domingo, 2 de octubre de 2016

El fin de la globalización y el futuro del capitalismo

 

Michael Roberts

Categoría de nivel principal o raíz: Desde Asturias

16 Septiembre 2016

En 1980 el promedio de las horas trabajadas al año fue de 1.800 en las economías avanzadas y, actualmente, se sigue trabajando 1.800 horas, no hay ningún cambio digno de mencionardescarga

Recientemente el economista keynesiano Brad DeLong ha recuperado la idea (de John Maynard Keynes) que aunque el capitalismo este hoy en depresión, no hay que preocuparse, ya que – si se mira en el largo plazo- este modo de producción ha sido el más acertado – en la historia- para cubrir las necesidades de la gente; y volvería a lograrlo.

Keynes expuso esta tesis en una conferencia en 1931,- con los estudiantes de economía en Cambridge- que denomino “Las posibilidades económicas de nuestros nietos” . Sostuvo que en cien años, los ingresos medios se incrementarían ocho veces y que todo el mundo trabajaría solo 15 horas a la semana Por tanto, dijo, es necesario mantener la fe en el capitalismo porque este no se extinguirá como sostienen las majaderas ideas marxistas – que muchos estaban adoptando en ese momento-.

Ahora, en medio de esta última Larga Depresión, Brad DeLong pretende convertirse en el Keynes del 2016. Sin embargo, en su blog admite que: “el crecimiento económico desde 2008 ha sido profundamente decepcionante. No hay ninguna razón para esperar con optimismo una avance en los próximos cinco años. Y, el fracaso de las instituciones mundiales, en ofrecer mayor prosperidad, ha quebrantado la confianza en mejores tiempos, confianza que serviría para eliminar los demonios de nuestra época”.

Brad DeLong agrega: “Pero no hay que temer; si miramos más allá de la economía para los próximos cinco años, y levantamos la vista a los próximos 30 a 60 años, la imagen se verá mucho más luminosa … la razón es simple: las tendencias que han impulsado el crecimiento global desde la Segunda Guerra Mundial no se han detenido. Hoy en día , más personas tienen acceso a las nuevas tecnologías, mejora la productividad, el mundo participa en el comercio con beneficio mutuo y , disminuye la natalidad disipando cualquier temor por un “boom” poblacional. Por otra parte, la innovación, especialmente en el Norte global, no ha cesado a pesar que hay una ralentización desde la década de 1980. Y , aunque la guerra y el terror continúan horrorizándonos, no estamos asistiendo a la escalada de genocidios, que fueron el sello distintivo del siglo XX “.

DeLong afirma que” estas grandes tendencias probablemente continuarán según; “las investigaciones realizadas por el Penn World Table , la mejor fuente de información sobre el crecimiento económico mundial” . Los datos del “PWT” muestra que: “el promedio real (descontada la inflación) del ingreso per cápita del mundo fue un 80 por ciento superior en 1980. En otras palabras, nuestra bienestar material es tres veces superior a lo que era en 1950″ .

Como se puede comprobar fácilmente, las profecías de Keynes – como las de Brad DeLong – son demasiado optimistas. Hice mis propias investigaciones hace unos años y demostré que (cosa que no hizo Keynes) el PIB, aumentó sólo alrededor de 2,5 veces entre 1930 y 1990.

El promedio de las horas trabajadas (en los EE.UU. en 1930) era de 50 horas. Hoy todavía están por encima de las 40 horas – incluyendo las horas extraordinarias- en los trabajadores que tienen la suerte de tener un empleo permanente. De hecho, en 1980, el promedio de las horas trabajadas al año, fue de alrededor de 1.800 en las economías avanzadas. Y, actualmente, se sigue trabajando unas 1.800 horas anuales. No hay ningún cambio digno de mencionar.

