radicales porque el paradigma perdido de los neoclásicos jamás será recuperado.
Twitter: @anadaloficial
La Jornada