DeLong se hace eco de Keynes, al concluir que ” se acerca el fin de la pesadilla de una guerra nuclear, mis herederos en 2075 al mirar hacia atrás verán que su mundo es tres veces mejor que el nuestro hoy en día. ”

Este optimismo pro-capitalista también ha sido promovido por Angus Deaton, ganador del premio Nobel. Deaton -experto en pobreza en el mundo- destaca que la proporción de personas que viven con menos de $ 1 al día (en términos ajustados a la inflación) se ha reducido de un 42 a un 14 por ciento por ciento desde 1980. Por otra parte la esperanza de vida ha aumentado en un 50 por ciento desde 1950 y el mayor progreso contra enfermedades del corazón y el cáncer se han producido en los últimos 20 a 30 años. ” Las cosas están mejorando “, escribe.

Angus Deaton, añade que los avances en la calidad de vida de la gente es un desarrollo relativamente reciente. Y reconoce que : “ gran parte de estos adelantos provienen del gasto público –que ha sabido aplicar los progresos de la ciencia y el conocimiento- en educación, seguridad social, agua potable, aguas residuales, hospitales, prevención de enfermedades y cuidado de la infancia”. En consecuencia, estos avances no son propios del desarrollo del capitalismo, sino de conquistas en los llamados “bienes comunes”.

Pero, las cosas no son color de rosa. En 2013, el Banco Mundial informó que hay aproximadamente 1,2 mil millones de personas completamente indigentes (que viven con menos de $ 1,25 al día), un tercio de los cuales – 400 millones – son niños. Una de cada tres personas – en la extrema pobreza- es un niño menor de 13 años. Son los niños los que mueren de hambre en el siglo 21.

Aunque, las tasas de la pobreza han disminuido, en los países con ingresos más bajos – 26 de los cuales están en África – ha aumentado la indigencia en 103 millones de personas, en relación con cifras de hace tres décadas. El Banco mundial afirma que “aparte de China y la India, la población que vive en la pobreza extrema [en el mundo en desarrollo] hoy es tan pobre como hace 30 años ”

El mismo Deaton reconoce que:” según recientes estimaciones sigue aumentando el número de quienes viven con menos de $ 2 al día. En el 2010, el 33 por ciento de los pobres vivían en países de bajos ingresos (LIC), en comparación con el 13 por ciento del año 1981.

Los progresos son manifiestamente insuficientes, pese a que en India el segmento más pobre elevo sus ingresos en 96 centavos desde 1981 y, que en China (con una economía mayoritariamente planificada) sus habitantes más pobres progresan un poco más.

Esta es la clave de la historia subterránea que hay detrás de la mejora que registra el capitalismo desde 1950. Es, sobre todo, un producto del colosal crecimiento económico de China y, en una menor medida, de India en la última década.

Como lo muestra DeLong, En China  el ingreso per cápita en 1980 estaba un 60% por debajo del promedio mundial, hoy en día está por encima en un 25% por ciento. En la India  el ingreso per cápita en 1980 estaba por debajo del 70% del promedio mundial, hoy está en la mitad de ese porcentaje.

DeLong piensa que el progreso de China se debe a que ha tenido “líderes fuertes” como Deng Xiaoping (y, en India como Rajiv Gandhi). Una cosa es segura; el modelo económico de China no tiene nada que ver con esa visión simplista.

Las razones las explica David Rosnick en su nuevo libro sobre desigualdad global (con datos de Branko Milanovic).   Rosnick demuestra que el crecimiento global habría sido mucho menor sin la participación de China: “China puso en marcha políticas económicas, que a menudo están en las antípodas, de las reformas que ha adoptado gran parte del resto del mundo. Por ejemplo, la mayor parte de la banca y del sistema financiero es estatal, hay control directo gubernamental sobre la inversión extranjera, se desarrolla una política industrial expansiva y una aplicación laxa a los derechos de propiedad intelectual. Si reconocemos que los éxitos de este período se deben principalmente a China, entonces llegaremos, obligatoriamente, a conclusiones muy diferentes sobre un supuesto éxito de las reformas de la globalización “.

El problema con el optimismo de DeLong y de Deaton con el “éxito” del capitalismo es que el sistema está evidenciando su agotamiento.   En un estudio reciente, economistas del Deutsche Bank, han precisado que “la globalización se ha paralizado” (la expansión del capitalismo en todo el mundo). Y, que el crecimiento de la productividad del trabajo (medida que el capitalismo usa para calcular el “progreso”) también ha dejado de crecer en las economías centrales.

Los economistas del Deutsche Bank; Jim Reid, Nick Burns, y Sukanto Chanda advierten que “estamos llegando al final de una era económica”. Las eras económicas, a menudo van y vienen en “ondas largas”. En los últimos 30 años un conjunto de nuevos factores ; la entrada de China en la economía mundial, el colapso de la Unión Soviética, y la liberalización económica de la India ha aumentado en más de mil millones los trabajadores del mercado mundial del trabajo. Según los economistas del Deutsche Bank esto ha:” producido un aumento de la mano de obra en términos absolutos “.

Pero la era de los “baby boom” de las economías avanzadas ha concluido y la expansión de la fuerza de trabajo en las economías emergentes está empezando a reducir su velocidad – el siguiente gráfico muestra la relación de trabajadores productivos y la población total en las principales economías. Al mismo tiempo, se hunde la rentabilidad y la inversión en la economía mundial.

“Con una demografía en franco retroceso parece muy poco probable que en las próximas dos décadas (y seguramente durante más tiempo) logremos tasas de crecimiento real, cercanas al periodo pre-crisis, la época de los apalancamientos. Solo, si hay un impulso exógeno a la productividad, que sea sostenible, tendremos un escenario más optimista. En esta etapa es difícil ver desde dónde puede llegar ese impulso .Incluso si lo hace el tiempo se está acabando, para evitar el cambio de actual régimen económico y político, considerando las tensiones existentes en el propio sistema “.

De hecho, el estudio del Deutsche Bank coincide con mi punto de vista referido a las ondas largas en el desarrollo económico en el capitalismo. En este blog, y en mis libros, he argumentado que el capitalismo mundial está en medio de una depresión muy importante de precios, productividad y rentabilidad. Esta depresión no verá su fin sin más grandes convulsiones – en el sistema- similares a la crisis 2008-2009. Si esto es correcto, la realidad contradice las optimistas profecías de Brad DeLong y Angus Deaton.

El economista estadounidense Robert J. Gordon pone en evidencia que: “la productividad ha crecido de manera insignificante a pesar de avances tecnológicos como Internet, “el big data”, las redes sociales, la impresión en 3D, etc. Además, considera apresurado afirmar que” las nuevas tecnologías disruptivas empujaran al capitalismo hacia adelante.

La economía convencional está dividida sobre el tema. Por un lado, los economistas del Banco de Inglaterra mantienen que las nuevas tecnologías permitirán generarán empleo y crecimiento económico, tal como lo han hecho en el pasado. El Banco de Inglaterra cree que el progreso tecnológico no ocasionará un desempleo masivo y, probablemente hará una semana laboral más corta, creciendo el promedio de los salarios. De esta manera “los robots (posiblemente) serán nuestros amigos”.

Los economistas del FMI son menos optimistas. Sostienen que” el capitalismo robótico se desenvolverá sustituyendo a los trabajadores y reduciendo los salarios, porque en un primer momento la inversión se destinará a la robótica, paralizando las provisiones de dinero destinada a mejorar los salarios. Según el FMI los talentos humanos, en la era de la robótica, serán cada vez más valiosos, y de manera gradual producirán una acumulación tradicional de capital.

Eventualmente, el aumento de la productividad del trabajo de humanos será mayor que el trabajo hecho por los robots Sin embargo hay dos problemas para esta “visión”…se tardarán 20 años para que la productividad de la gente llegue a compensar el efecto de substitución del trabajo humano y los salarios alcancen el nivel de la era” pre-robot “. En segundo lugar, la necesidad de capital – para ponerse al día tecnológicamente- aumentará considerablemente. Por tanto, las empresas necesitarán un mayor porcentaje de beneficios para capitalizarse, todo en detrimento del salario de los trabajadores. Entonces, la desigualdad crecerá de manera espectacular.

El optimismo de Keynes (de 1931) ganó credibilidad con el boom “productivo” provocado por la gran guerra mundial y la Edad de Oro de la posguerra, restituyendo la rentabilidad capitalista para toda una generación. Esperemos que no sea necesario otra guerra mundial para corroborar el optimismo de modernos keynesianos como Brad DeLong.

Michael Roberts, economista británico, analista de la City de Londres

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